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España en el corazón, de Adam Hochschild

España en el corazón

España en el corazónEl 8 de septiembre de 1936, menos de dos meses después de que el ejército comandado por Francisco Franco se sublevase contra el Gobierno republicano, Dolores Ibárruri, dirigente comunista conocida popularmente como Pasionaria, dio un discurso en el Velódromo de Invierno de París ante una gran multitud. Además de la frase que cogió prestada a Emiliano Zapata, esa que tantas veces se ha asociado al Che Guevara y que habla de la preferencia por una muerte defendiendo tus ideales antes que por una vida sometido, la histórica líder lanzó una premonitoria advertencia a los pueblos a los que pedía ayuda para combatir al fascismo: «Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra». Ojalá las grandes democracias, como la estadounidense, hubiesen tenido la misma vista que algunos de sus ciudadanos. Porque, como cuenta España en el corazón, hubo hombres y mujeres que hicieron lo posible por impedir el triunfo del horror fuera de sus fronteras. Y aunque es de sobra conocido que no lo consiguieron, es de recibo que su solidaridad no caiga en el olvido.

La obra de Adam Hochschild, publicada por primera vez en España por Malpaso, se centra en los voluntarios estadounidenses que se unieron a las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, en concreto a la XV, conocida popularmente como la Brigada Lincoln. Como explica el autor, la mayor parte de estos hombres estaban vinculados al comunismo, eran muy jóvenes y de clase media; un grupo conformado en su mayor parte por soldados tan apasionados como inexpertos, que difícilmente podían competir contra un ejército tan curtido y apoyado internacionalmente como el del bando nacional.

La narración es profundamente absorbente y la clave de ello se encuentra en que, a pesar de que Hochschild da mucho espacio al relato cronológico de los acontecimientos, el foco siempre está sobre las personas. Personas como Bob Merriman, un joven profesor universitario que, tiempo después de abandonar California junto a su esposa Marion para abrazar la Rusia comunista, decidió acudir a España para combatir el golpe de Estado, llegando a ser nombrado comandante del Batallón Lincoln. También se da espacio a los corresponsales, cuyo papel fue fundamental para acercar la barbarie a sus pueblos y para tratar de influir en sus dirigentes. Algunos de ellos son sobradamente conocidos, como George Orwell, que llegó a combatir por la República hasta que cayó gravemente herido por un disparo en la garganta, o Ernest Hemingway, al que los testimonios y las anécdotas que recoge el libro no dejan demasiado bien parado.

Y es que el trabajo de investigación y de documentación que hizo Hoschild para elaborar este trabajo es impresionante. A través de artículos y publicaciones anteriores, pero también de numerosos testimonios, páginas de diarios, crónicas periodísticas, registros militares y otros documentos se construye una visión del conflicto desde un prisma muy concreto: el de un numeroso grupo de estadounidenses que estuvieron dispuestos a arriesgar, y en muchos casos, a entregar sus vidas, para frenar el avance del fascismo.

El mismo día en que acabé de leer España en el corazón vi a Eduardo Inda por televisión, en horario de máxima audiencia, refiriéndose reiteradamente a la Guerra Civil como un conflicto «entre malos y malos». Unos días más tarde, en una entrevista en Intereconomía a Juan Carlos Monedero, una de las periodistas le recriminó su defensa de la Ley de Memoria Histórica «porque muertos hubo en los dos bandos». Cuando el politólogo le rebatió que no podía hablarse de dos bandos iguales, porque uno había protagonizado un golpe de Estado contra un gobierno legítimo y el otro había tratado de sofocar el ataque, la entrevistadora lo contrarrestó indicando que «en el Madrid de antes del golpe se perseguía a la gente y se le sacaba de sus casas por algo tan sencillo como su religión». De estas dos intervenciones saqué un par de cosas en claro: la primera, que en España, a diferencia de en otros países de nuestro entorno, sigue saliendo muy barato justificar la dictadura. La segunda, que libros como el de Adam Hochschild tienen que seguir reeditándose año tras año, aunque parezca que ya no se puede contar nada más de esta guerra. No solo porque, como demuestra el periodista e historiador neoyorquino, se puede con creces, sino también para impedir que la impunidad de la que gozan algunos “periodistas” para reescribir la historia a sus anchas semana tras semana les permita desdibujar lo que realmente ocurrió en nuestro país hace poco más de ochenta años.

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The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto, de Guillermo Triguero

The Room

The Room

A comienzos de este siglo, Tommy Wiseau, un inmigrante polaco que ya rondaba la cincuentena logró cumplir su sueño: la película que él había producido, rodado y protagonizado había llegado a los cines estadounidenses (a dos, concretamente). Todo ello tras el desembolso de unos seis millones de dólares de dudosa procedencia. Para su sorpresa, aunque no para la de cualquier ser humano racional, la película apenas atrajo a un puñado de espectadores, de los cuales un buen número no llegaba a aguantar ni media hora sentado en la butaca. Algo lógico, puesto que lo que pretendía ser un drama romántico había quedado relegado a un sindiós, en el que el guion competía con la interpretación de Tommy por ver cuál de los dos era más absurdo e indescifrable.

La casualidad quiso que uno de esos escasos espectadores fuese Michael Rousselet, administrador de una web humorística, el cual, cautivado por la sinrazón a la que había asistido, comenzó a recomendarla a sus amigos. Poco a poco se fue creando una entregada comunidad en torno a la obra, que adoptó costumbres como lanzar cucharas a la pantalla o pasarse balones de fútbol americano durante el visionado. Dentro de este grupo de fieles, que, quince años más tarde, siguen asistiendo a convenciones y defendiendo el valor del producto, se encuentra Guillermo Trigueros, autor de The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto.

El libro aborda todo el proceso de la formación del fenómeno, desde el intenso y caótico rodaje que la originó hasta el lanzamiento de The Disaster Artist, la película basada en un libro homónimo que dio el último empujón para que un trabajo que en otra época no hubiese pasado de un fracaso estrepitoso se haya convertido, con el paso de los años, en toda una obra de culto.

Desde el principio se nota que este texto está escrito por un fan acérrimo de la película, no sólo por el detallismo con el que Trigueros comenta cada uno de los aspectos que la rodea, sino porque, aunque intenta ser objetivo en su crítica, el autor no evita transmitir su pasión por el caos, el desconocimiento y la osadía que llevaron a un personaje tan variopinto como Wiseau a entregarse en cuerpo y alma para sacar adelante un proyecto en el que sólo él creía. Finalmente, su ansia por darse a conocer en el mundillo del séptimo arte acabó cumpliéndose, aunque a costa de ser el artífice de “la peor película de la historia”.

Sin duda merece la pena asomarse a la leyenda que existe tanto en torno a la película como alrededor de Wiseau. Es bastante sencillo: hay cientos dede vídeos en YouTube que recogen los mejores/peores momentos, así como artículos, documentales y libros notables como The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto. Con todo, recomiendo intentar verla de cabo a rabo. No es seguro, pero quizá acabes desarrollando el mismo sentimiento de ternura por este compendio de errores que embriaga desde hace años a sus fans. Y es que, como ocurre en la fábula, a pesar de la risa nerviosa que provoca en un primer momento, todos acabamos sintiendo empatía (y algo de lástima) por ese emperador que se cree vestido con un maravilloso traje a pesar de estar mostrando todas sus vergüenzas. Y lo mágico de The Room es que, al final, uno acaba incluso disfrutando con ellas.

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Contra todo, de Mark Greif

Contra todo

Contra todoMe encantan los sketches de Pantomima Full. En su canal de YouTube, los cómicos Alberto Casado y Rober Bodegas caricaturizan en vídeos de un minuto comportamientos tan típicos como ridículos que vemos (y ejercemos, aunque eso cueste más reconocerlo) en nuestro día a día: el hacerse pasar por un entendido en vinos sin tener apenas idea del tema, el contabilizar hasta el último céntimo cada vez que toca pagar una cuenta entre varios amigos, el obsesionarse con la salud o con el deporte y justificarlo con argumentos completamente vacíos… Y lo cierto es que en estas píldoras de humor los cómicos no se tienen que esforzar demasiado en exagerar sus interpretaciones, ya que los comportamientos reales son de por sí lo suficientemente absurdos.

En Contra todo, el divulgador estadounidense Mark Greif busca también sacar los colores al individuo medio a costa de su comportamiento, aunque con menores dosis de humor. Así, la mayor parte de los ensayos que componen este libro se basan en poner en cuestión situaciones habituales que, tras un consistente razonamiento y una no menos consistente flagelación, destapan lo patético de nuestra existencia. Lo más duro de ello es que las críticas no se enfocan hacia el común de la sociedad, sino que se centran en el individuo concreto. Así, uno siente como Greif te señala con el dedo, te muestra tus miserias y no te admite la presión de grupo como eximente. “Lo más triste de todo es la creencia de que un cuerpo mejorado llevará a la felicidad a aquellos a los que nadie quiere”, sentencia el de Boston cuando abarca el tema del ejercicio físico.

Los textos de Greif van provocando fogonazos de pensamiento en el lector; estimulan el cuestionamiento de todo lo que nos rodea. Así, su defensa de la redistribución de las riquezas, por ejemplo, me ha ayudado a encontrar nuevos argumentos para defender una postura que ya creía justa. Y pese a ser textos escritos en años diferentes existen muchas conexiones entre ellos, con lo que la lectura del libro ayuda a formar una imagen bastante sólida del pensamiento del autor. El autor estadounidense demuestra ser una persona sumamente culta, o al menos realmente inteligente por ser capaz de llevar a cabo una labor de documentación encomiable, así como de hablar con coherencia y profundidad de temas tan variopintos como el sentido de la vida o la evolución de la música pop.

Los temas que se debaten en este libro están íntimamente ligados a la sociedad contemporánea. Así, la proliferación de los hípsters, esa tribu urbana de largas barbas y gustos excéntricos, la revolución que supuso YouTube en nuestra forma de consumir contenidos audiovisuales o los movimientos de protesta que poblaron las ciudades de todo el mundo hace unos años no escapan de su punto de mira. Y para aproximarse a ellos usa en no pocas ocasiones la provocación, como cuando compara a Snooki, de Jersey Shore, con Adolf Hitler, o cuando ensalza a Kanye West como “uno de los genios universales de nuestro tiempo”.

De la misma forma que ¿Cómo nos metimos en este desastre?, esta colección de artículos, publicados en su mayoría en la revista n+1, cautiva tanto por su variedad temática como por sus originales postulados. Porque, cuando los argumentos sobre casi cualquier asunto han sido tantas y tantas veces utilizados, lo único que le queda al escritor para conseguir que su texto sea atractivo es encontrar un enfoque que escape de lo común. Y los artículos de Contra todo, además de ser brillantes a la hora de destacar lo absurdo de algunos comportamientos, entran con fuerza en la mente del lector.

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Alguien habló de nosotros, de Irene Vallejo

Alguien hablo de nosotros

Alguien hablo de nosotrosEn general suelo decir que no me gustan los relatos breves, aunque después he de reconocer que muchos de los que he leído me han gustado tanto que los he traído hasta aquí. Lo mismo me suele pasar con las recopilaciones de artículos periodísticos, posiblemente porque por lo general suelen recoger cosas de demasiada actualidad y no envejecen tan bien como debieran.

Mi querida amiga Esther Orera, que además de SER una excelente periodista y sobre todo, para lo que aquí nos importa, una gran lectora que conoce bastante bien mis gustos, me recomendó este libro de Irene Vallejo, y yo que soy muy bien mandada, allá que fui.

Y ya ven, aquí estoy, y vengo rauda y veloz a que decirles que si bien había leído algunos de estos artículos en su día en Heraldo de Aragón, no podía suponer que hoy, ahora, siguiesen siendo tan actuales, y sobre todo que me hayan sido tan útiles.

Una de las cosas que más agradezco cuando me acerco a determinadas lecturas es que, además de estar bien escritas, me emocionen o me cuenten algo de provecho, y ha resultado que Irene Vallejo a lo largo de los 149 artículos de Alguien habló de nosotros, ha logrado un tres en uno; y además la portada es de lo más extraordinaria para ilustrar lo que dentro del libro encontramos. 149 columnas de una página como máximo de extensión cada una, escritas con gusto y de forma reflexiva.

Cuando alguien escribe en un periódico una columna debe tener algo interesante que contar, y eso es lo que hace Irene Vallejo, nos cuenta, no habla de lo que ella sabe, nos trae el ayer de las viejas Roma y Grecia hasta estos tiempos, no se nos ha de escapar que estudió Filología Clásica obteniendo el Doctorado Europeo por las universidades de Zaragoza y Florencia. Y así, entre un contar y un no contar, entre un querer y un no querer, vamos conociendo pequeñas historias de la autora al tiempo que nos irá introduciendo en las vidas de personajes como el poeta Horacio, al que nos acerca para iniciar el libro pues con el viene a hablarnos de lo difíciles que son siempre los comienzos….

Así empieza, pero muchos serán los temas de los que Irene Vallejo nos irá hablando, de las prisas que nos impone el mundo actual, de las veces que la satisfacción que encontramos en lo nuestro se esfuma al saber que ya hay otros que nos aventajan, de ese libro exquisito titulado Las mil y una noches que según nos contará ayuda a curar el odio, de cómo preparar a los niños para la vida a través de una obra de Terencio escrita el Siglo II a. C…

Quiero dejarles una de sus columnas completa, y había pensado que qué mejor que la titulada “Filosofía” para volver al debate de si debería haber más horas de filosofía en el sistema educativo actual, o la titulada “De buena tinta” pues vendría muy bien aquí hablar sobre la importancia de la lectura, y aprovecharía para hablarles de Séneca que opinaba que los libros se nos ofrecen con las manos abiertas y nunca nos dejan irnos con ellas vacías…

Pero llego al final de la reseña y no termino de decidirme y releo “Idilio muerto” en la que nos habla del valor que hace falta para aceptar que una relación ha terminado: el desamor no se atreve a decir su nombre… Y es que esta es la escusa perfecta en la que nos introduce a Homero y su famosa Odisea… Finalmente les voy a dejar esta que versa sobre el populismo, que nunca está de más saber hacia donde no debemos caminar 😉

Populismo

En los últimos años hemos incorporado en la palabra populismo al vocabulario político. en general se utiliza para desacreditar el adversario, acusándole de tácticas manipuladoras: liderazgo carismático, retórica agresiva política- espectáculo y el sueño de promesas irrealizables punto y aparte su origen remonta al populus de Roma. En la convulsa República surgieron líderes partidarios del pueblo -entre ellos los Gracos o Julio César- que, dando poder a las asambleas y magistraturas de la plebe, pretendían aprobar reformas destinadas a un reparto más justo de la tierra, el alivio de las deudas y mejores condiciones de vida para los más pobres. Sus violentos contrincantes fueron los optimates, el grupo más conservador de la aristocracia, que quería mantener a la plebe como simple espectadora de la política. Los optimates acusaban al bando popular de forjar una alianza interesada con el pueblo para ascender al poder. El sufragio universal de nuestros días ha dado la razón a quienes luchaban por ampliar la participación política. Sin embargo, la nerviosa democracia actual, con sus líderes y asesores obsesionados por la presencia mediática, los eslóganes y los vaivenes de las encuestas, alimenta esa dimensión oportunista. Los candidatos en campaña se empeñan en decir lo que la gente quiere oír: los métodos demagógicos, y no las ideas, provocan la impopularidad del populismo.

Tengo que darle las gracias a Esther, y desde luego a ustedes les recomiendo la lectura de este libro que siempre les será actual y útil, y además, Alguien habló de nosotros les resultará interesante y entretenido a todos, y si yo fuera o fuese profesor de secundaria no dudaría en seleccionar algunos artículos para leerlos y comentarlos con los chavales. Artículos que nos hacen reflexionar sobre el presente despertando en nosotros la curiosidad de mirar hacía el pasado antes de correr hacia el futuro.

 

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Tres periodistas en la revolución de Asturias, de Manuel Chaves Nogales, José Díaz Fernández y Josep Pla

Tres periodistas en la revolución de asturias

Tres periodistas en la revolución de asturiasEl 5 de octubre de 1934, un día antes de que Companys proclamase el Estado Catalán, se inició una huelga general revolucionaria en distintos puntos del país contra el gobierno conservador republicano. De los 2000 españoles que murieron en los quince días que duró el movimiento, cerca de 1500 lo hicieron en Asturias, la región que acogió con más fuerza la propuesta revolucionaria. Tal vez, como se desprende de los textos recogidos en Tres periodistas en la revolución de Asturias, porque sus habitantes eran los que menos tenían que perder.

El escritor Jordi Amat es el encargado de abrir el libro y lo hace por medio de un interesante prólogo, que ayuda a entender tanto el contexto previo a la revolución como las características de los tres periodistas que la relataron. Y es que José Díaz Fernández, Josep Pla y Manuel Chaves Nogales vivieron realidades muy diferentes. Así, mientras que el primero fue diputado por un partido de izquierdas en Oviedo y vivió el conflicto sobre el terreno, los otros dos tuvieron un rol más estrictamente de corresponsales. De esta manera, mientras que el texto de Díaz Fernández, publicado bajo la apariencia de haber sido escrito por un combatiente, expone cronológicamente los sucesos más relevantes de esos quince días negros, los de Pla y Chaves Nogales buscan profundizar más en los motivos del levantamiento y en explicar lo más nítidamente posible lo que estaba ocurriendo.

Una de las virtudes que sobresalen en estos textos es la sencillez con la que están escritos. A pesar de que los tres escritores tenían su prestigio en el momento en el que los redactaron, ninguno cayó en el tan común mal del periodista de dejarse llevar por el ego y anteponer su interés por demostrar todo lo que sabe a exponer con claridad lo que ve a su alrededor. Así, aunque desde distintos prismas y con estilos diferentes, en estas páginas nos encontramos tres buenos ejemplos de lo que deber ser un trabajo periodístico.

La otra gran virtud común, desde mi punto de vista, es el ferviente deseo de ser lo más objetivos posible. “El deber sagrado de la objetividad y de la verdad siempre ha primado en mí por encima de todo lo demás”, resume Pla, quizá el que, por su cercanía a los intereses del Gobierno (era corresponsal de la La Veu de Catalunya, el periódico de la Lliga Regionalista) era el que más se podía ver tentado a hacer un relato sesgado de lo sucedido en esos días. También Díaz Fernández podría haber buscado glorificar a los revolucionarios en su Octubre rojo en Asturias, pero en todos ellos primó su responsabilidad profesional. De hecho, tanto Pla como Chaves Nogales dedicaron una buena parte de sus crónicas a desenmascarar y a criticar las falsas informaciones que estaban dándose durante esos días sobre lo que ocurría, para que, como sintetiza genialmente el segundo en Las cosas en su punto, la exageración no quitase importancia a la verdad.

Si algo nos dejan claro estos tres autores es que la revolución asturiana se fraguó desde el corazón y el estómago y que no tuvo una estrategia ni un liderazgo claro en los que apoyarse. De hecho, como bien explica Díaz Fernández, cuando las noticias del fracaso del levantamiento en otros puntos de España comenzaron a llegar los revolucionarios asturianos se negaron a creerlas. La idea de que estaban ganando, de que iban a conseguir salir de su penosa situación vital por sí mismos, era lo único que les mantenía en pie y cuando esta desapareció ya no les quedó nada por lo que luchar. Otro de esos trágicos e injustos momentos de nuestra historia que no convienen olvidar y que gracias a periodistas tan íntegros como los tres que aparecen en este libro podemos leerlos sin demasiado miedo a la dañina niebla ideológica.

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La banda de los niños, de Roberto Saviano

Nadie en su sano juicio envidiaría la vida que lleva Roberto Saviano. Pese a ser todavía joven (38 años), el escritor italiano lleva más de una cuarta parte de su vida escoltado a capa y espada, concretamente desde que publicó Gomorra, un libro a caballo entre la ficción y la investigación periodística en el que explicaba el modus operandi de la Camorra napolitana. Desde entonces, en lugar de acobardarse por las constantes amenazas de muerte que caen sobre él, Saviano no ha dejado de combatir con sus textos al crimen organizado. No obstante, en el caso de La banda de los niños estamos más ante una advertencia de cómo algunos jóvenes italianos están viendo en la mafia una salida a sus aspiraciones de dinero y rápido y poder.

Así, basándose en el caso real de un grupo de chavales del barrio de Forcella (Nápoles) se nos narra la forma en la que unos adolescentes van descubriendo progresivamente el atractivo del crimen organizado y pasan a formar parte de él con una naturalidad aterradora. Y es que los protagonistas no se nos presentan como jóvenes nacidos en la más absoluta pobreza o en familias desestructuradas. En su mayoría son chicos con padres de clase trabajadora que se preocupan por ellos, pero que se ven empujados por sus ambiciones personales y por la presión de grupo a traspasar las líneas de la legalidad y la moralidad.

Nicolás, apodado Marajá, es el gran protagonista, ya que asume desde el primer momento el papel de capo de la nueva banda mafiosa. A sus quince años presenta muchas de las cualidades necesarias para este cometido: es autoritario, violento con los que le ofenden, protector con los suyos, ambicioso a más no poder… No obstante, a pesar del papel predominante de este personaje, Saviano ha construido una novela bastante coral. Durante sus cerca de 400 páginas el escritor nos introduce en el día a día de los Dientecito, Briato, Dragón, Bizcochito… si bien todas sus personalidades quedan muy tapadas por el capo, que asume la voz cantante en todos los pasos que se siguen para profesionalizar a la banda.

Esta construcción desde cero de una estructura criminal resulta verdaderamente interesante, dado que se va dibujando de forma lenta, pero sin pausa, y con la característica añadida de que nos encontramos ante unos jóvenes que no le dan tanto valor a la vida como podrían darle personas con una o dos décadas más de edad. Así, en cortos capítulos se nos van narrando las pesquisas iniciales que va cometiendo el grupo: desde sus primeros tratos con los mafiosos napolitanos a anécdotas más banales de su día a día. Este proceso de criminalización va acompañado de una progresiva pérdida de inocencia que se palpa en las conversaciones y decisiones que les van acompañando. Dentro de este proceso es especialmente pintoresco, pero también muy creíble, como los protagonistas reflejan en sus actitudes todas las influencias que tienen de las series y películas que han visto a lo largo de su vida, así como de videojuegos y vídeos de YouTube. ¿Cómo no va a ser así con una generación que se ha criado frente a la pantalla?

No puedo decir otra cosa salvo que La banda de los niños me ha parecido una novela redonda: una trama consistente, una prosa cuidada pero muy cómoda de leer y un mensaje que cala hasta en los que no estamos acostumbrados a vivir con la sombra de la violencia a nuestras espaldas. En definitiva, un gran trabajo. Y eso, cuando las expectativas son tan altas como las que ya carga consigo el valiente escritor italiano, es decir mucho.

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¿Cómo nos metimos en este desastre?, de George Monbiot

Cómo nos metimos en este desastre

Cómo nos metimos en este desastreTal vez muchos no se acuerden, pero en un principio el periodismo consistía en decirle a la gente lo que le pasaba a la gente. Sin muchos mayores filtros que el contraste de las informaciones y la selección de los temas que más podrían llegar a interesar al conjunto de la sociedad. Pronto los intereses económicos y políticos comenzaron a complicar el trabajo del profesional de la información, que vio cómo su primera batalla la tenía que vivir en su propio escritorio. «Cada mesa un Vietnam», como le gusta decir a Enric González. Muchos fueron los periodistas que se vieron obligados a modificar su modus operandi, a relajar su inquietud investigadora o, simplemente, a comenzar a trabajar para el que pone los billetes sobre la mesa. Sin embargo, también han quedado unos cuantos periodistas valientes y comprometidos con la verdad. Y George Monbiot, como puede leerse en sus artículos recogidos en el libro ¿Cómo nos metimos en este desastre?, es uno de ellos.

Monbiot es una de esas escasas voces críticas e indignadas que han conseguido sobrevivir a la gran crisis del periodismo global y que se esfuerzan por sacar a la luz las perversidades e injusticias del sistema. No debemos pensar que es un ser extraordinario en ese sentido; en nuestro país contamos también con comunicadores con un perfil similar al suyo, aunque rara vez tienen la visibilidad de este autor. Y es que el británico lleva años denunciando las injusticias desde su columna en el prestigioso periódico The Guardian. Una visibilidad y un poder que le ha llevado (o eso se afirma en este libro) incluso a alterar proyectos de ley con sus artículos.

El estilo de Monbiot es puramente periodístico, en el mejor de los sentidos: claro, conciso y muy directo. Además, es de los autores que sorprende por la precisión de sus sentencias. Prácticamente cada una de las ideas que recoge en sus artículos está acompañada de la fuente de la que procede, ya sea dentro del texto o con una nota a la enorme sección de referencias bibliográficas que cierra el libro.

Lo que sí que diferencia a este autor de otros periodistas críticos es que tiene una opinión propia de prácticamente cada tema, que en no pocos casos dista de lo que cabría esperar de él. Sus ideas tienen denominación de origen Monbiot y, si bien en su gran mayoría podrían ser subscritas por lo que antaño solíamos denominar la izquierda, otras tantas, sin embargo, se salen de los esquemas habituales. Por ejemplo, su defensa de que el pastoreo constituye un peligro medioambiental y económico para Reino Unido, su preferencia por la energía nuclear frente a otras que considera más perjudiciales o su apoyo a limitar el gasto público en subsidios a la agricultura por considerarlos un despilfarro.

Pero si algo sobresale en este compendio de artículos es la especial fijación de Monbiot en el medio ambiente. El uso de combustibles fósiles, la preservación de la fauna, la utilización de los suelos o la sorprendente relación directa entre el uso del plomo y la criminalidad son algunos de los asuntos a los que dedica sus esfuerzos divulgativos. Ello no evita para que haya una gran variedad temática, que escapa en varias ocasiones de lo puramente político y nos acerca aspectos como la obsolescencia programada o el dudoso y lucrativo negocio de las revistas científicas.

¿Cómo nos metimos en este desastre? reafirma una de las ideas que llevo defendiendo bastante tiempo, que es la de que cuando uno quiere enterarse con cierta rapidez de lo que está ocurriendo a su alrededor no debe buscar a los grandes intelectuales, sino a los buenos periodistas, como George Monbiot. Es bien seguro que su respuesta no será tan minuciosa y trabajada como la de los primeros, pero el profesional de la comunicación nos ahorrará la labor de síntesis, de contraste de las informaciones y de poner las mismas dentro del contexto necesario para entenderlas correctamente.

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Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, de Mark Yarm

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grungeEl pasado 18 de mayo la escena musical de Seattle perdió a una de las voces del rock más portentosas y que ha acompañado a toda una generación desde finales de la década de 1980. Chris Cornell ha sido la última víctima de una época que nos la han pintado gris, mugrienta, y que surgió de los suburbios de esta ciudad. Se suma de este modo a otros amigos y compañeros de aquella época como fueron Andy Wood, de Mother Love Bone, Kurt Cobain, de Nirvana o Layne Staley, de Alice in Chains. Y solo por mencionar a algunos de los más célebres, porque fueron muchos los que cayeron en el camino. A priori parece que la etiqueta de etapa triste y oscura no se la consigue quitar de encima, pero ante todo la escena cultural de Seattle fue una época de una creatividad sonora inusual. Porque Seattle fue mucho más que grupos de amigos que tocaban en sótanos, con actitud punk-rock o metaleros, enganchados a la heroína o la cerveza y cuyas letras denotaban una actitud pesimista y existencial ante la vida. De hecho, sus letras jugaban más con el humor negro. Seattle fue mucho más que camisas de franela y botas Doc Martens. Seattle fue mucho más que la cuna del grunge.

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, del periodista Mark Yarm, es el fruto de entrevistas con todos aquellos que germinaron la escena musical de Seattle, que hicieron que eclosionara y se convirtiera en el movimiento cultural más grande de su época. Desde su origen hasta los días finales del movimiento, aquellos que tan gráficamente ilustran mencionando un cartel de un escaparate de ropa en el que citaba: «REBAJAS DEL 70% EN CAMISAS DE FRANELA», cada uno de los miembros de aquella etapa, músicos, agentes de discográficas, promotores, roadies, periodistas, fotógrafos, narran sus vivencias en la ciudad de Seattle. Un reflejo fidedigno de la creatividad e imaginación de unos jóvenes que apostaron por una cultura novedosa que rompió moldes y arrasó el mundo entero.

Craso error resumir todo el movimiento de Seattle en cuatro bandas de rock multimillonarias y un disparo de escopeta en el 94. Por mi edad, la muerte de Cobain no me supuso en su momento un mazazo como a la gente de mi entorno que eran mayores que yo y seguían su música. La de Cornell, sin embargo, sí. Cuando salió la noticia de que se había ahorcado me surgieron un gran número de preguntas y entre ellas la de no haber llegado a conocer en profundidad sus orígenes, el porqué de ese despertar cultural y el cómo creció toda esa bola desde unas desmadradas fiestas adolescentes en un sótano y llegó a extenderse por todo el mundo. Este libro no es un libro más que cuenta anécdotas de rockeros de Seattle; este libro es la biblia de Seattle.

El título del libro pertenece a un verso de una canción de Mudhoney que cita: «Todo el mundo nos adora / Todo el mundo adora nuestra ciudad / por eso últimamente he pensado / que este es el momento de marchar». En esta letra se percibe el sentimiento de la juventud de esta ciudad. Lo suyo era crear música por el placer de hacerlo, en aquello que se convirtió o que algunos quisieron convertirla, no era su intención. Y es que de entrada ya dejan claro en el libro que, pese a tener como subtítulo Una historia oral del grunge, aquella palabra, grunge, por todas las connotaciones estéticas que tiene, no la quieren ni en pintura.

El modo elegido para narrar la historia desde sus inicios es sin duda la labor más interesante de este libro. Fragmentos de conversaciones con cada uno de los miembros de la época que le contaron al entrevistador sus impresiones acerca de todos los detalles más íntimos que formaron parte del legendario del grunge. Un trabajo duro de documentación muy bien enlazado en la que la lectura se convierte casi en una reunión con colegas contando batallas y recuerdos de su juventud. Todo con un tono irreverente, punk, muy en la línea de sus profundas personalidades.

A Bruce Pavitt, cofundador del sello discográfico Sub Pop que dio a conocer a los primeros grupos que surgieron en Seattle cuando apenas sabían tocar, se le podría aplicar aquella cita del poeta romano Virgilio que decía: «La fortuna sonríe a los audaces». Porque lo suyo fue una apuesta arriesgada en la que se vio al borde de la quiebra en más de una ocasión, pero que ha permitido que a día de hoy el mundo haya conocido a tal cantidad de bandas llenas de talento: Soundgarden, Green River, Mudhoney, Nirvana, TAD… En palabras de Chris Cornell:

«Recuerdo haberme encontrado a Bruce Pavitt a la salida de un concierto allá por 1988 y comentarle que de repente parecía haber una eclosión de talento en Seattle y que Sub Pop estaba lanzando cantidad de discos increíbles. Bruce me pasó un brazo por los hombros, con una curiosa expresión de seguridad en la mirada, y me dijo: Seattle va a conquistar el mundo».

Y, ¿no ha sido así?

Todo el mundo adora nuestra ciudad es un libro esencial para conocer en profundidad la atmósfera de Seattle, que estaba basada en la independencia, en el «hazlo tú mismo» y el afán por cuidar y proteger a toda la comunidad musical. Porque eso fue el grunge, una comunidad de amigos que quisieron hacer lo que más les gustaba y, sin darse cuenta, arrasaron más allá de su ciudad. Tras su lectura, muchos son los grupos que desconocía y ahora no dejo de escuchar; muchas son las anécdotas que me han hecho reírme y asombrarme por igual ante las extrañas situaciones en las que se vieron envueltos; las opiniones de Courtney Love y lo que de ella opinan los demás no tienen desperdicio;  la fragilidad, nobleza y actitud divertida de Andy Woody frente al tono ceñudo de los Soundgarden, la profesionalidad de Pearl Jam frente a las fiestas locas que organizaba Buzz Osborne, cantante de los Melvins, el grupo favorito de Cobain. Aunque nunca llegue a comprender en totalidad por qué Andy Wood, Kurt Cobain, Layne Staley o Chris Cornell terminaron así sus vidas, sí puedo decir que les conozco un poco mejor y me siento más agradecido por cuanto nos han regalado. Sí, definitivamente, adoro esta ciudad.

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Regreso a Twin Peaks, de VV. AA.

Regreso a Twin Peaks

Regreso a Twin Peaks

La vida, el tiempo, es lo que ocurre entre una temporada y otra de Twin Peaks. O sería bonito que así fuera. Laura Palmer nos lo prometió en los años 90. “Volveremos a vernos dentro de veinticinco años. Mientras tanto”. Puntos suspensivos. Y quizás, después de todo, esto sea lo más interesante. Ese “mientras tanto”. Porque David Lynch, que tiene un poco de genio y otro de visionario, tal vez loco, pareciera que pudiera incluirnos en sus historias, jugar con nosotros, los espectadores, como un ingrediente más y borrar el tiempo. Nuestro propio tiempo. Ese “como decíamos ayer” a lo Fray Luis de León.

A David Lynch hay que seguirle un poco de cerca para apreciarle. Con una personalidad muy marcada, sus productos, sus películas, responden a una particular manera de mirar el mundo, especialmente creativa e instintiva, basada, en parte, como ya confesara en Atrapa el pez dorado, en la meditación y fuertemente arraigada en el subconsciente.

Sobre su mirada, precisamente, en Regreso a Twin Peaks, el libro que, coincidiendo con el estreno de su tercera temporada, ha publicado Errata Naturae, Hilario J. Rodríguez recupera esta cita del propio director que probablemente encierre toda su esencia:

“Durante mi infancia, mis padres y yo tuvimos una vida como la que mostraban aquellas series de televisión de la época, con una familia y un perro muy felices. (…) Había casas bonitas, calles con árboles a ambos lados, el repartidor de la leche y muchos, muchos amigos. Era un mundo de ensueño, con aviones que de vez en cuando cruzaban un cielo muy azul, talanqueras, hierba verde y cerezos. La típica imagen americana de postal. Pero luego resultaba que en el cerezo había una secreción viscosa, parte negra y parte amarilla, y millones y millones de hormigas rojas que corrían por aquella secreción y cubrían completamente el árbol”.

En esta obra de ensayos y opiniones sobre Twin Peaks, que, como dato, iba a llamarse originalmente Northwest Passage, un amplio número de autores, críticos, cineastas, directores y especialistas, diseccionan la ficción que más revolucionó y cambió la televisión en los años noventa, llegando a inspirar a otras series posteriores como Perdidos, Expediente X, Fringe, Hannibal, True Detective o, incluso, Los Soprano, según confiesa el propio David Chase entre sus páginas.

Un interesante y minucioso repaso sobre los aspectos más variopintos del que fuera, durante mucho tiempo, el crimen más importante de la pequeña pantalla que permite releer o revisionar la serie desde diferentes perspectivas, incluida la nostálgica. Desde el final alternativo que se rodó con su piloto para distribuirse en Europa hasta la elección accidental del actor que interpretaría a Bob, así como la importancia del entorno y de los sueños, la filosofía de la serie y sus inicios. El libro, que incluye una interesante entrevista con el mismo David Lynch sobre su obra, revela historias como la de Peggy, la dueña del Doble R., y cómo Twin Peaks reavivó su cafetería.

Reflexiones que se enroscan a veces, muy a lo David Lynch, en los detalles, que se centran en las hormigas y en las secreciones viscosas de la ficción, y que hurgan en su final, en la simbología del director, los llantos de sus protagonistas, la dualidad de los personajes, la habitación roja, el inspector Cooper y la propia Laura.

Cinco lustros después, el también creador de Mulholland Drive ha regresado para descubrir que la serie continúa siendo igual de innovadora, valiente y arriesgada, igual o más lynchiana que nunca, capaz de volvernos completamente locos y, a veces, aunque no siempre, disfrutar de su momento. Por eso tal vez Regreso a Twin Peaks sea tan necesario hoy, por los colores y los matices, por el amplio abanico de voces que se mezclan entre sus páginas desde ángulos directos y a, veces, imposibles. No todo estaba escrito después de todo. Mientras tanto.

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Dilo bien y dilo claro, de Antonio Martín y Víctor J. Sanz

Dilo bien y dilo claro

Dilo bien y dilo claroHace unos meses no tenía idea alguna de qué o quién era Cálamo & Cran. Y cuando tu oficio consiste mayoritariamente en editar textos, decir esto es poco menos que ser barman y no saber qué narices es el cardamomo. Así que poco antes de dar un curso de gramática con ellos me explicaron en el trabajo que era una de las empresas más conocidas en lo relativo a formación sobre escritura. Y pese a que, siendo sincero, un curso de veinte horas de ortografía y gramática impartido en cuatro días se hace algo duro, me gustó la forma que tenía el instructor de explicar las reglas que tantas veces había escuchado antes —en la carrera, el instituto y hasta el colegio— y que se olvidaban con tanta facilidad. Así que cuando leí que Antonio Martín y Victor J. Sanz, director y tutor respectivamente de esta empresa, habían sacado un libro sobre comunicación, tuve bastante claro que pisaba sobre terreno seguro.

Dilo bien y dilo claro viene a echar una mano a aquellos que trabajamos con palabras diariamente, ya sea elaborando informes, corrigiendo textos, mandando correos a diestro y siniestro para que prueben nuestros productos o dando conferencias con nuestro amigo el PowerPoint vigilando nuestras espaldas. Eso incluye a un número muy elevado de personas, no todas con los mismos conocimientos en el ámbito de la redacción. Seguramente por ello, los autores se han centrado en lanzar al mercado un trabajo accesible, a través de una de las máximas que defienden a lo largo del mismo: la importancia de la claridad a la hora de exponer las ideas. Y es que de ahí se puede extraer el que para mí es el mensaje más importante que ofrece este libro y que conviene grabarlo a fuego: lo difícil es hacerlo sencillo. Así, los autores animan, y no sin razón, a huir del abuso de las pasivas, de las subordinadas, de las frases largas, de tratar de usted al lector siempre que no sea imprescindible… consejos que, en mi caso y pese a mis esfuerzos, no siempre consigo aplicar. Aunque poco a poco me estoy quitando de esos vicios.

Por otro lado, a pesar de que en su portada se define como ‘Manual de comunicación profesional’, el libro está planteado como un curso práctico, en el que desde el comienzo se nos pide que vayamos resolviendo algunos ejercicios de redacción. Esto hace que podamos ir viendo e incorporando algunos trucos para desatascar nuestra vena creativa. Y es que, si en algo puedo decir que me ha ayudado esta lectura es en intentar buscar nuevos enfoques a la hora de abordar los textos que escribo. Si hay un miedo indisociable al redactor es el del papel vacío. Para remediarlo, Martín y Sanz aportan recetas variadas para que podamos encarar de una forma más eficaz a esa pantalla en blanco que en ocasiones está tan poco receptiva. También me ha sido útil lo relativo a la conexión de ideas, ya que soy de esos que va anotando lo que le viene a la cabeza sin ton ni son y acaba viéndose con serios problemas para encontrar un orden y un sentido a esa lista interminable de datos y pensamientos.

En definitiva, Dilo bien y dilo claro es un auténtico curso de comunicación, un texto que tengo claro que revisitaré en numerosas ocasiones, ya que además de dar unas pautas generales para mejorar nuestra capacidad comunicativa aporta soluciones a problemas muy habituales, desde el tratamiento del género a cómo configurar Word para sacarle el máximo rendimiento. Problemas que conviene solucionar adecuadamente para que se nos entienda de la mejor forma posible. Porque, aunque a veces se nos olvida, ese es el auténtico propósito de la comunicación.

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Buenos días, guapa, de Maxie Wander

Buenos días, guapa

Buenos días, guapaDaría para un post aparte si tuviera que hablar de la cantidad de libros escritos por mujeres y sobre mujeres que se están publicando en los últimos años. Claro, que daría para otro post aún más extenso si tuviera que analizar por qué no se habían publicado antes. No voy a meterme en esas ahora (quizá algún día), ni tampoco voy a hablar sobre el movimiento feminista en particular, aunque obviamente va intrínsecamente unido. Hoy voy a hablaros sobre mujeres, así que, buenos días, guapas (y guapos), poneos cómodos.

El título es ya una maravilla. Sugerente y atractivo como pocos, ¿verdad? La autora que está tras él es Maxie Wander, aunque puede que su nombre no os diga mucho ya que aquí no es muy conocida. No pasa nada, para eso estoy yo. Os la presento.

Maxie Wander nació en Viena en 1933. Se trasladó a vivir a la RDA junto con Fred Wander, su compañero, también escritor y padre de sus hijos. Cuando le encargaron un reportaje sobre las mujeres en la RDA, Fred le ofreció el proyecto a Maxie, sabiendo que, gracias a su carisma y personalidad, ese trabajo era perfecto para ella. Y no se equivocó. En 1977, poco antes de que Maxie muriera a causa de un cáncer, salió publicado Buenos días, guapa convirtiéndose en un rotundo éxito.

¿Qué tiene de especial este libro? Pues lo más importante es que es un libro sobre mujeres, escrito por una mujer. Y eso, lectores, no es cualquier cosa. Este libro fue un éxito porque surge del deseo de escuchar y de ser escuchadas, algo tan simple como eso y tan difícil al mismo tiempo. Así, a mediados de los años setenta, Maxie empieza su proyecto. Para ello se reúne con diecinueve mujeres, dispares entre ellas, para conversar y escucharlas. Y aunque Maxie no sabía bien qué podría resultar de todo aquello, si aquellas mujeres tendrían el valor, o simplemente las ganas, de hablar sobre ellas, siguió adelante con su deseo de escuchar todo lo que las mujeres de su país podrían decirle. En cuanto el libro se publicó, Maxie Wander se hizo famosa.

Otro punto interesante de Buenos días, guapa es que las diecinueve mujeres que hablan sobre sus vidas en la RDA de los años setenta, no sólo se limitan a contar cómo son sus vidas en esos momentos, sino que se abren ante su interlocutora expresándole sus miedos, deseos y frustraciones. Así, lo que consigue Maxie Wander es trazar un increíble mapa de aquellas mujeres y sus vidas.

Obviamente, sentirse identificada con ellas, con sus reflexiones y dudas forma parte del juego. De ahí su éxito, de ahí que vendiera millones de ejemplares en las dos Alemanias llegando a convertirse en un auténtico libro de culto.

Imposible no meterse en sus pieles al leerlas y compartir sus sueños y frustraciones. Creo que Buenos días, guapa es un libro que todas deberíamos leer alguna vez en nuestra vida y eso es algo que no puede decirse de cualquier libro, ¿no os parece?

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El campeón prohibido, de Dario Fo

El campeón prohibido

El campeón prohibidoTodos hemos leído y visto decenas de historias basadas en la época en la que el régimen nazi ocupó el gobierno alemán y puso fin a la democracia en el país. De hecho, soy de los que piensan que ha habido una sobreexplotación de este periodo, ya que no por el hecho de poner como contexto esta terrible etapa lo que se narra tiene que ser memorable. Sin embargo, la que cuenta El campeón prohibido es una historia tan dura y tan épica que parece mentira que nadie antes se atreviera a pasarla a papel. Tuvo que ser el actor y escritor italiano Dario Fo quien se atreviera a hincarle el diente poco antes de fallecer, con lo que consiguió rescatar la figura de Johann Trollmann, un talentoso e inteligente boxeador de raza gitana cuyo único fallo fue el haber vivido en la época de la barbarie nazi.

Con un lenguaje sencillo y con frases cortas Fo, que fue nombrado Premio Nobel de Literatura en el año 1997, nos va dando a conocer la vida del púgil desde el mismo momento en que, con apenas ocho años, comienza a dar muestras de tener unas habilidades muy superiores al resto de los chavales de su edad en este deporte. Es curioso lo que ocurre con esta lectura, ya que desde el momento en que uno hojea este libro se da cuenta de que está escrito por un autor lleno de talento. Sin embargo, esto no se debe a que el escritor italiano haga gala de numerosos recursos estilísticos o de un vocabulario ostentoso y complejo; todo lo contrario. Lo que hace que uno disfrute de esta lectura es precisamente la ausencia de necesidad del autor por gustarse a sí mismo, acompañada por el deseo de contar lo mejor y lo más detalladamente posible la historia de una profunda injusticia.

El desarrollo de la vida de Trollmann, tanto a nivel personal como profesional, va acompañado por la narración de los acontecimientos transcendentales que van ocurriendo a nivel global, entre los que destacan las dos guerras mundiales. El autor sabe jugar muy bien con los tiempos y se detiene solo en aquellos momentos de la vida del púgil que tienen verdadera importancia para su evolución. Especialmente sobresaliente es la forma en la que el Fo sintetiza el ascenso de Hitler al poder, momento a partir del cual va desgranando la tremenda injusticia que Trollmann pasa a sufrir solamente por su raza.

El campeón prohibido es un trabajo muy periodístico, en el que la fuerza de los propios acontecimientos hace que todo artificio sea innecesario. Sí que recomendaría leerlo en un momento en el que no se tengan muchas preocupaciones en la cabeza, ya que es de esas historias que te hunden o, como poco, que te dejan muy mal cuerpo. Aunque, por otra parte, si bien no se puede negar en que esta pequeña y sobresaliente novela provoca rabia e impotencia, al mismo tiempo hace honor a un campeón al que ni la peor de las creaciones del ser humano fue capaz de robarle su dignidad.

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