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Breve historia de Gengis Kan, de Borja Pelegero Alcaide

Breve historia de Gengis Kan

Breve historia de Gengis KanA diferencia del mundo actual, en el que el planeta tiende a dividirse cada vez en más países (por conflictos políticos, pedidos de independencia o conflictos culturales) el pasado histórico nos permite rememorar la época de los grandes imperios, y entonces nos encontramos con Imperio Romano en la época de Trajano, que, desde el Atlántico en el Oeste al Golfo Pérsico al Este, tenía una extensión de 6,5 millones de kilómetros cuadrados, o aún mucho más grandes, con los Imperios Chino Qing (14,7) o Ruso (23,7 km2), pero pocos tenemos tanto conocimiento acerca del más extenso de todos los imperios que hayan existido: El mongol. Y quien llevó a este Imperio a su máxima extensión fue su caudillo nómada, Gengis Kan, principal figura de este libro que aquí reseñamos.

A lo largo de poco más de 200 páginas, Borja Pelegero Alcaide (Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona) nos ofrece una visión global acerca de la vida y obra Gengis Kan, pero antes de meterse de lleno en su vida, prepara el terreno para que al momento de la entrada en escena del personaje principal, los lectores puedan tener un conciso pero esclarecedor panorama de la coyuntura en la que Gengis Kan aparece; por eso mismo, al comienzo del libro podremos aprender sobre el origen de los pueblos nómadas, sus costumbres, armamentos, estilos de batalla y etnias existentes, además de prestarle suma atención a la relación entre los pueblos nómadas y sedentarios y los conflictos latentes con la vecina China; seguramente muchos lo saben, pero siempre es bueno recordar que era tal el poder de los diversos pueblos nómadas, que la China milenaria, para contenerlos, tuvo que construir la famosa Muralla.

Cronológicamente, el líder militar comenzará a ser parte del libro con un breve recurrido por su dura infancia, cuando aún se llamaba Temujín (Gengis Kan es un título que obtuvo luego) y debió sufrir la muerte de su padre y un secuestro, pasando por su adolescencia en la que comenzó a irradiar con su carisma, hasta llegar a convertirse en el líder militar que a lo largo de su vida uniría a todas las etnias nómadas para, mediante sangrientas matanzas y conquistar, conformar el más grande imperio de la historia.

Las más famosas de sus conquistas están narradas detalladamente (admito que esta parte del libro se me hizo un poco pesada, pero hará las delicias de los amantes de las batallas militares) y cabe destacar la importancia de Gengis Kan en los numerosos triunfos, no solo por su liderazgo en el campo de batalla, sino sobre todo por sus reformas internas y la disciplina que inculcó en sus tropas.

El capítulo final de Breve historia de Gengis Kan resulta de lo más interesante, ya que el autor hace un resumen equilibrado de los aspectos positivos y negativos de Gengis Kan, destacando su carisma, organización y justicia con los que lo ayudaron, pero también el lado sangriento de sus conquistas visto desde los parámetros humanistas actuales.

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Breve historia del Rey Arturo, de Christopher Hibbert

Breve historia del rey arturo

Breve historia del rey arturoEl plus que tiene leer, viviendo en Europa, es que las historias que uno disfruta y aprende, luego pueden ser visitadas. 27 años viviendo en Argentina y leyendo tanto, hicieron que acumulara cientos de lugares a mi lista de destinos a conocer in situ y así pude disfrutar de Roma y su Foro, donde imaginé las idas y vueltas de la política en plena calle, o su imponente Coliseo, en el que no fue difícil volver a ver a los gladiadores dejándose la vida en la arena; así, también, pude caminar por Sevilla y estar a escasos metros del sitio en el que alguna vez estuvo detenido el hombre que escribió El Quijote, o ver la Torre Eiffel sin dejar de pensar que en ese mismo lugar en el que me sacaba fotos con mis padres, alguna vez estuvo un Hitler sonriente posando para las cámaras tras invadir la capital francesa; y por supuesto, en medio de una emoción profunda, caminé por el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, en medio de una nevada, sin dejar de comprender el dolor de aquellas pobres víctimas del holocausto. Y así, podría mencionar muchos otros lugares. Es que leer es un vicio sano que, en lugar de enfermar la mente y el cuerpo, lo abre en pos de nuevas experiencias y gracias a los vuelos low cost uno no puede menos que seguir leyendo y viajando. Mi próximo viaje, sin lugar a dudas, me llevará a conocer las antiguas tierras del mítico y real Rey Arturo.

Todos alguna vez escuchamos hablar del Rey Arturo, su famosa espada y, claro está, su mesa redonda, donde los caballeros medievales se sentaban para debatir sobre los asuntos importantes del reino. Yo era uno de los tantos que escuchamos y leímos sus épicos relatos, pero, tal vez como muchos otros, llegó el día en que me pregunté cuánto había de verdad y cuánto de mito en la historia del Rey Arturo; y buscando libros interesantes para saciar mis dudas, me encontré con la colección “Breve historia” de la editorial Nowtilus y específicamente con Breve historia del Rey Arturo de Christopher Hibbert

Bajo una excelente edición, maquetación y contenido, que incluye fotografías que ayudan a seguir la historia, el autor desmenuza la vida y obra del Rey Arturo alternando capítulos en los que se encarga del personaje mitológico y capítulos en los que se intenta poner de manifiesto al personaje real, pese a que muchas veces la delgada línea entre realidad y ficción resulta casi imposible de separar.

Me resultó interesante descubrir que la construcción del personaje mitológico del Rey Arturo, aquél monarca idealizado, tuvo más que ver con la necesidad inglesa de poseer alguien importante y perfecto en el que cimentar su historia y al mismo tiempo a través del cual superar la etapa romana en la isla y resaltar el valor y la resistencia de los pueblos abandonados ante el posterior avance e invasión de los anglos y sajones; muchas fuentes indican que el Arturo real podría haber sido un jefe guerrero que utilizó tácticas romanas para resistir largo tiempo el sin embargo inevitable triunfo sajón.

Para confirmar al Arturo real, bastante alejado del mitológico, el autor detalla todas y cada una de las menciones directas o indirectas (textos históricos, excavaciones arqueológicas) existentes y a través de ellos, ya en el final del libro, logra conformar una más que aceptable biografía del Arturo real. No obstante, Breve historia del Rey Arturo no deja de lado al Arturo más famoso, el mitológico, y a todo su mundo, ese que incluye no solo al Rey Arturo, sino también a su mítica espada Excalibur, al Mago Merlín, a los Caballeros de la Mesa Redonda, los torneos y por supuesto al reino de Camelot. Christopher Hibbert, detalla, además, los lugares actuales de Inglaterra en los que según los estudios arqueológicos, podrían ubicarse los lugares famosos de la mitología artúrica, como por ejemplo Camelot, que se asocia con el castillo de Cadbury, en Somerset.

Y como vivo en Inglaterra y el viajar es un placer, allá iré, a seguir los pasos del mítico y real Rey Arturo, “el único y futuro Rey”

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Porcia, la esposa de Bruto, de Adelheid Van Beuningen

Porcia, la esposa de Bruto

Porcia, la esposa de BrutoDurante la última visita que hice a Roma, ese museo al aire libre que uno no puede dejar de disfrutar, bajé al Foro y visité el Ara de César, el lugar exacto en el que el líder militar y político romano fue incinerado luego de su asesinato en los Idus de Marzo. Estar presente allí, hacía que mi mente se trasladara al instante a las miles de imágenes que series y libros me habían regalado a lo largo de tantos años de lectura sobre ese fabuloso periodo histórico: El complot y la posterior Guerra Civil que marcó el tránsito de la Republica al Imperio en Roma.

Teniendo en cuenta que sobre el magnicidio de Julio César ya se escribió todo lo que se puede escribir, y por ende la originalidad es difícil de conseguir, siempre es interesante buscar al menos diversos puntos de vista sobre tan famoso suceso; y ahí aparece, como una digna alternativa, Porcia, la esposa de Bruto, de Adelheid Van Beuningen.

La que fuera hija de Catón El Joven, es hoy sin embargo más conocida por haber sido la segunda esposa de Marco Junio Bruto, quien siempre será recordado como el principal protagonista del asesinato de Julio César. Porcia, en este libro, se encuentra al borde de la muerte, pero decide previamente, a través de un formato de diario íntimo, rememorar cómo vivió personalmente aquel asesinato histórico, lo que permite al lector actual observar un nuevo punto de vista de aquellas trágicas jornadas.

Así, capítulo a capítulo, Porcia, a quien se presenta como una mujer con personalidad que sin embargo lucha constantemente entre el amor a su esposo y los valores republicanos que le inculcó su padre, va detallando y novelando cronológicamente el proceso conspiratorio contra César, desde los primeros e intrigantes indicios de complot, pasando por las nocturnas negociaciones de su marido con otros miembros destacados, sin dejar de relatar sus interesantes diálogos con las esposas de Casio y el mismísimo Julio César o el ambiente que se vivía tanto en el Senado como en las calles de Roma y la creciente sensación de que algo grande iba a ocurrir.

Narrada en primera persona, la figura principal de Porcia toma relevancia por tratarse tal vez de la única mujer en estar al tanto de la conspiración para asesinar a César; el período que ocupa su diario íntimo, y por ende la novela, abarca desde los meses posteriores al magnicidio, detallando claramente el 15 de marzo, día del asesinato, para culminar con las consecuencias de este histórico momento y la aparición con fuerza de personajes históricos como Marco Antonio, cicerón o Augusto, que a la postre se convertiría en el primer emperador de Roma.

Como dijimos anteriormente, la novela no es original, porque los acontecimientos relatados son de sobra conocidos, pero sí resulta interesante tratar de comprender cómo vivía esos momentos, en el día a día, una mujer romana de elite y tan cercana a Bruto, el asesino principal, además de sus debates internos acerca de lo moralmente correcto de semejante decisión, poniendo como eje de discusión si el fin justifica los medios, si un asesinato en bien de la República es válido, si vale todo para detener a un hombre que, según ellos, se encaminaba a ese mundo que los romanos juraron no regresar, el de un Rey gobernando Roma.

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Cinco Esquinas, de Mario Vargas Llosa

Cinco Esquinas

Cinco EsquinasAl periodismo, también conocido como el Cuarto Poder, tal vez se lo debería rebautizar. En este mundo híper conectado, el poder de los medios de comunicación es tal que para bien o para mal, con buenas o malas intenciones, tumba gobiernos, desprestigia personas, sube y baja la bolsa de valores y, sobre todo, crea opinión y le da un producto listo para ser consumido y repetido a todos aquellos que toman la decisión de no pensar por propia cuenta. Más que Cuarto Poder, en muchas ocasiones el periodismo es El Poder.

El mismo autor de Cinco Esquinas, Mario Vargas Llosa, debió sufrir la persecución de la versión más pobre del periodismo (que tiene versiones muy dignas), la denominada prensa amarilla o del corazón, en relación con su nueva relación con Isabel Preysler, tras su separación. Y justamente el Premio Nobel de Literatura acabó de escribir su libro mientras la prensa se regocijaba con todas las historias personales relacionadas con su nueva situación sentimental.

Es que, en Cinco Esquinas, la prensa amarilla peruana de los años en los que la Dictadura de Alberto Fujimori gobernaba, juega un papel principal; y no porque Vargas Llosa haya querido crear una novela de color para evitar hablar de la Dictadura, sino todo lo contrario, porque la misma Dictadura fue original al utilizar a la prensa de sociales como arma para atacar, desprestigiar y hundir en los abismos a aquellas personas que no se mostraban afines al Poder impuesto.

Rolando Garro, periodista del semanario Destapes, aparece como uno de los principales personajes y a través de él podremos ver la influencia que genera en la sociedad el desprestigio (real o inventado) hacia diversas personas y cómo la prensa se deja sobornar por el poder en una relación sucia en las que ambos sectores salen beneficiados; uno porque vende más y el otro porque aísla a los adversarios políticos o a aquellos que aparecen como una piedra en el zapato de, en este caso, la Dictadura reinante.

Alberto Fujimori, presidente de Perú en aquél entonces, aparece como uno de los protagonistas secundarios, aunque el que más presencia tiene es el que por aquél entonces era su asesor del Servicio de Inteligencia Nacional, Vladimiro Montesinos Torres, quien insólitamente, era la sombra detrás del poder y el que marcaba hasta los titulares de las exclusivas de “destapes” y quien dirigía y financiaba la edición, además de, por supuesto, marcar a dedo a quién o quienes debía desprestigiar la prensa. Y lo más increíble de todo, es que ocurrió de verdad.

Cinco Esquinas no es una novela compleja, sino todo lo contrario; sus 22 capítulos cortos se leen de forma amena y no requieren del esfuerzo mental que sí requerían sus novelas más famosas; es, hay que decirlo, una novela divertida, fácil y que nos mantendrá divertidos, pero no es ni de lejos una de sus obras maestras. Pero, como siempre ocurre con el escritor peruano, la estructura es sólida y hace que el resultado final sea el de una novela que cumple con su cometido. La historia de la Retaquita, una de las periodistas del semanario “Destapes” y la relación erótica entre dos mujeres (Marisa y Chabela), junto con el abanico de historias que demuestran las diferencias entre las clases sociales y los sufrimientos por los que deben pasar ambos sectores, son alicientes que, junto a la historia principal, hacen de cinco Esquinas una novela interesante.

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Pablo Escobar, In fraganti, de Juan Pablo Escobar

Pablo Escobar In Fraganti

Pablo Escobar In FragantiNo podemos elegir dónde ni como nacemos, ni cuáles serán nuestros familiares, pero es bueno saber que desde el primer momento en que tenemos uso de razón y la suficiente edad para ser independientes, podemos elegir qué hacer con todo aquello que el destino o las casualidades o los ADN hicieron de nosotros. A mí me tocó nacer en una ciudad de clase media baja en el oeste de la capital de Argentina, pero me podría haber tocado llegar al mundo en medio de África o bien al norte del mundo, allá por Noruega; después, mis elecciones (eso es lo que somos, nuestras elecciones) me llevaron al presente, ese que me tiene frente a un ordenador, en Inglaterra, tratando de escribir la reseña del libro de Juan Sebastián Marroquín Santos, más conocido como Juan Pablo Escobar, o aún más conocido como el hijo del que fuera el narcotraficante más buscado del mundo en los 80: Juan Pablo Escobar. Cambiar depende de nosotros, pero a veces la herencia que recibimos es tan grande que vale la pena conocer la historia de ese cambio.

Pablo Escobar, In fraganti es el segundo libro que escribe Juan Sebastián Marroquín; su debut literario fue con Pablo Escobar, mi padre, que vendió más de 150 mil ejemplares y en él se dedica a contar la historia del que fuera el número uno del Cartel de Medellín. En este nuevo libro, en cambio, siente que quedaron muchas historias que contar y agregar a las interminables vivencias de su padre y es así cómo comparte con nosotros , a lo largo de 13 capítulos, diversas anécdotas personales o vividas por otros junto al “Patrón”

Pese a haber contemplado in situ el terror de las narco-mafias, o tal vez justamente por eso mismo, Sebastián Marroquín se convirtió en pacifista y concretó así el diálogo, la reconciliación y el perdón con los hijos de las víctimas de la violencia ejercida por su padre en los años ochenta y noventa. Es por eso que desde que cambió su nombre y se fue a vivir a Argentina, donde la justicia lo absolvió de toda duda y no lo culpó por portación de apellido (“El hijo de”) se dedica a viajar por el mundo dando conferencias en las que aboga por la paz.

En Pablo Escobar, In fraganti, que se subtitula “Lo que mi padre nunca me contó”, Marroquín investiga la historia de su padre y de todo lo que causó en Colombia, más allá de lo que su padre alguna vez le había contado, sino sobre todo intentando descubrir aquello de lo que nunca había sospechado; es por eso que a lo largo de casi 250 páginas, podremos encontrar historias más que interesantes como “El rastro de Barry Seal”, “La ruta del tren” o un relato detallado de las últimas 72 horas de la vida de Pablo Escobar; Marroquín dialoga con una decena de personas que hasta ahora no habían querido dialogar con él y así se va enterando de detalles ocultos y nunca conocidos hasta ahora; unos de los capítulos, llamado “anecdotario” permite presenciar el poder del dinero a través de la historia en la que Sebastián Marroquín recuerda el momento en el que le pidió a su padre que le trajera a Michael Jackson a su fiesta de cumpleaños y “El patrón” consideró hacerlo, aunque también un posterior secuestro del famoso cantante y bailarín. Desopilante y atroz.

También vale destacar, en tiempos en los que las series y novelas sobre la vida de Pablo Escobar pululan, un capítulo dedicado a contar qué hay de verdad y qué de mentira en Narcos, una de las series más vistas del momento sobre la vida del histórico narcotraficante. La edición del libro, prolija, viene acompañada con una serie de fotografías de alto valor documental, que ayudan a “ver” las historias contadas.

Siempre es bueno seguir los ejemplos de los padres, pero hay casos, como este, en el que desobedecer la historia legada es la mejor opción posible, por el bien del mundo y de la paz.

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Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías

Mañana en la batalla piensa en mí

Mañana en la batalla piensa en míCada día que pasa estoy más seguro de algo: un buen libro es aquél que al terminarlo nos cuesta definirlo. Podemos contarle a alguien de qué va, pero ese resumen nunca será completo ¿Es Cien años de soledad la historia de una familia a lo largo de varias generaciones? Sí, pero no es solo eso y no es principalmente eso ¿Es El Quijote la historia de un loco caballero andante que sale a enderezar tuertos y deshacer agravios? Sí, pero no es solo eso y no es principalmente eso ¿Es, Mañana en la batalla piensa en mí la historia de un hombre que queda con su amante y tiene que lidiar con su sorpresiva muerte?

Sí, pero no es solo eso y no es principalmente eso.

Leer a Javier Marías es leer y escuchar y pensar en todo aquello que fue, pero más que nada en todo aquello que no fue. O que pudo ser.

Cuando Víctor Francés decidió aceptar la invitación que le hizo Marta Téllez (pasar la noche juntos), el abanico de pensamientos sobre lo que pasaría esa noche podría haber sido amplio, pero seguramente lo que jamás hubiera imaginado (ni él, ni nosotros en esa misma situación) es que su ahora amante moriría repentinamente instantes previos al encuentro amoroso. Nadie puede esperar que la muerte se presente en un momento como ese, que llegue con su daga en un momento inesperado y convierta la escena en algo absurdo se mire por donde se mire. Pero puede pasar, como tantas otras cosas que descartamos por la misma absurdidad o por no querer pensarlas, que es una manera de evadir un mundo en el que la muerte y la delgada línea que separa la vida de la no vida es más delgada de lo que pensamos y que podría ocurrir ahora mismo, mientras escribo esta reseña que entonces ya no será publicada, a no ser que mi mujer la vea inconclusa y decida homenajearme con su publicación.

Atrapado por semejante comienzo, el lector no podrá dejar de leer, pero el ritmo de Javier Marías no se lleva bien con la prisa y una buena novela, hay que decirlo, no es aquella a cuyo final deseamos llegar, sino todo lo contrario. Las grandes novelas tienen caminos, no finales.

Y aunque esta novela culmina, como todas, y de muy buena manera, el placer al leerla, al menos para mí, radicó en su contenido completo, en esas centenares de páginas en las que el estilo Marías se hace presente y que, cercano a Saramago, se compone de pensamientos, análisis, conjeturas y vueltas y revueltas por ese maravilloso mundo que es la mente humana y sus razonamientos ¿Cómo actuar ante una situación como la que le toca vivir a Víctor Francés? ¿Qué responsabilidad tiene uno ante un hecho como ese, la muerte de alguien a quien hace minutos apenas conocíamos? ¿Cómo afecta a cada uno de aquellos que conocían a la fallecida y cuanto de lo desconocido sale a la luz con la llegada de la oscuridad?

El mundo y las decisiones que vamos tomando segundo a segundo generan efectos y consecuencias en tal cantidad que abrumaría a aquel que se pusiera a pensar realmente en eso. Qué hubiera pasado sí, no dejan de preguntarse Víctor Francés y Javier Marías en cada una de las páginas de este hermoso libro. Qué hubiera pasado si él no hubiera aceptado la invitación, o si no se hubiera escapado del lugar de los hechos o si se hubiera quedado o si hubiera llamado al marido engañado, o si no lo hubiera hecho… Esos caminos sin explorar son los que marcan la línea de escritura de este fantástico escritor. Porque nuestras vidas, y así las contamos en las biografías escritas y no escritas, están compuestas por todo aquello que hicimos y todos estamos de acuerdo en pensar eso, cuando la realidad marca que detrás (o al lado) de todo lo que hicimos se encuentra todo lo que no hicimos, callamos, negamos, omitimos o queremos olvidar. Y también, acompañando, está todo aquello que podría haber sido en caso dé.

Leer a Javier Marías es como meterse en el cerebro de una persona para escuchar y transcribir todo lo que esa voz interior, que todos tenemos, tiene para decir. La otra voz, la que escuchan todos, es la menos interesante.

Cuando terminé de leer Mañana en la batalla piensa en mí, me costó definirlo. Y entonces supe que estaba ante un gran libro. Y que debía reseñarlo.

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Casi un objeto, de José Saramago

Casi un objeto

Casi un objetoEncontrar una voz propia, más que un estilo, debe ser una de las cosas más difíciles para un escritor. Por suerte (o, mejor dicho, por trabajo) muchos de ellos lo consiguen y por eso, a quienes leemos cotidianamente, no nos resulta difícil identificar a ciertos autores con solo leer sus libros, sin necesidad de nombres. Recuerdo que hace un tiempo, con el auge de Internet y las redes sociales, circuló un poema atribuido a Gabriel García Márquez, llamado “La marioneta” que gustó y mucho a los coleccionistas de frases de Paulo Cohelo; me recuerdo, en relación a ese texto, gritando de rabia y negando con la cabeza y aún recuerdo más la sorpresa de mi madre al verme tan enfadado en medio del patio trasero de casa, gritando a viva voz. Es que quienes leíamos al genio colombiano supimos al instante que aquél texto sobre una marioneta que se despedía de la vida JAMÁS lo hubiera escrito Gabo, no solo porque no era su estilo, ni las frases estaban compuestas con sus palabras, sino sobre todo porque al leerlo, la voz interna que nos llegaba al cerebro y al corazón no se parecía en nada a la del Nobel de Literatura. García Márquez, genio y figura, quien justo estaba en Estados Unidos bajo tratamiento por cáncer linfático, respondió con una de sus clásicas salidas: dijo que no se iba a morir de la enfermedad, sino porque le estaban adjudicando un poema tan cursi.

Saramago es otro de los grandes que tuvo, tiene y tendrá voz propia. Es leer cualquiera de sus novelas-ensayo y reconocer su estilo y su voz al instante. Ante esto, acercarse a Casi un objeto, un libro compuesto exclusivamente por cuentos, significaba un riesgo que, no obstante, asumí. Cinco minutos después, ese miedo se me había pasado y Saramago y su voz estaban allí, más presentes que nunca. A veces pienso que, si encontrara la lista de la compra que Pilar del Río y él hicieran en alguna tarde de Lanzarote, en ese papel también se vería su estilo y se escucharía su voz.

Pero vayamos al tema en cuestión: como dije anteriormente, Saramago también nos dejó cuentos y como la calidad supera las formas, éstos no tienen nada que envidiarles a sus magníficas novelas. Publicado en 1983, Casi un objeto está compuesto por seis cuentos de excelente calidad que dejarán ver el estilo Saramago a todos aquellos que se acerquen a un aspecto no tan conocido del genio portugués.

Si bien los seis cuentos (Silla, Embargo, Reflujo, Cosas, Centauro y Desquite) me gustaron mucho, particularmente quedé maravillado con Silla, Reflujo y Desquite, dignos ejemplos que vienen a demostrar que no es necesario escribir tanto como para hacerlo bien y que siempre será más válido un cuento que no lo diga todo, sino que deje al lector pensado o sacando sus propias conclusiones.

Silla, leído superficialmente (y Saramago nunca fue superficial) nos cuenta la historia de una carcoma que va royendo el interior de un asiento, que finalmente termina cayendo por la imposibilidad misma de mantenerse en pie, ante tanta presión interior; la cosa se pone interesante cuando comprendemos que quien se sienta en la silla es Salazar, dictador portugués, y que la silla que finalmente cae es ni más ni menos que su larga y horrible dictadura. El Saramago comprometido con el mundo que lo rodeaba se hace presente.

En Reflujo, un único cementerio va absorbiendo a todos los demás. Son tantas las muertes que se van acumulando que lo que se creía un cementerio central y controlado por un rey dictatorial, termina descontrolándose… es lo que pasa cuando desde un gobierno central y autoritario se intenta controlar todo, hasta la muerte, esa inevitable situación de la que nadie, ni el Rey, escapa y que nos iguala a todos.

Apenas dos páginas componen Desquite, uno de los cuentos más hermosos que leí en mi vida y que resume todo lo que tiene que tener un cuento; un chico se lanza a un río sabiendo que en la otra orilla lo espera una chica desnuda. ¿Eso es todo? Sí, pero no. Porque ese chico no solo busca llegar a la chica, sino, sobre todo, alcanzar el otro lado, cruzar ese río que separa literalmente su vida de este lado (dura, anclada en el tiempo) con el incierto pero atractivo porvenir que le ofrece una chica desnuda que, tal vez ni siquiera exista. Es ese arriesgarse al cambio que a veces tanto cuesta. Fabuloso.

Casi un objeto nos permite, bendito placer, sentarse a escuchar, una vez más, la siempre lúcida y filosófica voz de Saramago. Viva la buena literatura, en todas sus formas.

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La ligereza de la grava, de Ricardo Roces

La ligereza de la grava

La ligereza de la gravaComo hago cada vez que me dispongo a reseñar, agarro el libro en cuestión y lo coloco a mi lado y frente al ordenador; lo necesito allí, acompañándome en esa ardua y hermosa tarea de contarle a los lectores de Libros y literatura de qué va el libro, de intentar resumirlo en pocas líneas, de transmitirle a los internautas qué sensaciones particulares me dejó su lectura y por qué deberían, según mi visión fanática, salir corriendo a la librería a comprarlo. Un libro ya no es solo un libro tras leerlo y cuando lo vemos, muchos días después, al pasar, instalado en la biblioteca personal para su dulce reposo, el sólo hecho de observarlo ya nos dice algo: al instante nos envía un mensaje que resume lo que sentimos por él, lo que nos dejó. Pasas caminando y ojeas tu biblioteca y ves Cien años de soledad y enseguida lo asocias con una angustia linda y predestinada. Miras un poco más y el desasosiego se hace presente si observas el lomo de algún libro de Pessoa. La sangre y la lucha cotidiana de Roma empapa tu mente si aparece el nombre de Santiago Posteguillo.

Estoy seguro que cada vez que me encuentre con La ligereza de la grava, de Ricardo Roces, una carcajada saldrá de mi boca. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con un libro y como las risotadas son contagiosas, con toda la alegría del mundo no puedo menos que recomendarles la lectura de este hermoso libro.

Ricardo Roces, el autor, nació y vive en Barcelona y como él mismo anuncia en la contratapa del libro, lleva toda la vida escribiendo y a los cincuenta años ha decidido publicar su primera novela “para demostrar al mundo que aún puede convertirse en un escritor fracasado” En su sola presentación el autor deja ver por dónde van sus ideas, su estilo, su humor, su manera de ver el mundo.

La ligereza de la grava cuenta la historia de Anselmo Querat, un multimillonario (que a mí me hizo acordar a Amancio Ortega) que, cansado de su vida, decide quitarse la vida; instantes previos a lanzarse por un puente, es sorprendido por Edurne, una “insoportable mujer que cambiará todo” y que dará comienzo a una serie de idas y vueltas que, a lo largo de 465 páginas que no se hacen largas, hará las delicias de los lectores, ya que cuando dos mundos tan diferentes como el del multimillonario y esta obesa mujer que trabaja en una casa de comida rápida se encuentran, no puede menos que generarse un caos digno de contarse. A veces necesitamos de la persona menos imaginada, esa que aparece y, a su manera, nos revuelve la vida. Y ojo, querido lector, que no estamos hablando de la típica historia en la que dos polos opuestos se atraen, se casan y viven felices para siempre… no, no, todo lo contrario; son tantas y tan variadas las aventuras que nuestra querida Edurne le hará pasar a Anselmo y a la gama de personajes que pululan por el libro que la diversión y la sorpresa tras cada página están aseguradas.

Edurne López, figura central de la novela, quedará en mi memoria por mucho tiempo, porque es, sin lugar a dudas, el personaje mejor creado de La ligereza de la grava; grosera, hortera, sucia, de un nivel intelectual más que básico, fanática de la sangría y la pizza y con un vocabulario que pone como prioridad los insultos y el doble sentido sexual, me hizo pasar varias tardes de diversión, que no es poco; además, particularmente, me recordaba mucho a una ex jefa que tuve, ya que yo, como Edurne, también trabajé durante tres años en una casa de comida rápida y leyendo el libro, no podía menos que imaginar a Edurne con el rostro de una de mis antiguas managers.

A medida que el libro avanza, se pone al mismo tiempo más excéntrico pero al mismo tiempo más filosófico; por un lado, el autor se permite mezclar varios elementos de ficción pura, haciendo aparecer en escena a tres personajes relacionados con la muerte que nos llevarán a observar fenómenos nunca vistos (todos desde el punto de vista de la humorada) pero que sin embargo permitirán que el narrador comparta ciertas teorías y pensamientos acerca de la muerte y todo lo que significa para los humanos. Estamos, para mí, ante la mejor parte del libro. Leí por ahí alguna vez que a veces, cuando no nos animamos a hablar sobre ciertos temas, utilizamos el humor para enmascarar ciertos miedos, y La ligereza de la grava puede ser un buen ejemplo de eso.

Cabe destacar, como otro punto importante, la construcción de los diálogos, que se leen fluidos y que dotan de personalidad propia tanto a los personajes principales como a los secundarios. A veces es un punto que no se destaca mucho, pero que sin embargo es difícil de lograr.

A lo largo de 67 capítulos, disfrutaremos y nos sorprenderemos con la ironía, el sarcasmo, la originalidad y las sorpresas intelectuales que nos depara esta novela, al mismo tiempo que nos preguntaremos sobre cómo estamos viviendo nuestra vida, cuál es el objetivo de vivirla y cómo, quizá, deberíamos reconducirla, antes de tirarnos del puente. O antes de que aparezca Edurne.

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José Saramago, en sus palabras, de Fernando Gómez Aguilera

José Saramago en sus palabras

José Saramago en sus palabrasEl paso del tiempo hace que todo se olvide y ponerse a pensar en que dentro de una o dos generaciones tras nuestra partida pocos se acordarán de nosotros, es entrar en un terreno del cual uno no puede menos que salir angustiado. Para ser recordados por largo tiempo, muchos seres humanos intentan sobresalir en diversas actividades; así, disfrutaremos de por vida la música de Beethoven, los cuadros de Picasso o los goles de Maradona. En todas las formas posibles del arte, los artistas buscan el paso a la eternidad. Saramago, para quienes lo leímos, lo leemos y lo leeremos, es y será inmortal, tal vez no porque haya buscado en vida esa eternidad, sino, sobre todo, por haber vivido y honrado la vida sin pensarla como un camino a transitar para llegar a lo que, dicen, viene después, sino por haberla transcurrido con una responsabilidad terrenal y cotidiana que lo llevó a comprometerse más allá de las cómodas quejas desde el sofá.

José Saramago en sus palabras es una recopilación de centenares de frases, pensamientos y declaraciones en la prensa que el Nobel de Literatura hizo desde la segunda mitad de los años setenta hasta comienzos de 2009. De esta manera, no solo podremos ir recorriendo su pensamiento a lo largo del tiempo, sino sobre todo confirmando algo que los que lo conocemos no necesitamos ratificar: su capacidad crítica, inteligencia, lucidez y libertad a la hora de decir lo que sentía, sin censuras y poniendo siempre el eje en la defensa de los excluidos y la reivindicación de los derechos humanos.

Fernando Gómez Aguilera, poeta, ensayista y filólogo, fue el encargado de recolectar las palabras del genio portugués y es digno de destacar su trabajo, que, a lo largo de más de 500 páginas, nos ofrece un panorama completo acerca de los valores éticos de Saramago. El libro en sí, está estructurado en tres grandes capítulos (Quien se llama Saramago, Por el hecho de ser escritor y El ciudadano que soy) que a su vez se dividen en decenas de temas que abarcan todo el mundo opinable del autor, entre los que podemos destacar los dedicados a Dios, el pesimismo, la muerte, la literatura, la historia, el comunismo, Europa o Sudamérica.

Particularmente, no pude despegarme del libro en el apartado “novela” en el que se recopilan todas las declaraciones de Saramago sobre los diferentes libros que fue publicando y que me permitieron descubrir muchos datos no conocidos sobre el “detrás de escena” de la creación de sus publicaciones. “Lanzarote”, donde cuenta su relación con esa isla española en la que residió hasta el final de sus días, es también muy interesante, porque narran el dolor que le causó tener que dejar su país, pero al mismo tiempo el hecho de, a una edad avanzada, encontrar un lugar en el mundo y volver, de alguna manera, a comenzar.

Disfruté del libro tanto como sus mejores novelas y a medida que iba leyéndolo, reconocía una vez más que la línea entre escritor y ciudadano, en Saramago, no existió nunca, ya que en la vida no ficcionada mantenía los mismos valores y el mismo compromiso con el mundo que, en forma de parábolas, mostraba en sus grandes éxitos literarios.

Recomiendo Saramago en sus palabras a todos aquellos lectores del mundo que, al menos, haya leído cinco o seis de sus novelas, ya que este libro actuará como un excelente complemento para su obra literaria y al mismo tiempo como un buen compendio de su enorme y eterna sabiduría.

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Palabralogía, de Virgilio Ortega

Palabralogía

PalabralogíaCuando niños, hablamos cotidianamente en nuestra lengua natal y ni siquiera nos ponemos a pensar en por qué, una detrás de la otra, vamos escogiendo determinadas palabras entre todas las que existen para usar; tampoco nos preocupamos por preguntarnos porqué “libro” se dice “libro” y no, por ejemplo, “elefante” ya que nos parece totalmente lógico que se diga de esa manera y no de otra. Cuando empezamos a crecer, comenzamos a entender que todas las historias se escriben con palabras, pero todas las palabras también tienen sus propias historias. De eso se trata Palabrología, un apasionante viaje por el origen de las palabras.

La etimología, disciplina filológica que estudia el origen de las palabras y la evolución de su forma y significado, es el alma de este libro y el autor nos propone conocer la historia de las palabras vivas que resistieron el paso del tiempo y llegaron a nosotros (aunque muchas deformadas) para permitirnos comunicarnos fluidamente. Ante esto, la estructura del libro, resulta clave. Es que Virgilio Ortega, licenciado en filosofía y letras, nos propone un viaje imaginario por distintas épocas y lugares históricos para, de manera amena y clara, sumergirnos en la vida cotidiana y a través de ella ir conociendo el origen de cientos de palabras.

Así, tras un capítulo introductorio y general en el que conoceremos el origen de los nombres de los días, meses o estaciones del año, viajaremos a Egipto, Atenas, Los Juegos Olímpicos, Roma, Salamanca y Upsala, diversas épocas y lugares que son claves para que hoy hablemos español de la forma que lo hacemos y con las palabras que utilizamos. El lector, además del origen de las palabras, podrá así conocer historia pura y dura ya que al mismo tiempo que noveladamente asistimos al Coliseo romano, el autor, que cual Marty McFly va saltando de año en año, nos va aclarando el significado de cada palabra en cada época. ¿Vemos un Gladiador? Pues te recuerda que su nombre deriva de Gladius, la “espada corta” de los luchadores romanos ¿viajamos a un anfiteatro griego? Entonces aprenderemos que Anfiteatro significa “teatro por ambos lados” y que “Anfi” también se usa en palabras tales como Anfibio (dos vidas) o Ánfora (dos asas)

Y así una y otra vez: historia y etimología a raudales para las mentes más curiosas.

Particularmente, por momentos el libro se me ha hecho un poco mareante, ya que leer un solo párrafo puede contener entre paréntesis, decenas de explicaciones etimológicas, haciendo que la lectura sea un parar y seguir constante, pero tal vez eso me ha ocurrido por no haber seguido el consejo que el autor da al principio del libro, que consiste en determinar previamente la forma en que se ha de leer Palabralogía. El autor propone que los amantes de la historia, lean todo el libro sin detenerse en los paréntesis, mientras que los amantes de la etimología solo lean los paréntesis. Como tercera opción el autor asegura que el libro puede leerse de corrido y al completo, pero aclara que puede resultar pesado y recomienda leerlo capítulo a capítulo, dejando espacio entre ellos para el descanso de la mente; lo que el autor se olvidó de tener en cuenta es que cuando un curioso como yo empieza a leer un libro para curiosos como éste, resulta imposible parar. La conclusión es que Palabralogía, en mi caso, requiere de una relectura, tras haber sido devorado apasionadamente.

Si eres un enamorado de la etimología y la historia, este libro te encantará; además, una vez leído y colocado en la biblioteca personal, quedará allí como referencia siempre que queramos quitarnos alguna duda sobre el origen de alguna palabra.

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Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson

Una breve historia de casi todo

Una breve historia de casi todoLeer libros de divulgación, a esta altura de mi vida, me parece el mejor camino para aprender; si bien sospecho por qué en los centros educativos del mundo se sigue con los mismos sistemas caducos, no puedo evitar sentir enfado al imaginar lo bien que les vendría a tantos millones de chicos tener la posibilidad de acercarse a este tipo de libros que, de forma amena y clara, enseñan tanto y tan bien. El mundo sería mejor si empezáramos creciendo así.

Tras haber disfrutado mucho de En casa, una breve historia de la vida privada, me puse a buscar qué otros libros tenía editados en español Bill Bryson, su autor. Y fue cuando me enteré de la existencia de Una breve historia de casi todo. La espera del cartero se hizo eterna, pero una vez recibido el paquete, todo lo que siguió fue leer. Y aprender. Y sorprenderme.

Una breve historia de casi todo consigue resumir en apenas 500 páginas las ideas fundamentales de varios temas diversos pero claves en la historia de todo lo que somos, tales como la física, la química y la geología; lo hace, como en el anterior libro, de una manera divertida, clara, atractiva y llena de ejemplos que nos dejarán con la boca abierta más de una vez.

Este libro es un no parar de datos sorprendentes de esos que todo curioso no podrá evitar marcar y repetir luego a todo aquél con el que se encuentre. Una vez terminado el libro, a uno le entran ganas de releer las decenas de páginas subrayadas para asombrarse una vez más. Ya desde la introducción del libro, el autor te atrapa con frases tales como “si tú mismo te fueses deshaciendo con unas pinzas, átomo a átomo, lo que producirías sería un montón de fino polvo atómico, nada del cual habría estado nunca vivo”

La sensación que se fue apoderando de mí, página tras página, fue la de confirmar la increíble suma de casualidades que tuvieron que darse a lo largo de millones de años para que hoy estemos aquí, yo escribiendo y los visitantes de esta página, leyendo. Que habitemos sólo en una de las 14.000 vías lácteas existentes y que desde el origen de todo tras el Big Bang se hayan ido acumulando las medidas exactas de los diversos materiales necesarios para crear vida, resulta cuando menos fabuloso y al mismo tiempo sobrecogedor. Que dependamos del equilibro de varios elementos y que la alteración mínima de alguno de ellos derive en el fin de la vida y que sin embargo todo siga igual para que sigamos estando aquí, genera escalofríos.

A lo largo de 30 capítulos, Bill Bryson irá desarrollando diversos temas que van desde la construcción del sistema solar, los debates sobre el tamaño de la tierra o la definición y función de los átomos, pasando por la constitución del interior de la tierra y los mares y los cielos, para llegar finalmente a la evolución de las especies y las luchas descarnadas entre los científicos de todos los tiempos para que sus ideas, al principio descartadas, finalmente se conviertan en teorías dominantes.

Al igual que En casa, El autor se toma su tiempo para contar sus historias y va mechando datos impactantes (cuando dos bolas de billar chocan entre sí, en realidad no chocan… lo que sucedes es que los campos de las dos bolas que están cargados negativamente se repelen entre sí) con detalladas biografías de los diversos científicos que hicieron del mundo de hoy algo más comprensible. Ocurre entonces, como con cada libro de divulgación interesante, que el libro entre tus manos resulta ser el puntapié inicial para acercarse a otros a través de los cuales profundizar en temas específicos. Bendito problema.

Recomiendo encarecidamente la lectura de este fabuloso y curioso libro: hay mucho que aprender allí afuera.

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El vigilante del amanecer, de Eric Oms

El vigilante del amanecer

El vigilante del amanecerDicen por ahí que la fe mueve montañas, pero también que el amor es ciego y que los celos matan; cada una de estas sentencias pueden ser verdaderas, pero no es algo que ahora quiera ponerme a pensar; si las cito es porque se me ocurre pensar que de cada una de esas situaciones se puede sacar algo positivo: se trata de convertir el vacío en arte, ya sea una canción, un dibujo, un libro… Específicamente, los celos son, como decía el filósofo Michel de Montaigne, “de todas las enfermedades del espíritu, aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio” y no es loco asegurar que los celos tienen una parte buena: han producido muchísima literatura gracias a la imaginación de la que se nutre el celoso. El vigilante del amanecer, de Eric Oms, narra, entre otras cosas, el sufrimiento, el dolor y la paranoia que atraviesa un celoso y sobre todo el modo en el que este síntoma puede modificar la vida de una persona.

Este libro nos adentra en la vida cotidiana de Andrés, un historiador que trabaja como directivo en una empresa y que tiene una fijación celosa con un ex integrante del ejercito llamado Arturo Forner, el gran protagonista de la novela; Forner, un atípico detective privado de vida solitaria, es la fuente de la que beben los celos de Andrés, quien sospecha que su mujer lo engaña con Forner. Obsesionado, Andrés decide empezar a investigar al detective y los capítulos comenzarán a pasar manteniéndonos a nosotros atrapados en sus páginas, tan adictivas como los mismos celos que sufre el historiador.

A lo largo de 286 páginas iremos conociendo a una larga lista de personajes primarios y secundarios bien construidos que jugarán, cada uno de ellos, un papel clave en el engranaje particular de la novela; porque cabe destacar que ésta tiene una estructura atípica dentro del género policial; en lugar de encontrarnos con un personaje-narrador omnisciente que lo va contando todo “desde arriba”, quien cuenta la historia aquí es el propio Andrés, pero de alguna manera lo hace “en vivo” haciendo partícipe al lector de los avances, retrocesos y consecuencias mentales que los idas y vueltas de la investigación van provocando en su persona y en su rutina; así, viviremos y sufriremos con Andrés las novedades que vaya descubriendo, pero también sus inseguridades, miedos y dudas a la hora de dar los siguientes pasos; a veces uno quisiera no ver la realidad, pero siempre es necesaria.

Como punto negativo, no puedo dejar de marcar que el libro requiere con urgencia un análisis detallado por parte de un profesional de la corrección, ya que posee muchísimos errores gramaticales que afean el conjunto de la obra; no obstante, se comprende (aunque no se justifica) este punto negativo cuando estamos hablando de un libro auto editado; los grandes y famosos escritores tienen toda una maquinaria detrás. El propio Gabriel García Márquez escribía con muchas faltas de ortografía. Los grandes autores, por suerte, solo se dedican a escribir sus historias y la gran maquinaria de apoyo que poseen detrás se encarga se pulir el producto final. El vigilante del amanecer, en cambio, es la primera novela de un autor novel que la trabajó todo a pulmón. Lo hermosa, original y atrapante historia que cuenta, no obstante, supera a estas deficiencias estructurales.

Siguiendo con la historia, es necesario resaltar que Andrés no es el único que la pasará mal en este libro. Arturo Forner, el investigado, es al mismo tiempo un detective que anda detrás de su propia investigación, resolviendo el caso de un hombre desaparecido. El investigado-investigador tiene sus propios conflictos personales (no es el típico detective de novela negra) que influirán definitivamente en su trabajo y en su vida; la aparición de su ex mujer, Beth (con una gran sorpresa) le abrirá a su taciturna vida la puerta a un cambio definitivo. Y si a eso le sumamos que Beth es la ahijada de Andrés, el investigador celoso, tenemos entonces un conjunto de personajes e historias encadenadas que funcionan a la perfección. Interesante.