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Una habitación propia, de Virginia Woolf

Una habitación propia

Una habitación propiaElla entra. Sobre fondo negro, un foco ilumina un piano situado a la derecha; en el lado opuesto, un robusto escritorio de madera, y sobre él, una lámpara de estudio con su bombilla encendida, varias hojas llenas de anotaciones y algunos viejos libros con la encuadernación desgastada. Ella, apoyada en la silla junto al escritorio, mira al público. Lleva un vestido verde y camisa blanca y sostiene un bolso de piel en su mano derecha. Habla:

«Cuando me pedisteis que hablara de las mujeres y la novela me puse a pensar qué significarían esas palabras. […] quizá significaba las mujeres y su modo de ser; o las mujeres y las novelas que escriben; o las mujeres y las fantasías que se han escrito sobre ellas».

Virginia Woolf se plantea estas cuestiones en una conferencia que ofrece a estudiantes de colegios femeninos de Cambridge. Es 1928, han pasado tan solo nueve años desde que se le ha concedido el voto a la mujer y decide escribir un manifiesto feminista y obra capital para entender algunas cuestiones que atañen a la historia literaria: Una habitación propia.

Tengo muy presente la sensacional adaptación teatral que se ha hecho sobre esta obra con dramaturgia y dirección de María Ruiz y una sublime interpretación de Clara Sanchís en la piel de Virginia Woolf. El respeto máximo por el texto original y aún más, la asombrosa capacidad para captar el sagaz humor y sarcasmo de la escritora inglesa por parte de la actriz, hacen que releer Una habitación propia haya sido una experiencia más placentera si cabe. Deleitar y enseñar, conceptos tan grecolatinos, es lo que permite una lectura más profunda de este libro. Rasgar más allá de su superficie y encontrar en ella, ya no solo el libro escrito por una mujer, sino la necesidad de saber por qué no escribieron más mujeres; por qué no es posible encontrar más literatura escrita por mujeres. Robando parte del embrujo de Walt Whitman cuando define su Hojas de hierba, diré que esto no es un libro; quien toca esto, toca a muchas mujeres.

En efecto, a través de este libro serán muchas las referencias a otras obras de mujeres que irán saliendo. El texto de Virginia Woolf se desarrolla mediante una simulada conferencia basada en las charlas que ofreció en los colleges femeninos ingleses. En Una habitación propia va a intentar ofrecer una conclusión real de por qué las mujeres no figuran como autoras en los lomos de los libros antes del siglo XVIII. Hace un alegato feminista del todo necesario cuando reclama covencida que lo que la mujer necesita es independencia económica y un cuarto propio. Algo impensable para el género al que tan solo nueve años antes de este libro ni siquiera se le permitía votar. Virginia Woolf lo tiene muy claro: «Entre el voto y el dinero, yo prefiero el dinero». Y no le falta razón. La independencia económica permite a la mujer no depender de su marido para poder subsistir y poder así elegir libremente sus ocupaciones.

Una novela que permite apreciar diversos modelos de mujeres representadas en las cuatro hermanas y en la madre es la escrita por Louisa May Alcott. Se trata de Mujercitas y en ella, el personaje de la hermana mayor, Meg, cita una frase que incomoda por la verdad que soporta: «Para ganar dinero un hombre tiene que trabajar y una mujer tiene que casarse». Hasta entrado el siglo XVIII, este parecía el único modo de que una mujer pudiera disponer de algo de dinero y, como denunciará Virginia Woolf, ni tan siquiera podrá tener control sobre ello, ya que será su marido quien administrará la economía.

Un capítulo muy destacable de Una habitación propia es en el que su autora, harta de leer manuscritos, ensayos y demás libros académicos escritos por hombres en los que se asegura que ninguna mujer podría jamás tener el talento de Shakespeare, juega y nos hace partícipes de una posible realidad en la que el escritor inglés tuviera una hermana, una tal Judith, por ejemplo. Ella comparte con su hermano el mismo fuego creador, la misma pasión por el teatro y la poesía. ¿Creéis que podría demostrar su talento en la época de William Shakespeare?

En su ensayo, Virginia Woolf sigue buscando los motivos de por qué no hay apenas información del estilo de vida de las mujeres, de sus pensamientos, testimonios suyos propios. Todo cuanto encuentra son escritos realizados por hombres: lo que opina fulano, lo que critica mengano, las ideas sobre el comportamiento femenino de otro tal X y así una larga lista de libros que pocas dudas le esclarecen. Siglo tras siglo de historia en la que la mujer es ninguneada o mal reflejada por el otro sexo. Tendrá que esperar, mejor dicho, todos debemos esperar hasta el siglo XVIII para encontrar mujeres escritoras de un modo más constante. Fue durante el Siglo de la Razón cuando surgieron los Salones Ilustrados, lugares donde se juzgaban y criticaban las obras literarias. Una figura muy importante de estos salones fue Madame de Staël, cuya obra Alemania supuso la ruptura romántica con el neoclasicismo francés. Otras mujeres destacables de esta época serán Fanny Burney, que con Camilla abrirá el camino a las grandes novelistas del XVIII: Jane Austen, las hermanas Brönte y George Elliot.

¿Por qué novelas y no teatro o poesía? Una sencilla razón que subyace en la intención de este libro: porque la novela permite mayor distracción cuando son interrumpidas. Ninguna de estas mujeres tuvo un cuarto propio donde poder escribir a solas. El estilo de vida social y de cuidar el decoro las obligaba a escribir en las salas de estar, lo que suponía continuas interrupciones y distracciones. Un texto muy interesante que también destacaré en este repaso que ofrece el libro de Virginia Woolf es Mujeres y libros, de Stefan Bollman, en cuyo capítulo “La declaración de independencia de la lectora: Jane Austen” se esboza un fiel reflejo de las inclinaciones de la genial autora de Sentido y sensibilidad por la novela y los hábitos de lectura que se impuso en su época y que tanto éxito causó entre las mujeres.

Las distracciones; las interrupciones; las críticas por parte de los hombres asustados y enfurecidos al ver que las mujeres pudieran tener talento;  leer citas como: “Una mujer que compone es como un perro que anda sobre dos patas: no lo hace bien, pero ya sorprende que pueda hacerlo”. Creo que era necesario el libro que escribió Virginia Woolf.

Al piano, Clara Sanchís, mimetizada en la escritora inglesa, toca un fragmento de una pieza de Bach. Las manos golpean con furia las teclas que llenan de música embravecida la sala. Las notas se van volviendo más lentas y melódicas hasta que la música se apaga. Se supone que debe dar una perorata final que resuene por siempre en los cimientos del patriarcado y recuerde la memoria de tantas mujeres ninguneadas a lo largo de la historia. La solución, insiste, pasa por la independencia económica y la posibilidad de disponer de una habitación propia para escribir y pensar, porque sus pensamientos son los que nunca le podrán arrebatar. Cierro el libro; en el escenario la luz se apaga. Y ella sale.

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Alguien habló de nosotros, de Irene Vallejo

Alguien hablo de nosotros

Alguien hablo de nosotrosEn general suelo decir que no me gustan los relatos breves, aunque después he de reconocer que muchos de los que he leído me han gustado tanto que los he traído hasta aquí. Lo mismo me suele pasar con las recopilaciones de artículos periodísticos, posiblemente porque por lo general suelen recoger cosas de demasiada actualidad y no envejecen tan bien como debieran.

Mi querida amiga Esther Orera, que además de SER una excelente periodista y sobre todo, para lo que aquí nos importa, una gran lectora que conoce bastante bien mis gustos, me recomendó este libro de Irene Vallejo, y yo que soy muy bien mandada, allá que fui.

Y ya ven, aquí estoy, y vengo rauda y veloz a que decirles que si bien había leído algunos de estos artículos en su día en Heraldo de Aragón, no podía suponer que hoy, ahora, siguiesen siendo tan actuales, y sobre todo que me hayan sido tan útiles.

Una de las cosas que más agradezco cuando me acerco a determinadas lecturas es que, además de estar bien escritas, me emocionen o me cuenten algo de provecho, y ha resultado que Irene Vallejo a lo largo de los 149 artículos de Alguien habló de nosotros, ha logrado un tres en uno; y además la portada es de lo más extraordinaria para ilustrar lo que dentro del libro encontramos. 149 columnas de una página como máximo de extensión cada una, escritas con gusto y de forma reflexiva.

Cuando alguien escribe en un periódico una columna debe tener algo interesante que contar, y eso es lo que hace Irene Vallejo, nos cuenta, no habla de lo que ella sabe, nos trae el ayer de las viejas Roma y Grecia hasta estos tiempos, no se nos ha de escapar que estudió Filología Clásica obteniendo el Doctorado Europeo por las universidades de Zaragoza y Florencia. Y así, entre un contar y un no contar, entre un querer y un no querer, vamos conociendo pequeñas historias de la autora al tiempo que nos irá introduciendo en las vidas de personajes como el poeta Horacio, al que nos acerca para iniciar el libro pues con el viene a hablarnos de lo difíciles que son siempre los comienzos….

Así empieza, pero muchos serán los temas de los que Irene Vallejo nos irá hablando, de las prisas que nos impone el mundo actual, de las veces que la satisfacción que encontramos en lo nuestro se esfuma al saber que ya hay otros que nos aventajan, de ese libro exquisito titulado Las mil y una noches que según nos contará ayuda a curar el odio, de cómo preparar a los niños para la vida a través de una obra de Terencio escrita el Siglo II a. C…

Quiero dejarles una de sus columnas completa, y había pensado que qué mejor que la titulada “Filosofía” para volver al debate de si debería haber más horas de filosofía en el sistema educativo actual, o la titulada “De buena tinta” pues vendría muy bien aquí hablar sobre la importancia de la lectura, y aprovecharía para hablarles de Séneca que opinaba que los libros se nos ofrecen con las manos abiertas y nunca nos dejan irnos con ellas vacías…

Pero llego al final de la reseña y no termino de decidirme y releo “Idilio muerto” en la que nos habla del valor que hace falta para aceptar que una relación ha terminado: el desamor no se atreve a decir su nombre… Y es que esta es la escusa perfecta en la que nos introduce a Homero y su famosa Odisea… Finalmente les voy a dejar esta que versa sobre el populismo, que nunca está de más saber hacia donde no debemos caminar 😉

Populismo

En los últimos años hemos incorporado en la palabra populismo al vocabulario político. en general se utiliza para desacreditar el adversario, acusándole de tácticas manipuladoras: liderazgo carismático, retórica agresiva política- espectáculo y el sueño de promesas irrealizables punto y aparte su origen remonta al populus de Roma. En la convulsa República surgieron líderes partidarios del pueblo -entre ellos los Gracos o Julio César- que, dando poder a las asambleas y magistraturas de la plebe, pretendían aprobar reformas destinadas a un reparto más justo de la tierra, el alivio de las deudas y mejores condiciones de vida para los más pobres. Sus violentos contrincantes fueron los optimates, el grupo más conservador de la aristocracia, que quería mantener a la plebe como simple espectadora de la política. Los optimates acusaban al bando popular de forjar una alianza interesada con el pueblo para ascender al poder. El sufragio universal de nuestros días ha dado la razón a quienes luchaban por ampliar la participación política. Sin embargo, la nerviosa democracia actual, con sus líderes y asesores obsesionados por la presencia mediática, los eslóganes y los vaivenes de las encuestas, alimenta esa dimensión oportunista. Los candidatos en campaña se empeñan en decir lo que la gente quiere oír: los métodos demagógicos, y no las ideas, provocan la impopularidad del populismo.

Tengo que darle las gracias a Esther, y desde luego a ustedes les recomiendo la lectura de este libro que siempre les será actual y útil, y además, Alguien habló de nosotros les resultará interesante y entretenido a todos, y si yo fuera o fuese profesor de secundaria no dudaría en seleccionar algunos artículos para leerlos y comentarlos con los chavales. Artículos que nos hacen reflexionar sobre el presente despertando en nosotros la curiosidad de mirar hacía el pasado antes de correr hacia el futuro.

 

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50 discursos que cambiaron el mundo, de Andrew Burnet

50 discursos que cambiaron el mundo

50 discursos que cambiaron el mundoHace unos días fui a ver la exposición sobre Austwitch que se ha instalado temporalmente en Madrid. Salí, como casi todos los que la visitan, profundamente tocado de la sala de exposiciones unas cuantas horas más tarde. Posiblemente sea una de las experiencias que más me han impresionado en meses y, sin embargo, no se debió a los objetos que se exponían en el recinto; fueron los testimonios de aquellos que sobrevivieron al exterminio nazi, escritos sobre las paredes y expuestos en vídeos a lo largo del recinto, los que me pusieron la piel de gallina. Porque no hay una forma más pura y potente de conocer la historia que a través de la boca de los que la protagonizaron. Y esto, a otro nivel, es lo que ofrece 50 discursos que cambiaron el mundo: un acercamiento a momentos clave de la historia por medio de las palabras de sus principales protagonistas.

Escogidos y diseccionados por el periodista Andrew Burnet, los discursos de personalidades de la importancia de Einstein, Ghandi, Sadam Hussein o Barack Obama ayudan a comprender mucho mejor tanto sus propias individualidades como los cambios sociales y políticos que propiciaron con su actividad. Además, los textos van acompañados de notas a pie de página en las que se dan explicaciones precisas y enriquecedoras. Tanto estas como los párrafos que introducen los discursos ayudan a situarse en el contexto en el que estos fueron pronunciados. Estos apoyos resultan especialmente útiles en el caso de las lecturas acerca de algunas personalidades que no son tan conocidas para el gran público, como Dag Hammarskjold (2º Secretario General de la ONU) o Betty Friedan (pensadora clave en el movimiento feminista).

Uno de los principales mensajes que transmite este libro es que las grandes ideas son imperecederas; así, la mayor parte de los textos, como el de la sufragista inglesa Emmeline Pankhurst, tienen un fondo muy aplicable a la actualidad. Es más, si uno presta atención a las declaraciones de los políticos contemporáneos podrá comprobar que gran parte de las propuestas y opiniones que estos manifiestan ya han sido desarrolladas en centenares de ocasiones —y, por regla general, de forma mucho más brillante y elocuente—.

Y es que en este libro también se destilan los atributos dialécticos de los oradores, tan variados y diferentes como ellos mismos. Así, mientras que Ghandi se nos muestra como un ser dotado de una retórica sencilla y didáctica, en la que basa su persuasión para, por ejemplo, explicar a su pueblo la estrategia de la no colaboración con los británicos, Hitler o Mussolini apelan a la emoción y a sentimientos como la unidad o la integridad para lograr un apoyo masivo a decisiones que, de otra manera, serían mucho más difíciles de digerir. Es por ello que la lectura de estos textos puede ser de mucha utilidad para aquellas personas que tengan que emplear la oratoria en su día a día, ya que prácticamente de todos ellos se pueden sacar recursos para mejorar en este ámbito. No obstante, también hay otros casos, como el «puedo prometer y prometo» de Adolfo Suárez, en los que las piezas parecen haber sido escogidas más por su valor histórico que por su calidad o complejidad.

El orden cronológico en el que se colocan los textos también resulta beneficioso, ya que permite hacer un recorrido por la historia reciente a través de estos. Esto resulta interesante, sobre todo, en episodios prolongados y con protagonistas múltiples; así, en el caso de la II Guerra Mundial se nos ofrece la posibilidad de seguir el desarrollo del conflicto a través de las palabras de Chamberlain, Churchill, Stalin o Goebbles, lo que sin duda resulta provechoso para alcanzar un conocimiento más global del mismo.

50 discursos que cambiaron el mundo supone, en definitiva, una recopilación valiosa y bien analizada, y uno se da cuenta de la verdadera importancia de estos discursos cuando, incluso puestos sobre papel y sin que haya ningún gran orador recitándolos, consiguen provocar fuertes reacciones en quien los lee.

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Manual de linternas, editado por Marta Magariños

Manual de linternas

Manual de linternasLo primero que llama la atención de este Manual de linternas es precisamente eso, el título, uno increíblemente hermoso que serviría para cualquier texto (desde un poemario hasta una novela) con la probable excepción de la interpretación literal (ya saben, abran la tapa, introduzcan las pilas en el orden correcto, cierren la tapa, pulsen el interruptor y la linterna alumbrará), en cuyo caso es igualmente indicado pero pierde encanto, la verdad. Pero en esta magnífica obra, que se subtitula “incursiones, excursiones y reflexiones científicas”, aúna ambas caras de lo que debe ser un título, es hermoso y a la vez pertinente porque el texto recopila cincuenta y una reseñas que al tiempo sirven de linterna que ilumina cada una un determinado texto científico. Lo ilumina en el sentido de que lo reinterpreta y lo da a conocer bajo la óptica personal del reseñista, lo presenta desde el punto de vista del lector.

Los libros reseñados son casi todas obras de divulgación, tan interesantes como diferentes. El campo es tan amplio como para que cada lector encuentre temas de su interés pero cada una de las obras es suficientemente brillante como para que la curiosidad del lector se excite en cada una. Y tal vez sea esa la palabra clave: curiosidad. Recuerdo que cuando fui a trabajar, hace años, a la Facultad de Medicina, una de las primeras cosas que hice fue entrar al discurso de bienvenida que el por aquel entonces Decano, don Ángel Nogales, daba a los alumnos de primer curso. Y aquella intervención, para mí inolvidable, hablaba precisamente de la curiosidad, de cómo se reconoce a un universitario (de cualquier edad) por tener los ojos bien abiertos, por mirarlo todo precisamente así, con curiosidad. Esa característica es extensible a muchas más personas, no necesariamente a universitarios en exclusiva, pero la idea resulta tan inspiradora hoy como aquel día. Y diría que este Manual de linternas es un homenaje extraordinario a todas aquellas personas que han hecho de la curiosidad uno de los ejes centrales de su vida. Un libro peligroso para quienes tienen poco espacio en las estanterías, como dice la propia Marta Magariños, editora del texto, profesora, científica y curiosa. Yo ya he encargado la primera remesa.
No es realmente un libro de divulgación, sino uno que hace divulgación de obras de divulgación. Y tampoco en eso es un libro cualquiera porque lo hace por medio de reseñas muy personales tanto de científicos y profesores como de reseñistas habituales del campo de la literatura. Y créanme que en el aspecto literario no se nota la diferencia entre unos y otros, están realmente bien escritas, pero sí me atrevo a decir que el equilibrio entre ambas es una de las cosas que hacen del libro uno excepcionalmente original.

Y antes de entrar en materia permítanme que destaque dos características más que son comunes a todas y cada una de las páginas de esta obra: la pasión, la que sienten quienes la escriben que a su vez refleja y homenajea la de aquellos que hicieron lo propio con las obras reseñadas; y el sentido del humor, que está muy presente y aporta ritmo y fluidez a la obra. Y diversión al lector, claro está. Puede que no me lo crean, pero el Manual de linternas es de esos libros que uno abre y no puede cerrar hasta que lo termina. No porque necesite conocer el desenlace, encontrar al asesino o averiguar si el protagonista encuentra al amor de su vida, sino porque sencillamente quiere leer más, disfrutar más. Siempre hay tiempo para una reseña más, ¿verdad? Aunque habrá quien disponga de poco y prefiera explorar las linternas sin rumbo fijo, abrir el libro al azar o elegirla desde el índice, y sin duda también disfrutará del libro. También es muy científico estudiar la dosificación.

Llega el momento de encender todas las linternas y mostrarlas a sus ojos, es de justicia para que se hagan una idea del contenido del manual pero les advierto, si miran el siguiente listado fijamente corren el riesgo de deslumbrarse:

1.- El ascenso del hombre, de Jacob Bronowski. Reseñado por Daniel Torregrosa.
2.- Reductionism in art and brain science. Bridging the two cultures, de Eric R. Kandel. Reseñado por Victoria Ley.
3.- En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza, de David George Haskell. Reseñado por Juan Ignacio Pérez.
4.- La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana, de Steven Pinker. Reseñado por Enrique Turiégano.
5.- I of the vortex. From neurons to self, de Rodolfo R. Linás. Reseñado por Fernando Giráldez.
6.- ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro, de Michael S. Gazzaniga. Reseñado por Enrique Turiégano.
7.- Sapiens. De animales a dioses, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Miguel Pita
8.- Homo deus. Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Juan José Gómez Cadenas.
9.- El ojo desnudo, de Antonio Martínez Ron. Reseñado por Miguel A. Lurueña.
10.- La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, de Andrea Gulf. Reseñado por Andrés Barrero.
11.- Longitude, de Sava Sobel. Reseñado por Manuel Collado.
12.- Maestros del Universo, de Helge Kragh. Reseñado por Gorka Rojo.
13.- Sabias. La cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez. Reseñado por Esther Magar.
14.- Las mujeres de la luna, de Daniel R. Altschuller y Fernando J. Ballesteros. Reseñado por Andrés Barrero.
15.- Marie Curie. La actividad del radio, de Jordi Bayarri y Dani Seijas. Reseñado por Susana Hernández.
16.- La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa. Reseñado por Manuel de León.
17.- La gran novela de las matemáticas. De la prehistoria a la actualidad, de Mickaël Launay. Reseñado por Victoria Mera.
18.- El precio de todo. Una parábola de lo posible y lo próspero, de Russell Roberts. Reseñado por José Raúl Canay Pazos.
19.- Tales of the quantum. Understanding physics´ most fundamental theory, de Art Hobson. Reseñado por Francisco R. Villatoro.
20.- Cuántica. Tu futuro en juego, de José Ignacio Latorre. Reseñado por Gorka Rojo.
21.- Cómo explicar física cuántica con un gato zombi, de Big Van, científicos sobre ruedas. Reseñado por Esther Magar.
22.- El universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking. Reseñado por Gorka Rojo.
23.- El universo en tu mano, de Christophe Galfard. Reseñado por Laura Gomara.
24.- Siete lecciones breves de física, de Carlo Rovelli. Reseñado por Gorka Rojo.
25.- La realidad no es lo que parece, de Carlo Rovelli. Reseñado por Paloma Fole de Navia Domínguez.
26.- El ADN dictador. Lo que la genética decide por ti, de Miguel Pita. Reseñado por José L´Bella Sombría.
27.- El gen egoísta. Las bases genéticas de nuestra conducta, de Richard Dawkins. Reseñado por Enrique Turiégano.
28.- Time, love and memory. A great biologist and his quest for the origins of behavior, de Jonathan Weiner. Reseñado por Marta Magariños.
29.- Un esquimal en Nueva York. Y otras historias de la neurociencia, de José Ramón Alonso Peña. Reseñado por Esther Magar.
30.- In Search of Memory. The emergence of a new science of mind, de Eric R. Kandel. Reseñado por Antonio Hernando.
31.- El error de Descartes, de Antonio Damasio. Reseñado por Alejandro Rodríguez Gijón.
32.- Behave- The biology of humans at our best and worst, de Robert M. Sapolsky. Reseñado por Argentina Lario Lago.
33.- Alucinaciones, de Oliver Sacks. Reseñado por Antonio J. Osuna Mascaró.
34.- I contain multitudes. The micro bes whothin us and a grander view of life, de Ed Yong. Reseñado por Jatin Nagpal.
35.- Germ stories, de Arthur Kornberg. Reseñado porOlga Zafra.
36.- Bacterias, bichos y otros amigos, de David G. Jara. Reseñado por Ángeles Pallarés.
37.- Introducción al estudio de la medicina experimental, de Claude Bernard. Reseñado por José Luis Zamorano Marín.
38.- El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald. Reseñado por Borja Merino Ortiz.
39.- Cuerpo humano. Guía ilustrada de nuestra anatomía, de Steve Parker y Andrew Baker. Reseñado por Juan Campbell Rodger.
40.- La memoria secreta de las hojas. Una historia de árboles, ciencia y amor, de Hope Jahren. Reseñado por José Ramón Alonso Peña.
41.- The hidden life of tres. What they feel, how they communicate, de Peter Wohlleben. Reseñado por María R. Aburto.
42.- Botánica insólita, de José Ramón Alonso y Yolanda González. Reseñado por Purificación Escuredo.
43.- El pequeño gran libro de la ignorancia animal, de John Lloyd y John Mitchinson. Reseñado por Alberto Ferrús.
44.- El ingenio de los pájaros, de Jennifer Ackerman. Reseñado por Olga Zafra.
45.- Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell. Reseñado por Marta Magariños.
46.- Fósiles, genes y teorías, de Jordi Agustí. Reseñado por Armando González.
47.- A min don her own. The evolutionary psychology of women, de Anne Campbell. Reseñado por Marta Iglesias.
48.- Envolving ourselves. How unnatural selection and nonrandom mutation are changing life on Earth, de Juan Enríquez y Steve Gullans. Reseñado por Carlos García de la Vega.
49.- Elephant son acid. And other bizarre experiment, de Alex Boese. Reseñado por Óscar Fernández-Capetillo.
50.- La ciencia en la sombra, de J.M. Mullet. Reseñado por Ana Segarra.
51.- ¿Qué pasaría si…?, de Randall Munroe. Reseñado por José María Aranzana.

 

La selección, como ven, es amplia. Incluye desde libros clásicos a otros actuales, desde divulgación a novela o hasta comic, de obras técnicas a otras de perfil autobiográfico. Pero la editora es científica, sabe que ni este manual ni ningún otro pueden abarcarlo todo de modo que se incluye también una sección de otras lecturas recomendadas.
La diversidad es una de las virtudes de este magnífico libro, sin embargo hay algunas ideas que sobrevuelan más de una reseña y que arraigan en el lector. Una es la de la absurda división tradicional entre ciencias y letras, esa obsesión humana por levantar muros que este manual trata de derribar a base de linternazos, si me permiten la licencia. Ya dijo Hölderlin que «lo que permanece lo fundan los poetas»: esta confluencia entre ciencia y literatura no podría ser más feliz. Con los libros reseñados, pero también con el Manual de linternas, se hace también uno una idea de lo que es la vida del investigador: describirla como es en realidad, que no es un camino de rosas, y que siga resultando atractiva tiene un mérito. La luz de estas linternas bien puede alumbrar vocaciones. Otra es la de la reivindicación del papel de las mujeres en la ciencia, su trabajo realizado en ocasiones contra viento y marea y nunca suficientemente bien reconocido, cuando no deliberadamente ocultado. Y otra es la belleza oculta en prácticamente todas las cosas que los autores son capaces de ver gracias a su brillantez y su capacidad intelectual, pero que logran transmitir gracias a su pasión.

Y es fantástico conocer facetas ocultas a los legos, la filosófica de los neurofisiólogos, la humorística de los economistas, una que no sé cómo definir en el caso de los físicos (la única disciplina que se sepa en la que uno de los reseñistas siente la necesidad de explicar que quienes se dedican a ello sí que lo entienden, aunque no siempre lo sepan explicar) o cierto romanticismo de los botánicos. Entre tantas otras.

Tampoco serán capaces de cerrar el libro sin al menos una reflexión sobre la ciencia, una de esas preguntas habituales que mucha gente se hace, para qué, y qué diría que este manual responde, si es que no quedó ya magníficamente respondida con la magnífica La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine que apetece recordar tras leer el Manual de linternas. Puede ser una reflexión más o menos gamberra, pongo por ejemplo Elephants on acid, pero subyace en muchas de las páginas.

Acabar una reseña suele ser complicado. Generalmente es así por autoexigencia, no sólo por la obligación de dejar de escribir de forma que el interés esté en todo lo alto sino porque uno siempre se pregunta si habrá logrado transmitir todo lo que quiere decir sobre el libro. En este caso ya les adelanto que no lo he logrado porque sería imposible hacerlo, porque Manual de linternas es un libro que me ha resultado tan apasionante que sería capaz de hablar de él hasta ocupar muchas más páginas que el original. Y respecto a la cuestión estilística, podría buscar una forma de hacerlo que les resultase lo suficientemente impactante como para excitar definitivamente su curiosidad, pero ya la encontró José Ramón Alonso Peña, que es a la vez reseñista y reseñado (no sé si se plantea alguna mención de honor para semejante bilinternado), así que la usaré. A fin de cuentas la ciencia encuentra vías de transferencia a la sociedad a menudo insospechadas. En su reseña de La vida secreta de las hojas, finaliza diciendo: «El libro se subtitula, en español, «Una historia de árboles, ciencia y amor». Así debería ser la vida de todos nosotros». Así sea.

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Cómo leer literatura, de Terry Eagleton

Cómo leer literatura

Cómo leer literaturaA menudo, si alguien nos pregunta sobre el último libro que hemos leído solemos responder con un escueto resumen de la trama. Algo así como: Me he leído un libro que trata sobre el joven heredero a la corona de Dinamarca, que está triste por la muerte de su padre y cabreado con su madre por haberse casado con su tío. Un día, se le presenta el espíritu de su difunto padre y le pide que vengue su muerte porque ha sido asesinado. Para comprobar si es un engaño o no, el protagonista decide montar una obra teatral que escenifique el asesinato y así descubrir al asesino.

Si tienes suerte de que tu interlocutor resulta ser una persona versada y curiosa, y decide saber más acerca del libro para convencerse e ir a buscarlo a la biblioteca, como mucho le daremos los detalles más llamativos acerca del protagonista. Esto sería algo como: El protagonista se muestra durante toda la obra melancólico. Quiere conocer la verdad para vengar a su padre, saber qué tiene que hacer, pero a la vez parece disfrutar de ese estado de melancolía romántica poniéndose mil excusas para no actuar.

Espero que esto no ponga en tela de juicio mi gusto literario ni mi capacidad de síntesis; Hamlet es una de mis obras favoritas y este ejercicio tan solo era un ejemplo de posible conversación coloquial. Pero nos sirve para llegar donde me interesa, que no es más que a este entretenido ensayo de Cómo leer literatura, de Terry Eagleton.

El crítico inglés desmenuza en este libro las claves para acercarnos a la lectura de las obras literarias de un modo más profundo, además de poder servir como manual para escritores, ya que analiza los vicios que suelen cometer muchos autores. Incluso los más grandes. Shakespeare, no, por supuesto. Shakespeare no tiene ni un pero.

Terry Eagleton considera que las obras literarias son creaciones retóricas, además de simples relatos. Rechaza la lectura superficial de un texto y aboga por una especial atención a los detalles que se consideran forma: el discurso narrativo, la estructura gramatical y sintáctica, las ambigüedades, el tono, el ritmo, el estado de ánimo… Defiende una lectura minuciosa, close reading como bautizaron los críticos de la escuela de la Nueva Crítica que surgió en la década de 1930, y va a buscar en cada detalle un significado que consigue sugerir el texto. Este tipo de lectura pretende diferenciar las obras literarias de aquellas que no lo son, es decir, definir la literariedad, y con el análisis crítico decidir qué obras son buenas y cuáles, malas.

Para ello, se va a valer de grandes títulos, en su mayoría anglosajones, para destacar en ellos diferentes aspectos. Entre ellos, los comienzos. Es el momento en el que el autor se siente en su momento óptimo, donde intentará poner todas sus herramientas para conquistar al lector y conseguir en él una conexión que despierte su interés. Analiza, entre otras, el comienzo de Pasaje a la India, de E. M. Foster, donde destaca la estructura sintáctica elegida por el autor. Se trata de una descripción paisajista y el autor ha decidido construir la oración de tal modo que el elemento principal se postergue en el discurso, creando con ello mayor interés en el lector. Este tipo de construcciones se aprecian con una lectura detenida y atenta, así como sucede en el inicio de Macbeth; Shakespeare arranca la obra con tres preguntas que efectúan las tres arpías. Las preguntas hacen que el lector sospeche, que sienta el deseo de responderlas, además, por el tono ambiguo de las expresiones, se pueden sacar conclusiones acerca del papel que representan esas figuras.

El capítulo dedicado a los personajes puede ayudar a muchos escritores noveles a la hora de desarrollar los suyos propios. Como creaciones ficticias que son, Eagleton sostiene que se mantenga una distancia prudencial de identificación y empatía entre el lector y el personaje con el fin de poder analizar en su conjunto todas sus posibilidades, que no serán pocas. Muchas veces llaman la atención los personajes más excéntricos: Sherlock Holmes, Hamlet, pero los que no lo son tanto pueden originar una serie de cuestiones acerca de la obra bastante interesantes. Es el caso del personaje de la obra epistolar Clarisse, de Samuel Richardson, una mujer que es engañada por un hombre despechado y que la somete a una tortura psicológica que culmina en una violación. Clarisse fue considerada por la (mala) crítica como una mujer sosa, mojigata, dramática y morbosa, sin profundizar en que el trasfondo de ese personaje, a priori anodino, se relacionaba estrechamente con la posición que le había establecido la sociedad y el entorno en el que se desarrolla.

La narrativa también será analizada en el capítulo correspondiente, así como la interpretación y el valor de una obra. Es capital el interés que muestra Eagleton en que lo importante de las obras literarias no es que tengan significado, sino que sean capaces de generarlo. A lo largo de la historia, la crítica literaria ha intentado encontrar la fórmula para decidir qué es lo que hace de una obra que sea buena o mala, y en Cómo leer literatura se proponen varios elementos que pueden ayudar a esclarecer las dudas. ¿Será la originalidad? Para los románticos sí, pero los neoclasicistas no defendían tanto los cambios. Entonces, ¿la profundidad será el ingrediente básico? En los poemas de William Blake puede que sí, pero las comedias no destacan por su profundidad y son consideradas clásicos. ¿La elocuencia? Con Hamlet desde luego que funciona, pero también lo hace con Hemingway o George Orwell.

Podría alargarme varias páginas para seguir hablando y argumentando de este Cómo leer literatura de Terry Eagleton, porque la verdad es que he disfrutado muchísimo con su fluida lectura. Al leer pasamos por alto tantas cosas, claro que Eagleton tiene una capacidad para ver detalles y fantasear sobre ellos inconcebible a cualquier vulgar lector, pero ahí reside su genialidad, en enseñar una forma nueva de leer. De una manera llana y sencilla consigue hacer que la lectura minuciosa y analítica de un texto literario no sea tedioso en absoluto además de ofrecer un horizonte de expectativas mayor a la hora de acercarse a cualquier libro. Muy probablemente, cuando alguien me pregunte sobre el último libro que he leído, conseguiré destacar de ello detalles más allá de «de qué va el libro»; leeré lo que se dice en función de cómo se dice.

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El canon occidental, de Harold Bloom

El canon occidental

El canon occidentalSi formaras un grupo de lectura, ¿qué libros propondrías para analizar, debatir y disfrutar? ¿Qué te lleva a elegir esos libros? Debes pensar que de tu criterio dependerá la cantidad de lectores que se unan a tu grupo, además de cuántos otros pondrán en tela de juicio tu listado. Elaborar un catálogo con las que consideras mejores obras literarias parece una tarea muy complicada cuando tienes que escoger entre todo cuanto se ha escrito. Lo normal es limitar la búsqueda por géneros, épocas, movimientos o cualesquiera otros motivos se te ocurran. Harold Bloom, defensor de la estética y el placer por la lectura, retomó en 1994 la idea clásica de la selección de autores y obras necesarias y publicó El canon occidental, un libro no exento de polémica.

Lo provocativo vino dado porque este libro surgió como respuesta a las corrientes literarias que se impusieron desde la década de 1980 en Estados Unidos. La nueva crítica estaba formada por multiculturalistas, poscolonialistas, marxistas y feministas cuyos ideales sociales y políticos entroncaban con el espíritu estético de Harold Bloom. Dadas las circunstancias sociales actuales, con lo que se denomina como la tercera ola del feminismo, que reclama derechos y alzar la posición de la mujer en diversidad de expresiones artísticas, este libro noventero vuelve a imponerse casi como novedad. En parte porque muchas fueron las críticas recibidas desde la escuela de crítica feminista, que le recriminaron la escasez de mujeres en su canon literario. Claro, que también recibió palos por parte de los multiculturalistas, ya que la mayoría de autores canónicos son blancos y anglosajones. De ahí que en las asignaturas de Estudios Literarios la figura de Harold Bloom vaya unida al calificativo de provocador. Esto no debe ensuciar en absoluto sus otros atributos, que son muchísimos, y que lo definen como un auténtico apasionado de la lectura, cuya máxima causa es la de elevar la estética por encima de ideales políticamente correctos.

En su canon, Bloom va a destacar los veintiséis autores que considera imprescindibles en la historia de la literatura. Desde Shakespeare como centro del canon a Proust o Borges, su listado va a recoger también a figuras tan sobresalientes como Dante, Cervantes, Walt Whitman, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Tolstói o Dickens, entre otros. De todos ellos valora la individualidad del genio, el haber creado obras que exijan una relectura, que estén alejadas de ideologías sociales o psicológicas, la adoración del arte estético.

El modo de acercarnos a sus obras, con un esmerado estudio y mostrando detalles tan significativos de cada uno de ellos será una continua invitación al goce del verbo. Su peculiar tono entre sarcástico y enfadado, no dejará títere sin cabeza calificando a los nuevos críticos a los que tanto se opone como la Escuela de los Resentidos. La mordaz crítica que efectúa al colectivo feminista acerca del estudio de Orlando, de Virginia Woolf, no tiene desperdicio. En este capítulo, uno de los más interesantes del libro, Bloom va a resaltar la postura estética de Woolf por encima de sus ideales políticos, es más, eleva su genial obra Una habitación propia, no como un catálogo político y reivindicativo del feminismo, sino por su elevada preocupación por la estética. Llega a describir a la escritora como «esteta apocalíptica» que nunca antepone los condicionantes históricos. En palabras de Bloom:

«Sus seguidoras feministas se han confundido de profeta. Ella les habría hecho luchar por sus derechos, pero sin devaluar la estética en su impía alianza con seudomarxistas académicos, filósofos franceses de pega y multiculturalistas».

Lo dicho, tiene pan para todos.

El canon occidental se presenta como un selecto listado de autores que si están ahí lo hacen por su continua lucha con aquellos que les han influenciado. El concepto de Harold Bloom del canon es el de una lucha agonista, una pelea por superar al padre, al creador, lo que se conoce como la ansiedad de la influencia; el autor encuentra su voz tras haberse empapado de las tradiciones que le influencian. La estética es un fenómeno individual que elevará la universalidad de sus creaciones. Tiene una concepción de la creación muy romántica.

Vivimos una vida corta, sostiene que no existe tiempo material para poder leer todo cuanto nos gustaría ni aún dedicándonos por entero a ello, de ahí la necesidad de establecer unos límites de lectura que considera imprescindibles. No elabora su listado de modo prescriptivo, no pretende tampoco enseñar a nadie lo que debe leer. Si no llega alguien a la gran poesía con ese amor, ¿cómo enseñarle la soledad?

Un libro soberbio, que, controversias al margen, resulta de una exquisita lectura. En la conclusión canónica, Harold Bloom lamenta el escaso interés por una lectura en busca del componente estético y se cuestiona sobre la continuidad de los estudios literarios en las universidades. Puedo confirmar que los estudios están muy vivos, muy interesantes y abiertos a nuevos y antiguos enfoques teóricos, y el interés por la lectura no ha decaído por suerte. Yo he conocido la figura de este genial crítico, que es de elevada relevancia en los estudios literarios y, estés de acuerdo o no con algunas de sus posturas, no cabe lugar a poner en duda su excelente labor dedicada por entero a la literatura y su amor y ánimo que inculca por el placer de leer.

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Enciclopedia Eslava, de Juan Eslava Galán

Enciclopedia Eslava

Enciclopedia EslavaQuienes desconozcan al autor de este libro, quizá crean que Enciclopedia Eslava recoge todo lo que hay que saber del país centroeuropeo, del que al menos yo no sé nada de nada. De haber tratado sobre eso, hubiera preferido seguir viviendo en mi ignorancia, lo reconozco. Pero como llevo años coleccionando las obras de no ficción de Juan Eslava Galán, me bastó leer las palabras «Enciclopedia» y «Eslava» unidas en la portada para tener claro de qué iba este mamotreto de más de seiscientas páginas y querer leerlo si dilación.

Y es que si hay un autor vivo al que admire especialmente, ese es Juan Eslava Galán: por su forma de escribir, por su guasa y por su sapiencia; la mezcla perfecta para que sus obras de divulgación sobre historia sean mis preferidas. Tanta es mi fascinación que cuando asistí a una charla sobre su libro Misterioso asesinato en casa de Cervantes, ganadora del Premio Primavera de Novela en 2015, me quedé embelesada escuchándolo, con mil preguntas que me gustaría hacerle rondando por mi cabeza. Pero no me atreví a abrir la boca, pese a su insistencia en hacer participar al público y su más que demostrada cercanía y afabilidad. Ni una foto me animé a pedirle, aunque me convertí involuntariamente en la fotógrafa del resto de asistentes, que me solicitaban una y otra vez que me encargara de inmortalizar el momento junto a uno de sus autores favoritos.

Visto que en el cara a cara fui incapaz de profundizar en los conocimientos de los que es poseedor este hombre, Enciclopedia Eslava se presentó ante mí como una nueva oportunidad de disfrutar de ellos desde la distancia.

«Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser razonablemente culto» es el ambicioso subtítulo de esta obra. ¿Qué es ser culto o razonablemente culto? Disertar sobre ello también daría para un volumen de considerable grosor y nunca nos pondríamos de acuerdo, aunque creo que todos sabemos reconocer a una persona culta cuando la vemos. Los que hemos leído a Eslava Galán tenemos constatado que él lo es y que está más que capacitado para escribir una obra de tal envergadura. Pero ¿realmente lo ha conseguido? Ahora pensaréis que voy a decir que claro que sí, cegada como estoy con este autor. Sin embargo, he de reconocer, mal que me pese, que ese «Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser razonablemente culto» se ha quedado algo corto y, a veces, la libro resulta repetitivo en los temas que son de especial interés para su autor.

¿Eso quiere decir que me ha decepcionado el libro? En absoluto. Como siempre, he aprendido un montón de cosas y he disfrutado de la prosa de Eslava Galán, sobre todo cuando se desata y, en vez de limitarse a hilar los datos más o menos fiables aportados por otros, expone irónicamente su punto de vista. Además, en Enciclopedia Eslava cuenta anécdotas personales e incluso muestra fotos suyas que nos hacen conocer un poco mejor a ese hombre sexagenario, viajado y curioso, al que le gusta visitar los restos arquitectónicos de las culturas antiguas y no deja pasar la oportunidad de sentarse frente a una buena mesa para degustar la gastronomía de cualquier parte del mundo.

Enciclopedia Eslava no llega a ser «Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser razonablemente culto», pero se acerca a «Todo (o casi todo) lo que debes saber para ser tan culto como Juan Eslava Galán». Y eso ya es decir mucho; un reto bastante ambicioso para el común de los mortales.

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Diccionario de mitos, de Carlos García Gual

Diccionario de mitos

Diccionario de mitosMi relación con la mitología es complicada. Desde siempre me han fascinado sus historias llenas de traiciones y dramas familiares y he querido saberme de pe a pa las aventuras y desventuras de dioses y héroes. Pero los libros que he escogido para conseguirlo me han resultado pesados y hasta les he cogido manía. Y es que con solo adentrarme en la descendencia de Zeus ya me mareo.

Pero como soy muy cabezona, cuando vi que Diccionario de mitos, de Carlos García Gual, el mejor clasicista de España, se publicaba en una edición ampliada e ilustrada con motivo de su veinte aniversario, me animé a intentarlo de nuevo con la mitología, a ver si lograba retener algún nombre y sacaba algo en claro.

¿Qué encontré en Diccionario de mitos? Pues más de un centenar de personajes ordenados alfabéticamente, ahí es nada. Carlos García Gual explica sus historias, resaltando los episodios más memorables de cada relato y contextualizándolos dentro de otros. Además, analiza los aspectos más relevantes: su impacto en la cultura o su influencia literaria, sus paralelismos con otras figuras, etcétera. Y todo ello con un estilo ameno y accesible, lejos de la erudición que predomina en otras obras de esta temática.

Pero lo que más llama la atención de Diccionario de mitos es la selección de figuras míticas. Como el autor deja claro desde la portada, donde comparten protagonismo Zeus, el padre de los dioses y los hombres, y Superman, uno de los superhéroes más emblemáticos de DC Comics, en este libro el concepto de «mito» no es rígido ni restringido, sino que en él caben todos aquellos personajes cuyas historias han arraigado en el imaginario colectivo. En sus páginas conviven desde las figuras más populares de la mitología griega (Afrodita, Aquiles, Poseidón, Ulises…), romana (Cupido, Rómulo…) o nórdica (Loki, Odín…), pasando por personajes bíblicos (Adán, Satanás, Job, Moisés…), literarios (Don Quijote, Tarzán, Sherlock Holmes, Frankenstein, Robinson Crusoe, Carmen, Don Juan…) y hasta históricos como Alejandro Magno, pues las leyendas acerca de su persona transcendieron tanto como los logros que cosechó durante su reinado.

Aunque no es un diccionario al uso, cada capítulo fue escrito y se puede leer de forma independiente. La ventaja de que estos relatos aparezcan en orden alfabético es que cada lector puede volver sobre ellos tantas veces como desee, releyendo aquellos mitos que le hayan suscitado más interés. Además, Carlos García Gual hace referencias constantes a autores antiguos y críticos modernos e incluso incluye párrafos de las obras literarias que hicieron célebres a estos personajes o menciona otras que reinventaron sus historias. De este modo, Diccionario de mitos se convierte en una guía perfecta para descubrir y redescubrir personajes míticos y nos marca el camino hacia otras lecturas que ahondan más en ellos.

La única pega que he visto en este libro es que Carlos García Gual habla de estos mitos dando por hecho que los conocemos. Y como ya he confesado, yo tengo grandes lagunas en cuanto a nombres y parentescos. Cuando hablaba de algunas figuras que desconocía por completo, la lectura se me hacía cuesta arriba, pero cuando se adentraba en otras que me son más familiares, sus análisis me parecían la mar de ilustrativos.

Pese a ese pequeño escollo, Diccionario de mitos ha logrado aumentar mi fascinación con estos personajes atemporales, mil veces versionados y reinventados. Quizá siga sin tener claro cuántos hijos tuvo Zeus y mucho menos con quien, pero los pósits que he dejado a lo largo del libro son la prueba de que volveré a consultar a Carlos García Gual para conocerlos mejor.

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El pie de la letra, de Jaime Gil de Biedma

el pie de la letra

el pie de la letraHablar de Gil de Biedma, es hablar de la búsqueda de la perfección del poema; para quienes amamos la Literatura, y en especial la Poesía, esa búsqueda se puede convertir en una auténtica obsesión, como de hecho lo fue para nuestro poeta durante toda su vida, pero de forma muy especial entre los años 1956 a 1965.

Después de leído, o en algunos casos releído, algunos de los textos que nos ofrece El pie de la letra, no me extraña que habiendo conocido yo tan solo su poesía, a través de ella haya podido conectar con este hombre que tanto trabajó por explicar y comprender la función de la poesía y la función de la crítica, y desde luego no es de extrañar que fuese ese el tema y título seleccionado para abrir este volumen que contiene sus ensayos completos.

Hablar de Gil de Biedma es hablar de poesía, es hablar de la transición a la poesía moderna, pues nos encontramos ante uno de los grandes poetas del siglo XX. Pero además era un gran crítico literario que afrontaba con valentía y sobre todo con una gran profesionalidad y pericia en el hacer literario, el arte de la crítica, que es, a mi modo de ver, otro estilo literario que va más allá del ensayo.

La primera edición de El pie de la letra es del año 1980 (Crítica), y fue el propio poeta quien diseñó la estructura y orden de los escritos. De tal forma que va haciendo un recorrido desde sus años de aprendizaje, aquellos en los que le era fundamental buscar la estética con la que deseaba envolver su propia obra, fundamentalmente la poética, hasta llegar al final del recorrido en el que la poesía va dejando poco a poco un mayor lugar a la crítica literaria.

Lumen nos trae ahora una nueva, y muchos dicen que definitiva edición, que rediseña y prologa ampliamente Andreu Jaume, que añade a los ya incorporados textos en una edición que se hizo en 1994, otros que aparecieron posteriormente y que son absolutamente inéditos. Con todo ello parece que la obra ensayística de Gil de Biedma, podría quedar completamente cerrada.

Es una auténtica gozada poder estudiar junto a Biedma a autores como Byron, T.S. Eliot, o Jorge Guillén y Luis Cernuda, y es que a través de esas lecturas podemos ir analizando sus propias fuentes, aquellas que marcaron definitivamente la literatura de Biedma, que derivó hacia la modernidad, hacía esa poesía de la experiencia que tanto me gusta y que tan bien continuó el granadino García Montero. Una poesía que sin duda ha transformado y ha hecho avanzar esta exclusiva forma literaria.

Pero en esta obra podemos ir más allá, porque a través de su prosa podemos adentrarnos de forma directa mucho más en sus fuentes más allá de la poesía, pues son muchas y muy importantes las reflexiones que encontraremos como lector, más allá de buscar en sus escritos al escritor y poeta, podemos hallar al lector reflexivo y avanzar con el por esos escritos y obras. No podemos olvidar las palabras de Gil de Biedma:

“El lector es el otro término fundamental de la relación literaria: sin él hay poema, pero no poesía”.

Me ha entusiasmado esta primera lectura de los ensayos, porque claro que conozco mejor al poeta que tanto me gustaba, pero también he disfrutado, y mucho, de su claridad al analizar la literatura de otros y la puesta en valor siempre, siempre de los grandes maestros para todos ellos, y hoy para nosotros indiscutiblemente, aguas de las que aun siguen bebiendo los más jóvenes poetas como es la obra completa de Don Antonio Machado. Y es que lo mismo si nos habla de Cernuda, expresión de la poética en prosa, que si nos recomienda “Lean ustedes a Jorge Guillén”, encontraremos entre su crítica alguna interesante aportación del Viejo Profesor.

El pie de la letra, un libro para que lean los que son amantes de la lectura. Un libro imprescindible para quienes se quieran dedicar a esto de la escritura. Leer lo que leyeron aquellos a los que nosotros leemos, adentrarnos, en definitiva, en el profundo mundo de la LITERATURA de la mano de uno de los grandes poetas españoles.

 

 

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El Holocausto, de Laurence Rees

el holocausto

el holocaustoPor mucho que leamos sobre el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, nos será difícil entender a quienes llevaron a cabo el Holocausto judío. Sin embargo, siguen publicándose libros que tratan de explicarlo, recopilando fechas clave, acontecimientos decisivos, cifras de muertos y testimonios de los supervivientes. Y yo, de vez en cuando, me fijo en alguno de ellos; en aquellos que me parece que aportan una visión distinta, si es que eso aún es posible en un tema tan recurrente y saturado. No me equivoqué con Últimos testigos, de Svetlana Alexiévich, y tampoco lo he hecho con El Holocausto, de Laurence Rees.

¿Qué es lo que hace diferente a El Holocausto? Pues que también da voz a los verdugos, aquellos que fueron capaces de semejante barbarie, que la justificaron, que incluso la disfrutaron. En un intento de condenarlos por sus atroces acciones, la historia apenas ha dado cabida a las declaraciones y opiniones de quienes idearon o llevaron a cabo el exterminio de los judíos. Ni siquiera se han escuchado los testimonios de esos ciudadanos que presenciaron el progresivo avasallamiento de la población judía y miraron a otro lado o, directamente, jalearon para que fuera a más, movidos por los prejuicios religiosos, el miedo a la crisis económica o la pura envidia. Pero Laurence Rees sí ha recogido sus argumentos y sus diarios, por incómodos o crueles que sean. Porque es necesario adentrarnos en las cabezas de los culpables y de los cómplices del Holocausto para tratar de discernir qué ocurrió en aquellos oscuros años.

Laurence Rees recoge «Las voces de las víctimas y de los verdugos», como reza el subtítulo de esta obra, para dotar de carga emocional a su análisis del Holocausto. Recorre el periodo de entreguerras y toda la Segunda Guerra Mundial, desde el origen del odio de Hitler a los judíos y su ascenso al poder, hasta su huida hacia delante en su cruzada antisemita, incluso cuando ya sabía que Alemania iba a ser derrotada en el conflicto bélico. Pero El Holocausto no solo aborda el papel de Hitler y los nazis, sino que hay muchas páginas sobre cómo Bélgica, los Países Bajos, Noruega, Dinamarca o Francia colaboraron en el exterminio, algo que ha quedado silenciado gracias a la sobreexposición de la barbarie del Estado alemán. De igual manera, le dedica capítulos a los discapacitados, gitanos, testigos de Jehová y otros grupos sociales que también fueron perseguidos, torturados y asesinados por los nazis y cuyo sufrimiento pocas veces es mencionado.

El Holocausto es el resultado de los veinticinco años de vida profesional que Laurence Rees ha empleado en crear documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de los judíos de Europa. Durante estos años, ha acumulado gran cantidad de testimonios de primera mano, documentos de la época y estudios, y todos estos le han servido para analizar exhaustivamente la historia del Holocausto. Aplaudo la valentía que ha tenido al dar cabida a todas las voces y ahondar en los aspectos más controvertidos. Y admiro su capacidad de conseguir que este libro sea de lectura ágil, a pesar de sus más de quinientas páginas.

El Holocausto demostró hasta dónde podían llegar los seres humanos, capaces de ser víctimas, espectadores o verdugos según las circunstancias. Y los acontecimientos actuales nos vuelven a avisar de lo poco que hemos aprendido de ello, por muchos libros que haya al respecto. Dudo que la obra de Laurence Rees abra los ojos a quienes están cegados por los prejuicios y el racismo, pero al menos espero que su lectura sirva para que el resto del mundo no miremos a otro lado cuando veamos ante nosotros las injusticias que sufren nuestros semejantes por motivo de sexo, raza, ideología o religión. Que no vuelvan a repetirse hechos tan terribles como los relatados en este libro es responsabilidad de todos.

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Atlas de las constelaciones, de Susanna Hislop y Hannah Waldron

Altas de las constelaciones

Altas de las constelacionesEste otoño Errata naturae ha publicado dos libros que me encantan: una nueva traducción de las meditaciones de Marco Aurelio, que hace unos días le regalé por su cumpleaños a mi mejor amiga, y el Atlas de las constelaciones del que os quiero hablar hoy.

Como yo era una niña de ciudad, las figuras que se dibujan en el cielo siempre me han parecido inaccesibles, casi ficción. Desde mi ventana, se veía la luna, a veces Venus y, como mucho, alguna estrella. Esto, unido a mi nulo conocimiento sobre astronomía, ha hecho que el cielo nocturno me sea desconocido y, precisamente por esa razón, me despierte muchísima curiosidad. Pero, cuando empiezo a buscar información sobre el tema, acabo abrumada de palabros, datos y timos raros de astrología…

Así que cuando oí hablar del libro de estas dos autoras británicas, una escritora y una ilustradora, y leí que se subtitulaba “Las historias que nos cuentan las estrellas”, pensé que, por fin, podría comprender la cartografía del cielo. Y así ha sido.

Porque Atlas de las constelaciones cuenta, con gracia y elegancia, las historias, sean mitológicas, históricas, científicas o personales de las ochenta y ocho constelaciones que hay sobre nosotros, fijadas por los astrónomos en el siglo XX. Y también las ilustra y las sitúa para que, en una noche clara, lejos de las luces de la ciudad, puedas jugar a situarlas. Para hacerlo, la ilustradora Hannah Waldron marca las estrellas con una escala de magnitud para que tengas una buena referencia con la que buscarlas en el cielo, perfila el contorno uniendo las estrellas entre sí, y luego dibuja la figura imaginada, sea un águila, un héroe, una doncella, una monstruo marino, un perro, un microscopio, un lince, un triángulo o un caballo alado. Me hizo reír que, en los agradecimientos, Waldron le diera las gracias a un tal Hugh por su disposición a adoptar todo tipo de poses heroicas para servirle de modelo. La situación me sonaba un poco… Desde aquí mi agradecimiento a todas aquellas personas que vivís con artistas y os toca aguantarnos hablar de nuestras historias o, como a Hugh, haceros posar para dibujar héroes.

En los textos, además de repasar gran cantidad de mitos clásicos, la escritora Susanna Hislop cuenta anécdotas que son curiosas o ayudan a comprender la historia de la astronomía. Por ejemplo, cuenta que hubo un intento de cristianizar el cielo (es decir, de sustituir las paganas por santos) en el siglo XIX o habla del origen de la brújula y su uso, junto a las estrellas, claro, en la navegación (y acaba relacionándolo con la materia oscura de Philip Pullman, unos libros que marcaron mi adolescencia). También cuenta que se reinterpretaron todas las constelaciones siguiendo el texto de Alicia en el país de las maravillas (y que encajaban a la perfección) o te explica qué es un sextante celeste y para qué servía. Siempre de manera amena y didáctica, con un estilo sencillo.

No quiero acabar esta reseña sin tratar uno de los puntos más impresionantes de este Atlas de las constelaciones, que es el libro como objeto. Es una preciosidad: tapa dura con las estrellas tachonadas en naranja, lomo de tela, cosido, a tres tintas y con una maquetación cuidadísima. Es una auténtica joya, un regalo, un libro entretenido, bonito para contárselo a los niños o para llevar de vacaciones si alquiláis una casa en la montaña (habla la niña de ciudad), con un telescopio, y podéis dedicar las noches a explorar el cielo.

Laura Gomara

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Geopolítica de las series, de Dominique Moïsi

Geopolítica de las series

Geopolítica de las seriesEs probable, y mucho más en estas fechas, que si os digo aquello de Winter is coming, todos sepáis de qué estoy hablando. Y es que la repercusión que Juego de Tronos tiene en la sociedad actual va mucho más allá de lo escrito o filmado sobre los Siete Reinos de George R.R. Martin. También es muy probable que, si os hablo de Frank Underwood o Carrie Mathison, la mayoría sepáis la serie que protagoniza cada uno de estos personajes. Todo este boom mediático que están viviendo las series de televisión hace que varios expertos en política y relaciones internacionales se hayan fijado en ellas para explicar de un modo sencillo los mecanismos y estrategias que rigen nuestro día a día. Uno de estos expertos es Dominique Moïsi, autor de Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo. El politólogo francés define el objeto de este ensayo y el fin mismo del libro como “una obra sobre geopolítica que utiliza las series como materia prima para comprender la evolución de las emociones del mundo”. Sin duda un tema que captó rápidamente mi atención, y mucho más tras ver la genial portada de David Sánchez, hombre de referencia en la editorial a la hora de ilustrar sus libros.

El catálogo de Errata Naturae está lleno de buenos libros escritos alrededor de las series de televisión. Libros temáticos sobre grandes series como The Walking Dead o Twin Peaks ya han sido reseñados en el blog, y este que hoy os traigo se estructura en torno a cinco series del momento, de cuyo análisis se desprende el estado actual de las alianzas y problemas geopolíticos existentes en los últimos años. Dominique Moïsi explica en la introducción los motivos que le han llevado a elegir Juego de Tronos, Homeland, House of Cards, Downton Abbey y Occupied para el análisis en cuestión. De las tres primeras soy fiel seguidor, de la cuarta he visto bastantes capítulos y pese a no conocer la existencia de la quinta, tras leer el libro ya me he encargado de ponerla en mi lista de series preferentes. También dedica unas páginas el autor para explicar qué concepto de la situación política actual encaja mejor con cada una de las series analizadas. El miedo al caos, el declive democrático, el terrorismo, la nostalgia del orden antiguo o la ocupación rusa encajan a la perfección con cada una de las series, y mediante analogías y análisis de los personajes el autor va mostrando a los lectores como la industria televisiva y cultural utiliza medios audiovisuales como método rápido para entregar un mensaje a un amplio número de personas.

He de reconocer que leyendo la introducción de este libro llegué a pensar que, pese a la buena idea que planteaba el autor, analizar la política mediante series iba a ser harto difícil. Sacar un mensaje claro y sencillo para los profanos en la materia exigiría una capacidad de síntesis que es muy difícil de conseguir. Sin embargo, una vez metidos en materia, me ha sorprendido gratamente la prosa sencilla y clara que utiliza Dominique. A esto también ayuda tener un conocimiento previo de las series en cuestión, al menos de gran parte de las series que aparecen en el libro. Con esto no digo que no se pueda disfrutar del libro si uno no ha visto las series, pero es cierto que es un valor añadido para disfrutar más completamente del mismo.

“Homeland puede leerse como un catálogo de los errores que llevaron a la aparición del Dáesh”

Son muchas las buenas enseñanzas que puede extraer el lector con una lectura atenta del texto. El autor diserta sobre varios puntos a tener en cuenta, como por ejemplo la forma tan negativa que tienen los americanos de retratar su política en las series, en contraposición con los rusos, que venden en su entretenimiento unas actitudes políticas casi inmaculadas. O esas analogías en Juego de Tronos que mezclan en un mismo texto las ciudades-estado del Renacimiento italiano, la política migratoria de Angela Merkel o la crisis de refugiados que estamos viviendo en la actualidad. Y también es de agradecer en el autor que no se centre solo en cinco series para explicar un problema más complejo, y amplíe sus cavilaciones a otras series no menos importantes como The Americans, Borgen o El ala oeste de la Casa Blanca, esta última de especial importancia, pues fue de las primeras en tratar asuntos geopolíticos en sus tramas.

En resumen, Geopolítica de las series es un ensayo ameno que acerca el mundo de la geopolítica a la gente de a pie. Leyendo a Dominique Moïsi se entiende un poco mejor el mundo en que vivimos. Y todo ello contado de un modo abrumadoramente sencillo, haciendo bueno aquel dicho de Séneca, “La sencillez y claridad distinguen el lenguaje del hombre de bien”.

César Malagón @malagonc

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