

Érase una vez un viejo gruñón llamado Joseph; una marioneta que odiaba a los niños, a la que bautizaron con el nombre de Wave y Hope, una niña que no podía escuchar las palabras… excepto las de ese viejo gruñón. También esta es la historia del Chico Azul y su guitarra, una mimo y un mago. Y la del pequeño teatro Serendipity. Todos estos personajes y ese lugar donde los sueños se convierten en realidad, aunque sea por un instante, conforman el elenco de Hope, la quinta novela de Wendy Davies.
Wave, la marioneta, nos relata la vida de Hope y de los habitantes de Folktale, que la rechazan porque no la comprenden, pero los personajes que duermen entre las páginas de esos libros que todos recordamos con cariño (Momo, Matilda, Cuento de Navidad, Kafka y la muñeca viajera) también están muy presentes. Y es que Hope es un homenaje a las historias, esas que tienen verdad incluso cuando cuentan mentiras.
Hope se lee como si de un cuento se tratara (al estilo de Mathias Malzieu y La mecánica del corazón), tanto por su sencillez como por el poso que deja. Por momentos, lo que nos cuenta Wave es triste, muy triste; sin embargo, desprende dulzura, como Hope, la entrañable protagonista, y eso nos hace viajar de la primera a la última página sin que se nos borre la sonrisa, pese a que a veces esta sea amarga.
De no ser por la solapa del libro, nunca hubiera imaginado que tras Wendy Davies hay dos personas: Merche Murillo y Fátima Embark; sus prosas ensamblan de manera perfecta y es imposible saber dónde empieza una y acaba la otra. Estas dos jóvenes autoras comenzaron plasmando su amor por las letras en dos blogs literarios y, más tarde, crearon su propia escritora, Wendy Davies, para además de disfrutar leyendo, disfrutar escribiendo novelas a cuatro manos. De esta unión han nacido historias tan adorables como la de la niña Hope y hasta han ganado el Premio Gran Angular de 2017
Hope ha sido un grato descubrimiento, hasta el punto que recomiendo su lectura en todos los institutos. No solo porque sea adictiva y, por tanto, una excelente elección para aficionar a los más jóvenes a la literatura, sino porque es una novela de aprendizaje y transmite enseñanzas que son valiosas para cualquier etapa de la vida, pero sobre todo para la adolescencia, esa época en la que lo habitual es sentirse distinto y perdido. Hope muestra las vicisitudes de dejar atrás la infancia, lo necesario que es aprender a olvidar, por qué no debemos permitir que las diferencias nos definan, asumir que nuestros villanos quizá sean los héroes de otros y que, además de perseguir los sueños, hay que atreverse a vivir la realidad.
Todas esas enseñanzas confluyen en el título de la obra, porque, al fin y al cabo, lo que nos regalan Merche Murillo y Fátima Embark con esta historia es precisamente eso: hope, esperanza; una sensación que se queda en nosotros incluso después de finalizar la lectura. Y ese poderoso influjo de Hope no desaparece de inmediato, qué va. Su poso se queda ahí, dentro de nosotros, y aflora cada vez que contemplamos su preciosa portada, como la sonrisa en nuestra cara. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí. Y apuesto a que si te adentras en Serendipity, junto a la niña que no entiende las palabras, tú también lo sentirás.

¿Por qué estamos cada vez más obsesionados con nuestra apariencia? ¿Por qué nos importa tanto estar delgados, en buena forma y ser más guapos que los que se encuentran a nuestro alrededor? En definitiva, buscamos ser lo más parecidos al canon de belleza impuesto por la sociedad actual. Pero ¿es solo para encajar o acaso necesitamos ser diferentes del resto?
¿A qué le tenéis miedo? Venga, va, seguro que hay un montón de cosas por ahí. Yo tengo que reconocer que soy poco miedosa. No le tengo fobia a ningún bicho en particular y, de hecho, soy de las que no mata ni a una mosca. He llegado a hacer rescates muy locos de bichitos, pero esa historia la dejaré para otro día. ¿Sabéis quién sí que un miedoso? Wilf, el protagonista de este divertido libro. Wilf tiene miedo a los animales disecados, a los bichos que tienen muchas patas y antenas, a los monstruos marinos, a la mantequilla de cacahuete, a las pelucas, los ascensores, los vikingos y un largo, larguísimo etcétera. Es raro que me creáis ahora si os digo que Wilf salva el mundo. Sí, un niño lleno de miedos y de alergias será el encargado de evitar la destrucción del mundo, ¿qué os parece?
Va a sonar un poco raro que hoy me ponga a reseñar un libro con temática navideña. Más que nada porque estamos entrando en el mes de julio y hace un sol de justicia. Pero los libros vienen cuando vienen y este en concreto ha llegado a mí hace menos de un mes y sin que nadie me avisara de que la temática iba a ser esta. Bueno, eso no es del todo cierto, ya que si hubiera leído la sinopsis me hubiera percatado de que “nunca fue un problema hasta la Navidad que conoció a Caleb” se incluían como palabras textuales dentro de ella.
Tengo que empezar esta reseña con una anécdota reciente sí o sí. En mi familia somos todos muy amantes de los felinos y todos tenemos gatos (o casi todos). Mi madre tiene un gato persa, adoptado del refugio, que es algo pavón y demasiado bueno. Un auténtico peluche. Leo, que así se llama el gato, vive en un cuarto piso. Hemos tenido más gatos y nunca había pasado nada, pero con este nos hemos llevado un buen susto. Resulta que hace tres días Leo se lanzó por la ventana a la caza de algún pajarillo. Estuvimos todo el día buscándole, pegando carteles, mirando debajo de los coches y nada. Tuvimos la suerte de que por la noche nos llamaran del refugio diciendo que una maravillosa familia lo había encontrado y lo había llevado allí. Leo apareció a varios kilómetros de casa, sucio y con algunas heridas y magulladuras, pero nada importante. Cayó cuatro pisos y anduvo kilómetros y no se ha roto nada. Después de unos días en el hospital veterinario, Leo está de nuevo en casa, recuperándose de su aventura. Los gatos tienen siete vidas, desde luego y al peluche le quedan seis.
¿Habéis soñado alguna vez que voláis? Para mí es uno de los mejores sueños del mundo mundial. Hace ya tiempo que en mis sueños no vuelo, pero las veces que lo he soñado me lo he pasado de maravilla. He visto ciudades desde el cielo y he sentido ese cosquilleo en el estómago mientras volaba y volaba. Eso sí, siempre que sueño que vuelo tengo que mover mis brazos como si fueran alas. Por eso creo que en alguna otra vida he debido de ser un pajarillo y aún me queda ese sentimiento por ahí.
Hay misterios que se te meten hasta los huesos, que se adentran en cada una de las partes de tu cuerpo hasta que experimentas una sensación de miedo que te impide pensar con claridad y reflexionar si lo que estás viviendo es una situación real o imaginaria. Una situación que, a pesar de estar solo está en tu cabeza, sientes como real al abandonarte a tus peores miedos. Esos que siempre han estado en tu interior y con los que temes encontrarte a lo largo de tu vida.
No es la primera vez que reseño algún libro de Ana Campoy. Hace pocos meses leí
Hacía ya un tiempo que no leía nada de literatura infantil y notaba que ya me estaba volviendo más seria, más adulta. Menos mal que gracias a Algar tengo una remesa de libros para peques que voy a devorar estos días y a ponerme un poco al día con mi lado más infantil. Es muy necesario, de verdad. A mí al menos me sienta de maravilla desconectar de otro tipo de libros y divertirme un poco con los libros para los más pequeños.
Hoy vengo con un libro de lo más vintage. No solo por la estética, como podéis comprobar por su portada, sino también por su contenido. Lo cierto es que por mi edad (aún soy lozana y jovial) este libro no me corresponde demasiado, pero sí que me resulta imprescindible. Además, para descubrir a las autoras y sus vidas es muy interesante. Pero, ¿de qué habla el libro, alma cándida? Os estaréis preguntando. Sí, tenéis toda la razón, me pongo a escribir y no me centro. Dejad que os cuente.
Os tengo que reconocer que una de mis películas favoritas de cuando tenía unos trece años era Una Cenicienta moderna. Una cursilada de película donde Hilary Duff se enamoraba de un chico de su instituto pero que no sabía exactamente quién era. Es decir, ellos se mensajeaban a través del ordenador y ambos ocultaban su identidad, de manera que estaban seguros de que se habían visto en el instituto pero no sabían con certeza quién era quién. Y luego hay una escena súper ridícula en la que quedan en un baile típico americano en el que hay que ir disfrazado. Ella va con un antifaz ¡un puñetero antifaz!, pero él no es capaz de reconocerla. En fin, Hollywood…
Me interesa leer obras literarias de otros siglos porque me fascina descubrir cómo trascendieron en el tiempo. ¿Fue por la historia que contaban? ¿Por sus personajes? ¿Por las innovaciones artísticas que introdujeron? Puedo disfrutar más o menos al leerlas, pero siempre me parece enriquecedor conocer los motivos por los que destacaron entre el resto, haciéndose un hueco en la historia de la literatura universal.