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Las falsas imágenes, de Josep González Ribera

Las falsas imágenes

Las falsas imágenesMe gusta leer poesía porque siempre encuentro un poquito de verdad en cada verso. Normalmente los autores intentan camuflar su sinceridad con metáforas o historias ocultas y que hacen difícil vislumbrar aquello que de verdad hay que ver.

Cuando leo poesía me siento un poco detective: voy buscando detrás de cada verso, de cada palabra aquello que está escondido y que pide a gritos salir a la superficie. 

Así que esta vez, con Las falsas imágenes, no iba a ser diferente. Su autor me mandó este libro en formato digital hace un par de semanas y al día siguiente ya me lo había terminado. Entonces me escribió diciéndome que también meló haría llegar en papel así que, en vez de hacer la reseña en aquel momento, decidí esperar un poco a que me llegara el físico para volver a leerlo. Y sí, en dos semanas el resultado obtenido es que lo he leído dos veces. Y esto quizás se haya debido a que en un principio me quedé con ganas de más, ya que es un libro muy finito. Y tengo que recalcar que eso para mí no es ningún problema, pero me ha dado la sensación de que este poemario podría ser la antesala de algo. Es como si me hubiera puesto la miel en los labios y eso hubiera hecho que me quedara con ganas de más. 

Pero, por otra parte, el volver a leerlo no se ha debido únicamente a eso, a esas ganas de más, sino que creo que este libro se merece una relectura para desentrañar, como decía al principio, todo lo que oculta.

Las falsas imágenes, escrito por Josep González Ribera es una compilación de poemas que hablan de temas variados. Pero he visto algo en común en casi todos ellos: la identificación de las deidades con la propia naturaleza humana, haciendo referencia en varias ocasiones a Diana cazadora, o a los susurros imperceptibles de los dioses en el viento, por ejemplo. También es un libro que habla de construir muros que deberían estar desarmados, de las luces divinas que atraviesan el Palacio de Cristal, de la poca consideración que tiene el tiempo al pasar tan deprisa. Y también recuerda a tiempo de trovadores, damas y castillos. 

Es una mezcla curiosa, no os voy a engañar y es que hay partes que parecen de una ficción irremediable y otras que te conducen directamente a una realidad palpable. 

No suelo hacer esto de transcribir literalmente frases de un libro, pero cuando lo hago, lo hago por necesidad. Hoy es uno de esos casos y creo que con ello vais a entender mejor lo que decía al principio:

Cuando el poeta / aún no ha hablado / puede, en sus adentros, / degustar la poesía, / jugar todavía con las palabras, / es todavía dueño de su creación. / Cuando el poeta habla, / sin embargo, su poesía / ya no le pertenece, / ya no es dueño / de sus palabras, / ni responde solo / ante sí mismo. / Cuando las palabras / levantan el vuelo, / como pájaros, / cuando la poesía se culmina, / ya no pertenece al poeta, / pertenece al mundo. 

Antes hablaba de sinceridad y para mí ese poema es un claro ejemplo. Y aunque a priori puede parecer que simplemente Josep González Ribera está haciendo una declaración diciendo que una vez que el poeta escribe ese escrito deja de pertenecerle, yo creo que va mucho más allá. ¿Qué pasa si el poeta escribe algo que no debería, que no gusta a todos? ¿Qué pasa si una persona se ve tan reflejada en un poema que llega a obsesionarse con él? ¿Qué pasa si alguien cambia su forma de pensar por haber leído unas determinadas palabras escritas en un papel? ¿Y si estás cambiando una vida? ¿Y si las consecuencias de escribir se te van de las manos? Porque las palabras vuelan cuando se plasman en un papel (o en un procesador de texto, como estoy haciendo yo), se te escapan, dejan de pertenecerte para formar parte de la vida de quien está al otro lado de esas palabras. 

¿Ahora entendéis por qué he tenido que leer este poemario dos veces? Porque Las falsas imágenes ha causado ese efecto en mí: el de ver más allá de las palabras. Que también es posible que este libro me haya pillado en un momento de mi vida en el que necesitaba buscarle tres pies el gato. Puede ser que el autor no quisiera decir más que lo que estaba diciendo, pero no sé, llamadlo intuición, pero yo creo que no es así. Seguramente este efecto se haya derivado de la biografía tan misteriosa que se puede leer en la solapa del libro, en la que el autor dice que los poemas “quizás sean un estudio de mi alma, quizás una confesión en momentos más oscuros o más luminosos, o quizás solo una ficción”.

Desde luego ha sido inevitable querer ver más allá después de leer esa biografía, ¿no creéis? Así que desde aquí os dejo mi consejo si decidís adentraros en estos poemas: no dudéis en volver a leerlo, en dejaros llevar por la curiosidad y por la imaginación que surge al intentar descubrir qué quiere decir el autor. Esa será la única forma en la que de verdad disfrutéis este poemario. 

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Videorreseña: Cartas a ninguna parte, de Ane Santiago

En uno de mis últimos vídeos, en el que reseñaba Todo lo que fuimos, de Alberto Villarreal, mencionaba que el momento en el que leo un libro es algo imprescindible. Dije que aquel poemario no terminó de encantarme por el momento en el que lo leí, pero en cambio hubo un libro, Cartas a ninguna parte, de Ane Santiago, que me emocionó una barbaridad.

Por eso he querido, en esta semana, recuperar ese libro, volver a leerlo y descubrir si me gustó tanto por el momento en el que llegó a mí o porque de verdad ese libro estaba hecho para que yo lo leyera. Y me he dado cuenta de que no, no ha sido el tiempo, sino el contenido en sí, ya que he conseguido conectar con él como la primera vez.

En el vídeo te cuento también cómo llegó ese libro a mí (tiene una historia muy peculiar detrás), y por qué para mí significa tanto. Así que si quieres saber esto y además conocer un poco más sobre un poemario que seguro que te va a encantar, no te pierdas este vídeo.

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Videorreseña: Todo lo que fuimos, de Alberto Villarreal

Contar una historia de amor a través de poemas es lo que ha hecho Alberto Villarreal en este libro. Bueno, en realidad, una historia de desamor sería el término adecuado en este momento, ya que mediante sus palabras conoceremos sus propias vivencias en las que los errores jugaron un papel fundamental.

Todo lo que fuimos es una compilación de poemas y relatos cortos que además está acompañada por unas ilustraciones maravillosas que concuerdan perfectamente con la historia que el autor nos cuenta. Sin embargo, yo no he terminado de congeniar del todo con su contenido y estoy segura de que ello se ha debido a que no era el momento indicado para que yo leyera este libro.

En el vídeo de hoy hablo de lo importante que es encontrar un libro en un momento exacto. ¡Y de lo difícil que es a veces! Las circunstancias pueden ser las que decidan si una obra nos llena o no lo suficiente. Y qué rabia da… porque una tiene la sensación de que no puede hacer nada al respecto…

Si te sientes identificado con lo que digo, échale un vistazo al vídeo. ¡Es imposible que yo sea la única!

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Todo lo que fuimos, de Alberto Villarreal

Todo lo que fuimos

Todo lo que fuimosOjalá todas las historias de amor fueran bonitas y perfectas. Con finales felices e intermedios razonables. Dignas de enmarcar y de contar en una cena con copas de vino caro y sonrisas de los invitados. Con felicidad saliendo de todas las fotos  en una casa ideal que emana amor y cariño por todas las esquinas. Con fidelidad, sinceridad y sin celos. Todo perfecto.

Ojalá.

Pero no.

Las historias de amor no son así.

Las historias de amor no son perfectas. Todas tienen sus más y sus menos. Sus momentos de querer compartir con los demás y los momentos que sería mejor meter en un cajón y olvidar para siempre. Felicidad a ratos y dudas que de vez en cuando llegan para quedarse una buena temporada. Celos, indeseados en la mayoría de los casos, pero celos. Que destrozan y hunden lo bueno de las relaciones. Infidelidades, a veces. Que vuelven a construir muros que tanto costó derribar. Y así, la historia de amor se vuelve enrevesada, a veces farragosa, difícil de explicar y mucho más de entender. Lo que todo parecía fácil y sencillo en un principio, encuentra preguntas sin respuesta debajo de todas las piedras. Caos, derrota, incertidumbre y tristeza. También forman parte, a veces, de las historias de amor.

Alberto Villarreal nos lo narra muy bien en su libro Todo lo que fuimos. Dentro de sus páginas encontramos una historia de amor: la suya. Con los poemas y los relatos cortos como principal hilo conductor, este joven escritor nos cuenta cómo fue para él estar enamorado. Pero como bien os digo, no se trata de una historia bonita, perfecta e idílica, no. Se trata de una relación complicada, con altibajos, con infidelidades, celos, dudas, preguntas y sinrazones.

Mediante estos poemas Alberto se sincera ante el lector, contando todo lo que le pasa por la mente durante la relación con la que fue su pareja. Viajaremos con él en el tiempo y viviremos lo que él vivía en cada momento. Me imagino que Alberto usaba la escritura como vía de escape, intentando descargar de esta forma todo lo que llevaba dentro y que no podía soltar así sin más.

Tengo que decir que esa forma de desahogarse, la que se hace cogiendo un papel y plasmando en él toda la rabia que uno lleva dentro, a veces también la practico. Y está muy bien, porque uno tiene que soltar todo lo que lleva dentro y no guardarse nada para sí. Pero normalmente esta es un arma de doble filo, ya que el ser el papel el confesor, el que todo lo aguanta, suele conllevar que la persona que genera esos sentimientos no se entere de lo que está pasando. Por lo tanto las cosas no se hablan y el nudo se va haciendo cada vez más y más grande. Creo que Todo lo que fuimos es eso: un papel donde confesar y donde guardar todo lo que a uno ya no le cabe dentro.

Las ilustraciones que acompañan los textos me han gustado mucho, llenan de color todas las páginas y crean un ambiente que va muy acorde con lo que el autor quiere transmitir a través de sus palabras. Pero a pesar de ello, de la idea tan brillante y de la maquetación perfecta que tiene este libro, me ha faltado algo. A ratos he conectado con lo que contaba en autor, me he metido en la historia como si yo fuera la protagonista, pero en la mayoría de las ocasiones no ha sido así. Pero estoy segura de que esto se ha debido únicamente a una cuestión circunstancial: si hubiera leído este libro en otro momento, seguramente no me hubiera costado trabajo conectar al cien por cien con la historia. No descarto dejar el libro por aquí preparado para leerlo en otra ocasión en la que mi situación personal me haga entender mejor la historia contada por Alberto Villerreal.

Lo que sí ha conseguido el autor es transmitirme eso que mencionaba al principio, eso de que las historias de amor son de todo menos perfectas. Él se dio cuenta a tiempo y, gracias a eso, a esa imperfección, ha conseguido crear algo como lo que hoy tengo entre mis manos.

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49 charcos de tinta, de David Esteban Andreu

49 charcos de tinta

49 charcos de tintaHay libros que hacen especial ilusión reseñar y este es uno de ellos. En Libros y Literatura tenemos una academia donde impartimos varios cursos: Corrección ortotipográfica, Curso de Edición, Corrección de estilo o Poesía. La menda es la encargada del curso de Poesía. No es que enseñe yo a ser poeta a nadie, porque como bien se llama el curso “se nace poeta”, pero sí que se proporcionan en él las bases y conocimientos necesarios para poder poner en práctica nuestra escritura.

David Esteban Andreu fue uno de los alumnos de este curso. La palabra alumno a mí se me viene grande, qué queréis que os diga. Máxime en poesía, pues creo que es poco lo que pueda enseñarse más allá de la teoría. Poeta se nace. Y para aprender a escribir lo mejor es haber leído mucho. David Esteban Andreu ya traía los deberes hechos de casa y eso es algo que se nota mucho. Se notaba que él ya había leído bastante poesía y que conocía y admiraba a los grandes poetas. También se notaba que los poemas que creaba  para los ejercicios prácticos del curso no eran los primeros que escribía. Más allá de alguna que otra indicación que yo haya podido darle, el poeta ya sabía lo que se hacía. No es de extrañar pues que haya decidido publicar 49 charcos de tinta, su primer poemario, con Donbuk.

Lo que vamos a encontrar en este primer poemario es, ante todo, sinceridad. David Esteban Andreu se muestra tal y como es, deja brotar sus palabras de manera natural hasta empaparnos con estos charcos de tinta. Cuarenta y nueve formas de calarnos, de hacernos sentirnos cómplices de su lluvia de sentimientos y palabras. Lo mejor que podemos hacer es dejarnos llevar, mojarnos los pies y el alma.

El amor es uno de sus temas más recurrentes. Nada de amores cursis, nada de amores imposibles. Como os decía, David es mucho más natural, más realista y sencillo:

“Mi amor por tus imperfecciones

sigue rebelándose contra los embates del tiempo,

obstinado como un viejo perro abandonado:

las estrías de tus caderas

aún no se han vuelto grietas torpes,

cunas de asco y hastío.

 

Siguen siendo aquellas simpáticas marcas de las olas

sobre esa playa que aún me reservas.”

 

También la palabra le duele, como a todo buen poeta:

 

“Pregúntale dónde fueron las palabras,

dónde los amores y dónde los rencores.

y si el viento conoce la respuesta

a estas preguntas: quédate a su lado,

que sabe más de lo que yo conozco.”

 

Sincera y objetivamente, ojalá la mitad de los poemarios que se publican hoy en día tuvieran la calidad literaria que tiene 49 charcos de tinta. No lo digo como profesora ni reseñista de LyL, lo digo como lectora. Una lectora que se ha enamorado de algunos de estos versos, que ha disfrutado leyendo este poemario y sobre todo, ha sentido. A la poesía le pido poco más que sentimientos y David Esteban Andreu sabe bien cómo despertarlos.

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Todo lo que hay que saber sobre poesía, de Elena Medel

Todo lo que hay que saber sobre poesía

Todo lo que hay que saber sobre poesíaEs mucho lo que hay que saber sobre poesía y siempre es poco lo que podamos saber. Una frase algo enrevesada quizás, pero estoy segura de que me entendéis.

Elena Medel, directora de la editorial de poesía La bella Varsovia, lo sabe bien. Por eso ha publicado con Ariel este libro que se me antoja imprescindible. Me explico: para la gente a la que le guste la poesía, que sepa sobre ella y la consuma, quizás Todo lo que hay que saber sobre poesía se quede corto. Al menos esa ha sido mi sensación. Quienes amamos la poesía no vamos a descubrir nada que no se sepamos ya entre sus páginas. Pero, creo que es imprescindible en el sentido de recordar conceptos y recordar, ya sabéis, es volver a pasar por el corazón. Y a la poesía estos viajes al corazón le sientan de maravilla.

Por otra parte, para quien no sea amante de la poesía, pero sí que sienta interés por ella, este libro es imprescindible en su contenido, pues es como asistir a un curso de poesía en el que aprender las nociones esenciales que tienen que ver con este arte.

Así, Todo lo que hay saber sobre poesía está dividido en cuatro apartados principales: “¿De qué hablamos cuando hablamos de poesía?, “Cuando el poema se escribe”, “Momentos y movimientos” y “Más allá de los libros”. Además incluye al final un glosario bastante útil.

En cada uno de estos apartados de desgranan los principios básicos de la poesía: temas e ideales, el ritmo, el verso, los tipos de estrofas, las figuras literarias, los movimientos poéticos y otros tipos de poesía, entre otros muchos temas.

Un total de doscientas páginas en las que se condensa la misma esencia de la poesía. Tarea difícil. Menos mal que Elena Medel sabe lo que se trae entre manos. Autora de poemarios como Mi primer bikini o Chatterton y ganadora de premios como Andalucía joven (2006) o Loewe (2014), esta poeta cordobesa está considerada una de las voces más importantes del panorama lírico actual, así que rigor no le falta al libro.

Cómo os decía antes, si ya sois amantes de la poesía puede que el libro se os quede algo pequeño. Y eso que las anécdotas y citas que Medel ha incluido en sus páginas son una maravilla. Sin embargo, me encantaría que todo el mundo leyera este libro tan didáctico. Ahora que la poesía está tan de moda, que nos salen poetas hasta de debajo de las piedras, Todo lo que hay saber sobre poesía no viene nada mal para recordar las bases de este fascinante género.

 

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La venganza de las palabras bonitas, de Víctor Mengual

La venganza de las palabras bonitas

La venganza de las palabras bonitasLas palabras pueden doler como puñales. Pero también pueden sanar, abrir los ojos de aquellos que los tienen cerrados, hacer recordar algo que creíamos olvidado, hacer que nos enamoremos de alguien o que lleguemos a odiarle. Las palabras son un arma para aquellas personas que saben utilizarlas y una salvación para aquellos que nos necesitamos refugiarnos en ellas cuando la vida real nos pesa demasiado. Para mí, son mi vida.

Así que no es de extrañar que al ver el título de este libro (La venganza de las palabras bonitas) mis ojos se abrieran como si hubieran visto algo asombroso. Ese título hizo que este libro cayera en mis manos, sin importarme nada más que eso. Pocas veces me ha pasado esto, la verdad sea dicha, ya que el título de una obra suele importarme entre poco y nada. Pero esta vez… esta vez ha sido diferente.

Tengo que decir que hasta la fecha no tenía la menor idea de quién era Víctor Mengual, su autor —o, como se hace llamar en las redes sociales, @bordelicado—. No sabía que era un chico que se había hecho famoso en Instagram gracias a todos los escritos que en esa red social publicada día sí y día también. No sabía que tenía miles de seguidores ansiosos por leer un día más las palabras que salían de su teclado y de su necesidad por compartirlas. No sabía que tenía un alma inquieta con la que tanta gente se identificaba. Pero no os preocupéis si no sabíais nada de esto tampoco, ya he hecho yo la labor de investigación necesaria para poneros al día y contaros un poco más de dónde viene este libro.

Como vemos, este libro viene de las redes sociales, de esa necesidad que tenemos las personas hoy en día (entre las que me incluyo) de compartir absolutamente todo a través de una plataforma. Y hay veces en las que este contenido se convierte en algo más, como es el caso. Se convierte en un libro de poemas que es un grito a viva voz; en una conversación hacia uno mismo tal vez para recordarse cosas en un futuro o quizás para compartirlas con personas que puedan sentirse identificadas con esas palabras. Sea como sea, eso que en un principio era un mero diario virtual, por llamarlo de alguna manera, se convirtió en el segundo libro de Víctor Mengual y que ya ha enganchado a una cantidad innumerable de personas.

No puedo no hablar de las ilustraciones de La venganza de las palabras bonitas. No se me ocurriría y, si lo hiciera, no me merecería continuar haciendo reseñas de libros. Estas ilustraciones, de Ricard López (más conocido como Ricardilus) son absolutamente perfectas. Crean una sintonía maravillosa al juntarse con los poemas y consiguen atravesar el papel y llegar directamente a ese rinconcito donde guardamos los sentimientos. En especial hay una ilustración que me ha impactado más que las demás: una en la que se puede observar un corazón arrancado y metido en un bote hermético cerrado con un candado. Más descriptivo, imposible.

Sí es cierto que no todo son cosas buenas: no es uno de mis poemarios favoritos, ya que no he conseguido llegar a tener una conexión general con los poemas. Los que me han gustado, me han gustado muchísimo, pero en su conjunto se me ha quedado un poco frío. Soy consciente de que esto es únicamente por mi culpa, ya que los poemas o te llegan o no te llegan. No hay más. Y es una pena que esta vez no haya sido así. También es extremadamente importante el momento en el que lees un libro, así que puede ser que mi situación personal actual no me haya dejado disfrutar de estos versos como lo podría haber hecho en otro momento de mi vida.

Aun así, quedo agradecida por haber pasado un rato entre los pensamientos de Víctor Mengual, siendo más consciente que nunca de que las palabras son un arma pero también un chaleco salvavidas.

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Desnuda, de Judith Teixeira

Desnuda

DesnudaNo sé si alguna vez he hablado por estos lares de mi amor por Portugal, su lengua, su cultura y su gente. He vivido allí algunas temporadas y Lisboa me sigue pareciendo una de las ciudades más maravillosas donde quedarse mucho tiempo. Algo que no descarto hacer en el futuro, la verdad.

Portugal nunca deja de sorprenderme. Una de estas últimas sorpresas ha sido descubrir, gracias a la editorial Amistades Particulares, a la poeta Judith Teixeira. Si para vosotros es tan desconocida como lo era para mí, dejadme que os cuente.

Judith Teixeira nació a principios de 1880 en Viseu. Con 27 años adoptó los apellidos de quien para entonces era el marido de su madre. Nunca supo quién fue su verdadero padre. Con esa edad, Judith vivía en Lisboa. Unos años más tarde se casó, pero el matrimonio duró poco pues en 1913 el marido pidió el divorcio acusándola de adúltera y de abandono del domicilio conyugal. Con 34 años contrae de nuevo matrimonio con un joven de origen noble de quien adoptaría el apellido.

Desde adolescente escribió versos, pero no fue hasta 1923 cuando autoeditó su primer libro: Decadência. Tan solo un mes después, el Gobierno civil de Lisboa incautó el poemario junto con otras obras de otros artistas. Sus obras eran consideradas inmorales y fueron quemadas. Judith Teixeira fue acusada de “desvergonzada”. Y aunque algunos intelectuales de la época, como Pessoa, salieron en defensa del resto de autores, nadie dio la cara por Judith. Quizá por ser mujer y lesbiana, palabras mayores en aquella época.

Judith siguió autoeditando sus libros y dirigiendo la revista Europa. Con su último poemario publicado, Nua. Poemas de Bizâncio, volvió a ser criticada, difamada y acusada de perlas tan bonitas como “vergüenza sexual y literaria”, o “loca porque sí”. Tras la publicación de un manifiesto estético y de una novela corta titulada Satânia, Judith desaparece de la faz de la tierra. Vivió el resto de su vida como una persona anónima, viuda, sin hijos ni bienes hasta que con 79 años falleció.

Como podéis ver era necesario que os resumiese la historia de mujer, que aparece detalladamente explicada en el prólogo del poemario. Judith fue una mujer adelantada a su época y precisamente por eso, por ser mujer y visionaria, la ridiculizaron y despreciaron. Menos mal que el tiempo es sabio y hoy día podemos disfrutar de ella.

Desnuda es una antología de su poesía, que por primera vez podemos disfrutar traducida al español. La edición es, de todas formas, bilingüe, algo que me ha encantado pues he podido leer los poemas en su idioma original y apreciar la belleza y los matices de estos.

Su poesía es tremendamente sensual, libre y valiente. Sin duda, modernista y adelantada para su época. Aunque esta frase hecha en este caso me rechine un poco. Más que ser ella una adelantada, que lo era, sus compañeros eran un retrógrados que veían en una mujer con ideas propias y lesbiana una especie de amenaza. Menos mal que, como he dicho antes, el tiempo es, a veces, justo y nos acaba poniendo en el lugar que nos corresponde.

Traducir poesía siempre me ha parecido un demonio. Creo que es muy difícil y que la máxima de “traduttore traditore” se cumple de lleno cuando tratamos de ser fieles al traducir un poema. Sin embargo, la traducción de Desnuda me ha parecido muy buena y la idea de presentar esta antología en una edición bilingüe creo que es todo un acierto.

Sin duda merece la pena descubrir a Judith Teixeira, darle voz y devolverle el protagonismo que en su día le arrebataron. Gracias a estas mujeres valientes que no se amedrentaron nosotras estamos aquí.

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Reparación del fuego, de Fernando Gil Villa

Recibo el último poemario de mi paisano Fernando Gil Villa, editado por la diputación de Salamanca, ya saben que él es catedrático de esa Universidad, en más de una ocasión lo he traído a estas páginas para hablarles de su poesía o de sus novelas. Hace muy poquito les hablaba de su último poemario titulado La voz y el sigilo publicado por la editorial Olifante (2017).

Siempre me resulta difícil reseñar poesía, porque si normalmente vengo aquí a hablarles de lo que un libro me ha hecho sentir a través de su historia, además claro está de si literariamente hablando está correcto, en un poemario las sensaciones van apareciendo verso a verso, poema a poema, y siempre es mucho más difícil hablar de sentimientos que de historias, y cada poemas te lleva a un universo diferente aun cuando todos ellos puedan compartir una misma idea genérica.

Así empieza este poemario tras el Prólogo de Ricardo Pochtar, en el que nos habla de que el libro le ha transmitido una palabra por encima de las demás: REPARACIÓN

REPARACIÓN DEL FUEGO

Un fuego
inducido
nos calienta.

Por las profundidades corre
por obligación
el fuego verdadero.

No busca su reparación la venganza
-pues hace tiempo no pelean
dioses y hombres-
sino devolver al estómago
un poco de tranquilidad:
poner a cocer el alma
en el puchero matutino
a la vez que las patatas
mientras el gallo canta y el gato
transmite en su bostezo una idea de
felicidad.

Tras esta reparación del fuego, poco más adelante nos propone la “reparación del Barco”, … lo que hace del barco su fantasma/es el sabor de la soledad/a ausencia reciente/la forma de comportarse la madera/tan besada por el agua.

Para aquellos relacionados como yo con el mundo del Derecho, no nos pasa por alto este pequeño pero impactante poema.

LA MALA PALABRA

Calumnia que algo queda:
el cuerpo incorrupto de la
sonrisa congelada.

Es cierto que el poeta, en esta ocasión, nos llega más reparador, pero sobre todo mucho más cercano, supongo que así regresa una vez purificado por el fuego, el fuego que siempre le acompaña en su versos…

PROMETEO

Él me enseñó el camino.
Hacia fuego frotando versos
y yo después no me dormía.
aquél fuego no se apagaba,
no cedía aquel frotar
las almas con palabras .

lo que queda del verso es beso
de muerte derrotada.

Y así, reparación a reparación nos va llevando a través del tiempo, de las verdades, de los sueños, del aire, de la tierra, de dioses y de hombres… Eso tienen de bueno los poemas que cada uno nos lleva a ese espacio interior a través de palabras y sentimientos ajenos.
Y desde luego que cada poeta es una subespecie propia

SUBESPECIES DE POETAS
Hay poetas
orgullosos de su obra
y poetas que viven no ya
del despojo de la heráldica
-como dice un buen amigo-
sino del mismo
ser.

Ahora que ya todo el mundo tira lo que se estropea, es interesante leer a aquellos que nos ofrecen la reparación.

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Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi

Recuerdos del primer amor

Recuerdos del primer amorEn las cosas del amor no hay nada más grande que el primero, ya que será con lo que midas el resto de experiencias de tu vida. Amar de verdad significa inquietud. Inquietud por encontrar a la persona amada en cada esquina que doblas; esperar a que suene el teléfono para volver a escuchar su voz; hacer que cada conversación tenga que ver con el amor. La música que escuchas, las películas que ves, los libros que lees, de todo extraes la savia necesaria para calmar esa inquietud que en ti deja el primer amor. Y el primer amor a veces dura para siempre y se hace único y, la mayor de las veces, se acaba. Pero no así la inquietud. No, esa no se muere jamás.

La literatura está llena de historias de amor: poemas, cancioncillas, tragedias, novelas… El tema ha sido recorrido en todas sus posibilidades, a veces para bien, la mayor de las veces dolorosas. Pero la inquietud, como digo, ahí sigue. El primer amor no se olvida, tan honda es la huella que deja, que el poeta debe inmortalizarla con su mayor arma. Y así nos llegan unos textos de singularísima belleza y sensibilidad como son los recogidos en este Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi.

El libro que edita Acantilado reúne el diario y el poema que escribió un jovencísimo Leopardi dedicados a la mujer que le inspiró escribirlos. Ambos textos constituyen un notable reflejo del Romanticismo italiano que, en su elegante estilo, despliega los matices propios de los autores románticos que caían embelesados por el primer encuentro con el mayor de los anhelos del hombre: el amor.

En 1817, el poeta italiano conoció a Geltrude Cassi Lazzari por quien profesó un fortísimo amor secreto. Nunca llegó a consumar aquel deseo y tuvo que reprimirlo en los versos que componen tanto su diario como el poema. En ambos, describe el momento en el que se conocieron cuando ella llegó por primera vez a su casa. Ella era mayor que Leopardi, que apenas contaba con diecinueve años, y estaba casada con otro hombre. Era un imposible que por tal resultaba un imán más atrayente. La zozobra que le provocaba saberse enamorado de ella y no poder ni saber expresarlo le causaba tal inquietud que solo en la escritura de esta obra encontró algo de paz. Aquella pasión descontrolada de la juventud se muestra en los versos de su diario, donde el insomnio, la falta de apetito y la pérdida de interés en sus estudios le acompañarán mientras suspira por ser correspondido.

El poema —incluye los versos originales en italiano junto a su traducción al español— dice así en el primer terceto:

«Tornami a mente el dì che la battaglia
D’amor sentii la prima volta, e dissi:
Oimè, se quest’è amor, com’ei travaglia!»

«Vuelve a mi mente el día en el que supe / de amor por vez primera y me dije: / ¡Ay, si esto es amor, cómo destruye!»

Caer prendado por una mujer ideal e inaccesible es un tópico neoplatónico que ya se mostró en los diálogos del Banquete, del pensador griego, así como en la poesía de Petrarca, que concebía a la mujer como la donna angelicata de cabellos dorados y bello rostro, representada como la Venus de los cuadros de Botticelli. Al poeta le azuza el amor esquivo; aumenta el deseo cuando no se consigue, pero también le destruye. La Beatrice de Dante, «la gloriosa señora de sus pensamientos», fue un amor no consumado y que al poeta fiorentino mantuvo inspirado el resto de sus días. También es célebre el amor que sintió Bécquer por Julia Espín. Las Rimas revelan que el poeta sevillano sufrió terriblemente el no ser correspondido y en ellas se aprecia la amargura, el dolor y la desesperación que le provocaba la honda herida que ello le dejó.

La delicadeza con la que Giacomo Leopardi escribe es una muestra más del sentir de los románticos. Los fervientes amantes de las lecturas «decimoñóñicas» agradecemos la publicación de Recuerdos del primer amor para así acercarnos a la figura de este poeta italiano considerado uno de los más importantes del siglo XIX. Leer cada línea del diario o verso del poema arañaba un poquito más la corteza que, creía, recubría y mantenía ocultos mis recuerdos. Yo también tuve un primer amor, poco a poco se va alejando más, pero esa pasión que nunca murió despierta de vez en cuando y hace daño. Entonces es cuando se hace necesario abrir este libro y, entre otros, hacer míos estos versos:

«Vive quel foco ancor, vive l’afetto,
Spira nel pensier mio la bella imago,
Da cui, se non celeste, altro diletto
Giammai non ebbi, e sol di lei m’appago.»

«Sigue ardiendo la llama, vive el afecto / vive en mi mente aquella imagen / puesto que otro placer, no siendo los del cielo / jamás tuve y solo con ella me saciaba».

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Las flores del mal, de Charles Baudelaire

Las flores del mal

Las flores del malCreo que poco necesario y útil sería entrar a discutir la coherencia de que estos poemas estuvieran prohibidos para su publicación durante más de noventa años. Solo hace falta leerlos para darse cuenta de ello. En este caso, Libros del Zorro Rojo presenta los poemas que fueron censurados con el acompañamiento de las magníficas y geniales ilustraciones de Pat Andrea. ¡Ay si vieran aquellos censores las ilustraciones! Disfrutadlas mientras podáis.

Con los poemas en español y francés, esta edición aniversario por los 150 años desde la muerte de Baudelaire, cuenta, además de las ya comentadas ilustraciones de Pat Andrea, con la traducción al español a cargo del poeta Jaime Siles. No hace falta decir que la edición es exquisita, algo ya rutinario en todo lo que hacen en Libros del Zorro Rojo.

Me da bastante reparo y respeto comentar los poemas de un genio como Baudelaire, así que creo que eso se lo voy a dejar a tantos profesores de institutos y universidades a los que les toca hacerlo. Lo que sí diré es que encontramos en ellos esas menciones tan “baudelairianas” al amor lésbico, al sexo descarnado, al erotismo sangrante, al infierno y al cielo climático que ofrece el tan desconcertante amor. El amor para Baudelaire no se entiende sin pasión, sin freno, sin ningún tipo de atadura. Amar es elevarse a los más altos cielos con la certeza (que no quita la sorpresa) de que se bajará a los más desgarradores infiernos. Pero todo ello de la mano siempre de la más pura y sincera poesía. La poesía es la cuerda que amarra al poeta a la realidad mientras él se encuentra sumergido en las más turbias y removidas aguas del desconocido e imprevisto amor. ¿Has amado alguna vez? Si es que sí, nunca podrás dejar de entender al poeta francés.

Esta selección de poemas fue censurada, apartada de aquellos que sentían algo que el francés estaba contando. Leer no es más que escuchar por los ojos aquello que necesitas oír porque tú todavía no sabes expresarlo. Por eso es tan grave la censura, por eso es tan necesario compartir lo que genios como Baudelaire cuentan.

«¿Quién hay que ante el amor ose hablar del infierno?».

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El último apaga la luz, de Nicanor Parra

El último apaga la luz

El último apaga la luzEl último apaga la luz. O dicho de otra manera: ahí os quedáis que yo me voy. El título de la última obra de Nicanor Parra ha resultado ser absolutamente premonitorio: unos meses después de la publicación, el poeta chileno se ha marchado para no volver y nos ha dejado con la luz encendida. Una luz brillante y poderosa la suya, eso sí, encarnada en una obra que ilumina la noche poética como una antorcha infinita.

Pero que también quema, cuidado. Porque la premisa inicial siempre presente en la obra de Nicanor Parra es la revisión de todo lo anterior. Revisión, renovación y ruptura hasta el punto de hacer arder todo aquello inservible,  algo que queda claro desde su primera obra importante, Poemas y antipoemas, cuyo título le hizo cargar para siempre con el sambenito de “antipoeta”.

Afortunadamente, y al contrario de lo que les pasa a otros, a Parra no le pudo el calificativo fácil, y tuvo tiempo y fuerzas para extender su obra más allá de la anécdota. Sin llegar a convertirse en un “superventas” como Neruda, ni a saborear el Nobel como Gabriela Mistral (y el propio Neruda, sí), a Nicanor Parra le han llovido los reconocimientos oficiales y de la crítica en los últimos años. Premio Nacional de Literatura en Chile y Premio Cervantes en España, con él se va el último de los grandes poetas chilenos nacidos antes de la segunda mitad del siglo XX.

El último apaga la luz, publicado por Lumen (no podía ser de otra manera) alterna algunos de sus libros imprescindibles tal cual los publicó (Poemas y antipoemas y Hojas de Parra, por ejemplo) con otras obras dispersas, seccionadas o recopilaciones de poemas sueltos. La explicación a esta selección se da en una decena de párrafos al final del volumen, así que los puntillosos echarán en falta una justificación más extensa y quizá un aparato crítico o una introducción que aporte claves sobre la obra y su autor. Tampoco creo que sea absolutamente necesario. Para lo segundo no hacen falta muchas guías, si por algo se caracteriza Nicanor Parra es por ser un poeta de lectura agradable, sin demasiados escondites, que puede disfrutar cualquiera. Y para quien tenga interés en el resto de su obra, extensa como corresponde a alguien cuya producción literaria abarca siete décadas, ya están las “Obras completas & algo +”, en dos tomos, que el propio autor supervisó hace unos años.

En cualquier caso, la modernidad, necesidad y lucidez de Nicanor Parra se hacen patentes por todo el libro. Maestro del absurdo, es uno de los pocos poetas mayores que incluye con destreza el humor en sus poemas. También la muerte, con un toque único para mezclar ambos. No faltan además la religión, la relación hombre-mujer y su particular visión del mundillo literario, perfectamente documentada en sus Discursos de sobremesa. Un poeta original pero no estridente, siempre pendiente del tú en el poema, tan interrogativo como reflexivo. Imprescindible para desbordar los límites de las páginas y tirar abajo los muros de las bibliotecas.

El último apaga la luz ha sido la obra final, pero bien puede servir de comienzo para todos aquellos que deseen acercarse a Nicanor Parra. Y para quienes quieran continuar más allá, el chileno dejó escrita obra como para que no tengamos que pedirle que resucite y nos escriba más. Además, como escribió en El anti-Lázaro: “Muerto no te levantes de la tumba/ qué ganarías con resucitar/ una hazaña… y después… la rutina de siempre”.

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