
Hoy estoy emocionada. Sí, estoy especialmente contenta. Ha sido un día estupendo: en el trabajo ha salido todo redondo, me he permitido el lujo de darme un paseo de una hora sin pensar en nada, he recibido muy buenas noticias y he terminado el libro que me ha acompañado estos últimos días.
Y, vale, esto último ocurre muy a menudo, al menos dos veces a la semana, así que tampoco tendría por qué ser una novedad. Pero lo cierto es que sí lo es, porque este libro, Experimento Magallanes, me ha encantado.
Si leéis mis reseñas ya sabréis que no suelo decirle que no a ningún libro, aunque no me atraiga demasiado en un principio. He aprendido a no juzgar por una presentación, por una temática o por una sinopsis. Prefiero dejarme llevar y ver qué me depara ese libro. Y, si me leéis, también sabréis que no soy una gran aficionada a las novelas históricas, ya que normalmente me suele costar bastante conectar con la trama y engancharme a ella. Y sí, el libro del que vengo a hablar hoy es una especie de novela histórica. Digo especie, porque ahora, después de haberlo leído, no sé muy bien cómo catalogarlo. Después de leer esta reseña me entenderéis mejor.
Alejandro Alvado nos trae una novela muy cortita, que no llega a las cien páginas, y cuya historia transcurre en el siglo XVI teniendo como escenario principal el viaje que Magallanes emprendió y que tenía como fin el dar la vuelta al mundo. Podríais pensar que el protagonista de este libro, como sería lógico, es Fernando de Magallanes, pero lo cierto es que no. Los protagonistas son tres hombres con tres historias que contar que verán cómo sus vidas giran irremediablemente alrededor de la del luso. Concretamente, uno de ellos tendrá la misión de salvar la vida del explorador portugués, contando con un as en la manga muy peculiar: el saber cómo termina realmente la historia.
Este halo de ciencia ficción es algo que me ha gustado particularmente. Imaginaos: muchos marineros que transportaban mercancía de un continente a otro acababan muertos a manos del escorbuto, por no tomar la suficiente vitamina C. Cuántas vidas se hubieran salvado si alguien le hubiera dicho a estos marineros que el clavo que transportaban tan habitualmente era rico en esa vitamina. Y, como esta anécdota, muchas más: cómo hubiera cambiado el curso de la historia si alguien llegara del futuro contando todo lo que estaba por suceder.
Sin duda, una trama curiosa, ¿verdad? Pero no solo eso, ya que Alejandro Alvado lo cuenta todo con tanto humor que es inevitable dejar que una risa se escape de vez en cuando. Sobre todo si uno lee los títulos de los capítulos con detenimiento, ya que no tienen desperdicio.
Así que, sí, Experimento Magallanes es una novela muy difícil de catalogar. ¿Histórica? ¿Ciencia ficción? ¿Humor? Pero, si no somos muy quisquillosos y no necesitamos catalogar absolutamente todo lo que nos rodea, podremos contar con la ventaja de descubrir que una sola cosa puede tener multitud de virtudes y cualidades. Como es el caso. Espero que ahora me entendáis cuando os digo que he tenido un gran día.
Además, tengo que decir que la narración, la forma de escribir que tiene Alejandro Alvado, me ha gustado muchísimo. Utiliza un lenguaje elaborado pero para nada engorroso. Me ha resultado muy fácil introducirme en la trama (cosa que, como os dije, me cuesta bastante cuando se trata de novelas históricas) y eso ha sido gracias al lenguaje fluido que usa el autor. He de confesar que cuando me llegó a casa y vi lo cortito que era, pensé que en una noche podría leérmelo entero. Pero la verdad es que no ha sido así, porque he querido dosificarme. Podría haberme sentado y haberlo leído del tirón, pero he preferido disfrutarlo más lentamente, leyendo un par de capítulos por noche. No quería que se terminara tan pronto. Pero no os culpo si, al leerlo, os dura un suspiro; lo entendería perfectamente.
Si hay algo que se echa en falta, quizá sea el desarrollo de los personajes protagonistas. Alejandro Alvado apenas da unas pinceladas de cada uno de ellos, dejando mucho a la imaginación. Pero no tenemos que tomarlo como algo negativo, precisamente porque este es un libro en el que lo importante no es tanto el contenido, sino el continente. Nos da igual no saber cómo son los personajes en profundidad, o cómo piensan. Nos da igual no entender sus emociones o su forma de ser, sencillamente porque no lo necesitamos. Eso es lo bueno: que el trascurso de la historia sigue igual tanto si sabemos esas cosas, como si no. Así que, me ha gustado que el autor no se detuviera en darnos detalles innecesarios y fuera directamente el grano. Si se tratara de otro tipo de novela o narración, os podría decir que no, que yo necesito que me den personajes muy desarrollados y creíbles. Pero en este caso la historia en sí es tan interesante, que lo demás me ha dado absolutamente igual.
Habiendo dicho todo esto, no es de extrañar que ahora tenga una tremenda sensación de satisfacción. Cuando terminé el libro, lo hice con una sonrisa en la cara. No me podía creer que un libro de historia me hubiera gustado tanto. Sí, sin duda, hoy ha sido un gran día.

Si os digo la verdad, hacía ya varios libros que no me divertía tanto con uno como con el libro del que hoy os hablo. A veces me pongo muy intensita con mis lecturas y me olvido de que la literatura también sirve para entretener y divertir, así que cuando me llega uno de estos libros los disfruto muchísimo. La señora Fletcher es uno de esos libros que no esperaba que me fuera a gustar tanto y cuya lectura me ha sentado de maravilla. Gracias, Libros del asteroide y Tom Perrotta, por estos días en los que he acompañado a Eve y al resto de personajes en esta genial historia, me habéis alegrado las vacaciones de Semana Santa.
Creo que todos estaremos de acuerdo en que la portada de Habrá valido la pena, de Daniel Morales, es llamativa. Y sí, la novela da lo que promete: hay sexo, bastante, y explícito. La primera parte podría resumirse en que Hannah es una alemana de dieciocho años que viaja a Málaga para iniciarse sexualmente: quiere perder su miedo a la penetración y, de paso, encontrar a su príncipe azul. Ay, qué soñadora es esta Hannah, lectora de Charles Dickens, 
Comienza esta novela con un pequeño hurto, o con un regalo. El del título. Porque el original en inglés destripaba la principal intriga del relato, pero, consciente o inconscientemente, su traducción no se parece en nada. Así que si quieren evitar la curiosidad de saber cómo le fue al Steeple Sinderby Wanderers en su temporada más memorable, no caigan en la tentación de mirar la página de créditos; yo no se lo voy a revelar, para que así puedan seguir leyendo esta reseña sin problemas.
Ya os he confesado alguna que otra vez mi predilección por Liniers. Lleva años acompañándome con sus tiras y sus personajes y sacándome mil sonrisas con sus historias. ¿Cómo no voy a quererle, eh? Eso de que para conquistar a una persona es muy necesario hacerla reír es totalmente cierto en este caso. A mí Liniers ya me tiene ganada, artísticamente hablando, desde hace mucho con su humor.
Soy socióloga de formación, lectora compulsiva por afición y escritora por vocación. Y esas tres facetas de mi vida tienen algo en común: intentar comprender este mundo en el que vivimos y, sobre todo, la naturaleza humana que, a veces, tanto me desconcierta. Por eso, al ojear el índice de Introducción a la psicología en viñetas, escrito por Danny Oppenheimer y dibujado por Grady Klein, supe que este libro estaba hecho para mí: Primera parte: Entender el mundo; Segunda parte: Entendernos a nosotros mismos; Tercera parte: Entender a los demás.
Una muchacha calva hace equilibrio sobre un pie en el centro del puente de Notre-Dame, con un baúl de madera atado a su cuello.
Ya lo cantaba Marlo Brando en ese éxito chanante convertido con justicia en un clásico y en múltiples versiones de tonos de llamada para el móvil. No podemos permitir que determinados insultos desaparezcan de la calle, de nuestras vidas…: “Mequetrefe, payasa, botarate, tontaca, gilipipas… No, no, no. ¡Hay que decir hijo de puta, niños, hijo de puta! ¡Hay que decirlo más! ¡Siempre hijo de puta! Por su sonoridad, por ser el alfa y el omega de la vulgaridad. Gilipollas es más coloquial y cabronazo no está nada mal, pero hijo de puta es un concepto mucho más global. Para saludar, cuando te devuelven el cambio mal y para faltar”.
La verdad es que hay editoriales que son para mí una garantía de éxito asegurado. Errata Naturae es una de ellas. No son solo sus magníficas portadas (que también), el caso es que siempre acierto con sus lecturas. 
Hay historias que hemos leído, visto y escuchado mil veces, por ejemplo, La Bella Durmiente. Sin embargo, eso no quiere decir que conozcamos de verdad este cuento. La mayoría de personas no tienen ni idea de que el primero en escribirlo fue el italiano 
Creo que es conveniente que comience esta reseña destacando que El Jinete de la Tormenta, la primera novela (publicada) de Darío Lozano, es una historia 
Creo que solo he leído alguna tira de Moderna de Pueblo cuando he ido a la peluquería y he abierto la revista Cuore para hacer tiempo. Aunque el nombre del personaje de Raquel Córcoles, Moderna de Pueblo, me parece genial (dice tanto con tan poco), pensaba que sus historietas explotaban los tópicos de hombres y mujeres, salpicándolos con efectivas referencias a la cultura millennial, en las que toda una generación nos podemos ver reflejados en mayor o menor medida. El título de su primer cómic en solitario,