

A comienzos de este siglo, Tommy Wiseau, un inmigrante polaco que ya rondaba la cincuentena logró cumplir su sueño: la película que él había producido, rodado y protagonizado había llegado a los cines estadounidenses (a dos, concretamente). Todo ello tras el desembolso de unos seis millones de dólares de dudosa procedencia. Para su sorpresa, aunque no para la de cualquier ser humano racional, la película apenas atrajo a un puñado de espectadores, de los cuales un buen número no llegaba a aguantar ni media hora sentado en la butaca. Algo lógico, puesto que lo que pretendía ser un drama romántico había quedado relegado a un sindiós, en el que el guion competía con la interpretación de Tommy por ver cuál de los dos era más absurdo e indescifrable.
La casualidad quiso que uno de esos escasos espectadores fuese Michael Rousselet, administrador de una web humorística, el cual, cautivado por la sinrazón a la que había asistido, comenzó a recomendarla a sus amigos. Poco a poco se fue creando una entregada comunidad en torno a la obra, que adoptó costumbres como lanzar cucharas a la pantalla o pasarse balones de fútbol americano durante el visionado. Dentro de este grupo de fieles, que, quince años más tarde, siguen asistiendo a convenciones y defendiendo el valor del producto, se encuentra Guillermo Trigueros, autor de The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto.
El libro aborda todo el proceso de la formación del fenómeno, desde el intenso y caótico rodaje que la originó hasta el lanzamiento de The Disaster Artist, la película basada en un libro homónimo que dio el último empujón para que un trabajo que en otra época no hubiese pasado de un fracaso estrepitoso se haya convertido, con el paso de los años, en toda una obra de culto.
Desde el principio se nota que este texto está escrito por un fan acérrimo de la película, no sólo por el detallismo con el que Trigueros comenta cada uno de los aspectos que la rodea, sino porque, aunque intenta ser objetivo en su crítica, el autor no evita transmitir su pasión por el caos, el desconocimiento y la osadía que llevaron a un personaje tan variopinto como Wiseau a entregarse en cuerpo y alma para sacar adelante un proyecto en el que sólo él creía. Finalmente, su ansia por darse a conocer en el mundillo del séptimo arte acabó cumpliéndose, aunque a costa de ser el artífice de “la peor película de la historia”.
Sin duda merece la pena asomarse a la leyenda que existe tanto en torno a la película como alrededor de Wiseau. Es bastante sencillo: hay cientos dede vídeos en YouTube que recogen los mejores/peores momentos, así como artículos, documentales y libros notables como The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto. Con todo, recomiendo intentar verla de cabo a rabo. No es seguro, pero quizá acabes desarrollando el mismo sentimiento de ternura por este compendio de errores que embriaga desde hace años a sus fans. Y es que, como ocurre en la fábula, a pesar de la risa nerviosa que provoca en un primer momento, todos acabamos sintiendo empatía (y algo de lástima) por ese emperador que se cree vestido con un maravilloso traje a pesar de estar mostrando todas sus vergüenzas. Y lo mágico de The Room es que, al final, uno acaba incluso disfrutando con ellas.

En el recurrente debate de si es mejor 
A todos los que nos dedicamos y/o nos gusta escribir sabemos que la parte más complicada del proceso de creación de un texto es empezar, encontrar un hilo del que tirar; encontrar esa semilla que crezca poco a poco hasta convertirse en un árbol alto, fuerte y sano; encontrar, en definitiva, la idea del millón. Y para encontrar esa idea bebemos de la inspiración, ese estímulo que nos anima a crear.
No pasa nada, no os avergoncéis. Todos tenemos ese lado cotilla. A todos nos gusta saber qué hace fulanito o por qué menganito ha dicho lo que ha dicho. Y ya si la cosa va de amores, nuestro radar cotilla se dispara. ¿Que Petri ha dejado a Paco?, ¿quién es aquella rubia con la que sale Pepito? No me digáis que no. Si nos gusta cotillear sobre nuestros vecinos, imaginad lo que es cotillear sobre famosos a los que ni siquiera conocemos. Gloria bendita. Pero, si de verdad queréis cotilleos de los buenos, sin tener que pasar por los Aargg y los Uhhh de las revistas dedicadas a tales asuntos, os recomiendo encarecidamente Romances de cine.
Sí, soy yo. ¿Quién si no iba a traeros esta reseña sobre gatos en el cine? Si el tiempo que paso hablando sobre gatos, leyendo sobre gatos y escribiendo sobre gatos lo hubiese empleado en sacarme una oposición mi madre estaría mucho más contenta con su hija la loca de los gatos. Pero qué le vamos a hacer, a cada uno le da por lo que le da y a mí me ha tocado esta tara felina. O este don, porque ya puestos, vamos a hacer que suene bonito.
De tantas razones existentes para invitarte a la lectura, ¿por cuál sueles dejarte seducir? A veces nuestro propio instinto nos hace coger un libro al azar en la librería; otras veces necesitamos que sea la televisión o el cine el que nos indique qué es lo que está de moda o qué libro no deberíamos dejar escapar; un amigo puede ser aún más mejor amigo si su recomendación nos invita a pasar unas tardes de lectura de lo más gratificantes. Todas son válidas y, en el caso de los libros, ninguna deberíamos pasar por alto. Una vez leídas las primeras páginas, o primeros capítulos si fuera necesario, ya nos daremos cuenta de si ha sido o no una buena inversión. Pero, ¿tiempo perdido? Eso nunca. Leer desde la ignorancia a un autor o un género concreto, aunque sean cosas que no nos agraden, no es tiempo perdido. Y cuando la elección de nuestro libro ha sido la correcta, ha sido ese libro que nos ha abierto otra perspectiva y consigue que deseemos penetrar aún más en ese nuevo universo que se nos ofrece, entonces no tendremos más que agradecer enormemente la labor de aquel o aquella que nos abrió ese mágico portal.
¿Recuerdas la escena de Django desencadenado en la que Leonardo Di Caprio rompe un vaso? Se cortó de verdad, pero siguió interpretando su papel como si nada.
«No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada… No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente».
Puede que 
Hace poco os hablé de 


