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La única, voz, de Tiziano Angri

La única voz

La única vozCuando en este lacrimal valle las cosas se ponen más chungas de lo que podemos aguantar, todos necesitamos un álbum mental de recuerdos en el que poder refugiarnos. A todos nos gustaría haber disfrutado una infancia idílica, como la de Aquellos maravillosos años, llenos de aventuras, amorcitos y momentos epifánicos. El problema es que las infancias son como las narices: cada uno tiene la que le ha tocado, y dado que los recuerdos, de momento, no podemos embellecerlos mediante cirugía plástica, pues agua y ajo.

Naturalmente, todo esto no lo digo por mí, que al fin y al cabo, tuve mis veranos en la playa, mis noches de Reyes y sólo algún que otro roce con los quinquis del barrio. Lo digo por Yuri, el atormentado protagonista de esta enigmática y turbadora novela gráfica titulada La única voz.

Yuri no es esquizofrénico. Oye voces, pero no son imaginarias ni le llegan de un recodo de su mente. Son muy reales. En su infancia Yuri desarrolló una hipersensitividad auditiva imposible de curar, y, sin ir más lejos, la voz del doctor que les da la mala noticia a sus padres le produce a nuestro héroe una dolorosísima descarga en la cabeza.

Pasan veintitrés años y nos encontramos de nuevo con Yuri, que está intentando poner remedio a su tortura. Las voces, los gritos y hasta los silencios de los vecinos convierten cada segundo de su existencia en un suplicio. Pero ahora, con la ayuda de un curioso pingüinito de juguete, ha conseguido fabricar una caja de resonancia con la que, mediante “un sonido mágico que reverbere mi grito hasta su mundo”, espera conseguir ponerse en contacto con sus espíritus guía. Sin embargo, el resultado de su ensordecedor experimento no será exactamente lo que espera.

Por otra parte tenemos a Irene, atrapada en un cuerpo provisto de pene, que se vende a viejos verdes con el fin de ahorrar el dinero que necesita para la operación que ha de cambiar su vida. Tanto Irene como Yuri, cuyos destinos se van a cruzar por segunda vez, viven en un mundo plagado de fealdad, y ese feísmo grotesco y repulsivo de los personajes que los rodean, con sus pelos inesperados, sus malhumoradas arrugas, sus espesos olores y sus vasos capilares desbocados, es una de las características más llamativas de las extraordinarias ilustraciones de La única voz. Pero si esta novela es misteriosa e inquietante, lo es sobre todo por el viaje que emprende Yuri.

Y es que cuando una novela es tan oscura y casi críptica como ésta, el lector tiene carta blanca para interpretarla a su manera, es decir como quiera o, en este caso, como buenamente pueda. Pues bien, lo que servidor ha visto en La única voz no es un mero viaje de turismo psicoterapéutico por parte de un adulto traumatizado a un rincón perdido de la memoria. El viaje de Yuri es un viaje al inconsciente colectivo, un verdadero viaje chamánico en el que nos encontramos (nótese el plural) con los tótems, ritos y amuletos de nuestros ancestros. Y así, entre cráneos de animales, criaturas atrapadas en una lacerante metamorfosis, castraciones purificadoras, sangre, fuego, ruinas y muerte, disfrutamos de una novela gráfica pequeñita y grandiosa que se enriquece con cada lectura.

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Videorreseña: Anna, de Niccolò Ammaniti

Para hacer este vídeo, he tirado de la RAE y su descripción de “extravagante”. Y es que esa palabra está muy relacionada con el libro del que vengo a hablaros hoy: Anna, escrito por Niccolò Ammaniti y editado por Anagrama.

Este libro es una distopía en la que la protagonista Anna, ve cómo todas las personas mayores de dieciséis años mueren a causa de un virus devastador. Ella se ha quedado sola con su hermano pequeño y quiere alejarse lo máximo posible de Sicilia, donde ella vive y donde (piensa) se encuentra el virus. Es un relato desgarrador, donde los filtros no están permitidos y donde todo se describe con crudeza y sin miramientos. Por eso, como digo en el vídeo, no es un libro apto para todos los públicos, ya que a los más sensibles les podría resultar un poco desagradable leerlo.

Pero si te va lo extravagante y también un poco lo gore, este es tu libro. A mí me gustó mucho leerlo, aunque he de reconocer que en algún momento lo pasé un poco mal con tanta descripción. Pero eso es lo maravilloso de este libro: el que, a pesar de lo duro que es, no puedes parar de leer en ningún momento.

¡Pero, corre, échale un vistazo al vídeo!

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La tentación del perdón, de Donna Leon 

la tentacion del perdon
la tentacion del perdonDesde que leí Piedras ensangrentadas creo que ya he seguido atenta  a todas las novedades de Donna  Leon, esta autora es nacida en  New Jersey pero imagino que llevando más de treinta años residiendo en Venecia, podría considerarse como una veneciana más… ¿O no? Esa misma pregunta se hacen en algún momento en esta nueva historia de la autora.
 Ya saben que yo no vivo en la ciudad que me vio nacer, Valls, tampoco en Zaragoza, donde pasé mi juventud y unos extraordinarios años de mis vida, ahora vivo en la Capital de la comarca de las Cinco Villas, una localidad agrícola en la que siempre digo que hay gente estupenda y un par de buenas iglesias que ver… ¡Y mucho Románico a todo nuestro alrededor! Los ejeanos son un poco como los venecianos, si no has nacido allí, nunca terminas de ser reconocido como tal, incluso aunque les hayas aportado algún hijo con el que ampliar su Registro Civil.  😀
Pero era de la novela de lo que yo venía a hablarles y no de mi vida, así que allá vamos. Donna Leon siempre ha sido muy comprometida con los temas que toca en cada uno de sus libros, y eso me gusta. En La tentación del perdón han sido bastantes las páginas que han quedado marcadas y debidamente subrayadas por mi lapicero.
“- ¿Usted cree que la Ley está bien hecha? – preguntó, cosa que sorprendió al commissario.
Brunetti no se sentía obligado y tampoco tenía ganas de dar su opinión sobre el sistema legal y judicial.
-Lo que usted y yo pensemos de la ley no importa.- se limitó a decir.
-¿Y qué importa?
-Que los inocentes estén protegidos. Eso es lo que las leyes deben hacer.
En el fondo, Brunetti no lo creía. Las leyes aprobadas por los que ostentaban el poder, estaban pensadas para mantenerlos en él. Si además protegían a las personas inocentes, perfecto; pero no se trataba más que de un efecto secundario de agradecer.
-No lo había pensado así. –confesó ella.
Brunetti, que tampoco, se permitió encogerse de hombros.
-Supongo que la mayoría de las personas no piensan mucho en la función de la ley. …”
 Ya ven que fuerte nos entra en sus primeras páginas, concretamente en la 39,  y es que en esta ocasión, los paseos por nuestra querida Venecia, van a tener que ver con la visita que una professoressa, compañera de Paola, (esposa de Brunetti) le hace a éste en la comisaria. Por otro lado andaremos también ocupados con un problema de filtraciones dentro de la Questura. Y como no, también nos asomaremos a casa de los Brnetti para compartir algún rato de convivencia familiar y poder hojear las lecturas de Guido, que en este caso será Antígona.
Muchas y muy interesantes son las cuestiones que plantea Donna Leon, una novela muy adecuada para debatir en cualquier club de lectura, pues son muchos los temas que nos plantea y que van derivando de la vida misma.
“El camarero se acercó a la mesa, pero Griffoni lo alejó con un gesto de la mano. Luego abrió la boca, la cerró y respiró muy hondo cinco o seis veces. Estiró el brazo y le posó la mano en el antebrazo.
-Discúlpame, Guido. Me pone fatal oír cosas así.
-¿Qué cosas?
-A hombres justificando la violencia contra las mujeres pensando que la gente creerá que no les quedaba más remedio. Estoy asqueada de oír cosas así y de que la gente se lo trague. La mató porque estaba perdiendo el control sobre ella; así de fácil. Lo demás es una cortina de humo  que apela a nuestro deseo de sentirnos bien con nosotros mismos por se tan tolerantes con otras culturas. Pero es todo falso, falso falso. …”
Estas cosas tan estupendas pasan cuando coges un libro de esta autora, que nada está en la novela por estar, que todo es comentable y por ello sus novelas, siendo novela negra, son tan interesantes para poder desmenuzarlas en los clubs de lectura.
Y ya ven, en el fondo de todo ese título tan seductor: La tentación del perdón.
¿Quién no ha tenido alguna vez la tentación de convertirse en Dios todopoderoso y, dentro de sus posibilidades, perdonar malas actitudes o incluso hechos criminales?
Pues bien, si reflexionamos sobre este tema en la intimidad, a la vista de las noticias que tenemos cada día, podemos darnos cuenta de que en muchas ocasiones, aun no verbalizándolo, estamos perdonando comportamientos que no se corresponden con el ordenamiento jurídico, porque entendemos que la ley es muy dura o no tiene en cuenta las especiales circunstancias ¿A cuántos de nosotros nos repugna que alguien defraude a hacienda? ¿Qué tenga un pequeño negocio en casa sin pagar los impuestos correspondientes? ¿Pagar sin IVA? …
Muchos son los delitos que se comenten a nuestro alrededor a los que damos nuestro perdón o por lo menos nuestro mirar para otro lado…
¿Qué hará Guido Brunetti?
Cualquier día me marcho de nuevo a Venecia, antes de que deje de ser la ciudad que yo conozco, la ciudad que amo, con sus casas y sus habitantes venecianos, antes de que la invasión de los trasatlánticos la inunde por competo y se convierta finalmente en una especie de Disneyland Venecia.
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Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi

Recuerdos del primer amor

Recuerdos del primer amorEn las cosas del amor no hay nada más grande que el primero, ya que será con lo que midas el resto de experiencias de tu vida. Amar de verdad significa inquietud. Inquietud por encontrar a la persona amada en cada esquina que doblas; esperar a que suene el teléfono para volver a escuchar su voz; hacer que cada conversación tenga que ver con el amor. La música que escuchas, las películas que ves, los libros que lees, de todo extraes la savia necesaria para calmar esa inquietud que en ti deja el primer amor. Y el primer amor a veces dura para siempre y se hace único y, la mayor de las veces, se acaba. Pero no así la inquietud. No, esa no se muere jamás.

La literatura está llena de historias de amor: poemas, cancioncillas, tragedias, novelas… El tema ha sido recorrido en todas sus posibilidades, a veces para bien, la mayor de las veces dolorosas. Pero la inquietud, como digo, ahí sigue. El primer amor no se olvida, tan honda es la huella que deja, que el poeta debe inmortalizarla con su mayor arma. Y así nos llegan unos textos de singularísima belleza y sensibilidad como son los recogidos en este Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi.

El libro que edita Acantilado reúne el diario y el poema que escribió un jovencísimo Leopardi dedicados a la mujer que le inspiró escribirlos. Ambos textos constituyen un notable reflejo del Romanticismo italiano que, en su elegante estilo, despliega los matices propios de los autores románticos que caían embelesados por el primer encuentro con el mayor de los anhelos del hombre: el amor.

En 1817, el poeta italiano conoció a Geltrude Cassi Lazzari por quien profesó un fortísimo amor secreto. Nunca llegó a consumar aquel deseo y tuvo que reprimirlo en los versos que componen tanto su diario como el poema. En ambos, describe el momento en el que se conocieron cuando ella llegó por primera vez a su casa. Ella era mayor que Leopardi, que apenas contaba con diecinueve años, y estaba casada con otro hombre. Era un imposible que por tal resultaba un imán más atrayente. La zozobra que le provocaba saberse enamorado de ella y no poder ni saber expresarlo le causaba tal inquietud que solo en la escritura de esta obra encontró algo de paz. Aquella pasión descontrolada de la juventud se muestra en los versos de su diario, donde el insomnio, la falta de apetito y la pérdida de interés en sus estudios le acompañarán mientras suspira por ser correspondido.

El poema —incluye los versos originales en italiano junto a su traducción al español— dice así en el primer terceto:

«Tornami a mente el dì che la battaglia
D’amor sentii la prima volta, e dissi:
Oimè, se quest’è amor, com’ei travaglia!»

«Vuelve a mi mente el día en el que supe / de amor por vez primera y me dije: / ¡Ay, si esto es amor, cómo destruye!»

Caer prendado por una mujer ideal e inaccesible es un tópico neoplatónico que ya se mostró en los diálogos del Banquete, del pensador griego, así como en la poesía de Petrarca, que concebía a la mujer como la donna angelicata de cabellos dorados y bello rostro, representada como la Venus de los cuadros de Botticelli. Al poeta le azuza el amor esquivo; aumenta el deseo cuando no se consigue, pero también le destruye. La Beatrice de Dante, «la gloriosa señora de sus pensamientos», fue un amor no consumado y que al poeta fiorentino mantuvo inspirado el resto de sus días. También es célebre el amor que sintió Bécquer por Julia Espín. Las Rimas revelan que el poeta sevillano sufrió terriblemente el no ser correspondido y en ellas se aprecia la amargura, el dolor y la desesperación que le provocaba la honda herida que ello le dejó.

La delicadeza con la que Giacomo Leopardi escribe es una muestra más del sentir de los románticos. Los fervientes amantes de las lecturas «decimoñóñicas» agradecemos la publicación de Recuerdos del primer amor para así acercarnos a la figura de este poeta italiano considerado uno de los más importantes del siglo XIX. Leer cada línea del diario o verso del poema arañaba un poquito más la corteza que, creía, recubría y mantenía ocultos mis recuerdos. Yo también tuve un primer amor, poco a poco se va alejando más, pero esa pasión que nunca murió despierta de vez en cuando y hace daño. Entonces es cuando se hace necesario abrir este libro y, entre otros, hacer míos estos versos:

«Vive quel foco ancor, vive l’afetto,
Spira nel pensier mio la bella imago,
Da cui, se non celeste, altro diletto
Giammai non ebbi, e sol di lei m’appago.»

«Sigue ardiendo la llama, vive el afecto / vive en mi mente aquella imagen / puesto que otro placer, no siendo los del cielo / jamás tuve y solo con ella me saciaba».

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La Marca del Inquisidor, de Marcello Simoni

La marca del inquisidor

La marca del inquisidorTengo que admitir que no soy muy fan de thrillers históricos, sobre todo de esos que tienen una gran campaña de publicidad detrás y que se declaran sucesores de El código Da Vinci o Ángeles y Demonios, de Dan Brown. Pero cuando hay uno que llama mi atención no puedo parar hasta tenerlo entre mis manos. Y eso es lo que me ocurrió cuando leí por primera vez la sinopsis de La Marca del Inquisidor, una historia basada en la Roma del siglo XVII. Y esa fue mi gran debilidad y el gran motivo por el que me decidí a leerlo, ya que soy una apasionada de los misterios y de la Roma antigua.

Y descubrí mucho más cuando me adentré en él. Ya no solo por la trama, muy bien construida y articulada, que no deja apenas ningún detalle en el aire, sino porque el autor plasma muy bien todo lo que quiere narrar. Desde su misterioso (¡misteriosísimo!) personaje principal, ya que nunca sabes lo que realmente se trae entre manos y si sus intenciones son buenas o malas, hasta la narración fluida y muy bien documentada. Y este último detalle se plasma muy bien en todos y cada uno de los capítulos de esta novela y es algo a valorar muy positivamente en un autor que quiere narrar todos los aspectos de la Italia del siglo XVII: tradiciones, costumbres, sociedad y modos de vida…

Respecto a este punto, me llamó sobre todo la atención la incidencia que Simoni hace en la Inquisición. Y me pareció muy interesante, no solo por el importante papel que juega en la historia, sino porque me hizo reflexionar y aprendí ciertas cosas de las que no tenía ni idea. Y pensar hasta qué punto se llegó durante este periodo histórico pone los pelos de punta, pero es necesario conocerlo. Y me ha gustado hacerlo de este modo, porque me ha hecho adentrarme e interesarme más por la historia.

Una historia que tiene la capacidad de hacerte viajar a la Roma antigua junto a sus personajes desde sus primeras páginas. Y no todos los libros tienen el poder de hacer eso y de, a la vez, atraparte y sorprenderte en cada uno de los capítulos. Y sí, quizás esta es una de las cosas que tiene en común con El código Da Vinci: esa increíble forma de tejer una trama excesivamente bien construida e interesante que te hace pensar en ella hasta mucho después de haberla leído. Pero creo que nunca son buenas las comparaciones, y en este caso menos aún, ya que esta obra tiene personalidad propia y nada que envidiarle a las famosas novelas de Dan Brown (y no es que estas no me apasionen).

Y qué más puedo decir… En este caso, no me gustaría revelar nada de La Marca del Inquisidor. Prefiero que seáis vosotros los que os adentréis “vírgenes” a esta novela. Y os animo a todos los que estéis en duda de si leerlo o no que lo hagáis (recomiendo, sin leer su sinopsis) y le deis una oportunidad. Tanto si sois fans de los thrillers históricos como si no. Me incluyo en este último grupo y debo decir que ha sido un gran descubrimiento. Ha merecido mucho la pena y por ahora ha sido una de las lecturas más fluidas de 2018. Y que hay ciertos libros que solo se venden por la publicidad que generan y por sus discursos promocionales y en cierta medida algo “engañosos”, pero hay otros libros que detrás de toda esa publicidad te sorprenden y te hacen pensar realmente. Este ha sido uno de esos casos y una enorme sorpresa para mí.

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Petra chérie, de Attilio Micheluzzi

Petra chérie

Petra chérieLa lectura de Petra chérie nos demuestra un par de cosas: en primer lugar, que la afirmación de que estamos viviendo la edad dorada de la novela gráfica, aparte de ser un topicazo, es tan sólo una verdad a medias. Lo segundo que nos demuestra es que, como sucede con tantas cosas en la vida, cuanto más nos adentramos en este casi inabarcable mundo, más nos percatamos de nuestra no menos inabarcable ignorancia. Y la verdad es que la revelación nos llena de alegría, pues si hasta ahora uno ha vivido la mar de contento sin saber de la existencia ahí afuera obras tan entrañables y al mismo tiempo grandiosas como ésta, ¿cuántas otras joyas no estarán esperando a que editoriales como Ponent Mon se lancen a su rescate?

Para ser justos, quizá es precisamente la edición completa de estas historias uno de los factores que empujan a tantos  decir que la novela gráfica está viviendo su edad dorada. No obstante, estas historias son al cómic lo que las películas de Orson Welles son al cine, o la música de Miles Davis al jazz. Entiéndase, no son simplemente clásicas, sino que, sobre todo, representan un modo de contar historias, de crear personajes, y de dibujar viñetas que murieron con su creador y que, precisamente por ello, son inmortales.

Fue su creador Attilio Micheluzzi (1930-1990), un hombre de esos que ya no se estilan, lo cual poco nos sorprende después de leer esta obra. Nacido en el seno de una familia militar, polifacético, de gustos refinados, elegante, conservador y extraordinariamente culto, Micheluzzi trabajó durante años como arquitecto en Libia. Tras el golpe de estado del inicuo Gadaffi, decidió volver a su país, Italia, donde empezó su camino como historietista. Las historias de Petra chérie se publicaron mensualmente en la revista Alter alter, y quizá debamos a este modo de publicación su carácter conciso y su ágil ritmo. Micheluzzi era capaz de mostrarnos en un par de viñetas toda la complejidad de sus personajes, y tampoco precisaba de largas secuencias para, en cada historia, plantear el conflicto, mostrarnos su desarrollo y sorprendernos con su desenlace. Con Micheluzzi no hay paja: estamos ante un maestro de la economía en el arte de la narración.

Las comparaciones con su compatriota Hugo Pratt son inevitables. Del mismo modo que a nadie se le escapan los puntos en común entre Petra y Corto Maltés, ambos autores parecen tener la sensación de haber nacido en una época que no les correspondía. Al igual que Pratt, Micheluzzi era un gran nostálgico de aquella Europa hoy desaparecida, aquel mundo de fronteras hoy irreconocibles, en el que, fuera cual fuera la cuasa por la que lucharan, todavía existían los héroes. Así, en estas historias, situadas todas durante la Primera Guerra Mundial, con excepción quizá de las últimas, que más precisamente transcurren durante la Revolución y la Guerra Civil rusas, nos encontramos con personajes como Lawrence de Arabia, que nos narra uno de los episodios más tristes de su aventura entre los árabes, o el legendario Barón Rojo, amén de otros secundarios de tanto empaque como Winston Churchill.

Y así, desde Prusia al Daguestán, pasando por París, Venecia, el Bósforo, Israel o Alepo, el trazo fino de MIcheluzzi, su uso exclusivo de blanco y negro con entintadísimos claroscuros, sus composiciones magistrales, su sutil sentido del humor y su verdadero amor por Petra, a quien tan bien reprende con cariño como advierte de los peligros que la acechan, nos brindan una aventura inolvidable a través de la historia, tanto la de la Gran Guerra como la del cómic. Delicia de coleccionistas.

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La muerte de la mariposa, de Pietro Citati

La muerte de la mariposa

La muerte de la mariposaOs tengo que avisar desde el principio: con este libro no puedo ser imparcial. No puedo porque el escritor Francis Scott Fitzgerald es uno de mis preferidos y siempre he tenido una conexión especial con él, así que cuando leo sobre él no puedo ser muy objetiva porque tengo esa tara. Qué le vamos a hacer, podría haber sido peor. Pero, ¿sabéis qué? Tampoco tengo necesidad de mentiros porque este libro, La muerte de la mariposa, me ha fascinado por sí solo. La forma de escribir de su autor, Pietro Citati, me ha dejado del revés. ¿Sabéis esos libros en los que no podéis dejar de subrayar líneas y líneas? Pues así. Estoy completamente maravillada por este libro, lectores.

Pietro Citati es uno de los escritores italianos de mayor prestigio. Ha escrito, sobre todo, numerosas y maravillosas biografías de autores como Goethe, Kafka o Tolstói. Se nota que las biografías son su terreno, pues las impregna de objetividad y belleza. Al menos es lo que ha hecho en este libro.

La muerte de la mariposa no es una biografía al uso del escritor Francis Scott Fitzgerald, en este pequeño pero intenso libro, Citati se centra en narrar el esplendor y la caída de la pareja formada por Fitzgerald y Zelda Sayre. Sin duda, fueron una de las parejas más conocidas y exitosas de la década de los años treinta, pero su relación, a pesar de ser pura y hermosa, tuvo demasiadas luces y sombras.

Pero, ¿por qué Citati llama “mariposa” a Fitzgerald? Porque Hemingway escribió sobre él: “Scott Fitzgerald (…) tenía aún la técnica y el espíritu romántico para hacer cualquier cosa, pero desde hacía mucho tiempo todo el polvo había desaparecido del ala de la mariposa, aunque el ala continuó batiendo hasta su muerte”.

Son unas palabras preciosas y creo que también son muy precisas, aunque en otras cosas esté en desacuerdo con Hemingway, creo que está apreciación sobre el Fitzgerald de sus últimos días es de las más certeras.

Y es que la caída de Fitzgerald fue dura. Su mujer, Zelda, a quien  sólo él supo comprender, pasó medio vida internada en clínicas psiquiátricas debido a su esquizofrenia. Y su vínculo de amor, aunque nunca dejó de existir, fue deteriorándose hasta el punto de acabar con el propio Fitzgerald. Él, que ansiaba la fama, que quería ser el escritor perfecto con una vida perfecta diga de admiración y que lo fue sin duda, al menos en algún momento de su vida, vio su mundo desmoronarse mientras él se aferraba a una botella de alcohol.

Quizá Zelda no tuvo nada que ver con esta caída y el propio escritor estaba condenándose con su alcoholismo y sus ansias de perfección. O quizá ambos se necesitaron para existir y dejar de ser poco a poco, ella sufriendo su enfermedad mental y él castigándose a sí mismo. Pocos días antes de morir, Fitzgerald le escribió a su hija: “los enfermos mentales son simples invitados en la tierra, eternos extranjeros que llevan consigo decálogos rotos que no saben leer”. La mariposa supo leer muy bien a Zelda, “la reina de las mariposas que necesita protección de su marido, porque únicamente a través de él el mundo le resultaba visible y palpable”.

Y es que, como bien dice Citati en La muerte de la mariposa: “eran la misma persona con dos corazones y dos cabezas; y esos corazones y esas cabezas se volvían apasionadamente el uno hacia el otro, el uno contra el otro, hasta arder en una única hoguera”.

Se amaron, cayeron y ardieron. Y esa es, en esencia, la descripción de esta envidiada pareja. Pero también es mucho más y Citati lo demuestra en este precioso libro.

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Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavalo

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes No puede gustarme más el libro que hoy reseño. Imposible. Este libro lo tiene todo. De hecho, se ha convertido en uno de mis preferidos de este año que acaba y es un libro que le recomendaría a todo el mundo. Pero a todos, ¿eh? Sin excepciones. Solo basta con leer las opiniones que aparecen en la contraportada.

“Estos cuentos para antes de ir a dormir no son protagonizados por princesas, sino por mujeres reales que han cambiado el mundo”. The Huffington Post.

“Un libro que debe estar en la mesilla de noche de todas las niñas o mujeres que conozcas”. Forbes.

“En un mundo ideal, no solo las madres leerían este libro a sus hijas, sino que también los profesores lo usarían en sus clases”. Sunday Times.

Yo no puedo estar más de acuerdo. Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es un libro esencial, pero voy a ser un poco más quisquillosa. No solo debería estar en la mesilla de noche de todas las niñas o mujeres, sino en la de todos los niños y hombres. Y además, en un mundo aún más ideal, los padres también leerían este libro a sus hijos. Puestos a decir la verdad, hagámoslo bien 😉

Como habéis podido ver, en este libro no hay princesas, ni dragones ni príncipes rancios. En este libro hay mujeres reales, mujeres que, de algún u otro modo, tuvieron el valor de decir “aquí estoy, soy mujer y no me rendiré” y que gracias a su coraje han conseguido cambiar el mundo. Cien historias de mujeres extraordinarias a las que todos deberíamos conocer y admirar. Cien historias que los niños más pequeños deberían conocer para saber que se puede, que si te lo propones puedes conseguir cualquier cosa que quieras. ¿Verdad que sí?

Que se lo digan si no a la aviadora Amelia Earhart, a la matemática Ada Lovelace, a la boxeadora Mary Kom, a la escritora Virgina Woolf o a la faraona Hatshepsut. Estos son solo algunos ejemplos de las cien historias de mujeres apasionantes que vamos a encontrar en el libro. Mujeres a las que, sin duda, todos deberíamos conocer. Además, sus historias aparecen acompañadas de unas preciosas ilustraciones que hacen de éste un libro realmente bonito.

La idea de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes proviene de las italianas Elena Favilli y Francesca Cavallo, quienes dirigen Timbuktu Labs, una empresa de medios de comunicación infantiles. Dato curioso: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es el primer libro con mayor recaudación de la historia del crowfunding. Casi nada. ¿Veis? Si se quiere se puede y estas dos mujeres son un buen ejemplo de ello.

De verdad, lectores, no podéis perderos este libro. Muy en la línea de Valerosas 1 y Valerosas 2, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es otro libro para aprender, para soñar y para demostrar a nuestros pequeños que se puede cambiar la historia y que debemos perseguir nuestros sueños. Merece la pena, ¿verdad? Quizás los niños de estas generaciones aparezcan dentro de unos años en libros como éste. Ojalá.

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La banda de los niños, de Roberto Saviano

Nadie en su sano juicio envidiaría la vida que lleva Roberto Saviano. Pese a ser todavía joven (38 años), el escritor italiano lleva más de una cuarta parte de su vida escoltado a capa y espada, concretamente desde que publicó Gomorra, un libro a caballo entre la ficción y la investigación periodística en el que explicaba el modus operandi de la Camorra napolitana. Desde entonces, en lugar de acobardarse por las constantes amenazas de muerte que caen sobre él, Saviano no ha dejado de combatir con sus textos al crimen organizado. No obstante, en el caso de La banda de los niños estamos más ante una advertencia de cómo algunos jóvenes italianos están viendo en la mafia una salida a sus aspiraciones de dinero y rápido y poder.

Así, basándose en el caso real de un grupo de chavales del barrio de Forcella (Nápoles) se nos narra la forma en la que unos adolescentes van descubriendo progresivamente el atractivo del crimen organizado y pasan a formar parte de él con una naturalidad aterradora. Y es que los protagonistas no se nos presentan como jóvenes nacidos en la más absoluta pobreza o en familias desestructuradas. En su mayoría son chicos con padres de clase trabajadora que se preocupan por ellos, pero que se ven empujados por sus ambiciones personales y por la presión de grupo a traspasar las líneas de la legalidad y la moralidad.

Nicolás, apodado Marajá, es el gran protagonista, ya que asume desde el primer momento el papel de capo de la nueva banda mafiosa. A sus quince años presenta muchas de las cualidades necesarias para este cometido: es autoritario, violento con los que le ofenden, protector con los suyos, ambicioso a más no poder… No obstante, a pesar del papel predominante de este personaje, Saviano ha construido una novela bastante coral. Durante sus cerca de 400 páginas el escritor nos introduce en el día a día de los Dientecito, Briato, Dragón, Bizcochito… si bien todas sus personalidades quedan muy tapadas por el capo, que asume la voz cantante en todos los pasos que se siguen para profesionalizar a la banda.

Esta construcción desde cero de una estructura criminal resulta verdaderamente interesante, dado que se va dibujando de forma lenta, pero sin pausa, y con la característica añadida de que nos encontramos ante unos jóvenes que no le dan tanto valor a la vida como podrían darle personas con una o dos décadas más de edad. Así, en cortos capítulos se nos van narrando las pesquisas iniciales que va cometiendo el grupo: desde sus primeros tratos con los mafiosos napolitanos a anécdotas más banales de su día a día. Este proceso de criminalización va acompañado de una progresiva pérdida de inocencia que se palpa en las conversaciones y decisiones que les van acompañando. Dentro de este proceso es especialmente pintoresco, pero también muy creíble, como los protagonistas reflejan en sus actitudes todas las influencias que tienen de las series y películas que han visto a lo largo de su vida, así como de videojuegos y vídeos de YouTube. ¿Cómo no va a ser así con una generación que se ha criado frente a la pantalla?

No puedo decir otra cosa salvo que La banda de los niños me ha parecido una novela redonda: una trama consistente, una prosa cuidada pero muy cómoda de leer y un mensaje que cala hasta en los que no estamos acostumbrados a vivir con la sombra de la violencia a nuestras espaldas. En definitiva, un gran trabajo. Y eso, cuando las expectativas son tan altas como las que ya carga consigo el valiente escritor italiano, es decir mucho.

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Escarlata veneciano, de Maria Luisa Minarelli

Escarlata veneciano

Escarlata venecianoTiene Venecia unos elementos culturales y geográficos que hacen que su esencia no se haya modificado mucho en los últimos años. Su mística atrapa cada año a millones de viajeros, que disfrutan navegando por sus canales y paseando por esas calles llenas de historia en cada esquina. Y en esta ciudad tan especial se desarrolla Escarlata veneciano, novela negra con tintes históricos que nos presenta Maria Luisa Minarelli.

A finales del Siglo XVIII, la tranquilidad nocturna de la Serenísima se ve interrumpida cuando aparece el cuerpo de un hombre asesinado en extrañas circunstancias. Aquí es donde sale a escena el protagonista elegido por Minarelli para solucionar el caso. El avogadore (Alto magistrado al servicio de la República) Marco Pisani es el encargado de inspeccionar esa muerte y otras dos que se producen en días sucesivos y que no tardan en relacionarse con la primera. Pisani y sus ayudantes empiezan una investigación por los bajos fondos de la ciudad, pese a que las sospechas les llevarán incluso a capas más altas de la sociedad de la época.

Aunque la sinopsis de este libro vende Escarlata veneciano como una novela histórica, realmente nos encontramos ante una novela negra. Sin embargo, si por algo destaca esta historia no es solo por el tema negro en sí. Destaca más bien por su contexto histórico, y por la excelente recreación que Maria Luisa Minarelli hace de la Venecia del Settecento. La autora teje una historia consistente alrededor de Pisani y sus pesquisas, pero lo que de verdad hace disfrutar al lector, al menos en mi caso, es la ambientación tan lograda que tenemos del estilo de vida de la época. Hay que recordar que Venecia venía de disfrutar de un pasado de esplendor gracias al negocio montado al albur de la Ruta de la Seda, una ruta que empezaba a mostrar signos de decadencia y que obligó a muchas familias a reconvertir sus negocios. El ecosistema de clases empezaba a variar, la vida burguesa y aristocrática se amoldaba a los nuevos tiempos y los turcos llegaban a la ciudad dispuestos a seguir haciendo negocios con los venecianos. Todo esto queda explicado a la perfección en la novela, al igual que todo ese protocolo social basado en fiestas, reuniones y banquetes. Y como no podía ser de otra forma, el ritmo de vida de las clases bajas también tiene su espacio en la novela. Venecia no solo era conocida por sus estupendos palacios y sus carnavales elitistas. La Serenísima también recibía miles y miles de marineros que encontraban en sus oscuras y sucias tabernas el lugar idóneo para descansar de sus largos viajes.

Al tema histórico y social hay que añadirle el componente amoroso. La autora pone énfasis a la hora de destacar el componente amoroso que se desata en Pisani mientras se desarrolla la investigación, componente que también se ve dificultado por ese sistema de clases tan férreo que se imponía en aquellos tiempos.

Maria Luisa Minarelli elabora una trama sencilla, con capacidad suficiente para enganchar al lector y proporcionarle unas buenas horas de lectura y disfrute. En Italia ya son tres las aventuras que esta autora ha escrito en torno al avogadore Marco Pisani. Seguro que en España, leído Escarlata Veneciano, encontrarán una buena acogida.

César Malagón @malagonc

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Ennio Morricone. En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, de Alessandro De Rosa

en busca de aquel sonido

en busca de aquel sonidoMe encantan las bandas sonoras. De siempre. Son como una navaja suiza. Las puedes usar para todo. De pequeño me las ponía de fondo para estudiar y aislar el ruido del exterior y poder concentrarme. En el gimnasio me ayudan dando ese empujoncito en la espalda en los momentos en los que estoy a punto de tirar la toalla. Cuando limpias la casa o cocinas también hacen su labor. Hay una banda sonora para cada momento y cada momento tiene su banda sonora. Y hay bandas sonoras que no son otra cosa sino arte.

Si me hicieran una de esas preguntas chorras del tipo “¿cuál es tu compositor o banda sonora favorita”? no podría quedarme con uno. Me gusta el rompedor Hans Zimmer con sus innovadoras partituras para la trilogía del Batman de Nolan, e Inception (y la de Gladiator, por supuesto, aunque luego se plagie a sí mismo en Piratas del Caribe); el melódico Howard Shore con su excelente trilogía para la saga de Tolkien; las composiciones de Danny Elfman para Tim Burton (indispensable esa Pesadilla antes de Navidad); la alegre Fantastic Mr. Fox de Desplat; Elliot Goldenthal y su preciosa Entrevista con el vampiro; Clint Mansell y la hipnótica creación para The Fountain; Michael Giacchino y sus Increibles y la serie Lost… Por supuesto no se puede dejar de mencionar a John “vaca sagrada” Williams. Pero hay tantos y tantos que sería imposible enumerarlos.

Ahora bien. De entre todos, hay uno que destaca por encima de todos por derecho propio: Ennio Morricone. Todo un talento, un innovador y un gurú. ¿Quién no ha silbado alguna vez alguna de sus canciones de la trilogía del dólar? Seguro que conocéis a alguien que tiene o ha tenido esa musiquilla como tono de llamada. A decir verdad, yo las confundo cuando las oigo. No sé cuál pertenece a El bueno, el feo y el malo, cual es de La muerte tenía un precio y cuál de Por un puñado de dólares (pero mientras leía En busca de aquel sonido, las he localizado y escuchado para poder entender bien de lo que me hablaban en cada momento).

Morricone ha compuesto más de quinientas bandas sonoras, muchísimas de ellas están tan ligadas a la historia del cine y a nuestra cultura popular, que no concebimos esas películas sin su música. ¿Qué sería de Cinema Paradiso, por ejemplo, sin su sonido? ¿O de La misión? Cintas cuya música es inherente a ellas y de una belleza pocas veces conseguida en el terreno audiovisual. No serían las mismas. Incluso, como el propio Morricone dice, las escenas podrían hasta cambiar de significado según la música con la que se acompañaran las imágenes. ¿Recordáis la Amapola de Érase una vez en América? ¿O Los intocables y la escena del carrito cayendo por las escaleras? ¿O Los ocho odiosos y otras cintas (Malditos bastardos, Kill Bill)  en las que Tarantino ha cogido música ya creada por este genio? No serían películas tan grandes como lo son con el añadido de Morricone. Para nada.

Este libro es una biografía construida a base de conversaciones durante más de diez años entre Ennio y el compositor Alessandro De Rosa.

Este fue a una charla de Morricone y llegó cuando estaba a punto de acabar, pudiendo sólo oír la última pregunta:

–¿Qué piensa usted de los nuevos compositores?

–Depende, me mandan muchos cedés a casa, normalmente los escucho unos segundos y luego los tiro a la papelera.

De Rosa consiguió llegar hasta su ídolo para entregarle el cedé que llevaba, aunque al llegar a casa no confiaba que pasara nada más. Al día siguiente Morricone le llamó. Reconocía que tenía grandes dotes y que necesitaba encontrar un buen maestro; él no podía serlo pues no tenía tiempo.

Así empezó la relación entre los dos protagonistas de este libro.

Y en él descubriremos que Morricone primero quería ser médico y luego ajedrecista (una de sus grandes pasiones), pero que al ser su padre “trompista” (así se refiere el propio compositor), se vio obligado a dedicarse a la música:

“…más que de vocación, yo hablaría de adaptabilidad a la exigencia. El amor a mi trabajo fue llegando gradualmente.”

Conoceremos sus inicios como arreglista, sus comienzos en radio y televisión, sus trabajos como “negro” y, finalmente su salto al cine.

¿Cómo prepara Morricone sus composiciones? ¿Ve la película y toma notas o lee el guion, compone y modifica posteriormente? ¿Cómo se ha relacionado con directores de la talla de Bertolucci, Leone, Fellini, Eastwood, De Palma, Tornatore, Tarantino, Almodóvar, Oliver Stone? ¿Con cuál ha jugado más a ajedrez? ¿Qué opina de la música de hoy en día? ¿Qué es para él la música? ¿Cómo debe irrumpir en una determinada escena? ¿Por qué usar un instrumento y no otro? ¿Con qué directores se sentía más a gusto trabajando? ¿Cómo se siente cuando le rechazan algún trabajo o cuando ve que no han incluido alguna de sus creaciones en la película?

Un libro que permite un mayor acercamiento a la figura y pensamientos de este maestro entre maestros y que recomiendo leer con un ordenador cerca para localizar algunas de las canciones de las que se habla.

No puedo negar que en ocasiones la lectura de En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, en muchos momentos es complicada si no tienes, como es mi caso, conocimientos musicales de un nivel mayor que el de mero escuchante o aficionado, pues se dan frases (y la que cito ahora no es de las más complejas) en las que todo me parece chino:

“…enseguida me gustó la idea de un pedal de quinto grado que baja sobre una nota melódicamente “errada”, sobre el cuarto grado de la tonalidad en Mi mayor. Se creaba una disonancia entre el Si de la melodía y el La en bajo que sostenía, precisamente, un acorde en La mayor.”

Y repito, esta no es la frase más técnica.

No obstante, es un gran libro para conocer por dentro al hombre más allá del músico/mito y la carrera desde la nada hasta lo más alto de toda una institución musical que se levanta a las cuatro de la mañana para luchar contra la pereza y seguir trabajando en su amada música.

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Un asunto sucio, de Marco Vichi

un asunto sucio

un asunto sucioExisten novelas en las que la historia, por su impacto emocional, por la aventura contada a un ritmo frenético, o de forma contenida para mantener el misterio, o por los giros argumentales que quitan el sueño, soporta todo el peso de la narración para captar el interés del lector y robarle las horas necesarias para que éste alcance el final de la obra. Misión cumplida. Otras, en cambio, ponen a tirar del carro a los personajes. Empáticos, rudos, interesantes, de vidas atormentadas, duros como la piedra, fríos como el hielo, cabronazos irresistibles o buenazos odiosos. Pueden tener una sola de la cualidades mencionadas, o por mencionar, para hacer al personaje atractivo; o varias para convertirlo en alguien a quién querrías conocer o incluso adoptar. Sí, claro, luego están esas novelas con infinidad de aristas y sinuosidades en las que se conjugan ambas cosas. Si queréis saber de qué tipo es Un asunto sucio de Marco Vichi tendréis que acompañarme un ratito.

Un asunto sucio es la segunda novela protagonizada por el comisario Bordelli, de las seis que por el momento componen la colección, además de algunas historias cortas y hasta un cómic. No, no es necesario haber leído la primera para lanzarse con este caso del comisario, pero si lo habéis hecho, en vez de conocer a un nuevo personaje de ficción os estaréis reencontrando con un viejo y huraño amigo.

En la novela Un asunto sucio de Marco Vichi, publicada por Duomo, el comisario Bordelli abandona su lugar de trabajo cuando su amigo Casimirio entra como una exhalación en la comisaria alertando a los allí presentes de que ha descubierto el cadáver de un hombre. Cuando llegan al lugar de los hechos éste ha desaparecido sin dejar ni rastro. ¿Está Casimiro mintiendo? ¿Está loco? Parece poco probable, así que Bordelli decide investigar el caso. Por si esto fuera poco, una niña aparece asesinada con las marcas de una mordedura humana en el vientre. A los pocos días le sigue otra niña. ¿Un asesino en serie ronda por Florencia? Bordelli ahora tiene dos casos, y a cual más peliagudo. Dos casos que le quitarán el sueño y le obligarán a desgastar las suelas de sus zapatos pateándose la calles junto a su joven compañero Piras para arrancar alguna pista. Y mientras Bordelli recorre las calles de una Florencia de los años 60, nosotros, lectores, fisgones y, sí, quizá también un poco voyeurs, seguiremos sus pasos para ser testigos de un Bordelli implacable con los malos, que fuma como un carretero, que pasa las noches en vela cuando tiene un caso complicado entre manos y que se codea con gente de baja estofa pero de honesta condición.

Un asunto sucio es una novela que discurre entre recuerdos (ya sean amargos o nublados por la nostalgia), entre las luces y las sombras de una ciudad mediterránea como es Florencia y entre las historias de personajes secundarios que gozan de gran calado emocional; personajes cargados de defectos, que han madurado a base de los golpes que les ha dado la vida y que cargan con un bagaje de vivencias que los hace tan sumamente humanos como verosímiles. Personajes como Casimiro: el enano dicharachero que vive casi en la indigencia. O como Rosa: prostituta retirada que mantiene una relación afectuosa con Bordelli y que consigue aplacar sus demonios. Totó y Botta son otros dos de esos secundarios que redondean la amalgama de caracteres humanos. El primero es cocinero en la trattoria Da Cesare. Sus platos, aunque impresos en tinta y cocinados en la imaginación del autor y la vuestra, consiguen que Bordelli no sea el único en chuparse los dedos. Preparaos para que vuestro estómago ruja con los espaguetis con mejillones, el conejo en salsa o los filetes del Botta. ¡Deliciosa la receta del Botta! Y eso que el Botta en cambio es un delincuente (sumamente íntegro eso sí), pero se le da también de maravilla trastear entre los fogones debido, irónicamente, a su vida de delincuencia.

Un asunto sucio es sin duda una novela negra en la que priman los personajes, sus historias y la forma en como éstas, en ocasiones, se entrelazan con el caso principal. Y mientras el caso avanza, lento pero sin pausa, sin inesperados giros argumentales, con entusiasmo contenido, asistimos a los recuerdos de Bordelli. Esos que tienen que ver con La Segunda Guerra Mundial, con la Italia ocupada por los nazis y con el papel que él desempeñó, y que, en algunos tramos, resulta mucho más interesante que la trama principal.

Un asunto sucio es una novela negra de aire costumbrista con un caso mil veces visto, pero no por ello menos interesante. Con todo, la novela basa toda su fuerza de atracción en unos personajes que a priori parecen personas corrientes, y que en cierto modo, a pesar de sus matices, lo son, dando así gran verosimilitud a una historia que se mueve entre nazis, entre las rencillas, sembradas por la guerra, que una Florencia (magníficamente descrita) de los años 60 intenta deshacerse, y entre platos típicos de la cocina Florentina acompañados de vino, coñac y mucho tabaco.

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