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Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T Leroy, de Savannah Knoop

Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T Leroy

Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T LeroyHay libros que tienen detrás una historia alucinante, de esas en que la realidad supera con creces la ficción. Este es sin duda uno de ellos. Tengo que admitir que yo no conocía la historia. No sé si porque en España no resultó demasiado conocida o simplemente por ignorancia mía. El caso es que cuando leí la sinopsis de Chica, chico, chica quedé enganchada a la historia y tuve que leerme el libro. Lo verdad es que ha sido todo un acierto, lo he disfrutado muchísimo.

Para los que no conozcáis la historia, os la explico. Resulta que a finales de la década de los noventa, un escritor nuevo comenzó a causar furor en la escena literaria norteamericana. Nadie sabía quién era exactamente, pero empezó a ser considerado como el nuevo J.D Salinger, todo un referente para las nuevas generaciones de escritores y lectores. Tanto es así, que numerosas celebrities se dedicaron a mostrar su apoyo haciendo lecturas de sus libros y acogiendo a J.T Leroy, el misterioso autor. Famosos como Carrie Fisher, Courtney Love, Gus van Sant, Bono y, sobre todo, Asia Argento.

La historia de J.T Leroy no es nada fácil. Criado por una madre prostituta y drogadicta en un apeadero de caminos en el sur de Estados Unidos, el inquietante escritor relata sus experiencias en las novelas autobiográficas Sarah y El corazón es mentiroso. (que por cierto, necesito leer). Entre sus vivencias, se incluye un cambio de sexo. Una vida de lo más particular, digna de un escritor maldito. Como podéis leer, la historia de J.T Leroy tenía todos los ingredientes para estar en el centro de los focos. Y eso es precisamente lo que ocurrió durante algunos años, hasta que, más tarde, la verdad salió a la luz: todo había sido un engaño. J.T Leroy nunca había existido. Durante seis años, Savannah Knoop acudió a festivales literarios y se codeó con las celebrities haciéndose pasar por J.T Leroy. No me digáis que toda esta historia no da para un libro, una película y miles de titulares. De hecho, a finales de este año se estrena la película JT Leroy, con Kristen Stewart como protagonista.

Pero no os he contado todo, aún hay más. Savannah Knoop se hizo pasar por el atormentado escritor J.T Leroy porque su cuñada en aquel momento, Laura Albert, se lo pidió. ¿Y quién era ella? Pues la autora de las novelas ni más ni menos. Menuda historia.

Chica, chico, chica es el relato de la propia Savannah Knoop en el que narra las vivencias e historias que le sucedieron haciéndose pasar por J.T Leroy casi a tiempo completo durante años. Debe de ser duro dejar tu vida de lado para dedicarte a interpretar a otra persona, alguien que es admirado, al que muchas personas adoran y que en realidad no existe. No sé cómo Savannah no se volvió loca del todo, como no experimentó una crisis de identidad brutal. Lo que sí puedo deciros es que el libro es ácido, entretenido y algo adictivo. No he podido soltarlo desde que lo empecé y esta excéntrica historia me ha tenido totalmente enganchada.

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Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir, de Carmen G. de la Cueva

Una paseo por la vida de Simone de Beauvoir

Una paseo por la vida de Simone de BeauvoirHay cosas que pasan cuando te acercas a la vida de Simone de Beauvoir después de haber leído algunos de sus libros o incluso sin haberlos leído; pasan esas cosas que sentimos cuando hablamos con una amiga de siempre, es como unir la forma y el fondo.

Si en días como hoy, en pleno siglo XXI aun nos faltan referentes de mujeres, no quiero ni pensar por lo que debió pasar Simone para organizar todo ese mundo filosófico e igualitario que llevaba en la cabeza pero no era capaz de encuadrar en el mundo en que ella vivía.

Yo con esta mujer empecé a lo grande, es decir, leyendo El segundo sexo; luego, tras aquel impacto lector, fui leyendo otros, hasta que no hace demasiado les recomendé una edición muy especial de “Malentendido en Moscú”… No tengo casi ningún libro de Simone de Beauvoir, todo lo que ha pasado por mis manos era de alguna amiga, o profesora, o los he tomado prestados de diferentes bibliotecas. Poco a poco quiero ir solucionando este asunto…

Con esta biografía tan peculiar de Carmen G. De la Cueva entenderemos perfectamente la manera en la que conviene acercarse a Simone de Beauvoir. Como con cualquier otro ser humano es importante empezar por el principio, la infancia y adolescencia, así como la presentación de la familia más cercana con la que convivía y creció. Y la autora lo hace mediante el reflejo de su propia vida como lectora en la vida y obra de la filósofa, y el resultado ha sido absolutamente maravilloso. La especial presentación que ha hecho Lumen lo convierte en una lectura interesante, bien estructurada, de literatura fina, ligera y atractiva para el lector, que lejos se verse apabullado ante tanta cita de la obra de la autora, lo agradece, y hace que su contenido sea muy adecuado para crear curiosidad entre las nuevas generaciones de lectoras por la obra de Simone.

¡Y como no!, también es un libro para regalar, pues el valor que le dan esas tapas duras, el diseño y las bellísimas ilustraciones de Malota, (María del Mar Hernández Fernández), hacen de Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir una pequeña obra de arte.

Simone 2

Qué bien explica la autora que leer la obra de Simone de Beauvoir es mucho más que leer su vida y pensamiento, porque es además una forma de pasear por un tiempo y un lugar, es leer historia. He dedicado estos días a vagar por la vida de una y otra, la vida de Simone y la vida de Carmen, de sus vidas como ávidas lectoras que las convierte en mujeres críticas con el mundo que les rodea. Leo ahora a Carmen y recomiendo su libro a todas, como hace pocos días leía a Rosa Montero y hace un poquito más a Leticia Dolera y me doy cuenta de que todas se han dado cuenta de lo importante que es compartir experiencias para poder conocernos, escribirnos, exponernos para que todas comprendamos que frenar y desmontar el patriarcado depende sobre todo de nosotras mismas:

“Me ha costado casi treinta y un años de vida darme cuenta de que criticar o envidiar a otras mujeres me debilita, me causa dolor e inseguridad. Es más, el feminismo me ha ayudado a vislumbrar una idea esencial que poco a poco está cambiando mi vida y mi relación con las mujeres: desde niñas el patriarcado nos educa para competir entre nosotras, para destacar, para ser mejores que las otras, y nos convierte en enemigas. Así las cosas, era normal que Simone y Mary reaccionaran de esta forma; al fin y al cabo, Simone era la novedad la “existencialista guapa…”

Y así es como esto funciona, vamos recogiendo el testigo de las que nos preceden, nos vamos leyendo y nos vamos comprendiendo, ahora ya sabemos que cuando una mujer habla con otra mujer todo puede empezar a cambiar a su alrededor, porque Simone nos dijo que la mujer se hace, no nace, pero nosotras debemos aprender a hacernos y para ello debemos ver en otras mujeres a nuestras alidadas y no a nuestras enemigas.

Yo también, como muchas otras mujeres, tengo en mi poso lector la lectura de Mujercitas, hoy sé que me hubiese gustado poder compartir esta lectura con el resto de mis amigas, pero hay cosas de las que no se habla cuando una tiene catorce años y la cabeza llena de extrañas ideas… Carmen me ha recordado que yo, como muchas otras lectoras, fuimos y nos sentíamos como extraños personajes dentro de nuestra propia novela. Ahora, siendo ya todas adultas, vemos que lo que cada una de nosotras pretendíamos a nuestra manera era poder ser la protagonista de nuestra vida, poder conjugarnos e individualizarnos en nuestro propio verbo SER.

P.D: He terminado esta reseña, como verán, sin la necesidad de hablar de Sartre, que naturalmente está en el libro de la misma manera que estuvo en la vida de Simone de Beauvoir.

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Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas, de Carlos Cubeiro

Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas

Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradasNo sé por qué, pero suele suceder que a las personas que tildan de raros, radicales y rebeldes suelen ser las más interesantes. Supongo que porque todo lo que se sale de lo común, aquello que es diferente e innovador nos produce, en general, tanto miedo que tendemos a señalarlo con adjetivos más bien peyorativos. A veces somos así de tontos, qué le vamos a hacer. Raros, radicales y rebeldes son, sin duda, los mejores adjetivos que podrían usarse para describir a todas las personas que aparecen en este libro y os animo a que os acerquéis a ellos siendo conscientes de todo lo bueno que esos adjetivos aportan. ¿Raros? Claro que sí. ¿Radicales? Por supuesto. ¿Rebeldes? Desde luego. La selección de personajes célebres que aparecen en estas microbiografías tienen todos esos componentes.

Confieso que, en primer lugar, me sentí atraída por la idea de que cada biografía viniera ilustrada por Carlos Cubeiro y que el libro tenga la opción de cortar por la línea de puntos y quedarte con la biografía/ilustración que quieras. Ya me había imaginado que haría una especie de cuadro collage con aquellas que más me interesasen y que lo pondría en alguna pared de casa. Luego mi idea se ha ido desinflando porque soy de ese tipo de personas a las que nos parece una aberración destrozar un libro. Sí, ya sé, con este espíritu nunca formaré parte de uno de esos libros, pero, ¿qué le hago yo? Así que aún estoy con ese debate, ya os diré en qué queda.

Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas viene con tres opciones de portada. A mí me tocó la de Roberto Bolaño (cosa que me hace muy feliz), pero también hay una con David Bowie y otra con Amy Winehouse. Entre sus páginas no vamos a encontrar grandes biografías. Claro, por eso se llaman “microbiografías”, so lista. Y eso son, pinceladas de las vidas de personas que hicieron lo que quisieron y como quisieron y que por ello más de una vez tuvieron que oír cómo les acusaban de raros, radicales o rebeldes.

Últimamente hay muchos libros así, sobre todo feministas. Libros ilustrados y preciosos como Valerosas, Mujeres de Ciencia o Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes. Temía un poco encontrarme  algo parecido y volver a leer sobre las mismas vidas e historias, pero Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas me ha sorprendido por su selección de personajes y por la exquisitez con que están escritas estas pequeñas biografías. Originales, concisas y claras. Una auténtica delicia la combinación de las ilustraciones con los textos.

Algunos de los personajes sobre los que podemos leer son: Jacques Brel, Facundo Cabral, Camille Claudel, Jean Genet, Corita Kent, Anaïs Nin, Chicho Sánchez Ferlosio, Erik Satie, Chavela Vargas, George Sand  o Luis Cernuda. Son muchos los raros, radicales y rebeldes que podemos encontrar en su interior y, como veis, también de lo más variados. Para mí ha sido todo un acierto este libro tan original y necesario. No puedo más que recomendároslo e invitaros a disfrutar el conocer un poquito más sobre personas tan imprescindibles y sí, también raras, radicales y rebeldes.

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Nosotras. Historias de mujeres y algo más, de Rosa Montero

Nosotras

Nosotras He empezado este libro casi al mismo tiempo en que Pedro Sánchez iniciaba la XII Legislatura de la democracia. Y he ido leyendo la vida de estas mujeres mientras iba conociendo el perfil de ese mar de ministras que iba nombrando…

Ni Rosa Montero en sus mejores sueños lo hubiese pensado en aquel 1995 en que publicó estas pequeñas biografías de mujeres, de sus mujeres, como ella dice, porque entiendo que es normal que cuando uno bucea en los abismos de la vida de otros, de otras en este caso, se convierten en algo tuyo, pero también, porque creo que Montero ha ido un poco más allá de la investigación y ha dejado que su alma de novelista arrope a estas mujeres para que lleguen a nosotras, las lectoras, llenas de vida y profundidad.

Ya nos dice la propia autora en su prólogo a esta edición que estamos en un momento importante de la causa antisexista, que el 8 de Marzo de 2018 ha marcado un antes y un después en la historia del feminismo, de la lucha por la igual y sobre todo en la lucha, creo yo, por la visibilidad.

Y es por eso que Nosotras, de Rosa Montero, nos viene ahora como anillo al dedo. Yo había leído en su día aquella primera edición mientras disfrutaba de mi reciente maternidad, así conocí más sobre la vida de Agatha Christie y aquel extraño asunto de su desaparición y posterior amnesia. He recordado la vida de mi querida Zenobia Camprubí, ahora que tanto sé ya sobre ella, y sobre lo que fue y pudo ser. Y cuando se habla de Zenobia no se puede dejar de pensar en María Lejárraga, de la que aun hoy hay que explicar que fue la esposa de Gregorio Martínez Sierra…

En aquel 1995, nos dice ahora Rosa Montero, que aun “había poca movida feminista y se buscaban poco los referentes”, y supongo que sí, que este es un buen momento para reeditar estas biografías tan cuidadas y acompañadas por las ilustraciones de María Herreros que le dan al libro el empaque y la imagen de gran obra que les aseguro que es.

Es posible que ahora me alegre de no saber a quién dejé en su día aquel Nosotras, o si se despistó en algún traslado de los muchos que he hecho en mi vida, pero eso ha sido lo que me ha llevado hasta esta nueva edición… Y ahora no lo lamento en absoluto, estoy encantada. Guardaré el libro y probablemente se lo regale a mi hija como suelo hacer con todos aquellos importantes en mi vida.

Para los que ya leyeron en su día estas biografías les contaré que, además de las ya conocidas de las Hermanas Bronte, Frida Kahlo, Alma Mahler o la curiosísima y terrible historia de Aurora y de su hija Hildegart Rodríguez, en esta edición de Nosotras, Rosa Montero nos ofrece algo más. Como les decía antes están las ilustraciones de todas las grandes protagonistas, y además la autora nos añade un buen puñado de minibiografías de también grandes pero desconocidas mujeres que abarca desde el año 2700 a.C  en que se tiene conocimiento de Merit Ptah, que fuera médica jefa de la corte en el Antiguo Egipto, hasta Asia Ramazan Antar, nacida en 1997 y fallecida en 2016… Y ya ven, muerta con 19 años y con motivos más que suficientes para que cierre este conjunto de pequeñas presentaciones.

Nosotras 2

Lees este libro y piensas casi de forma inmediata la cantidad de mujeres que han sido sobresalientes a pesar de lo difícil que lo han tenido siempre. La mayor parte de ellas que han destacado en el campo de las ciencias han sido autodidactas, ¿se imaginan la evolución que podría haber tenido este mundo en el que vivimos si todas estas mujeres, y tantas otras, hubieran tenido las mismas oportunidades que los hombres? Además todas y cada una de ellas se vieron solas, sin referentes, paralizadas muchas veces ante su propia inteligencia o capacidad. Me viene a la mente de las leídas, Clara Schumann, que a pesar tocar de forma virtuosa el piano y de haber compuesto varias obras que nos han llegado a través de la firma de su esposo, Robert Schumann, ella misma se resistía a creer que fuese normal que una mujer pudiera CREAR, y eso la hacía profundamente infeliz, se sentía extraña, diferente, pero Rosa Montero nos recuerda que en esa misma época ya había otras muchas mujeres creadoras que firmaban sus obras pero que, claro está, no estaban visibilizadas.

 

Y es por ello que hacen falta estos libros en que además de las mujeres que ya todos conocemos aparezcan otras igual de valiosas pero más desconocidas, y sepamos sus nombres y conozcamos sus valías y sus aportaciones a la sociedad. Rosa Montero nos muestra un buen número de ejemplos, y creo que obligación de todas nosotras es conocer, reconocer y aportar.

No sabía muy bien como terminar esta reseña, así que me decanto por lo de aportar, aportar el nombre Nubia Muñoz Calero (Cali 1940), investigadora colombiana gracias a la cual tenemos la vacuna contra el virus del papiloma humano que es el causante del cáncer de cuello de útero. El trabajo de Nubia y su equipo fue utilizado por el Dr. Harald Zur Hausen para llegar a las mismas conclusiones y en el año 2008, fueron ambos nominados al Nobel de Medicina, siéndole otorgado a él que al serle entregado ni tan siquiera hizo referencia al equipo de trabajo de Nubia, polémica en la que ella nunca ha querido entrar. Una estupenda mujer científica que defiende la enseñanza pública de la que ella salió, porque si además de ser mujer eres pobre las posibilidades de desarrollarte se reducen hasta la nada. Una historia, la de esta mujer candidata al Nobel de medicina, que se merecería no formar parte de ninguna biografía de mujeres olvidadas…

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Me acuerdo, de Joe Brainard

Me acuerdo

Me acuerdoQué mal lo he pasado con este libro, de verdad. No lo he pasado mal en el sentido de “qué libro más horrible”, qué rollo, que se acabe ya”. Nada de eso. A mí el libro me ha encantado, pero ha sido una lectura larguísima y llena de interrupciones. Y la culpa es mía, o de Brainard, según se mire.

Voy por partes, que me lanzo. Me acuerdo es un libro inclasificable, porque tiene un poco de todos los géneros. Pero digamos que se mueve entre la narración de unas memorias muy poco convencionales y algo de poesía. Publicado por primera vez en 1970, Me acuerdo resultó ser un libro tan inspirador que, el mismo Georges Perec le copió la idea más tarde con su libro Je me souviens (por supuesto, se lo dedicó a Brainard).  Autores como Perec o el poeta Padgett se preguntaron: “¿Por qué no se nos habrá ocurrido a nosotros una idea tan elemental?”. Eso mismo se habrán preguntado muchos otros. Hasta yo misma me lo he preguntado mientras lo leía. ¿Por qué? Pues porque estas cosas se les ocurren a los genios, a mí desde luego que no. Y qué bien que haya gente tan maravillosa y polifacética como Brainard, que tienen esa lucidez de escribir un libro tan simple y perfecto como este.

La fórmula es sencilla. Todas las frases que contiene este libro empiezan con un “Me acuerdo” y así surge lo que os decía, una especie de autobiografía de lo más original.

“Me acuerdo de, cuando trabajaba en un snack-bar, el coraje que me daba la gente que pedía batidos con leche malteada”.

“Me acuerdo de intentar imaginarme cómo era por dentro”.

“Me acuerdo de fantasear con vivir en el pasado y de tener la ventaja (y en ocasiones la desventaja) de saber lo que iba a pasar antes de que pasara”.

Hay tantos “me acuerdo” en sus casi ciento cincuenta páginas que es imposible no acabar sintiendo una tremenda empatía con Brainard por su forma de narrar sus memorias, a veces poética, a veces divertida, a veces cruel. He disfrutado muchísimo con este libro, lo prometo, pero qué mal lo he pasado también. ¿Por qué? Pues porque para mí ha sido dificilísimo avanzar. Cada vez que leía uno de sus “me acuerdo” me venían a la memoria los míos y he tenido que pararme a escribirlos, por miedo a olvidarlos. Así que leer este libro se ha convertido al final en la escritura de uno propio. Mi propio “Me acuerdo”. Que llevo ya setenta páginas, no os vayáis a pensar que estoy exagerando. Una auténtica delicia que no puedo dejar de recomendaros. Qué forma más maravillosa de recordar junto a Brainard.

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Todo Messi, de Jordi Puntí

Todo Messi

Todo MessiIba a empezar diciendo que debe quedar claro que me declaro miembro sempiterno del bando de los que defienden a Messi como mejor futbolista del mundo – y de la historia -, pero ahora estoy pensando que viendo el título del libro que voy a reseñar no creo que quepan muchas dudas sobre ello. Así que, de todas formas, lo diré: soy del bando de los que ve a Messi como el mejor futbolista del mundo y de la historia, del mismo bando que tantos otros aficionados al fútbol, del mismo bando que Jordi Puntí, el autor de este Todo Messi que publica Anagrama dentro de su colección ‘crónicas’.

Primero de todo diré algo en contra, y es que no estoy nada a favor de libros que tratan la figura de alguien que todavía está en activo. Básicamente porque, en este caso, si Messi gana en unas semanas el Mundial, ¿dónde quedarán todas esas argumentaciones que Puntí tiene que dar para defender a Messi por encima de todos aquellos que sí que lo consiguieron, como por ejemplo Maradona? Si Messi gana el Mundial, ya todos – por fin – pensarán igual que los que no necesitamos que lo gane para pensarlo. Pero lo bueno de Todo Messi es que esa parte no tan buena que acabo de comentar la equilibra – en realidad, la supera – con el maravilloso texto que se saca de la manga Jordi Puntí, culer hasta la médula. Porque lo mejor de este tan genial como corto libro no es las anécdotas alrededor de Messi que contiene, las citas de otros futbolistas sobre el astro argentino, las situaciones de juego que ha presenciado el propio autor o los goles que se narran, sino que lo mejor aquí es la prosa de Puntí. Todo ello sin darse cuenta de que la magia que Messi consigue en el campo él la está consiguiendo sobre otro terreno de juego, el narrativo: sobre el papel.

Jordi Puntí hace en Todo Messi un repaso de su experencia en la contemplación de alguien único, irrepetible e incomparable como es Messi. A través de experiencias propias y ajenas, Puntí hilvana una serie de ‘ejercicios de estilo’ – como él se digna en llamarlos al estilo de Raymond Queneau – en los que recrea las más importantes hazañas del argentino mezcladas siempre con la maestría del catalán en la glosa, en la comparación, en el análisis meditado y (des)medido, en la digresión sangrante de pasión por el fútbol. Y no solo quedándose en el mero entorno futbolístico, sino que Puntí – escritor y periodista de renombre – es capaz de coger a Messi y enmarcarlo, por ejemplo, dentro de los cinco conceptos que Italo Calvino predijo que marcarían el arte del siglo XXI. Porque, ¿no es arte lo que hace Messi?

Podría decir que aunque no te guste Messi – cosa que no concibo si te gusta el fútbol – te va a gustar este libro, porque básicamente, aunque con Messi por bandera, es este un canto al fútbol como filosofía, como la religión de un cúmulo de humanos que vemos en ese ‘dar patadas a un balón’ toda una serie de elementos perceptivos capaces de hacernos llorar, capaces de hacernos gritar como nunca lo hemos hecho, abrazarnos a alguien con quien nunca nos hemos abrazado, dar un beso a, por ejemplo, un trozo de tela que llevas por camiseta, a una lata de cerveza, a ese amigo de al lado que a quien como mucho hasta ese momento habías dado una palmada en el hombro. Eso es el fútbol. La última vez que lloré fue con un gol de Iniesta.

En definitiva, Todo Messi es algo más que un mero libro sobre fútbol, que un simple libro sobre otro futbolista más. Y, para explicarlo bien, qué mejor que acudir a las palabras del propio autor: «Quizás se podrían definir estas páginas como un cromo en movimiento, uno de esos vídeos cortos que hay ahora por internet y que resumen en diez segundos toda una jugada. Solo que el movimiento se lo daré yo con mis palabras: inspirándome vagamente en el patrón del escritor Raymond Queneau y su célebre libro, intentaré trazar unos ejercicios de estilo a partir de la figura de Leo Messi. Deconstructing Messi. Reescribir a Messi. Él será el protagonista de cada texto, las mil caras del estilo, y mi ejercicio consistirá en capturar en estas páginas la belleza, la voracidad, el genio, la modernidad, la obsesión y el instinto, entre muchas otras cosas, de un futbolista que es el mejor de la historia.» Nada más y nada menos que eso. Con todos ustedes: D10S.

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Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei

Pensamientos desde mi cabaña

Pensamientos desde mi cabañaEl planteamiento de este libro no podía ser más atractivo, es una obra fundamental de la literatura clásica japonesa, un ensayo sobre la vida sencilla y la relación con la naturaleza y además prologado por Natsume Soseki y muy bellamente editado por Errata Naturae. Kamo no Chōmei, tras una vida azarosa tanto a nivel personal como social, ya que le toco vivir no pocos desastres cuya narración es sumamente interesante, abandona la capital, la residencia familiar y una relativa comodidad como funcionario de la corte y, llevado por sus convicciones budistas, se retira primero a una casa modesta y después a una cabaña de unos tres metros cuadrados que construye él mismo en el bosque, en el monte Hino.
Cuando supe de la existencia de Pensamientos desde mi cabaña me vino a la cabeza, supongo que es inevitable, Walden, y pensé que debía ser toda una experiencia leer a una suerte de Thoreau japonés. Sin embargo no es parecido, Chōmei no despliega un gran aparato argumental, su filosofía de sencillez la expone en sus textos haciendo gala de la misma en su forma de escribir y en su modo de vida, y logra de alguna forma extraña y elegante construir una obra pequeña y de gran belleza, inspiradora y sugerente. No voy a decir que a uno le entren ganas de escapar a la montaña, montarse una cabaña portátil con ramas y dedicarse a la escritura y la vida contemplativa, pero no puede dejar de admirar la habilidad de los clásicos japoneses para construir, con pocas herramientas, obras tan bellas y reconfortantes.
Natsume Soseki comienza diciendo que la obra de un genio lo contiene todo, y hay que darle la razón, a la vez que hay admirarse ante el hecho de que ese todo quepa en un recipiente tan pequeño. En ciento cuarenta y siete páginas caben los Pensamientos desde mi cabaña, el prólogo de Soseki, un postfacio de Jacqueline Pigeot y un texto sobre el autor, titulado Retiro y Poesía, de Tamamura Kyo. El prólogo, es obligado decirlo, resulta especialmente deslumbrante.
Podría resultar contradictorio envolver una obra cuya razón de ser es la vida sencilla en tanta explicación, en tanto razonamiento, pero no lo es. Ambas cosas son necesarias, se llega a los mismos lugares por distintos caminos y para llegar al destino de Pensamientos desde mi cabaña viene muy bien disponer de un buen mapa. Porque a menudo las referencias nos resultan complicadas y resultaría triste que nos perdiésemos en cuestiones como Tu cabaña se asemeja a la de Jōmyō-koji, pero observas las enseñanzas aun peor que Shūri-Handoku. A las dificultades que en occidente nos plantea a menudo la literatura japonesa se unen en este caso las propias de la condición de monje budista del autor.
No puedo resistirme a lanzarles un cebo, a mostrarles por una rendija la vida de Chōmei en el bosque:

Si una mañana siento la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa, me dedico a contemplar los barcos que navegan por Okanoya y trato de escribir a la manera de Mansami. Al atardecer, cuando el viento mueve los árboles de Katsura, y hace sonar sus hojas, me acuerdo del río Jin-yo y pulso la biwa, imitando a Gentotoku. Cuando tengo ánimo, acompaño la melodía del viento con el «Canto de las brisas de otoño», o el murmullo del agua con un pasaje célebre de la «Fuente que mana». No soy un gran artista, pero tampoco toco para deleitar a un auditorio. Toco para mí mismo, para dar sustento a mi corazón.

Esta crónica de la vida de un poeta, escrita cuando el rocío de su vida ya se evaporaba, es una verdadera delicia, su prosa elegante, sus imágenes hermosas y evocadoras y su filosofía de sencillez no son sólo motivo de deleite y reflexión, sino que por un tiempo probablemente demasiado breve sirve también de antídoto a los efectos perniciosos de esta vida nuestra, tan contraria a la que él describe y a menudo tan desquiciada. No parece muy recomendable retirarse hoy día a vivir en una cabaña como la de Chōmei, pero tenemos la ventaja de que podemos construirnos una con sus palabras y retirarnos un ratito a descansar cuando sintamos la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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De polvo eres y en polvo te convertirás, de Enrique Herreros

De polvo eres y en polvo te convertirás

De polvo eres y en polvo te convertirásCuando me aventuré a leer De polvo eres y en polvo te convertirás, yo no sabía quién era Enrique Herreros, su autor, más allá de que era un soltero de noventa años que en este libro rememoraba a las cuatro mujeres que habían dejado mayor huella a lo largo de su larga vida. Eso y que había trabajado en el mundillo cinematográfico, codeándose con artistas de la época, como Sara Montiel y Carmen Sevilla, y participando en la promoción de películas oscarizadas como Volver a empezar y Belle Époque. Todo ello me hizo pensar que Enrique Herreros tendría una de esas vidas que merecen ser leídas y allá que fui a averiguarlo.

No se trata de unas memorias al uso, sino más bien de unas memorias selectivas (aunque todas lo son, si lo pensamos). Como bien aclara el subtítulo, son «Cuatro vividas narraciones de Amor». ¿Y quiénes son las afortunadas protagonistas de estas narraciones? Para empezar, su abuela, conocida como doña Blanca de los cojones, de la que, según él, heredó ese carácter de perseguidor de ideas y proyectos, de hombre constante y hasta tocahuevos. El primer capítulo es el que está dedicado a ella, aunque tiene tanto o más protagonismo su abuelo don Abelardo. También hay hueco en estas páginas iniciales para otro tipo de recuerdos de su infancia, como las revueltas que vio en la plaza de enfrente de su casa cuando se proclamó la Segunda República.

A partir de ahí, el resto de narraciones hablan de otro tipo de amor: el pasional. La segunda mujer rememorada es Miiko Taka, la actriz que protagonizó Sayonara junto a Marlon Brando. Con ella vivió uno de esos amores de juventud tan locos como inolvidables. Sin duda, mi narración de Amor favorita de las cuatro que componen este libro. En el tercer capítulo recuerda a la parisina Katherine Elm, con la que estuvo más cerca de comprometerse. Y en último lugar, Charo Palacios, quien, además de dejar huella en su corazón, tuvo mucho que ver en los derroteros profesionales que tomó Enrique Herreros.

Aparte de estas relaciones amorosas, a las que el autor adjudica un puesto de honor en su vida, hace mención a otras. De algunas ni siquiera menciona el nombre, mientras que a otras les dedica también varias páginas, como es el caso de la actriz española Emma Penella. Sin olvidar las repetidas alusiones a Sara Montiel, con la que trabajaron tanto él como su padre, famoso pintor y humorista gráfico. Aunque de ella no habla precisamente maravillas, llegando a definirla como «diva barata».

He echado en falta más detalles sobre su trayectoria profesional, ya que Herreros es, probablemente, uno de los principales conocedores de lo que ha dado de sí la industria cinematográfica de nuestro país en este último siglo. Eso es problema mío, claro, ya que la portada deja bien claro que esto va de narraciones de amor. Sin embargo, lo que sí me parece un gran defecto de esta obra es la descuidada labor de corrección. Será deformación profesional, pero las continuas comas y puntos fuera de lugar y el uso arbitrario de mayúsculas y cursivas me sacaban continuamente de la historia. Una pena, la verdad, ya que el relato de la ajetreada vida de Enrique Herreros bien merecía una edición más cuidada. Espero que para próximas reediciones lo tengan en cuenta.

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El don de la fiebre, de Mario Cuenca Sandoval

El don de la fiebre

El don de la fiebreSolo hay una decena de libros que no presto nunca. Son aquellos que cumplen una doble condición: que me hayan herido gravemente y que no pueda encontrar otra copia de ellos con facilidad en caso de pérdida. Uno de esos, quizá el más icónico de esta categoría, es El ladrón de morfina, de Mario Cuenca Sandoval, que en su día publicó la difunta 451. Su impacto me arrastró a conseguir los libros anteriores de Cuenca Sandoval, incluso Boxeo sobre hielo (a pesar de mi aversión a su editor), y que espere cada uno de los posteriores con una ilusión que ni en los mejores días de los Reyes Magos.
Así ha ocurrido con El don de la fiebre, su biografía novelada de Olivier Messiaen que ha publicado Seix Barral cuando ya asomaba la primavera, porque no podía ser de otro modo. ¿Que no les suena de nada el nombre de Messiaen? A mí tampoco me sonaba hace un mes, y más allá de que se nos debería caer la cara de vergüenza a los cinco (a los cuatro gatos que me leen y a mí), para disfrutar del libro no hace ninguna falta, y después de hacerlo habrán corregido este tropiezo histórico.
Olivier Messiaen se comió en vida el siglo XX entero, excepto dos mordiscos simétricos de ocho años por cada uno de sus lados. Dotado de una sensibilidad natural y extraordinaria para la música, fue un genio precoz en un momento magnífico para serlo, los años veinte. Inspirado por el canto de los pájaros y llevado en volandas por su fe cristiana, la obra de Messiaen se situó a la vanguardia de la música a pesar de partir de dos influencias tan clásicas y conservadoras. Su brillo se vio únicamente ensombrecido por la gran oscuridad del siglo, la guerra, y sufrió en un campo de concentración alemán después de haber sido apresado en el frente. Aunque precisamente allí, en el Stalag VIII-A, y con unos medios más que paupérrimos, compuso y estrenó su Quatuor pour la fin du temps, quizá la obra por la que es más recordado, tanto por la música en sí como por las condiciones en las que fue concebida. Tras su poco heroica liberación, su figura no dejó de crecer hasta convertirse en un autor reconocido y reclamado por las más altas instancias.
El retrato que realiza Cuenca Sandoval de todo ello es mucho más sensorial que académico, tratando de trasladar al papel la sensibilidad exacerbada de Messiaen y exprimiendo las posibilidades estilísticas de la música en el papel. Del mismo modo que el compositor preconizaba la ruptura del ritmo, el escritor no se ciñe al patrón cronológico, que solamente tiende una fina línea entre los extremos del libro que desaparece llevada por los recuerdos del protagonista. Y aunque permanece completamente centrado en él, quedan también marcadas en la memoria del lector las figuras de tres mujeres: su madre y sus dos esposas. Hipersensibles, con talento para el arte (la poesía en el caso materno, la música en los otros dos), su devenir está en el origen y en el desarrollo de la obra del genio, hasta tal punto que, por ejemplo, las mejores interpretaciones de su obra están grabadas en manos de Yvonne Loriod, la esposa que le sobrevive.
En definitiva, El don de la fiebre compone una biografía libre de un personaje no excesivamente conocido, alejada de la hagiografía, que no llega a nuestras manos gracias a ningún aniversario y que, por ese mismo motivo, conviene celebrar por sí misma. Más regular y por tanto menos sorprendente que Los hemisferios (su libro anterior), El don de la fiebre es ampulosa y contundente, como un postre riquísimo pero pesado que es mejor tomar en bocados pequeños, y que muchos no llegarán a terminar. Embriagadora pero exigente, contundente, rica. Extraordinaria, sin duda, una piedra más en el camino del particular culto que algunos profesamos a su autor y, al tiempo, un metro más del abismo que lo separa del resto.
Lean a Cuenca Sandoval, por favor. Si no les gusta da igual, pero es necesario que siga escribiendo. Háganlo por mí, que según me hago mayor cada vez espero menos cosas de la vida como espero la llegada de cada una de sus obras.

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De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris

De matasanos a cirujanos

De matasanos a cirujanosNo sé si vosotros hacéis como yo, que cuando estoy leyendo un libro que me encanta no paro de contar los detalles que más llaman mi atención a la gente que tengo a mi alrededor. El último con el que me ha pasado es De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris. Como, por desgracia, mi entorno no es muy (nada) lector, no hacían caso a mi entusiasmo, así que además de darle la tabarra a ellos, lo recomendé varias veces por mis redes sociales. Pero como todavía no me he quedado a gusto, vengo aquí para explayarme con vosotros, contándoos por qué me ha gustado tanto y aconsejándoos que no lo dejéis pasar, ¡es apasionante!

¿De qué va De matasanos a cirujanos? Pues el resumen perfecto es su propio subtítulo: «Joseph Lister y la revolución que transformó el truculento mundo de la medicina victoriana». Se podría decir que es una biografía sobre el cirujano inglés Joseph Lister, pero en este libro no solo se habla de su vida y logros, sino de la influencia que tuvieron en él otras figuras como Liston, Sharpey y Syme. Todos ellos contribuyeron a convertir la denostada profesión de cirujano (que se consideraba un trabajo manual al estilo de un cerrajero o un fontanero) en la que hoy en día es la carrera más admirable a la que se puede dedicar una persona.

Yo soy lega en cuestiones de medicina, sin embargo, no era la primera vez que oía hablar del papel transcendental que desempeñó Lister. Supe de él gracias a la magnífica reseña de El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald, que escribió Borja Merino Ortiz  en Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas. La frase «Antes, las quejas y gritos de los pacientes llenaban los quirófanos. Un buen cirujano necesitaba un cuchillo afilado y nervios de acero para minimizar el tiempo de la operación» me impactó, y apunté El siglo de los cirujanos en mi lista de futuras lecturas. Pero, afortunadamente, De matasanos a cirujanos se ha cruzado pronto en mi camino y he podido adentrarme ya en el terrorífico mundo de la medicina y cirugía del siglo XIX.

Todo lo que se cuenta en este libro pone los pelos de punta. Lindsey Fitzharris no se corta en describirnos amputaciones, huesos astillados, heridas de apuñalamientos o mastectomías con todo lujo de detalles. Imagino que esas escenas tan escabrosas son uno de los principales atractivos para algunos lectores (como es mi caso), pero pueden ser también los que disuadan a otros de leerlo. Lo comprendo, claro; sin embargo, no quisiera que eso tirara para atrás a nadie: la prosa fluida y no exenta de humor de Linsey Fitzharris hace que se pase el mal trago con gusto. Además, la ambientación histórica está tan bien lograda y se aprende tanto, que es imposible no fascinarse con este relato de uno de los periodos estelares de la medicina.

Lindsey Fitzharris arranca su recorrido histórico hablando de las primeras intervenciones quirúrgicas que se hicieron con anestesia. Estas, lejos de suponer una mejora, derivaron en un repunte de la mortalidad, ya que al volverse indoloras, eran cada vez más invasivas y, por tanto, la probabilidad de infección durante el postoperatorio aumentaba. Ahí es donde entró en juego el protagonista de esta biografía, Joseph Lister, que dedicó su vida a descubrir las causas y la naturaleza de las infecciones.

Con los conocimientos que en la actualidad tenemos hasta las personas de a pie, resulta sorprendente que en aquella época la comunidad médica no le diera ninguna importancia a la asepsia y pasaran de hacer una autopsia a atender un parto sin ni siquiera lavarse las manos. Hábitos que no solo ponían en peligro a los pacientes, sino a los propios médicos, que ejercían su profesión siendo conscientes de que podían perecer en cualquier momento. Pero que unos seres invisibles (los gérmenes) fueran los causantes de sus desgracias les parecía fantasía, y Lister tuvo que perseverar mucho para convencerlos de que implantando el método científico en la práctica médica podrían vencerlos. La reticencia de los médicos veteranos no se debía a la ignorancia, sino más bien al ego, pues como apuntó uno de los asistentes de Lister: «Un nuevo y gran descubrimiento científico siempre es capaz de dejar tras de sí una larga estela de reputaciones mutiladas entre los que fueron campeones de un método más antiguo. Es duro para ellos perdonar al hombre cuyo trabajo ha hecho irrelevante al suyo».

Lister, el hombre que defendió la importancia del microscopio en la investigación científica, que impulsó nuevos métodos en la docencia médica, que inventó múltiples aparatos quirúrgicos, que interiorizó los descubrimientos de Pasteur para salvar vidas y contribuyó a que los hospitales dejaran de ser casas de la muerte para ser casas de la curación, merecía una biografía tan épica como la que le ha dedicado Linsey Fitzharris.

¿Qué más puedo decir yo para que leáis De matasanos a cirujanos? No sé. Al menos espero haberos dejado claro que este libro se cuela en mi lista de favoritos del año y que no me cansaré de recomendarlo a todo aquel que me quiera escuchar.

@EstherMagar

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Entre hienas, de Loreto Urraca Luque

Entre hienas

Entre hienasPese al innegable interés histórico de Entre hienas, debo reconocer que lo que me llamó la atención de esta novela fue básicamente literario, o tal vez no, pero desde luego sí que sentí un gran interés por descubrir la manera en la que la autora podría gestionar el equilibrio entre la parte histórica, la literaria y la personal. Me explico, vean lo que dice la propia autora al protagonista:

Poco antes de morir quisiste dictarme tus memorias. Insistías en contarme tus recuerdos y yo porfiaba en mostrarte mi desprecio […] Mientras busco más datos para recomponer tu verdadera historia, intento recuperar del olvido a vuestras víctimas para así liberarme del lastre de tu infamia y poder seguir viviendo con dignidad. Me debes que te rescate de la eterna noche en la que deberías haber permanecido.

Loreto Urraca Luque rescata en Entre hienas el recuerdo de su propio abuelo, legítimo dueño de esa infamia de la que ella, apellido mediante, desea liberarse mediante el exorcismo de escribirlo. Convendrán conmigo que es un punto de partida sumamente original, pero sin embargo también muy arriesgado. Todo el interés que tiene la historia desaparecería si se plasmase en una revancha, en un ajuste de cuentas personal.
El peligro desaparece pronto, desde el principio queda claro que es un trabajo muy serio, con un esfuerzo de documentación digno de mención y con el mérito añadido de ser un trabajo novelado, lo que convierte en ameno lo interesante.
Pedro Urraca Rendueles fue un agente franquista en Francia, el encargado de localizar a republicanos, encarcelarlos, recuperar sus bienes y entregarlos al gobierno nacional. Dicho lo cual parece un James Bond en el bando malo de la película, pero el esfuerzo de la autora en escribir la historia como realmente fue hace que se nos presente como un personaje gris, eficiente pero sin el menor glamour. Probablemente lo que fuera. Lo suyo es abundante en mezquindad y miseria moral, pero tan escasamente trepidante que su infame cometido se tiñe del aburrido tinte burocrático que probablemente tuvo en realidad.
Las cartas y el desprecio hacia sus víctimas, a las que frecuentemente se refiere como “rojillos”, que demuestra en ellas caracterizan muy bien al personaje, y abundan en esa sensación plomiza que rodea al protagonista. El resto de personajes, especialmente Antoinette Sachs, Elise (la portera) o Jean Moulin, el jefe de la resistencia que sí aportan ese lado romántico que equilibra la novela. De alguna manera, pese a representar a los vencidos, parecen estar mucho más vivos.
Entre hienas es una obra interesante y el retrato del ambiente de la Francia ocupada es verdaderamente notable. Aunque no es una novela de espías al uso, sus virtudes, entre las que destaca sin duda su honestidad, le confieren un extraño atractivo que sin duda hacen recomendable su lectura.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Memorias. Mi vida con Marina, de Anastasia Tsvietáieva

Memorias. Mi vida con Marina

Memorias. Mi vida con MarinaTengo que reconocerles una cosa antes de empezar a hablar de este magnífico libro: me acerqué a él no por sí mismo sino por el interés que siento Marina Tsvietáieva, porque hace tiempo que tengo entre mis proyectos sus memorias, que he leído intermitentemente varias veces y que me resultan tan interesantes y brillantes como difíciles. Como corresponde al personaje. Desde hace meses, cuando tengo un espacio sin lecturas de las que debo reseñar, aprovecho para avanzar un poco con ellas, lo que la disponibilidad o mi propia resistencia me permitan. Y me pareció que acercarme a Marina de la mano de su hermana seguramente sería más asequible, más llevadero. Y lo que me he encontrado es eso, desde luego, pero sobre todo un personaje sumamente interesante por sí mismo, y no sólo una aproximación diferente a la gran poeta. De hecho la Marina de Anastasia es completamente diferente de la Marina de la propia Marina. Sin esconder sus complicaciones, Anastasia la humaniza, nos acerca a la persona y lo hace desde un ángulo que Marina no muestra. Y no por falta de sinceridad, que de eso anda más que sobrada, sino por calidez y cariño. Anastasia y Marina, Asia y Musia, estas cerca de 1200 páginas son un recorrido ameno y emocionante por la vida de ambas y la historia de la Rusia que les tocó vivir.
La propia Anastasia en sus memorias explica lo que yo, torpemente, he tratado de exponer en el párrafo introductorio de esta reseña:

Quienes leen ahora los versos de la Marina Tsietáieva madura sacan de sus páginas la imagen trágica de una poeta y de una mujer que no encontró la felicidad en su vida. Y nadie, excepto yo, su medio gemela, recuerda los años de su vida que lo rebaten. Pero yo los recuerdo. Y digo: Marina fue feliz con su sorprendente marido, con su maravillosa hija pequeña, en esos años antes de la guerra. Marina fue feliz.

Y ustedes dirán que claro que fue feliz, de un modo u otro todo el mundo lo es en algún momento de su vida, pero si es así en su caso, desde luego no lo reflejó así en sus diarios. Desde luego también ayuda que las memorias de Asia abarcan un lapso temporal mucho mayor, comienzan en la propia infancia y las escribió ochenta años después. No sé si la Marina de Anastasia será más real que la que habitualmente se nos muestra a través de sus escritos, seguro que ninguna lo es y cada cual por sus propias razones, lo que tengo claro es que a las memorias de Anastasia Tsvietáieva se acerca uno de una forma más relajada. Más natural.
Allá por la página 800 comienzan a confluir ambos libros, es cuando se narra el primero de los hechos que recuerdo, la muerte de la pequeña de las hijas de Marina. Un episodio digno de ser leído, quienes sepan de qué hablo entenderán hasta qué punto es una historia que puede marcar una vida. Hasta ese momento hay referencias de otras lecturas en las que uno se encuentra e incluso se sorprende, la hermana menor (Anastasia) dice no reconocer a su madre en Mi madre y la música, la magnífica obra de la hermana mayor (Marina). El retrato de la familia, no obstante lo dicho, es extraordinario, nos asomamos a la intimidad de una familia poco convencional, con un amor y una dedicación a la cultura extraordinarias, el padre con el que aparenta ser su hijo más querido, su museo (sus museos porque cuando le separaron del Rumiantsev fundó otro) y la madre a la música, la medicina, la pintura, los idiomas, en fin, lo más parecido a una familia renacentista que se pudo dar en aquella Rusia del ocaso de los zares y el principio de la revolución.
La revolución, aunque desde el principio y a su manera la miraban con buenos ojos, no les fue especialmente propicia. El saldo de desgracias es demasiado elevado para cualquier ser humano, tanto en fatalidades personales como el hambre como en lo que se refiere a la muerte de seres queridos. La experiencia narrada es ciertamente dramática, pero no habla la autora desde la desesperación o la venganza. Estas memorias son luminosas incluso en los malos momentos, y son muy malos, pero no son un ajuste de cuentas. No con la vida, no con Marina, no con Rusia, no con la revolución, pero tal vez sí con Mur, el hijo de Marina, que no sale especialmente bien parado. Estas últimas páginas dedicadas a la muerte de Marina son especialmente desgarradoras, y lo son no tanto por la muerte en sí, que también, sino precisamente por el papel que en la misma jugó su hijo.
Es sorprendente que una persona con la independencia intelectual y la fuerza de Marina Tsvietáieva, fuese sin embargo tan débil y complaciente, casi hasta servil, con su hijo. Sorprende que le soportara el trato degradante que a menudo le procuraba éste. Es conocido que ella se suicidó no porque él se lo pidiera, que de alguna manera lo hizo, sino porque se convenció de que le estorbaba. Anastasia reconoce el papel de su sobrino en el fatal desenlace de la vida de su hermana, y se lo afea. Sin embargo y pese a lo unidas que ambas estaban, son páginas hermosas.
Anatasia y Marina, Asia y Musia, son sin duda dos mujeres excepcionales, muy diferentes aunque a menudo leyeran poemas con una sola voz. Al interés histórico y literario de estas memorias se suma uno muy humano, el de la emoción. Porque son unas memorias emocionadas y como tales se leen. Se cierran tras unas 1200 páginas y saben a poco, realmente uno quisiera saber más, atar cabos sueltos, pero sospecho que, pasado un tiempo, cuando la lectura repose y arraigue, se dará cuenta el lector de que no son los cabos ni los nudos lo que importa, sino lo vivido junto a ellas y esa sensación de hermanamiento que sólo unas memorias escritas con sensibilidad y talento puede provocar.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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