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Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2, de Elena Favilli y Francesca Cavalo

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2,

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2, Ha pasado un montón de tiempo desde que reseñé Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes y os prometo que parece que fue ayer. Este es un comentario muy de abuela, lo sé, pero es verdad. Supongo que esa es una buena señal, porque cuando un libro se queda tan dentro de ti durante tanto tiempo es que verdaderamente ha significado algo para nosotros. Os lo dije con el primer volumen de estos cuentos y vuelvo a repetirme: no pueden gustarme más estos libros. Imposible.

Unos meses no son suficientes para que se cumpla mi vaticinio, que los niños de hoy en día aparezcan en libros como este. Tenemos que darle tiempo al tiempo, pero estoy segura de que una buena forma de comenzar a educar a futuros niños y niñas cuyas historias merezcan ser contadas es regalándoles este libro, enseñándoles las historias de todas esas mujeres que lucharon y luchan por sus sueños, que no se rinden ante nada ni nadie, que saben bien lo que quieren.

Si en el primer volumen aparecían mujeres tan interesantes como Virginia Woolf, Ada Lovelace o Amelia Earhart, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2 cuenta con una nueva maravillosa selección de mujeres rebeldes. Algunas tan conocidas y con vidas tan interesantes como Audrey Hepburn, Beyoncé, Angela Merkel, Oprah Winfrey o Madonna. Otras, por desgracia, bastante menos conocidas, pero que gracias a libros como este todos los niños y niñas (y los que no lo somos tanto) podemos llegar a disfrutar y conocer.

Mujeres como Aisholpan Nurgaiv, la primera mujer mongola que se dedica la cetrería; la pirata Anne Bonny o las Black Mambas, un grupo de mujeres que controlan, defienden y protegen su territorio: la sabana.

Podría hablaros de todas ellas, porque todas son espectaculares, pero descubrirlas y conocer sus historias a través de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2 es  una gozada. Ojalá yo hubiese tenido un libro así cuando era pequeña, ojalá haber conocido a todas estas mujeres inspiradoras entonces. Lo bueno es que siempre habrá mujeres así y la historia seguirá escribiéndose con mujeres valientes, rebeldes y que hacen lo que ellas realmente quieren.

Como decía en la anterior reseña, solo espero que muchos de los niños y niñas que hoy leen Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2 encuentren entre sus páginas su inspiración, su modelo a seguir y que ellos sean los protagonistas de los próximos volúmenes. Eso sí que sería una auténtica maravilla.

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Rakugaki, de Bunpei Yorifuji

rakugaki

rakugakiSiempre me ha gustado dibujar. De niño lo hacía constantemente. Ahora lo hago de tanto en tanto y en ocasiones lo empleo como método de relajación. Y es que desde que trazo la primera línea sobre el papel, sintiendo como el lápiz deja su impronta en ese pedazo de celulosa virgen, consigo transportarme a ese niño que fui y que dibujaba en los márgenes del libro de matemáticas, del de naturaleza o en el propio pupitre. Sí, fui uno de esos niños que disfrutaba creando monigotes; algunos sin sentido, otros sospechosamente parecidos a los profesores o compañeros de clase. Muchas de esas caricaturas, y porque lo hacía sin malicia alguna y sin ganas de mofarme de nadie, fueron entregadas o vistas por sus modelos. El profesor de artes plásticas, que en una ocasión, y como parte de unos deberes, convertí en un personaje de cómic que intentaba huir de la pareja protagonista de Expediente X, llegó a otorgarme un excelente en su materia. Aunque el mejor premio fueron sus carcajadas. Aquello me hizo ver que en realidad poco importaba si el dibujo era de notable factura o un sencillo esbozo, pues siempre y cuando gozara de cierta personalidad la gente reaccionaria.

En Rakugaki Bunpei Yorifuji busca una reacción: la de aquella persona que nunca se ha atrevido a dibujar o la de aquella otra que dibujó y que por no alcanzar los niveles de convencionalismo en la representación artística fue juzgada duramente (¡Qué mal dibujas! ¡Menuda birria! Eso no se parece a un caballo, dedícate a otra cosa. ¿Os suena?) El autor, a través de un método sencillo, tratará no de enseñarte a dibujar sino a animarte a que dibujes. No importa cómo lo haces sino que lo hagas. O como dice el autor: “Desde mi punto de vista, dibujar bien no tiene ninguna importancia. Lo esencial es dibujar lo que a uno le gusta ver e imaginar.” De esta forma y a través de este manual, Bunpei Yorifuji nos transporta a nuestra infancia, a ese lugar en el pasado en el que nadie juzgaba si aquellos garabatos eran dignos o no.

Bunpei Yorifuji es un ilustrador japonés que en el año 2000 creó el estudio de diseño Bunpei Ginza. Su campaña para el metro de Tokio se hizo mundialmente conocida. En ella aparecían representados los comportamientos a evitar en el transporte público. En el libro Wonderful life with the elements, a través de afables dibujos y con cierto tono humorístico, mostró la cara más amable y divertida de la química. En otra campaña, esta vez para la empresa Muji (experta en productos para el hogar), mostraba algunos de los productos que podías hallar en sus filiales a lo largo y ancho del mundo. En los tres trabajos destacaba su dibujo sencillo, incluso austero, pero de marcada personalidad. Un estilo de ilustración que en Japón se denomina rakugaki y que su significado bascula entre grafiti y garabato.

En Rakugaki el autor se vale de sencillos ejercicios y reflexiones, que en ocasiones cuentan aspectos de su vida o sucesos ya acaecidos con un marcado tono filosófico, para acercarnos al arte de practicar el rakugaki. En el libro descubriremos cómo dibujar a una persona tirándose un pedo (por fin alguien que tiene en cuenta las necesidades fisiológicas básicas del humano), crearemos monstruos imposibles combinando diferentes animales, daremos vida a objetos inanimados o transformaremos a un espeluznante humano que camina a cuatro patas en un caballo, un perro o un gato; siempre partiendo de ejercicios simples en los que crear diferentes tipos de líneas será lo primordial. Además, todas las lecciones están adornadas con una imaginación desbordante y amistosos monigotes que nos guiarán a lo largo de todo el libro. Si a esto le añadimos la despampanante y cuidada edición de Blackie Books se hace casi imposible resistirse.

En definitiva, Rakugaki no es un libro para aprender a dibujar sino un libro para que te sientas totalmente libre de plasmar tus pensamientos sobre un papel sin temor al qué dirán. Así pues, dibuja líneas, crea formas, encuentra tu propio estilo (o no), pero sobre todo diviértete mientras desarrollas tu creatividad.

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La chica del cumpleaños, de Haruki Murakami

La chica del cumpleaños

La chica del cumpleañosHace unas semanas acudí a una charla de Juan Cerezo, director editorial de Tusquets. Lógicamente, esperaba que en ella se hablara del éxito de Patria, de cómo se gestó, de cómo lo vivieron por dentro, de qué se hizo para estirar la cuerda hasta hoy, cuando aún sigue estando en las primeras posiciones de los más vendidos. Pero no puedo negar que yo fui ahí – aparte de como lector y amante de Patria, claro – como fiel seguidor de Murakami con la esperanza de sacarle algo sobre la próxima publicación murakamiana. No éramos muchos y él estuvo realmente cercano – si consideramos, además, que de todos los presentes solo un servidor había leído Patria -, con lo que vi el camino totalmente despejado para preguntarle por lo que realmente me interesaba. Me dijo que tenían pensado publicar la nueva novela de Murakami -que ya se está traduciendo – como bombazo del Día del Libro pero que, lógicamente, con el éxito de Patria no tenían tanta prisa e iban a esperar a después del verano para hacerlo. Lo que no me dijo en ningún momento fue que, de mientras, como se suele hacer en el mundo editorial, sacarían este La chica del cumpleaños – traducido, como siempre, por Lourdes Porta – para ir haciendo boca. Así que: sorpresa.

Primero de todo, quiero avisar, no es un texto nuevo, ya salió publicado en Sauce ciego, mujer dormida, pero eso sí, trae cosas nuevas y muy interesantes, como son las ilustraciones de Kat Menschik – que ya ilustró aquel bonito Asalto a las panaderías de Libros del Zorro Rojo, entre otros – o el texto final del propio Murakami hablando de su experiencia en día de cumpleaños.

Claro, como fan de Murakami, yo os diría que solo por ese texto – tan extraño como él sabe ser – ya vale la pena comprarlo, pero es que además el libro es muy bonito, huele muy bien, está cuidadosamente hecho, y decora la estantería como el que más. La historia, como siempre, es aparentemente sencilla: una chica que trabaja a tiempo parcial de camarera tiene que suplir a una compañera suya precisamente el día de su vigésimo cumpleaños. Pero claro, la cosa no quedará ahí. El restaurante lo regenta un hombre del que nadie sabe nada, a expensas del jefe de la chica, quien le lleva al dueño cada día a la misma hora su cena. El dueño vive encima del restaurante. Nada más se sabe. Pero ese día, el día de su cumpleaños, el jefe de la chica enferma, tiene que irse corriendo al hospital y entonces le toca a ella llevarle la cena al dueño del local. Ahí empieza todo.

Con la maestría cuentística de un Murakami que a mí a veces me parece que se desdobla o que es dos escritores diferentes por lo bien y diferente que hace sus cuentos y lo bien y diferente que hace sus novelas, La chica del cumpleaños es un libro ideal para regalar y regalarte. Porque tiene todo lo comprable por fuera y tiene todo lo comprable por dentro. Una historia de Murakami, una anécdota de Murakami, un libro de Murakami. Mientras esperamos la novedad. Si hay que hacer cosas en apariencia inútiles pero tan bonitas como esta, que se sigan haciendo. Porque no lo serán y porque para cosas inútiles y encima feas ya tenemos suficientes, ¿no? Unos centímetros más para ocupar la ya de por sí extensa línea horizontal de libros Murakami en nuestras estanterías.

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Una vida en venta, de Yukio Mishima

Una vida en venta

Una vida en ventaSí, es el Mishima que te suena, el mismo de Confesiones de una máscara, del que siempre has oído que fue merecedor del Nobel, el que se hizo un seppuku – más conocido por aquí como harakiri – a los 45 años al presenciar lo que para él era la degeneración de su amado país, Japón. Ese Mishima, el mismo. Pero esta vez con una novela que nunca antes se había publicado en España, una novela que apareció en Japón por entregas – de ahí su velocidad conseguida a base de capítulos cortos y efectistas -, que fue más un divertimento del autor que algo en lo que ponerse seriamente pero que, ahora, de repente, los jóvenes japoneses están leyendo en cantidades tan ingentes que el eco de ese éxito ha llegado hasta las oficinas de Alianza, quien se ha decidido a publicarla bajo el título de Una vida en ventaPodéis hacerme caso, tiene muchas cosas para merecerse ese repentino éxito.

Una vida en venta narra la vida de un joven llamado Hanio Yamada quien, tras intentar suicidarse sin éxito por no sentirse cómodo con su vida de publicitario, decide poner su vida en venta. Tan fácil como poner un anuncio en el que se lee: «Vida en venta. Quien la compre puede utilizarla como le plazca.» A partir de este momento se quita el pestillo de todo un seguido de sucesos que rozan lo absurdo e inexplicable en la vida de un Yamada que tiene poco o nada ya de sentido. Lo que pasará a partir de entonces es que el joven treintañero se verá vendiendo su vida al primero que llame a su puerta, sin importarle el precio que paguen por ella, sin preocuparle que se le asegure que tras esa venta morirá. Él, con los brazos bien abiertos a la muerte, se dará siempre de bruces hacia una vida que no le es recíproca. Él no la quiere, ella a él sí. Será de esta forma como Yamada, poco a poco y sin ser consciente, irá apegándose a su vida y, cuando sienta que de verdad está aferrado a ella – cosa que no tiene por qué ser ni voluntaria ni agradable -, sentirá de verás que puede perderla.

Leyendo esta breve novela de Mishima nos encontramos con todo eso que nos gusta de él, el vaticinio de un autor descontento con el mundo y la vida, personajes que tienen mucho de quien los ha creado y que, tras una máscara de absurdo y surrealistas, esconden taras de todos, heridas universales, lágrimas en continuo movimiento. Una mujer vampira, una joven que lo ama al igual que ama la locura y el LSD, una organización secreta de espías que puede o no existir; todas estas serán situaciones que tanto tú como Yamada deberéis vivir en no más de 300 páginas – muy infladas, por cierto -.

Con un prólogo del traductor Jordi Fibla y un epílogo del crítico literario japonés Suehiro Tanemura, este Una vida en venta es un genial pasatiempo – “engañosamente sencilla”, como puede leerse en uno de esos textos – para todos aquellos amantes – en los que me incluyo – de la risa con regusto sangriento. Esa mueca optimista que haces cuando lees a autores que son muchísimo más listos que tú y que saben convertir lo que para ti son quejas en diálogos o pensamientos divertidos, risibles, jocosos. Autores como Mishima, capaces de vivir lo peor como para llegar a suicidarse y que sean capaces de volcar en textos algo que al otro, al lector, le haga reír son esos autores que merece la pena revivir abriendo y reabriendo sus libros continuamente. Quizás no llegó a la edad en la que le darían el Nobel, pero sí ha llegado a la edad – y para esa no hace falta estar vivo – en la que los jóvenes siguen leyéndolo. En Japón y aquí. Yo por lo menos.

«-¿Por qué esta cansado?

-No es por nada importante, pero en cualquier caso estoy cansado.

-¿No será algo tan mediocre como estar cansado de la vida o cansado de vivir, ¿verdad?

-¿Qué otros motivos puede haber para estar cansado?

Reiko le miró de reojo y se echó a reír.

-Usted mismo lo sabe bien. Está cansado de tratar de morir.»

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Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei

Pensamientos desde mi cabaña

Pensamientos desde mi cabañaEl planteamiento de este libro no podía ser más atractivo, es una obra fundamental de la literatura clásica japonesa, un ensayo sobre la vida sencilla y la relación con la naturaleza y además prologado por Natsume Soseki y muy bellamente editado por Errata Naturae. Kamo no Chōmei, tras una vida azarosa tanto a nivel personal como social, ya que le toco vivir no pocos desastres cuya narración es sumamente interesante, abandona la capital, la residencia familiar y una relativa comodidad como funcionario de la corte y, llevado por sus convicciones budistas, se retira primero a una casa modesta y después a una cabaña de unos tres metros cuadrados que construye él mismo en el bosque, en el monte Hino.
Cuando supe de la existencia de Pensamientos desde mi cabaña me vino a la cabeza, supongo que es inevitable, Walden, y pensé que debía ser toda una experiencia leer a una suerte de Thoreau japonés. Sin embargo no es parecido, Chōmei no despliega un gran aparato argumental, su filosofía de sencillez la expone en sus textos haciendo gala de la misma en su forma de escribir y en su modo de vida, y logra de alguna forma extraña y elegante construir una obra pequeña y de gran belleza, inspiradora y sugerente. No voy a decir que a uno le entren ganas de escapar a la montaña, montarse una cabaña portátil con ramas y dedicarse a la escritura y la vida contemplativa, pero no puede dejar de admirar la habilidad de los clásicos japoneses para construir, con pocas herramientas, obras tan bellas y reconfortantes.
Natsume Soseki comienza diciendo que la obra de un genio lo contiene todo, y hay que darle la razón, a la vez que hay admirarse ante el hecho de que ese todo quepa en un recipiente tan pequeño. En ciento cuarenta y siete páginas caben los Pensamientos desde mi cabaña, el prólogo de Soseki, un postfacio de Jacqueline Pigeot y un texto sobre el autor, titulado Retiro y Poesía, de Tamamura Kyo. El prólogo, es obligado decirlo, resulta especialmente deslumbrante.
Podría resultar contradictorio envolver una obra cuya razón de ser es la vida sencilla en tanta explicación, en tanto razonamiento, pero no lo es. Ambas cosas son necesarias, se llega a los mismos lugares por distintos caminos y para llegar al destino de Pensamientos desde mi cabaña viene muy bien disponer de un buen mapa. Porque a menudo las referencias nos resultan complicadas y resultaría triste que nos perdiésemos en cuestiones como Tu cabaña se asemeja a la de Jōmyō-koji, pero observas las enseñanzas aun peor que Shūri-Handoku. A las dificultades que en occidente nos plantea a menudo la literatura japonesa se unen en este caso las propias de la condición de monje budista del autor.
No puedo resistirme a lanzarles un cebo, a mostrarles por una rendija la vida de Chōmei en el bosque:

Si una mañana siento la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa, me dedico a contemplar los barcos que navegan por Okanoya y trato de escribir a la manera de Mansami. Al atardecer, cuando el viento mueve los árboles de Katsura, y hace sonar sus hojas, me acuerdo del río Jin-yo y pulso la biwa, imitando a Gentotoku. Cuando tengo ánimo, acompaño la melodía del viento con el «Canto de las brisas de otoño», o el murmullo del agua con un pasaje célebre de la «Fuente que mana». No soy un gran artista, pero tampoco toco para deleitar a un auditorio. Toco para mí mismo, para dar sustento a mi corazón.

Esta crónica de la vida de un poeta, escrita cuando el rocío de su vida ya se evaporaba, es una verdadera delicia, su prosa elegante, sus imágenes hermosas y evocadoras y su filosofía de sencillez no son sólo motivo de deleite y reflexión, sino que por un tiempo probablemente demasiado breve sirve también de antídoto a los efectos perniciosos de esta vida nuestra, tan contraria a la que él describe y a menudo tan desquiciada. No parece muy recomendable retirarse hoy día a vivir en una cabaña como la de Chōmei, pero tenemos la ventaja de que podemos construirnos una con sus palabras y retirarnos un ratito a descansar cuando sintamos la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Antología, de Osamu Tezuka

Antología

AntologíaEn la excelente exposición sobre Disney. El arte de contar historias que se puede ver estos días en el Caixaforum de Barcelona, he tenido ocasión de volver a ver algunos de esos cortos que tanto me maravillaban de niño, historias que podían ir desde El sastrecillo valiente a Los tres cerditos, y en las que, en un alarde de inagotable creatividad, los gags se sucedían sin dar tregua a los embobados ojos del niño, en este caso yo.

Luego uno crece, y además de la voz grave y el vello en las axilas, nuestras desbocadas hormonas producen un niñato resabido y con afán de envejecer que le hace despreciar lo que hasta ese  momento adoraba. Pues bien, la exposición sobre Disney me hizo volver a apreciar como se merece (se pongan como se pongan nuestros cansinos antiamericanos habituales) la grandeza artística de la factoría Disney, uno de los mayores iconos culturales de nuestro tiempo.

Alguien que se acerque con ínfulas intelectualoides a esta Antología de Osamu Tezuka podría caer en la misma falta que ese adolescente resabido que renegaba de la magia. Abrir al azar este contundente tomo y echar un somero vistazo a las casi mil páginas de vellón que lo componen puede hacer pensar a quien así obre que está ante una larga función de circo con acrobacias, coscorrones y persecuciones alrededor de un árbol, cuando en realidad, como aquellos cortos con un Mickey Mouse todavía sádico, se encuentra ante unas obras que fueron absolutamente revolucionarias en su día, que marcaron el curso que iba a seguir la novela gráfica, y que, a pesar de ello, no  son de interés meramente museístico para el lector actual.

Mirad, sin ir más lejos, las primeras páginas del libro y decidme si conocéis a un autor que sepa imprimir a sus viñetas ese ritmo, esa velocidad, ese dinamismo y ese inconfundible carácter cinematográfico que les daba el maestro Tezuka. En ese sentido, es posible que, estéticamente, La nueva isla del tesoro, sea más avanzada que las siguientes historias, en las que la influencia del cine pesa más que la exploración de un nuevo lenguaje para el cómic. Nos encontramos en esta historia a un Tezuka de, ojo al dato, 19 años que experimenta con el movimiento, el ritmo y las perspectivas, y que, fuertemente influido por la cultura occidental, adapta algunos de nuestros clásicos al manga, un manga al que él solito va a darle la forma con la que hoy conocemos este género.

Tras La nueva isla…, completan esta Antología Lost world (El mundo perdido), Metrópolis y Next world, todas escritas en apenas cinco años, los que van desde 1947 hasta 1952. Estamos, como veis, en plena posguerra, y no deja de pasmarnos ver la vitalidad con la que, en un Japón devastado, Tezuka creaba sin descanso unas obras rebosantes de fantasía, acción y sentido del humor. No faltan, por descontado, las referencias a la terrible tragedia que acaba de asolar el mundo, pero dichas referencias ocupan un segundo plano y están desprovistas por completo de moralina.

Lejos de la sofisticación de sus obras posteriores, dicho sea en el buen sentido de la palabra, en estas obras tempranas del maestro japonés tenemos un mundo poblado por buenos y malos, científicos chalados, agudos detectives, millonarios sin escrúpulos, niños sin miedo, animales parlantes, vida extraterrestre y todo lo que pueda plasmar en un dibujo una imaginación sin freno que ha mamado a chorros de la cultura americana. Y aquí es donde viene a cuento Disney, porque la influencia de la marca del ratón, así como de otras grandes productoras de animación, sobre nuestro idolatrado autor es evidente. Por estas páginas se pasean Mickey Mouse, Betty Boop, Popeye, además de Charlie Chaplin, los Hermanos Marx, Tarzán, los héroes del cine negro y muchísimos más. El propio Tezuka, que se permite de vez en cuando toques postmodernos, como esas referencias que hace un personaje a otro sobre la viñeta que flota sobre ellos, aparece en un cameo final, como si no pudiera estar ausente de ese sentido llamamiento a la paz mundial.

Disfrazada de mero entretenimiento, esta Antología de Osamu Tezuka es mucho más. Quizá el primer capítulo en la historia del manga moderno.

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La guerra de las salamandras, de Karel Čapek

La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandrasEra una salamandra. Ya están aquí. ¡Todo ha terminado!

Y menudas salamandras: inteligentes, organizadas, alienadas como comunidad homogénea… y sí, de un tamaño considerable, feas, cabezota gorda y negra y con un punto de mala leche aprendida que no dudarán en llevar a la práctica. Son la representación simbólica del conformismo ciudadano devorado por el voraz apetito del régimen totalitario y capitalista. Son la más ácida representación de los actos impunes de un sistema erróneo, que pagará caro sus consecuencias. Esto es La guerra de las salamandras, de Karel Čapek, una de las más divertidas, irónicas y espectaculares novelas de ciencia ficción de todos los tiempos.

Decir que he disfrutado leyendo esta novela se queda en poco. Poquísimo. Decir que admiro la calidad de edición del libro resultaría obsceno. Obscenísimo. Libros del zorro rojo ha publicado una novela genial y en un formato que merece el favor de considerarse obra de arte. Si el texto de Čapek es excelente, no menos resultan las ilustraciones que lo acompañan de Hans Ticha, genial ilustrador checo, heredero del Pop Art. Según los datos biográficos del artista, quedó prendado de La guerra de las salamandras cuando tenía diecisiete años y decidió ilustrar la novela. Veinte años después presentó su obra al editor y la novela fue publicada con los dibujos de Ticha. Fue considerado el libro más bello de la República Democrática Alemana en 1987.

La novela se divide en tres actos donde se aprecia la transformación de las salamandras en contacto con los regímenes totalitarios y el crecimiento armamentístico que denuncia el autor en la novela. Desde su descubrimiento, pasando por su estudio y hasta la evolución lógica de unos seres oprimidos que consiguen organizarse y rebelarse, poco a poco seremos testigos del deterioro de un sistema al que se intentó someter a los anfibios.

La primera parte del libro comienza con el descubrimiento por parte de un viejo capitán de barco de una especie de salamandra gigante que vive en una pequeña isla del Pacífico. Aquí se puede encontrar referencias a otras novelas de viajes y aventuras, como puedan ser El mundo perdido, de Conan Doyle o Los mitos de Chtulhu de Lovecraft, por la descripción y ambientación de los acontecimientos en localizaciones paradisíacas. A ello le sigue la presentación de unos seres legendarios que crean inquietud en el lector. El autor nos lleva de la mano a conocer a estos peculiares anfibios. El capitán pronto se dará cuenta de la capacidad intelectual de estos seres de los que se aprovecha para extraer perlas del fondo del mar. Más adelante, considerando las enormes posibilidades que ofrecen estas salamandras como mano de obra, contacta con un empresario para construir diques y realizar obras de gran importancia. Les enseñan a emplear herramientas de trabajo y a hablar, y después les reparten armas para poder defenderse del ataque de tiburones y así poder producir más.

El nivel demográfico de las salamandras fue aumentando considerablemente, así como sus conocimientos. A medida que el humano interactuaba más con ellas, crecía la necesidad de otorgarles derechos laborales, así como leyes que regularan el abuso y explotación de los animales y hasta una religión. Sin consideración alguna acerca de sus sentimientos o derechos, el humano hacía un uso indiscriminado de ellas hasta que la situación empezó a volverse inestable. Superaron en número al humano y necesitaban de espacio para poder vivir, ya que las costas escaseaban. En un acto imprudente del sistema capitalista al que habían sometido a las salamandras, estas se sublevaron y comenzaron a expandirse. La guerra había comenzado.

Es inevitable también la cercanía comparativa con su predecesora La guerra de los mundos, de H. G. Wells. En esta novela, Wells quería disfrazar, bajo el aspecto de unos seres extraterrestres invasores, el riesgo de invasiones de ejércitos extranjeros en caso de guerra, haciendo hincapié en un dato que comparte en común con la novela de Čapek, el aumento armamentístico. La diferencia de esta novela con la de Čapek está en que la del autor checo no ofrece el relato de una invasión fortuita, sino el resultado de unos actos originados por el propio y ambicioso sistema económico, religioso y político occidental.

Sin desgranar más del libro, porque de poco servirá para su deleite; leyéndolo es como uno disfruta en su totalidad, destacan varios puntos positivos: en primer lugar, el discurso periodístico empleado para narrar la historia, al que acompañarán infinidad de artículos y recortes de prensa, panfletos políticos, publicaciones y conferencias donde se exponen los diferentes puntos de vista de expertos sobre las salamandras y un largo etcétera de textos alternativos que convierten la novela en un juego para el lector. Otro de los rasgos elevados es el tono satírico del autor, que emplea el conflicto que empezaba a preocupar tanto a la sociedad en el año en que fue publicada la novela, en 1936, en pleno ascenso del nazismo, con una mezcla de humor y crítica ácida del crecimiento armamentístico y el colonialismo. Las ilustraciones de arte pop de Hans Ticha que destacaba al comienzo y, por último, el capítulo final: la ruptura de la cuarta pared en la que el propio autor mantendrá una reflexión consigo mismo (quizá, el sentir del lector) acerca del desenlace que le espera a la especie humana y a las salamandras.

— ¿Vas a dejar las cosas así?
— […] ¿Crees que yo quería que las cosas acabasen así? Esto es sencillamente la lógica de los acontecimientos.

La obra literaria de Karel Čapek gira en torno a la ciencia ficción social y política en la que la originalidad de sus textos y su contenido le hicieron destacarse junto a otros autores que vendrían después de la talla de Aldous Huxley. Su primera obra teatral, R. U. R. (Robots Universales Rossum), de 1920, marcó un hito en la ciencia ficción, primeramente, por ser la pionera en emplear el término robot en la literatura (aunque este término habría que adjudicárselo a su hermano que es quien lo introdujo). La palabra procede del checo robota, que significa servidumbre. Construyó para su texto dramático un escenario en el que la humanidad dota de sentimientos y razonamiento a los robots para comprobar su respuesta ante el trabajo forzoso. Un ejercicio de reflexión acerca de la esclavitud y la dictadura. Otras de sus obras se mantienen en la misma línea hasta que escribió La guerra de las salamandras, la novela que le catapultaría como una de las figuras literarias más importantes de ciencia ficción.

Esta fábula bien podría emparejarse a la realizada por George Orwell en Rebelión en la granja. De nuevo, en la figura humorística que ofrecen los animales, se desnuda un sistema de vida injusto, en el que para que unos se vean beneficiados, otros deben sufrir las consecuencias. Muchas de estas veces, la moraleja es el descontrol de esos actos que conlleva sus reacciones. La literatura como espejo de la sociedad ayuda a comprender un problema que persigue al mundo industrializado de occidente y que a estos autores no pasa desapercibido. La máscara que otorga el arte literario esconde la intención de llegar a la verdad a través de la belleza estética que envuelven los textos del escritor. En todos estos casos, la ciencia ficción siempre se ha visto muy ligada a la denuncia social y política. Sirva esta novela, acompañada de una cuidada edición, como útil de reflexión y deleite para cualquier lector que se proponga pasar unas divertidísimas horas de lectura.

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La reliquia, de Eça de Queirós

La reliquia

La reliquiaHay libros que siempre recordamos con cariño. Para mí, uno de ellos es El crimen del padre Amaro, la obra con la que descubrí al escritor portugués Eça de Queirós. La leí durante un viaje en tren y la historia enseguida me atrapó. Porque a mí me gusta leer —es evidente, ¿no?—, pero con la mayoría de libros, después de unas decenas de páginas, me apetece hacer otra cosa. Sin embargo, con aquel no podía parar de leer. No quería que el tren llegara aún a su destino. No quería que esa historia llegara a su desenlace. Así que si todavía no habéis leído El crimen del padre Amaro, os lo recomiendo encarecidamente, de verdad. Que su pésima adaptación cinematográfica —solo he visto el tráiler, pero con eso me basta para saberlo— no os haga descartar el libro.

De aquella lectura hará unos tres años y tenía ganas de volver a disfrutar de la prosa de Eça de Queirós. Y me ha surgido la oportunidad con la reciente publicación de La reliquia, de la mano de la editorial Akal, en su colección Clásicos de la Literatura.

La reliquia, publicada por primera vez en 1887, narra una historia diferente a la de El crimen del padre Amaro, pero el trasfondo de ambas es el mismo: una crítica irónica a la obsesión por la religión y a la hipocresía de aquella época. En el caso del libro que nos ocupa, La reliquia, el protagonista es Teodorico Rasposo, que nos cuenta su vida junto a su tía materna, doña Patrocínio das Neves: puritana, beata y adinerada. Aunque Teodorico se esmera en aparentar que es un hombre devoto y casto para seguir disfrutando del peculio de su tiíta, lo cierto es que le pierde la lujuria y el alcohol de las tabernas. Pero para que su futura herencia no peligre, se ve obligado a viajar a Oriente, en busca de una reliquia que provea a su tía de una larga vejez sin enfermedades ni dolores. Ni que decir tiene que eso no será lo único que haga en su travesía y que la colección de reliquias que atesore solo sumará una farsa más a su vida.

La presente edición de La reliquia incluye una extensa introducción que analiza la obra y la trayectoria de Eça de Queirós dentro del contexto literario y social de su siglo. Pero recomiendo leerla al finalizar la lectura por dos motivos. El primero, porque desvela demasiado sobre la trama. Y el segundo, porque el pormenorizado análisis seguro que enriquece la visión que cada uno de nosotros hayamos extraído de la lectura.

A veces, los lectores no nos planteamos nada que vaya más allá de la historia leída, pero, en clásicos como este, las introducciones resultan indispensables para tomar conciencia de lo una determinada obra supuso en el momento en el que fue escrita. En este caso, La reliquia es una muestra de cómo Eça de Queirós se unió al orientalismo que predominaba en la cultura europea del siglo XIX. Al trasladar a su protagonista a ese escenario, recreó un Oriente que contribuyó al imaginario que Europa se formó sobre aquellas tierras. Además, aunque la obra se enmarca en el realismo-naturalismo que predominaba en la literatura del siglo XIX, Eça de Queirós introdujo un capítulo de fantasía, en el que Teodorico viaja en el tiempo para ser testigo de la Pasión de Cristo. Una muestra de cómo el escritor exploró los límites literarios y abrió camino a muchos otros. De ahí que sea uno de los autores referente del siglo XIX.

Si bien La reliquia no me ha cautivado tanto como El crimen del padre Amaro, ha sido un placer leer otra afilada sátira de Eça de Queirós. Pocos han sabido poner en evidencia como él las contradicciones, sombras e hipocresías de su sociedad. Seguro que repetiré.

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Lincoln en el Bardo, de George Saunders

Lincoln en el Bardo

Decir que George Saunders ganó el Man Booker Prize en 2017 con eLincoln en el Bardosta, su primera novela, sería injusto. Lo cierto es que el autor norteamericano ya contaba con la experiencia y la técnica necesaria para hacerse con el galardón. Libros como Diez de diciembre o Pastoralia, lo convirtieron hace algunos años en el rey del relato corto. Su mordacidad y su capacidad para provocar extrañeza desde lo cotidiano, le han valido numerosas menciones y reconocimientos. Sin embargo, ¿qué hay de todo eso aquí? Advierto desde el principio que el salto cualitativo es brutal. Si te gustaron sus relatos, vas disfrutar muchísimo de esta novela. Si nunca has leído a Saunders, esta es una carta de presentación como ninguna otra. Dicho todo esto sólo queda preguntarme ¿es esto en realidad una novela? Desde luego no lo es en el sentido convencional del término, pero con George Saunders nunca lo es.

Estamos en 1861, el primer año de la guerra civil norteamericana. Tras un aluvión de críticas ante la mala gestión llevada a cabo por el presidente Abraham Lincoln, éste se enfrenta a uno de los episodios más oscuro de su vida: la muerte de su hijo Willie, de once años. La noche del entierro Lincoln vuelve al cementerio de Oak Hill, para sacar el cuerpo de su hijo del féretro y sostenerlo por última vez. Es en este episodio nocturno donde se expande toda la novela y la lleva hasta el extremo más posmodernista. Hay una ausencia total de narrador para guiarnos por el libro. Tenemos, a cambio, la perspectiva de todas las vidas en suspensión que pueblan el cementerio para ir narrándonos lo acontecido en esa noche histórica. Entre ellas la de Willie, que en su absoluta ingenuidad se niega a aceptar el hecho irrefutable de estar muerto. Y es de esa negación donde surge el escenario del Bardo, un plano de transición entre la vida y el más allá que tiene sus orígenes en el budismo y que Saunders utiliza para dar rienda suelta a sus personajes y forjar una mitología propia.

A la construcción fantasmagórica del relato, se le suma otra capa. En el transcurso de la historia encontramos un sinfín de citas históricas en las que nos cuentan de primera mano cómo fueron los días en los que la tragedia golpeó a la familia Lincoln. Una ristra de comentarios, algunos verídicos y otros surgidos de la imaginación de Saunders, que consiguen darnos una visión fehaciente de la opinión pública del momento. La anulación del narrador, sumada al coro de voces y a estas notas, no hacen más que aproximarnos a la idea más sólida, que no por ello perfecta, de verdad. Otorgándole a lo sucedido la capacidad poliédrica de contener todos los puntos de vistas, incluso aquellos que mienten, se contradicen o ocultan algo. Todo suma en esa idea de verdad que dista del viejo relato unidireccional e irrevocable.

Lincoln en el bardo es una novela que no podría haber sucedido en otro momento de la historia. Es una hija de su tiempo, del hoy más inmediato. La correlación de testimonios y la forma de interpelarse entre sí, se asemeja sin ningún tipo de pudor a la idea de documental. Y digo documental y no ensayo, ya que las interferencias e interrupciones de los participantes convierten esta historia en un artefacto casi audiovisual. La fuerza de las imágenes, la brevedad de ciertos momentos y la aparente falta de constricciones convierten a la novela en un producto propio de una era digital y líquida. Y George Saunders consigue hacer todo esto sin salirse del formato más analógico que conocemos: un libro.

Hay en toda la obra de Saunders una denuncia hacia la deshumanización. Hacia la pérdida continuada de los rasgos que nos ennoblecen como especie.  En su primera novela consigue evolucionar esta crítica realizando una transición desde la mordacidad hacia la empatía. Saunders realiza el ejercicio de ponerse en el lugar del otro más ambicioso llevado a cabo por la literatura contemporánea. No escatima en recursos para hacernos entender la verdad de los demás. He de decir que aun siendo numerosas, todas son pertinentes. Nos coloca dentro, literalmente, de sus personajes y nos abre los ojos ante un dolor que todos podemos comprender si prestamos la suficiente atención.

La pérdida y la segundas oportunidades. Negar lo evidente por miedo a lo desconocido. Y dejar ir. Lincoln en el Bardo contempla cada una de estas posibilidades para llevarlas a un nuevo estadio. Nos obliga a entender que el tiempo es finito en términos biológicos, pero que juega con otras reglas cuando el reloj se sumerge en nosotros. Saunders nos recuerda que dentro de cada uno hay espacio suficiente para multitudes, fantasmas o para aquellos a los que no pudimos decirles adiós cuando llegó el momento de hacerlo.

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El peligro de la historia única, de Chimamanda Ngozi Adichie

el peligro de una historia única

el peligro de una historia única¿Se nota que me encanta Chimamanda Ngozi Adichie? Lo digo porque El peligro de la historia única es el quinto libro que voy a reseñar de ella en Libros y Literatura en poco más de un año. La descubrí con Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, la carta que le dedicó a una amiga y que, más que un mapa del feminismo, es un mapa para la vida, con directrices de puro sentido común para educar a niños y niñas en el respeto hacia sí mismos y hacia los demás.

Quedé tan encantada con este primer acercamiento que quise conocer su vertiente novelista, y leí, una detrás de otra, las tres novelas que ha escrito hasta ahora: La flor púrpura, donde habla de la construcción de la libertad y de la identidad durante el paso de la adolescencia a la edad adulta; Medio sol amarillo, en la que retrata el efímero país de Biafra y el conflicto bélico que lo derrumbó y Americanah, una historia divertida y sin pelos en la lengua en la que cuenta el día a día de una inmigrante nigeriana en Estados Unidos. Y Chimamanda Ngozi Adichie me dejó sin palabras, porque cada novela me pareció aún mejor que la anterior. Qué maravilla de escritora. Así que, tras unos meses de barbecho, por fin me reencuentro con ella, esta vez leyéndola en su faceta divulgadora: la transcripción de su primera charla TED, El peligro de una historia única, recién publicada por Literatura Random House.

No me extenderé explicando de qué va esta charla, ya que es bastante corta y hacerlo sería contárosla entera. Y no pienso hacerlo, porque eso os quitaría el gusto de enteraros a través de las palabras siempre certeras y cercanas de esta autora. Me limitaré a deciros que Chimamanda Ngozi Adichie relata varias anécdotas personales para ejemplificar con total claridad el peligro de una historia única.

Quizá os preguntéis que es eso de una historia única. Pues es simplemente convertir una visión parcial, ya sea sobre una persona, un grupo social, un país o un episodio histórico, en la historia definitiva. Y Chimamanda Ngozi Adichie nos demuestra que vivimos contaminados de esas historias definitivas, que limitan nuestra percepción de la realidad, siempre reducida a estereotipos.

Junto a la transcripción de la charla TED, la presente edición de El peligro de la historia única incluye «Las historias de una idea», un artículo de Marina Garcés, la traductora, en el que reflexiona sobre el texto de la escritora nigeriana y nos anima a desviarnos de los lugares comunes de la cultura para propiciar otros encuentros. Un complemento perfecto, que hace que la lectura sea doblemente gratificante. Entre ambas partes apenas suman cincuenta páginas, pero os aseguro que pocas veces una libro tan breve os resultará tan intenso y revelador.

Así es la inspiradora Chimamanda Ngozi Adichie, una narradora excepcional que nos demuestra el peligro de ciertas historias y el poder inmenso de tantas otras. Si aún no la conocéis, no sé a qué estáis esperando. Una vez que Chimamanda os abra los ojos, ya no podréis cerrarlos de nuevo.

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Videorreseña: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

Cuando me di cuenta de que este proyecto, el de crear un canal de YouTube, era real, una sola pregunta rondaba por mi mente: ¿qué libro será el que escoja para que se convierta en el primer libro videorreseñado del canal? No lo tuve que pensar demasiado, lo tuve claro al instante: mi mente se dirigió sin vacilación a La insoportable levedad del ser, una novela que se convirtió en una de mis favoritas desde el momento en que la empecé.

En este vídeo os cuento su argumento y, especialmente, los motivos por los cuales no puedo parar de recomendar esta obra. Para empezar el canal necesitaba un libro del que pudiera hablar sin tener que pensármelo dos veces, así que esta era mi mejor opción. Y todo ello porque simplemente marcó un antes y un después en mi vida como lectora. Será por su historia tan desgarradora, por ese amor atípico en el que la toxicidad es una vieja amiga, por el dolor de vivir una guerra, de los escenarios tan bien dibujados… será por las decenas de frases que se quedaron grabadas en mi mente. Será una mezcla de todo eso lo que hizo que yo haya decidido empezar este canal con este libro. Sí, será eso.

Así que sin más dilación, os invito a que me acompañéis en esta aventura y le echéis un vistazo a este nuevo proyecto que tenemos entre manos y que empieza así, con una de mis historias de amor preferidas.

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De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris

De matasanos a cirujanos

De matasanos a cirujanosNo sé si vosotros hacéis como yo, que cuando estoy leyendo un libro que me encanta no paro de contar los detalles que más llaman mi atención a la gente que tengo a mi alrededor. El último con el que me ha pasado es De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris. Como, por desgracia, mi entorno no es muy (nada) lector, no hacían caso a mi entusiasmo, así que además de darle la tabarra a ellos, lo recomendé varias veces por mis redes sociales. Pero como todavía no me he quedado a gusto, vengo aquí para explayarme con vosotros, contándoos por qué me ha gustado tanto y aconsejándoos que no lo dejéis pasar, ¡es apasionante!

¿De qué va De matasanos a cirujanos? Pues el resumen perfecto es su propio subtítulo: «Joseph Lister y la revolución que transformó el truculento mundo de la medicina victoriana». Se podría decir que es una biografía sobre el cirujano inglés Joseph Lister, pero en este libro no solo se habla de su vida y logros, sino de la influencia que tuvieron en él otras figuras como Liston, Sharpey y Syme. Todos ellos contribuyeron a convertir la denostada profesión de cirujano (que se consideraba un trabajo manual al estilo de un cerrajero o un fontanero) en la que hoy en día es la carrera más admirable a la que se puede dedicar una persona.

Yo soy lega en cuestiones de medicina, sin embargo, no era la primera vez que oía hablar del papel transcendental que desempeñó Lister. Supe de él gracias a la magnífica reseña de El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald, que escribió Borja Merino Ortiz  en Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas. La frase «Antes, las quejas y gritos de los pacientes llenaban los quirófanos. Un buen cirujano necesitaba un cuchillo afilado y nervios de acero para minimizar el tiempo de la operación» me impactó, y apunté El siglo de los cirujanos en mi lista de futuras lecturas. Pero, afortunadamente, De matasanos a cirujanos se ha cruzado pronto en mi camino y he podido adentrarme ya en el terrorífico mundo de la medicina y cirugía del siglo XIX.

Todo lo que se cuenta en este libro pone los pelos de punta. Lindsey Fitzharris no se corta en describirnos amputaciones, huesos astillados, heridas de apuñalamientos o mastectomías con todo lujo de detalles. Imagino que esas escenas tan escabrosas son uno de los principales atractivos para algunos lectores (como es mi caso), pero pueden ser también los que disuadan a otros de leerlo. Lo comprendo, claro; sin embargo, no quisiera que eso tirara para atrás a nadie: la prosa fluida y no exenta de humor de Linsey Fitzharris hace que se pase el mal trago con gusto. Además, la ambientación histórica está tan bien lograda y se aprende tanto, que es imposible no fascinarse con este relato de uno de los periodos estelares de la medicina.

Lindsey Fitzharris arranca su recorrido histórico hablando de las primeras intervenciones quirúrgicas que se hicieron con anestesia. Estas, lejos de suponer una mejora, derivaron en un repunte de la mortalidad, ya que al volverse indoloras, eran cada vez más invasivas y, por tanto, la probabilidad de infección durante el postoperatorio aumentaba. Ahí es donde entró en juego el protagonista de esta biografía, Joseph Lister, que dedicó su vida a descubrir las causas y la naturaleza de las infecciones.

Con los conocimientos que en la actualidad tenemos hasta las personas de a pie, resulta sorprendente que en aquella época la comunidad médica no le diera ninguna importancia a la asepsia y pasaran de hacer una autopsia a atender un parto sin ni siquiera lavarse las manos. Hábitos que no solo ponían en peligro a los pacientes, sino a los propios médicos, que ejercían su profesión siendo conscientes de que podían perecer en cualquier momento. Pero que unos seres invisibles (los gérmenes) fueran los causantes de sus desgracias les parecía fantasía, y Lister tuvo que perseverar mucho para convencerlos de que implantando el método científico en la práctica médica podrían vencerlos. La reticencia de los médicos veteranos no se debía a la ignorancia, sino más bien al ego, pues como apuntó uno de los asistentes de Lister: «Un nuevo y gran descubrimiento científico siempre es capaz de dejar tras de sí una larga estela de reputaciones mutiladas entre los que fueron campeones de un método más antiguo. Es duro para ellos perdonar al hombre cuyo trabajo ha hecho irrelevante al suyo».

Lister, el hombre que defendió la importancia del microscopio en la investigación científica, que impulsó nuevos métodos en la docencia médica, que inventó múltiples aparatos quirúrgicos, que interiorizó los descubrimientos de Pasteur para salvar vidas y contribuyó a que los hospitales dejaran de ser casas de la muerte para ser casas de la curación, merecía una biografía tan épica como la que le ha dedicado Linsey Fitzharris.

¿Qué más puedo decir yo para que leáis De matasanos a cirujanos? No sé. Al menos espero haberos dejado claro que este libro se cuela en mi lista de favoritos del año y que no me cansaré de recomendarlo a todo aquel que me quiera escuchar.

@EstherMagar

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