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Experimento Magallanes, de Alejandro Alvado

Experimento Magallanes

Experimento MagallanesHoy estoy emocionada. Sí, estoy especialmente contenta. Ha sido un día estupendo: en el trabajo ha salido todo redondo, me he permitido el lujo de darme un paseo de una hora sin pensar en nada, he recibido muy buenas noticias y he terminado el libro que me ha acompañado estos últimos días.

Y, vale, esto último ocurre muy a menudo, al menos dos veces a la semana, así que tampoco tendría por qué ser una novedad. Pero lo cierto es que sí lo es, porque este libro, Experimento Magallanes, me ha encantado.

Si leéis mis reseñas ya sabréis que no suelo decirle que no a ningún libro, aunque no me atraiga demasiado en un principio. He aprendido a no juzgar por una presentación, por una temática o por una sinopsis. Prefiero dejarme llevar y ver qué me depara ese libro. Y, si me leéis, también sabréis que no soy una gran aficionada a las novelas históricas, ya que normalmente me suele costar bastante conectar con la trama y engancharme a ella. Y sí, el libro del que vengo a hablar hoy es una especie de novela histórica. Digo especie, porque ahora, después de haberlo leído, no sé muy bien cómo catalogarlo. Después de leer esta reseña me entenderéis mejor.

Alejandro Alvado nos trae una novela muy cortita, que no llega a las cien páginas, y cuya historia transcurre en el siglo XVI teniendo como escenario principal el viaje que Magallanes emprendió y que tenía como fin el dar la vuelta al mundo. Podríais pensar que el protagonista de este libro, como sería lógico, es Fernando de Magallanes, pero lo cierto es que no. Los protagonistas son tres hombres con tres historias que contar que verán cómo sus vidas giran irremediablemente alrededor de la del luso. Concretamente, uno de ellos tendrá la misión de salvar la vida del explorador portugués, contando con un as en la manga muy peculiar: el saber cómo termina realmente la historia.

Este halo de ciencia ficción es algo que me ha gustado particularmente. Imaginaos: muchos marineros que transportaban mercancía de un continente a otro acababan muertos a manos del escorbuto, por no tomar la suficiente vitamina C. Cuántas vidas se hubieran salvado si alguien le hubiera dicho a estos marineros que el clavo que transportaban tan habitualmente era rico en esa vitamina. Y, como esta anécdota, muchas más: cómo hubiera cambiado el curso de la historia si alguien llegara del futuro contando todo lo que estaba por suceder.

Sin duda, una trama curiosa, ¿verdad? Pero no solo eso, ya que Alejandro Alvado lo cuenta todo con tanto humor que es inevitable dejar que una risa se escape de vez en cuando. Sobre todo si uno lee los títulos de los capítulos con detenimiento, ya que no tienen desperdicio.

Así que, sí, Experimento Magallanes es una novela muy difícil de catalogar. ¿Histórica? ¿Ciencia ficción? ¿Humor? Pero, si no somos muy quisquillosos y no necesitamos catalogar absolutamente todo lo que nos rodea, podremos contar con la ventaja de descubrir que una sola cosa puede tener multitud de virtudes y cualidades. Como es el caso. Espero que ahora me entendáis cuando os digo que he tenido un gran día.

Además, tengo que decir que la narración, la forma de escribir que tiene Alejandro Alvado, me ha gustado muchísimo. Utiliza un lenguaje elaborado pero para nada engorroso. Me ha resultado muy fácil introducirme en la trama (cosa que, como os dije, me cuesta bastante cuando se trata de novelas históricas) y eso ha sido gracias al lenguaje fluido que usa el autor. He de confesar que cuando me llegó a casa y vi lo cortito que era, pensé que en una noche podría leérmelo entero. Pero la verdad es que no ha sido así, porque he querido dosificarme. Podría haberme sentado y haberlo leído del tirón, pero he preferido disfrutarlo más lentamente, leyendo un par de capítulos por noche. No quería que se terminara tan pronto. Pero no os culpo si, al leerlo, os dura un suspiro; lo entendería perfectamente.

Si hay algo que se echa en falta, quizá sea el desarrollo de los personajes protagonistas. Alejandro Alvado apenas da unas pinceladas de cada uno de ellos, dejando mucho a la imaginación. Pero no tenemos que tomarlo como algo negativo, precisamente porque este es un libro en el que lo importante no es tanto el contenido, sino el continente. Nos da igual no saber cómo son los personajes en profundidad, o cómo piensan. Nos da igual no entender sus emociones o su forma de ser, sencillamente porque no lo necesitamos. Eso es lo bueno: que el trascurso de la historia sigue igual tanto si sabemos esas cosas, como si no. Así que, me ha gustado que el autor no se detuviera en darnos detalles innecesarios y fuera directamente el grano. Si se tratara de otro tipo de novela o narración, os podría decir que no, que yo necesito que me den personajes muy desarrollados y creíbles. Pero en este caso la historia en sí es tan interesante, que lo demás me ha dado absolutamente igual.

Habiendo dicho todo esto, no es de extrañar que ahora tenga una tremenda sensación de satisfacción. Cuando terminé el libro, lo hice con una sonrisa en la cara. No me podía creer que un libro de historia me hubiera gustado tanto. Sí, sin duda, hoy ha sido un gran día.

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La señora Fletcher, de Tom Perrotta

La señora Fletcher

La señora FletcherSi os digo la verdad, hacía ya varios libros que no me divertía tanto con uno como con el libro del que hoy os hablo. A veces me pongo muy intensita con mis lecturas y me olvido de que la literatura también sirve para entretener y divertir, así que cuando me llega uno de estos libros los disfruto muchísimo. La señora Fletcher es uno de esos libros que no esperaba que me fuera a gustar tanto y cuya lectura me ha sentado de maravilla. Gracias, Libros del asteroide y Tom Perrotta, por estos días en los que he acompañado a Eve y al resto de personajes en esta genial historia, me habéis alegrado las vacaciones de Semana Santa.

La señora Fletcher es Eve, una mujer de cuarenta y pocos años divorciada que vive con su hijo Brendan. Este será el primer año de Brendan en la universidad y el primer año que Eve tendrá la casa y todo su tiempo para ella sola. Así que Eve decide apuntarse a la universidad a un curso de “Género y sociedad” donde conocerá a personajes dispares que acabarán por convertirse en su nueva familia. Brendan, por su parte, descubrirá que la vida universitaria no es tan divertida como él pensaba.

Madre e hijo se enfrentan a una especie de crisis de identidad. Eve, en su papel de madre que empieza a vivir de nuevo, a redescubrir la amistad y aprovechar su soltería indagando en todas las posibilidades sexuales que le ofrece esta nueva etapa. Y son muchas, creedme. Y de lo más variado, como la vida misma. Y Brendan afrontando por primera vez su etapa de adulto y descubriendo que todo lo que había imaginado que sería su vida en la universidad no tiene nada que ver con la realidad.

El personaje de Eve me ha parecido una auténtica maravilla. Me gusta porque, durante mucho tiempo, las mujeres de esta edad parecían invisibles para el cine, la televisión e incluso la literatura. Como si a partir de los cuarenta sus vidas ya no fueran interesantes y no pudiera ocurrirles nada nuevo. Menos mal que hay gente como Tom Perrotta que nos demuestra que hay vida más allá de los cuarenta. Que las mujeres de esta edad también sienten, viven y disfrutan sus vidas.

No sé si es porque Tom Perrotta es guionista de series como The Leftovers, pero no dejaba de imaginarme esta novela llevada a la pantalla y las enormes posibilidades que tiene. En cualquier caso, su estilo literario es muy bueno también y se lee y disfruta de maravilla.

La señora Fletcher ha sido todo un descubrimiento y ha supuesto un gran flechazo literario para mí. Así que, obviamente, no puedo dejar de recomendaros este libro. Os prometo que lo vais a pasar bien.

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Habrá valido la pena, de Daniel Morales

Habrá valido la pena

Habrá valido la penaCreo que todos estaremos de acuerdo en que la portada de Habrá valido la pena, de Daniel Morales, es llamativa. Y sí, la novela da lo que promete: hay sexo, bastante, y explícito. La primera parte podría resumirse en que Hannah es una alemana de dieciocho años que viaja a Málaga para iniciarse sexualmente: quiere perder su miedo a la penetración y, de paso, encontrar a su príncipe azul. Ay, qué soñadora es esta Hannah, lectora de Charles Dickens, Jane Austen y Lewis Carroll. Si hasta se ha tatuado en el pecho a Alicia atravesando el espejo.

No es arbitrario lo del tatuaje, ya que la novela está plagada de referencias a esta novela. En realidad, la literatura juega un papel fundamental. Hannah es una lectora empedernida y a través de la evolución de sus lecturas vemos también los cambios de su vida: de su adorado Lewis Carroll al atormentado Dostoievski, pasando por los libertinos Sade o Masoch y después, la ausencia de libros; sin vía de escape a su realidad.

Al principio, Hannah afronta la virginidad como si fuera la barrera que la separa de la madurez. Llegamos a conocer sus miedos al pie de la letra. No obstante, aunque el relato se centra en su punto de vista, Daniel Morales también logra transmitirnos las inseguridades sexuales de los chicos que se cruzan en su camino: por la eyaculación precoz, por el tamaño, por las parafilias. En definitiva, retrata de forma bastante verosímil la iniciación sexual de Hannah y de los personajes que le ayudan a ello.

Pero esa etapa de descubrimiento no se reduce al sexo. Hannah también se adentra en las drogas: un porro en una fiesta, un poco de MDMA en una noche de desfase, una raya porque la invitan y no quiere hacer el feo… Daniel Morales refleja los efectos mentales y físicos de cada una de ellas, incluso los autoengaños de los que las consumen y no reconocen que se les va de las manos. Y si el retrato de la iniciación sexual ya me parecía acertado, el de adicción al alcohol y a las drogas me parece impactante y muy bien desarrollado.

Sexo y drogas tienen un fuerte nexo en la historia de Hannah: una cosa le lleva a la otra, y sin quererlo, pero sin evitarlo, entra en una espiral de autodestrucción. La degradación de Hannah llega hasta límites insospechados. No es la clase de personaje con el que se conecte o empatice fácilmente (al menos yo no lo hecho porque está en las antípodas de mi forma de entender la vida), pero incluso así he sufrido con su declive, incapaz de creerme que todavía pudiera hundirse más.

¿Cómo cae tan bajo? ¿Cuál ha sido su error? No hay un respuesta clara a estas preguntas ni falta que hace, porque si algo destaca de esta novela es que ni el personaje ni el narrador buscan la autocompasión, lo que hace que esta lectura sea todavía más cruda y, por eso mismo, mejor.

Me llamó la atención el discurso de uno de los personajes del libro: «Escribo lo que me pide el cuerpo, lo que me gusta escribir y lo que creo que me gustaría leer, lo que me divierte y lo que me da miedo, lo que me parece hermoso o terrible, y no me importa que esté relacionado con Dios, con el honor, con los coños o con la culpa, que esté expresado en bellas palabras o con palabrotas». Asocié esas palabras irremediablemente a las intenciones de Daniel Morales al escribir esta novela, porque es exactamente lo ha hecho en Habrá valido la pena: ha mezclado lo serio y lo cómico, el sexo y la filosofía. Y le ha salido bien. Hasta tal punto que ha sido galardonado con el Premio Vuela la Cometa 2017. Así que os recomiendo que dejéis a un lado los prejuicios literarios y os atreváis a descender a los infiernos junto a Hannah. Cuando lleguéis a la última página no tendréis duda de que este libro lo merece.

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Cómo llegamos a la final de Wembley, de J.L. Carr

Cómo llegamos a la final de Wembley

Cómo llegamos a la final de WembleyComienza esta novela con un pequeño hurto, o con un regalo. El del título. Porque el original en inglés destripaba la principal intriga del relato, pero, consciente o inconscientemente, su traducción no se parece en nada. Así que si quieren evitar la curiosidad de saber cómo le fue al Steeple Sinderby Wanderers en su temporada más memorable, no caigan en la tentación de mirar la página de créditos; yo no se lo voy a revelar, para que así puedan seguir leyendo esta reseña sin problemas.
Narrada a modo de informe por el secretario del club, el poco reconocido Joe Gidner, Cómo llegamos a la final de Wembley sigue la epopeya del imaginario Steeple Sinderby Wanderers durante su primera participación en la FA Cup, la competición copera por excelencia en el Reino Unido, una verdadera lucha por la supremacía futbolística de las Islas durante la década de los setenta. A diferencia de los equipos profesionales que va encontrando por el camino, el Wanderers no tiene un estadio permanente (juega en un prado), su vestuario es un vagón de tren abandonado y su entrenador, un húngaro director de colegio que no entiende nada de fútbol. Pero su plan es llegar lejos en el torneo, y para ello cualquier ayuda es buena, y así vemos desfilar por su once al párroco del pueblo, convertido en extremo, al lechero como guardameta y a un jugador estrella, ya retirado, al que el amor convence para regresar al campo. Por supuesto la novela va más allá de su desempeño en los terrenos de juego, y las desventuras personales del grupo de futbolistas amateur de este modesto club de las profundidades de Gran Bretaña conforman la verdadera esencia del relato.
En la mejor tradición del humor inglés, Cómo llegamos a la final de Wembley es una mirada ácida y acertada a un fútbol que ya no existe, a un país que quedó atrás y a una sociedad olvidada (la rural), en la que, cómo no, podemos reconocer la crítica a todo lo que ha llegado para sustituir esas tres cosas. En cada giro cómico es sencillo identificar un dardo que unas veces se dirige contra las consecuencias de la reconversión industrial, otras contra la prepotencia de la gran ciudad y en la mayoría da en la diana de lo peor del carácter británico, cotilla y aparente como pocos.
J.L. Carr, en la traducción que nos trae Tusquets, completa una historia dulce, muy llevadera, casi de literatura juvenil. No se complica demasiado con el lenguaje ni tiene grandes descripciones del juego, como, por ejemplo, sí que hacía Sergio Rodrigues en El regate. Esto convierte Cómo llegamos a la final de Wembley en plato de buen gusto para los nostálgicos de los campos de barro y los tacos de aluminio, o para los amantes de las gestas tipo David contra Goliat. Aporta unas cuantas claves poco reveladoras sobre cómo era el juego hace medio siglo, muchos toques costumbristas y alguna que otra sorpresa. Una vez empezada, me atrevo a decir que es imposible de dejar, y se termina en un suspiro (pasa por poco de las doscientas páginas). Así que, aunque no me haya parecido un gran clásico de la literatura deportiva, creo que ha sabido conservar con el tiempo su extravagante e hilarante esencia, y el rescate de Tusquets en año de Copa del Mundo hace que merezca la pena darle una oportunidad entre nuestras lecturas.

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Cuatro cuentos, de Liniers

Cuatro cuentos

Cuatro cuentosYa os he confesado alguna que otra vez mi predilección por Liniers. Lleva años acompañándome con sus tiras y sus personajes y sacándome mil sonrisas con sus historias. ¿Cómo no voy a quererle, eh? Eso de que para conquistar a una persona es muy necesario hacerla reír es totalmente cierto en este caso. A mí Liniers ya me tiene ganada, artísticamente hablando, desde hace mucho con su humor.

El último libro suyo que reseñé aquí fue Cosas que te pasan si estás vivo, publicado por Anagrama. En esta ocasión, Anagrama vuelve a contar con el dibujante argentino para su colección Contraseñas ilustradas con este maravilloso libro titulado Cuatro cuentos.

Sí, la pista es muy clara. En este librito Liniers nos ofrece cuatro cuentos inspirados en cuatro musas: Edward Gorey, Shel Silverstein, Tom Waits y Alfonsina Storni. Casi nada, ¿eh? Con semejantes inspiraciones normal que saliese un libro tan redondo como éste. Eso y la propia imaginación de Liniers, que también vale oro.

El primero de estos cuentos es Abajópolis, un cuento con rimas que nos presenta al señor Sombrero, quien, con el nuevo dinero que ha ganado decide emprender un viaje a Abajópolis. Todo será muy diferente allá abajo, como podéis imaginar. Una historia súper divertida y muy surrealista la que vive señor Sombrero por esos pagos. Muy en la línea de Liniers y su humor absurdo.

El secundo cuento, titulado Los peligros de caerse para arriba, Liniers vuelve a hacer gala de ese humor tan hilarante y extraño. ¿Imagináis lo que debe ser caerse para arriba? Pues no tenéis ni idea, ya os lo digo yo. Y mucho menos se os ocurriría pensar en toparos con Willy Fog en un su globo aerostático. Estas cosas solo pueden ocurrírsele a Liniers.

El tercer cuento es El inquilino y trata de un extraño ser que habita con la familia Manutius sin que estos puedan hacer nada. Pero el inquilino, aunque tiene sus cosas, es un ser agradable. A pesar de sus extrañas costumbres como pasarse la tarde entera leyendo etiquetas de mermelada. Sí, es un inquilino de lo más peculiar. Divertido, como todos esos personajes que salen de la imaginación de Liniers.

El último cuento es mi favorito porque me toca especialmente la patata. Dedicado a Alfonsina Storni, El viaje es un precioso homenaje a la maravillosa poeta. Un cuento lleno de poesía, delicado y tan dulce que dan ganas de perderse dentro de él.

Liniers es magia, ¿lo sabíais? Este tipo tiene un maravilloso don y Cuatro cuentos no es más que otra demostración de las maravillas que puede crear. Ojalá que no pare nunca. Queremos tanto a Liniers.

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Introducción a la psicología en viñetas, de Grady Klein y Danny Oppenheimer

Introducción a la psicología en viñetas

Introducción a la psicología en viñetasSoy socióloga de formación, lectora compulsiva por afición y escritora por vocación. Y esas tres facetas de mi vida tienen algo en común: intentar comprender este mundo en el que vivimos y, sobre todo, la naturaleza humana que, a veces, tanto me desconcierta. Por eso, al ojear el índice de Introducción a la psicología en viñetas, escrito por Danny Oppenheimer y dibujado por Grady Klein, supe que este libro estaba hecho para mí: Primera parte: Entender el mundo; Segunda parte: Entendernos a nosotros mismos; Tercera parte: Entender a los demás.

¿Cómo no iba a leerlo?

¿Quién no querría leerlo?

La dedicatoria de David Oppenheimer ya deja claro el tono de este cómic: «A mis alumnos, que me han enseñado a enseñar psicología». Y es que Introducción a la psicología en viñetas es un acercamiento ameno y directo a la ciencia de la mente, el cerebro y la conducta. Es evidente que también es superficial, con esa extensión y con ese formato no podía ser de otra manera, pero la exposición de ideas es tan ilustrativa que, irremediablemente, nos quedamos con ganas de saber más sobre todos esos experimentos y efectos de los que nos habla.

La psicología es mucho más que traumas infantiles y divanes, tópicos que le hacen flaco favor a esta ciencia. Introducción a la psicología en viñetas nos lo demuestra haciendo un recorrido por algunos de los experimentos más representativos, desde los conocidos perros condicionados de Pávlov hasta otros tan inquietantes como el de la cárcel de Stanford (ya de paso, os recomiendo la película Das Experiment, del director Oliver Hirschbiegel, que ficciona este estudio y es impresionante). Pero no solo eso, este cómic nos hace tomar conciencia de cómo nuestro cerebro nos provoca el efecto de stroop o el efecto Dunning-Kruger, la forma en la que distorsionamos nuestros recuerdos, el porqué nos dejamos llevar por criterios poco razonables a la hora de tomar decisiones, cuánto daño hacemos cada vez que cometemos el error fundamental de atribución o la asombrosa manera en la que los bebés aprenden el lenguaje… ¡por inferencia estadística!

Aunque por curiosidad y por formación ya conocía varios de los conceptos explicados, he descubierto muchos otros que me han dejado con la boca abierta. Resulta sorprendente lo complejo que es nuestro cerebro y lo engañosa que es nuestra percepción de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. Los dibujos de Grady Klein y los ejemplos y explicaciones llenos de humor de Danny Oppenheimer consiguen que sea sencillo interiorizar la multitud de ideas expuestas, pero a la vez nos insisten en que esto es tan solo una muestra y que aún quedan por descubrir muchos más misterios de nuestra mente.

Con Introducción a la psicología en viñetas no he logrado entender el mundo, a mí misma ni a los demás; si acaso, ahora tengo más incógnitas. Pero de lo que no tengo duda es de que he disfrutado con este clarificador acercamiento. Por eso, me uno a los autores, que recomiendan este libro a «cualquiera que sea una persona o que en ocasiones interactúe con alguna». Leed Introducción a la psicología en viñetas si alguna vez os habéis comportado como un psicólogo aficionado, juzgando a alguien o explicando vuestras conductas o las de los demás. Así os daréis cuenta de lo poco que sabéis en realidad y veréis con otros ojos a los verdaderos psicólogos, esos que estudian cada día para comprender mejor nuestra forma de vivir la vida. Porque dejando los tópicos a un lado, Klein y Oppenheimer nos demuestran que los estudios psicológicos rigurosos son necesarios y apasionantes.

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Un violín con las venas cortadas, de Carlos Salem

Un violín con las venas cortadas

Un violín con las venas cortadas Una muchacha calva hace equilibrio sobre un pie en el centro del puente de Notre-Dame, con un baúl de madera atado a su cuello.

Cerca de ella, muy cerca, el mejor violinista de todos los tiempos toca su violín sin cuerdas.

Un asesino a sueldo, a punto de quedarse ciego, vigila la escena desde una de las azoteas, mientras los apunta con su arma.

Un veterano policía y su nuevo compañero merodean por la zona.

Los curiosos se van aglutinando cerca del puente de Notre-Damme.

Una joven periodista quiere saber la verdad de esa muchacha calva y de ese virtuoso violinista.

Un presentador de televisión se muere por conseguir la exclusiva.

A un mafioso al que le persigue la buena suerte le preocupa que ese hecho insólito eche por tierra su gran apuesta anual.

El alcalde de París se pregunta cómo recuperar a su mujer.

Los servicios secretos investigan qué demonios pretende la muchacha calva.

Los líderes políticos reunidos en París temen a ese grupo, cada vez mayor, de gente silenciosa y sonriente.

Las redes sociales echan humo.

Y el mundo entero contiene el aliento, porque saben que después de ese día nada volverá a ser igual.

Todos estos personajes y muchos más conforman la bella y divertidísima historia de Un violín con las venas cortadas, de Carlos Salem. Y me ha gustado tanto tanto tanto, que siento que nada de lo que diga podrá hacerle justicia.

¿Sabéis lo que es leer con una sonrisa un libro entero? Pues así he leído yo Un violín con las venas cortadas. Disfruté de cada uno de los personajes, desde los contradictorios, entrañables y enigmáticos hasta los terriblemente superficiales; y, por supuesto, de las situaciones que tal vez parecían exageradas, pero que a mí me resultaban la mar de creíbles. Y es que sucumbí por completo a la poesía y al sentido del humor de Carlos Salem.

Un violín con las venas cortadas es una historia de amor y traición «de esas que, para contarlas bien, hay que contarlas como un cuento». Y eso es lo que hace Carlos Salem, contagiando su pasión por París, por la música y por la vida a todo aquel que se asome a sus páginas.

¿Quién es esa muchacha calva? ¿Por qué ese violinista cortó las cuerdas a su violín veinte años atrás, en ese mismo puente, en esa misma fecha? Esas incógnitas nos arrastran de una página a la siguiente, pero sobre todo lo hace esa dulzura que lo impregna todo y, cómo no, ese toque de ironía que convierte a esta historia en un loca aunque muy lúcida descripción del mundo en que vivimos.

Carlos Salem nos advierte en las primeras páginas que «cualquier similitud entre los hechos narrados y la realidad sería maravillosa», y yo estoy absolutamente de acuerdo. Tras leer esta novela, me encantaría cruzarme con una chica calva haciendo equilibrio en un puente y con un violinista tocando su violín sin cuerdas. Pero no entenderéis por qué hasta que no la leáis vosotros también. Y quizá, cuando lo hagáis, os convirtáis en parte de esa multitud silenciosa que se une a ellos o, incluso, en la muchacha calva. Entonces podremos decir que el mundo es tan grandioso como nos lo muestra Carlos Salem en Un violín con las venas cortadas.

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Insultario, de Ángel Mª Fernández y José Antonio Ruiz Gracia

insultario

insultarioYa lo cantaba Marlo Brando en ese éxito chanante convertido con justicia en un clásico y en múltiples versiones de tonos de llamada para el móvil. No podemos permitir que determinados insultos desaparezcan de la calle, de nuestras vidas…: “Mequetrefe, payasa, botarate, tontaca, gilipipas… No, no, no. ¡Hay que decir hijo de puta, niños, hijo de puta! ¡Hay que decirlo más! ¡Siempre hijo de puta! Por su sonoridad, por ser el alfa y el omega de la vulgaridad. Gilipollas es más coloquial y cabronazo no está nada mal, pero hijo de puta es un concepto mucho más global. Para saludar, cuando te devuelven el cambio mal y para faltar”.

Y es que insultar es fácil y todo el mundo puede hacerlo, pero si hablamos de insultar bien, con clase, con ingenio la cosa cambia bastante. Pero, ¿realmente hace falta insultar bien? Según la cita de Sánchez Ferlosio con la que se abre Insultario sí, ya que el insulto es una forma de la diplomacia que puede resolver por la palabra lo que podría llevar a guerras. Y además, conviene recordar que el insulto debe cultivarse con el mismo cuidado con el que se trabajan las enemistades.

Insultar bien o mal, lo cierto es que todos lo hemos hecho, lo hacemos y seguiremos haciéndolo bien verbalmente, bien pensando y guardando para nosotros en nuestra cabeza, sin dejar que salga a la luz por evitar males mayores, aquello que tan bien quedaría en los oídos del destinatario de turno.

Pues lo que tenemos aquí es una colección bastante abultada, a pesar del reducido tamaño del libro, aunque en un formato preciosista, de ultrajes y vituperios varios que podríamos usar en nuestro día a día con aquellos seres que lo merezcan.

Y como lo mejor en estos casos es poner ejemplos, ahí van unos pocos:

Eres una persona encantadora, pero te fallan dos cosas: el cuerpo y la personalidad.

No aguanto un minuto calentando la leche en el microondas y te voy a aguantar a ti, subnormal. Anda, tira, bébete dos chupitos más y di adiós a tu dignidad.

No obstante, no todo son insultos y ya. Hay también una larga serie de amorosos deseos al prójimo:

Te daría de hostias de dos en dos hasta que fueran impares

Felicitarte la Navidad no, pero una corona de espinas sí te ponía

No digo que sea precisamente hoy, pero en cuanto puedas vete a la mierda.

Ojalá te salga un pene en la uña

Ojalá te levantes a las cinco a coger olivas, trabajes sin descanso hasta las once y cuando abras el almuerzo sea tofu.

A ver cuándo quedamos para que me surja algo de última hora y no poder ir.

 

También alguna cita bíblica que no llegó a nosotros hasta hoy y que se han podido recuperar:

–Entonces Jesús, viendo como soltaban a Barrabás, dijo: “Me vais a comer la polla, hijos de puta. Apúntame eso, Lucas” (Lucas, “Borradores”).

 

Y algunas cuantas afirmaciones filosóficas:

Una cosa te digo, se puede tener razón y ser gilipollas a la vez.

Es lo que tiene la droga, empiezas a coger la bicicleta para ir a pillar y te metes en el mundo del ciclismo.

 

Como decía, todo esto no es más que una muestra breve de lo que podemos encontrar en esta suerte de “manual de autodefensa ante las ofensas cotidianas”. Porque ya está bien de tragar. Que ningún improperio que se nos haga quede sin respuesta y mejor si nuestra respuesta es de esas en las que quien nos ha ofendido tiene que pensar dos veces lo que le decimos.

Insultario es un libro que debería permanecer en nuestra mesilla como un libro de consulta en el que marcar los insultos que más nos hayan gustado, para acudir a ellos cuando los necesitemos y hacerlos nuestros poco a poco, con el uso y el día a día. Su lectura nos sacará más de una sonrisa y estaremos deseando tener la oportunidad de que nos insulten para contraatacar con lo aprendido.

Pepitas de calabaza ha editado un libro ameno, revisable y divertido, con una edición cuidada en todos sus detalles e ilustrado por Carmelo Bayo.

Se rumorea que lo próximo de estos dos autores riojanos, uno albañil y otro no, será un “Piropario”. Habrá que estar al tanto.

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El club de los mentirosos, de Mary Karr

El club de los mentirosos

El club de los mentirososLa verdad es que hay editoriales que son para mí una garantía de éxito asegurado. Errata Naturae es una de ellas. No son solo sus magníficas portadas (que también), el caso es que siempre acierto con sus lecturas. Buenos días, guapa fue uno de esos libros publicados por ellos que me encantó y que no puedo dejar de volver a recomendaros.

No puedo mentiros. Lo primero que me atrajo de este libro fue su maravillosa portada y su genial título: El club de los mentirosos. Antes de leer siquiera la sinopsis ya me tenía completamente ganada. No está mal, ¿no?

Mary Karr es la autora de esta brillante novela, que fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según el New York Times y mejor libro del año para The New York Times Book Review, The New Yorker, People y Time. Casi nada, amigos. Una novela que califican de extraordinaria o que, como dice Time, se encuentra “entre la tristeza más honda y la risa más sincera, y por esto último se inclina el lector”. Y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo, pero empecemos por el principio.

Lo primero que el lector debe saber es que El club de los mentirosos es una novela autobiográfica y ahí reside el encanto de este libro. Porque como ficción ya hubiera sido maravilloso, pero cuando el lector sabe que lo que está leyendo no es ni más ni menos que la infancia de la propia autora, todo adquiere un matiz diferente. ¿En serio fue esta su infancia? Sí, lectores. Así es. Dura, real, trágica y al mismo tiempo envuelta en un halo de comedia que ríete tú de las tragicomedias de Shakespeare.

Y es que, a pesar del título, en este libro hay mucha verdad. Mary se crió en una pequeña localidad petrolera en el este de Texas, junto a sus padres y su hermana. Ella, una niña descarada y sensible, una hermana autoritaria y valiente, un padre algo borrachuzo pero con una gran corazón y una madre, un personaje fascinante, que será la clave para entender la novela.

Resulta imposible no conectar con Mary y el resto de personajes en algún momento de la biografía. Todos tienen ese algo tan familiar, absurdo e hilarante que hace que nos identifiquemos con ellos. Y aunque sea una familia de armas tomar y las historias en las que se ven envueltos puedan parecer a veces de lo más surrealista, tienen ese punto a favor del más puro realismo norteamericano.

A pesar del drama, que lo hay y mucho, prevalece, como os decía, esa parte cómica. Y eso es, quizás, lo grandioso de El club de los mentirosos. Mary Karr nos sumerge en su infancia, nos adentra en su casa, en las tragedias de su familia y, a pesar de todo, consigue que nos lo pasemos bien, que riamos con ella. Yo me lo he pasado en grande y aunque he sufrido (un poquito), también ha habido momentos en los que he reído con sus locas situaciones.

Estoy convencida de que este libro es uno de esos libros que no tiene un lector concreto, un libro que cualquiera puede disfrutar. Yo os animo a hacerlo. Luego me contáis.

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La Bella Durmiente, de Lola Moral y Sergio Sánchez

La Bella Durmiente

La Bella Durmiente Hay historias que hemos leído, visto y escuchado mil veces, por ejemplo, La Bella Durmiente. Sin embargo, eso no quiere decir que conozcamos de verdad este cuento. La mayoría de personas no tienen ni idea de que el primero en escribirlo fue el italiano Giambattista Basile y que su título original era Sol, Luna y Talía. Aunque muchos sí conocen las versiones posteriores de Charles Perrault o de los hermanos Grimm. Y, por supuesto, prácticamente todos han visto el musical edulcorado de Disney… o alguna vil copia de este. Sin ir más lejos, yo. Sí, lo confieso: la primera película que vi de La Bella Durmiente fue una versión cutre que venía de regalo en algún producto del Carrefour. Y la vi varias veces, además. Años después (muchos), vi la versión Disney, tratando de saldar cuentas pendientes con mi infancia; y al poco tiempo, me regalaron un libro electrónico en el que iba incluido el cuento de Perrault, y fue de los primeros que leí. Nada que ver con el film de 1959, claro.

No es que prefiera las versiones macabras de antaño (que se pasan siete pueblos, hay que reconocerlo), pero es que la famosa película de Disney es demasiado de ñoña y hace un flaco favor a la protagonista: Aurora es la princesa Disney con menos frases de diálogo. Por eso me atrajo la revisión del cuento recientemente publicada por la editorial Dibbuks, que prometía darle un giro actual al archiconocido cuento de La Bella Durmiente.

A través de las ilustraciones de Sergio García y el guion de Lola Moral, por primera vez conocemos la historia de la Bella Durmiente de la mano de su protagonista. ¡Y ya era hora, eh! Porque resulta que esta princesa es de lo más simpática e inteligente, y ese es uno de los puntos fuertes de esta versión: el sentido del humor (con el que los adultos conectarán incluso más que sus hijos). El otro punto que merece ser destacado es su cuidada edición: una concertina de ocho cuerpos en cartoné y a color que desplegamos para contemplar la vida de Talía (el verdadero nombre de la Bella Durmiente) en un solo vistazo: desde su milagroso nacimiento, su desastroso bautizo y sus años de sueño hasta su despertar, cien años después, y las periódicas visitas de príncipes, a cada cual peor que el anterior.

La Bella Durmiente de Lola Moral y Sergio García es un cuento infantil que se lee en un momento, pero su capacidad de abrir la mente a grandes y pequeños es inmensa. A los mayores, porque nos damos cuenta de lo ninguneada que había estado esta protagonista en las infinitas versiones de su historia; y a los pequeños, porque rompe con los absurdos estereotipos que los cuentos han transmitido durante generaciones y les muestra, por fin, a una princesa autosuficiente y dueña de su destino.

No es esta la primera actualización del cuento de La Bella Durmiente ni mucho menos, pero sin duda es una actualización genial que merece ser leída. Ni la historia macabra de Perrault, ni la adaptación low cost que regalaba el Carrefour ni la ñoña versión Disney: La Bella Durmiente creada por Lola Moral y Sergio García se ha convertido en mi versión favorita de este clásico cuento de hadas.

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El Jinete de la Tormenta, de Darío Lozano

el jinete de la tormenta

el jinete de la tormentaCreo que es conveniente que comience esta reseña destacando que El Jinete de la Tormenta, la primera novela (publicada) de Darío Lozano, es una historia divertidísima. Ni por el título ni por la portada me lo hubiera imaginado, ni siquiera por la sinopsis, pero esa ha sido la razón principal por la que me ha atrapado desde la primera página y por la que la he echado de menos cuando no encontraba un hueco para leer.

Yo, que no soy de risa fácil, valoro mucho cuando un libro me hace disfrutar de esa manera. Y es que la forma de ver la vida de Víctor, el narrador de esta historia, recuerda mucho al inolvidable detective sin nombre de las novelas de Eduardo Mendoza, y las rocambolescas situaciones a las que se enfrenta durante el turno de noche del gran hotel donde trabaja, también.

Si El Jinete de la Tormenta se hubiese quedado en un divertimento, ya hubiera quedado plenamente satisfecha, pero es que además es una novela compleja. Solo hay que leer la sinopsis, todo un rompecabezas, para verlo:

«Víctor es una joven promesa de la hotelería que ha sido contratado por el mejor hotel de Madrid para el turno de noche. Convencido de su inminente ascenso a director general, se ha comprado un coche acorde al puesto.
Víctor es un cincuentón divorciado, calvo, gordo y exconvicto, que quema su vida entre un cochambroso apartamento de alquiler de treinta metros cuadrados y su trabajo en el turno de noche de un geriátrico.
Sí, hablamos del mismo Víctor.
El mejor amigo de Víctor es un excéntrico multimillonario, dueño de un pueblo en la costa gallega, acusado de secuestro y pederastia.
Ricardo Espaldier es el seudónimo con el que firma sus novelas el enigmático creador del espía Crusat, una suerte de James Bond español que revienta el mercado con cada nueva publicación y su posterior adaptación cinematográfica.
Ricardo Espaldier es el mejor amigo de Víctor.
Esteban Buonote es un filósofo misántropo que llegó a publicar dos ensayos de escasa tirada por los que los coleccionistas pagan cantidades desorbitadas. Afirma que los Jinetes del Apocalipsis son siete y una vez llegó a ver al quinto: El Jinete de la Tormenta.
Esteban Buonote es Ricardo Espaldier.
Nadie sabe quién es Erika».

Darío Lozano ha sabido manejar a la perfección el ritmo de esta historia, que transcurre a lo largo de tres décadas, aproximadamente, desvelando poco a poco las múltiples caras de los tres personajes protagonistas. Y me resulta sorprendente cómo ha sido capaz de pasar del humor más desenfadado al drama más crudo como si nada, consiguiendo que no me descolgara de la historia por ello y que ni siquiera me chirriara ese radical cambio de tono.

Porque El Jinete de la Tormenta es la historia de la amistad que va surgiendo entre un recepcionista de hotel y un excéntrico escritor a través de encuentros de lo más surrealistas; pero también es un relato descarnado sobre el abuso infantil y el descenso a los infiernos de las drogas y el alcohol. Y por si esto fuera poco, destila amor por los libros en cada página, algo que los bibliófilos como yo siempre agradecemos: anécdotas literarias reales y constantes referencias a cómics, best sellers y clásicos, todo ello aderezado con reflexiones sobre el proceso creativo y sobre los claroscuros del mundo editorial y los medios de comunicación sensacionalistas. Vamos, uno de esos libros que se acaban con una sonrisa y que dan para debatir y recordar durante mucho tiempo.

Por eso, no quiero acabar esta reseña sin felicitar a Darío Lozano por este excepcional debut literario y, de paso, aprovecho para darle las gracias por haberme hecho pasar tan buen rato. No pienso perderme sus próximas publicaciones y estoy segura de que si vosotros os atrevéis a descubrir El Jinete de la Tormenta, tampoco lo haréis.

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Idiotizadas, de Raquel Córcoles

idiotizadas

idiotizadasCreo que solo he leído alguna tira de Moderna de Pueblo cuando he ido a la peluquería y he abierto la revista Cuore para hacer tiempo. Aunque el nombre del personaje de Raquel Córcoles, Moderna de Pueblo, me parece genial (dice tanto con tan poco), pensaba que sus historietas explotaban los tópicos de hombres y mujeres, salpicándolos con efectivas referencias a la cultura millennial, en las que toda una generación nos podemos ver reflejados en mayor o menor medida. El título de su primer cómic en solitario, Los capullos no regalan flores, me confirmaba esa imagen, y por eso no me llamaba la atención.

Sin embargo, su nuevo cómic, Idiotizadas, captó mi interés de inmediato, sobre todo por su subtítulo: «Un cuento de empoderhadas». Y la sinopsis de su contraportada me conquistó: «Moderna de Pueblo ha crecido escuchando frases como “Eso no es propio de una señorita”, “Esa es una zorra” o “El día de tu boda será el más feliz de tu vida”. Pero tras mudarse a la ciudad y conocer a Zorricienta (“A las 12 en casa estarás o el zorrón del pueblo serás”), Gordinieves (“En el espejo te mirarás y tu cuerpo siempre odiarás”) y la Sirenita Pescada (“El anzuelo del amor morderás y tu mundo por él dejarás”), va despertando de esas y muchas otras idiotizaciones y emprende un largo camino para desaprender lo que nunca deberían habernos enseñado».

Raquel Córcoles reescribe los cuentos de hadas para convertirlos en cuentos de empoderhadas, a través de las vidas de Moderna de Pueblo y sus amigas. Quizá hubo un tiempo en el que las historietas de este personaje fueron machistas, incluso su autora lo reconoce en su blog, haciendo un repaso a las viñetas que se arrepiente de haber publicado. Pero en Idiotizadas revisa todos esos pensamientos que nos han inculcado desde la infancia (para que reproduzcamos los estereotipos y así cumplamos con las expectativas que la sociedad nos impone) y los desmonta.  Moderna de Pueblo y sus amigas nos dejan claro que las mujeres pueden practicar sexo con quien quieran, como quieran y cuantas veces quieran; el atractivo no se mide por la talla del pantalón; pasar por el altar no nos soluciona la vida y tener hijos es una elección y no una obligación. Cosas que parecen tan evidentes y que, sin embargo, continúan obsesionando a tantas mujeres. Todas estamos o hemos estado idiotizadas y todas tenemos mujeres a nuestro alrededor que lo están y seguirán estándolo. Y por eso es tan fácil que nos veamos reflejadas en este cómic de Moderna de Pueblo, identificándonos con sus protagonistas para bien y para mal, según nuestro nivel de idiotización actual.

No sé si Idiotizadas será autobiográfica, pero lo que está claro es que las anécdotas que retrata tienen mucha verdad. Es un cómic de humor, desenfadado y descarado, pero también una reflexión que todas deberíamos hacer, incluidos los hombres, que no se libran de los hechizos que idiotizan. Pero, por encima de todo, Idiotizadas es un homenaje a las amigas, a esas mujeres que rescatan a otras despertándolas del letargo del que dirán para que vivan su vida como quieran. Porque como bien demuestran Moderna de pueblo, Zorricienta, Gordinieves y la Sirena Pescada, aunque de pequeñas solo nos contaron un final feliz, existen muchos otros. Y todas podemos alcanzarlos si desaprendemos lo que nunca deberíamos haber aprendido.

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