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Pikunikku, de Monika Budišova y Jordi Trilla

Pikunikku

PikunikkuDecir que lo japonés está de moda es una apreciación tibia. La gran ola de Kanagawa es una imagen mucho más certera para lo que nos está ocurriendo. Como en la popular imagen de Hokusai, estamos siendo arrastrados por una fuerza cultural que nos lleva irremediablemente a las orillas japonesas. Una y otra vez. Lo curioso es que no conozco a nadie que esté nadando a contracorriente. Desde luego no lo está haciendo el que escribe estas palabras.

Hay una euforia general y normalizada cada vez que una editorial se arriesga con un autor japonés. O cuando un nuevo artefacto visual acampa a sus anchas en las librerías ondeando la hinomaru, nombre con el que se designa a la bandera japonesa. Si hace unas semanas os estaba hablando de la guía para perderse en Japón de Amaia Arrazola, hoy quiero hablaros de Pikunikku. Un diccionario visual un tanto gamberro que comulga con la extrañeza y la cultura centenaria propias de Japón. Como diría un japonés enérgico: ¡hajimemashō!

Todo comienza con una colaboración entre la buena gente de Impedimenta, artífices de los libros mejor acabados de la industria editorial patria, y el dúo creativo Pinkpill Design, formado por Monika Budišova y Jordi Trilla. Aprovechando los conocimientos de Monika sobre Japón, deciden llevar a cabo este proyecto en gran formato que hoy nos ocupa. La ilustradora estuvo viviendo entre japoneses durante casi un año y todas esas experiencias, muchas de ellas algo bizarras, han sido volcadas aquí.

Pero, ¿qué es Pikunikku? A grandes rasgos es un diccionario gráfico que se alimenta de todo aquello que nos fascina del país del manga. Desde tipologías de sushi hasta conceptos claves para entender la sociedad como los hikikomori, un fenómeno que roza la figura del ermitaño pero cuyo trasfondo es menos amable. O el Oshogatsu, todo un conjunto de rituales que giran en torno al Año Nuevo. Visitas a los templos, limpiezas exhaustivas en las que participa toda la familia o envíos de regalos con cierta utilidad a personas que han sido importantes para ti en el año que acaba.

El repaso que nos ofrece el libro es amplio y está categorizado en cuatro apartados. El día a día, Sociedad y cultura popular, En casa y fuera y, por último, Tradición y folklore. En cada una de estas categorías aparece un sinfín de ilustraciones y definiciones sencillas que dejan la página al borde del colapso. Uno siente que al avanzar entre sus múltiples referencias se lleva consigo pequeñas dosis de información que vuelven más certera su visión de Japón y su intrincada idiosincrasia.

Una de las cosas que más me han llamado la atención de este proyecto es, sin duda, su capacidad para trascender la franja de edad del lector. Lo he disfrutado tanto y estaba tan sumergido en el libro, que no me he dado cuenta de que en casa no era el único que lo estaba leyendo. Si hay pequeños curiosos en la familia, haced el experimento y dejadles el libro un par de horas. El asombro es contagioso, y lo extraño y  raro se acaban convirtiendo en un lenguaje universal que no requiere de traducción alguna. Además, las explicaciones que acompañan a todo el proceso de lectura lo hacen adecuado para incentivar la imaginación y entender cómo es el día a día de esa gente fascinante que vive justo en el otro lado del mundo.

Cuando hablamos de un libro en gran formato y lleno de ilustraciones hay que andarse con ojo. Los libros artísticos en ocasiones pecan de una falta de guía que les hace perder el concepto a mitad del recorrido. Gracias los siete Dioses de la fortuna, no estamos ante tal caso. Como decía antes, el buen hacer al que nos tiene acostumbrados Impedimenta en su línea literaria no ha faltado aquí. Hablamos de un libro con unos acabados de calidad que lo convierten en algo digno de tener entre manos.

Los dibujos de Monika Budišova tienen ese toque infantil de la nueva era que tanto me gusta. Alejado de la mojigatería de la ilustración tradicional, el trazo aquí vibra por su sencillez y su aire gamberro. He tenido la sensación más de una vez de verlos en movimiento. De cerrar el libro y sospechar que hubiese una fiesta ahí dentro a la que no se me había invitado. Hay una viveza explícita que me ha sacado una sonrisa en numerosas ocasiones y quizás es lo que al final me acabo llevando de todo este gran proyecto. Una socarronería y un amor por Japón que han conseguido algo inaudito, llegar a tipos de lectores muy diferentes. Algo a lo que muchos aspiran pero pocos consiguen.

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Los Liszt, de Kyo Maclear y Júlia Sardà

Los Liszt

Los LisztEso de que no se puede juzgar un libro por su portada a veces es una auténtica tontería. Yo lo he hecho, lectores (y no me arrepiento, señor Juez).  Es que hay algunos que te tiran para atrás sólo con ver su portada y otros, en cambio, te dicen: “lléeevaaame contigoooo”. Y yo soy débil y me dejo engatusar fácilmente, qué le voy a hacer. Menos mal que tengo buena intuición y afortunadamente me he ahorrado muchos disgustos gracias a ella.

Con Los Liszt me pasó algo así. Fue verlo y enamorarme. Esa edición, esos colores, esos dibujos en su portada… tenía que ser mío. Y ya os he dicho que soy débil, así que aquí estoy, hablándoos de este extraño libro que me hizo ojitos desde el primer momento.

Editado por Impedimenta, Los Listz cuenta la historia de una peculiar familia cuyo principal hobby es hacer listas. Tengo que reconocer que yo también soy muy fan de las listas. Para algunas cosas soy muy caótica, pero para el tema agendas y organización soy bastante metódica. Disfruto ordenando los días y haciendo listas de lo más variopinto. Eso sí, esta familia me gana de lleno. Todos disfrutan haciendo listas. Los padres, los hijos Winifred, Edward y Frederick y el abuelo Listz y su gato. A todos los encanta. Pero, como os decía, ellos hacen lista un poco más extrañas. Por ejemplo, listas de enfermedades, de quesos, de canciones de David Bowie o de futbolistas. Esta familia se pasa la vida haciendo listas.

Un buen día llega a casa una extraño visitante. Los Listz, claro, van corriendo a buscarlo en sus listas, pero no aparece en ninguna de ellas. ¿Quién será entonces este personaje?, ¿qué es lo que quiere de ellos?, ¿podrá quedarse con ellos? Son muchas preguntas para una familia tan poco dada a la improvisación.

Este es un libro raro, no os voy a decir lo contrario. Pero es raro bien, de ese tipo de rarezas que atrapan. Lo tiene todo para atraer al lector, desde su edición hasta lo peculiar de su historia. Podría haceros una lista con motivos para recomendarlo, pero esas cosas se le dan mejor a esta familia, así que me limitaré a deciros que Los Listz me ha parecido muy divertido y original y que es uno de esos libros extraños que merece la pena leer.

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Stanley y las mujeres, de Kingsley Amis

Stanley y las mujeres

Stanley y las mujeresTenía ya ganas de hablaros de este libro, la verdad.  Al final he tardado más en leerlo de lo que pensaba, pero éste es uno de esos libros que, en mi opinión, hay que saborear poco a poco. No admite la rapidez ni las lecturas con prisas. Hay que detenerse bien cada página, en cada conversación, en cada pensamiento. O al menos eso es lo que Kingsley Amis, su autor, me ha trasmitido a mí.

Os presentaré al autor, por si no tenéis el gusto. Kingsley Amis fue novelista, poeta, crítico literario y profesor. Este escritor tan british, alcanzó la fama gracias a su primera novela La suerte de Jim. Desde entonces, escribió más de veinte novelas, tres poemarios, relatos, guiones y críticas. Es padre del también escritor Martin Amis, quien escribió brillantemente en su libro Experience, la decadencia de su propio padre debido al alcoholismo.

Sobre Stanley y las mujeres tengo mucho que deciros, pero empezaré contándoos por qué me decanté por él y no por otro libro. Siempre había querido leer algo de Kingsley Amis, porque había oído maravillas de él. Al leer las críticas de este libro, supuse que sería una buena forma de adentrarme en el universo Amis:

“Una obra poderosa, impactante, magníficamente escrita, lo mejor de Amis hasta ahora” (Anthony Burgess, The observer).

“Dura, divertida, tierna y provocadora. Una de las obras más salvajes de Amis” ( Melvyn Bragg, Punch).

No me digáis que con estas críticas no apetece adentrarse en esta novela. Además. Las publicaciones de la editorial Impedimenta y sus ediciones suelen gustarme bastante, así que no tenía más excusas.

Y bien, ¿de qué trata este libro? Pues veamos, Stanley y las mujeres es tan mordaz y brillante como promete. Su protagonista, Stanley Duke, disfruta de su segundo matrimonio con su esposa Susan. Pero todo parece irse al garete cuando su hijo Steve, fruto del primer matrimonio con la actriz Nowell, entra en una etapa de esquizofrenia de lo más movida. Entretanto, Stanley tiene que lidiar no solo con los problemas que el hijo le plantea, sino con los que él mismo se ha buscado a lo largo de su vida. Su animadversión por su ex mujer, su mala gestión con las relaciones sociales (incluyendo amigos, jefes y compañeros de trabajo) y, por si fuera poco, con Susan, su actual esposa, a quien no ve preparada para convivir con su hijo y parece ser que con él mismo tampoco.

Y vemos al verdadero Stanley, un egocéntrico que se mueve entre su propia locura y los desequilibrios de las relaciones que ha desarrollado a lo largo de su vida. Se nos advertía en el prólogo de Kiko Amat, que esta novela era borde, extraña y todo un caso clínico. Y así es. También, quizá, debamos tener en cuenta que cuando Kingsley Amis escribió esta novela, a los sesenta y dos años, acaba de divorciarse y quizá sí que volcó toda esa rabia contenida en esta extravagante novela. En cualquier caso, el resultado es bueno, muy bueno. Stanley y las mujeres es una novela que no deja indiferente y que nos hace replantearnos muchas de nuestras propias ideas. Al menos para ver que, al fin y al cabo, hay gente que está mucho peor que nosotros.

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Hâsib y la reina de las serpientes, de David B.

Hâsib y la reina de las serpientes

Hâsib y la reina de las serpientesNo existe una recopilación de cuentos más famosa y cautivadora que Las mil y una noches. Se cree que fue escrita alrededor del año 850 y que fue ampliándose a lo largo de los siglos siguientes. Y pese a que ha pasado más de un milenio desde entonces, las historias narradas por Sherezade nos resultan tan hipnóticas a los lectores actuales como lo eran para el sultán Shahriar, que se pasaba las noches en vela escuchándolas y olvidaba sus planes homicidas hasta el siguiente atardecer.

Las mil y una noches es un clásico indiscutible de la literatura universal y todos hemos leído algunos de sus cuentos o visto sus adaptaciones cinematográficas. Sin embargo, muchos no hemos leído la obra completa. Para mí, es una cuenta pendiente que sé que saldaré tarde o temprano. Pero no he dejado pasar la oportunidad de descubrir uno de los cuentos menos conocidos, Hâsib y la reina de las serpientes, gracias a la reciente edición que Impedimenta ha hecho de él en formato cómic. El encargado de recrear este cuento oriental ha sido David B., uno de los más importantes historietistas franceses de la actualidad.

Hâsib y la reina de las serpientes cuenta la historia de Hâsib Karim al-Dim, hijo del Sabio Daniel, que es traicionado y abandonado por sus codiciosos compañeros, lo que le lleva a conocer a la reina de las serpientes. En las dieciséis noches que Sherezade le dedica a este cuento (de la noche cuatrocientos ochenta y dos a la cuatrocientos noventa y ocho), no solo presenciamos las aventuras de Hâsib, sino que estas sirven para enmarcar las de otros dos personajes que también se cruzaron en algún momento de sus vidas con la reina de las serpientes. De este modo, sigue la estructura habitual de las narraciones que componen Las mil una noches, donde cada historia lleva a hasta otra antes de conocer el desenlace de la primera.

Olas parlantes, piratas, ogros, enormes arañas, demonios y toda suerte de personajes y seres fantásticos nos llevan de un lado a otro para demostrarnos que las profecías se cumplen, las promesas se rompen, los amores a veces se convierten en tragedia y a la traición muchas veces le sigue la redención. Y al igual que la reina de las serpientes se transforma en una gran víbora que muerde su propia cola, Hâsib y la reina de las serpientes es un pequeño uróboro literario dentro de uno mayor, como lo es Las mil una noches en su conjunto. Las desenfadadas y coloridas ilustraciones de David B. transmiten esa sensación de eterno retorno, donde lo material y lo espiritual se unen en un continuo ciclo de destrucción y creación para darnos, finalmente, una sabia lección de vida. Y es que Hâsib y la reina de las serpientes es una excelente muestra de la riqueza de la cultura oriental del medievo que hay plasmada en Las mil y una noches.

Los cuentos de siempre tienen un encanto atemporal, ya sean contados en voz alta, leídos o adaptados a otros formatos, como el cómic o el cine. Si ya tenía ganas de leer Las mil y una noches, después de disfrutar con Hâsib y la reina de las serpientes, aún tengo más. Aunque tampoco me importaría seguir descubriendo este clásico poco a poco, si es de la mano de historietistas tan cautivadores como David B.

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Kes, de Barry Hines

Kes

Kes

Todos necesitamos una vía de escape, algo que nos aleje durante al menos unos minutos de la realidad en la que nos ha tocado vivir. Algunos valientes emplean esa necesidad en construir algo positivo; otros se conforman con unas cervezas a medio enfriar, un partido de fútbol al que mirar con desgana y una conversación insulsa y mil veces repetida. Pero todos requerimos de algo que nos ayude a combatir el día a día, que nos dé un empujón cuando suena el despertador cada mañana incluso si, como en el caso de Billy Casper, todo invita a tirar la toalla.

Y es que el citado Billy Casper, el protagonista de Kes, es un chaval que lo tiene todo para odiar su vida: criado en una familia pobre y sin padre, en la que la madre está más preocupada por su vida sentimental que por la felicidad de sus hijos, sufre acoso sistemático, tanto en el colegio como en casa, ya que su hermano lo maltrata sin necesidad de razón alguna. Además, las notas invitan a pensar que tampoco es una persona excesivamente brillante, aunque el mayor de sus problemas no deja de ser que no encuentra nada en el mundo que le motive. O al menos esto es así hasta que Kes entra en su vida. Esta cría de halcón, que Billy arrebata de un nido, consigue impresionarlo fuertemente y a partir de ese momento el joven pasa a dedicar todo su tiempo libre a aprender a entrenar al cernícalo.

Aunque acabe de ser publicada por primera vez en España por la editorial Impedimenta, Barry Hines escribió esta novela en 1968 y fue llevada al cine por Ken Loach un año más tarde. Tanto en la versión escrita como el la cinematográfica se recogieron especialmente bien los ambientes en los que se desarrolla la trama: por un lado, la sucia y deprimente ciudad minera, en la que nada ofrece esperanzas de mejora; por otro, el bosque, en el que Billy puede gozar de plena libertad para ser él mismo. En estos dos escenarios pivota la narración, la cual se desarrolla en espacio temporal muy corto, de apenas unos días. De hecho, la novela ni siquiera está dividida en capítulos; apenas unos pequeños apartes oxigenan el libro entre escena y escena, lo que contribuye a darle continuidad al relato y a que los acontecimientos vayan produciéndose con naturalidad y sin giros demasiado bruscos.

Pero si en algo profundiza Kes es en la relación de cariño y respeto que puede llegar a producirse entre una persona y un animal. Y es que Billy no quiere en ningún momento domesticar al ave; él sólo quiere ser partícipe de su crecimiento, entrenarla para que desarrolle sus capacidades lo mejor posible, pero sin querer convertirla en ningún momento en un animal dócil y amaestrado. Una forma, posiblemente, de expresar cómo le gustaría ser tratado a él por su entorno, que lo coacciona y señala simplemente por no ser como los demás.

Si a algo no me atrevo con esta novela es a etiquetarla para un tipo de edad concreta, dado que, aunque su historia invita a identificarla como un relato juvenil, la crudeza que nos encontramos en sus páginas me hace dudar acerca de si no está más destinada a un público más adulto, que pueda afrontar mejor las situaciones injustas y dramáticas que se nos exponen. A lo que sí que me atrevo es a decir que se trata de una novela premeditadamente sencilla, que busca y consigue conmover por medio de un mensaje comprometido con la naturaleza y con el derecho a ser uno mismo.

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Las cien noches de Hero, de Isabel Greenberg

LAS CIEN NOCHES DE HERO

LAS CIEN NOCHES DE HEROContar un cuento antes de irse a dormir parece el acto más inocente del mundo, menos cuando nuestra vida depende de ese cuento. Y si no, que se lo digan a Scheherezade. Las cien noches de Hero, la novela gráfica de Isabel Greenberg, se inspira en la cuentacuentos más famosa del mundo y sus mil y una noches, para relatarnos la historia de Hero, una doncella que encadena un cuento tras otro durante cien noches para salvar a su ama y amada Cherry.

Cherry está casada con Jerome, con el que nunca ha mantenido relaciones, por lo que su esposo la considera el súmmum de la decencia. Por eso decide apostar con su amigo Manfred que ni en cien días logrará mancillar a su mujer. Quizá a alguno os resulte familiar este reto, no porque lo hayáis vivido en propias carnes, claro, sino por su semejanza con la novela corta El curioso impertinente, protagonizada por Lotario y Anselmo, que aparece dentro de El Quijote. Al menos, a mí me la recordó, aunque supongo que hay más relatos con el mismo punto de partida. Y es que en la literatura todo está escrito.

Pero la historia de Las cien noches de Hero comienza mucho antes de esa apuesta. Exactamente cuándo Kiddo crea el mundo, al que llama Tierra Temprana. Ella está orgullosa de su obra, llena de humanos que llevan una vida apacible. Pero su padre, el Hombre-Pájaro, decide poner emoción a sus existencias con odios, celos y ambiciones. Kiddo siente que ha destrozado su mundo, pero entonces ocurre algo increíble: entre tantos malos sentimientos, surge el amor, capaz de exaltar a los humanos más que ningún otro sentimiento. Para bien y para mal.

Y eso nos lleva de nuevo a Hero, Cherry y Manfred. Cherry le dice a Manfred que dejará que la mancille, pero antes  le pide solo una cosa: escuchar un cuento de su doncella Hero. El hombre accede y, a partir de entonces, Hero sabe dejar cada historia en el punto exacto para que, a la noche siguiente, Manfred desee conocer el final en vez de acostarse con Cherry. De este modo, Hero enlaza las historias de las piedras danzantes, de la liga de las narradoras secretas, de un arpa muy honesta, de las princesas bailadoras o del hombre enamorado de la luna. Historias que, en más de una ocasión, también os sonarán, pues se basan en cuentos populares, aunque no siempre se desarrollen de la misma manera.

Y es que, como decía, en la literatura todo está escrito; y eso no tiene nada de malo, porque a veces no es necesario que una historia sea nueva para que sea distinta. Pese a sumar tantos elementos por todos conocidos, Isabel Greenberg consigue que Las cien noches de Hero resulte una novela reveladora gracias a su enfoque y a su humor. Con sus historias sobre familias, amantes, lealtades, traiciones, locuras y mujeres valientes, nos muestra aquello que nos hace  humanos. Y no solo son esos malos sentimientos, ni siquiera el amor (capaz de mover el mundo, aunque no siempre sea en la dirección correcta); es el propio acto de contar y escuchar historias el que de verdad ha caracterizado a la humanidad desde sus orígenes. Por eso, para mí, Las cien noches de Hero es, sobre todo, un homenaje a la literatura, ya que nos recuerda el poder de las historias, tanto para adoctrinar como para embelesar o rebelarse.

La única pega es que su lectura solo me ha durado una noche. Afortunadamente, sé que su recuerdo perdurará más de cien. He aquí, de nuevo, el maravilloso poder de las buenas historias.

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La familia Carter, de Frank M. Young y David Lasky

La familia Carter

La familia CarterDentro mismo de los Estados Unidos, los Montes Apalaches son un mundo aparte. Se trata de una región remota en la que, al decir de los estereotipos, no viven, aparte de osos y mapaches, más que familias incestuosas y granjeros solitarios que disparan primero y echan un trago de whisky casero después.

Este estereotipo, que hoy en día sigue vigente, arraigó con fuerza en el siglo XIX, y pueden verse trazas de su más cínico apogeo en esta extraordinaria La familia Carter, que nos narra los avatares de una humilde familia de granjeros que marcó la música norteamericana del siglo XX. Y si no, preguntadle a Woody Guthrie, Johnny Cash, o Bob Dylan entre otros, qué habría sido de ellos si, una buena mañana de 1914, un incompetente vendedor de manzanos ambulante llamado Alvin Pleasant Carter no hubiera oído cantar, por una de esas casualidades de la vida, a la bella Sara Dougherty. Con aquel encuentro el destino puso la primera piedra de una saga familiar que, con pasmosa maestría, desenfado y exquisita sensibilidad, nos presentan el escritor Frank M Young y el ilustrador David Lasky.

La historia que tenemos en las manos, en impecable edición de Impedimenta, abarca mucho más que las vicisitudes de una familia de músicos. En primer lugar, se me ocurre, La familia Carter es una visión diferente del sueño americano, ese ideal según el cual uno puede,  mediante el trabajo duro, salir de la miseria y alcanzar la prosperidad para sí mismo y para su familia. Trabajaron duro, sin duda, los Carter, en especial Alvin Pleasant, A.P. para los amigos, quien, en una empresa comparable a la de nuestro Menéndez Pidal, se pateó hasta el último rincón de los Apalaches y más allá con el fin de recoger melodías y canciones de boca de abuelas nonagenarias, melodías que, de otra manera, se hubieran perdido para siempre. Muchas de esas piezas musicales provenían, en última instancia, de las verdes y lluviosas colinas de Escocia y el Ulster, lugar de procedencia de muchos de los primeros europeos que se instalaron en la zona en busca de tierras.

Poco a poco, empieza a correr la voz sobre el talento de esa familia, y paso a paso, de concierto en concierto, los Carter van haciéndose un nombre en la zona, hasta que por fin les llega la gran oportunidad: el cazatalentos y productor musical Ralph Peer se fija en ellos y realiza una serie de grabaciones que se convertirán en su trampolín a la leyenda. Con canciones como ésta:

Así, mientras por un lado tenemos la historia de una familia sencilla lanzada al mundo del espectáculo, un mundo para el que no está preparada y en el que nunca se siente a gusto, por otro tenemos el apasionante retrato del desarrollo de la industria musical. Vemos a A.P. maravillado ante un gramófono y asistimos a sesiones de grabación, donde, como pulpos en un garaje, los Carter, habituados al calor del público, se ven obligados a repetir una pieza hasta la extenuación para recibir como toda recompensa el mudo reconocimiento de un cuerno que recoge el sonido (más tarde llegará la nueva sensación: el micrófono). Asistimos también a las sesiones fotográficas, en las que se manifiestan en todo su esplendor los estereotipos mencionados más arriba. Los Carter, que se han arreglado, lucen sus mejores ropas y se han lustrado los zapatos, tienen que volver a ponerse sus gastadas ropas de trabajo y posar, azada en mano, junto a la letrina. “Son ustedes cantantes rústicos -les dice el fotógrafo- y tienen que parecerlo”.

Y aún hay más. Conocemos a una auténtica leyenda del blues llamada Lesley Riddle, hombre de memoria prodigiosa al que le bastaba escuchar cualquier melodía una sola vez para poder recordarla. Riddle, que aprendió a tocar la guitarra mientras se recuperaba de un accidente de trabajo en el que perdió la pierna, se convirtió en el mejor amigo de A.P., a quien además prestó una ayuda preciosa en su incesante búsqueda de material para nuevas grabaciones. Fijaos qué pequeña maravilla:

El estilo de las ilustraciones de David Lasky no podía ser más acertado para el tipo de historia que se nos cuenta. Se trata de un estilo realista y centrado en los personajes, sencillo, sin espectaculares alardes que alejen el foco del aspecto humano, ni con excesivos detalles que nos hagan perder la visión general del conflicto entre la familia y el mundo del espectáculo. Y cuando hay que romper con la tradición clásica, pues se rompe, como en esas breves escenas en blanco y negro, tan cinematográficas, que imprimen a la historia el ritmo acelerado de una vida que se escapa de las manos de los personajes.

En definitiva, La familia Carter es una excelente novela gráfica con la que pasaréis un rato estupendo, pero con la que, cuidado, corréis el riesgo de convertiros en unos auténticos hillbilies.

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Cuentos de hadas, de Angela Carter

Cuentos de Hadas

Cuentos de HadasSales de trabajar tarde y cansada. Llegas a casa con hambre pero sin ganas de preparar la cena. Acabas con los restos que encuentras en la nevera, te pones el pijama y saltas a la cama: por fin toca leer. Hay muchos días así. Y leer al final de esos días no está garantizado. Muchas veces en los primeros cinco minutos te quedas frito. Otras veces el día ha sido más difícil y no para de torturarte con sus llamadas (“se te ha olvidado firmar este acuerdo”, “te va a tocar repetir mañana esto porque no se han enterado de nada”, “¿de verdad les has dicho que tenías el manuscrito el 15?”). Así no hay quien se concentre en un libro. Intenta leer algo con muchos personajes, o muy denso con una cabeza que aún no ha cerrado el día. Imposible. Empiezas la misma página una y otra vez.

Pues en este estado he leído yo el libro de Cuentos de Hadas de Angela Carter y no solo no me he dormido leyéndolo, sino que, desde la primera frase, ya estaba dentro. Al rato de empezarlo me he hecho con trecientas de las seiscientas cuarenta páginas que tiene. Un buen libro siempre te recompensa, pero mientras que con algunos tienes que poner de tu parte para que se abra, otros te allanan el camino. Y no porque el autor sea ligero y la temática simplona. No. También porque nuestro cerebro está muy entrenado para dejarse invadir por cierta forma de narrativa. Déjenme presentarles un poco mejor el libro antes de defender esta hipótesis.
Cuentos de Hadas, es una recopilación que ha hecho la escritora inglesa Angela Carter de cuentos de hadas protagonizados por mujeres, de todos los tiempos y lugares. Aunque este libro podría estar escrito a mano en papel sucio y sus palabras seguirían atrapándote, Impedimenta, como siempre, nos los presenta en una edición preciosa que incluye ilustraciones maravillosas de Corinna Sargood.
En realidad, hadas hadas no hay muchas; se podrían llamar también cuentos maravillosos o lo que nosotros conocemos como cuentos infantiles, aunque su público destino no lo es. Estos Cuentos de Hadas contienen todo lo que esperamos: castillos, madrastras, doncellas hermosas, brujas, príncipes y reyes de lejanos, prósperos reinos y también mucha gente normal y corriente que no tiene con qué llenar la barriga. Pero como también incluye cuentos de otros pueblos de los que conocemos poco, como los Inuit, nos encontramos con muchas sorpresas, como abuelas que se enamoran de sus nueras y que, en ausencia de sus hijos, se fabrican un pene con un hueso rodeado de piel de foca con el que sustituyen a sus hijos. Pero vengan de la cultura que vengan, son relatos herederos de una tradición narrativa humana, que compartimos en todos los lugares de la tierra. Cuentos que son raíces de la literatura, basados muchos en la transmisión oral, que nos permiten entender la naturaleza humana del momento y el ambiente que nos rodea. Angela Carter, muy interesada siempre por el cuento fantástico, recogió cuentos de distintos culturas (armenia, hindú, china, inuit, inglesa, alemana, rusa…) que estuviesen publicados y traducidos al inglés. A pesar de que muchos de ellos se mantienen vivos por objetivos nacionalistas, (tenemos que proteger nuestro folclore antes de que los vecinos nos uniformen y dejemos de ser este hermoso y diferente pueblo), a veces el mismo cuento aparece varias veces en el libro narrado con pequeñas modificaciones desde la mirada de distintos pueblos. Esta sintonía cultural que se produce con cuentos como el de Cenicienta que incluso comparte detalles como el del zapato salvador, se explica por los movimientos humanos que incluían en sus maletas la tradición oral. Los conflictos bélicos mezclaban culturas mediante la captura de enemigos, o la creación de parejas mixtas de vencedores y vencidos. La misma semilla plantada en suelos distintos.
Angela Carter confiesa en la introducción que también ella está actuando en este libro como nacionalista cuyo país es la mujer, recordando su presencia en el pasado para garantizar su posición en el futuro. Mujeres con envidias de sus hijas, mujeres que se enamoran de sus suegras, mujeres valientes, listas, egoístas, vanidosas, ingeniosas, generosas, traviesas, agresivas… no hay uniformidad, ni cultural ni genérica.

Volvamos ahora a la hipótesis inicial: la conexión con este tipo de estructura narrativa es inmediata porque nuestros cerebros están muy familiarizados con ella. Cuentos de Hadas me ha atrapado casi con la rapidez con la que lo hace la música. Un par de notas y ya no hay tareas pendientes, cerramos una puerta y transitamos a otro sitio más personal. Abrimos este libro, leemos érase una vez y ya estamos listos para que los personajes se conviertan en gansos. Nuestros cerebros conocen esos caminos, llevan siglos recorriéndolos. Estamos modelados tanto para temer a las serpientes (aunque ahora ya no tenga mucho sentido) como para entender estas narraciones. Aquellos que reaccionaban con temor al ver a una serpiente tendrían más probabilidades de sobrevivir. Los que entendían su cultura y sus relaciones sociales, también.
Yuval Noah Harari en su libro Sapiens. De animales a dioses plantea una hipótesis preciosa que va un poco más allá de esto. Nuestra especie dio un salto cualitativo gracias a nuestra capacidad de imaginar de forma conjunta. Imaginar colectivamente. Ya sea la existencia de un Dios que cuida de nuestras cosechas, la existencia del dinero, o la democracia. Volvemos a hablar de literatura ¿no?, imaginación más transmisión oral. Me gusta pensar que la literatura puede haber tenido un papel tan importante en nuestro progreso como especie. Es una propuesta original y muy interesante. El efecto de los cuentos sobre el individuo lo sabíamos ya: si entiendes el comportamiento humano sabrás mejor cómo moverte entre los tuyos y sobrevivir. Así que no solo estamos frente a un libro precioso y entretenido, además es muy útil. Por ejemplo, si tu madre es muy bella, ¡ay!, cuídate de no serlo tanto porque su envidia te puede costar la vida (siempre que la luna esté de su parte, ojo).

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La Voz del Amo, de Stanislaw Lem

La Voz del Amo

La Voz del AmoNo sé si es casualidad que la versión que publica Impedimenta de La Voz del Amo, primera traducción directa del polaco original, haya llegado a nosotros poco después del estreno de La llegada (Arrival). Lo sea o no, las dos se complementan a la perfección y plantean, con cincuenta años de diferencia, la misma pregunta: ¿cómo se enfrenta la Humanidad al descubrimiento del primer mensaje que llega de las estrellas, a la primera comunicación extraterrestre? Llegan a conclusiones distintas, incluso opuestas, pero ambas, me atrevo a decirlo, son obras maestras en sus respectivos géneros.
Ambientada en un punto indefinido de la Guerra Fría y en una de las dos súper potencias en conflicto, en la novela de Stanislaw Lem, los extraterrestres no tienen una presencia física sobre la Tierra, y lo único que conoce un grupo limitado de la Humanidad es su mensaje, una señal de neutrinos con un patrón de repetición procedente de una constelación lejana. Todo esto lo sabemos a través del relato en primera persona Peter Hogarth, matemático al que recurre el Pentágono para formar parte del equipo que, como se nos cuenta al principio del texto, fracasa en el intento de descifrar La Voz del Amo (MAVO, Master’s Voice según su definición en inglés, que se maneja en el libro).
De hecho el texto de Hogarth se configura como un informe personal del desarrollo del Proyecto desde dentro y, por tanto, como una justificación de su fracaso. Denso, profuso en terminología científica y mucho más reflexivo que narrativo, Lem consigue que su protagonista parezca exactamente lo que es en el libro: una mente preclara, un visionario que sin embargo es consciente de los límites de la raza humana, un científico lúcido en una jaula de grillos. Pero un científico de altísimo nivel al fin y al cabo. Confinado junto al resto en un antiguo complejo nuclear en medio del desierto de Nevada, un paraje inhóspito perfectamente recreado en el libro, y completamente dedicado a la experimentación con el mensaje, Hogarth solo puede trabajar y pensar. De su trabajo nace el tronco narrativo que sostiene el texto, de su pensamiento, las ramas y las hojas que forman el tupido árbol que finalmente presenta ante nosotros La Voz del Amo.
Sería casi imposible enumerar los temas que trata con cierta profundidad, pero algunos destacan sobre el resto. En cuanto a los extraterrestres y al mensaje en sí, encontramos decenas de páginas de digresión que desmontan la mayoría de las concepciones con las que se entra en este libro. Desde la posibilidad de que su física siga unas leyes distintas a la nuestra (y por tanto nos resulte incomprensible) hasta la constatación de que, incluso si nos mandan un mensaje, seríamos incapaces de descifrarlo.
Más allá de MAVO, los planteamientos de Hogarth/Lem sobre los límites del progreso tecnológico o la influencia de las relaciones sociales entre los científicos en el avance de la misma son temas recurrentes y expuestos con una claridad envidiable. La cosmología, la biología, la filosofía e incluso la propia ciencia-ficción (carente de imaginación, según él) son analizadas en profundidad, y no menos resulta leer sus reflexiones sobre temas de importancia capital en el momento en que fue escrita la novela, tales como el equilibrio de fuerzas entre las súper potencias.
Hay un paralelismo entre la experiencia lectora de La Voz del Amo, de Stanislaw Lem, y lo que está propiamente escrito en él. Un sujeto como yo, un lector medio, no alcanza a comprender más que una parte del libro. Un treinta o un cuarenta por ciento se me escapa. A Peter Hogarth y al equipo de científicos que trabajan en MAVO les pasa lo mismo. Y sin embargo, eso no impide que lleguen a unas conclusiones importantísimas, y en mi caso no es óbice para disfrutar tremendamente con la lectura. Se hace difícil durante algunos momentos, y solamente en el tramo final consigue una tensión narrativa que se echa en falta en todo el resto, pero se cierra, si se ha llegado hasta el último punto y aparte, con un gran sabor de boca.
Así que al mismo tiempo que esta reseña recomienda el libro, también contiene un aviso. Absténgase de él los lectores pretenciosos, si no son científicos de cierto rango; aquellos que quieran abarcar el texto por completo, llegar con vida a sus más recónditos recovecos, serán derrotados. Es necesario acercarse a La Voz del Amo con la mente abierta, dispuesto a aprender algunas cosas y a permanecer en la inopia con otras, con la convicción de que en el resto se encuentra una literatura de alta calidad.

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Los lobos de Currumpaw, de William Grill

Los lobos de Currumpaw

Los lobos de CurrumpawErnest Thompson Seton pasa por poco de la treintena cuando llega a Nuevo México en la última década del siglo XIX. Es el último recurso de los rancheros, un experto cazador de lobos, curtido en Gran Bretaña y Canadá, que acude para dar muerte de una vez por todas al escurridizo Lobo, rey de Currumpaw, líder de la manada que amenaza a los rebaños de toda la región. Por más de un lustro, Lobo y sus compañeros, acorralados por la creciente civilización, han vencido a todos aquellos que han intentado terminar con ellos.
Seton es un cazador distinto, que pronto se da cuenta de que Lobo, a su vez, es un animal extraordinario. Ambos se miden durante meses, se cruzan, se desafían y, sobre todo, se van conociendo poco a poco. Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, como decía la máxima de Sun Tzu; conoce a tu enemigo y descubrirás cosas de ti mismo que ni siquiera imaginabas, podríamos decir después de leer Los lobos de Currumpaw, la historia de Seton y Lobo ilustrada y narrada por William Grill.
Porque cuando la cacería termina, la presa aparece ante nuestros ojos y ante los de Seton no ya como un depredador, sino como un símbolo respetado y venerable, y el cazador se ha convertido en un defensor de la naturaleza, inspirador de movimientos como el de los boy-scout, toda una referencia en la conservación del medio ambiente. Y así se mantendrá hasta su muerte, media vida después.
Uno recuerda al finalizar esta lectura que el mundo se aprende a base de fábulas. Nos cuentan cuentos desde que mostramos signos de entenderlos: historias sencillas, en las que resulta fácil seguir a los buenos y a los malos, ver detrás una explicación, una enseñanza. A través de esas narraciones aprehendemos el mundo, y con su sencillez armamos los cimientos de nuestro edificio personal, de nuestra manera de ver la vida. Después resulta curioso comprobar cómo cuanto más se complican nuestros pasos, menos fábulas tenemos alrededor.
Los lobos de Currumpaw es una buena manera de devolvernos la esperanza. Un delicioso álbum que no pasa de las ochenta páginas y que nos recuerda como pocos que no hacen falta más que dos o tres cosas, bien hechas, para tener un relato magistral. Y también que hay un mundo mejor, seguro, pero que el nuestro es el que tenemos y más nos vale cuidarlo.
Después de su anterior El viaje de Shackleton, inundado de blancos y azules, el trazo de William Grill abraza los tonos pastel para dibujar la naturaleza del Viejo Oeste, una amalgama de marrones y verdes apagados que notamos estremecerse bajo los interminables cielos de Nuevo México. Renuncia Grill a las viñetas y consigue con ello una inmersión distinta en la historia, panorámica, llena de matices alrededor del foco principal de cada página que hacen que el libro se pueda repasar una y otra vez para descubrir en cada una de ellas algo nuevo. Unido a ello, una edición cuidada y una traducción perfecta, como siempre en los libros de Impedimenta, ayudan a convertir la vieja historia de Seton y Lobo en una oda al respeto a todas las especies animales sin caer en la sensiblería ni en la moralina.
En definitiva, un libro muy recomendable para comprar y tener por casa, bien a la vista, para poder echarle un vistazo a los ocho, a los treinta o a los ochenta años.

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El libro y la hermandad, de Iris Murdoch

El libro y la hermandad

El libro y la hermandadLos seres humanos somos curiosos. Desde que nacemos hasta que morimos experimentamos una gran amalgama de sentimientos que vienen dados por las circunstancias en las que vivimos, pero al final, vengamos de donde vengamos, seamos como seamos y pertenezcamos a la época que pertenezcamos, todos terminamos pasando antes o después por experiencias si no iguales, sí parecidas. Esto es algo que se ve muy bien cuando de fiesta trabas “amistad” con desconocidos y termináis contándoos vuestra vida… o en la literatura. Es increíble como en libros escritos con siglos de diferencia, puedes encontrar puntos y temas en común. Siempre se dice –y es verdad–, que los conflictos morales a los que se enfrentaban los personajes de las obras de Shakespeare (por poner un ejemplo) son conflictos a los que hoy en día, en pleno siglo XXI, también nos enfrentamos. Temas como el amor, la amistad, la vida, la muerte… o sentimientos como los celos, el miedo, la nostalgia… conciernen a personas de todas las épocas y regiones del mundo. Es curioso cómo, a pesar de todas las barreras que nos ponemos: estatus, raza, genero o cultura, todos nos volvemos iguales ante los obstáculos de la vida. Uno de esos temas que nos unen e igualan es la madurez y las expectativas incumplidas al llegar a la mediana edad. Cuando somos pequeños y tenemos toda las decisiones por tomar y toda una vida que vivir, nos imaginamos una existencia de película y creamos miles de planes y expectativas, sin embargo, tarde o temprano tenemos que bajar de las nubes y caer en el mundo real. El golpe puede ser más o menos fuerte, pero todos de algún modo nos enfrentamos a él. De esto trata El libro y la hermandad, de la escritora y filósofa irlandesa, Iris Murdoch.

Era como si un vacío vasto y blanco se abriera ante él, no de un blanco apagado y sucio como el del Muro de Berlín, sino un espacio radiante y vivo, como una nube blanca, húmeda y cálida. Se preguntó qué estaría haciendo al cabo de un año. ¿Se hallaba realmente tan próximo su futuro nuevo y diferente?

El libro y la hermandad comienza cuando un grupo de amigos se reúnen una noche de verano en una fiesta de antiguos alumnos en Oxford, enfrentándose así a los recuerdos y a los sentimientos que los unos despiertan en los otros. La mayoría siguen siendo amigos y mantienen la relación, pero también hay nuevos miembros agregados y luego está él –la oveja negra, el innombrable–, Crimond; el único personaje que no tiene voz en esta novela y cuya presencia, sin embargo, planea durante toda la historia debido a un proyecto común: un libro sobre el marxismo que Crimond lleva años intentado escribir con la financiación de los otros. Esa fiesta será el punto de inflexión que les hará plantearse sus vidas. Les llevará a hacer balance sobre qué esperaban del futuro, qué han conseguido y qué no, qué tienen y qué les falta, qué les une y qué les separa; y, al fin y al cabo, sacudirá un poco (o un mucho) el mundo de todos ellos.

Iris Murdoch es una de las mejores escritoras del siglo pasado y, sin embargo, casi una desconocida en nuestro país. Poco a poco, Impedimenta está reeditando sus obras logrando unas ediciones que son una delicia tanto por sus traducciones como por su diseño, pero que, sobre todo, merecen la pena ser leídas por la maestría de su autora. Esta es la primera obra que tengo el placer de leer de Iris Murdoch y creo que he empezado bien porque es su novela más extensa y coral. Se publicó por primera vez en 1987, época en la que alcanzó su madurez literaria, consecuencia de lo cuál, salió este libro, uno de los últimos que escribió antes de comenzar a padecer los devastadores efectos del Alzheimer. A raíz de su lectura –y aún a falta de seguir indagando en la genialidad de esta mujer–, quiero destacar la complejidad y la diversidad de Murdoch. El libro y la hermandad es un melodrama que ahonda en las relaciones de sus personajes, pero su narración no tiene nada de banal, ya que la autora se permite el lujo de escribir páginas y páginas con detalles que a priori pueden parecer superfluos, pero que no hacen más que mostrarnos de verdad a los protagonistas, a los que dota de tal realismo y profundidad, que ‘leerlos’ es como ponerse frente a un espejo. Son también dignos de admirar sus ágiles diálogos, de tal calado, que cada vez que cierras el libro por un rato, no puedes evitar reflexionar sobre lo que acabas de leer. Y es que estos diálogos son también el reflejo de la gran sabiduría de esta mujer, que dejaba entrever en cada uno de ellos sus propias reflexiones sobre la vida, la muerte, las relaciones, la filosofía y la política.

Dices que las personas serán marionetas y que la tecnología gobernará, pero, tanto si te consideras marxista como si no, ¡tienes que luchar para evitar que esa sociedad exista, no para que lo haga! Hablas de repensarlo todo, pero ¿bajo qué óptica? Debemos ser pragmáticos y tener esperanza, no entregarnos a la desesperación. No podemos prever el futuro. Es nuestro deber proteger al individuo.

En El libro y la hermandad vemos también la influencia de los grandes autores que marcaron a Murdoch. El inicio de la novela, con esa reunión de antiguos alumnos, recuerda sobremanera a El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, uno de sus autores predilectos; Crimond, por su parte, recuerda también de algún modo al Gran Gatsby de Fitzgerald; y el estilo y la forma de esta novela nos lleva a pensar en los grandes autores del siglo XIX, como sus amados Dickens y Tolstói.

En resumidas cuentas, gracias a El libro y la hermandad, puedo decir que Iris Murdoch es de esas escritoras que disfrutas enormemente porque te pierdes en sus historias y en sus personajes; que es de esas escritoras que te deleitan poco a poco con libros escritos sin prisa, libros escritos para saborearlos y recrearte en ellos; y, sobre todo, que es una escritora de esas que te da hasta rabia de lo bien que escriben, ya que mientras lees sus libros (o mientras te sientas delante del ordenador para escribir una reseña sobre uno de ellos) eres consciente de que jamás escribirás como ella, con esa facilidad que tiene para el detalle y para entremezclar lo banal y lo intelectual, el humor y el drama; con esa facilidad que tiene para escribir novelas que son pozos de sabiduría que tratan sobre todos los temas importantes que ocupan nuestras vidas.

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Trazado, de Andrew DeGraff

Trazado

TrazadoLo que me gusta de los mapas es que uno siempre se enfrenta a ellos con la idea de buscar algo. Un río, una equis roja, un poblado o a nosotros mismos. No sé bien cómo funciona el truco. Pero la cartografía y el rastreo siempre me han parecido tan inseparables como la navegación y la astronomía. Cuando estoy ante un mapa siento la imperiosa necesidad de no dejarlo de lado hasta que descubro algo que le otorgue un valor extra al trozo de terreno que representa. Por eso, saber de la existencia de este atlas literario que Impedimenta trajo a finales del año pasado ha sacado al investigador que hay en mí. Cada una de las piezas gráficas me ha devuelto la fe en mi capacidad de ver más allá de lo obvio. Si además tenemos en cuenta que estos mapas representan el recorrido físico y psicológico de obras indispensables de la literatura, el reto gana interés por momentos. Lectores y cartógrafos encuentran en Trazado un objeto de deseo atractivo y único por el mero hecho de dar las coordenadas ideales de unos personajes y unas historias que nos han acompañado desde siempre.

Andrew DeGraff es un diseñador amante de los mapas que un día decide llevar a cabo un proyecto ambicioso y absolutamente necesario. Diseñar un compendio de infografías de carácter didáctico sobre obras universales de la literatura. Desde La Odisea hasta Esperando a Godot, pasando por Borges, Shirley Jackson o Flannery O’Connor. Como puede deducirse de esta ecléctica selección, el reto está servido y DeGraff consigue salir airoso de situaciones absolutamente imposibles de plasmar en términos cartográficos como en el caso de la obra de Beckett. Cada mapa viene acompañado de un texto introductorio que nos explica no sólo el por qué de la obra elegida, sino la reelaboración de dicha pieza en términos visuales y cómo la conjunción de ambos materiales otorga un nuevo nivel de significación al clásico en cuestión. El viaje enriquece y muestra nuevos parajes al sacarnos del recorrido meramente textual que ya conocíamos de la obra.

Ya es casi un cliché decir eso de que algunos libros te llevan a lugares en los que nunca has estado. Pero en el caso de Trazado, dicho afirmación no sólo es cierta, sino también pertinente. Y es que de las 26 piezas que componen esta maravilla, unas cuantas eran totalmente desconocidas por mí. En primer lugar quiero disculparme por mi humilde bagaje literario. Y en segundo lugar quiero decir eso de ¡Bendita ignorancia! porque que tu primera toma de contacto con una de las obras fundacionales de la literatura universal sea un mapa de este señor es como recibir la mejor primera impresión que un lector puede tener de cualquier obra de ficción. No exagero. No pretendo inflar expectativas. Quizá a ti, que lees esto, no te afecten las cosas diseñadas para enamorar al ojo y a la cabeza. Yo, que no soy inmune a un libro bien diseñado, no puedo más que aplaudir ante un objeto tan bien acabado como éste.

¿Conoces esa sensación de mirar un mapa del mundo y sufrir vértigo y excitación al ser consciente de todos los lugares que aún te faltan por visitar? Ese mismo subidón que uno sufre al entrar por primera vez en una biblioteca nueva, ya sea pública o privada, y ver todas esas historias que no conocías y que están ahí, esperando agazapadas a que les des una oportunidad. La anticipación y las posibilidades. Imagina meter ambas experiencias en un mismo momento. Imagina que descubrir lugares y libros sean una misma cosa. En el mismo acto el viajero y el lector reclaman tu interés y deciden encenderte. Pues este fenómeno sobrenatural y maravilloso es un hecho gracias a Andrew DeGraff y a la editorial Impedimenta. Buen viaje, lector.

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