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Entrevista a José Luis Fernández Juan, autor de “Pinceladas de Harmonía”

José Luis Fernández Juan

José Luis Fernández JuanCuando las ganas de enseñar y las de escribir se aúnan en una mente brillante, nacen cosas fascinantes. Estas inquietudes inundaron la cabeza de José Luis Fernández Juan y como resultado vio publicada su obra, Pinceladas de Harmonía. Este profesor y escritor valenciano puso lo mejor de sí mismo en el interior de un libro que pretende hacer llegar a todos los colegios de España. Pinceladas es una obra con gran contenido lingüístico que da mucho juego a la hora de realizar un análisis, tanto sintáctico como semántico.

En Libros y Literatura hemos querido entrevistarnos con él para poder conocerle a él y a su proyecto con más profundidad. Aquí está el resultado:

1. ¿Cuál fue el desencadenante para que te decidieras a escribir Pinceladas de Harmonía? ¿Cuál fue tu motivación y cuáles tus objetivos?

El incidente detonador fue la escucha, una mañana de verano, de la canción de John Lennon Number 9 dream. No sé por qué, pero de inmediato me hechizó su atmósfera. El onirismo de la letra y de la música me cautivó arcádicamente y me animó a componer algunos versos jugando con el virtuosismo de las palabras y sus fragmentaciones.

En aquel verano mis ratos de ocio los empleaba en escribir monólogos de humor; así que la conexión vino de la mano: ¡humor + surrealismo! A partir de este punto, comienzo a tomarme muy en serio la opción de escribir un libro.

De escribir apenas unas líneas pasé a un capítulo y de un capítulo pasé a esbozar prácticamente lo que sería la arquitectura básica de lo que acabó siendo Pinceladas de Harmonía.

Me motivaba sobremanera construir frases a partir de un modo de percepción alternativo. Esta línea de recorrido surrealista y divertido la iba embelleciendo con reflexión y conceptismo.  Con estos 4 rasgos básicos vertebré el estilo literario de la novela.

No me marqué ningún objetivo concreto al escribir; simplemente me dejé llevar por el fluir azaroso de la ideas buscando la sutileza y la levedad de las frases e ideas. La obra tiene todos los niveles de lectura que te puedas imaginar. El lector puede elegir el que más le guste.

2. Tu novela está dirigida a un público joven, ¿qué leías tú cuando eras adolescente? ¿Te gustaban los libros que te mandaban leer en el colegio o eras más bien un alma libre?

Leía a Jardiel Poncela y a Ramón Gómez de la Serna. Me resultaban absolutamente originales y transgresores. Su ironía a la hora de interpretar la sociedad me ayudó a entender la vida de una forma más inteligente y saludable. Por supuesto, la semilla de estos dos referentes germina en Pinceladas de Harmonía.

De los libros que leí en el colegio el que más me marcó fue La Metamorfosis de Kafka. De este genio me gustó amén de su ironía, la habilidad a la hora de combinar de forma espontánea la realidad y el sueño. Por supuesto, la influencia de Kafka se evidencia en Pinceladas ¡Cómo no!

Posteriormente, cuando cursé Filología descubrí a Góngora, Quevedo, Cervantes, Darío, Cortázar o García Márquez. Sus constantes juegos de pensamientos y asociaciones me sedujeron de inmediato. Obviamente, su influjo también vuela por las páginas de Pinceladas de Harmonía.

El poso que me dejaron estos clásicos me ha servido enormemente a la hora de configurar ese estilo tan peculiar que tiene Pinceladas de Harmonía. Nadie puede evadirse de las influencias de la gente que te “marca”. Indirectamente, ellos han diseñado mi método de estilo como medio y como fin.

3. ¿Qué sueles leer en tu tiempo libre? ¿Cuál es tu obra predilecta, esa que sueles recomendar cuando alguien te dice que no sabe qué leer?

Desde que a Bob Dylan le concedieron el Nobel de literatura me ha dado por escuchar canciones y fijarme minuciosamente en las letras. Al contrario de lo que siempre se ha pensado, la literatura no es propiedad privada de los escritores de libros. Hay músicos que son auténticos poetas y como tales hemos de valorarlos. Ahora estoy revisando canciones de grupos españoles de los 80 y estoy descubriendo letras que perfectamente entroncarían en la atmósfera de Harmonía; a saber: La rebelión de los electrodomésticos de Alaska y los Pegamoides, A través del Sol  de Trastos, Viaje por países pequeños de Poch, Gamaglobulina de Los Nikis, Ivonne de Radio Futura, A tu lado de Secretos… ¡Me encantan las canciones de los grupos españoles de la primera mitad de los 80! El atractivo de los enfoques parciales, los elementos inconscientes y las dislocaciones sintácticas de sus letras pueden ser una plataforma de enganche para la gente a la que no le guste leer. ¡Vale, no te gusta la lectura! ¡No pasa nada! ¡Escucha canciones! ¡Dylan, Cohen, Lennon, Cabrel, Serrat, Sabina! A los que no les guste leer les recomendaría que se fijasen detenidamente en las letras de sus canciones, en la curiosidad de sus conceptos y en sus andaduras rítmicas. Enseguida entenderían que se puede construir una idea de verdad a partir del lenguaje musical y de sus imágenes. Y esto les puede seducir en los ratos de ocio. De ahí a la lectura de un libro ya no hay ninguna distancia.

A los que sí les gusta abandonarse al acto placentero de la lectura les recomendaría cualquier texto de cualquiera de los escritores (que tanto me han influido) que te he citado con anterioridad.

4. ¿Crees que los jóvenes de hoy en día leen más o menos que antes? ¿Qué harías tú para fomentar la lectura?

Actualmente los jóvenes leen más que nunca. Puede que no lean libros de papel, pero sí leen profusamente por internet y dispositivos móviles (blogs, reseñas, mensajes, tutoriales, noticias…). Resulta obvio que prefieren lo digital al papel. Leen todo tipo de información, pero ha de ser audio-visual. Consumen textos inmediatos, rápidos y de corto formato.

Lo que nosotros hemos de hacer es adaptarnos a sus prácticas lectoras emocionales y funcionales. Tenemos que inventar modos de aproximación respetando sus gustos. Sus tres temas favoritos son el amor, misterio y humor. Pinceladas de Harmonía tiene estos tres condimentos y consta de diecisiete capítulos cortos; por tanto, se aproxima bastante a sus gustos mayoritarios. Por eso les gusta. Si somos capaces de crear nuevas estrategias adaptándonos a su realidad conseguiremos que en un futuro no muy lejano se interesen por obras de más calado literario (y de papel). Lo que nunca hay que hacer es imponerles una lectura “contra natura”. Si cometemos este error, acabarán odiando un hábito que siempre tiene que resultar placentero.

5. Si fueras uno de tus personajes de Pinceladas de Harmonía, ¿cuál te gustaría ser?

Me resulta imposible elegir a uno porque los quiero a todos por igual. Si tuviera que elegir un personaje, tendría que inventarme uno que tuviera las habilidades culinarias de Lisardo y Lucía, la cabeza amueblada de Atenógenes, los pies de Druso, la ambivalencia de Teodoro, la perseverancia de Yalinka, la imaginación de la familia Léxica, la educación de Anivderaleva, la serenidad de Enzia y Paz, las dotes canoras de Petronilo, la locuacidad de Daristóbulo, la frescura de Lorelei, la originalidad de Cloe…

Pero el libro ya está escrito y este personaje inventado no aparece…

Me gustan todos los personajes y me gustan como son. La felicidad en Harmonía se basa en el factor diferencial de cada habitante. Esta realidad enriquece a todos; todos aprenden de todos. En Harmonía es un privilegio contar con gente tan dispar; lejos de crear tensión, crea imantación. Así que como no puedo ser todos en uno, me gustaría ser cada día uno. Sería lo ideal. Disfrutaría lo que no está escrito.

6. ¿Cuándo prefieres escribir, de día o de noche?

Escribo no cuando prefiero sino cuando puedo. Ejerzo de profesor y mientras estoy educando no dispongo de mucho tiempo de inspiración. La calidad de tiempo me la traen los períodos vacacionales y algún fin de semana. Intento aprovechar al máximo estas escalas temporales. Cuando disfruto de ellas, las grandes ideas me vienen de madrugada. Inmediatamente las apunto y las dejo reposar. Al día siguiente por la mañana con tranquilidad las trabajo y las desarrollo. Por la tarde las ordeno, las pongo a punto y las apunto en limpio. De noche, básicamente duermo… hasta que me viene una gran idea.

7. ¿Nos confiesas algún vicio o hábito extravagante que tengas a la hora de escribir?

Te voy a confesar un hábito que no sé si es muy extravagante pero que te va a sorprender ¡Primicia para “Libros y Literatura”! Las ideas y su desarrollo no las escribo directamente en el ordenador. Las escribo a bolígrafo en un papel. Estos papeles lo nutro de tachones, rectificaciones y chafarrinones varios que al final de la jornada acaban configurándoles un aspecto absolutamente barroco.  Solamente cuando tengo los textos totalmente perfilados y elaborados los paso a limpio al ordenador. A estos papeles barrocos (que llegan a ser innumerables) yo los denomino “papeles de arte y ensayo” y en alguna ocasión he llegado a utilizarlos en alguna performance. El valor artístico radica en la pericia formal de dotarlo de sentido unitario.

8. Otra pregunta comprometida, ¿te han recomendado alguna vez un libro insistentemente y no has sido capaz de terminarlo porque era horrible?

Parto de la base de la trascendencia de la subjetividad como vehículo de conocimiento y enjuiciamiento. Constantemente me recomiendan lecturas de libros. Valoro al buen escritor y entiendo que casi todos los libros te pueden llegar a aportar algo. La valoración final dependerá del momento y de lo que busques cuando te enfrentas a su lectura. Cuando empiezo a leer e intuyo que no me va a estimular, sencillamente no sigo. Si lo encuentro previsible, hostil, chocarrero o tópico, aparco su lectura pero sin enjuiciarlo ni tildarlo despectivamente.

9. ¿Cuál ha sido el sitio más extraño en el que te ha llegado la inspiración?

Los lugares más extraños que me dan inspiración siempre son enclaves espaciales creados dentro de mis propios sueños: castillos de burbujas, playas de gominola, nubes de aguacate, parques de espumillón, túneles de frambuesa. Desde estos sitios intento ir  más allá  para captar la energía de sus imágenes. El potencial de la percepción me resulta absolutamente sugerente para desarrollar las ideas que después puedo plasmar en un libro.

10. Y, para terminar, hablemos de futuro. ¿Estás sumergido en algún proyecto nuevo del que nos puedas hablar un poquito?

Pinceladas de Harmonía se ha concebido como una trilogía. La primera parte, por tanto, ya está editada. Sin embargo, antes de que la segunda entrega vea la luz voy a publicar un libro que nada tiene que ver con la trilogía Pinceladas. ¡Primicia para “Libros y Literatura”! De momento te puedo avanzar que va de “palabras”; y ya te estoy adelantando bastante. Se publicará en 2017 y será un trallazo directo a la línea de flotación de la RAE.

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Pinceladas de Harmonía, de José Luis Fernández Juan

Pinceladas de Harmonía

Pinceladas de Harmonía¿Alguna vez os habéis preguntado qué son las palabras? Están ahí, se dedican a existir, pero muy poca gente se plantea de dónde han salido o por qué las utilizamos. Podríamos pensar que ni si quiera son importantes: cuando vamos a un país extranjero cuyo idioma desconocemos, podemos llegar a comunicarnos mediante gestos exagerados (acompañados muchas veces por tonos de voz de unos cuarenta decibelios). No sería tan complicado tener una conversación mediante gestos, sin usar ni una sola palabra. De no existir estas, confeccionaríamos un lenguaje mudo que sería conocido universalmente y que nos permitiría pedir un café sin articular un solo fonema. Pero entonces… no existiría la literatura. No podríamos disfrutar de la ironía, ni de los dobles sentidos. No podríamos leer, ni escribir. Ni si quiera nuestras ciudades tendrían nombres, solo serían un gesto.

Dicen que el español está compuesto por unas trescientas mil palabras y que de media solo hacemos uso del cero coma diez por ciento de ellas. Es decir, una persona española usa normalmente unas trescientas palabras. También dicen que alguien normal supera las diez mil palabras en su vocabulario pasivo, que es el que está compuesto por palabras que conocemos pero que no usamos casi nunca. Las personas consideradas cultas suben la media y usan unas quinientas palabras habitualmente. Mientras que los periodistas usan unas tres mil (o, al menos, deberían). Y, hablando de números, en las obras de Cervantes han llegado a registrarse unas ocho mi palabras. Sin embargo, con la llegada de los móviles, nuestro vocabulario se ha reducido drásticamente. Los SMS nos obligaban a condensar los mensajes en muy pocas palabras, omitiendo letras hasta el punto de que las vocales desaparecían y no eran necesarias para entender el mensaje. Ahora, whatsapp, con sus caracteres ilimitados nos ha dado una tregua y parece que la gente se anima a volver a escribir “normal”. Pero aún queda un largo recorrido por hacer.

No es raro usar diferentes registros dependiendo de con quién estemos hablando. Usamos palabras más o menos cultas en función de la situación en la que estemos. Pero José Luis Fernández Juan rompe con esta teoría y nos demuestra en Pinceladas de Harmonía que siempre es necesario hacer uso del lenguaje tan rico que tenemos. No voy a mentir, he tenido que leer el libro con un diccionario al lado. Muchas palabras no las conocía por la edad que tengo y otras muchas por incultura; pero gracias a él, ya sé lo que significa “epiceno1”. Estoy deseando tener alguna conversación en la que pueda meter disimuladamente esta palabra.

Harmonía es un lugar en el que la gente vive, valga la redundancia, harmoniosamente. Cada uno tiene su labor, su meta. Pero lo mejor es que todos aprenden de todos. Está Lucía la cocinera, Daristóbulo el cuentacuentos o Régulo el carpintero. Todos, descritos en una pincelada, tienen el objetivo de que Harmonía sea un lugar idílico donde vivir, donde las palabras más rebuscadas sean las necesarias para delinear el entorno. Es un libro lleno de luz y de ironía, que juega con los sinónimos y los vocablos, haciéndonos pensar en la belleza de nuestro idioma y de lo afortunados que somos de poder experimentar con él.

Y, aunque este magnífico opúsculo 2 se haga lacónico 3 en nuestras manos, no es asunto baladí 4 el que contienen sus páginas. Trata la viveza de nuestro lenguaje, resucitando vocablos ya postergados 5; demostrando que es factible hacer nacer fuego de las pavesas 6. No sé si los celícolas 7 alcanzarán a observar un arcoíris en blanco y negro —como se propone la pintora de Harmonía—, pero podrán ser testigos de la singularidad y extravagancia de este pequeño pueblo, donde la meta es olvidar los cordojos del corazón y donde lo preponderante es la dicha y la hilaridad. Por eso, sin más explanación por mi parte, he de ensalzar con creces esta obra, que ha conseguido hacer renacer en mí la expectación por la semasiología 9 de este idioma nuestro tan feraz 10, que deberíamos aprender a exprimir sin demora. Y, si en algún momento de este último párrafo habéis tenido la curiosidad de hojear el diccionario, deberéis sumergiros sin más tardanza en el mundo de Harmonía, donde aprenderéis que las palabras significan mucho más de lo que imagináis.

  1. Epiceno: adj. Gram. Dicho de un nombre animado: que, con un solo género gramatical, puede designar seres de uno y otro sexo; p. ej., bebé, lince, pantera. Del lat. epicoenus, y este del gr. ἐπίκοινος epíkoinos;literalmente ‘común’. Volver al texto
  1. Opúsculo: m. Obra científica o literaria de poca extensión. Del lat. Opuscŭlum, dim. de opus ‘obra’. Volver al texto
  1. Lacónico: adj. Breve, conciso, compendioso. Del lat. Laconĭcus, y este del gr. Λακωνικός Lakōnikós. Volver al texto
  1. Baladí: adj. De poca importancia. Del ár. hisp. baladí, y este del ár. clás. baladī‘del país’. Volver al texto
  1. Postergar: tr. Hacer sufrir atraso, dejar atrasado algo, ya sea respecto del lugar que debe ocupar, ya del tiempo en que había de tener su efecto. Del lat. mediev. Postergare, der. del lat. post tergum ‘detrás de la espalda’. Volver al texto
  1. Pavesa: f. Partecilla ligera que salta de una materia inflamada y acaba por convertirse en ceniza. Del lat. vulg. pulvisia y este der. del lat. pulvis ‘polvo’. Volver al texto
  1. Celícola: m. Habitante del cielo. Del lat. caelicŏla,de caelum‘cielo’ y -cŏla ‘‒́cola’. Volver al texto
  1. Cordojo: m. desus. Congoja, aflicción grande. Del lat. cordolium ‘dolor de corazón’. Volver al texto
  1. Semasiología: f. Estudio semántico que parte del signo y de sus relaciones, para llegar a la determinación del concepto. Del gr. σημασία sēmasía‘significación’ y -logía. Volver al texto
  1. Feraz: adj. Fértil, copioso de frutos. Del lat. ferax, -ācis. Volver al texto