Publicado el

La estafeta literaria, de Santiago Gª Lucio

La estafeta literaria

La estafeta literariaSi tengo algo bueno como lectora es que puedo leer de todo. Tengo mis géneros preferidos, por supuesto, pero no suelo hacerle ascos a nada y, sobre todo, no suelo decir que no a nada. Es verdad que si me das algún libro de mis autores favoritos, o que tengan asesinatos, o tal vez algo del género young adult, se me hace la boca agua. Pero gracias a indagar en estilos que no son lo mío he descubierto cosas maravillosas. 

Pero una cosa os voy a decir: no sé cuántos libros habré leído a lo largo de toda mi vida, pero os aseguro que ninguno se parece al que traigo hoy. Hoy vengo a hablar de La estafeta literaria, escrito por Santiago García Lucio y editado por la Editorial Fragua. 

Lo primero que hay que decir es que este libro es un Trabajo de Fin de Máster editado. Por lo tanto es un ensayo que se dedica a hacer un estudio descriptivo-comparado. Su sinopsis comienza así: La Estafeta Literaria ni ha contado con demasiada fama posterior, ni ha sido objeto de extensas páginas en los manuales sobre el tema”. Así que yo me imagino que el autor, al toparse con ese tema inexplorado, decidió usarlo como base para su TFM y desarrollarlo. 

Lo segundo que hay que aclarar es que yo, sinceramente, no tenía ni idea de lo que era La estafeta literaria. Después de leer la sinopsis me di cuenta de que era como una etapa que se había vivido pero no sabía muy bien cuándo, ni dónde, ni en qué contexto, básicamente porque la sinopsis presupone que todo el mundo ya sabe lo que es ese término. Bien, pues yo me imaginé que sería una especie de etapa en la literatura española. Pero los tiros no van totalmente por ahí. Exactamente el autor nos lo define como “medio de comunicación cultural franquista financiado por el régimen”. Así que bien, sabiendo esto (que agradecí que se explicara en la primera página), empecé a leer con interés el ensayo. 

Me topé con un estudio muy bien hecho y muy bien escrito sobre ese medio de comunicación. Primero, como en todos los trabajos de investigación, el autor se dedicó a explicar por qué se había decantado por estudiar ese tema en concreto y qué metodología iba a seguir. Como dije antes, en concreto iba a optar por el método descriptivo-comparado. Porque, como me enteré más tarde, España no fue el único país en el que hubo un medio de comunicación de este tipo. Principalmente Francia fue la inspiración de aquellos que quisieron sacar adelante este medio. También leí sobre los diferentes perfiles políticos-ideológicos que el medio tuvo durante las diferentes etapas en las que estuvo vigente (ya que hubo varias etapas que se pueden diferenciar). Y, por último, me introduje de lleno en las conclusiones del autor. 

La verdad es que Santiago García Lucio hace un trabajo de investigación magnífico porque dentro de su ensayo ha llegado a recopilar hasta las secciones que se publicaban en las diferentes etapas, llegando a resumir incluso su contenido. Y también, dentro de este punto, los redactores de las publicaciones adquieren un papel muy importante, ya que también son motivo de estudio. 

Yo recuerdo cuando tuve que hacer mi TFG, elegí la rama del Derecho Sanitario. Tuve que investigar durante muchísimas horas, tantas que perdí la cuenta. Fueron meses agónicos en los que únicamente era capaz de pensar en Los test genéticos directos al consumidor, que era el tema que tenía que desarrollar. Pero ya estaba un poco curtida, porque antes hice un posgrado (porque a mí lo de seguir un orden lógico nunca me ha gustado demasiado) en Derecho Internacional Público y tuve que investigar muchísimo sobre la delincuencia intracomunitaria. Así que, hablo desde la propia experiencia cuando digo que el trabajo que ha hecho este autor es increíble. Para investigar -y que el resultado sea el apropiado- es necesario que en la persona que lo va a hacer confluyan dos ingredientes principales: el interés por el tema y el tiempo necesario para invertir horas incontables en él. Pero, más que lo segundo, lo imprescindible es lo primero. Sin interés, hacer un trabajo de investigación es algo inviable. Tengo que admitir que, antes de meterme con el TFG de Derecho Sanitario, empecé con uno de Derecho Romano. Y casi muero en el intento. Porque el tema en concreto que me tocó desarrollar no me interesaba en absoluto, y mira que hay cosas en el Derecho Romano que llaman mi atención… Así que el resultado fue el que tenía que ser: deserción y búsqueda de un tema más apasionante. 

Por eso, de verdad que entiendo el mérito del autor del libro que estoy reseñando hoy, porque demuestra que el tema le es de tremendo interés y eso al final se demuestra en el contenido de La estafeta literaria. Soy de la opinión de que si una persona no cree en su propia investigación el resultado será un desastre. Así que desde aquí quiero dar mi enhorabuena al autor y también quiero animar a todos los apasionados del tema a que inviertan un ratito en leer este ensayo, pues estoy segura de que saldrán muy enriquecidos.  

[product sku= 9788470748141 ]
Publicado el

El tiempo regalado, de Andrea Köhler

El tiempo regalado

El tiempo regaladoVivimos, experimentamos el tiempo como algo subjetivo. Hay minutos que se nos clavan. Que aún duran. Como un paréntesis, continúan sin cerrarse del todo, mezclándose, solapándose, con el resto de nuestros segundos. Como un acordeón de papel, que no reproduce ningún sonido, el tiempo se acelera, se detiene y se ralentiza a su antojo. A veces es el hilo narrativo en el que nos sumergimos, en el que nos contamos y nos explicamos a los demás. Otras, es el suspense hacia adelante. En la mayoría de los casos es la espera, eso que en palabras de Andrea Köhler se podría denominar como “el tiempo regalado”.

Precisamente, bajo este título, escribe la autora alemana en este breve ensayo que “en el mejor de los casos la espera será tiempo regalado, aunque la mayoría de las veces sea simplemente tiempo perdido; sin embargo en la espera el tiempo se convierte en algo palpable”. Y es posible que esta sea la reflexión más potente, más sólida, de todo su libro.

Experimentamos el tiempo gracias a la espera. Cuando esperamos, los instantes, los segundos, adquieren un tacto, una textura, un olor, una sensación que se apodera de nosotros y que los vuelve casi corpóreos. El tiempo pesa y se vuelve denso y lo ocupa todo. Ese vacío de poder, de estar, de hacer, es donde nos pensamos. Durante una época de mi vida, aún hoy, solía huir de esos espacios. No temía las horas muertas, sino ese aburrimiento del que Dieter Wellershoff afirma que “únicamente cierra el mundo para volver a abrirlo de nuevo”. Lo cuenta Köhler en su libro. Es el momento de la escritura. Y qué difícil es escribir/se, analizar un libro, cuando uno está ocupado esbozando su propio plan de huída.

No obstante, bajo esa idea, en El tiempo regalado su autora disecciona el minutero en un millar de esperas y empieza con la más obvia. Que es la del amor. Cómo el enamorado que espera ansioso la llamada del amado, o el mensaje en tiempos del WhatsApp, sufre. “El que ama muestra su debilidad siendo puntual”, afirma y a mí me parece una hipótesis indiscutible. O, continúa, “el que espera es el que más ama”. Bendita paradoja de la que no se puede salir. Nos pasamos el día esperando al otro. Y como nosotros, espera también el que escribe, el enfermo en la consulta del médico, el empleado la respuesta de su jefe, el viajero, el espectador, el anciano sus últimos minutos… Incluso la mujer, que no sale, no se mueve, espera paciente a su príncipe azul… En el cuento, sostiene Köhler, la espera es  vista como una maldición. “Hacer esperar es –de hecho- el privilegio de los poderosos”. ¿Lo habíais pensado alguna vez así?

Si bien es cierto que no siempre este ensayo arroja la misma luz, ni todas sus hipótesis se mantienen con la misma solvencia y contundencia, su autora consigue abordar diferentes aspectos del día a día que, aunque a veces sirven solo como una mera aproximación, algo que se queda en la superficie, constituyen un buen punto de partida para pensar y repensar la vida en sí como tiempo. Ella es la encargada de abrir todas esas puertas y dejar, de modo práctico y sencillo, que nosotros, los lectores, nos sumerjamos en esos universos que se nos plantean. Todo, al menos, pasa por ahí en este ensayo que arroja una nueva y original perspectiva sobre nuestra forma de sentir y de vivir las esperas. No aporta, eso sí, ninguna solución a ese tiempo regalado que a veces nos tortura porque nos obliga a ponerlo todo en perspectiva. Meses después, ocurre a veces, que seguimos en el mismo punto de partida. Aquí es donde estoy yo. Releyendo este estupendo ensayo. Planteándome que qué sería de nosotros si nos limitáramos a pasar por encima de la vida y no nos detuviéramos ni un instante. La espera es un regalo, sí. Pero el que nos hacemos a nosotros mismos.

 

 

[product sku= 9788417007331 ]
Publicado el

The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto, de Guillermo Triguero

The Room

The Room

A comienzos de este siglo, Tommy Wiseau, un inmigrante polaco que ya rondaba la cincuentena logró cumplir su sueño: la película que él había producido, rodado y protagonizado había llegado a los cines estadounidenses (a dos, concretamente). Todo ello tras el desembolso de unos seis millones de dólares de dudosa procedencia. Para su sorpresa, aunque no para la de cualquier ser humano racional, la película apenas atrajo a un puñado de espectadores, de los cuales un buen número no llegaba a aguantar ni media hora sentado en la butaca. Algo lógico, puesto que lo que pretendía ser un drama romántico había quedado relegado a un sindiós, en el que el guion competía con la interpretación de Tommy por ver cuál de los dos era más absurdo e indescifrable.

La casualidad quiso que uno de esos escasos espectadores fuese Michael Rousselet, administrador de una web humorística, el cual, cautivado por la sinrazón a la que había asistido, comenzó a recomendarla a sus amigos. Poco a poco se fue creando una entregada comunidad en torno a la obra, que adoptó costumbres como lanzar cucharas a la pantalla o pasarse balones de fútbol americano durante el visionado. Dentro de este grupo de fieles, que, quince años más tarde, siguen asistiendo a convenciones y defendiendo el valor del producto, se encuentra Guillermo Trigueros, autor de The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto.

El libro aborda todo el proceso de la formación del fenómeno, desde el intenso y caótico rodaje que la originó hasta el lanzamiento de The Disaster Artist, la película basada en un libro homónimo que dio el último empujón para que un trabajo que en otra época no hubiese pasado de un fracaso estrepitoso se haya convertido, con el paso de los años, en toda una obra de culto.

Desde el principio se nota que este texto está escrito por un fan acérrimo de la película, no sólo por el detallismo con el que Trigueros comenta cada uno de los aspectos que la rodea, sino porque, aunque intenta ser objetivo en su crítica, el autor no evita transmitir su pasión por el caos, el desconocimiento y la osadía que llevaron a un personaje tan variopinto como Wiseau a entregarse en cuerpo y alma para sacar adelante un proyecto en el que sólo él creía. Finalmente, su ansia por darse a conocer en el mundillo del séptimo arte acabó cumpliéndose, aunque a costa de ser el artífice de “la peor película de la historia”.

Sin duda merece la pena asomarse a la leyenda que existe tanto en torno a la película como alrededor de Wiseau. Es bastante sencillo: hay cientos dede vídeos en YouTube que recogen los mejores/peores momentos, así como artículos, documentales y libros notables como The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto. Con todo, recomiendo intentar verla de cabo a rabo. No es seguro, pero quizá acabes desarrollando el mismo sentimiento de ternura por este compendio de errores que embriaga desde hace años a sus fans. Y es que, como ocurre en la fábula, a pesar de la risa nerviosa que provoca en un primer momento, todos acabamos sintiendo empatía (y algo de lástima) por ese emperador que se cree vestido con un maravilloso traje a pesar de estar mostrando todas sus vergüenzas. Y lo mágico de The Room es que, al final, uno acaba incluso disfrutando con ellas.

[product sku= 9788494769337 ]
Publicado el

La tiranía sin tiranos, de David Trueba

La tiranía sin tiranos

La tiranía sin tiranosTengo que hablar sobre un concepto levemente nostálgico antes de entrar de lleno en el libro, y es ese en el que, cuando eras un niño y, por ejemplo, subías a un autocar con tus compañeros, si alguien había emitido un gas trasero y bajo y tú eras el primero en decirlo – que no en percatarte – siempre se escuchaba aquello de «quien primero lo huele debajo lo tiene». También estaba la otra de «ha sido quien tenga las manos rojas». Si mirabas estabas perdido. Y mirabas. Pues más o menos sobre esta idea tan poco filosófica – ¿o sí?- discurre la novena publicación de los Nuevos Cuadernos Anagrama, con la firma de David Trueba y el título de La tiranía sin tiranos. Veamos, entonces, por qué digo esto.

Pues, básicamente, porque el sonrojo y la pizca de humillación que sentías en aquellos momentos de niño es lo que sientes ahora tras leer este “libro”. Que no tiene nada que ver con lo que he contado, por cierto. Trueba, de forma suave, sosegada e incluso podría decir que delicada, va humillándote palabra tras palabra hasta llegar a un punto en que cierras el libro y dices, ¿por qué lo compré si el malo he acabado siendo yo? Y la de veces que pasa eso con la literatura, ¿a qué sí? Y repetimos, siempre repetimos. Porque el yo en realidad es un nosotros. Y el nosotros es todos.

La tiranía sin tiranos está formado por una serie de ensayos, unidos todos entre sí temáticamente, en los que David Trueba ahonda en las carencias de una sociedad como la nuestra. Con el foco puesto en nuestro país, pequeña muestra de un carácter universal, Trueba es capaz de hacer aflorar nuestros defectos – que no soy capaz de decir que no sean lo mejor de nosotros – y dejarlos impresos en un librito que podemos llevar siempre encima por si acaso, algún día, sentimos que somos algo, que somos alguien. No, por favor, no lo hagas.

Y te pido que no lo hagas porque hay mucha basura dejada atrás por nosotros mismos como para hacerlo. Basura que puede tener cuerpo y no. Porque el egoísmo exacerbado, el individualismo extremo, la falsa ternura, la hipocresía social y colectiva, el ansia por lo rápido y lo ya también son basura. Estamos rodeados de basura espacial, que no especial. Nada lo es.

La tiranía sin tiranos habla de la ciudad como colmena contaminada y contaminante, la sociedad como comunidad de yoes – tal y como decía uno de los grandes filósofos -, la poca necesidad ya de los intermediarios, el autoritarismo de la red social, la dictadura de las costumbres. Todos estos temas, creedme, en menos de 100 páginas dentro de un librito de bolsillo, de bolsillo real. Nunca llegaré al nivel, lo sé, de aquellas personas que entienden lo que sienten, con lo cual debo decir que nunca comprenderé por qué nos gusta tanto leer libros que nos digan lo que no en vez de lo que sí. Quizá sea, no sé, que los libros no los escogemos nosotros aunque pensemos que sí, que vienen solos, que se ponen ellos entre nuestras manos, que eligen ellos el momento en que hablarnos, las palabras que decirnos, el aviso que darnos. Quizá sea lo que dice Trueba por el final del libro, que «no se trata de añorar el vientre materno, vivir consiste en nacer cada día, en salir a la luz cada mañana y enfrentarse a todos los miedos. En romper el cascarón. En renacer».

Y tú, ¿ya has pensado en quién eres hoy? Yo, por culpa de un libro – alabados sean -, sí. Vamos, cómpratelo. Conmigo ha sido este.

[product sku= 9788433916204 ]
Publicado el

En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, de Simon Critchley

En qué pensamos cuando pensamos en fútbol

En qué pensamos cuando pensamos en fútbolIgual es un poco exagerado lo que voy a decir, pero tengo la impresión de que hoy en día, en algunos ambientes, queda feo reconocer que a uno le gusta el fútbol. Incluso en conversaciones coloquiales los seguidores de este deporte tenemos que andar a la defensiva, anteponiendo a nuestros comentarios expresiones exculpatorias como “me gusta, pero no soy forofo” o “sé que no me va la vida en ello, pero…”. Y es que es difícil defender desde la razón el interés que los futboleros prestamos a aspectos tan banales como el número de tarjetas amarillas que saca de media un árbitro de la liga portuguesa, el enfado que nos provoca no haber podido fichar al jugador que queríamos en el Comunio o las horas muertas que pasamos delante de un videojuego que nos permite ser los directores deportivos, o directamente, los futbolistas de nuestro equipo favorito.

No obstante, tampoco entiendo el rechazo extremo que provoca en algunos este deporte; como periodista, he conocido a compañeros que directamente repudiaban cualquier pieza, fuese de la calidad que fuese, que se hubiese hecho en torno a un tema deportivo. Son los mismos que creen que el fútbol son solamente 22 millonarios musculados tratando de meter un trozo de plástico hinchado entre tres palos. En el fondo les admiro: hay que ser muy fuerte para mantenerse inmune ante esa bendita enfermedad.

El filósofo inglés Simon Critchley también es consciente de que su pasión por el Liverpool F. C. no proviene de un profundo proceso reflexivo ni le ayuda a construir su soñado teatro de la memoria. Pero eso no le impide buscar (y encontrar) ideas atrayentes en torno al balón y a los seres que lo rodean. Por eso, en En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, tras recalcar la escasa importancia real de este juego, Critchley deja los prejuicios a un lado para ofrecer interesantes reflexiones, muy apegadas a su disciplina. Así, en este pequeño libro el autor lanza proclamas tan interesantes como que el fútbol es un deporte con alma socialista, por tratarse de un juego en el que sus partes trabajan para el colectivo y con un objetivo común, pero con un cuerpo profundamente capitalista.

A lo largo de los capítulos, Critchley mezcla la divagación filosófica con sus experiencias personales como aficionado red, así como con numerosos ejemplos de jugadas y eventos del mundo futbolístico, la mayoría muy recientes y conocidas por el gran público (la expulsión de Zidane en la final del Mundial de 2006, el polémico nombramiento de Qatar como país anfitrión de este mismo evento para el invierno de 2022, el teatro de Pepe en la final de la Champions de 2016….).

En sus reflexiones, de no más de tres o cuatro páginas, oxigenadas con fotografías de instantes icónicos de este deporte, el británico hace un esfuerzo divulgativo para acercar sus afirmaciones más complejas al público que, como yo, no tiene unos grandes conocimientos de filosofía. Por ejemplo, dedica bastante espacio a desgranar su idea de que el fútbol es un acto que se mueve entre los mundos de la objetividad y la subjetividad (os prometo que se acaba entendiendo).

Una de las ideas que más se defiende en este libro es la que he comentado al comienzo de esta reseña: la de que un acto que mueve tantas pasiones, sentimientos tan distintos y que trastoca en muchos casos la lógica de nuestros países, lo queramos o no, es mucho más que un deporte. Y, reconociendo, como hace Critchley, que el fútbol no deja de ser un entretenimiento banal, que aporta poco o nada a nivel intelectual y que, en numerosas ocasiones, transmite valores muy poco positivos, el rechazo al mismo no deja de ser algo mucho más necio, ya que significa dar la espalda a una parte de lo que somos.

En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, publicado en España por Sexto Piso, contiene muchas frases que merece la pena subrayar, pero me he quedado con una en especial, ya que transmite perfectamente ese vínculo irracional del que tan difícil me resulta escapar: “lo que te mata del fútbol no es la decepción, sino la esperanza constantemente renovada”. Porque, después de otro curso amargo, estoy seguro de que la próxima temporada es en la que la Unión Deportiva Logroñés va a ascender a Segunda División, después de diez años intentándolo. Y voy a ir ahorrando dinero para poder comprar el FIFA para entonces.

[product sku= 9788416677771 ]
Publicado el

Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo, de Adrian Vogel

Rock n roll El ritmo que cambió el mundo

Rock n roll El ritmo que cambió el mundo

«Todos hablando de hombres ilustres

y de Elvis Presley

nadie habla jamás».

Canción: Presumida (1961), de Teen Tops.

Rescato esta estrofa que ya destaqué en la reseña de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel, que leí el verano pasado, porque le viene al pelo a su nuevo libro: Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo. Si en su anterior obra ya nos demostró cómo la cultura en general tiene un poder silencioso (y silenciado) para traspasar fronteras, unir a pesar de las diferencias y hacernos ver la vida desde otra perspectiva, en Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo nos relata cómo este género musical en particular supuso un antes y un después en el mundo, además de en la historia de la música.

La larga trayectoria de Vogel le avala como un experto en rock, rock ‘n’ roll, rock & roll, y en cualquiera de sus variantes. Para comenzar, nos deja claro que la elección de «rock ‘n’ roll» para titular el libro no ha sido al azar, como tampoco son arbitrarias las diferentes escrituras del nombre. A partir de ahí, el autor vuelve a desplegar su sabiduría rocanrolera y su capacidad analítica para abordar el nacimiento del rock desde sus diversas variables. De este modo, logra plasmar de forma clara y amena lo que se coció en aquellos años, tanto de cara al público como en la trastienda.

Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo se centra sobre todo en las figuras y acontecimientos más significativos de los años 1955 y 1959: el nacimiento de discográficas independientes que cambiaron las reglas del negocio y modificaron las estructuras de poder de la industria; los sobornos conocidos como la payola y relacionados con el crimen organizado, que decidían quién sonaba y quién no; los primeros pasos de artistas como Chuck Berry, Elvis, Jerry Lee Lewis, Little Richard y Bill Haley, pioneros de todo lo que vino después, incluyendo alguna mención a aquellos aspectos personales o escándalos que condicionaron sus carreras musicales; el papel del cine en la construcción del imaginario colectivo en torno al rock (las camisetas blancas, las chupas, los Cadillac, la rebeldía…) y la repercusión de los medios de comunicación para convertir este género musical y todo lo que se movía a su alrededor en cultura de masas.

Adrian Vogel nos hace viajar a esa segunda mitad de los años cincuenta del pasado siglo a través de las canciones más radiadas y las historias que se esconden tras ellas, y nos relata cómo hicieron tambalear la moral de la época y unir a negros y blancos en una pasión común. No es de extrañar que a la política y a los demás poderes establecidos les incomodara ese nuevo ritmo que volvía a todos  locos. O, quizá, tan solo un poco más libres.

Nunca antes se había hecho un libro tan completo sobre esta temática en España y, sin duda, nadie mejor que Adrian Vogel para escribirlo. Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo es una lectura imprescindible para entender el origen y evolución del rock y la razón por la que, para muchos, se ha convertido en un estilo de vida. Aunque si sois rocanroleros, seguro que esto último no necesitáis que os lo expliquen. Pero para todo lo demás, no os perdáis el libro de Adrian Vogel.

[product sku= 9788416842254 ]
Publicado el

Todo lo que hay que saber sobre poesía, de Elena Medel

Todo lo que hay que saber sobre poesía

Todo lo que hay que saber sobre poesíaEs mucho lo que hay que saber sobre poesía y siempre es poco lo que podamos saber. Una frase algo enrevesada quizás, pero estoy segura de que me entendéis.

Elena Medel, directora de la editorial de poesía La bella Varsovia, lo sabe bien. Por eso ha publicado con Ariel este libro que se me antoja imprescindible. Me explico: para la gente a la que le guste la poesía, que sepa sobre ella y la consuma, quizás Todo lo que hay que saber sobre poesía se quede corto. Al menos esa ha sido mi sensación. Quienes amamos la poesía no vamos a descubrir nada que no se sepamos ya entre sus páginas. Pero, creo que es imprescindible en el sentido de recordar conceptos y recordar, ya sabéis, es volver a pasar por el corazón. Y a la poesía estos viajes al corazón le sientan de maravilla.

Por otra parte, para quien no sea amante de la poesía, pero sí que sienta interés por ella, este libro es imprescindible en su contenido, pues es como asistir a un curso de poesía en el que aprender las nociones esenciales que tienen que ver con este arte.

Así, Todo lo que hay saber sobre poesía está dividido en cuatro apartados principales: “¿De qué hablamos cuando hablamos de poesía?, “Cuando el poema se escribe”, “Momentos y movimientos” y “Más allá de los libros”. Además incluye al final un glosario bastante útil.

En cada uno de estos apartados de desgranan los principios básicos de la poesía: temas e ideales, el ritmo, el verso, los tipos de estrofas, las figuras literarias, los movimientos poéticos y otros tipos de poesía, entre otros muchos temas.

Un total de doscientas páginas en las que se condensa la misma esencia de la poesía. Tarea difícil. Menos mal que Elena Medel sabe lo que se trae entre manos. Autora de poemarios como Mi primer bikini o Chatterton y ganadora de premios como Andalucía joven (2006) o Loewe (2014), esta poeta cordobesa está considerada una de las voces más importantes del panorama lírico actual, así que rigor no le falta al libro.

Cómo os decía antes, si ya sois amantes de la poesía puede que el libro se os quede algo pequeño. Y eso que las anécdotas y citas que Medel ha incluido en sus páginas son una maravilla. Sin embargo, me encantaría que todo el mundo leyera este libro tan didáctico. Ahora que la poesía está tan de moda, que nos salen poetas hasta de debajo de las piedras, Todo lo que hay saber sobre poesía no viene nada mal para recordar las bases de este fascinante género.

 

[product sku= 9788434425682 ]
Publicado el

La hoguera de los inocentes, de Eugenio Fuentes

la hoguera de los inocentes

la hoguera de los inocentes«Linchamientos, cazas de brujas y ordalías», así reza el subtítulo de La hoguera de los inocentes, el ensayo de Eugenio Fuentes. Y yo, con solo esa frase, me sentí atraída. No sé por qué, me gusta leer sobre el lado oscuro de los seres humanos, cómo somos capaces de llegar hasta los extremos más insólitos de maldad y sinrazón para hacer daño a nuestros semejantes. Eso esperaba encontrar en esta obra: un repaso histórico de estas prácticas de coerción y tortura. Pero, para mi sorpresa, hallé mucho más.

Todos sabéis qué son los linchamientos y las cazas de brujas, pero pocos habréis oído la palabra ordalía. No es de extrañar, ya que es un término medieval. Se denominaba así a los procedimientos judiciales en los que el acusado tenía que demostrar su inocencia. Del estilo: te ato de pies y manos y te tiro al mar; si no viene Dios a salvarte y mueres ahogado es porque eres culpable. Nunca se cuestionaba la sentencia (supuestamente) divina, ni siquiera cuando las pruebas o la misma lógica la rebatían. Era aterrador.

Podemos pensar que esas atrocidades pasaron a la historia, pero en 2017, en Nicaragua, Vilma Trujillo fue quemada en la hoguera, para liberarla del demonio. Aunque sea un caso aislado, eso no quita que la ordalía sigue vigente —e incluso revitalizada— en la actualidad, porque los seres humanos todavía nos dejamos llevar por miedos y prejuicios cuando acusamos —y sentenciamos— a otros por lo que son y no por lo que hacen.

Eugenio Fuentes nos habla sobre cómo se ha ido transformando la ordalía a lo largo de los siglos y, de este modo, no solo vemos cómo ha cambiado el procedimiento jurídico, sino también el contexto social y religioso en que se produce. Con todos estos elementos, este ensayo ya me hubiera encantado, pero es que encima incluye otro de mis temas favoritos: la literatura. Y es que Eugenio Fuentes profundiza en la (ausencia de) ética de las ordalías a través de la estética de las obras literarias que la han representado. No podía ser de otra forma, ya que el autor admite que el germen de este ensayo fue la novela El proceso, de Kafka.

El repertorio de obras mencionadas es largo: Ivanhoe, de Walter Scott, para confirmarnos que la ordalía se percibía como algo normal en la época medieval; El hereje, de Miguel Delibes, Castellio contra Calvino, de Stefan Zweig, y Nathan el Sabio, de Gotthold Ephraim Lessing, para profundizar en las diversas formas de la ordalía religiosa; el terrorífico libro Malleus maleficarum, de Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, que incentivó la caza de brujas, junto a La bruja, de Michelet, y Las brujas de Salem, de Arthur Miller, para analizar las consecuencias de estas persecuciones; Intruso en el polvo, de Willian Faulkner, Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, Blues de la calle Beale, de James Baldwin y En busca de Bisco, de Erskine Caldwell, para ejemplificar los casos de ordalía racial; Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, Expiación, de Ian McEwan y La calumnia, de Lillian Hellman, para mostrarnos como la presunción de veracidad a la infancia también es un tipo de ordalía; Historia de la columna infame, de Alessandro Manzoni y De los delitos y las penas, de Cesare Beccaria, para reflexionar sobre el sinsentido de la tortura como método de confesión; Las «aventuras» de Caleb Williams, de William Godwin y El lugar de un hombre, de Ramón J. Sender, para examinar la ordalía social; El Palacio de los Sueños, de Ismaíl Kadaré, para adentrarse en las ordalías totalitarias que dominaron el siglo XX; Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Billy Budd, marinero, de Herman Melville, para ver la persistencia histórica de la ordalía sexista; Una extraña confesión, de Antón Chéjov, El anochecer, de David Goodis, e Inocencia trágica, de Agatha Christie, para enfocar este fenómeno desde la perspectiva de la novela negra, de la que Eugenio Fuentes es especialista; Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa, y Areopagítica, de John Milton, para abrirnos los ojos a la ordalía virtual de la que somos testigos (o protagonistas) en las redes sociales; y concluye con El caso de Maurizius, de Jakob Wassermann, con la que retrata cómo el ordalizado siempre es destruido.

Todas estas obras le sirven para disertar sobre la ordalía de una manera accesible y amena. Pero no se conforma con eso y también hace crítica literaria, destacando los puntos fuertes o carencias de las tramas y personajes, lo que nos provoca unas ganas tremendas de leer las obras de las que nos habla, aunque alguna que otra vez se extralimite y nos cuente hasta el desenlace.

A mí me fascina indagar en el lado oscuro de los seres humanos a través de la literatura, pero estoy harta de verlo cada vez que enciendo la televisión o entro en las redes sociales. Ahora, la ordalía puede ejecutarla cualquiera contra cualquiera y no hace falta recurrir a una hoguera para destrozarle la vida a alguien. Como afirma Eugenio Fuentes, «una ordalía refleja a la víctima, pero también a la comunidad que la ejecuta o lo consiente». Así que deberíamos plantearnos qué clase de sociedad queremos ser. La hoguera de los inocentes es una lectura muy útil para ello, pues nos hace tomar conciencia de que esa aberración llamada ordalía no es cosa del pasado, desgraciadamente.

[product sku= 9788490664810 ]
Publicado el

Contra todo, de Mark Greif

Contra todo

Contra todoMe encantan los sketches de Pantomima Full. En su canal de YouTube, los cómicos Alberto Casado y Rober Bodegas caricaturizan en vídeos de un minuto comportamientos tan típicos como ridículos que vemos (y ejercemos, aunque eso cueste más reconocerlo) en nuestro día a día: el hacerse pasar por un entendido en vinos sin tener apenas idea del tema, el contabilizar hasta el último céntimo cada vez que toca pagar una cuenta entre varios amigos, el obsesionarse con la salud o con el deporte y justificarlo con argumentos completamente vacíos… Y lo cierto es que en estas píldoras de humor los cómicos no se tienen que esforzar demasiado en exagerar sus interpretaciones, ya que los comportamientos reales son de por sí lo suficientemente absurdos.

En Contra todo, el divulgador estadounidense Mark Greif busca también sacar los colores al individuo medio a costa de su comportamiento, aunque con menores dosis de humor. Así, la mayor parte de los ensayos que componen este libro se basan en poner en cuestión situaciones habituales que, tras un consistente razonamiento y una no menos consistente flagelación, destapan lo patético de nuestra existencia. Lo más duro de ello es que las críticas no se enfocan hacia el común de la sociedad, sino que se centran en el individuo concreto. Así, uno siente como Greif te señala con el dedo, te muestra tus miserias y no te admite la presión de grupo como eximente. “Lo más triste de todo es la creencia de que un cuerpo mejorado llevará a la felicidad a aquellos a los que nadie quiere”, sentencia el de Boston cuando abarca el tema del ejercicio físico.

Los textos de Greif van provocando fogonazos de pensamiento en el lector; estimulan el cuestionamiento de todo lo que nos rodea. Así, su defensa de la redistribución de las riquezas, por ejemplo, me ha ayudado a encontrar nuevos argumentos para defender una postura que ya creía justa. Y pese a ser textos escritos en años diferentes existen muchas conexiones entre ellos, con lo que la lectura del libro ayuda a formar una imagen bastante sólida del pensamiento del autor. El autor estadounidense demuestra ser una persona sumamente culta, o al menos realmente inteligente por ser capaz de llevar a cabo una labor de documentación encomiable, así como de hablar con coherencia y profundidad de temas tan variopintos como el sentido de la vida o la evolución de la música pop.

Los temas que se debaten en este libro están íntimamente ligados a la sociedad contemporánea. Así, la proliferación de los hípsters, esa tribu urbana de largas barbas y gustos excéntricos, la revolución que supuso YouTube en nuestra forma de consumir contenidos audiovisuales o los movimientos de protesta que poblaron las ciudades de todo el mundo hace unos años no escapan de su punto de mira. Y para aproximarse a ellos usa en no pocas ocasiones la provocación, como cuando compara a Snooki, de Jersey Shore, con Adolf Hitler, o cuando ensalza a Kanye West como “uno de los genios universales de nuestro tiempo”.

De la misma forma que ¿Cómo nos metimos en este desastre?, esta colección de artículos, publicados en su mayoría en la revista n+1, cautiva tanto por su variedad temática como por sus originales postulados. Porque, cuando los argumentos sobre casi cualquier asunto han sido tantas y tantas veces utilizados, lo único que le queda al escritor para conseguir que su texto sea atractivo es encontrar un enfoque que escape de lo común. Y los artículos de Contra todo, además de ser brillantes a la hora de destacar lo absurdo de algunos comportamientos, entran con fuerza en la mente del lector.

[product sku= 9788433938961 ]
Publicado el

Carta abierta a los animales, de Frédéric Lenoir

Carta abierta a los animales

Carta abierta a los animalesEste libro es una carta preciosa dirigida a los animales, pero también a los que no se creen superiores a ellos. Afortunadamente, yo me encuentro en ese grupo. Siento un amor incondicional por los animales (sí, todos) y no sé quién coño nos creemos que somos a veces para tratarlos tan mal. Supongo que es eso… la mayoría de la gente se piensa que son superiores y eso les da el derecho de hacer con ellos lo que les da la gana.

A esas personas les obligaría a leer este libro. Me encantaría que todos abriésemos más los ojos y entendiésemos mejor la relación que nos une con el resto de especies que habitan en este planeta. Que por cierto, también nos pensamos que es solo nuestro.

Se trata, como dice el autor, de mostrar humanidad. Y la humanidad no es simplemente respetar a los otros seres humanos, sino también a todos los seres vivos. Tan humanos que somos y lo que nos cuesta entender esto, ¿verdad? Será que al final nuestra superioridad moral no nos vale para tanto si no sabemos usarla.

No me extraña que Carta abierta a los animales haya sido todo un éxito de ventas en países como Francia. Su autor, Frédéreric Lenoir, filósofo, sociólogo e historiador de religiones es fundador de la asociación Ensemble pour les animaux y cofundador de SEVE (Savoir être et vivre ensemble). Como veis, una persona totalmente comprometida con el respeto hacia los animales y el saber compartir este planeta con los demás seres que lo habitan en total armonía. Sí, ya sé que parece difícil, pero ojalá más gente fuese consciente de lo necesario que es vivir de esta manera.

Repleto de citas interesantes, Carta abierta a los animales hace un repaso a la historia de cómo el Homo Sapiens se hizo el dueño del mundo y el paso horrible de la domesticación a la explotación de nuestros compañeros. ¿Realmente somos tan distintos? Os sorprenderá saber que no, que a pesar de todas las maravillosas peculiaridades hay mucho que compartimos.

Es cierto que algunos de los pasajes del libro son duros, no os voy a mentir. Si todo el mundo leyera el capítulo en el que el autor habla de los animales que pasan sus días siendo cebados y maltratados para luego convertirse en alimento estoy segura de que el consumo de carne y de alimentos provenientes de animales que han sido criados en dichas condiciones disminuiría significativamente. Ya sé que es difícil. Casi una utopía. Pero ojalá seamos conscientes de todo el maltrato y el daño que nuestros compañeros de planeta están recibiendo por nuestra parte. Desde luego que el homo sapiens es cada vez menos sapiens y más horrible.

Como os decía, este libro debería ser lectura obligatoria. Todos deberíamos leerlo desde pequeños para concienciarnos de la importancia del respeto que le debemos a los animales, nuestros compañeros. Una carta dura, emotiva y sincera que resulta totalmente necesaria.

[product sku= 9788434427303 ]
Publicado el

Contra la lectura, de Mikita Brottman

Contra la lectura

Contra la lecturaTengo un pequeño problema con ciertos libros, sobre todo novelas, que crece a lo largo de los años y las lecturas de una manera uniformemente acelerada. En principio debería gustarme un libro que me hace disfrutar, que me distrae, que me lleva de la mano por un camino tranquilo, llano, de andar fácil, disfrutón. Pero ya digo, hay algo ahí dentro, como una solitaria que estuviera alimentándose de mis lecturas y fuera creciendo poco a poco y fuera consumiéndome poco a poco, que me avisa de que libros de ese tipo en realidad no me acaban de gustar. Pienso mucho en esto y cada vez estoy más convencido de que lo que me pasa es que necesito que algo desentone en el libro, que algo me haga pensar, debatir con el autor o autora aunque sepa que no me contestará más que con las palabra escritas previamente en el papel (que muchas veces ya es suficiente). Creo que necesito que el libro que esté leyendo me haga parar un momento y ponerme a pensar en qué le diría al autor o autora (en este caso autora) sobre lo que ha escrito, qué puntos le rebatiría, en qué no estoy de acuerdo. Eso puede provocar a cualquier lector un sentimiento de pesar hacia su lectura, no sé, pero a mí no. Cada vez estoy más convencido de que si me pasa eso significa que el libro me ha gustado. ¿Y por qué suelto este rollo? Pues porque es lo que me ha pasado con Contra la lectura, de Mikita Brottman, publicado por Blackie Books.

Contra la lectura es un desenfadado ensayo que, a pesar de lo que dice el título, desprende por todos lados amor hacia los libros. Mikita Brottman lo escribe desde su faceta como lectora obsesiva en la infancia, adolescencia y posterior adultez. Con una vida dedicada al libro, Brottman se imprime en poco más de 150 páginas para defender lo que te cambia un libro. Pero eso sí, con avisos, con pequeños peajes que siente que debe explicar.

Siempre he sido de la idea futbolística de que una buena defensa empieza en el ataque y por eso creo que entiendo tan bien lo que ha querido hacer Brottman aquí. También he tenido siempre la condición de poco mesiánico, de poco sacralizar lo que no tiene por qué ser sagrado. Los libros tampoco. Tengo claro que sin ellos no sería lo que ahora soy, pero también que sin tantas cosas que me rodean tampoco lo sería. Defiende la autora que uno de los problemas de leer obsesivamente cuando eres muy joven es que te sobrevuela el peligro de que te enamores de la realidad que te ofrece el libro y que esto te haga querer apartarte de la realidad de fuera. Cree Brottman que por eso debería haber un control sobre los libros que leen los más pequeños. Aunque ella no lo tuvo. Este es un punto que yo le rebatiría.

Pero también habla de muchas otras cosas: de cuánto se parece la lectura a la masturbación, de cómo alguien puede perder la cabeza por los libros (casos concretos), de cómo leer puede convertirse en moda, en tendencia, en marketing. De por qué leer no te convierte intrínsicamente en buena persona (Hitler era un gran lector), de cuánto duele involucrarte tanto en la vida del personaje que acabas creyéndote él y al terminar el libro no eres nadie, de todos los tipos de lectores y lecturas que hay.

En definitiva, Contra la lectura es un libro bastante recomendable, sobre todo si te gusta/encanta leer. Porque te sentirás identificado, porque serás esa persona de la que ella se ríe, alaba o entiende, porque verás que eres el motivo de que alguien esté escribiendo un libro para ti. Si en tu infancia estabas pegado a un libro y te molestaba que te llamarán para la cena, si has pensado más de una vez en el ojalá de irte a vivir a determinado libro, si te has sentido alguna vez personaje de tu novela favorita, creo que deberías darle una oportunidad a este libro. «No leáis libros solo porque sintáis que “debéis hacerlo”. Hacedlo simplemente porque no podéis evitarlo».

[product sku= 9788417059545 ]
Publicado el

La ley de la violencia y la ley del amor, de Lev Tolstói

La ley de la violencia y la ley del amor

La ley de la violencia y la ley del amorLeer hoy día obras como La ley de la violencia y la ley del amor en las que el Tolstói maduro plasmó su pensamiento pacifista, su doctrina de amor y no violencia, resulta tan deslumbrante como doloroso. Deslumbrante porque la prosa de Tolstói lo es, porque consigue darle sentido a la bondad y explicar la utopía no cómo un sueño inalcanzable sino como un horizonte no sólo lógico, sino inevitable. Doloroso porque fue escrito porque son el testamento vital e intelectual de un hombre clarividente que quiso cambiar el mundo mediante el amor y cuyo éxito fue claramente descriptible. Basta con mirar el periódico. Doloroso porque describe el mundo que pudo haber sido y lo leemos en el mundo que es. Cierto que la realidad hace que estos textos envejezcan de la forma que menos hubiera deseado su autor, probablemente hoy muchos se acerquen a ellos por su valor literario o como curiosidades de valor historiográfico, sin embargo son otra cosa, son el mapa de la bondad humana, la esencia de lo que a lo largo de la humanidad los hombres han soñado que les definía, en lugar de sus actos.
La ley de la violencia y la ley del amor también tienen una enseñanza política, cada vez menos utópica, qué quieren que les diga, porque su mensaje contra la violencia organizada y la opresión de los estados está lejos de caducar.
Llegados a este punto, tal vez sea mejor que le ceda la palabra:
La liberación del mal que atormenta ay corrompe a los hombres se alcanzará no mediante el fortalecimiento o sostenimiento del régimen existente -monarquía, república o el que fuere-, no mediante su destrucción y la instauración de uno mejor -socialista o comunista-, ni tampoco mediante la implementación violenta de un determinado orden social que algunos hombres consideran mejor, sino sólo gracias a que cada hombre (la mayoría de ellos), sin pensar en las consecuencias que sus actos tienen para sí mismo y para los demás, y sin preocuparse por ellas, guiará su conducta no por tal o cual orden social, sino de la observancia de la ley que considera suprema, la ley del amor, que no admite la violencia bajo ninguna circunstancia.
Yo leo un párrafo como este con cierta amargura, tal vez porque la clave, ese “la mayoría de ellos” que se encierra entre paréntesis, deja claro que si el desarrollo de nuestra sociedad occidental no ha evolucionado en clave de no violencia no ha sido por una imposibilidad metafísica o una circunstancia sobrevenida e inevitable, sino porque no ha habido una mayoría de personas que así lo hayamos decidido.
Yo detesto los panfletos, me molesta que traten de adoctrinarme de ninguna manera, sin embargo disfruto con la exposición brillante de las ideas, sean las que fueran, y La ley de la violencia y la ley del amor la he disfrutado, porque aunque es cierto que Tolstói trata de convencer al lector de sus tesis, no es menos cierto que lo hace desde el respeto, que sea él quien llegue a las conclusiones que le parezcan oportunas. Aunque el camino de los razonamientos de Tolstói no desemboca en muchas conclusiones diferentes de las suyas.
En lo que sí que la obra es esclava de su tiempo es en el enfoque religioso que le da a su pensamiento. Esa bondad, esa confesión de no violencia en aquella época parece claro que tenía raíces cristianas, pero hoy día bien podría ser diferente. Sospecho que a Tolstói no le disgustaría que sus posiciones morales surgiesen no de una matriz espiritual sino de la propia conciencia, que a fin de cuentas es algo muy parecido al Dios de Tolstói.
La edición es pródiga en citas y en argumentaciones, leerla es verdaderamente placentero y les recomiendo que lo hagan aunque sea para discutirla. Las ideas de Tolstói pueden no haber triunfado en el plano de la realidad social, pero son indiscutibles desde un punto de vista moral, y siempre queda algo de su lectura. Será mucho o será poco, pero, como él, será bueno.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

[product sku= 9788494741357 ]