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Manual de pintura y caligrafía, de José Saramago

Manual de pintura y caligrafía

Manual de pintura y caligrafía¿Qué somos sino nuestras elecciones? Nacemos, crecemos, conocemos gente y nos relacionamos con ellas y el mundo que nos rodea y vamos formando así un presente al que denominamos vida; algunos se encuentran contentos con su actualidad, pero otros, creo que la gran mayoría de este mundo, no. Podemos cambiar o quedarnos en la autocomplacencia, pero nadie puede afirmar que, si optamos por el cambio, ese tránsito hacia lo nuevo será definitivamente fácil. Todo lo contrario, lo bueno y lo real cuesta y mucho, porque no se ampara en la máscara o en la trillada y absolutamente ilógica frase “mañana comienzo una nueva vida” Cambiar una realidad que no nos llena es un camino por momentos tortuoso y Manual de pintura y caligrafía es la historia de un cambio no solo personal, sino también histórico.

H es un pintor mediocre y lo sabe. Dedica sus días a pintar retratos de básica calidad para clientes que no esperan más que una copia mejorada de sus rostros (y sus vidas). H lo sabe, como también es consciente de la llaneza de sus jornadas y de sus relaciones interpersonales. En síntesis, su historia no será recordada por nadie. Sin embargo, está en un momento en el que esa rutina a la que llegó tras tantos años, le resulta insoportable, y decide hacer algo al respecto.

Es cuando opta por dos caminos: por un lado, pintar un segundo cuadro (secreto) de S, un cliente, a través del cual profundizar en esa persona y convertir en arte la verdadera realidad de S, más allá de la superficialidad del primer cuadro. Más tarde, comienza a escribir (y sus textos son el libro que leemos) como ejercicio introspectivo a través del cual analiza, piensa, desmenuza e intenta comprender al mundo que lo rodea, desde sus relaciones de pareja, sus amistades, la política y, en gran parte, el arte como método para encontrarse a su mismo.

Particularmente, tengo que decir que fue la novela que más me costó leer de José Saramago. O tal vez sería mejor decir que fue la única de todas ellas que requirió de mí altas dosis de paciencia, concentración, dedicación y tiempo. No es una novela sencilla, sobre todo porque los pensamientos y el análisis detallado de la condición humana, que rozan lo filosófico, hace que el autor bucee en laberintos mentales más que profundos. Además, su estilo de escritura (estamos hablando de una de sus primeras novelas) dista un poco de la mundialmente conocida manera de contar que tiene el autor, lo que puede resultar difícil para los que veníamos acostumbrados a una manera de leerlo. No obstante, que mi incapacidad lectora no tape el bosque, ya que el hecho de que a mí me haya costado un poco leerlo, no quita que cada una de sus líneas sean de una calidad excelsa y dignas de contarse entre las mejores de su obra.

Como decía al principio, Manual de pintura y caligrafía es la historia de un cambio psicológico lento pero inexorable, que se va produciendo página a página y que, gracias a los ejercicios artísticos (pintura y escritura) y al autoconocimiento, va derivando en modificaciones reales de la vida cotidiana. El mismo Saramago se encarga de compararlo con el caso de las serpientes que mudan de piel cuando ya les resulta incómoda o no conveniente. El cambio personal de H le traerá novedades en sus relaciones (que no contaré aquí para mantener el atractivo) con consecuencias sorprendentes para alguien que en la cincuentena ya no esperaba terremotos. Pero, además, el trasfondo de la novela toca un tema histórico importantísimo de la historia de Portugal y que tiene que ver con la caída de la dictadura militar de Salazar. Así, el país, como si de una gran persona se tratara, también sufre el agotamiento de una manera de vivir y la necesidad imperiosa de un cambio revolucionario.

Es cuando toca elegir y meterse de lleno en el barro, porque como dijo alguien alguna vez, para atacar y limpiar la mierda, hace falta enmierdarse. Con el tiempo, se saldrá de esa batalla más limpio, superado, mejor.

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