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American Jesus. Libro primero: El elegido, de Mark Millar

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american jesus el elegidoDice en el prólogo Simon Pegg (guionista y actor de la divertida película Shaun of the dead, –en España traducida, para variar, como les sale de los huevos, como Zombies party (una noche… de muerte)–, que todo el mundo, sea o no fan de los cómics, sabe que Superman viene de Krypton, qué les pasó a los padres de Batman y cómo una picadura de araña convierte a un adolescente en Spiderman. Y que lo mismo pasa con ese otro héroe de leyenda de los cristianos aparecido en ese superventas que es la Biblia. Tenemos presentes, marcadas ya casi en nuestros genes sus “mejores aventuras”: el nacimiento en el pesebre, la expulsión de los mercaderes, la multiplicación del pan y los peces, la transformación de agua en vino, la resurrección de Lázaro, caminar sobre el agua… en fin, las historias que en tiempos lo petaron, esas de las que las gentes no dejaban de comentar y megustear en los foros y tablillas de la época y que Marvel habría sabido exprimir de haberse creado un par de milenios antes.

Los aficionados a los cómics saben también que en este mundillo es habitual cada cierto tiempo relanzar un determinado personaje, y recontar o adaptar a la actualidad sus orígenes para enganchar a nuevos lectores y (en ocasiones) divertir a los que ya seguían esa colección.

Esto es lo que tenemos en este American Jesus. Libro primero: El elegido. Aunque es una segunda venida, la forma en la que se nos cuenta tiene tantos paralelismos con las correrías del famoso libro, que perfectamente podemos decir que estamos ante una actualización del mito clásico.

Jodie Christianson (curioso nombre: iniciales JC y apellido “hijo de Cristo”) es un chaval de doce años que se juega las clases, saca notas tirando a malas, piensa en revistas porno y, ¡hostia puta, sí!, dice tacos. Su apacible y despreocupada vida se irá a la mierda cuando sobreviva, sin sufrir ni un solo rasguño, al aplastamiento de un camión de dieciocho ruedas. Será entonces cuando descubrirá sus poderes, sospechará que es Jesucristo renacido y hará unos cuantos milagros.

Lo curioso es que todo el mundo creerá igual que él, que es la divinidad que afirma ser, salvo el cura de la parroquia. Y la gente volverá a tener miedo porque la existencia de un Jesucristo andante manda a paseo a la ciencia. Y lo que era aún peor. Si este héroe ha renacido, ¿no implica eso que también existirá un anticristo y que el Apocalipsis estará a la vuelta de la esquina?

Hay muchos aspectos más que podría comentar, pero chafaría la evolución de la historia y es una gran historia que merece descubrirse por uno mismo. La prensa británica ve este cómic una mezcla entre Spiderman y el Apocalipsis. Y algo de esto hay. Mucho en realidad. Sin embargo yo añadiría también una película agobiante y terrorífica que, por desgracia tengo que callarme para no hacer espoilers, pero que cualquiera al acabar de leer el cómic, si la ha visto, la asociará de forma inmediata.

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American Jesus. Libro primero: El elegido, podría haber tirado por el camino del humor zafio y fácil, pero no lo hace. Tiene la dosis exacta de humor, filosofía, religión y oscuridad. Y tiene también un giro final que te deja con el culo torcido. El dibujo es correcto, no me ha llamado especialmente la atención, pero la historia… ¡qué historia!

Este primer número, (creo que serán tres, pero no estoy seguro), se incluye en la línea del Millarworld del guionista Mark Millar (Wanted, Kick-Ass, Crononautas,…) y, ¡por lo que más queráis! ¡Leed el epílogo! Yo no suelo hacerlo pero Ese El evangelio según Millar y Gross contiene un montón de extras, o de easter eggs si queréis verlo así, con detalles repartidos por las viñetas, que dan pistas sobre la trama. Detalles curiosos que, de no haber leído el epílogo, habría pasado totalmente por alto.

En la contraportada sitúan este cómic al nivel de The Sandman y Predicador (dos de mis favoritas). No sé si es comparable, es demasiado pronto para afirmar semejante cosa. Para empezar, el tamaño de las dos mencionadas ya es una barbaridad,… pero sí es cierto que apunta maneras en su manera de actualizar la mitología cristiana y que deja el buen sabor de boca y buenas sesaciones que dejaba la obra de Gaiman.

Sea como sea, se lee con hambre atrasada y creciente y se devora. Ha tardado en llegar a España, pero ha merecido la pena. Ahora toca esperar el segundo libro. A ver cómo evoluciona una trama que se ha quedado con un cliffhanger cojonudo.

¡Fan devoto ya! ¡Hostia puta!

He dicho.

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Crononautas, de Mark Millar

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crononautasBueno, bueno… No tenía ni idea, pero ni de lejos, de lo mucho que iba a disfrutar este cómic. Me ha encantado. Y tampoco decía mucho la sinopsis. Lo justo. Es lo bueno de dejarte guiar a veces por tus intuiciones. Lo único que sabía de él era lo que aparece en la web de Panini: “Dos genios científicos se embarcan en el primer viaje en el tiempo de la historia, que les llevará desde la Antigua Roma hasta los mejores conciertos de los años ochenta, pero jugar con la Historia no siempre tiene consecuencias divertidas”.

Viajes en el tiempo y cómic es algo que siempre combina bien (aunque ahora mismo no recuerdo el título de ninguno). Pero viajes en el tiempo, cómic y Millar… ¡Por Odín bendito! ¡Compro, compro! ¡Toma mi dinero, Millar, y cuéntame lo que te salga de… de donde te salgan las ideas! Supongo que no hace falta decir quién es Millar, ¿verdad? Da igual, de todas formas, lo diré por si acaso: otro Midas de los cómics. Guionista de Wanted, Kick Ass, Kingsman, Superman: Hijo rojo, Lobezno: El viejo Logan, The Ultimates, Civil War… Un guionista al que se acusa de hacer cómics con miras a que sean trasladados al cine. Puede que sea verdad, (y eso que Civil War, la serie de superhéroes más vendida de la industria en los últimos veinte años, surgió cuando las pelis de estos todavía estaban muy lejos de ver la luz), pero, ¿realmente importa? Si entretiene, si es visual y argumentalmente bueno, ¡¿qué más da?! Que yo sepa, nadie se ha quejado de que a Stephen King le adapten al cine o a la televisión la mayoría de sus libros… (Por cierto, Crononautas se va a llevar al cine –imaginad un emoticono de guiño aquí–).

A lo que iba: Millar es sinónimo de diversión, de historias originales y muy visuales, que conectan con el gran público y hasta con la crítica.

Aclarada la identidad de Millar, y siempre sin confundir con otro grande, Miller, sigamos.

¿A que parece que ya se ha hecho de todo con los viajes en el tiempo? Pues va a ser que no. Y es que esto de los viajes temporales, como casi cualquier tema, tiene tantos enfoques y variaciones posibles como se nos puedan ocurrir. ¿Y qué faltaba? El toque gamberro.

Sí. Si algo es Crononautas es gamberro. Es algo que se nota desde la primera hoja y nada más ver el dibujo, que por cierto, es soberbio. Mientras lo estaba leyendo no dejaba de pensar: “hay que ver lo mucho que se parece este dibujo al de American Vampire…” Y eso es porque el arte corre a cargo de Sean Gordon Murphy. Ahí es nada. Un dibujo de trazos simples y ligeros pero no por ello menos bueno. Qué va. Es grandísimo, es cojonudo. Me mola muchísimo. ¡Te da la vida ver ese dibujo!

Y todavía no he hablado del meollo, que en resumen es que el científico Corbin ha conseguido hacer la máquina del tiempo en forma de satélite y  retransmitir por televisión la batalla de Gettysburg de 1863. Poco después, el doctor Reilly, amigo del alma de Corbin logra mejorar la máquina y adaptarla a unos trajes que también retransmiten la señal de video. Lógicamente el siguiente paso no es otro que viajar en persona y ahí se lanza Corbin. Pero algo va mal y durante el salto temporal la base pierde el contacto con el viajero. Sin pensárselo dos veces y con la inicial oposición del resto del equipo técnico, Reilly irá al rescate.

Samarcanda 1504, Egipto 3000 a. C., Japón 1220, Nueva York 1929, Belén hace 2000 años, algún lugar del planeta hace 65 millones de años… son algunos de los lugares y momentos a los que acudiremos en compañía de estos dos tíos que parecen más salidos de una peli tipo Colega, ¿dónde está mi coche? que científicos.

Millar se concede la licencia de saltarse esa máxima sagrada de todo periplo temporal consistente en no tocar o alterar nada del pasado porque cualquier insignificante acción podría acarrear consecuencias impensables en el futuro. Lo dicho, para ser científicos se pasan la física cuántica bastante por el forro. Pero no importa, nosotros también se lo vamos a pasar por alto.

Y aunque hay mucho, muchísimo humor, o comedia mejor dicho, también hay hueco para la introspección personal y para saber que Corbin está a gusto en cualquier época y lugar mientras no sea el presente.

Está en el aire saber si habrá más números de esta serie y aunque aún no es seguro, todo parece apuntar a que sí. Yo lo espero de verdad porque Millar con este juguetito que se ha inventado puede hacer auténticas virguerías, provocar situaciones descojonantes y aterradoras a la vez si juega bien las cartas y dejarnos a todos con la sensación de un dinero más que bien invertido y con ganas de más. Y, además, es que, ¡maldita sea, tiene que hacerlo!

La historia, la forma de contarla, los giros, los carismáticos y cabroncetes protas, las anécdotas, los gags, dibujo y color,… todo me parece fantástico.

Un buen cómic que me ha sorprendido y entusiasmado y el cual recomiendo absolutamente.

Diversión total.

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MPH, de Mark Millar y Duncan Fegredo

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Pumphedes obtenerla si un rayo cae en el laboratorio en el que trabajas. Caprichos del azar. O tenerla por pertenecer a una raza extraterrestre y que esa particular habilidad no sea nada del otro mundo en tu lugar natal pero que en la Tierra resulte ser poco menos que increíble. También puedes conseguirla si un mago te obsequia con un conjunto de poderes y, entre ellos, se encuentra esa capacidad. Magia de la buena; sin trampa ni cartón. Haberla conseguido por herencia genética; sí, una opción tan válida como otra cualquiera. O, simplemente, haber nacido con el don porque algo en tu interior mutó. ¡Dejen paso a la evolución! O ser un dios; por supuesto, si eres un dios das por sentado haber sido agraciado con la súper velocidad. ¡Qué menos! Pero alguien ha ingeniado una nueva forma de correr más rápido que un bólido. ¿He dicho un bólido? ¡Más que un jodido avión supersónico! Y quién sabe, tal vez hasta más rápido. Rompiendo todos los récords, destrozándolos hasta pulverizarlos. Haciendo fosfatina la barrera del sonido en lo que dura el latido de un corazón. Mach 10, o lo que se tercie. Ahora, y a un precio muy asequible, la tan ansiada súper velocidad viene contenida en una insignificante pastillita. Una gragea similar a la que es capaz de ejecutar, sin compasión, el dolor de cabeza, pero con las propiedades para convertirte en el ser más rápido sobre la faz de la Tierra. Diseñada y elaborada, exclusivamente para ti, en los laboratorios Mark Millar. ¿Su nombre? MPH.

No debería extrañarnos que Mark Millar utilice las drogas como medio para otorgar súper poderes a sus “héroes”. Acostumbra a hacerlo, a transgredir las normas establecidas y a eludir los clichés del cómic de superhéroes. En Kick-Ass convirtió en el azote de los villanos a un friki con un traje de buzo. En Némesis nos mostró como sería alguien como Batman si hubiera decidido pasarse al bando de los malos. Pero si hasta se atrevió con el niño bonito de DC, Superman, en Superman: hijo rojo, convirtiéndolo en el estandarte de la Unión Soviética. En MPH pone a disposición de unos marginados, unos chavales que malviven en Detroit, un poder para cambiar su suerte; su destino. Sin trabajo, sin esperanza y con la única forma de buscarse la vida que trapicheando y delinquiendo éstos decidirán, tras conseguir la súper velocidad, que lo más correcto es… seguir delinquiendo pero a más velocidad. “Nos sentíamos tan bien robando a todos esos peces gordos que habían mutilado Detroit…” ¡Toma ya!

Pero no todo será pegarle palos a los bancos dejando a los más ricos con cara de bobos. Mark Millar guarda varias sorpresas jugosas y algún que otro giro que, sin ser una novedad en el mundo de los velocistas capaces de correr sobre el agua, resultan ciertamente atractivos al hallarse en el punto clave de la historia. Además de esto, dispara a bocajarro unas cuantas críticas, tanto las implícitas a lo largo de la historia como las más explicitas, al capitalismo más despiadado. “Nos lo quitaron todo, convirtiendo una potencia industrial en un sitio del que la mitad escapaba, dejando más de ochenta mil casas vacías”. Correr, entonces, se convierte en la forma de ajustar cuentas, de tomarse la justicia por su mano. “Si la ley hace la vista gorda, nosotros creamos nuestras propias leyes”. Correr por venganza. Castigar por venganza. Robar por venganza. En 2015 El 1% más rico tenía tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto. Así pues, ¡qué carajo!, seguro que empatizáis con Roscoe, Rosa, Chevy y Baseball. A no ser que pertenezcáis a ese 1%.

La parte gráfica de MPH corre (y nunca mejor dicho) a cargo de Duncan Fegredo. Su trazo grueso, muy duro y recargado de sombras, cumple sobre todo en las escenas de acción. Escenas que gozan de menos (no muchos menos, ojo) violencia y litros de tomate frito de lo que Millar nos tiene acostumbrados. Mostrar la súper velocidad en una película (me viene a la mente la escena de Quicksilver en X-Men: Apocalipsis) en la que se puede jugar con el movimiento, o con la falta de éste, es mucho más fácil que hacerlo en una viñeta. Por ello Fegredo tira de ingenio para, mediante algunos trucos de dibujante, transmitir al lector, con bastante atino, las sensaciones de aceleración: cubrir el cuerpo del corredor de rayos y centellas, multiplicar su presencia para dar la sensación de ubicuidad, o incluso moldear los elementos dependiendo de la velocidad (como las gotas de agua, convertidas en esferas cuando el paso del tiempo se observa desde la perspectiva de los protagonistas). El lector por su parte debe comprometerse, para que el conjunto funcione, en poner algo de imaginación (la cual cosa, en mi caso, nunca resulta una tarea ardua). En especial en las escenas en las que el mundo corriente se detiene y el velocista novato se pasea preguntándose por qué cojones todo el mundo está parado.

Voy a ser honesto: MPH no es de las mejores obras de Mark Millar, pero, para ser también justo, debo decir que el autor tiene en su haber obras sublimes, cómics que son verdaderas joyas, ergo es complicado que siempre alcance esas cotas de calidad. Eso solo significa que MPH es un buen cómic. Un cómic con una buena historia y un dibujo acorde. Un cómic que hará las delicias de cualquier aficionado al género y que se lee en lo que dura un chasquido de dedos. Un cómic que engancha, como lo hacen las pastillas MPH. Pastillas que vienen sin instrucciones que leer atentamente y que, en caso de duda, no es necesario consultar con tu farmacéutico. ¡Solo ingiérelas y corre!

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Superman: hijo rojo

superman hijo rojo

Superman: hijo rojo, de Mark Millar, Dave Johnson y Kilian Plunkett

superman hijo rojoEl término What If?, en el mundo de los cómics, significa, ni más ni menos, lo siguiente: ¿qué sucedería si…?. Y eso mismo es lo que, aprovechando que Superman hace acto de presencia otra vez hoy en la gran pantalla, os traigo aquí en forma de historia completamente nueva de los orígenes de uno de los superhéroes más grandes jamás conocido. Porque, todo aquel que haya visitado alguna vez el mundo del hombre de capa roja, sabrá que su nave se estrelló en Smallville, y que después de eso, todo ya es historia. Historia que hemos observado a través de páginas y páginas de las mejores aventuras (y a veces también de las peores) escritas por obra y gracia de los autores más variopintos de la industria del cómic. Pero, ¿qué pensaríais si os dijera que aquello que conocíais no ha existido en realidad? ¿Qué sucedería si, Superman, el hombre de acero, en realidad estrelló su nave en una granja de la Unión Soviética y que se convierte en el campeón de los obreros? Una nueva realidad está presente en estas páginas, y aquello con lo que os vais a encontrar no os defraudará. Palabrita de hoz y martillo.

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