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La única, voz, de Tiziano Angri

La única voz

La única vozCuando en este lacrimal valle las cosas se ponen más chungas de lo que podemos aguantar, todos necesitamos un álbum mental de recuerdos en el que poder refugiarnos. A todos nos gustaría haber disfrutado una infancia idílica, como la de Aquellos maravillosos años, llenos de aventuras, amorcitos y momentos epifánicos. El problema es que las infancias son como las narices: cada uno tiene la que le ha tocado, y dado que los recuerdos, de momento, no podemos embellecerlos mediante cirugía plástica, pues agua y ajo.

Naturalmente, todo esto no lo digo por mí, que al fin y al cabo, tuve mis veranos en la playa, mis noches de Reyes y sólo algún que otro roce con los quinquis del barrio. Lo digo por Yuri, el atormentado protagonista de esta enigmática y turbadora novela gráfica titulada La única voz.

Yuri no es esquizofrénico. Oye voces, pero no son imaginarias ni le llegan de un recodo de su mente. Son muy reales. En su infancia Yuri desarrolló una hipersensitividad auditiva imposible de curar, y, sin ir más lejos, la voz del doctor que les da la mala noticia a sus padres le produce a nuestro héroe una dolorosísima descarga en la cabeza.

Pasan veintitrés años y nos encontramos de nuevo con Yuri, que está intentando poner remedio a su tortura. Las voces, los gritos y hasta los silencios de los vecinos convierten cada segundo de su existencia en un suplicio. Pero ahora, con la ayuda de un curioso pingüinito de juguete, ha conseguido fabricar una caja de resonancia con la que, mediante “un sonido mágico que reverbere mi grito hasta su mundo”, espera conseguir ponerse en contacto con sus espíritus guía. Sin embargo, el resultado de su ensordecedor experimento no será exactamente lo que espera.

Por otra parte tenemos a Irene, atrapada en un cuerpo provisto de pene, que se vende a viejos verdes con el fin de ahorrar el dinero que necesita para la operación que ha de cambiar su vida. Tanto Irene como Yuri, cuyos destinos se van a cruzar por segunda vez, viven en un mundo plagado de fealdad, y ese feísmo grotesco y repulsivo de los personajes que los rodean, con sus pelos inesperados, sus malhumoradas arrugas, sus espesos olores y sus vasos capilares desbocados, es una de las características más llamativas de las extraordinarias ilustraciones de La única voz. Pero si esta novela es misteriosa e inquietante, lo es sobre todo por el viaje que emprende Yuri.

Y es que cuando una novela es tan oscura y casi críptica como ésta, el lector tiene carta blanca para interpretarla a su manera, es decir como quiera o, en este caso, como buenamente pueda. Pues bien, lo que servidor ha visto en La única voz no es un mero viaje de turismo psicoterapéutico por parte de un adulto traumatizado a un rincón perdido de la memoria. El viaje de Yuri es un viaje al inconsciente colectivo, un verdadero viaje chamánico en el que nos encontramos (nótese el plural) con los tótems, ritos y amuletos de nuestros ancestros. Y así, entre cráneos de animales, criaturas atrapadas en una lacerante metamorfosis, castraciones purificadoras, sangre, fuego, ruinas y muerte, disfrutamos de una novela gráfica pequeñita y grandiosa que se enriquece con cada lectura.

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Alucinaciones, de Oliver Sacks

Alucinaciones

AlucinacionesHay libros que nos gustan, pero hay otros que consiguen mucho más… Nos fascinan. Y me estoy dando cuenta que esto último me pasa mucho con los libros de ensayo y divulgación científica. Hace poco os hablé de uno de mis últimos flechazos: De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris; y si me remonto a lecturas de años anteriores, el ejemplo que me viene de inmediato a la cabeza es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks. ¡Brutal! De verdad, tenéis que leerlo. El cerebro es extraordinario, para bien y para mal, y los casos reales que este neurólogo relataba en aquel libro eran tan sorprendentes como inquietantes.

Esa primera lectura de Sacks me impactó, así que me apetecía leer más libros de él. Pero aún me entraron más ganas al leer la reseña de Alucinaciones que Antonio J. Osuna Mascaró hizo en Manual de linternas. En ella rendía homenaje tanto a las obras como a la figura de Sacks, y aseguraba que si había un libro a la altura de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero —que es impresionante, en serio—, ese era Alucinaciones. Por lo que fue el título que escogí para reencontrarme con este genial divulgador de neurología.

Alucinaciones comienza adentrándose en el propio significado de este término, que ha ido variando con el paso del tiempo y que incluso hoy en día resulta difuso, pues es complicado discernir dónde está la frontera entre alucinación, percepción errónea e ilusión. Para definirlo de forma sencilla y escueta, se podría decir que alucinación es aquella percepción que surge en ausencia de ninguna realidad externa: ver y oír cosas que no están presentes. Sacks asegura que oír voces no es algo inusual y no tiene por qué ser sinónimo de locura, pero como está estigmatizado socialmente, apenas se habla de ello y pocos son los que reconocen haber vivido este tipo de fenómenos. Por fortuna, su práctica médica y la correspondencia que mantenía con sus lectores, además de varias vivencias propias, hicieron posible que reuniera decenas de experiencias reales contadas en primera persona, para hacernos comprender —al menos, un poco— estas anomalías cerebrales.

En Alucinaciones, Sacks dedicaba capítulos al síndrome de Charles Bonnet, a la narcolepsia, a la epilepsia, a la migraña, al Alzheimer, a la parálisis del sueño, a las experiencias alucinatorias derivadas del consumo de drogas, etcétera. Estaba convencido de que la alucinación es «una categoría única y especial de la conciencia y la vida mental» y que permite «una comprensión más directa de cómo funciona el cerebro». Esto, ya de por sí, es sumamente interesante, pero es que además abordaba otra perspectiva de las alucinaciones: su impacto cultural, desde el folklore hasta la religión. ¿Son el origen de la creencia en duendes y hadas?, ¿han contribuido a generar nuestra concepción del demonio y otros seres malignos o a que alguien pensara que era el elegido de dios? Sin olvidar que las alucinaciones también tienen su reflejo en la literatura. Lewis Carroll se inspiró en su micropsia a la hora de escribir el episodio en el que Alicia se hacía gigante; los ambientes de pesadilla de Poe eran transcripciones de sus alucinaciones y en el relato El Horla, Maupassant reflejaba lo que él mismo sentía cuando se encontraba con su doble.

Todos estas historias hacen que Alucinaciones sea una lectura enriquecedora, con la que aprendemos y nos sorprendemos. Pero su gran valor es, sobre todo, que nos hace perder el miedo a aquello que no comprendemos. Aquellas percepciones que han sido vistas como indicios de locura o, incluso, fenómenos paranormales, son reacciones de nuestro cerebro (capaz de romperse y rehacerse en un instante) y, por tanto, parte de nuestra esencia humana. La neurología nunca dejará de fascinarme y, de la mano de Oliver Sacks, os aseguro que a vosotros también os cautivará.

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La gente en los árboles, de Hanya Yanagihara

La gente en los árboles

 

La gente en los árboles

Recuerdo que la primera novela que leí de Hanya Yanagihara me dejó destrozado. No sólo a mí, claro. Medio mundo se rendía ante la dureza y la necesidad de contar una historia que no se ahorraba detalle alguno. Tan poca vida fue un antes y un después en mi vida como lector. Puso en entredicho todo lo que yo creía saber sobre la literatura y su poder para cambiar la forma que uno tiene de estar en el mundo. Las dinámicas que establecemos con otras personas. Y la gestión de los propios medios como base fundacional de una personalidad sana. Aunque suene grandilocuente, lo cierto es que me quedo corto a la hora de lanzar alabanzas sobre una obra que ha quedado para siempre dentro de mi canon personal. La buena gente de Lumen, ante tal despliegue palpable de talento, decidieron volver atrás en el tiempo y recuperar la primera obra de Yanagihara. Una historia que, si bien deriva por otros derroteros, podemos presenciarla con perspectiva y ver cómo la autora usó esta novela como campo de experimentación para ciertos temas y determinados recursos estilísticos que la lanzarían tiempo después a la fama internacional. Pero que no se me malinterprete, La gente en los árboles es una historia con personalidad propia que ahonda en ciertos temas delicados y pone en entredicho las sentencias irrevocables sobre lo correcto y lo incorrecto.

La historia comienza con una noticia que da la vuelta al mundo: el científico y ganador del Premio Nobel Norton Perina es acusado por abusos sexuales por parte de uno de sus hijos. Ya desde la cárcel, Perina decide contar su versión de los hechos. Y lo que a priori podría parecer una simple defensa de su nombre, va tornándose en algo muchísimo más complejo. La vida del protagonista se nos narra desde sus comienzos en un pequeño pueblo de Indiana hasta llegar a convertirse en el gran descubridor de lo más cercano que como especie hemos estado de la inmortalidad. Y es que en sus viajes a un archipiélago perdido de la Micronesia, Perina descubre un poblado cuya imposible longevidad radica en el consumo de una especie de tortuga autóctona. Será cuando lleve a Occidente su descubrimiento cuando su fama lo catapulté a los anales de la historia. Y justo será ése el punto de partida de las múltiples adopciones a niños de dichas islas, estableciéndose el escenario en el cual años después será acusado.

Como en la novela que hizo famosa a Yanagihara, aquí volvemos a encontrarnos ante diversas tesituras éticas que ponen en jaque al lector y le obliga a decidir si es lícito aplicar el juicio o dejarse arrastrar por el relativismo moral. Nada puede pecar de simple cuando los preceptos que sustentan a una civilización no coinciden con los del lugar de procedencia del que partimos. Y es justo por ello que la autora coloca a una científico en el ojo del huracán, para analizar desde la ciencia y la antropología aquello que nos cuesta asimilar. Como un bisturí, Yanagihara disecciona rituales y comportamientos sin aplicar juicios o ideas preconcebidas. Nos mueve las entrañas en aras de la ciencia, exigiéndonos a los lectores que dejemos de lado los puntos de vistas radicales y entendamos las raíces de lo que se nos presenta en cada página. Aunque aviso desde ya que ciertos pasajes son muy difíciles de digerir o tan siquiera hablar de ellos.

Hay algo hipnótico en La gente de los árboles. Algo que te obliga a andarte con ojo a cada vuelta de página. Su narrador, Norton Perina, aboga por el positivismo. Una fe en la ciencia que lo hace abanderado de la más absoluta objetividad. Sin embargo, como humano está condenado a una subjetividad de la que no puede desligarse. Una subjetividad que oculta al lector de forma intencionada. Siempre hay algo sucediendo en un segundo plano en esta novela. Algo que su protagonista se niega a mostrar. Y de esa sospecha mutua entre lector y narrador se establece un vínculo poderoso. Yanagihara consigue que reflejemos nuestra propia visión alterada de los hechos en su personaje, poniéndonos en una tesitura complicada. ¿En qué momento nos creemos poseedores de ideas como la verdad y la justicia?

Esta novela es una clase maestra sobre narradores poco confiables. De esos que te obligan a encontrar la historia justo en esos lugares que no están expuestos a la luz, bajo tierra, en el fango. Uno no puede salir de este libro sin entender que para hallar la verdad es necesario ensuciarse de principio a fin. Y que la confianza, como todos aprendemos en un algún punto de nuestra vida, es un asunto que exige cuellos con capacidad para rotar, cuellos que nos permitan mirar hacia otro lado.

 

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Una casa para Tom, de Leo Timmers

Una casa para Tom

Una casa para TomTengo que empezar esta reseña con una anécdota reciente sí o sí. En mi familia somos todos muy amantes de los felinos y todos tenemos gatos (o casi todos). Mi madre tiene un gato persa, adoptado del refugio, que es algo pavón y demasiado bueno. Un auténtico peluche. Leo, que así se llama el gato, vive en un cuarto piso. Hemos tenido más gatos y nunca había pasado nada, pero con este nos hemos llevado un buen susto. Resulta que hace tres días Leo se lanzó por la ventana a la caza de algún pajarillo. Estuvimos todo el día buscándole, pegando carteles, mirando debajo de los coches y nada. Tuvimos la suerte de que por la noche nos llamaran del refugio diciendo que una maravillosa familia lo había encontrado y lo había llevado allí. Leo apareció a varios kilómetros de casa, sucio y con algunas heridas y magulladuras, pero nada importante. Cayó cuatro pisos y anduvo kilómetros y no se ha roto nada. Después de unos días en el hospital veterinario, Leo está de nuevo en casa, recuperándose de su aventura. Los gatos tienen siete vidas, desde luego y al peluche le quedan seis.

Una casa para Tom es un cuento para los más peques de la casa que nos cuenta las aventuras del gato Tom. Una aventura parecida a la que ha vivido Leo, pero con mejor suerte. Tom es un gatito que vive en una casa y al que le gusta mirar por la ventana, porque ya sabemos que los gatos son unos auténticos cotillas. Vera, una mariposa amiga de Tom le propone jugar al pilla pilla. Tomo nunca ha salido de casa, pero la verdad es que ese juego suena muy divertido, así que se va corriendo detrás de Vera. Sin embargo, Vera es demasiado rápida y, de repente, Tom se da cuenta de que no sabe muy bien dónde está. Se ha perdido en la ciudad y lo que más desea Tom es volver a su casa. La ciudad es enorme y está llena de peligros. Y a Tom le gusta tanto la comodidad de su casa…

Tom tendrá que buscar a Vera, porque ella es la única que sabe dónde vive, pero no será fácil. ¿Conseguirá Tom encontrar a Vera o se perderá definitivamente por la gran ciudad? Tendremos que acompañarlo en esta aventura para averiguarlo, pero os aseguro que merecerá la pena. Una casa para Tom es un libro divertido y alentador, acompañado de unas ilustraciones delicadas. Eso sí, por si acaso, las ventanas mejor cerradas.

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Videorreseña: Shanti y el mandala mágico, de F.T. Camargo

Si me preguntas por mis aficiones, te diré que básicamente (aunque tengo alguna más) todo se reduce a tres: leer, escribir y viajar. Y todas ellas están tremendamente relacionadas: leo para viajar a mundos inventados por otros, escribo para viajar a mis propios mundos y viajo porque es lo que más me llena en este mundo.

Me gusta aprender cosas nuevas constantemente, sobre todo si se trata de culturas distantes a la mía. Me parece algo fascinante preocuparse por saber cómo viven en otras culturas, cómo son, cómo ha sido su historia… y, aunque la mejor manera para hacerlo es viviendo la experiencia en mi propia piel, siempre agradezco que lleguen a mi vida libros como Shanti y el mandala mágico para poder seguir viajando aunque sea a través del papel.

Este libro escrito por F.T. Camargo y editado por Caligrama tiene algo muy especial: son muchos los protagonistas del mismo y cada uno tiene su espacio reservado. Y como cada personaje viene de una parte muy diferente del planeta, el autor aprovecha para contarnos infinidad de cosas relacionadas con su cultura. Toda una experiencia.

Pero ¡no te cuento más! Aquí te dejo el link del vídeo que he hecho para el canal para que así puedas ver por ti mismo todas las impresiones que me ha causado este libro.

 

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El guardián de los objetos perdidos, de Ruth Hogan

El guardián de los objetos perdidos

El guardián de los objetos perdidosSeguro que aún te acuerdas de aquello que perdiste un día, sin saber cómo ni dónde, y te dio mucha rabia. Y no me refiero a ese teléfono móvil que te había costado una pasta, ni a cuando te desapareció la cartera y te tocó anular las tarjetas y sacarte otra vez el DNI, no. Estoy hablando de aquella vez que perdiste ese objeto que para ti era irremplazable por su valor sentimental. ¿Te imaginas que lo recuperaras muchos años después? ¿A que el corazón te daría un vuelco de la alegría? Pues de esa idea nace la novela El guardián de los objetos perdidos, de Ruth Hogan.

Por un lado, tenemos a Anthony Peardew, un escritor que vive en una mansión de Padua y custodia los objetos perdidos que se ha encontrado a lo largo de los años (un guiño directo a san Antonio de Padua, patrón de los objetos perdidos), siguiendo el legado que le dejó Therese, su gran amor. Esos fragmentos de vidas ajenas que ha ido atesorando en su hogar le han servido de inspiración para crear sus cuentos (que vamos leyendo a lo largo de la novela); al principio, con finales felices, después, cada vez más sombríos. Pero a Anthony se le acaba el tiempo y contrata a la persona adecuada para cumplir la misión que le encomendó Therese: devolver cada objeto extraviado a su respectivo dueño. Así es como Laura, divorciada y en plena crisis existencial, hereda la mansión de Padua repleta de objetos de todo tipo (una pieza de puzle, un coletero, una pulsera de la amistad, un paraguas de corazones rojos, una caja de galletas llena de cenizas humanas…); con Freddy, el jardinero atractivo, y Sunshine, la vecina adolescente con un don muy especial, incluidos en el paquete que da un giro a su vida.

Por otro lado, conocemos a Bomber, editor, y Eunice, su ayudante, que aunque no son pareja, están hechos el uno para el otro. Y no me puedo olvidar de la impertinente Portia, la hermana de Bomber, que no para de plagiar descaradamente clásicos de la literatura universal  para intentar que su hermano le publique un libro; personaje que le sirve a la autora para colar una sátira del mundo editorial y de la literatura de consumo rápido.

Con todos estos elementos, Ruth Hogan escribe una historia de amor y pérdida, de vida y muerte y, sobre todo, de redención. Destaca el sentido del humor que destila cada escena, incluso las dramáticas, y la construcción de los personajes, que saben qué teclas tocar en el lector para conectar y resultar entrañables.

No sé si es muy aventurado por mi parte catalogar este libro como chick lit, ya que no soy asidua al género romántico ni a sus derivados, por lo que desconozco sus entresijos; pero lo que sí puedo asegurar es que El guardián de los objetos perdidos es de esas novelas que te sacan una sonrisa en cada página y que desde el principio sabes que va a acabar bien, porque esos adorables personajes no se merecen otra cosa. Una lectura perfecta para meter en la maleta y desconectar en verano. Y, por qué no, para soñar que en algún lugar existe de verdad ese guardián de objetos perdidos y que un día nos hará reencontrarnos con aquello que perdimos y que recordamos con tanto cariño.

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El favor de la sirena, de Denis Johnson

El favor de la sirena

El favor de la sirenaLas obras póstumas, en su mayoría, suelen ser incompletas e irregulares. Si la muerte sorprende al autor de repente, lo más seguro es que no haya tenido tiempo para terminar, para corregir, para decantar. Si lo hace después de una larga enfermedad, cobarde eufemismo, resulta probable que haya estado más preocupado por su propia degeneración que por la conclusión de sus últimas líneas.
En ese sentido, El favor de la sirena es una bendita excepción. A Denis Johnson se lo llevó por delante el cáncer de hígado en mayo de 2017; a sus 67 años, dejó tras de sí una obra variada aunque siempre reconocible, marcada por un pasado turbulento de adicciones y caídas que a pesar de ello trasciende la figura del escritor maldito. No era sencillo estar a la altura en el momento final, y sin embargo la impresión que queda al pasar la última página de este libro es que lo consiguió.
Quizá tenga algo que ver en esa impresión que el último relato (“Doppelgänger, poltergeist”) me ha parecido el mejor de los cinco que lo componen, que no es decir poco, y una manera elegante de condensar las bases de su escritura en poco más de cuarenta páginas. En él, el profesor Harrington nos relata su extraña relación con uno de sus alumnos, el talentoso poeta Marcus Ahearn, quien se desliza a lo largo de los años por la pendiente de la locura a la que le lleva su obsesión por exhumar el cadáver de Elvis para poder comprobar que, en realidad, se trataba de su hermano gemelo. Obsesiones, adicciones, situaciones inverosímiles pero no del todo imposibles que Johnson logra empastar de manera creíble con la realidad más cruda; son las entrañas de estos cinco relatos, historias extensas, llenas de personajes memorables y con la suficiente carga narrativa como para quedarse resonando en nuestra cabeza un buen rato después de haberlas terminado. Como también ocurre con el que da nombre a la colección, “El favor de la sirena”, cuando el protagonista recibe la llamada telefónica de una de sus exmujeres, Ginny o Jenny, no entiende bien el nombre, y no es capaz de averiguarlo mientras ella le cuenta que tiene cáncer y va a morir pronto, y lo despide finalmente poco después sin que él termine de saber cuánto tiene que llorar ni a quién. El cuerpo, que nos traiciona, los fantasmas del pasado que vuelven a visitarnos, el amor que sirve como vehículo para interrogarnos por lo que hemos hecho bien, mal o regular.
Denis Johnson es perfectamente consciente de la inminencia de su muerte mientras escribe, mientras culmina este testamento literario, y no por ello se aprecian la urgencia y la desesperación. Quizá porque ya había alcanzado una paz absoluta con respecto a su legado sabiendo que había dejado para la posteridad dos obras monumentales: Hijo de Jesús (publicada en 1992, llevada al cine poco más tarde) y Árbol de humo. Se nota, quizá, en que todos los protagonistas de El favor de la sirena hablan como si sus mejores años hubieran pasado. Lo dice Cass al final de El Starlight de Idaho, “más de una vez me he despertado con un profesional de la medicina diciéndome: “Tendrías que estar muerto”. Es lo que va a poner en mi lápida”, y es la impresión general que transmite el libro al completo. Hay cosas que están muy cerca de no producirse, una canasta que entra fuera del tiempo reglamentario, una carta que llega a su destinatario cuando ya ha cambiado de casa. Será mejor que tengas tus asuntos en orden para cuando llegue esa hora. Mientras lo hace, los que te rodean van cayendo, y es justo que sus vidas también sean narradas como merecen.
Puede que no sea el mejor de los libros de Denis Johnson, pero El favor de la sirena es bueno, mejor que la media. Incluso diría que no es mal modo de empezar a leer a Johnson. Atrévanse, pues, a comenzar por el final. Porque nunca se sabe cuándo llegará el definitivo, y nunca es tarde para echarse un buen libro a la memoria.

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El Hombre Invisible, de H. G. Wells

el hombre invisible

el hombre invisibleNo empecé con buen pie con H. G. Wells. Escogí La guerra de los mundos y creo que me equivoqué, ya que, desde mi punto de vista, es un clásico que ha envejecido mal. Eso no es culpa del libro en sí, claro, sino que en esta ocasión, los progresos tecnológicos del mundo real han superado con creces a los que se presentaban en esa historia, por lo que no conseguí que me impresionara. Más bien, me resultó una batalla un tanto ridícula. Supongo que la habrán actualizado en las versiones cinematográficas que se han hecho, pero como la obra original de H. G. Wells me dejó mal sabor de boca, no lo he comprobado. No obstante, sí le di una segunda oportunidad literaria… Más o menos. Mi nuevo acercamiento fue a través de la versión en formato cómic que Carlos Giménez hizo de La máquina del tiempo. Y me sorprendió gratamente la inventiva de H. G. Wells. Así que he dejado atrás todos mis recelos y he regresado a su obra original. El título escogido ha sido El Hombre Invisible, en la magnífica edición que Libros del Zorro Rojo acaba de publicar, con ilustraciones de Luis Scafati.

Qué duda cabe de que el don de la invisibilidad está muy presente en la literatura y en el cine, pero no debemos olvidar que fue El Hombre Invisible de H. G. Wells, publicado por primera vez en 1897, el primer libro en plasmar este deseo del ser humano. Solo por eso, el autor ya tiene todo mi reconocimiento, pero no es lo único que me sorprende de esta obra.

Está claro que esta novela de H. G. Wells no adolece de lo que yo le echo en cara a La guerra de los mundos, ya que el avance científico que plantea todavía no ha sido alcanzado, si es que es posible algún día. H. G. Wells planteó de forma creíble qué pasaría si alguien pudiera hacerse invisible y actuar con impunidad, aparándose en el total anonimato, y además abordó las consecuencias de la invisibilidad con profundidad, plasmando los pros y los contras de este poder. Ya se sabe que hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque lo que en teoría parece maravilloso, en la práctica puede resultar una pesadilla. Pero no solo eso, el protagonista, el científico que se transforma en el Hombre Invisible, también me parece rompedor: comienza siendo un personaje enigmático para acabar convirtiéndose en el villano de la historia. Y es tan odioso que los lectores deseamos que lo atrapen de una vez.

Aunque, bien mirado, ¿quién no se endiosaría con un poder así? ¿Habría alguien capaz de usar la invisibilidad  a favor del bienestar social y no solo en el suyo propio? Porque tenemos que reconocer que, cuando cualquiera de nosotros fantaseamos con esa posibilidad —y todos lo hemos hecho—, no se nos ocurre nada bueno.

Quizá sea una suerte que la ciencia no haya cumplido esta fantasía de H. G. Wells. El debate moral sobre los usos de la ciencia que puso sobre la mesa en El Hombre Invisible sigue abierto y más vivo que nunca, pues la ciencia alcanza metas cada vez más insospechadas. Eso hace que la lectura, y la reflexión, de este clásico sea imprescindible. Si esta historia de ciencia ficción llega a ser una realidad, nos conviene estar preparados.

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La danza de los demonios, de Esther Singer Kreitman

La danza de los demonios

La danza de los demonios Ya sabía yo que este libro me gustaría. Y lo sabía porque había leído que era una biografía encubierta de Esther Singer Kreitman, a la que yo no conocía literariamente halando, desde luego, ¡que no soy yo tan leída, ni tan versada!  Pero verán, había leído que Esther era hermana de los escritores Israel Yehoshua, al que tampoco tenía el gusto de conocer, y de Isaac Bashevis Singer, ya saben el que fue Premio Nobel de Literatura en 1978, y del que sí tenía referencias.

¿No me digan que no les resulta interesante esta mujer cuando sabemos que en esta familia tenían un don para la escritura, y que este libro, La danza de los demonios, se publicó ya, en Polonia, en 1936?

Sobre la autora les puedo contar que nació en Bilgorai (Polonia), en 1891 y que falleció en Londres (Inglaterra), en 1954. Su familia se estableció en Varsovia y allí es donde comienza a escribir. Al parecer destruyó todos sus manuscritos cuando aceptó un matrimonio concertado y se trasladó a vivir a Bélgica y posteriormente, al estallar la Primera Guerra Mundial, a Inglaterra con su marido. Tras la II GM intentó localizar a sus hermanos, y descubrió que Israel, junto con su familia, habían fallecido en Rusia durante la Guerra, a su otro hermano, el Nobel, lo localizó en EEUU, parece ser que ella le pidió ayuda para poder trasladarse al nuevo mundo, pero … su ayuda nunca llegó.

Y no les cuento nada más que, La danza de los demonios es autobiográfico y siempre es recomendable que se acerquen a él con pocas indicaciones y muchas ilusiones.

“<Mijael, llegará a ser, con la ayuda de Dios, un gran talmudista>.
Estas palabras se las oía decir Débora algunas veces a su padre, Rev Avrom Ber, rabino de Yelejitz, en conversación con su madre, Reísele, quien además de rébbetsin, era algo así como la secretaria privada y consejera de su esposo…”

Que estupendo arranque de la novela nos hace Esther Singer Kreitman, como ven en cuatro líneas nos ha presentado y ubicado a todo el núcleo familiar. La pobre Débora se pasará toda la infancia preguntando lo que ya pregunta en esa primer página del libro, “¿Y yo qué llegaré a ser, papaíto?, pero a pesar de la insistencia, papaíto, por lo general, no le responde, o de hacerlo es para decirle que una señorita no necesita llegar a nada. Pero su madre, su referente, si había llegado a serlo…

Como saben todos los que siguen mis reseñas, esta colección de la editorial Xordica que nos está acercando a autores judíos que escribían en yiddish, nos están dado una visión, de cómo era la vida y el pensamiento de la comunidad judía en diferentes lugares, dependiendo del lugar en el que nos sitúe el narrador. Lo que hay en este libro de especial es la detallada descripción que se nos hace de su mundo desde dentro, no solo la vida familiar, que también, sobre todos su organización comunitaria, en las yeshivá, esos centros de estudio dedicados al Talmud y la Torá. Y como ya están imaginado, va a ser muy importante la visión de Esther sobre todo este mundo tan masculinizado y excluyente para la mujer.

“… Vamos, Débora, cámbiate de ropa y prepararnos un vasito de té – Pidió Reísele.

Débora no se movió. No le apetecía vestirse de nuevo como el ama de casa de cada día. Su estado de ánimo era demasiado festivo como para ponerse a avivar el fuego en el carbón del samovar.

De nuevo cruzó por su mente el pensamiento de que no era justo que su madre le exigiera a ella cambiarse de ropa, precisamente para preparar el té, cuando Mijael podía realizar igual de bien esa labor.

Sin embargo, recapacitó: la habían mimado y vestido tan bien que no dijo nada, se cambió de ropa y atendió el samovar…”

Así pues, les puedo contar que nuestra amiga Esther se ha convertido en Débora, que nace en una curiosa familia. Su padre es un Rabino muy peculiar, su madre es una mujer, no menos especial y con formación, cosa muy extraña en ese ambiente, pero viene de otra no menos curiosa familia donde el padre, también Rabino, sí apoyó la formación de su hija.

Desgraciadamente, no será el caso de nuestra joven amiga, que sí ansía leer y formarse, y de hecho lo hace pero al margen y sin la autorización, claro está, de su familia. No es el caso, naturalmente, y como han podido leer en ese fragmento, de su hermano Mijael, llamado a seguir los pasos de su padre. Un hermano que no pierde ocasión para menospreciarla y humillarla.

La familia se va desplazando desde pequeños pueblos hasta la gran Varsovia, donde definitivamente Débora encontrará la posibilidad de cambiar el destino de su vida y ello es así, porque es una mujer muy inteligente que sabe aprovechar las oportunidades, reponerse a ese padre que no la valora en absoluto, a un hermano que la desprecia directamente y a una madre a la que es muy difícil comprender en ese papel.

No es fácil leer estos libros, y no porque sean lecturas de difícil comprensión, que en absoluto lo son, sino porque son historias de las que no sales igual que cuando entras, estamos ante una literatura que nos abre una ventana a un mundo del pasado y nos hace reflexionar sobre el presente y es por ello que persiste el interés en sus lecturas.

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Magritte, Esto no es una biografía, de Vincent Zabus y Thomas Campi

Magritte, Esto no es una biografía

Magritte, Esto no es una biografíaDesde luego, esto no es una biografía. Ni siquiera sé si esto es una reseña. Puede incluso que Magritte no fuese un pintor y que solo fuera un ilusionista. Puede que yo no sea quien creo ser. Vaya lío, lectores. Ha sido acabar de leer este cómic y no saber muy bien distinguir la realidad de la ficción. Es un poco lo que hacía Magritte con nuestras mentes. Esas son el tipo de cosas que hacen los genios, volvernos un poquito locos, llevarnos a su terreno y aquí estoy, que ya no sé si estoy dentro del cómic, si es domingo o si acaso soy yo Magritte.

Charles Singullier es un tipo de lo más normal y corriente. Tiene una vida rutinaria que no lleva nada mal. Un día, sin embargo, decide hacer algo “transgresor” y se compra un bombín. Sí, como aquellos que dibujaba el pintor. Entonces empieza la pesadilla, Charles se da cuenta de que el bombín le produce unas alucinaciones de lo más esperpénticas, salidas todas ellas de los cuadros de Magritte. Entenderá entonces que no puede quitarse el bombín hasta que no descubra cuál es el misterio que se esconde tras la obra del famoso pintor belga. Como os decía, esto no es una biografía. Es una alucinación de un personaje que, mediante los delirios con los cuadros del pintor va reviviendo su vida. La idea no podría ser más original y más surrealista. Digna del propio Magritte, ¿no os parece?

Me encanta esta colección de la editorial Norma dedicada a pintores. Ya leí en su día Modigliani, príncipe de la bohemia y me pareció una delicia. Quiero leerlos todos. Quiero que exista un cómic de todos mis pintores favoritos. Tampoco pido tanto, ¿no?

Magritte, Esto no es una biografía es otra maravilla. Vincent Zabus y Thomas Campi  han ideado una original no-biografía del famoso pintor surrealista y la han trasladado brillantemente al papel en forma de un cómic de lo más sugerente. La historia de un pintor que trasgredió todos los límites de la imaginación y que, quizás, solo fue capaz de transmitir esa rebeldía a través de sus cuadros, pues acabó viviendo una vida de lo más anodina y acomodada. Menos mal que tenemos sus brillantes cuadros para entenderle, para conocer quién era verdaderamente Magritte sin artificios ni tapujos. Un genio brillante que podemos descubrir en este cómic que, sin lugar a dudas, no es una biografía de Magritte.

 

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El monstruo del armario existe… ¡y te lo voy a demostrar!, de Antoine Dole y Bruno Salamone

El monstruo del armario existe

El monstruo del armario existeHacía ya un tiempo que no leía nada de literatura infantil y notaba que ya me estaba volviendo más seria, más adulta. Menos mal que gracias a Algar tengo una remesa de libros para peques que voy a  devorar estos días y a ponerme un poco al día con mi lado más infantil. Es muy necesario, de verdad. A mí al menos me sienta de maravilla desconectar de otro tipo de libros y divertirme un poco con los libros para los más pequeños.

Hoy he elegido El monstruo del armario existe… ¡y te lo voy  a demostrar!, porque ese monstruito que aparece en la portada, con esos ojos tan tiernos, me estaba diciendo “¡léeme! Y la verdad es que no he podido resistirme. Dirigido para los peques de cinco a ocho años (y los adultos con ganas de pasarlo bien) este librito cuenta la historia de un niño y el monstruo que vive en el armario de su habitación. La verdad es que no recuerdo tener miedo a que ningún monstruo viviera en mi habitación cuando era pequeña. No sé si es porque compartía habitación con mi hermano y puede que él me protegiera o que el monstruito fuera él mismo, no lo tengo claro. Eso sí, recuerdo perfectamente el jaleo que armábamos con todos los juguetes esparcidos por la habitación, las meriendas y algún que otro desastre que organizábamos por la casa. Esas cosas no se olvidan.

El peque de esta historia trata de explicarles a sus padres que hay un monstruo en su habitación y para que le crean tiene unos motivos de lo más creíbles: el monstruo es quien desordena su habitación, quien pierde los calcetines sucios y deja esparcidos trozos de chocolate y galletas encima de su cama. A él le encantan las verduras, por eso el niño nos las come nunca. ¿No os parecen razones de peso para creer que hay un monstruo dentro del armario de este niño? Yo creo que sí. Es más, sospecho que también tengo uno en casa que me arruga la ropa y lo llena todo de polvo, voy  a ver si consigo negociar con él y por lo menos lo pongo a planchar…

El monstruo del armario existe… ¡y te lo voy  a demostrar! es un libro muy divertido. Tengo que regalárselo a alguno de mis sobrinos, a ver si así dejan de tener miedo por las noches o, al menos, encuentran la excusa perfecta para no arreglar sus habitaciones. Es lo que hacemos las tías.

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Inolvidables, de Luise Berg-Ehlers

Inolvidables

InolvidablesHoy vengo con un libro de lo más vintage. No solo por la estética, como podéis comprobar por su portada, sino también por su contenido. Lo cierto es que por mi edad (aún soy lozana y jovial) este libro no me corresponde demasiado, pero sí que me resulta imprescindible. Además, para descubrir a las autoras y sus vidas es muy interesante. Pero, ¿de qué habla el libro, alma cándida? Os estaréis preguntando. Sí, tenéis toda la razón, me pongo a escribir y no me centro. Dejad que os cuente.

Inolvidables es un libro que homenajea a todas esas autoras que formaron parte de la infancia de miles de niños y niñas. Seguro que os suenan Heidi, Mary Poppins, Celia o Pippi Calzaslargas. Los que tenemos una edad (aunque sigamos siendo eternamente jóvenes) hemos crecido con ellas, con sus dibujos, series y libros. La verdad es que recuerdo perfectamente ver la serie de dibujos de Heidi mientras comía y ver a Pippi (aunque no sé por qué, nunca me cayó demasiado bien). Mary Poppins era, sin duda, una de mis películas favoritas y si me la encuentro en algún canal de televisión tengo que verla sí o sí. La nostalgia no me deja pasar de largo. (También me ocurre con Grease y Sonrisas y lágrimas).

¿Y quién no recuerda a la maravillosa Gloria Fuertes? Aún puedo recitar de memoria “El hada acaramelada”. Cómo te quiero, Gloria. Seguro que ya os está entrando la nostalgia, ¿verdad? Para eso es este libro, para recordar y volver, por un rato, a ese maravilloso país que es la infancia.  Y además, lo hacemos de la mano de todas esas escritoras que alegraron nuestros días y que, como suele pasar en estos casos, nos resultan totalmente desconocidas. Para ello, Luise Berg-Ehlers ha seleccionado en este libro a algunas de las autoras imprescindibles de nuestra infancia: Astrid Lindgren (Pippi), Louisa May Alcott (Mujercitas), Enyd Bliton (Los cinco), Beatrix Potter o nuestra maravillosa Ana María Matute, entre otras.

Como os decía, conocer sus vidas y la relación tan especial que las une con sus protagonistas es muy interesante. Inolvidables está dividido en cinco partes en las que la autora nos presenta a escritoras de literatura juvenil para público femenino, escritoras de héroes y heroínas, escritoras de aventuras, de mundos fantásticos y libros protagonizados por animales y otros seres fantásticos.

Lo he pasado fenomenal rememorando aquellos tiempos y aprendiendo sobre todas estas autoras que alegraron mi infancia y que casi no conocía. Desde luego que son Inolvidables y también imprescindibles.

 

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