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Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei

Pensamientos desde mi cabaña

Pensamientos desde mi cabañaEl planteamiento de este libro no podía ser más atractivo, es una obra fundamental de la literatura clásica japonesa, un ensayo sobre la vida sencilla y la relación con la naturaleza y además prologado por Natsume Soseki y muy bellamente editado por Errata Naturae. Kamo no Chōmei, tras una vida azarosa tanto a nivel personal como social, ya que le toco vivir no pocos desastres cuya narración es sumamente interesante, abandona la capital, la residencia familiar y una relativa comodidad como funcionario de la corte y, llevado por sus convicciones budistas, se retira primero a una casa modesta y después a una cabaña de unos tres metros cuadrados que construye él mismo en el bosque, en el monte Hino.
Cuando supe de la existencia de Pensamientos desde mi cabaña me vino a la cabeza, supongo que es inevitable, Walden, y pensé que debía ser toda una experiencia leer a una suerte de Thoreau japonés. Sin embargo no es parecido, Chōmei no despliega un gran aparato argumental, su filosofía de sencillez la expone en sus textos haciendo gala de la misma en su forma de escribir y en su modo de vida, y logra de alguna forma extraña y elegante construir una obra pequeña y de gran belleza, inspiradora y sugerente. No voy a decir que a uno le entren ganas de escapar a la montaña, montarse una cabaña portátil con ramas y dedicarse a la escritura y la vida contemplativa, pero no puede dejar de admirar la habilidad de los clásicos japoneses para construir, con pocas herramientas, obras tan bellas y reconfortantes.
Natsume Soseki comienza diciendo que la obra de un genio lo contiene todo, y hay que darle la razón, a la vez que hay admirarse ante el hecho de que ese todo quepa en un recipiente tan pequeño. En ciento cuarenta y siete páginas caben los Pensamientos desde mi cabaña, el prólogo de Soseki, un postfacio de Jacqueline Pigeot y un texto sobre el autor, titulado Retiro y Poesía, de Tamamura Kyo. El prólogo, es obligado decirlo, resulta especialmente deslumbrante.
Podría resultar contradictorio envolver una obra cuya razón de ser es la vida sencilla en tanta explicación, en tanto razonamiento, pero no lo es. Ambas cosas son necesarias, se llega a los mismos lugares por distintos caminos y para llegar al destino de Pensamientos desde mi cabaña viene muy bien disponer de un buen mapa. Porque a menudo las referencias nos resultan complicadas y resultaría triste que nos perdiésemos en cuestiones como Tu cabaña se asemeja a la de Jōmyō-koji, pero observas las enseñanzas aun peor que Shūri-Handoku. A las dificultades que en occidente nos plantea a menudo la literatura japonesa se unen en este caso las propias de la condición de monje budista del autor.
No puedo resistirme a lanzarles un cebo, a mostrarles por una rendija la vida de Chōmei en el bosque:

Si una mañana siento la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa, me dedico a contemplar los barcos que navegan por Okanoya y trato de escribir a la manera de Mansami. Al atardecer, cuando el viento mueve los árboles de Katsura, y hace sonar sus hojas, me acuerdo del río Jin-yo y pulso la biwa, imitando a Gentotoku. Cuando tengo ánimo, acompaño la melodía del viento con el «Canto de las brisas de otoño», o el murmullo del agua con un pasaje célebre de la «Fuente que mana». No soy un gran artista, pero tampoco toco para deleitar a un auditorio. Toco para mí mismo, para dar sustento a mi corazón.

Esta crónica de la vida de un poeta, escrita cuando el rocío de su vida ya se evaporaba, es una verdadera delicia, su prosa elegante, sus imágenes hermosas y evocadoras y su filosofía de sencillez no son sólo motivo de deleite y reflexión, sino que por un tiempo probablemente demasiado breve sirve también de antídoto a los efectos perniciosos de esta vida nuestra, tan contraria a la que él describe y a menudo tan desquiciada. No parece muy recomendable retirarse hoy día a vivir en una cabaña como la de Chōmei, pero tenemos la ventaja de que podemos construirnos una con sus palabras y retirarnos un ratito a descansar cuando sintamos la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa.

Andrés Barrero
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Cuaderno de naturaleza, de Julia Rothman

Cuaderno de naturaleza

Cuaderno de naturalezaEs totalmente cierto lo que Errata Naturae dice en la contracubierta del libro con lo de «Ningún libro sustituirá nunca a la naturaleza», y mucho más si quien tiene el libro en cuestión entre manos es un amante de ella, como supongo que le pasará a todo aquel que compre este. Pero también es cierto que el libro puede ser el brazo que te empuje hacia un mundo que siempre está abierto, donde todas las puertas son de entrada y al que le da igual quién y cómo seas: el mundo natural. De este maravilloso mundo habla Cuaderno de naturaleza, de Julia Rothman, autora de La vida en el campo.

Descubrí el mundo natural, en su plenitud, a raíz de adoptar a un perro (añado la “a” porque para mí son como humanos, o mejor). En realidad, para ser exactos, una perra. Ella, con su infatigable ánimo, me empujó a la montaña, me llevó por caminos repletos de árboles que parecían espejos por todo lo que me enseñaban de mí. Fue a partir de entonces, hace ya cosa de cuatro años, cuando vi que había un lugar en el mundo desprovisto de ojos en el que estar verdaderamente a solas. A medida que pasaba el tiempo y me acostumbré a mirarme estando inmerso en un bosque, empecé a mirar alrededor, a fijarme en todo lo que componía aquello que tan bien me hacía sentir, y descubrí un mundo sin fin. La montaña es algo así como el escaparate de una tienda favorita que abre las veinticuatro horas del día y no te pide dinero a cambio, solo un poco de amor, un poco de respeto, de buen trato, de ti. Tiempo después, me di cuenta de que también había libros que podían hacerte sentir algo parecido a lo que sientes cuando estás rodeado de verde. Leí alguno, me vi reflejado en ellos, sentí en ciertos momentos (todavía hoy lo siento) que alguien estaba escribiendo mi historia sin pedirme permiso pero dando completamente en el clavo. Una de las editoriales que más fuerte me golpearon (y golpea) en ese sentido fue y es Errata Naturae.

Hoy hablo de un título fuera de colección como es este nuevo Cuaderno de naturaleza, de Julia Rothman, un libro hecho por una amante de la naturaleza para amantes de la naturaleza. En él, Rothman desgrana el mundo natural desde su visión personal con datos, curiosidades, secretos y muchos dibujos. Amante de todo lo natural, consigue impregnar las páginas (aparte de con el maravilloso olor que desprende el papel, cosa, imagino, que no dependerá de ella) de un amor absoluto hacia un mundo que coexiste con nosotros y al que le debemos muchísimo más de lo que pensamos. Compuesto por siete capítulos, Cuaderno de naturaleza recorre desde lo más profundo de los ríos y lagos hasta lo más alto del universo: moscas grúa, cachalotes, tipos de abeja, constelaciones, anatomía de una hoja, formaciones nubosas con las que predecir el tiempo, etc. Todo ello acompañado siempre por su visión, su experiencia a través de paseos, pruebas, conversaciones. Además, incluye aportaciones propias y ajenas de, por ejemplo, recetas de cocina con hojas comestibles, metodología para una mascarilla natural, pasos para pintar un paisaje con acuarelas o para decorar tu pared con calcos de hojas del parque más cercano a tu casa. Todo muy simple, sí, pero certero.

Cuaderno de naturaleza es uno de esos libros que suelen llamarse de cabecera o de mesilla de noche, un libro al que recurrir cuando se tienen en la cabeza dudas tras, o durante, los paseos. ¿Cómo se llama ese árbol que siempre florece a estas alturas del año y que me tapa la luz de la habitación cuando lo hace? ¿Cómo es el cuerpo del murciélago que da vueltas alrededor de la luz de la farola que ilumina el parque de mi barrio? ¿Qué me dice el interior de un tronco cuando veo un árbol caído por el bosque? Todo ello y mucho más en un libro repleto de todo aquello que nos gusta a los que nos gusta lo natural. Un libro que solo por su olor ya debería comprarse. Y que encima tiene muchas cosas más. Para los que piensan en verde, en los que me incluyo, un nuevo tesoro para nuestras bibliotecas.

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Refugio, de Terry Tempest Williams

Refugio

RefugioSi comenzase la reseña haciéndoles un esbozo del contenido del libro probablemente no le haría justicia, incluso es posible que les resultase una idea un tanto macabra. Así que antes de hacerlo les transmitiré mis sensaciones con Refugio, que le hacen más. Es un libro profundamente conmovedor, sincero, desgarrador y valiente. Se trata de un diario, el que escribe la autora en un momento de su vida en que siente que su mundo se desmorona y lo siente porque efectivamente es así. Su vida familiar sufre serios reveses en forma de enfermedad: su madre, sus abuelas y seis de sus tías se han sometido a mastectomías y siete de ellas han fallecido por el cáncer. Constituyen lo que ella llama el clan de las mujeres con un solo pecho. Pero el diario se centra fundamentalmente en la enfermedad de su madre, o por ser preciso se centra en su madre, que es mucho más que su enfermedad. Y debo decir que si el libro es tan deslumbrante como es se debe a que se trata de una mujer sencillamente extraordinaria, al igual que su abuela.
Pero su otra vida, la profesional, que es mucho más que eso, también se ve amenazada por la subida del nivel de Gran Lago Salado que amenaza con arrasar el refugio para aves que para la autora, naturalista y divulgadora, es una especie de segundo hogar.
Cada entrada del diario está encabezada por una cifra, la de la altura de las aguas, que es una forma brillantísima de cuantificar la angustia que se desarrolla en paralelo en su casa y en el refugio. Cada centímetro que sube el agua puede ser el último, el que termine con su paraíso particular de la misma forma que el horizonte de la vida de su madre también tiene un final próximo.
Les he dicho que la madre de la autora de Refugio fue una mujer excepcional y realmente lo pienso. Su forma de afrontar la enfermedad es verdaderamente impresionante, una mujer capaz de decirles a su marido y a sus hijos “debéis dejarme vivir para que pueda morirme” o que al final le confiesa a su hija “no sé cómo morirme” es una persona que asume la muerte como parte de la vida, con naturalidad. Y además es capaz de asimilar su enfermedad y vivirla como una experiencia si no afortunada al menos sí enriquecedora. Es terriblemente emotivo leer la lección de vida de esta gran mujer.
Pero para hacerse una idea justa de cómo vive la familia esta experiencia, debería decirlo en plural, hay que señalar que son mormones y que por su propia cultura viven la familia de una forma muy intensa. Yo prácticamente no conocía nada de esta religión y el retrato, muy libre, que hace la autora de la misma, de sus tradiciones y su vida, es francamente interesante.
Y Utah, el desierto y el Gran Lago Salado, paisajes tan surrealistas que es imposible leer este libro sin buscar frecuentemente imágenes para confirmar las impresiones que el libro transmite aun desde la certeza de saber que es imposible mirarlo con los mismos ojos que quienes viven allí y cuya relación con su entorno sobrepasa con creces la del visitante. Ella ama su paisaje, sobre todo adora a las aves pero en general siente una comunión con la naturaleza que se asoma a cada página. Un lugar del que un militar se refirió como “un buen sitio para tirar cuchillas de afeitar usadas” y que uno aprende a admirar a través de los ojos de la autora. Otro concepto sorprendente de este hombre es el de “segmentos de población de utilidad relativa”, pero me temo que entrar a comentar ese tema sería demasiado extenso para una reseña.
Se aprende mucho y muy interesante con este libro. Los mecanismos hídricos del gran lago, los naturales y los artificiales con los que se trata de domesticarlo (alguno de ellos especialmente delirante), sobre un entorno natural extremo que guarda su belleza para quien la sabe ver, que es quien la sabe vivir, pero que una vez la muestra es un espectáculo. Se aprende sobre aves, sobre mormones y sobre la sociedad de Estados Unidos. Pero por encima de todo se viven muchas emociones acompañando a estas mujeres valientes que gracias a Refugio han pasado por esta vida dejando un testimonio y una huella que les rinde un mucho más que merecido homenaje. Reivindicar al clan de las mujeres de un solo pecho, que es mucho más amplio que el de las mujeres de la familia Tempest, es una causa noble porque lo cierto es que no siempre han gozado del apoyo ni del reconocimiento del que disfrutan ahora.
Les he dicho que Refugio era una obra muy valiente, sin duda lo han entendido porque hablar de la propia intimidad familiar y los sentimientos con la honradez con la que lo hace Terry Tempest Williams requiere de mucho valor. Pero me refiero también a otra cosa. Al final del libro la experiencia personal se torna en denuncia, en la de las pruebas nucleares que se llevaban a cabo en el desierto, junto a ellas, y su relación con la elevada tasa de cáncer de estas mujeres de Utah. Yo soy de Huelva, la comparación con Utah es aparentemente extemporánea sin embargo junto a la ciudad hay unas balsas de fosfoyesos, radiactivas, que ocupan una extensión mayor que el área metropolitana, de tal suerte que es la provincia con mayor tasa de cáncer de España. Oficialmente una cosa no está relacionada con la otra y por cada estudio que lo demuestra aparece uno que prueba lo contrario. Al leer las páginas que la autora le dedica a este tema no he podido evitar compartir su indignación y su impotencia. Su caso es diferente, en un juicio se dio por demostrada la relación entre las pruebas nucleares y la enfermedad de las denunciantes y se marcó una indemnización. Sin embargo instancias judiciales superiores anularon el fallo basándose en un precepto legal según el cual el gobierno era inimputable si lo que hace no es ilegal. Y se ve que a alguien se le olvidó proponer una ley en la que se dijera literalmente que está prohibido exponer a tu población a experimentos radiactivos sin su consentimiento.
Permítanme que acabe con unas palabras de la autora, no son del propio diario, sino que son una reflexión final que me parece tan interesante que no me resisto a compartirla con ustedes:

En la cultura mormona se respeta la autoridad, se venera la obediencia y no el pensamiento independiente. […] Durante muchos años he hecho justo eso: escuchar, observar y formar en silencio mis propias opiniones, en una cultura que raras veces se hace preguntas porque ya tiene todas las respuestas. Pero también he visto a las mujeres de mi familia morir, una por una, muertes ordinarias y heroicas. Nos hemos sentado en salas de espera, esperando recibir una buena noticia, pero oyendo siempre la mala. Yo las he cuidado, he aseado sus cuerpos llenos de cicatrices, y he guardado sus secretos. He visto a mujeres guapísimas quedarse calvas a medida que les inyectaban ciclofosfamida, cisplatino y doxorrubicina en las venas. Les he puesto la mano en la frente mientras vomitaban una bilis verde y negra y les he administrado morfina cuando los dolores se volvían inhumanos. Al final, he sido testigo de su último y apacible aliento, me he transformado en comadrona del renacimiento de sus almas.
El precio de la obediencia se ha vuelto demasiado alto.[…]Tolerando una obediencia ciega en nombre del patriotismo o la religión acabaremos firmando nuestra sentencia de muerte.

Andrés Barrero
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El club de los mentirosos, de Mary Karr

El club de los mentirosos

El club de los mentirososLa verdad es que hay editoriales que son para mí una garantía de éxito asegurado. Errata Naturae es una de ellas. No son solo sus magníficas portadas (que también), el caso es que siempre acierto con sus lecturas. Buenos días, guapa fue uno de esos libros publicados por ellos que me encantó y que no puedo dejar de volver a recomendaros.

No puedo mentiros. Lo primero que me atrajo de este libro fue su maravillosa portada y su genial título: El club de los mentirosos. Antes de leer siquiera la sinopsis ya me tenía completamente ganada. No está mal, ¿no?

Mary Karr es la autora de esta brillante novela, que fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según el New York Times y mejor libro del año para The New York Times Book Review, The New Yorker, People y Time. Casi nada, amigos. Una novela que califican de extraordinaria o que, como dice Time, se encuentra “entre la tristeza más honda y la risa más sincera, y por esto último se inclina el lector”. Y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo, pero empecemos por el principio.

Lo primero que el lector debe saber es que El club de los mentirosos es una novela autobiográfica y ahí reside el encanto de este libro. Porque como ficción ya hubiera sido maravilloso, pero cuando el lector sabe que lo que está leyendo no es ni más ni menos que la infancia de la propia autora, todo adquiere un matiz diferente. ¿En serio fue esta su infancia? Sí, lectores. Así es. Dura, real, trágica y al mismo tiempo envuelta en un halo de comedia que ríete tú de las tragicomedias de Shakespeare.

Y es que, a pesar del título, en este libro hay mucha verdad. Mary se crió en una pequeña localidad petrolera en el este de Texas, junto a sus padres y su hermana. Ella, una niña descarada y sensible, una hermana autoritaria y valiente, un padre algo borrachuzo pero con una gran corazón y una madre, un personaje fascinante, que será la clave para entender la novela.

Resulta imposible no conectar con Mary y el resto de personajes en algún momento de la biografía. Todos tienen ese algo tan familiar, absurdo e hilarante que hace que nos identifiquemos con ellos. Y aunque sea una familia de armas tomar y las historias en las que se ven envueltos puedan parecer a veces de lo más surrealista, tienen ese punto a favor del más puro realismo norteamericano.

A pesar del drama, que lo hay y mucho, prevalece, como os decía, esa parte cómica. Y eso es, quizás, lo grandioso de El club de los mentirosos. Mary Karr nos sumerge en su infancia, nos adentra en su casa, en las tragedias de su familia y, a pesar de todo, consigue que nos lo pasemos bien, que riamos con ella. Yo me lo he pasado en grande y aunque he sufrido (un poquito), también ha habido momentos en los que he reído con sus locas situaciones.

Estoy convencida de que este libro es uno de esos libros que no tiene un lector concreto, un libro que cualquiera puede disfrutar. Yo os animo a hacerlo. Luego me contáis.

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Inmersión, de Lidia Chukóvskaia

Inmersión

InmersiónInmersión, un sendero en la nieve es más que una obra bellísima, es todo un testimonio de firmeza moral y de compromiso con la justicia y la libertad. Cuando el simple silencio era más heroico que simplemente digno, Lidia Chukóvskaia elevó su voz frente a la injusticia, frente a la persecución de artistas y escritores de finales de los cuarenta que bajo la acusación de “cosmopolitismo” escondía una purga más, y una de tintes antisemitas. Ella defiende a los acusados colectivamente y lo hace mediante un argumento pertinente y tremendamente sugestivo, algo que siempre he pensado pero que no recuerdo haber visto expresado con palabras: unas denuncias tan abstrusas escritas en un tono tan gris, tan plano, reiterativo y fatuo no pueden ser ciertas. ¿Se puede distinguir una mentira por la forma en que está escrita? Probablemente no siempre, pero en aquella situación desde luego sí. Cosas como «Idealista y formalista, exponente recalcitrante de la escuela comparativista y ferviente defensor de todo lo procedente del extranjero, el profesor Shumílov (alias Shneierman) ha difundido, a lo largo de toda su vida, teorías infames con el fin de degradar la dignidad del hombre soviético y ha embutido en la mente de nuestros jóvenes alegatos contrarios a la patria y a la ciencia» sencillamente no pueden ser otra cosa que burda propaganda, una miserable utilización del lenguaje para disfrazar de delito cualquier sencilla expresión de la naturaleza humana. Es un consuelo que el servilismo pudiera proporcionar todo tipo de reconocimiento y beneficios materiales, pero no talento.
Inmersión no sólo tiene esta vertiente de compromiso con la libertad, también es una obra hermosa que transmite la belleza de los paisajes nevados, la paz de los bosques. La protagonista, Nina Sergueievna, escritora y traductora, acude a una residencia de escritores como premio de la unión de escritores. Un mes de descanso en el campo. Y durante ese mes no sólo trabaja en su obra, para la que requiere de esa Inmersión en sus propios recuerdos, y traduce, también conoce a una serie de personajes que le permite poner en pie un retrato certero de una sociedad dominada por el miedo, la propaganda y la desinformación. Allí va recibiendo noticias de detenciones en teatros o editoriales, allí conoce a críticos mediocres que alardean de sus verdades absolutas con tanta arrogancia como incapacidad, allí conoce a un poeta que comparte con ella su obra y a un escritor antiguo condenado al Gulag que le abre los ojos a ciertas realidades, especialmente a la suerte de su desaparecido marido. Diez años sin derecho a correspondencia, un eufemismo que esconde una suerte trágica que ella se negaba a aceptar. O a la gente del pueblo, que de forma colateral denuncia también las diferencias sociales entre unos y otros.
Nina Sergueievna tiene algo que le proporciona la fuerza necesaria para mantenerse en pie, para respetar su propia dignidad intelectual antes que su integridad personal (algo que también aprende a modular), y es su amor a la poesía. Hay mucha poesía, Pushkin por ejemplo, o Pasternak, que no es solo fuente de citas sino un argumento en sí mismo. No es sólo la belleza de su prosa sencilla lo que confiere el aire tan especial a Inmersión, es también la relación de la protagonista con la poesía la que lo logra. Siente uno unas ganas terribles de leer las memorias de Chukóvskaia en las que narra su relación con su amiga Anna Ajmátova por más de treinta años.
Y hay finalmente una interesante (y emocionante) reflexión sobre el coraje, sobre decir lo necesario. La protagonista en un momento dado puede comprender el silencio, entiende que puede ser preciso no hablar para seguir vivo, pero no logra asumir que en lugar de gritar la verdad o guardar un digno silencio, se proteja uno sumándose a la mentira.

Andrés Barrero
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Atlas de las constelaciones, de Susanna Hislop y Hannah Waldron

Altas de las constelaciones

Altas de las constelacionesEste otoño Errata naturae ha publicado dos libros que me encantan: una nueva traducción de las meditaciones de Marco Aurelio, que hace unos días le regalé por su cumpleaños a mi mejor amiga, y el Atlas de las constelaciones del que os quiero hablar hoy.

Como yo era una niña de ciudad, las figuras que se dibujan en el cielo siempre me han parecido inaccesibles, casi ficción. Desde mi ventana, se veía la luna, a veces Venus y, como mucho, alguna estrella. Esto, unido a mi nulo conocimiento sobre astronomía, ha hecho que el cielo nocturno me sea desconocido y, precisamente por esa razón, me despierte muchísima curiosidad. Pero, cuando empiezo a buscar información sobre el tema, acabo abrumada de palabros, datos y timos raros de astrología…

Así que cuando oí hablar del libro de estas dos autoras británicas, una escritora y una ilustradora, y leí que se subtitulaba “Las historias que nos cuentan las estrellas”, pensé que, por fin, podría comprender la cartografía del cielo. Y así ha sido.

Porque Atlas de las constelaciones cuenta, con gracia y elegancia, las historias, sean mitológicas, históricas, científicas o personales de las ochenta y ocho constelaciones que hay sobre nosotros, fijadas por los astrónomos en el siglo XX. Y también las ilustra y las sitúa para que, en una noche clara, lejos de las luces de la ciudad, puedas jugar a situarlas. Para hacerlo, la ilustradora Hannah Waldron marca las estrellas con una escala de magnitud para que tengas una buena referencia con la que buscarlas en el cielo, perfila el contorno uniendo las estrellas entre sí, y luego dibuja la figura imaginada, sea un águila, un héroe, una doncella, una monstruo marino, un perro, un microscopio, un lince, un triángulo o un caballo alado. Me hizo reír que, en los agradecimientos, Waldron le diera las gracias a un tal Hugh por su disposición a adoptar todo tipo de poses heroicas para servirle de modelo. La situación me sonaba un poco… Desde aquí mi agradecimiento a todas aquellas personas que vivís con artistas y os toca aguantarnos hablar de nuestras historias o, como a Hugh, haceros posar para dibujar héroes.

En los textos, además de repasar gran cantidad de mitos clásicos, la escritora Susanna Hislop cuenta anécdotas que son curiosas o ayudan a comprender la historia de la astronomía. Por ejemplo, cuenta que hubo un intento de cristianizar el cielo (es decir, de sustituir las paganas por santos) en el siglo XIX o habla del origen de la brújula y su uso, junto a las estrellas, claro, en la navegación (y acaba relacionándolo con la materia oscura de Philip Pullman, unos libros que marcaron mi adolescencia). También cuenta que se reinterpretaron todas las constelaciones siguiendo el texto de Alicia en el país de las maravillas (y que encajaban a la perfección) o te explica qué es un sextante celeste y para qué servía. Siempre de manera amena y didáctica, con un estilo sencillo.

No quiero acabar esta reseña sin tratar uno de los puntos más impresionantes de este Atlas de las constelaciones, que es el libro como objeto. Es una preciosidad: tapa dura con las estrellas tachonadas en naranja, lomo de tela, cosido, a tres tintas y con una maquetación cuidadísima. Es una auténtica joya, un regalo, un libro entretenido, bonito para contárselo a los niños o para llevar de vacaciones si alquiláis una casa en la montaña (habla la niña de ciudad), con un telescopio, y podéis dedicar las noches a explorar el cielo.

Laura Gomara

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Geopolítica de las series, de Dominique Moïsi

Geopolítica de las series

Geopolítica de las seriesEs probable, y mucho más en estas fechas, que si os digo aquello de Winter is coming, todos sepáis de qué estoy hablando. Y es que la repercusión que Juego de Tronos tiene en la sociedad actual va mucho más allá de lo escrito o filmado sobre los Siete Reinos de George R.R. Martin. También es muy probable que, si os hablo de Frank Underwood o Carrie Mathison, la mayoría sepáis la serie que protagoniza cada uno de estos personajes. Todo este boom mediático que están viviendo las series de televisión hace que varios expertos en política y relaciones internacionales se hayan fijado en ellas para explicar de un modo sencillo los mecanismos y estrategias que rigen nuestro día a día. Uno de estos expertos es Dominique Moïsi, autor de Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo. El politólogo francés define el objeto de este ensayo y el fin mismo del libro como “una obra sobre geopolítica que utiliza las series como materia prima para comprender la evolución de las emociones del mundo”. Sin duda un tema que captó rápidamente mi atención, y mucho más tras ver la genial portada de David Sánchez, hombre de referencia en la editorial a la hora de ilustrar sus libros.

El catálogo de Errata Naturae está lleno de buenos libros escritos alrededor de las series de televisión. Libros temáticos sobre grandes series como The Walking Dead o Twin Peaks ya han sido reseñados en el blog, y este que hoy os traigo se estructura en torno a cinco series del momento, de cuyo análisis se desprende el estado actual de las alianzas y problemas geopolíticos existentes en los últimos años. Dominique Moïsi explica en la introducción los motivos que le han llevado a elegir Juego de Tronos, Homeland, House of Cards, Downton Abbey y Occupied para el análisis en cuestión. De las tres primeras soy fiel seguidor, de la cuarta he visto bastantes capítulos y pese a no conocer la existencia de la quinta, tras leer el libro ya me he encargado de ponerla en mi lista de series preferentes. También dedica unas páginas el autor para explicar qué concepto de la situación política actual encaja mejor con cada una de las series analizadas. El miedo al caos, el declive democrático, el terrorismo, la nostalgia del orden antiguo o la ocupación rusa encajan a la perfección con cada una de las series, y mediante analogías y análisis de los personajes el autor va mostrando a los lectores como la industria televisiva y cultural utiliza medios audiovisuales como método rápido para entregar un mensaje a un amplio número de personas.

He de reconocer que leyendo la introducción de este libro llegué a pensar que, pese a la buena idea que planteaba el autor, analizar la política mediante series iba a ser harto difícil. Sacar un mensaje claro y sencillo para los profanos en la materia exigiría una capacidad de síntesis que es muy difícil de conseguir. Sin embargo, una vez metidos en materia, me ha sorprendido gratamente la prosa sencilla y clara que utiliza Dominique. A esto también ayuda tener un conocimiento previo de las series en cuestión, al menos de gran parte de las series que aparecen en el libro. Con esto no digo que no se pueda disfrutar del libro si uno no ha visto las series, pero es cierto que es un valor añadido para disfrutar más completamente del mismo.

“Homeland puede leerse como un catálogo de los errores que llevaron a la aparición del Dáesh”

Son muchas las buenas enseñanzas que puede extraer el lector con una lectura atenta del texto. El autor diserta sobre varios puntos a tener en cuenta, como por ejemplo la forma tan negativa que tienen los americanos de retratar su política en las series, en contraposición con los rusos, que venden en su entretenimiento unas actitudes políticas casi inmaculadas. O esas analogías en Juego de Tronos que mezclan en un mismo texto las ciudades-estado del Renacimiento italiano, la política migratoria de Angela Merkel o la crisis de refugiados que estamos viviendo en la actualidad. Y también es de agradecer en el autor que no se centre solo en cinco series para explicar un problema más complejo, y amplíe sus cavilaciones a otras series no menos importantes como The Americans, Borgen o El ala oeste de la Casa Blanca, esta última de especial importancia, pues fue de las primeras en tratar asuntos geopolíticos en sus tramas.

En resumen, Geopolítica de las series es un ensayo ameno que acerca el mundo de la geopolítica a la gente de a pie. Leyendo a Dominique Moïsi se entiende un poco mejor el mundo en que vivimos. Y todo ello contado de un modo abrumadoramente sencillo, haciendo bueno aquel dicho de Séneca, “La sencillez y claridad distinguen el lenguaje del hombre de bien”.

César Malagón @malagonc

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Un lugar pagano, de Edna O´Brien

Un lugar pagano

Un lugar paganoDebo reconocer que siempre he sentido una cierta debilidad por la literatura y el cine irlandeses, y no especialmente por las historias en sí mismas sino por el ambiente que suelen retratar, por esa concepción sencilla de la vida, por el respeto a la tradición, y por esa mirada capaz de relativizar las cosas que permite afrontarlas con una apacibilidad que es uno de los bienes más difíciles de encontrar en la vida real. Sin embargo últimamente comienzo a dudar de mi propia idea, tal vez ese ambiente bucólico no sea más que una cortina de humo para sobrellevar una realidad más bien sórdida. Edna O´Brien logra algo en apariencia contradictorio, que es reforzar ambas teorías contrapuestas. El tono de Un lugar pagano, una de las pocas, si no la única, novela narrada en segunda persona que recuerdo haber leído, refuerza esa idea de existencia apacible gracias a la sistemática relativización de los hechos. La narradora le va contando a la protagonista su vida (la de la niña protagonista, que probablemente sea la misma persona) entre otras tantas anécdotas, sucesos y vidas, pasando de un tema a otro con una naturalidad que parece transmitir que se encuentran todas en un mismo plano, todas igual de importantes. Pero desde luego no lo son, porque en ese tono casi displicente se tratan temas ciertamente dramáticos. Pero el tema central es el fin de la infancia y cómo se produce, el paso de niña a mujer como algo casi furtivo, la sexualidad como un misterio.
Desconozco si es un truco estilístico de la escritora o es un truco psicológico extendido entre la población irlandesa de la época, pero en todo caso es uno muy efectivo que consigue sobrellevar la narración (o la propia existencia) con una sensación de levedad que logra que uno racionalice lo leído con cierta serenidad. Y lo leído es atroz, tan fantásticamente bien escrito como terrible en la realidad. Se puede disfrutar de lo que lees al tiempo que sufres por lo que te cuentan, es una de las grandezas de la literatura.
La existencia que se retrata en Un lugar pagano es dura. Lo es en general y como suele suceder en estos casos lo es más para las mujeres. Lo es para las mujeres y como sucede siempre lo es en estos casos lo es infinitamente más para las niñas, para las jóvenes. Narrar con una voz hermosa una historia que transcurre entre railes construidos a base de fanatismo religioso, incultura, violencia, machismo, alcoholismo y abuso es un raro mérito de Edna O´Brien. Sería interesante conocer cuánto pesa en el ánimo de un padre que le da una paliza terrible a su hija a causa de un rumor que dice que la han visto flirtear con un cura, la convicción religiosa, el concepto de pecado, y cuánto pesa algo tan mundano como el whisky. Paliza, por cierto y puede que esto sea lo más impactante, alentada por la madre.
Pues en este panorama nada bucólico, la voz de Edna O´Brien consigue elevarse sobre la brutalidad y defender un papel diferente para la mujer. Más libre. Y no es que lo consiga ahora, es que lo hizo en su época y en su espacio. Tengo para mí que si el mérito literario de Un lugar pagano es incomparable, aún lo es más desde un punto de vista social. Una obra indispensable capaz de poner las cosas en su sitio sin sacrificar lo positivo, porque por dolorosas que sean muchas de las cosas que cuenta, el atractivo del lugar no se resiente, al contrario, ayuda a ponerlo en valor a través de las vidas de quienes las padecieron sin perder su espíritu.

Andrés Barrero
@abarreror
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Regreso a Twin Peaks, de VV. AA.

Regreso a Twin Peaks

Regreso a Twin Peaks

La vida, el tiempo, es lo que ocurre entre una temporada y otra de Twin Peaks. O sería bonito que así fuera. Laura Palmer nos lo prometió en los años 90. “Volveremos a vernos dentro de veinticinco años. Mientras tanto”. Puntos suspensivos. Y quizás, después de todo, esto sea lo más interesante. Ese “mientras tanto”. Porque David Lynch, que tiene un poco de genio y otro de visionario, tal vez loco, pareciera que pudiera incluirnos en sus historias, jugar con nosotros, los espectadores, como un ingrediente más y borrar el tiempo. Nuestro propio tiempo. Ese “como decíamos ayer” a lo Fray Luis de León.

A David Lynch hay que seguirle un poco de cerca para apreciarle. Con una personalidad muy marcada, sus productos, sus películas, responden a una particular manera de mirar el mundo, especialmente creativa e instintiva, basada, en parte, como ya confesara en Atrapa el pez dorado, en la meditación y fuertemente arraigada en el subconsciente.

Sobre su mirada, precisamente, en Regreso a Twin Peaks, el libro que, coincidiendo con el estreno de su tercera temporada, ha publicado Errata Naturae, Hilario J. Rodríguez recupera esta cita del propio director que probablemente encierre toda su esencia:

“Durante mi infancia, mis padres y yo tuvimos una vida como la que mostraban aquellas series de televisión de la época, con una familia y un perro muy felices. (…) Había casas bonitas, calles con árboles a ambos lados, el repartidor de la leche y muchos, muchos amigos. Era un mundo de ensueño, con aviones que de vez en cuando cruzaban un cielo muy azul, talanqueras, hierba verde y cerezos. La típica imagen americana de postal. Pero luego resultaba que en el cerezo había una secreción viscosa, parte negra y parte amarilla, y millones y millones de hormigas rojas que corrían por aquella secreción y cubrían completamente el árbol”.

En esta obra de ensayos y opiniones sobre Twin Peaks, que, como dato, iba a llamarse originalmente Northwest Passage, un amplio número de autores, críticos, cineastas, directores y especialistas, diseccionan la ficción que más revolucionó y cambió la televisión en los años noventa, llegando a inspirar a otras series posteriores como Perdidos, Expediente X, Fringe, Hannibal, True Detective o, incluso, Los Soprano, según confiesa el propio David Chase entre sus páginas.

Un interesante y minucioso repaso sobre los aspectos más variopintos del que fuera, durante mucho tiempo, el crimen más importante de la pequeña pantalla que permite releer o revisionar la serie desde diferentes perspectivas, incluida la nostálgica. Desde el final alternativo que se rodó con su piloto para distribuirse en Europa hasta la elección accidental del actor que interpretaría a Bob, así como la importancia del entorno y de los sueños, la filosofía de la serie y sus inicios. El libro, que incluye una interesante entrevista con el mismo David Lynch sobre su obra, revela historias como la de Peggy, la dueña del Doble R., y cómo Twin Peaks reavivó su cafetería.

Reflexiones que se enroscan a veces, muy a lo David Lynch, en los detalles, que se centran en las hormigas y en las secreciones viscosas de la ficción, y que hurgan en su final, en la simbología del director, los llantos de sus protagonistas, la dualidad de los personajes, la habitación roja, el inspector Cooper y la propia Laura.

Cinco lustros después, el también creador de Mulholland Drive ha regresado para descubrir que la serie continúa siendo igual de innovadora, valiente y arriesgada, igual o más lynchiana que nunca, capaz de volvernos completamente locos y, a veces, aunque no siempre, disfrutar de su momento. Por eso tal vez Regreso a Twin Peaks sea tan necesario hoy, por los colores y los matices, por el amplio abanico de voces que se mezclan entre sus páginas desde ángulos directos y a, veces, imposibles. No todo estaba escrito después de todo. Mientras tanto.

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Wonder Woman. El feminismo como superpoder, de Elisa McCausland

Wonder Woman. El feminismo como superpoder

Wonder Woman. El feminismo como superpoderEs difícil hablar del feminismo en nuestros días sin remontarnos a siglos pasados. Y ya no solo a cosas que leemos en los periódicos o que encontramos en internet, sino también a cosas que nuestras propias abuelas nos han contado o todavía nos cuentan. El papel de las mujeres a principios y a mediados del siglo XX no dista mucho del papel de la mujer que nos relataba, por ejemplo, Jane Austen, en sus novelas publicadas durante el siglo XIX. En aquellos tiempos, las mujeres quedaban relegadas a las tareas del hogar y su principal objetivo en la vida era el de encontrar un marido que las protegiera y las cuidara hasta el fin de sus días.

Desde el derecho al voto hasta la oportunidad de trabajar o ser madres solteras, es increíble ver cómo hemos sido capaces de cambiar muchas cosas que ahora vemos como algo obvio, un derecho con el que todas deberíamos haber contado siempre. Sin embargo, me entristece pensar que aún nos quedan tantas otras cosas por cambiar…

Pero, ¿qué papel juega un personaje de ficción en todo esto? ¿En qué ha contribuido Wonder Woman a la causa? A pesar de que muchos puedan pensar que la figura de una mujer sexy y ligerita de ropa poco o nada tiene que decir respecto al feminismo, la verdad es que sí que ha aportado. Y mucho. En este libro, Elisa McCausland nos acerca la figura de Wonder Woman a través de su historia en el mundo del cómic y cómo ha contribuido a la lucha de las (y los) feministas. Y es que la autora hace un recorrido completo desde la aparición de la superheroína y sus diferentes etapas, algo que me ha parecido muy interesante, ya que no he leído todos sus cómics y me hubiera gustado haberme hecho una idea de cómo se la ha representado desde sus orígenes. Además, nos cuenta con detalle cuáles han sido sus contribuciones al feminismo y cómo ha crecido el personaje en sus distintas etapas.

Elisa McCausland me ha sorprendido por su gran conocimiento en el tema y por cómo profundiza sobre él en cada uno de los capítulos de este ensayo. Gracias a esto, lectores que no conocen bien la figura de Wonder Woman y su papel en el mundo del cómic, como es mi caso, pueden descubrir más sobre este arquetipo. Un modelo del imaginario colectivo que es conocido mundialmente, pero no tanto como debiera ser.

Tras esta interesante lectura, me he dado cuenta de quién es realmente Wonder Woman. Una mujer que no solo destaca por sus poderes, sino que es lo bastante fuerte e independiente como para salvar el mundo por sí misma sin depender de ningún hombre, ni tampoco de ninguna mujer. Una heroína imprescindible en la sociedad del pasado siglo, con la que he empatizado ya solo con la lectura de este libro,  y que sigue siendo necesaria en este.

Aún seguimos viviendo en un sistema heteropatriarcal, por eso figuras como esta nos recuerdan que hay que seguir luchando por la igualdad, por el empoderamiento femenino. Lo que no significa, tal y como muchos piensan erróneamente, que la mujer sea superior al hombre y que haya que defender eso a capa y a espada. Esto no es, ni mucho menos, lo que representa el feminismo. Hay que tener muy claro de lo que se habla y conocer muy bien por lo que se desea luchar y por lo que no… Motivo por el que creo que esta lectura resulta imprescindible para conocer los cimientos del feminismo y cuyo epílogo (“El feminismo era  el superpoder”) resume muy bien cuáles son los retos que nos esperan de aquí en adelante.

Y es que el futuro está lleno de incógnitas. Pero lo que sí es seguro es que modelos feministas como Wonder Woman, a pesar de haber sido convertidas en un icono comercial y del consumismo, seguirán trascendiendo y concienciando (o eso espero) a muchas más generaciones de que la mujer es capaz de valerse por sí misma y de salvar, no solo nuestro mundo, sino también de salvar muchos más.

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La vida en el campo, de Julia Rothman

La vida en el campoHay gente que tiene grandes sueños sobre cómo pasar los últimos años de su vida. Ya saben, una vejez tranquila en enormes casas situadas en ciudades de renombre, con viajes de ensueño cada pocos meses a lugares exóticos y retiros dorados a zonas costeras, donde la única preocupación sea la de darse la suficiente protección solar cada mañana. Los míos diría que son más grandes aún. Mi idea es que, cuando me llegue la edad de jubilación (que, haciendo un cálculo optimista, estará sobre los ochenta años para esa época), haya ahorrado lo suficiente para retirarme a la casa de piedra que tiene mi familia en un diminuto pueblo metido entre montañas, preparar adecuadamente el huerto, comprar unos cuantos animales y regresar a la civilización sólo cuando sea estrictamente indispensable. Nada me haría más feliz. Y a este respecto puedo decir que La vida en el campo, de Julia Rothman, ha sido otro empujoncito más para seguir conservando esas ganas de regresar a donde uno se puede sentir realizado con tan poco.

Con dibujos sencillos y alegres, la autora ha hecho un compendio de todo aquello que considera necesario para vivir y disfrutar del campo. Las explicaciones que acompañan a las ilustraciones no son demasiado técnicas ni minuciosas ni lo pretenden; el deseo de Rothman parece ser más el de acercar el mundo rural a tantos y tantos que se han distanciado de él (o que ni siquiera han tenido la oportunidad de conocerlo) que el de hacer un manual propiamente dicho. Ello no quita para que se aporte información sumamente interesante sobre aspectos que, aunque solo sea para aumentar nuestra cultura general, resultan enormemente curiosos, como el nombre de los hilillos blanquecinos que sobresalen en la yema de los huevos de gallina cuando los rompemos (chalazas) o la cantidad de litros de agua que consumen diariamente distintos animales de granja.

Titulado originalmente Farm anatomy, como parte de una serie de libros ilustrados que se completa con Nature anatomy y Food anatomy, más que para leer se trata de un libro hecho para disfrutar. Lo visual predomina enormemente sobre los textos y uno va pasando sus páginas sin apenas darse cuenta. En las ilustraciones se nota el aprecio que la autora tiene al campo, ya que a la jovialidad que transmite el dibujo se le suma un colorido muy vivo. La paleta de colores que emplea Rothman en este trabajo es muy variada y predominan sobre todo los colores cálidos y alegres. De hecho, ni siquiera es necesario tener el más mínimo interés por salir de la ciudad; La vida en el campo es principalmente un trabajo artístico, que puede disfrutarse perfectamente entre tubos de escape y veranos de cuarenta grados de temperatura a la sombra. Aunque exigen algo más de imaginación, desde luego.

Atractivo e interesante a partes iguales, este es un libro que espero poder retomar dentro de unos cuantos años, cuando llegue la hora de dejar de vivir para trabajar y de empezar simplemente a vivir. De momento seguiré echándole vistazos de vez en cuando, para abstraerme de los días en los que cuesta imaginar que hay algo más allá de los objetivos laborales y del nuevo dispositivo revolucionario de Apple. Aunque cueste creerlo.

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Agua salada, de Charles Simmons

Agua salada

Agua saladaHe terminado de leer Agua salada, de Charles Simmons, un día de diario, a media mañana, en un bar de barrio a las afueras de Salamanca. Café, pincho de tortilla, el sonido de los vasos al chocar entre sí a la salida del lavavajillas como única banda sonora. A veces uno encuentra la paz lectora donde menos lo imagina, pero cuando lo hace así, de manera inesperada, la sensación que se cosecha suele ser de las más intensas. A mí me ha hecho falta llegar a esas últimas cincuenta páginas en un ambiente tan ajeno a mis costumbres lectoras para recuperar la fe que había tenido en el libro desde el principio, desde esa magnífica primera frase que me había cautivado: “En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó”.
Reconozco que he estado tentado de ponerla al principio de la reseña. Reconozco que también he querido, por un momento, transcribirla y dejarla tal cual, sola, como único testimonio de la lectura. Porque es jodidamente buena y porque, durante gran parte de su recorrido, resumía perfectamente la novela entera. Ha sido solamente en este último tramo cuando he descubierto que detrás de ella se escondía un relato de amplio calado.
Pero vayamos poco a poco. Michael, Misha, pasa el verano de sus quince años con su familia en la isla de Bone Point, un enclave ficticio y bastante paradisiaco en la costa de Nueva Inglaterra. Sus padres, que poseen una de las pocas propiedades de la isla, alquilan su casa de invitados a la señora Mertz y su espléndida hija Zina, unos pocos años mayor que Misha. Unos pocos, que cuando se tienen quince son más bien muchos, y tienden a deslumbrar, y a convertirse a primera vista en el amor de nuestras vidas. Todo suena en Agua salada a primeras veces, a pérdida de la inocencia y a cambios vitales. El verano de 1963, precisamente, precede al asesinato de Kennedy, así que la novela entera rezuma un aire a lo que se va y no volverá.
Sin embargo, la nostalgia no es el eje de la novela, y el narrador, un Michael adulto, se entretiene lo justo amasando los recuerdos. Al contrario, lo que despliega es una narración inteligente a través del variopinto grupo de personajes que transitan por Bone Point: los padres, distintos como el día y la noche (el uno, seductor y confiado, la otra, recelosa e insegura), el enigmático señor Strangfeld, el vivaracho Hillyer y la familia Mertz. Las pasiones se desatan tanto entre los adultos como entre los adolescentes, y Misha va madurando en tiempo récord a través de su propia experiencia y de la observación en sí mismo del reflejo de lo que le rodea. Por supuesto el desengaño es una parte fundamental de este aprendizaje, como lo son el sexo y el alcohol.
En ciertos momentos el ritmo decae y la novela queda adormecida. Pero, al igual que ocurre el océano, siempre presente en ella, uno nunca puede dejarse llevar. Las últimas cincuenta páginas sacuden al lector con fuerza, como si de un barco sorprendido por la tormenta se tratase. Después de pasar por ellas, una vez en la orilla final del texto, se comprende el sentido de toda la travesía anterior.
De manera parecida a lo que dije de Alfa, Bravo, Charlie, Delta de Stephanie Vaughn, creo que Agua salada tiene una calidad especial, que perdura en el tiempo. No en vano, ya tiene un par de décadas y en la impecable traducción que ahora publica Errata Naturae (de Regina López Muñoz) se lee y se disfruta como si estuviera escrito ayer. Porque esto último, en el fondo, no puede ser de otra manera. Quién no recuerda un verano, el verano del primer amor, con tantos detalles como si acabara de pasar.

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