Publicado el

Palabra de Lorca, de Rafael Inglada y Víctor Fernández

Palabra de Lorca

Palabra de LorcaNo se me ocurre una mejor manera de empezar esta reseña que recordando el primer libro que leí de este autor: Bodas de sangre. Y cómo, a partir de esta lectura, vinieron muchas otras más. Su particular forma de narrar la pasión, el amor, los celos, la envidia, la amistas, la familia… La España profunda de la Guerra Civil y la Posguerra. Cómo vivían las familias de a pie de aquella época, con sus problemas de dinero, la represión y la falta de libertad que se respiraba en casi todos los hogares españoles.

Siempre me ha parecido muy interesante y muy real todo lo que cuenta Lorca en todo lo que he leído, y que además llega a tu corazón de inmediato. No solo por pensar que eso es lo que seguramente sufrieron la mayoría de nuestros abuelos o bisabuelos, sino también porque esos sentimientos que tan bien refleja este famoso dramaturgo son exactamente los mismos que podemos experimentar nosotros mismos hoy en día.

Por eso, cuando supe que la editorial Malpaso iba a publicar Palabra de Lorca, la primera recopilación completa de sus entrevistas y declaraciones sin la censura que sufrieron años en el siglo pasado, incluso las que se realizaron después de su muerte, supe que tenía que ser mía. No solo por el hecho de profundizar en su obra y los aspectos que se desconocen, sino también por conocer a la persona que hay detrás de tanto talento. Y eso ha sido lo más interesante. Descubrir su talento a partir de los hechos que marcaron su vida, las declaraciones de las personas de su alrededor, que no solo decían que era un escritor brillante, sino también una persona maravillosa.

“Yo denuncio a toda la gente
Que ignora la otra mitad,
La mitad irredimible
Que levanta sus montes de cemento
Donde laten los corazones
De los animalitos que se olvidan
Y donde caeremos todos/en la última fiesta de los taladros.”

Escribe Lorca en uno de sus poemas. Y aquí ya podemos ver algún vestigio de su persona. Un hombre adelantado para su época, que solo ansiaba libertad y felicidad para todos, no solo para los suyos. Y así se demuestra en su obra. Y no todos los escritores son capaces de revelar tanto de sí mismos en aquello que escriben, y es algo que admiro demasiado de él.

Me ha encantado el trabajo que han realizado Rafael Inglada, Víctor Fernández y la editorial Malpaso. Este era un libro necesario para conocer a una de las figuras literarias más importantes del pasado año, y creo que ya se ha convertido en uno de mis imprescindibles. Muchas de las cosas que dice Lorca se han metido en mi interior. Me ha hecho sufrir y amar al mismo tiempo, al ser humano y a sus contradicciones, sus problemas y sus errores. ¡Qué grande habría sido poder conocerle en persona!

Palabra de Lorca no es solo un libro para los que aman a este increíble escritor al que tantos admiramos, sino que creo que también podría ser una bonita forma de que, aquellos que aún no hayan leído alguna de sus obras, empiecen a conocerle y a interesarse por su obra. Porque, que yo recuerde, y no es que sea profesora de Lengua y Literatura, jamás me mandaron ni uno de sus libros como lectura obligatoria cuando estaba en el colegio. Y no sé por qué, pero creo que si nos la hubieran mandado en la ESO (no creo que antes se pueda comprender a Lorca), muchos de los que odiaban leer se habrían interesado más por la Literatura española.

Porque Lorca escribe para vivir y contagia esas ansias de vivir a todos aquellos que leen alguno de sus libros. De conocer todos los aspectos que depara la vida y todo lo que tenemos a nuestro alrededor, la familia, los campos y las ciudades de España, sus gentes… Porque él amaba España, y aunque terminaron asesinándole simplemente por sus ideas y orientación sexual, estoy segura de que España le ama a él. Y como prueba, tenéis que leer este libro.

[product sku= 9788417081195 ]
Publicado el

Entrevista a Laura Gomara, autora de Vienen mal dadas

lauragomara6

lauragomara6Hoy vamos a entrevistar a nuestra colaboradora Laura Gomara con motivo de la publicación de su primera novela Vienen mal dadas, la cual quedó finalista en el premio L’H Confidencial 2016 y ha sido publicada este mismo mes por Roca. Pero el currículum de Gomara es extenso: licenciada en Filología Clásica y currante en el sector editorial en donde ayuda a escritores, y realiza funciones como traductora, lectora, en producción y comunicación editorial. Desde la plataforma Reescritura orienta a escritores noveles en sus primeros pasos dentro del mundillo. También imparte cursos de narrativa, cuento breve, autoficción y relatos de viajes en varios centros de Barcelona y en las plataformas online República de cursiva y Libros y Literatura.

 

-Antes de nada, enhorabuena por el pedazo de novela que te has cascado. Impresionante. Como ya dije en la reseña, tiene todo lo que ha de tener una novela negra y a la vez no sigue un patrón convencional, sino que sabe salirse de las líneas marcadas y ser francamente original.

Dime, ¿cuánto tiempo empleaste en escribirla y cómo se te ocurrió la trama? ¿Tenías todo claro cuando empezaste a escribir o hubo cosas que iban ocurriéndosete según avanzabas en la trama?

 

A la primera versión le dediqué unos meses, no lo sé, quizás siete u ocho, pero la corrección fue larga porque dejé la novela descansar unos meses más y después la revisé por completo dos veces más. En total, desde la idea inicial hasta el cierre definitivo del manuscrito en la editorial pasaron más de dos años.

 

-El personaje de Ruth Santana, la Flaca, es una mujer de extrema delgadez, 40 kilos…  Pero es una mujer fuerte, un personaje firmemente construido y con un sentido de la moral y la ética que desentona con los personajes que suelen pulular por este tipo de novelas. No es el arquetipo de mujer fatal al que uno está acostumbrado. Es más la mujer fatal suele usar el sexo para manejar a los hombres y conseguir su objetivo. En cambio, en Vienen mal dadas la protagonista sería la antimujer fatal y rehúye el sexo. ¿Siempre fue así en tu cabeza? ¿Te inspiraste en alguien?

 

Sí, siempre fue así, aunque es cierto que a medida que escribía se iba dibujando más nítidamente. Al final los personajes van por libre e incluso te sorprenden tomando decisiones que no tenías previstas y ese momento, cuando escribes, es impresionante.

Ruth Santana es una mujer que ha seguido el patrón de vida que le venía marcado: estudios, hacer cosas de niñas y no de niños, trabajo, novio, casa, boda… Pero todo se va a la mierda y se pierde porque nunca ha tomado una decisión por sí misma. Se hunde tanto que la única manera de subir es empezar a tomar decisiones y lo hace. Va haciéndose más fuerte a lo largo de la novela y aprende a decir “no”. Ruth es una persona que siempre ha dicho “sí”, “sí a todo”, y la miseria la enseña a decir “no”. En la escena de la que hablas (cuidado spoiler), el “no” al sexo forma parte de esa evolución. Ruth Santana aprende a tomar el control de todo, también de su sexualidad, y eso pasa por dejar de ser complaciente con los demás. Si dice no, es no. Si dice sí, es sí. Y sin querer hacer más spoilers es algo que vemos al final de la novela…

Por otro lado, recuerdo que una de las primeras lectoras me dijo que Ruth era una psicópata. Me hizo mucha gracia y me parece una opinión muy lícita. Pero lo que quise hacer con ella es una persona imperfecta, muy tensa, es algo que ya se ve en su físico: encogida hacia dentro pero a la vez lista para saltar.

Para su personalidad no me inspiré en nadie, pero con 40 o 50 años me la imagino como Lauren Bacall, con ese aplomo. Por eso la dedicatoria del libro es para ella.

 

-¿En casa del herrero, cuchillo de palo? Eres profesora de narrativa. ¿Has seguido los consejos que das a tus alumnos?

 

¡Ahí me has pillado! Muchos de ellos sí, pero no todos. Antes de escribir tenía clara la estructura, conocía bien a la mayoría de los personajes y me puse un horario bastante rígido para no dejar el proyecto a medias. Hasta ahí todo bien… Pero, por ejemplo, en la novela hay un montón de personajes con un montón de nombres y eso es algo que siempre les digo a mis alumnos que no hagan. Pero no es lo único, hubo cosas de estructura que cambiaron sobre la marcha y lo peor es que todos esos cambios se notaron mucho en las primeras versiones de la novela, se veían agujeros. Si me hubiera aplicado mejor mis consejos, no hubiera pasado.

 

-Poner el título suele ser o muy fácil o muy difícil. ¿Cómo fue en este caso y por qué elegiste Vienen mal dadas?

 

¡Los títulos son el infierno, se me dan fatal! En el ordenador, la carpeta de la novela se llamaba, y se sigue llamando, “Hugo Correa”, pero cuando decidí que iba a presentarla a premio necesitaba un título y lo escogí la última tarde, casi al azar. Estaba releyendo la novela y me encontré con ese sintagma, “vienen mal dadas”. Las cartas, la suerte, el azar, los juegos de manos y el engaño son elementos recurrentes a la novela. Además tenía un aire canalla, así que lo escogí por poner algo, pensando que luego, si había suerte, en la editorial ya lo cambiarían. Pero en Roca pensaron que era bueno y lo dejaron, y me alegro porque varias personas me han dicho que les gusta el título e incluso que la han comprado por eso. Suerte de principiante.

 

-¿Tienes algo más escrito aparte de esto, aunque sea en el cajón de los escritos abandonados?

 

Uf, sí, muchas cosas. Tengo varios cuentos que no verán la luz porque vistos ahora, y lo digo como profesora de escritura, son infumables (pero, ey, estoy muy contenta de haberlos escrito porque me sirvieron para soltar la mano, así que, si me estáis leyendo y escribís: aunque creáis que es infumable sirve, sirve para aprender). Tengo dos novelas empezadas que me gustaría retomar en algún momento. Así, más recientes, tengo una novela de detectives infantil que tengo que retocar, una juvenil que habla de hackers y otra novela para adultos que me he propuesto terminar antes de que acabe el año.

 

-¿Cómo escribes? ¿Tienes una rutina horaria, prefieres mañana, noche, y cuánto tiempo?

En el prólogo de American Gods, Neil Gaiman dice esto, citando a Gene Wolf: “Uno no aprende a escribir novelas. Todo lo que aprende es a escribir la novela que está escribiendo”.

Creo que es totalmente cierto, al menos para mí. Vienen mal dadas la escribí en un momento de mi vida en el que tenía un trabajo estable: 40 horas semanales, y podía permitirme el lujo, o más bien el espacio mental, de levantarme todas las mañanas a las 5:30 y escribir hasta las 8. Así la escribí, en unos meses, dedicándole además algunos fines de semana y puentes. Ahora no puedo seguir la misma rutina porque, desde hace un par de años funciono más como autónoma y desde que me levanto mi cabeza está ocupada con trabajo-trabajo-trabajo, así que no puedo permitirme desconectar un par de horas y luego trabajar. Con la nueva novela lo que me funciona es bloquear días enteros: viernes-sábado-domingo, por ejemplo, y dedicarlos al completo a la novela.

Así que es eso, con cada proyecto cambia.

 

-Se nota que te gusta mucho el género y lo cierto es que nadie diría, tras leer tu libro, que es tu primera novela. ¿Cuáles han sido las influencias, tus novelas negras o escritores fetiche?

 

Tengo que confesar que soy bastante anárquica leyendo. He leído negra y me lo he pasado genial con Chandler, Hammett, Millar, Macdonald, Ellroy, Higgins, Simenon, Camilleri y toda esta gente, sí. También negra de aquí, Vázquez Montalbán, González Ledesma, Andreu Martín y más recientes Toni Hill, Carlos Zanón o Empar Fernández.

 

Pero no soy ninguna experta, ni de lejos, en novela negra y no es mi género fetiche. Leo lo que cae en las manos y me gusta. Una semana me encontrarás leyendo a Amélie Nothomb, la siguiente a Juan Marsé, otra una novela de vampiros, otra los cuentos de Grace Paley…

 

-¿Con qué música de fondo leerías tu libro?

 

La escribí sobre todo escuchando a Mark Lanegan, Nick Cave y PJ Harvey. Alegres, lo sé. A la banda sonora también le añadiría boleros y tangos, por Bosco y Eusebio. Además siempre me he imaginado a Correa como un gran fan de Bruce Springsteen. Me lo imagino solo, en un pequeño velero, cantando The River rumbo a las Américas.

 

-A lo largo de toda la novela se respira un miedo a la pobreza. A acabar convertido en un sintecho. ¿Es este el mundo que tenemos realmente? ¿Tu libro refleja la realidad social del momento actual?

 

No sé si refleja el mundo real, aunque la aporofobia está ahí claro. Aunque no era de ese miedo de lo que yo quería hablar en la novela, sino de lo que sucede cuando te lo han quitado todo. Mi generación, que es la de Ruth, se ha criado entre algodones, nuestra infancia fue en los 80 y los 90 y nuestros padres nos dieron todo lo que pudieron, nos ahogaron en juguetes, nos pagaron la carrera… Siempre esperando lo mejor de nosotros, “que fuéramos felices”. Y, al menos yo, crecí pensando que, si me esforzaba, podría tenerlo todo, fuera lo que fuera ese “todo”. Y el golpe de realidad de la crisis fue brutal. Con Ruth quería hablar de esto, de la parálisis que provoca el hecho de que una serie de circunstancias te dejen desnudo en la nieve. Y con los demás personajes quise ampliar un poco el abanico, porque no es solo a mi generación a la que ha golpeado (y está golpeando) la llamada crisis. Tampoco creo que fuera a nosotros a quien golpeó más duro, sino a gente más mayor, gente como la que sale en Vienen mal dadas.

 

-¿Al lado de qué novela negra te gustaría que estuviera la tuya en la biblioteca de los lectores?

 

Al lado de No llames a casa, de Carlos Zanón, si el lector me permite ese honor.

 

-¿Qué consejo darías a alguien que empieza a escribir?

 

Que lea mucho, y lea buscando los trucos de las novelas que le gustan, no solo con una mirada ingenua que busca el placer y la sorpresa. Que marque los libros: dónde está el punto de giro, dónde el autor ha plantado una pregunta, que guarde cada comparación o adjetivo que le guste. Que escriba todo lo que pueda y anote ideas y lea manuales sobre cómo escribir, sin pensar que tienen razón en todo. Que acepte que cuando empiezas no todo vale y si un editor ha echado para atrás tu primera-novela-de-1500-páginas-sobre-la-vida-de-tu-abuelo, quizás, solo quizás, tiene razón. Que aprenda a aceptar y a rebatir las críticas, a distinguir las constructivas de las idiotas, que encuentre un buen compañero de viaje, normalmente un profesional, para que le revise los textos. Que no crea que está haciendo un favor a la gente que le lee, sino que es al revés: la gente te hace un favor enorme por dedicar unas horas de su vida a leerte.

 

-¿Y ahora qué? ¿Tienes en mente escribir la siguiente?

 

Sí, estoy en ello, solo me queda escribir el final. La novela trata de una carterista, una mujer que roba en el metro y revienta pisos de turistas, pero que viste de Chanel y calza Louboutin. Esta mujer, Eva, acaba metida en problemas con las mafias de la ciudad y en unos temas de chantaje… Es un personaje muy diferente de Ruth, es arribista, amoral, sin problemas económicos, pero la novela sigue una estructura similar y, a los que les haya gustado Vienen mal dadas, les puede gustar también esta historia.

Publicado el

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, de Mark Yarm

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grungeEl pasado 18 de mayo la escena musical de Seattle perdió a una de las voces del rock más portentosas y que ha acompañado a toda una generación desde finales de la década de 1980. Chris Cornell ha sido la última víctima de una época que nos la han pintado gris, mugrienta, y que surgió de los suburbios de esta ciudad. Se suma de este modo a otros amigos y compañeros de aquella época como fueron Andy Wood, de Mother Love Bone, Kurt Cobain, de Nirvana o Layne Staley, de Alice in Chains. Y solo por mencionar a algunos de los más célebres, porque fueron muchos los que cayeron en el camino. A priori parece que la etiqueta de etapa triste y oscura no se la consigue quitar de encima, pero ante todo la escena cultural de Seattle fue una época de una creatividad sonora inusual. Porque Seattle fue mucho más que grupos de amigos que tocaban en sótanos, con actitud punk-rock o metaleros, enganchados a la heroína o la cerveza y cuyas letras denotaban una actitud pesimista y existencial ante la vida. De hecho, sus letras jugaban más con el humor negro. Seattle fue mucho más que camisas de franela y botas Doc Martens. Seattle fue mucho más que la cuna del grunge.

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, del periodista Mark Yarm, es el fruto de entrevistas con todos aquellos que germinaron la escena musical de Seattle, que hicieron que eclosionara y se convirtiera en el movimiento cultural más grande de su época. Desde su origen hasta los días finales del movimiento, aquellos que tan gráficamente ilustran mencionando un cartel de un escaparate de ropa en el que citaba: «REBAJAS DEL 70% EN CAMISAS DE FRANELA», cada uno de los miembros de aquella etapa, músicos, agentes de discográficas, promotores, roadies, periodistas, fotógrafos, narran sus vivencias en la ciudad de Seattle. Un reflejo fidedigno de la creatividad e imaginación de unos jóvenes que apostaron por una cultura novedosa que rompió moldes y arrasó el mundo entero.

Craso error resumir todo el movimiento de Seattle en cuatro bandas de rock multimillonarias y un disparo de escopeta en el 94. Por mi edad, la muerte de Cobain no me supuso en su momento un mazazo como a la gente de mi entorno que eran mayores que yo y seguían su música. La de Cornell, sin embargo, sí. Cuando salió la noticia de que se había ahorcado me surgieron un gran número de preguntas y entre ellas la de no haber llegado a conocer en profundidad sus orígenes, el porqué de ese despertar cultural y el cómo creció toda esa bola desde unas desmadradas fiestas adolescentes en un sótano y llegó a extenderse por todo el mundo. Este libro no es un libro más que cuenta anécdotas de rockeros de Seattle; este libro es la biblia de Seattle.

El título del libro pertenece a un verso de una canción de Mudhoney que cita: «Todo el mundo nos adora / Todo el mundo adora nuestra ciudad / por eso últimamente he pensado / que este es el momento de marchar». En esta letra se percibe el sentimiento de la juventud de esta ciudad. Lo suyo era crear música por el placer de hacerlo, en aquello que se convirtió o que algunos quisieron convertirla, no era su intención. Y es que de entrada ya dejan claro en el libro que, pese a tener como subtítulo Una historia oral del grunge, aquella palabra, grunge, por todas las connotaciones estéticas que tiene, no la quieren ni en pintura.

El modo elegido para narrar la historia desde sus inicios es sin duda la labor más interesante de este libro. Fragmentos de conversaciones con cada uno de los miembros de la época que le contaron al entrevistador sus impresiones acerca de todos los detalles más íntimos que formaron parte del legendario del grunge. Un trabajo duro de documentación muy bien enlazado en la que la lectura se convierte casi en una reunión con colegas contando batallas y recuerdos de su juventud. Todo con un tono irreverente, punk, muy en la línea de sus profundas personalidades.

A Bruce Pavitt, cofundador del sello discográfico Sub Pop que dio a conocer a los primeros grupos que surgieron en Seattle cuando apenas sabían tocar, se le podría aplicar aquella cita del poeta romano Virgilio que decía: «La fortuna sonríe a los audaces». Porque lo suyo fue una apuesta arriesgada en la que se vio al borde de la quiebra en más de una ocasión, pero que ha permitido que a día de hoy el mundo haya conocido a tal cantidad de bandas llenas de talento: Soundgarden, Green River, Mudhoney, Nirvana, TAD… En palabras de Chris Cornell:

«Recuerdo haberme encontrado a Bruce Pavitt a la salida de un concierto allá por 1988 y comentarle que de repente parecía haber una eclosión de talento en Seattle y que Sub Pop estaba lanzando cantidad de discos increíbles. Bruce me pasó un brazo por los hombros, con una curiosa expresión de seguridad en la mirada, y me dijo: Seattle va a conquistar el mundo».

Y, ¿no ha sido así?

Todo el mundo adora nuestra ciudad es un libro esencial para conocer en profundidad la atmósfera de Seattle, que estaba basada en la independencia, en el «hazlo tú mismo» y el afán por cuidar y proteger a toda la comunidad musical. Porque eso fue el grunge, una comunidad de amigos que quisieron hacer lo que más les gustaba y, sin darse cuenta, arrasaron más allá de su ciudad. Tras su lectura, muchos son los grupos que desconocía y ahora no dejo de escuchar; muchas son las anécdotas que me han hecho reírme y asombrarme por igual ante las extrañas situaciones en las que se vieron envueltos; las opiniones de Courtney Love y lo que de ella opinan los demás no tienen desperdicio;  la fragilidad, nobleza y actitud divertida de Andy Woody frente al tono ceñudo de los Soundgarden, la profesionalidad de Pearl Jam frente a las fiestas locas que organizaba Buzz Osborne, cantante de los Melvins, el grupo favorito de Cobain. Aunque nunca llegue a comprender en totalidad por qué Andy Wood, Kurt Cobain, Layne Staley o Chris Cornell terminaron así sus vidas, sí puedo decir que les conozco un poco mejor y me siento más agradecido por cuanto nos han regalado. Sí, definitivamente, adoro esta ciudad.

[product sku= 9788494458705 ]
Publicado el

Ennio Morricone. En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, de Alessandro De Rosa

en busca de aquel sonido

en busca de aquel sonidoMe encantan las bandas sonoras. De siempre. Son como una navaja suiza. Las puedes usar para todo. De pequeño me las ponía de fondo para estudiar y aislar el ruido del exterior y poder concentrarme. En el gimnasio me ayudan dando ese empujoncito en la espalda en los momentos en los que estoy a punto de tirar la toalla. Cuando limpias la casa o cocinas también hacen su labor. Hay una banda sonora para cada momento y cada momento tiene su banda sonora. Y hay bandas sonoras que no son otra cosa sino arte.

Si me hicieran una de esas preguntas chorras del tipo “¿cuál es tu compositor o banda sonora favorita”? no podría quedarme con uno. Me gusta el rompedor Hans Zimmer con sus innovadoras partituras para la trilogía del Batman de Nolan, e Inception (y la de Gladiator, por supuesto, aunque luego se plagie a sí mismo en Piratas del Caribe); el melódico Howard Shore con su excelente trilogía para la saga de Tolkien; las composiciones de Danny Elfman para Tim Burton (indispensable esa Pesadilla antes de Navidad); la alegre Fantastic Mr. Fox de Desplat; Elliot Goldenthal y su preciosa Entrevista con el vampiro; Clint Mansell y la hipnótica creación para The Fountain; Michael Giacchino y sus Increibles y la serie Lost… Por supuesto no se puede dejar de mencionar a John “vaca sagrada” Williams. Pero hay tantos y tantos que sería imposible enumerarlos.

Ahora bien. De entre todos, hay uno que destaca por encima de todos por derecho propio: Ennio Morricone. Todo un talento, un innovador y un gurú. ¿Quién no ha silbado alguna vez alguna de sus canciones de la trilogía del dólar? Seguro que conocéis a alguien que tiene o ha tenido esa musiquilla como tono de llamada. A decir verdad, yo las confundo cuando las oigo. No sé cuál pertenece a El bueno, el feo y el malo, cual es de La muerte tenía un precio y cuál de Por un puñado de dólares (pero mientras leía En busca de aquel sonido, las he localizado y escuchado para poder entender bien de lo que me hablaban en cada momento).

Morricone ha compuesto más de quinientas bandas sonoras, muchísimas de ellas están tan ligadas a la historia del cine y a nuestra cultura popular, que no concebimos esas películas sin su música. ¿Qué sería de Cinema Paradiso, por ejemplo, sin su sonido? ¿O de La misión? Cintas cuya música es inherente a ellas y de una belleza pocas veces conseguida en el terreno audiovisual. No serían las mismas. Incluso, como el propio Morricone dice, las escenas podrían hasta cambiar de significado según la música con la que se acompañaran las imágenes. ¿Recordáis la Amapola de Érase una vez en América? ¿O Los intocables y la escena del carrito cayendo por las escaleras? ¿O Los ocho odiosos y otras cintas (Malditos bastardos, Kill Bill)  en las que Tarantino ha cogido música ya creada por este genio? No serían películas tan grandes como lo son con el añadido de Morricone. Para nada.

Este libro es una biografía construida a base de conversaciones durante más de diez años entre Ennio y el compositor Alessandro De Rosa.

Este fue a una charla de Morricone y llegó cuando estaba a punto de acabar, pudiendo sólo oír la última pregunta:

–¿Qué piensa usted de los nuevos compositores?

–Depende, me mandan muchos cedés a casa, normalmente los escucho unos segundos y luego los tiro a la papelera.

De Rosa consiguió llegar hasta su ídolo para entregarle el cedé que llevaba, aunque al llegar a casa no confiaba que pasara nada más. Al día siguiente Morricone le llamó. Reconocía que tenía grandes dotes y que necesitaba encontrar un buen maestro; él no podía serlo pues no tenía tiempo.

Así empezó la relación entre los dos protagonistas de este libro.

Y en él descubriremos que Morricone primero quería ser médico y luego ajedrecista (una de sus grandes pasiones), pero que al ser su padre “trompista” (así se refiere el propio compositor), se vio obligado a dedicarse a la música:

“…más que de vocación, yo hablaría de adaptabilidad a la exigencia. El amor a mi trabajo fue llegando gradualmente.”

Conoceremos sus inicios como arreglista, sus comienzos en radio y televisión, sus trabajos como “negro” y, finalmente su salto al cine.

¿Cómo prepara Morricone sus composiciones? ¿Ve la película y toma notas o lee el guion, compone y modifica posteriormente? ¿Cómo se ha relacionado con directores de la talla de Bertolucci, Leone, Fellini, Eastwood, De Palma, Tornatore, Tarantino, Almodóvar, Oliver Stone? ¿Con cuál ha jugado más a ajedrez? ¿Qué opina de la música de hoy en día? ¿Qué es para él la música? ¿Cómo debe irrumpir en una determinada escena? ¿Por qué usar un instrumento y no otro? ¿Con qué directores se sentía más a gusto trabajando? ¿Cómo se siente cuando le rechazan algún trabajo o cuando ve que no han incluido alguna de sus creaciones en la película?

Un libro que permite un mayor acercamiento a la figura y pensamientos de este maestro entre maestros y que recomiendo leer con un ordenador cerca para localizar algunas de las canciones de las que se habla.

No puedo negar que en ocasiones la lectura de En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, en muchos momentos es complicada si no tienes, como es mi caso, conocimientos musicales de un nivel mayor que el de mero escuchante o aficionado, pues se dan frases (y la que cito ahora no es de las más complejas) en las que todo me parece chino:

“…enseguida me gustó la idea de un pedal de quinto grado que baja sobre una nota melódicamente “errada”, sobre el cuarto grado de la tonalidad en Mi mayor. Se creaba una disonancia entre el Si de la melodía y el La en bajo que sostenía, precisamente, un acorde en La mayor.”

Y repito, esta no es la frase más técnica.

No obstante, es un gran libro para conocer por dentro al hombre más allá del músico/mito y la carrera desde la nada hasta lo más alto de toda una institución musical que se levanta a las cuatro de la mañana para luchar contra la pereza y seguir trabajando en su amada música.

[product sku= 9788416665471 ]
Publicado el

Opiniones contundentes, de Vladimir Nabokov

Opiniones contundentes

Opiniones contundentesLeemos por placer, dicen algunos. Y supongo que es cierto. Ese tipo de lector que se siente tan feliz en compañía de familia, amigos o amante, que al final, desesperado, tiene que levantarse y salir de la habitación para coger un libro, abrirlo, dejar entrar un soplo de mal rollo en su vida y recordar que todo es vanidad, no es el tipo de lector que más abunda. Aunque, no os quepa duda, haberlos, haylos.

Existe otro tipo de lector. Este también lee por placer, por descontado, pero, a diferencia de aquéllos que buscan un autor al que tutear, un narrador con el que se identifiquen y unas aventuras o sueños cercanos a los suyos, este lector encuentra el placer en un autor distante, con el que no tenga nada en común y que le hable de asuntos que jamás hubiera considerado de su interés. Cuando nuestro lector encuentra a un autor así, se entrega a él en cuerpo y alma, ve transformado su concepto de la literatura y recibe de buen grado el majestuoso desdén de su nuevo amo y  señor.

Así que ya lo sabes: si a ti te gusta un autor con el que te puedas identificar, yo me enorgullezco de que Vladimir Nabokov me llame ignorante. Y lo hace a las primeras de cambio:

Sólo cierto tipo de personas ignorantes mueven los labios al leer o reflexionar.

¡Y yo que pensaba que, al contrario, me hacía parecer más inteligente! Pero servidor es sólo el primero de los títeres que nuestro genial autor decapita. Aquí no se libra nadie. Vayamos por pasos.

Opiniones contundentes tiene un título sobradamente explícito, aunque habría que señalar que falta la palabra “razonadas”. Porque para opiniones contundentes, las mías (y si no, que se lo pregunten a mis enemigos de facebook), pero saber defender esas opiniones con argumentos y elegancia, ah, ahí ya no llego yo.

El libro consta, en su primera parte, de una serie de entrevistas concedidas por el autor, a lo largo de diez años (de 1962 a 1972), a medios tan diversos como Time, la BBC, la Radio Suiza, Vogue o Playboy. En estas entrevistas disfrutamos de la primera gran, enorme, virtud de Nabokov: su falta de espontaneidad. Así, a diferencia de tanto pánfilo que responde a una pregunta estúpida con la primera sandez que le viene a la cabeza, Nabokov siempre exigía que le entregaran las preguntas con anterioridad, para así poder preparar con tiempo suficiente la respuesta de aquéllas que se dignara responder. Naturalmente, dichas entrevistas son un auténtico deleite para el lector. Y en ellas, el bueno de Vladimir se despacha a gusto.

Entre sus fobias no literarias destacan “el jazz, el cretino de medias blancas que tortura a un toro negro (…); el bric-à-brac de los abstractos; las máscaras rituales primitivas; las escuelas progresistas; la música en los supermercados; las piscinas; los brutos, los pesados, los filisteos con conciencia de clase; Freud, Marx o los falsos pensadores”, entre otros.

Huelga decir que nuestro amigo rechazaba el encasillamiento en un grupo o movimiento literario. La literatura, en opinión de Nabokov, no conoce corrientes, grupos ni generaciones. Sólo existe el artista y su obra. Despreciaba la impostura, la pomposidad, las grandes ideas, las novelas repletas de símbolos y, sobre todo, la literatura con una función social. Califica como necia la Muerte en Venecia, de Thomas Mann; El doctor Zhivago, melodramática y mal escrita; y define las novelas de Faulkner como “crónicas con barbas de maíz”. Se ríe de esos autores que afirman que, al escribir, uno de sus personajes se apodera de ellos y les dicta el curso de la acción. !Qué experiencia tan absurda”; observa, para añadir que, en su relación con sus personajes, él es “un perfecto dictador dentro de ese mundo privado”. Es decir, mi libro lo escribo yo con mi mente, mi mano y mi lápiz. Patochadas pseudorománticas, no por favor.

Después de las entrevistas vienen las cartas hundidoras, que el autor escribía a los medios cada vez que sentía que no podía dejarse sin respuesta la última necedad del criticastro de turno. Nos dice Nabokov que él podía aceptar todo tipo de críticas, pero no toleraba que nadie pusiera en cuestión su erudición. Como veis, aquí no hay falsa modestia. Y si la réplica que dispara requiere que el autor se enemiste con un antiguo amigo, pues todo sea por el bien del arte y la verdad.

La tercera parte de Opiniones contundentes consta de una serie de artículos que abarcan desde su obra más conocida, Lolita, o la poesía de Jodásievich hasta su primera gran pasión, por encima incluso de la literatura: las mariposas.

Nabokov no sería hoy un personaje querido por los medios. La despiadada crítica a la estupidez, la fatuidad, los lugares comunes, la tradición académica establecida, y en fin, todo  intento de diluir el pensamiento del artista en el intragable potaje de las corrientes, los movimientos, las “Declaraciones”, los manifiestos y la voz del pueblo harían de él una persona no ya incómoda, sino odiada. Por eso, por sus novelas, por esta joya tan contundente y por llamarme ignorante, siento por él admiración infinita.

 

[product sku= 9788433964144 ]
Publicado el

Entrevista a Rosario Villajos, autora de ‘Face’

Rosario Villajos

Rosario Villajos«Rosario Villajos (1978-eternidad) nació en España, donde dedicó su infancia exclusivamente a dibujar y ver películas. En 2011 se marcha a Londres, siguiendo su pasión por el cine. Consigue trabajar un tiempo en la industria cinematográfica como fotógrafa y diseñando carteles. Después de dar muchas vueltas, Rosario decide madurar (un poco) y encuentra un trabajo fabuloso en el mundo digital, que le permitirá tener tiempo libre para crear su primera novela gráfica: Face».

Esta es la carta de presentación de Rosario Villajos, pero en Libros y Literatura hemos querido entrevistarla para conocerla mejor a ella y a su primera novela gráfica. Aquí tenéis el resultado:

 1. El aspecto más llamativo de tu obra es que su protagonista no tiene rostro. ¿Esa idea la tuviste clara desde el principio o fue la mejor manera que encontraste para contar la historia que tenías en mente?

Ni siquiera era la idea original que tenía en mente. La historia iba de una chica que quería hacer un viaje, nada que ver. Quería dibujarla de una manera que se pareciera a mí, porque era una metáfora del momento vital que estaba teniendo en aquellos días. Cuando iba a dibujarla borré tantas veces su cara que me di por vencida y dije: “No tiene cara y punto”. Intenté avanzar con esta historia, pero el hecho de no tener cara se comió todo lo demás y quise comenzar de cero. De todas formas, era un hobby, lo hacía para mí. Al final, creo, ha salido algo mucho más sincero y abierto.

2. Das las gracias a Londres por haberte traído hasta aquí. ¿Habrías escrito Face si nunca hubieras vivido en Londres?

Jamás. Primero, porque la pensé y escribí en inglés, lo que tú has leído es una versión traducida como buenamente he podido, y segundo, porque tiene que ver con cosas que pasan aquí. Por ejemplo, nunca he visto a una chica en España maquillarse en el metro, o tampoco he tenido que escribir un perfil sobre mí para encontrar habitación allí. Son cosas que pasan en Londres. Irte a un país donde no entiendes a la gente, no solo por su lengua, es algo muy grande; aprendes a escuchar y sobre todo a observar. Creo que todo el mundo debería salir de su país, al menos por un tiempo.

3. La cita inicial de Face es de La metamorfosis, de Kafka, ¿es una obra que te haya inspirado?, ¿ves paralelismos entre el peculiar aspecto de tu protagonista, una mujer sin rostro, y Gregor Samsa, un hombre convertido en un monstruoso insecto?

La Metamorfosis ha inspirado toda mi vida en general, al igual que cualquier libro de Italo Calvino o Borges, pero te voy a ser sincera: cuando terminé Face, un amigo la envió a alguien que había tenido experiencia en el mundo editorial del cómic de superhéroes para que me diera algún tipo de consejo. Su respuesta fue que si no tenía cara, ¿cómo hacía para comer, ver o hablar? Me quedé como si alguien que trabaja en Google me pregunta “qué es internet” y me pregunté si a Kafka le hicieron la misma pregunta cuando quiso publicar La Metamorfosis, así que opté por usar la cita para dar cierto contexto de lo que estaban a punto de leer.

4. En la contraportada de Face pone que su protagonista lucha por ser «normal»: ¿qué es ser «normal» en la sociedad de hoy? ¿Es necesario ser «normal» para ser feliz?

Ser normal para mí es tener la capacidad de fingir que lo eres. Hay gente que finge mejor que otra. Algunos fingen tanto y tan bien que llegan a ser normales de forma natural. A estas personas, seguramente, no les gustará este libro.

No tengo ni idea de qué es ser feliz ni si se necesita ser normal para serlo. Yo no aspiro a la felicidad, por ejemplo, yo aspiro a estar en calma, que no es poco. Bueno, también aspiro a tomar un buen café por la mañana y un buen vino por la noche: “lo normal”.

5. ¿Consideras que Face es fruto de la sociedad actual, tan obsesionada con la imagen, o que podría existir en cualquier otra época?

No he vivido en otra época que no sea esta, así que no puedo contestar adecuadamente. Solo sé que, si me doy una vuelta por la National Gallery, me voy a encontrar cuadros de mujeres desnudas con posturas imposibles que están hechas para el espectador, igual que cualquier anuncio de perfume de hoy día. El mundo lleva obsesionado con la imagen, especialmente con la de la mujer, desde hace siglos. Por otro lado, he leído que cuando eres mujer y pasas los cuarenta, te vuelves invisible; me queda poco para averiguarlo.

6. ¿Qué es más difícil en el mundo de hoy en día: conocer a los demás o conocerse uno mismo?

Hablo por mí, obviamente. En mi caso, idealizo y des-idealizo a la gente con mucha facilidad. Y tengo que decir que me ocurre exactamente igual conmigo misma: hay días en los que creo que me voy a comer el mundo y otros en los que no sé ni para qué me he levantado de la cama. Da la casualidad de que esos estados ocurren más o menos en la misma época del mes o más intensamente en cierta época del año y, sin embargo, aun conviviendo conmigo desde hace tanto tiempo, nunca dejo de sorprenderme. Supongo que no soy la única que tiene esta sensación de estar en una montaña rusa cuando está frente al espejo.

7. ¿Crees que la novela gráfica está viviendo un buen momento o todavía no se le presta la atención que se merece?

No sé qué decirte, nunca me he parado a averiguar si la gente las lee. Ni siquiera tengo clara la diferencia entre cómic y novela gráfica. A veces creo que es una nueva forma de llamar al tebeo o a la historieta para darle una categoría más cercana a la literatura, y en la mayoría de los casos creo que no la tiene. En mi opinión, está más cercana al cine. Tal vez sea un híbrido entre cine y literatura, se podría decir así. Sí que puedo decir que para mí hay novelistas gráficos capaces de decir más con 6 viñetas que un escritor consagrado en toda su vida literaria.

8. ¿Qué novelas gráficas recomendarías a todos aquellos que aún tienen reticencias con este tipo de literatura, para que cambien de opinión?

Pues partiría de lo anterior: no es literatura, es otra experiencia entre la literatura y el cine. Después les pediría que le dieran una oportunidad a cosas como Killing and Dying, de Adrian Tomine, Panther de Brecht Evens o Becoming Unbecoming, de Una. De todas formas, creo que la novela gráfica tiene ese lenguaje entre el cine y la literatura para el que no todo el mundo está entrenado. Hay gente que no disfruta mucho del cine y hay gente que estudia para entender el arte, como también la hay que nace entendiéndolo y haciéndolo. En mi caso, pienso que sigo sin entender nada que no salga de una película o un libro, y si el libro tiene dibujos, casi mejor.

9. ¿Tienes previstos nuevos proyectos literarios? ¿Nos puedes avanzar algo?

Me encantaría dibujar con más recursos y más rápido porque tengo varias ideas deseando salir de los voice memos y de los post-its. Ahora estoy empezando con una en la que la gente sí tiene cara. Te podría avanzar algo más, pero temo que ocurra como con Face y acabe siendo una cosa totalmente distinta.

Publicado el

La vuelta al mundo en 80 autores, de Xavi Ayén

La vuelta al mundo en 80 autores

La vuelta al mundo en 80 autores«Este libro es un canon de la mejor literatura de nuestro tiempo, a través de la voz de sus creadores». No le falta razón a esta primera frase de la sinopsis. Y es que nos llega de la mano de Xavi Ayén y Libros de Vanguardia (La Vanguardia Ediciones) la posibilidad de citarnos con los mejores escritores de nuestro tiempo en La vuelta al mundo en 80 autores. Ayén, al cual presentan como uno de los periodistas literarios más importantes del país y que muchos conoceremos por su extensa carrera profesional en La Vanguardia, nos trae aquí sus encuentros con la gran mayoría de los nombres que copan nuestras estanterías: Isabel Allende, Paul Auster, Ken Follet, Carlos Fuentes, Michel Houellebecq, Karl Ove Knausgard, Javier Marías, Juan Marsé, Patrick Modiano, Haruki Murakami, Philip Roth, Enrique Vila-Matas o Gao Xingjian. Y así hasta 80.

Organizado por fecha de nacimiento, empezamos con el egipcio Naguib Mahfuz, nacido en 1911, y acabamos com Zadie Smith, nacida en 1975. Entre estos dos nombres, 78 más que le hablarán a Xavi Ayén de sus vidas como escritores, como personas, de sus libros publicados y los que están publicar pero, sobre todo, que le hablarán de la vida vista a través de los ojos del que escribe. Ayén vuelca aquí sus conversaciones mantenidas a lo largo de estos años con tantos y tantos autores e inmortaliza sus confesiones, anécdotas, opiniones y reflexiones acerca de todo lo que envuelve al libro y a su creador. No son conversaciones realizadas expresamente para el libro sino que es un recogida de todas las que ha tenido el periodista con los escritores. Quizás debería mejor usar en este reseña la palabra autores en vez de escritores ya que por ejemplo nos encontramos al director de ópera Daniel Barenboim o al famoso ajedrecista Garry Kasparov, aunque ambos también como artífices de algún que otro libro sobre su campo.

Xavi Ayén nos desplaza en el tiempo – ya que conversamos en vida con autores como García Márquez, Saramago, Matute, Umberto Eco o Doris Lessing – y también en el espacio, viajando con él a lugares incómodos tanto para escritor como para periodista como es la Abeokuta (Nigeria) de Wole Soyinka, El Cairo de Naguib Mahfuz o el Estambul de Orhan Pamuk; y otros no tan incómodos como el Estocolmo de Steig Larsson, la casa de México de Elena Poniatowska o el apartamento en Manhattan de Toni Morrison. Algunas de las conversaciones son entrevistas puras y otras son la experiencia dejada tras una jornada, o varias, con el escritor; algunas ocupan un par de páginas y otras se pueden acercar a la decena; algunas te empapan del autor y otras te dejan el sabor en la boca de ser una simple excusa de promoción. En poco más de 500 páginas recorremos el mundo a través de las voces, algunas comprometidas y otras no, que llenaron o que llenan las hojas en blanco con tinta hipnotizante. Paseamos por la novela, pero también por el ensayo, la crónica, la poesía, el cuento: paseamos por la Literatura.

Siempre he creído que uno de las características mágicas que tienen los libros es la de inmortalizar a sus autores, y estas líneas lo demuestran. ¿Qué diferencia hay entre la conversación con Günter Grass y la mantenida con Vargas Llosa? ¿Quién está vivo y quién no? ¿Qué importa eso? Nada importa en la edad cuando se habla de literatura porque en ella el tiempo no pasa. El tiempo en los libros se para cuando se cierran y vuelve a reanudarse, siempre vigente y en eterno retorno, cuando unos ojos curiosos los vuelven a abrir. Es eso, la curiosidad, lo que hace falta para adentrarse en La vuelta al mundo en 80 autores. ¿La sientes?

[product sku= 9788416372317 ]
Publicado el

Entrevista a Ruta Sepetys, autora de “Lágrimas en el mar”

Ruta Sepetys

Ruta SepetysCon una exitosa carrera como productora musical a sus espaldas, Ruta Sepetys se lanzó al mundo editorial en 2011 con su primera novela, Entre tonos de gris, inspirada por la historia de su padre, un emigrante lituano cuya familia fue víctima del genocidio estalinista. Fue todo un éxito con más de 600.000 ejemplares vendidos, y dos años después publicó, El color de los sueños, ambientada en el Nueva Orleans de los años cincuenta. Lágrimas en el mar (publicada recientemente por Maeva), es su tercer proyecto y, según la propia autora, el más ambicioso. En él cuenta la historia del Wilhelm Gustloff, un trasatlántico que se construyó por orden de Hitler como crucero de recreo para controlar el ocio de las clases obreras alemanas y, que durante la Segunda Guerra Mundial, fue reconvertido en buque hospital para atender a los soldados heridos, hasta que en 1945 inició su última misión: evacuar a miles de refugiados que huían del asedio de los Aliados. Ruta Sepetys, la autora de los episodios ocultos de la Historia, responde a las preguntas de Libros y Literatura.

1. En la contraportada del libro se pregunta qué es lo que determina la forma en la que la historia y el legado de una cultura se preservan y se recuerdan. ¿Ha hallado respuesta a esta duda? ¿Por qué cree que el hundimiento del Wilhelm Gustloff ha sido relegado al olvido a pesar de ser la mayor tragedia marítima de la historia?
Los alemanes me contaron que después de la Segunda Guerra Mundial no veían apropiado posicionarse ellos mismos como víctimas y eso contribuyó a que esta historia se mantuviera oculta.
2. Los personajes de esta novela proceden de distintas nacionalidades y situaciones y, por tanto, tienen puntos de vista diferentes. ¿Ha sido muy complicado contar la historia desde cuatro enfoques tan distintos?
Fue muy difícil. Pero no fue por la parte cultural sino por crear una voz única para cada uno de estos personajes porque no quería que el lector los confundiera y siempre supiera en qué cabeza estaba. Entonces lo más difícil fue conseguir dar una voz única a cada uno de ellos.
3. ¿Y ponerse en la piel de Alfred, un soldado nazi, teniendo además en cuenta la historia de su familia?
Alfred no tiene compasión ni sentido de la empatía. Para crear su personaje, investigue al Adolf Hitler adolescente. Para escribir sus capítulos tuve que imaginar a una persona constantemente perseguida por el miedo.
4. Al narrar sucesos históricos como el del Wilhelm Gustloff, del que además no existe demasiada información, hay que realizar un gran trabajo de documentación. ¿Cuánto tiempo le ha llevado este proceso y qué parte considera que es la más difícil?
Me llevó más de tres años investigar y escribir el libro. Una de las dificultades al escribirlo fue contar la historia alternando el punto de vista de cuatro personajes diferentes. Fue un desafío asegurarse de que cada voz era distinta y única.
5. Su libro, con las historias de estos personajes que huyen de la guerra buscando una oportunidad, la libertad, llega en un momento en el que desgraciadamente el drama de los refugiados ha alcanzado un punto crítico. ¿Pretendía mandar algún mensaje en particular con su obra respecto a este tema?
Comencé a escribir el libro en 2012, varios años antes de la actual crisis de refugiados. Mi interés por ellos proviene del hecho de que mi padre es un refugiado y pasó nueve años en los campos de refugiados.
6. Todos los libros que ha escrito hasta ahora pertenecen al género histórico y van dirigidos a un público juvenil, ¿cuál es la razón? ¿Se ve escribiendo otro género o dirigiéndose a otro público?
Es un honor escribir para los lectores jóvenes. Son muy astutos. Exigen autenticidad y precisión, probablemente incluso más que los lectores adultos. Me siento muy afortunada de escribir libros que son leídos tanto por lectores jóvenes como por adultos y espero seguir escribiendo este tipo de novelas “crossover” (libros que consiguen vencer las barreras de la edad y son leídos por jóvenes y adultos).
7. Además de escritora es productora musical y ha alcanzado el éxito en ambos oficios. ¿Es difícil compaginar dos profesiones tan distintas?
Definitivamente hay puntos en común entre mis carreras en la música y en la escritura. El ritmo y la melodía son uno de ellos. Después de pasar más de veinte años con compositores, aprendí cómo el ritmo y la melodía son poderosos en cualquier proyecto creativo. El ritmo y la melodía hacen una frase memorable. Tengo esto en mente mientras escribo y leo mi trabajo en voz alta para escuchar cómo fluye. La música y la escritura trabajan juntas de manera natural.
8. Si tuviera que ponerle banda sonora a “Lágrimas en el mar”, ¿cuál sería?
La banda sonora sería triste, tal vez solo piano y violín
9. ¿Qué lee Ruta Sepetys en su tiempo libre y a quién admira?
Me encanta leer biografías y memorias. También disfruto con las historias cortas. Admiro la obra de Rainer Maria Rilke.
10. Tengo entendido que es una apasionada de los episodios ocultos de la Historia y, por eso, no puedo finalizar esta entrevista sin preguntarle: ¿ha elegido el próximo suceso con el que nos sorprenderá?, ¿puede adelantarnos algo sobre él?
¡Sí! Estoy trabajando en una nueva novela. La historia se sitúa en la década de 1950 en Madrid, durante la dictadura franquista.

 

Publicado el

Esto no es Hawaii, de Jesús Ordovás

Esto no es Hawaii

Esto no es HawaiiUna de las cosas que siempre me han impresionado más de los libros es la capacidad que estos tienen para revelarte cosas que hasta ese momento creías distintas o incompletas. Solemos llenarnos de conocimientos parciales y pocas veces profundizamos en alguno de estos. Sabemos un poco de todo pero no sabemos mucho de algo. Y un claro ejemplo soy yo. Me encanta la música en español, soy un ferviente seguidor tanto de nuevos grupos como de bandas y cantantes ya consolidados y vivo pegado a mis auriculares. Y hasta hace unos días creía que podía defenderme si alguien me preguntaba sobre la movida madrileña. Hoy, gracias a Esto no es Hawaii, no es que pueda defenderme, es que incluso puedo atacar. Y gracias a un libro, el que cuenta «la historia oculta de la movida», de Efe Eme.

Esto no es Hawaii es como una biblia de la movida madrileña. En este libro, Jesus Ordovás, periodista musical y creador del programa ‘Diario Pop’ de Radio3 (con la sección ‘Esto no es Hawaii’ encabezada por la canción homónima de Loquillo y Los Trogloditas), nos ofrece una mezcla de recuerdos personales mezclados con las entrevistas que él mismo hizo en esos años a todas las bandas que despuntaban. Hablo de despuntaban pero debo decir que si lo hacían era en gran parte gracias a Ordovás. Y es que él era quien descubría a todos estos grupos nuevos y los mostraba al público a través de su programa. Loquillo y Los Trogloditas, Kaka de Luxe (con Alaska, Carlos Berlanga, Nacho Canut, «El Zurdo», Manolo Campoamor y Enrique Sierra), Nacha Pop, Radio Futura, Tequila, El último de la fila, Almodóvar y McNamara o Siniestro Total son algunos de los grupos que pasaban día tras día por un programa recalado al horario nocturno pero que cada vez escuchaban más jóvenes, hasta el punto de llegar a ser uno de los programas radiofónicos favoritos por estos.

Ordovás lo ha vivido todo, desde el inicio de lo que se llamó el «Rrollo» (con Burning a la cabeza), pasando por lo que él mismo etiquetó como la «Movida», hasta el momento de ver a los grupos de la época entrar a tocar en televisión. Pero a lo largo de ese trayecto – que se puede realizar en el libro – no todo ha sido un camino de rosas para el periodista musical. Y es que gracias a esta obra, en la que podemos disfrutar de amplias e inéditas –muchas de ellas – entrevistas a personajes ilustres del momento como Alaska, Almodóvar, Ariel Rot, Carlos Berlanga, Ramoncín, Manolo García o Loquillo – entre otros –, también descubrimos la cara oculta de un negocio con el que muchos vieron la forma de lucrarse sin ningún tipo de miramiento. Ordovás nos cuenta cómo tuvo que sufrir las presiones de los altos directivos de RNE cuando estos querían que dejase ya de promover nuevas bandas y centrarse en lo comercial, y nos ofrece a través de otras voces los entresijos de los contratos discográficos del momento, firmados por bandas de chavales inocentes sin conocimientos empresariales ni legales que lo único que querían era tocar y que poco tiempo después, tras su éxito, vieron que gran parte de lo conseguido pertenecía a su discográfica.

Esto no es Hawaii nos muestra, tal y como el propio nombre indica, que aunque la movida madrileña parezca una época de fiesta sin fin, de orgía musical diaria, un paraíso, también tuvo sus contras, como pueden ser esos malvados contratos, el afán de lucro por parte de empresarios o el poder de atracción de una Muerte disfrazada de droga. Pero a la vez puede verse el libro como un canto a la pasión profesional por parte de un amante de la música que lo único que ha buscado hacer en su vida es dar alimento al género musical en forma de nuevos talentos. Ordovás nos muestra que hay muchos que “triunfaron” profesionalmente en su mundo periodístico mediante falsedades, mentiras y daños. Pero también nos enseña, aunque no lo haya querido hacer conscientemente, que el que de verdad ha triunfado – esta vez sin comillas – es él. Por el amor que todas las bandas y sus componentes demuestran en este libro hacia su labor realizada, por la pasión que transmiten sus palabras, por las vivencias y anécdotas que nadie le podrá quitar. Eso debe de ser el éxito. O, como leí alguna vez, el éxito tiene que ser irse a la cama cada noche y poder dormir tranquilo. Y estoy seguro de que Ordovás lo ha conseguido.

[product sku= 9788495749130 ]
Publicado el

Entrevista a José Luis Fernández Juan, autor de “Pinceladas de Harmonía”

José Luis Fernández Juan

José Luis Fernández JuanCuando las ganas de enseñar y las de escribir se aúnan en una mente brillante, nacen cosas fascinantes. Estas inquietudes inundaron la cabeza de José Luis Fernández Juan y como resultado vio publicada su obra, Pinceladas de Harmonía. Este profesor y escritor valenciano puso lo mejor de sí mismo en el interior de un libro que pretende hacer llegar a todos los colegios de España. Pinceladas es una obra con gran contenido lingüístico que da mucho juego a la hora de realizar un análisis, tanto sintáctico como semántico.

En Libros y Literatura hemos querido entrevistarnos con él para poder conocerle a él y a su proyecto con más profundidad. Aquí está el resultado:

1. ¿Cuál fue el desencadenante para que te decidieras a escribir Pinceladas de Harmonía? ¿Cuál fue tu motivación y cuáles tus objetivos?

El incidente detonador fue la escucha, una mañana de verano, de la canción de John Lennon Number 9 dream. No sé por qué, pero de inmediato me hechizó su atmósfera. El onirismo de la letra y de la música me cautivó arcádicamente y me animó a componer algunos versos jugando con el virtuosismo de las palabras y sus fragmentaciones.

En aquel verano mis ratos de ocio los empleaba en escribir monólogos de humor; así que la conexión vino de la mano: ¡humor + surrealismo! A partir de este punto, comienzo a tomarme muy en serio la opción de escribir un libro.

De escribir apenas unas líneas pasé a un capítulo y de un capítulo pasé a esbozar prácticamente lo que sería la arquitectura básica de lo que acabó siendo Pinceladas de Harmonía.

Me motivaba sobremanera construir frases a partir de un modo de percepción alternativo. Esta línea de recorrido surrealista y divertido la iba embelleciendo con reflexión y conceptismo.  Con estos 4 rasgos básicos vertebré el estilo literario de la novela.

No me marqué ningún objetivo concreto al escribir; simplemente me dejé llevar por el fluir azaroso de la ideas buscando la sutileza y la levedad de las frases e ideas. La obra tiene todos los niveles de lectura que te puedas imaginar. El lector puede elegir el que más le guste.

2. Tu novela está dirigida a un público joven, ¿qué leías tú cuando eras adolescente? ¿Te gustaban los libros que te mandaban leer en el colegio o eras más bien un alma libre?

Leía a Jardiel Poncela y a Ramón Gómez de la Serna. Me resultaban absolutamente originales y transgresores. Su ironía a la hora de interpretar la sociedad me ayudó a entender la vida de una forma más inteligente y saludable. Por supuesto, la semilla de estos dos referentes germina en Pinceladas de Harmonía.

De los libros que leí en el colegio el que más me marcó fue La Metamorfosis de Kafka. De este genio me gustó amén de su ironía, la habilidad a la hora de combinar de forma espontánea la realidad y el sueño. Por supuesto, la influencia de Kafka se evidencia en Pinceladas ¡Cómo no!

Posteriormente, cuando cursé Filología descubrí a Góngora, Quevedo, Cervantes, Darío, Cortázar o García Márquez. Sus constantes juegos de pensamientos y asociaciones me sedujeron de inmediato. Obviamente, su influjo también vuela por las páginas de Pinceladas de Harmonía.

El poso que me dejaron estos clásicos me ha servido enormemente a la hora de configurar ese estilo tan peculiar que tiene Pinceladas de Harmonía. Nadie puede evadirse de las influencias de la gente que te “marca”. Indirectamente, ellos han diseñado mi método de estilo como medio y como fin.

3. ¿Qué sueles leer en tu tiempo libre? ¿Cuál es tu obra predilecta, esa que sueles recomendar cuando alguien te dice que no sabe qué leer?

Desde que a Bob Dylan le concedieron el Nobel de literatura me ha dado por escuchar canciones y fijarme minuciosamente en las letras. Al contrario de lo que siempre se ha pensado, la literatura no es propiedad privada de los escritores de libros. Hay músicos que son auténticos poetas y como tales hemos de valorarlos. Ahora estoy revisando canciones de grupos españoles de los 80 y estoy descubriendo letras que perfectamente entroncarían en la atmósfera de Harmonía; a saber: La rebelión de los electrodomésticos de Alaska y los Pegamoides, A través del Sol  de Trastos, Viaje por países pequeños de Poch, Gamaglobulina de Los Nikis, Ivonne de Radio Futura, A tu lado de Secretos… ¡Me encantan las canciones de los grupos españoles de la primera mitad de los 80! El atractivo de los enfoques parciales, los elementos inconscientes y las dislocaciones sintácticas de sus letras pueden ser una plataforma de enganche para la gente a la que no le guste leer. ¡Vale, no te gusta la lectura! ¡No pasa nada! ¡Escucha canciones! ¡Dylan, Cohen, Lennon, Cabrel, Serrat, Sabina! A los que no les guste leer les recomendaría que se fijasen detenidamente en las letras de sus canciones, en la curiosidad de sus conceptos y en sus andaduras rítmicas. Enseguida entenderían que se puede construir una idea de verdad a partir del lenguaje musical y de sus imágenes. Y esto les puede seducir en los ratos de ocio. De ahí a la lectura de un libro ya no hay ninguna distancia.

A los que sí les gusta abandonarse al acto placentero de la lectura les recomendaría cualquier texto de cualquiera de los escritores (que tanto me han influido) que te he citado con anterioridad.

4. ¿Crees que los jóvenes de hoy en día leen más o menos que antes? ¿Qué harías tú para fomentar la lectura?

Actualmente los jóvenes leen más que nunca. Puede que no lean libros de papel, pero sí leen profusamente por internet y dispositivos móviles (blogs, reseñas, mensajes, tutoriales, noticias…). Resulta obvio que prefieren lo digital al papel. Leen todo tipo de información, pero ha de ser audio-visual. Consumen textos inmediatos, rápidos y de corto formato.

Lo que nosotros hemos de hacer es adaptarnos a sus prácticas lectoras emocionales y funcionales. Tenemos que inventar modos de aproximación respetando sus gustos. Sus tres temas favoritos son el amor, misterio y humor. Pinceladas de Harmonía tiene estos tres condimentos y consta de diecisiete capítulos cortos; por tanto, se aproxima bastante a sus gustos mayoritarios. Por eso les gusta. Si somos capaces de crear nuevas estrategias adaptándonos a su realidad conseguiremos que en un futuro no muy lejano se interesen por obras de más calado literario (y de papel). Lo que nunca hay que hacer es imponerles una lectura “contra natura”. Si cometemos este error, acabarán odiando un hábito que siempre tiene que resultar placentero.

5. Si fueras uno de tus personajes de Pinceladas de Harmonía, ¿cuál te gustaría ser?

Me resulta imposible elegir a uno porque los quiero a todos por igual. Si tuviera que elegir un personaje, tendría que inventarme uno que tuviera las habilidades culinarias de Lisardo y Lucía, la cabeza amueblada de Atenógenes, los pies de Druso, la ambivalencia de Teodoro, la perseverancia de Yalinka, la imaginación de la familia Léxica, la educación de Anivderaleva, la serenidad de Enzia y Paz, las dotes canoras de Petronilo, la locuacidad de Daristóbulo, la frescura de Lorelei, la originalidad de Cloe…

Pero el libro ya está escrito y este personaje inventado no aparece…

Me gustan todos los personajes y me gustan como son. La felicidad en Harmonía se basa en el factor diferencial de cada habitante. Esta realidad enriquece a todos; todos aprenden de todos. En Harmonía es un privilegio contar con gente tan dispar; lejos de crear tensión, crea imantación. Así que como no puedo ser todos en uno, me gustaría ser cada día uno. Sería lo ideal. Disfrutaría lo que no está escrito.

6. ¿Cuándo prefieres escribir, de día o de noche?

Escribo no cuando prefiero sino cuando puedo. Ejerzo de profesor y mientras estoy educando no dispongo de mucho tiempo de inspiración. La calidad de tiempo me la traen los períodos vacacionales y algún fin de semana. Intento aprovechar al máximo estas escalas temporales. Cuando disfruto de ellas, las grandes ideas me vienen de madrugada. Inmediatamente las apunto y las dejo reposar. Al día siguiente por la mañana con tranquilidad las trabajo y las desarrollo. Por la tarde las ordeno, las pongo a punto y las apunto en limpio. De noche, básicamente duermo… hasta que me viene una gran idea.

7. ¿Nos confiesas algún vicio o hábito extravagante que tengas a la hora de escribir?

Te voy a confesar un hábito que no sé si es muy extravagante pero que te va a sorprender ¡Primicia para “Libros y Literatura”! Las ideas y su desarrollo no las escribo directamente en el ordenador. Las escribo a bolígrafo en un papel. Estos papeles lo nutro de tachones, rectificaciones y chafarrinones varios que al final de la jornada acaban configurándoles un aspecto absolutamente barroco.  Solamente cuando tengo los textos totalmente perfilados y elaborados los paso a limpio al ordenador. A estos papeles barrocos (que llegan a ser innumerables) yo los denomino “papeles de arte y ensayo” y en alguna ocasión he llegado a utilizarlos en alguna performance. El valor artístico radica en la pericia formal de dotarlo de sentido unitario.

8. Otra pregunta comprometida, ¿te han recomendado alguna vez un libro insistentemente y no has sido capaz de terminarlo porque era horrible?

Parto de la base de la trascendencia de la subjetividad como vehículo de conocimiento y enjuiciamiento. Constantemente me recomiendan lecturas de libros. Valoro al buen escritor y entiendo que casi todos los libros te pueden llegar a aportar algo. La valoración final dependerá del momento y de lo que busques cuando te enfrentas a su lectura. Cuando empiezo a leer e intuyo que no me va a estimular, sencillamente no sigo. Si lo encuentro previsible, hostil, chocarrero o tópico, aparco su lectura pero sin enjuiciarlo ni tildarlo despectivamente.

9. ¿Cuál ha sido el sitio más extraño en el que te ha llegado la inspiración?

Los lugares más extraños que me dan inspiración siempre son enclaves espaciales creados dentro de mis propios sueños: castillos de burbujas, playas de gominola, nubes de aguacate, parques de espumillón, túneles de frambuesa. Desde estos sitios intento ir  más allá  para captar la energía de sus imágenes. El potencial de la percepción me resulta absolutamente sugerente para desarrollar las ideas que después puedo plasmar en un libro.

10. Y, para terminar, hablemos de futuro. ¿Estás sumergido en algún proyecto nuevo del que nos puedas hablar un poquito?

Pinceladas de Harmonía se ha concebido como una trilogía. La primera parte, por tanto, ya está editada. Sin embargo, antes de que la segunda entrega vea la luz voy a publicar un libro que nada tiene que ver con la trilogía Pinceladas. ¡Primicia para “Libros y Literatura”! De momento te puedo avanzar que va de “palabras”; y ya te estoy adelantando bastante. Se publicará en 2017 y será un trallazo directo a la línea de flotación de la RAE.

Publicado el

Entrevista a Carlos Soto Femenía, autor de El carbonero

Carlos soto femenia

Carlos soto femeniaUna vez más, nos acercamos al céntrico Hotel Iberostar Las Letras, en la Gran Vía madrileña, para entrevistarnos con otro autor. Su nombre es Carlos Soto Femenía, y es probable que el nombre de su tercera novela ya lo hayáis oído: El carbonero, un drama rural y una de las novedades editoriales de Destino para este otoño y cuya reseña pronto podréis verla en el blog.

LyL: Buenas tardes Carlos. El oficio del carbonero es algo totalmente ajeno para la gran mayoría de los lectores. ¿Cuál es tú conocimiento de esta profesión, y qué te lleva a escribir sobre ellos?
C.S.F: Absolutamente ninguna, ha sido casualidad. Yo un día navegaba por internet y vi una fotografía de un hombre mayor, que era hijo de un carbonero de Mallorca. Iba a pasarlo de largo, pero leí a pie de foto que había ejercido el oficio hasta hacia solo 30 años, y eso es lo que me enamoró de la historia. Porque yo reniego un poco de tanta tecnología, y me pareció alucinante que hace treinta años hubiera un hombre perdido en el monte, parecía casi como ciencia ficción. O a lo mejor pensé que me habría gustado estar allí, no lo sé. El encinar, allí en la sierra, es algo maravilloso. Para verlo, desde luego. Y cuando después, encima, averigüé que pasaban allí muchísimo tiempo, ya me vinieron las cuatro imágenes de la belleza del lugar, el silencio, la soledad, el hecho de que apenas pudieran dormir; tenía que ser una especie de alucinación que se prolongaba en el tiempo, y eso es lo que me pareció atractivo. Lo de que fuera un niño, y fuera el hijo del carbonero, eso vino determinado por la noticia, aunque no estoy seguro. También un niño siente más intensamente todo, sobre todo lo que transmite la naturaleza.

LyL: ¿Cuáles han sido, si es que has tenido, las dificultades para documentarte sobre el oficio del carbonero?
C.S.F: El oficio es bastante simple. Me costó más encontrar los procedimientos. Cómo se armaba la sitja, cuánto duraba el proceso, qué riesgos tiene o por qué esa manía de los rotllos. Eso es lo que más me asombró. Me costó más encontrar estos procedimientos, porque había poca información en internet, y la que había parecía calcada. Donde encontré información de verdad, no fue tanto en Mallorca, como en una web de Navarra. En el norte de España este oficio se practicaba mucho, y me recomendaron la película de Tasio, de Armendáriz, la primera del director, que en su día fue un bombazo. La vi hace veinte años y me dijeron que el libro le recordaba a ella. Hace una semana la volví a ver, y sí refleja y son bastante fieles al oficio. Todos sabíamos de la existencia de rotllos todavía en Mallorca y todo el mundo sabía que eso era para quemar, pero a mí jamás en la vida se me había pasado por la cabeza que una persona mantenía aquello, que lo hacía producir. Hasta que vi la foto del hombre en el periódico.

LyL: Uno de los puntos a favor de la novela es el realismo con el que describes el mundo rural. ¿No ha sido difícil recrear el mundo rural en la etapa tan tecnológica que estamos viviendo?
C.S.F: No, lo importante es que yo me lo crea. Y una vez que te has documentado y visto los procesos, yo ya me lo empiezo a creer y la cabeza empieza a funcionar. Ya va solo, eso no se puede parar. Todo parte de una imagen, y a partir de ahí viene lo demás. No digo toda la trama, eso lo voy construyendo a medida que avanzo, pero ya vas viendo el túnel, y es un proceso que no para. A mí me pasa así, y cuando empiezo a creerme algo a veces me cuesta hasta dormir, porque tengo ganas de seguir.

LyL: ¿Quieres decir que eres un escritor que escribe por impulsos, si te llega la inspiración?
C.S.F: Sí. Aunque no puede ser todo al azar. El escritor tiene que llevar un control porque si no se le va de las manos. Pero mis personajes hablan solos, yo no puedo amordazar un personaje. No me sale, incluso me costaría más forzar a un personaje a que haga algo.

LyL: Hablas de personajes y de azar. El carbonero se sustenta en apenas seis personajes con personalidades muy fuertes. Y según va avanzando la historia, el lector encuentra en cada uno de ellos matices para compadecerse pero también para reprobar sus comportamientos. ¿Es todo azar, o lo haces intencionadamente?
C.S.F: Yo creo que eso ha salido así. También ayudan las circunstancias y los factores, porque la dureza de la vida de esta gente (guerra, racionamiento, soledad) es horrorosa. Todo eso genera una reacción en cada uno que te hace más duro, pero cuando estás a solas, te hace también más vulnerable.

LyL: Y luego hay otro personaje, que es la isla de Mallorca, o la Sierra de Tramontana en particular, que hace que los personajes estén más agobiados y con sensación de esclavitud.
C.S.F: La naturaleza es un personaje más, un personaje que transmite toda la intensidad. El que vive de la tierra tiene que entenderla, o al menos esforzarse en hacerlo.

LyL: ¿Pero habría funcionado El carbonero en la península?
C.S.F: Sí, yo creo que sí, habría cambiado el entorno social, porque el tema de los señores y el vasallaje es más propio de Mallorca. Pero sí habría funcionado.

LyL: Lorenzo Silva dice que con esta novela vas a dejar de ser secreto. ¿Eso mismo esperas tú de El carbonero?
C.S.F: Yo es que tampoco era consciente de ser secreto. Eso me lo descubrió Lorenzo (risas). Destino tiene un gran equipo detrás que no tiene parecido con ninguna otra editorial. Si la novela gusta, y tiene difusión posiblemente lo deje de ser, aunque ya te digo que no soy muy consciente de serlo. Aunque a día de hoy, todo lo que no sale por televisión es casi desconocido.

LyL: Mañana participas en Getafe Negro en una mesa redonda llamada “La nueva cosecha negra”. Me gustaría saber cómo ves el futuro de la novela negra española atendiendo a su nueva cosecha, y también tus referentes en el género.
C.S.F: De momento la novela negra está teniendo una buena cosecha, parece que no tiene fin, que se está perpetuando con muchos autores nuevos. No es que haya desaparecido nunca, los géneros son como un oleaje. Ahora toca novela negra, porque en un entorno de crisis, florece la novela negra. En una época más acomodada a lo mejor florece, por ejemplo, el terror, porque todo es tan pacífico que necesitas intensidad, tensión o miedo. Yo no me considero autor de novela negra. El carbonero, simplemente, ha salido así. La novela tiene de negra el componente social, aunque es algo circunstancial, he tenido que hacerla negra porque he tenido que registrar toda una ambientación social. En cuanto a mis referentes, me gusta James Sallis, que tiene un detective en Nueva Orleans, Lew Griffin, que sigue unos cuantos clichés de novela negra pero tiene un valor añadido, es un personaje diferente a los de Connolly o Thilliez, que usan siempre el mismo perfil de detective. Griffin es un detective de barrios bajos, con vida desastrosa, pero contempla la vida a su alrededor y la contempla con la misma paz cuando todo se hunde y cuando todo va bien. No se escuda en principios morales, es un contemplador de la realidad. Está muy bien llevado, lo recomiendo. La primera, El tejedor, me parece muy irregular, pero cuando la lees, algo te dice “¡Voy a por la segunda!”, y la mejor de todas, para mí es El ojo del grillo.

LyL: La última y terminamos. Resuélvame una duda. El personaje de Marc, ¿se mueve solo por venganza o por las deudas generadas?
C.S.F: Por las deudas. Se vuelve esclavo de sí mismo. La venganza podía haber tomado distintos caminos. La idea principal de la novela, más allá de la venganza y la intensidad, es las deudas que él mismo se crea.

Una vez más toca agradecer a la editorial Destino la posibilidad de poder compartir charla con uno de sus autores. Y también agradecer, como no podía ser de otra forma, a Carlos por su tiempo, su dedicación y sus recomendaciones literarias y cinematográficas. James Sallis y Montxo Armendáriz son los deberes pendientes que me llevo tras charlar con el autor. Deberes que pienso hacer en cuanto pueda.

Publicado el

Entrevista a Fernando Goitia

Fernando Goitia

Fernando GoitiaFernando Goitia vive en Madrid, es jefe de Actualidad del dominical XL Semanal y ha recibido premios como el Iberoamericano de Periodismo Fernando Lázaro Carreter. Aunque, antes de todo esto, viajó por medio mundo y vivió en lugares como Londres, Río de Janeiro o Nicaragua. La sacudida es su primera novela y condensa sus experiencias cubriendo los estragos del huracán Mitch en Centroamérica. Pero La sacudida es más que eso, es un thriller que va más allá del tópico y se adentra en temas como la amistad, la culpa y la posibilidad de redención.

En Libros y literatura hemos podido entrevistarle y aquí os dejamos el resultado:

1. Al final de la novela adjuntas una nota en la que cuentas cómo surgió el germen de la novela y porqué decidiste escribir sobre el Mitch. Pero quería preguntarte sobre la idea inicial de los personajes. ¿Cómo surgieron Miguel y Julio? ¿Cuándo tuviste clara la historia que querías a contar?

Miguel y Julio nacen al calor de mis obsesiones y fantasmas personales. Miguel es un etarra que traiciona a sus compañeros y huye a América Latina; Julio es un ex guerrillero hondureño-nicaragüense reconvertido en sicario al término de la guerra. Al crearlos y reunirlos fui descubriendo que su aventura me permitía hablar de muchas de las cuestiones que siempre me han interesado. Entre ellas, del País Vasco y de Nicaragua, dos lugares, fundamentales en mi vida, que han sufrido la descomposición individual y colectiva que produce la violencia. La historia, en todo caso, vino definida por los personajes. Ambos surgieron de repente, un día Julio, otro día Miguel, al escribir los dos primeros capítulos de la novela, narrados por cada uno de ellos en primera persona. Aparecieron, visualicé el resto de la historia y todo empezó a encajar.

2. Siguiendo con los personajes. Tus dos protagonistas son muy diferentes. Tienen un origen, un carácter y una biografía dispares. Pero, en el fondo, son dos caras de la misma moneda. ¿Esta confusión entre presa y cazador formaba parte del plan inicial?

Sí, aunque no de una forma tan premeditada. Ambos personajes se inspiran en gentes que he conocido y que han vivido experiencias similares; esa ambivalencia del criminal que se convierte en víctima de sus propios crímenes.  A Miguel y a Julio los une, aunque ellos ignoren quién es el otro, su pasado violento; haberse visto empujados a matar por las circunstancias en que crecieron. Acaban por darse cuenta del error que cometieron y de la manipulación de la que fueron objeto, pero ya es demasiado tarde… La pregunta original sería: ¿cómo se las arregla para seguir adelante alguien que ha asesinado a otras personas por motivos ideológicos cuando ya se ha arrepentido o desengañado?

3. ¿Cuál es tu método de escritura? ¿Eres de los que se sientan ante la pantalla sin un plan previo o de los que esquematizan toda la novela?

‘La Sacudida’ es mi primera novela. He aprendido muchas cosas al escribirla, pero, sobre todo, aprendí con ella a escribir una novela. No leí manuales al respecto ni nadie me dijo cómo debía proceder. Me senté y, poco a poco, surgió. Lo primero que tuve claro fue el viaje, el camino que los personajes iban a recorrer: Nicaragua y Honduras arrasados por Mitch. Sabía, por consiguiente, el principio y el final de la  ruta. Ya el resto, digamos que me fui dejando llevar por el huracán interior de los personajes. En todo caso, antes de definir la historia, arrancaron muchas otras tramas que no llegaron tan lejos. Ahora, al empezar a preparar la segunda, sin embargo, todo estuvo más definido desde el comienzo.

4. En La sacudida se nota el conocimiento de primera mano de los espacios y las culturas en las que se sitúa la acción, pero también de la desolación que causó el desastre del Mitch. ¿Fue difícil encontrar el equilibrio entre contar lo que viste y mantenerte en la ficción?

La verdad es que no. Yo conocía el paisaje devastado por el Mitch y los testimonios de supervivientes que salpican la narración; los llevaba ya conmigo. Es decir, coloqué a mis personajes en unos escenarios que ya conocía y que deseaba mostrar de un modo mucho más amplio a lo que pude mostrar como periodista. No es que esa parte fuera fácil, digamos, más bien, que fluyó sin muchos problemas.

5. Me ha encantado cómo has logrado diferenciar las voces de los dos personajes que narran la historia: Miguel, vasco, y Julio, nicaragüense. Pese a haber vivido en Nicaragua, ¿tuviste dudas sobre la lengua de Julio?

Me alegra mucho que digas eso, porque creo que esta estructura de dos narradores es una pieza clave de la novela. Nunca tuve dudas sobre ella y, menos aún sobre Julio. Él siempre habló en primera persona y con sus modismos nicaragüenses. Mi fascinación por el habla de la zona en los años que viví allí me fue de gran ayuda. Las dudas, si acaso, surgieron, una vez finalizada, al pensar en su comercialización. «¿Serán estos localismos un obstáculo para el lector?». Es posible. Confío en que, una vez que el lector se familiarice con el español de Julio –porque habla español, no lo olvidemos–, acabe disfrutando tanto de esa riqueza de nuestro idioma como lo hice yo al escribir ‘La Sacudida’.

6. Aunque periodistas y escritores comparten muchas herramientas y técnicas, escribir ficción y no ficción debe de ser muy diferente. ¿Cómo viviste el paso a escribir una novela de 360 páginas?

Como un aprendizaje hacia nuevos caminos en mi forma de escribir. La novela ofrece libertad a la imaginación –algo que jamás debes aplicar al periodismo– y un laboratorio inmenso para experimentar con el lenguaje. Eres libre de hacer lo que quieras: estilos, estructuras, diálogos, descripciones…, y esa experimentación alimenta tu escritura, escribas lo que escribas. Por otro lado, el libro tiene también un componente periodístico, ya que la acción se desarrolla en una especie de cobertura novelada del desastre, coqueteando muy de soslayo con el reportaje cuando así le conviene al desarrollo de los personajes.

7. En la novela se habla mucho de libros, se menciona a autores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o Vázquez Montalbán. ¿Cuáles son tus referentes a la hora de escribir La sacudida?

Nunca pensé en referencias concretas, pero hay tres libros que han causado un especial impacto en mi vida: El asesino dentro de mí, de Jim Thompson; El ruido y la furia, de William Faulkner, y Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa. Son novelas demoledoras y escritas sin miedo, tanto en el uso del lenguaje y la técnica narrativa como en su temática. La lista de mis libros fascinantes es larga y abarca varias épocas y países, pero estos tres siempre los tuve en un rincón aparte.

8. La novela es un thriller y también un road trip. ¿Mientras escribías te planteabas que estabas haciendo un thriller o preferías no pensar en el género?

Puede que la estructura beba mucho del thriller, pero esto deriva del desarrollo de la acción más que de una intención literaria. Al escribir, pensaba en el género, sin duda, en cómo resolver los enfrentamientos latentes en la trama y en cómo culminaría la huida de los protagonistas, pero la novela cuenta, sobre todo la historia de estos dos personajes –afines y antagónicos, a un tiempo–  y la relación que se establece entre ellos.

9. ¿Tienes algún otro proyecto de ficción en marcha? ¿Algo que se pueda contar?

Como te decía estoy escribiendo una segunda novela, aunque está en un estado primigenio. Años 60 y años 30, País Vasco y procesos de descolonización en el Tercer Mundo, una familia partida por la política… Vaya, creo que ya te he contado demasiado, jajaja…

Fernando Goitia
Fotos de Anton Goiri