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J+K, de Jhon Pham

J+K

J+KEste libro es arte, lectores. Se mire por donde se mire todo en él es arte. J+K ha resultado ganador del premio internacional Puchi Award, creado por La casa encendida y Fulgencio Pimentel. El objetivo de este premio es reconocer las “propuestas de libro más libres, brillantes y renovadoras, sin renunciar a ningún género, centrándose únicamente en su osadía y su vinculación con los distintos lenguajes del presente”.

Su autor es John Pham, un artista underground vietnamita que es hoy en día bastante conocido en el mundillo. Él mismo publicaba su  propia revista, llamada Epoxy, y Fantagraphics Books publicó su primera serie de cómics titulada Subflife. J+K es su primer libro y la edición no podría ser más perfecta. Una preciosidad que además incluye un montón de detalles como pegatinas y un disco de vinilo de cinco pulgadas. Sin duda, una edición de lujo la que ha publicado la editorial Fulgencio Pimentel para este cómic.

Pero no todo es fachada, ¿eh? No os vayáis a pensar. Abrir las páginas de este libro es todo un viaje sensorial. Y es que este libro casi se disfruta con los cinco sentidos. Con esos colores tan fosforescentes y esos dibujos con un sello tan propio, J+K es también un libro muy divertido. Las protagonistas son dos amigas huérfanas y todo lo que rodea a esta historia está impregnado de esa cultura popular y teenager que hacen tan atractivo a este cómic. El diseño de los personajes es brillante y es realmente fácil conectar con estas dos chicas en sus divertidas aventuras. Sí, con J+K os lo vais a pasar genial. Todas esas referencias culturales de las que os hablaba (videojuegos, cómics, canciones) os van a sacar más de una sonrisa.

Pero detrás de todo este halo tan teenager y de cultura pop hay mucha verdad también en este libro. En él también se habla de la marginación, la emancipación y, sobre todo, de la amistad. Tratados estos temas con una sensibilidad excepcional, como la que destila el propio libro. Todos hemos pasado por ahí. Aquello de buscar trabajo y no encontrar más que empleos mal remunerados, la resaca tras una fiesta que ha servido como excusa para olvidarnos de todos y de todo. Seguro que os suena, ¿verdad?

Para que os hagáis una idea, en la página de la editorial Fulgencio Pimentel podéis ver un vídeo de cómo es J+K. Os recomiendo que lo veáis porque todo lo que yo haya podido decir de este libro se queda corto. Podéis verlo aquí.

No sé qué más tendría que decir para convenceros de que este libro es una auténtica joya. Un cómic de lujo por dentro y por fuera, una aventura para nuestros sentidos que nos hará pensar. Desde luego que J+K es un digno merecedor  del premio Puchi Award y de todos los premios que le den.

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Pequeño Vampir, de Joann Sfar

Pequeño Vampir

Pequeño VampirJoann Sfar es uno de los autores que más me fascinan. Uno de los pioneros de la “nueva ola francesa”, no sólo cautiva por su prolija obra, sino por la imaginación que derrochan sus trabajos y su estilo. Servidor lo conoció a través de La mazmorra y a partir de ahí, a su inmensa obra, que incluye tebeos como El gato del rabino, Profesor Bell o dos series que corren en paralelo, Vampir y Pequeño Vampir. La que nos ocupa aquí es la versión infantil de la anterior, y estamos de suerte porque tras una edición algo caótica en nuestro país, el editor Fulgencio Pimentel se ha decidido ha recoger ambas en formato integral.

Vampir y Pequeño Vampir son series gemelas, a pesar de que la primera ha sido más lóngeva que la segunda. Si en Vampir seguimos las (más bien) desventuras de su protagonista, sobre todo en lo que respecta a sus fracasos amorosos, y de ahí pasamos a reflexiones que van hacia lo existencial, Pequeño Vampir, serie en la que Sfar estuvo activo entre 1999 y 2005, es otra cosa: habla sobre la amistad y las aventuras del pequeño chupasangres (el mismo personaje, pero mucho después: se nos dice que los vampiros, con el tiempo, se hacen pequeños) intentando encajar. El estilo del autor, muchas veces tan irregular y cambiante, se encuentra aquí en su salsa: monstruitos, mansiones abandonadas, escenas nocturnas… Un despliegue de la imaginería que ha caracterizado siempre la obra de Sfar. Una galería de secundarios de lujo y una trama que no trata de estúpido al lector infantil completan la obra. Con todo, la saga Pequeño Vampir la puede disfrutar igual tanto el lector adulto, como el más pequeño. Aunque quizá será este último el que disfrute más de su conjunción de aparecidos, bichos raros, travesuras y diversas situaciones escatológicas que pueblan sus historias.

Repasando el contenido de este tomo, nos encontramos con los siete tomos que componen la saga. Pequeño Vampir va a la escuela es la primera entrega de estos álbums. En él, Vampir se aburre en la mansión de los monstruos donde vive, así que consigue que le dejen ir al colegio, lo que le llevará a conocer a un nuevo amigo, a Miguel, el niño que ocupa su pupitre de día. En Pequeño Vampir hace kung fu, el abusón de turno que molesta a su amigo humano llevará a Vampir a aprender artes marciales, con hilarantes consecuencias, mientras que en Pequeño Vampir y la sociedad protectora de animales, Miguel y Vampir deberán enfrentarse a un odioso grupo de hombres que captura a perros callejeros. Pequeño Vampir y la casa que parecía normal es el álbum más raro de la serie, y podemos entender por qué permanecía inédito en español (tanto Alfaguara como Océano se lo saltaron en su edición). En él, Vampir entra en una casa donde conoce a un extraño ser que le guía por sus recovecos, y acaba en una dimensión paralela donde hay un conflicto armado… Se trata de la entrega más lóbrega y que quizá admita una mayor interpretación adulta tras toda la pátina de fantasía surreal que la recubre. En Pequeño vampir y la sopa de caca, las travesuras de Miguel y el monstruo Margarita en la bañera ocasionan que los muertos se levanten de las tumbas y lo pongan patas arriba. En Pequeño Vampir y el sueño de Tokio, nuestro vampirito viaja en sueños por las tierras del Sol Naciente, lo que le permite también a Sfar cambiar el formato de la página, homenajear a autores queridos como Miyazaki y señalar las particularidades de una cultura milenaria y a veces contradictoria como es la japonesa. Se trata de un álbum que bebe del surrealismo que habitualmente nuestro autor, y que se ve reforzado por el carácter onírico de esta aventura.

Joann Sfar es un autor que podríamos calificar de hiperactivo, con grandes ideas a las que se entrega… hasta que finalmente se aburre de ellas (¿qué fue de La mazmorra, o Los viejos tiempos, o El minúsculo mosquetero?). Con Pequeño vampir tenemos suerte: es una serie completa y cerrrada, y un muy buen ejemplo del trabajo de este autor, tanto a nivel estilístico, donde logra sus mejores páginas, como a nivel argumental. Un cómic del que pueden disfrutar todo tipo de lectores.

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Un verano en las dunas, de Seth

Un verano en las dunas

Un verano en las dunasSeth, pseudónimo de Gregory Gallant, es conocido como uno de los autores fundamentales del cómic canadiense, junto a sus compatriotas (y amigos) Chester Brown y Joe Matt. Seth se hizo muy conocido con La vida está bien si no te rindes, y siempre se ha mostrado cómodo en las historias costumbristas, con algún punto de melancolía, y con un estilo gráfico que parece añorar el estilo de los caricaturistas de los años cincuenta, de la misma manera que su compañero Michel Rabagliati. Además, no ha rechazado el jugar de alguna forma con la experimentación, como lo prueba su excelente George Sprott, una de las cimas de su carrera.

Pero antes de hacerse muy conocido, entre los años 1991 y 1993, un joven Seth publicó dos pequeñas historias que conforman lo que es Un verano en las dunas y que ahora por fin ven la luz en español de manos de Fulgencio Pimentel.

A pesar de que Un verano en las dunas y Dichosa la hora, las dos historias contenidas en este álbum, sean de las primeras producciones de Seth, ya encontramos fijados los rasgos que definirían su estilo: un lápiz fluido y deudor de esos artistas publicitarios del medio siglo, un color que con un bitono sabe sacar el máximo partido a las viñetas, y una preferencia por las pequeñas pero significantes anécdotas.

En la primera de ellas, vemos al joven Greg (al propio autor) en uno de sus primeros trabajos: es cocinero en un local durante un verano. Su día a día es monótono, aunque no exento de excentricidades por parte de sus compañeros de trabajo, pero algo le sacará de la rutina: un repentino romance con la propietaria del local. Este hecho, y su forma de encararlo como adolescente es lo que hace más interesante esta historia. Con una gran sutilidad, Seth es capaz de poner la distancia suficiente como para volver sobre los pasos de su yo adolescente de una forma tranquila, anulando la intensidad de los sentimientos gracias a la pátina del tiempo. Ese rasgo es el que más se agradece en una historia de este tipo y que Seth sabe utilizar hábilmente.

En la segunda historia, Dichosa la hora, Seth da un salto temporal y se sitúa unos años más tarde, cuando ya es un postadolescente que vive por su cuenta en la ciudad. La historia reproduce un suceso algo traumático: una paliza que el propio protagonista sufre a manos de unos buscabroncas que piensan que es homosexual. Una vez más, a pesar de lo crudo de la experiencia, Seth relativiza su importancia en un prólogo y un epílogo hecho a posteriori donde él mismo, sin filtros, es capaz de reírse de su yo pasado.

Un verano en las dunas es un cómic en el que Seth, aun siendo sus primeras historia, muestra ya a un autor en pleno uso de todas las características que le han hecho grande: la memoria como un espacio al que volver siempre, y una capacidad narrativa excepcional unida a un brillante uso de una línea clara y sintética. Dos historias con las que empatizar y, al mismo tiempo, disfrutar del extraordinario talento de este autor canadiense.

Josep Oliver

@cisnenegro

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