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El Hombre Invisible, de H. G. Wells

el hombre invisible

el hombre invisibleNo empecé con buen pie con H. G. Wells. Escogí La guerra de los mundos y creo que me equivoqué, ya que, desde mi punto de vista, es un clásico que ha envejecido mal. Eso no es culpa del libro en sí, claro, sino que en esta ocasión, los progresos tecnológicos del mundo real han superado con creces a los que se presentaban en esa historia, por lo que no conseguí que me impresionara. Más bien, me resultó una batalla un tanto ridícula. Supongo que la habrán actualizado en las versiones cinematográficas que se han hecho, pero como la obra original de H. G. Wells me dejó mal sabor de boca, no lo he comprobado. No obstante, sí le di una segunda oportunidad literaria… Más o menos. Mi nuevo acercamiento fue a través de la versión en formato cómic que Carlos Giménez hizo de La máquina del tiempo. Y me sorprendió gratamente la inventiva de H. G. Wells. Así que he dejado atrás todos mis recelos y he regresado a su obra original. El título escogido ha sido El Hombre Invisible, en la magnífica edición que Libros del Zorro Rojo acaba de publicar, con ilustraciones de Luis Scafati.

Qué duda cabe de que el don de la invisibilidad está muy presente en la literatura y en el cine, pero no debemos olvidar que fue El Hombre Invisible de H. G. Wells, publicado por primera vez en 1897, el primer libro en plasmar este deseo del ser humano. Solo por eso, el autor ya tiene todo mi reconocimiento, pero no es lo único que me sorprende de esta obra.

Está claro que esta novela de H. G. Wells no adolece de lo que yo le echo en cara a La guerra de los mundos, ya que el avance científico que plantea todavía no ha sido alcanzado, si es que es posible algún día. H. G. Wells planteó de forma creíble qué pasaría si alguien pudiera hacerse invisible y actuar con impunidad, aparándose en el total anonimato, y además abordó las consecuencias de la invisibilidad con profundidad, plasmando los pros y los contras de este poder. Ya se sabe que hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque lo que en teoría parece maravilloso, en la práctica puede resultar una pesadilla. Pero no solo eso, el protagonista, el científico que se transforma en el Hombre Invisible, también me parece rompedor: comienza siendo un personaje enigmático para acabar convirtiéndose en el villano de la historia. Y es tan odioso que los lectores deseamos que lo atrapen de una vez.

Aunque, bien mirado, ¿quién no se endiosaría con un poder así? ¿Habría alguien capaz de usar la invisibilidad  a favor del bienestar social y no solo en el suyo propio? Porque tenemos que reconocer que, cuando cualquiera de nosotros fantaseamos con esa posibilidad —y todos lo hemos hecho—, no se nos ocurre nada bueno.

Quizá sea una suerte que la ciencia no haya cumplido esta fantasía de H. G. Wells. El debate moral sobre los usos de la ciencia que puso sobre la mesa en El Hombre Invisible sigue abierto y más vivo que nunca, pues la ciencia alcanza metas cada vez más insospechadas. Eso hace que la lectura, y la reflexión, de este clásico sea imprescindible. Si esta historia de ciencia ficción llega a ser una realidad, nos conviene estar preparados.

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La guerra de las salamandras, de Karel Čapek

La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandrasEra una salamandra. Ya están aquí. ¡Todo ha terminado!

Y menudas salamandras: inteligentes, organizadas, alienadas como comunidad homogénea… y sí, de un tamaño considerable, feas, cabezota gorda y negra y con un punto de mala leche aprendida que no dudarán en llevar a la práctica. Son la representación simbólica del conformismo ciudadano devorado por el voraz apetito del régimen totalitario y capitalista. Son la más ácida representación de los actos impunes de un sistema erróneo, que pagará caro sus consecuencias. Esto es La guerra de las salamandras, de Karel Čapek, una de las más divertidas, irónicas y espectaculares novelas de ciencia ficción de todos los tiempos.

Decir que he disfrutado leyendo esta novela se queda en poco. Poquísimo. Decir que admiro la calidad de edición del libro resultaría obsceno. Obscenísimo. Libros del zorro rojo ha publicado una novela genial y en un formato que merece el favor de considerarse obra de arte. Si el texto de Čapek es excelente, no menos resultan las ilustraciones que lo acompañan de Hans Ticha, genial ilustrador checo, heredero del Pop Art. Según los datos biográficos del artista, quedó prendado de La guerra de las salamandras cuando tenía diecisiete años y decidió ilustrar la novela. Veinte años después presentó su obra al editor y la novela fue publicada con los dibujos de Ticha. Fue considerado el libro más bello de la República Democrática Alemana en 1987.

La novela se divide en tres actos donde se aprecia la transformación de las salamandras en contacto con los regímenes totalitarios y el crecimiento armamentístico que denuncia el autor en la novela. Desde su descubrimiento, pasando por su estudio y hasta la evolución lógica de unos seres oprimidos que consiguen organizarse y rebelarse, poco a poco seremos testigos del deterioro de un sistema al que se intentó someter a los anfibios.

La primera parte del libro comienza con el descubrimiento por parte de un viejo capitán de barco de una especie de salamandra gigante que vive en una pequeña isla del Pacífico. Aquí se puede encontrar referencias a otras novelas de viajes y aventuras, como puedan ser El mundo perdido, de Conan Doyle o Los mitos de Chtulhu de Lovecraft, por la descripción y ambientación de los acontecimientos en localizaciones paradisíacas. A ello le sigue la presentación de unos seres legendarios que crean inquietud en el lector. El autor nos lleva de la mano a conocer a estos peculiares anfibios. El capitán pronto se dará cuenta de la capacidad intelectual de estos seres de los que se aprovecha para extraer perlas del fondo del mar. Más adelante, considerando las enormes posibilidades que ofrecen estas salamandras como mano de obra, contacta con un empresario para construir diques y realizar obras de gran importancia. Les enseñan a emplear herramientas de trabajo y a hablar, y después les reparten armas para poder defenderse del ataque de tiburones y así poder producir más.

El nivel demográfico de las salamandras fue aumentando considerablemente, así como sus conocimientos. A medida que el humano interactuaba más con ellas, crecía la necesidad de otorgarles derechos laborales, así como leyes que regularan el abuso y explotación de los animales y hasta una religión. Sin consideración alguna acerca de sus sentimientos o derechos, el humano hacía un uso indiscriminado de ellas hasta que la situación empezó a volverse inestable. Superaron en número al humano y necesitaban de espacio para poder vivir, ya que las costas escaseaban. En un acto imprudente del sistema capitalista al que habían sometido a las salamandras, estas se sublevaron y comenzaron a expandirse. La guerra había comenzado.

Es inevitable también la cercanía comparativa con su predecesora La guerra de los mundos, de H. G. Wells. En esta novela, Wells quería disfrazar, bajo el aspecto de unos seres extraterrestres invasores, el riesgo de invasiones de ejércitos extranjeros en caso de guerra, haciendo hincapié en un dato que comparte en común con la novela de Čapek, el aumento armamentístico. La diferencia de esta novela con la de Čapek está en que la del autor checo no ofrece el relato de una invasión fortuita, sino el resultado de unos actos originados por el propio y ambicioso sistema económico, religioso y político occidental.

Sin desgranar más del libro, porque de poco servirá para su deleite; leyéndolo es como uno disfruta en su totalidad, destacan varios puntos positivos: en primer lugar, el discurso periodístico empleado para narrar la historia, al que acompañarán infinidad de artículos y recortes de prensa, panfletos políticos, publicaciones y conferencias donde se exponen los diferentes puntos de vista de expertos sobre las salamandras y un largo etcétera de textos alternativos que convierten la novela en un juego para el lector. Otro de los rasgos elevados es el tono satírico del autor, que emplea el conflicto que empezaba a preocupar tanto a la sociedad en el año en que fue publicada la novela, en 1936, en pleno ascenso del nazismo, con una mezcla de humor y crítica ácida del crecimiento armamentístico y el colonialismo. Las ilustraciones de arte pop de Hans Ticha que destacaba al comienzo y, por último, el capítulo final: la ruptura de la cuarta pared en la que el propio autor mantendrá una reflexión consigo mismo (quizá, el sentir del lector) acerca del desenlace que le espera a la especie humana y a las salamandras.

— ¿Vas a dejar las cosas así?
— […] ¿Crees que yo quería que las cosas acabasen así? Esto es sencillamente la lógica de los acontecimientos.

La obra literaria de Karel Čapek gira en torno a la ciencia ficción social y política en la que la originalidad de sus textos y su contenido le hicieron destacarse junto a otros autores que vendrían después de la talla de Aldous Huxley. Su primera obra teatral, R. U. R. (Robots Universales Rossum), de 1920, marcó un hito en la ciencia ficción, primeramente, por ser la pionera en emplear el término robot en la literatura (aunque este término habría que adjudicárselo a su hermano que es quien lo introdujo). La palabra procede del checo robota, que significa servidumbre. Construyó para su texto dramático un escenario en el que la humanidad dota de sentimientos y razonamiento a los robots para comprobar su respuesta ante el trabajo forzoso. Un ejercicio de reflexión acerca de la esclavitud y la dictadura. Otras de sus obras se mantienen en la misma línea hasta que escribió La guerra de las salamandras, la novela que le catapultaría como una de las figuras literarias más importantes de ciencia ficción.

Esta fábula bien podría emparejarse a la realizada por George Orwell en Rebelión en la granja. De nuevo, en la figura humorística que ofrecen los animales, se desnuda un sistema de vida injusto, en el que para que unos se vean beneficiados, otros deben sufrir las consecuencias. Muchas de estas veces, la moraleja es el descontrol de esos actos que conlleva sus reacciones. La literatura como espejo de la sociedad ayuda a comprender un problema que persigue al mundo industrializado de occidente y que a estos autores no pasa desapercibido. La máscara que otorga el arte literario esconde la intención de llegar a la verdad a través de la belleza estética que envuelven los textos del escritor. En todos estos casos, la ciencia ficción siempre se ha visto muy ligada a la denuncia social y política. Sirva esta novela, acompañada de una cuidada edición, como útil de reflexión y deleite para cualquier lector que se proponga pasar unas divertidísimas horas de lectura.

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Matamoscas, de Dashiell Hammett y Hans Hillmann

Matamoscas

MatamoscasOlor a pólvora, asfalto y al perfume de una mujer para una historia de detectives de la vieja escuela. Música de jazz, bourbon en la barra del local de Vassos y una metralleta Thompson oculta bajo un mantel de cuadros. Está Sue y está Babe y está Vassos. Y a Babe le gusta Sue. A Vassos le gusta Sue. A Sue le gusta Babe. Y eso no agrada a Vassos. Las cartas de este trío están sobre la mesa y las armas cargadas. Pero hay un arma aún más peligrosa que no se carga con pólvora, aunque quema: el amor por una mujer.

Esto es Matamoscas, la novela gráfica creada por Hans Hillmann basada en la novela de Dashiell Hammett. Como si en la butaca del cine estuvieras, al abrir esta novela gráfica se sucederán en secuencia una serie de planos de los bajos fondos del San Francisco de 1927. Las ilustraciones de Hillmann —valga la portada como ejemplo— están dibujadas a ras de suelo, mostrando una paleta de grises de diversos planos cinematográficos de las escenas: primeros planos, a doble página, unos fundidos neblinosos que sugieren una silueta, apenas el percutor del arma o el ala de un sombrero. Acompañados de escuetos textos narrativos y diálogos, las escenas se suceden con el pulso propio del cine. El ambiente de Hollywood se palpa en cada plano urbano de la ciudad, como si tras esa neblina calurosa que forma el cielo en los fondos de las inmensas cuestas o tras las azoteas de los edificios se escondieran los estudios de Los Ángeles, espectadores de la acción que se desarrolla.

Y si es que de cine se trata, las historias de Dashiell Hammett han sido llevadas al cine con Humphrey Bogart interpretando al protagonista de El halcón maltés (1930). No es de extrañar que, para esta obra, el dibujante, aclamado ilustrador de carteles de cine, se encargara de unir dos artes, el séptimo y noveno arte, en uno solo.

Alineación de lujo en esta obra: Dashiell Hammett y Hans Hillmann, una delantera mítica. En cuanto a Hammett, los amantes de las historias detectivescas le conocen bien. De joven se incorporó a la Agencia de Detectives Pinkerton y tras la Primera Guerra Mundial se dedicó a la escritura. Sus relatos aparecían en la revista Black Mask, icono del pulp, donde también escribían autores de la talla de Ray Bradbury o H. P. Lovecraft. Se le considera el padre del detective solitario e infalible bebedor empedernido.

Por su parte, Hans Hillmann es considerado uno de los referentes de la ilustración del Nuevo Cine Alemán. Entre sus obras, destacan los años que trabajó para diversas producciones cinematográficas con encargos para películas de Fellini, Buñuel o Kurosawa, entre otros. Su lenguaje visual, pictórico, metafórico y ambiental, conseguía captar la esencia del cine negro. Junto a Will Eisner, se le atribuye el ser precursor de la novela gráfica contemporánea.

Lejos de las historias de gánsteres ambientadas comúnmente en Chicago, en Matamoscas será la ciudad de San Francisco quien compartirá protagonismo con los personajes. El gris de los dibujos, junto a los planos escogidos para representar el paisaje urbano, alentarán al lector a sentir el peligro y el ambiente suburbial de esas zonas. Con movimientos “de cámara” que ofrecen las ilustraciones de Hillmann, seguiremos por toda la ciudad al detective de la agencia Continental encargada de descubrir el paradero de Sue Hambleton.

Sue era hija de una familia adinerada. Su destino, casarse con un hombre honrado y de buena posición. Y eso a Sue no le gustaba. A ella le gustaban los maleantes como Hymie el Remachador, un estafador de Filadelfia que no tardaría en aparecer con un agujero de entrada y otro de salida en la cabeza. También le gustaba Babe, un matón de metro ochenta al que unos cuantos se la tenían jugada. A Sue le gustaba el peligro y por eso huyó con Babe. El detective consiguió dar con la pensión donde se alojaban. Babe no estaba en la habitación, pero Sue, sí. Muerta. Ahora, le tocaba al detective descubrir al asesino.

En cuanto a la edición de Libros del zorro rojo, uno no puede más que quitarse el sombrero. Estas ilustraciones, más de doscientas, estaban pidiendo a gritos un tamaño de impresión acorde con la calidad del contenido.

Con el buen sabor de boca que dejan las historias noir, Matamoscas destaca por un buen giro final y por permitir deleitarse con las ilustraciones. En cada página que pasas, contemplas la escena una y otra vez descubriendo detalles nuevos: una mujer asomada en el lejano vecindario, un hombre que cruza la calle, una mano enfundando una pistola a través de la ventanilla del coche… Una buena novela gráfica para contemplar y disfrutar, vaso de alcohol en mano, discos de jazz de fondo.

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Las flores del mal, de Charles Baudelaire

Las flores del mal

Las flores del malCreo que poco necesario y útil sería entrar a discutir la coherencia de que estos poemas estuvieran prohibidos para su publicación durante más de noventa años. Solo hace falta leerlos para darse cuenta de ello. En este caso, Libros del Zorro Rojo presenta los poemas que fueron censurados con el acompañamiento de las magníficas y geniales ilustraciones de Pat Andrea. ¡Ay si vieran aquellos censores las ilustraciones! Disfrutadlas mientras podáis.

Con los poemas en español y francés, esta edición aniversario por los 150 años desde la muerte de Baudelaire, cuenta, además de las ya comentadas ilustraciones de Pat Andrea, con la traducción al español a cargo del poeta Jaime Siles. No hace falta decir que la edición es exquisita, algo ya rutinario en todo lo que hacen en Libros del Zorro Rojo.

Me da bastante reparo y respeto comentar los poemas de un genio como Baudelaire, así que creo que eso se lo voy a dejar a tantos profesores de institutos y universidades a los que les toca hacerlo. Lo que sí diré es que encontramos en ellos esas menciones tan “baudelairianas” al amor lésbico, al sexo descarnado, al erotismo sangrante, al infierno y al cielo climático que ofrece el tan desconcertante amor. El amor para Baudelaire no se entiende sin pasión, sin freno, sin ningún tipo de atadura. Amar es elevarse a los más altos cielos con la certeza (que no quita la sorpresa) de que se bajará a los más desgarradores infiernos. Pero todo ello de la mano siempre de la más pura y sincera poesía. La poesía es la cuerda que amarra al poeta a la realidad mientras él se encuentra sumergido en las más turbias y removidas aguas del desconocido e imprevisto amor. ¿Has amado alguna vez? Si es que sí, nunca podrás dejar de entender al poeta francés.

Esta selección de poemas fue censurada, apartada de aquellos que sentían algo que el francés estaba contando. Leer no es más que escuchar por los ojos aquello que necesitas oír porque tú todavía no sabes expresarlo. Por eso es tan grave la censura, por eso es tan necesario compartir lo que genios como Baudelaire cuentan.

«¿Quién hay que ante el amor ose hablar del infierno?».

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Finn y Sep, El laberinto de los gnomos, de Peter Goes

Finn y Sep, El laberinto de los gnomos

Finn y Sep, El laberinto de los gnomosSi os digo la verdad, cuando decidí leer este libro ni me molesté en leer sobre qué trataba. No lo hice porque sabía que era obra de Peter Goes y con eso me bastaba. Desde que leí su libro La línea del tiempo me convertí en una admiradora incondicional de este señor.

Este ilustrador belga realiza unas ilustraciones que me fascinan. Sus libros son para perderte en ellos y me encanta pasar el rato alucinando con sus enormes y espectaculares ilustraciones. Me quedo embobada como cuando era pequeña. Y precisamente, para los peques es este libro.

Finn y Sep, El laberinto de los gnomos es la última maravilla de Peter Goes editada por Libros del zorro rojo. Y como siempre, merece la pena.

Este libro es un viaje, así que preparad las mochilas y cantimploras que nos vamos de la mano de Finn y su perro Sep a un viaje lleno de situaciones y personajes fantásticos. No me digáis que no os apetece. ¡En marcha!

Y es que cuando unos gnomos entran en tu casa en mitad de la noche y te la dejan echa un caos, lo mínimo que puedes hacer es ir tras ellos, ¿verdad? Y comienza la aventura por bosques llenos de animales fantásticos, laberintos verdes de setos y flores y cuevas donde bichos extraños revolotean. Menos mal que un ratón sabio y un viejo dragón se portarán bien con el pobre de Finn y su perro Sep y les mostrarán el camino hasta el sótano del castillo. Allá que van.

Pero no iba a ser tan fácil, el castillo es un auténtico laberinto repleto de escaleras y pasadizos y así es muy difícil encontrar las llaves. Dragones, toros, conejos, gatos y centinelas tratarán de despistar a Finn en su búsqueda a través del laberinto de torres y almenas, pero parece que por fin han dado con el gran gnomo. No, la verdad es que no va a ser tan fácil. Nuestros amigos irán derechos al mar desde su alfombra voladora y allí, sumergidos en las profundidades trataran de salir de nuevo para dar con el gnomo travieso.

¿Qué si lo encuentran? Bueno, solo os diré que a veces las cosas no son lo que parecen y que los finales que esperamos leer son a veces más impredecibles y mucho más divertidos de lo que pensábamos.

Aparte de la divertida historia de Finn y Sep, El laberinto de los gnomos, el libro es, como os decía, una maravilla en la que perderse. Las ilustraciones de Peter Goes recrean un mundo fantasioso lleno de cosas extraordinarias que sólo su mente podría imaginar. Es un lujo poder adentrarse por un instante en ella, así que no se pierdan este libro.

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Lost in Translation Again, de Ella Frances Sanders

Lost in translation, Again

Lost in translation, AgainParece que este es el mes de las segundas partes. Hace poco os recomendaba Valerosas 2, la segunda parte de Valerosas que acaba de publicar Dibbuks y hoy me toca hablaros de la segunda parte de Lost in translation, un libro que reseñé hace ya unos meses y que me encantó.

La verdad es que esta vez no sabía que habría segunda parte, así que cuando vi que Libros del zorro rojo había sacado un segundo volumen me hizo bastante ilusión. Como os comentaba en la reseña de la primera parte, estudié Traducción e Interpretación porque me gustan mucho los idiomas y las palabras. Así que esta clase de libros me vuelven loca. Si Lost in translation era “un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo”, Lost in translation –again- va un poquito más allá. En esta ocasión no se trata de palabras intraducibles, este libro es pues “un compendio ilustrado de expresiones curiosas de todas partes del mundo”. Y sí, sigue siendo igual de curioso que el primero. Porque lo cierto es que en este mundo hay cantidad de expresiones raras de narices. Seguro que en español os habéis parado a pensar alguna que otra vez de dónde vendrá tal o cual expresión. Creo que los españoles somos especialistas. Pero no los únicos, eh. Con Lost in translation –again- vamos a descubrir que la mayoría de lenguas tienen sus propias expresiones curiosas. Algunas de ellas pueden recordarnos a algunas que nosotros usamos, pero otras es mejor descubrirlas.

Por ejemplo, en coreano existe la expresión “cuando el cuervo echa a volar cae un pera”. Esta expresión quiere decir que dos incidentes que parecen conectados entre sí no tienen por qué obedecer necesariamente a una relación de causa-efecto. Interesante, ¿verdad?

Si un serbio te dicen que estás soplando patitos quieren decir que estás mintiendo. No me digáis que no mola, ¿eh?

Otra que me parece genial es la expresión sueca “deslizarse sobre un sándwich de gambas”. Alguien que se deslice sobre tal es que lo ha tenido todo fácil en la vida. Hombre, la vida desde un sándwich de gambas debe ser mucho mejor. Y si son al ajillo ya ni os cuento.

En japonés si llevas un gato en la cabeza significa que estás fingiendo inocencia con la intención de hacer creer a los demás que eres una persona buena, aunque tus intenciones no sean las mejores. Con dos gatos en casa sé lo que es llevar uno en la cabeza, pero prometo que las mías no son malas intenciones.

Podría pasarme horas escribiendo sobre este libro y sus curiosas expresiones. Otra más, en persa si te dicen que se comerían tu hígado no salgas corriendo. Realmente te están demostrando cariño y un afecto profundo. Un pelín macabro, pero es hasta bonito, ¿no?

Si os gustó la Lost in translation no podéis perderos Lost in translation –again-. Es otra maravilla de libro para los amantes curiosos de las lenguas y las palabras. Os aseguro que vais a pasar un buen rato descubriendo expresiones tan chulas como la del sándwich de gambas.

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Océano, de Anouck Boisrobert y Louis Rigaud

Océano

OcéanoLa verdad es que me fascina el agua, los mares y los océanos. Tampoco debe ser tan raro teniendo en cuenta que la mayor parte de nuestro cuerpo está formado por agua. Así que, visto así, cómo no iba a gustarme fundirme con el mar, es como fundirse con una misma y desparecer un poquito, ¿no?

Otra cosa que también me fascinan son los libros infantiles. ¿Cómo no iban a gustarme?, ¿habéis visto las preciosidades de libro que se editan hoy en día? Se me cae la baba en la sección de infantil de las librerías, sinceramente. Y si hay algo más que también me requetefascina son los libros pop-up o despegables. Me chiflan.

Así que este libro, Océano, reúne todas las características para que un libro me encante. Y efectivamente, así ha sido.

A bordo de Océano, un precioso velero con un casco rojo, nos disponemos a emprender una expedición alrededor del mundo. Yo, desde luego, no quiero bajarme de este barco. En este fascinante viaje nos encontraremos con aventuras de todo tipo. Una ballena que asoma su aleta en el mar en calma y que junto a su ballenato, se aleja de los buques de pesca que tratan de capturarlos o medusas que flotan a sus anchas por las cálidas aguas.

Y así, navegando bajo un inmenso cielo azul llegamos al Ártico, tan blanco y helado. Gracias al submarino del capitán descubriremos a sus habitantes: focas, orcas y bancos de peces voraces.

También habrá noches de tempestad, en las que intentaremos seguir navegando entre olas enormes y un viento tremendo. Pero, después de la tormenta siempre llega la calma y la laguna parece un buen sitio para echar el ancla. La tripulación decidirá entonces zambullirse en sus aguas transparentes para admirar la belleza de los miles de peces de colores que nadan entre sus aguas. Un sitio paradisíaco en el que perderse. ¿A qué a vosotros también os apetece emprender un viaje con este velero llamado Océano? Ya os digo yo no os arrepentiréis.

Océano es un libro precioso porque en él está todo. Está la magia de los viajes por mar, las aventuras y los grandes descubrimientos. ¿Qué más podemos pedirle? Pues si necesitáis más, para eso están sus páginas desplegables con unas ilustraciones coloridas preciosas y unos pop-up que invitan a perderse dentro.

Es un libro que encantará a los más pequeños. Yo tengo un cierto sobrino rubio de tres años al que ya estoy deseando regalárselo. Seguro que disfrutará tanto como yo viajando a bordo de este aventurero velero.

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Mexique, el nombre del barco, de María José Ferrada y Ana Penyas

Mexique el nombre del barco

Mexique el nombre del barco27 de mayo de 1937.

Una fecha igual que otra. No está marcada en rojo en ningún calendario. ¿Qué importa lo que ocurriera ese día, si han pasado ochenta años?

Cuatrocientos cincuenta y seis.

Este también es un número cualquiera, compuesto por tres dígitos que se olvidan con facilidad. Es lo que tienen los números grandes, que se convierten en algo abstracto que ni siquiera retenemos en la memoria si no nos afecta de manera directa.

Pero ni esa es una fecha igual que otra ni ese es un número cualquiera, porque representan la tragedia de «los niños de Morelia».

Aquel 27 de mayo de 1937, cuatrocientos cincuenta y seis niños, hijos de republicanos españoles, subieron a bordo de un barco llamado Mexique, para viajar hasta Morelia, capital del estado de Michoacán de Ocampo (México). Iban a estar allí solo tres o cuatro meses, les dijeron sus padres; ninguno podía imaginar que ya nunca regresarían. Y es que la guerra truncó sus planes y sus vidas.

Mexique, el nombre del barco, escrito por María José Ferrada e ilustrado por Ana Penyas, cuenta ese viaje, para que nunca olvidemos esa fecha, 27 de mayo, ni ese número, cuatrocientos cincuenta y seis. Narrado desde el punto de vista de un niño, Mexique, el nombre del barco es pura poesía. Con frases sencillas, tan simbólicas como directas, ese niño nos transmite qué supone para él la república y la guerra, y nos pone los pelos de punta. Porque por muchas definiciones o largos ensayos que leamos, no hallaremos descripciones más certeras que las que hace un niño desde la inocencia y el desarraigo. Y las ilustraciones de Ana Penyas recrean aquel viaje y las emociones del niño haciendo uso solo de la gama de grises y rojos: grises para plasmar la tristeza y la incertidumbre; rojos para mostrar esa esperanza que se resiste a desaparecer.

Dice la editorial Libros del zorro rojo que Mexique, el nombre del barco es «un libro que interpela a todos los públicos». Pero hablar de tragedias no es fácil, y menos a los niños. Incluso diría que hoy en día hay pocos padres dispuestos a perturbar las plácidas existencias de sus hijos con historias de tragedias añejas. Sin embargo, esos padres se equivocan si consideran que este acontecimiento es cosa del pasado, pues por todos es sabido que el exilio de niños y la ruptura de familias enteras por culpa de las guerras es un drama actual. Y, desgraciadamente, hoy y siempre lo será. Sobre todo si nos empeñamos en mirar hacia otro lado, mientras no nos toque el turno, y en ignorar libros como este, que nos hablan de frente sobre el dolor y la soledad de esos niños que huyen de la guerra.

Mexique, el nombre del barco irradia tanta belleza y sensibilidad que compartir su lectura con los más pequeños no les ocasionará trauma alguno. Es más, no debemos temer que se conmuevan, porque, si eso ocurre, será buena noticia: estarán demostrando empatía y esa es, sin duda, una de las cualidades que más necesita la humanidad.

Así que niños y adultos debemos recordar a esos cuatrocientos cincuenta y seis niños que partieron en un barco llamado Mexique un 27 de mayo de 1937. Aunque lo de menos sea si fue ese día en concreto o una cantidad de niños diferente. Tragedias como las de «los niños de Morelia» acontecen todos los días y en nuestra mano está tenerlas siempre presentes para que algún día, por fin, pasen a la historia.

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Cuentos para niños no tan buenos, de Jacques Prévert

Cuentos para niños no tan buenos

Cuentos para niños no tan buenosEste 2017 se cumplen cuarenta años del fallecimiento de Jacques Prévert y Libros del zorro rojo ha editado Cuentos para niños no tan buenos como homenaje a la figura del original autor. Si no conocéis a Prévert deberíais saber que fue un hombre muy polifacético. El francés fue poeta, dramaturgo y guionista cinematográfico. Participó en el movimiento surrealista y a él se le atribuye la invención de la práctica del cadáver exquisito, esa técnica literaria tan utilizada por los autores surrealistas. Su poemario Paroles y su guion de la película Les enfants du paradis le otorgaron gran reconocimiento.

Me parece fantástica la idea de Libros del zorro rojo de rendir homenaje a Prévert. El olvido es a veces muy injusto, pero para eso estamos nosotros, ¿no? Para encargarnos de que los grandes genios nunca mueran del todo.

Una de las cosas que me llamó la atención de este libro, además del autor, fue el título tan original. Además, saber que era obra de Prévert y que en él iba a encontrar esa dosis de absurdo que tanto me gusta era casi una garantía de éxito. Entre mis autores favoritos se encuentran Ionesco y Beckett, así que ya podéis entender por qué me gustan tanto el surrealismo y lo absurdo.

Cuentos para niños no tan buenos, como su título indica, es un libro dirigido a niños. O eso se supone. La verdad es que no he hecho la prueba aún de dejárselo a alguno de mis sobrinos a ver qué le parece. Ya os he contado alguna vez que de vez en cuando les regalo mis libros infantiles y los comentamos cuando los han leído. Es también una buena forma de saber si el libro gusta. Tengo unos críticos geniales.

Pero, como os decía, aún no he podido comentar este libro con ellos y me estaba preguntando si les gustaría, si ellos entenderían este absurdo tan absurdo que se pasea por sus páginas. Luego he pensado que menuda tontería. ¿Pero cómo no va a entender un niño el absurdo? En cualquier caso, el problema lo tendremos los adultos, con nuestras cabecitas tan reflexivas, tan lógicas y tan llenas de sentido común. Bien podríamos ser más niños en ese sentido, digo yo.

Cuentos para niños no tan buenos viene acompañado de las ilustraciones de la argentina Elsa Henríquez. Trazos gruesos en blanco y negro que acompañan brillantemente la carga surrealista de los cuentos.

¿Y sobre los cuentos? Pues tenemos todo tipo de personajes protagonistas: antílopes, avestruces y camellos. También hay humanos, pero lo cierto es que no quedan en muy buen lugar. Con gran ironía y humor, Prévert realiza una juiciosa crítica social a los seres humanos desde el punto de vista de los singulares animales. Como os decía, no es que salgamos muy bien parados, pero claro, es que a veces nos lo merecemos.

Un genial libro del que obtener varias lecturas y con el que mirarnos el ombligo con un poco de vergüenza. Que, de vez en cuando, falta nos hace.

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Un mundo propio, de Laura Carlin

Un mundo propio

Un mundo propioAquí estoy con otro de esos libros lleno de imaginación que tanto me gustan. Un libro creado para los más pequeños que los adultos disfrutamos casi tanto como ellos. Me encanta la literatura infantil y juvenil, no puedo evitarlo. Además, una vez los leo y los reseño, se los regalo a mis sobrinos para que los disfruten ellos y cuando los han acabado los comentamos. Tenemos un club de lectura de lo más particular.

Las apuestas literarias para niños y jóvenes de la editorial Libros del zorro rojo siempre me han gustado. Son interesantes y valientes, como Un mundo propio. Este libro-arte es obra de Laura Carlin, autora multidisciplinar donde las haya. Sin embargo, este libro es su primer trabajo como escritora e ilustradora. Para ser su primera incursión en el mundo literario no le ha quedado nada mal. Cuando se tiene talento los resultados suelen ser así de buenos.

¿Por qué los llamo libro-arte? No es que quiera yo inventarme otro género, pero es que hay libros que no sé bien dónde clasificarlos. Y éste es uno de ellos. Laura Carlin utiliza tantas técnicas y materiales para ilustrar el libro, que no puede ser otra cosa que un libro-arte. Desde dibujos realizados a lápiz y acuarela, pasando por la técnica del collage y la fotografía. Además, utiliza materiales muy típicos que los niños reconocerán muy bien, como piedras, cartón y demás objetos reciclados. Como veis, la autora realiza un ejercicio de ilustración muy original y divertido y muy enfocado al público infantil. Una manera de conectar con los niños a través del arte. Guay, ¿no?

Pero además de la parte artística Un mundo propio nos ofrece mucho más. Principalmente, este libro nos da alas, nos empuja a fantasear, experimentar y recrear otros mundos. Hoy en día, con tanto niño pegado a los móviles y las tabletas, encontrar libros que les inviten a imaginar y viajar solo con la mente es una necesaria maravilla.

Básicamente, el juego que nos propone este libro es el de inventar nuestro propio mundo. Se trata de observar la realidad que nos rodea y tratar de imaginar cómo nos gustaría que fuera nuestro mundo. No solo descubrimos el mundo que Laura Carlin ha creado para ella, sino que nos invita a crear el nuestro. Por ejemplo, ¿cómo os gustaría que fuese vuestro despertador? Seguro que también estáis hartos de las típicas alarmas. ¿Qué tal despertar con un aullido en la selva? Puestos a imaginar, crear la casa que nos gustaría para nuestro mundo propio es otra de las actividades que nos propone. Mucho más divertido si para salir de casa tenemos que usar un tobogán, ¿verdad? Imaginar el barrio, los vecinos, sus tiendas, fábricas y escuelas y hacer un mundo a nuestra medida, hecho con las cosas que nos gustan. Da igual lo surrealista e insólito que sea: es nuestro mundo y podemos hacerlo como queramos.

Un mundo propio, aparte de ser muy entretenido, es un libro lleno de imaginación. Y como ya os he dicho, la imaginación nunca está de más, da igual si somos adultos. A todos nos encantaría, aunque sea por un tiempo, imaginar y crear nuestro propio mundo.

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La Peste Escarlata, de Jack London

La Peste Escarlata

La Peste EscarlataLas novelas de Jack London más memorables como Colmillo Blanco o La llamada de lo salvaje me marcaron de un modo especial por su fidedigno retrato de la vida bullente en la naturaleza y el profundo conocimiento sobre la condición humana. En ellas aprendí cómo puede llegar a ser la naturaleza, de una belleza inmensa que asusta cuando se torna inmisericorde y hostil, y que el hombre, como especie, alberga en su psicología sentimientos duros y degradantes y a su vez nobles y bondadosos. Es el modo de escribir de su autor lo que consigue acercar de esa manera tan fiel la vida y los instintos humanos. Él fue un escritor que vivió diversas experiencias que le ayudarían a crear sus relatos. Tanto de sus años enrolado en un barco pesquero, el tiempo que recorrió Estados Unidos en tren como vagabundo o por su aventura en busca de oro. Jack London es un fascinante retratista de la vida y en La Peste Escarlata vuelve a demostrarlo.

«Se aceleraba el ritmo cardíaco y aumentaba la temperatura corporal. Después aparecía la erupción escarlata, que se extendía como un reguero de pólvora por la cara y por el cuerpo…».

Así comenzaban los síntomas que padecieron los humanos en el año 2013. Sesenta años después, solo queda un superviviente de aquella epidemia, por aquel entonces un joven profesor universitario y ahora convertido en un viejo que intenta transmitir al final de su vida un poco de conocimiento de lo que ocurrió en aquella época. Son estos jóvenes niños nacidos tras la epidemia casi salvajes que desconocen el respeto y los conocimientos aprendidos en el pasado. Han nacido en una época hostil y decadente y como tales se están formando. El anciano intenta contarles lo que una vez existió intentando evitar que la degeneración inherente en esta nueva sociedad vaya a peor y cometa los mismos errores que el hombre ya cometió en su historia.

En la novela se trata por vez primera el género de novela catástrofe que dejaría su huella en autores como Cormac McCarthy en su obra La carretera o George R. Stewart en La tierra permanece. Como ocurre con estos títulos, La Peste Escarlata emplea el desastre de la epidemia como contexto para incidir en la fragilidad de la civilización, en cómo un suceso de tal importancia puede corromper a las futuras generaciones. El poder de Jack London para describir las situaciones que sucedieron durante la epidemia es impresionante. Consigue evocar unas escenas terroríficas y crueles del devastador avance de la peste y sus mortales consecuencias. No le basta con entrar en detalles físicos de la corrupción de los cuerpos, sino que se hace mucho más duro por el realismo con el que lo narra, por la rapidez con la que actúa ese virus y cómo ni tan siquiera les permitió un tiempo para poder encontrar una cura o explicación al devastador virus.

«Al llegar la Muerte Escarlata, el mundo se desmoronó absoluta e irreparablemente. Diez mil años de cultura y civilización se fueron en un abrir y cerrar de ojos, como espuma».

El tiempo presente, en el que el anciano superviviente de aquella tragedia narra los hechos, no es mucho mejor. Es en la forma de tratar al humano incivilizado en la que Jack London me deja con el cuerpo del revés. Tiene unos pasajes en los que los niños salvajes interrumpen el discurso del anciano donde se perciben esas consecuencias del desconocimiento y alejamiento de la vida civilizada. No muestran empatía por lo ocurrido, no lo han vivido.

En esta edición de Libros del zorro rojo acompañan a la novela una serie de ilustraciones del dibujante argentino Luis Scafati que ya trabajó en El gato negro, de Poe, y que le añaden a la historia una visión casi onírica de la muerte. Si la novela ya mencionada de La carretera consiguió hacerme una imagen bastante dura de las consecuencias de una catástrofe, la cual no requiere explicación lógica, ocurre y punto, en La Peste Escarlata sucede lo mismo; una novela corta que leí del tirón por su narración trepidante, su impactante y descriptivo discurso y la visión de una sociedad quebrada. Jack London ha conseguido, una vez más, que disfrute de una lectura impecable. De tantas cosas que realizó en su vida, escribir fue sin duda lo mejor que pudo regalarnos.

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Gran Bot, Pequeño Bot, de Marc Rosenthal

Gran Bot, pequeño Bot

Gran Bot, pequeño Bot¿Os gustan los robots? Digo así, en general, tampoco nada muy técnico. A mí siempre me han gustado estos bichitos autómatas. Una de mis películas preferidas de todos los tiempos es Wall-E (Eeeeevaaaa – no puedo evitar decirlo cuando pronuncio su nombre-).  También soy muy fan del robot espacial Curiosity desde que supe que lo programaban para que en el día de su cumpleaños sonara la melodía de cumpleaños. Me lo imagino ahí en Marte, con la canción sonando en la galaxia sin que nadie pueda oírlo y me enternezco cosa mala. ¿Soy demasiado sentimental? Pasadme unos Kleenex y seguid leyendo, por favor.

Bueno, ahora ya sabéis que me gustan los robots. También deberíais saber a estas alturas que me gustan mucho los niños y que soy tía de seis enanos maravillosos. Mi predilección son los peques entre uno y tres años de edad. Cuando aprendemos a hablar, a menudo empezamos a estropearlo todo. Pero esa es otra historia.  Lo bueno de los más peques y la literatura es que para ellos todo es descubrimiento en esa etapa y que, adentrarles en el maravilloso mundo literario es nuestra tarea. Una tarea preciosa, no me digáis que no. Al mostrarles los libros, enseñarles sus dibujos y leérselos se establece un vínculo muy especial. Y a mí es algo que me encanta hacer con mis sobris, disfrutar de la literatura con ellos.

Por todo esto, Gran Bot, pequeño Bot me parece un libro muy interesante. Se trata de un libro pensado para los más peques que incluye un montón de explicaciones con dibujos de robots. No me digáis que no mola.

Cada página del libro contiene un desplegable (otra de mis cosas favoritas en los libros infantiles) con un robot. Un total de ocho simpáticos robots que sirven para enseñar a los niños los contrarios. Desde el robot alto al bajo, pasando por el robot ruidoso y el silencioso o el robot lleno y el vacío.

Los robots, diseñados por Marc Rosenthal son realmente originales y llamativos. Este ilustrador, nacido en Nueva York, es autor de numerosos libros infantiles, además de cómics y tiras cómicas. Su trabajo aparece regularmente en The New York Times y otras publicaciones periódicas.

Este libro tan retrofuturista es una maravillosa manera de enseñar a nuestros pequeños estos conceptos contrarios de manera didáctica y muy divertida. Con tapa dura y un diseño muy fácil de manejar por los niños, este libro puede ser un gran compañero de juegos.

La verdad es que Gran Bot, pequeño Bot es un pequeño gran libro muy entretenido, diferente y, lo que es más importante, un libro que podemos compartir con nuestros niños con la seguridad de que están aprendiendo.

 

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