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El día que dije basta, de Erick Canale

El día que dije basta

El día que dije bastaPuedo decir con orgullo que yo he tenido suerte en la vida. Desde bien pequeña mis padres me enseñaron que todo lo que me rodea es superfluo menos una cosa: la felicidad. Todo lo demás no importa, todo lo demás cambia, se va, vuelve, es innecesario, es indiferente. Lo único que tengo que perseguir en mi vida es la felicidad.

Yo no lo entendía demasiado bien. Bueno, la teoría, sí. Pero no sabía muy bien cómo aplicarla en la práctica. La primera vez que me enfrenté a este dilema fue cuando encontré unos amigos con los que no estaba realmente a gusto. A veces lo pasábamos bien, pero el resto del tiempo sentía que estaba con ellos porque tenía que ser así. En ese momento recordé: todo es indiferente, solo importa la felicidad. Así que decidí dejar de juntarme con ellos y buscarme otros amigos que realmente me aportaran algo que hiciera que yo quisiera seguir con esa amistad.

El siguiente punto de inflexión llegó cuando tuve que decidir qué carrera estudiar. ¿Quedarme en mi ciudad o marcharme lejos? ¿Estudiar lo que decía mi cabeza o lo que decía mi corazón? ¿Pensar en las salidas o no pensar en ellas? Dudas y más dudas se agolpaban dentro de mí. Intenté seguir esa máxima de buscar la felicidad ante todo, pero no resultaba nada sencillo. Como decía: en la teoría sí, en la práctica no. Así que decidí: me iba a estudiar fuera una carrera que no me apasionaba pero que me ofrecía muchas salidas. No puedo decir que me equivoqué, porque soy de la creencia de que todo pasa por algo, pero lo cierto es que pasé unos años muy duros estudiando algo que no terminaba de gustarme y sin saber si después me querría dedicar a ello. No fue nada bonito.

Después de leer El día que dije basta, estoy segura de que si me hubiera encontrado a Erick Canale en esos años me hubiera dicho: “Ana, déjalo ya. Deja esa carrera y estudia algo que te apasione, no pienses más que en eso”. Y yo le habría contestado: “Ay, Erick, si todo fuera tan sencillo…”. Pero la Ana de hoy en día, la de seis años después de empezar la carrera, le habría hecho caso con los ojos cerrados. Porque ahora voy aprendiendo a hacer eso, a tomar las decisiones sin sopesar tantísimo los pros y los contras. Me basta una pequeña garantía de que eso me hará feliz, para saber qué decisión es la que tengo que tomar. He seguido esta regla los últimos años y la verdad es que me ha ido bastante bien. Porque las cosas no se hacen igual sabiendo que vas a ser feliz haciéndolas que si las haces por obligación o porque sí.

A ver, está claro que yo no llego por las mañanas a la oficina y le digo a mi jefe que no me da la gana hacer las facturas porque eso no me llena. No. Pero sí que he escogido un trabajo que me da la oportunidad de tener las tardes libres y dedicarme a lo que verdaderamente me gusta. Y, ahora mismo, no podría entender la felicidad si no fuera de este modo.

Así que leer El día que dije basta me ha gustado muchísimo. Dentro de este libro se relata la propia historia personal de Erick Canale, de cómo lo dejó todo para convertirse en lo que siempre había querido: ser emprendedor. Y también la de muchas personas a las que ayudó a seguir el camino correcto. Mientras leía todos estos relatos he querido ser consciente de que todo lo que se cuenta en estas páginas es real. Y lo he hecho quizá con la intención de serenar mi alma para que esta vea que no soy la única loca que va por el mundo persiguiendo la felicidad sin importarle lo que los demás opinen. Porque, aunque yo venga aquí haciendo un manifiesto sobre lo que yo opino, como si yo jamás dudara de que las decisiones que tomo son las correctas, en realidad no es así. Tengo claro en qué tengo que pensar cuando tengo que elegir, pero a veces es muy complicado. ¿Me habré equivocado? ¿Será este el camino correcto? ¿Y si ha llegado la hora de dejar de pensar tanto en mí misma? En fin, ya os podéis imaginar cómo es tener mi cabeza, bullendo veinticuatro horas al día.

Volviendo al libro, diré que se lee con rapidez y sin pausa. La sucesión de las historias hace que las páginas pasen deprisa. A mí me pasó que, cuando quise darme cuenta, ya me lo había terminado. Os confesaré que al principio era un poco reticente a leerlo, porque yo no soy demasiado de libros de autoayuda, categoría donde podríamos encuadrar a este. Pero la temática me gustó muchísimo y me dio la sensación de que no iba a ser como el resto que ya había leído. Y no me equivocaba. Me ha gustado mucho el enfoque personal que le da el autor y la forma en la que cada uno podemos vernos reflejados en la historia. Porque, vale, yo de momento no quiero emprender y no tendría por qué hacer caso de lo que Erick cuenta en su libro. Pero no se trata de eso, consiste en extrapolarlo a tus propias circunstancias y sacar las conclusiones que tengas que sacar.

Y yo he sacado las mías: creo que, después de todo, no habré tomado tantos caminos equivocados cuando ahora mismo estoy aquí, hablando sobre libros mientras dejo que los rayos del sol se paseen por mi piel y pienso en lo feliz que seré cuando, dentro de un ratito, vuelva a coger otro libro para dejarme llevar por su historia. Eso, para mí, es la felicidad absoluta.

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Un viaje pendiente… al reino de Mustang, de Daniel Torán

Un viaje pendiente... al reino de Mustang

Un viaje pendiente... al reino de MustangÚltimamente llevo un ritmo de lectura frenético. Entiendo que me pasa como a todos y que va por temporadas. Hay meses en los que puedo leerme diez libros sin casi darme ni cuenta y hay otros meses en los que si leo un par siento como si hubiera batido algún récord. Ahora estoy en esa fase maravillosa en la que puedo pasarme tres horas al día leyendo y cierro un libro para abrir inmediatamente otro.

Esto tiene sus cosas buenas, como que puedo ir haciendo tachones en mi lista de pendientes a un ritmo que me sube mucho la moral. Pero también tiene cosas malas y es que hay veces que, leyendo a esta velocidad, no consigo conectar demasiado con el libro o no le guardo el debido respeto cuando lo termino. Son manías mías, pero tiendo a digerir un poco la historia y guardarle un “pequeño luto” cuando termino un libro y así disfrutarlo un poquito más antes de empezar otro.

Pero a pesar de que llevaba una buena temporada saltándome mi propia norma, con Un viaje pendiente… al reino de Mustang he vuelto a las andadas, por fin. Después de terminarlo no solo he tenido que estar unos días pensando en él hasta que he cogido otro libro, sino que también para hacer la reseña me he tenido que dar un tiempo.

Os pongo en situación para que me entendáis. El protagonista tiene muchos miedos a los que enfrentarse. Su vida no es perfecta y sabe que en gran parte ello depende de él mismo y de su incapacidad por plantarle cara a todo aquello que le supone una barrera en su camino. Lleva tiempo pensando en hacer un viaje, en concreto a Nepal, al norte del Annapurna, donde tendrá tiempo de pensar en todo lo que necesita cambiar en su vida. Pero el acoso que viene sufriendo y la imposibilidad de vivir su propia vida de la manera que a él le gustaría, hacen que tenga que posponer el viaje una y otra vez. Hasta que un día, armado de valor, se decide: se va a ir a Nepal, se va a enfrentar a todo lo que tenga que enfrentarse y volverá siendo una persona completamente nueva.

En ese viaje lleno de aventuras y misticismo narrado por Daniel Torán, nuestro protagonista conocerá a personajes variopintos que le irán enseñando un sinfín de lecciones que después tendrá que aplicar a su día a día. Solo así, con la sabiduría de los que lo saben casi todo y la propia experiencia de emprender ese camino, será capaz de enfrentarse a los abusos de su vida anterior.

Contándoos esto espero que entendáis por qué he tenido que recapacitar un poco después de leer este libro. El protagonista bien podría ser cualquier persona, bien podría ser yo misma. Al terminarlo he estado pensando en mi propia vida: ¿la estoy viviendo bien?, ¿me he convertido en la persona que quería?, ¿me arrepiento de algunas decisiones que he tomado a lo largo de los años? Un viaje pendiente… al reino de Mustang  me ha hecho pensar en esto y en mucho más. Y, ¿qué queréis que os diga? Terminar un libro y recapacitar sobre todo lo que me ha enseñado es una de las cosas que más me gustan de este mundo.

He disfrutado mucho su lectura y, además, he tenido la oportunidad de encontrar alguna frase que no he podido evitar subrayar y pasar directamente a mi “cuaderno de frases”. Este cuaderno se va llenando poco a poco con las citas con las que me voy topando y que después de un tiempo me obligo a releer. Esto me permite recordarme quién era yo cuando leí ese libro y en qué medida he cambiado durante todo este tiempo.

En concreto, quiero compartir esta frase con vosotros: “Por mucha empatía que pueda tener la gente de tu alrededor, hasta que no eres la víctima, hasta que no sufres la cacería en tus propias carnes, no puedes comprender lo que es en toda su extensión, profundidad e impacto. Incluso puedes oír: <<lo que están haciendo contigo es excesivo>>. Como si se pudiera cometer un acoso sensato y comedido. Como si hubiera guerras sangrientas que fueran menos trágicas que otras”. Imposible no anotarla, ¿verdad?

Daniel Torán nos trae un libro en el que crea una atmósfera única. Acompañar al protagonista por todos esos parajes que parecen sacados de la ciencia ficción (pero no) es una experiencia increíble. Me gusta la forma que tiene de describir los escenarios: permitiéndose el tiempo suficiente para describirlos, pero sin llegar a ser abrumador o aburrido. En su justa medida, como debe ser. Además, el autor tiene una forma de escribir muy peculiar que se caracteriza básicamente por el uso de figuras literarias como el pleonasmo llevado a su propio campo: subir para abajo, entrar hacia fuera. Esto a mí me ha hecho mucha gracia y lo he admirado bastante durante el tiempo de lectura, ya que me ha parecido de gran valor el atreverse a usar ese registro en toda la narración.

Y es que a veces es imprescindible saber subir hacia abajo o entrar hacia fuera. Será una de las cosas que aprenderá nuestro protagonista y nosotros con él. Así que ¡normal que tuviera que darme un tiempo de descanso después de terminarlo! Pero ahora, que ya he hecho un repaso de toda mi vida y he estudiado todos aquellos puntos de inflexión que la han marcado irremediablemente, es el momento de cerrar (al menos durante una buena temporada) las tapas de este libro para dar paso —ahora sí— al siguiente.

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Oculto en la memoria, de Domingo Terroba

Oculto en la memoria

Oculto en la memoriaLas complicaciones y complejidades de la mente humana siempre ha sido un tema que me ha llamado la atención. Depresiones, alucinaciones, psicosis… la mente es capaz de alterar la realidad de tal manera que solo aquel que lo padece puede contar realmente lo mal que se pasa. Y sobre esto va el libro del que hoy os hablo, Oculto en la memoria, un thriller psicológico escrito por Domingo Terroba.

Ambientada en Edimburgo, ciudad de residencia del autor, esta novela está protagonizada por Margaret McGregor. Un fuerte shock traumático le ha llevado a pasar seis años ingresada en un hospital psiquiátrico. Una vez pasado ese duro periodo, Margaret encuentra un nuevo amor, James, y vive en una tranquila casa en el centro de la ciudad junto a su hija recién nacida. Pero nuevamente su frágil mente empieza a jugarle malas pasadas, empezando a confundir partes de su vida actual junto a James con lo vivido anteriormente junto a Angus, su anterior marido. La protagonista no quiere volver a revivir sucesos oscuros de su pasado, por lo que busca apoyos en James, el doctor McCallum y Kirsty, una extraña mujer que dice ser su mejor amiga.

He de reconocer que el modo de escribir de Domingo tiene luces y sombras. Sus narraciones y pasajes descriptivos tienen mucha calidad. Su prosa avanza firme junto al relato, consiguiendo una lectura fluida y amena. Sin embargo, los diálogos de sus personajes son algo farragosos y repetitivos, parando un poco el ritmo de la narración. En ocasiones, los diálogos de Margaret con James o su psiquiatra parecen no avanzar, repitiendo los personajes los mismos argumentos y las mismas situaciones. Esto hace que las cuatrocientas páginas de Oculto en la memoria podrían fácilmente haberse reducido a trescientas, lo que hubiera dado todavía mayor agilidad y rapidez a la historia.

Pese al punto negativo de los diálogos (también hay que subrayar que estamos solo ante el tercer libro del autor), esta novela tiene un toque adictivo más que notable. Lo primero que se le pide a un thriller es que enganche y te haga no querer dejar de leer, y Domingo Terroba lo consigue. Pese a su exceso de páginas, la novela engancha desde el principio y te hace en querer seguir leyendo todo lo que le pasa a Margaret. La protagonista va contando su vida con James mientras empieza a confundir pasajes pasados (a modo de flashbacks) junto a su exmarido Angus. La mente empieza a jugar malas pasadas a la protagonista, y esta confusión se traslada incluso al lector, que en ocasiones puede llegar a perderse también entre el pasado y el presente. Eso sí, todos los hilos sueltos que se van quedando durante la narración se cierran en los últimos capítulos, donde todo queda bien cerrado y explicado.

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”, Carl Gustav Jung

Esta cita inicial de Oculto en la memoria describe claramente el sentido de la novela. Domingo Terroba aborda el complejo estudio de la mente a través de las depresiones, incluso volcando experiencias personales en el propio relato. El resultado es un thriller ameno, con algunos defectos por pulir.

César Malagón @malagonc

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Todo comenzó un martes al atardecer, de Iván Portas

Todo comenzó un martes al atardecer

Todo comenzó un martes al atardecerIntento recordar cuál fue el momento en el que empecé a interesarme por las estrellas, pero me resulta imposible. Cuando vivía en Madrid, rodeada de asfalto y contaminación apenas me fijaba en ellas. Sabía que estaban ahí, pero muy pocas veces conseguía verlas. Por eso, cuando llegaba el verano y me iba al pueblo, lo único que deseaba era que cayera la noche para poder mirar por la ventana todas esas maravillosas estrellas. Y yo no entendía por qué entonces sí podía verlas y cuando estaba en Madrid, no. Por eso empecé a pensar que había algo más, que solo se veían las estrellas cuando el día siguiente iba a ser maravilloso. En Madrid esos días casi no existían porque la monotonía y la rutina ya se encargaban de que así fuera. Pero en cambio, la vida en el pueblo era muy diferente. Ahí sí que había días maravillosos. Y no fallaba: cuando había una noche estrellada, eso significaba que al día siguiente podría ir a la playa, o que podría ir al río sin que la lluvia lo arruinara todo, o que incluso podría montar en bici durante horas y horas.

Por eso, la noche de San Lorenzo era mi noche preferida del año. Esa noche de mediados de agosto ya era tradición poner la tienda de campaña en mitad de un prado bien lejos de cualquier farola. Dentro de esa tienda de campaña, cinco niñas pasaban la noche hablando, riendo, comiendo guarrerías y contando historias de terror. Pero, sobre todo, estaban pendientes de las estrellas, esas que pasaban deprisa ante sus ojos como un relámpago. Algunas decían que daba buena suerte pedir deseos cuando una estrella fugaz pasaba. Otras, como yo, disfrutaban de ese breve brillo y pensaban en el día tan increíble que estaba por llegar.

No sé si Andrea, la protagonista de Todo comenzó un martes al atardecer, pensaba lo mismo que yo cuando miraba el firmamento, pero sí que tenía ganas de ver esa lluvia de estrellas que se llevaba anunciando tiempo atrás en la televisión. Cansada de su trabajo, dejó todo para irse una buena temporada a Europa, aunque sus planes se vieron truncados cuando encontró un símbolo extraño en el despacho de su antiguo jefe. Aunque lo tenía todo planeado y realmente quería seguir con ello, no pudo evitar darle vueltas y vueltas al símbolo que había visto, así que decidió contactar con su primo Jose, que poseía un don innato para la tecnología gráfica, lo que le podría resultar de gran ayuda. Entre eso y unos cuantos contactos, consiguen averiguar que ese símbolo es el acrónimo cifrado de un proyecto muy gordo, de algo que, de llevarse a cabo, supondría un gran desastre para toda la humanidad. Y esa lluvia de estrellas, que Andrea espera con tanta ansia como yo esperaba cada año la de San Lorenzo, tiene que ver mucho más de lo que cualquiera de ellos se imagina.

Iván Portas nos trae una novela de acción, donde la protagonista es una mujer fuerte y valiente que tiene que aprender a la fuerza a valerse por sí misma. Andrea es un personaje que llega, que se entrega al lector. Nos muestra sus dudas, sus miedos, sus reticencias. Es sensible, pero también poderosa, como demuestra a lo largo de las páginas de esta obra. Seguida por su instinto y junto con Jose (su primo) y David (un ex soldado de operaciones especiales), demostrará al mundo que es mucho más que una mera ingeniera. Esto me ha gustado especialmente, ya que, aunque recibe ayuda, ella misma es una heroína. Además, su sensibilidad y su instinto son dos armas que le resultarán imprescindibles, pues habrá momentos en los que esas habilidades serán mucho más útiles que cualquier otra.

Y qué decir de David, un personaje que al principio aparece misterioso y del que no sabemos nada, pero que poco a poco se va dejando descubrir y del que es imposible no encariñarse. Me ha recordado un poco a estos súper hombres de película, así como Tom Cruise, que aparecen de la nada para ayudar a un chica en apuros y que aportan nociones de estrategia militar que son esenciales para resolver la trama. Es un personaje que me ha hecho mucha gracia, porque lo mismo coloca bombas por ahí, como te pilota un helicóptero. Un chico comodín que sabe hacer de todo.

Todo comenzó un martes al atardecer tiene un ritmo muy rápido. Desde el principio empiezan a pasar muchas cosas, sin dar casi tiempo al lector a familiarizarse con la historia o los personajes. Eso me ha gustado, porque me ha hecho darme cuenta de la trama a la vez que la propia Andrea lo hacía. Hay veces en las que me parece que los personajes van mucho más avanzados que yo, como que yo voy por detrás de ellos y me doy cuenta tarde de las cosas. Pero en este caso, al no ser una novela que tenga un principio pausado y descriptivo (como suele pasar), todo va tan acelerado que al lector no le queda más remedio que ponerse al día enseguida. Eso ha sido precisamente lo que hizo que me leyera más de la primera mitad del libro del tirón.

Es verdad que he leído poco de este género, pero lo que leo me gusta. Me ha recordado un tanto a Inferno, de Dan Brown, por el estilo de la trama, aunque los métodos que usan sendos protagonistas para resolver la historia nada tienen que ver. Recordemos que Robert Langdon usa sus conocimientos de historia y arte y Andrea, Jose y David optan por un conocimiento más tecnológico. Pero sí, ese ritmo acelerado, las conspiraciones, el ingenio que tienen que tener los protagonistas, los malos que aparecen de la nada y que son más que insistentes, han hecho que en ocasiones me acordara del estilo de Dan Brown. Me estoy planteando leer más de este género, porque realmente he disfrutado muchísimo con el libro.

Iván Portas demuestra que es un gran apasionado del género. Su profesión, ingeniero industrial y su interés por el emprendimiento tecnológico hacen que la historia esté muy bien atada. Nos da un marco perfectamente definido y desarrolla mucho el aspecto tecnológico que impregna toda la novela. Se nota que no cuenta la historia por contar, sino que hay un gran trabajo de documentación detrás que hace que la historia esté perfectamente hilada y que todo tenga sentido.

Yo sigo con mi teoría de que los días que preceden a una noche estrellada son los mejores días que uno se pueda encontrar. Aunque también es cierto que en las noches en las que no hay estrellas, mi plan suele ser acurrucarme en el sofá con un buen libro, como este, esperando a que caiga una tromba de agua. Y, yo me pregunto, ¿hay algo más maravilloso que eso?

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El desierto que hay en mí, de Manuela Fonseca

El desierto que hay en mí

El desierto que hay en míÁfrica tiene algo que me atrae. Recuerdo que cuando era pequeña jugaba a un juego en el que cada uno tenía que elegir un país, luego el que se la quedaba lanzaba una pelota lo más alto posible y gritaba un país al azar. Si alguno de los demás había elegido ese país, tenía que ir corriendo a por la pelota antes de que tocara el suelo, sino perdía. Bueno, pues conmigo siempre era muy fácil jugar porque todos mis amigos sabían que el país que elegía yo el ochenta por ciento de las veces era Egipto. Con quince años pisé África por primera vez, en un viaje que hice a Túnez y hace apenas unos meses volví a hacerlo por segunda vez, para conocer Kenia. Hay algo en su cultura, en sus gentes, que me atrae irremediablemente, por lo que cuando leo un libro que está ambientado en estas zonas no puedo hacer otra cosa que ponerme cómoda y empezar a disfrutar.

La vida de José Besara nunca fue fácil. Crecer en Venezuela era sinónimo de tener un futuro incierto. Él se esforzó enormemente por salir adelante. Y lo estaba consiguiendo. Hasta que una negligencia grave en su puesto de trabajo hizo que una deuda de indescriptibles dimensiones fuera lo único que ocupaba sus pensamientos. Agobiado y sin otra salida, decide hacer las maletas y marcharse lejos, muy lejos. A Marruecos, concretamente, donde se hallan las raíces de su familia. El mismo día que llega a ese país tan exótico para él, una subasta muy importante está teniendo lugar muy cerca de donde él se encuentra. Casualidades de la vida, se está subastando una daga de orejas, perteneciente, nada más y nada menos que al Reino Nazarí de la ciudad de Granada. José Besara se las ingenia para adentrarse en los entresijos de la subasta, haciéndose pasar por un trabajador, con la sola idea de poder tener esa daga un ratito entre sus manos. Y todo porque él sabe perfectamente a quién perteneció ese precioso objeto: a los Negm, una familia muy adinerada que, por lo que tiene entendido, forma parte de su árbol genealógico. Su precaria situación económica, por supuesto, le impide poder hacerse con esa daga, pero eso no será excusa para que nuestro protagonista remueva cielo y tierra para dar con la persona que la vendió, con la intención de conocer a su antigua familia.

Como en casi todas las historias, el protagonista no actúa solo. Y esta novela no iba a ser una excepción. José Besara conoce a Saraiana, una mujer que con solo mirarla le enmudece. No solo se trata de una mujer andaluza preciosa e imponente, sino que además, es una gran historiadora, por lo que no duda ni un momento en emprender la búsqueda en la que participa José. Quizás esa es la historia perfecta que ella necesita para poder escribir la novela que siempre había querido.

Pero no os penséis que José Besara y Saraiana son los únicos protagonistas de esta novela, no. Manuela Fonseca intercala capítulos dedicados a un tiempo anterior, muy anterior. Y que sucede en Granada en la época en la que existía el Reino Nazarí, donde el rey, musulmán, se enamora de una chica cristiana.

El desierto que hay en mí es un libro que trata sobre la búsqueda de la identidad, aunque esta búsqueda se vuelve muchísimo más interesante cuando se tiene que hacer en una cultura que poco o nada tiene que ver con la tuya. José Besara descubrirá un montón de cosas sobre ese entorno pero también sobre sí mismo y su familia. Y también indagará sobre lo fascinante que puede llegar a ser Saraiana, que le deja sin palabras cada vez que le cuenta una historia.

Descubrir la verdad sobre uno mismo es una tarea ardua y mucho más si esa verdad no es la que uno espera. José Besara tendrá que lidiar con la realidad que llevó a sus padres a mudarse a Venezuela. Y la propia Saraiana descubrirá secretos que la afectarán personalmente.

No sé si lo he dicho alguna vez, pero a mí me gustan mucho las redes sociales. Las uso a diario y me encanta comentar mis lecturas con todos mis seguidores. Cuando iba por la mitad del libro, puse este comentario en Twitter: “Ahora voy a seguir con El desierto que hay en mí, de @mfonsecab. Llevo la mitad y ¡me está encantando!”. Pocas horas después, recibía este tweet de vuelta: “Gracias miles y de todo corazón. Espero que te enamore aún más hasta el final”. Y, ¿adivináis quién me estaba escribiendo? ¿a mí? ¡la propia autora! Manuela Fonseca se tomó la molestia que muy pocos autores se toman de contestar a un tweet de una de sus lectoras. Esto me hizo muchísima ilusión y me animó a coger el libro todavía con más ganas. No voy a desvelar el final del libro, por supuesto, pero sí diré que el libro enamora todavía más a medida que van avanzando las páginas. Porque aunque es un libro mayormente histórico, la trama de amor está ahí, es evidente. Y va creciendo y creciendo a medida que se desarrolla la historia.

Se nota enormemente el cariño con el que Manuela Fonseca escribe cada una de las palabras de este libro. Y también la dedicación con la que lo ha hecho, ya no solo por la historia tan apasionante que nos ofrece, sino por los escenarios en los que se desarrolla. Esta autora venezolana se toma mucho tiempo para construir la ambientación de su novela. No solo viajaremos por Casablanca, sino que también conoceremos lugares increíbles como Fez, Rabat, Marrakech o Meknes, ya que nuestros protagonistas viajarán siguiendo la línea del Atlas llegando a adentrarse, incluso, en el grandioso desierto del Sáhara.

Es un libro que transmite muchas emociones, ya tocando lo personal. Es muy fácil empatizar con José Besara y querer, al mismo tiempo que él, descubrir los secretos que su familia ocultó en tan lejano destino. Es algo que me gusta mucho de los libros, poder ponerme con facilidad en la piel de los personajes. Que sean accesibles para mí. Y, en este caso, Manuela Fonseca me lo ha puesto en bandeja.

En mi opinión, creo que es un libro perfecto para todas aquellas personas que tengan una alma inquieta, que les apasione conocer lugares nuevos y adentrarse en lo desconocido. También para aquellas personas a las que les guste la historia, ya que la doble trama que nos aporta este libro es ideal para los que adoren profundizar en épocas pasadas. Y también para aquellos que amen viajar (yo me encuadro en este último bloque), porque con los paisajes tan detallados que nos ofrece la autora, en nuestra cabeza, después del libro, parecerá que hemos recorrido junto a José Besara ese increíble país.

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Metamorfosis de un ciudadano ejemplar, de J. Jackson

Metamorfosis de un ciudadano ejemplar

Metamorfosis de un ciudadano ejemplarEstaba preguntándome qué es tener una vida ejemplar. Tal vez haber estudiado una larga carrera, de esas de las difíciles de verdad. Con buenas notas, a poder ser. Tener un trabajo de éxito en el que tengas que llevar traje y la gente se quede un poco anonadada cuando le digas en qué consiste. Quizás… una pareja estable, con la que tener una relación perfecta. Una pareja que sea la envidia de todos, con la que jamás discutes y con la que quieres pasar el resto de tu vida. Una buena casa, con un bonito jardín que arreglar los domingos o tal vez un piso súper céntrico en una enorme ciudad que jamás duerme. Ser respetuoso, educado, servicial. Vivir para trabajar. Tener prioridades, escalas de valores. Pero en orden. No sé… todas esas cosas que ves en las películas y de las que solo te enseñan la punta del iceberg. Porque seguro que esa persona tiene hipoteca, gastos hasta arriba, desajustes amorosos, depresión derivada de su trabajo o un incipiente ataque cardíaco producido por el trabajo.

Héctor era más o menos ese hombre ejemplar. Una buena carrera, un trabajo de éxito en Londres, una buena casa… Pero por circunstancias tiene que volver a su pueblo natal y todo comienza a desmoronarse. Allí se casa con Iris y se traslada a Madrid a intentar recuperar aquella vida que dejó en Inglaterra. Y en cierta medida lo consiguió. Otro trabajo de éxito, con la mujer de sus sueños a su lado, otra buena casa… todo para lo que se había esforzado tanto. Hasta que un día llega a su casa y encuentra a su perfecta mujer acostándose con su perfecto jefe. Sin casa, sin trabajo, sin mujer. Sin nada. Así se encontró Héctor. Otra vez a recomponer su vida, otra vez a empezar de cero. Pero nuestro protagonista demuestra ser una persona capaz y persistente, así que lo logra y sienta los cimientos de lo que será su futura vida. Perfecta, claro. Pero en sus planes no entraba que su ex mujer (sí, aquella que le puso los cuernos) apareciera asesinada y que él se convirtiera en el principal sospechoso de ese asesinato. Y tampoco entraba en sus planes —ni muchísimo menos— conocer a Laura, una chica de la calle que es de todo menos perfecta. Héctor tendrá que aprender a lidiar con esa nueva vida y a hacer por encajar a Laura en ella. Se acabó el orden, la perfección y la ejemplaridad.

Metamorfosis de un ciudadano ejemplar es una novela de J. Jackson. Podríamos decir que ya es un experto en esto de publicar libros, ya que es el sexto que saca al mercado, habiendo empezado en el 2014. En este caso nos trae una historia de intriga, conspiraciones, corrupción y asesinatos de esas que tanto gustan. O a mí por lo menos. Porque me encantan esas tramas que te crean la necesidad de seguir pasando y pasando páginas sin parar hasta descubrir quién es el asesino. Es curioso, porque mira que leo novelas policíacas de este estilo y muy pocas veces acierto. Suelo hacer mi quiniela a mitad del libro, pero nada, no hay manera. Menos mal que me dedico a otras cosas, porque si tuviera que ser detective pasaría muchísima hambre.

El caso es que dentro de esta corta novela —tiene alrededor de doscientas cincuenta páginas— encontramos varias tramas que se van entrelazando y que hacen que estemos con una intriga constante. Por una parte, tenemos al protagonista acompañado de la alocada Laura y, por otra, los policías que intentan resolver el asesinato. Pero la cosa se complica a medida que avanzamos en la historia y todo se enreda sin remedio. Me gusta esto de que haya varias tramas, porque vivimos varias crónicas a la vez. Al ponernos en la piel de Héctor, conoceremos la angustia que siente al saber que es el principal sospechoso de un asesinato pero también la incertidumbre que se hace eco de él al dejarse llevar poco a poco por Laura, una chica que jamás hubiera entrado en su prototipo de mujer y por la que hará cosas que ni borracho hubiera hecho en su vida anterior. Esa parte de la historia (la que se centra en Laura y Héctor) me ha dejado un sabor agridulce. Al principio me estaba gustando muchísimo, pero a medida que iba leyendo, sentía que su trama iba demasiado acelerada, tanto que me ha resultado un poquitín forzada. Pero en realidad eso es lo único que no me ha terminado de gustar del libro. Bueno, quizás también podría hacer mención de alguna que otra falta de ortografía que he ido encontrando, diciéndole desde aquí a su autor que me encantaría ver una segunda edición todavía más mejorada de esta obra. Porque es un libro que tiene futuro. Se lee muy rápido, los personajes están muy bien desarrollados y la trama es inquietante. Y, por lo menos yo, es lo que busco en un libro para pasar un buen rato.

Hacía mención a los personajes. Me han gustado mucho porque cada uno tiene una personalidad muy marcada. J. Jackson nos hace partícipes de sus historias haciendo que los conozcamos en profundidad. Si un psicólogo leyera este libro, seguro que diría que Héctor tiene muchas probabilidades de sufrir un trastorno obsesivo compulsivo. Es tan perfeccionista que llega a ser enfermizo. Todo colocado, todo pulcro, todo en su sitio. Y así también con su vida en general. En cambio Laura es todo lo contrario. Una prostituta que no tiene pelos en la lengua y que hace lo que quiere cuando quiere. Vaya pareja, ¿no? Pero es muy curioso, porque los personajes van evolucionando poco a poco —tan sutilmente que solo nos daremos cuenta de ello cuando alcancemos el final—llegando a esa metamorfosis de la que nos habla el título del libro.

Metamorfosis de un ciudadano ejemplar es un libro recomendadísimo para aquellos amantes de la novela negra y de los que busquen un libro que les haga compañía durante un rato. Pero un rato cortito, porque se lee en menos tiempo del que gustaría. Tal vez esto solo me pase a mí, pero cuando cojo un libro que me engancha es como si no existiera nada más. La ansiedad se apodera de mí y en cada rato libre que tengo necesito —sí, del verbo necesitar— sacar el libro de mi bolso para poder leer aunque sea un par de páginas. Inciso: mi espalda se ha alegrado de que meta un libro finito en el bolso, ya que lo último que leí fue Origen de Dan Brown, que se quedó bien a gusto al escribir ese tocho de seiscientas páginas.

Después de leer este libro ya no sé lo que es ser un ciudadano ejemplar. Lo que sí sé es que no es oro todo lo que reluce y que a veces es cierto eso de que las apariencias engañan.

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Veneno que no la mate, de Juan Miguel Borrego

Veneno que no la mate

Veneno que no la mate

Para defender una causa justa no es necesario tratar de blanquearla. Incluso me atrevería a decir que no es recomendable. En muchos casos basta con darle visibilidad, con señalar al mundo que ese problema sigue existiendo, ya que es en el silencio y en la falta de concienciación pública donde mejor florecen los irracionalismos. En el caso de Veneno que no la mate, obra publicada por Círculo Rojo en su colección Teatro, Juan Miguel Borrego plantea un enredo protagonizado íntegramente por mujeres, pero que para nada idealiza a su género. Simplemente le cede todo el protagonismo durante unos minutos para reafirmar que ellas son capaces de todo, tanto de lo mejor como de lo peor, sin que sea necesario que haya hombre que les dé el visto bueno o les censure.

Toda la obra teatral se desarrolla en la sede de una asociación de mujeres. En ella, las cinco protagonistas colaboran con diferentes causas y movimientos sociales. El conflicto central se inicia cuando Andrea, la voz cantante del grupo, desvela que va a casarse con su prometido, al que también pretendía Diana, una joven caprichosa y de fuerte carácter. Ésta última hará todo lo posible para evitar el matrimonio, para lo cual contará con la complicidad o el silencio del resto de las asociadas, las cuales no se atreven a pararle los pies por motivos diversos, a pesar de las altas probabilidades de que el desenlace de sus actos sea fatídico.

Como se puede ver, el compromiso del autor con el feminismo es palpable desde el propio planteamiento de la obra; de hecho, no aparece ningún hombre en ellaa, al menos como personaje activo. Lo principal en esta breve historia es la relación que existe entre cinco mujeres muy diferentes, cuyas personalidades están fuertemente marcadas tanto por su nivel socioeconómico como por la época en la que les ha tocado nacer. Es precisamente este choque generacional positivo, el mismo que ha provocado que la mujer poco a poco haya dejado de ser entendida y de entenderse a sí misma como un mero complemento de su marido para pasar a escribir su propio destino, el que brilla en el comienzo de la obra. Un empoderamiento que, como bien recoge el autor en una de las historias secundarias que pone sobre la mesa, todavía se encuentra en marcha y no se debe bajar la guardia.

Unido a lo anterior, si algo ha logrado sobradamente el autor gaditano es que sus personajes hablen como lo hace la calle. El lenguaje es sumamente llano e imperfecto: directo, brusco, plagado de onomatopeyas, de errores léxicos y de frases inconexas, lo que, por desgracia, no dista mucho de la forma en la que habitualmente nos comunicamos de viva voz. Esto no es una cuestión nimia; al fin y al cabo, cuántas lecturas pierden verosimilitud por basarse en diálogos excesivamente perfectos y acartonados. En ese sentido, creo que este es uno de sus principales logros, junto con la forma pausada en la que Borrego va introduciendo a los personajes en la historia, de tal forma que resulta sencillo captar las marcadas personalidades, casi caricaturescas, de cada uno de ellos.

Con todo, he echado un poco en falta una mayor adaptación del contexto a los tiempos actuales. Es decir, especialmente en el caso de las tres mujeres más jóvenes, que rondan la veintena, creo que no hubiese estado de más aproximarlas al mundo de redes sociales, series televisivas y modas pasajeras en el que vivimos. Por el contrario, el autor ha optado por escapar de prácticamente todo aquello que escapa del puro contacto humano, con lo que la trama podría situarse sin problema en épocas bien distintas. Ello no quita para que nos ofrezca una sucesión de hechos enormemente entretenida, en la que los giros de guion, numerosos para lo reducido de la obra, permiten que lleguemos a las últimas páginas sin tener demasiado claro cuál va a ser el desenlace, lo que siempre es de agradecer.

Veneno que no la mate tiene su mayor virtud en su sencillez, en su falta de pomposidad tanto en su planteamiento como en la forma de actuar de sus personajes, a lo que se añade el claro propósito de su autor de reflejar cómo la mujer va tomando poco a poco en nuestra sociedad el papel que le corresponde. No son pocos (ni pequeños) los motivos, por tanto, para darle una oportunidad a esta lectura.

 

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Vicios del servicio, de César Blasco

vicios del servicio

vicios del servicioHace mucho tiempo, allá por el 2011, leí una novela de un autor que pocos conocían, Cesar Blasco, yo lo descubrí gracias a las redes sociales, al boca a boca como dicen unos, o boca oreja como dicen otros, aunque como estamos hablando de libros lo suyo sería decir “ojo a oreja”. “Penurias exquisitas”, fue un libro que recomendé mucho y que divirtió a casi todos los que lo leyeron. Un libro con una feroz crítica social en clave de humor.

Y hace muy poco descubrí que César Blasco regresaba con otro libro y desde ese momento ya quise saber cómo había sido la evolución de este autor.

También tengo que decir que la portada no me ha convencido nada, de hecho, de no saber que era un libro de este autor estoy absolutamente segura que jamás hubiese entrado en mis estanterías, porque no habría reparado en el, o directamente lo habría rechazado. Ahora, después de haberlo leído, sigo sin comprender el porqué de esta portada en relación con lo leído.

“Consol examinaba con gesto experto el retrete en los servicios de la celda que ocupaba junto a media docena de detenidas en las instalaciones de la comisaría de la Policía Autonómica de Les Corts. Había sido arrestada durante los disturbios que siguieron a la disolución por los Mossos d´Escuadra de una concentración no autorizada entre el Palau de la Generalitat en contra de los recortes sociales previstos en los presupuestos del Gobierno Autonómico para el 2012…”

Pues así empieza “VICIOS del servicio”, la nueva novela de César Blasco, contándonos que Consol, la mujer de Pere Gil i Puyuelo, un empresario catalán (o catalanizado) ha terminado detenida tras su participación en una manifestación. Y si bien su marido es un empresario que aprovecha todos los resquicios legales para ahorrarse todo el gasto posible en sus trabajadores, además de relacionarse “como se debe” para obtener contratos con la Administración autonómica, su curiosa esposa, una obsesiva de la higiene, se dedica a involucrarse en diversas actividades en algunas “oeneges”. La familia del empresario se completa con Paloma, la hija ultraconsentida del matrimonio, una joven acostumbrada a no hacer nada que mantiene una relación con un “perroflauta” (esto dicho desde mi más absoluto respeto) llamado Sócrates. También, y desde hace muy poco convive con ellos el padre de Pere, Miguel, un agricultor aragonés, que creará diversas situaciones interesantes en la novela.

Por otro lado, y no menos interesante, está la plantilla de la empresa, que está compuesta en su integridad por personas por las que el empresario obtiene pingües beneficios tanto fiscales como por parte de la SS.SS. Si leen los agradecimientos de la solapa del libro, verán que la corrupción es la gran protagonista, ya que nos encontramos ante un empresario que tiene, y sobre todo ha tenido en el pasado, negocios turbios con políticos corruptos.

Estamos en tiempos de crisis, la empresa tiene, como muchas pequeñas empresas familiares, multitud de problemas económicos, y todos deben arrimar el hombro; y cuando todos tienen que “poner” en lugar de “llevarse”, aparecen los problemas.

Humor negro y sátira por partes iguales; el egoísmo humano, ese que va más allá de la picaresca tan característica en nuestro país… Y en otros también, no vayamos a pensar que somos los únicos que queremos ganar mucho y pagar pocos impuestos.

Tengo que reconocer que en ocasiones no he sabido si reírme o sonrojarme, es lo que pasa cuando se está al límite del humor, esa delgada línea que separa el humor del horror.

Los personajes son todos absurdamente reconocibles, quiero decir que son, llevados al límite, representantes de nuestra sociedad, gente que se relaciona con nosotros todos los días, incluso alguno podemos ser nosotros mismos. Los capítulos en los que aparecen Remedios y Climet, dos de los trabajadores, me han recordado al teatro de lo absurdo de Eugene Ionesco aunque mucho más cercano a nosotros como el de nuestro gran Maura.

“VICIOS del servicio” es una novela que gustará a muchos de los que se acercaron a aquellas viejas pero tan actuales “Penurias exquisitas”, porque si uno de los objetivos del autor era conseguir con este libro horrorizar al lector hasta el punto de dudar entre la risotada y la vergüenza probablemente lo ha conseguido. Lo que no dudo yo y desde luego me creo, es que, como el propio autor nos dice, las editoriales convencionales hayan descartado este libro, pues su contenido, tan políticamente incorrecto, no solo no encaja con ellas, sino que podría ponerlas en apuros con muchos de sus lectores.

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Queremos que vuelvan, de Miguel Ángel Santamarina

Queremos que vuelvan

Queremos que vuelvanEspaña es un país con la sensibilidad siempre a flor de piel. Tanto si se trata de llorar como de reír, aquí siempre somos los primeros en ponernos a la cola. Y si además contamos con un potente altavoz televisivo de por medio, capaz de engrandecer hasta el detalle más nimio, mejor que mejor. Por eso ahora los españoles viven pendientes de Diana Quer, como en su día vivieron pendientes de Miriam, Toñi y Desirée, de Anabel Segura, de la pequeña Mariluz o de Marta del Castillo, entre muchos otros. Los debates matutinos en el bar o en el puesto de trabajo tienen una nueva conversación. Ya no solo se habla de fútbol, también se lanzan hipótesis sobre el paradero de la joven madrileña. Los más sentidos derraman alguna lágrima, deseando no tener que sentirse expuestos nunca al doloroso trámite por el que pasan los padres. Otros, algo más morbosos, alimentan en silencio las ganas de que la investigación destape algún que otro trapo sucio familiar con el que poder lanzar, al grito de “ya me lo olía yo”, las más sibilinas acusaciones. Y para colmo, todo programa televisivo que se precie pone todos sus recursos (técnicos y humanos) para adelantar en primicia cualquier detalle digno de ser contado, ya sea un simple rumor o la declaración más esperada. Y perdónenme esta larga introducción, pero me viene al pelo para presentaros Queremos que vuelvan, la primera novela de Miguel Ángel Santamarina, que retrata muy fielmente la expectación que se genera en España cada vez que afronta un caso tan mediático como es la desaparición de jóvenes en extrañas circunstancias.

En este caso, los desaparecidos son Bruno y Mario, dos adolescentes de Alcorcón sin aparentes problemas, cuyo rastro se pierde el 15 de agosto de 2012. Javier Redondo es un periodista que pone todo su empeño en descubrir el paradero de los chicos y cuya obsesión por el caso le supondrá graves problemas. Las desapariciones pronto se convierten en un caso mediático gracias a Lisandro Meneses, estrella televisiva, cuyos especiales sobre Bruno y Mario sacudirán las conciencias de todos los telespectadores. El avezado presentador, con mucha labia y pocos escrúpulos, irá limpiando sutilmente la superficie del caso, como si de un arqueólogo de tratase, para demostrar a la opinión pública las desavenencias internas entre los familiares e incluso entre los desaparecidos, cuyo perfil angelical dista mucho de ser el real.

En Queremos que vuelvan hay políticos corruptos, banqueros deleznables, policías oscuros, periodistas carroñeros y mafiosos del este de Europa dedicados supuestamente al tráfico de jóvenes. Algo que en otros países podría considerarse literatura fantástica, en España bien puede ser considerada como una novela realista sin que tachen a uno de demente.

Miguel Ángel Santamarina debuta con una historia absorbente, bien contada y estructurada. El autor va proporcionando al lector la información en pequeñas dosis, alternando el presente con los últimos días de Bruno y Mario antes de su desaparición. El punto fuerte de la novela, en mi opinión, está en lo bien que refleja el autor el mundo de la telebasura. No hace falta poner nombres o ejemplos para ilustrar el tema, pero todos sabemos cómo se las apañan en televisión para tocar la fibra del espectador y crear esa tensión dramática que hace que nos quedemos pegados a la pantalla, esperando a que el presentador o colaborador de turno saque más trapos sucios con los que frotarnos las manos o llevárnoslas a la cabeza.

Los que lean esta novela pueden pensar que el autor exagera; que ni las altas esferas son tan oscuras ni la televisión es tan truculenta. Yo creo que no hay exageración, solo las licencias literarias necesarias para que un thriller consiga enganchar al lector. Por eso prefiero pensar que Queremos que vuelvan es una caricatura de la sociedad actual. Quizá ponga demasiado énfasis en algunos rasgos defectuosos, pero no por ello deja de reflejar una realidad que convive con todos nosotros.

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Pinceladas de Harmonía, de José Luis Fernández Juan

Pinceladas de Harmonía

Pinceladas de Harmonía¿Alguna vez os habéis preguntado qué son las palabras? Están ahí, se dedican a existir, pero muy poca gente se plantea de dónde han salido o por qué las utilizamos. Podríamos pensar que ni si quiera son importantes: cuando vamos a un país extranjero cuyo idioma desconocemos, podemos llegar a comunicarnos mediante gestos exagerados (acompañados muchas veces por tonos de voz de unos cuarenta decibelios). No sería tan complicado tener una conversación mediante gestos, sin usar ni una sola palabra. De no existir estas, confeccionaríamos un lenguaje mudo que sería conocido universalmente y que nos permitiría pedir un café sin articular un solo fonema. Pero entonces… no existiría la literatura. No podríamos disfrutar de la ironía, ni de los dobles sentidos. No podríamos leer, ni escribir. Ni si quiera nuestras ciudades tendrían nombres, solo serían un gesto.

Dicen que el español está compuesto por unas trescientas mil palabras y que de media solo hacemos uso del cero coma diez por ciento de ellas. Es decir, una persona española usa normalmente unas trescientas palabras. También dicen que alguien normal supera las diez mil palabras en su vocabulario pasivo, que es el que está compuesto por palabras que conocemos pero que no usamos casi nunca. Las personas consideradas cultas suben la media y usan unas quinientas palabras habitualmente. Mientras que los periodistas usan unas tres mil (o, al menos, deberían). Y, hablando de números, en las obras de Cervantes han llegado a registrarse unas ocho mi palabras. Sin embargo, con la llegada de los móviles, nuestro vocabulario se ha reducido drásticamente. Los SMS nos obligaban a condensar los mensajes en muy pocas palabras, omitiendo letras hasta el punto de que las vocales desaparecían y no eran necesarias para entender el mensaje. Ahora, whatsapp, con sus caracteres ilimitados nos ha dado una tregua y parece que la gente se anima a volver a escribir “normal”. Pero aún queda un largo recorrido por hacer.

No es raro usar diferentes registros dependiendo de con quién estemos hablando. Usamos palabras más o menos cultas en función de la situación en la que estemos. Pero José Luis Fernández Juan rompe con esta teoría y nos demuestra en Pinceladas de Harmonía que siempre es necesario hacer uso del lenguaje tan rico que tenemos. No voy a mentir, he tenido que leer el libro con un diccionario al lado. Muchas palabras no las conocía por la edad que tengo y otras muchas por incultura; pero gracias a él, ya sé lo que significa “epiceno1”. Estoy deseando tener alguna conversación en la que pueda meter disimuladamente esta palabra.

Harmonía es un lugar en el que la gente vive, valga la redundancia, harmoniosamente. Cada uno tiene su labor, su meta. Pero lo mejor es que todos aprenden de todos. Está Lucía la cocinera, Daristóbulo el cuentacuentos o Régulo el carpintero. Todos, descritos en una pincelada, tienen el objetivo de que Harmonía sea un lugar idílico donde vivir, donde las palabras más rebuscadas sean las necesarias para delinear el entorno. Es un libro lleno de luz y de ironía, que juega con los sinónimos y los vocablos, haciéndonos pensar en la belleza de nuestro idioma y de lo afortunados que somos de poder experimentar con él.

Y, aunque este magnífico opúsculo 2 se haga lacónico 3 en nuestras manos, no es asunto baladí 4 el que contienen sus páginas. Trata la viveza de nuestro lenguaje, resucitando vocablos ya postergados 5; demostrando que es factible hacer nacer fuego de las pavesas 6. No sé si los celícolas 7 alcanzarán a observar un arcoíris en blanco y negro —como se propone la pintora de Harmonía—, pero podrán ser testigos de la singularidad y extravagancia de este pequeño pueblo, donde la meta es olvidar los cordojos del corazón y donde lo preponderante es la dicha y la hilaridad. Por eso, sin más explanación por mi parte, he de ensalzar con creces esta obra, que ha conseguido hacer renacer en mí la expectación por la semasiología 9 de este idioma nuestro tan feraz 10, que deberíamos aprender a exprimir sin demora. Y, si en algún momento de este último párrafo habéis tenido la curiosidad de hojear el diccionario, deberéis sumergiros sin más tardanza en el mundo de Harmonía, donde aprenderéis que las palabras significan mucho más de lo que imagináis.

  1. Epiceno: adj. Gram. Dicho de un nombre animado: que, con un solo género gramatical, puede designar seres de uno y otro sexo; p. ej., bebé, lince, pantera. Del lat. epicoenus, y este del gr. ἐπίκοινος epíkoinos;literalmente ‘común’. Volver al texto
  1. Opúsculo: m. Obra científica o literaria de poca extensión. Del lat. Opuscŭlum, dim. de opus ‘obra’. Volver al texto
  1. Lacónico: adj. Breve, conciso, compendioso. Del lat. Laconĭcus, y este del gr. Λακωνικός Lakōnikós. Volver al texto
  1. Baladí: adj. De poca importancia. Del ár. hisp. baladí, y este del ár. clás. baladī‘del país’. Volver al texto
  1. Postergar: tr. Hacer sufrir atraso, dejar atrasado algo, ya sea respecto del lugar que debe ocupar, ya del tiempo en que había de tener su efecto. Del lat. mediev. Postergare, der. del lat. post tergum ‘detrás de la espalda’. Volver al texto
  1. Pavesa: f. Partecilla ligera que salta de una materia inflamada y acaba por convertirse en ceniza. Del lat. vulg. pulvisia y este der. del lat. pulvis ‘polvo’. Volver al texto
  1. Celícola: m. Habitante del cielo. Del lat. caelicŏla,de caelum‘cielo’ y -cŏla ‘‒́cola’. Volver al texto
  1. Cordojo: m. desus. Congoja, aflicción grande. Del lat. cordolium ‘dolor de corazón’. Volver al texto
  1. Semasiología: f. Estudio semántico que parte del signo y de sus relaciones, para llegar a la determinación del concepto. Del gr. σημασία sēmasía‘significación’ y -logía. Volver al texto
  1. Feraz: adj. Fértil, copioso de frutos. Del lat. ferax, -ācis. Volver al texto
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Novedades infantiles 19

roc escribe una historia

Novedades infantiles 19

Novedades infantilesLos libros infantiles nos descubren, una vez más, que pueden convertirse en un refugio perfecto para ese frío helador que atrona al otro lado de la ventana. Por eso, una vez más, presentarme aquí y presentar a todos vosotros las novedades infantiles que han llegado a mis manos y que he disfrutado como si no hubiera un mañana, como si el hoy fuera siempre y como si las historias que en sus páginas se guardan fueran aquellas en las que perderme una y otra vez, sin remisión alguna. Pero, por supuesto, aunque yo viva eso, no quiere decir que el público deseado sea el adulto, porque en realidad yo soy un niño pequeño, todavía lo soy sí, en el cuerpo de un adulto que mira la vida, que mira los libros, que observa las estanterías de las librerías como lo que realmente son, y nunca debieron dejar de ser, y es un tesoro que guarda, en su interior, bellas historias que nos acompañarán a lo largo de toda la vida. ¿Queréis descubrirlas conmigo? Aquí van las de hoy.

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La isla de los dragones dormidos

La isla de los dragones dormidos

La isla de los dragones dormidos, de Ismael Lozano Latorre

La isla de los dragones dormidos¿Aquella persona que vive en la ignorancia es más feliz? ¿Vale la pena que siempre esté presente el sol para iluminar todo, lo que incluye las miserias que nos conforman?

A lo largo de mi vida y de las experiencias que la llenan de sentido, me encontré preguntándome si no hubiera sido mejor no escuchar, no aprender, no ver o no preguntar ciertas cuestiones que una vez escuchadas, aprendidas, vistas y cuestionadas en lugar de traerme luz y alegría me sumían en una profunda tristeza y cerrazón.

¿Ocurre que, como dice el gran Alejandro Dolina, que “Cuánto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza”? ¿Tenemos que lamentarnos de que, como afirma Javier Marías en su novela “Corazón Tan Blanco”, los oídos no tengan párpados que puedan cerrarse y evitarnos así escuchar y saber?

Pero al mismo tiempo, ¿vale la pena jugar a ser feliz manteniéndonos en una burbuja de mentiras con máscara de felicidad?

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