
Hay libros que tienen detrás una historia alucinante, de esas en que la realidad supera con creces la ficción. Este es sin duda uno de ellos. Tengo que admitir que yo no conocía la historia. No sé si porque en España no resultó demasiado conocida o simplemente por ignorancia mía. El caso es que cuando leí la sinopsis de Chica, chico, chica quedé enganchada a la historia y tuve que leerme el libro. Lo verdad es que ha sido todo un acierto, lo he disfrutado muchísimo.
Para los que no conozcáis la historia, os la explico. Resulta que a finales de la década de los noventa, un escritor nuevo comenzó a causar furor en la escena literaria norteamericana. Nadie sabía quién era exactamente, pero empezó a ser considerado como el nuevo J.D Salinger, todo un referente para las nuevas generaciones de escritores y lectores. Tanto es así, que numerosas celebrities se dedicaron a mostrar su apoyo haciendo lecturas de sus libros y acogiendo a J.T Leroy, el misterioso autor. Famosos como Carrie Fisher, Courtney Love, Gus van Sant, Bono y, sobre todo, Asia Argento.
La historia de J.T Leroy no es nada fácil. Criado por una madre prostituta y drogadicta en un apeadero de caminos en el sur de Estados Unidos, el inquietante escritor relata sus experiencias en las novelas autobiográficas Sarah y El corazón es mentiroso. (que por cierto, necesito leer). Entre sus vivencias, se incluye un cambio de sexo. Una vida de lo más particular, digna de un escritor maldito. Como podéis leer, la historia de J.T Leroy tenía todos los ingredientes para estar en el centro de los focos. Y eso es precisamente lo que ocurrió durante algunos años, hasta que, más tarde, la verdad salió a la luz: todo había sido un engaño. J.T Leroy nunca había existido. Durante seis años, Savannah Knoop acudió a festivales literarios y se codeó con las celebrities haciéndose pasar por J.T Leroy. No me digáis que toda esta historia no da para un libro, una película y miles de titulares. De hecho, a finales de este año se estrena la película JT Leroy, con Kristen Stewart como protagonista.
Pero no os he contado todo, aún hay más. Savannah Knoop se hizo pasar por el atormentado escritor J.T Leroy porque su cuñada en aquel momento, Laura Albert, se lo pidió. ¿Y quién era ella? Pues la autora de las novelas ni más ni menos. Menuda historia.
Chica, chico, chica es el relato de la propia Savannah Knoop en el que narra las vivencias e historias que le sucedieron haciéndose pasar por J.T Leroy casi a tiempo completo durante años. Debe de ser duro dejar tu vida de lado para dedicarte a interpretar a otra persona, alguien que es admirado, al que muchas personas adoran y que en realidad no existe. No sé cómo Savannah no se volvió loca del todo, como no experimentó una crisis de identidad brutal. Lo que sí puedo deciros es que el libro es ácido, entretenido y algo adictivo. No he podido soltarlo desde que lo empecé y esta excéntrica historia me ha tenido totalmente enganchada.




No sé por qué, pero suele suceder que a las personas que tildan de raros, radicales y rebeldes suelen ser las más interesantes. Supongo que porque todo lo que se sale de lo común, aquello que es diferente e innovador nos produce, en general, tanto miedo que tendemos a señalarlo con adjetivos más bien peyorativos. A veces somos así de tontos, qué le vamos a hacer. Raros, radicales y rebeldes son, sin duda, los mejores adjetivos que podrían usarse para describir a todas las personas que aparecen en este libro y os animo a que os acerquéis a ellos siendo conscientes de todo lo bueno que esos adjetivos aportan. ¿Raros? Claro que sí. ¿Radicales? Por supuesto. ¿Rebeldes? Desde luego. La selección de personajes célebres que aparecen en estas microbiografías tienen todos esos componentes.



Qué mal lo he pasado con este libro, de verdad. No lo he pasado mal en el sentido de “qué libro más horrible”, qué rollo, que se acabe ya”. Nada de eso. A mí el libro me ha encantado, pero ha sido una lectura larguísima y llena de interrupciones. Y la culpa es mía, o de Brainard, según se mire.
Iba a empezar diciendo que debe quedar claro que me declaro miembro sempiterno del bando de los que defienden a Messi como mejor futbolista del mundo – y de la historia -, pero ahora estoy pensando que viendo el título del libro que voy a reseñar no creo que quepan muchas dudas sobre ello. Así que, de todas formas, lo diré: soy del bando de los que ve a Messi como el mejor futbolista del mundo y de la historia, del mismo bando que tantos otros aficionados al fútbol, del mismo bando que 
El planteamiento de este libro no podía ser más atractivo, es una obra fundamental de la literatura clásica japonesa, un ensayo sobre la vida sencilla y la relación con la naturaleza y además prologado por Natsume Soseki y muy bellamente editado por Errata Naturae. Kamo no Chōmei, tras una vida azarosa tanto a nivel personal como social, ya que le toco vivir no pocos desastres cuya narración es sumamente interesante, abandona la capital, la residencia familiar y una relativa comodidad como funcionario de la corte y, llevado por sus convicciones budistas, se retira primero a una casa modesta y después a una cabaña de unos tres metros cuadrados que construye él mismo en el bosque, en el monte Hino.
Cuando me aventuré a leer De polvo eres y en polvo te convertirás, yo no sabía quién era Enrique Herreros, su autor, más allá de que era un soltero de noventa años que en este libro rememoraba a las cuatro mujeres que habían dejado mayor huella a lo largo de su larga vida. Eso y que había trabajado en el mundillo cinematográfico, codeándose con artistas de la época, como Sara Montiel y Carmen Sevilla, y participando en la promoción de películas oscarizadas como Volver a empezar y Belle Époque. Todo ello me hizo pensar que Enrique Herreros tendría una de esas vidas que merecen ser leídas y allá que fui a averiguarlo.
Solo hay una decena de libros que no presto nunca. Son aquellos que cumplen una doble condición: que me hayan herido gravemente y que no pueda encontrar otra copia de ellos con facilidad en caso de pérdida. Uno de esos, quizá el más icónico de esta categoría, es El ladrón de morfina, de Mario Cuenca Sandoval, que en su día publicó la difunta 451. Su impacto me arrastró a conseguir los libros anteriores de Cuenca Sandoval, incluso Boxeo sobre hielo (a pesar de mi aversión a su editor), y que espere cada uno de los posteriores con una ilusión que ni en los mejores días de los Reyes Magos.
No sé si vosotros hacéis como yo, que cuando estoy leyendo un libro que me encanta no paro de contar los detalles que más llaman mi atención a la gente que tengo a mi alrededor. El último con el que me ha pasado es De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris. Como, por desgracia, mi entorno no es muy (nada) lector, no hacían caso a mi entusiasmo, así que además de darle la tabarra a ellos, lo recomendé varias veces por mis redes sociales. Pero como todavía no me he quedado a gusto, vengo aquí para explayarme con vosotros, contándoos por qué me ha gustado tanto y aconsejándoos que no lo dejéis pasar, ¡es apasionante!
Pese al innegable interés histórico de Entre hienas, debo reconocer que lo que me llamó la atención de esta novela fue básicamente literario, o tal vez no, pero desde luego sí que sentí un gran interés por descubrir la manera en la que la autora podría gestionar el equilibrio entre la parte histórica, la literaria y la personal. Me explico, vean lo que dice la propia autora al protagonista:
Tengo que reconocerles una cosa antes de empezar a hablar de este magnífico libro: me acerqué a él no por sí mismo sino por el interés que siento Marina Tsvietáieva, porque hace tiempo que tengo entre mis proyectos sus memorias, que he leído intermitentemente varias veces y que me resultan tan interesantes y brillantes como difíciles. Como corresponde al personaje. Desde hace meses, cuando tengo un espacio sin lecturas de las que debo reseñar, aprovecho para avanzar un poco con ellas, lo que la disponibilidad o mi propia resistencia me permitan. Y me pareció que acercarme a Marina de la mano de su hermana seguramente sería más asequible, más llevadero. Y lo que me he encontrado es eso, desde luego, pero sobre todo un personaje sumamente interesante por sí mismo, y no sólo una aproximación diferente a la gran poeta. De hecho la Marina de Anastasia es completamente diferente de la Marina de la propia Marina. Sin esconder sus complicaciones, Anastasia la humaniza, nos acerca a la persona y lo hace desde un ángulo que Marina no muestra. Y no por falta de sinceridad, que de eso anda más que sobrada, sino por calidez y cariño. Anastasia y Marina, Asia y Musia, estas cerca de 1200 páginas son un recorrido ameno y emocionante por la vida de ambas y la historia de la Rusia que les tocó vivir.