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Para quien no brilla la luz, de José María Pérez Zúñiga

para quien no

para quien noA estas alturas de la película hacer algo medianamente original, distinto o, ya simplemente decente con un género que últimamente ha sido tan trillado, humillado y maltratado como el de los vampiros no es tarea fácil, aunque lo parezca. Al menos no sin pervertir tanto la esencia del mito como para cargárselo y no dejar de él más que cuatro notas típicas que sirvan al lector para poder diferenciarlo de un vulgar hombre lobo cualquiera. Es triste que mucha gente, sobre todo las últimas hornadas de gente, asocie a un icono del terror, tanto literario como cinematográfico, una saga, también literaria y fílmica, cuyo nombre se corresponde con el intervalo de tiempo antes de la salida o después de la puesta del Sol durante el cual el cielo permanece iluminado. Triste, pero cierto.

Así que con este desolador panorama en el que está quedando nuestra pobre cultura de masas, en el que a Odín gracias, también de vez en cuando nos encontramos con joyitas como, por poner un ejemplo, la pentalogía de David Wellington que se inicia con 13 balas, es muy gratificante encontrarse con pequeños y frescos tesoros como este Para quien no brilla la luz que le reconcilian a uno con la especie humana y piensa por un momento que sí, que aún hay esperanza, que no todo está perdido para los no-muertos. Que tal vez no funcionen ya los cánones de Stoker en una sociedad tecnificada y agilipollada como la nuestra, pero que pueden, Y DEBEN, seguir existiendo vampiros que te metan el miedo en el cuerpo, que te destrocen la yugular o la femoral, que te drenen el líquido vital y que, si no acaban contigo, te inoculen una sed insaciable, una capacidad de seducción magnética y, a ser posible, que todo esto no venga acompañado de dudas metafísicas acerca del bien, el mal, la vida y la muerte.

Alguno puede pensar que el vampiro es una figura que alguien inventó y que, por lo tanto, se puede hacer lo que se quiera con él dentro del campo de la libertad de creación. Sí. Pero no. Un vampiro moñas fosforito se queda en moñas fosforito, en un ser despreciable que no merece otra cosa que explotar al amanecer. Un vampiro ha de ser un ser terrible, malvado, astuto y capaz de jugar al gato y al ratón con su presa. Puede ser destruido, sí, pero con algo de esfuerzo. O con mucho, según…

Por eso este libro del que hoy hablo no es una brisa de aire fresco, sino un chorro dirigido a la cara. Es innovador, es perturbador y en ocasiones es jodidamente extraño. No tanto como pudieran serlo los sueños de David Lynch, pero tal vez como los de Freud o Jung. Desde luego, convencional no es.

Trata la figura del vampiro desde una óptica que, sobre todo en sus páginas finales, juega a descolocar al lector haciéndole dudar, desconcertándole, poniéndole en el mencionado lugar del ratón.

Por si fuera poco, la novela está escrita de forma inteligente, estructurada en capítulos cortos y narrados desde el punto de vista de varios personajes, volviéndose a veces metaliterario con la inclusión de ¿el propio autor? en algunos pasajes.

José María Pérez Zuñiga elabora una trama en la que el policía Miguel Serrano junto al forense Joaquín Moya investigan unos crímenes en el barrio de la Latina en Madrid. Cuerpos que aparecen desangrados, personas desaparecidas, y una misteriosa mujer a la que se la conocerá como Dama Negra. Una historia que atrapa, sobre todo su primera mitad, (más rápida y dinámica y menos introspectiva y psicológica que la segunda) creo yo que por la alternancia en los puntos de vista, por una escritura que empatiza con cada uno, por unas situaciones raras enmarcadas en un contexto de lo cotidiano (el vecino de arriba, el pub, el poli que vive en casa de sus padres sin renovar ni un solo mueble…) que hace que lo que nos cuenta se empape un poco más de la realidad y el terror que ya de por sí eso significa.

Sé que no es fácil hacer terror (aunque menos lo es hacer comedia) y Para quien no brilla la luz, libro que, aunque no es que sea terror terror, (es policíaco y de misterio diría yo), sí que consigue provocar una inquietud desagradable al leerlo. Un desasosiego, una intranquilidad un mar de dudas y una comprensión del estado confuso de los protagonistas, que no es fácilmente explicable.

“Ciudadanos, autoridades y policía se enfrentan a sus ansiedades y miedos más íntimos, los que constituyen nuestras miserias personales y sociales. Es lo que han representado siempre los vampiros: la otredad; la posibilidad de que seamos de una forma diferente.”

Sea o no esa la interpretación de vampirismo, he aquí un buen libro sobre el tema para todos los que adoramos a esas criaturas de la noche. Unas criaturas tratadas aquí de forma respetuosa y más cercana a su particular realidad. ¡Un libro de vampiros como Odín manda!

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No mires ahora y otros relatos, de Daphne Du Maurier

no mires ahora

no mires ahoraConocí a Daphne Du Maurier cuando yo era niño. No, no; no la conocí personalmente, claro, ni tampoco literariamente, sino a través de las películas de mi idolatrado Alfred Hitchcock. Películas que estaban grabadas en cintas de video que veíamos mi hermano y yo en casa de mi abuela. (Cintas de vídeo, por cierto, en sistema Beta, –no VHS, no. ¡Beta!, que era un sistema mejor pero que, como suele pasar, no triunfó por no haber sido el primero–). Películas que veíamos una y otra vez y otra y otra, porque nos distraían, no entendíamos realmente todo lo que sucedía en la pantalla, pero caíamos absortos en ella igualmente. Sin ninguna duda Con la muerte en los talones y La ventana indiscreta se llevaban los récords de número de visionados, y, por supuesto, Psicosis no estaba incluida en la “programación”.

Y sí, también veíamos Los pájaros, faltaría más. Nunca supimos, de hecho nadie lo supo ni se sabrá jamás, porque los pájaros atacaban a las personas y esa era una de las grandezas de la cinta. La incertidumbre, ese grandioso final de anuncio de coche con los cuervos dando tregua y abierto a una continuación de inseguridad… la redefinición del terror, del suspense, del misterio…

Los pájaros, Rebecca y La posada Jamaica fueron tres de las obras de Daphne Du Maurier que el mago del suspense adaptó a la gran pantalla. (Recientemente he podido ver también Mi prima Rachel, aunque esta ya no dirigida por el mago, interpretada por Rachel Weisz, y la recomiendo).

Así que pensé que si a Hitchcock le llamaron tanto la atención los relatos de Du Maurier, (de los que tan solo el de las aves era algo así tirando a “terror”), como para hacer pelis de ellos, habría que echar un vistazo a estos cinco cuentos recopilados bajo el título No mires ahora y otros relatos, cuya clara intención es la de meter miedo en el cuerpo.

¿Lo consiguen? ¿Te meten el miedo en el cuerpo? Mmmm… buenoooo… Digamos que el primero de todos, que da título al libro, y el cual también ha sido trasladado a cine (Amenaza en la sombra, 1973), se acerca bastante. Desde el principio podemos sentir que estamos en Venecia (o al menos a mí, que acabo de regresar de ahí, me lo parece) y podemos empatizar con una joven pareja británica que ha perdido a su hija y trata de sobrellevarlo desconectando mediante una escapada. En un bar juegan a imaginar a qué se dedica fulanito o menganito y, se va creando una atmósfera inquietante, desde la primera hoja, gracias a esa otra pareja de ancianas gemelas que no dejan de mirarles. El protagonista desconfía de ellas, pero su mujer cae rendida a ellas al saber que una de las gemelas es vidente y que ve siempre a su lado a su hija muerta.

Este es en mi opinión el mejor de los relatos. La tensión va aumentando poco a poco, en cualquier momento crees que va a aparecer la figura fantasmal de la niña, o de alguien, o que una de las ancianas hablará con una voz de ultratumba o algo sobrenatural… Y, sin embargo, el desenlace es aún más sorprendente e inesperado. No lo ves llegar, te deja picueto y con los pelos de punta. Una historia estupendamente narrada que difícilmente olvidaré.

En cuanto a los otros cuatro, el que más me ha llamado la atención ha sido Las lentes azules. Una historia bizarra, surrealista, e incluso podríamos decir que mezcla de terror y ciencia ficción en el que una mujer se va a someter a una operación para recuperar la vista tras semanas viviendo en una absoluta ceguera. La intervención parece haber sido todo un éxito… sino fuera porque ve cosas que no debería ver.

El resto de relatos El manzano, El estanque y No después de medianoche, también atrapan el interés, por supuesto, y son muy disfrutables y de lectura recomendable, pero el premio gordo se lo llevan de calle los dos anteriormente mencionados.

Recalco que, salvo el primer relato, las historias aquí contenidas no son de terror ni de miedo sino, más bien, generadoras de inquietud, intriga, misterio, e incluso de nostalgia. Ese es tal vez el pequeño pero que podría poner pues la portada a lo “It” parecía presagiar una antología de relatos terroríficos. De cualquier manera, pronto te metes en cada una de las historias y te olvidas de géneros y otras zarandajas.

Du Maurier me ha sorprendido gratamente con este No mires ahora y otros relatos. Maestra a la hora de ambientar las historias, con detallismo pero sin caer en barroquismos innecesarios; profunda conocedora de la psicología humana, dota a sus relatos de una escritura clara y elegante, con un estilo a la vez cuidado y directo capaz de meter de lleno al lector en la historia con tan solo unas primeras frases.

La biblioteca de Carfax ha editado, igual que hizo con Experimental film, un ejemplar en el que se nota el mimo y el tiempo que le han dedicado. Una portada preciosa, buena traducción de Miguel Sanz y un gran contenido. El fondo y la forma. ¿Qué más se puede pedir a un libro?

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Red Sonja. La balada de la diosa roja, de Roy Thomas, Esteban Maroto y Santi Casas

balada diosa roja

balada diosa rojaAntes de nada debo aclarar que no había leído nada de Red Sonja hasta ahora. Conocía el personaje de vista y sabía que aparecía como “secundaria o compañera o amante”, o algo así,  en algunas de las historias de Conan (que es otro mocete del que tampoco he leído nada, aunque sé que es natural de Cimmeria, que vivió durante la Era Hiboria, que llegó a ser rey y de pequeño vi las dos pelis de Schwarzenegger). Además, esperaba con ganas la, por desgracia aún inexistente, película de Robert Rodríguez que iba a protagonizar Rose McGowan, y me encantan casi todas las portadas de sus cómics que llegan a mí de una u otra forma.

Por eso, porque quería tener la oportunidad de saldar una deuda he podido liquidarla bien liquidada aprovechando el anuncio de Planeta Cómic de la edición directa, en nuestro país antes que en cualquier otro, de una historia de creación propia de la mano de aquellos que, ya hace más de 40 años, crearon la imagen icónica del personaje: Roy Thomas y el español Esteban Maroto, el cual, por cierto, fue quien diseñó su “armadura” de escamas metálicas quedando este ya como su aspecto definitivo.

¿Qué vamos a encontrar en este lujoso cómic de gran formato y papel del bueno? Lo que se espera de un cómic del género que promete ya desde su portada, como no podía ser de otra forma: espada y brujería. Mucha espada y un poquito de brujería. Una historia en dos tiempos que nos cuenta el origen de la diablesa de la espada y su venganza.

Comenzamos en el presente, en el castillo del rey Thallos, que ha masacrado pueblos enteros y se ha hecho con una gran fortuna pero, el rey está triste, ¿qué tendrá el rey? Pues la crisis de los cincuenta va a ser. O de los sesenta. Thallos se da cuenta de que por más riquezas que tenga, llegará un momento en el que no le servirán de nada porque estará muerto, así que lo que ambiciona ahora es saber dónde están las aguas que alimentan la vida. Será entonces cuando un misterioso bardo (no, no es Sonja disfrazada), cante una balada sobre nuestra protagonista, en la que se nos va a contar la violación múltiple a la que fue sometida y cómo después se bañó en esas aguas guiada por la diosa Morrigan, la cual también le dio armas y ansias de venganza.

Lo que sigue tras este flashback no lo voy a reventar, aunque tampoco es muy difícil de imaginar, la verdad.

En cuanto al dibujo, lo primero que hay que decir es que La balada de la diosa roja es tricolor: blanco, negro y rojo. Santi Casas es todo un descubrimiento personal. Me ha gustado mucho su estilo detallado y de una Sonja más madura, robusta y con cicatrices, “más bárbara, salvaje e indomable” como afirma el propio Casas, así como el resto de figurantes. Dibujo ágil, apropiado y muy buena composición de la página. Sé que para muchos será un sacrilegio, pero me ha gustado más su dibujo que el de Maroto, (ojo, muy disfrutable también), el cual se ocupa de contarnos el origen de la guerrera en bikini.

Sea como sea, el hecho de que sean dos dibujantes distintos los que cuenten etapas temporales diferentes del personaje hace que la historia resultante se complemente a la perfección y que se aprecie la evolución, el antes y el después de Sonja.

La balada de la diosa roja es una historia tan bien ambientada que casi pareces oír de fondo la vihuela de ese curioso “trobador” (¡ay, esa “b” traicionera!), con un personaje femenino fuerte, muy sexualizado, independiente, con valores de justicia e igualdad, dentro de una aventura épica y dramática que, si bien puede no ser muy original, atrapa igualmente y sirve de enganche para quienes quieran iniciarse en Red Sonja. (A mí, desde luego, ya me ha enganchado).

Por último, comentar que tras la historia podemos gozar de una extensa galería de bocetos con comentarios de los dos dibujantes.

Lo dicho, un gran cómic ideal para crear afición al género, al personaje y, en general, al mundo del cómic.

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Raros, torpes y hermosos, de Raúl Jiménez

raros torpes y hermosos

raros torpes y hermososDe entre la maraña de libros que salen al mercado, ya no cada mes o cada semana, sino cada día, es fácil que se nos puedan pasar por alto auténticas joyas de la literatura y más que de cualquier otra de la literatura breve. Sin embargo, algo había en el libro de Raúl Jiménez que llamaba poderosamente la atención. Es cierto que un libro no debe juzgarse por la portada, pero en esta ocasión la portada con la inocente, tierna y única imagen de un conejo mutante con tres ojos, como salido del río cercano a la central nuclear de Springfield, y actitud juguetona, creo que define muy bien el percal de lo que vamos a encontrarnos en el interior. Así pues, editorial, primer objetivo conseguido: no se nos ha escapado.

Lo siguiente es querer saber de qué demonios irá un libro presentado así, aunque se puede intuir. Raros, torpes y hermosos es una colección de cuentos de lo más variopinto y extraño. Cuarenta y cuatro cuentos o relatos de extensión muy corta (los hay incluso de cinco líneas) que empiezan de una manera apacible, cotidiana, a partir de una frase cualquiera, pero de los que no puedes imaginar el giro final, ese que te dejará con el culo torcido. Y eso que, cuando ya llevas leídos unos cuantos y ya vas prevenido, puedes intentar adivinar el desenlace. Pero no. Se quedará en un mero y burdo intento porque el cabrito de Raúl Jiménez sabe lo que estás pensando y te va a coger del moflete y te va a decir “no, no, no, creías que iba a pasar x pero lo que va a pasar no es y, y ni siquiera es z, porque tengo un abecedario nuevo y lo que va a pasar es aa”.

En cuanto a la temática, hay de todo, como en las tiendas de chinos, pero desde el prisma realista en su mayoría. No hay ciencia ficción ni fantasía (salvo en el cuento La taberna). La comprobación de la inmortalidad de un hombre, una casa de huéspedes, una extraña comunidad de vecinos, un pueblo en el que todos son taxistas, celos de un padre hacia su hijo recién nacido, los cuidados de los mayores de la familia, los avatares de un sicario, psicópatas coleccionistas, ricachones enfermizos que no leen telegramas… Todo se narra con una naturalidad increíble, como si lo que nos estuviera contando sucediera a consecuencia de una serie de hechos lógicos, que derivan, a pesar del resultado en un final impensable pero coherente y sorprendente a la vez.

Y como en toda colección de relatos siempre hay algunos que te gustan más que otros, estos son mis favoritos:

El inmortal: en el que un pintor aseguró hace tiempo que no moriría nunca y el narrador le sigue la pista para comprobarlo.

La casa de huéspedes: un misterio desvelado.

Nuestro pueblo: el del pueblo de taxistas en el que… no, de este no cuento más.

El bebé: o los celos enfermizos del padre hacia el bebé con un inesperado desarrollo.

El puré: o de cómo tratar bien al suegro.

La abuela: este da miedito y me voy a permitir copiarlo, ya que incluso viene impreso en la contraportada:

“La abuela había sido maestra. Así que a mamá le pareció lo más adecuado que fuera ella quien nos enseñara a leer. Papá al principio protestó: ¡Pero si está muerta! Luego mamá le mostró la güija y el pobre papá se quedó sin argumentos”

Buenos vecinos: ¿se puede echar de menos no hablar del tiempo con nadie en el ascensor?

Halloween: corto, pero intenso, triste y aterrador también.

La taberna: en dónde un extraño personaje se pregunta el porqué de que el tabernero siga con su mujer.

El llanto: a falta de conversaciones en el ascensor…

Despedida: este es muy bueno. ¿Sabéis realmente si conocéis a todos los integrantes de vuestros grupos de WhatsApp? ¿Seguro? ¿A todos? ¿No se os ha infiltrado nadie?

Primer ejercicio de redacción…: el título es muuuuy largo. Es el último y también es algo más largo, pero es una gozada también. La gerontofilia y sus problemas.

Que conste que quedarme con estos no quiere decir que los demás sean malos. Para nada. Estos son los que más destaco porque por una u otra razón me han llegado o gustado más, pero en líneas generales todos son buenos, todos están muy bien escritos y estructurados, todos consiguen meterte de inmediato en la respectiva historia y provocarte extrañas reacciones y, por supuesto, todos merecen ser leídos e, incluso, releídos.

Rarezas, extravagancias y humor, humor negro, miedo (sí, acostumbrémonos a decir miedo cuando se parece al terror pero no lo es), tiñendo el día a día en sus muchas formas es lo que nos podemos meter en vena con esta excelente y variada colección de cuentos.

Un libro diferente de una recién creada editorial, Sala 28, a la que animo a seguir con proyectos tan frescos y estimulantes como este Raros, torpes y hermosos.

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Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio, de Jason Aaron

los malditos

los malditosMola mucho, si se hace bien, coger a los personajes de fábulas o cuentos conocidos por todos, o casi todos, y poder reimaginarlos, resituarlos, ampliar sus horizontes, inventarles nuevas historias y darles la oportunidad de ser protagonistas en nuevas historias. Porque solo conocemos aquello que nos han contado de ellos, pero queremos saber qué pasó con ellos antes, o después de aquello por lo que les conocemos. Mola mil darles una vida nueva, que dejen de ser parte de una gran novela coral en la que solo son protas por un breve espacio de tiempo, enseñarles todo lo que pueden hacer, sacarlos de su bucle repetitivo y, tal vez, prestarles un nuevo enfoque. Mola mucho. Mola tanto, que, autobombo, yo mismo lo he hecho en alguna de mis historias y, además, con el protagonista de este Libro Primero de Los malditos, Caín.

Caín, “el inventor del asesinato”, el que está marcado por Dios para que ningún hombre lo mate, lleva los mil seiscientos años transcurridos desde el episodio aquel del Edén, la serpiente y la manzana, vagando sin rumbo de un sitio a otro, inmortal y errante, en busca de una muerte que le libere de su maldición.

Para, para, para… O sea, que,… ¿esto es algo bíblico? Bueno,… sí, pero no. Porque parece mentira que con la de historias basadas o inspiradas en el famoso libro podamos asistir a algo realmente nuevo y original con ese telón de fondo. Pero, ¡eh!, lo tenemos. ¡Y vaya si es nuevo y original! Esto, nenes, es el puñetero Génesis en versión Mad Max. Un western bíblico o, incluso, ¿por qué no?, un noir bíblico y no exagero un pelo.

“Hace tiempo tuve una familia. No nos fue bien”.

Estamos en un mundo posapocalíptico antes del apocalipsis diluviano. Sí, parece un oxímoron, y, de hecho lo es, pero es lo que tenemos. Un mundo salvajísimo lleno de violencia, depravación, crueldad, mutilaciones, violaciones, esclavitud infantil, en el que humanos conviven con animales de todo tipo, incluidos los monstruosos que recuerdan a dinosaurios. Un mundo seco también, en el que la comida escasea y lo primordial es sobrevivir a toda costa. Vamos, el mismísimo puto infierno en La Tierra.

La humanidad se nos presenta como un experimento fallido y el mundo como un lugar lleno de blasfemias (sin ir más lejos el primer bocadillo es un gruñido y el segundo  ya es un “¡Me cago en Dios!”), y vocabulario malsonante (cabrón, follamugre, hijo de puta, comechochos,…y otras lindezas de ese palo que no creo que salgan en la Biblia) que se supone es como era antes del diluvio. Y como precisamente el diluvio aparece en el título de este primer tomo, era lógico que tuviéramos que encontrarnos con Noé.

Noé, que se define como salvador de la humanidad, que es leñador en busca de madera para construir su preciada arca, pero que no por ello deja de ser un asesino más, un fanático con un hacha que no vacila en quitar de en medio a quien le estorbe de la manera más sanguinaria si le apetece. Vaya, un Noé totalmente distinto al que conocíamos, que supera con mucho al visto en la cinta de Aronofsky. Todo un cabronazo que tropezará con nuestro protagónico antihéroe y de cuyo encuentro saltarán más que chispas.

A destacar también las pullitas de Caín a Dios y las reflexiones que va soltando de vez en cuando en torno a Él/Ella/Elle/Ello (“si Dios nos creó a su imagen y semejanza y somos capaces de tantas atrocidades, ¿Dios es así?”).

El dibujo logra traspasar al lector la sensación de suciedad, de lugar yermo, de hostilidad y depravación que flota en la historia. La crudeza del mismo puede causar en un primer momento algo parecido al rechazo, pero poco a poco vas acostumbrándote y comprendiendo que es el tipo de dibujo perfecto para la historia que estamos leyendo.

En resumen, un divertimento de principio a fin, una lectura que engancha y que te pide seguir con el segundo tomo (aún en proceso).

Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio gustará a quienes quieran una buena historia y consideren a la Biblia como un mero libro sin mayor trascendencia; que no se escandalicen ni rasguen las vestiduras porque lo que en este cómic se encuentren se aparte de lo que aparece en las Escrituras. A aquellos que busquen lo que he expuesto en el primer párrafo, pero también a aquellos que simplemente busquen un buen entretenimiento. De seguro, todos ellos querrán leer el segundo tomo.

Amén.

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En la piel del lobo, de Alberto Bermúdez

en la piel del lobo

en la piel del loboNo había tenido hasta ahora la suerte de leer ningún libro de la editorial Dilatando Mentes, y no por falta de ganas, ya que sus títulos son de los que me tiran, sino por falta de tiempo. Pero a raíz de la lectura de este En la piel del lobo ya me he prometido acudir a esta editorial con más frecuencia. Salta a la legua que les gusta editar y procurar que el lector goce con la lectura. La portada de mi admirado Alejandro Colucci, el hecho de ser un ejemplar numerado, el preciosismo de los inicios de cada capítulo y de las ilustraciones previas a estos que acompañan a los textos referidos a la figura del lobo, la música recomendada mediante un código bidi para meternos en ambiente mientras leemos… Pequeños detalles por separado que, no obstante, enriquecen mucho la experiencia lectora.

Pero entremos en materia. Principios del siglo XX en un pequeño pueblo de Andalucía. Miguel, un joven con pretensiones de escritor, vuelve al pueblo tras dos años en la ciudad. Dos años en los que ha pasado hambre, frío y humillaciones y en los que ha visto cosas que le han cambiado y horrorizado. Pronto se estrellaron, o le estrellaron, más bien, sus ilusiones de editar un libro con los cuentos que llevaba bajo el brazo. “Ya no se leen cuentos”, le dicen, “ahora lo que se llevan son novelas, vuelve con una novela”.

Pero la página en blanco se le queda en blanco, y el dinero se le acaba. Incluso tiene que sobrevivir quemando sus queridos cuentos manuscritos para caldear la habitación. Finalmente, tras afrontar y posponer lo inevitable, no le queda otra que regresar al pueblo, a casa de sus tíos adoptivos. Ambos le reciben con los brazos abiertos y esperan que se le haya pasado la fiebre esa del escribir, que siente la cabeza y se dedique por fin a las cosas de la tierra, de los olivos, y a todo lo que, en definitiva, le enseñó su tío hace tiempo. Lo que le dará de comer.

Y ahí está Miguel. De vuelta a una vida que no quería para él, porque aspiraba a salir de esa rutina de madrugones, trabajo duro en el campo, y sobremesa en el bar echando la partida con los amigos e intentando también formar su propia familia.

Pero, por si fuera poco, la vuelta de Miguel coincide con una serie de ataques de lobos a rebaños muy cerca del pueblo. Demasiado cerca.

Por fortuna, le queda el reencuentro con Carmen, su amiga/amor/medio-novieta, de la que tanto le costó olvidarse para poder cumplir su sueño.

Con semejante título, con esa portada, con el tono de la línea editorial, con el pasado zombi del que procede Bermúdez y con el argumento, uno no puede evitar imaginar que este libro irá de hombres lobo. Y no voy a ser yo el que destripe el final, primero porque sería una putada y segundo porque que merece la pena que el lector lo descubra por sí mismo.

Alberto Bermúdez elabora una trama costumbrista con una tensión en aumento, narrando cosas de lo rural y cotidiano con soltura y buen hacer, que hacen que te apetezca seguir leyendo los avatares de Miguel, sus reflexiones y sus flashbacks con un interés que te mantiene con el culo pegado al asiento. Sabes que va a pasar algo. Estás seguro, se intuye. No sabes cuándo, pero algo se está cociendo, algo va a pasar. Estás leyendo la calma que precede a la tormenta, pero estás en tensión y quieres prepararte bien, crees anticipar lo que va a pasar, o al menos tu mente va a su bola creando dos o tres alternativas ya a mitad de libro… ¡y zas! ¡Ni te lo imaginas! ¡Ese girote final! ¡Ese broche con el que rematar una buena historia con pedacitos de misterio, suspense y terror después de la estupenda narración que nos ha acompañado todo el libro! Y no es que este sea uno de esos libros de los que esperes un giro que te sorprenda. ¡Qué va! Pero ocurre que simplemente lo tiene, y es un puntazo más a un libro que me ha encantado por el fondo, la forma y la edición.

En la piel del lobo es una historia atractiva, escrita con maestría y dominio. Dominio de tiempos y ritmos, diálogos, vocabulario particular, personajes y trama. Adictivo, con capítulos cortos, que son los que te roban horas de sueño porque te engañas a ti mismo diciéndote “uno más, que es corto”, y acaban siendo bastantes más de uno…

En definitiva, una lectura muy recomendable, muy bien desarrollada y escrita y muy original, en la que el lector tendrá que decidir qué creer sobre lo que ha leído.

¡Muy fan!

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El caso de Alain Lluch, de Mr. Kern

el caso alain lluch

el caso alain lluchHay veces que no sabes cómo encarar una reseña o cómo clasificar un cómic o incluso ambas cosas. Veces en las que acabas de leer algo que exige un reposo mental suficiente como para que puedas contar a todo el mundo la puñetera ida de olla que has terminado de leer, sin embarullarte, sin sufrir esa diarrea mental que aún desordena tu cerebro; para que seas lo obligatoriamente convincente como para inocular a la gente las ganas que tienes de que descubran algo que, por ser excesivamente underground, pueden llegar a perderse.

Y una vez recuperado, la primera cosa que te preguntas es: ¿qué coño se ha metido Mr. Kern para inventarse una historia tan… tan… tan así y tan loca que, para colmo, es su primer cómic? Porque es que la verdad es esa; todo el cómic es una mezcla de personajes famosos y anónimos, una trama imposiblemente real, lleno de mala uva, y un conjunto tan desagradablemente atractivo como lleno de oxímoron doquier.

Esta extraña y gamberra fábula sin moraleja comienza cuando Alain Lluch, responsable de la última cagada publicitaria para las albóndigas de la empresa de carne procesada para animales en la que trabaja, es “degradado” al departamento de carne picada.

Cuando llega a su casa intenta en vano descansar un poco, pero su mujer, Susan Boyle, no hace otra cosa que tocarle las pelotas cantando la de “Es una lata el trabajar”, de Luis Aguilé  y por no aguantarla sale a dar una vuelta. Será entonces, al pedir un kebab, cuando su vida cambie por completo de una manera inimaginable.

Alain Lluch enmendará su error empresarial, se convertirá en el empleado del mes, en la empresa el dinero entrará a raudales y el jefe lo agasajará con el champán más caro del mundo y con putas.”¡Claro que sí, cagondiós!”

A partir de aquí la espiral de la locura se retorcerá más aún y encontraremos caniches morados antropomórficos, supermusculados y con rabazo también. (También musculado y antropomórfico). Zoofilia, los lagartos de “V”, el encantador de perros César Millán, Sigmund Freud, Maradona, anillos gástricos, vómitos y diarreas, vacas superinteligentes, los personajes de la serie de los ochenta Érase una vez el cuerpo humano, peleas, Larry Bird e incluso un homenaje a El planeta de los simios. Ahí queda eso. Un montón de guiños al lector, de cierta edad algunos de ellos, por cierto, que enriquecen, ¡y de qué manera!, la lectura. A ver quién es el guapo que lo supera.

El dibujo es tema aparte. En ocasiones parecen pinturas hiperrealistas, sobre todo los retratos a toda página. Kern pinta bien y pinta bonito, a pesar de que muchas veces lo que pinta no son precisamente escenas renacentistas sino más bien, gores, escatológicas y de ese palo. Eso sí, pintadas con mucho mucho arte y muchos colores bonitos y alegres. El contraste es similar al de contemplar un bello unicornio blanco vomitando y defecando un arcoíris multicolor. O al revés.

Por supuesto, tras esta grotesca historia satírica no es nada difícil encontrar la crítica a la sociedad consumista y capitalista, a las grandes corporaciones en las que todo vale con tal de aumentar beneficios aunque sea a costa de la salud, a la codicia desmedida en la que solo cuentan los resultados… Un retrato de los tiempos que nos ha tocado vivir, vaya, a lo bestia.

La edición es muy curiosa, con unas tapas duras, pero duras de verdad, con las esquinas redondeaditas, y papel del bueno, del que hace ruido al pasar la página. Vamos, que Autsaider no ha escatimado y hasta un póster nos han regalado.

¿Qué más puedo decir? No tengáis miedo, no receléis de mis comentarios sobre lo gore y lo escatológico y acercaos a este cómic porque, palabrita, es un cómic cojonudo que, como mínimo una sonrisa te va a arrancar. Pocas veces te vas a encontrar algo tan irreverente y políticamente incorrecto y, por desgracia, parece que cada vez menos.

Una paja mental de cuidado.

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¡Universo!, de Albert Monteys

uuniverso

uuniversoHoy en día parece que todo está dicho en el género de la ciencia ficción. Los típicos viajes temporales, las naves espaciales, los robots cada vez más minimalistas, los extraterrestres… son algo que parecen de inclusión obligatoria en este campo. Y, sin embargo, desde el Frankenstein de Mary Shelley, por ejemplo, el ser humano sigue inventando y asombrando con una variada gama de tramas y temas en el que esos elementos o no se incluyen o lo hacen de una forma realmente original (1984Los juegos del hambre, Fahrenheit 451, 20.000 leguas de viaje submarino, El cuento de la criada, Hijos de los hombres, Ready player one, 2001,…)

También es cierto que desde hace ya mucho, la mayoría de obras encuadradas en esta categoría destilan un tono tirando a lo catastrófico, lo apocalíptico o terrorífico, sin necesidad de hablar de matanzas o escenas sangrientas, sino de lo desasosegante que parece que será nuestro futuro más inmediato, ese en el que ya se están sentando las bases, y que viene de la mano de la tecnología, como muy bien viene ejemplificando temporada tras temporada la intachable serie Black Mirror.

Astiberri edita ahora en papel un cómic cuya primigenia versión fue desarrollada durante tres años para una plataforma digital y que ha resultado, felizmente y con todo merecimiento, nominada a los Eisner del año pasado. Albert Monteys, tras dieciocho años de experiencia en El Jueves, de la que llegó a ser director, se vio liberado de su deber con el humor semanal y pudo dedicarse a las historias que le apasionan, cuyo fruto ha sido este cómic. Cinco relatos que, aun siendo autoconclusivos y pudiendo leerse de forma independiente, no dejan de tener alguna conexión entre ellos.

¡Universo! da una vuelta de tuerca a los temas de los viajes temporales la cocción en frío, la vida extraterrestre, la robótica, la tecnología y las corporaciones enormes, y lo hace intercalando casi sin darnos cuenta pinceladas de humor para aligerar de alguna forma lo terrible de lo que en el fondo nos está contando y más terrible aún, que ya vemos como algo normalizado.

Cinco historias que darán que pensar, como la primera. Una gran corporación envía a uno de sus empleados atrás en el tiempo, justo antes del Big Bang para sellar cada partícula de materia que se genere con el logo de la empresa y así ser dueña del mundo.  ¿No está pasando esto ya? O como otra en la que lo normal es que las parejas sean biomecánicas (humano y robot) y lo raro es que sean carnales (dos humanos) pero más extraño aún que el sexo entre estos últimos sea “a la antigua”. ¿Y esto? ¿No está sucediendo? ¿No se están vendiendo ya muñecas robóticas sexuales con inteligencia artificial? ¡El futuro es ahora!

En fin, el terror de un probable futuro cotidiano descrito en viñetas con humor, con un grafismo más “realista” que aquel que Monteys solía usar en la revista satírica, con un uso correcto del color y un acertadísimo formato apaisado.

Monteys ha demostrado ser un gran narrador en formato largo, que presta atención a los detalles, que compone tramas sin fisuras y que se ha revelado como un excelente autor de ci fi con algunos argumentos capaz de hacerte estallar la cabeza.

¡Universo! es una colección de relatos que engancha de igual manera que lo hace una buena peli de género. Pero no solo eso. Es un cómic que destila ingenio e imaginación, que desarrolla planteamientos innovadores en temas que parecían ya demasiado sobados y es, sobre todo, un grandísimo entretenimiento que merece relecturas, al igual que hay películas que volvemos a ver por más veces que las hayamos visto y con las que nos encontramos por casualidad al zapear.

Un gran descubrimiento, una joya del noveno arte y de la ci fi y un autor que tiene aún mucho universo que explorar y que contarnos.

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Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses, de Jason Aaron

thor el carnicero

thor el carniceroHay historias de Thor que son malas, las hay que son regulares y otras que son buenas. De las malas, algunas son malas con avaricia y de las regulares, pues eso, ni fu ni fa. Pero, ¡por Asgard bendito!, las que son buenas,  son…¡la hostia de buenas! Y son mucho mejores si Thor va en solitario, sin estar con Los Vengadores ni otros grupos, como es el caso que nos ocupa, y cuando atañen a su vertiente mitológica (aunque esta vez sí, pero no del todo).

En Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses vamos a ver tres Thors por el precio de uno,  los tres en diferentes momentos de su vida.

Tendremos al Thor del pasado. Un Thor joven y salvaje, sin su martillo Mjölnir, pues todavía no es digno de él, –aunque con un hacha–, sin poder volar, rodeado de sus fans vikingos, y  disfrutando a tope de los combates, las mujeres y el hidromiel.

También encontraremos al Thor del presente, al Thor famoso por pertenecer al grupo de Los Vengadores (Iron Man aparecerá muy brevemente), un Thor protector y con una vertiente más de héroe que de dios.

Y por último disfrutaremos del Thor del futuro. Rey de un Asgard yermo del que es último habitante, con un aspecto muy semejante al de Odín, tuerto, con barba y con un brazo que parece ser el de… ¿El Destructor? (Supongo que eso será algo que nos será revelado más adelante).

Aaron va alternando la historia mediante estas tres líneas temporales, las cuales a veces se cruzan, y compone un tomo épico impresionante que desde las primeras viñetas logran atraparte y que, en mi opinión, no necesita antecedentes previos para poder ser leído y disfrutado.

¿Pero de qué va este señor cómic? Todo empieza cuando Thor escucha la oración de una niña que pide lluvia para su pueblo para poder sobrevivir, ya que en su planeta hace años que no llueve. Ante el agradecimiento e incredulidad de la niña Thor responde:

“¿Qué clase de Dios sería si no respondiese a las oraciones?”

Más tarde, será Thor el que pregunte a un anciano el porqué de que la niña le rezara a él y no a sus propios dioses, a lo que este le responderá que en ese planeta no tienen dioses, que su madre le hablaba sobre ellos pero que debían de ser cuentos para niños… Intrigado, decide investigar y descubre que los dioses de ese planeta han sido exterminados y que… no son los únicos. Alguien está cargándose a todos los dioses… y Thor, por supuesto, intentará impedírselo.

La parte filosófica-religiosa acerca de la existencia o no de los dioses, del papel que deberían jugar, de su interrelación con sus adoradores… es más que evidente y es una crítica en toda regla más profunda de lo que parece.

En lo tocante al arte no puedo estar más contento. Un dibujo de un nivel altísimo, soberbio e impresionante, a la altura de la grandísima épica de esta historia protagonizada por uno de mis personajes favoritos. Unas viñetas que no se parecen en nada a las que serían las propias de un superhéroe, sino más bien a las que acompañarían a una leyenda medieval ilustrada.

Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses es una lectura excelente, cargada de epicidad, muy bien construida, adictiva y con una trama que va de menos a más, con un personaje (o tres) en el que distinguimos la evolución personal y el estrago de los años. Un cómic imprescindible en todos los sentidos, que ningún fan de Thor, de Marvel o de los buenos cómics debe perderse y que planta las semillas, o eso creo intuir,  de algo que cambiará el rumbo del Dios del Trueno hacia su “indignidad”. Un cómic digno de todo un dios nórdico.

¡Por Asgard!

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Goya: Lo sublime terrible, de El Torres y Fran Galán

goya

goyaSi me preguntaran cual es mi pintor favorito no respondería nada. Me quedaría en blanco pensando en pintores y miraría fijamente a los ojos a mi interlocutor hasta que se diera por vencido. ¿Por qué esa manía de tener un pintor, escritor, director de cine, grupo de música, actor, actriz… favorito? Yo tengo muchos favoritos de todos, no puedo quedarme solo con uno. Van Gogh, Klimt, Munch, Warhol, Dalí, Rothko, Tamara de Lempicka… No te puedes quedar con uno como el favorito porque incluso si así lo haces, hoy puede ser uno y mañana o tal vez dentro de seis horas, puede ser otro.

En el caso de Goya, me gusta lógicamente, sino no habría leído este cómic, y figura también entre mis predilectos. Pero me gusta más que nada por su parte oscura. Las llamadas Pinturas negras, (con las que decoró su casa, la Quinta del Sordo), y otras anteriores. Tal vez por ser tan nocturnas y oscuras; por tener la mitología y la brujería de fondo en unos tiempos en los que la Inquisición aún rondaba por estas tierras; por lo que tienen de pesadilla malsana, de irrealidad, de cercanía a la enfermedad, la vejez y la muerte; por estar descentrados y por crear una sensación de angustia y pesimismo vital. Por lo innovador y rompedor. Por todo eso o qué sé yo porqué, me gustan estas obras goyescas.

Y por eso, y porque al guion estaba El Torres (Camisa de fuerza), tenía que leer sí o sí este Goya: Lo sublime terrible.

Conviene advertir que esta no es una biografía. Este cómic, siendo quien es el autor y conociendo la obra de Goya y los sucesos que vivió, no podía ser de otro género que no fuera el del terror.

Un pintor que se está recuperando de una enfermedad a partir de la cual ha cambiado su temática. Una enfermedad que le ha dejado sordo y que le hace sufrir fiebres y alucinaciones. ¿O puede que no sean alucinaciones? ¿Hay algo más terrorífico que caminar al filo de la navaja? ¿Que no saber si es real o invención de nuestro cerebro lo que estamos viendo? Es cierto que el no poder distinguir la realidad es un recurso muy visto, pero no por ello menos atractivo y, en este caso además, queda de primera. El Torres se inventa, y combina a la vez con hechos históricos, la razón de las extrañas obras surgidas a raíz de esa enfermedad, las cuales terminarían desembocando en las Pinturas negras, y somos testigos del proceso de lucha interna de un hombre ilustrado y racionalista contra sus propios demonios internos (que, por extensión, podríamos generalizar a los demonios de todos aquellos creadores), la superstición y el miedo imperante en el país. Y por culpa de, o mejor dicho, gracias a, esa lucha Goya dará rienda suelta a su creatividad, alejándose de encargos convencionales que limitaban su arte haciéndolo ceñirse a unas normas académicas y del buen gusto.

Ay, Goya. Pintas a los ricos, los nobles y sus santos… Los ídolos que matan la libertad del individuo. Tienes recompensas materiales, claro. Pero con cada santo, matas tu arte. Con cada noble matas tu propia grandeza.”

Por otra parte, la forma en la que se introduce a la Duquesa de Alba (inspirada en Eva Green) en la historia me ha parecido muy acertada. Nunca se ha sabido si fueron amantes o no y la idea que se propone aquí encaja como un guante dentro del contexto de la trama.

En cuanto al dibujo. ¡Soberbio Fran Galán! Estamos viendo a Goya, a las brujas, al macho cabrío, las viejas, los fusilamientos y sobre todo el tratamiento de la luz y la recreación de escenarios y vestuario y nos lo creemos todo, todito, todo.

En resumen, Goya: lo sublime terrible es un pedazo de cómic que gustará a quienes les guste Goya, hará las delicias de los que quieran una buena historia de terror y saciará a todo aquel que se acerque a él.

Después de leerlo, verás la obra de Goya de otra manera. Eso está garantizado.

Sin duda este cómic dará que hablar y es ya, por derecho propio, uno de los mejores del año. ¡El Torres ha vuelto a hacerlo!

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Batman: El Príncipe Oscuro (1 de 2) de Enrico Marini

Batman principe oscuro

Batman principe oscuroDesde que en verano de 2017 supe de la existencia de este proyecto no veía el momento en que cayera en mis manos. Faltaba tanto para que saliera publicado en España, que a punto estuve de pillarlo por cierta empresa de comercio electrónico en su edición francesa y de lujo, a pesar de no tener ni zorra idea de francés. Pude controlarme, con dificultad, pero lo logré, como buen guerrero con nervios de acero. Cómo él me enseñó. En vez de eso tuve que conformarme con las pildoritas que el propio Marini subía a Facebook, en donde nos ponía los dientes largos enseñándonos con videos su destreza con las acuarelas.

Pero ahora ya, por fin, lo tengo en mis manos. Formato europeo, tapa dura y portada chulísima con un Batman que parece pensativo ocupándola casi toda, pero dejando también espacio al negro y al morado. Una excelente combinación cromática para una portada simple, pero igualmente atractiva.

Marini y Batman. ¿Qué decir de ellos? De cualquiera de ellos. Uno de los mejores artistas de cómic del mundo (Rapaces, El Escorpión) junto a uno de los personajes e iconos mundiales del noveno arte. Sobran las explicaciones, y aunque lo cierto es que es raro ver a autores como Marini trabajando para las grandes editoriales yanquis, ¿cómo no vas a hacerlo cuando el propio Batman entra en tu casa rompiendo tu ventana, (que no te va a pagar), y te pide que le dibujes una historia sobre él? A Batman no se le dice que no, y menos cuando ves que tu sueño de infancia se va a hacer realidad y además querías que tu próximo proyecto fuera un noir.

Para leer este Batman: El príncipe oscuro (1 de 2) no hace falta estar al corriente de ninguna de las múltiples colecciones del murciélago. Cualquiera puede adentrarse en la lectura de este tomo y disfrutarlo sin miedo a perderse por falta de conocimientos previos en la mitología del personaje.

La historia comienza con el secuestro de una niña por parte del Príncipe Payaso. Una niña que, no quiero hacer spoilers, pero va a traer de cabeza a Bruce Wayne y, claro está, a Batman. El murciélago va a dejarse la piel, va a dejar de comer y de dormir por encontrar a esa niña y va a hacer de su rescate algo personal.

En cuanto al Joker, es el viejo Joker de siempre al que no le importa matar a su propia banda si un chiste no le hace gracia y Harley Quinn parece ser la de los tiempos de Mad Love, cuando aún estaba enamorada de su pastelito.

Y ya sé que está feo decirlo pero, aunque en un cómic, como en un libro, la historia es importante, es un pilar básico, en un cómic también lo es, pero el dibujo a veces lo es aún más. Yo buscaba aquí una buena historia, y la he encontrado a pesar de faltar aún la segunda parte, pero sobre todo lo que quería era ver a Batman, a sus villanos, a Gotham, y al universo del Caballero Oscuro dibujados por ese genio del dibujo que es Marini. No me importaba tanto la historia. Por mí, como si no hubiera ni un diálogo. Quería el dibujo. Y, ¡joder!… ¡vaya que si me lo ha dado! Un dibujo de una calidad indiscutible. Muchas veces he dicho de algún cómic que tiene páginas dignas de ser enmarcadas y colgadas en las paredes de mi casa. Aquí no solo cada una de las páginas pueden ser enmarcadas, sino protegidas con un cristal blindado como si se tratara de La Gioconda o La Piedad de Miguel Ángel.

¿Ha merecido la pena la espera? ¡Coño!, ¿no has leído lo que te he dicho? Rotundamente sí. Batman: El príncipe oscuro (1 de 2) es el cómic que debes leer tanto si eres fanático del personaje como si quieres encontrarte con un dibujo increíblemente bueno de la mano de uno de los mejores dibujantes.

En serio, si no habéis visto en acción a Marini, buscad sus videos. Podríais pasar horas embobados viéndole pintar.

Un cómic para leer y releer, arte para la vista y para las paredes. Un cómic que se convertirá en otro clásico del murciélago.

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Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris

lo que mas me

lo que mas meVaya papeleta hacer esta reseña. Es una de esas que cuesta; que no sabes qué decir porque, inevitablemente, digas lo que digas, te vas a quedar corto. Pero mucho, además.

Y el caso es que lo veía venir. Lo barruntaba. Es de las veces en las que la intuición acierta cuando te dice “síguele la pista a ese libro/cómic/autor…” Pero es que además, medios entendidos, de los entendidos de verdad, no de los de la fajita, aseguraban que este iba a ser uno de los cómics del año. Y no se han equivocado.

De primeras lo que llama la atención, aparte de la espectacular portada en la que se ve el trazo de los lápices de colores, es el tamaño. El cómic en cuestión es todo un señor tocho. 432 páginas. 432 páginas que imitan la apariencia de un cuaderno de los de espiral, con línea de margen roja a la izquierda y líneas horizontales azules separadas aproximadamente un centímetro. Y es así porque lo que vamos a leer es el diario de una niña escrito en ese cuaderno. El diario de una niña de 10 años, Karen Reyes, en el Chicago de los años 60. Una niña muy peculiar, pues le encantan los monstruos (Drácula, Frankenstein, El hombre invisible…), el cine de serie B, los cómics de su hermano y dibujar. Ella misma se cree una niña-lobo y como tal se dibuja en su diario, además de con un sombrero y una gabardina de detective. ¿De detective? Sí, porque va a investigar un asesinato: el de su hermosa vecina de arriba, Anka Silverberg, superviviente del Holocausto. La policía dice que ha sido un suicidio, pero ella no lo cree.

Karen comenzará una  investigación en torno a ella y Emil Ferris nos contará con pasmosa habilidad tanto la historia de la fallecida como la vida de nuestra niña protagonista, enmarcada esta última en el contexto de una familia cuyo padre huyó, una madre enferma, un hermano que guarda un secreto y tiene todos los billetes para ir a Vietnam, y unos vecinos, –entre los que se encuentra el casero y a la vez jefe mafioso–, a cual más extraño.

Pero además, las “rarezas” de Karen no facilitan su día a día: en el colegio la llaman rara, sucia, ridícula y su mejor amiga, víctima de la presión social y el qué dirán la abandona por el grupo de las guays.

Así pues, la vida de Karen, no lo olvidemos, una niña de solo 10 años, va a estar llena no solo de sus monstruos imaginarios, sino que por desgracia también de monstruos propios presentes en su día a día en forma de racismo (disturbios raciales, asesinato de Luther King,…), homofobia, acoso escolar, enfermedad… y estos, a su vez, van a entremezclarse con gran destreza con los monstruos ajenos del pasado que irá descubriendo a medida que avance en la investigación de la sospechosa muerte de su vecina.

El apartado visual es demoledor. No hay viñetas al uso, hay una variedad de técnicas y estilos, dibujos e ilustraciones que conforman un tomo como nunca antes había visto. Un tomo potentísimo, brutal y me quedo muy corto, repito. Es para verlo. Es algo rompedor que hará gozar a ilustradores, dibujantes y a todos aquellos lectores que disfruten de un buen dibujo, a veces ortodoxo y otras no tanto, pero siempre cien por cien disfrutable.

Además, hay algo que quiero resaltar, que me parece importante y que es algo parecido a lo que conté del dibujante de Black Hammer, Dean Ormston. Y es que la autora, Emil Ferris, contrajo en 2001 el virus del Nilo Occidental, que aparte de derivar en meningitis y afasia, la dejaron paralizada de cintura para abajo y perdió la movilidad de la mano derecha, con la que dibujaba. Tras un largo periodo de rehabilitación y diez años después consiguió terminar el libro y Sony ya ha adquirido los derechos de adaptación al cine bajo la dirección de Sam Mendes. No obstante, creo que es una obra puramente comiquera y, llevada al cine, difícilmente causará el impacto que provoca cuando uno pasea la vista por sus páginas.

Para terminar decir que pensaba que este Lo que más me gusta son los monstruos contenía la historia completa, pero resulta que no, que esta es solo la primera parte y que pronto podremos disfrutar con la segunda. Y esperemos que sea muy pronto, porque este número acaba con un cliffhanger de aúpa.

Lo que más me gusta son los monstruos es el cómic que debes leer si solo vas a leer un cómic este año, si no has leído nunca ninguno y quieres animarte a hacerlo, si te gusta una buena historia, fluida pero también con múltiples tramas oscuras, personajes bien definidos y situaciones creíbles y excelentemente ambientadas.

Una bomba visual acojonante.

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