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Para quien no brilla la luz, de José María Pérez Zúñiga

para quien no

para quien noA estas alturas de la película hacer algo medianamente original, distinto o, ya simplemente decente con un género que últimamente ha sido tan trillado, humillado y maltratado como el de los vampiros no es tarea fácil, aunque lo parezca. Al menos no sin pervertir tanto la esencia del mito como para cargárselo y no dejar de él más que cuatro notas típicas que sirvan al lector para poder diferenciarlo de un vulgar hombre lobo cualquiera. Es triste que mucha gente, sobre todo las últimas hornadas de gente, asocie a un icono del terror, tanto literario como cinematográfico, una saga, también literaria y fílmica, cuyo nombre se corresponde con el intervalo de tiempo antes de la salida o después de la puesta del Sol durante el cual el cielo permanece iluminado. Triste, pero cierto.

Así que con este desolador panorama en el que está quedando nuestra pobre cultura de masas, en el que a Odín gracias, también de vez en cuando nos encontramos con joyitas como, por poner un ejemplo, la pentalogía de David Wellington que se inicia con 13 balas, es muy gratificante encontrarse con pequeños y frescos tesoros como este Para quien no brilla la luz que le reconcilian a uno con la especie humana y piensa por un momento que sí, que aún hay esperanza, que no todo está perdido para los no-muertos. Que tal vez no funcionen ya los cánones de Stoker en una sociedad tecnificada y agilipollada como la nuestra, pero que pueden, Y DEBEN, seguir existiendo vampiros que te metan el miedo en el cuerpo, que te destrocen la yugular o la femoral, que te drenen el líquido vital y que, si no acaban contigo, te inoculen una sed insaciable, una capacidad de seducción magnética y, a ser posible, que todo esto no venga acompañado de dudas metafísicas acerca del bien, el mal, la vida y la muerte.

Alguno puede pensar que el vampiro es una figura que alguien inventó y que, por lo tanto, se puede hacer lo que se quiera con él dentro del campo de la libertad de creación. Sí. Pero no. Un vampiro moñas fosforito se queda en moñas fosforito, en un ser despreciable que no merece otra cosa que explotar al amanecer. Un vampiro ha de ser un ser terrible, malvado, astuto y capaz de jugar al gato y al ratón con su presa. Puede ser destruido, sí, pero con algo de esfuerzo. O con mucho, según…

Por eso este libro del que hoy hablo no es una brisa de aire fresco, sino un chorro dirigido a la cara. Es innovador, es perturbador y en ocasiones es jodidamente extraño. No tanto como pudieran serlo los sueños de David Lynch, pero tal vez como los de Freud o Jung. Desde luego, convencional no es.

Trata la figura del vampiro desde una óptica que, sobre todo en sus páginas finales, juega a descolocar al lector haciéndole dudar, desconcertándole, poniéndole en el mencionado lugar del ratón.

Por si fuera poco, la novela está escrita de forma inteligente, estructurada en capítulos cortos y narrados desde el punto de vista de varios personajes, volviéndose a veces metaliterario con la inclusión de ¿el propio autor? en algunos pasajes.

José María Pérez Zuñiga elabora una trama en la que el policía Miguel Serrano junto al forense Joaquín Moya investigan unos crímenes en el barrio de la Latina en Madrid. Cuerpos que aparecen desangrados, personas desaparecidas, y una misteriosa mujer a la que se la conocerá como Dama Negra. Una historia que atrapa, sobre todo su primera mitad, (más rápida y dinámica y menos introspectiva y psicológica que la segunda) creo yo que por la alternancia en los puntos de vista, por una escritura que empatiza con cada uno, por unas situaciones raras enmarcadas en un contexto de lo cotidiano (el vecino de arriba, el pub, el poli que vive en casa de sus padres sin renovar ni un solo mueble…) que hace que lo que nos cuenta se empape un poco más de la realidad y el terror que ya de por sí eso significa.

Sé que no es fácil hacer terror (aunque menos lo es hacer comedia) y Para quien no brilla la luz, libro que, aunque no es que sea terror terror, (es policíaco y de misterio diría yo), sí que consigue provocar una inquietud desagradable al leerlo. Un desasosiego, una intranquilidad un mar de dudas y una comprensión del estado confuso de los protagonistas, que no es fácilmente explicable.

“Ciudadanos, autoridades y policía se enfrentan a sus ansiedades y miedos más íntimos, los que constituyen nuestras miserias personales y sociales. Es lo que han representado siempre los vampiros: la otredad; la posibilidad de que seamos de una forma diferente.”

Sea o no esa la interpretación de vampirismo, he aquí un buen libro sobre el tema para todos los que adoramos a esas criaturas de la noche. Unas criaturas tratadas aquí de forma respetuosa y más cercana a su particular realidad. ¡Un libro de vampiros como Odín manda!

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Videorreseña: El Perfume, de Patrick Süskind

A veces me da la sensación de que no hay quién me entienda. Tengo un montón de libros nuevos que podría videorreseñar y en cambio saco del baúl de los recuerdos El perfumedel alemán Patrick Süskind. Y es que, no sé por qué, me apetecía a mí hablaros de mi experiencia con este libro.

Si bien es cierto que lo intenté leer en su día, cuando tenía unos quince años, tuve que dejarlo por imposible (aunque fuera temporalmente) porque me abrumó demasiado. Las descripciones tan exhaustivas que hace el autor y la crudeza de todo lo que narra fueron demasiado para mí. Así que lo dejé, pero jamás lo borré de mi lista de pendientes. Así que cuando fundamos el club de lectura entre dos amigos y yo, decidí que era el momento de retomar su lectura y recomendársela también a ellos. El resultado no me lo esperaba en absoluto: a los tres nos gustó muchísimo y coincidimos en que las descripciones de los olores (que es realmente lo que merece la pena de este libro) eran sublimes, lo que convertía al libro en una obra imprescindible.

Así que sí, a las cosas hay que darles una segunda oportunidad, porque así puede suceder lo que a mí me ocurrió: descubrir que has cambiado tanto que, algo que llegaste a aborrecer, ahora te apasiona.

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Videorreseña: El hombre de tiza, de C. J. Tudor

En este vídeo me he puesto un poco sentimental y he sacado a relucir uno de mis capítulos favoritos de Friends, aquel en el que Joey tenía tanto miedo al leer El resplandor que acababa por meter el libro en el congelador, para que no pudiera darle más miedo.

Cuando leí el comienzo de El hombre de tiza, escrito por C.J. Tudor y editado por Plaza & Janés pensé en hacer lo mismo, ya que hubo un momento en el que me estaba dando demasiado mal rollo. En el vídeo de cuento que a partir de ahí decidí leerlo de día, porque no era normal ese sentimiento que después me provocaba hasta pesadillas, y ya entonces la cosa cambió muchísimo.

Este libro comienza con el asesinato de una chica que aparece descuartizada en mitad del bosque. Se encuentran todas las partes de su cuerpo menos la cabeza. Serán Ed y sus amigos quienes encuentren el cadáver. A partir de entonces la vida de los chicos estará rodeada por misteriosos dibujos de hombres de tiza que aparecen cada vez que algo sospechoso sucede en el pueblo. Ahora, unos veinte años después, los hombres de tiza vuelven a aparecer, así que es inevitable pensar lo peor: el asesino ha regresado.

Pero no te cuento más, ¡pásate a ver el vídeo y entérate de qué me ha parecido!

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No mires ahora y otros relatos, de Daphne Du Maurier

no mires ahora

no mires ahoraConocí a Daphne Du Maurier cuando yo era niño. No, no; no la conocí personalmente, claro, ni tampoco literariamente, sino a través de las películas de mi idolatrado Alfred Hitchcock. Películas que estaban grabadas en cintas de video que veíamos mi hermano y yo en casa de mi abuela. (Cintas de vídeo, por cierto, en sistema Beta, –no VHS, no. ¡Beta!, que era un sistema mejor pero que, como suele pasar, no triunfó por no haber sido el primero–). Películas que veíamos una y otra vez y otra y otra, porque nos distraían, no entendíamos realmente todo lo que sucedía en la pantalla, pero caíamos absortos en ella igualmente. Sin ninguna duda Con la muerte en los talones y La ventana indiscreta se llevaban los récords de número de visionados, y, por supuesto, Psicosis no estaba incluida en la “programación”.

Y sí, también veíamos Los pájaros, faltaría más. Nunca supimos, de hecho nadie lo supo ni se sabrá jamás, porque los pájaros atacaban a las personas y esa era una de las grandezas de la cinta. La incertidumbre, ese grandioso final de anuncio de coche con los cuervos dando tregua y abierto a una continuación de inseguridad… la redefinición del terror, del suspense, del misterio…

Los pájaros, Rebecca y La posada Jamaica fueron tres de las obras de Daphne Du Maurier que el mago del suspense adaptó a la gran pantalla. (Recientemente he podido ver también Mi prima Rachel, aunque esta ya no dirigida por el mago, interpretada por Rachel Weisz, y la recomiendo).

Así que pensé que si a Hitchcock le llamaron tanto la atención los relatos de Du Maurier, (de los que tan solo el de las aves era algo así tirando a “terror”), como para hacer pelis de ellos, habría que echar un vistazo a estos cinco cuentos recopilados bajo el título No mires ahora y otros relatos, cuya clara intención es la de meter miedo en el cuerpo.

¿Lo consiguen? ¿Te meten el miedo en el cuerpo? Mmmm… buenoooo… Digamos que el primero de todos, que da título al libro, y el cual también ha sido trasladado a cine (Amenaza en la sombra, 1973), se acerca bastante. Desde el principio podemos sentir que estamos en Venecia (o al menos a mí, que acabo de regresar de ahí, me lo parece) y podemos empatizar con una joven pareja británica que ha perdido a su hija y trata de sobrellevarlo desconectando mediante una escapada. En un bar juegan a imaginar a qué se dedica fulanito o menganito y, se va creando una atmósfera inquietante, desde la primera hoja, gracias a esa otra pareja de ancianas gemelas que no dejan de mirarles. El protagonista desconfía de ellas, pero su mujer cae rendida a ellas al saber que una de las gemelas es vidente y que ve siempre a su lado a su hija muerta.

Este es en mi opinión el mejor de los relatos. La tensión va aumentando poco a poco, en cualquier momento crees que va a aparecer la figura fantasmal de la niña, o de alguien, o que una de las ancianas hablará con una voz de ultratumba o algo sobrenatural… Y, sin embargo, el desenlace es aún más sorprendente e inesperado. No lo ves llegar, te deja picueto y con los pelos de punta. Una historia estupendamente narrada que difícilmente olvidaré.

En cuanto a los otros cuatro, el que más me ha llamado la atención ha sido Las lentes azules. Una historia bizarra, surrealista, e incluso podríamos decir que mezcla de terror y ciencia ficción en el que una mujer se va a someter a una operación para recuperar la vista tras semanas viviendo en una absoluta ceguera. La intervención parece haber sido todo un éxito… sino fuera porque ve cosas que no debería ver.

El resto de relatos El manzano, El estanque y No después de medianoche, también atrapan el interés, por supuesto, y son muy disfrutables y de lectura recomendable, pero el premio gordo se lo llevan de calle los dos anteriormente mencionados.

Recalco que, salvo el primer relato, las historias aquí contenidas no son de terror ni de miedo sino, más bien, generadoras de inquietud, intriga, misterio, e incluso de nostalgia. Ese es tal vez el pequeño pero que podría poner pues la portada a lo “It” parecía presagiar una antología de relatos terroríficos. De cualquier manera, pronto te metes en cada una de las historias y te olvidas de géneros y otras zarandajas.

Du Maurier me ha sorprendido gratamente con este No mires ahora y otros relatos. Maestra a la hora de ambientar las historias, con detallismo pero sin caer en barroquismos innecesarios; profunda conocedora de la psicología humana, dota a sus relatos de una escritura clara y elegante, con un estilo a la vez cuidado y directo capaz de meter de lleno al lector en la historia con tan solo unas primeras frases.

La biblioteca de Carfax ha editado, igual que hizo con Experimental film, un ejemplar en el que se nota el mimo y el tiempo que le han dedicado. Una portada preciosa, buena traducción de Miguel Sanz y un gran contenido. El fondo y la forma. ¿Qué más se puede pedir a un libro?

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Amanecer en el ocaso, de Gerardo Pérez Sánchez

Amanecer en el ocaso

Amanecer en el ocasoA veces me gusta encontrarme con cosas que no son lo que parecen. Comerme un helado de vainilla y que de repente aparezca chocolate derretido en el centro, ver una película que hace años no me gustó y descubrir que he cambiado tanto que ahora me encanta, desviarme del camino que hago todos los días para encontrarme unas vistas alucinantes, o empezar a leer un libro que al final resulta no ser lo que en un principio pensé. 

Eso es lo que me pasó con Amanecer en el ocaso, el libro de Gerardo Pérez Sánchez del que vengo a hablar hoy. 

Puede parecer que esta novela es una especie de thriller en la que una investigación policial es la parte más importante. Y la verdad es que no es del todo así. Vamos por partes: el protagonista de esta historia es Rodrigo Cifuentes, que después de haberse retirado del ejército, se dedica a ser investigador privado. Su vida es monótona y tranquila, hasta que aparece un viejo compañero que le va a ofrecer un trabajo, uno de verdad. Tiene que encontrar a una chica que ha desaparecido. Pero lo tiene que hacer de la forma más discreta posible, tiene que ser un fantasma, ya que hay mucha gente implicada en el caso y su vida podría correr peligro si alguien le descubre. Y es que pronto descubriremos que el padre de la chica es una joyita y que está metido en un asunto muy turbio relacionado con venta de armas ilegales. Y también nos daremos cuenta de que ella tenía un lío con un famoso líder político, por lo que son muchos los interesados en descubrir qué ha pasado y muchos interesados en ocultar demasiadas verdades.

Hasta ahí digamos que me encontré lo que esperaba, una historia de misterio llena de buenos y malos y una investigación policial muy interesante. Pero sin previo aviso, Rodrigo encuentra una pista que le dice que la chica está ahora mismo en Marruecos. Así que él se dispone a seguirla y allí, en África, se encontrará envuelto en una lucha que reivindica la independencia del reino alautia. Por lo tanto la historia cambia radicalmente. La investigación sigue siendo importante, sí, y el lector querrá en todo momento saber qué ha pasado con la chica, pero también se verá en las tesitura de querer conocer más sobre ese conflicto que puede poner en peligro la investigación e incluso las relaciones políticas que tienen España y Marruecos. 

Por lo tanto, me he encontrado con algo que no esperaba en un principio. Pensé que tenía delante una historia de polis e intriga, pero me he encontrado con mucho más: con un conflicto internacional contado desde una perspectiva muy contrastada y estudiada. Sin duda, se nota que Gerardo Pérez Sánchez ha invertido su tiempo en documentarse sobre el conflicto para darnos una historia tremendamente real y explicarla de manera que todo el mundo la entienda perfectamente, incluso los que no tengan ni idea del conflicto, como es mi caso. 

En cuanto a la narración, Amanecer en el ocaso, tiene un estilo muy cuidado. Los diálogos son muy frecuentes y creíbles, lo que siempre admiro de un libro. Esa forma de intercalar los diálogos con la narración (hecha en tercera persona) es la clave para que el libro no resulte en ningún momento pesado. Y bueno, tengo que decir que la propia historia ya es interesante y mantiene atento al lector, pero estas matizaciones, el buen uso de los diálogos y la narrativa, hacen que todavía sea mejor. 

Me ha gustado también la evolución del personaje principal, de Ricardo Cifuentes. Cuando lo conocí pensé que era un hombre venido a menos, sin nada que perder en su vida, sin motivaciones que le hicieran despertarse por la mañana con energía. No sé, ahora sinceramente no recuerdo si el autor nos lo presenta así o si fue la imagen que yo misma me hice de ese personaje, pero os juro que al principio pensaba eso de él. Me lo imaginaba como una persona triste, gris, sin pasión por nada. Y poco a poco, a medida que va avanzando la historia, vemos cómo empieza a preocuparse por la investigación, cómo se va implicando cada vez más hasta llegar a convertirlo en algo personal. Esa evolución me ha gustado muchísimo, porque es una cosa que veo esencial en un libro. Cuando empiezo una novela espero que el personaje que me presentan al principio no sea el mismo al que despido cuando lo cierro. Quiero una evolución, un avance, aunque novela esté basada en un mismo día. No importa. El ser humano evoluciona constantemente y si, cualquiera de nosotros viviera dentro de una novela, estoy segura de que no la terminaríamos siendo como éramos en un principio. Es esencial. Así que me alegra que Gerardo Pérez Sánchez se haya preocupado por eso. 

Si hay algo que destacaría negativamente de la novela es la portada. No me parece adecuada para la historia ni me parece atractiva. Ya sé que me vais a decir que no hay que juzgar un libro por su portada, pero qué queréis que os diga, es una mentira como un castillo. La portada es esencial, es lo primero que vemos de un libro y, si no lo conocemos o no conocemos al autor, tiene que ser lo suficientemente atractiva como para que nos fijemos en él. Sinceramente, yo no hubiera reparado en este libro si solamente hubiera tenido la portada delante, porque me da la impresión que lo que menos me voy a encontrar en su interior es una historia de misterio súper emocionante y una investigación interesantísima. Así que si os pasa un poco como a mí, no os dejéis llevar por esta impresión, porque es totalmente falsa.

Y es que, como os decía, estoy segura de que en su interior os vais a encontrar con algo que no esperáis en absoluto. Y, si sois como yo, que os gustan las sorpresas y descubrir cosas de manera fortuita, solo puedo terminar esta reseña diciéndoos lo siguiente: dejaos llevar por esta historia.

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El hombre de tiza, de C. J. Tudor

El hombre de tiza

El hombre de tizaFriends siempre ha sido una de mis series favoritas. Creo que la he llegado a ver entera unas cuatro veces. Me acuerdo de una vez que terminé el último capítulo y del tirón comencé a verla otra vez desde el principio. Un vicio. Me llegué a aprender los diálogos y soltaba frases de la serie en cuanto tenía ocasión. El resultado era que la gente me miraba raro… aunque cuando las decía delante de alguien fan de la serie, se convertía en un momento maravilloso. 

Recuerdo con mucho cariño un capítulo en el que Joey le confiesa a Rachel que su libro favorito es El resplandor pero que en algunas ocasiones termina por meterlo en el congelador cuando llega a una escena de mucho miedo. Entonces Rachel se ríe de él… porque no considera que sea para tanto. Así que Joey le reta a leerlo y a cambio él leerlá el favorito de ella, que es Mujercitas. El resultado es que ambos terminan por meter sendos libros en el congelador, ella porque se muere de miedo y él porque se muere de pena. 

Y no he podido evitar acordarme de este capítulo mientras leía El hombre de tiza porque durante las cien primeras páginas lo llegué a pasar un poco mal. Vale, aquí quiero hacer dos apuntes: uno, yo soy bastante cagona y me asusto por todo, así que si sois personas a las que les gusta el cine de terror o las novelas de miedo y estáis habituadas a esa temática (cosa que no me pasa a mí en absoluto), es probable que todo lo que diga a continuación no os interese, porque es posible que el terror que me ha producido esta novela haya sido por mi propia “gallinidad”. Y dos, vivo en una casa muy antigua en un pueblo muy pequeño en mitad de las montañas. De noche no se escucha ni un solo ruido, bueno, alguna vez se escucha a un búho ulular, pero nada más. Y leer una novela así en ese contexto puede hacer que las sensaciones se magnifiquen. 

Así que sí, ha habido algún momento en el que me he cagado de miedo. Pero vayamos por partes.

El hecho es que este libro de C.J. Tudor es una novela a dos tiempos: viajaremos a los años ochenta donde conoceremos un terrible asesinato de una joven a la que despedazaron y de la que jamás se encontró la cabeza. Y, a la vez, volveremos al presente, donde la pandilla de amigos protagonista, la que descubrió aquel crimen, vuelve a recibir cartas con hombres de tiza dibujados, exactamente igual que pasaba en los años ochenta. Esos hombres de tiza empezaron a aparecer misteriosamente cada vez que sucedía un asesinato, y nadie logró resolver jamás quién era el responsable de esos dibujos.

De verdad que las primeras cien páginas llegaron a asustarme. La historia no es demasiado tétrica pero los finales de capítulo conseguían ponerme los pelos de punta. Ya os digo, yo no estoy demasiado acostumbrada a leer novelas de terror y menos por la noche. Así que puede ser que, como decía antes, todo lo que sentía se viera magnificado irremediablemente. Aquella primera noche que cogí el libro lo pasé un poco mal, llegué a tener pesadillas, por lo que decidí que al día siguiente lo leería a plena luz del día para ver si era el contexto el que me ayudaba a sentir todo lo que estaba sintiendo o es que de verdad el libro daba muchísimo cague. Porque claro, todos sabemos que no es lo mismo ver El exorcista a las dos de la tarde con un sol reluciente y con un montón de amigos, que verlo a las doce de la noche, un día de tormenta, sin una luz de por medio y con la única compañía de los crujidos de la escalera…

Y aquí sucedió una cosa muy curiosa: me pareció que el libro era otro totalmente diferente al que había estado leyendo la noche anterior. Me intrigaba en la medida en que quería saber quién era el asesino, pero no me estremecía ni me hacía querer meter el libro en el congelador como pasó la otra vez. Y esto puede ser por dos motivos: uno, porque de verdad las circunstancias en las que leí la primera parte hicieron que me asustara muchísimo o, dos, porque a partir de la segunda parte el libro cambia de registro y ya no da tanto miedo como la primera. 

Me imagino que nunca lo sabré con certeza… bueno, si alguno de vosotros lo lee, me gustaría que compartiera conmigo sus impresiones, para sacar una conclusión más clara. Como resumen, El hombre de tiza, de C.J. Tudor me ha gustado, pero me dejado con un sabor agridulce al final, porque si bien he disfrutado mucho la historia haciendo de detective para averiguar quién había matado a la chica (os advierto: lo adiviné), me quedó una sensación de desazón porque pensé que por fin había encontrado mi Resplandor personal, ese libro que hubiera metido en el congelador sin pensármelo dos veces.

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Quien juega con fuego, de Luna Miller

Quien juega con fuego

Quien juega con fuegoNo son pocas las veces que me han dicho que soy una adicta al trabajo. El otro día hablaba con mi jefe y este me decía que tenía que aprender a perder el tiempo. ¡Mi jefe! Y es que, pensándolo bien, sí que debería hacerlo. No sé perder el tiempo. No sé estar tirada en el sofá viendo una serie sin pensar en absolutamente nada. Si decido ver una película pueden darse dos opciones: una, que me pase todo el rato pensando en todas las cosas que tengo que hacer y que no estoy haciendo; o dos, que acabe por levantarme del sofá y me ponga a hacer algo de provecho. Os lo juro, ojalá fuera capaz. Es algo que tengo que remediar con urgencia porque, a veces, vivir dentro de mi propia cabeza es un poco agotador. 

Y entonces llega este libro del que vengo a hablaros hoy, Quien juega con fuego. Y me presenta a una protagonista que es adicta al trabajo. Era cirujana, pero debido a una enfermedad que no le permite controlar demasiado bien su pulso tiene que abandonar la medicina. Y a pesar de que tiene ya edad para jubilarse, la mujer decide hacerse detective privado. A vosotros os puede sonar a locura, pero esta señora me representa al cien por cien. De hecho, me ha recordado a mí, porque mientras me sacaba la carrera aproveché para estudiar un máster y un posgrado y no contenta con ello, también empecé otra carrera. Por si acaso, que nunca se sabe lo que le va a deparar a una la vida. 

El caso es que esta mujer empieza en ese mundillo de los detectives privados en el cual, como era de esperar, pasa el noventa por ciento de su tiempo persiguiendo a hombres infieles. Un día le llega un encargo de parte de una mujer que quiere saber por qué su marido llega a las tantas todas las noches. “Esto apesta a amante”, pensé yo. Pero resulta que cuando Gunvor (que así se llama nuestra prota) se entera de que ese hombre va por los bares buscando a una jovencita de la cual tiene una fotografía… vi claramente que estaba equivocada. Precisamente ahí empieza una historia que bien podría asemejarse a la del ratón y el gato, en la que nunca se sabe quién es el bueno y quién es el malo. 

Esta novela está escrita por Luna Miller, autora sueca, que ya ha escrito previamente alguna que otra novela. Por lo visto, Quien juega con fuego forma parte de una saga en la que Gunvor es la protagonista. Si os soy sincera, he buscado en Internet un poco sobre esta saga y no he podido encontrar si este es el primer libro o si hay alguno previo. Si es así y es una segunda parte, os aseguro que se lee perfectamente sin necesidad de haber leído otro anteriormente. Ya os digo que esto no lo he podido confirmar, así que solo es una hipótesis que quería dejar reflejada por aquí. 

Pero volvamos al libro. Una de las cosas que más me ha gustado de este es la relación que se forja entre Gunvor y dos protagonistas “accesorios”, por llamarlos de alguna forma, que serán un chico y una chica que la acompañarán en la investigación. Y me ha gustado tanto porque los personajes no pueden ser más dispares entre sí pero aun así, consiguen limar sus diferencias y formar una piña, que al final es lo que necesitan si quieren resolver de una vez por todas el misterio. También me ha gustado la historia del hombre al que Gunvor persigue, ya que es lo que da sentido al libro y gracias a ella toda la trama se mantiene en vilo hasta el final. Y, por supuesto, la propia Gunvor, que es un personaje al que al final se le coge mucho cariño. Respecto a ella, os confesaré que cuando leí la sinopsis y vi que la protagonista era una mujer mayor con edad de jubilarse, me la imaginé así como tierna y adorable. Pero Gunvor es una mujer todoterreno, que entrena todos los días duramente y que se ha echado un novio en Las Canarias porque ella lo vale. Vamos, nada que ver con lo que yo me había figurado ¡Bien por Gunvor!

Pero tengo que decir que ha habido una cosa que no me ha gustado nada y que ha hecho que mi lectura se viera ralentizada: la propia edición del libro. He visto muchos fallos, como por ejemplo que algunas palabras se cortaran a mitad y que continuaran en el siguiente renglón, pero con la separación donde no debería estar… Es una pena, porque yo entiendo que se trata de un libro autoeditado, pero hay una serie de puntos que debería cuidarse sí o sí. Al igual que la traducción, que para mi gusto en algunas frases es poco natural, resultando un tanto forzada.

Esas pegas han hecho que tardara en acostumbrarme al propio estilo del libro de Luna Miller más de lo normal. Está claro que cada obra tiene su forma y muchas veces hay que adaptarse a ella para poder disfrutar de la lectura (véanse, por ejemplo, las novelas de Saramago, donde los signos de puntuación son completamente autónomos y van a su bola). Así que solo ha sido cuestión de acostumbrarme a ese estilo y optar por olvidarme de esos fallos para así poder seguir con la historia que estaba tan interesante. 

Y, en fin, os diré que mientras estoy haciendo esta reseña mi cabeza está recordando todas las cosas que tengo que hacer (ya que ve que estoy a punto de terminar esta tarea) y así no dejarme descansar ni un minuto. Pero, ¿sabéis qué? ¡De eso nada! He decidido que después de hablaros de este libro me voy a poner una serie con la que estoy bastante atrasada y voy a perder el tiempo. 

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Tigres de cristal, de Toni Hill

Tigres de cristal

Tigres de cristalSi de algo sabe Toni Hill, el autor que nos ocupa en esta reseña, es de crear historias llenas de intriga, misterio y suspense psicológico. Es de esos autores capaces de crear un universo muy diferenciado, con personajes muy humanos y misteriosos, no tan diferentes a nosotros mismos, que siempre recuerdas después de haberlos leído. Es algo que me ha pasado al leer sus novelas, sobre todo Los amantes de Hiroshima, mi favorita entre las que ha escrito, y lo que me ha ocurrido al leer esta.

Tigres de cristal es una historia ambientada en Cornellá que trata la historia de dos amigos, cuyos acontecimientos vividos en su infancia les acompañan durante toda su vida. También es la historia de un viaje emocional que nos lleva junto a sus personajes a recorrer las vías del perdón, el arrepentimiento y la culpa, entre otras emociones.

Tengo que reconocer que lo que más me ha gustado la novela, además del tema que trata y que os acabo de resumir en este anterior párrafo, es cómo lo relata y cómo nos los traslada a todos sus lectores. Toni Hill tiene una manera muy personal de empatizar con sus personajes y de hacer que sus lectores también lo hagan. Hasta el punto en que sientes que podrías ser ellos, que todo lo que les ocurre podría haberte pasado o te pudiera pasar en un futuro. Tanto lo positivo como lo negativo. Comenzando por esa relación de amistad tan especial entre los dos protagonistas: humana, típica, llena de errores y amor mutuo que, pese a todo, sobrevive con los años.

Y si a esto le unimos una ambientación espectacular y una trama creíble y llena de giros argumentales, se convierte en una novela que merece la pena leer. La forma que tiene el autor de llevarnos a los años 70 y de presentarnos a sus protagonistas, dos niños de familia de clase obrera y todo lo que están obligados a vivir, me ha encantado y me ha enseñado más de aquella época, de la que solo he escuchado pequeños fragmentos de vida. Pero también Tigres de cristal representa esto, un pequeño fragmento de vida que podría pertenecer a una historia real capaz de estremecernos y ponernos los pelos de punta.  En mi caso, lo ha conseguido, tanto para bien como para mal.

Además, uno de los temas tratados en esta obra (no se trata de ningún spoiler, no os asustéis) es el fracaso escolar, y lo diferente que es en nuestros días a cómo era entonces. Si en aquellos años se podían encontrar más casos de agresiones físicas, en la actualidad vemos cómo casi siempre nos encontramos con más casos de daño psicológico y/o moral, cuyas secuelas pueden ser incluso más graves que las físicas. Un tema muy sensible y de actualidad que el autor ha sabido aprovechar muy bien y que trata, sin duda, con respeto y cuidado a lo largo de todo el libro.

No puedo hacer más que recomendaros una novela que no defrauda, que está increíblemente ambientada y que trata temas sensibles de una manera tan humana y empática que parece que estemos leyendo una historia real, que nos podría ocurrir a cualquiera de nosotros el día menos pensado. Toni Hill me ha vuelto a sorprender con una brillante narración, giros argumentales y construcción y evolución de sus personajes principales. Además, me ha encantado la forma que tiene de remontarnos casi 50 años atrás para contarnos esta historia y sentirnos como si viviéramos en aquellos años. Sin duda, una novela entretenida para reflexionar y pensar en qué cosas hemos cambiado y en qué cosas seguimos siendo como entonces.

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Seis héroes reales, de Antonio Flórez Lage

Seis héroes reales

Seis héroes realesTengo muchas dudas sobre cómo empezar esta reseña. Quiero hablar del libro pero a la vez no quiero hacerlo. A ver si me explico… Creo que lo mejor va a ser que vaya ordenando mis ideas a medida que avanzo en la reseña, así que disculpadme si doy algún rodeo que otro.

Tengo ante mí un libro escrito por Antonio Flórez Lage. Se llama Seis héroes reales y su portada, como podéis ver en la foto, es un fondo negro con unos cuantos pájaros blancos volando en diferentes direcciones. Y entre todos esos pájaros blancos hay seis que vuelan hacia el mismo destino y que son de color rojo. Esto es importante.

Ahora, pasemos a la sinopsis. Únicamente dice: “Cuando estás harto de todo y ya no tienes nada que perder… Cuando la vida se empeña en conducirte por cañadas oscuras… Cuando te atormenta un pasado repleto de cuentas pendientes… Cuando la ira supera a la piedad…”. Y ya está, ahí se queda. Con estas pistas yo intenté descifrar de qué iba el libro antes de abrirlo. Me imagine que iba a ser algo así como una historia de superación, pero la verdad es que no tenía ni idea de por dónde iban a ir los tiros. Y ya os aseguro que, aunque le hubiera dado muchas vueltas, no hubiera sido capaz de adivinar lo que me iba a encontrar en el interior de esta novela.

Y el problema es que quiero hablar de ese interior (de verdad que me muero por hablaros de él) pero a la vez no, porque no quiero destripar nada de la historia… ¿Cómo hacer una reseña sin hablar del libro? Difícil, ¿verdad?

Así que os voy a ir contando cosas aleatorias sobre él que igual para vosotros no tienen el menor sentido, ya que no lo habéis leído, pero espero animaros a hacerlo. Y cuando lo hagáis pensaréis “tenía razón”. Y si no, tiempo al tiempo.

Veamos… este libro está dividido cuatro partes. El muy antes, el antes, el durante y el después de algo que no os voy a decir qué es. Es un hecho que va a cambiar la vida de los seis protagonistas radicalmente y es algo que jamás pensaron que les podría llegar a ocurrir. Entonces tenemos cuatro secciones y cada una de ellas (bueno, hablando con propiedad serían las tres primeras) están divididas a su vez en seis capítulos, cada uno de ellos protagonizado por una persona distinta. Entre los personajes encontramos, por ejemplo, a un taxista que está harto de su mujer, a una madre cuyo hijo padece una enfermedad muy grave o un hombre que acaba de tener un gravísimo accidente de coche.

Y os diré que esta estructura me ha recordado un poco a una tela de araña. La araña (Antonio Flórez Lage) va tejiendo poco a poco con su hilo, historia a historia y momento a momento. Empieza desde los extremos y va uniendo los hilos a medida que se acerca al centro de la tela de araña. Ese centro es el destino al que nos llevan sus palabras y que le da sentido a todo lo que hemos leído anteriormente. De verdad, espero estar explicándome, pero es que esto es muy complicado.

Hablemos ahora de la narración. El autor utiliza un lenguaje muy claro y directo, condensa las historias en muy pocas páginas y no se desvía del camino en absoluto. En cada capítulo va al grano, cuenta lo que tiene que contar y continúa con el siguiente, sin dar rodeos. Eso es algo que siempre me gusta, porque si se hace bien, siguiendo el ritmo que hay que seguir y sin caer en el pecado de contar por encima las cosas, hace que el libro gane muchísimos puntos en cuanto a mis gustos personales. Así que para mí la narración de este libro es perfecta y eso es lo que ha hecho (aparte de la intriga por saber qué pasaba al final) que me adentrara en la historia con muchísima más facilidad y que me lo leyera casi del tirón.

Siempre suelo hablar de los personajes en las reseñas, porque me gusta estudiar qué tipo de evolución tienen en las novelas. Aquí veremos que el desarrollo de los mismos va a trompicones, precisamente por eso que os contaba antes del “muy antes, antes, durante y después”. Entre cada acto pasan diferentes medidas de tiempo, por lo que la evolución debe ser forzada. En ese tiempo que pasa entre fase y fase los personajes cambian muchísimo, pero nosotros no lo vemos de una forma gradual, sino que nos toparemos con ello de sopetón. Y este es un recurso muy difícil de usar, porque si se usa mal se puede caer en el error de hacer una evolución demasiado inverosímil. Pero para mi gusto, el autor sabe manejarla perfectamente y hace que sus personajes crezcan en la medida que lo tienen que hacer.

Y a ver… qué más os podría contar. O más bien, qué otra pieza podría daros para que el puzle tuviera más sentido en vuestras cabezas… ¡ah sí, el tema principal! Aunque no pueda hablar directamente de él, solo diré que es un tema que está muy al día, que vemos desgraciadamente muy a menudo en los telediarios y que está lleno de héroes y villanos.

Y con eso tendríais que entender el título de este libro… Seis héroes reales. Seis personas que se van a enfrentar a algo que jamás habrían imaginado y que hará que sus vidas no se parezcan en nada a como eran cuando empezó la novela.

Ay… he hecho una reseña como si estuviera dejando miguitas de pan por el camino para que alguien las recoja detrás de mí. Pero es que, en serio, no quiero desvelar nada más porque creo que fastidiaría todo el libro. Así que, antes de que se me escape algo que no se me tiene que escapar, voy a concluir aquí la reseña diciendo que me alegra muchísimo haberme encontrado con este libro por el camino.

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En la piel del lobo, de Alberto Bermúdez

en la piel del lobo

en la piel del loboNo había tenido hasta ahora la suerte de leer ningún libro de la editorial Dilatando Mentes, y no por falta de ganas, ya que sus títulos son de los que me tiran, sino por falta de tiempo. Pero a raíz de la lectura de este En la piel del lobo ya me he prometido acudir a esta editorial con más frecuencia. Salta a la legua que les gusta editar y procurar que el lector goce con la lectura. La portada de mi admirado Alejandro Colucci, el hecho de ser un ejemplar numerado, el preciosismo de los inicios de cada capítulo y de las ilustraciones previas a estos que acompañan a los textos referidos a la figura del lobo, la música recomendada mediante un código bidi para meternos en ambiente mientras leemos… Pequeños detalles por separado que, no obstante, enriquecen mucho la experiencia lectora.

Pero entremos en materia. Principios del siglo XX en un pequeño pueblo de Andalucía. Miguel, un joven con pretensiones de escritor, vuelve al pueblo tras dos años en la ciudad. Dos años en los que ha pasado hambre, frío y humillaciones y en los que ha visto cosas que le han cambiado y horrorizado. Pronto se estrellaron, o le estrellaron, más bien, sus ilusiones de editar un libro con los cuentos que llevaba bajo el brazo. “Ya no se leen cuentos”, le dicen, “ahora lo que se llevan son novelas, vuelve con una novela”.

Pero la página en blanco se le queda en blanco, y el dinero se le acaba. Incluso tiene que sobrevivir quemando sus queridos cuentos manuscritos para caldear la habitación. Finalmente, tras afrontar y posponer lo inevitable, no le queda otra que regresar al pueblo, a casa de sus tíos adoptivos. Ambos le reciben con los brazos abiertos y esperan que se le haya pasado la fiebre esa del escribir, que siente la cabeza y se dedique por fin a las cosas de la tierra, de los olivos, y a todo lo que, en definitiva, le enseñó su tío hace tiempo. Lo que le dará de comer.

Y ahí está Miguel. De vuelta a una vida que no quería para él, porque aspiraba a salir de esa rutina de madrugones, trabajo duro en el campo, y sobremesa en el bar echando la partida con los amigos e intentando también formar su propia familia.

Pero, por si fuera poco, la vuelta de Miguel coincide con una serie de ataques de lobos a rebaños muy cerca del pueblo. Demasiado cerca.

Por fortuna, le queda el reencuentro con Carmen, su amiga/amor/medio-novieta, de la que tanto le costó olvidarse para poder cumplir su sueño.

Con semejante título, con esa portada, con el tono de la línea editorial, con el pasado zombi del que procede Bermúdez y con el argumento, uno no puede evitar imaginar que este libro irá de hombres lobo. Y no voy a ser yo el que destripe el final, primero porque sería una putada y segundo porque que merece la pena que el lector lo descubra por sí mismo.

Alberto Bermúdez elabora una trama costumbrista con una tensión en aumento, narrando cosas de lo rural y cotidiano con soltura y buen hacer, que hacen que te apetezca seguir leyendo los avatares de Miguel, sus reflexiones y sus flashbacks con un interés que te mantiene con el culo pegado al asiento. Sabes que va a pasar algo. Estás seguro, se intuye. No sabes cuándo, pero algo se está cociendo, algo va a pasar. Estás leyendo la calma que precede a la tormenta, pero estás en tensión y quieres prepararte bien, crees anticipar lo que va a pasar, o al menos tu mente va a su bola creando dos o tres alternativas ya a mitad de libro… ¡y zas! ¡Ni te lo imaginas! ¡Ese girote final! ¡Ese broche con el que rematar una buena historia con pedacitos de misterio, suspense y terror después de la estupenda narración que nos ha acompañado todo el libro! Y no es que este sea uno de esos libros de los que esperes un giro que te sorprenda. ¡Qué va! Pero ocurre que simplemente lo tiene, y es un puntazo más a un libro que me ha encantado por el fondo, la forma y la edición.

En la piel del lobo es una historia atractiva, escrita con maestría y dominio. Dominio de tiempos y ritmos, diálogos, vocabulario particular, personajes y trama. Adictivo, con capítulos cortos, que son los que te roban horas de sueño porque te engañas a ti mismo diciéndote “uno más, que es corto”, y acaban siendo bastantes más de uno…

En definitiva, una lectura muy recomendable, muy bien desarrollada y escrita y muy original, en la que el lector tendrá que decidir qué creer sobre lo que ha leído.

¡Muy fan!

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Videorreseña: La caza, de M.A. Bennett

Hay una especie de magia dentro del universo de los libros. Se puede manifestar de muchas formas y una de ellas es la siguiente: se da cuando en un instante ves un libro y sabes, sin ningún motivo aparente, que te va a encantar. Eso es lo que me pasó exactamente a mí cuando vi el libro del que vengo a hablaros hoy, La caza.

Esta novela de tintes juveniles está escrita por M.A. Bennett y editada por RBA. Pero, sinceramente, en eso ni me fijé cuando me topé con él por primera vez. Ni siquiera me dio por leer la sinopsis… Luego me enteré de que básicamente iba de una chica que, para entrar en el club selecto de su instituto, tenía que pasar un fin de semana de caza con la jet set del mismo. Todo parecía ir bien, hasta que alguien murió. Sabremos muy pronto quién es la persona que muere (eso me ha gustado especialmente), pero no sabemos ni cómo ni cuándo (eso es lo que me tuvo enganchadita).

Si quieres saber más detalles del libro, no te pierda este vídeo en el que hablo de él. ¿Se notará lo muchísimo que me ha gustado?

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La caza, de M.A. Bennett

La caza

La cazaVas a una librería. Empiezas a mirar todos los estantes, revisando una a una todas las novedades que han llegado esa semana. Entonces ves un libro que no estaba ahí hace unos días. No te suena de nada, no conoces de nada al autor. Ni siquiera sabes si es autor o autora, hasta ese punto llega tu desconocimiento. Pero te da igual, ya nada te importa, porque sabes que quieres leer ese libro. No es que quieras: es que lo necesitas. Ni siquiera has dedicado un minuto de tu tiempo a darle la vuelta y leer la sinopsis. Te da exactamente igual lo que ahí puedas leer. Sabes que te lo vas a llevar a casa porque ese libro te está llamando y sabes que vas a acertar si lo haces.

¿Os ha pasado alguna vez? A mí sí, varias. Y el libro del que vengo a hablaros hoy es el vivo ejemplo de la última vez que me ha ocurrido esto.

Me topé con La caza por casualidad y ocurrió todo lo que he descrito en el primer párrafo. Me dio todo exactamente igual, pero había algo que me decía que ese libro me iba a encantar. Y así fue. Cuando llegó a mi casa tardé en leerlo unas cinco o seis horas. No podía soltarlo, era como si una fuerza invisible hiciera que el libro estuviera pegado a mis manos.

Y cuando cuente de qué va lo entenderéis todo. Greer es nueva en el colegio más elitista de Inglaterra. Ha llegado allí gracias a una beca que no piensa desaprovechar. El colegio es muy antiguo, todo de piedra, como si se tratara de Hogwarts. La tecnología no está bien vista y un aire viejuno lo inunda todo. Y hay un grupo de chicos, conocidos como los Medievales, que son los que manejan el cotarro. Solo unos pocos son los elegidos para formar parte de su élite y, para ello, hay que superar el conocido fin de semana de “caza, tiro, pesca”. Con tan mala suerte de que ese año, ese precisamente en el que Greer es candidata para formar parte de los Medievales, alguien muere.

Y entonces empiezo a leer y me presentan el colegio (una maravilla) y conozco a los Medievales (más maravilla todavía) y comienza el fin de semana de caza, tiro, pesca (una locura) y alguien muere y no se sabe por qué (la catarsis).

La agilidad de la escritura de su autora, M.A. Bennett, hizo que no pudiera parar de leer La caza ni un solo segundo. Además, al estar la historia narrada en primera persona (desde el punto de vista de Greer) todo se hace mucho más intenso. Esto es porque ella nos va contando todas sus impresiones, sus miedos, sus dudas… es como si estuviéramos dentro de su cabeza incluso llegando a ser ella en algunas ocasiones.

La ambientación también es un punto a destacar, ya que está tremendamente cuidada. Nos encontramos en la Inglaterra profunda, donde los lagos y los bosques son los grandes protagonistas. El castillo donde se ubica el colegio nos hace remontarnos al pasado, así como la orden que dirige la institución, que concuerda perfectamente con toda la ambientación.

Además es una novela que toca muchos palos, porque critica la desigualdad entre clases y también el racismo. Esto se ve desde el principio pero a medida que va avanzando la historia nos metemos más de lleno en esa crítica que luego resulta evidente. Bravo, M.A. Bennett, de verdad.

Si yo me digo a mí misma que debo fiarme más de mi instinto. Si lo sé. Pero hay veces que me pienso demasiado qué libros leer. Os diría eso de “a partir de ahora…” pero la verdad es que no sé si voy a ser capaz de cumplirlo o no. Desde luego, esta vez no estaba equivocada, os lo aseguro. Aunque creo que, a partir de ahora, iré con más cuidado cuando vaya a andar por el bosque…

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