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Para quien no brilla la luz, de José María Pérez Zúñiga

para quien no

para quien noA estas alturas de la película hacer algo medianamente original, distinto o, ya simplemente decente con un género que últimamente ha sido tan trillado, humillado y maltratado como el de los vampiros no es tarea fácil, aunque lo parezca. Al menos no sin pervertir tanto la esencia del mito como para cargárselo y no dejar de él más que cuatro notas típicas que sirvan al lector para poder diferenciarlo de un vulgar hombre lobo cualquiera. Es triste que mucha gente, sobre todo las últimas hornadas de gente, asocie a un icono del terror, tanto literario como cinematográfico, una saga, también literaria y fílmica, cuyo nombre se corresponde con el intervalo de tiempo antes de la salida o después de la puesta del Sol durante el cual el cielo permanece iluminado. Triste, pero cierto.

Así que con este desolador panorama en el que está quedando nuestra pobre cultura de masas, en el que a Odín gracias, también de vez en cuando nos encontramos con joyitas como, por poner un ejemplo, la pentalogía de David Wellington que se inicia con 13 balas, es muy gratificante encontrarse con pequeños y frescos tesoros como este Para quien no brilla la luz que le reconcilian a uno con la especie humana y piensa por un momento que sí, que aún hay esperanza, que no todo está perdido para los no-muertos. Que tal vez no funcionen ya los cánones de Stoker en una sociedad tecnificada y agilipollada como la nuestra, pero que pueden, Y DEBEN, seguir existiendo vampiros que te metan el miedo en el cuerpo, que te destrocen la yugular o la femoral, que te drenen el líquido vital y que, si no acaban contigo, te inoculen una sed insaciable, una capacidad de seducción magnética y, a ser posible, que todo esto no venga acompañado de dudas metafísicas acerca del bien, el mal, la vida y la muerte.

Alguno puede pensar que el vampiro es una figura que alguien inventó y que, por lo tanto, se puede hacer lo que se quiera con él dentro del campo de la libertad de creación. Sí. Pero no. Un vampiro moñas fosforito se queda en moñas fosforito, en un ser despreciable que no merece otra cosa que explotar al amanecer. Un vampiro ha de ser un ser terrible, malvado, astuto y capaz de jugar al gato y al ratón con su presa. Puede ser destruido, sí, pero con algo de esfuerzo. O con mucho, según…

Por eso este libro del que hoy hablo no es una brisa de aire fresco, sino un chorro dirigido a la cara. Es innovador, es perturbador y en ocasiones es jodidamente extraño. No tanto como pudieran serlo los sueños de David Lynch, pero tal vez como los de Freud o Jung. Desde luego, convencional no es.

Trata la figura del vampiro desde una óptica que, sobre todo en sus páginas finales, juega a descolocar al lector haciéndole dudar, desconcertándole, poniéndole en el mencionado lugar del ratón.

Por si fuera poco, la novela está escrita de forma inteligente, estructurada en capítulos cortos y narrados desde el punto de vista de varios personajes, volviéndose a veces metaliterario con la inclusión de ¿el propio autor? en algunos pasajes.

José María Pérez Zuñiga elabora una trama en la que el policía Miguel Serrano junto al forense Joaquín Moya investigan unos crímenes en el barrio de la Latina en Madrid. Cuerpos que aparecen desangrados, personas desaparecidas, y una misteriosa mujer a la que se la conocerá como Dama Negra. Una historia que atrapa, sobre todo su primera mitad, (más rápida y dinámica y menos introspectiva y psicológica que la segunda) creo yo que por la alternancia en los puntos de vista, por una escritura que empatiza con cada uno, por unas situaciones raras enmarcadas en un contexto de lo cotidiano (el vecino de arriba, el pub, el poli que vive en casa de sus padres sin renovar ni un solo mueble…) que hace que lo que nos cuenta se empape un poco más de la realidad y el terror que ya de por sí eso significa.

Sé que no es fácil hacer terror (aunque menos lo es hacer comedia) y Para quien no brilla la luz, libro que, aunque no es que sea terror terror, (es policíaco y de misterio diría yo), sí que consigue provocar una inquietud desagradable al leerlo. Un desasosiego, una intranquilidad un mar de dudas y una comprensión del estado confuso de los protagonistas, que no es fácilmente explicable.

“Ciudadanos, autoridades y policía se enfrentan a sus ansiedades y miedos más íntimos, los que constituyen nuestras miserias personales y sociales. Es lo que han representado siempre los vampiros: la otredad; la posibilidad de que seamos de una forma diferente.”

Sea o no esa la interpretación de vampirismo, he aquí un buen libro sobre el tema para todos los que adoramos a esas criaturas de la noche. Unas criaturas tratadas aquí de forma respetuosa y más cercana a su particular realidad. ¡Un libro de vampiros como Odín manda!

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No mires ahora y otros relatos, de Daphne Du Maurier

no mires ahora

no mires ahoraConocí a Daphne Du Maurier cuando yo era niño. No, no; no la conocí personalmente, claro, ni tampoco literariamente, sino a través de las películas de mi idolatrado Alfred Hitchcock. Películas que estaban grabadas en cintas de video que veíamos mi hermano y yo en casa de mi abuela. (Cintas de vídeo, por cierto, en sistema Beta, –no VHS, no. ¡Beta!, que era un sistema mejor pero que, como suele pasar, no triunfó por no haber sido el primero–). Películas que veíamos una y otra vez y otra y otra, porque nos distraían, no entendíamos realmente todo lo que sucedía en la pantalla, pero caíamos absortos en ella igualmente. Sin ninguna duda Con la muerte en los talones y La ventana indiscreta se llevaban los récords de número de visionados, y, por supuesto, Psicosis no estaba incluida en la “programación”.

Y sí, también veíamos Los pájaros, faltaría más. Nunca supimos, de hecho nadie lo supo ni se sabrá jamás, porque los pájaros atacaban a las personas y esa era una de las grandezas de la cinta. La incertidumbre, ese grandioso final de anuncio de coche con los cuervos dando tregua y abierto a una continuación de inseguridad… la redefinición del terror, del suspense, del misterio…

Los pájaros, Rebecca y La posada Jamaica fueron tres de las obras de Daphne Du Maurier que el mago del suspense adaptó a la gran pantalla. (Recientemente he podido ver también Mi prima Rachel, aunque esta ya no dirigida por el mago, interpretada por Rachel Weisz, y la recomiendo).

Así que pensé que si a Hitchcock le llamaron tanto la atención los relatos de Du Maurier, (de los que tan solo el de las aves era algo así tirando a “terror”), como para hacer pelis de ellos, habría que echar un vistazo a estos cinco cuentos recopilados bajo el título No mires ahora y otros relatos, cuya clara intención es la de meter miedo en el cuerpo.

¿Lo consiguen? ¿Te meten el miedo en el cuerpo? Mmmm… buenoooo… Digamos que el primero de todos, que da título al libro, y el cual también ha sido trasladado a cine (Amenaza en la sombra, 1973), se acerca bastante. Desde el principio podemos sentir que estamos en Venecia (o al menos a mí, que acabo de regresar de ahí, me lo parece) y podemos empatizar con una joven pareja británica que ha perdido a su hija y trata de sobrellevarlo desconectando mediante una escapada. En un bar juegan a imaginar a qué se dedica fulanito o menganito y, se va creando una atmósfera inquietante, desde la primera hoja, gracias a esa otra pareja de ancianas gemelas que no dejan de mirarles. El protagonista desconfía de ellas, pero su mujer cae rendida a ellas al saber que una de las gemelas es vidente y que ve siempre a su lado a su hija muerta.

Este es en mi opinión el mejor de los relatos. La tensión va aumentando poco a poco, en cualquier momento crees que va a aparecer la figura fantasmal de la niña, o de alguien, o que una de las ancianas hablará con una voz de ultratumba o algo sobrenatural… Y, sin embargo, el desenlace es aún más sorprendente e inesperado. No lo ves llegar, te deja picueto y con los pelos de punta. Una historia estupendamente narrada que difícilmente olvidaré.

En cuanto a los otros cuatro, el que más me ha llamado la atención ha sido Las lentes azules. Una historia bizarra, surrealista, e incluso podríamos decir que mezcla de terror y ciencia ficción en el que una mujer se va a someter a una operación para recuperar la vista tras semanas viviendo en una absoluta ceguera. La intervención parece haber sido todo un éxito… sino fuera porque ve cosas que no debería ver.

El resto de relatos El manzano, El estanque y No después de medianoche, también atrapan el interés, por supuesto, y son muy disfrutables y de lectura recomendable, pero el premio gordo se lo llevan de calle los dos anteriormente mencionados.

Recalco que, salvo el primer relato, las historias aquí contenidas no son de terror ni de miedo sino, más bien, generadoras de inquietud, intriga, misterio, e incluso de nostalgia. Ese es tal vez el pequeño pero que podría poner pues la portada a lo “It” parecía presagiar una antología de relatos terroríficos. De cualquier manera, pronto te metes en cada una de las historias y te olvidas de géneros y otras zarandajas.

Du Maurier me ha sorprendido gratamente con este No mires ahora y otros relatos. Maestra a la hora de ambientar las historias, con detallismo pero sin caer en barroquismos innecesarios; profunda conocedora de la psicología humana, dota a sus relatos de una escritura clara y elegante, con un estilo a la vez cuidado y directo capaz de meter de lleno al lector en la historia con tan solo unas primeras frases.

La biblioteca de Carfax ha editado, igual que hizo con Experimental film, un ejemplar en el que se nota el mimo y el tiempo que le han dedicado. Una portada preciosa, buena traducción de Miguel Sanz y un gran contenido. El fondo y la forma. ¿Qué más se puede pedir a un libro?

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Compañías silenciosas, de Laura Purcell

Compañías silenciosas

Compañías silenciosasHay misterios que se te meten hasta los huesos, que se adentran en cada una de las partes de tu cuerpo hasta que experimentas una sensación de miedo que te impide pensar con claridad y reflexionar si lo que estás viviendo es una situación real o imaginaria. Una situación que, a pesar de estar solo está en tu cabeza, sientes como real al abandonarte a tus peores miedos. Esos que siempre han estado en tu interior y con los que temes encontrarte a lo largo de tu vida.

Compañías silenciosas es, sin duda, una de estas historias que apenas quedan en el catálogo de novedades literarias. Desde que leí su sinopsis y tantas buenas opiniones en Goodreads, supe que era una novela que tendría que ser mía. Por eso, cuando recibí por sorpresa el libro de parte de la editorial Del Nuevo Extremo, debo admitir que me alegró bastante el día. Y no me ha decepcionado.

Esta novela está ambientada en la época victoriana, en una mansión tan inquietante y misteriosa como aterradora. Una casa que esconde muchos secretos del pasado y cuyas paredes susurran horrores que los protagonistas ni siquiera pueden imaginar. Hasta que los viven en sus propias carnes y comienzan a darse cuenta de que ni siquiera pueden distinguir lo que es real de lo que no lo es.

Me ha encantado que desde el principio la autora haya creado una atmósfera tan misteriosa y oscura que ayuda a meterse de lleno en la novela y en todo lo que la rodea. Desde el primer capítulo se respira el miedo a través de los personajes protagonistas y el lugar en el que comenzarán a revivir sus peores pesadillas. A pesar de que la protagonista principal no ha llegado a convencerme, es fácil empatizar con ella y su sufrimiento, hasta la resolución final. Aunque no lo parezca, experimenta una evolución muy palpable durante el desarrollo de la historia y se convierte al final en un personaje interesante.

Pero otro de los personajes más importantes de esta novela no se encuentra en el mismo espacio temporal, aunque sí en el mismo escenario: esa mansión que tantos secretos ha guardado a lo largo de más de un siglo. La autora combina el tiempo presente con el pasado para alternar dos historias muy similares, pero vividas por mujeres muy diferentes entre sí. Esto me ha encantado porque creo que juega con el suspense y con el misterio, además de presentarnos dos personas muy distintas que se ven obligadas a vivir el mismo horror. Este ha sido de los elementos que más me han enganchado y que me han mantenido con los pelos de punta hasta el final, unido a la pluma ágil, inspiradora y descriptiva de la autora. Algo que hace que la novela se lea de forma rápida y que te atrape mediante su historia y sus giros argumentales, que me han encantado porque son realmente inesperados, algo que hace cada vez más falta en la literatura juvenil actual.

Este libro me ha hecho pensar en lo mucho que me gustan las historias de terror bien construidas, que te ponen los pelos de punta en cada uno de sus capítulos y que te hacen querer leer más. Compañías silenciosas me ha devuelto ese apetito por la novela de terror que tenía bastante abandonado y que tanto me fascina: esa sensación de leer por la noche y estremecerte con cada ruido, de meterte tanto en la historia hasta el punto de vivir junto a cada uno de los personajes cada una de las horribles situaciones… Esa sensación tan rara de pasar miedo porque quieres, porque sabes que es una historia que no es real pero que podría serlo.

 

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El bosque profundo, de Sofía Rhei

El Bosque Profundo

El Bosque ProfundoDice José Carlos Somoza en el prólogo de El bosque profundo que «si no te has encontrado antes con Sofía Rhei, este es el momento. Se ha cruzado en tu destino y tiene poder: ya no vas a dejar de leerla. Es capaz —y bien lo demuestra en esta colección— de construir historias con lo inverosímil, de jugar ante tus ojos con sus palabras, de hipnotizarte con sus tramas». Y lo admito: Somoza tiene toda la razón. Yo he sucumbido al influjo de Sofía Rhei: me he adentrado en El bosque profundo y ya no quiero salir. Así que solo me queda invitarte a que vengas a hacerme compañía. ¿Te atreves?

Solo has de seguir las cartas del tarot, que guiarán tus pasos.

Tendrás que recorrer senderos tortuosos. Puede que no te lleven a ninguna parte o, quizá, hacia el abismo que hay dentro de ti. Tú dirás cuál de las dos posibilidades te da más miedo.

Por el camino, beberás de fuentes para recobrar el aliento. Unas veces verás tu reflejo en sus aguas y, otras, ese lado oscuro que nunca antes quisiste mirar.

Llegarás hasta umbrales. Y los atravesarás, aun con la certeza de que te llevarán a parajes inciertos. Cuando te gires, ya no habrá vuelta atrás. Por eso continuarás adelante, al ritmo que el bosque profundo te marque.

Pero no te preocupes, porque durante todo el viaje los árboles te darán cobijo. Tú solo has de tener cuidado con los seres mágicos que acechan tras sus ramas.

Por fin hallarás hogares. Unos serán cálidos y acogedores, como el abrazo de una madre. Otros, prisiones de las que no siempre lograrás escapar. Ese es el poder de la sensibilidad escalofriante de Sofía Rhei, la terrible hermosura de sus palabras.

En la última página de El bosque profundo no encontrarás ningún final, si es que todavía lo andabas buscando. Pero me verás a mí, junto al resto de lectores que hemos quedado fascinados por el bello y oscuro mundo creado por Sofía Rhei. Aquí seguimos, releyendo los cuentos que nos ha contado. Esos cuentos que nos recuerdan a los tradicionales, aunque nunca antes nos los habían narrado así. Los protagonizan hadas, duendes, reyes, monstruos, animales, piedras, niños… Decenas de seres (aparentemente) humanos, elementos de la naturaleza y criaturas que ahora escapan a tu imaginación, pero que después de conocer sus historias, ya no se te irán de la cabeza. En ocasiones vivirán desenlaces justos, pero casi nunca finales felices. Es el precio de los cuentos verdaderos, esos que nos hacen sentir frío en la nuca.

Nosotros seguimos en el bosque profundo porque nos hemos dado cuenta de que la realidad, la más terrible, está justo aquí, en este mundo de leyenda, y no podemos volver a mirar a otro lado. Recorremos sus sendas infinitas releyendo los microrrelatos que lo componen, y cada vez descubrimos detalles de los que no nos habíamos percatado. En ocasiones son cosas que nosotros mismos hemos perdido por el camino, como los protagonistas. En otras, se debe a que somos nosotros los que hemos cambiado. Pero siempre hay algo distinto con lo que fascinarse en el oscuro y mágico mundo de Sofía Rhei, por eso te animo a visitarlo.

Como ves, no te prometo un viaje tranquilo, ni siquiera un destino apacible. Si lo fueran, ¿qué tendrían de especial? Pero lo que sí te aseguro es que serán inolvidables.

¿Te atreves a sucumbir a las palabras de Sofía Rhei? Aún hay hueco en El bosque profundo.

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En la piel del lobo, de Alberto Bermúdez

en la piel del lobo

en la piel del loboNo había tenido hasta ahora la suerte de leer ningún libro de la editorial Dilatando Mentes, y no por falta de ganas, ya que sus títulos son de los que me tiran, sino por falta de tiempo. Pero a raíz de la lectura de este En la piel del lobo ya me he prometido acudir a esta editorial con más frecuencia. Salta a la legua que les gusta editar y procurar que el lector goce con la lectura. La portada de mi admirado Alejandro Colucci, el hecho de ser un ejemplar numerado, el preciosismo de los inicios de cada capítulo y de las ilustraciones previas a estos que acompañan a los textos referidos a la figura del lobo, la música recomendada mediante un código bidi para meternos en ambiente mientras leemos… Pequeños detalles por separado que, no obstante, enriquecen mucho la experiencia lectora.

Pero entremos en materia. Principios del siglo XX en un pequeño pueblo de Andalucía. Miguel, un joven con pretensiones de escritor, vuelve al pueblo tras dos años en la ciudad. Dos años en los que ha pasado hambre, frío y humillaciones y en los que ha visto cosas que le han cambiado y horrorizado. Pronto se estrellaron, o le estrellaron, más bien, sus ilusiones de editar un libro con los cuentos que llevaba bajo el brazo. “Ya no se leen cuentos”, le dicen, “ahora lo que se llevan son novelas, vuelve con una novela”.

Pero la página en blanco se le queda en blanco, y el dinero se le acaba. Incluso tiene que sobrevivir quemando sus queridos cuentos manuscritos para caldear la habitación. Finalmente, tras afrontar y posponer lo inevitable, no le queda otra que regresar al pueblo, a casa de sus tíos adoptivos. Ambos le reciben con los brazos abiertos y esperan que se le haya pasado la fiebre esa del escribir, que siente la cabeza y se dedique por fin a las cosas de la tierra, de los olivos, y a todo lo que, en definitiva, le enseñó su tío hace tiempo. Lo que le dará de comer.

Y ahí está Miguel. De vuelta a una vida que no quería para él, porque aspiraba a salir de esa rutina de madrugones, trabajo duro en el campo, y sobremesa en el bar echando la partida con los amigos e intentando también formar su propia familia.

Pero, por si fuera poco, la vuelta de Miguel coincide con una serie de ataques de lobos a rebaños muy cerca del pueblo. Demasiado cerca.

Por fortuna, le queda el reencuentro con Carmen, su amiga/amor/medio-novieta, de la que tanto le costó olvidarse para poder cumplir su sueño.

Con semejante título, con esa portada, con el tono de la línea editorial, con el pasado zombi del que procede Bermúdez y con el argumento, uno no puede evitar imaginar que este libro irá de hombres lobo. Y no voy a ser yo el que destripe el final, primero porque sería una putada y segundo porque que merece la pena que el lector lo descubra por sí mismo.

Alberto Bermúdez elabora una trama costumbrista con una tensión en aumento, narrando cosas de lo rural y cotidiano con soltura y buen hacer, que hacen que te apetezca seguir leyendo los avatares de Miguel, sus reflexiones y sus flashbacks con un interés que te mantiene con el culo pegado al asiento. Sabes que va a pasar algo. Estás seguro, se intuye. No sabes cuándo, pero algo se está cociendo, algo va a pasar. Estás leyendo la calma que precede a la tormenta, pero estás en tensión y quieres prepararte bien, crees anticipar lo que va a pasar, o al menos tu mente va a su bola creando dos o tres alternativas ya a mitad de libro… ¡y zas! ¡Ni te lo imaginas! ¡Ese girote final! ¡Ese broche con el que rematar una buena historia con pedacitos de misterio, suspense y terror después de la estupenda narración que nos ha acompañado todo el libro! Y no es que este sea uno de esos libros de los que esperes un giro que te sorprenda. ¡Qué va! Pero ocurre que simplemente lo tiene, y es un puntazo más a un libro que me ha encantado por el fondo, la forma y la edición.

En la piel del lobo es una historia atractiva, escrita con maestría y dominio. Dominio de tiempos y ritmos, diálogos, vocabulario particular, personajes y trama. Adictivo, con capítulos cortos, que son los que te roban horas de sueño porque te engañas a ti mismo diciéndote “uno más, que es corto”, y acaban siendo bastantes más de uno…

En definitiva, una lectura muy recomendable, muy bien desarrollada y escrita y muy original, en la que el lector tendrá que decidir qué creer sobre lo que ha leído.

¡Muy fan!

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Videorreseña: Bajo nuestros pies, de Francisco Javier Olmedo Vázquez

Las novelas de terror tienen algo que no termina de convencerme. Será por lo mal que lo paso leyéndolas o porque después no puedo quitarme de la cabeza esa historia durante días. Y mira que sé que se trata de ficción, pero cuando una historia me cala hondo, después no hay forma de olvidarme de ella. Cuando empecé Bajo nuestros pies, libro escrito por Francisco Javier Olmedo Vázquez y editado por ExLibric, no tenía ni idea de lo que iba a encontrarme. Lo que en un principio parecía una historia normal, con el trascurso de las páginas fue adquiriendo unos tintes sobrenaturales y de ciencia ficción que nada tienen que ver con lo que yo entiendo por “normalidad”.

Este libro tiene algo muy peculiar, y es que está contado usando la técnica epistolar. A través de una serie de cartas conoceremos al profesor Kleinman, una persona cuya ambición puede llevarle a la desgracia. Esas cartas, dirigidas a su pupilo más brillante, serán el medio que nosotros utilizaremos para adentrarnos como un protagonista más en esta historia de terror y angustia.

Además, con este vídeo estamos estrenando sección, que se va a llamar “Nuevos autores”, donde daré a conocer obras de autores que están empezando, así que no dudes en echar un vistazo y suscribirte para enterarte de más contenido.

 

 

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Bajo nuestros pies, de Francisco Javier Olmedo Vázquez

Bajo nuestros pies

Bajo nuestros piesAntes de empezar os voy a decir una cosa: me encanta que los años vayan pasando y que la tecnología progrese. Es verdad, me gusta el avance y todas las facilidades que nos da la tecnología hoy en día. Y no solo en lo referente a poder utilizar un ordenador o un móvil como una herramienta de trabajo más; también por todos los adelantos médicos que esto supone, la alegría de pulsar un botón y tener a un ser querido a unos centímetros de ti, la serenidad que produce saber que tienes tanta información al alcance de tu mano…

Le he estado dando vueltas y creo que yo he nacido en la época adecuada. Me gusta esta generación y me gustan todos estos progresos. Pero me he dado cuenta de que hay una cosa que echo muchísimo de menos y cuyo destino está próximo a desaparecer: las cartas. Aunque soy joven puedo presumir de haber mandado muchísimas cartas. Ahora me río, porque recuerdo obligar a mis amigos del pueblo a escribirme durante el año para que me pusieran al día. Vaya tontería más grande teniendo en cuenta que por entonces usábamos el Messenger. Pero yo lo intentaba. Y llegaba Navidad y me volvía loca escribiendo felicitaciones para todos mis amigos y familiares. Incluso se las mandaba a mis compañeros de clase… ¡a sus casas! Seré una romántica, puede ser. Pero era algo que a mí me encantaba.

Así que cuando empecé a leer Bajo nuestros pies y vi que toda la novela se estructuraba en una serie de cartas, ¡no pude alegrarme más! Claro que está basada en el año 1921 y eso entonces era más factible… El caso es que lo importante aquí es el hecho de que el protagonista de esta historia, John D. Lindgren, va a conocer una historia escalofriante y sobrenatural de la mano de las cartas que su mentor, el profesor Kleinman, escribió un tiempo atrás.

Todo empieza cuando al profesor Kleinman le llega una carta muy misteriosa que contiene una oferta más que jugosa. Él sabe que no debería aceptar, porque eso supondría poner en juego muchas cosas, pero también sabe que es una persona curiosa por naturaleza y que quien le manda esa carta lo sabe. Después de tener la miel en los labios, el profesor no se puede resistir y acepta dicha oferta. A partir de ahí, todo empieza a convertirse en caos y en horror.

Kleinman irá dejando cartas a través de las cuales contará toda la historia y todo lo que le está ocurriendo. Después, esas cartas llegarán a su alumno, quien nos las leerá y nos contará sus impresiones.

Por lo tanto, aquí tenemos dos historias paralelas: la que nos cuentan las propias cartas y también la que nos cuenta la persona que las lee. Es una estructura maravillosa que me recuerda muchísimo a Drácula, por esa forma epistolar. Es un recurso literario que me gusta especialmente, por dos motivos fundamentales: el primero, porque se conoce de primera mano la historia de quien está escribiendo las misivas. Al escribirlas en primera persona, llegamos a conocerle en profundidad y saber la historia real sin que haya un interlocutor o narrador que la distorsione. Y, el segundo (este es el más importante), porque me encanta la angustia que genera en la persona que está leyendo las cartas. Esa angustia se debe básicamente a que el lector sabe que todas esas cosas han pasado en realidad y, lo peor de todo, que no puede hacer nada para cambiarlas. Así que se crea una especie de ambiente agobiante en el que el lector no puede evitar mostrar desasosiego y tristeza por saber que no puede hacer nada por ayudar al que escribe las cartas.

Y en esta historia, en este libro escrito por Francisco Javier Olmedo Vázquez, esa angustia todavía es mayor si cabe porque lo sobrenatural cobra un papel importante en la trama a medida que esta va avanzando. Así que, lo que empieza siendo una historia de misterio que genera curiosidad al lector, se convierte en una novela de terror.

Tengo que decir que a mí me ha divertido muchísimo leer este libro, porque no sabía qué me iba a encontrar cuando pasara a la siguiente página. La historia va dando vueltas y uno ya no sabe qué esperar. Creo que es exactamente lo que le pasa al protagonista, al alumno del que escribe las cartas, que sigue leyéndolas sin saber qué es lo que va a pasar en la siguiente. Me imagino que en su mente se fraguarán cientos de teorías a medida que las hojas van avanzando (exactamente igual que me pasó a mí) y también me imagino su sorpresa al saber la verdadera historia.

Bajo nuestros pies es eso: sorpresa. Francisco Javier Olmedo Vázquez mantiene la tensión durante toda la obra resolviendo el misterio en el momento exacto, generando angustia en el lector. Todo ello acompañado por una forma de escribir muy cuidada y elaborada, notándose las horas invertidas en ella. Eso también me ha gustado, claro. Y, aunque cuando estamos leyendo las cartas no exista un narrador externo que nos hable sobre la personalidad de quien las escribe, a través de su puño y letra podemos conocerle lo suficiente como para empatizar con él. Mediante esas cartas conseguimos saber más cosas del profesor: su personalidad, sus miedos, sus impresiones. Por lo que un narrador externo se convierte en innecesario. Sin duda, un muy buen trabajo el que ha llevado a cabo este escritor.

No sé si él habrá mandado muchas cartas en su vida (espero que sí) pero con este libro ha completado el cupo que todos deberíamos alcanzar a lo largo de nuestras vidas. Yo creo que a mí me queda todavía un buen trecho para llegar hasta él, así que si me disculpáis, voy a cerrar ahora mismo el ordenador, voy a coger un papel y un boli y voy a ver cómo era eso de empezar escribiendo “Querido…”.

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Shadow Show. Cuentos en homenaje a Ray Bradbury, de varios autores

Shadow Show

Shadow ShowRay Bradbury me hubiera caído bien, lo sé. Porque es el autor de Fahrenheit 451, uno de mis libros favoritos, y me hubiese encantado charlar con él para escuchar las reflexiones que le llevaron a escribir su gran obra. Pero sobre todo porque cuando leí Escritores de cine, de José María Aresté, en el que se hablaba de la vida de varios escritores que trabajaron como guionistas de Hollywood, fueron las anécdotas de Ray Bradbury las que más me impresionaron. Era evidente que fue un buen hombre y con una sensibilidad muy especial.

Imagino que no soy la única que siente esta simpatía hacia Ray Bradbury. Seguro que la comparto con los todos los lectores que alguna vez se han acercado a sus obras y con esos escritores que están fuertemente influenciados por ellas. Shadow Show. Cuentos en homenaje a Ray Bradbury es una muestra de ese cariño e influencia.

La edición original de Shadow Show se publicó en 2012 (por desgracia, justo un mes después de que Ray Bradbury falleciera), y desde entonces se ha traducido a varios idiomas. Pero hasta ahora no se había publicado la edición española, y ha sido posible gracias a la editorial Kelonia y a los mecenas que colaboraron con ellos en el proyecto.

En este libro se recopilan los relatos de veintiocho escritores: Neil Gaiman, Margaret Atwood, Jay Bonansinga, Sam Weller, David Morrell, Thomas F. Monteleone, Lee Martin, Joe Hill, Dan Chaon, John McNally, Joe Meno, Robert McCammon, Ramsey Campbell, Mort Castle, Alice Hoffman, John Maclay, Jacquelyn Mitchard, Gary Braunbeck, Bonnie Jo Campbel, Audrey Niffenegger, Charles Yu, Julia Keller, Dave Eggers, Bayo Ojikutu, Kelly Link y Harlan Ellison. Un plantel de lujo que rinde homenaje al maestro Ray Bradbury a través de historias que, de una forma u otra, están inspiradas en su obra. Y como no podía ser de otra manera, estas van desde la fantasía hasta el terror, pasando por la ciencia ficción, el realismo puro y el realismo mágico. Entre mis favoritas: «El hombre que olvidó a Ray Bradbury», de Neil Gaiman; «Junto a las aguas plateadas del lago Champlain», de Joe Hill; «La chica del velatorio», de Sam Weller; «Los acompañantes», de David Morrell; «La llamada telefónica», de John McNally; «Los niños de la máquina para dormir», de Robert McCammon; «Luz», de Mort Castle y «Tierra (una tienda de regalos)», de Charles Yu. Y paro, que parece que vaya a poner el listado completo.

Pero, para mí, el gran valor de este libro no reside en esos relatos, por buenos que sean, sino en las explicaciones que los autores dan sobre ellos. Comentan en qué obra de Bradbury se inspiraron (cuando es el caso de una en concreto), pero sobre todo lo que supuso este escritor en sus vidas. Algunos, incluso, relatan cómo se atrevieron a escribirle una carta cuando eran tan solo unos niños, para confesarle las inquietudes literarias que habían nacido en ellos al leer sus cuentos. Y el bueno de Bradbury ¡les contestó!, animándolos a escribir y haciendo críticas a sus primeras historias. De ese intercambio surgieron amistades que duraron años.

Así que después de leer Shadow Show, todavía estoy más convencida de que Ray Bradbury fue un hombre genial y que sin él la literatura de hoy en día no sería la misma. Pero no solo porque abriera caminos y difuminara límites entre géneros, sino porque más de un lector curioso se convirtió en un escritor gracias a su apoyo. Una razón más para considerar a Ray Bradbury un autor único e irrepetible. Homenajeémosle leyendo Shadow Show y todo el legado literario que nos dejó, porque pocos hay que se lo merezcan más que él.

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Goya: Lo sublime terrible, de El Torres y Fran Galán

goya

goyaSi me preguntaran cual es mi pintor favorito no respondería nada. Me quedaría en blanco pensando en pintores y miraría fijamente a los ojos a mi interlocutor hasta que se diera por vencido. ¿Por qué esa manía de tener un pintor, escritor, director de cine, grupo de música, actor, actriz… favorito? Yo tengo muchos favoritos de todos, no puedo quedarme solo con uno. Van Gogh, Klimt, Munch, Warhol, Dalí, Rothko, Tamara de Lempicka… No te puedes quedar con uno como el favorito porque incluso si así lo haces, hoy puede ser uno y mañana o tal vez dentro de seis horas, puede ser otro.

En el caso de Goya, me gusta lógicamente, sino no habría leído este cómic, y figura también entre mis predilectos. Pero me gusta más que nada por su parte oscura. Las llamadas Pinturas negras, (con las que decoró su casa, la Quinta del Sordo), y otras anteriores. Tal vez por ser tan nocturnas y oscuras; por tener la mitología y la brujería de fondo en unos tiempos en los que la Inquisición aún rondaba por estas tierras; por lo que tienen de pesadilla malsana, de irrealidad, de cercanía a la enfermedad, la vejez y la muerte; por estar descentrados y por crear una sensación de angustia y pesimismo vital. Por lo innovador y rompedor. Por todo eso o qué sé yo porqué, me gustan estas obras goyescas.

Y por eso, y porque al guion estaba El Torres (Camisa de fuerza), tenía que leer sí o sí este Goya: Lo sublime terrible.

Conviene advertir que esta no es una biografía. Este cómic, siendo quien es el autor y conociendo la obra de Goya y los sucesos que vivió, no podía ser de otro género que no fuera el del terror.

Un pintor que se está recuperando de una enfermedad a partir de la cual ha cambiado su temática. Una enfermedad que le ha dejado sordo y que le hace sufrir fiebres y alucinaciones. ¿O puede que no sean alucinaciones? ¿Hay algo más terrorífico que caminar al filo de la navaja? ¿Que no saber si es real o invención de nuestro cerebro lo que estamos viendo? Es cierto que el no poder distinguir la realidad es un recurso muy visto, pero no por ello menos atractivo y, en este caso además, queda de primera. El Torres se inventa, y combina a la vez con hechos históricos, la razón de las extrañas obras surgidas a raíz de esa enfermedad, las cuales terminarían desembocando en las Pinturas negras, y somos testigos del proceso de lucha interna de un hombre ilustrado y racionalista contra sus propios demonios internos (que, por extensión, podríamos generalizar a los demonios de todos aquellos creadores), la superstición y el miedo imperante en el país. Y por culpa de, o mejor dicho, gracias a, esa lucha Goya dará rienda suelta a su creatividad, alejándose de encargos convencionales que limitaban su arte haciéndolo ceñirse a unas normas académicas y del buen gusto.

Ay, Goya. Pintas a los ricos, los nobles y sus santos… Los ídolos que matan la libertad del individuo. Tienes recompensas materiales, claro. Pero con cada santo, matas tu arte. Con cada noble matas tu propia grandeza.”

Por otra parte, la forma en la que se introduce a la Duquesa de Alba (inspirada en Eva Green) en la historia me ha parecido muy acertada. Nunca se ha sabido si fueron amantes o no y la idea que se propone aquí encaja como un guante dentro del contexto de la trama.

En cuanto al dibujo. ¡Soberbio Fran Galán! Estamos viendo a Goya, a las brujas, al macho cabrío, las viejas, los fusilamientos y sobre todo el tratamiento de la luz y la recreación de escenarios y vestuario y nos lo creemos todo, todito, todo.

En resumen, Goya: lo sublime terrible es un pedazo de cómic que gustará a quienes les guste Goya, hará las delicias de los que quieran una buena historia de terror y saciará a todo aquel que se acerque a él.

Después de leerlo, verás la obra de Goya de otra manera. Eso está garantizado.

Sin duda este cómic dará que hablar y es ya, por derecho propio, uno de los mejores del año. ¡El Torres ha vuelto a hacerlo!

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Mandíbula, de Mónica Ojeda

mandíbula

mandíbulaMónica Ojeda fue mi gran descubrimiento de 2016. Asistí a la presentación de Nefando, su primera novela, y me impresionó su discurso. Eso hizo que leyera su libro con unas expectativas altísimas, y aun así, las superó. En aquella historia rompió tabúes, se saltó las pautas clásicas de la narrativa y logró una de esas obras que quedan grabadas en la memoria, por mucho tiempo que pase. Así que imaginad las ganas que tenía de leer su nuevo trabajo, Mandíbula.

Mandíbula y Nefando tienen puntos en común, pero son muy distintas. Por ejemplo, en lo que respecta a la construcción de personajes. En Mandíbula profundiza mucho más en ellos y ¡menudas personalidades! Miss Clara es una profesora de treinta años que viste y se comporta como su fallecida madre. Meses atrás, unas alumnas la secuestraron y torturaron durante horas. Tras aquella experiencia traumática, su ansiedad, con la que convive desde la infancia, se dispara, y en semejante estado entra a trabajar en el Colegio Bilingüe Delta, High-School-for-Girls, donde Fernanda, Annelise, Ximena, Analía, Natalia y Fiorella tampoco se lo van a poner fácil. Fernanda y Annelise, best friends forever, lideran este grupo de adolescentes que «juega» a contarse historias de miedo y a demostrar su valentía superando retos cada vez más humillantes y violentos. A través de estos «juegos», descubren el lado más oscuro de sí mismas, ese en el que atraviesan los límites de lo moralmente permitido.

A diferencia de Nefando, Mandíbula sí tiene una estructura convencional. En la primera página nos pone en situación y, mediante flashbacks, nos cuenta por qué han llegado dos de los personajes hasta ese punto. Pero, al igual que en su primera novela, lo que destaca, lo que convierte a Mandíbula en una experiencia literaria fuera de lo común, es la reflexión filosófica que plasma Mónica Ojeda a través de la trama.

«Lo horrible, lo que en verdad nos petrifica los órganos, es lo que conocemos a medias; lo que tenemos cerca y, a pesar de ello, somos incapaces de entender. (…) Lo horrendo, quiero decir, no es lo desconocido, sino lo que simplemente no se puede conocer».

Ahonda en qué es el terror, pero también en las sombras de las relaciones maternofiliales, en la violencia y en el sexo. Y lo hace sirviéndose de las conversaciones de Annelise con Miss Clara, de las de Fernanda con su psicoanalista o incluyendo un ensayo sobre el horror blanco en la literatura de Lovecraft, Edgar Allan Poe, Mary Shelley, Bram Stoker, Chambers y Machen. Y es que Mónica Ojeda tiene un dominio pasmoso de la palabra y de los recursos literarios y, haga lo que haga, todo fluye y nos envuelve.

En Mandíbula, Mónica Ojeda nos pone de nuevo frente a la maldad más inextricable del ser humano y nos demuestra que «el miedo no es el qué, sino el cómo». Y aunque es una novela menos transgresora que la anterior, sigue estando por encima de la calidad literaria actual, por lo que me parece la lectura idónea para iniciarse en el perturbador universo de esta escritora ecuatoriana.

No me extraña que haya sido incluida en la lista de Bogotá que recoge a los treinta y nueve escritores latinoamericanos menores de cuarenta años con más talento y proyección de la década, porque es imposible que los lectores salgamos indemnes de su prosa. Y eso, en los tiempos que corren, muy pocos autores lo consiguen.

@EstherMagar

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Microterrores, de Diego Palacios Marxuach

Microterrores

MicroterroresUno de mis géneros favoritos de cine es el de terror.  Disfruto (sí, disfruto) muchísimo con las películas que no me dejan pestañear, que juegan con mi mente y me hacen querer ver un capítulo de Heidi después de verlas para ver si se me pasa el mal rollo. He visto tantas películas de miedo que ya me sé todas las tramas y personajes posibles. Existe tal variedad de películas de este género que, desafortunadamente, hay auténticas bazofias. Pero hasta con esos tostones disfruto, qué le voy a hacer. A veces es divertido adivinar lo predecibles que pueden llegar a ser y los sustos metidos con calzador. Hay directores que se piensan que para que una película provoque miedo es imprescindible asustar mucho. A mí me aterra mucho más Jack Nicholson en El Resplandor perdiendo la cabeza, qué queréis que os diga.

En cuanto a la literatura de terror debo reconocer que no estoy al mismo nivel. He leído a poquísimos autores de este género: Poe, King, Lovecraft y poco más. Eso sí, uno de mis libros preferidos y que he releído más veces es Drácula, de Bram Stoker. Supongo que eso me da puntos.

Diego Palacios Marxuach, autor de La escalera y otros microrrelatos (2008) y la biología vampírico-fantástica compuesta por Valeria (2014) y El diablo da las llaves del cielo (2015) sí que es un experto en este género. Ávido lector de las novelas de terror, esta pasión queda reflejada en sus libros y, sobre todo, en Microterrores, su última publicación a manos de Libros y Literatura, con quien colabora como reseñista y responsable de comunicación.

Para los amantes de este género Microterrores es una auténtica joya, porque en él está todo. Y cuando digo todo es todo: vampiros, brujas, zombies, nigromantes, fantasmas y hasta esa rubia tetona que sabes que será la primera en morir. Dicho así suena a topicazo, pero nada más lejos de la realidad. Las pequeñas e intensas micro historias de terror que componen este libro, un total de 77, están escritas con exquisito gusto y son tan sutiles que no te darás cuenta del inesperado giro de guión que esconden. Ese giro que hace que digas: “joder, ¿cómo le irá al abuelo de Heidi?”.

Porque hay que reconocer que los objetos que se mueven solos asustan, que los áticos con puertas cerradas no esconden nada bueno, que los espíritus y dementes acojonan y que la soledad es, a veces, terrorífica. Se me vienen un montón de referencias cinematográficas a la mente al leer estas pequeñas historias: desde It a Hannibal Lecter, desde la puñetera abuela de La visita hasta Gary Oldman interpretando a mi querido conde Drácula. Ese Jack Nicholson que os comentaba antes volviéndose loco con su personaje de Jack Torrance e incluso las llamadas telefónicas de Scream (saga mala donde las haya, pero con buenos resultados).

Todo está aquí, en Microterrrores. Eso y mucho más, porque Diego nos sorprende con inesperadas vueltas de tuerca, con nuevos terrores, con otras formas de pasar miedo mientras leemos. Mucho más difícil asustar al lector que al espectador, claro está, pero Diego lo consigue.

Si os gusta este género, Microterrores es sin duda vuestro libro. Si no sois muy fans del terror, siempre podéis tener preparado un capítulo de Heidi o Sonrisas y Lágrimas para ver entre historia e historia. O si no, podéis recurrir a leer algo de Paulo Coelho, aunque yo no sé qué da más miedo, la verdad.

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Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, de Sekien Toriyama

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de JapónCreo que ya he demostrado más de una vez que me fascina la cultura japonesa y que tengo predilección por las publicaciones de la editorial Quaterni, pues recupera obras antiguas para que disfrutemos de la esencia nipona. Hace un tiempo os hablé de El fantasma sin rostro y otras historias de terror, de Lafcadio Hearn y de Kaiki. Cuentos de terror y locura, una selección magnífica de relatos de varios autores, y hoy os traigo Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, de Sekien Toriyama, el primer bestiario de fantasmas y monstruos japoneses de la historia, traducido por primera vez a una lengua occidental.

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón se compone de cuatro libros de Sekien Toriyama. El primero es El desfile nocturno de los cien demonios ilustrado, que fue publicado allá por 1776 y clasifica a los seres en tres apartados: «Sombra», «Luz» y «Viento». El segundo volumen es Cien demonios ilustrados del presente y el pasado, que vio la luz en 1779 y se compone de las partes «Lluvia», «Último día» y «Mañana». El tercero es una extensión del anterior y lleva por nombre Suplemento de los cien demonios del presente y el pasado; se publicó en 1780 y se divide en «Nube», «Niebla» y «Lluvia». Y, por último, La bolsa de los cien utensilios aparecidos al azar, de 1789, que consta de los volúmenes «Superior», «En medio» e «Inferior». Además, cada uno de los libros incluye el prólogo y prefacio originales y, en esta segunda edición, la editorial Quaterni ha mejorado la calidad de las ilustraciones, pintadas hace más de dos siglos. Aunque no todas las criaturas que aparecen nacieron de las leyendas ancestrales niponas: algunas fueron importadas de China y Corea e integradas a la cultura japonesa y otros tantas, inventadas por el propio autor.

No me puedo olvidar de la traducción de Isami Romero Hoshimo, que ha sido lo más fiel posible al texto de Sekien Toriyama, pero que encima ha hecho una gran labor añadiendo algunas explicaciones para ayudarnos a comprender el nacimiento y el simbolismo de las decenas de seres que habitan esta enciclopedia tan peculiar.

La tradición nipona crea monstruos y fantasmas —a veces, vengativos y otras, bienhechores— para protegerse o dar respuestas a los fenómenos meteorológicos, a los desastres naturales, a las muertes inesperadas y, en general, a cualesquiera de los miedos humanos que surgen ante lo desconocido o lo socialmente censurado (como, por ejemplo, los burdeles, que tienen gran protagonismo en sus leyendas siniestras). Incluso los objetos cotidianos adquieren poderes paranormales para maldecir o premiar a los hombres. De este modo, al contemplar los grabados del pintor Sekien Toriyama descubrimos qué espíritu es el que nos quita la almohada de la cabeza cuando dormimos, cuál es el responsable de los desprendimientos de rocas o de los ahogamientos, por qué oímos tantos ruidos extraños por las noches o que una criatura puede aparecer en nuestro baño para lamer la suciedad si no somos demasiado aseados.

Es asombrosa la variedad de criaturas que surgen de las leyendas niponas y cómo, hoy en día, siguen inspirando sus mangas, animes, películas y literatura. Después de leer Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, apetece volver a revisarlas para encontrar las mil referencias. Y es que, cuando uno se adentra en la cultura japonesa, ya nunca la abandona.

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