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Mindhunter, de John Douglas y Mark Olshaker

Mindhunter

MindhunterHace unos días recibí un correo a través de Change.org de Juan Carlos Quer, padre de una joven que fue asesinada hace poco más de un año. En él me pedía mi firma para que no se derogase la prisión permanente revisable. Sentí no poder apoyarle con esta causa, pero esta pena me ha parecido muy peligrosa desde un principio, ya que abre un precedente en nuestro país para negar la posibilidad de reinserción. Sin embargo, hay casos en los que, por la crueldad e inhumanidad con la que están ejecutados, resulta muy difícil creer que el ser que está detrás de ellos es recuperable. Y después de leer Mindhunter, uno pierde la esperanza más aún.

John Douglas es un antiguo agente del FBI que se especializó en la década de los años 70 en la elaboración de perfiles criminales. Para tratar de entender mejor la mente de los asesinos en serie y poder predecir sus comportamientos, tomó la decisión de entrevistar, junto a su compañero Robert Ressler, a decenas de criminales ya encarcelados, de la talla de Charles Manson o David Berkowitz. En este libro, a partir del cual se ha confeccionado la serie homónima de Netflix, Douglas narra su experiencia en torno a estos seres, la cual va siempre apoyada en una opinión muy tajante: no merecen vivir. Al menos, no entre nosotros.

Nadie debería llevarse a equívoco: a diferencia de la popular serie televisiva esto no es una historia cerrada; más bien es un cúmulo de ellas, sin un orden cronológico claro, que tratan de acercarnos al modus operandi de los seres más repulsivos del planeta. No obstante, este libro no está libre de méritos; todo lo contrario: además de lo atrayente que resulta el tema en sí, el autor te introduce de lleno en sus relatos, con un lenguaje muy directo y unas descripciones que, en ocasiones, llegan a ser demasiado gráficas. Douglas es también simpático e irónico en sus narraciones. La suya es una de esas biografías que se disfrutan de principio a fin simplemente por la manera en la que están contadas, sin que importe demasiado si el personaje del que tratan resulta por sí mismo de interés. Pero es que, además, en este caso es así.

A través de la encomiable tarea que emprendió, entrevistando a algunos de los peores asesinos en serie de las cárceles estadounidenses, Douglas fue aprendiendo a pensar como ellos y a aplicarlo con éxito a posteriori para combatir a los que estaban fuera de las rejas. Es a partir de la narración de estas entrevistas cuando comienza la parte más interesante del libro. Sorprende, por ejemplo, el buen trato que entabló con algunos asesinos y sus percepciones sobre ellos. «Muchos son bastante encantadores, superficiales y hablan bien», explica en estas páginas.

A medida que expone su forma de hacer deducciones sobre la personalidad del asesino uno se da cuenta de que su oficio es muy parecido al del escritor, solo que algo más complejo, dado que a Douglas siempre le dan un final cerrado para que elabore en torno a él una historia verosímil. Y que estos finales nunca son felices, claro.

A pesar de tratarse de un libro sumamente recomendable, lo que más me ha chirriado, como ya he explicado, es su mensaje de fondo. Defensor a ultranza de la pena de muerte, el autor utiliza los casos más enfermizos como baluartes para subrayar que existen seres que jamás van a curarse y que una vez que son atrapados no deben volver a salir de la cárcel; al menos no vivos. Y debo decir que, por desgracia para mí y mis principios, esta lectura me ha hecho replantearme unas ideas que creía firmes. Y aunque es cierto que no ha logrado que abandone mi defensa de la reinserción, en casos tan extremos como los que se narran en Mindhunter cuesta mucho creer que esta sea posible.

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El jinete pálido, de Laura Spinney

el jinete palido

el jinete palidoSi alguien nos preguntara cuál fue el mayor desastre del siglo XX, la mayoría pensaríamos en la Segunda Guerra Mundial, por el número de muertes, o en el Holocausto, por la saña de los nazis contra los judíos. A prácticamente nadie se le ocurriría responder la gripe española. Y, sin embargo, esta enfermedad, en apenas dos años, infectó a una de cada tres personas del planeta y seguramente mató a más seres humanos que las dos guerras mundiales juntas. ¿Por qué, entonces, apenas se la nombra en los libros de Historia? ¿Por qué no sabemos casi nada de ella? Esta y otras muchas cuestiones son las que aborda la escritora y periodista Laura Spinney en El jinete pálido.

En este magnífico ensayo, Laura Spinney hace acopio de toda la información disponible hasta el momento sobre la gripe española, que asoló el mundo hace ahora cien años. En las últimas tres décadas, historiadores, sociólogos y virólogos han empezado a prestar atención a aquella pandemia que quedó olvidada por las dos guerras mundiales que convulsionaron el mundo, y Spinney se ha servido de ese acercamiento multidisciplinar para escribir una especie de biografía de la gripe, aunque en realidad es una historia humana con esa enfermedad como hilo conductor, ya que el brote de 1918 estuvo protagonizado por millones de seres humanos anónimos: los que murieron y acabaron enterrados en fosas comunes; los que sobrevivieron, pero ya nunca volvieron a ser los mismos.

De forma amena pero rigurosa, enlaza acontecimientos históricos y tragedias personales para contarnos cómo surgió, cómo se propagó y cómo remitió. Se remonta hasta sus posibles orígenes, un par de milenios atrás, para luego abordar el brote de 1918 y las consecuencias sociales, sanitarias, políticas y culturales que derivaron de él y transformaron a la humanidad. Impresiona leer la estrecha relación que la denominada gripe española tuvo con el devenir de la Primera Guerra Mundial y, quizá, con el origen de la segunda; y su papel en la independencia de la India o en el apartheid de Sudáfrica. Pero no solo trajo desgracias, ya que, gracias a ella, la sociedad se concienció de la necesidad de sanidad universal y de practicar deporte, así como contribuyó a establecer la virología como disciplina, a promover las primeras vacunas contra la gripe, a constituir la Organización Mundial de la Salud y a que Fleming descubriera la penicilina.

El trabajo de documentación y narrativo que Laura Spinney ha llevado a cabo en El jinete pálido es admirable. Cada uno de los capítulos es como una revelación: la falta de medios y hasta de conocimientos de los médicos en aquella época, en la que aún se hacía uso de «pócimas, extractos de plantas y tratamientos no probados»; la paradoja de que la ayuda al prójimo, en esas circunstancias, supusiera la condena de uno mismo y hasta de toda su comunidad; los curiosos ritos que se pusieron en práctica, en un vano intento de acabar con el contagio… El jinete pálido nos demuestra como la epidemia de la mal llamada gripe española fue un punto de inflexión en la humanidad y que sin ella no sería posible entender el mundo en el que ahora vivimos. Y, sobre todo, pone sobre la mesa la importancia de que todos accedamos a datos veraces para conocer las causas y consecuencias de aquel desastre. Solo así, si algún día vuelve a repetirse una pandemia de estas características, estaremos preparados para combatirla.

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El Holocausto, de Laurence Rees

el holocausto

el holocaustoPor mucho que leamos sobre el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, nos será difícil entender a quienes llevaron a cabo el Holocausto judío. Sin embargo, siguen publicándose libros que tratan de explicarlo, recopilando fechas clave, acontecimientos decisivos, cifras de muertos y testimonios de los supervivientes. Y yo, de vez en cuando, me fijo en alguno de ellos; en aquellos que me parece que aportan una visión distinta, si es que eso aún es posible en un tema tan recurrente y saturado. No me equivoqué con Últimos testigos, de Svetlana Alexiévich, y tampoco lo he hecho con El Holocausto, de Laurence Rees.

¿Qué es lo que hace diferente a El Holocausto? Pues que también da voz a los verdugos, aquellos que fueron capaces de semejante barbarie, que la justificaron, que incluso la disfrutaron. En un intento de condenarlos por sus atroces acciones, la historia apenas ha dado cabida a las declaraciones y opiniones de quienes idearon o llevaron a cabo el exterminio de los judíos. Ni siquiera se han escuchado los testimonios de esos ciudadanos que presenciaron el progresivo avasallamiento de la población judía y miraron a otro lado o, directamente, jalearon para que fuera a más, movidos por los prejuicios religiosos, el miedo a la crisis económica o la pura envidia. Pero Laurence Rees sí ha recogido sus argumentos y sus diarios, por incómodos o crueles que sean. Porque es necesario adentrarnos en las cabezas de los culpables y de los cómplices del Holocausto para tratar de discernir qué ocurrió en aquellos oscuros años.

Laurence Rees recoge «Las voces de las víctimas y de los verdugos», como reza el subtítulo de esta obra, para dotar de carga emocional a su análisis del Holocausto. Recorre el periodo de entreguerras y toda la Segunda Guerra Mundial, desde el origen del odio de Hitler a los judíos y su ascenso al poder, hasta su huida hacia delante en su cruzada antisemita, incluso cuando ya sabía que Alemania iba a ser derrotada en el conflicto bélico. Pero El Holocausto no solo aborda el papel de Hitler y los nazis, sino que hay muchas páginas sobre cómo Bélgica, los Países Bajos, Noruega, Dinamarca o Francia colaboraron en el exterminio, algo que ha quedado silenciado gracias a la sobreexposición de la barbarie del Estado alemán. De igual manera, le dedica capítulos a los discapacitados, gitanos, testigos de Jehová y otros grupos sociales que también fueron perseguidos, torturados y asesinados por los nazis y cuyo sufrimiento pocas veces es mencionado.

El Holocausto es el resultado de los veinticinco años de vida profesional que Laurence Rees ha empleado en crear documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de los judíos de Europa. Durante estos años, ha acumulado gran cantidad de testimonios de primera mano, documentos de la época y estudios, y todos estos le han servido para analizar exhaustivamente la historia del Holocausto. Aplaudo la valentía que ha tenido al dar cabida a todas las voces y ahondar en los aspectos más controvertidos. Y admiro su capacidad de conseguir que este libro sea de lectura ágil, a pesar de sus más de quinientas páginas.

El Holocausto demostró hasta dónde podían llegar los seres humanos, capaces de ser víctimas, espectadores o verdugos según las circunstancias. Y los acontecimientos actuales nos vuelven a avisar de lo poco que hemos aprendido de ello, por muchos libros que haya al respecto. Dudo que la obra de Laurence Rees abra los ojos a quienes están cegados por los prejuicios y el racismo, pero al menos espero que su lectura sirva para que el resto del mundo no miremos a otro lado cuando veamos ante nosotros las injusticias que sufren nuestros semejantes por motivo de sexo, raza, ideología o religión. Que no vuelvan a repetirse hechos tan terribles como los relatados en este libro es responsabilidad de todos.

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El último francotirador, de Kevin Lacz

el ultimo francotirador“Durante aquella experiencia fui escribiendo un pequeño diario. No recuerdo que otros compañeros lo hicieran. Lo hacía por si algún día tenía hijos y quería explicarles lo que pasó. Esa información me ha sido muy útil después. La primera versión del libro parecía escrita por un robot. Mi mujer me sacó de mi zona de confort y me dijo que tenía que acompañar cada hecho preciso con lo que sentía en ese momento. No es fácil hacer esto para nosotros, me ponía en una posición muy vulnerable pero tuve que hacerlo para contar la historia de los compañeros que perdí y lo hice. Ahí están los días más tristes de mi vida. Cada cosa que me pasó en el frente está contada desde un punto de vista emocional”.

Esa es la declaración de intenciones de Kevin Lacz, quien cuenta cómo sobrevivió en el campo de batalla. Cómo la experiencia en la guerra de Irak le convirtió en otra persona y cómo al terminar su experiencia bélica, se le presento la oportunidad para participar en la película “El francotirador” donde aconsejaba al actor Bradley Cooper, su protagonista.

El autor no quiere decir a cuántos enemigos mató él exactamente: “Los suficientes. Más de diez y menos que Chris”, señala en las entrevistas haciendo referencia a su compañero y mentor Chris Kyle (La Leyenda). Varias de esas muertes están narradas de manera exhaustiva en el libro, “neblina rosada” (el efecto al salpicar la sangre) incluida, en un texto que tiende a deshumanizar a los “muyas”, los muyaidines, el enemigo.
Más allá del valor histórico de su testimonio literario, el texto describe el coraje que se le supone a un SEAL estadounidense, extendido a cualquier soldado que participa en una guerra. Pero no es en este punto en el que el libro incide sino en cómo tras enfrentarse a la crudeza de una guerra, hay que recomponerse por dentro para intentar volver a llevar una vida normal.
El último francotirador contiene un texto totalmente ajeno a la política, en el que los autores presentan un libro honesto y directo que se adentra en los procesos conscientes e inconscientes del funcionamiento de la mente de un SEAL, donde se plasma el deseo implacable por la eliminación de los enemigos.

P. ¿Qué le llevó a los SEAL?

R. Quería luchar contra los terroristas. Sabía que no iba a tener un debate político en ellos. Íbamos a emplear nuestra fuerza y los terroristas iban a morir. Sabía que se me exigiría matar y que iba a correr un alto riesgo.

P. ¿Recuerda la frase de Clint Eastwood (ya que estamos) en Sin perdón?: “Cuando matas a un hombre no solo le quitas todo lo que tiene sino lo que podría llegar a tener”. ¿No se lo ha planteado?

R. Mis blancos no se merecían un futuro. Por su brutalidad. Eran los malos, y eso los validaba como blancos. Esa cita a quienes se podría aplicar es a mis camaradas SEAL que murieron. Marc, por ejemplo, al que le entró una bala por la boca, quería ser ministro de la Iglesia.
P. Pero, al seguir a su objetivo por el punto de mira, ¿nunca piensa que ese tipo es en cierto modo otro soldado, posiblemente un padre de familia, y que el mal no es una categoría absoluta?

R. No, nunca pensé en sus familias, realmente. Porque cuando uno has visto de cerca ciertas atrocidades, como las de los terroristas que amarran bombas a mujeres y niños, los hacen caminar hacia zonas pobladas y entonces los hacen explotar; o las de los escuadrones suicidas que decapitan a sus víctimas… Ningún hombre de familia hace eso. Alguien así puede tener hijos, pero no es gente de familia. Y ningún acto humano, como procrear, le redime de sus barbaridades.

Una verdad cruda y sin contemplaciones, que plasma una bibliografía bélica, plagada de dureza, en la que el concepto de camaradería cobra una nueva dimensión.

A mí, personalmente, la figura del francotirador me parece muy interesante. Casi magnética ¿Cómo pasan las horas? En este texto el autor eleva el concepto de camaradería, dejando claro que en momentos de tensión, el humor es un gran aliado:

 “-¿Y ahora aparcarás la bicicleta otros veinte años, doc?-pregunté-. Quizá en tu próximo despliegue yo tendré un hijo en los Equipos y tú, prótesis de caderas. ¡Te veo liquidando muyas a los setenta!
-Te veo puesto en lo del hijo, sí. Pero que muy puesto – dijo el doc, que bajó del camión y asintió con la cabeza, mirándome la entrepierna.
Con la emoción, me había olvidado del reventón de los pantalones y de que iba enseñándolos huevos. La sección entera se echó a reír a carcajadas.
Me rendí y me puse a reír yo también. El viejo se las sabía todas. Pero aún le quedaba repartir el correo.”

Desde su atalaya en forma de torre, esperaba con el ojo derecho puesto en la mirilla de su MK11, un fusil semiautomático de ocho kilos y un calibre de 7.62 milímetros con la calavera de ‘The Punisher’ grabada en la culata. La vida y la muerte era todo lo que veía a través de ese círculo.
Kevin Lacz participó en la batalla por la que él y Chris Kyle serían recordados, la de Ramadi en 2006. El enfrentamiento se ganó, pero a costa de un sufrimiento que queda explicado perfectamente en el libro. En él, los «Castigadores» se enfrentaron a mil dificultades. Algunos no salieron con vida. Eso es este libro. Morir o impartir la muerte. Un libro cargado de peso moral. Una imprescindible descripción de la guerra.

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Maestros del universo, de Helge Kragh

maestros universoSi hay algo incomprensible en su totalidad e inabarcable en su magnitud para la mente humana es nuestro propio universo. Algo tan enorme, tan complejo y tan perfecto que escapa a nuestro entendimiento de manera completa. Sospecho que nunca seremos capaces de comprenderlo en su totalidad pero es esa, precisamente, una de las características que hacen del estudio de la cosmología algo tan gratificante. ¿Cómo se ha configurado la imagen que tenemos hoy del universo? En Maestros del Universo (Editorial Crítica), último título de la colección Drakontos, nos ponemos delante del nuevo trabajo del escritor danés Helge Kragh que nos cuenta esta fascinante historia en un formato tan inusual como innovador donde se combinan elementos reales y de ficción: en una serie de entrevistas que un personaje ficticio realiza a los principales astrónomos y físicos entre 1913 y 1965. Entre los científicos entrevistados figuran todas las grandes figuras de la cosmología de aquella época. Gigantes de la física que contribuyeron de manera crucial al desarrollo de esta disciplina. El listado de físicos, por orden de aparición en el texto es:
– Kristian Birkeland
– Svante Arrhenius
– Karl Schwarzschild
– Hugo von Seeliger
Albert Einstein
– Willem de Sitter
– Georges Lemaître
– Arthur S. Eddington
– Edwin Hubble
– George Gamow
– Fred Hoyle y Hermann Bondi
– Paul Dirac
– Robert Dicke
Es una temática compleja la de este libro. Helge Kragh intenta dibujar una línea temporal que perfila de manera sutil cómo han sido moldeados los conceptos que hoy definen la cosmología desde su génesis. Es agradable ver, además, como no huye de los conceptos de “cosmogonía”, “física cósmica” o “éter” que hoy pertenecen más a la historia que a la ciencia pero que en aquel tiempo, gozaron de importante relevancia.
La narración discurre de manera ágil de diálogo en diálogo. De entrevista en entrevista. Pero pronto vemos el conflicto. La sociedad científica, y la de la física teórica en general, es un cosmos poblado de grandes egos y plegarse a las bondades de la teoría de nuestra competencia siempre es un trago demasiado amargo. Así, con el paso de los años, el autor nos narra cómo fuimos pasando de la aceptación de la SST (Steady State Theory – Teoría del estado estacionario) a la teoría del Big Bang.
Hermann Bondi (matemático y cosmólogo), Thomas Gold (astrofísico) y Fred Hoyle (astrónomo) desarrollaron en 1948 la SST.

La idea fue presentada en dos textos: uno de Bondi y Gold, más descriptivo, titulado “The steady-state theory of the expanding universe”, y otro de Hoyle, más técnico, titulado “A new model for the expanding universe”. Bondi, Gold y Hoyle se revelaban contra la teoría del Big Bang. El universo había existido siempre. Eso del Big Bang era una “chaladura religiosa” y sonaba demasiado a creacionismo.
Georges Lemaître fue un sacerdote católico y astrónomo belga. En L’Hypothèse de l’atome primitif, essai de cosmogonie (1946) desarrolla su “Teoría del átomo primitivo“, la cual se conocerá más tarde como Big Bang. El modelo de Lemaître “adolecía” de suponer un universo extremadamente joven, y la SST, con su creación de materia y energía, resolvía este problema, puesto que defendía un universo eterno (sin principio ni fin):

“Gold tenía la idea de que si existiese un proceso de creación continua de materia, éste haría posible que el Universo siguiera en estado estacionario, contraviniendo su expansión y así el problema de la “edad” del universo desaparecería”.

El universo explicado por la SST estaría en expansión pero no cambiaría, y sería constante y eterno.
Como nos hace comprender el autor, a pequeñas dosis según avanzamos en el texto, la SST se basaba en el principio cosmológico perfecto según el cual, el universo sería homogéneo e isotrópico (uniforme en todas las direcciones) tanto a través del espacio como del tiempo: independientemente del instante y del punto del universo en el cual nos encontremos: el universo, a gran escala, sería el mismo. Esto, sin embargo se encontraba en contraposición con la otra corriente de pensamiento que recorría los despachos de los físicos teóricos de la época: el Big Bang.
De 1948 a 1955, la SST y el Big Bang se encontraban en continuo debate, pero a partir de 1955 la SST empezó a perder fuerza: La primera evidencia observacional que llevó la contraria a la SST vino de la mano de la medida de ondas de radio provenientes de las estrellas, hechas por primera vez por Ryle en 1955.
Martin Ryle (Premio Nobel de Física en 1974) había trabajado con Bondi, Gold y Hoyle en radares durante la guerra. Las fuentes de aquellas ondas de radio se situaron fuera de la Vía Láctea. Se habían observado más fuentes de ondas de radio débiles que intensas, de donde se deducía que había más fuentes lejanas que cercanas. Esto contradecía la SST. Luego, con el descubrimiento de la radiación de fondo de microondas en 1965 por Arno Penzias y Robert Wilson, la cual indicaba que el universo había sido más denso en el pasado, la STT quedó abandonada por completo. Penzias y Wilson recibieron el Premio Nobel de Física en 1978 por este descubrimiento.
A través de las entrevistas el lector obtiene una impresión viva y casi auténtica de los problemas que afrontó esta primera generación de los cosmólogos. Aunque las entrevistas son puramente ficticias, producto de la imaginación del autor, el contenido de los textos se basan en una cantidad ingente de información ejemplarmente señaladas en el capítulo de referencias. Argumentaciones basadas sólidamente en hechos históricos y complementadas con cuidadosas anotaciones y referencias a la literatura de la época. De esta manera el libro cumple a la perfección la función para la que fue diseñada: servir de puente entre la historia de la ciencia más erudita y la más divulgativa.

Para conocer nuestro futuro es indispensable comprender nuestro pasado. Helge Kragh sostiene y nos enseña que el SST aun estando equivocado, contribuyó de manera crucial al desarrollo de la cosmología moderna llevándola a ser lo que hoy es: Probablemente la disciplina científica más bella del mundo. ¿Queréis conocerla un poco mejor? Bucead en su pasado. Sumergiros en este libro.

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Los Románov, de Simon Sebag Montefiore

Los Romanov

Los RomanovDicen que la realidad siempre supera a la ficción. A menudo nos sorprenden con nuevas series televisivas y novelas que consiguen demostrarnos la cara más oscura del ser humano, introduciéndonos en universos donde la ambición, la traición, las ansias de poder, el asesinato y las conspiraciones conviven en un mismo lugar. Pero lo cierto es que hubo una dinastía que reunía todaes esas características y algunas más. Los Románov, que gobernaron Rusia durante más de trescientos años, podrían perfectamente encarnar su propio Juego de Tronos televisivo. Desde que el primero de todos ellos, el emperador Miguel, se coronase en 1613, una sucesión de zares y zarinas gobernó con mano de hierro durante más de tres siglos. Con grandes estadistas que acercaron cada vez más a Rusia a la cultura europea como Pedro el Grande o Catalina II, o figuras oscuras y tiránicas que hundieron el prestigio de la dinastía en el abismo más oscuro, como Ana Ivanova o Pablo I, esta dinastía pervivió hasta los días de la Revolución rusa, sobreviviendo a mil diatribas. Eso es precisamente lo que se nos presenta en el libro Los Románov que editorial Crítica acaba de publicar en español.

Apasionado de la historia rusa, y autor veterano de otras obras famosas que le han proporcionado ya prestigio internacional, Simon Sebab Montefiore ambicionaba presentar un libro capaz de aglutinar la historia de los Románov, sin caer en un manual histórico, aburrido y repleto de datos. Después de pasar años descubriendo la historia y la cultura de ese fascinante país, Montefiore se imbuyó de los estudios referencia y se adentró en los grandes archivos históricos, presentándonos un relato cargado de rigor histórico, bien documentado y con espíritu crítico. Pero todo ello sin privar a su obra de una escritura amena y excitante, como si de una novela se trataba. De hecho, sus más de seiscientas páginas se leen con gran agilidad, hasta el punto de que se hace realmente difícil detener su lectura.

Para dotar a su relato de mayor atractivo y fuerza, el autor ha diseñado la trama como si de una obra teatral se tratase. Al inicio de cada capítulo se nos presenta un reparto de personajes, con sus protagonistas en la figura de los zares y zarinas, y sus personajes secundarios encarnando todos los elementos que constituían la Corte rusa. Asimismo, Montefiore nos traslada a los grandes escenarios de los Románov: deslumbrantes palacios como Peterhof, terribles prisiones y campos de batalla.

Ambientando el relato cronológicamente, el autor comienza con los inicios de la dinastía. Para tal fin, nos sitúa en la convulsa Rusia heredada de Iván el Terrible, en un momento en que la corona imperial estaba bañada en sangre y los Románov eran solamente una más de las grandes familias rusas que aspiraban a sentarse en un trono prácticamente vacío. Así, el autor nos demuestra cómo los Románov asentaron todo su poder valiéndose de una incuestionada autoridad, un supuesto derecho divino y una política cimentada en el terror. Es aquí donde se dan cita personajes fascinantes, que tuvieron un papel de renombre en la historia rusa: Pedro el Grande, la inteligente Catalina II, la despiadada Ana Ivanova, el desquiciado Pablo I, Potiemkin, el oscuro Rasputín… En esencia, una variada gama de personajes que reúnen todos los tintes necesarios para la mejor de las novelas. Llegamos así hasta al siglo XX, en un momento en el que, después de tres siglos de un poder incuestionado, las brumas de nuevos tiempos traían el cambio. Y una dinastía que se había mantenido en el trono sin interrupciones, se vio de pronto impotente ante los ecos de la famosa Revolución de febrero de 1917, que en tan sólo cinco días destruyó la autocracia rusa y arrebató su corona a los zares.

Sin lugar a dudas, son muchas las razones por las que Los Románov es una obra fundamental. En primer lugar, son muy pocas las obras sobre Rusia traducidas al español. Al mismo tiempo, destaca el hecho de que no se trata de uno más de los manuales de Historia que podemos consultar. Todo lo contrario, el autor ha perseguido potenciar una historia divulgativa y fácilmente accesible al público interesado en general. Es por esto que cada una de sus páginas nos atrapa hasta el punto de transportarnos a un mundo fascinante a la par que oscuro, donde la ambición, la crueldad y la tiranía se entremezclan con la magnanimidad, el deber y el buen gobierno, en una Rusia contradictoria y atrapada entre dos continentes.

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SPQR, de Mary Beard

SPQR

SPQRInnovar a la hora de escribir sobre la historia de Roma no parece una tarea fácil teniendo en cuenta todo lo que se ha escrito acerca de aquella pequeña aldea que llegó a convertirse en la dueña del mundo; atrapar a un lector que ya ha leído sobre su mítica fundación, sus Reyes, su época republicana o sus grandes emperadores, ciertamente no parece algo sencillo. Podríamos afirmar, sin ponernos colorados, que, sobre Roma, todo está dicho. ¿O no? Puede que todo ya esté dicho, es verdad, sobre todo si escuchamos y leemos a aquellos autores que no salen de la rueda de lo oficialmente dictado, si continuamos buscando respuestas diferentes en autores que se aferran a la manía de preguntarse lo ya preguntado, si pasan ante nosotros aquellas páginas que insisten en no cuestionarse nada y dar por sentado que Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía…

Por suerte existen escritores que, teniendo la posibilidad de hacerla fácil y seguir ganando dinero contando historias ya contadas, deciden publicar libros que optan por cuestionar todo aquello que muchos dan por seguro.

Mary Beard, catedrática de Clásicas en el Newnham College, Cambridge, editora en The Times Literary Supplement y miembro de la Academia Británica y de la Academia Americana de Artes y Ciencias, además de la flamante ganadora del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es un claro ejemplo de escritora disconforme con la verdad recibida y en SPQR (Senātus Populusque Rōmānus) así lo demuestra.

Si bien es verdad que su libro se adapta a la tradicional estructura cronológica a la hora de contar la historia romana, desde sus inicios hasta el día en que el emperador Caracalla decide otorgar la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio, esa es la única parte del libro en el que la autora sigue la línea general, ya que SPQR decide centrar su atención en los olvidados de la historia: los esclavos, las mujeres, los campesinos… pero también en el estado romano en sí, en cómo los romanos se pensaban a sí mismo, en cómo eran vistos por los otros, en cómo resolvían sus problemas o en cómo imaginaban el mundo en el que vivían… sin dejar de resaltar un punto clave: la historia de Roma es la que nos contaron los ganadores, los poderosos, la élite, aquellos que lograron borrar las huellas de todo lo que no debía saberse en el futuro, aquellos que, como hoy, intentan que la verdad oficial triunfe y el futuro crea que invaden países por afán de democracia, cuando, como pensaban los britanos de aquellos romanos, «crean desolación y lo llaman paz».

Así es como, a lo largo de más de 600 páginas que se leen de un tirón, Mary Beard nos cuenta la historia romana sin dejar de cuestionar todo, incluso lo que damos por sentado: ¿fue tan malo Calígula y tan bueno Claudio? ¿Roma atacaba e invadía países débiles o formaba parte de un mundo en el que todos eran violentos y poderosos? ¿Era Grecia la culta y democrática y Roma la hermana bruta? ¿Y qué tal si tanto la fundación como la historia de los reyes romanos, desde Rómulo hasta Tarquinio el Soberbio, fuese todo un invento?

Particularmente, esperaba encontrarme con más información sobre el gobierno de Trajano (el emperador romano que más me apasiona) y en principio me sorprendí con las “pocas” páginas que la autora le dedica a los famosos emperadores, pero, como vengo comentando, esa pequeña desilusión dejó de ser un problema cuando comprendí que en SPQR se hablaría de todo, sí, pero profundizando en aquellos lugares menos analizados. Hoy puedo decir que sé mucho más sobre la historia romana, pero sobre todo de aquellas partes de su historia menos conocidas.

Dice por ahí un tópico que todos los caminos conducen a Roma. SPQR también conduce a Roma, pero por un camino alternativo que vale la pena transitar.

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La primera revolución europea, c. 970-1215, de Robert I. Moore

La primera revolución europea, c. 970-1215

La primera revolución europea, c. 970-1215“La memoria del pasado no debe paralizar el presente, sino ayudarle a que sea distinto en la fidelidad, y nuevo en el progreso”. Con esta contundente frase, localizada en el prefacio escrito por Jacques Le Goff, uno de los referentes imprescindibles de la historiografía medieval, comienza su discurso Robert I. Moore. Esta firma ya nos asegura que tenemos entre manos un libro serio y de calidad.

Qué es Europa y cómo y cuándo se formó son preguntas que ya se hizo el mismo Jacques LeGoff en ¿Nació Europa en la Edad Media? –que seguramente todo estudiante de Historia recordará-, y que ahora Moore retoma con suma brillantez, centrándose en un periodo y en un territorio muy concreto: el noroeste de Europa en los siglos XI y XII. Han sido muchos los medievalistas que han debatido sobre esta cuestión, y Moore es consciente de ello, aunque su intención a lo largo de la obra es “mostrar la evolución de Europa con sus indudables ventajas, sin disimular por ello las dificultades heredadas”. Durante los siglos medievales, los europeos tuvieron el convencimiento de ser los herederos de las civilizaciones clásicas de la cuenca mediterránea. Y, por lo tanto, el producto de la mezcla entre lo racional y lo humanístico de Grecia y Roma, y del componente espiritual y moral de la tradición judeocristiana. Moore no niega la influencia del mundo clásico en la Europa medieval. Sin embargo, a su modo de ver, la idea de Europa como tal nace precisamente como consecuencia de los importantes cambios que se produjeron durante el cambio de milenio en el noroeste europeo, sobre todo la parte franca. Transformaciones que, nos muestra el autor, se tradujeron en cambios profundos en la organización política y económica del campo y en las relaciones sociales, donde la ciudad tuvo un papel fundamental. Es precisamente aquí verdaderamente donde hace su aparición la idea de Europa.

A diferencia del libro de LeGoff, esta obra se centra en temas mucho más concretos, ordenados en cinco grandes apartados:

En el primero, el autor trata sobre la “Paz de Dios”. Durante muchos años, en épocas de miedo y violencia, la paz había sido una prerrogativa del rey, es decir, él era el único que la podía impartir. Sin embargo, en estos siglos la paz empieza a ser administrada por la Iglesia, a través de concilios y la creación de nuevas órdenes religiosas, que implantarán un nuevo modelo de comportamiento. Los vicios heredados de épocas pasadas empezarán a ser perseguidos, y se prohibirá, entre otros, la simonía (venta y compra de lo espiritual por medio de bienes materiales) y el nicolaismo (el matrimonio entre los clérigos), creando las bases de una moral severa que imperará en los siguientes siglos. Movimiento reformador que será aprovechado por los grandes del reino, es decir los nobles, y en el marco de un nuevo orden, para reafirmar una autoridad perdida siglos atrás.

En el segundo, asistimos a uno de los elementos más importantes en el nuevo contexto histórico surgido con dichos cambios: la tierra, o mejor dicho su posesión. Anteriormente la vida diaria, la economía y el poder se habían sustentado en el botín de guerra, pero ahora la tierra se erige como núcleo indispensable. Sin embargo, esta nueva situación degeneró en no pocos conflictos entre los poderosos y los pequeños campesinos. Y entre el hijo primogénito y el resto de hermanos, que se verán apartados de las grandes herencias y obligados a la búsqueda de nuevos recursos para salvaguardar un porvenir. Estas segundas luchas son tratadas en el apartado tercero, donde asistimos a la creación de las grandes dinastías familiares, que gobernaran el continente en los siglos posteriores.

Por otro lado, en la cuarta sección Moore trata la cultura dominante y lo importante que llegó a ser  la creación de profesionales (dentro de la élite social) para un aparato administrativo cada vez más complejo. El desarrollo de la vida cortesana y, con ella, sus estrictas reglas y protocolos, que debían seguir los cortesanos para “sobrevivir” en ella.

Ya en el último gran apartado, el autor describe el resultado de esos cambios y, por consiguiente, el triunfo de un nuevo orden que caracterizará el resto de la Baja Edad Media. Un nuevo mundo cuyo modelo se exportará al resto de territorios y monarquías del occidente europeo.

Debe, finalmente, quedar constancia de que se trata de un libro preferentemente destinado a especialistas y estudiantes de Historia, pues Moore da ya por hecho que el lector conoce en mayor o menor medida la historia de la Edad Media europea. Teniendo en cuenta esto, es algo aconsejable un conocimiento previo si lo que uno quiere es mantener el hilo ante un auténtico enjambre de nombres, dinastías y lugares por los que va navegando el autor; así como el uso de un lenguaje bastante técnico.

De lo que no hay duda es que su narrativa te sumerge en un mundo absolutamente fascinante lleno disputas, guerras, conflictos sociales y abusos de poder. Asimismo, Moore te transporta a la siempre peligrosa corte, donde en aquel momento se gestaba un nuevo género literario, que iba a tener una enorme trascendencia: el amor cortés y la leyenda de Arturo, como el arquetipo de caballero medieval.

Se trata de una Europa de luces y sombras, de un mundo oscuro y brutal, pero que a la vez se va abriendo camino poco a poco hacia la luz y los elementos se componen para llegar hasta lo que hoy es Europa.

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Mauthausen, de Ignacio Mata Maeso

MauthausenSoy de la opinión de que todos los medios de comunicación de todo el mundo civilizado deberían publicar todos los días artículos y reportajes sobre lo que pasó en la etapa más negra, vergonzante y dolorosa de Europa y de todo Occidente: la oscura noche del nazismo, que llevó a la Segunda Guerra Mundial y que fue causante de la muerte de millones de personas, así como del sufrimiento de otros varios millones de ellas. Pronto no quedará ningún superviviente vivo, pero, afortunadamente, quedarán sus testimonios grabados y escritos. Uno de ellos es este libro, Mauthausen, que hoy comentamos.

A pesar de que el título del libro, Mauthausen -un nombre propio que se ha convertido, junto con Auschwitz, Dachau o Treblinka, entre otros, en sinónimo de horror-, dé pie a pensar en un libro de historia -la historia del campo de concentración al que dio nombre ese topónimo-, en realidad estamos ante un libro biográfico, ante el relato de una historia individual, contada en primera persona, vicariamente, por Alfonso Maeso, un español que combatió en la Guerra Civil española, se exilió a Francia y acabó yendo a parar a un campo de concentración del régimen nazi, donde, milagrosamente, sobrevivió durante los cinco años que duró su estadía forzosa allí -hasta la liberación del campo por los norteamericanos- y vivió muchos años más para contarlo.

Mauthausen es, pues, en realidad, la historia de uno de los presos allí confinados. No encontraremos aquí más datos historiográficos que los estrictamente necesarios para ubicar al lector; no se mencionan antecedentes, devenires, conclusiones, cifras -nunca unas frías cifras fueron más aterradoras que las de las víctimas de los campos de concentración-; no se nos recuerdan los nombres de la jerarquía de perpetradores, ni lo que fue de ellos… La única pincelada de historia es un breve recordatorio de la Guerra Civil española -puesto que el protagonista participó en ella-, de la suerte que muchos republicanos españoles corrieron en los campos de refugiados de Francia, y de la época posbélica, también centrada en el destino de muchos españoles que se quedaron en Francia, así como algunos apuntes -siempre pasados por el potente tamiz de la experiencia subjetiva- sobre el régimen franquista y su destino. Se supone que el lector conoce lo bastante sobre la Europa de la época -no hace falta tener un conocimiento exhaustivo- para situar la historia en su contexto.

El preso en cuestión es Alfonso Maeso, nacido en una familia de bastante buena posición caída en desgracia a raíz del ascenso del franquismo. Es a él a quien Ignacio Mata, su nieto, da voz en estas páginas, relatándonos su periplo en primera persona y, según cuenta el propio Mata, con el visto bueno del protagonista, justo antes de fallecer. Es gracias a él como podemos asomarnos a una parte poco conocida de la poliédrica historia de historias que es la negra etapa del régimen nazi: la de los españoles que permanecieron confinados en campos de exterminio nazis. Se nos cuenta el ingreso de Maeso en el campo austríaco de Mauthausen, un sucinto pero rico relato de sus cinco años allí, y la vida que llevó posteriormente.

La parte más potente y a la que alude el título del libro, y aquella que seguramente más interesará al lector, es la que resume la prisión en Mauthausen, sus condiciones de vida inhumanas, estampas de la gente que allí conoció o de brutalidades, torturas y asesinatos que presenció y que jamás pudo olvidar y cómo pudo sobrevivir al cautiverio, a los trabajos forzados, a las condiciones climatológicas adversas, a la falta de alimento y a la indignidad, así como a la violencia de vivir en una tensión insoportable, sabiendo que su vida dependía del capricho de sus custodios. Es esta parte del libro la que condensa más emoción, la que atesora las descripciones más logradas, las escenas más terribles. Estos fragmentos en particular, pese a parecernos ya vistos en cientos de películas y libros, tanto de historia como de ficción basada en hechos reales, se deben seguir contando y se deben seguir exponiendo a gente de todas las edades, toda vez que son precisamente las historias individuales las que hacen que la historia general se adhiera a nuestra memoria y a nuestras tripas y adquiera una textura más real, más cercana y más indeleble. Por eso sigue siendo pertinente y necesario recordar las historias personales de los supervivientes y de los que fueron muertos sin llegar a gozar otra vez de libertad; sigue siendo necesario contar las vidas y luchas de personas con nombres y apellidos. No eran “las víctimas del nazismo”, ni siquiera “los judíos”, “los rusos”, “los contrarios al régimen nazi”, “los presos políticos”, “los republicanos”, sino hombres, mujeres y niños con nombre y apellido. Es ésa la fuerza que tiene, por ejemplo, el diario de Anna Frank. La historia que cuenta Anna Frank, así como la que cuenta Alfonso Maeso de boca y mano de su nieto, no es exhaustiva, no ofrece todo tipo de detalles sobre el qué, el cómo y el por qué, pero tiene el poder indiscutible del Yo: Yo estuve allí, yo lo viví. Porque, si les pasó a ellos, ¿por qué no a nosotros, que somos como ellos?

Otro aspecto positivo de Mauthausen es la admirable fe en la humanidad que a través de la narración nos traslada Alfonso Maeso. A pesar de todo, se declara creyente en la bondad humana o, mejor dicho, valedor de la bondad humana, porque él la vio y la vivió. De hecho, si sobrevivió, ello se debió, en parte, según su testimonio, a que la buena suerte lo acompañó siempre, pero también a los actos de nobleza, generosidad y humanidad de los que fue beneficiario, tanto por parte de otros presos como de algunos mandos intermedios. Ello contrasta con la pérdida de fe en la humanidad que sufrieron otros supervivientes, como Siegfried Meir, el famoso niño judío hecho pasar por español por uno de los más conocidos reclusos de Mauthausen, el futbolista Saturnino Navazo, en un lance que halla eco también en este libro. Meir, en una entrevista reciente, declaraba sentirse incapaz de creer en la raza humana. Pues bien, justo el contrario es el caso de Maeso. Y si alguien que sufrió en carne propia la represión nazi se declara devoto de la humanidad, la mayoría de la gente no tiene motivos para no compartir ese hermoso sentimiento.

Así pues, Mauthausen es un libro sencillo, fácil de leer en cuanto a estilo y lenguaje, con escenas duras, como no podía ser de otro modo, pero cuya ausencia restaría veracidad y sinceridad al mensaje.

Sólo tengo un pero que ponerle, pero es uno que considero lo bastante importante para mencionarlo aquí, y es la identificación, a mi modo de ver poco afortunada, que hace el autor del libro entre “lo que significan” las páginas del libro y el periodista Jordi Évole, quien prologa el libro y es, además, compañero del autor en Atresmedia. Sea cual sea la ideología política y las simpatías de cada cual, no parece aventurado afirmar que es muy forzado y hace flaco favor al significado de esas páginas atribuirle a Évole un papel tan elevado y un simbolismo moral tan universal.

No. La historia de las víctimas del nazismo no pertenece a periodistas, medios, siglas políticas, ideologías, partidos ni gobiernos de ningún tipo. No pertenece a movimientos sociales, plataformas, banderas ni intereses mundanos que separen, clasifiquen, categoricen y dividan a las personas. La historia de esas víctimas pertenece a la humanidad, a los hombres y mujeres de bien, que, por serlo, lo son por encima de sus diferencias de pensamiento y de adscripciones políticas, religiosas, ideológicas, nacionales, de credo o de raza, de nivel social o cultural. Pretender otra cosa es traicionar su legado y revela no haber aprendido la lección de aquella historia.

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Descenso a los infiernos

descenso a los infiernos

Descenso a los infiernos, de Ian Kershaw

descenso a los infiernosAcabo de cerrar el libro y todo está más claro en mi cabeza. La historia de Europa entre 1914 y 1949 está mucho mejor organizada y cronológicamente detallada, pero además, ahora poseo argumentos sólidos y no seguiré andando por ahí repitiendo fragmentos e ideas poco elaboradas. Este convulso período mundial abarca tantos temas que necesitaba a alguien interesante que me rescatara un poco de la ignorancia general. Por suerte se me dio por leer Descenso a los infiernos, de Ian Kershaw, y se hizo la luz. Benditos los libros que nos alumbran con su claridad.

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El Universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking

 

universoStephen Hawking es una persona absolutamente fuera de serie. Y no por tener una de las mentes más brillantes que ha dado la Ciencia después de Einstein, ni por luchar contra una enfermedad degenerativa que debía haberle llevado ya a “cruzar la última puerta” que diría Abercrombie sino porque, con todo lo que lleva a sus maltrechas espaldas, una de sus principales preocupaciones a lo largo de los últimos años ha sido divulgar la ciencia. Este cosmólogo, físico teórico, astrofísico, divulgador científico, ocupante de la Cátedra Lucasian de Cambridge hasta que se jubiló en 2009 (la cual ocupó en su día el mismísimo Sir Isaac Newton) , miembro de la Real Sociedad de Londres, miembro de un montón de Academias de Ciencias de diversos países, Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias, y un largo etcétera sobre el que luego volveremos, ha sido capaz de meter su libro “Breve historia del tiempo” en la lista de Best Sellers del The Sunday Times durante 237 semanas. Es por este motivo por el que “El universo en una cáscara de nuez”, provocó tanta expectación en su publicación en 2001 y en su reedición actual. Un libro precioso, bien escrito, bien editado, ameno, con unas ilustraciones que hacen las delicias de los mas doctos en la materia que, como toda la obra de divulgación de Hawking procura dar una breve descripción del camino que se está recorriendo en busca de la Teoría del Todo.

Como no puede ser de otra forma, estas obras comienzan con una aproximación somera a la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Se han escrito miles de libros acerca de la que es, a mi parecer, la teoría científica más bella de la historia. La más bella que ha habido y la más bella que nunca habrá. La originalidad de esta teoría radica en que, intentando siempre que la teoría se adaptara a la observación, Einstein consiguió relacionar el “espacio” y el “tiempo” definiéndolos como una única entidad que llamó “espacio-tiempo” la cual se deformaba en presencia cualquier masa o energía, haciendo así aparecer a la gravedad. Sencillamente brillante. Sigue leyendo El Universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking

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Vivos en el averno nazi

vivos

Vivos en el averno nazi, de Montserrat Llor

vivosHablamos, lo hacemos y nuestras lenguas acaban agotadas, por el tiempo que ha pasado, por las vidas que hemos vivido mientras narrábamos el pasado, y sobre todo, por la falta de saliva al contar el horror que, en ocasiones, se vive. Si cerráramos los ojos, si los cerráramos un solo instante, quizá pudiéramos observar – paradojas de la vida – como nuestra vida ha sido diferente de lo que fue, de lo que sentimos, de lo que vivimos, inventando otras historias que, como en un cuento que termina en su final feliz, nos son más benévolas. Ser los protagonistas de nuestra vida tiene lo peor y lo mejor de, precisamente, vivir. Seguir, caminar, recordar a los que ya no están, o que están pero en realidad se han ido, invadidos por ese aura de pesadumbre que llenan los minutos que anteceden a la noche, o quizás los que, cuando nos despertamos, se filtran por las rendijas de las persianas. Vivos en el averno nazi es un libro, pero en realidad también es una conversación, es muchas conversaciones a través del tiempo, a través de las letras que se unen y forman un monólogo, un recuerdo, una Historia, la que se escribe con mayúscula y nunca pierde la dureza de la tinta al escribirla con, me temo, sangre propia. Porque aquí estamos ante un relato superviviente, ante una narración, un cuento real que supera a la ficción, un tremendo testimonio de cómo el horror puede no vencer, al menos en parte, a todas las batallas con las que combatimos a diario. Porque cuando echamos la vista atrás, cuando nuestro pasado está revuelto por el odio y la barbarie, sólo queda escuchar, en silencio, mientras intentamos que una pequeña lágrima no caiga o, mejor aún, que ruede por las mejillas, lavando todos esos pesares que agonizan en ese momento, en esa lágrima, para convertirnos, por fin, en alguien diferente.

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