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La única, voz, de Tiziano Angri

La única voz

La única vozCuando en este lacrimal valle las cosas se ponen más chungas de lo que podemos aguantar, todos necesitamos un álbum mental de recuerdos en el que poder refugiarnos. A todos nos gustaría haber disfrutado una infancia idílica, como la de Aquellos maravillosos años, llenos de aventuras, amorcitos y momentos epifánicos. El problema es que las infancias son como las narices: cada uno tiene la que le ha tocado, y dado que los recuerdos, de momento, no podemos embellecerlos mediante cirugía plástica, pues agua y ajo.

Naturalmente, todo esto no lo digo por mí, que al fin y al cabo, tuve mis veranos en la playa, mis noches de Reyes y sólo algún que otro roce con los quinquis del barrio. Lo digo por Yuri, el atormentado protagonista de esta enigmática y turbadora novela gráfica titulada La única voz.

Yuri no es esquizofrénico. Oye voces, pero no son imaginarias ni le llegan de un recodo de su mente. Son muy reales. En su infancia Yuri desarrolló una hipersensitividad auditiva imposible de curar, y, sin ir más lejos, la voz del doctor que les da la mala noticia a sus padres le produce a nuestro héroe una dolorosísima descarga en la cabeza.

Pasan veintitrés años y nos encontramos de nuevo con Yuri, que está intentando poner remedio a su tortura. Las voces, los gritos y hasta los silencios de los vecinos convierten cada segundo de su existencia en un suplicio. Pero ahora, con la ayuda de un curioso pingüinito de juguete, ha conseguido fabricar una caja de resonancia con la que, mediante “un sonido mágico que reverbere mi grito hasta su mundo”, espera conseguir ponerse en contacto con sus espíritus guía. Sin embargo, el resultado de su ensordecedor experimento no será exactamente lo que espera.

Por otra parte tenemos a Irene, atrapada en un cuerpo provisto de pene, que se vende a viejos verdes con el fin de ahorrar el dinero que necesita para la operación que ha de cambiar su vida. Tanto Irene como Yuri, cuyos destinos se van a cruzar por segunda vez, viven en un mundo plagado de fealdad, y ese feísmo grotesco y repulsivo de los personajes que los rodean, con sus pelos inesperados, sus malhumoradas arrugas, sus espesos olores y sus vasos capilares desbocados, es una de las características más llamativas de las extraordinarias ilustraciones de La única voz. Pero si esta novela es misteriosa e inquietante, lo es sobre todo por el viaje que emprende Yuri.

Y es que cuando una novela es tan oscura y casi críptica como ésta, el lector tiene carta blanca para interpretarla a su manera, es decir como quiera o, en este caso, como buenamente pueda. Pues bien, lo que servidor ha visto en La única voz no es un mero viaje de turismo psicoterapéutico por parte de un adulto traumatizado a un rincón perdido de la memoria. El viaje de Yuri es un viaje al inconsciente colectivo, un verdadero viaje chamánico en el que nos encontramos (nótese el plural) con los tótems, ritos y amuletos de nuestros ancestros. Y así, entre cráneos de animales, criaturas atrapadas en una lacerante metamorfosis, castraciones purificadoras, sangre, fuego, ruinas y muerte, disfrutamos de una novela gráfica pequeñita y grandiosa que se enriquece con cada lectura.

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Green Valley, de Max Landis y Giuseppe Camuncoli

green valley

green valleyLa mezcla de géneros tiene que hacerse con mimo, como si se cocinase un soufflé; calculando bien las mediciones y los tiempos, siendo meticuloso a la hora de dar cada paso, para que al final la mezcla sume y se infle. Un paso en falso, o un poco de brusquedad ejercida por alguien algo desmañado o demasiado impetuoso, y la unión empezará a desinflarse hasta convertirse en una promesa de lo que podría haber sido. En esta suerte de juego de equilibrio narrativo no son pocos los que han fracasado. Por suerte, y siendo optimistas, siempre es preferible recordar los que lo han logrado.

Como ejemplo tenemos a John Connolly y su serie de novelas negras sobre el expolicía Charlie Parker. Novela negra que abraza lo sobrenatural y sacude al lector con precisos toques de terror. ¿Y qué puedo decir de Relojes de hueso de David Mitchell? Drama, thriller, ciencia ficción, fantasía… Una novela tan repleta de géneros como redonda. Pero de lo que vamos a hablar hoy es de un cómic: Green Valley. Un cómic que al principio podríamos englobar dentro del género de la fantasía medieval. Y es que Los Caballeros de Kelodia son cuatro guerreros de la Inglaterra medieval tan sobresalientes que ya son una leyenda. No son pocas las gestas que han llevado a cabo y al inicio de la historia que hoy nos ocupa Gulliver, Indrid, Bertwald y Ralphus realizarán una más: acabarán con una horda de bárbaros siendo superados en número por cien a uno. Tras la batalla volverán al castillo de Erskine victoriosos, comerán copiosamente y se emborracharán. Pero los bárbaros, habiendo sido derrotados de forma humillante atacarán esa misma noche el castillo destruyendo todo lo que Los Caballeros de Kelodia aman. Tras estos desastrosos acontecimientos y sintiéndose solos, desunidos e inútiles morarán como vagabundos hasta que un buen día un muchacho se presentará ante ellos en busca de ayuda.

Tras esta atractiva historia que mezcla géneros como la fantasía heroica o la ciencia ficción de forma tan uniforme que el lector se deja seducir sin esfuerzos encontramos al guionista y director de cine Max Landis. Si el apellido os suena es debido a que es hijo de John Landis. The Blues Brothers y Un hombre lobo americano en Londres, sí ese John Landis. Aunque también es probable que lo conozcáis por sus propios méritos. Entre ellos realizar el guion de la curiosa película sobre “superhéroes” Chronicle o escribir y producir la serie Dirk Gently: Agencia de investigaciones holísticas que adaptaba las aventuras literarias del personaje creado por Douglas Adams. En Green Valley nos cuenta una historia estilo Los siete samuráis, pero esta vez son cuatro caballeros andantes venidos a menos que deberán defender a un pequeño pueblo de un hechicero que los tiene atemorizados con su magia y los monstruos que es capaz de conjurar. Aunque el inicio es lento, algo tosco y aburrido la historia enseguida consigue tomar un ritmo que lleva al lector en volandas hasta el apasionante final. La narración goza de varios giros, algunos previsibles otros inesperados, que son el estímulo necesario para que los personajes puedan redimirse o evolucionar. Gulliver y su historia pendiente con los dragones o Bertwald y el eterno dilema entre hacer lo correcto o dejarse llevar por su egoísmo. Situaciones mil veces leídas en cómics, mil veces vistas en el cine, pero bien realizadas siguen funcionando como el primer día.

Giuseppe Camuncoli es el dibujante encargado de materializar todo lo pensado por Landis. El italiano, más conocido por su trabajo en The Amazing Spiderman, realiza un dibujo limpio, detallado, repleto de texturas, cargado de dramatismo cuando surgen discrepancias entre Bertwald y Ralphus y asombrosamente espectacular a la hora de mostrar escenas de acción. El enfrentamiento final con el hechicero y sus monstruos se lee del tirón sino fuera porque te quedas embelesado mirando los dibujos. Y es que al arte de Camuncoli hay que añadirle las tintas de Cliff Rathburn y la bella (bellísima) forma de conjugar colores de Jean-Francois Beaulieu. Sirva como ejemplo esa viñeta en la que Los Caballeros de Kelodia descubren por primera vez cómo la magia del hechicero afecta al cielo; esa, que mezcla humor y romance, en la que Bertwald cena a orillas de un río junto a su amada; o esas otras en las que los protagonistas cabalgan en pos de la batalla.

Green Valley, publicado por Planeta Cómic, es una historia de caballeros andantes, de bárbaros asesinos, de un hechicero súper poderoso, de monstruos, de redención, de amistad, de segundas oportunidades, de sacrificio… Es, además, una historia que combina géneros de forma ingeniosa de la misma forma que aúna con éxito un guion vibrante con un dibujo espléndido.

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Red Sonja. La balada de la diosa roja, de Roy Thomas, Esteban Maroto y Santi Casas

balada diosa roja

balada diosa rojaAntes de nada debo aclarar que no había leído nada de Red Sonja hasta ahora. Conocía el personaje de vista y sabía que aparecía como “secundaria o compañera o amante”, o algo así,  en algunas de las historias de Conan (que es otro mocete del que tampoco he leído nada, aunque sé que es natural de Cimmeria, que vivió durante la Era Hiboria, que llegó a ser rey y de pequeño vi las dos pelis de Schwarzenegger). Además, esperaba con ganas la, por desgracia aún inexistente, película de Robert Rodríguez que iba a protagonizar Rose McGowan, y me encantan casi todas las portadas de sus cómics que llegan a mí de una u otra forma.

Por eso, porque quería tener la oportunidad de saldar una deuda he podido liquidarla bien liquidada aprovechando el anuncio de Planeta Cómic de la edición directa, en nuestro país antes que en cualquier otro, de una historia de creación propia de la mano de aquellos que, ya hace más de 40 años, crearon la imagen icónica del personaje: Roy Thomas y el español Esteban Maroto, el cual, por cierto, fue quien diseñó su “armadura” de escamas metálicas quedando este ya como su aspecto definitivo.

¿Qué vamos a encontrar en este lujoso cómic de gran formato y papel del bueno? Lo que se espera de un cómic del género que promete ya desde su portada, como no podía ser de otra forma: espada y brujería. Mucha espada y un poquito de brujería. Una historia en dos tiempos que nos cuenta el origen de la diablesa de la espada y su venganza.

Comenzamos en el presente, en el castillo del rey Thallos, que ha masacrado pueblos enteros y se ha hecho con una gran fortuna pero, el rey está triste, ¿qué tendrá el rey? Pues la crisis de los cincuenta va a ser. O de los sesenta. Thallos se da cuenta de que por más riquezas que tenga, llegará un momento en el que no le servirán de nada porque estará muerto, así que lo que ambiciona ahora es saber dónde están las aguas que alimentan la vida. Será entonces cuando un misterioso bardo (no, no es Sonja disfrazada), cante una balada sobre nuestra protagonista, en la que se nos va a contar la violación múltiple a la que fue sometida y cómo después se bañó en esas aguas guiada por la diosa Morrigan, la cual también le dio armas y ansias de venganza.

Lo que sigue tras este flashback no lo voy a reventar, aunque tampoco es muy difícil de imaginar, la verdad.

En cuanto al dibujo, lo primero que hay que decir es que La balada de la diosa roja es tricolor: blanco, negro y rojo. Santi Casas es todo un descubrimiento personal. Me ha gustado mucho su estilo detallado y de una Sonja más madura, robusta y con cicatrices, “más bárbara, salvaje e indomable” como afirma el propio Casas, así como el resto de figurantes. Dibujo ágil, apropiado y muy buena composición de la página. Sé que para muchos será un sacrilegio, pero me ha gustado más su dibujo que el de Maroto, (ojo, muy disfrutable también), el cual se ocupa de contarnos el origen de la guerrera en bikini.

Sea como sea, el hecho de que sean dos dibujantes distintos los que cuenten etapas temporales diferentes del personaje hace que la historia resultante se complemente a la perfección y que se aprecie la evolución, el antes y el después de Sonja.

La balada de la diosa roja es una historia tan bien ambientada que casi pareces oír de fondo la vihuela de ese curioso “trobador” (¡ay, esa “b” traicionera!), con un personaje femenino fuerte, muy sexualizado, independiente, con valores de justicia e igualdad, dentro de una aventura épica y dramática que, si bien puede no ser muy original, atrapa igualmente y sirve de enganche para quienes quieran iniciarse en Red Sonja. (A mí, desde luego, ya me ha enganchado).

Por último, comentar que tras la historia podemos gozar de una extensa galería de bocetos con comentarios de los dos dibujantes.

Lo dicho, un gran cómic ideal para crear afición al género, al personaje y, en general, al mundo del cómic.

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Cable y Masacre: Si las miradas matasen, de Fabian Nicieza y Patrick Zircher

cable y masacre si las miradas matasen

cable y masacre si las miradas matasen¡Hola colegas! Mi nombre es Wade Wilson aunque cuando me enfundo mi traje de spandex rojo, ese que abraza mi cuerpo y marca obscenamente mis glúteos, ese que me hace tan sexy, todos me conocen como Deadpool; en los países hispanohablantes, que gozan de unas dotes sobrehumanas, diría que casi mágicas, a la hora de traducir, me llaman Masacre.

Tal vez os estéis preguntando dónde está el chaval flacucho que acostumbra a escribir las reseñas. No os preocupéis, sigue vivo. Tras amordazarlo y atarlo de pies y manos lo he encerrado en el armario. Oigo sus jadeos. ¡Oye chaval, espero que no estés practicando asfixia autoerótica, ya viste como acabó el tío de Kung Fu! Digamos que nuestra disputa se ha ocasionado por tener diferentes puntos de vista sobre cómo se debía proceder con la reseña del cómic en el que comparto protagonismo con el tío del ojo que brilla. Mientras él quería hacer algo similar a Marvels de Kurt Busiek o La Visión de Tom King yo solo quería amordazarlo, meterlo en el armario, buscar un poco de porno en el ordenador y cascármela. Pero oye, esto de contar de qué va el cómic en el que soy el héroe absoluto (bueno, Cable también tiene su cuota de protagonismo como secundario gracioso, ¿o ese soy yo?) tampoco está tan mal.

Nathan y yo tenemos pocas cosas en común pero las que compartimos son tan trascendentales que casi nos convierten en almas gemelas; igualitos que las gemelas Olsen. Por ejemplo: ambos fuimos cocreados por el historietista californiano Rob Liefeld; hecho que resulta la prueba irrefutable de que una sobrexposición al sol puede freírte las neuronas. Después de que tuviéramos unos inicios prometedores nuestra trayectoria empezó a flojear y acabó por desinflarse; situación que un puñado de viagras no iba a solucionar. Por suerte, las mentes pensantes de La Casa de las Ideas no tardaron mucho en encontrar una solución. Esfuerzo que por esta vez no implicó consumir sustancias ilegales. La suma de dos personajes que por separado no gozaban de una gran popularidad tenía que dar como resultado un mínimo de éxito. No hay nada como ser optimista y obviar que la posibilidad de un fracaso al cuadrado existía. Pero ya había precedentes. En los años setenta Power Man y Puño de Hierro: Héroes de alquiler saborearon las mieles del éxito que jamás habían llegado siquiera a olisquear en soledad. Por cierto, en el cómic que hoy nos ocupa, tanto el negrata de Cage como el niño rico afeminado de los ricitos de oro prueban un poco de mi verborrea, esa palabrería ingeniosa que mi boca excreta como si se tratase de una diarrea explosiva e inesperada y que me ha hecho merecedor del mote “El mercenario bocazas”.

Los encargados de tal tarea, y que daría como resultado este Cable & Masacre: Si las miradas matasen que tenéis entre manos y que ha publicado Panini (¿lo de Panini tiene algo que ver con el sándwich de origen italiano?) fueron el guionista Fabian Nicieza y el dibujante Patrick Zircher. Nicieza enseguida captó lo mejor de cada uno de nosotros, lo opuestos que llegábamos a ser, para, como si se tratase de un trabajador del tercer mundo, explotarlo al máximo. La naturaleza arisca de Cable contra mi espontaneidad amigable a la hora de tomarme todo tipo de confianzas. La rectitud ejercida por él contra el impúdico libre albedrío que yo practico. Vamos, lo típico en toda extraña pareja que se precie. Mirad sino a Matthau y Lemon, Bud Spencer y Terence Hill, Riggs y Murtaugh, Ryan Reinolds y Josh Brolin o Epi y Blas.

La única diferencia con los anteriormente mencionados es que ninguno de ellos llegó a convertirse en una deidad tras intentar controlar una bio-arma viral súper chunga que estaba un poquito adulterada, y Cable sí. Así que mientras él, como si fuera una especie de híbrido entre Jesucristo y Terminator, se dedica a predicar e intentar salvar a la humanidad de sí misma, yo, por el contrario, me paso el rato matando por doquier, como si no hubiera un mañana, mientras decido si la causa de Cable me parece lo suficientemente justa y divertida como para apoyarla. Y si esto no os parece suficientemente emocionante añadid viajes en el tiempo, realidades paralelas, infinidad de referencias al universo Marvel o a la cultura pop y un sinfín de apariciones estelares. Spiderman, S.H.I.E.L.D., Capitán América, La Patrulla X o Los Media Docena (con la macizorra de Dominó al frente) son solo algunos de los personajes con los que Cable y yo nos las tendremos que ver, en algunos casos sin haber vaciado la vejiga convenientemente lo que dará como resultado una escena tan salpicada de acción como de orina.

En el apartado gráfico Patrick Zircher ha sabido plasmar en el papel la belleza conceptual que destila cada átomo de mi cuerpo repleto de pústulas sanguinolentas. Con Cable hace un trabajo cojonudo a la hora de ir desarrollando paulatinamente los diferentes diseños que van conformando su personalidad. Del Cable dios, al Cable perverso pasando por el Cable bebé. (¡Oh, qué mono! ¿Me ha llamado papá? Pero qué cojones…). El virtuosismo del dibujante a la hora de representar las innumerables escenas de acción (escenas de acción que pondrán los pezones de Michael Bay tan duros que podrá utilizarlos para cortar vidrio) es tal que, siempre en perfecto equilibrio con la narración, insufla todavía más dinamismo a una historia de por sí muy ágil. Vaya, qué cosa más molona acabo de decir. Por cierto, si al igual que yo creéis que el único making-of interesante es aquel que da como resultado final un bebé estáis de enhorabuena, salvo tres páginas de dibujos inacabados (los gafapasta lo llaman bocetos) Cable & Masacre: Si las miradas matasen son 600 páginas de entretenimiento puro y duro donde grandes dosis de humor y acción se unen a un guion repleto de giros para formar un notable conglomerado de diversión.

¡Eh, el del armario! ¿Todavía sigues vivo? Yo ya he terminado con lo mío. ¿Te apetece una chimichanga?

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Comida sana para chicas con prisas, de Georgina Gerónimo y Mar Armengol

comida sana para chicas con prisas

comida sana para chicas con prisasNo me gustan esas colecciones que parecen exclusivamente orientadas a las mujeres, pero qué queréis que os diga, fue leer Comida sana para chicas con prisas y sentirme identificada. Y sí, sucumbí. Pero no me arrepiento en absoluto, porque Georgina Gerónimo y Mar Armengol han escrito un libro divertido que me va a ser la mar de útil.

Yo nunca he mirado lo que como ni me he preocupado de si engordaba o no, pero soy consciente de que hay que comer bien, sobre todo, por salud. Y a medida que cumplo años, me va importando cada vez más. Pero no tengo tiempo (ni ganas ni conocimientos profundos, para qué negarlo) de meterme durante horas en la cocina. ¡Y eso que trabajo en casa! No me quiero imaginar a los que trabajáis fuera… Así que esperaba que Comida sana para chicas con prisas fuera un libro sencillo y directo que me diera unas cuantas ideas para innovar de vez en cuando. Y, por suerte, he encontrado eso y mucho más.

Para empezar, Georgina Gerónimo y Mar Armengol se ponen teóricas, pero con toda la gracia del mundo, para explicarnos conceptos como el sistema nervioso enterico y la hormona grelina. Yo, que soy de letras, nunca había oído hablar de ellos y han sido todo un descubrimiento, porque tienen mucha importancia en nuestro día a día y en esos antojos que nos dan sin venir a cuento.

Hechas las explicaciones básicas, las autoras nos dan trucos de lo más variados, que van desde saber detectar cuando los alimentos llevan una cantidad de azúcar excesiva y conviene evitarlos, qué comer para obtener energía sin que ello implique sumar grasas, cómo conseguir que el pescado no se contraiga cuando lo cocinamos o que un filete grueso quede perfecto por dentro y por fuera. También revisan la pirámide nutricional, que en la actualidad tiene en cuenta muchos más aspectos que las cantidades de alimentos que consumimos, y aunque son hábitos que todos conocemos más o menos, nunca está de más tenerlos apuntados y a la vista para no olvidarnos de ellos.

En la siguiente parte del libro, Mar Armengol y Georgina Gerónimo nos sugieren unas cuantas recetas sanas, sencillas de hacer ¡y rápidas!, y otras más originales ¡pero también rapidísimas! Destaco el brownie en dos minutos, que seguramente sea la receta que escoja para aplicar los conocimientos que he adquirido con Comida sana para chicas con prisas (vale, seguramente es la receta menos sana del repertorio, pero las chicas por prisas que comemos sano también merecemos algún capricho).

Por último, nos dan pautas para que evitemos tirar comida y optimicemos el frío de la nevera. También nos adjuntan los calendarios de frutas, verduras, pescados y mariscos, para que los compremos siempre de temporada. Y no se olvidan de resolver uno de los grandes misterios de la cocina: para qué sirve todo ese utillaje de formas extrañas que vemos en la sección de Hogar.

Lo que Mar Armengol y Georgina Gerónimo nos cuentan es todo aquello que nos podían aconsejar nuestras madres y amigas, o que podríamos buscar en Google. Pero a veces ahorra tiempo tener toda esa información a mano, reunida en un solo libro. Y las que siempre vamos a contrarreloj sabemos lo importante que es eso. Así que hacedme caso y echadle un ojo a Comida sana para chicas con prisas. Da igual si sois hombres o mujeres, seguro que todos aprenderéis algo nuevo y os echaréis unas risas.

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Diario de un cavernícola del siglo XXI, de Carlos Toledo (T_Diary)

Diario de un cavernicola del siglo XXI

Diario de un cavernicola del siglo XXISi te pregunto quién es Carlos Toledo, es posible que no tengas ni idea. Pero si te digo T_Diary puede que sí. Sobre todo si te mueves a menudo por Instagram y eres uno de sus sesenta y nueve mil seguidores.

Yo no lo conocía, la verdad, ni por su nombre verdadero ni por el artístico. Así que cuando me crucé con el anuncio de la publicación de Diario de un cavernícola del siglo XXI y leí que se trataba de «una suerte de estudio sociológico sobre la actualidad a través de un compendio ilustrado con situaciones humanas de realidades irónicamente cotidianas» me vine arriba y quise leerlo. Será que mi vena sociológica sigue estando ahí, aunque lleve años sin tenerla en cuenta. Y, claro, mis expectativas no se ajustaban demasiado a lo que me iba a encontrar. Aunque reconocerás que la frase grandilocuente con la que lo definían  tuvo parte de culpa, ¿no?

Evidentemente, Diario de un cavernícola del siglo XXI no es un estudio sociológico, tan solo una recopilación de las viñetas que Carlos Toledo cuelga en su Instagram cada día a las ocho de la mañana. Quienes lo sigan y conozcan su estilo no se defraudarán. Y quienes no tengan ni idea de su trabajo, si no van con ninguna idea fija, más allá de pasar un rato ameno, tampoco. Yo me olvidé de mis ideas preconcebidas nada más abrir el libro y me dejé llevar por las situaciones cotidianas que T_Diary recrea a través de sus sencillos monigotes. Porque a sencillez no les gana nadie: unos círculos y unos palitos para representar la esencia de la anatomía humana. Y precisamente por esa extremada sencillez me sorprendió tanto la expresividad que tienen. Igual te cuentan cómo es un fin de semana en una casa rural, los momentos clave del paso del colegio a la universidad o las dificultades de la vida del autónomo. A veces, a T_Diary le basta una viñeta y otras,  dibuja la historieta entera. Y suele acompañar los dibujos con unas pocas palabras, o ni siquiera eso. Tira de tópicos, esas ideas que necesitan poco para ser reconocidas y para que nos sintamos identificados, pero en ocasiones consigue darles un punto de vista nuevo, un giro imprevisto, y son esos casos los que más he disfrutado.

Recurre especialmente a momentos de la infancia y, sobre todo, a los primeros años de juventud, aunque también aborda problemas y situaciones típicas de la edad adulta, por lo que la mayoría de lectores encontrarán gran variedad de viñetas en las que verse reflejados a sí mismos o a amigos y familiares. Sin embargo, he echado en falta que Carlos Toledo trazara un hilo conductor más claro, que le diera mayor consistencia a la sucesión de viñetas que se presentan como un diario, en lugar de limitarse a recopilar simplemente os dibujos con los que ha triunfado en las redes sociales en los últimos años. Es cierto que hay algunas páginas escritas que apuntan a ese propósito, pero no lo han logrado del todo, en mi opinión.

Eso no quita que Diario de un cavernícola del siglo XXI cumpla con su objetivo de sacarnos una sonrisa. Entre la ternura y la ironía, todos nos sentiremos identificados en mayor o menor medida y nos reiremos de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos. Si sois fans de T_Diary, lo disfrutaréis mucho, y si no lo conocíais hasta ahora, es posible que os aficionéis porque la expresividad de estos monigotes resulta adictiva. Humor gráfico sencillo pero efectivo.

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Magritte, Esto no es una biografía, de Vincent Zabus y Thomas Campi

Magritte, Esto no es una biografía

Magritte, Esto no es una biografíaDesde luego, esto no es una biografía. Ni siquiera sé si esto es una reseña. Puede incluso que Magritte no fuese un pintor y que solo fuera un ilusionista. Puede que yo no sea quien creo ser. Vaya lío, lectores. Ha sido acabar de leer este cómic y no saber muy bien distinguir la realidad de la ficción. Es un poco lo que hacía Magritte con nuestras mentes. Esas son el tipo de cosas que hacen los genios, volvernos un poquito locos, llevarnos a su terreno y aquí estoy, que ya no sé si estoy dentro del cómic, si es domingo o si acaso soy yo Magritte.

Charles Singullier es un tipo de lo más normal y corriente. Tiene una vida rutinaria que no lleva nada mal. Un día, sin embargo, decide hacer algo “transgresor” y se compra un bombín. Sí, como aquellos que dibujaba el pintor. Entonces empieza la pesadilla, Charles se da cuenta de que el bombín le produce unas alucinaciones de lo más esperpénticas, salidas todas ellas de los cuadros de Magritte. Entenderá entonces que no puede quitarse el bombín hasta que no descubra cuál es el misterio que se esconde tras la obra del famoso pintor belga. Como os decía, esto no es una biografía. Es una alucinación de un personaje que, mediante los delirios con los cuadros del pintor va reviviendo su vida. La idea no podría ser más original y más surrealista. Digna del propio Magritte, ¿no os parece?

Me encanta esta colección de la editorial Norma dedicada a pintores. Ya leí en su día Modigliani, príncipe de la bohemia y me pareció una delicia. Quiero leerlos todos. Quiero que exista un cómic de todos mis pintores favoritos. Tampoco pido tanto, ¿no?

Magritte, Esto no es una biografía es otra maravilla. Vincent Zabus y Thomas Campi  han ideado una original no-biografía del famoso pintor surrealista y la han trasladado brillantemente al papel en forma de un cómic de lo más sugerente. La historia de un pintor que trasgredió todos los límites de la imaginación y que, quizás, solo fue capaz de transmitir esa rebeldía a través de sus cuadros, pues acabó viviendo una vida de lo más anodina y acomodada. Menos mal que tenemos sus brillantes cuadros para entenderle, para conocer quién era verdaderamente Magritte sin artificios ni tapujos. Un genio brillante que podemos descubrir en este cómic que, sin lugar a dudas, no es una biografía de Magritte.

 

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Gatos en la cabeza, de Laura Agustí

Gatos en la cabeza

En mi cabeza hay muchas cosas. Algunas con más sentido que otras, aunque siempre demasiadas, me temo. Pero si hay algo que Gatos en la cabezasé con certeza es que en mi cabeza hay gatos. Hay un gran hueco para ellos desde que, a los diez años, tuve mi primera mascota felina. Ahora dos gatos, Teo y Flanelle, ocupan ese espacio en mi cabeza (por no hablar de los sofás y camas de la casa). Ellos y, en general, todos los gatetes del mundo, porque los que somos adoradores de felinos no podemos evitar quererlos a todos ellos. ¿La loca vieja de los gatos? Sí, probablemente algún día acabe así. De momento lo tengo controlado, pero no puedo evitar emocionarme cuando veo libros gatunos.

Laura Agustí también tiene gatos en la cabeza. Y eso de tener pájaros en la cabeza y pensar que estos son salvajes y libres no está mal, pero pocos saben lo que es tener gatos ahí arriba. Mucho más divertido, donde va a parar.

Gatos en la cabeza es un libro bonito. No se me ocurre mejor adjetivo o puede que cualquier otro que utilizase no lo definiría mejor. Sí, yo me lancé a por el por el tema gatos, pero reconozco que estéticamente es muy bonito y que las ilustraciones de Laura Agustí, tan minuciosas y cuidadas, son una auténtica joya. Con más de 84.000 seguidores en Instagram, el trabajo de Laura es muy conocido en redes sociales y fuera de ellas. Sus “animalizaciones” y dibujos tan personales se han ganado ya su lugar en el mundo de la ilustración.

Y es lo que vamos a encontrar en las páginas de Gatos en la cabeza, ese universo que Laura esconde en su interior, donde no solo habitan gatos, sino muchos más animales y una preciosa y delicada vegetación que la autora traslada al papel. Y entre las hermosas ilustraciones, los textos de Laura. Pensamientos, recuerdos e ideas que viven dentro de ella y que ha dejado salir en este libro. Supongo que debe haber sido una buena catarsis el liberarse de todos esos pensamientos y plasmarlos en algo tan bonito. Pensamientos breves y sutiles como sus dibujos. No estamos hablando de calidad literaria, hablamos de liberación y belleza y ese es el gran valor de este libro. Os lo he dicho antes, el mejor adjetivo que lo define es bonito. Y está bien que existan este tipo de libros que nos alegren un poquito los corazones y la vista, ¿verdad?

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La vida es sueño, de Ricardo Vílbor, Alberto Sanz y Mario Ceballos

La vida es sueño

La vida es sueño… mas desperté del dulce desconcierto

y vi que estuve vivo con la vida,

y vi que con la vida estaba muerto.

No son versos de Calderón, sino de Quevedo. Y aunque las diferencias entre ambos son palpables -pues mientras el segundo nos narra un sueño erótico, el primero nos ofrece una visión metafísica de la vida-, lo cierto es que la metáfora de la vida como sueño parece haber inspirado a más de un grande de nuestro siglo de oro. La metáfora, desde luego, no es cosecha de don Pedro, sino que se remontaba bastantes siglos atrás. Calderón, sin embargo, tomó como punto de partida este viejo concepto platónico y creó una obra maestra universal cuya influencia se extiende hasta la cultura popular de nuestros días. ¿Qué son películas como Matrix, Inception, Desafío Total o incluso Pesadilla en Elm Street, entre muchas otras, sino nuevas aproximaciones al tema de la realidad frente a la fantasía?

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión.

Quiero creer que cualquier español, incluso aquél que, como nuestros líderes políticos más significados, no lea más que tuits, reconocerá estos versos calderonianos que, como muchos otros de La vida es sueño, han pasado a formar parte del acervo popular. Sin embargo, con el paso del tiempo, y por el motivo que sea, el aspecto visual de la obra ha quedado a la sombra de los versos. Dicho de otra manera: decimos Hamlet y todo el mundo tiene ante sí al príncipe danés hablando a la calavera de Yorick. Decimos Romeo y Julieta, y vemos a nuestros tortolitos haciéndose arrumacos en el balcón veronés. Decimos Segismundo y… ¿qué vemos, míseros de nosotros? Pues bien, aquí es donde entra en escena, nunca mejor dicho, esta excelente adaptación del clásico de Calderón.

Porque La vida es sueño, como cualquier obra de Hamlet, Sófocles o Tennesee Williams, está repleta de imágenes icónicas que el nombre de Segismundo debería evocar en nosotros. Sin ir más lejos, ¿qué imagen hay más poderosa que la del hombre encadenado en una torre desde su niñez? Y esta es sólo una de las muchas imágenes memorables que encontramos en este fantástico trabajo de Ricardo Vílbor (guión), Alberto Sanz (dibujos) y Mario Ceballos (color), que recuperan para el lector, tanto para el que ya la conoce como para el que se acerca a ella por primera vez, una obra de absoluta vigencia.

Claro que, hablando de vigencia, el lenguaje del siglo de oro, como muy acertadamente se apunta en la introducción, puede en algún momento espantar al lector joven. Es posible que, en general, la lectura de nuestros clásicos necesite cierta preparación. Al fin y al cabo, no podemos pedir al que no ha leído más que Harry Potter o El señor de los anillos (sin el menor ánimo de desmerecer) que abrace con entusiasmo una obra que empieza de esta guisa: Hipogrifo violento / que corriste parejas con el viento… Por eso brilla Vílbor en su adaptación del texto original, que, sin perder de vista el espíritu de la obra y manteniendo sus versos más conocidos, lo agiliza y hace más accesible. Y que canten misa los puristas.

El primero de los tres actos se abre con peces muertos, un recién nacido maldito, y una atmósfera envuelta en un rojo sangriento. Los lectores de novelas gráficas no acostumbramos a dar al color la importancia que se merece. Por ello es de agradecer el interesantísimo making of que tenemos al final de este libro, que nos hace pasar las páginas hacia atrás para apreciar de nuevo las ilustraciones, de estilo ágil, atractivo y sin florituras estilísticas, y sobre todo, el extraordinario uso de la luz, que tanta importancia tiene en esta historia y, como nos recuerdan en las viñetas finales, en el teatro. Que es de lo que se trata.

 

 

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Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio, de Jason Aaron

los malditos

los malditosMola mucho, si se hace bien, coger a los personajes de fábulas o cuentos conocidos por todos, o casi todos, y poder reimaginarlos, resituarlos, ampliar sus horizontes, inventarles nuevas historias y darles la oportunidad de ser protagonistas en nuevas historias. Porque solo conocemos aquello que nos han contado de ellos, pero queremos saber qué pasó con ellos antes, o después de aquello por lo que les conocemos. Mola mil darles una vida nueva, que dejen de ser parte de una gran novela coral en la que solo son protas por un breve espacio de tiempo, enseñarles todo lo que pueden hacer, sacarlos de su bucle repetitivo y, tal vez, prestarles un nuevo enfoque. Mola mucho. Mola tanto, que, autobombo, yo mismo lo he hecho en alguna de mis historias y, además, con el protagonista de este Libro Primero de Los malditos, Caín.

Caín, “el inventor del asesinato”, el que está marcado por Dios para que ningún hombre lo mate, lleva los mil seiscientos años transcurridos desde el episodio aquel del Edén, la serpiente y la manzana, vagando sin rumbo de un sitio a otro, inmortal y errante, en busca de una muerte que le libere de su maldición.

Para, para, para… O sea, que,… ¿esto es algo bíblico? Bueno,… sí, pero no. Porque parece mentira que con la de historias basadas o inspiradas en el famoso libro podamos asistir a algo realmente nuevo y original con ese telón de fondo. Pero, ¡eh!, lo tenemos. ¡Y vaya si es nuevo y original! Esto, nenes, es el puñetero Génesis en versión Mad Max. Un western bíblico o, incluso, ¿por qué no?, un noir bíblico y no exagero un pelo.

“Hace tiempo tuve una familia. No nos fue bien”.

Estamos en un mundo posapocalíptico antes del apocalipsis diluviano. Sí, parece un oxímoron, y, de hecho lo es, pero es lo que tenemos. Un mundo salvajísimo lleno de violencia, depravación, crueldad, mutilaciones, violaciones, esclavitud infantil, en el que humanos conviven con animales de todo tipo, incluidos los monstruosos que recuerdan a dinosaurios. Un mundo seco también, en el que la comida escasea y lo primordial es sobrevivir a toda costa. Vamos, el mismísimo puto infierno en La Tierra.

La humanidad se nos presenta como un experimento fallido y el mundo como un lugar lleno de blasfemias (sin ir más lejos el primer bocadillo es un gruñido y el segundo  ya es un “¡Me cago en Dios!”), y vocabulario malsonante (cabrón, follamugre, hijo de puta, comechochos,…y otras lindezas de ese palo que no creo que salgan en la Biblia) que se supone es como era antes del diluvio. Y como precisamente el diluvio aparece en el título de este primer tomo, era lógico que tuviéramos que encontrarnos con Noé.

Noé, que se define como salvador de la humanidad, que es leñador en busca de madera para construir su preciada arca, pero que no por ello deja de ser un asesino más, un fanático con un hacha que no vacila en quitar de en medio a quien le estorbe de la manera más sanguinaria si le apetece. Vaya, un Noé totalmente distinto al que conocíamos, que supera con mucho al visto en la cinta de Aronofsky. Todo un cabronazo que tropezará con nuestro protagónico antihéroe y de cuyo encuentro saltarán más que chispas.

A destacar también las pullitas de Caín a Dios y las reflexiones que va soltando de vez en cuando en torno a Él/Ella/Elle/Ello (“si Dios nos creó a su imagen y semejanza y somos capaces de tantas atrocidades, ¿Dios es así?”).

El dibujo logra traspasar al lector la sensación de suciedad, de lugar yermo, de hostilidad y depravación que flota en la historia. La crudeza del mismo puede causar en un primer momento algo parecido al rechazo, pero poco a poco vas acostumbrándote y comprendiendo que es el tipo de dibujo perfecto para la historia que estamos leyendo.

En resumen, un divertimento de principio a fin, una lectura que engancha y que te pide seguir con el segundo tomo (aún en proceso).

Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio gustará a quienes quieran una buena historia y consideren a la Biblia como un mero libro sin mayor trascendencia; que no se escandalicen ni rasguen las vestiduras porque lo que en este cómic se encuentren se aparte de lo que aparece en las Escrituras. A aquellos que busquen lo que he expuesto en el primer párrafo, pero también a aquellos que simplemente busquen un buen entretenimiento. De seguro, todos ellos querrán leer el segundo tomo.

Amén.

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¡Shazam! La Monstruosa Sociedad del Mal, de Jeff Smith

shazam la monstruosa sociedad del mal

shazam la monstruosa sociedad del mal¡Di la palabra mágica!

No es necesario ser de otro planeta ni haber sido picado por ningún bicho radioactivo.

¡Di la palabra mágica!

No debes poseer una abultadísima cuenta corriente. Tampoco hace falta que te expongas a rayos gamma.

¡Di la palabra mágica!

Esta la vez la magia se impone a la ciencia y solo necesitas decir una palabra mágica. Grita. Fuerte y claro.

¡Shazam!

Un rayo seguido de un tremendo trueno te otorgará la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus el coraje de Aquiles y la velocidad de Mercurio.

De esta forma el huérfano Billy Batson se convertirá en un superhéroe de gran poder y de corazón puro. Compaginará el día a día en el que debe patearse las calles en busca de algo que llevarse a la boca con afrontar tareas más místicas y extraordinarias.

Shazam, también conocido por su nombre original Capitán Marvel, fue creado en 1939 por el guionista Bill Parker y el dibujante Clarence Charles Beck. Su primera aparición llegaría en febrero de 1940 en la revista Whiz Comics. Desde entonces ha llovido mucho y la mayoría de ese aguacero tuvo que ver con una lucha entre las editoriales DC y Marvel; los primeros propietarios del personaje, los segundos del nombre original. Con todo, Shazam supo aguantar, a pesar de no ser de los héroes de cómic más populares y de tener que compartir en multitud de ocasiones protagonismo con otros superhéroes de La Liga de la Justicia. ¡Shazam! La monstruosa Sociedad del Mal da al superhéroe de la capa blanca ese papel de protagonista indiscutible que merecía.

En ¡Shazam! La monstruosa Sociedad del Mal Jeff Smith (sí, el creador de Bone, el que tiene en su haber un saco repleto de premios Eisner) se encarga del guion así como del dibujo para plantear una historia de reminiscencias clásicas, ligera y fácil de leer. Una historia en la que veremos cómo nace un nuevo héroe tras llegar a una misteriosa caverna en la que reside un anciano hechicero; una escena repleta de la naturaleza mística del cómic original pero que el autor dota de modernidad, añadiendo además una pizquita de humor blanco que le dará un toque desenfadado. Jeff Smith además deja claro desde el principio, destacándolo con contundencia, quienes son los buenos y quienes los malos. De esta forma se aleja claramente de todas esas obras en las que héroes (atormentados) y villanos (todavía más atormentados) están repletos de matices, en ocasiones imbuidos de forma tosca por un autor que parece que se sienta obligado a ello. Así pues, nos hallamos ante una reinterpretación de ¡Shazam! perfecta para aquellas nuevas generaciones que no conocían nada del personaje pero también para todo avezado lector de cómics que busque el placer de vivir aventuras con sabor a clásico Pre-Crisis.

En el apartado gráfico Jeff Smith nos regala un dibujo de trazo grueso donde priman las redondeces, además de pulcro, refulgente y minuciosamente estructurado dentro de las viñetas. Se me hace difícil elegir entre el robusto y amigable diseño de Shazam, la elegante figura de Tawky Tawny, los variados entes monstruosos o la delicadeza y expresividad de los rostros de los niños protagonistas. Y aquí me detengo para hacer un pequeño inciso, y es que cualquiera que entienda mínimamente de dibujo sabe lo difícil que es dibujar los rostros de los niños. Una arruga de expresión de más y el muchacho de ocho años que pretendías dibujar se acaba de convertir en un enano octogenario. Lo que sí puedo elegir son mis momentos favoritos: el primero es cuando Mary prueba sus poderes. Una escena repleta de travesuras e inocencia infantil. Y la otra es el enfrentamiento final. Ocho páginas mágicas que ponen de manifiesto que se puede alcanzar lo épico sin utilizar interminables y rimbombantes escenas de batalla.

Para finalizar, ¡Shazam! La monstruosa Sociedad del Mal es un cómic publicado por ECC que es delicadamente bonito, con él los adultos volverán a ser niños y los niños confirmarán lo que ya sabían: la magia existe.

Di la palabra mágica.

¡Shazam!

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Una arruga en el tiempo (la novela gráfica), de Madeleine L’Engle y Hope Larson

Una arruga en el tiempo

Una arruga en el tiempoUn fin de semana cualquiera del pasado mes de febrero, mi sobrino me dijo que quería ver una película que estaban a punto de estrenar en el cine. Se llamaba Un pliegue en el tiempo. El nombre me pareció de lo más sugerente, y cuando me contó de qué iba, también. Por eso busqué el tráiler, aunque reconozco que este no me atrajo demasiado.

Poco tiempo después, me di cuenta de que esa no había sido la primera vez que había oído hablar de la historia. La tenía apuntada en mi lista de lecturas con el nombre Una arruga en el tiempo, desde que Random Cómics había anunciado en enero que próximamente publicaría su novela gráfica.

Luego me enteré de que Una arruga en el tiempo era en realidad una novela de Madeleine L’Engle publicada por primera vez en 1962, y que había sido el punto de partida de más libros protagonizados por las familias familias Murry y O’keefe. Eso me asustó. No me apetecía meterme en otra saga. Y así fueron pasando las semanas, hasta que por fin tuve en mis manos Una arruga en el tiempo (la novela gráfica), de Hope Larson.

A los que no hayáis visto la adaptación cinematográfica de Disney ni leído la novela original, os pongo en situación: Una arruga en el tiempo cuenta la historia de Meg Murry, una chica «que todo lo hace mal», o, al menos, así se lo hacen sentir sus compañeros de clase. Su padre es un científico que lleva tiempo desaparecido y su hermano Charles Wallace, un niño prodigio. Una noche de tormenta, la señora Qué irá a visitarlos y les hablará de los teseractos: las arrugas del universo que permiten viajar en el espacio y en el tiempo. El tema sobre el que estaba investigando su padre. Así, gracias a las señoras Qué, Quién y Cuál, Meg y su hermano, junto a su nuevo amigo Cal, viajarán a otros planetas para averiguar qué ha sucedido con su padre.

La novela de Madeleine L’Engle se adentraba así en las teorías de física cuántica, pero no solo eso. A través del comportamiento de los habitantes del planeta que visitan los personajes, filosofaba también sobre si los conceptos de sociedad justa, igualitaria y feliz eran posibles o si estaban realmente relacionados. Aspectos la mar de interesantes que, sin embargo, en la adaptación de Hope Larson solo quedan esbozados. No sé si será por las limitaciones que ofrece el formato cómic o porque esta también es la primera entrega de otras muchas que vendrán detrás, pero eso ha hecho que me defraudara un poco.

Aunque Una arruga en el tiempo (la novela gráfica) se desenvuelve correctamente en el trazado de los personajes protagonistas y en la aventura en sí, le falta todo el trasfondo filosófico y metafísico que convirtió a la obra de Madeleine L’Engle en una novela de culto dentro de la ciencia ficción. Me han entrado ganas de leer la novela original, y no descarto echarle un ojo a la película con mi sobrino, que al final se quedó con las ganas. A ver si, imbuyéndome de todas las versiones, consigo satisfacer esas expectativas que llevo alimentando desde hace meses.

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