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Plutona, de Jeff Lemire y Emi Lenox

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plutonaLos cómics sobre superhéroes siempre nos han ofrecido historias en las que el protagonista que goza de poderes inimaginables está en el punto álgido de su vida. Su poderío es apabullante, sus músculos increíbles y en su actitud mora la osadía que va intrínsecamente ligada con la juventud. Tras algún que otro contratiempo nuestro héroe o heroína siempre acaba venciendo al villano de turno. En ocasiones casi sin despeinarse.

Luego están esos cómics que, con sucesivos reboots del personaje o en tramas que sirven de excusa para que el lector visite el pasado, podemos asistir a los orígenes de ese superhéroe. Siempre resulta revelador descubrir a qué problemas se enfrentó este ser especial antes de conseguir, mediante el aprendizaje, controlar esos poderes que inicialmente le asustaban. Caer, levantarse, y caer de nuevo; así sucesivamente hasta hallar el camino que lo llevaría a consagrar su vida en pos de la justicia.

Por último, y no menos importantes, están los cómics de superhéroes crepusculares. Viejos, derrotados, con poderes totalmente mermados y casi siempre en busca de la redención; la cual cruelmente hallarán tras pagar un alto precio. Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Watchmen abrirían la veda de este tipo de héroes derrotados que no son capaces de encajar con el mundo que los rodea. La muerte siempre es moneda de cambio en estos relatos. Tumbas sin nombre acogen viejas leyendas que se dejaron la piel por retomar el camino de la rectitud que una vez abandonaron.

Vale, bien, ya hemos matado al superhéroe. Se nos han puesto los pelos de punta con sus últimos y titánicos esfuerzos por salvar la humanidad. ¿Y ahora qué? ¿Cómo nos afecta esto a la gente corriente? Jeff Lemire, que en Black Hammer: Orígenes Secretos ya nos mostró a un puñado de superhéroes en horas bajas atrapados en un purgatorio de decadencia y melancolía, vuelve con una peculiar historia de superhéroes. Y digo peculiar porque la superheroína que da nombre al cómic, Plutona, será el pretexto para poner en marcha una situación truculenta a la que cinco adolescentes tendrán que hacer frente.

Plutona nos muestra en sus viñetas iniciales, en cuatro viñetas que hacen hincapié en las diferentes partes del cuerpo ensangrentadas de una superheroína, como la figura inerte de ésta se halla en las profundidades de un bosque. Hasta allí llegarán cinco adolescentes. Ante la conmoción inicial empiezan a debatir sobre qué deben hacer con el cuerpo. ¿Enterrarlo sin decir nada a las autoridades? ¿Grabar un video para colgarlo en Youtube y enriquecerse? ¿Avisar a los otros superhéroes de la ciudad que ahora se hallan distraídos en chorradas superfluas y que han abandonado sus obligaciones como defensores de Metro City? Aunque en un primer momento parecen llegar a una difícil decisión, algunos integrantes del grupo decidirán actuar en su propio beneficio.

Jeff Lemire teje una cruda historia de costumbrismo superheroico que a medida que avanza se vuelve muy oscura y siempre poniendo el foco de la acción principal sobre los adolescentes que deberán dirimir no solo con sus vidas sino también con un terrible secreto. Vidas que Lemire insinúa, con padres borrachos o madres inexistentes, dejando demasiado a la imaginación del lector y haciendo que algunos personajes pierdan algo de profundidad. Enlazando con la historia de los muchachos y siempre en retrospectiva, al final de cada capítulo se nos contará que llevó a Plutona a acabar tirada en aquel bosque. Esta alternancia en la narración será la puntilla definitiva para acercarnos a un final perturbador que te deja más compungido que aliviado. Un final que es como ver venir desde lejos un camión y no poder hacer nada para evitar ser arrollado.

A los lápices encontramos a la ilustradora Emi Lenox. Su trabajo mezcla con soltura el estilo cartoon indie de trazos gruesos con cierta evocación sutil al manga. Su dibujo se vuelve más duro, sucio, realista y menos juvenil en las páginas que nos hablan de Plutona. Rostros demacrados, músculos marcados, ojeras oscuras y cabellos enredados sirven para mostrarnos a una superheroína que aunque cansada sigue haciendo lo correcto. Pero sobre todo, lo que Emi Lenox consigue, dotando de gran expresividad a los rostros y eliminando distracciones de fondo o detalles que no aportan nada a la narración, es que las personas (sus gestos, silencios, miradas) estén por encima de todo.

Plutona, publicado por la editorial Astiberri, es un cómic de corte indie que nos muestra cómo se comporta un grupo de adolescentes ante un macabro hallazgo que se convertirá en una especie de inquietante rito hacia la temprana madurez. Sus decisiones vendrán marcadas por sus personalidades y el entorno familiar en el que se han criado, llevándoles a cometer actos crueles e inmorales, aunque también honestos y de amor de los cuales el lector tampoco saldrá indemne.

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Black Hammer. Orígenes secretos, de Jeff Lemire y Dean Ormston

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black hammerLlega un momento en el que uno busca cosas diferentes en el universo del cómic de superhéroes. Y no porque deje de gustarle ni porque se haya hartado de ellos. Simplemente le apetece un cambio, conocer otras historias de ese mundillo, otros autores y otros personajes con historias no tan heroicas, o al menos no en el núcleo principal.

Y así, me encuentro con Black Hammer. Orígenes secretos. Un cómic que, si es alabado por un artista del noveno arte como Mark Millar, cuyo trabajo me divierte y que se refiere a este cómic así: “Hace años que no leía un cómic tan loco y brillante como Black Hammer”, como mínimo debe de merecer la pena.

La verdad es que loco loco, lo que se dice loco no es, pero brillar, ohhh, amigos… Brilla con una luz insultantemente cegadora.

Lo bueno es que no asistimos a manidas luchas entre personajes en mallas y villanos excéntricos (aunque bueno, hay algún breve flashback en el que sí, pasa exactamente eso y más) sino que se centra en las relaciones interpersonales de unos cuantos exsuperhéroes.

Tenemos ante nosotros a un grupo heterogéneo de héroes (casi todos nos van a recordar a conocidos iconos de DC o Marvel) que hace diez años derrotó al malvado Anti-Dios (una especie de Galactus) y no se sabe cómo ni porqué, tras esa victoria fueron transportados a una granja en una localización rural de la que parece ser que no pueden salir. El mundo les da por muertos y ellos viven ocultando sus identidades. Pero no todo el mundo cree que están muertos. Una mujer, periodista e hija del único de los héroes que realmente murió, Black Hammer, está convencida de que el resto de la formación está en alguna parte y pase lo que pase se ha propuesto encontrarlos.

Lo más jugoso de este cómic es lo que ya he comentado, las relaciones entre cada miembro, en lo que parece ser una familia extrañamente estructurada en la que cada uno va a su bola, siendo Abe, el “abuelo,” el más preocupado por ser una familia y por parecerlo (y cuyos orígenes me traen a la memoria los del Capitán América). Tenemos una anciana en el cuerpo de una niña (en claro homenaje a Shazam –si hasta la palabra clave es casi idéntica: Zafram–) harta de estar condenada dentro de ese cuerpo y obligada a asistir año tras año a las aburridas clases del colegio y enfrentándose por ello a Abe, que ejerce de padre. También forma parte de la cuadrilla Barbalien (un remedo del Detective Marciano), el Coronel Wierd (a quien no logro emparejar con ningún personaje preexistente) y el cual en sus primeras intervenciones resulta gracioso pero una vez conocida su historia comprendemos su sufrimiento; Walkie Talkie, compañero del Coronel y Madame Dragonfly, que es más o menos como Madame Xanadú.

El tomo está estructurado en capítulos en los que brevemente se habla de cada miembro y conocemos algo de su historia, para posteriormente seguir con la trama principal, en la que cada uno tiene un objetivo distinto, ya sea formar una familia, ya sea escapar de esa zona fantasma.

La historia entretiene más de lo que a priori parece y engancha que da gusto.  Está bien tejida, con los elementos humanos bien configurados y desarrollados  y un guion que no chirría y en el que los homenajes al cómic clásico de superhéroes son un aliciente más. Además, ha ganado el premio Eisner a la mejor serie nueva, y aunque esto de los premios es muy subjetivo, con los Eisner suelen acertar.

Otro punto, y muy importante, es el dibujo. En mi opinión, una mezcla del estilo de Mignola y el de Kevin O´Neil que me ha dejado más que satisfecho y que se aleja del típico dibujo del superhéroe comercial. Cabe resaltar el enorme mérito de  Dean Ormston, ya que semanas después de los primeros episodios sufrió una hemorragia cerebral de la que tardó meses en recuperarse y el lado derecho de su cuerpo, incluida la mano con la que dibuja, quedo parcialmente paralizada. Gracias a mucho esfuerzo y rehabilitación consiguió recuperarse casi por completo y los resultados hablan por sí mismos.

En resumen, un cómic en el que Jeff Lemire hace el cómic que siempre quiso: su versión de los superhéroes con historias humanas acerca de la familia y la vida en el pueblo.

Black Hammer. Orígenes secretos es un cómic que apetece mucho, de esos que pueden leerse varias veces (y yo no suelo), un homenaje al cómic en general, con un estupendo punto de partida desarrollado en una gran historia, un magnífico entretenimiento que, además, te deja con el ansia viva de saber qué coño va a pasar después del cliffhanger monumental con el que acaba.

Uno de los indispensables de 2017, sin ninguna duda.

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