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Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas

Cuando sale la reclusa

Cuando sale la reclusaTodos tenemos nuestras debilidades literarias, y la mía, en cuanto a novela negra, es Fred Vargas. Por eso esperaba como agua de mayo la nueva aventura de su personaje más carismático, el inigualable comisario Jean-Baptiste Adamsberg. Cuando sale la reclusa, su última historia, es la novena de la serie protagonizada por este policía de París, la decimosegunda si contamos también dos novelas gráficas y una colección de relatos (Fluye el Sena), también protagonizados por él. Como lector indisciplinado y caótico que soy, he ido leyendo gran parte de su bibliografía de modo salteado. Pese a empezar por el primer libro (El hombre de los círculos azules), luego he ido alternando, y sobre todo disfrutando, sus historias de un modo salteado, siendo para mí Un lugar incierto la mejor novela de la saga, hasta el momento.

Para sus seguidores, primero hay que situar un poco la acción. Esta nueva historia de Fred Vargas empieza con Adamsberg en la pequeña y fría isla islandesa de Grímsey, lugar donde se desarrollaba parte de la última novela, Tiempos de Hielo. El lugar parece venirle como anillo al dedo a Adamsberg, cuyas rarezas encajan a la perfección con un sitio tan gélido y apartado. Pero esa calma se interrumpe y el comisario debe volver a dirigir su unidad. Pese a no ser de su incumbencia, Jean-Baptiste empieza a interesarse por un caso que no parece tal; dos ancianos del sur del país mueren víctimas de la picadura de la araña reclusa (Loxosceles refunscens). Todo hace indicar que son muertes naturales y sin conexión, pero ese sexto sentido tan característico de nuestro protagonista le hace ver que hay gato (o araña) encerrado en esas misteriosas muertes. Por cierto, un sexto sentido que, cada vez más, choca frontalmente contra el resto de la brigada, que empieza a hartarse de las excentricidades de su jefe.

Lo primero que me llama la atención de Cuando sale la reclusa es que, veintiséis años después de su primera novela, Jean-Baptiste Adamsberg sigue en forma. En esta ocasión, y mientras empieza a obsesionarse con la historia de la reclusa, le da tiempo incluso a resolver dos pequeños casos con una sencillez pasmosa, demostrando que, pese a su proceder poco ortodoxo, su valía sigue estando casi intacta. Además, los problemas internos en la brigada empiezan a ser problemáticos. Con poco tino y a su manera, así es él, Adamsberg tiene que conseguir que todos sus acólitos remen en la misma dirección, tensando la cuerda e intentando acallar las voces discordantes que surgen por el camino. Incluso, y para gozo de sus fans más acérrimos, tenemos en esta ocasión un crossover con Mathias Delamarre, otro mítico personaje de la escritora francesa, que forma parte de la trilogía de Los tres evangelistas.

Aunque en esta ocasión, y mira que me cuesta escribir esto, hay que achacarle algún que otro defecto a la novela. La investigación y la trama fluyen adecuadamente. Fred va administrando convenientemente las pistas y misterios para tener al lector enganchado a su historia. De un posible caso de picaduras de arañas, se salta a otros temas mucho más macabros. Sin embargo, la gran cantidad de posibles víctimas, sospechosos potenciales y policías haciendo sus seguimientos oportunos son tantos que uno llega a perderse con tanto nombre y lugar. Quien se conozca al dedillo la geografía francesa disfrutará viajando con Adamsberg y su equipo de norte a sur. Pero quien, como yo, tenga conocimientos no tan extensos de nuestro país vecino, es probable que quede abrumado con tanta información.

Pero todo esto no impide reconocer las bondades literarias que un libro como Cuando sale la reclusa y una autora como Fred Vargas ofrece. Su estilo singular, poco ajustado a los cánones, no suele ser del gusto de todos. Adamsberg, con esa bruma constante en su interior que no le permite centrarse, no entrará nunca en un decálogo policial que explique cómo dirigir una brigada. Incluso los miembros de su equipo (para mí el gran valor de sus historias), todos algo excéntricos a su manera, no sean tan perfectos o efectivos como los de otras series de novelas norteamericanas o inglesas de tanto éxito. Quizá tanta imperfección estribe en que Fred Vargas no escribe buscando la excelencia y la admiración que sí buscan otros compañeros de profesión. Esta autora francesa no busca narraciones efectistas. Sus personajes son raros, sus asesinos son raros y las muertes que en ellas se producen también lo son. Pero dentro de toda esta rareza subyace una autora con mayúsculas y un personaje único con el que no paro de disfrutar.

César Malagón @malagonc

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas, de Juan Antonio Molina Foix

Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas

Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películasA todos los que nos dedicamos y/o nos gusta escribir sabemos que la parte más complicada del proceso de creación de un texto es empezar, encontrar un hilo del que tirar; encontrar esa semilla que crezca poco a poco hasta convertirse en un árbol alto, fuerte y sano; encontrar, en definitiva, la idea del millón. Y para encontrar esa idea bebemos de la inspiración, ese estímulo que nos anima a crear.

La inspiración puede encontrarse en todos lados. En la visión de una pareja que discute y airea sus trapos sucios delante de todos en el súper; de un niño que le cuenta emocionado a su padre como le ha ido en el último entrenamiento de fútbol; de dos amigas que intercambian maquillaje en el metro mientras van a una cita a cuatro; de una chica que pide consejo a una dependienta para elegir un vestido para la boda de un exnovio; de un anciano que con su nieto le echa migas de pan a las palomas… La inspiración se encuentra a la vuelta de cada esquina. Todo lo que vemos, leemos, oímos o nos pasa es susceptible de convertirse en la semilla que nos inspire una gran historia. Y a veces esa inspiración nos viene de la idea de otro. Mientras leemos una historia, nuestra mente va imaginándose lo que lee, va poniendo cara a los personajes; va desplazándose por la casa, el parque, el bar, la calle… donde se desarrolla la historia; va asimilando y comprendiendo, empatizando, con los sentimientos de los protagonistas de la obra… Eso es lo que supongo que le ha pasado a muchos de los grandes directores de cine de la historia. Algunas veces las ideas les habrán surgido de manera directa y novedosa y otras veces, al leer las palabras de otra persona, se habrán imaginado como lo plasmarían en imagen. Gracias a Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas, edición de Juan Antonio Molina Foix, podemos ver el origen de algunas de las grandes películas de la historia del cine.

J.A. Molina Foix ha creado una antología de relatos que inspiraron a algunos de los mejores directores de cine de todos los tiempos. Pero, además, esas historias fueron escritas también por algunos de los mejores escritores. Así bien, en este libro podemos leer historias escritas por autores como Guy de Maupassant, Stefan Zweigt, Agatha Christie, Daphne du Maurier, Fiódor Dostoievski o James Joyce. Historias que inspiraron algunas películas como Rashomon de Akira Kurosawa, La paura de Roberto Rossellini, Testigo de cargo de Billy Wilder, El hombre que mató a Liberty Valance de John Ford, Los pájaros de Alfred Hitchcock, Una historia inmortal de Orson Welles o Dublineses de John Huston. Como el propio Molina Foix dice en el prólogo, no están todos los que son, pero sí son todos lo que están.

Como en toda antología de relatos el nivel de todos ellos no es lineal, unos son mejores que otros y, además, en este caso, al ser de distintos autores las temáticas son muy distintas. No obstante, todos tienen un nivel bastante alto y aunque Molina Foix no ha podido incluir en el libro todas las historias que le habría gustado por cuestiones de espacio y de permisos, ha escogido una muestra que pretende ser una buena representación de la idea que defiende con esta obra: cuando una película está inspirada en un libro, más que una adaptación totalmente fiel al mismo, debe tratarse de una creación nueva y autónoma. Por eso, ha seleccionado once relatos, porque al ser historias más breves y menos desarrolladas que una novela, los directores tienen tanto la oportunidad como la obligación de extenderse más y elaborar una historia mayor, creando así una película autónoma y personal. Como decía, no todos los relatos me han parecido igual de buenos. Mientras que unos son un pequeño esbozo de una historia a la que los directores han tenido que darle forma y empaque, en definitiva, convertirlos en una historia de verdad; otros brillan por sí solos y aunque breve, nos cuentan una historia con una presentación, un nudo y un desenlace.

Esta reseña es, probablemente, una de las que más me ha costado porque quería hacerlo bien. Quería tener la oportunidad de ver las dos caras de la moneda: el relato y la película; al escritor y al director. Así pues, me he leído los once relatos y he visto las once películas correspondientes, tras lo cuál, creo que he podido vivir la experiencia completa y sí, estoy de acuerdo con Molina Foix. Cuando lo que se lleva al cine es un gran libro, pocas veces (por no decir ninguna) se supera al libro. Pero la cosa cambia cuando lo que se lleva a la gran pantalla es una historia corta. La experiencia es mucho más libre y mientras ves la película, ves la película. Me explico. En muchas ocasiones cuando vemos la película que se ha hecho de un libro (que encima amamos) no podemos evitar comparar cada escena y cada diálogo; comparar a los actores escogidos para dar vida a los personajes del libro con la idea que nosotros habíamos creado de ellos en nuestra mente. Sin embargo, al ver estas películas, apenas pensaba en el relato porque en este caso las películas vuelan solas ya que gozan de una autonomía casi absoluta.

Entonces, ¿qué estoy diciendo?, ¿me ha gustado Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas o no? Sí, sí me ha gustado porque me ha hecho ir más allá en muchos sentidos. He descubierto historias no tan conocidas de algunos autores muy conocidos y películas que no había visto, me ha hecho reflexionar sobre las diferencias entre el lenguaje literario y el lenguaje cinematográfico y además, aunque algunos relatos no me han”llenado” del todo, otros sí lo han hecho. Como ejemplo, Miedo de Stefan Zweig. Es un relato maravilloso que en pocas hojas te hace experimentar el éxtasis y la emoción de lo prohibido y el miedo y la angustia a verse descubierto. Pocos autores captan mejor los sentimientos y pensamientos de sus personajes y te hacen empatizar más con ellos que Stefan Zweig. Por lo tanto, aunque recomiendo más este libro a amantes del cine que de la literatura, creo que los segundos también se verán recompensados con algunas buenas historias que es posible que no conocieran de algunos de sus autores de cabecera.

 

 

 

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Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet, de Elizabeth Jane Howard

Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet

Justo el otro día comentábamos varios reseñistas que, precisamente, las reseñas que más nos cuestan hacer son las de los libros que más nos han gustado. Así dicho suena rarLos años ligeros, Crónicas de los Cazaleto, pero tiene sentido. Queremos decir tantas cosas del libro y tan bien que tememos quedarnos cortos y no estar a la altura. ¿Y por qué os cuento esto? Pues porque el libro del que voy a hablaros hoy es precisamente uno de esos libros. Así que desde ya os pido disculpas, porque no sé si voy a ser capaz de transmitiros todo lo que quiero sobre él, pero lo haré lo mejor que pueda.

No sé bien por qué, siendo yo tan poco lady, me gustan tanto este tipo de libros tan british de principios del siglo XIX. Una época complicada, donde el fantasma de la Primera Guerra Mundial y la amenaza de la Segunda Guerra Mundial están más que presentes, donde las mujeres han de ceñirse a su papel sin osar salirse de él y donde, como diría Javier Krahe, todo es vanidad. Porque a pesar de las miserias y los miedos, la apariencia lo era casi todo. Y más si provienes de una familia acomodada, como es el caso de los Cazalet. Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet, se centra en las vivencias de esta familia en los veranos de 1937 y 1938. Imaginad si es extensa la familia, que al comienzo del libro, encontramos un árbol genealógico de la misma y de su personal doméstico.

El Jefe y la Duquesita son los padres de Hugh, Edward, Rachel y Rupert. A ellos hay que añadirles sus respectivas mujeres, Sybil, Viola y Zoë y una tropa de nueve nietos con sus niñeras y demás personal. Todos ellos pasarán juntos los veranos de 1937 y 1938 en Home Place, una casa señorial propiedad de la familia que se encuentra en la campiña de Sussex.

Lo que sucede en las cuatrocientas y pico páginas del libro no es más que la vida misma. Actividades cotidianas, rutinas y, como os decía, un poco de vanidad. Pero, si hay algo que me gusta de este tipo de novelas, es que tras la aparente calma, tras toda esa monotonía y liviandad, siempre se esconde algo más. Y es que los sueños y pasiones de todos y cada uno de los componentes de esta familia van desgranándose a lo largo de la novela de manera magistral.

Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet es un reflejo maravilloso de las costumbres de la alta sociedad británica de aquella época.  La prosa de Elizabeth Jane Howard me ha parecido una maravilla. Una observadora nata e inteligente, honesta y sumamente cautivadora.

¿Sabéis? Podría pasarme horas hablando de todos los personajes, de cómo han ido evolucionando a lo largo de la novela, de lo que me han trasmitido cada uno de ellos. También podría hablaros de las ganas con las que volvía a retomar la lectura del libro, de cómo la autora me ha llevado a aquellos veranos haciéndome sentir allí, como una observadora más de la familia Cazalet.

Lo mejor de todo esto es que Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet es el primer de cinco libros, así que tenemos familia Cazalet para rato. No hace ni veinticuatro horas que acabé el libro y ya estoy deseando leer el siguiente. Voy a tener que escribir a Siruela para que me digan cuándo van a publicar el siguiente, porque a ver cómo lleno yo ahora este vacío.

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Un asesino en escena, de Ngaio Marsh

un-asesino-en-escenaDe la edad de oro de la novela de misterio -habitualmente ambientada en Inglaterra y de la que solían permanecer al margen elementos cruentos y explícitos, para dejar el protagonismo al enigma tipo puzzle, los porqués, para qués, cómos y, sobre todo, quiénes del asunto-, Ngaio Marsh es, tal vez, la autora menos conocida para los lectores españoles; su fama es aquí mucho menor que en los países de lengua inglesa. De origen neozelandés, Marsh (1895-1982) fue una de las autoras más populares de los años 30 en el género de misterio. Con su colección de Clásicos Policiacos, la editorial Siruela nos brinda la oportunidad de conocer un poco mejor la obra de Marsh, así como de otros autores de poco eco en España pero cuyo legado, sin duda, merece una revisión.

Un asesino en escena es la segunda obra de Ngaio Marsh que publica Siruela en esta colección, y su lectura ayuda a dotar de personalidad propia a nuestra imagen mental de esta autora, ya que cada una de las reinas del crimen de aquella época tiene un estilo que de ninguna manera se podría confundir con el de sus colegas. En el caso de Marsh, esta novela la configura como una autora de buena pluma y cuidada escritura, de probadas habilidades para la caracterización de personajes sin necesidad de recurrir a técnicas trilladas -de alguna manera, sin grandes descripciones ni profundizaciones psicológicas, la autora consigue fijar en nuestra mente un retrato inconfundible de cada personaje, principal o secundario- y, sobre todo, de gran destreza a la hora de crear una ambientación determinada y situar al lector en el relato. En este sentido, Ngaio Marsh se adscribe aquí a la norma de libre cumplimiento según la cual el escritor debe escribir sobre aquello que conoce; no en vano Marsh destacó como autora y directora teatral, medio en el cual sucede la acción descrita en este libro. De hecho, su recreación del ambiente del teatro Unicorn de Londres, de la obra que se representa (de la cual la autora nos ofrece toda la sinopsis, a pesar de no ser ésta esencial ni necesaria para la comprensión de la historia), del espacio físico del teatro -el cual, a ratos, se nos representa como un organismo vivo, melancólico cuando vacío, incluso respirando pausadamente, con colores, olores y atmósferas propias- es uno de los elementos más encantadores de la novela, en el cual se evidencia que la autora vivió esos ambientes, los conoció perfectamente y los amó.

La trama que se desarrolla en el teatro no sólo tiene lugar, parcialmente, en el marco de la representación de una obra, sino que toda ella adquiere visos de irrealidad, de representación, por mor de ese espacio semimágico donde las ficciones se convierten en realidad. El asesinato que se convierte en eje central del libro tiene lugar en medio de una representación, con lo cual se violentan por primera vez -y no por última- los límites entre realidad y ficción teatral. La figura del detective de Ngaio Marsh, Roderick Alleyn, y de su simpar amigo y compañero de fatigas, el periodista Nigel Bathgate, sirve de hilo conductor y de cicerone del lector para evitar que éste se pierda en esa confusa mezcla de realidades e imposturas, siendo Alleyn la encarnación eficaz de la luz de la deducción y de las artes de la lógica policial que ayudarán a desenmascarar al asesino. Esta mezcla de realidad y ficción, la confusión entre roles -no se sabe cuándo algunos personajes están actuando y cuándo están siendo ellos mismos-, el juego sutil entre sensatez e histrionismo, forma parte del singular encanto de esta novela.

Un asesino en escena es una de las novelas tempranas de Roderick Alleyn, y el personaje no está bien definido; no lo conocemos bien, ni sabemos nada de su vida (aunque abundar en la vida privada y en las idiosincrasias del protagonista detective es una moda más tardía), pero sí nos deslumbra y nos divierte a la par su lenguaje anticuado, muy literario, impropio de un policía de aquella y cualquier época. Es muy elocuente el señor Alleyn, y, por si eso fuera poco literario y chocante, forma un tándem insólito con ¡un periodista! No se sabe por qué razones decidió Ngaio Marsh que estos dos fueran a ser los protagonistas de sus novelas policiacas, pero tal vez no desentonaran en una época donde el par de investigadores de ficción de moda eran Hércules Poirot y George Hastings. Los intercambios entre Alleyn y Bathgate son bastante ingeniosos y divertidos -entendiendo “divertido” como se puede entender un diálogo entre dos personajes de una novela de misterio de los años 30- y lo cierto es que la figura del periodista y detective amateur no queda en absoluto desaprovechada.

Otro elemento que singulariza la figura de Ngaio Marsh dentro del grupo de damas del crimen –Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Margery Allingham y la propia Marsh- es su audacia al introducir el ingrediente de atracción sexual y de relaciones de atracción mutua entre personajes. Imagínense algo así en una novela de Christie, por ejemplo. Veremos a Alleyn en lances impropios de su condición y su profesión, haciéndonos temer lo peor, en ocasiones.

¿Y la historia de misterio? Es eficaz y cumple su cometido, a saber, despistarnos y hacer que nos preguntemos quién habrá asesinado a Arthur Surbonadier. Ngaio Marsh, de la mano de Roderick Alleyn, nos lo irá desvelando a través de interrogatorios, repreguntas, visitas intempestivas, semiallanamientos de morada, y algún que otro lance sorprendente. Como suele ser habitual en las novelas de misterio de esa época, el crimen se ha cometido en un ambiente cerrado -tanto física como psicológicamente- y son varios los sospechosos con motivos verosímiles para haber deseado la muerte del hombre en cuestión. Al final, la sentencia moral de Ngaio Marsh es inequívoca: el criminal es un agente del mal, y el crimen, una aberración moral y social que, afortunadamente, Roderick Alleyn se encargará de arreglar.

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Manual de remedios literarios, de Ella Berthoud y Susan Elderkin

Manual de remedios literarios

Manual de remedios literariosProbablemente hoy vaya a hablar del libro que más puedes tardar en leerte de todos los que hay en el mercado. Y no porque sea infumable o tenga cien mil páginas o cuente con infinitos volúmenes, no, lo digo porque a cada página – o ni eso – aparecen una, dos, tres nuevas lecturas que apuntar en esa lista que todos tenemos interminable, inalcanzable, imposible para nuestra capacidad lectora. No somos eternos pero nos da igual. Empezarás este libro, te interesarán todos los libros de los que te hablan, y seguirás apuntando nuevos títulos a tu lista de pendientes. Hoy hablo de Manual de remedios literarios, un libro que ofrece la cura en forma de libro para centenares de dolencias, tanto físicas como espirituales y que llega a las librerías de la mano de Siruela y Círculo de Lectores.

Ella Berthoud y Susan Elderkin, ambas biblioterapeutas, han conseguido crear una lista de lecturas para cualquier mal que se te pueda presentar en la vida. Y digo cualquiera porque hay de todo: resaca, dolor de muelas, crisis económica, cumpleaños, miedo a la vida, no sé, incluso te recomiendan libros por si se te ha quemado la cena. Y todo desde un punto de vista, desde un trato, que ojalá tuviéramos en las consultas de nuestros centros médicos. ¿Alguna vez te has reído con un doctor? Enumerar cada una de las lecturas o cada uno de los males que presentan sería inútil por inalcanzable, pero ya os digo que merecen mucho la pena. Pasan por todo, lecturas para niños, para adolescentes, para adultos que quieren volver a ser niños, para niños que ya quieren ser adultos, para adultos que quieren sentirse como tal, para aquellos que no quieren llegar a ancianos, etc. Desde clásicos hasta novedades que han salido en el último año. Deporte, nutrición, estudios, trabajo, vida social, aficiones, todo tratado a modo de diccionario de la A a la Z y dividido en dolencias, en males.

A todos nos duele algo, eso es inevitable y seguramente a todos los que nos encontramos por aquí nos gusta leer. Pues entonces, ¿qué mejor que unir ese mal que tenemos a un buen libro? Yo te recomiendo que olvides por un rato tu lista de lecturas pendientes y poco a poco vayas masticando este libro. Cógelo, busca lo que concuerde con lo que sientes en ese momento, mira qué libro o libros recomiendan para ello y entrégate a la lectura.

Manual de remedios literarios es sin duda uno de esos libros que puedes tener siempre en tu mesilla de noche, o en tu escritorio, o en el coche, pero siempre a mano, y coger siempre que sientas que necesitas explicación a algo que en ese momento te recorre por dentro. Solemos enamorarnos de un libro cuando nos parece que habla por nuestra boca, cuando notamos que eso mismo que está diciendo es lo que tú dirías si tuvieras el talento de su autor. Pues aquí te lo ponen más fácil. Ya no vas a tener que maquillar tus explicaciones al librero de turno para explicarle que lo que quieres es un libro que te ayude a olvidar a tu ex, ya no tendrás que irte por las ramas para solo querer decir que quieres un libro que te acompañe los domingos de resaca, ya no tendrás que dar mil vueltas por las librerías rezando para que el libro que buscas pero que no sabes ni cuál es ni cómo se titula te encuentre por arte de magia. Ya no, porque ahora tienes un manual que te pregunta qué es lo que te pasa y te pone en bandeja lo que tienes que ir a buscar, lo que te va a curar, lo que te va a salvar. Un libro genial.

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El campeón prohibido, de Dario Fo

El campeón prohibido

El campeón prohibidoTodos hemos leído y visto decenas de historias basadas en la época en la que el régimen nazi ocupó el gobierno alemán y puso fin a la democracia en el país. De hecho, soy de los que piensan que ha habido una sobreexplotación de este periodo, ya que no por el hecho de poner como contexto esta terrible etapa lo que se narra tiene que ser memorable. Sin embargo, la que cuenta El campeón prohibido es una historia tan dura y tan épica que parece mentira que nadie antes se atreviera a pasarla a papel. Tuvo que ser el actor y escritor italiano Dario Fo quien se atreviera a hincarle el diente poco antes de fallecer, con lo que consiguió rescatar la figura de Johann Trollmann, un talentoso e inteligente boxeador de raza gitana cuyo único fallo fue el haber vivido en la época de la barbarie nazi.

Con un lenguaje sencillo y con frases cortas Fo, que fue nombrado Premio Nobel de Literatura en el año 1997, nos va dando a conocer la vida del púgil desde el mismo momento en que, con apenas ocho años, comienza a dar muestras de tener unas habilidades muy superiores al resto de los chavales de su edad en este deporte. Es curioso lo que ocurre con esta lectura, ya que desde el momento en que uno hojea este libro se da cuenta de que está escrito por un autor lleno de talento. Sin embargo, esto no se debe a que el escritor italiano haga gala de numerosos recursos estilísticos o de un vocabulario ostentoso y complejo; todo lo contrario. Lo que hace que uno disfrute de esta lectura es precisamente la ausencia de necesidad del autor por gustarse a sí mismo, acompañada por el deseo de contar lo mejor y lo más detalladamente posible la historia de una profunda injusticia.

El desarrollo de la vida de Trollmann, tanto a nivel personal como profesional, va acompañado por la narración de los acontecimientos transcendentales que van ocurriendo a nivel global, entre los que destacan las dos guerras mundiales. El autor sabe jugar muy bien con los tiempos y se detiene solo en aquellos momentos de la vida del púgil que tienen verdadera importancia para su evolución. Especialmente sobresaliente es la forma en la que el Fo sintetiza el ascenso de Hitler al poder, momento a partir del cual va desgranando la tremenda injusticia que Trollmann pasa a sufrir solamente por su raza.

El campeón prohibido es un trabajo muy periodístico, en el que la fuerza de los propios acontecimientos hace que todo artificio sea innecesario. Sí que recomendaría leerlo en un momento en el que no se tengan muchas preocupaciones en la cabeza, ya que es de esas historias que te hunden o, como poco, que te dejan muy mal cuerpo. Aunque, por otra parte, si bien no se puede negar en que esta pequeña y sobresaliente novela provoca rabia e impotencia, al mismo tiempo hace honor a un campeón al que ni la peor de las creaciones del ser humano fue capaz de robarle su dignidad.

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Relatos clínicos

Relatos clínicos

Relatos clínicos Al ver qué estaba leyendo estos Relatos clínicos de Sigmun Freud, una amiga me comenta que Freud es suena ya como viejuno, que está pasado de moda… Eso pensé yo, pero no podía resistirme a leer estos casos concretos que un día escribió para dejar constancia de su trabajo, aunque yo creo, como también lo cree el propio Juan José MIllás y así lo manifiesta en su prólogo, que lo hizo sabiendo que eran más que una historias clínicas, y es por ello que no conserva nombres y en algunos ni fechas exactas para no poder ser identificados.

Freud sabía que estos relatos clínicos podían tener un recorrido más largo. Y ese es el que a mí me interesaba. El valor literario.

Y eso es lo que lógicamente piensa mi mente literaria, pero luego está mi otro yo algo más cotilla al que le encanta leer sobre otros, biografías interesantes, expedientes médicos o judiciales, testamentos antiguos … Ya saben, hurgar un poco en las profundidades de los hechos reales.

Y desde luego no me ha quedado otra que estar absolutamente de acuerdo con Millás al decir que estas historias poseen “eficacia narrativa”, me parece una expresión de lo más acertada. Además son historias completas, incluso las más cortas de apenas unas líneas.

Todos sabemos que Freud es el padre del psicoanálisis, muchos sabemos de él por su obra más importante, La interpretación de los sueños, pero no porque hayamos leído este libro donde expone toda la teoría de su especialidad, sino porque a todos nos suena eso de las teorías froidianas sobre la sexualidad, ya saben, eso de que según Sigmund Freud la sexualidad rodea todo lo que somos y está presente desde que nacemos.

Este ejemplar que tengo en mis manos y que he leído con gran delectación, es una cuidada edición que Siruela ha dejado al cuidado de la también psicoanalista Isabel Menéndez, y cuyo resultado les puedo asegurar que no les dejará indiferentes. Es probable que al finalizar la lectura no les parezca tan viejuno, y que incluso ustedes quieran adentrarse en la mente de estas “señoritas” a las que psicoanaliza y trata el Doctor Feud.

Porque esto sí es algo que me ha llamado la atención. En este libro todas las pacientes son mujeres, y la mayoría jóvenes, aunque los temas están agrupados en la parte primera encontramos la dedicada a la sugestión y la hipnosis; en la segunda parte los casos están dedicados a las Obsesiones y fobias, ¡más de uno estará pensando que esta parte me habrá venido de maravilla!, y por último veremos casos sobre paranoia y homosexualidad …

“… Nos vemos así forzados a dar la razón a los poetas que nos describen preferentemente personas que aman sin saberlo, no saben si aman o creen odiar a quien en realdad adoran. Parece como si las noticias que nuestra conciencia recibe de nuestra vida erótica fueran especialmente susceptibles de ser mutiladas o falseadas. … “

Así, con este fragmento pueden ustedes hacerse una idea de su estilo narrativo, aunque les diré que revive con naturalidad los diálogos con las pacientes, así como con los colegas o amigos a los que consulta.

En esta ocasión he seguido el ritmo establecido por Isabel Menéndez, esto es, primero he leído el prólogo de Juan José Millás, para después adentrarme en los casos concretos y terminar con el estupendo cierre o epílogo de Isabel, en el que responde a mi pregunta del porqué todas las psicoanalizadas son siempre mujeres, y en el que descubro la importancia del valor de la mujer, ella apuesta siempre por la lucha para resolver los temas que le inquietan, no dudando en ofrecerse para su curación, pero también para la experimentación y el avance de la ciencia, así que he llegado a pensar que tan importante fue el padre del psicoanálisis como esas primeras mujeres que se dejaron tratar por él.

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44 escritores de la literatura universal, de Jesús Marchamalo

44 escritores de la literatura universal

44 escritores de la literatura universalMe gusta colar en mis charlas literarias anécdotas sobre la vida de los escritores, sus métodos de trabajo o los varapalos que sufrieron con sus obras. A veces, tenemos tan idealizados a nuestros escritores favoritos que nos olvidamos de que son seres humanos y que no siempre gozaron del aplauso del público; es más, algunos nunca alcanzaron el éxito y solo con el paso de los años sus obras han ocupado el lugar que merecen. Por eso, me encanta leer libros que hablan de escritores para conocer su otra cara. Mi última adquisición ha sido 44 escritores de la literatura universal, escrito por Jesús Marchamalo e ilustrado por Damián Flores. En él retratan a prestigiosos autores de la literatura europea y norteamericana de los siglos XIX y XX, resaltando aquellas singularidades de sus vidas y caracteres que no siempre han quedado reflejadas en sus obras. Son unas pinceladas de cada uno, apenas página y media por escritor, pero lo suficiente para hacer que los veamos con otros ojos; a ellos y a sus libros.

Hay anécdotas para todos los gustos. Por ejemplo, sobre sus infancias: el solitario André Gide y su amigo imaginario; el trauma de Charles Dickens con el pote de betún; el peculiar pasatiempo de Borís Pasternak; la origen de la pasión de George Perec por coleccionar soldaditos y la similitud entre las travesuras de Mark Twain y las de su famoso personaje Tom Sawyer.

El apartado de excentricidades, como era de esperar, da mucho de sí: los paseos en pantuflas y bata de Balzac o las maratonianas caminatas de Robert Walser; la manía de Thomas Mann de anotar cada nimio detalle de su día a día; la costumbre de Giuseppe Tomasi di Lampedusa de cambiar de idioma… según con qué perro hablara; el orgullo de Clarise Lispector al mostrar las cicatrices de su cuerpo a todo aquel que mostrara interés; las disparatadas relaciones de G. K. Chesterton con su familia; la adicción de Joseph Conrad que en varias ocasiones puso en peligro su vida y la de los de su alrededor o la razón por la que Lev Tolstói, ya octogenario, se fugó de su casa.

También se hace referencia a sus carreras literarias: ¿cómo se organizó Georges Simenon para escribir más de mil cuentos?, ¿en qué consistía la literatura industrial mecanizada creada por Alexandre Dumas?, ¿qué manuscrito llevaba encima Albert Camus el día que murió?, ¿qué crueles comentarios recibió Antón Chéjov de los críticos?, ¿qué perlitas dedicó Truman Capote a compañeros del gremio, además de a músicos e, incluso, a una primera dama?, ¿qué respuesta le dieron a Gustave Flaubert sus amigos, tras haberles leído durante cuatro días su manuscrito?, ¿en qué invertía Jack London el dinero que ganaba con sus libros?

Jesús Marchamalo no se limita a enumerar anécdotas y destacar las obras más emblemáticas de cada autor, sino que se recrea en la narración, por lo que además de conocer datos divertidos o dramáticos, la lectura resulta muy grata, incluso si no se conoce nada del escritor protagonista. Y gracias al talento de Damián Flores disfrutamos también de las ilustraciones de los autores más destacados de los últimos dos siglos, en las que ha logrado un asombroso parecido a través de un trazo aparentemente sencillo.

Siruela incluye este título dentro de su colección Nos Gusta Saber, que pretende acercar diferentes áreas de conocimiento a niños y jóvenes. Esta colección tiene muy buena pinta y 44 escritores de la literatura universal es una buena muestra, así que no dejéis que las etiquetas de edades os desanimen a leerlo. El libro de Jesús Marchamalo y Damián Flores es ideal si tenéis curiosidad por conocer esa parte humana de los escritores que no siempre percibimos entre líneas. Y es una lectura igualmente imprescindible si sois de los míos y os gusta amenizar vuestros debates literarios con anécdotas. Experiencias traumáticas, amores pasionales, hábitos de trabajo rocambolescos, obras ninguneadas, encontronazos entre autores… Con 44 escritores de la literatura universal tenemos material para rato.

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Palabras en mis manos

Palabras en mis manos .

Palabras en mis manos .Ya llevaba unas cuantas novelas negras para refrescarme la cabeza cuando decidí ponerme con esta obra de la editorial Siruela que parecía novelada pero histórica. La elegí porque el título es una preciosidad, casi parece el inicio de un poema, Palabras en mis manos, y para que no piensen que soy una frívola y que el titulo y la portada es lo único que me llama la atención de los libros (aunque elegir ambas cosas es una de las tareas más complejas del proceso de publicación), tengo que reconocer que en algún lugar había visto que hablaba de Descartes.

Y si se habla de Descartes, no puedo por menos que recordar que un día leí un libro estupendo titulado Hierba Mora, en el que descubrí un trío que nunca he podido olvidar: La Reina Cristina de Suecia, Descartes y Helena. Y desde entonces si de alguna forma veo el nombre de alguno de ellos en un libro hace que me interese, y por poco que sea el fundamento histórico que tenga me entrego a él en cuerpo y alma. Si no está luego a la altura de lo que espero, naturalmente ahí se queda, que a tanto no llega mi interés por ellos.

Pero no ha sido el caso. Me repito al decir que esta editorial tiene la capacidad de sorprenderme una y otra vez, cambiando los registros continuamente sin bajar un ápice la calidad de lo que presenta a sus lectores.

No tenía ni idea de quién era esta mujer que me ha engatusado desde sus primeras palabras ¿Como conocerla si al parecer esta ha sido su primera novela publicada? Me parece increíble que una primera obra pueda tener esta calidad, esta suavidad, este hacerme quedar hasta bien entrada la noche leyendo, este recordar que apurar una copa de vino mientras lees una historia tan bella es un auténtico placer para todos los sentidos.

Guinevere Glasfurd inicia mi aventura lectora con estas palabras:

“Recorrí la habitación a pasitos, trazando un círculo diminuto. Lo que buscaba ya no estaba allí. Su reloj, sus documentos, su tintero de cristal: no quedaba nada, todo había desaparecido. En el pasado había visto aquella habitación vacía y no me había importado, ahora solo magnificaba mi pérdida. No quería una moneda, ni un obsequio, ni un recuerdo. Quería palabras, alguna nota… Mas no hallé ninguna.”

Ya intuyen que el libro me ha parecido una maravilla, y que allí no solo estaba Descartes, también estaba Helena… ¿Será mi Helena? El vino, como la noche, se acaba y el sueño me vencía antes del descubrimiento.

Me quedé dormida en aquel Amsterdam de mitad del Siglo XVII donde Helena Jans, sí, mi Helena, trabaja como doncella para un hombre muy especial ¡Un librero! El señor Sergeant. A su casa Acude para pasar una temporada René Descartes. El resto hay que leerlo, hay que sentirlo… ¡Hay que ver para lo mucho que da la imaginación cuando la historia no es capaz de rellenar todos los huecos! Para eso está la literatura, esta literatura que nos ofrece Palabras en mis manos.

Lo que está claro es que la necesidad de saber nace de la mano de un buen maestro o maestra, de lo que proyectamos sobre los demás, sobre todo de nuestros hijos o de nuestros alumnos, o de nuestros potenciales lectores, cuando lo que queremos es transmitir nuestro amor por la literatura, por las palabras, por lo que de valor tiene ese pequeño poema con palabras exquisitamente seleccionadas para robar una emoción.

Las palabras tiene tanto valor como la vida, es lo que separa a un ser humano del resto de los animales, somos capaces de trasmitir emociones y sabiduría a través de las palabras. La palabra como arte, la vida como un libro que vamos escribiendo hasta llegar al FIN.

Un absoluto acierto el que la narradora inicie la trama casi en su mitad, in media res que dirán aquellos que se hayan acercado alguna vez a un curso de escritura, o incluso que participen en algún Club de lectura.

Está claro que la educación es importante pero no lo es menos la inquietud de algunas personas por saber, por aprender, en este caso lo vemos desde dos puntos de vista distintos, desde dos niveles casi imposibles de sostenerse; Descartes por un lado, Helena por otro… Y juntos el universo. Pero Helena es mujer, Helena es pobre, es casi menos que nada en un mundo diseñado para ellos.

Helena se da cuenta del poder al que se puede llegar con el uso de las palabras, de la importancia del saber en la vida, de ahí su desesperación por aprender, por asegurarse que los pobres aprendan palabras, más allá de la Biblia están los versos, y de los versos brotan las emociones, esas que descubrirá a lo largo de la vida. También Descartes tiene su propia lucha con la sociedad, con él mismo, con su autocensura y sus miedos…

Y así vamos conociendo la historia de uno y otro, y sabemos que Descarte irá a Suecia, y yo sé que hay libros que cuentan que conoció a la Reina Cristina, otra mujer que quería saberlo todo y para ello dejó su corona y se fue al mundo y probablemente conoció a nuestra Helena y ambas escribieron un libro del que algún día tendremos conocimiento.

Algún libro que, como este, nos hable de cómo se vivía en aquella época, de que no era fácil ser mujer, ni campesina, ni reina; un tiempo en el que ser pobre era no ser nada y ser mujer era ser menos que nada. Algo si han cambiado las cosas, pero donde anida la pobreza física o espiritual, allí sigue escondido ese siglo XVII.

Otra vez tengo que decirles que leer puede llegar a ser un gran placer para todos los sentidos. Y terminas de leer algo así y vuelves a tener esa sensación de que quieres más, necesitas más, y miras llover por la ventana y surgen en tu mente las ideas, los recuerdos, y todo ello tiene sentido cuando acuden a mi mente y a mi mano las palabras, esas que darán forma a todo el caos que hay dentro de mí y que gracias a ellas queda ordenado verso tras verso, haciendo de mi vida un lugar más cálido, más grato, más habitable, un lugar en el que los sueños pueden rescatarte de vez en cuando de aquel Siglo XVII.

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Una casa en Bleturge, de Isabel Bono

Una casa en Bleturge

Una casa en BleturgeCuando un libro me gusta mucho no me gusta andarme con rodeos. Me salto el protocolo y las introducciones y voy directamente al grano. Sí, lo habéis adivinado, éste es uno de esos libros. Así que voy a ser directa: Una casa en Bleturge es uno de los mejores libros que he leído en los ultimes meses (y ya sabéis que leo mucho).

A Isabel Bono, la conocía, principalmente de oídas (o más bien leídas). Había leído algunos poemas suyos con los que me he topado casualmente, o bien en Internet o en antologías, pero nunca había tenido un libro suyo en mis manos. Y eso que como poeta, ya me llamaba mucho la atención. Pero aún me voy a quedar con las ganas de leer algún poemario de esta autora malagueña. Si lo pienso bien, es todo un lujo. Poder descubrir a un escritor puede ser una experiencia maravillosa. Y es que Una casa en Bleturge es la primera novela (o al menos la primera a la que ella considera así, porque con ella se siente realmente cómoda) de esta autora. Y aunque esta sea sin duda una novela, la novela rebosa poesía en cada uno de sus textos. Obviamente, desvincularse por completo del lado poético es muy difícil, máxime cuando se es una buena poeta como lo es Isabel Bono. Así que, afortunadamente, siempre queda algo de esa poesía en estos trabajos más prosaicos de los poetas. Y a mí eso me requeteencanta, que queréis que os diga.

Explicaros, aunque sea a grandes rasgos, Una casa en Bleturge es difícil. No puedo más que recomendaros su lectura. De todas formas, a aquellos indecisos, voy a daros más motivos.

Ganadora del Premio Café Gijón 2016, esta novela narra la vida de un matrimonio tan típico y atípico como cualquier otro. Una familia compuesta por una pareja aferrada al vacío, al dolor y a la soledad. Una familia de dos hijos, una niña mayor que ya no es tan niña y que sabe cuánto duele la culpabilidad y un niño pequeño que ya no está. Un hijo que muere y paraliza a ratos, a pedazos, unas vidas que continúan, que tienen que seguir existiendo sin él, encontrando su razón de ser. Y un lugar, un sueño, como vía de escape: una casa en Bleturge.

Al leer esta novela entramos, de lleno, en las mentes de sus personajes, especialmente en los pensamientos de la madre. Una mujer que busca y no encuentra, que no se encuentra, que no se quiere buscar. Una mujer rota, que no quiere unir sus pedazos, que los lanza por la ventana, que se balancea entre el pasado y el presente tratando de mantener el equilibrio de su vida y la vida de su familia. Acompañar a un padre enfermo, que se muere; a un marido que tras la muerte de su hijo ya no es quien aparenta ser, a una hija culpabilizada por su padre son algunos de esos pedazos que ella trata de recomponer. Aunque hay más, mucho más.

El ritmo de Isabel Bono es rápido, nos zambulle y nos ahoga, y cuando menos lo esperamos, cuando estamos a punto de decir adiós, de ahogarnos como la protagonista, ella se encarga de mantenernos a flote, de curarnos las heridas.

Una casa en Bleturge es una novela dura, no voy a engañaros. Es dura y hermosa, como la vida. Porque esta novela, a pesar de lo que pueda parecer, rebosa vida se mire por donde se mire. A mí me ha fascinado. Ojalá que vosotros, lectores, tengáis la ocasión de sentiros igualmente atrapados por esta novela. Merece la pena.

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La lámpara, de Clarice Lispector

La lámpara

La lámparaPues resulta que con esta autora tenía un encuentro pendiente. ¿No os pasa? Esos escritores que lleváis tiempo queriendo leer, pero que no sabéis bien por qué aún no habéis leído. O esos escritores que mucha gente os recomienda con vehemencia pero que tú acabas ignorando hasta que un día, por fin, decides enfrentarte cara a cara con él. Todo eso me ocurría con Lispector. Había oído maravillas de ella y mucha gente me la había recomendado, pero no ha sido hasta ahora que he decido leerla. Elegí La lámpara como podría haber elegido cualquier otro, la verdad, pero aprovechando que Siruela acaba de editarlo me pareció una buena opción.

No sé si he acertado, eso quizá me lo podríais decir los lectores habituales de esta autora. Yo ahora mismo me encuentro algo desilusionada, no os voy a engañar. Aun así voy a tratar de ordenar un poco mis sentimientos y tratar de expresarme bien. La primera vez que leí a Virginia Woolf me ocurrió algo parecido que con Clarice Lispector. Podía apreciar todo el valor literario de lo que estaba leyendo, su voz y sus características, pero me desesperaba en ciertos aspectos su forma de escribir. Era, principalmente, el uso de las descripciones. Muy largas, muchos adjetivos, mucho irse por las ramas. Con Clarice Lispector he tenido la misma sensación. Escribe bien (vaya que si escribe bien), pero su prosa, nada ágil, en ocasiones me ponía nerviosa. Por lo general, me suele gustar la prosa más rápida, que no se anden tanto con rodeos, que me digan, bien dicho, lo que quieren decir sin dar tantas vueltas. Supongo que son las consecuencias de esta vida rápida.

Más tarde, volví a enfrentarme a la Woolf y ahora se ha convertido en una de mis escritoras preferidas. Aprendí a entenderla, a gustarme su forma de escribir. No sé si es la elección del libro o el momento, pero con esto quiero decir que aún tengo una puerta abierta a Lispector. Si vosotros, lectores, queréis recomendarme otro libro para convencerme, soy toda oídos.

Dejando de lado estas primeras impresiones que me han causado la lectura, paso a hablaros de la novela en cuestión. La lámpara es la segunda novela de esta autora brasileña. En ella, Clarice nos cuenta la historia de Vírginia, una joven que se ha criado en una casa de campo en un pueblo rodeada por su peculiar familia. Unos padres un tanto ariscos, una hermana mayor igualmente huraña y Daniel, su hermano, con quien nuestra protagonista mantiene un vínculo especial que se mantiene más allá del paso del tiempo. Y en realidad esta novela no cuenta nada y lo cuenta todo. La infancia de la pequeña Vírginia, siempre al abrigo de su hermano, bailándole el agua, queriendo contentarle y entenderle. Su posterior marcha a la ciudad con el hermano, donde ese estrecho y extraño vínculo se rompe en cierto modo cuando cada uno comience a vivir sus vidas lejos del campo y de su absorbente familia. El regreso, pasados los años, pasada la vida, de nuevo a aquella casa de campo donde se criaron y el intento de recuperar o volver a sentir ese raro y, en cierto modo, enfermizo vínculo con Daniel (se habla incluso de un probable incesto).

Una novela sencilla, como la vida. Una prosa que en mí ha dejado poca marca, pero que reconozco sutil y muy iluminada, tanto como esa lámpara con la que Clarice Lispector ilumina la vida de estos peculiares personajes.

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