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El don de la fiebre, de Mario Cuenca Sandoval

El don de la fiebre

El don de la fiebreSolo hay una decena de libros que no presto nunca. Son aquellos que cumplen una doble condición: que me hayan herido gravemente y que no pueda encontrar otra copia de ellos con facilidad en caso de pérdida. Uno de esos, quizá el más icónico de esta categoría, es El ladrón de morfina, de Mario Cuenca Sandoval, que en su día publicó la difunta 451. Su impacto me arrastró a conseguir los libros anteriores de Cuenca Sandoval, incluso Boxeo sobre hielo (a pesar de mi aversión a su editor), y que espere cada uno de los posteriores con una ilusión que ni en los mejores días de los Reyes Magos.
Así ha ocurrido con El don de la fiebre, su biografía novelada de Olivier Messiaen que ha publicado Seix Barral cuando ya asomaba la primavera, porque no podía ser de otro modo. ¿Que no les suena de nada el nombre de Messiaen? A mí tampoco me sonaba hace un mes, y más allá de que se nos debería caer la cara de vergüenza a los cinco (a los cuatro gatos que me leen y a mí), para disfrutar del libro no hace ninguna falta, y después de hacerlo habrán corregido este tropiezo histórico.
Olivier Messiaen se comió en vida el siglo XX entero, excepto dos mordiscos simétricos de ocho años por cada uno de sus lados. Dotado de una sensibilidad natural y extraordinaria para la música, fue un genio precoz en un momento magnífico para serlo, los años veinte. Inspirado por el canto de los pájaros y llevado en volandas por su fe cristiana, la obra de Messiaen se situó a la vanguardia de la música a pesar de partir de dos influencias tan clásicas y conservadoras. Su brillo se vio únicamente ensombrecido por la gran oscuridad del siglo, la guerra, y sufrió en un campo de concentración alemán después de haber sido apresado en el frente. Aunque precisamente allí, en el Stalag VIII-A, y con unos medios más que paupérrimos, compuso y estrenó su Quatuor pour la fin du temps, quizá la obra por la que es más recordado, tanto por la música en sí como por las condiciones en las que fue concebida. Tras su poco heroica liberación, su figura no dejó de crecer hasta convertirse en un autor reconocido y reclamado por las más altas instancias.
El retrato que realiza Cuenca Sandoval de todo ello es mucho más sensorial que académico, tratando de trasladar al papel la sensibilidad exacerbada de Messiaen y exprimiendo las posibilidades estilísticas de la música en el papel. Del mismo modo que el compositor preconizaba la ruptura del ritmo, el escritor no se ciñe al patrón cronológico, que solamente tiende una fina línea entre los extremos del libro que desaparece llevada por los recuerdos del protagonista. Y aunque permanece completamente centrado en él, quedan también marcadas en la memoria del lector las figuras de tres mujeres: su madre y sus dos esposas. Hipersensibles, con talento para el arte (la poesía en el caso materno, la música en los otros dos), su devenir está en el origen y en el desarrollo de la obra del genio, hasta tal punto que, por ejemplo, las mejores interpretaciones de su obra están grabadas en manos de Yvonne Loriod, la esposa que le sobrevive.
En definitiva, El don de la fiebre compone una biografía libre de un personaje no excesivamente conocido, alejada de la hagiografía, que no llega a nuestras manos gracias a ningún aniversario y que, por ese mismo motivo, conviene celebrar por sí misma. Más regular y por tanto menos sorprendente que Los hemisferios (su libro anterior), El don de la fiebre es ampulosa y contundente, como un postre riquísimo pero pesado que es mejor tomar en bocados pequeños, y que muchos no llegarán a terminar. Embriagadora pero exigente, contundente, rica. Extraordinaria, sin duda, una piedra más en el camino del particular culto que algunos profesamos a su autor y, al tiempo, un metro más del abismo que lo separa del resto.
Lean a Cuenca Sandoval, por favor. Si no les gusta da igual, pero es necesario que siga escribiendo. Háganlo por mí, que según me hago mayor cada vez espero menos cosas de la vida como espero la llegada de cada una de sus obras.

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Lincoln en el Bardo, de George Saunders

Lincoln en el Bardo

Decir que George Saunders ganó el Man Booker Prize en 2017 con eLincoln en el Bardosta, su primera novela, sería injusto. Lo cierto es que el autor norteamericano ya contaba con la experiencia y la técnica necesaria para hacerse con el galardón. Libros como Diez de diciembre o Pastoralia, lo convirtieron hace algunos años en el rey del relato corto. Su mordacidad y su capacidad para provocar extrañeza desde lo cotidiano, le han valido numerosas menciones y reconocimientos. Sin embargo, ¿qué hay de todo eso aquí? Advierto desde el principio que el salto cualitativo es brutal. Si te gustaron sus relatos, vas disfrutar muchísimo de esta novela. Si nunca has leído a Saunders, esta es una carta de presentación como ninguna otra. Dicho todo esto sólo queda preguntarme ¿es esto en realidad una novela? Desde luego no lo es en el sentido convencional del término, pero con George Saunders nunca lo es.

Estamos en 1861, el primer año de la guerra civil norteamericana. Tras un aluvión de críticas ante la mala gestión llevada a cabo por el presidente Abraham Lincoln, éste se enfrenta a uno de los episodios más oscuro de su vida: la muerte de su hijo Willie, de once años. La noche del entierro Lincoln vuelve al cementerio de Oak Hill, para sacar el cuerpo de su hijo del féretro y sostenerlo por última vez. Es en este episodio nocturno donde se expande toda la novela y la lleva hasta el extremo más posmodernista. Hay una ausencia total de narrador para guiarnos por el libro. Tenemos, a cambio, la perspectiva de todas las vidas en suspensión que pueblan el cementerio para ir narrándonos lo acontecido en esa noche histórica. Entre ellas la de Willie, que en su absoluta ingenuidad se niega a aceptar el hecho irrefutable de estar muerto. Y es de esa negación donde surge el escenario del Bardo, un plano de transición entre la vida y el más allá que tiene sus orígenes en el budismo y que Saunders utiliza para dar rienda suelta a sus personajes y forjar una mitología propia.

A la construcción fantasmagórica del relato, se le suma otra capa. En el transcurso de la historia encontramos un sinfín de citas históricas en las que nos cuentan de primera mano cómo fueron los días en los que la tragedia golpeó a la familia Lincoln. Una ristra de comentarios, algunos verídicos y otros surgidos de la imaginación de Saunders, que consiguen darnos una visión fehaciente de la opinión pública del momento. La anulación del narrador, sumada al coro de voces y a estas notas, no hacen más que aproximarnos a la idea más sólida, que no por ello perfecta, de verdad. Otorgándole a lo sucedido la capacidad poliédrica de contener todos los puntos de vistas, incluso aquellos que mienten, se contradicen o ocultan algo. Todo suma en esa idea de verdad que dista del viejo relato unidireccional e irrevocable.

Lincoln en el bardo es una novela que no podría haber sucedido en otro momento de la historia. Es una hija de su tiempo, del hoy más inmediato. La correlación de testimonios y la forma de interpelarse entre sí, se asemeja sin ningún tipo de pudor a la idea de documental. Y digo documental y no ensayo, ya que las interferencias e interrupciones de los participantes convierten esta historia en un artefacto casi audiovisual. La fuerza de las imágenes, la brevedad de ciertos momentos y la aparente falta de constricciones convierten a la novela en un producto propio de una era digital y líquida. Y George Saunders consigue hacer todo esto sin salirse del formato más analógico que conocemos: un libro.

Hay en toda la obra de Saunders una denuncia hacia la deshumanización. Hacia la pérdida continuada de los rasgos que nos ennoblecen como especie.  En su primera novela consigue evolucionar esta crítica realizando una transición desde la mordacidad hacia la empatía. Saunders realiza el ejercicio de ponerse en el lugar del otro más ambicioso llevado a cabo por la literatura contemporánea. No escatima en recursos para hacernos entender la verdad de los demás. He de decir que aun siendo numerosas, todas son pertinentes. Nos coloca dentro, literalmente, de sus personajes y nos abre los ojos ante un dolor que todos podemos comprender si prestamos la suficiente atención.

La pérdida y la segundas oportunidades. Negar lo evidente por miedo a lo desconocido. Y dejar ir. Lincoln en el Bardo contempla cada una de estas posibilidades para llevarlas a un nuevo estadio. Nos obliga a entender que el tiempo es finito en términos biológicos, pero que juega con otras reglas cuando el reloj se sumerge en nosotros. Saunders nos recuerda que dentro de cada uno hay espacio suficiente para multitudes, fantasmas o para aquellos a los que no pudimos decirles adiós cuando llegó el momento de hacerlo.

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La tentación del perdón, de Donna Leon 

la tentacion del perdon
la tentacion del perdonDesde que leí Piedras ensangrentadas creo que ya he seguido atenta  a todas las novedades de Donna  Leon, esta autora es nacida en  New Jersey pero imagino que llevando más de treinta años residiendo en Venecia, podría considerarse como una veneciana más… ¿O no? Esa misma pregunta se hacen en algún momento en esta nueva historia de la autora.
 Ya saben que yo no vivo en la ciudad que me vio nacer, Valls, tampoco en Zaragoza, donde pasé mi juventud y unos extraordinarios años de mis vida, ahora vivo en la Capital de la comarca de las Cinco Villas, una localidad agrícola en la que siempre digo que hay gente estupenda y un par de buenas iglesias que ver… ¡Y mucho Románico a todo nuestro alrededor! Los ejeanos son un poco como los venecianos, si no has nacido allí, nunca terminas de ser reconocido como tal, incluso aunque les hayas aportado algún hijo con el que ampliar su Registro Civil.  😀
Pero era de la novela de lo que yo venía a hablarles y no de mi vida, así que allá vamos. Donna Leon siempre ha sido muy comprometida con los temas que toca en cada uno de sus libros, y eso me gusta. En La tentación del perdón han sido bastantes las páginas que han quedado marcadas y debidamente subrayadas por mi lapicero.
“- ¿Usted cree que la Ley está bien hecha? – preguntó, cosa que sorprendió al commissario.
Brunetti no se sentía obligado y tampoco tenía ganas de dar su opinión sobre el sistema legal y judicial.
-Lo que usted y yo pensemos de la ley no importa.- se limitó a decir.
-¿Y qué importa?
-Que los inocentes estén protegidos. Eso es lo que las leyes deben hacer.
En el fondo, Brunetti no lo creía. Las leyes aprobadas por los que ostentaban el poder, estaban pensadas para mantenerlos en él. Si además protegían a las personas inocentes, perfecto; pero no se trataba más que de un efecto secundario de agradecer.
-No lo había pensado así. –confesó ella.
Brunetti, que tampoco, se permitió encogerse de hombros.
-Supongo que la mayoría de las personas no piensan mucho en la función de la ley. …”
 Ya ven que fuerte nos entra en sus primeras páginas, concretamente en la 39,  y es que en esta ocasión, los paseos por nuestra querida Venecia, van a tener que ver con la visita que una professoressa, compañera de Paola, (esposa de Brunetti) le hace a éste en la comisaria. Por otro lado andaremos también ocupados con un problema de filtraciones dentro de la Questura. Y como no, también nos asomaremos a casa de los Brnetti para compartir algún rato de convivencia familiar y poder hojear las lecturas de Guido, que en este caso será Antígona.
Muchas y muy interesantes son las cuestiones que plantea Donna Leon, una novela muy adecuada para debatir en cualquier club de lectura, pues son muchos los temas que nos plantea y que van derivando de la vida misma.
“El camarero se acercó a la mesa, pero Griffoni lo alejó con un gesto de la mano. Luego abrió la boca, la cerró y respiró muy hondo cinco o seis veces. Estiró el brazo y le posó la mano en el antebrazo.
-Discúlpame, Guido. Me pone fatal oír cosas así.
-¿Qué cosas?
-A hombres justificando la violencia contra las mujeres pensando que la gente creerá que no les quedaba más remedio. Estoy asqueada de oír cosas así y de que la gente se lo trague. La mató porque estaba perdiendo el control sobre ella; así de fácil. Lo demás es una cortina de humo  que apela a nuestro deseo de sentirnos bien con nosotros mismos por se tan tolerantes con otras culturas. Pero es todo falso, falso falso. …”
Estas cosas tan estupendas pasan cuando coges un libro de esta autora, que nada está en la novela por estar, que todo es comentable y por ello sus novelas, siendo novela negra, son tan interesantes para poder desmenuzarlas en los clubs de lectura.
Y ya ven, en el fondo de todo ese título tan seductor: La tentación del perdón.
¿Quién no ha tenido alguna vez la tentación de convertirse en Dios todopoderoso y, dentro de sus posibilidades, perdonar malas actitudes o incluso hechos criminales?
Pues bien, si reflexionamos sobre este tema en la intimidad, a la vista de las noticias que tenemos cada día, podemos darnos cuenta de que en muchas ocasiones, aun no verbalizándolo, estamos perdonando comportamientos que no se corresponden con el ordenamiento jurídico, porque entendemos que la ley es muy dura o no tiene en cuenta las especiales circunstancias ¿A cuántos de nosotros nos repugna que alguien defraude a hacienda? ¿Qué tenga un pequeño negocio en casa sin pagar los impuestos correspondientes? ¿Pagar sin IVA? …
Muchos son los delitos que se comenten a nuestro alrededor a los que damos nuestro perdón o por lo menos nuestro mirar para otro lado…
¿Qué hará Guido Brunetti?
Cualquier día me marcho de nuevo a Venecia, antes de que deje de ser la ciudad que yo conozco, la ciudad que amo, con sus casas y sus habitantes venecianos, antes de que la invasión de los trasatlánticos la inunde por competo y se convierta finalmente en una especie de Disneyland Venecia.
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Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina

Un andar solitario entre la gente

Un andar solitario entre la genteHoy voy con uno de esos libros que me da cierto recelo reseñar, básicamente porque sé que mis palabras nunca podrían llegar a expresar su grandeza, su majestuosidad, la calidad de unas palabras que si se encontrasen con las mías lo máximo que les ofrecerían sería una palmadita en el hombro. Hace un rato pensaba que este libro es algo así como aquellas bolas mágicas de color negro que hace ya varios años se hicieron famosas y todo niño tenía y que ofrecían respuesta a cualquier preguntaba que tú hicieras. Solo tenías que agitarla y ya está, en una pequeña pantalla aparecía la respuesta. Pensaba en eso porque algo así sucede con este libro, que solo tienes que cogerlo, abrirlo, leerlo y esperar a que tus preguntas, incluso algunas que todavía nunca te has hecho, queden respondidas. ¿Para siempre? Eso ya yo no lo sé. Hoy hablo de Un andar solitario entre la gente, del gran Antonio Muñoz Molina.

Primero de todo debo decir que todavía no entiendo por qué este libro se vende como novela. O quizás sí lo entienda pero no quiera hacerlo. Un andar solitario entre la gente, para que nos entendamos, es el resultado de unos meses en la vida de Muñoz Molina en los que este estuvo (y ha estado y está y estará) recogiendo fragmentos de anuncios, de revistas, de propaganda, de conversaciones para uso personal y público, porque han acabado en este libro. Encabezados siempre por un título que es un lema comercial, los textos de este libro van desde la reproducción exacta de, por ejemplo, la noticia de un asesinato múltiple a la confesión más personal e íntima de un Muñoz Molina que mira desde arriba un pozo que lleva tatuado en la roca su nombre. Todo ello hilado por el caminar del propio autor. La caminata como punto de unión, como nudo de ramajes, como epicentro desde el cual nacen todas las historias de una mente brillante que, probablemente, haya pasado por encima de nuestro tiempo.

Leyendo este deambular pesaroso de Muñoz Molina por las calles de lugares como Madrid o Nueva York, me he acordado de tantos otros que leí y que nunca llegarán al nivel (en cantidad) de todos los que él ha leído y que menciona en este libro al estilo, o casi, hiperreferencial de Borges. Me ha recordado a Annie Dillard, recuerdo que me ha llevado a Thoreau. Me ha recordado por supuesto a Vila-Matas, recuerdo que me ha llevado a Walser. Me ha recordado a Cirlot, a Ortega y Gasset, a Umbral e incluso a Nietzsche; todos ellos caminantes sabedores de que los pies en el camino son el encendido de la mecha del pensamiento. Habla Muñoz Molina aquí de la Deambulología como ciencia, como arte y práctica de tantos que han decidido pensar y crear caminando. Caminantes, paseantes, flâneurs. Habla de tantos él…: Poe, de Quincey, Benjamin, Woolf, Beaudelaire, Wilde, Dickinson, Pessoa, Melville, Joyce, Whitman, Dickens, Proust, etc. Ojalá poder habitar por un día o por un rato o por un instante la cabeza de Muñoz Molina.

Es cierto que hay en el libro pasajes, recortes casi de la realidad, que pueden pasar desapercibidos ante otros de tal grandeza como los que dedica a su pareja (¿para qué nombrarla si ya todos sabemos quién es?) o como los que dedica a esa sombra que siempre persigue a quien alguna vez se ha encontrado cara a cara con ella, la sombra del pesar, de la tristeza, del nunca llenarse de algo sin función de llenado que es la vida. Hay momentos de gran asombro, de genialidad total que hace inevitable el subrayado sobre el papel.

Escrito en el final de un verano, Un andar solitario entre la gente es el zapato que siempre encaja para aquel que se haya sentido alguna vez escritor mientras pensaba caminado o mientras caminaba pensando. Es la certeza de que siendo un caminante se puede crear una vida, de que existe la posibilidad de ser tu propia oficina itinerante. Dice Muñoz Molina en alguna parte del libro, a modo de asceta o filósofo cínico que «Mi oficina, vaya donde vaya, es el cuaderno, el lápiz, la pluma, el tintero, el sacapuntas, las tijeras, la barra de pegamento, una carpeta con recortes, tres o cuatro libros, todos ellos livianos». Podemos hablar de recortes, de fragmentos aleatorios, de grabaciones encontradas; o podemos hablar de parches, de remedos, de suturas perfectas. Yo me quedo con lo segundo. Yo decido coger la mano auxiliadora que ofrece el libro. ¿Y tú?

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Cuentos escogidos, de Joy Williams

Cuentos escogidos

Cuentos escogidosEscribe Joy Williams (1944) en El patinador, uno de los relatos que integran esta recopilación de Cuentos escogidos, traducida por Albert Fuentes y publicada por Seix Barral, que en los mitos hay dos caminos hacia el desastre. “Uno de ellos consistía en responder a una pregunta que no tenía respuesta. El otro era no ser capaz de responder a una pregunta que sí la tenía”. Pues bien, querido lector, el presente volumen es un compendio de ambos senderos. Un hermoso camino, en cierto modo, hacia el desastre que centra la mirada en el detalle, abre el plano e invade las casas del ciudadano medio. Como si sus relatos estuvieran plagados de esa gente normal que inunda algunos informativos de sobremesa o protagonizan los sábados por la tarde cualquiera de los telefilms de Antena 3. Vecinos, buenas personas, con vidas corrientes y anodinas que adquieren nuevas texturas, una extrañeza que los hace únicos pero a la vez, he aquí la tragedia, también comunes.

A lo largo de sus textos, una amplia y acertada recopilación que incluye 46 historias, 13 de ellas nuevas, Williams somete sin ningún tipo de piedad a niños, adolescentes y adultos, hombres y especialmente mujeres, en función de su propia literatura, retorciendo sus vidas hasta esculpir sentencias irrefutables, llenas de una lógica absurda, de un humor inteligente, difícil de empañar. Así, por ejemplo, escribe en Química invernal: “Si en el infierno hacía calor, entonces en el cielo tenía que hacer un frío espantoso”. Y lo hace a lo largo de más de 700 páginas donde la escritora esboza personajes inquietantes, desolados, tristes y crueles bajo un aspecto inicialmente inocente e inofensivo. Williams, que entiende la oscuridad como un elemento más del que servirse para arrojar luz sobre nuestra propia existencia, investiga a partir de ellos las grandes inquietudes de la vida como el duelo, la enfermedad, la soledad, la paternidad, la infancia, la tristeza o el amor.

Así, a pesar de que sus protagonistas tiendan, de algún modo, a una absoluta incomprensión de sí mismos y de los demás, de fondo se observa a veces una despiadada necesidad por conectar con el otro o, al menos, con el universo. La autora norteamericana, una de las escritoras de relatos más interesantes de la actualidad, escribe con imágenes. Sus palabras son capaces de recrear la realidad con una mirada única que, aunque retorcida, resulta oportunamente precisa. “Lo curioso es que nunca se había enamorado de ningún animal”, relata en Congreso con una brutal contundencia simbólica. Una historia que arranca con la obsesión de una mujer por una singular lámpara, construida a partir de cuatro patas secas de ciervo . “Sencillamente –continúa-, se había saltado ese erotismo entre especies para ir directamente al amor por los fragmentos de animales modificados. Había algo malo en ello, pensó. Era tan desesperado. Pero el amor lo era siempre”.

Y es que donde el resto de nosotros vemos la realidad en bruto, sin limar, ella ve palabras. Es complicado, al menos, encontrar una sola frase entre todos sus párrafos que no conduzca en varias direcciones, que no te cuente o que no te diga. Aunque la clave de su propia escritura probablemente la hallemos en este otro párrafo de uno de estos Cuentos escogidos, titulado Centro de belleza, en el que es posible que la norteamericana sintetice también la esencia del relato corto e incluso de la literatura: “Solo eran palabras, lo sabía, palabras que podía usar cualquiera, pero detrás de las palabras siempre había cosas, a veces cosas que no podías contarle a nadie, ni mucho menos a tus seres queridos, cosas que daban miedo y que ni si quiera eran verdad”.

Porque los personajes que esboza Joy Williams se mienten, como nos mentimos nosotros con mayor frecuencia de la que seríamos capaces de admitir. Las mismas mentiras que proporcionan a la vida “un ritmo y una estructura que la verdad aún no alcanza a justificar” (La excursión). Estos relatos que, en realidad, nos contamos a nosotros mismos, que disfrazan y someten nuestra propia realidad, desfigurándola hasta tratar de encontrarle el sentido, de responder a lo que no tiene respuesta o a lo que sí la tiene. Algo muy parecido a lo que hace Williams en este libro.  Entre líneas, de hecho, la autora se expresa, a veces, a sí misma. “Necesita otra lengua, otras palabras. Tiene más que aburridas sus palabras. Disfruta buscando. ¿Acaso la búsqueda no lo es todo?”.

 

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Doctor Pasavento + Bastian Schneider, de Enrique Vila-Matas

Doctor Pasavento

Doctor PasaventoCuando quiero referirme a Vila-Matas, por ejemplo en esta reseña, me da miedo escribir o pronunciar su nombre porque no sé si realmente existe, aunque sepa que existe, aunque sepa que hay alguien que lleva su nombre, que vive en la misma ciudad que yo, que escribe de forma magistral y que tiene libros con su firma que nadie se debería perder. Y me da miedo referirme a él con su nombre porque no sé si realmente es él quien escribe todo lo que firma o es la propia Literatura, en caja alta, quien coge el ordenador, aparta a Vila-Matas (vuelvo a decirlo: si es que existe) y se pone a escribir en su nombre, riéndose de todos nosotros sabiendo que nos vamos a creer por un rato lo que nos cuente, que vamos a seguir leyendo algo que desde un principio no tiene ni pies ni cabeza, y que por ese motivo, por no tenerlos, es tan genial. Esa experiencia es la que se tiene abriendo cualquier libro del barcelonés, y cuesta mucho de explicar, aunque lo intentaré. En estas semanas Seix Barral aparece en las librerías haciendo resurgir una de sus más grandes novelas: Doctor Pasavento, con prólogo de Maurice Nadeau y la novedad de la extraña y breve pieza inédita Bastian Schneider.

Vamos por partes: nunca sabrás quién es Pasavento, pero irás con él a lo largo de más de 400 páginas recorriendo distintas ciudades, sobre todo París y sobre todo la rue Vaneau, calle que acabará convirtiéndose en una especie de protagonista de la novela. Pasavento, que aparece como tal tras varias páginas y que es una especie de doctor en psiquiatría que ha alcanzado cierta fama en la literatura, te habla directamente para contarte su historia, que es algo así como una neurosis íntima en la que se quiere ser una especie de Walser que desparece gradualmente hasta ser nadie y nada. Doctor Pasavento es el camino acompañado (por los lectores, es decir, nosotros) de un personaje que descubre que quiere ser nadie, que se lo marca como objetivo, y que amolda y adapta y configura su vida para alcanzar su meta. ¿Te imaginas decirte a ti mismo que en un tiempo serás nadie? Menos mal que están los libros para imaginar por ellos mismos usando nuestra cabeza como recipiente de pruebas.

Una de las claves para conseguir esa desaparición es escribir. Y menos mal, porque gracias a que Pasavento escribe nosotros vemos cómo avanza hacia ese agujero abismal que es el cero absoluto. Y escribe para él, haciendo oídos sordos al escaparate que le separa de nosotros. Con Walser siempre en mente, Pasavento intentará volver a caminar los pasos del suizo visitando incluso el sanatorio en el que este estuvo ingresado durante años, haciendo incluso el último paseo que disfrutaron los zapatos del escritor. Y buscará quedarse. Y buscará ser un nuevo Walser. O el mismo. Pero también aparecerán otros personajes literarios relacionados con esta diatriba entre el ser en el no ser y el no ser en el ser: Montaigne, W. G. Sebald o Laurence Sterne, entre otros. Otra de las claves de la novela son las señales: Pasavento se dará cuenta en cierto momento de que hay algo o alguien que le presenta señales que él tiene que seguir, algo así como esos mapas de puntos que los niños usan para entretenerse en los restaurantes de los aeropuertos. Para Pasavento, alguien ya ha rellenado ese mapa, mapa que incluye su vida.

A través de lo que se ha llamado semificción, Vila-Matas vuelve a meterse (y no) en su libro para dejarnos con la sensación de que estamos leyendo su vida a la vez que estamos leyendo la de otro. Se puede leer en esa extraña pieza añadida al libro que es Bastian Schneider que «no hay nadie original», lema claro de la escritura de Vila-Matas, quien teje su narrativa a través de la de otros sin buscar ocultarlo. Una de las mayores proezas que veo en sus historias es que aun queriendo sus personajes desaparecer nunca buscan ocultarse.  Siempre están, siempre hablan, siempre son aunque busquen no ser. He dicho una de las mayores proezas, pero la mayor proeza de Vila-Matas es que consigue que lo que buscan sus personajes, desaparecer, lo haga el lector, aunque sea solo por un rato. Gracias, doctor.

 

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4321, de Paul Auster

4321

4321Leer 4321 se hace fácil, que a nadie le asusten, ni el nombre del autor, ni las casi mil páginas que nos ofrece en esta historia tan, tan austeriana. Dicho esto y por poner un poco las cosas en su sitio, algo que con este autor nunca es fácil, estamos hablando de una novela que está llamada a ser una de las grandes novelas americanas, esas que les hacen comprenderse más a ellos mismos y al resto de la humanidad conocerlos un poco mejor.

“Según la leyenda familiar, el abuelo de Ferguson salió a pie de Minsk, su ciudad natal, con cien rublos en el forro de la chaqueta, y pasando por Varsovia y Berlín viajó en dirección oeste hasta Hamburgo, donde sacó billete en un buque llamado The Empress of China, que cruzó el Atlántico entre agitadas tormentas invernales y entró en el puerto de Nueva York el primer día del siglo XX…”

La lectura de este libro me ha envenenado de literatura, de arte y de genialidad, de ese Paul Auster llamado a ser uno de los clásicos modernos de la historia de la literatura ¡Qué orgullosos debemos estar de haberle dado en su momento el Príncipe de Asturias! Vamos una década por delante de los suecos.

4321, son 4 novelas en una sola, cuatro versiones de una misma vida, de la vida de Archie Ferguson, que a su vez vive una vida muy paralela a la del propio Auster. Ambos nacieron en Newark, Nueva Jersey, en 1947, y a partir de ese inicial punto de coincidencia todo puede ser, porque donde hay literatura se abren millones de posibilidades.

Si realmente una gran novela nace de quien mira a su alrededor y sabe narrar lo que ve y lo que recuerda, estamos ante una gran novela, pero Auster siempre tiene ese otro punto que es saber mirar también al interior, reflexionar; la narrativa está ahí, en su buen hacer, pero la profundidad la pone él y la pone en este caso en cada uno de los “Archies Ferguson” que vamos a conocer.

Porque al fin y al cabo un escritor es lo que es y además es la suma de sus historias, y en este caso el escritor nos sumerge en todos sus yos ¿Qué más se le puede ofrecer a un lector? Se entrega al completo literariamente hablando, y en gran medida se nos entrega en todo lo que es y en todas las posibilidades de lo que también pudo ser y no fue.

En estos días hemos escuchado al hombre (no al escritor) decir que estaba cansado, que tenía ese sentimiento de haberse entregado tanto a la literatura que la vida real se le había escapado de las manos ¿Se puede ser más sincero? Yo que he leído gran parte de la obra de Auster he de reconocer que se lo agradezco, y que de la misma forma que es cierto que él se inició muy pronto en su amor por la lectura y la literatura, también es cierto que no pudo acceder a las grandes obras hasta ser ya un estudiante más formado.

¿Qué hubiese escrito Auster a los 30 años si en su fundamento y formación hubiesen estado ya todos los clásicos?, ¿si a los 12 años ya hubiese leído y comprendido a Kafka y a Voltaire, y su Cándido se le hubiese mostrado y crecido ya con él en esa primera adolescencia?

Auster quiso ser un hombre activista pero descubrió a tiempo que estaba llamado a contar la vida más que a vivirla. Y puestos a pensar en qué hubiese pasado si…, podemos pensar en que hubiese pasado si Auster hubiese sido un activista radical y hubiese muerto. Pues eso, que habría capítulos definitivamente en blanco, pero yo lo que he pensado al leerlo es que en mi vida, en este momento, también estarían esos capítulos en blanco ¡Susana no sería esta que os habla sin las lecturas de Auster!

Y es que tampoco empecé yo leyendo a Homero, ni a los grandes clásicos, si hago la excepción de los rusos Gorki y Tolstoi que por algún motivo que desconozco estaban en mi casa desde que puedo recordar, pero no Dostoiesvki ni su Crimen y Castigo que con tanta fuerza entró en mi vida muchos años después. Tampoco la literatura inglesa estuvo entre mis lecturas juveniles. No leí entonces el Ulises de Joyce porque nadie me lo recomendó, y cuando después llegó a mis manos no me interesó, y aunque lo leí ya no era el momento o no estaba escrito para mí. Pero sí leí El Quijote y a Lorca, y sé que ambos son lecturas y autores por los que Auster, que hoy ya forma parte de mi base lectora y escritora, también compartió una gran pasión.

¿Los temas? Los de siempre, porque cuando se escribe de la vida y se escribe de la muerte, todo cabe. La historia, que se va haciendo mientras él la va viviendo; la pasión por Kennedy y Martin Luther King ¿Qué hubiese sido de EEUU si ellos no hubiesen desaparecido? Sus pasiones por la política y la justicia social… Pero por encima de todo, la literatura, la que hace él y la que crean sus propios personajes.

Y yo vuelvo a sorprenderme con el fondo pero en esta ocasión nos deja boquiabiertos con la forma que tanta importancia tendrá a la hora de hacernos descubrir cómo somos nosotros mismos como lectores.

Otra vez viene Auster con un libro bajo el brazo … Otra vez viene con la vida en papel, quizá con la vida y la obra definitiva.

Si es cierto que ya se ha entregado literariamente entero, ahora deberá vivir; pero si solo sabe vivir de la escritura, Volverá.

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La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo

La puta de Babilonia

La puta de BabiloniaEste es un libro difícil. No malo, difícil. Lo es por el delicado tema que abarca, cuyas hipótesis pueden dañar muchas sensibilidades, y por la abrumadora cantidad de datos ofrecidos. Aunque más que por las hipótesis vertidas, por el tono burlón con el que desmitifica cada uno de los asuntos relacionados con la Iglesia de Roma, La puta de Babilonia.

El autor colombiano Fernando Vallejo escribió, con gran rigor histórico y académico, un elaborado trabajo que desenmascara una fe dogmática que durante más de mil setecientos años ha derramado en su nombre la sangre de hombres y animales de la forma más cruel posible. El título es toda una declaración de intenciones de lo que encontrarás en su interior. De este modo denominaban los albigenses a la Iglesia de Roma según la expresión del Apocalipsis, y le sirve al autor, de viperina y mordaz lengua, para describir con todo tipo de detalles las obscenidades y despropósitos de una falsa fe que ha conseguido aglutinar a millones de fieles en el mundo.

Un inciso para el lector que considere no ahondar en este libro por chocar con sus ideas: el autor no pretende faltar el respeto ni lastimar a nadie por sus creencias, tan solo aporta sus opiniones y críticas hacia la Iglesia, basándose en datos históricos que contrastan con la buena intención que profesan. Todo en clave de humor, un humor no siempre muy bien acogido por su alta dosis satírica.

En una charla sobre los límites del humor, conferenciada por uno de los creadores de la revista Mongolia, se empleó la lectura de este ensayo de Fernando Vallejo para contextualizar el coloquio. Si en algún momento has tenido oportunidad de leer dicha revista, habrás comprobado el humor negro y afilado que le caracteriza y las enemistades que eso le ha granjeado. Si resulta cómico u ofende moralmente es un asunto del todo subjetivo. A mí no me hace gracia, pero comprendo su sentido satírico. En la lectura de este libro, sin embargo, sí he encontrado y entendido el tono burlón de quien lo escribe. Empleando un riquísimo léxico de nuestra lengua española, Vallejo pone a caldo a cada uno de los papas de Roma, a los que tacha de travestis purpuradas y asesinas. No es gratuito. Cita muchos de los episodios de asesinatos y confabulaciones que rodeaban al papa de turno, y que han llenado páginas y páginas negras de libros de Historia. Resulta casi abrumador la cantidad de datos que recoge el autor para comentar con entretenida prosa las conspiraciones y los tejemanejes de los hombres que, hablando en plata, iban a Dios rezando y con el mazo dando. Tampoco perdona su falta de humanidad. Los critica duramente por su nulo valor de oponerse a crueles dictadores asesinos o, en muchos casos, por su relación directa con estos a un lado y a otro del mundo, en diversos momentos del tiempo. Corrupción, favoritismo, engaños, asesinatos, homosexualidad… pocos son los asuntos escabrosos que destapa su autor sobre ellos.

Tampoco deja atrás la falta de rigor en los escritos bíblicos. Argumentando su dudosa credibilidad al haber sido manipulada en el propio interés de quienes la manejaban, manifiesta los garrafales errores geográficos expuestos en los Evangelios así como el baile de fechas que no llegan a dejar muy claro la veracidad de los textos. Como en su crítica hacia los papas, la lluvia de datos estudiados por su autor y su sentido humorístico hacen que tengamos una nueva forma de mirar a esos dos mamotretos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, que bien pueden tomarse como una gran novela de fantasía.

Para Vallejo no solo la Iglesia de Roma es diana de sus dardos envenenados, la musulmana también recibe lo suyo. Entre otras cosas por considerar a su profeta, Mahoma, como un ser que desprecia a los animales (cuya principal causa del autor es su amor y defensa hacia ellos) y no se apiada de la muerte de estos. La descripción que le dedica es la siguiente:

«[…] este asaltante de caravanas que resolvió proclamarse el Mensajero de Alá. Cruel, traidor, taimado, mentiroso, rencoroso, inescrupuloso, lujurioso, torturador, impostor, bellaco, inhumano, sanguinario, deshonesto, innoble, abyecto, asesino, polígamo, pederasta, déspota, puso a rezar a sus secuaces prosternados hacia La Meca cinco veces al día con el culo al aire».

He querido incluir este fragmento para que descubras el poder descriptivo de Vallejo y su peculiar discurso narrativo. Esta inagotable fuente de adjetivos, marca registrada de este escritor, es la clave principal que me enganchó en su lectura. Una perfecta musicalidad y un cuidado trato que dedica a las palabras; que no las deja caer sin más; que todas tienen un ritmo y una estructura en el texto casi medida. El libro arranca con una página y media de apelativos dedicados a la iglesia. Una página y media de gloriosa lectura en la que podrías marcar el ritmo con los nudillos de la mano sobre la mesa según la lees como si de una canción se tratase.

La puta de Babilonia, la católica, la apostólica, la romana, la jesuítica, la domínica, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes con Fernando Vallejo desde su infancia y aquí se las va a cobrar.

 

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Mi verdadera historia, de Juan José Millás

Mi verdadera historia

Mi verdadera historiaSupongo que hacía mucho tiempo que no leía a Juan José Millás. Escucharlo sí, lo sigo en la radio algún día por las mañanas en el programa de Gemma Nierga, a la que por cierto  casi no le quedan días en la Ser, así que no estoy segura de si seguiré escuchando también a Millás como colaborador suyo ¡Lástima!

Es curioso que algunos asociemos obras, o incluso a escritores, como “Premio Planeta” en un sentido un poco despectivo, pero con algunos autores no pasa, y desde luego no con éste incluso siendo tan premiado, pues tiendo en su haber, entre otros muchos,  el Nadal, el Planeta y el Nacional de Narrativa, yo nunca lo he leído con esa conciencia. Tampoco yo soy una especialista en Millás. He leído siete de sus obras. Me guata leerlo y me gusta escucharlo.

En relación a su  última novela, Mi verdadera historia, tengo que reconocer que me ha impactado, que incluso sabiendo de qué trataba, me ha cautivado su escritura, desde su inicio:

“Yo escribo porque mi padre leía. Miradme en el salón de la casa de entonces, los muebles oscuros,  oscuro yo también detrás de la butaca…”

Como me alegra haber leído y releído en varias ocasiones “Crimen y Castigo”,  de Dostoievski, una lectura que debería ser obligatoria durante la adolescencia. Porque si cualquier obra de este autor daría para un interesante debate con los jóvenes, esta es una obra básica para entender y profundizar sobre el ser humano, y es por ello que tantos escritores se ven en la obligación de utilizarla como fondo o base de sus propias obras.

Naturalmente que podemos leer a Millás sin haber leído a Dostoievski, claro, y entonces seguro que esta reseña no tendría ningún parecido a lo que les cuento ¿O sí? Yo creo que no sería lo mismo si yo no conociese a Raskolnikov,  aquel que reflexiona sobre su próxima integración en la sociedad… .

¿Acaso estamos ante una novela de iniciación dirigida a los adolescentes? Yo diría que no, que de ninguna manera. Por supuesto que la pueden leer, incluso chavales más jóvenes, y podrán trabajarla en institutos, claro que sí, pero la realidad es que es una obra de esas inclasificables en relación con la edad del lector.

¿De qué va en definitiva este libro? Pues en palabras del propio Millás: “Por de pronto toda mi última novela está basada en la ambivalencia, en un complejo sentimiento de culpa: un adolescente provoca de la manera más tonta un accidente de tráfico de gravísimas consecuencias, y eso desencadena una culpa que remodela toda su vida”

Podía haber puesto lo que pone en la contraportada pero creo que está mejor dejar escrito aquí lo que el propio autor dice de ella, lo que quiere que el lector sepa antes de  emprender el paseo por sus páginas, concretamente 107 páginas que contienen un puñado de dibujos de Lucas Climent ¡Y cómo me gustan estos libros en los que en tan pocas páginas nos cuentan tantas cosas y tan profundas!

Porque es la historia de un chaval de 12 años que no se siente mirado por sus padres, que solo quiere un poco de atención… Ya no digo ni cariño, ni amor. Un chaval que no se encuentra ni ve su lugar porque no es visto; por eso es un pequeño Raskolnikov, incluso antes de ser un joven Raskolnikov.

Está contada en primera persona y eso bien sabe el autor que nos meterá de lleno en la novela, los temas que trata son delicados, asuntos de los que, como cuando hablamos de Crimen y Castigo, son para leer y rumiar en la más absoluta intimidad. Ya estarán para hacernos compañía la soledad y la conciencia de cada cual. Pero también es cierto que son temas que nos gusta comentar aun cuando al ser tan tocantes a la moralidad y la ética incluso al hablar de ello en grupos reducidos tendemos a ser sencillamente políticamente correctos en nuestra exposición.

¿Y los padres? Los padres son dos grandes lectores y por ello el libro está plagado de títulos y autores impresionantes. Y siendo importante e imprescindible el personaje de la madre, aquella que no quiere ver porque no puede asumir, el padre es el más complejo y el que más me ha interesado. Un hombre que vive por y para la ficción… Que prefiere un libro a un hijo y el chaval, nuestro protagonista, se ha de convertir en un personaje para ser visto por él y que le muestre un mínimo aprecio.

Y es por eso que el libro empieza con la frase:

 “Yo escribo porque mi padre leía. …”

Y creo que Juan José Millás ha logrado otra vez sorprender al lector y conseguir una historia redonda…

Casi como una canica 😉

 

 

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El gran retroceso, de varios autores

El gran retroceso

El gran retrocesoRecuerdo que uno de mis pensamientos más frecuentes cuando estudiaba Historia en el instituto era que el tiempo en el que me había tocado vivir era posiblemente el más aburrido hasta la fecha. Todos los siglos tenían sus momentos transcendentales, pero de lo relativo a las últimas décadas del XX y a la primera del XXI apenas hubiese podido rellenar un par de hojas de estudio, y eso estirando mucho los textos. Sin embargo, no hay duda de que en los últimos años se han ido produciendo una serie de cambios de magnitudes enormes, a los que quizás no les hemos dado la importancia suficiente porque nos han pillado viviéndolos, pero que puestos sobre el papel uno puede hacerse a la idea de su gravedad. Así, la llegada de un ser como Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la salida de Reino Unido de la Unión Europea, el resurgimiento con fuerza de los populismos o la constante amenaza del terrorismo internacional, hechos que muy pocos podían prever hace apenas un par de años, muestran que nos encontramos en un momento crucial de la historia y no precisamente por ser bueno. En este complejo contexto, libros como El gran retroceso ayudan a entender cómo hemos llegado aquí y las posibles vías para que esta tendencia perniciosa cambie lo antes posible.

Este es un libro de lectura urgente, ya que debido a la velocidad a la que se producen los acontecimientos, pronto será necesario introducir nuevos ingredientes a las reflexiones de los autores. De hecho, las elecciones de Francia se celebraron con posterioridad a la publicación de este libro, con lo que, afortunadamente, el temor a la figura de Le Pen podemos dejarlo aparcado de momento, aunque quién sabe por cuánto tiempo.

Los artículos son muy variados, tanto como sus autores. Los hay puramente políticos, otros más humanísticos y filosóficos y otros que se decantan por una visión puramente periodística. Como es normal, la calidad y el interés que despiertan los textos también es variado, pero a nivel global me ha resultado un compendio de ideas realmente interesante. De entre los intelectuales de renombre que participan en el libro, como Santiago Alba Rico, Nancy Fraser o Paul Mason, me gustaría destacar a Zygmunt Bauman, no solo por la claridad con la que expone su alegato en contra de la intolerancia y en defensa de una cultura de diálogo que acabe con el individualismo atroz que nos rodea, sino también porque Síntomas en busca de objeto y nombre fue uno de los últimos textos que este gran pensador redactó antes de fallecer.

De lo que no cabe duda es de que todos los autores tienen una visión política bastante similar, con muchos matices, por supuesto, pero con un buen número de ideas que salen continuamente a la palestra. De entre ellas destaca la crítica unánime al neoliberalismo, esa corriente ideológica que no para de transformarse y de regenerarse para adaptarse a los nuevos tiempos, a la que los autores no tienen miedo en señalar como la principal culpable de la situación en la que nos encontramos. Y es que resulta irónico que el modelo que nos ha llevado a la mayor crisis económica en décadas, que ha conseguido unos niveles de desigualdad entre los ciudadanos nunca antes vistos y que ha aprovechado la situación para llevar a cabo recortes y privatizaciones en todos los frentes posibles siga siendo el mayoritario en el mundo desarrollado.

Por no cerrar la reseña con un tono pesimista diré que también se puede sacar un mensaje positivo de esta lectura, ya que los autores de El gran retroceso consideran mayoritariamente que existen alternativas para derrotar al monstruo neoliberal y que todavía no es tarde para cambiar el rumbo. Veremos, aunque yo todavía no tengo nada claro qué les tocará estudiar en la asignatura de Historia a nuestros hijos.

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Examen de ingenios, de J.M. Caballero Bonald

Examen de ingenios

Examen de ingeniosNo puedo ocultar que Caballero Bonald me gusta mucho. Tampoco es que tuviera que hacerlo. A ver, estamos hablando del Premio Cervantes 2012, de uno de los intelectuales más importantes de la literatura actual con una vasta obra de gran valor literario. Encima, por si fuera poco, poeta. Y ahí está mi punto débil: tengo debilidad por los poetas.

Como os comentaba, dentro de su obra literaria, encontramos todo tipo de genéro: poemarios, antologías, biografías, artículos y ensayos. También son numerosos los galardones que ha recibido a lo largo de su carrera. Creo que queda claro lo orgullosos que debemos sentirnos de contar con Bonald como uno de los grandes representantes de nuestra cultura.

Examen de ingenios, editada por Seix Barral, es su más reciente publicación en prosa. En este libro, Caballero Bonald recopila un centenar de perfiles de artistas con los que el autor ha tratado a lo largo de su vida.  Reflexiones y anécdotas en torno a algunos de los más importantes artistas del siglo XX es lo que encontraremos a  lo largo de las casi quinientas páginas con que cuenta esta novela. En cierto modo, y salvando las distancias, me recuerda a aquellos libros de Jesús Marchamalo en los que se perfilan algunos escritores a través de anécdotas y curiosidades como 44 escritores de la literatura universal. 

Las  anécdotas y perfiles en torno a los autores que aparecen en Examen de ingenios, son, asimismo, una maravillosa forma de conocer a Bonald. Las apariciones de los perfiles de los artistas se suceden por orden cronológico y así, encontramos a autores como Azorín, Pío Baroja, Ángel González, José Agustín Goytisolo o escritores del otro lado del charco como Pablo Neruda, Julio Cortázar, Max Aux o Mario Vargas Llosa. No sólo encontramos escritores en él, Joan Miró, Paco de Lucía o Antonio López también aparecen retratados en el último libro de Bonald. Se trata de artistas coetáneos o de generaciones anteriores a la del autor. Así, entre las semblanzas de los escritores, encontramos miembros de generaciones distantes como la del 98, la del 14, la del 27, la del 36 y la del 50.

A los lectores empedernidos pocas cosas pueden hacernos tan felices como saber más sobre nuestros escritores preferidos. ¿No os pasa? Es esa parte cotilla que todos tenemos. A mí este tipo de  libros me fascinan, sinceramente. Por ello, he disfrutado enormemente su lectura, pues conocer anécdotas, gustos y vivencias de artistas tan importantes como los mencionados me parece todo un lujo. Y sí además vienen de la mano de la experiencia de Bonald con ellos, es un auténtica delicia.

Con Examen de ingenios se aprende y se descubre, se ríe y se emociona. Podría contaros miles de anécdotas que aparecen en el libro, pero no es esa mi tarea. Para eso es mejor que os dejéis llevar por Bonald y su exquisita prosa. Estoy completamente convencida de que, si sois grandes lectores y amantes de la literatura y el arte, este libro os resultará muy curioso. Es más, estoy segura de que os encantará.

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