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SPQR, de Mary Beard

SPQR

SPQRInnovar a la hora de escribir sobre la historia de Roma no parece una tarea fácil teniendo en cuenta todo lo que se ha escrito acerca de aquella pequeña aldea que llegó a convertirse en la dueña del mundo; atrapar a un lector que ya ha leído sobre su mítica fundación, sus Reyes, su época republicana o sus grandes emperadores, ciertamente no parece algo sencillo. Podríamos afirmar, sin ponernos colorados, que, sobre Roma, todo está dicho. ¿O no? Puede que todo ya esté dicho, es verdad, sobre todo si escuchamos y leemos a aquellos autores que no salen de la rueda de lo oficialmente dictado, si continuamos buscando respuestas diferentes en autores que se aferran a la manía de preguntarse lo ya preguntado, si pasan ante nosotros aquellas páginas que insisten en no cuestionarse nada y dar por sentado que Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía…

Por suerte existen escritores que, teniendo la posibilidad de hacerla fácil y seguir ganando dinero contando historias ya contadas, deciden publicar libros que optan por cuestionar todo aquello que muchos dan por seguro.

Mary Beard, catedrática de Clásicas en el Newnham College, Cambridge, editora en The Times Literary Supplement y miembro de la Academia Británica y de la Academia Americana de Artes y Ciencias, además de la flamante ganadora del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es un claro ejemplo de escritora disconforme con la verdad recibida y en SPQR (Senātus Populusque Rōmānus) así lo demuestra.

Si bien es verdad que su libro se adapta a la tradicional estructura cronológica a la hora de contar la historia romana, desde sus inicios hasta el día en que el emperador Caracalla decide otorgar la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio, esa es la única parte del libro en el que la autora sigue la línea general, ya que SPQR decide centrar su atención en los olvidados de la historia: los esclavos, las mujeres, los campesinos… pero también en el estado romano en sí, en cómo los romanos se pensaban a sí mismo, en cómo eran vistos por los otros, en cómo resolvían sus problemas o en cómo imaginaban el mundo en el que vivían… sin dejar de resaltar un punto clave: la historia de Roma es la que nos contaron los ganadores, los poderosos, la élite, aquellos que lograron borrar las huellas de todo lo que no debía saberse en el futuro, aquellos que, como hoy, intentan que la verdad oficial triunfe y el futuro crea que invaden países por afán de democracia, cuando, como pensaban los britanos de aquellos romanos, «crean desolación y lo llaman paz».

Así es como, a lo largo de más de 600 páginas que se leen de un tirón, Mary Beard nos cuenta la historia romana sin dejar de cuestionar todo, incluso lo que damos por sentado: ¿fue tan malo Calígula y tan bueno Claudio? ¿Roma atacaba e invadía países débiles o formaba parte de un mundo en el que todos eran violentos y poderosos? ¿Era Grecia la culta y democrática y Roma la hermana bruta? ¿Y qué tal si tanto la fundación como la historia de los reyes romanos, desde Rómulo hasta Tarquinio el Soberbio, fuese todo un invento?

Particularmente, esperaba encontrarme con más información sobre el gobierno de Trajano (el emperador romano que más me apasiona) y en principio me sorprendí con las “pocas” páginas que la autora le dedica a los famosos emperadores, pero, como vengo comentando, esa pequeña desilusión dejó de ser un problema cuando comprendí que en SPQR se hablaría de todo, sí, pero profundizando en aquellos lugares menos analizados. Hoy puedo decir que sé mucho más sobre la historia romana, pero sobre todo de aquellas partes de su historia menos conocidas.

Dice por ahí un tópico que todos los caminos conducen a Roma. SPQR también conduce a Roma, pero por un camino alternativo que vale la pena transitar.

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Manual de pintura y caligrafía, de José Saramago

Manual de pintura y caligrafía

Manual de pintura y caligrafía¿Qué somos sino nuestras elecciones? Nacemos, crecemos, conocemos gente y nos relacionamos con ellas y el mundo que nos rodea y vamos formando así un presente al que denominamos vida; algunos se encuentran contentos con su actualidad, pero otros, creo que la gran mayoría de este mundo, no. Podemos cambiar o quedarnos en la autocomplacencia, pero nadie puede afirmar que, si optamos por el cambio, ese tránsito hacia lo nuevo será definitivamente fácil. Todo lo contrario, lo bueno y lo real cuesta y mucho, porque no se ampara en la máscara o en la trillada y absolutamente ilógica frase “mañana comienzo una nueva vida” Cambiar una realidad que no nos llena es un camino por momentos tortuoso y Manual de pintura y caligrafía es la historia de un cambio no solo personal, sino también histórico.

H es un pintor mediocre y lo sabe. Dedica sus días a pintar retratos de básica calidad para clientes que no esperan más que una copia mejorada de sus rostros (y sus vidas). H lo sabe, como también es consciente de la llaneza de sus jornadas y de sus relaciones interpersonales. En síntesis, su historia no será recordada por nadie. Sin embargo, está en un momento en el que esa rutina a la que llegó tras tantos años, le resulta insoportable, y decide hacer algo al respecto.

Es cuando opta por dos caminos: por un lado, pintar un segundo cuadro (secreto) de S, un cliente, a través del cual profundizar en esa persona y convertir en arte la verdadera realidad de S, más allá de la superficialidad del primer cuadro. Más tarde, comienza a escribir (y sus textos son el libro que leemos) como ejercicio introspectivo a través del cual analiza, piensa, desmenuza e intenta comprender al mundo que lo rodea, desde sus relaciones de pareja, sus amistades, la política y, en gran parte, el arte como método para encontrarse a su mismo.

Particularmente, tengo que decir que fue la novela que más me costó leer de José Saramago. O tal vez sería mejor decir que fue la única de todas ellas que requirió de mí altas dosis de paciencia, concentración, dedicación y tiempo. No es una novela sencilla, sobre todo porque los pensamientos y el análisis detallado de la condición humana, que rozan lo filosófico, hace que el autor bucee en laberintos mentales más que profundos. Además, su estilo de escritura (estamos hablando de una de sus primeras novelas) dista un poco de la mundialmente conocida manera de contar que tiene el autor, lo que puede resultar difícil para los que veníamos acostumbrados a una manera de leerlo. No obstante, que mi incapacidad lectora no tape el bosque, ya que el hecho de que a mí me haya costado un poco leerlo, no quita que cada una de sus líneas sean de una calidad excelsa y dignas de contarse entre las mejores de su obra.

Como decía al principio, Manual de pintura y caligrafía es la historia de un cambio psicológico lento pero inexorable, que se va produciendo página a página y que, gracias a los ejercicios artísticos (pintura y escritura) y al autoconocimiento, va derivando en modificaciones reales de la vida cotidiana. El mismo Saramago se encarga de compararlo con el caso de las serpientes que mudan de piel cuando ya les resulta incómoda o no conveniente. El cambio personal de H le traerá novedades en sus relaciones (que no contaré aquí para mantener el atractivo) con consecuencias sorprendentes para alguien que en la cincuentena ya no esperaba terremotos. Pero, además, el trasfondo de la novela toca un tema histórico importantísimo de la historia de Portugal y que tiene que ver con la caída de la dictadura militar de Salazar. Así, el país, como si de una gran persona se tratara, también sufre el agotamiento de una manera de vivir y la necesidad imperiosa de un cambio revolucionario.

Es cuando toca elegir y meterse de lleno en el barro, porque como dijo alguien alguna vez, para atacar y limpiar la mierda, hace falta enmierdarse. Con el tiempo, se saldrá de esa batalla más limpio, superado, mejor.

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¿Por qué los astronautas no lloran? de Jorge Alcalde

¿Por qué los astronautas no lloran?

¿Por qué los astronautas no lloran?Dijo alguna vez José Saramago que “la vejez empieza cuando se pierde la curiosidad” y no puedo más que coincidir con esa afirmación. Me pone de muy mal humor ver, por ejemplo, a personas que escriben con errores de ortografía pese a tener a su disposición miles de recursos para evitarlo, todos ellos gratuitos. Muchas veces ese enfado se incrementa cuando me responden “es lo mismo que escriba esa palabra con b o con v, mientras se entienda al leer” Es cuando me quedo pensando en la falta de curiosidad reinante en estas sociedades donde lo que importa es la velocidad y no la calidad. Y menos la curiosidad, total ya todo me lo entregan empaquetado, listo, cortado… ¡No vaya a ser que nos pongamos a pensar!

Por suerte aún existen personas que hacen de la curiosidad una forma de vida y que llegan aquí para que pensemos que no todo está perdido. Jorge Alcade es un periodista y escritor madrileño que ha dedicado su vida a la divulgación científica e histórica. Y en ¿Por qué los astronautas no lloran? cuyo epígrafe es La gran ciencia de las pequeñas cosas, nos acerca de manera simple, clara y concisa miles de preguntas con sus análisis, interpretaciones y respuestas dignas de ser leídas por todos aquellos que aman saber no solo sobre las cosas, sino sobre todo el porqué de las mismas.

A lo largo de 25 apasionantes y divertidos capítulos, el autor va planteando pequeños grandes temas y luego desgrana la información que tiene al respecto, no solo a través de su amplio conocimiento, sino también recordando sus encuentros con diversos científicos del mundo. Así, cuestiones como qué pasa cuando morimos (y más específicamente, cuándo es que estamos realmente muertos), porqué nos empeñamos en jugar a la lotería pese a su inmensa dificultad de ganarla, porqué tenemos los pies fríos o qué nos pasa mientras estamos en coma, se suman a una larga lista de dudas que hasta incluye un capítulo dedicado a ayudar a los padres a responder las simples pero difíciles preguntas planteadas por los niños, como de qué color es un espejo o por qué no nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos.

Pero además de saciar nuestra sed de curiosidad, ¿Por qué los astronautas no lloran? nos va dejando centenares de pequeños datos alucinantes, de esos que uno irá repitiendo por todos lados para hacerse el interesante e incentivar la curiosidad ¿O acaso no es fabuloso conocer que el 80 por ciento de los japoneses son intolerantes a la lactosa (¡sí, el 80%!) o que se calcula que por cada persona viva hay doce muertas?

Recomiendo la lectura de este hermoso libro, pero si mi recomendación no es suficiente, les dejo una duda gigante flotando en el aire, para que no puedan dormir y corran a la librería ¿Por qué no hay dentífricos con sabor a naranja?

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Un crucero de verano por las Antillas, de Lafcadio Hearn

Un crucero de verano por las antillas

Un crucero de verano por las antillasAfectados, como tantos, por la crisis económica española, sin trabajos ni ilusiones futuras, mi mujer y yo decidimos emigrar para buscarnos la vida. La posibilidad que le surgió a ella de trabajar un tiempo como profesora auxiliar, nos llevó de la noche a la mañana a una pequeña isla perdida en el medio del Caribe: La Martinica. Durante ocho inolvidables meses fuimos económicamente independientes y desde allí volvimos a emigrar hacia Inglaterra, donde vivimos hace tres años. Sin embargo, no pasa semana en la que, sobre todo cuando observamos el plateado cielo londinense, no nos pongamos a recordar y añorar nuestro paso por aquella isla de ensueño, en la que conocimos más sabores, colores y paisajes de los que cualquier imaginación virtuosa podría jamás fantasear. Por eso no dudé en leer Un crucero de verano por las Antillas, de Lafcadio Hearn.

El libro, un conjunto “de notas tomadas durante un viaje de casi cinco mil kilómetros que duró algo más de dos meses” a bordo de un buque que partió en 1887 desde Nueva York, nos ofrece la visión particular de un viajero incansable en su paso por las variadas islas que conforman las Antillas; así, viajaremos, junto al autor, por San Vicente, Granada, Trinidad o la mencionada Martinica, a la que Hearn le dedica la mayoría de las 132 páginas que conforman este bello libro de viajes.

Lafcadio Hearn (1850-1904), de quien solo leí este libro, es considerado por muchos como un autor de culto y definido como un escritor capaz de captar esos detalles que normalmente pasan desapercibidos, cualidad digna de resaltar si a eso se le suma su pasión por los viajes, de los que deja unas descripciones profundas, claras y llenas de poesía. Su curiosidad insaciable lo llevó a conocer diversas culturas que dejó plasmadas en sus obras. Y como para muestra sirve un botón, vale decir que en 1890 se cansó de la mentalidad y costumbres americanas y se fue a vivir a Japón, donde se nacionalizó y se cambió el nombre: pasó así a ser Yakumo Koizumi.

Un crucero de verano por las Antillas relata a la perfección esas hermosas islas ancladas en el tiempo, ajenas a la globalización actual que todo lo homogeiniza y a todo le quita su individualidad y, sobre todo, su personalidad. Si existe un lugar en el mundo donde aún a día de hoy se mantiene el desapego a la triste tendencia mundial, ese lugar es el Caribe (el verdadero, no el turístico de hoteles cinco estrellas) y principalmente Martinica (y más específicamente St. Pierre, “la más pintoresca, curiosa y bonita de todas las ciudades caribeñas”)

A lo largo de varios capítulos cortos, podremos viajar a través de los ojos de un libro que ofrecerá a nuestra mente una infinidad de sensaciones difíciles de comprender si uno no estuvo allí, pero que con la exquisita pluma de Lafcadio Hearn, resulta un poco más fácil de imaginar. Azul, el azul más azul de todos los azules, como se encarga de repetir hasta el cansancio el autor, acerca de las aguas del mar de ese sector del mundo. Y volcanes como el Montagne Pelée (cuya erupción mató alguna vez, literalmente, a todos los habitantes de la ciudad menos a uno, el único prisionero encerrado en el calabozo), pero también ciudades decrépitas que aún dejan ver las huellas del magma pasando por sus calles, mercados cuyas frutas parecen pintadas a mano, y sobre todo, rostros, gestos y miradas hermosas de aquella mezcla de razas que hacen de los antillanos uno de los más artísticos y encantadores ejemplos de belleza.

Cada vez que veo la lluvia caer en esta gris y triste Inglaterra, me pregunto cuándo y porqué se nos cruzó por la cabeza la absurda idea de dejar la Martinica. Tras leer Un crucero de verano por las Antillas, me lo pregunto aún más.

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El cuaderno, de José Saramago

El cuaderno

El cuadernoLeer a Saramago es tener la tranquilidad de caminar por tierra firme. Es saber que no existe el riesgo de la desilusión. Es la seguridad de abrir cualquiera de sus libros al azar y encontrarte con la lucidez, el pensamiento crítico y la ironía conformando una mezcla a la que la buena literatura no deja de agradecer. Apasionado como soy de su profundidad intelectual, leí todas sus novelas y tengo pensado releerlas. Sin embargo, antes de ponerme a navegar en aguas conocidas para encontrar nuevos tesoros, quiero culminar su bibliografía completa, incluyendo sus libros que van más allá de la novela. Es por eso que leí El cuaderno.

Este libro aglutina todos los textos que José Saramago escribió para un blog, desde septiembre de 2008 hasta marzo de 2009 y que fueron leídos por millones de personas a través de ese libro infinito llamado Internet. Conocido mundialmente por su profunda implicación en los acontecimientos cotidianos que le tocó vivir, el genio portugués no dudó en plasmar en la red diversos textos relativamente cortos a través de los cuales se encargó de difundir sus firmes y contundentes opiniones. Así, artículos sobre política, economía, religión y literatura, entre otros temas, se fueron acumulando virtualmente y fue tal la calidad del contenido, que saludable fue la idea de reunirlos en El cuaderno.

¿Estamos ante un libro que requiere conocimiento previo del autor? Está claro que habiéndolo leído uno sabe por dónde irán sus pensamientos (como en las calles inglesas, por la izquierda) y a quienes atacará sin piedad y con toda la razón (A la iglesia, a los bancos, a los políticos del establishment), pero entiendo que incluso aquellos que nunca lo disfrutaron se encontrarán con una persona que los hará pensar automáticamente, esa es la cualidad que posee el Nobel de Literatura.

Por las interesantísimas páginas de El cuaderno, podremos encontrar artículos de opinión política en los que Saramago se despacha a gusto con personajes de talla mundial como George Bush, Berlusconi o Aznar, a quienes en general les critica la falta de humanidad en el ejercicio de sus funciones, al ponerse siempre al servicio de los verdaderos dueños del mundo, que, como se encarga de advertir y denunciar el autor, no es el pueblo a través de la democracia, sino la banca internacional, ese mercado que cree solucionarlo todo y que lo único que produce es desigualdades sociales cada vez mayores. Es interesante cómo tras leer alguno de sus artículos acerca de la Democracia, a uno se le abre la mente al confirmar que su significado carece de verdad: la democracia ya no es el poder del pueblo. Es entonces cuando uno agradece de sobremanera la lucidez del autor de Ensayo sobre la ceguera, El año de la muerte de Ricardo Reis o Levantado del suelo, entre otras maravillosas obras.

Otro de los sectores a los que Saramago no duda en criticar duramente (y repito, con razón) es el de las religiones, a las que considera culpable de la desunión de los habitantes del mundo, ya que entiende que en lugar de juntar, separa, y, con toda su ironía (o tal vez no), propone a los cristianos y a los musulmanes la creación de un “tercer Dios” que deje a todos felices para que no se sigan matando por alguien, en el fondo, inexistente.

Pero no todo es tensión en este libro, ya que existen artículos en los que Saramago comparte con nosotros su característico humor, como en ese en el que pide a los políticos del mundo facilitar los trámites del divorcio ya que esto influiría directamente en el aumento de las bibliotecas hogareñas. A este divertida y relajada conclusión llegó aquel día en el que le tocó dedicar novelas en una librería y uno de sus lectores se le acercó con varios libros todavía sin abrir; al consultarlo sobre si era un lector nuevo, el pobre hombre le respondió que no, que era fanático suyo y que había leído todas sus novelas, pero que se acababa de divorciar y su mujer se había quedado con la biblioteca. Desopilante.

Lucidez, pensamiento crítico, ironía y buen humor desfilan por las páginas de El cuaderno, interesante conjunto de artículos, que tiene una segunda parte titulada El último cuaderno, que más pronto que tarde reseñaré también.

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El cuento de la isla desconocida, de José Saramago

El cuento de la isla desconocida

El cuento de la isla desconocidaCuando en 1998 José Saramago recibió el Premio Nobel de Literatura, la Academia Sueca resaltó su capacidad para “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. Considero que esta afirmación es una perfecta definición de toda su obra y que al mismo tiempo puede aplicarse a aquellos grandes escritores que sin decir nada directamente, nos dejan un mensaje profundo y lleno de significado, que tal vez se escape a la primera lectura.

Me estoy refiriendo, claro, a aquellos grandes libros (se me viene a la mente Ensayo sobre la ceguera, del mismo Saramago, o Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez) que ante una lectura superficial nos ofrecen una bonita historia de fácil comprensión con principio, nudo y desenlace y un final cerrado, pero que, sin embargo, en la relectura profunda y analítica, en ese reencuentro con el texto, dejan entrever todo un tesoro de parábolas, significados y mensajes secundarios que convierten un libro común en una obra de arte, que hacen de un autor uno más o uno inolvidable, que marcan la diferencia entre escribir y ser escritor. Cualquier persona podría afirmar que Cien años de soledad es la historia de varias generaciones de una familia signada por la tragedia y la soledad, y no sería incorrecto hacerlo, aunque un análisis más profundo nos lleva a la realidad, esa que deja ver que los Buendía (con sus Aurelianos y sus Arcadios) conforman no la historia de una familia, sino el devenir histórico de toda Sudamérica.

“…pero quiero encontrar la isla desconocida, quiero saber quién soy cuando esté en ella, No lo sabes, Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres…”

El cuento de la isla desconocida es un ejemplo claro de libro profundo, con más de un significado, compactado en apenas 72 cortísimas páginas. Y puedo asegurar que (me voy a permitir el uso de una frase remanida) es un libro apto para todo público. Si un niño de 10 años lo leyera, encontraría una bonita historia de amor, en la que un hombre solicita insistentemente un barco al Rey, quien tras negarse termina por ofrecérselo. El hombre afirma que usará el barco para encontrar una isla desconocida y allí se hace a la mar con la compañía de una señora que trabajaba para el Rey con el objetivo de conseguirlo. Finalmente lo conseguirá o no, pero eso ya es algo que no contaré para no arruinar la sorpresa o hacer “spoilers” como se usa decir en estos tiempos de enamoramientos hacia las palabras ajenas.

“Y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”

Pero estamos ante Saramago, que siempre dice más de lo que dice; es entonces cuando al bucear entre sus palabras, uno empieza a ver que el barco es la persona, que el Rey la burocracia, que los marineros aquello de lo que hay que desprenderse, que la mujer es el apoyo ante la incertidumbre y que todos juntos conforman el proceso de introspección, de autoconocimiento psicológico, de maduración. Que todos somos islas y que tenemos que conocernos para reconocernos. Que todo se trata de un viaje con destino a uno mismo.

“…primero tienes que ver tu barco, sólo lo conoces por fuera, Qué tal lo encontraste, Hay algunas costuras de las velas que necesitan refuerzo…”

Leer este hermoso cuento de cualquiera de las dos maneras puede entonces compararse con hacer un crucero sin detenerse más que en los puertos de las diferentes ciudades: uno podrá decir “estuve ahí” pero jamás podrá afirmar “conozco ese lugar” Como amante de la buena literatura, siempre recomiendo bajarse en los puertos, llenar de polvo las zapatillas de tanto andar, respirar, sentir, tocar… leer de verdad.

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Descenso a los infiernos

descenso a los infiernos

Descenso a los infiernos, de Ian Kershaw

descenso a los infiernosAcabo de cerrar el libro y todo está más claro en mi cabeza. La historia de Europa entre 1914 y 1949 está mucho mejor organizada y cronológicamente detallada, pero además, ahora poseo argumentos sólidos y no seguiré andando por ahí repitiendo fragmentos e ideas poco elaboradas. Este convulso período mundial abarca tantos temas que necesitaba a alguien interesante que me rescatara un poco de la ignorancia general. Por suerte se me dio por leer Descenso a los infiernos, de Ian Kershaw, y se hizo la luz. Benditos los libros que nos alumbran con su claridad.

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Historia de Roma, de Pedro López Barja de Quiroga

La historia de Roma

 La historia de Roma

Los tiempos cambian y nuevas formas de acercarnos a la lectura siguen apareciendo; y aunque los defensores del olor a libro nuevo aún se resisten a tocar un Ebook, la realidad marca que cada vez más personas lo consideren una alternativa viable (e incluso mejor) a los libros tradicionales. Pero hoy no hablaremos ni del libro de toda la vida ni de su versión electrónica, sino de otra modalidad: los audiolibros.

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Cuando el hierro era más caro que el oro, de Alessandro Giraudo

Cuando el hierro

Cuando el hierro

La economía no es un asunto simple de comprender, al menos para los que, como yo, nunca se acercaron demasiado a esta rama que, sin embargo, mueve el mundo y es parte esencial de la construcción de la historia de los países y por ende, del planeta entero. La economía, sus buenos y malos momentos y sobre todo sus consecuencias son una de las claves para comprender el destino de las diversas sociedades del pasado y, como la historia misma, importante para evitar caer en los mismos errores.

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Los hombres del norte, de John Haywood

Los hombres del norte

Los hombres del norte

Cuando imaginamos a los vikingos, resulta inevitable pensarlos en medio de una batalla, con sus cornudos cascos, sus largas barbas y su ferocidad, seguramente rodeados de sangre y con los ojos inyectados de odio. Es la imagen romántica que el cine y las sagas literarias han dejado en el imaginario popular. Y si bien el retrato típico no resulta del todo incorrecto, sí que sorprende, al leer Los hombres del norte que su autor, John Haywood, no tarde en aclarar que no hay ninguna prueba de que los cascos vikingos llevasen cuernos…

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La legión perdida, de Santiago Posteguillo

La legión perdida

La legión perdida

Resulta difícil volver a la vida cotidiana luego de haber viajado, una vez más, por la Roma histórica, de la mano del mejor guía posible. Esta rutina de trabajar, ver series, leer libros y disfrutar y sufrir el siglo XXI sabe a poco tras haberte puesto en la piel del más poderoso de los emperadores, de sus temibles y valientes legiones, de alguna que otra guerrera sármata o, por qué no, de cualquiera de aquellos envidiosos y condenables enemigos que, a lo largo de su paso por este mundo, cosechó y sufrió Marco Ulpio Trajano, ese hispano fabuloso al que Santiago Posteguillo le dedica la trilogía que culmina con La legión perdida, luego de Los asesinos del emperador y Circo Máximo.

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Roma Invicta, de Javier Negrete

Roma Invicta

Roma InvictaEn Roma Victoriosa, que reseñamos anteriormente, Javier Negrete nos permitió conocer Roma desde el momento de su fundación hasta el año 146 antes de nuestra era, tras la conquista de Macedonia y Grecia. Así, logramos entender “cómo una simple aldea italiana llegó a conquistar la mitad del mundo conocido”, pero cuando queríamos más, las páginas se terminaron y nuestros deseos eran solo uno: leer la segunda parte de esta probable trilogía sobre la Ciudad Eterna, leer Roma Invicta.

Y Roma Invicta no defrauda, pese a que, a mi parecer, tenga que explicar una de las etapas menos “famosas” de la historia romana, o si queremos llamarlo de otra manera más moderna y trivial, deba referirse a aquellos tiempos menos hollywoodenses o taquilleros. Así como el primero de los libros nos atrapaba con la mítica fundación de Roma y personajes como Escipión el Africano, Anibal o los siete reyes romanos y así como la tercera parte seguramente se referirá a los reconocidos emperadores, esta segunda pieza narra los sucesos acaecidos entre el año 146 antes de nuestra era hasta la muerte de Julio César.

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