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Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo, de Neil Gaiman y Shane Oakley

esposas prohibidas

esposas prohibidasTras semejante parquedad y descripción en el título encontramos la adaptación al cómic de un relato del omnipresente Neil Gaiman, (el cual últimamente aparece en la sopa, en los cereales y en los popitos de bebé), escrito hace diez años, lo que en tiempo mortal viene a ser una década. Y lo cierto es que si tanta presencia tiene el escocés y tan bien y en tantos formatos se sabe vender, es porque su obra, más allá del nivel de calidad (que suele ser excelente), es extensa.

Gaiman parodia, empezando ya por el propio título, de forma ¿terrorífico-cómica? todas esas historias de mujeres corriendo semidesnudas por esa excelente pista de atletismo nocturna que es un cementerio con lápidas rotas; aquellas otras en las que en mitad de la noche la madera cruje como si fuera pisada por alguien cerca de tu cama (y tu suelo fuera de madera); esas otras en las que, por el motivo que sea, el protagonista se ve obligado a pedir auxilio en una mansión vieja y enorme en mitad de la nada y envuelta en una niebla heladora y, también, por supuesto, bien entrada la noche… Escenas todas ellas que nos son reconocibles porque las hemos visto cientos de veces en antiguas películas o leído en libros, y que, a pesar de todo, no nos importa seguir haciéndolo.

Como decía, Gaiman parodia, pero lo hace sin caer en la grosería o irrespetuosidad, esas manidas situaciones y para ello nos sitúa en una vieja abadía de esas en cuyo interior no hay luz eléctrica sino velas chorreantes de olorosa cera  y candelabros fríos y oxidados en donde un autor, nuestro protagonista, intenta escribir algo de “realismo respetable”. Un autor para el que lo real es precisamente todo lo ya mencionado y que se va a ver interrumpido constantemente por un mayordomo un tanto siniestro, un duelo a muerte con alguien que creía ya muerto, o un cuervo con el que podrá mantener un diálogo más allá del famoso “nunca más” sobre su propia obra. Un autor que escribe una mezcla de fantasía y/o terror y que vive dentro de una historia de fantasía y/o terror. Por eso es realismo lo que escribe y para él la fantasía son las tarjetas de crédito, los impuestos, los anuncios de detergente, los huevos revueltos o pasados por agua…

Pero sin duda, el punto fuerte de Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo es el dibujo de Shane Oakley. Alternando entre el blanco y negro para la historia dentro de la historia, y el color para la realidad, el artista nos sorprende con un estilo gráfico que se ajusta como un guante a las características de este cómic y que merece ser revisado una vez leído el tomo, aunque solo sea para rememorar sus pinceles, porque, además, gana enteros en esa segunda lectura.

Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo choca por tener un título tan largo y resultar ser un caramelo tan breve. Y desde luego que es breve, pero, por otra parte, también es intenso.

Un cómic que se lee con placer, con la nostalgia propia de las lecturas y películas disfrutadas hace tiempo, con la impronta de Gaiman. Un tomo que todo amante y/o completista del escocés debe tener y que se disfrutará cada vez que se acuda a él.

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Odd y los gigantes de escarcha, de Neil Gaiman

Odd y los gigantes de escarcha

Odd y los gigantes de escarchaMira que me gustan las historias infantiles de Neil Gaiman, esas que narra con sencillez, pero que están llenas de dobles lecturas. Me parecen una excelente elección para aficionar a la lectura a los más pequeños. Además, suelen publicarse en ediciones tan cuidadas que es inevitable que les entren por los ojos. Es el caso de Odd y los gigantes de escarcha, con una portada espectacular y las magníficas ilustraciones de Chris Riddell, que le roban protagonismo al mismísimo Neil Gaiman, el mejor cuentacuentos del siglo XXI.

Odd y los gigantes de escarcha nos narra la historia de un niño de doce años llamado Odd, al que no suele acompañarle la suerte. En poco tiempo, se ha quedado cojo y ha perdido a su padre, y, sin embargo, encara el futuro con una sonrisa, algo que desconcierta e incluso incomoda a la gente de su alrededor, más acostumbrada a quejarse y a no buscar solución a los problemas.

Un día, un oso, un zorro y un águila se cruzan en su camino. Pero no son animales cualesquiera, sino Thor, el señor del trueno; Odín, el más grande de todos los dioses y Loki… hermano de sangre de los dioses. Le cuentan que en Asgard se han asentado los gigantes de escarcha y que estos amenazan con sumir el reino en un invierno sin fin. Y visto que como animales poco pueden hacer para combatirlos, Odd se ofrece a viajar hasta allí para poner remedio a esta desagradable situación.

De este modo, Odd y los gigantes de escarcha se convierte en una novela de formación, pues vemos que Odd comienza su viaje hacia Asgard como niño y regresa a su hogar como adulto. Aunque es más bien una evolución física, una constatación ante el mundo de lo que Odd era desde el principio, pues su personalidad y actitud ante la vida demuestran su madurez e ingenio desde la primera página.

Como siempre, Gaiman se sirve de los elementos clásicos de este tipo de historias para dales una vuelta de tuerca y echar abajo tópicos y prejuicios: ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos, ni los problemas se solucionan siempre de la misma manera. Eso es de agradecer en cualquier libro, pero especialmente en los que están dirigidos a los niños, pues les hacen tener amplitud de miras y les asegura una lectura divertida y repleta de aventuras. Además, Odd y los gigantes de escarcha es un libro perfecto para que descubran que la mitología escandinava va más allá de las películas de superhéroes de Marvel y se fascinen con ella.

Así que yo no pienso dejar escapar la ocasión de poner este libro bien a la vista en mi estantería. No porque sea una preciosidad y se me caiga la baba cada vez que lo miro, sino para captar la atención de los niños que pasen por mi casa. Quiero que lo cojan entre sus manos, que acaricien esa portada en relieve y que, al pasar la primera página, Neil Gaiman los embauque con su relato de las gélidas aventuras de Odd. Las impresionantes ilustraciones de Chris Riddell que adornan cada página harán el resto. Será mi mejor anzuelo para que caigan en las redes de la literatura para siempre.

 

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Mitos nórdicos, de Neil Gaiman

mitos nordicos

mitos nordicos¡Joder, qué portada más chula, ahí el Mjöllnir todo guapo en plan postureo friki  como si posara en un photocall  rodeado de polvo de estrellas brillante! Porque eso es lo que es Mjöllnir, el fabricante de relámpagos: una estrella, un divo soberbio y machacante, que con solo asomar la puntita cierra las bocas de quienes le ven y temen su golpe. ¿Qué mejor portada para este libro de mitología nórdica si prácticamente aparece en todos estos cuentos?

Eso es lo que uno puede pensar al ver este libro. Luego repara en que el autor es Neil Gaiman… ¡Neil Gaiman, el famoso contador de historias! El autor de The Sandman, uno de los mejores cómics de la historia y responsable de que naciera mi afición al noveno arte. Juntar a estos dos, Gaiman y los mitos nórdicos, era algo que no podía perderme. Porque, a pesar de que conozco estos mitos, a pesar de haber leído varias veces estos cuentos, (que les dan mil vueltas a ese otro conjunto de  cuentos que aparecen en el libro llamado la Biblia), y porque leí en su día American Gods, no me daba la gana no volver a leerlos después de haber pasado por las manos del escocés.

Porque eso es lo que tenemos en Mitos nórdicos. No nos equivoquemos. Aquí Gaiman no coge a los personajes de esas viejas fábulas y las actualiza e inventa nuevas historias con las que deleitarnos como era el caso de American Gods, no. Nos deleita igualmente con la cosmología de las Eddas con las que tanto disfrutó de niño pero les despoja del lenguaje solemne y grandilocuente tan característico.

Gaiman se ocupa de hacernos saber, en una breve pero intensa introducción, que su amor por Asgard y sus habitantes se remonta a su infancia, cuando leía las aventuras de El poderoso Thor de Kirby y Lee. Y como suele pasar cuando algo nos gusta, profundizó e investigó por su cuenta hasta conocer lo que había de, por decirlo de alguna forma, “real” en esos cómics.

También se encarga de comunicarnos que, tristemente, gran parte de las historias nórdicas se han perdido y solo conservamos unos pocos que nos han llegado en forma de cuentos populares. Por hacernos una idea, “es como si de todas las historias de dioses de Grecia y Roma únicamente hubieran sobrevivido los mitos de Teseo y de Hércules”.

Así pues, si no conocéis la mitología de Thor y compañía, esta es  vuestra oportunidad. Una oportunidad cojonuda para hacerlo. Conoceréis el curioso origen del mundo (de los nueve mundos), por qué Odín es tuerto, de dónde sale el martillo más famoso de todos los tiempos (y por qué tiene el mango tan corto), la curiosa descendencia de Loki (si habéis visto Thor: Ragnarok, por favor, olvidad que Hela sea hija de Odín y hermana de Thor y Loki. Nada más lejos: es hija de Loki y la mitad de su cuerpo es… bueno, eso os dejo que lo descubráis vosotros), por qué el caballo de Odín tiene ocho patas, la aventura en la que Thor tuvo que vestirse de mujer, el origen de la poesía, aquella ocasión en la que Thor y Loki fueron derrotados, la bonita (a mí me gusta) historia de la muerte de Balder, y el inevitable Ragnarok o destino de los dioses).

Pero es más. Aunque conozcáis ya esas historias, merecen la pena revisarlos bajo la óptica de Gaiman. Hay ciertos detalles ampliados que, al menos para mí, son nuevos y que profundizan en estos cuentos que nunca me canso de leer.

Por si fuera poco, al final hay un muy completo glosario de nombres, no vaya a ser que alguien se pierde, cosa que veo difícil.

No lo dudéis. Si os adentráis en este mundo no lo podréis dejar. Una mitología en la que todo o casi todo tiene nombre, la única (creo) en la que los dioses son conscientes de que un lejano día tendrá lugar su propia muerte y conocen las señales, y en la que Thor en sus desplazamientos viaja en un carro tirado por dos enormes machos cabríos (Gruñidor y Crujedientes) a los cuales puede cenárselos porque a la mañana siguiente se recomponen (sí, sí, ¿os lo podéis creer?) Y esto es solo una pequeña muestra.

Mitos nórdicos es un libro básico, imprescindible, para cualquier amante de estos temas y es ideal para quien quiera introducirse en ellos y tomarlo como punto de partida. Buena letra, tramas que enganchan y prosa cuidada… Un libro al que acudir de vez en cuando y que se abra por donde se abra absorberá al lector.

Hacedme caso y hacéos un favor, ¡por Odín bendito! Porque por cada lector que pase de este libro un vikingo irá a Helheim.

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¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa?, de Neil Gaiman

¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa?

¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa?El escritor Michael Ende, en su mágica novela La historia interminable, trató un peliagudo tema que bien podría haber servido de base para la historia que voy a reseñar. Se trata del denominado Eterno Retorno, un concepto filosófico que plantea el resurgimiento de la vida tras su consagración a modo de bucle; la vida da paso a la muerte del mismo modo que esta crea de nuevo vida. Una definición muy laxa, pero comprensible a la vez. Ya verás. En el Capítulo XII de dicha novela, la Emperatriz Infantil le pide al Viejo de la Montaña Errante que le cuente la Historia Interminable. La respuesta del Viejo es: «Si hago eso, tendré que escribirlo todo otra vez. Y lo que escribo sucederá de nuevo. […] eso significa el final sin final. Entraremos en el círculo del Eterno Retorno. Y de él no se puede escapar».

Bien, bajo esta idea, todo aquello que ya se ha escrito volverá a suceder. Como el Fénix (esto ya viene de antiguo, como veis) resurge de sus cenizas, la historia de un personaje, pese a su final, vuelve a dar un nuevo comienzo. Y ahí Neil Gaiman se inspiró para crear esta fabulosa historia sobre Batman: ¿Qué le sucedió al Cruzado de la capa?

De Batman ya se han contado centenares de historias. Se le ha intentado matar en muchas de ellas y casi siempre sale indemne por mil y un motivos diferentes. Este cómic, escrito de forma magistral y con un planteamiento más filosófico, da una vía de escape y solución alternativa a la muerte de tan legendario personaje. Y sí, no creáis que adelanto nada del final. Hay un funeral. En las primeras páginas yace sobre un ataúd con su icónico traje gris y azul. A su alrededor, le observan todos sus aliados y sus rivales. Pero la voz de Batman se sigue preguntando durante toda la historia qué ha sucedido. «¿Estoy muerto?»

Uno a uno, cada personaje relata los posibles finales de Batman: Catwoman, El Acertijo, Dos Caras, Joker y el que para mí ha sido el mejor relato de todos, el que narra Alfred Pennyworth. En serio, ahora que el cine ha degradado tanto el nivel de DC, que un director con narices dirija una peli basada en ese relato.

Pero, ¿Batman está muerto? Aquí es donde he encontrado los paralelismos que resaltaba al principio de la reseña sobre el final sin final. La interminable historia del hombre murciélago al que Neil Gaiman ha dedicado uno de los mejores cómics escritos sobre él. Para Gaiman, Batman es Gotham y todos sus personajes. Y Gotham necesita a Batman del mismo modo que él se alimenta de la degradación y corrupción de sus calles y villanos. El día necesita a la noche tal y como la noche vuelve a crear el día. Una historia que se escribe para dar un final y que a su vez crea un nuevo comienzo.

El cómic es toda una compilación de homenajes a los grandes escritores y dibujantes que durante tantos años han dado vida al personaje. Diversidad que se puede apreciar en los dibujos de Andy Kubert en los que ha rescatado las diferentes etapas de cada uno de los miembros de esta historieta. No me había percatado de un detalle hasta que mi hermano, que leía el cómic conmigo, me lo indicó: en una de las viñetas hay hasta dos Joker de etapas diferentes. A ver si das con ellos. El propio Gaiman deja claro en sus anotaciones que para la creación de este cómic se basó en la historia que Alan Moore escribió sobre Superman, ¿Qué fue del Hombre del Mañana?. La idea de crear un argumento basado en relatos sobre las posibles muertes de Batman le sedujo de tal forma, que consideró óptimo dedicar la historia a todos sus ídolos del mundo del cómic.

El tomo que edita ECC recoge también bocetos y arte conceptual de algunas viñetas por parte del dibujante además de otras historias alternativas que escribió Gaiman sobre el Caballero Oscuro. Dos de ellas pertenecientes a la serie Orígenes secretos, donde el protagonismo recae en El Acertijo o Poison Ivy, y la otra maravilla de historieta corta, Batman. Black and White n. 2, donde Batman y Joker no son más que actores cuyo trabajo consiste en escenificar las viñetas que otros escriben sobre ellos.

Para aquellos que quieren adentrarse en el universo de Batman y decidan pasearse por esos templos que son las tiendas de cómics buscando historias del hombre murciélago, muy seguramente se dejen aconsejar por el tendero. Este les recomendará, de esto también estoy seguro, las consideradas joyas de la corona: El regreso del Caballero Oscuro y Año Uno, ambos de Frank Miller y La broma asesina, de Alan Moore. No discutiré sobre la calidad de estas tres obras que son excelentes, pero sí considero que la recomendación queda muy empobrecida dada la cantidad de historias que existen sobre Batman muy al nivel de estas tres. ¿Qué le sucedió al Cruzado de la Capa? bien podría ser una joya más digna de incluir en esa corona. Aunque me gusta más pensar que cada lector, en la intimidad que le ofrece su habitación donde lee sus cómics, puede encontrar su gran historia.

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Instrucciones, de Neil Gaiman

instrucciones

instrucciones¿Te ajustaste bien las botas?

¿Te acicalaste los bigotes?

El camino será largo, más de siete leguas, diría yo. ¿Estás preparado? ¿Seguro?

Pues adelante, gatito. ¡Vamos!

Despacio, no te apresures. Estate atento. Quizá te cruces con Caperucita y su nuevo amigo, el zapato de cristal y la carroza vacía de la Cenicienta dada a la fuga, los tres cerditos sin lobo a la vista, el príncipe convertido en rana y algún que otro personaje del que nunca has tenido noticias. Conócelos a todos, te caerán bien. Después, déjalos atrás, pero no pierdas el contacto. Nunca sabes cuándo los echarás en falta.

Avanza. O no. Llegará el momento en que tendrás que decidirlo. No importa si te tomas tu tiempo o si decides cambiar la ruta. Este es tu viaje, tú decides. Mientras tanto, disfruta de lo que encuentres y haz que disfruten los demás. Pero ten cuidado con las apariencias, quizá la historia no sea cómo te la han contado. Vuela bien alto y nada hasta lo más profundo, sin miedo. Tú puedes con eso y con mucho más.

Al final, llegarás, aunque te demores. Y quizá el destino no sea lo que esperaste. ¿Mejor? ¿Peor? A saber. Pero no importa. ¿Y lo que has aprendido? Quédate o regresa al sendero para descubrir nuevos caminos. Hagas lo que hagas, el viaje continúa.

Gaiman es un excelente guía, permisivo y sabio: nos deja aventurarnos por los atajos que queramos y se limita a darnos las recomendaciones necesarias, que cada uno de nosotros tendremos que descifrar, para que cometamos nuestros propios errores, para que lleguemos a ser mejores personas, pero solo si ese es nuestro destino. Charles Vess hace el resto, que no es poco: dibuja el sendero y sus bifurcaciones y los llena de insólitos acompañantes: ¿a quiénes escogeréis?, ¿a quiénes temeréis?

Instrucciones, un cuento escrito en el año 2000 y publicado ahora en una preciosísima edición de Océano Travesía, es una metáfora del paso de la niñez a la edad adulta. Una delicia para pequeños y grandes, quienes verán en él historias bien distintas. Para los niños: una mágica aventura hacia lo desconocido, donde todo es posible. Para los mayores: el regreso a un lugar extrañamente familiar pero ya borroso en la memoria, que de repente se añora y no se quiere volver a abandonar.

Con unas instrucciones tan sencillas como indispensables, Gaiman convierte una treintena de hojas en un sinfín de historias: tantas como los niños imaginen, tantas como las ya vividas por los lectores adultos. O tantas como los niños sean capaces de vivir, ahora que su camino comienza, y tantas como los adultos sean capaces de soñar, ahora que regresan.

No me canso de pasar las páginas de esta joyita. Sé que Gaiman me está desvelando muchos secretos, más de los que se ven a simple vista. ¿Qué he pasado por alto? ¿Qué he olvidado?

Me enfundo las botas. Ya están amoldadas a mis pies, esta vez no habrá rozaduras…, espero. Me acicalo los bigotes, y también la cola, que me conozco y luego pasa lo que pasa. Estoy lista, más que nunca. Desandaré mis pasos, revisaré el camino, para que cuando te toque a ti atravesarlo, no te pierdas.

Te aviso de que no hay ruta segura. ¿Cómo orientarte, entonces? Bueno, no es fácil, pero te daré algunas instrucciones.

Escucha.

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Stardust, de Neil Gaiman

stardust

stardust«Había una vez un joven que deseaba conseguir el Deseo de su Corazón».

Con esta frase tan de cuento comienza Stardust, de Neil Gaiman. Un inicio típico, incluso ñoño, pero con Gaiman nada es nunca lo que parece. Puede que haya un joven enamorado dispuesto a cruzar el mundo para conseguir una estrella caída y regalársela a la joven más hermosa del pueblo a cambio de un beso, o cualquier otra cosa que él le pida, pero también hay unos hombres sombríos, acompañados por los fantasmas de sus hermanos muertos, que buscan esa misma estrella, dispuestos a matarse entre ellos para que el último que quede en pie se proclame Señor de Stormhold. Puede aparecer un unicornio para velar por los héroes de esta aventura, pero también hay tres brujas que los vigilan, maquinando cómo acabar con ellos.

Es inevitable imaginarse junto a una chimenea, una noche cualquiera, escuchando esta historia dulcemente siniestra. Gaiman es un gran contador de historias y sabe cómo envolvernos en una atmósfera mágica sin que perdamos de vista la realidad. Desde el principio nos advierte que esta aventura comienza en el pueblo de Muro, a muy poca distancia del caótico Londres, en los tiempos en los que la reina Victoria aún era soltera y Charles Dickens escribía Oliver Twist. Con estos anclajes al mundo real, Gaiman consigue que la historia se mueva entre la línea de la fantasía y el «pudo ser». Porque sí, ahí reside el encanto. Pudo ser, ¿por qué no? En aquella época en la que los seres humanos no habíamos sucumbido del todo a nuestras grises existencias, cuando más allá del bosque aún había una tierra adonde acudir para alcanzar nuestros sueños si éramos capaces de luchar lo suficiente por ellos.

En esta historia hay mucha magia, pero también mucha humanidad. Gaiman se sirve de los elementos clásicos del género para cuestionarlos o darles la vuelta: los héroes tienen hambre y dolor y las damiselas son ariscas y están hartas de que intenten salvarlas. Tal vez este planteamiento ya no sea novedoso, e incluso esté de moda en el cine y en la literatura, pero Gaiman publicó por primera vez Stardust en 1999, dejando claro con esta, su segunda obra, que había llegado para convertirse en referente del género. Con ella ganó los premios American Library y Mythopoeic, y Charles Vess, su ilustrador de cabecera y creador de las ciento setenta y cinco ilustraciones del libro, obtuvo el World Fantasy al mejor dibujo. Su despliegue de estilos y recursos no merecía menos, y fue una contribución inestimable para que Stardust se convirtiera en una obra encantadora.

Un cuento de hadas narrado de forma sencilla, hasta infantil, pero repleto de imágenes certeras, en el que el mundo y los personajes creados por Gaiman e ilustrados por Vess nos atrapan, con su dulzura y con su crueldad. Al pasar cada página, atravesamos Faerie, la tierra de las hadas, ese lugar donde «te quitan la manta para verte de verdad» y tal vez acabes convertido en un animal o, quizá, solo liberen la bestia que habita en tu interior. Es un viaje peligroso, pero no hay que temer. Con un poco de suerte, cuando lo concluyamos, ya no tendremos que volver a nuestra existencia gris: Gaiman nos habrá enseñado el camino de la fantasía. Y podremos regresar —a Gaiman, al género fantástico— siempre que lo deseemos.

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La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch, de Neil Gaiman

La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch

La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. FinchEn Libros y Literatura se ha hablado muchas veces de Neil Gaiman. Siempre ha impresionado a todos los que le leyeron y después reseñaron tanto sus cómics como sus novelas. Es de esos autores además, que sus seguidores se cuentan por legión y cualquier historia que escribe es estudiada con un riguroso análisis siendo pocas veces criticado en contra. Entra, de este modo, en el selecto grupo de los intocables junto a escritores como Alan Moore o Frank Miller. En el caso de los anteriores de quienes ya he leído bastantes cosas, a veces puedo estar a favor, otras, sin embargo, me decepcionaron lo suyo. Sin miedo a represalias de sus devotos seguidores. En el caso de Gaiman, es mi primera vez. Esta historia que voy a reseñarte es la primera historia que leo del autor y hasta el momento solo contaba con las críticas muy favorables a cómics y novelas suyas como Sandman o Coraline. Una vez leída, voy a darle a la tecla para hablar de ella.

La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch es el último monstruito, la última creación publicada de Neil Gaiman. La obra original correspondía a un relato del autor que ahora, gracias a los lápices de Michael Zulli y Todd Klein, se puede disfrutar en formato cómic. Y dada la temática que narra la historia, con su ambientación, localizaciones y personajes, el dibujo no hace más que añadir más puntos a favor. Ambientada en las catacumbas de un viejo edificio londinense donde se celebra un clandestino espectáculo circense repleto de seres aberrantes y pesadillescos, el autor te invita a pasar un ratito de lectura muy entretenida y tenebrosa. Un poco del argumento:

Un guionista de películas intenta terminar el escrito de su guion en la habitación de un hotel de Londres. Recibe una llamada por teléfono de una pareja, amigos suyos, para salir a cenar e ir al teatro y así de paso endilgarle como parejita a la amiga amargada, seca e insoportable que es la Srta. Finch. El hombre, sin mucho más plan a la vista, acepta la invitación. Cuando quedan todos, la cita ha dado un pequeño vuelco; cambian el teatro por el circo. Lo que no saben es a qué tipo de circo se van a adentrar. Refugiándose de la incesante lluvia londinense, entran en las catacumbas de un viejo edificio donde se va a desarrollar la función. El maestro de ceremonias, ¿Alice Cooper?, les invita a conocer las horrendas criaturas que se esconden en cada una de las salas del circo. Vampiros, una monja desnuda, magos macabros y otra colección de viles y enfermizos personajes de pesadilla. Y una sala especial. Un lugar donde es mejor andarse con cuidado con lo que se desea.

Toda historia que se desarrolle en ese tipo de escenarios, de primeras, me llaman mucho la atención y hacen que devore sus páginas al margen de quién sea el autor. ¿A quién no le dan miedo los circos? Es un escenario muy recurrente para impresionar al lector con historias que danzan entre el terror y el misterio y dependiendo de la delicadeza y buena pluma del escritor, lo pueden hacer de forma sutil, elegante y opresiva o por el contrario, lasciva, macabra y repugnante. En este cómic yo encontré la mezcla de lo macabro escrito de una forma elegante. Si encima a la historia le acompañas de un buen dibujo, de los que denomino feísta por sus formas menos perfectas en cuanto a proporción o detalle pero en conjunto, una sucesión de acuarelas muy personales, mucho mejor. Así que puesto a su lectura solo podía ir metiéndome en la trama cada vez con más gusto gracias a su buen ritmo narrativo y ese toque de suspense que me puso, por así decirlo, contra las cuerdas. Me explico. Me gustaba tanto recrearme en cada viñeta que me sentía casi culpable de pasar de página. Pero es que lo que el guion aguardaba en la siguiente…

Así todo el cómic. Lo leí dos veces seguidas. Y en ambas ocasiones, la misma tesitura. Atractivo dibujo, excitante guion.

Es una de esas historias que me infunden miedo a lo desconocido, a lo que pueda suceder en ese extraño lugar y a las escenas e imágenes tan perturbadoras que se van desarrollando en cada viñeta contrastando, a su vez, con el sosiego y la armonía con la que el personaje protagonista narra los hechos. Ese suceso extraño que les sucedió aquella noche en el circo y lo que a la dichosa Srta. Finch le ocurrió allí. Lectura de lo más inquietante. Que encima el tipo guarde un más que notable parecido con Stephen King en los años 70 le añade, a mi gusto, más flipe.

De la edición que ha editado ECC, una tapa dura de 56 páginas bien cuidada por la editorial que se lee, como dicen por Argentina, en un pedo. Buen tomo para conservar en la librería de casa.

En definitiva, si te gustan los cómics con una historia que esconde un halo de misterio y horror repleto de un elenco de personajes pesadillescos pero bastante reales —uno nunca sabe lo que se cuece en ciertos tugurios de los bajos fondos de las ciudades—, bien ilustrados y con un ritmo que no decae en ningún momento, disfrutarás de esta novela gráfica. Y además, si eres de los que acompañan sus lecturas de una banda sonora que le vaya como anillo al dedo, prueba a poner en tu tocadiscos Welcome to my nightmare, de Alice Cooper. Yo lo hice. Mola. Creo que se ajusta bastante bien al sentido de este cómic. «Bienvenidos a mi pesadilla. Creo que te va gustar. Espero no asustarte […]». ¿Te atreves a entrar?

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Material sensible, de Neil Gaiman

Material sensible

Material sensibleSe supone que Neil Gaiman es un maestro del terror (se supone porque lo es, naturalmente) sin embargo a mí siempre me ha resultado un escritor más entrañable que terrorífico. Tienen sus historias un alma tan humana que aunque uno es consciente de que es probable que en cualquier momento aparezca un monstruo mitológico, un malvado extraterrestre o aún peor, un avieso terrestre ordinario que tiñan la trama de sangre o como mínimo que le provoquen un sobresalto, las espera confortablemente. Como si los monstruos, las hadas, los asesinos, las sombras o los perros gigantes fueran de casa, de toda la vida, y pudiera uno conversar con ellos mientras descansan en pantuflas entre susto y susto. No sé si a él le gustaría este concepto que tengo sobre su obra que podría definir como “miedo sin angustia” pero tengo bastante claro que su principal rasgo definitorio no es tanto el terror como la desbordante imaginación de su autor y que el miedo en realidad sólo se siente ante la posibilidad de no estar como lector a la altura del despliegue de imaginación y fantasía que le espera.
Esta obra, Material sensible, es una recopilación de cuentos. Perdón. Esta obra, Material sensible, es una magnífica recopilación de cuentos y sin embargo eso es algo por lo que Neil Gaiman siente la necesidad de disculparse. Por recopilar en lugar de escribir una obra con hilo conductor y unidad temática o estilística que la cohesione. Le agradezco la disculpa pero me veo obligado a reconocer que me parece absurda y así lo he defendido en multitud de ocasiones. Los cuentos son lo que son en sí mismos y son tan buenos si a continuación se puede leer otro al que le una un hilo conductor de alguna clase como si es completamente independiente. Y en el caso de Neil Gaiman es probable que incluso el motivo por el que su autor se disculpa sea en realidad una virtud porque cuando un escritor es tan personal y su imaginación es tan desbordante se agradece que los cuentos sean diferentes porque eso ahuyenta el riesgo de saturación.
Otra idea que me ronda la cabeza desde hace tiempo es que Neil Gaiman es un gran escritor de prólogos, de hecho prefiero sus prólogos a los cuentos de algunos otros porque son muy literarios, porque esconden premios y sorpresas y porque al menos en este caso tiene a bien el autor dedicar unas palabras a cada cuento en las que explica las circunstancias en las que los escribió, aquello que le inspiró para hacerlo. Y se agradece porque establece con el lector una sensación de confianza, cuando no de intimidad, que es un valor añadido indudable.
El título, Material sensible, hace referencia al mensaje con el que se alerta del contenido de una determinada experiencia y es un título muy acertado pero que lamentablemente en nuestro país pierde algo de fuerza porque estamos más acostumbrados a leyendas más rebuscadas como “este material contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad del espectador”. La idea en todo caso es que Neil Gaiman nos advierte acerca del contenido de su obra, del acecho de las sombras y la inquietante presencia de seres fantásticos de toda condición. Una advertencia que es en realidad un acicate porque no sé a ustedes, pero a mí me resulta sumamente atractivo. Y lo que debo decir es que no decepciona. Son cuentos muy diferentes tanto en tramas como en escenarios pero en todos ellos se encuentran esas virtudes a las que he hecho referencia y el disfrute difícilmente podría ser mayor. La única pega que le pongo es que en uno de los cuentos hay una inquietante mención al gazpacho y en esta época calurosa que atravesamos la inquietud no es un ingrediente que le vaya bien al gazpacho. Y de entre los cientos o miles de seres que han nacido de la fecunda imaginación de Neil Gaiman me voy a permitir de mostrarles a uno: el desinventor. Magnífica idea. Tranquilos, no les desvelo nada más.
Un último detalle destacable, especialmente para los muy fieles, es que esta recopilación incluye un cuento inédito, Black dog, probablemente uno de los mejores de Material sensible, así como homenajes a Dr. Who y Sherlock Holmes.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Miracleman: La Edad de Oro, de Neil Gaiman y Mark Buckingham

Miracleman - La Edad de Oro

Miracleman - La Edad de OroCierra los ojos. Imagina un mundo feliz. Donde no hubiera guerras, crímenes ni hambre. Donde no fuera necesario el dinero para vivir ni la policía para velar por tu seguridad. Un mundo donde reinara la inocencia, la magia y la verdad. ¿A que sería maravilloso? ¡Un milagro! ¡La Edad de Oro! O quizá no… Esa es la premisa que plantea Miracleman – La Edad de Oro, un cómic con guion de Neil Gaiman e ilustraciones de Mark Buckingham.

¿Cómo sería vivir en una utopía? Es más, ¿cómo se escribe sobre una? La base de las historias suele ser el conflicto y en un mundo ideal parece imposible que este se produzca. Así que, movida por esa curiosidad, me adentré en el paraíso creado por Miracleman.

A través de pequeñas historias sobre la gente que vive desde hace nueve años en esta época dorada, se presenta el mundo perfecto que Miracleman fundó tras el holocausto que acabó con la ciudad de Londres. Miracleman se autoproclamó Dios de este nuevo mundo que resurgió entre fuego y sangre y, desde entonces, trata de que lo mundano y lo milagroso se reconcilien y se beneficien mutuamente. Sin embargo, las vidas de esos humanos me transmitieron todo tipo de emociones menos felicidad. Sigue leyendo Miracleman: La Edad de Oro, de Neil Gaiman y Mark Buckingham

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Neverwhere, de Neil Gaiman

Neverwhere

En las dos páginas finales del tomo de Neverwhere, se relata una anécdota que aunque no se sabe si es cierta, merece mucho la pena contarse. Se dice que en una rueda de prensa que daba uno de los responsables de la sección de drama de la BBC, éste fue preguntado por lo que tenía pensado la cadena para promover nuevos talentos. El hombre, tras lanzar la típica diatriba sobre la política de la cadena y ansioso por demostrar que sabía del tema soltó la siguiente perla:

“De hecho este año vamos a estrenar una serie guionizada por un escritor joven e inexperto que hemos descubierto… un hombre llamado Neil Gaiman.”

El hombre quedó dolido por las burlonas y condescendientes risas del público, ya que nunca había oído hablar de Sandman, y desconocía lo errado que era su comentario.

Poca presentación hace falta para Neil Gaiman. Solo decir que es uno de los grandes de la literatura contemporánea, y que se sitúa a la altura de los más grandes como Tolkien, Alan Moore, Miller o Ursula K. Guin. Gaiman es un gran creador de fantasía con una inusitada capacidad para la creación de mundos y universos poblados por personajes de lo más sorprendentes. Sigue leyendo Neverwhere, de Neil Gaiman

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Misterios de un asesinato

misterios de un asesinato

“Misterios de un asesinato”, de Neil Gaiman y P. Craig Russell

misterios de un asesinato

Desde que leí esa obra maestra que es The Sandman, hace ya bastante, intento leer todo lo que puedo de Neil Gaiman (preferiblemente en formato cómic) pero se me había pasado por completo esta pequeña joyita, que no es otra cosa que una adaptación a la viñeta a cargo de P. Craig Russell de uno de los relatos cortos que Gaiman publicó en Humo y espejos.

Gaiman suele abordar temas en los que no se distinguen los límites entre el bien y el mal, lo terrenal y lo divino, el sueño y la realidad… con excelentes resultados y en esta ocasión vuelve a hacerlo, para deleite de todos sus fans, que somos legión.

En Misterios de un asesinato un anciano vagabundo le cuenta a un transeúnte en Los Ángeles, a cambio de un cigarro, la historia de un asesinato. Pero no un asesinato cualquiera, sino el primero de todos. Y no, no el de Caín y Abel. Uno mucho anterior. Uno ocurrido en el paraíso y en el que la víctima es un ángel y el asesino otro. Y es que llevar a cabo La Creación, no fue cosa fácil. Había cientos de ángeles, con sus rangos y jerarquías, y cada uno tenía una función concreta que conocían en cuanto se les era comunicado su nombre. Hasta ese momento permanecían en una especie de hornacina o celda. Y cuando se les necesitaba, Lucifer, el ángel de alas imponentes y plumaje perfecto, con la piel de color bruma marina, pelo rizado y plateado y ojos grises, les buscaba diciéndoles su nombre y misión.

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La joven durmiente y el huso

La joven durmiente y el huso

“La joven durmiente y el huso”, de Neil Gaiman

La joven durmiente y el huso

Desde que leí The Sandman (mi desvirgamiento en el mundo del cómic adulto, junto con Predicador, esto ya lo he comentado alguna vez…) no he dejado de seguir la pista de Gaiman. Eso no quiere decir que haya leído todo lo que ha parido, no, –el cómic Batman: ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?; el libro (excelente y también reseñado aquí ) American Gods y Buenos Presagios, escrito a pachas con Terry Pratchet,  son una pequeña muestra de esa pista que voy siguiendo de lejos– pero mi secretaria me mantiene al tanto de sus obras. Es lo menos que puedo hacer por el creador de ese gran universo en el que transcurren las aventuras de Morfeo y que tan honda huella me dejó.

Y es que el problema de que lo primero que caiga en tus manos cuando te dispones a descubrir a un autor sea una obra maestra que te fascine tanto como la del rey de los sueños, es que esperas que lo siguiente que leas de ese autor sea, al menos, del mismo nivel y tienes miedo de decepcionarte. Por eso voy pian piano. (Y eso que American Gods, Batman… y Buenos Presagios me gustaron).

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