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España en el corazón, de Adam Hochschild

España en el corazón

España en el corazónEl 8 de septiembre de 1936, menos de dos meses después de que el ejército comandado por Francisco Franco se sublevase contra el Gobierno republicano, Dolores Ibárruri, dirigente comunista conocida popularmente como Pasionaria, dio un discurso en el Velódromo de Invierno de París ante una gran multitud. Además de la frase que cogió prestada a Emiliano Zapata, esa que tantas veces se ha asociado al Che Guevara y que habla de la preferencia por una muerte defendiendo tus ideales antes que por una vida sometido, la histórica líder lanzó una premonitoria advertencia a los pueblos a los que pedía ayuda para combatir al fascismo: «Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra». Ojalá las grandes democracias, como la estadounidense, hubiesen tenido la misma vista que algunos de sus ciudadanos. Porque, como cuenta España en el corazón, hubo hombres y mujeres que hicieron lo posible por impedir el triunfo del horror fuera de sus fronteras. Y aunque es de sobra conocido que no lo consiguieron, es de recibo que su solidaridad no caiga en el olvido.

La obra de Adam Hochschild, publicada por primera vez en España por Malpaso, se centra en los voluntarios estadounidenses que se unieron a las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, en concreto a la XV, conocida popularmente como la Brigada Lincoln. Como explica el autor, la mayor parte de estos hombres estaban vinculados al comunismo, eran muy jóvenes y de clase media; un grupo conformado en su mayor parte por soldados tan apasionados como inexpertos, que difícilmente podían competir contra un ejército tan curtido y apoyado internacionalmente como el del bando nacional.

La narración es profundamente absorbente y la clave de ello se encuentra en que, a pesar de que Hochschild da mucho espacio al relato cronológico de los acontecimientos, el foco siempre está sobre las personas. Personas como Bob Merriman, un joven profesor universitario que, tiempo después de abandonar California junto a su esposa Marion para abrazar la Rusia comunista, decidió acudir a España para combatir el golpe de Estado, llegando a ser nombrado comandante del Batallón Lincoln. También se da espacio a los corresponsales, cuyo papel fue fundamental para acercar la barbarie a sus pueblos y para tratar de influir en sus dirigentes. Algunos de ellos son sobradamente conocidos, como George Orwell, que llegó a combatir por la República hasta que cayó gravemente herido por un disparo en la garganta, o Ernest Hemingway, al que los testimonios y las anécdotas que recoge el libro no dejan demasiado bien parado.

Y es que el trabajo de investigación y de documentación que hizo Hoschild para elaborar este trabajo es impresionante. A través de artículos y publicaciones anteriores, pero también de numerosos testimonios, páginas de diarios, crónicas periodísticas, registros militares y otros documentos se construye una visión del conflicto desde un prisma muy concreto: el de un numeroso grupo de estadounidenses que estuvieron dispuestos a arriesgar, y en muchos casos, a entregar sus vidas, para frenar el avance del fascismo.

El mismo día en que acabé de leer España en el corazón vi a Eduardo Inda por televisión, en horario de máxima audiencia, refiriéndose reiteradamente a la Guerra Civil como un conflicto «entre malos y malos». Unos días más tarde, en una entrevista en Intereconomía a Juan Carlos Monedero, una de las periodistas le recriminó su defensa de la Ley de Memoria Histórica «porque muertos hubo en los dos bandos». Cuando el politólogo le rebatió que no podía hablarse de dos bandos iguales, porque uno había protagonizado un golpe de Estado contra un gobierno legítimo y el otro había tratado de sofocar el ataque, la entrevistadora lo contrarrestó indicando que «en el Madrid de antes del golpe se perseguía a la gente y se le sacaba de sus casas por algo tan sencillo como su religión». De estas dos intervenciones saqué un par de cosas en claro: la primera, que en España, a diferencia de en otros países de nuestro entorno, sigue saliendo muy barato justificar la dictadura. La segunda, que libros como el de Adam Hochschild tienen que seguir reeditándose año tras año, aunque parezca que ya no se puede contar nada más de esta guerra. No solo porque, como demuestra el periodista e historiador neoyorquino, se puede con creces, sino también para impedir que la impunidad de la que gozan algunos “periodistas” para reescribir la historia a sus anchas semana tras semana les permita desdibujar lo que realmente ocurrió en nuestro país hace poco más de ochenta años.

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El monasterio, de Luis Zueco

Dos años han pasado desde la última vez que hablamos de Luis Zueco, un autor ya referente en el mundillo de la novela histórica, pero también, y eso es algo que no debemos olvidar, de las grandes intrigas; algo que parece ir especialmente vinculado a la historia de cualquier país, nación o reino.

Iniciábamos esta aventura con El Castillo, novela en la que veíamos el nacimiento y gran expansión del Reino de Aragón.  Loarre, un castillo sin el que no hubiese sido posible la reconquista, ni el nacimiento de la España que hoy conocemos. La segunda novela fue La ciudad, una historia perfectamente entretejida que se desarrolla en la bella ciudad medieval de Albarracín.

Al parece ha dicho el autor que llega la hora de cerrar esta trilogía, así llamada aunque no comparte ni tramas ni personajes, ni tan siquiera se sigue en el tiempo, y lo hace con este libro titulado El Monasterio, que nos sitúa en esa misma época medieval por la que nos ha paseado en sus anteriores novelas. En concreto nos vamos al Siglo XIV y a uno de los más importantes monasterios del Cister, el primero en el Reino de Aragón, Santa María de Veruela, situando este último Thriller en ese impresionante Moncayo, azul y blanco, del que tanto hablaron los poetas. Esa gran montaña de más de 2000 metros de altura que es la separación casi natural de los reinos de Aragón, Castilla y Navarra. No es de extrañar que el Cister eligiera este enclave para Veruela, indaguen sobre los lugares en los que han dejado huella con sus extraordinarios monasterios, todos en entornos bellísimos pero sobre todo estratégicos.

Así que estamos en plena época de la llamada Guerra de los Dos Pedros, Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón, además de todos contra todos, con incursiones de franceses e ingleses en la península para apoyar, según su propio beneficio, a unos u otros.

En este escenario llega hasta el monasterio el joven Bizén de Ayerbe, ayudante del Notario Real de Zaragoza, con el fin de reclamar los restos del infante Alfonso que reposan en el interior del monasterio. Algo que naturalmente no le podrán fácil ni el Abad, ni el Prior, ni ninguno de los que habitan en Veruela, cada cual por sus personales, misteriosas y oscuras razones. Uno de los monjes aparecerá asesinado y a partir de ahí empezamos a desentramar uno de los muchos misterios que esconde El Monasterio.

Una vez más el autor nos mezcla personajes reales con ficticios, y utiliza mucho de la tradición popular más oscura de la zona. Recuerden, y para ello pueden releer las leyendas de Becquer, ya saben que pasó un tiempo en ese monasterio, que el Moncayo y su zona de influencia ha sido siempre un terreno envuelto en temibles y terribles leyendas, incluso sigue existiendo en la actualidad Trasmoz, un pueblo en la falda de la gran montaña, sobre el que pesan, y así lo recuerda Luis Zueco en El Monasterio, terribles historias de brujería y aquelarres, habiendo sido excomulgado el pueblo entero y sus habitantes ya en el Siglo XII, llegando así hasta nuestros días.

El autor sabe mucho sobre estos temas y esta zona, pues no podemos dejar de mencionar que es de Borja, y si de algo saben los borjanos es de vino, de castillos, monasterios y de la influencia del Moncayo en su forma de vida… ¡¿He dicho vino?! Pues sí, este será otro asunto no ajeno a esta historia.

Un monasterio del cister era mucho más de lo que hoy entendemos como tal, entonces eran recintos amurallados que se convertían en auténticas ciudades donde se producía de todo para poder subsistir.

El libro tiene una potente trama dentro de lo que es estrictamente el interior del monasterio pero naturalmente la historia sale extramuros para poder llevarnos por la zona y mostrarnos la forma de vida de los lugareños. Quien ha leído ya alguno de sus libros sabe que son tramas que enganchan con facilidad al lector y le lleva de la mano por un tiempo pasado bien recreado.

Podría decirles que conozco bien la zona, de hecho ya siendo pequeña estuve de campamentos en un pueblecito llamado Vera de Moncayo, y ya saben que uno de niño es mucho más receptivo a estas cosas de brujas y de cuentos. Pero he vuelto al Moncayo muchas veces, y he estado en el Monasterio de Santa María de Veruela, una maravilla que no deberían dejar de visitar ahora que está completamente restaurado, creo que pronto se convertirá en Parador Nacional.

Donde no he estado nunca ha sido en Trasmoz, y debería, porque allí está la casa del poeta a la que he sido invitada en alguna ocasión, una edificación de piedra bajo el castillo que la Editorial Olifante compró al Ayuntamiento de Trasmoz, es una residencia de trabajo con estancias de un mes para poetas, los poetas que allí van deben ceder sus manuscritos y realizar algún encuentro con los vecinos… Igual que se invita a los poetas, yo les invito a todos ustedes a leer El Monasterio, y a visitar el Moncayo, y verlo desde las distintas perspectivas y orientaciones, y a visitar Veruela, y los pueblos de la zona, seguro que se acercarán a Borja y no se irán sin comprar algo de vino en alguna de sus bodegas. Yo, de momento, me voy a acercar a Trasmoz, no descarto que allí puedan vivir en directo algún que otro aquelarre 😉

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Amores contra el tiempo, de Dolores Conquero

Amores contra el tiempo

Amores contra el tiempoA veces tengo la sensación de que mi propia vida no me pertenece, que todo lo que haga o diga va a ser analizado por alguien y va a ser juzgado sin que yo lo pida. En algunas ocasiones dejo de hacer cosas por lo que se pueda llegar a pensar de mí. Os juro que es algo que intento solucionar (ya que sé que no está bien) y que poco a poco me va importando menos. Pero, sinceramente, a veces me sigue pasando.

Y menos mal que he nacido en la época en la que lo he hecho. Porque hoy en día, aunque todavía nos quede un larguísimo camino por recorrer, parece que las mentes de las personas empiezan a ensancharse y a dejar de ser tan cuadriculadas como lo eran antes. Veamos por ejemplo todo el movimiento LGTBI. Que se atreviera alguien hace cincuenta años a decir que era intersexual… imposible. Y como digo, aunque todavía hay mucho trabajo por hacer, parece que los seres humanos estamos empezando a entender que cada uno es como es y que no existe una misma directriz que todos podamos seguir. Sobre todo en el amor.

Porque en el amor todo vale. Uno no elige de quién se enamora. No elige el momento exacto en el que la mente (porque ya no es un tema del corazón) se queda embobada al pensar en esa persona. Ya no hacen falta etiquetas porque ya no tienen sentido. Uno se enamora y ya está. Lo demás, cosas sin importancia.

Pero todavía hoy en día hay un tipo de relación que no, que no termina de encajar en nuestra sociedad: la de una mujer mayor con un chico joven. La situación a la inversa es lo típico, lo que estamos hartos de ver en películas y en nuestro día a día. Se entiende que una mujer joven puede estar con un hombre mayor, pero al revés no. Y yo me pregunto: ¿por qué? Pensé que después de leer el libro escrito por Dolores Conquero (a la que podéis encontrar en Twitter como @noviojoven) hallaría la respuesta a este interrogante, pero la verdad es que no ha sido así.

En Amores contra el tiempo la autora nos relata diferentes historias de mujeres que osaron (sí, osaron) tener una relación con un hombre bastante menor que ellas. Desde Diana de Poitiers hasta Fiona Campbell-Thyssen, pasando por la famosa Gala que conquistó el corazón de Dalí, encontraremos nueve historias de nueve mujeres fascinantes que se saltaron las normas. Todas ellas se enamoraron de hombres más jóvenes y sus relaciones no fueron en absoluto fáciles ya que no estaba bien visto que esto fuera así. Y vamos a fijarnos en que la primera que menciono vivió en el siglo XVI y la última al siglo XX. Lo que significa que, aun existiendo tantos años entre medias, la mentalidad parecía ser exactamente la misma al respecto.

Hay una cosa que quiero destacar especialmente de Amores contra el tiempo y es lo siguiente: cada relato en el que encontramos a las diferentes protagonistas, está perfectamente contextualizado en el tiempo. La autora hace una grandísima labor de investigación para darnos la máxima cantidad de detalles sobre aquella época en concreto. Esta parte es la que de verdad ha hecho que quisiera seguir leyendo, porque vamos a ver, la trama es la misma en todas las historias: mujer mayor con hombre joven, por lo que podemos llegar a caer en el error de pensar “leído uno, leídos todos”. Pero la contextualización y todos los detalles aportados por Dolores Conquero es lo que de verdad hace que este libro merezca la pena.

En mis reseñas ya he dicho en alguna ocasión que yo no soy una gran amante de la historia, porque me aburre y no me llama demasiado la atención. Pero cuando encuentro un libro, como este, que me narra una parte de la historia como si fuera un cuento y que hace que me interese por la misma, pongo en duda esta afirmación que acabo de hacer. Porque si no me gustara la historia… no podría disfrutar en absoluto con un libro así, ¿no creéis? Y ya os aseguro que he disfrutado con él. Así que igual es hora de repasar mis gustos y hacerle un lavado de cara a mi discurso sobre ellos.

Eso sí, una cosa os tengo que decir antes de acabar la reseña, es un libro que no he leído del tirón. Cuando lo empecé y leí el prólogo —de verdad, maravilloso— que hace la autora, pensé que iba a leérmelo de una sentada. Pero no ha sido así, ya que lo he hecho por capítulos, alternando estos con otras lecturas. Y yo creo que lo hice así porque cada capítulo contiene muchísima información sobre la época y los protagonistas, entonces cuando terminaba uno sentía que tenía demasiados detalles en mi cabeza y que me iba a ser difícil ponerme con el siguiente. Así que hice eso: fui alternando las diferentes historias con otros libros que tenía por ahí pendientes. Y así, siguiendo esta metodología, lo he disfrutado muchísimo. No sé si es la mejor manera de leerlo, desde luego, pero esa ha sido la mía y a mí me ha funcionado a la perfección.

Como decía, todavía sigo sin entender por qué este tipo de relaciones no está bien visto en la sociedad. Por qué cuando la Duquesa de Alba se casó con Alfonso Díez todo el mundo se echó las manos a la cabeza y en cambio veíamos algo tremendamente normal el que “Papuchi” apareciera cada día con una jovencita. Que, digo yo, a quién le importa lo que hagan los demás con su vida. Seamos todos felices de la manera en la que queramos serlo e intentemos olvidarnos de todos los convencionalismos. Claro, que es tan fácil decirlo… Bueno, yo ahora mismo estoy tranquila porque en esta reseña (igual que en todas) he dicho exactamente lo que quería decir sin importarme la opinión de nadie. Y eso, ya es un paso ¿no?

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La historia oculta. Integral 5, de Jean-Pierre Pécau

la historia oculta 5

la historia oculta 5Hoy vengo a hablaros de La historia oculta. Integral 5, de Jean-Pierre Pécau, lo que quiere decir que ya he leído los cuatro integrales anteriores. Como muchos no habréis leído las reseñas que les dediqué y los que sí lo hayáis hecho seguramente no os acordéis (han pasado seis meses desde la última entrega), veo oportuno dar un repaso rápido a lo que hasta ahora ha dado de sí esta ucronía con toques de fantasía, humor y acción (mucha acción), para que os convenzáis de que pocas historias ofrecen una trama tan ambiciosa y bien hilada como esta.

En La historia oculta. Integral 1 nos remontábamos al último periodo del Neolítico, cuando los cuatro hermanos protagonistas eran todavía niños y adquirían su poder e inmortalidad a través de cuatro marfiles: oros, bastos, espadas y copas. Ese primer volumen relataba los acontecimientos que tenían lugar entre los años 1350 antes de nuestra era y 1527, cuando los hermanos dirigían los designios del mundo levantando y destruyendo civilizaciones a su antojo. La historia oculta. Integral 2 se desarrollaba entre 1588 y 1919, un periodo en el que los cuatro arcontes perdían paulatinamente su poder a medida que se hacían réplicas de sus barajas y se iban sumando seres humanos a esta partida por el dominio del mundo. La historia oculta. Integral 3 se centraba en la Segunda Guerra Mundial, donde los arcontes aparecían por primera vez como los únicos capaces de poner un poco de orden en una humanidad abocada al caos y la destrucción. Finalmente, en La historia oculta. Integral 4 se narraban los últimos episodios del conflicto bélico mundial y, a punto de llegar a los años cincuenta del pasado siglo, la acción principal se trasladaba a la guerra árabe-israelí, otro polvorín en el que los arcontes tenían un papel decisivo.

Así llegamos a La historia oculta. Integral 5, donde el cada vez más complejo guion de Jean-Pierre Pécau está ilustrado con sumo detalle por Igor Kordey. Compuesto por «Operación Kadesh», «El fin de Camelot», «La era de acuario» y «La puerta del agua», este integral arranca en el desierto de Egipto en 1942 y concluye en los primeros envites de los años setenta.

Como siempre, para crear su versión alternativa de las razones que han motivado los grandes cambios de la historia mundial, Pécau juega con esas historias y personajes reales que han dado pie a infinitas teorías conspiratorias. En esta entrega desfilan personajes por todos conocidos: la familia Kennedy, Nixon, John Edgar Hoover, Howard Hughes o Martin Luther King, e incluso el hijo del actor Errol Flynn y Borges y su ficticia (o no) ciudad de Kor. El FBI, el Mossad, la Unión Soviética y la mafia tienen especial protagonismo. Además, asistimos a momentos históricos relevantes a los que no se les han dedicado demasiadas páginas en la literatura: la Revolución húngara, en 1956, y la invasión de Checoslovaquia, en 1968. Y como no todo va a ser sangre, también se recrea el Verano del Amor, el festival hippie de 1967. Puede que La historia oculta sea ficción, pero sus raíces históricas son de tal envergadura que es también una forma muy original de repasar los grandes conflictos que se han ido sucediendo en nuestro mundo.

A esta novela gráfica aún le quedan muchos capítulos. Algo me dice que llegará hasta diciembre de 2012, la famosa fecha del calendario maya. Tendré que esperar para saber si, en la ucronía creada por Pécau, ese día supondrá el fin del mundo o el punto de inflexión hacia una nueva era.  De lo que estoy segura es que este reverso de la historia me sorprenderá hasta la última página.

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Teules, de Joaquín Planchuelo

Teules

TeulesEn su sinopsis, Teules se presenta como un relato de la conquista de México que no hace concesiones a la ortodoxia, y eso llamó mi atención. Sin embargo, cuando tuve en mis manos la edición en papel, me abrumó. Son setecientas setenta y cinco páginas oficialmente, pero, por el minúsculo tamaño de letra y de los márgenes, es evidente que con cualquier otra maquetación hubiera sobrepasado las mil páginas con creces. En ese momento me di cuenta de que estaba ante una novela histórica ambiciosa y me pregunté si Joaquín Planchuelo —historiador y jurista, además de literato— habría sido capaz de transformar su vasta documentación en una novela atractiva.

Y no me andaré con rodeos: sí que lo ha conseguido, ¡y de qué manera! En lugar de detenerse en explicaciones, introduce toda la información necesaria a través de los diálogos y la acción. De esta forma mantiene un ritmo ágil en todo momento, lo que es admirable en una obra tan extensa. Y es que en Teules se suceden las batallas (las dialécticas y las de cuerpo a cuerpo), pero también las intrigas (internas y entre bandos). Una demostración de cómo la palabra puede ser tan poderosa como las armas a la hora de minar al enemigo, de conquistar imperios.

Pero empecemos por el principio: ¿por qué Teules? «Teules» significa «dioses», y los indígenas adjudicaron ese nombre a los hombres blancos que arribaron a sus tierras allá por el año 1519. Como eran incapaces de herirlos con sus flechas y piedras, los consideraban inmortales, y como sus barcos, brújulas y demás posesiones les resultaban inexplicables, las creían de origen divino.

Joaquín Planchuelo ha escrito un retrato vívido de ese periodo convulso. No solo muestra las intenciones del ejército español —las oficiales (poblar y cristianizar) y las veladas (enriquecimiento y disfrute)—, sus manipulaciones y sus desmanes, sino la complejidad de la situación americana antes de que estos llegaran, ya que decenas de pueblos estaban sometidos al todopoderoso imperio azteca y vieron en esos teules la posible solución a sus problemas.

Es de agradecer que el autor haya mostrado el punto de vista y contradicciones de ambos lados, lejos de reducirlo al enfrentamiento entre buenos y malos, porque la realidad nunca es tan simple. Solo conociendo los matices de cada circunstancia y de cada ser humano podemos atisbar el porqué de determinados acontecimientos. Eso es lo que ha logrado plasmar Joaquín Planchuelo en esta obra y, para mí, la gran virtud de Teules. Sin olvidarme de cómo ha reflejado las personalidades de Cortés y Moctezuma, los dos grandes protagonistas de esta historia, y la relación que se establece entre ellos, también fascinantes. Hombres que fueron admirados y temidos, héroes y villanos, dependiendo del momento y de los ojos que los mirasen.

Esta novela histórica es la crónica de lo que aconteció durante ese primer año y medio de conquista, pero también una muestra de lo que supuso aquel choque cultural. Ni la concepción del mundo de los españoles ni la de los indígenas salió ilesa de ese encuentro. Por un lado, los aztecas practicaban el canibalismo y hacían sacrificios humanos para que sus dioses les aseguraran la victoria en cualquier batalla, algo que siempre habían logrado, pero cuando las armaduras, caballos y arcabuces de Cortés y sus hombres se cruzaron en su camino, nada pudieron hacer. El imperio más grande del continente se dio cuenta de que había algo más poderoso que los dioses a los que siempre habían venerado. Por otro lado, los españoles los veían como bárbaros; censuraban sus prácticas atroces y se sentían sus salvadores al mostrarles el camino hacia la única fe verdadera: el cristianismo. Y aunque alardeaban ante ellos del poder y las riquezas de los reyes de España, se asombraban de su oro y de la magnificencia sin parangón de los palacios de Moctezuma, así como de su ingenio e inteligencia. Lo que creían que sería un sometimiento sencillo, se convirtió en una huida hacia delante a toda costa, sobre todo por parte de Cortés.

Por todos estos elementos y muchos más, Teules es una novela histórica trepidante. Su exhaustiva documentación y detalle serán del gusto de los duchos en la materia, pero también de los legos, que encontrarán los elementos suficientes para entender la trascendencia que aquel episodio tuvo para el mundo. Y por si esto fuera poco, se lee igualmente como una novela de aventuras, pues la acción nunca se detiene.

La única pega que le saco a Teules es que la edición no está a la altura de la historia, ya que hay bastantes errores ortotipográficos (sobre todo en los diálogos) y la maquetación le da un aspecto amateur. Algo que se puede mejorar en siguientes ediciones y en la continuación, si es que la hay. Me da la impresión de que las últimas líneas dejan la puerta abierta para que así sea. Eso sería una buena noticia para todos sus lectores, pues, una vez leída Teules, no vemos mejor forma de conocer los entresijos del resto de la conquista que de la mano diestra de Joaquín Planchuelo.

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La sinfonía del tiempo, de Álvaro Arbina

la sinfonía del tiempo

la sinfonía del tiempoNo sé si hice bien, pero leí la biografía de Álvaro Arbina que aparece en la solapa de La sinfonía del tiempo antes de empezar la lectura. Reconozco que me sorprendió que el año de nacimiento del autor de esta novela histórica de más de quinientas páginas fuera 1990, pero aún más que ya fuese su segunda novela publicada. Eso, unido a la frase promocional en la que Julia Navarro afirmaba que este precoz escritor vasco tenía «el don de los grandes narradores», me hizo adentrarme en la primera página con escepticismo: ¿de verdad escribe tan bien Álvaro Arbina?

Me bastaron un par de párrafos para rendirme a la evidencia: sí, Álvaro Arbina escribe muy bien. Pródigo en adjetivos, aunque siempre atinados, se recrea en cada descripción para deleite de sus lectores. Pero no solo su prosa es exquisita, sino que la historia que teje es envolvente y su documentación, apabullante.

Secretos familiares, fotos venidas del pasado con mensajes sobre el futuro, fortunas surgidas de la iniquidad e historias de amor truncadas son algunos de los elementos que componen La sinfonía del tiempo y la convierten en una novela apasionante. Todo comienza en 1914, en una estación de Londres, cuando Benjamin, el esposo de Elsa, no regresa en el tren previsto. Tampoco lo hace en los días siguientes. Y Elsa, que se resiste a creer que la desaparición es voluntaria, viaja hasta París en busca de él. Allí descubre que para dar respuesta a ese y a otros muchos misterios de su vida debe regresar a la casa de su familia, los Zulueta, en la costa cantábrica. En paralelo al viaje de Elsa, también se narra la juventud de sus padres. De esta manera, Álvaro Arbina retrata tanto el convulso contexto económico, político y social de la España de finales del siglo XIX y principios del XX como los avances tecnológicos y conflictos que se sucedían entonces en el mundo y, especialmente, en Europa.

El autor reconoce en las notas finales que «No es un retrato fiel de lo que sucedió» porque «Para eso ya están las labores periodísticas, o los libros de Historia». Que «Una novela reconstruye la realidad, se rebela ante ella, (…) y juega con sus piezas», creando «una ilusión tan verdadera y tan mentirosa como la memoria, un regalo que enriquece la vida y nos hace soñar, y tal vez entender un poco más». Y, sin duda, en La sinfonía del tiempo cumple con el cometido que se propone como escritor, pues nos hace soñar con las vicisitudes de sus protagonistas y comprender mejor la complejidad de aquel periodo histórico que abarca casi sesenta años, sin importar las licencias históricas que se tome.

Dentro de este panorama tan agitado que se plasma en La sinfonía del tiempo, tiene un papel crucial Samuel Lowell Higgins, un científico, historiador, pensador y profesor de estadística matemática obsesionado con crear una teoría llamada Las notas del tiempo, en la que intenta revelar los engranajes que subyacen en cada suceso histórico para, así, predecir los comportamientos futuros de la humanidad. Porque, como dice uno de los personajes, «La vida es redundante. Aunque a todos nos parezca nueva». Y adelantarse al devenir histórico cobra relevancia justo en ese 1914, ya que, como todos sabemos, es el año en el que dio comienzo la Primera Guerra Mundial.

No sé si hice bien leyendo la biografía de Álvaro Arbina antes de empezar la lectura, pero estoy segura de que si la hubiera leído tras acabar el libro, todavía me hubiera sorprendido más con la edad del autor. Si con tan solo veintiocho años es capaz de escribir semejante libro, no exageraba Julia Navarro en su definición, ni tampoco mi compañero Gorka en la reseña que le dedicó al debut literario de este autor, La mujer del reloj. Tampoco exagero yo si os digo que Álvaro Arbina está llamado a ser uno de los grandes escritores de novela histórica de nuestro país. Si no lo es ya.

@EstherMagar

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Si el Führer lo supiera, de Otto Basil

Si el Führer lo supiera

Si el Führer lo supiera¿Cómo sería el mundo si Alemania hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial e impuesto una dictadura nazi a los países derrotados? ¿Y si solo sus aliados japoneses hubiesen tenido el privilegio de dominar una parte del territorio? ¿Y si Estados Unidos se hubiera convertido en Estados Vasallos Unidos de América, tras su derrota en el conflicto bélico? Esa es la premisa de la que parte Otto Basil en Si el Führer lo supiera, novela escrita en 1965, prácticamente la misma que Philip K. Dick plantea en El hombre en el castillo, publicada en 1962. Y, pese a una idea idéntica, nada tiene que ver el desarrollo de una y otra.

Philip K. Dick me fascinó con su libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (rebautizada como Blade runner en su adaptación cinematográfica), por lo que hace años leí El hombre en el castillo con grandes expectativas. Un mundo sometido al nazismo me parecía una ucronía apasionante, una distopía aterradora. Pero Philip K. Dick apenas explotó la mina de oro en la que se había adentrado y la lectura de El hombre en el castillo fue una decepción para mí. De ahí que al leer la sinopsis de Si el Führer lo supiera y ver la similitud, me aventurara a averiguar si Otto Basil había sido capaz de sacarle todo el partido que esta premisa prometía.

En Si el Führer lo supiera, Otto Basil nos traslada a los años sesenta del Magno Imperio Germánico. A Höllriegl, nacionalsocialista de pura cepa y funcionario especialista en giromancia, le han encomendado una misión que le hace viajar por todo el imperio, justo cuando el anciano Hitler muere, se desata una lucha por ocupar su puesto y la Magna Iapónica decide atacar a sus aliados alemanes para hacerse con el control del mundo. En esta caótica tesitura, Höllriegl se va encontrando con personajes peculiares que, de una forma u otra, atentan contra los principios del Gran Reich Alemán.

Mientras asistimos a los devaneos amorosos de Höllriegl y a las situaciones disparatadas en las que se ve envuelto, conocemos el contexto macrohistórico a través de discursos de los personajes, los chismorreos y los programas de radio y televisión. Otto Basil nos muestra un mundo dominado por los alemanes en el que el sexo solo se permite para preservar la especie, las minusvalías y los complejos de inferioridad se consideran delito, los judíos se han extinguido —¡y también los psicoanalistas!— y se ha esclavizado al resto de seres humanos que no pertenecen a la raza aria, denominados simios e infrahumanos.

Por momentos, Si el Führer lo supiera parece una ficción exagerada. Sin embargo, muchas de las fantasías de Otto Basil nacen de documentos presentados en los juicios de Núremberg; en ellos, el poder nazi contaba sus planes de futuro para dominar el mundo, y lo paranormal ocupaba un papel relevante. Quien ahonde un poco en la trastienda de la Segunda Guerra Mundial descubrirá que los nazis tenían contratados a videntes para ir un paso por delante en la contienda, y Otto Basil se ha servido de estas excentricidades para asentar su sátira.

Gracias al elaborado contexto político, cultural y social, Si el Führer lo supiera es una ucronía distópica verosímil, y, por eso mismo, inquietante. No sé si Otto Basil leyó la novela de Philip K. Dick, pero sin duda fue el escritor austriaco el que supo sacarle todo el jugo a esta versión alternativa de la historia.

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Experimento Magallanes, de Alejandro Alvado

Experimento Magallanes

Experimento MagallanesHoy estoy emocionada. Sí, estoy especialmente contenta. Ha sido un día estupendo: en el trabajo ha salido todo redondo, me he permitido el lujo de darme un paseo de una hora sin pensar en nada, he recibido muy buenas noticias y he terminado el libro que me ha acompañado estos últimos días.

Y, vale, esto último ocurre muy a menudo, al menos dos veces a la semana, así que tampoco tendría por qué ser una novedad. Pero lo cierto es que sí lo es, porque este libro, Experimento Magallanes, me ha encantado.

Si leéis mis reseñas ya sabréis que no suelo decirle que no a ningún libro, aunque no me atraiga demasiado en un principio. He aprendido a no juzgar por una presentación, por una temática o por una sinopsis. Prefiero dejarme llevar y ver qué me depara ese libro. Y, si me leéis, también sabréis que no soy una gran aficionada a las novelas históricas, ya que normalmente me suele costar bastante conectar con la trama y engancharme a ella. Y sí, el libro del que vengo a hablar hoy es una especie de novela histórica. Digo especie, porque ahora, después de haberlo leído, no sé muy bien cómo catalogarlo. Después de leer esta reseña me entenderéis mejor.

Alejandro Alvado nos trae una novela muy cortita, que no llega a las cien páginas, y cuya historia transcurre en el siglo XVI teniendo como escenario principal el viaje que Magallanes emprendió y que tenía como fin el dar la vuelta al mundo. Podríais pensar que el protagonista de este libro, como sería lógico, es Fernando de Magallanes, pero lo cierto es que no. Los protagonistas son tres hombres con tres historias que contar que verán cómo sus vidas giran irremediablemente alrededor de la del luso. Concretamente, uno de ellos tendrá la misión de salvar la vida del explorador portugués, contando con un as en la manga muy peculiar: el saber cómo termina realmente la historia.

Este halo de ciencia ficción es algo que me ha gustado particularmente. Imaginaos: muchos marineros que transportaban mercancía de un continente a otro acababan muertos a manos del escorbuto, por no tomar la suficiente vitamina C. Cuántas vidas se hubieran salvado si alguien le hubiera dicho a estos marineros que el clavo que transportaban tan habitualmente era rico en esa vitamina. Y, como esta anécdota, muchas más: cómo hubiera cambiado el curso de la historia si alguien llegara del futuro contando todo lo que estaba por suceder.

Sin duda, una trama curiosa, ¿verdad? Pero no solo eso, ya que Alejandro Alvado lo cuenta todo con tanto humor que es inevitable dejar que una risa se escape de vez en cuando. Sobre todo si uno lee los títulos de los capítulos con detenimiento, ya que no tienen desperdicio.

Así que, sí, Experimento Magallanes es una novela muy difícil de catalogar. ¿Histórica? ¿Ciencia ficción? ¿Humor? Pero, si no somos muy quisquillosos y no necesitamos catalogar absolutamente todo lo que nos rodea, podremos contar con la ventaja de descubrir que una sola cosa puede tener multitud de virtudes y cualidades. Como es el caso. Espero que ahora me entendáis cuando os digo que he tenido un gran día.

Además, tengo que decir que la narración, la forma de escribir que tiene Alejandro Alvado, me ha gustado muchísimo. Utiliza un lenguaje elaborado pero para nada engorroso. Me ha resultado muy fácil introducirme en la trama (cosa que, como os dije, me cuesta bastante cuando se trata de novelas históricas) y eso ha sido gracias al lenguaje fluido que usa el autor. He de confesar que cuando me llegó a casa y vi lo cortito que era, pensé que en una noche podría leérmelo entero. Pero la verdad es que no ha sido así, porque he querido dosificarme. Podría haberme sentado y haberlo leído del tirón, pero he preferido disfrutarlo más lentamente, leyendo un par de capítulos por noche. No quería que se terminara tan pronto. Pero no os culpo si, al leerlo, os dura un suspiro; lo entendería perfectamente.

Si hay algo que se echa en falta, quizá sea el desarrollo de los personajes protagonistas. Alejandro Alvado apenas da unas pinceladas de cada uno de ellos, dejando mucho a la imaginación. Pero no tenemos que tomarlo como algo negativo, precisamente porque este es un libro en el que lo importante no es tanto el contenido, sino el continente. Nos da igual no saber cómo son los personajes en profundidad, o cómo piensan. Nos da igual no entender sus emociones o su forma de ser, sencillamente porque no lo necesitamos. Eso es lo bueno: que el trascurso de la historia sigue igual tanto si sabemos esas cosas, como si no. Así que, me ha gustado que el autor no se detuviera en darnos detalles innecesarios y fuera directamente el grano. Si se tratara de otro tipo de novela o narración, os podría decir que no, que yo necesito que me den personajes muy desarrollados y creíbles. Pero en este caso la historia en sí es tan interesante, que lo demás me ha dado absolutamente igual.

Habiendo dicho todo esto, no es de extrañar que ahora tenga una tremenda sensación de satisfacción. Cuando terminé el libro, lo hice con una sonrisa en la cara. No me podía creer que un libro de historia me hubiera gustado tanto. Sí, sin duda, hoy ha sido un gran día.

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La Casa del Arpa, de Paul Harrison

la casa del arpa

la casa del arpaUna majestuosa arpa clásica de cuarenta y siete cuerdas, con profusos realces de pan de oro sobre la madera y coronada por una cabeza tallada de mujer. Junto a ella, un atril de músico, con una columna salomónica con relieves vegetales. Y sobre su soporte, un viejo pliego mordisqueado y ahuesado por los años. Es una partitura sin título, con notas escritas a mano a lo largo de cinco páginas.

Esta bella escena es la que encuentra la familia Rico en un sótano oculto de su nuevo hogar, una casa con pretensiones de mansión colonial aislada en mitad del campo de Mingorría (Ávila). La hija mayor, Mía, de dieciocho años, está tratando de superar una decepción amorosa y halla en ese arpa y en su enigmática partitura un aliciente para olvidar el pasado. Poco a poco, la casa le irá desvelando sus macabros secretos y la triste historia de Gabriela, la arpista mulata que tocó ese arpa un siglo atrás.

La Casa del Arpa es la primera novela de Paul Harrison, un francés hijo de una pianista española, que ha creado una escuela de música con un método propio de enseñanza. Su pasión por la música queda reflejada en esta historia, donde una de sus protagonistas, Gabriela, solo es capaz de sentir las emociones cuando toca su arpa. A través de ella, en los capítulos que recrean lo acontecido en la casa en 1901, y de la hermana pequeña de Mía, Sofi, en los capítulos del presente, Paul Harrison nos muestra el autismo desde dentro, con el punto de vista de la persona que lo padece y con el de sus familiares. Y esa forma de contarnos cómo ha cambiado la percepción de este trastorno neurológico de cien años a esta parte me ha parecido uno de los aspectos más atractivos del libro. El otro punto fuerte es la documentación histórica que ha llevado a cabo, ya que Paul Harrison ha reconstruido la Mingorría de principios del siglo XX, retratando sus costumbres, creencias y expresiones, e incluso colando algunos personajes reales en su ficción.

Habitualmente nos encontramos con novelas que alternan capítulos del pasado y del presente. Es una estructura narrativa que me gusta, aunque suele atraerme más leer sobre las maneras de vivir de antaño que sobre los problemas cotidianos de una familia actual. Admito que Paul Harrison ha plasmado de forma creíble el día a día de los Rico y, en especial, la relación de amor-odio entre Mía y Astrid, la hermana mediana, pero mi problema fue que Mía me caía mal. Incidía demasiado (para mí gusto, pues no aportaba nada a la trama) en lo guapa que era y en cómo se le iban los ojos a todos los hombres en cuanto la veían, y eso hacía que yo perdiera el interés en su historia, confirmando, una vez más, mi preferencia por los capítulos del pasado. Sin embargo, a medida que investigaba la vida de los primeros habitantes de su casa y sus preocupaciones adolescentes quedaban en segundo plano, fui conectando con ella. A partir de entonces, ya no pude soltar La Casa del Arpa.

Cuando llegué a la última página, no me quedó más remedio que reconocer que Paul Harrison se había cargado todas mis reservas y había cumplido con nota en la parte histórica y en la de suspense, en los momentos de amor y de terror. Conseguir eso en una primera novela tiene mucho mérito, así que chapeau, Paul Harrison. Me has hecho olvidarme del mundo durante horas. Gracias.

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Pachinko, de Min Jin Lee

Pachinko

La buena literatura es aquella que te enfrenta a lo que das por sentado. Al menos, ese es el criterio que uso para distinguirla del mero entretenimiento. Y lo cierto es que no son muchos los libros que pueden ocupar un puesto en la primera categoría. De ahí la magia de encontrarse con ellos, casi por casualidad. Como si estuviéramos esperando que sucediese otra cosa. Desde que quedó finalista para el National Book Award en 2017, Pachinko entró en mi radar como una novela que merecía la pena leer. Una saga familiar de coreanos intentando hacerse una vida en Japón a lo largo del siglo pasado. A priori, parecía una novela entretenida. Mi sorpresa llegó después, cuando me vi totalmente arrastrado por la historia y por la Historia. Permitidme el uso de la mayúscula para diferenciar lo que los angloparlantes, acertadamente, dividen entre story y history. Aunque los personajes son ficticios, el episodio histórico que les toca vivir no lo es. Min Jin Lee me ha hecho replantearme mi fascinación por Japón, enseñándome la cara oculta de una sociedad eficiente y paradigmática. No sé si estamos ante una de las mejores novelas del año porque aún es pronto para este tipo de predicciones. Sin embargo, puedo decir desde ya que es uno de los libros más necesarios que vais a leer en 2018.

Todo comienza cuando Sunja, una coreana analfabeta de quince años, queda embarazada de un hombre casado que, fascinado por la joven, consigue embaucarla. Ante la imposibilidad de matrimonio, Sunja es tomada por esposa por un joven pastor presbiteriano que asume el cuidado tanto de ella como del bebé. Y juntos parten a Japón donde son acogidos dentro de la incipiente congregación con base en Osaka. Allí, el pastor y Sunja se reunirán con el hermano del primero y su mujer, con los que formarán una pequeña familia con la llegada de Noa, el recién nacido. A lo largo de los años, veremos cómo el devenir de este núcleo familiar será puesto aprueba constantemente. Racismo, pobreza y persecuciones religiosas serán problemas cotidianos a los que Sunja tendrá que hacer frente. No en vano, toda la novela gira en torno al fuerte ostracismo que vivieron los coreanos emigrados a Japón. Una situación que vulneraba los derechos humanos mínimos y que relegaba a la comunidad coreana a los peores estratos de la sociedad, como por ejemplo, trabajos en salones recreativos de pachinko. Una especie de pinball japonés cuyo sistema amañado generaba mala fama, pero que eran tremendamente adictivos. Negocios con los que la yakuza tenía relaciones.

Desde 1932 hasta 1989, presenciaremos cuatro generaciones de coreanos que tendrán que usar todo tipo de artimañas para poder tener una vida tan digna como los nativos del propio país. Desde ocultar sus raíces hasta separarse de sus seres queridos con el fin de evitar posibles asociaciones. En los años en los que transcurre la novela se sabía que ciertos trabajos, como profesor, estaban vetados si no se era japonés nativo.

Quiero detenerme a hablar del poder femenino que sostiene todo el artefacto narrativo. La autora nos sitúa tras los ojos de Sunja durante toda la novela. Es la fortaleza de una mujer que a penas sabe escribir bien su nombre desde donde el lector presencia un instinto de supervivencia imbatible. El peso de los años y de las muertes no es capaz de minar la voluntad de hacer que su familia prospere. Debido al fuerte patriarcado de la época, las mujeres se convertían en una deshonra para sus familias si decidían trabajar, incluso cuando el dinero era absolutamente necesario. Por lo que las mujeres en Pachinko tendrán que recurrir a todos sus recursos para poder alcanzar un mínimo de prosperidad.

Decía al principio que esta novela es sin duda necesaria. Y quiero explicar por qué. Siempre he tenido claro que una novela histórica no nos habla de la época en la que transcurre los hechos que narra, sino del momento en el que ha sido escrita. Y en este caso toca hablar del otro, del extranjero. El rechazo al que viene de fuera es implacable, sin importar cuánto se esfuerce. Con frecuencia es visto como un ciudadano de segunda categoría. Esta novela no sólo me ha enseñado historia. También me ha puesto en guardia ante mis propios prejuicios. ¿Quiénes son los coreanos hoy? ¿A qué colectivo, nacionalidad o etnia estamos culpando por nuestras carencias, por nuestro bienestar truncado? No quiero caer en el panfleto, ni en la demagogia. Aquí lo que nos ocupa son los libros. Sin embargo, no puedo sino pensar que la realidad, como el pachinko, lleva tiendo siendo amañada y son novelas como ésta las que te permiten entrever el truco. Leedla. Es necesario.

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La última pintura de Sara de Vos, de Dominic Smith

La última pintura de Sara de Vos

La última pintura de Sara de VosLeonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Van Gogh, Rembrandt, Monet, Picasso… Los nombres propios de la Historia del Arte se escriben en género masculino. Si le preguntamos a cualquier persona de a pie el nombre de alguna pintora famosa, lo más probable es que no sepa decir ninguno. Y es que, parece que las mujeres empezaron a pintar hace dos días. ¿Antes? Su papel se limitaba al de musas o modelos en las obras de los grandes pintores masculinos que todos conocemos. Las mujeres no empiezan a formar parte y ser reconocidas de manera oficial en el mundo del arte hasta el siglo XIX, en el que algunos autores como Monet o Manet, las aceptan como pupilas en sus talleres de arte, y empiezan a sonar nombres como el de Berthe Morisot. Anteriormente, las autoras dependían del beneplácito de los hombres para darse a conocer y su única opción era ser hijas o esposas de un pintor o un académico. No obstante, aún hoy, las mujeres siguen siendo las grandes ausentes de los libros de texto de la Historia del Arte y, si salen, es en un capítulo que agrupa los nombres más importantes, pero no figuran como nombres propios al igual que los hombres en los capítulos dedicados a cada siglo o movimiento artístico.

La mayoría de los cuadros pintados por mujeres permanecen en el anonimato y los que están firmados por ellas son considerados de menor categoría que los firmados por los hombres. Esta realidad se pone de manifiesto en la “La última pintura de Sara de Vos”, de Dominic Smith. El autor australiano nos introduce en el papel que ha jugado la mujer en el mundo del arte mediante la figura ficticia de Sara de Vos, una pintora holandesa ubicada en Ámsterdam en el siglo XVII, y que, como muchas pintoras reales que sí existieron, estaba limitada por su género a pintar los temas que se consideraban adecuados para una mujer: retratos, interiores y, especialmente, bodegones; ya que no podían practicar dibujo al natural (con un modelo desnudo) ni pintar paisajes al aire libre.

“La última pintura de Sara de Vos” se mueve en tres planos cronológicos: Ámsterdam, 1631, Sara de Vos, es la primera mujer admitida en la Guilda de San Lucas y, a pesar de las restricciones temáticas, tras un trágico suceso en su vida, pinta la imagen de una niña en un bosque nevado; Nueva York, 1957, la única obra que ha sobrevivido de Sara de Vos, “En el linde de un bosque”, cuelga de la pared del cuarto de Marty de Groot, un prestigioso y adinerado abogado de Manhattan, que no sospecha que Ellie Shipley, una joven estudiante de arte, ha sido contratada para realizar una falsificación de dicho cuadro; Sidney, 2000, la joven estudiante es ahora una reconocida historiadora y comisaria de arte en su país de origen, que ve peligrar la vida profesional que tanto esfuerzo le ha costado forjar, cuando descubre que los dos cuadros de Sara de Vos, el original y la falsificación que ella pintó en su juventud, viajan hacia Australia para formar parte de la exposición dedicada a las pintoras del Siglo de Oro holandés que está organizando.

Dominic Smith, por lo tanto, profundiza también en el rol desempeñado por la mujer en una sociedad que no le permite desarrollarse más allá del ámbito doméstico. Se ve el cambio producido durante el tiempo: su casi total anulación en el siglo XVII, las dificultades que aún padece en los años 50, y la gran evolución sufrida en pos de la igualdad en el año 2000. Utilizando el cuadro pintado por Sara de Vos como eje para entrecruzar los tres planos temporales que narra, el autor, también aborda el impacto que el arte, un determinado cuadro, puede tener en la vida de varias personas de tiempos y lugares diferentes. Pero no sólo nos narra a la perfección como funciona el mundo del arte a través de un gran y preciso trabajo de documentación, sino que aborda temas tan dispares como la superación de la perdida de un hijo o la imposibilidad de traer uno al mundo, el ocaso de un matrimonio y la emoción de un nuevo amor, la aceptación de la vejez y de la muerte, las luces y sombras que todo ser humano posee y, especialmente, la ética profesional y personal. Como dice el propio autor, el libro habla de la falsificación física, pero también de la moral, ¿cuál es más nociva?

Detrás de “La última pintura de Sara de Vos” también hay un gran trabajo en el desarrollo de los personajes. A pesar de los continuos saltos en el tiempo y de protagonista que se producen en cada capítulo, Dominic, profundiza magistralmente en el alma de cada uno de los personajes. Y aunque, al principio, pueda parecer que lo hace más en el caso de Ellie y de Marty, ya que aparecen en más capítulos y los conocemos en dos fechas distintas; cabe destacar el retrato que hace de Sara de Vos, que también está perfectamente perfilada debido tanto a sus propios capítulos, como a su obra y a lo que los otros personajes hablan de ella siglos después.

Otro de los puntos remarcables de la novela, es la manera en la que el escritor nos presenta las desigualdades sociales, a través de los diferentes estilos de vida de los personajes. La más absoluta ruina y pobreza, representada en la vida de Sara de Vos y su marido en el siglo XVII, o en la vida de Ellie Shipley en los años 50, una joven estudiante que se ve obligada a realizar trabajos ilegales para mantenerse y para abrirse un hueco en su profesión; se contraponen a la riqueza y la comodidad de la vida de Marty de Groot, en la que abundan las fiestas en su casa de Manhattan, llena de preciadas obras de arte, con lo más granado de la sociedad neoyorkina.

Aunque en el libro se trate este amplio abanico de temas, Dominic Smith, lo hace de un modo tan natural y cohesionado, que en vez de resultar una mezcolanza difícil de digerir, que en determinados momentos nos podría incluso llegar a sacar del libro, es todo lo lo contrario. Todo rema y viaja en una misma dirección para presentarnos una historia armoniosa, franca y conmovedora que lees casi sin darte cuenta, gracias a una prosa muy visual, detallada y preciosista, que en su pluma parece fácil, pero que no lo es en absoluto.

Cada capítulo, cada escena que nos narra, parece un cuadro gracias al detalle con que el autor lo describe. Y es que, “La última pintura de Sara de Vos”, es como un cuadro pintado con una vasta combinación de trazos de distintos grosores y materiales, que si te acercas demasiado eres capaz de distinguir, pero que al alejarte y abarcar de un único vistazo, te permite advertir una pieza armoniosa, completa y perfecta.

Al igual que los árboles, los cuadros han respirado el aire que los rodeaba y ahora exhalan parte de los átomos y las moléculas de sus anteriores propietarios.

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¡Estás pecando, Señor!, de Alejandro Salgado Sevilla

¡Estás pecando, Señor!

¡Estás pecando, Señor!Es más que probable que jamás me hubiese acercado a este libro por su título, aunque tengo que reconocer que estos días ha estado rodando por mi salón y ha llamado la atención de quienes por allí han pasado; ni por su portada, que no digo yo que no sea actual y atractiva a la vista; tampoco suelen ser los premios lo que me acerquen a los libros, es más, en ocasiones me aleja de ellos, pero pensé que aun habiendo sido uno de los finalistas del IV Premio Iberoamericano Planeta CASA DE AMÉRICA, no tenía pinta de ser uno de esos que todo el mundo ya ha leído y está muy reseñado y en boca de todos, ya saben que me gusta hacer mis propios descubrimientos… Pero tampoco eso fue decisivo para decidir que pasaría con el mi primera parte del descanso navideño.

¿Qué es entonces lo que realmente me acercó a ¡Estás pecando, Señor!?

Fue precisamente hacer lo que nunca hago al tener una novela entre mis manos, leer su contraportada, eso que tanto el autor como la editorial se esfuerzan porque leamos y yo casi nunca hago. Pues bien, fueron las palabras “Santo Prónubo” las que llamaron mi atención, las que me dejaron desconcertada, después explica que es el verdadero Anillo con el que San José desposó a la Virgen María. Y claro, una que es muy, pero que muy curiosa con estos temas se siente ya atrapada por esta historia que le espera.

Yo había leído que este famoso Anillo que desde el Siglo XV se encuentra en Perugia (Italia), llegó allí desde una localidad de la Toscana llamada Chiusi ¿Cómo llegó a la Toscana procedente de Jerusalén? Pues al parecer la Virgen se lo entregó a su querido Juan (San Juan) antes de morir (o ascender a los cielos según la tradición católica). Tiempo después, no se sabe cómo, llegó a manos de un comerciante de Jerusalén que a su vez lo vendió a un orfebre de Chiusi… Pero si es por historias les aseguro que sobre el Santo Anillo debe haber otras cuatro o cinco muy interesantes.

A mí me gustan las historias contadas en distintas fases, escalas o tiempos, esto es, diferentes narraciones que al final convergen en la conclusión y desenlace de la historia. El autor, Alejandro Salgado Sevilla, según nos decía la editorial, entrelaza con habilidad tres líneas argumentales que se desarrollan en los Siglos XVIII, XIX y nuestros días, hace que todo encaje y el lector quede así sobradamente satisfecho con el resultado.

El inicio del libro nos sitúa en:

“7 de enero, Córdoba, año 1795

-¡OH, NO! ¡DIOS MÍO, AQUÍ HUELE A SANGRE! –exclamó don Torcuato-. ¿Qué ha sucedido?

Solo uno de los seis ventanales angostos estaba abierto de par en par, dejando entrar un flujo de aire frío, siniestro, acaso impertinente. Aquel curso sombrío y violento de aire parecía tener la intención de que a don Torcuato no se le pasara por alto ningún documento que los pisapapeles de plata pudieran dejar encubierto a la vista…”

Y así nos adentramos en este entramado novelesco que nos entretendrá hasta su última página.

Se agradece sobre todo en estos pasajes de los Siglos XVIII y XIX la alta calidad narrativa que nos ofrece el autor, da mayor credibilidad a los acontecimientos que nos va describiendo, haciendo verosímil no solo los mismos, sino la ambientación que los rodea. Debemos tener en cuenta que el detalle es muy importante dado que la historia se inicia con la investigación del asesinato del Obispo de la diócesis, investigación que será llevada a cabo por don Torcuato, Secretario Episcopal de Córdoba.

Por otra parte conoceremos a los hermanos Huenumán, llegados desde Chile como esclavos, en especial seguiremos la vida de la hermana, Verena María, un curioso personaje que dará un color especial a toda esta historia, cuya adicción al sexo, y el descubrimiento de que a través de él se puede ejercer un inmenso dominio sobre otras personas, la hará cada vez más poderosa. A sus manos llegará aquel anillo del que antes les hablaba y que tanto me había interesado.

Ya en nuestros días nos acercamos a las también hermanas, en este caso gemelas idénticas, Beatriz y Teresa, abogada una, asistente social la otra. Los capítulos se irán entrelazando de forma que poco a poco vamos viendo como el pasado y el presente van tomando forma, como cambia el pensamiento y la vida durante el recorrido de la historia, pero como el ser humano en sus profundidades sigue siendo y reaccionando igual.

Tomar decisiones cuyas consecuencias nos acompañaran a lo largo de la vida no es fácil, tampoco convivir con fobias, con filias y parafilias que en ocasiones van más allá de la inmoralidad para llevar a las más terribles perversiones.

Hay novelas que mientras las lees las puedes ir viendo en tu mente como si fuese una película o una obra de teatro, este podría ser un claro ejemplo. Un libro que me llega por el interés y la curiosidad por ese Santo Anillo tan especial, y en el que he encontrado integrado en sus páginas, historia, sexo e intriga. Una novela negra con tintes históricos, bien planteada desde su inicio, con un desarrollo que va generando mayor curiosidad e interés a cada página, ganando en ritmo y con un final que Alejandro Salgado Sevilla deja bien cerrado.

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