
La palabra que me viene a la mente cuando quiero describir lo que me sucede al empezar una lectura es la siguiente: emoción. Luego, por diferentes cuestiones, puede ser que lo que estoy leyendo termine por convertirse en un auténtico bochorno o que, por el contrario, se convierta en una lectura tan entretenida y llena de velocidad, que uno piense: joder, qué rápido se termina lo bueno. Todo esto viene porque la segunda de las opciones es lo que me ha sucedido con Civil War II 1. Creo que hacía tiempo que un número uno de una serie no me hacía pasarlo tan bien. Me he tragado series enteras, con sus colecciones adyacentes, que no han conseguido hacer que me entusiasme a la hora de leer y ver cómo iba en el metro deseando que no llegara mi parada para poder seguir leyendo – andar y leer no se llevan bien con mi cuerpo – es una de esas suertes que uno tiene a veces por poder compartirlo con los demás. Y es que si en la reseña del preludio a este número hablaba de ponernos en situación, en este primer tomo, o primera grapa, o como queráis llamarlo, todo es tan vertiginoso que, aunque pueda parecer que lo que se nos presenta no es todo lo novedoso que se esperaba, a mí me ha hecho reconciliarme de alguna manera, por muy poco que sea, con esas tardes que pasaba en mi casa devorando todas las novedades mensuales deseando saber qué es lo que sucedía en mis cómics favoritos. Eso ya vale todo lo que uno se pueda imaginar.
Hay que alabarle el gusto – aunque sea por una vez – a Brian Michael Bendis. Recuerdo que cuando leí Invasión secreta me cabreé, y me prometí a mí mismo que no volvería a caer. Pero supongo que el hype es mucho mayor a veces y que uno tiende a caer en los mismos errores una y otra vez hasta que, sin saber muy bien por qué, da en la diana en el momento oportuno. La historia que nos presenta tiene un resumen en la pregunta que se publicita desde el principio: ?proteger el futuro o cambiarlo? ¿Quién no ha pensado alguna vez en lo que sucedería si pudiera saber lo que va a suceder? ¿Lo cambiaría o lo dejaría tal y como está? Esa es la disyuntiva a la que se van a enfrentar Iron Man y la Capitana Marvel. No hay bandos todavía, simplemente nos ponemos en la casilla de salida después de que uno de los personajes de la serie sea aniquilado y la cuerda empiece a tensarse. Es difícil hablar de un cómic de estas características sin dar ningún detalle que estropee el momento de leerlo. Me muerdo la lengua para no gritar a los cuatro vientos lo que sucede en él, pero no debo. Sólo unas breves pinceladas que den lugar a que más de uno se acerque a su universo y que descubra que, por una vez – pongámosle en cuarentena al menos en este número -, Bendis ha vuelto a lo que debería haber dejado jamás: entender lo que quieren los lectores y no en lo que él quiere.
Un número, en resumen, muy jugoso. No sólo por su guión que, aunque no lo parezca, bebe de muchas otras referencias del universo Marvel, sino también por lo que para mí ha sido la gran sorpresa: el dibujo. No me lo esperaba. Una combinación perfecta entre lo que se nos cuenta y lo que vemos, un detalle muy alentador el que nos propone David Marquez y que consigue atrapar a aquel que lo lee. ¿Es posible que estemos ante un nuevo rumbo de la industria, y esta vez en positivo? Alejándonos un poco de aquellas historias donde prima la acción y la explosión por doquier, este número más contenido – salvo en su inicio, pero todos sabemos que tanto en los cómics como en las películas de este tipo, necesitamos una buena batalla para centrar nuestra atención – y centrado en el germen de lo que va a ser el conflicto de la temporada, se agradece en estos tiempos donde las malas ideas reinan por todos lados. Y ojo, digo “malas” y no “nuevas” porque está claro que lo que aparece en Civil War 2 1 es una vuelta a los orígenes y a lo que lo empezó todo. Ahora, después de que uno haya llegado a la última página de este volumen, sólo le queda preguntarse lo que sigue que es lo que hará que siga la colección completa: ¿de qué bando estás tú?

Todos aquellos que hayan sido, sean o pretendan ser, seguidores de las sagas a las que Marvel nos tiene acostumbrados han oído, oyen u oirán la siguiente frase: “empieza con Civil War, y prepárate para que te explote la cabeza del gusto”. Obviamente esto es lo que escuché yo cuando empecé en esta andadura del mundo de los cómics, pero se entiende lo que quiero decir. Creo que nunca un evento causó tanto furor en el imaginario colectivo de fans de este género. Supuso una ruptura con casi todo lo que habíamos leído; puso sobre las cuerdas a dos de los personajes – Iron Man y el Capitán América – más irónicos del mundo marvelita y sentó las bases de lo que estaba por llegar – aunque, en mi opinión, no hayan tenido la misma repercusión ni el mismo trasfondo, salvo honrosas excepciones -. Y si bien es cierto que siempre he dicho que los tiempos están cambiando, también es muy cierto que el hombre, los guionistas, los editores, saben perfectamente que “si algo funciona, ¿por qué vas a dejar de hacerlo?”. Y así, tiempo después, se nos presenta una nueva guerra civil, o al menos en este Civil War II 0, un preludio de aquello que nos quiere prometer que todo lo que conocíamos va a cambiar – aunque esté cansado de escuchar esta frase todavía me sigue poniendo los nervios a flor de piel por si realmente sucede – y que deja a las claras algo que ya había supuesto: lo que nos gusta que nuestros superhéroes favoritos peleen entre ellos.
Mi maravilloso recorrido por la vida de Jessica Jones como Alias –más tarde Bendis la resucitaría en una nueva serie llamada The Pulse fuera ya de los no-límites de Max, la línea editorial de Marvel para adultos– toca a su fin con este libro, Jessica Jones 4. Origen secreto. Algo que comenzó, como las mejores aventuras, por mera y simple curiosidad, y que terminó convirtiéndose en toda una pequeña adicción. No exagero. Como en uno de esos romances de verano que acaban precisamente como empiezan, no hay forma de detener su lectura hasta que se agota definitivamente. Después lo que queda es una tenue sonrisa. Un brillo. Si hay suerte, algo que recordaremos el resto de los veranos de nuestras vidas.
Hubo un tiempo en que Jessica Jones pudo haber sido Jessica Drew. Similitudes, al menos, no le faltaban. Como aquella, la que fuera Spiderwoman también abandonó la capa en favor de una vida como detective privada. De hecho, fue precisamente ese el punto de partida que 
Quizás no lo sepáis aún, pero Jessica Jones probablemente sea todo lo que estabais buscando. O al menos debería. La otrora superheroína, que desde luego no se deshace con un whisky on the rocks, repite fórmula con su segundo volumen, editado por 
Es difícil no enamorarse de Jessica Jones como concepto. Una superheroína derrotada, de carne y hueso, con la lengua afilada y demasiados descosidos, que no sabe muy bien qué hacer con sus superpoderes, aunque aparentemente los tenga, y que ha colgado su capa a cambio de unos pantalones y una cazadora. Ella, una especie de antiheroína con baja autoestima que fuma, bebe y se pasea a pie de calle, no se oculta ni se siente invencible. De hecho, a veces también tiene miedo, a ratos no encuentra su sitio y por momentos solo necesita algo qué sentir.