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¡Universo!, de Albert Monteys

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uuniversoHoy en día parece que todo está dicho en el género de la ciencia ficción. Los típicos viajes temporales, las naves espaciales, los robots cada vez más minimalistas, los extraterrestres… son algo que parecen de inclusión obligatoria en este campo. Y, sin embargo, desde el Frankenstein de Mary Shelley, por ejemplo, el ser humano sigue inventando y asombrando con una variada gama de tramas y temas en el que esos elementos o no se incluyen o lo hacen de una forma realmente original (1984Los juegos del hambre, Fahrenheit 451, 20.000 leguas de viaje submarino, El cuento de la criada, Hijos de los hombres, Ready player one, 2001,…)

También es cierto que desde hace ya mucho, la mayoría de obras encuadradas en esta categoría destilan un tono tirando a lo catastrófico, lo apocalíptico o terrorífico, sin necesidad de hablar de matanzas o escenas sangrientas, sino de lo desasosegante que parece que será nuestro futuro más inmediato, ese en el que ya se están sentando las bases, y que viene de la mano de la tecnología, como muy bien viene ejemplificando temporada tras temporada la intachable serie Black Mirror.

Astiberri edita ahora en papel un cómic cuya primigenia versión fue desarrollada durante tres años para una plataforma digital y que ha resultado, felizmente y con todo merecimiento, nominada a los Eisner del año pasado. Albert Monteys, tras dieciocho años de experiencia en El Jueves, de la que llegó a ser director, se vio liberado de su deber con el humor semanal y pudo dedicarse a las historias que le apasionan, cuyo fruto ha sido este cómic. Cinco relatos que, aun siendo autoconclusivos y pudiendo leerse de forma independiente, no dejan de tener alguna conexión entre ellos.

¡Universo! da una vuelta de tuerca a los temas de los viajes temporales la cocción en frío, la vida extraterrestre, la robótica, la tecnología y las corporaciones enormes, y lo hace intercalando casi sin darnos cuenta pinceladas de humor para aligerar de alguna forma lo terrible de lo que en el fondo nos está contando y más terrible aún, que ya vemos como algo normalizado.

Cinco historias que darán que pensar, como la primera. Una gran corporación envía a uno de sus empleados atrás en el tiempo, justo antes del Big Bang para sellar cada partícula de materia que se genere con el logo de la empresa y así ser dueña del mundo.  ¿No está pasando esto ya? O como otra en la que lo normal es que las parejas sean biomecánicas (humano y robot) y lo raro es que sean carnales (dos humanos) pero más extraño aún que el sexo entre estos últimos sea “a la antigua”. ¿Y esto? ¿No está sucediendo? ¿No se están vendiendo ya muñecas robóticas sexuales con inteligencia artificial? ¡El futuro es ahora!

En fin, el terror de un probable futuro cotidiano descrito en viñetas con humor, con un grafismo más “realista” que aquel que Monteys solía usar en la revista satírica, con un uso correcto del color y un acertadísimo formato apaisado.

Monteys ha demostrado ser un gran narrador en formato largo, que presta atención a los detalles, que compone tramas sin fisuras y que se ha revelado como un excelente autor de ci fi con algunos argumentos capaz de hacerte estallar la cabeza.

¡Universo! es una colección de relatos que engancha de igual manera que lo hace una buena peli de género. Pero no solo eso. Es un cómic que destila ingenio e imaginación, que desarrolla planteamientos innovadores en temas que parecían ya demasiado sobados y es, sobre todo, un grandísimo entretenimiento que merece relecturas, al igual que hay películas que volvemos a ver por más veces que las hayamos visto y con las que nos encontramos por casualidad al zapear.

Un gran descubrimiento, una joya del noveno arte y de la ci fi y un autor que tiene aún mucho universo que explorar y que contarnos.

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Plutona, de Jeff Lemire y Emi Lenox

plutona

plutonaLos cómics sobre superhéroes siempre nos han ofrecido historias en las que el protagonista que goza de poderes inimaginables está en el punto álgido de su vida. Su poderío es apabullante, sus músculos increíbles y en su actitud mora la osadía que va intrínsecamente ligada con la juventud. Tras algún que otro contratiempo nuestro héroe o heroína siempre acaba venciendo al villano de turno. En ocasiones casi sin despeinarse.

Luego están esos cómics que, con sucesivos reboots del personaje o en tramas que sirven de excusa para que el lector visite el pasado, podemos asistir a los orígenes de ese superhéroe. Siempre resulta revelador descubrir a qué problemas se enfrentó este ser especial antes de conseguir, mediante el aprendizaje, controlar esos poderes que inicialmente le asustaban. Caer, levantarse, y caer de nuevo; así sucesivamente hasta hallar el camino que lo llevaría a consagrar su vida en pos de la justicia.

Por último, y no menos importantes, están los cómics de superhéroes crepusculares. Viejos, derrotados, con poderes totalmente mermados y casi siempre en busca de la redención; la cual cruelmente hallarán tras pagar un alto precio. Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Watchmen abrirían la veda de este tipo de héroes derrotados que no son capaces de encajar con el mundo que los rodea. La muerte siempre es moneda de cambio en estos relatos. Tumbas sin nombre acogen viejas leyendas que se dejaron la piel por retomar el camino de la rectitud que una vez abandonaron.

Vale, bien, ya hemos matado al superhéroe. Se nos han puesto los pelos de punta con sus últimos y titánicos esfuerzos por salvar la humanidad. ¿Y ahora qué? ¿Cómo nos afecta esto a la gente corriente? Jeff Lemire, que en Black Hammer: Orígenes Secretos ya nos mostró a un puñado de superhéroes en horas bajas atrapados en un purgatorio de decadencia y melancolía, vuelve con una peculiar historia de superhéroes. Y digo peculiar porque la superheroína que da nombre al cómic, Plutona, será el pretexto para poner en marcha una situación truculenta a la que cinco adolescentes tendrán que hacer frente.

Plutona nos muestra en sus viñetas iniciales, en cuatro viñetas que hacen hincapié en las diferentes partes del cuerpo ensangrentadas de una superheroína, como la figura inerte de ésta se halla en las profundidades de un bosque. Hasta allí llegarán cinco adolescentes. Ante la conmoción inicial empiezan a debatir sobre qué deben hacer con el cuerpo. ¿Enterrarlo sin decir nada a las autoridades? ¿Grabar un video para colgarlo en Youtube y enriquecerse? ¿Avisar a los otros superhéroes de la ciudad que ahora se hallan distraídos en chorradas superfluas y que han abandonado sus obligaciones como defensores de Metro City? Aunque en un primer momento parecen llegar a una difícil decisión, algunos integrantes del grupo decidirán actuar en su propio beneficio.

Jeff Lemire teje una cruda historia de costumbrismo superheroico que a medida que avanza se vuelve muy oscura y siempre poniendo el foco de la acción principal sobre los adolescentes que deberán dirimir no solo con sus vidas sino también con un terrible secreto. Vidas que Lemire insinúa, con padres borrachos o madres inexistentes, dejando demasiado a la imaginación del lector y haciendo que algunos personajes pierdan algo de profundidad. Enlazando con la historia de los muchachos y siempre en retrospectiva, al final de cada capítulo se nos contará que llevó a Plutona a acabar tirada en aquel bosque. Esta alternancia en la narración será la puntilla definitiva para acercarnos a un final perturbador que te deja más compungido que aliviado. Un final que es como ver venir desde lejos un camión y no poder hacer nada para evitar ser arrollado.

A los lápices encontramos a la ilustradora Emi Lenox. Su trabajo mezcla con soltura el estilo cartoon indie de trazos gruesos con cierta evocación sutil al manga. Su dibujo se vuelve más duro, sucio, realista y menos juvenil en las páginas que nos hablan de Plutona. Rostros demacrados, músculos marcados, ojeras oscuras y cabellos enredados sirven para mostrarnos a una superheroína que aunque cansada sigue haciendo lo correcto. Pero sobre todo, lo que Emi Lenox consigue, dotando de gran expresividad a los rostros y eliminando distracciones de fondo o detalles que no aportan nada a la narración, es que las personas (sus gestos, silencios, miradas) estén por encima de todo.

Plutona, publicado por la editorial Astiberri, es un cómic de corte indie que nos muestra cómo se comporta un grupo de adolescentes ante un macabro hallazgo que se convertirá en una especie de inquietante rito hacia la temprana madurez. Sus decisiones vendrán marcadas por sus personalidades y el entorno familiar en el que se han criado, llevándoles a cometer actos crueles e inmorales, aunque también honestos y de amor de los cuales el lector tampoco saldrá indemne.

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Archivos estelares, de Flavita Banana

Archivos estelares

Archivos estelaresNo puedo negar que soy una completa enamorada de Flavita Banana. Creo que se me nota a la legua. La conozco desde hace bastante tiempo por las redes sociales, pero desde que leí y reseñé Las cosas del querer, mi amor ha ido en aumento. Creo que dentro de poco le pediré matrimonio.

Fuera de coñas, lectores, el trabajo que hace esta ilustradora me parece de lo más interesante del panorama actual. Flavia Álvarez (1987), aka Flavita Banana, es esa chica con un sello propio tan original como reconocible. Como os decía en la anterior reseña, sus dibujos, de trazos gruesos y fuertes y aparentemente sencillos tienen una gran carga narrativa. Algo que me sigue pareciendo igual de alucinante que la primera vez. ¿Cómo puede, con tan poco, decirnos tanto? Creo que esa es una de sus grandes virtudes. Normal que tenga tantos seguidores y que aparezca en medios como El País.

Archivos estelares es su más reciente publicación. Editado por ¡Caramba!, este libro es una preciosidad que os recomiendo muy mucho. Archivos estelares es una antología. “Una antología a los 30 años me viene grande, joder. Es como si me hubiera muerto. No considero estar a la altura de los grandes y sin embargo me sacan una antología a mi edad. Así que ya puestos, me he venido arriba”.

Claro que sí, Flavita, vente arriba porque tienes motivos para estar en lo más alto. Y como ella misma dice “Aquí están los Archivos estelares, una aberración similar al título de Miss Universo. Pero oye, ¿no harías lo mismo si pudieras?” Por supuesto. Y de aberración nada, querida, porque puestos a soñar, soñemos a lo grande, ¿no?

Así que, queridos lectores, en Archivos estelares vais a encontrar una antología de su trabajo. Una selección cojonuda de sus viñetas con las que os aseguro que pasareis un rato genial. Es difícil que yo pueda explicaros estas viñetas, porque obviamente se explican por sí solas. Por ejemplo:

Viñeta

o:

viñeta2

Son algunas de mis preferidas.

De lo que sí estoy segura es que su humor, su cinismo, sus dramas y su mezcla de humor-amor os atraparán. Porque como dice Miguel Gallardo en el prólogo: “poca gente sabe mezclar amor y humor de una forma tan enrevesada y directa. A pesar de todo el cinismo que destila, deja ver un corazón así de grande, que se encariña con esas mujeres de pelo alborotado y esos hombres atónitos”.

Así es la gran Flavita Banana. Todo corazón. Un corazón que entre sístole y diástole es capaz de arrancarnos la carcajada. Maravillosa.

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Black Hammer. Orígenes secretos, de Jeff Lemire y Dean Ormston

black hammer

black hammerLlega un momento en el que uno busca cosas diferentes en el universo del cómic de superhéroes. Y no porque deje de gustarle ni porque se haya hartado de ellos. Simplemente le apetece un cambio, conocer otras historias de ese mundillo, otros autores y otros personajes con historias no tan heroicas, o al menos no en el núcleo principal.

Y así, me encuentro con Black Hammer. Orígenes secretos. Un cómic que, si es alabado por un artista del noveno arte como Mark Millar, cuyo trabajo me divierte y que se refiere a este cómic así: “Hace años que no leía un cómic tan loco y brillante como Black Hammer”, como mínimo debe de merecer la pena.

La verdad es que loco loco, lo que se dice loco no es, pero brillar, ohhh, amigos… Brilla con una luz insultantemente cegadora.

Lo bueno es que no asistimos a manidas luchas entre personajes en mallas y villanos excéntricos (aunque bueno, hay algún breve flashback en el que sí, pasa exactamente eso y más) sino que se centra en las relaciones interpersonales de unos cuantos exsuperhéroes.

Tenemos ante nosotros a un grupo heterogéneo de héroes (casi todos nos van a recordar a conocidos iconos de DC o Marvel) que hace diez años derrotó al malvado Anti-Dios (una especie de Galactus) y no se sabe cómo ni porqué, tras esa victoria fueron transportados a una granja en una localización rural de la que parece ser que no pueden salir. El mundo les da por muertos y ellos viven ocultando sus identidades. Pero no todo el mundo cree que están muertos. Una mujer, periodista e hija del único de los héroes que realmente murió, Black Hammer, está convencida de que el resto de la formación está en alguna parte y pase lo que pase se ha propuesto encontrarlos.

Lo más jugoso de este cómic es lo que ya he comentado, las relaciones entre cada miembro, en lo que parece ser una familia extrañamente estructurada en la que cada uno va a su bola, siendo Abe, el “abuelo,” el más preocupado por ser una familia y por parecerlo (y cuyos orígenes me traen a la memoria los del Capitán América). Tenemos una anciana en el cuerpo de una niña (en claro homenaje a Shazam –si hasta la palabra clave es casi idéntica: Zafram–) harta de estar condenada dentro de ese cuerpo y obligada a asistir año tras año a las aburridas clases del colegio y enfrentándose por ello a Abe, que ejerce de padre. También forma parte de la cuadrilla Barbalien (un remedo del Detective Marciano), el Coronel Wierd (a quien no logro emparejar con ningún personaje preexistente) y el cual en sus primeras intervenciones resulta gracioso pero una vez conocida su historia comprendemos su sufrimiento; Walkie Talkie, compañero del Coronel y Madame Dragonfly, que es más o menos como Madame Xanadú.

El tomo está estructurado en capítulos en los que brevemente se habla de cada miembro y conocemos algo de su historia, para posteriormente seguir con la trama principal, en la que cada uno tiene un objetivo distinto, ya sea formar una familia, ya sea escapar de esa zona fantasma.

La historia entretiene más de lo que a priori parece y engancha que da gusto.  Está bien tejida, con los elementos humanos bien configurados y desarrollados  y un guion que no chirría y en el que los homenajes al cómic clásico de superhéroes son un aliciente más. Además, ha ganado el premio Eisner a la mejor serie nueva, y aunque esto de los premios es muy subjetivo, con los Eisner suelen acertar.

Otro punto, y muy importante, es el dibujo. En mi opinión, una mezcla del estilo de Mignola y el de Kevin O´Neil que me ha dejado más que satisfecho y que se aleja del típico dibujo del superhéroe comercial. Cabe resaltar el enorme mérito de  Dean Ormston, ya que semanas después de los primeros episodios sufrió una hemorragia cerebral de la que tardó meses en recuperarse y el lado derecho de su cuerpo, incluida la mano con la que dibuja, quedo parcialmente paralizada. Gracias a mucho esfuerzo y rehabilitación consiguió recuperarse casi por completo y los resultados hablan por sí mismos.

En resumen, un cómic en el que Jeff Lemire hace el cómic que siempre quiso: su versión de los superhéroes con historias humanas acerca de la familia y la vida en el pueblo.

Black Hammer. Orígenes secretos es un cómic que apetece mucho, de esos que pueden leerse varias veces (y yo no suelo), un homenaje al cómic en general, con un estupendo punto de partida desarrollado en una gran historia, un magnífico entretenimiento que, además, te deja con el ansia viva de saber qué coño va a pasar después del cliffhanger monumental con el que acaba.

Uno de los indispensables de 2017, sin ninguna duda.

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Ether: La muerte de la última llama dorada, de Matt Kindt y David Rubín

Ether la muerte de la última llama dorada

Ether la muerte de la última llama doradaEl año pasado el museo del Prado reunió las mejores obras del pintor Jheronimus Bosch, más conocido como el Bosco, para conmemorar los cinco siglos de su muerte. Entre esas obras se encontraba El jardín de las delicias, un tríptico pintado al óleo que es una portentosa obra de imaginación. No tuve la oportunidad de visitar el museo, pero desde la página web de éste pude escrutar con tranquilidad todos los detalles del cuadro. Todos esos seres deformes, monstruos, animales imposibles, abominaciones de la naturaleza; todos ellos formando parte de un todo tan fantástico que me dejó atrapado durante horas preguntándome qué vivencias habría tras esos personajes. No el significado alegórico, sino las historias que contaban sus estáticas acciones. La liebre que vagabundea por entremedio del alboroto que forma una aglomeración de cuerpos desnudos, ¿anda pérdida o solo está curioseando? El tipo con cabeza de arándano que yace junto a una muchacha, ¿ella le ama a pesar de su extraña deformidad o solo está con él por su dinero? Cosas por ese estilo. Todos esos personajes llegaron a conquistarme hasta tal punto que sentí que formaba parte de ese lugar. La primera vez que puse un pie en Ether sentí exactamente lo mismo. ¿Pero qué es Ether?

Ether: La muerte de la última Llama Dorada es un cómic escrito por Matt Kindt y dibujado por David Rubín. Ether también es un mundo mágico, un mundo de lugares imposibles y seres de disparatada composición biológica que se haya en una dimensión alejada, pero a la vez en los aledaños de la nuestra. Un paraíso para la vista con una aventura tras cada esquina. Un misterio por resolver para todo buen científico. Una golosina que saborear para todo buen aventurero. Boone Dias es ese aventurero. Un explorador interdimensional con la mente analítica de Sherlock Holmes, el anhelo de sondear lugares recónditos de Ernest Shackleton y el arrebatador carisma de Indiana Jones. Y mientras Boone Dias se deja seducir por esa magia, en la cual hay mucho de ciencia, los habitantes del lugar solicitan su ayuda siempre que se perpetra un crimen. ¿El último? ¡La Llama Dorada ha sido asesinada! Las dotes de Boone Dias serán necesarias más que nunca.

Cuando todavía estoy recuperándome de la resaca de Gran Hotel Abismo, cuando aún tengo que hacer un esfuerzo para no asaltar a cualquiera de todos esos políticos corruptos que reptan por nuestro país y apretarles, pero bien apretado, el nudo de la corbata, llega la nueva obra de David Rubín. Esta vez su compinche es Matt Kindt. O llega la nueva obra de Matt Kindt con David Rubín como camarada. Tanto monta monta tanto. Ambos nos llevan a una historia repleta de fantasía sin tapujos ni medias tintas. Algo que se hace patente desde la página uno, con un protagonista que parece hablarle directamente al lector, aunque en realidad la charla la mantenga con Glom, una especie de gorila con patas de cabra que es el guardián de La Encrucijada: el portal entre la Tierra y el reino mágico de Ether y que se convertirá en el compañero inseparable del protagonista. Delirante, ¿eh? Pues aún queda mucha tela por cortar. Aun así la tendréis que descubrir por vosotros mismos pues Ether: La muerte de la última Llama Dorada es una de esas obras en las que cuanto menos se sabe más se disfruta.

Sí puedo explicaros, en cambio, que la narración engancha como una droga dura. Primero con todos esos flashbacks que los autores han introducido en el momento idóneo, sin entorpecer nunca la acción, y que añaden profundidad al cómic al explicar lo necesario para que podamos avanzar por la historia. Y luego con ese marcado, desgarrador incluso, contraste entre el colorido y deslumbrante mundo mágico de Ether y el oscuro, real y desalentador mundo real. Tras visitar Ether, mi primera vuelta a la Tierra fue dolorosa, triste, con la sensación de haber perdido algo irrecuperable. Esa sensación de formar parte de ese lugar… ¡Ya os lo dije! Y por último están los conceptos, las historias de batallas pasadas, la fauna del lugar, los habitantes de la ciudad de Agartha, todo en conjunto encaja de forma tan delicada, tan precisa, que conforman en su totalidad un mito.

Si el guion de Matt Kindt es una bomba el dibujo de Rubín es esa mano que la activa, permitiendo que inmoles tu sentido de la vista en una explosión de colores y de dibujos prodigiosos. Atención a los colores de Ether. A los de la Tierra. Esa forma de acentuar las diferencias entre los dos mundos. Esos manchurrones que caen de forma controlada sobre esos dibujos que muestran recuerdos y que se asemejan a esas fotografías ajadas por el paso del tiempo ¿Y qué decir del diseño de personajes? Pues no mucho, porque por mucho que me esfuerce me quedaré corto, por mucho que lo intente no seré capaz de hablar de esos rostros de mirada tierna, dura, sincera, de mirada gatuna; de la heroica y sinuosa complexión de la Llama Dorada; o de esos animales voladores, corredores o nadadores de fabulosa apariencia que solo habitan en los sueños más intensos o en las locuras más enfermizas.

Ether: La muerte de la última llama dorada (con una edición impecable por parte de Astiberri) es un cómic único e inclasificable, además de un tsunami de imaginación que te zambullirá en un mundo mágico. El único pero de Ether es que se acaba, y al ser un primer volumen, de espero muchos más, es necesario esperar. Y como he dicho antes este cómic es pura droga, así que la espera puede provocaros un síndrome de abstinencia bastante agudo que, por suerte, podéis remediar releyéndolo hasta la extenuación.

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La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril

La Grieta

La GrietaLo malo de los muros es que no te dejan ver más allá del ladrillo. No te dejan ver el mar ni los cuerpos que, si hay suerte, no llegarán a tus costas en verano. Se los tragará el agua, como nos los tragamos nosotros, en algún lugar de nuestras cabezas donde no incomoden en exceso. No. Lo que tienen los muros es que no te hacen más libre, ni más seguro. De hecho, te doblegan ante ciertas palabras. El miedo es una de ellas. Hablamos de él con cierta ligereza, con la frivolidad del rico nuevo que le dice al hambriento lo duro que es pasar hambre. Y se lo decimos a ellos, que huyen del terror. Porque de algún modo hemos construido vallas a nuestro alrededor que nos protegen, nos aíslan y nos encierran en nosotros mismos, ensimismados. Después, un día nos despertamos y somos incapaces también de reconocer la existencia del otro y de su dolor.

Pero los muros, por suerte, además tienen grietas. Recodos por donde se filtra algo de luz, aunque también de oscuridad, que nos dejan mirar, como una mirilla, el reverso del mundo que conocemos. Como esta novela gráfica, que es más bien una fusión entre fotolibro o fotoperiodismo y cómic, y que lleva por título, precisamente, La grieta. En ella, el periodista Guillermo Abril y el fotógrafo Carlos Spottorno recogen su experiencia a lo largo de tres años recorriendo las fronteras de Europa. Un viaje que empieza en Melilla en 2014 y termina en Estonia y su frontera con Rusia ya en 2016, dando fruto a una base documental de más de 25.000 fotografías y 15 cuadernos de notas.

La grieta es el resultado de este trabajo, una adaptación de los reportajes que realizaron sus autores por encargo de El País, que nos acerca de primera mano a la cuestión burocrática, las tensiones políticas, las dificultades que rodean a los periodistas en su intento de conseguir información y, su variable más constante, al drama de los refugiados, la mayor crisis humanitaria ya dese la II Guerra Mundial. De fondo, los movimientos migratorios en las Balcanes o las misiones de rescate en el Mediterráneo, por cuya cobertura a bordo de una vieja fragata, Spottorno obtuvo el Premio Word Press Photo en 2015.

Así las cosas, en su afán por llegar a todas partes, La grieta encuentra en el cómic, a partir de sus fotografías sometidas a un tratamiento cromático, el medio idóneo para transmitir su mensaje y llegar a un público más amplio. Bien es cierto que, a tramos, da la impresión de que le falta algo de color, como si pasara demasiado rápido por algunos escenarios. Pero no importa. La intención es la del mejor periodismo comprometido, y su relato es claro y directo. Una interesante reflexión sobre las fisuras del sueño europeo, que nos devuelve su rostro más inhumano y menos empático. Y es que, a través de estas grietas, por las que sus autores nos hacen partícipes de la convulsa situación de Europa y recorren los últimos movimientos que se han producido en el continente, vislumbramos además los grandes rotos y parches que atraviesan nuestros muros. Aquellos que empiezan a resquebrajarse y que, si no tenemos cuidado, terminarán por caerse y aplastarnos.

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Bella Muerte 2. El oso, de Emma Ríos y VV.AA.

bella muerte 2 el oso

bella muerte 2 el osoHay veces en las que te cuesta hacer una reseña. No sabes por dónde empezar. Tienes claro que el libro o cómic te ha gustado, pero no te ves capaz de trasladar al papel cuantísimo te ha gustado. Siempre te vas a quedar corto, da igual lo esplendido o imaginativo que te pongas a la hora de buscar adjetivos superlativos porque en tu fuero interno sabes que nunca vas a quedarte satisfecho y te sientes fatal por no poder transmitir a la gente con palabras lo que sientes o has sentido con esa lectura.

Esto es lo que, a medida que iba degustando Bella Muerte. El oso, iba temiéndome. Y es lo que ha sucedido. Si con el número anterior, el primero de esta saga, se notaban los aires e influencias de Gaiman, en este se respiran tanto que no puedes evitar recordarte que no, que aquí ni guioniza ni pinta nada el inglés.

Por supuesto, para entender del todo este cómic es necesario haber leído el anterior. De lo contrario no es que no os vayáis a enterar de nada, pero sí que, a pesar de ser una saga de cómics autoconclusivos, os perderéis algunos aspectos cuya falta no harán de este cómic una lectura redonda. Y también, por supuesto, si habéis leído el anterior, necesitáis aunque aún no lo sepáis, leer este.

En un rancho (recordemos que la ambientación de estos cómics es la de un western combinado con realismo mágico) Sarah es una anciana americana que agoniza en su cama, pero, debido a que conoce a Zorro (personificación amable de la muerte, un tío campechano que a pesar de ser lo que es, no da ningún miedo, –de la misma forma que la Muerte, de The Sandman, tampoco lo da y quieres pasar más tiempo con ella–) y a que su familia ha hecho muchos favores a los suyos (a los que son como Zorro), la hija de Sarah le pide que espere un poco, que no se la lleve todavía, que permita que su hermano, el cual está luchando en Francia en la Primera Guerra Mundial, pueda despedirse también.

Y de ahí vamos al campo de batalla. Un campo lleno de metáforas visuales donde, por ejemplo, las trincheras que cavan los soldados serán sus propias tumbas. Un campo en el que confluirán los personajes ya icónicos para intentar ayudar a Cyrus, el hijo de Sarah.

Esa es la trama grosso modo. Parece simple, ¿verdad? ¡Ja! Una trama, al igual que el número anterior, rodeada de fantasía, belleza, poesía, cuentos ancestrales (el de la buena y la mala suerte), onirismo y personajes bien asentados y definidos, que es preciosa pero que tienes que leer sin prisas y con el primer tomo fresco en la mente.

En cuanto al apartado visual… me remito al primer párrafo. Emma Ríos se sale y nos regala obra de arte tras obra de arte con el añadido además de dotar de misterio, de misticismo, de surrealismo… lo ya de por sí complicado de la narración. El trazo de Ríos unido al color de Bellaire hacen que, –sí, soy un cansino, pero es que no puedo explicarlo de otra manera– el espíritu de la obra de Gaiman y los dibujos de Dave McKean revivan en estas páginas.

Bella Muerte. El oso, es además, a su manera, una crítica a la guerra, un canto a la vida y una advertencia sobre lo rápido que pasa esta, así como un recordatorio de que todos vamos a morir con una frase que parece sacada de la serie Perdidos:

“Todo el mundo muere solo, igual que todo el mundo nace solo”.

Este cómic es de esos que merecen leerse más de una vez, que ganan con cada relectura y que se entienden mejor cuanto más se pasan sus hojas.

Puro divertimento artístico bellamente editado por Astiberri. Una joya elegante e inteligente que combina sabiamente fantasía y realismo y que eleva el noveno arte a los niveles más altos.

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Escapar: histora de un rehén, de Guy Delisle

Escapar historia de un rehen

Escapar historia de un rehenGuy Delisle es uno de esos autores a los que injustamente hemos circunscrito a un solo género, merced al gran grabajo que hizo en obras como Shenzen, Crónicas birmanas o Crónicas de Jerusalén, donde puso de manifiesto su talento para unir el formato de la novela gráfica con un tono más periodístico y documental. Antes de que las televisiones occidentales se pudieran adentrar en el misterio comunista que era Corea del Norte, Delisle ya había publicado Pyongyang, una crónica de su experiencia en el hermético país oriental como supervisor de un estudio de animación, que le permitía pintar un fresco tan asombroso como devastador del país.

Pero el autor canadiense no se ha limitado a este terreno, y además de otras obras como Guía del mal padre, en la recientemente editada novela gráfica Escapar: Historia de un rehén (Astiberri), podemos ver como Delisle se adentra en otros terrenos narrativos con buena nota.

En Escapar, Delisle cuenta la historia de Christophe André, cooperante de una ONG médica en Chechenia que fue secuestrado. Corría el año 1997 y tenía la mala suerte de que era su primera misión humanitaria. Su cautiverio iba a durar más de cien días, pero como él mismo dice “ser rehén es peor que estar en la cárcel. En la cárcel sabes por qué estás allí y en qué fecha saldrás. Cuando eres rehén no tienes nada.”

Guy Delisle, que ya había mostrado interés por el trabajo de misiones internacionales en otros trabajos anteriores (está casado con una doctora de Médicos Sin Fronteras), se entrevistó varias veces con André para poder contar su historia. Para ello, opta por un enfoque diferente al de sus obras más conocidas. En esta ocasión, su trazo se hace más realista, a la vez que más esencial: su natural estilo caricaturesco da paso a uno más frugal pero aún así más contudente. Recuerda en su economía de medios, y al trazo sobrio, a un David Mazzucchelli. La elección del color es también muy precisa: tan sólo un azul y un gris marronoso son los tonos elegidos para la historia.

A partir de aquí, el autor construye la historia de un encierro que se convierte básicamente en una lucha contra el tiempo y contra la locura. En ese lapso de ciento once días de reclusión, el espacio deja de tener sentido y el protagonista, al igual que el autor, se ve obligado a bucear en el mundo interior. Delisle opta por un enfoque que hace partícipe al lector de la psicosis que produce el encierro: son más de cuatrocientas páginas en las que, si hay que decir la verdad, apenas pasa nada. El joven cooperante es cambiado de ubicación en un par de ocasiones y nada más. Todo el resto está formado por sus meditaciones, sus pensamientos, sus miedos e inseguridades, sus anhelos, sus deseos y fantasías. Los días pasan lentos y Delisle lo traslada al lector de forma magistral, a base de capítulos cortos que se abren y cierran con una página en blanco. El autor otorga mucha importancia a esos espacios vacíos, a esos ángulos que normalmente no miramos y que ahora son todo lo que tiene para observar el protagonista Pero ese único escenario y ese único protagonista consiguen que el lector pueda entrar muy bien en la historia y que pueda empatizar con el secuestrado. Al final de la obra (la peripecia final, una de las mejores partes del libro) uno cierra el volumen y parece que respira aliviado, feliz de poder haber salido también del cautiverio.

A pesar de retratar una reiteración de días en las que personaje y lector apenas puede llevar la cuenta del tiempo que pasa, la historia de Delisle es muy ágil, y, gracias a su dominio de la narrativa (recordemos que ha trabajado mucho tiempo como animador) el cómic, por muy largo que pueda parecer, se lee de una sentada. Una de los mejores Delisle de los últimos años, una lectura vibrante que lleva al lector a un encierro similar al de su protagonista.

@cisnenegro

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Gran Hotel Abismo, de Marcos Prior y David Rubín

gran hotel abismo

gran hotel abismoAtento a la pantalla; empieza el show. Tras la mayestática musiquilla introductoria aparece el presentador. Apenas se ven los hilos que lo hacen hablar y moverse. Sus gafas de pasta tiemblan cuando su boca se lanza de lleno a una confusa perorata informativa. Los bancos siguen ganando dinero y propiedades mientras cientos de personas son desahuciadas, abandonadas a su suerte. La banca siempre gana. El gobierno mira para otro lado, pero extiende la mano para recoger su sobre. Cambio de canal. El presentador, que parece igual que el anterior, da paso a otra noticia. El político de turno, de grasiento peinado y sonrisa libidinosa, anuncia nuevos recortes a la vez que promete más trabajo. Parados sin ningún tipo de ayuda no pueden ver su comparecencia, la luz les fue cortada y una vela es su única esperanza. Velas que, en la quietud de la noche, prenden cortinas y calcinan personas. Noticias efímeras que son engullidas por la vorágine de la rabiosa actualidad. Como cuando un político corrupto es encontrado, botella de whisky en la mano, con el corazón roto por falta de uso. Prohibido alegrarse, prohibido pensar diferente, prohibido pensar. Aprieta bien esa mordaza. Cambio de canal. Un presentador de misma manufacturación que el anterior habla de protectores del orden y la paz que evitan, satisfactoriamente, golpeando, hiriendo, vaciando cuencas oculares, una manifestación. Cambio de canal. Cambio de canal. Cambio de canal. Así empieza el día El Animador. Un tipo que utiliza las noticias como carburante para su entrenamiento. Un hombre sin rostro, sin nombre; un ideal. Alguien que podrías ser tú. Una persona que, cansada de ser pisoteada por las instituciones que deberían cuidarle, se convertirá en el instigador de una violenta revolución en el explosivo inicio del cómic Gran Hotel Abismo.

Gran Hotel Abismo de David Rubín y Marcos Prior empieza donde concluía el V de Vendetta de Alan Moore: con una explosión que hace saltar por los aires el parlamento; fuegos artificiales que inauguran una violenta y necesaria revolución. A partir de aquí se nos muestra, como en este país ficticio ubicado en un futuro no muy lejano, la sociedad se alzará para luchar contra los tiranos que los esclavizan. El cómic se compone de cuatro capítulos que bien pueden leerse por separado, pero que leídos en conjunto forman parte de un todo mucho más enriquecedor e incómodo. Incomodidad sobretodo que surge cuando se descubre que, los medios de comunicación, hilo conductor de la narración, tan presentes en la historia (más incluso) como lo estaban en El regreso del caballero oscuro de Frank Miller, hablan de noticias que nos suenan. Porque, aunque David Rubín y Marcos Prior han ubicado el relato en un supuesto futuro distópico, las escenas que se nos revelan tras ir pasando páginas, ya las hemos presenciado por televisión. ¿Manifestaciones pacíficas acalladas a golpes de porra? Visto. ¿Enfrentamientos entre la policía y el cuerpo de bomberos? Visto ¿Políticos ladrones que se ríen en tu puta cara mientras rescatan bancos con el dinero público, o el contertulio “cuñao” (sí, el de las gafas, con rostro de lechón y con nombre de pasodoble verbenero que se baila en las bodas) que vomita falacias, insulta o hace apología de temas con hedor a naftalina putrefacta mientras se santigua? Hasta los huevos de verlo. También es cierto que, como el capítulo dos, de título Suite, los autores llevan a cabo el experimento mental que cientos de veces ha pasado por la cabeza del pobre ciudadano de a pie. Aquí Rubín y Prior nos cuentan las peripecias de un tipo de traje y corbata, de los que tienen cuentas en paraísos fiscales, que es secuestrado y obligado a vivir con la pensión media que recibe un jubilado.

¿Qué Gran Hotel Abismo será tildado de cómic panfletario? Eso seguro, sobre todo si no se lee y se observa en profundidad (varias lecturas necesarias con los ojos bien abiertos). Solo así se descubre que tras la sátira política hay una crítica, nada sutil, de la violencia institucional, del dominio que ejercen las multinacionales sobre los gobiernos y por ende en nuestras propias vidas (véase, en el cómic, a la policía patrocinada por Paypal, Nintendo o Fujitsu), o de ese pueblo aborregado que mientras no carezca de su “opio” es capaz de aguantar lo que sea antes que salir a manifestarse.

Antes he dicho que no solo hay que leer, hay que observar; y mucho. Porque las historias transcurren por ciudades repletas de detalles que, gracias a la superioridad visual que otorga el formato apaisado que nos ha brindado Astiberri, tornan más consistente el mundo del que Rubín y Prior nos hacen partícipes. Como el Mickey Mouse que parece estar presente en todas partes como emblema de la nación, los hospitales que pertenecen a la cadena de comida rápida McDonald’s o las grasas trans 100% garantizadas en toda buena dieta. Todo ello dibujado por un David Rubín más visceral que nunca. Que nos regala la vista con su mejor talento y un uso del color portentoso, pero también machacando, adrede, nuestras retinas (tan maravillosa, como dolorosa la doble splash page de la explosión) para que en ningún momento nos sintamos cómodos del todo. Porque, ¿qué revolución lo es? A esto hay que añadirle todos esos cameos, desde políticos y contertulios, pasando por Kaneda, protagonista de Akira, El Eternauta, Rorschach de Watchmen, la portada de Fagocitosis de Marcos Prior o el oso Sigfrido, personaje principal de La tetería del oso malayo.

Gran Hotel Abismo, que remata la faena con unos extras en los que los autores nos detallan el proceso de creación de un puñado de páginas, es un cómic tan contundente como necesario. Es, como se avisa al principio, gratamente perjudicial, porque te obliga a reflexionar, más de lo que estamos acostumbrados a hacerlo en el noveno arte. Y al hacerlo, al reflexionar largo y tendido, notas como tu Tyler Durden, al que los autores pretendían despertar, bosteza, se despereza y sonríe.

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Lamia, de Rayco Pulido

Lamia

LamiaTengo que reconocer que este cómic ha sido toda una sorpresa cuyos ingredientes ya lo avisaban en su sinopsis: Barcelona en 1943, un asesino sanguinario suelto, un detective privado y una mujer, Laia, con un buen marido, un buen trabajo y un bebé en camino, pero que vive una mentira.

Lees eso y tu mente empieza a imaginar. Ambiente de posguerra, un asesino y una mujer a la que la vida sonríe pero todo es una mentira. Seguro que el asesino es el marido.

Y empiezas a leer, a devorar este Lamia, esperando equivocarte para que no sea tan fácil (y no diré si me equivoqué o no). Y también esperas alguna subtrama vampírica, ya que la lamia es un personaje mitológico griego, la primera vampiro, la asusta niños y seductora de hombres… Y algo de eso hay, aunque sin vampirismos ni sexo.

Bien, y entonces…. ¿qué tenemos aquí? Un buen cómic, que no es poca cosa. Y además en un formato a lo grande y con un precio bastante majo.  Estamos en Barcelona, en 1943, como ya dije. La vida ha vuelto a la normalidad tras cuatro años del fin de la guerra. Eulalia, aunque le gusta más Laia, trabaja como guionista en el consultorio radiofónico de Radio Barcelona. Un consultorio bajo dominio del obispado y en el que el resto de guionistas son un puñado de viejas chapadas a la antigua, chismosas, envidiosas y recelosas de la joven y embarazada Laia, de 32 años.

Laia aparenta ser feliz, pero su marido la ha abandonado. Su vida es una farsa y nadie puede saberlo. Al obispado no le gustaría que una de sus trabajadores fuera una madre soltera porque daría mala imagen, ya ves. Estamos en aquellos tiempos, sí, en los que todo era apariencia, en los que las mujeres que escribían al consultorio se quejaban de que sus maridos les pegaban y las guionistas, como mejor consejo, les recomendaban no hacer nada que irritara a sus parejas, aguantarlos y que les complacieran en todo lo que pudieran, ya que el matrimonio era un lazo inquebrantable…  ¡Ay! ¡Si Laia pudiera…! ,¡les contestaría cosas bien diferentes!…

Laia contrata a un detective para que encuentre a su marido, pero el detective no puede ocuparse de su caso todo lo que debiera, cuando hay un asesino terrible haciendo de las suyas por la ciudad y hasta la policía reclama sus servicios.

Y esto, y no solo esto, es Lamia. Un cómic cojonudo en blanco y negro, con buen dibujo sencillo (tanto que en ocasiones recuerda a lo caricaturesco) y funcional, casi diría art-decó, y una trama negra dividida en dieciocho actos, con sorpresas y giros, que entusiasman desde la primera viñeta, que mantiene el tipo y te deja en suspense.

Es una lectura fresca y rápida que refleja fielmente  una época que, a pesar de no haberla vivido, la reconocemos con más facilidad de la que nos gustaría y de la que, por desgracia, todavía quedan algunos asquerosos vestigios.

Lamia absorbe al lector, tiene algo especial que no se explicar y no diré que es hipnótica aunque lo sea. Es imposible no ser arrastrado por ella,  como los cantos de sirena arrastraban a los marineros… Pensándolo bien, sí que hay algo de esa lamia mitológica…

A modo de curiosidad, recomiendo que busquéis “lamia” en Google porque aclarará bastante el porqué del título. Pero, mejor después de leerlo, no antes.

Una lectura indispensable para este año. Un cómic de los buenos.

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Nuestro universo en expansión, de Alex Robinson

Nuestro universo en expansion

Nuestro universo en expansionOs he de confesar que, a pesar de su buena fama, no había leído nada de Alex Robinson. Sus anteriores obras, Estafados, Inolvidables, pero sobre todo, Malas ventas, venían siempre con un aval de recomendación, especialmente de lectores cercanos de los que mefío, pero por azares de la vida no había recalado en ellas. Y es que uno no puede estar en todo.

Bien, pues hete aquí que Astiberri editó recientemente la última obra traducida al español de este autor del Bronx neoyorkino. En Nuestro universo en expansión, Robinson vuelve a adentrarse en el género que mejor le ha funcionado, el costumbrismo, para hablarnos de un tema relacionado con todos aquellos que ya han dejado atrás la adolescencia y cuya madurez en lo vital viene marcada por el siguiente paso lógico: la paternidad.

Y más que el hecho de tener un hijo y todo lo que ello supone (tema al que muchos autores de cómics, según han ido pasando por esta experiencia, han querido también plasmar en sus obras: basta pensar, en el caso español, de Cels Piñol, Andrés Palomino, etc.), Nuestro universo en expansión se centra en el cambio de paradigma que supone en las relaciones de amistad. Nuestros protagonistas son tres amigos, cada uno de ellos en un estado diferente: Scotty es el padre primerizo que se enfrenta a una nueva forma de ver la vida. Billy tiene pareja y ve cada vez más cercana la situación de Scotty. Y Brownie es el soltero tarambana que vive como quiere y cuyo comportamiento es más cercano al de un adolescente que al de un adulto. Los tres frisan la treintena y los tres encaran la vida de una forma diferente. Por este motivo es que la amistad entre ellos empezará a tambalearse: ni sus necesidades ni sus perspectivas son ya las mismas. Si te has preguntado alguna vez porque el grupo de amigos de toda la vida acaba distanciándose, este cómic de Alex Robinson puede darte algunas respuestas.

Nuestro universo en expansión es una obra amarga en el sentido que puede reflejar muy bien las vivencias de quien ha pasado por la misma situación. Robinson caracteriza de una forma muy realista a los personajes y a sus parejas, en un estilo que serpentea entre el realismo costumbrista y la comedia de situación, con un estilo de dibujo amable y abierto a la experimentación, con una estructura que le otorga mucha libertad a la hora de planificar páginas. Aunque tengamos una obra de fondo costumbrista, Robinson ensaya muy diferentes formatos y llega incluso a incluir un fragmento en formato teatral, en la ocasión en que las parejas de los tres amigos se reúnen para hablar.

Pero, a pesar del trasfondo amargo que tenga la obra, eso no quiere decir que no pueda disfrutarse. Esos personajes, con sus defectos y equivocaciones, esas parejas que, aunque ciertamente eclipsadas por sus partenaires masculinos, revelan una extraordinaria profundidad, esas situaciones tn cercanas, el brillante uso de los diálogos… Robinson crea en este cómic una muy acertada reflexión sobre qué representa pasar a ser un adulto maduro y verdaderamente responsable.

Esta visita al universo de Robinson me ha animado a conocer el resto de sus obras: en cuanto pueda me hago con ellas. Mientras tanto os recomiendo esta última de sus novelas gráficas.

@cisnenegro

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Cuentas pendientes, de Sergi Álvarez y Sagar

cuentas pendientes

cuentas pendientesLefty es zurdo. Mentira. Lefty no es zurdo. Tan solo es un pianista que estuvo a punto de convertirse en alguien. No en una superestrella, no en un Glenn Gould; simplemente en alguien capaz de destacar del montón de los nadies.  Ahora Lefty es un fracasado que vuelve a la ciudad de la que huyó, la que le dio esperanzas y se las arrebató cuando a punto estaba de conseguirlo. Ahora Lefty necesita dinero para operarse la mano y así, quién sabe, algún día tal vez, poder volver a tocar el piano y recuperar lo que nunca llegó a alcanzar.

Dee-dee es muy alto. Mentira. Dee-dee es casi un enano. Un jockey que sueña con comprar un caballo en el que ha hipotecado sus sueños de futuro y sus esperanzas de correr con él y apostar a su favor.

El dinero apesta. No es mentira. Es la única verdad. Es la verdad. En una ciudad en la que, como en todas, la corrupción es el pan de cada día, siempre latente y no siempre vista por los nadies, el dinero es el motor del mundo. No el amor, no el sexo: dinero. Dinero, dinero y más dinero. Siempre es y será el motivo. Teniendo dinero, lo demás ya vendrá.

Lefty y Dee-dee necesitan dinero para poder ser la versión de Lefty y Dee-dee  felices. Para cumplir sus planes, pero ahora el plan primero es atracar el furgón que lleva la recaudación de una subasta de arte.

-¿Esta es una historia negra?

-Por supuesto que lo es, ¿lo dudabas, muñeca? Por eso siempre algo tiene que torcerse. Es una de las reglas básicas. Es LA regla por excelencia. Es la puta ley de Murphy brillando en todo su esplendor. Si algo puede salir mal, saldrá mal. No hay más que hablar. Es tajante. La mantequilla se va a la mierda. El atraco, también.

-Pero…

-Sí. Hay más implicados. El secuestro involuntario de un mocoso, una exputa que no da el perfil de mujer fatal y a la que su chulo persigue, unas elecciones locales y cuadros y galerías de arte.

-¿Y sexo?

-¿Estás escuchando algo de lo que estoy diciendo, muñeca?

-…

-Hay flashbacks, y un ambiente muy de película en blanco y negro, muy de Richard Widmark, aunque no del todo fatalista. Sabes que va a haber un desenlace del que nadie saldrá bien, pero no estás constantemente tenso. Hay momentos de relax, sobre todo con un niño y el café…

-¿Chicago?

-Ya te he dicho que no importa la ciudad, la ciudad es lo de menos, todas son igual de corruptas, sucias y asfixiantes. El caso es que parece ser que Lefty ya había pisado por este mundo,  Lefty y posiblemente algún otro personaje más salido de Bajo la piel, pero da igual, nena, no te hará falta leerlo para disfrutar de Cuentas pendientes, no tengo la impresión de haberme perdido nada por el camino, ¿entiendes?

-No.

-Es igual, no sé porque pierdo el tiempo contigo. Lo más curioso es como en algunas viñetas se crea el movimiento. En una misma viñeta Lefty puede tener tres brazos: uno de ellos, el izquierdo, sostiene una copa y los otros dos son el derecho yendo a coger una botella y a la vez sirviéndose en el vaso.

-Dame un cigarro…

-No deberías, muñeca, se te forman arrugas en la boca. ¿Y sabes lo más curioso? Aparte de ser un relato negro por los cuatro costados y del dibujo, que a veces tiene un estilo a lo clásico americano y otras resulta muy innovador; aparte de ser una buena historia, con un montón de tramas cruzadas y otras a punto de cruzarse, de tener bien definidos a los personajes y sus motivaciones, sus dudas, la catadura amoral de algunos… lo que me gustó sobre todo fue ese final. Muchos dirán que se lo esperaban.  Mentirosos. Yo no voy a mentirte. No lo esperaba, y me encantó, nena. Me encantó. Tanto como ver a Robert de Niro pelando un huevo duro.

-¿Un huevo?

-¡Sí, mujer! ¡Un huevo! ¡El corazón del ángel!

– …

-De verdad que a veces me sacas de mis casillas. Es una película.

-Ah.

-Bueno. Que te leas el cómic que es muy de nuestro estilo, de nuestras vidas en blanco y negro, con humo, alcohol, problemas, muertos y corrupción, desilusión, desolación y alguna alegría de vez en cuando. Y dinero, claro.

-Lo haré. Dame fuego.

-Y sobre todo atenta al final…

-Ven de una vez y dame fuego.

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