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El guardián de los objetos perdidos, de Ruth Hogan

El guardián de los objetos perdidos

El guardián de los objetos perdidosSeguro que aún te acuerdas de aquello que perdiste un día, sin saber cómo ni dónde, y te dio mucha rabia. Y no me refiero a ese teléfono móvil que te había costado una pasta, ni a cuando te desapareció la cartera y te tocó anular las tarjetas y sacarte otra vez el DNI, no. Estoy hablando de aquella vez que perdiste ese objeto que para ti era irremplazable por su valor sentimental. ¿Te imaginas que lo recuperaras muchos años después? ¿A que el corazón te daría un vuelco de la alegría? Pues de esa idea nace la novela El guardián de los objetos perdidos, de Ruth Hogan.

Por un lado, tenemos a Anthony Peardew, un escritor que vive en una mansión de Padua y custodia los objetos perdidos que se ha encontrado a lo largo de los años (un guiño directo a san Antonio de Padua, patrón de los objetos perdidos), siguiendo el legado que le dejó Therese, su gran amor. Esos fragmentos de vidas ajenas que ha ido atesorando en su hogar le han servido de inspiración para crear sus cuentos (que vamos leyendo a lo largo de la novela); al principio, con finales felices, después, cada vez más sombríos. Pero a Anthony se le acaba el tiempo y contrata a la persona adecuada para cumplir la misión que le encomendó Therese: devolver cada objeto extraviado a su respectivo dueño. Así es como Laura, divorciada y en plena crisis existencial, hereda la mansión de Padua repleta de objetos de todo tipo (una pieza de puzle, un coletero, una pulsera de la amistad, un paraguas de corazones rojos, una caja de galletas llena de cenizas humanas…); con Freddy, el jardinero atractivo, y Sunshine, la vecina adolescente con un don muy especial, incluidos en el paquete que da un giro a su vida.

Por otro lado, conocemos a Bomber, editor, y Eunice, su ayudante, que aunque no son pareja, están hechos el uno para el otro. Y no me puedo olvidar de la impertinente Portia, la hermana de Bomber, que no para de plagiar descaradamente clásicos de la literatura universal  para intentar que su hermano le publique un libro; personaje que le sirve a la autora para colar una sátira del mundo editorial y de la literatura de consumo rápido.

Con todos estos elementos, Ruth Hogan escribe una historia de amor y pérdida, de vida y muerte y, sobre todo, de redención. Destaca el sentido del humor que destila cada escena, incluso las dramáticas, y la construcción de los personajes, que saben qué teclas tocar en el lector para conectar y resultar entrañables.

No sé si es muy aventurado por mi parte catalogar este libro como chick lit, ya que no soy asidua al género romántico ni a sus derivados, por lo que desconozco sus entresijos; pero lo que sí puedo asegurar es que El guardián de los objetos perdidos es de esas novelas que te sacan una sonrisa en cada página y que desde el principio sabes que va a acabar bien, porque esos adorables personajes no se merecen otra cosa. Una lectura perfecta para meter en la maleta y desconectar en verano. Y, por qué no, para soñar que en algún lugar existe de verdad ese guardián de objetos perdidos y que un día nos hará reencontrarnos con aquello que perdimos y que recordamos con tanto cariño.

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Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia, de José María Lloreda

Lo que nadie te contó sobre la maternidad el parto y la lactancia

Lo que nadie te contó sobre la maternidad el parto y la lactancia

Aviso: Este libro NO va de lo que parece. Seguro que piensas que son consejos para embarazadas, que con esa portada y ese título es más que evidente, y no te culpo por creerlo. Me temo que muchos lectores se alejarán de él por ese motivo. Pero de verdad que no. Si hablara de ese tema, yo no lo hubiese leído. Digamos que no estoy en «ese momento» de mi vida. A mí me interesó Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia por el subtítulo, ese que aparece en letra pequeña debajo de la barriga con carita feliz: «Historias curiosas, increíbles, disparatadas pero ciertas, sobre el embarazo, la lactancia y el cuidado de los bebés». Y como me encantan las historias que se salen de lo común, allá que me aventuré a leer este anecdotario escrito por el pediatra José María Lloreda.

Reconozco que me dio un poco de vergüenza leerlo en público, no fuera a darme la enhorabuena alguien. ¿Cómo se iba a imaginar la gente que yo estaba leyendo sobre mujeres que parían conejos, siameses que vivían durante años con su hermano fallecido a cuestas o historias rocambolescas sobre santos y mitología? Y es que, repito, esa portada no le hace justicia al libro. Hasta creo que si una embarazada lo compra, puede llevarse un susto. Pero que tampoco lo descarte, pues aprenderá muchas cosas de la mano del doctor Lloreda, y se divertirá, eso seguro.

José María Lloreda habla de embarazos, partos y niños, sí, no lo niego, pero lejos de marcar pautas a las futuras mamás, lo que hace es recopilar explicaciones mágicas que se han transmitido de generación en generación para tratar de entender aquellas cuestiones a las que la lógica no daba respuestas por aquel entonces. Y, de paso, demuestra cómo aún perduran vestigios de aquellas creencias en la actualidad. Porque quién no ha oído que hay trucos para asegurar el sexo del bebé; que los antojos no satisfechos causan manchas de nacimiento; que hay que evitar que la embarazada sufra estrés o una fuerte impresión porque se lo transmite al feto; que lo bebés sufren de gases o que a los prematuros se les deja ingresados para que engorden.

Es asombroso descubrir los remedios, a cada cual más alocado, que se han puesto en práctica durante mucho tiempo: enemas de humo de tabaco para reanimaciones, comer piojos para curar la tiricia, alimentar a los niños con excrementos de mosca para que dejen de llorar, montar en un burro nueve veces para curar la tosferina, tatuar a los recién nacidos para evitar cambiazos… O la costumbre de la covada, practicada en el norte de España hasta principios del siglo XX, que consistía en que fuera el padre el que se quedaba en la cama para recibir las atenciones y establecer vínculo con el bebé, mientras la recién parida se reincorporaba de inmediato a los quehaceres cotidianos. Hoy en día, estas prácticas nos hacen reír o nos escandalizan, pero cuántas cosas estaremos haciendo ahora que dentro de unos años otros consideran igual de raras.

Quiero hacer una mención aparte a «Oda al chiquipark», un capítulo memorable, que se sale un poco de la tónica general de Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia y que no desentonaría en absoluto en El club de la comedia. Y es que en el tramo final del libro, Lloreda abre el abanico de temas y hace relucir, todavía más, su extraordinario sentido del humor.

A través de supersticiones, hechos reales y casos que él mismo ha tratado como médico, José María Lloreda nos sorprende, nos divierte y nos instruye, al estilo de Eslava Galán, autor al que menciona alguna que otra vez. Por eso, Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia será del gusto de los lectores curiosos que quieran pasar un buen rato. Así que si tú eres uno de esos lectores, no te dejes engañar por el título y la portada, por favor, y lee este libro. Te aseguro que lo pasarás en grande.

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Raros, torpes y hermosos, de Raúl Jiménez

raros torpes y hermosos

raros torpes y hermososDe entre la maraña de libros que salen al mercado, ya no cada mes o cada semana, sino cada día, es fácil que se nos puedan pasar por alto auténticas joyas de la literatura y más que de cualquier otra de la literatura breve. Sin embargo, algo había en el libro de Raúl Jiménez que llamaba poderosamente la atención. Es cierto que un libro no debe juzgarse por la portada, pero en esta ocasión la portada con la inocente, tierna y única imagen de un conejo mutante con tres ojos, como salido del río cercano a la central nuclear de Springfield, y actitud juguetona, creo que define muy bien el percal de lo que vamos a encontrarnos en el interior. Así pues, editorial, primer objetivo conseguido: no se nos ha escapado.

Lo siguiente es querer saber de qué demonios irá un libro presentado así, aunque se puede intuir. Raros, torpes y hermosos es una colección de cuentos de lo más variopinto y extraño. Cuarenta y cuatro cuentos o relatos de extensión muy corta (los hay incluso de cinco líneas) que empiezan de una manera apacible, cotidiana, a partir de una frase cualquiera, pero de los que no puedes imaginar el giro final, ese que te dejará con el culo torcido. Y eso que, cuando ya llevas leídos unos cuantos y ya vas prevenido, puedes intentar adivinar el desenlace. Pero no. Se quedará en un mero y burdo intento porque el cabrito de Raúl Jiménez sabe lo que estás pensando y te va a coger del moflete y te va a decir “no, no, no, creías que iba a pasar x pero lo que va a pasar no es y, y ni siquiera es z, porque tengo un abecedario nuevo y lo que va a pasar es aa”.

En cuanto a la temática, hay de todo, como en las tiendas de chinos, pero desde el prisma realista en su mayoría. No hay ciencia ficción ni fantasía (salvo en el cuento La taberna). La comprobación de la inmortalidad de un hombre, una casa de huéspedes, una extraña comunidad de vecinos, un pueblo en el que todos son taxistas, celos de un padre hacia su hijo recién nacido, los cuidados de los mayores de la familia, los avatares de un sicario, psicópatas coleccionistas, ricachones enfermizos que no leen telegramas… Todo se narra con una naturalidad increíble, como si lo que nos estuviera contando sucediera a consecuencia de una serie de hechos lógicos, que derivan, a pesar del resultado en un final impensable pero coherente y sorprendente a la vez.

Y como en toda colección de relatos siempre hay algunos que te gustan más que otros, estos son mis favoritos:

El inmortal: en el que un pintor aseguró hace tiempo que no moriría nunca y el narrador le sigue la pista para comprobarlo.

La casa de huéspedes: un misterio desvelado.

Nuestro pueblo: el del pueblo de taxistas en el que… no, de este no cuento más.

El bebé: o los celos enfermizos del padre hacia el bebé con un inesperado desarrollo.

El puré: o de cómo tratar bien al suegro.

La abuela: este da miedito y me voy a permitir copiarlo, ya que incluso viene impreso en la contraportada:

“La abuela había sido maestra. Así que a mamá le pareció lo más adecuado que fuera ella quien nos enseñara a leer. Papá al principio protestó: ¡Pero si está muerta! Luego mamá le mostró la güija y el pobre papá se quedó sin argumentos”

Buenos vecinos: ¿se puede echar de menos no hablar del tiempo con nadie en el ascensor?

Halloween: corto, pero intenso, triste y aterrador también.

La taberna: en dónde un extraño personaje se pregunta el porqué de que el tabernero siga con su mujer.

El llanto: a falta de conversaciones en el ascensor…

Despedida: este es muy bueno. ¿Sabéis realmente si conocéis a todos los integrantes de vuestros grupos de WhatsApp? ¿Seguro? ¿A todos? ¿No se os ha infiltrado nadie?

Primer ejercicio de redacción…: el título es muuuuy largo. Es el último y también es algo más largo, pero es una gozada también. La gerontofilia y sus problemas.

Que conste que quedarme con estos no quiere decir que los demás sean malos. Para nada. Estos son los que más destaco porque por una u otra razón me han llegado o gustado más, pero en líneas generales todos son buenos, todos están muy bien escritos y estructurados, todos consiguen meterte de inmediato en la respectiva historia y provocarte extrañas reacciones y, por supuesto, todos merecen ser leídos e, incluso, releídos.

Rarezas, extravagancias y humor, humor negro, miedo (sí, acostumbrémonos a decir miedo cuando se parece al terror pero no lo es), tiñendo el día a día en sus muchas formas es lo que nos podemos meter en vena con esta excelente y variada colección de cuentos.

Un libro diferente de una recién creada editorial, Sala 28, a la que animo a seguir con proyectos tan frescos y estimulantes como este Raros, torpes y hermosos.

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Cable y Masacre: Si las miradas matasen, de Fabian Nicieza y Patrick Zircher

cable y masacre si las miradas matasen

cable y masacre si las miradas matasen¡Hola colegas! Mi nombre es Wade Wilson aunque cuando me enfundo mi traje de spandex rojo, ese que abraza mi cuerpo y marca obscenamente mis glúteos, ese que me hace tan sexy, todos me conocen como Deadpool; en los países hispanohablantes, que gozan de unas dotes sobrehumanas, diría que casi mágicas, a la hora de traducir, me llaman Masacre.

Tal vez os estéis preguntando dónde está el chaval flacucho que acostumbra a escribir las reseñas. No os preocupéis, sigue vivo. Tras amordazarlo y atarlo de pies y manos lo he encerrado en el armario. Oigo sus jadeos. ¡Oye chaval, espero que no estés practicando asfixia autoerótica, ya viste como acabó el tío de Kung Fu! Digamos que nuestra disputa se ha ocasionado por tener diferentes puntos de vista sobre cómo se debía proceder con la reseña del cómic en el que comparto protagonismo con el tío del ojo que brilla. Mientras él quería hacer algo similar a Marvels de Kurt Busiek o La Visión de Tom King yo solo quería amordazarlo, meterlo en el armario, buscar un poco de porno en el ordenador y cascármela. Pero oye, esto de contar de qué va el cómic en el que soy el héroe absoluto (bueno, Cable también tiene su cuota de protagonismo como secundario gracioso, ¿o ese soy yo?) tampoco está tan mal.

Nathan y yo tenemos pocas cosas en común pero las que compartimos son tan trascendentales que casi nos convierten en almas gemelas; igualitos que las gemelas Olsen. Por ejemplo: ambos fuimos cocreados por el historietista californiano Rob Liefeld; hecho que resulta la prueba irrefutable de que una sobrexposición al sol puede freírte las neuronas. Después de que tuviéramos unos inicios prometedores nuestra trayectoria empezó a flojear y acabó por desinflarse; situación que un puñado de viagras no iba a solucionar. Por suerte, las mentes pensantes de La Casa de las Ideas no tardaron mucho en encontrar una solución. Esfuerzo que por esta vez no implicó consumir sustancias ilegales. La suma de dos personajes que por separado no gozaban de una gran popularidad tenía que dar como resultado un mínimo de éxito. No hay nada como ser optimista y obviar que la posibilidad de un fracaso al cuadrado existía. Pero ya había precedentes. En los años setenta Power Man y Puño de Hierro: Héroes de alquiler saborearon las mieles del éxito que jamás habían llegado siquiera a olisquear en soledad. Por cierto, en el cómic que hoy nos ocupa, tanto el negrata de Cage como el niño rico afeminado de los ricitos de oro prueban un poco de mi verborrea, esa palabrería ingeniosa que mi boca excreta como si se tratase de una diarrea explosiva e inesperada y que me ha hecho merecedor del mote “El mercenario bocazas”.

Los encargados de tal tarea, y que daría como resultado este Cable & Masacre: Si las miradas matasen que tenéis entre manos y que ha publicado Panini (¿lo de Panini tiene algo que ver con el sándwich de origen italiano?) fueron el guionista Fabian Nicieza y el dibujante Patrick Zircher. Nicieza enseguida captó lo mejor de cada uno de nosotros, lo opuestos que llegábamos a ser, para, como si se tratase de un trabajador del tercer mundo, explotarlo al máximo. La naturaleza arisca de Cable contra mi espontaneidad amigable a la hora de tomarme todo tipo de confianzas. La rectitud ejercida por él contra el impúdico libre albedrío que yo practico. Vamos, lo típico en toda extraña pareja que se precie. Mirad sino a Matthau y Lemon, Bud Spencer y Terence Hill, Riggs y Murtaugh, Ryan Reinolds y Josh Brolin o Epi y Blas.

La única diferencia con los anteriormente mencionados es que ninguno de ellos llegó a convertirse en una deidad tras intentar controlar una bio-arma viral súper chunga que estaba un poquito adulterada, y Cable sí. Así que mientras él, como si fuera una especie de híbrido entre Jesucristo y Terminator, se dedica a predicar e intentar salvar a la humanidad de sí misma, yo, por el contrario, me paso el rato matando por doquier, como si no hubiera un mañana, mientras decido si la causa de Cable me parece lo suficientemente justa y divertida como para apoyarla. Y si esto no os parece suficientemente emocionante añadid viajes en el tiempo, realidades paralelas, infinidad de referencias al universo Marvel o a la cultura pop y un sinfín de apariciones estelares. Spiderman, S.H.I.E.L.D., Capitán América, La Patrulla X o Los Media Docena (con la macizorra de Dominó al frente) son solo algunos de los personajes con los que Cable y yo nos las tendremos que ver, en algunos casos sin haber vaciado la vejiga convenientemente lo que dará como resultado una escena tan salpicada de acción como de orina.

En el apartado gráfico Patrick Zircher ha sabido plasmar en el papel la belleza conceptual que destila cada átomo de mi cuerpo repleto de pústulas sanguinolentas. Con Cable hace un trabajo cojonudo a la hora de ir desarrollando paulatinamente los diferentes diseños que van conformando su personalidad. Del Cable dios, al Cable perverso pasando por el Cable bebé. (¡Oh, qué mono! ¿Me ha llamado papá? Pero qué cojones…). El virtuosismo del dibujante a la hora de representar las innumerables escenas de acción (escenas de acción que pondrán los pezones de Michael Bay tan duros que podrá utilizarlos para cortar vidrio) es tal que, siempre en perfecto equilibrio con la narración, insufla todavía más dinamismo a una historia de por sí muy ágil. Vaya, qué cosa más molona acabo de decir. Por cierto, si al igual que yo creéis que el único making-of interesante es aquel que da como resultado final un bebé estáis de enhorabuena, salvo tres páginas de dibujos inacabados (los gafapasta lo llaman bocetos) Cable & Masacre: Si las miradas matasen son 600 páginas de entretenimiento puro y duro donde grandes dosis de humor y acción se unen a un guion repleto de giros para formar un notable conglomerado de diversión.

¡Eh, el del armario! ¿Todavía sigues vivo? Yo ya he terminado con lo mío. ¿Te apetece una chimichanga?

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Diario de un cavernícola del siglo XXI, de Carlos Toledo (T_Diary)

Diario de un cavernicola del siglo XXI

Diario de un cavernicola del siglo XXISi te pregunto quién es Carlos Toledo, es posible que no tengas ni idea. Pero si te digo T_Diary puede que sí. Sobre todo si te mueves a menudo por Instagram y eres uno de sus sesenta y nueve mil seguidores.

Yo no lo conocía, la verdad, ni por su nombre verdadero ni por el artístico. Así que cuando me crucé con el anuncio de la publicación de Diario de un cavernícola del siglo XXI y leí que se trataba de «una suerte de estudio sociológico sobre la actualidad a través de un compendio ilustrado con situaciones humanas de realidades irónicamente cotidianas» me vine arriba y quise leerlo. Será que mi vena sociológica sigue estando ahí, aunque lleve años sin tenerla en cuenta. Y, claro, mis expectativas no se ajustaban demasiado a lo que me iba a encontrar. Aunque reconocerás que la frase grandilocuente con la que lo definían  tuvo parte de culpa, ¿no?

Evidentemente, Diario de un cavernícola del siglo XXI no es un estudio sociológico, tan solo una recopilación de las viñetas que Carlos Toledo cuelga en su Instagram cada día a las ocho de la mañana. Quienes lo sigan y conozcan su estilo no se defraudarán. Y quienes no tengan ni idea de su trabajo, si no van con ninguna idea fija, más allá de pasar un rato ameno, tampoco. Yo me olvidé de mis ideas preconcebidas nada más abrir el libro y me dejé llevar por las situaciones cotidianas que T_Diary recrea a través de sus sencillos monigotes. Porque a sencillez no les gana nadie: unos círculos y unos palitos para representar la esencia de la anatomía humana. Y precisamente por esa extremada sencillez me sorprendió tanto la expresividad que tienen. Igual te cuentan cómo es un fin de semana en una casa rural, los momentos clave del paso del colegio a la universidad o las dificultades de la vida del autónomo. A veces, a T_Diary le basta una viñeta y otras,  dibuja la historieta entera. Y suele acompañar los dibujos con unas pocas palabras, o ni siquiera eso. Tira de tópicos, esas ideas que necesitan poco para ser reconocidas y para que nos sintamos identificados, pero en ocasiones consigue darles un punto de vista nuevo, un giro imprevisto, y son esos casos los que más he disfrutado.

Recurre especialmente a momentos de la infancia y, sobre todo, a los primeros años de juventud, aunque también aborda problemas y situaciones típicas de la edad adulta, por lo que la mayoría de lectores encontrarán gran variedad de viñetas en las que verse reflejados a sí mismos o a amigos y familiares. Sin embargo, he echado en falta que Carlos Toledo trazara un hilo conductor más claro, que le diera mayor consistencia a la sucesión de viñetas que se presentan como un diario, en lugar de limitarse a recopilar simplemente os dibujos con los que ha triunfado en las redes sociales en los últimos años. Es cierto que hay algunas páginas escritas que apuntan a ese propósito, pero no lo han logrado del todo, en mi opinión.

Eso no quita que Diario de un cavernícola del siglo XXI cumpla con su objetivo de sacarnos una sonrisa. Entre la ternura y la ironía, todos nos sentiremos identificados en mayor o menor medida y nos reiremos de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos. Si sois fans de T_Diary, lo disfrutaréis mucho, y si no lo conocíais hasta ahora, es posible que os aficionéis porque la expresividad de estos monigotes resulta adictiva. Humor gráfico sencillo pero efectivo.

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El caso de Alain Lluch, de Mr. Kern

el caso alain lluch

el caso alain lluchHay veces que no sabes cómo encarar una reseña o cómo clasificar un cómic o incluso ambas cosas. Veces en las que acabas de leer algo que exige un reposo mental suficiente como para que puedas contar a todo el mundo la puñetera ida de olla que has terminado de leer, sin embarullarte, sin sufrir esa diarrea mental que aún desordena tu cerebro; para que seas lo obligatoriamente convincente como para inocular a la gente las ganas que tienes de que descubran algo que, por ser excesivamente underground, pueden llegar a perderse.

Y una vez recuperado, la primera cosa que te preguntas es: ¿qué coño se ha metido Mr. Kern para inventarse una historia tan… tan… tan así y tan loca que, para colmo, es su primer cómic? Porque es que la verdad es esa; todo el cómic es una mezcla de personajes famosos y anónimos, una trama imposiblemente real, lleno de mala uva, y un conjunto tan desagradablemente atractivo como lleno de oxímoron doquier.

Esta extraña y gamberra fábula sin moraleja comienza cuando Alain Lluch, responsable de la última cagada publicitaria para las albóndigas de la empresa de carne procesada para animales en la que trabaja, es “degradado” al departamento de carne picada.

Cuando llega a su casa intenta en vano descansar un poco, pero su mujer, Susan Boyle, no hace otra cosa que tocarle las pelotas cantando la de “Es una lata el trabajar”, de Luis Aguilé  y por no aguantarla sale a dar una vuelta. Será entonces, al pedir un kebab, cuando su vida cambie por completo de una manera inimaginable.

Alain Lluch enmendará su error empresarial, se convertirá en el empleado del mes, en la empresa el dinero entrará a raudales y el jefe lo agasajará con el champán más caro del mundo y con putas.”¡Claro que sí, cagondiós!”

A partir de aquí la espiral de la locura se retorcerá más aún y encontraremos caniches morados antropomórficos, supermusculados y con rabazo también. (También musculado y antropomórfico). Zoofilia, los lagartos de “V”, el encantador de perros César Millán, Sigmund Freud, Maradona, anillos gástricos, vómitos y diarreas, vacas superinteligentes, los personajes de la serie de los ochenta Érase una vez el cuerpo humano, peleas, Larry Bird e incluso un homenaje a El planeta de los simios. Ahí queda eso. Un montón de guiños al lector, de cierta edad algunos de ellos, por cierto, que enriquecen, ¡y de qué manera!, la lectura. A ver quién es el guapo que lo supera.

El dibujo es tema aparte. En ocasiones parecen pinturas hiperrealistas, sobre todo los retratos a toda página. Kern pinta bien y pinta bonito, a pesar de que muchas veces lo que pinta no son precisamente escenas renacentistas sino más bien, gores, escatológicas y de ese palo. Eso sí, pintadas con mucho mucho arte y muchos colores bonitos y alegres. El contraste es similar al de contemplar un bello unicornio blanco vomitando y defecando un arcoíris multicolor. O al revés.

Por supuesto, tras esta grotesca historia satírica no es nada difícil encontrar la crítica a la sociedad consumista y capitalista, a las grandes corporaciones en las que todo vale con tal de aumentar beneficios aunque sea a costa de la salud, a la codicia desmedida en la que solo cuentan los resultados… Un retrato de los tiempos que nos ha tocado vivir, vaya, a lo bestia.

La edición es muy curiosa, con unas tapas duras, pero duras de verdad, con las esquinas redondeaditas, y papel del bueno, del que hace ruido al pasar la página. Vamos, que Autsaider no ha escatimado y hasta un póster nos han regalado.

¿Qué más puedo decir? No tengáis miedo, no receléis de mis comentarios sobre lo gore y lo escatológico y acercaos a este cómic porque, palabrita, es un cómic cojonudo que, como mínimo una sonrisa te va a arrancar. Pocas veces te vas a encontrar algo tan irreverente y políticamente incorrecto y, por desgracia, parece que cada vez menos.

Una paja mental de cuidado.

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La reliquia, de Eça de Queirós

La reliquia

La reliquiaHay libros que siempre recordamos con cariño. Para mí, uno de ellos es El crimen del padre Amaro, la obra con la que descubrí al escritor portugués Eça de Queirós. La leí durante un viaje en tren y la historia enseguida me atrapó. Porque a mí me gusta leer —es evidente, ¿no?—, pero con la mayoría de libros, después de unas decenas de páginas, me apetece hacer otra cosa. Sin embargo, con aquel no podía parar de leer. No quería que el tren llegara aún a su destino. No quería que esa historia llegara a su desenlace. Así que si todavía no habéis leído El crimen del padre Amaro, os lo recomiendo encarecidamente, de verdad. Que su pésima adaptación cinematográfica —solo he visto el tráiler, pero con eso me basta para saberlo— no os haga descartar el libro.

De aquella lectura hará unos tres años y tenía ganas de volver a disfrutar de la prosa de Eça de Queirós. Y me ha surgido la oportunidad con la reciente publicación de La reliquia, de la mano de la editorial Akal, en su colección Clásicos de la Literatura.

La reliquia, publicada por primera vez en 1887, narra una historia diferente a la de El crimen del padre Amaro, pero el trasfondo de ambas es el mismo: una crítica irónica a la obsesión por la religión y a la hipocresía de aquella época. En el caso del libro que nos ocupa, La reliquia, el protagonista es Teodorico Rasposo, que nos cuenta su vida junto a su tía materna, doña Patrocínio das Neves: puritana, beata y adinerada. Aunque Teodorico se esmera en aparentar que es un hombre devoto y casto para seguir disfrutando del peculio de su tiíta, lo cierto es que le pierde la lujuria y el alcohol de las tabernas. Pero para que su futura herencia no peligre, se ve obligado a viajar a Oriente, en busca de una reliquia que provea a su tía de una larga vejez sin enfermedades ni dolores. Ni que decir tiene que eso no será lo único que haga en su travesía y que la colección de reliquias que atesore solo sumará una farsa más a su vida.

La presente edición de La reliquia incluye una extensa introducción que analiza la obra y la trayectoria de Eça de Queirós dentro del contexto literario y social de su siglo. Pero recomiendo leerla al finalizar la lectura por dos motivos. El primero, porque desvela demasiado sobre la trama. Y el segundo, porque el pormenorizado análisis seguro que enriquece la visión que cada uno de nosotros hayamos extraído de la lectura.

A veces, los lectores no nos planteamos nada que vaya más allá de la historia leída, pero, en clásicos como este, las introducciones resultan indispensables para tomar conciencia de lo una determinada obra supuso en el momento en el que fue escrita. En este caso, La reliquia es una muestra de cómo Eça de Queirós se unió al orientalismo que predominaba en la cultura europea del siglo XIX. Al trasladar a su protagonista a ese escenario, recreó un Oriente que contribuyó al imaginario que Europa se formó sobre aquellas tierras. Además, aunque la obra se enmarca en el realismo-naturalismo que predominaba en la literatura del siglo XIX, Eça de Queirós introdujo un capítulo de fantasía, en el que Teodorico viaja en el tiempo para ser testigo de la Pasión de Cristo. Una muestra de cómo el escritor exploró los límites literarios y abrió camino a muchos otros. De ahí que sea uno de los autores referente del siglo XIX.

Si bien La reliquia no me ha cautivado tanto como El crimen del padre Amaro, ha sido un placer leer otra afilada sátira de Eça de Queirós. Pocos han sabido poner en evidencia como él las contradicciones, sombras e hipocresías de su sociedad. Seguro que repetiré.

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Justice TV, de Sergio Morán y Ulises Lafuente

justive tv

justive tvSiendo un chaval leía cómics de superhéroes y era inevitable que sintiera cierta admiración por aquellos hombres y mujeres que rescataban personas de una muerte segura, salvaban planetas que parecían condenados a morir o se enfrentaban a villanos venidos de galaxias lejanas; y todo a cambio de unas palmaditas en la espalda. Luego alcanzas esa edad en la que descubres que el contenido de la nevera o la luz que emite la bombilla de tu habitación dependen más de un sueldo que de una antigua magia arcana y empiezas a plantearte algunas preguntas de profundo calado filosófico: ¿Y los superhéroes de qué coño viven?

Dicha incógnita te obliga a leer con más ahínco, y ya con ojo analítico, los mismos cómics en busca de respuestas. Entre los viejos escritos de sabios como Stan Lee, Jack Kirby, Bob Kane o el dúo Siegel-Shuster hallé una asombrosa revelación, una verdad inconcebible y difícil de digerir: los superhéroes no cobran un puto euro. Descubrí además que sus métodos de financiación pasaban del desvío de fondos de sus multimillonarias empresas a trabajar como reporteros freelance, vendiendo fotos de sus propias hazañas como superhéroes, en periódicos sensacionalistas. Entre los desfalcos millonarios y la prostitución informativa tenía que haber algo más… Y entonces aparecieron los Justice TV para enseñarme que hay un modo de convertir el noble oficio de superhéroe en un modelo de negocio sostenible.

Justice TV nos cuenta las aventuras de un grupo de superhéroes que televisan cada una de sus hazañas. Así pues, alrededor de ellos siempre hay un enjambre de drones dotados de cámaras que graba cada paso que dan, cada puñetazo que sueltan o cada armatoste que hacen volar por los aires. Un buen encuadre, una frase pegadiza o una gran puesta en escena es lo que consigue que suba la audiencia y, por ende, las ganancias. “Hemos creado el primer grupo de superhéroes rentable a nivel económico”. Por este motivo, no todo depende de lo que haga la inmortal Galatea, Boss y su pinta de ser el primo cuerdo de Rorschach, o cualquiera de los otros componentes del grupo, sino que el equipo de producción que hay tras ellos, en ocasiones, juega un papel mucho más relevante.

Tras esta original propuesta, que primeramente fue un webcómic y que ahora de la mano de la editorial Fandogamia da el salto al papel, encontramos como guionista a Sergio Morán, autor de El dios asesinado en el servicio de caballeros, novela que mezclaba urban fantasy, investigación y cachondeo patrio. En esta ocasión deja a un lado vampiros, dioses y otros seres de naturaleza paranormal para brindarnos una historia de superhéroes en donde la acción y el humor se dan de la mano. El cómic está dividido en tres actos en los que los protagonistas irán desarrollando y jugueteando con sus poderes mientras se enfrentan a un grupo de soldados con muy mala baba, a una asociación secreta de científicos empeñados en destruir todo aquello que no comprenden y a unos piratas que, mediante barco volador, se plantarán en medio de la ciudad para hacerse con uno de los tesoros más codiciados por los de su calaña. Acción desenfrenada, pitorreo, ciencia ficción y mucho amor por lo absurdo asegurado.

A los lápices encontramos a Rata. Tras este seudónimo no se esconde un roedor (¡sorpresa!) sino un humano llamado Ulises Lafuente que lleva más de tres años enfrascado en un titánico proyecto: el webcómic de corte cyberpunk titulado ART88/46. Su estilo podría definirse como una singular mezcla entre manga e indie con sutiles pinceladas de cómic americano. El trazo utilizado en JusticeTV es muy cambiante: desde el suavísimo y extremadamente nítido empleado en los primeros compases de la aventura hasta ese más áspero, inquieto, incluso cercano al boceto, del cual se vale cuando los superhéroes se enfrentan a los piratas capaces de viajar a través del tiempo. El uso dispar del color (con viñetas en blanco y negro, otras en azul y blanco, algunas en amarillo y azul…) es quizá una forma de acentuar todavía más la anárquica y bizarra locura que embarga cada página de Justice TV.

“¡Justice TV! Preparados para salvar el día en directo”.

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Riquete el del Copete, de Amélie Nothomb

Riquete el del Copete

Riquete el del CopeteRiquete el del Copete es un cuento muy popular de Charles Perrault, pero yo no lo conocía. No descarto que lo haya leído en algún momento de mi vida, o incluso alguna historia que lo versionara, porque alguno de sus momentos me suenan remotamente, pero sea como sea, lo había borrado de mis recuerdos. Y por una vez me voy a alegrar de esa amnesia selectiva, porque ha sido un gustazo descubrirlo de la mano de Amélie Nothomb.

Quienes hayáis leído alguna vez a Amélie Nothomb sabréis que es una autora muy peculiar. Yo lo comprobé con El crimen del conde Neville, novela en la que hacía un guiño a El crimen de Lord Arthur Saville, de Oscar Wilde. Y en esta ocasión vuelve a tomar una historia popular, como es Riquete el del Copete, para actualizarla en todos los sentidos. La ironía y lucidez de Nothomb, como siempre, nos arrastran desde el primer capítulo y hacen que la lectura sea una experiencia nueva, tanto si se conoce el cuento original como si no.

El Riquete el del Copete de Nothomb no transcurre en un lugar lejano ni en tiempos remotos como todas las fábulas infantiles, sino en la Francia actual, donde Honoré y Énide tienen a su primer y único hijo: Déodat. El recién nacido es tan horrendo como inteligente, y esta es la excusa perfecta para que la autora nos haga ver el absurdo mundo de los adultos, en especial cuando son padres primerizos, a través de los ojos de un bebé. Después asistimos al crecimiento de Déodat y a su adaptación a esa realidad que hay de puertas afuera, donde su fealdad causa repulsión y rechazo, hasta que él los supera a base de inteligencia. Aun sin pretenderlo, todas las mujeres acaban sucumbiendo a sus encantos.

Pero Déodat no es el único protagonista de esta historia. También conocemos a Trémière, que es el caso contrario: su extraordinaria belleza irrita a todos, y para despojarle de su perfección le cuelgan el sambenito de estúpida. De esta forma, se convierte en una niña solitaria y abstraída, lo que refuerza aún más su imagen de tonta de remate.

Las similitudes entre la obra de Amélie Nothomb y la de Perrault son manifiestas desde el principio, pero incluso así, el cuento hace acto de presencia dentro de la trama. Tanto Trémière como Déodat lo leen y se sienten identificados con sus personajes: ella, con la princesa bella y boba, obviamente, y él con el horrendo pero encantador protagonista. El parecido es tan evidente que todos le adjudican a Déodat el apodo de Riquete, de ahí el título del libro.

Al igual que el cuento de Perrault, la historia de Amélie Nothomb pone de relieve el encanto de la inteligencia y cuestiona el don de la belleza, que por exceso o por defecto puede ser una condena. Pero Nothomb también habla de la infancia, de la maternidad, de la escuela como terreno hostil, de la naturaleza del deseo y del amor. Y es que Riquete el del copete parece una historia sencilla, pero gracias a una escritora tan brillante como Amélie Nothomb, esconde reflexiones sobre temas universales. Una interesante actualización de un clásico y una historia disfrutable por sí sola.

 

 

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El último sueño de Lord Scriven, de Eric Senabre

el último sueño de lord scriven

el último sueño de lord scriven«Banerjee es el detective más peculiar que existe. Se sumerge en sueños para descubrir los misterios, pero su método tiene una contraprestación: jamás puede exceder los veintiséis minutos».

No sé vosotros, pero yo, al leer esas líneas en la contraportada de El último sueño de Lord Scriven, de Eric Senabre, pensé inmediatamente en Origen, la película protagonizada por Leonardo Di Caprio y dirigida por Christopher Nolan. Sin embargo, en cuanto comencé la lectura y vi que la historia se situaba en el Londres de 1906, el film estadounidense se borró de mi mente y en su lugar apareció el detective por antonomasia: Sherlock Holmes.

Los paralelismos entre El último sueño de Lord Scriven y las novelas de Sherlock Holmes son evidentes y no dudo que intencionados, ya que el autor reconoce su predilección por la literatura del siglo XIX. No se trata de una copia, sino de un homenaje continuo, y pese a las múltiples similitudes, la novela de Eric Senabre tiene los elementos suficientes para ganarse el corazón de los lectores por sí sola. Muestra de ello son los premios con los que ya ha sido galardonada: Premio Saint-Exupéry, Premio de las Bibliotecas de París, Premio Literario de Hérault y Selección 2016-2017 (Le jury littéraire du Giennois).

En El último sueño de Lord Scriven tenemos a un detective excéntrico, Arjuna Banerjee, y a su fiel compañero, Christopher Carandini, un periodista que no pasa por su mejor momento y que, cómo no, es el narrador de esta historia. Al igual que en las novelas de Sherlock Holmes, el carácter de Arjuna Banerjee es uno de los grandes atractivos de la novela, así como sus deducciones, que se basan en descifrar los simbolismos de sus sueños inducidos. Pero su relación con Carandini también es un pilar relevante, ya que comienza como una simple colaboración para salir del paso y acaba siendo una amistad sincera. Carandini es un personaje mucho más divertido que el famoso Watson y su narración de los hechos, la gran responsable de que no podamos despegarnos de esta novela.

El sentido del humor es una constante, pero el misterio es el hilo conductor, como no podía ser de otra manera en un libro de este género. Un hombre adinerado, Lord Scriven, muere solo en su despacho, aparentemente de un ataque al corazón. Y será él mismo el que contrate los servicios de Banerjee, porque está convencido de que ha sido asesinado. ¿Cómo es posible que el finado sea el denunciante? No pienso decíroslo, porque Carandini os lo explicará con mucha más gracia que yo. Y esa será la primera de las incógnitas que se irán sucediendo en El último sueño de Lord Scriven.

Me pregunto si a los paralelismos entre la obra de Arthur Conan Doyle y la de Eric Senabre se sumará el que El último sueño de Lord Scriven sea el primer episodio de las muchas aventuras de este detective de los sueños y su irónico compañero. Banerjee y Carandini demuestran que tienen carisma de sobra para ser los nuevos Sherlock y Watson, ahora dependerá de Senabre que se consoliden como el tándem de referencia para los amantes de las novelas de misterio del siglo XIX y, sobre todo, para una nueva generación de lectores. Pero para saberlo, habrá que esperar a leer sus próximos casos. Ojalá sean tan adictivos como este.

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Fractura, de Andrés Neuman

Fractura

Fractura

El Kintsugi es una técnica japonesa  que consiste en reparar con barniz de resina o con polvo de oro o plata las fracturas que se producen en una cerámica cuando ésta se rompe. Es decir, una técnica de reparación que consiste en dejar expuestas las cicatrices en lugar de esconderlas, que es lo que venimos haciendo más o menos todos. Me parece maravilloso, sinceramente, que exista una técnica capaz de mostrar la desnudez y la fragilidad de quienes somos y además alardear de ello. Porque este arte, aplicado a los objetos, también nos vale para el alma. No sé, al menos a mí me encantaría poder llevarlo a la práctica.

Fractura, de Andrés Neuman tiene un poco de este arte de Kintsugi para el alma que me acabo de inventar. Al terminar de leer la novela tienes la sensación de que has conseguido encajar todas las piezas, que las cicatrices están a la vista, que siempre lo han estado, y que todas las fracturas en las que se descompone un objeto, nuestra vida, son, sin duda, el recuerdo circular que nos completa.

Eso es lo que hace el señor Watanabe a lo largo de las páginas de esta novela: recoger esos pedazos, esas fracturas, para reconstruir, dejando bien visibles las marcas, los fragmentos que componen su vida. No estará solo en esta tarea, para ello cuenta con las voces de cuatro mujeres que compartieron esos pedazos rotos y que narran sus recuerdos a un periodista argentino. Como telón de fondo están las ciudades de Tokio, París, Madrid, Nueva York y Buenos Aires. Un crisol de culturas y lenguas diferentes que conforman sus vidas, la del señor Watanabe y estas cuatro mujeres con las que resulta imposible no empatizar al leerlas narrar sus recuerdos y sensaciones.

Imposible también el no empatizar con esa memoria colectiva de los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, como el propio señor Watanabe. Porque le memoria perdura, pero el olvido también se cuela entre esas cicatrices, tratando de desaparecer hasta que una nueva sacudida, como el terremoto que provocó el accidente de Fukushima, vuelve a agrandar la grieta, dando más visibilidad a esa fractura.

Con Neuman me pasa algo que me ocurre con muy pocos escritores y es una conexión que no sé bien cómo llamar. Como si ya hubiésemos estado antes en esa fractura, como si sus palabras ya me hubiesen roto antes. Me lo confirman sus poemas, sus anteriores novelas y la vez que pude oírle recitar un fragmento de Hablar solos en la feria del libro de Cáceres. Sí, definitivamente ya me ha roto otras veces.

Con un estilo exquisito, en el que combina el humor y una narrativa muy seria, Fractura me ha parecido una maravilla de novela. Uno de esos libros que se quedan dentro y que creo que no voy a poder sacarme. ¿La verdad? La verdad es que no me quejo en absoluto.

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Las diez mil vidas de Milo, de Michael Poore

las diez mil vidas de Milo

las diez mil vidas de MiloEl inicio de un poema de Charles Chaplin dice así:

«La vida es una obra de teatro que no permite ensayos

Por eso, canta, ríe, baila, llora

y vive intensamente cada momento de tu vida

antes de que el telón baje

y la obra termine sin aplausos».

Pero ¿y si tuviéramos otra oportunidad para hacerlo mejor? ¿Y si a esta vida le siguiera otra, y otra, y otra más, y fuéramos aprendiendo de nuestros errores y nuestros aciertos hasta alcanzar la Perfección? Eso es lo que plantea Michael Poore en su novela Las diez mil vidas de Milo, con un sentido del humor que me ha recordado al gran Terry Pratchett.

Milo es el alma más vieja del mundo. La mayoría de almas alcanzan la ansiada Perfección cuando llevan unas nueve mil vidas, pero él está a punto de llegar a las diez mil y todavía no lo ha conseguido. Milo está preocupado, claro. Solo le quedan cinco oportunidades, y si no lo logra, en vez de atravesar el Umbral del Sol y fundirse con la Ultraalma, será absorbido por la Nada. Y lo malo no es desaparecer en el olvido, después de haber muerto miles de veces, Milo tiene cierta experiencia en eso, el problema es que en la Nada ya no habrá vuelta atrás y nunca más verá a Suzie, su alma gemela.

¿Y quién es Suzie? La Muerte. No es que Milo haya cogido cariño a la muerte por visitarla tan a menudo, sino que esa Muerte, una de tantas que pululan por el mundo para llevar a las almas al otro lado del río de la vida, tiene cuerpo de mujer y la personalidad más afín que Milo ha encontrado a lo largo de sus miles de existencias. Quizá por eso a Milo le guste tanto vivir y morir, porque es la única forma de reencontrarse con ella.

¿Conseguirá Milo alcanzar la Perfección o tendrá un plan mejor?

Las miles de vidas de Milo, vidas del futuro y del pasado, en las que es desde rey hasta insecto, pasando por seguidor de Buda e incluso psicópata, le sirven a Michael Poore para coquetear con el género de ciencia ficción, pero también con el de aventuras y el de terror, sin perder de vista el humor en ningún momento ni la bonita historia de amor que le da sentido a todo. Milo protagoniza tantas vidas anodinas como trascendentales y muere de las formas más heroicas, pero también de las maneras más absurdas. Y de todas esas existencias se lleva una enseñanza, para bien o para mal, al igual que los lectores. Porque Las diez mil vidas de Milo puede parecer una novela desenfadada, pero en realidad es una motivadora reflexión sobre la vida y la muerte.

La filosofía de vida que nos enseña Milo a lo largo de sus diez mil vidas bien podría resumirse en otra frase del genial Charles Chaplin: «Aprende como si fueras a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana». Quizá todos tengamos más vidas aguardándonos para hacerlo mejor, o tal vez no. Sea como sea, deberíamos tomar nota de la sabiduría de Milo. Así, aunque solo vivamos una, haremos que merezca la pena.

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