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Quien juega con fuego, de Luna Miller

Quien juega con fuego

Quien juega con fuegoNo son pocas las veces que me han dicho que soy una adicta al trabajo. El otro día hablaba con mi jefe y este me decía que tenía que aprender a perder el tiempo. ¡Mi jefe! Y es que, pensándolo bien, sí que debería hacerlo. No sé perder el tiempo. No sé estar tirada en el sofá viendo una serie sin pensar en absolutamente nada. Si decido ver una película pueden darse dos opciones: una, que me pase todo el rato pensando en todas las cosas que tengo que hacer y que no estoy haciendo; o dos, que acabe por levantarme del sofá y me ponga a hacer algo de provecho. Os lo juro, ojalá fuera capaz. Es algo que tengo que remediar con urgencia porque, a veces, vivir dentro de mi propia cabeza es un poco agotador. 

Y entonces llega este libro del que vengo a hablaros hoy, Quien juega con fuego. Y me presenta a una protagonista que es adicta al trabajo. Era cirujana, pero debido a una enfermedad que no le permite controlar demasiado bien su pulso tiene que abandonar la medicina. Y a pesar de que tiene ya edad para jubilarse, la mujer decide hacerse detective privado. A vosotros os puede sonar a locura, pero esta señora me representa al cien por cien. De hecho, me ha recordado a mí, porque mientras me sacaba la carrera aproveché para estudiar un máster y un posgrado y no contenta con ello, también empecé otra carrera. Por si acaso, que nunca se sabe lo que le va a deparar a una la vida. 

El caso es que esta mujer empieza en ese mundillo de los detectives privados en el cual, como era de esperar, pasa el noventa por ciento de su tiempo persiguiendo a hombres infieles. Un día le llega un encargo de parte de una mujer que quiere saber por qué su marido llega a las tantas todas las noches. “Esto apesta a amante”, pensé yo. Pero resulta que cuando Gunvor (que así se llama nuestra prota) se entera de que ese hombre va por los bares buscando a una jovencita de la cual tiene una fotografía… vi claramente que estaba equivocada. Precisamente ahí empieza una historia que bien podría asemejarse a la del ratón y el gato, en la que nunca se sabe quién es el bueno y quién es el malo. 

Esta novela está escrita por Luna Miller, autora sueca, que ya ha escrito previamente alguna que otra novela. Por lo visto, Quien juega con fuego forma parte de una saga en la que Gunvor es la protagonista. Si os soy sincera, he buscado en Internet un poco sobre esta saga y no he podido encontrar si este es el primer libro o si hay alguno previo. Si es así y es una segunda parte, os aseguro que se lee perfectamente sin necesidad de haber leído otro anteriormente. Ya os digo que esto no lo he podido confirmar, así que solo es una hipótesis que quería dejar reflejada por aquí. 

Pero volvamos al libro. Una de las cosas que más me ha gustado de este es la relación que se forja entre Gunvor y dos protagonistas “accesorios”, por llamarlos de alguna forma, que serán un chico y una chica que la acompañarán en la investigación. Y me ha gustado tanto porque los personajes no pueden ser más dispares entre sí pero aun así, consiguen limar sus diferencias y formar una piña, que al final es lo que necesitan si quieren resolver de una vez por todas el misterio. También me ha gustado la historia del hombre al que Gunvor persigue, ya que es lo que da sentido al libro y gracias a ella toda la trama se mantiene en vilo hasta el final. Y, por supuesto, la propia Gunvor, que es un personaje al que al final se le coge mucho cariño. Respecto a ella, os confesaré que cuando leí la sinopsis y vi que la protagonista era una mujer mayor con edad de jubilarse, me la imaginé así como tierna y adorable. Pero Gunvor es una mujer todoterreno, que entrena todos los días duramente y que se ha echado un novio en Las Canarias porque ella lo vale. Vamos, nada que ver con lo que yo me había figurado ¡Bien por Gunvor!

Pero tengo que decir que ha habido una cosa que no me ha gustado nada y que ha hecho que mi lectura se viera ralentizada: la propia edición del libro. He visto muchos fallos, como por ejemplo que algunas palabras se cortaran a mitad y que continuaran en el siguiente renglón, pero con la separación donde no debería estar… Es una pena, porque yo entiendo que se trata de un libro autoeditado, pero hay una serie de puntos que debería cuidarse sí o sí. Al igual que la traducción, que para mi gusto en algunas frases es poco natural, resultando un tanto forzada.

Esas pegas han hecho que tardara en acostumbrarme al propio estilo del libro de Luna Miller más de lo normal. Está claro que cada obra tiene su forma y muchas veces hay que adaptarse a ella para poder disfrutar de la lectura (véanse, por ejemplo, las novelas de Saramago, donde los signos de puntuación son completamente autónomos y van a su bola). Así que solo ha sido cuestión de acostumbrarme a ese estilo y optar por olvidarme de esos fallos para así poder seguir con la historia que estaba tan interesante. 

Y, en fin, os diré que mientras estoy haciendo esta reseña mi cabeza está recordando todas las cosas que tengo que hacer (ya que ve que estoy a punto de terminar esta tarea) y así no dejarme descansar ni un minuto. Pero, ¿sabéis qué? ¡De eso nada! He decidido que después de hablaros de este libro me voy a poner una serie con la que estoy bastante atrasada y voy a perder el tiempo. 

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En el mar, de Toine Heijmans

En el mar

En el marEs difícil plantear un escenario más angustioso que el que sirve de punto de partida a esta novela: un padre y su hija pequeña viajan solos a bordo de un barco y cuando, en una noche de tormenta, el padre se acerca a arropar a su hija, que está durmiendo en el camarote, se encuentra con que la niña no está. Y cuando digo pequeña me refiero a una niña de siete años. Se trata además de un libro menudo, no parece que semejante tema pueda caber en esas pocas páginas, cuánto más cualquier otro. Y sin embargo es asombroso hasta qué punto la desaparición de la niña y el viaje por el mar del norte sirven como vehículo para la reflexión sobre la relación entre padres e hijas. La parte argumental es realmente magnífica, está llena de sorpresas, de situaciones brillantemente construidas y de una emotividad fuera de lo común en cuanto que se provoca con tanta honestidad como talento. Pero la que me resulta fascinante es la parte reflexiva. Decir todo lo que dice Toine Heijmans en las pocas páginas de En el mar no es algo al alcance de cualquier escritor. Que un lector y padre como yo se sienta tan absolutamente identificado con ese marinero que recoge a su hija para finalizar una navegación de tres meses en solitario es la mejor explicación de porqué la literatura es tan grande como es. Cierra uno En el mar y siente que ha vivido algo, y eso que lo cierra al poco rato de abrirlo porque es imposible no leerlo del tirón. Y además de sentirse impresionado y conmovido, siente que también ha aprendido algo y no necesariamente sobre el mar, la navegación o la literatura.
Suelo disfrutar de las lecturas, supongo que algo pongo de mi parte para que así sea, pero En el mar no es uno de esos libros de los que uno puede decir simplemente que le ha gustado (habiéndome gustado mucho), que lo recomienda (lo que hago fervientemente) o incluso que le ha impresionado (y me dejó boquiabierto). Es una novela que uno integra en su vida, que recuerda en conversaciones, que siente como referencia en su escasa sabiduría a la hora de hablar de relaciones de pareja o con lo hijos, del trabajo o de la soledad, que interioriza hasta sentirlo suyo. A lo mejor en unos años olvido el título o el nombre del autor, pero lo que escribió y, sobre todo, lo que sentí leyéndolo, me acompañará siempre.
Una de las cosas que siempre debería incluir en las reseñas y al final acostumbro a olvidar, es una mención a la traducción. Sospecho que traducir del neerlandés al castellano no debe ser especialmente sencillo, pero hacerlo con un texto como este, tan intenso, conciso y al tiempo cargado de significado debe haber sido bastante más que complicado. Por eso quisiera al menos citar a la traductora, Goedele de Sterck, en reconocimiento agradecido a su trabajo.
Poco más, dicho lo dicho no tiene sentido añadir palabras sobre En el mar porque no son mis palabras sino sus emociones y pensamientos los que servirán para darle la medida de lo que es este gran libro, simplemente les advierto: leerlo no es solo navegar por el universo del protagonista o del autor, también lo harán por el suyo propio y, como ocurre en el libro, no les será fácil esquivar la tormenta.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Una historia casi verdadera, de Mattias Edvardsson

Una historia casi verdadera

Una historia casi verdadera«¿Qué es más importante: contar una buena historia o desenterrar la verdad?». Buena pregunta, ¿eh? Yo se la haría a más de un periodista, pero esto va de literatura. Y no lo digo solo porque vaya a reseñar un libro, sino porque este libro, Una historia casi verdadera, plantea esa pregunta en su portada y a lo largo de toda su trama, pero enfocada desde la perspectiva del mundo literario.

Me explico. En Una historia casi verdadera, el escritor sueco Mattias Edvardsson nos presenta a Zack Levin, un treintañero que acaba de perder a su novia y su trabajo. No le queda más remedio que volver a vivir con su madre y, en plena crisis existencial, decide recuperar una pasión olvidada: la escritura. Pero la historia que quiere escribir no es una historia cualquiera, ya que pretende reconstruir los acontecimientos que él mismo vivió una década atrás, durante un curso de Escritura Creativa, para demostrar la inocencia de su compañero Adrian Mollberg, acusado de asesinar a Leo Stark, uno de los escritores más famosos del país en aquella época.

Con este punto de partida, Una historia casi verdadera va intercalando el presente del protagonista (2008) con los capítulos de su novela, El asesino inocente, en los que relata aquel curso de 1996: sus clases con la atractiva Li Karpe, su amistad con el extrovertido Adrian y el taciturno Fredick, su enamoramiento secreto de su compañera Betty, su extraños encuentros con el irascible escritor Leo Stark…

En 2008, Zack se reencuentra con sus viejos amigos y, a medida que les pregunta sobre aquellos tiempos para escribir su historia, se da cuenta de que no puede fiarse de sus propios recuerdos, que todos ocultan algo y que la verdad, dependiendo de a quién se le pregunte, puede ser muy diferente. Y de igual manera, a los lectores también se nos van multiplicando los interrogantes conforme pasamos las páginas. Y es que, como viene siendo habitual en la literatura sueca, Una historia casi verdadera da un giro de rosca en la última línea de cada capítulo para que no podamos separarnos del libro, por lo que sus más de cuatrocientas páginas se hacen cortas.

Pero además de ser una novela adictiva, con las opiniones y actos de sus personajes, Mattias Edvardsson nos hace reflexionar sobre los difusos límites de la literatura, planteando preguntas tan interesantes como hasta qué punto se puede exigir que la ficción sea moral o veraz o si un libro puede ser alabado como una obra maestra, aunque su autor sea la persona más despreciable del mundo. Cuestiones que a todos nos resultan familiares, puesto que salen a la palestra cada vez que se publica una novela provocadora o se desvelan los escándalos de algún artista.

Así, mientras el protagonista y nosotros mismos intentamos montar el rompecabezas del asesinato de Leo Stark, Mattias Edvardsson nos adentra en los claroscuros de la escritura, retratándola desde diferentes prismas, que van del romanticismo más inocente al cinismo más absoluto. Por eso, si soñáis o alguna vez habéis soñado con ser escritores, disfrutareis de Una historia casi verdadera especialmente. Aunque, aviso, no saldréis indemnes de la lectura.

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A cada momento seguimos vivos, de Tom Malmquist

a cada momento seguimos vivos

a cada momento seguimos vivos Seleccioné esta novela como lectura única para este inicio de otoño, esa época en que el frío ya se va apoderando de la estación y desaparece el calor y los bellos colores para dejar paso, como así ha sido, al manto blanco que ya veo desde aquí tanto en la cima del Moncayo, como de los picos de los Pirineos. Supongo que para mí hablar de libros nórdicos, en este caso sueco es el autor, es transportarme inmediatamente a los días fríos de invierno, aun cuando no importe que en esta historia pasemos por varias estaciones.

Nada conocía del autor, es lógico, ahora sé que ha sido su primera novela, aunque bien podría haberlo conocido como poeta, ya que parece que es muy reconocido en Suecia. No me ha extrañado en absoluto la enorme repercusión que este libro ha tenido en su país. Verán, la primera noche que me puse a ello me resultó atrapantemente agotador, me sentía completamente agobiada con la lectura, tanto por la forma como por el fondo. Aún así me resistía a dejarlo para el día siguiente. Quizá me hizo recordar el estilo angustioso pero adictivo de Saramago.

A cada momento seguimos vivos es difícil de calificar si no hablamos del duelo, del dolor y de la asunción de la pérdida; es la vida de Tom Malmquist, pero no del escritor, es otro Tom Malmquist, otro que nos mostrará como la vida puede ser tan dura como queramos que sea, como los momentos se pueden juntar o separar en el tiempo y hacernos ver todo el dolor más o menos amontonado o más o menos dosificado.

Es lógico que los suecos estén leyendo esto si realmente es la imagen de su forma de vida y su forma de muerte, es pues también normal que entre los muchos premios que ha recibido esta obra esté el del Jurado del Gran Premio del Consejo Nórdico de Literatura, para nosotros será hipnótico precisamente porque como mediterráneos no comprenderemos algunas de las situaciones.

Otras de las cosas que nos gustará es ver las diferencias entre nuestro sistema sanitario y el sistema sueco; o la familia, la necesidad que al parecer tienen los suecos por abandonar el nido, el valor de la independencia, o la burocracia, jamás habríamos pensado que en un momento tan vitalmente doloroso como el que sufre Tom, un problema con la administración podría ser tan invasivo y tan poco comprensivo con el administrado, o sí, porque para eso nos cuentan lo fríos que son los nórdicos en cuanto a las relaciones personales, así que debería haber supuesto que esas relaciones con las administraciones no serían mucho más calurosas, pero tampoco imaginaba yo que hubiese una burocracia tan brutal. Y a pesar de todo y por encima de todo, está el hombre, el ser humano que ama y siente, el que quiere calor y el que lo ofrece en la medida en la que puede.

La traducción de A cada momento seguimos vivos es de Carmen Montes, la felicito, yo siempre suelo felicitar a los traductores, pero es este caso es imprescindible, leer este libro con esta riqueza léxica y además conservando el indudable ritmo frenético al que nos arrastra el autor, no debió ser fácil, pero el resultado es magnífico, una de esas ocasiones en que lees sin pensar en ningún momento que es una traducción.

Que Tom es poeta, es evidente, que un libro sueco hable de unos versos de Antonio Machado nos tiene que decir sin duda alguna que el autor es un amante de la poesía, pero también que posee el conocimiento de la vida de los poetas, ¡qué bien traído está machado en ese momento, que bien traído está su recuerdo en A cada momento estamos vivos!

Y casi me marcho sin contarles nada de esta historia donde el protagonista es Tom, un joven que pasa por una terrible experiencia que deberá ir asumiendo… Aunque ahora que lo pienso, lo único que deberán saber para adentrarse en esta novela es que si aun le perdura el gusto y la curiosidad por la literatura menos convencional, adéntrese en A cada momento seguimos vivos y deje que la historia le sorprenda.

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Los poderes de la oscuridad, de Bram Stoker y Valdimar Ásmundsson

los poderes de la oscuridad

los poderes de la oscuridad¡Uy, uy, uy! –me frotaba las manos y repetía– ¡uy, uy, uy! ¿Pero qué ven mis ojos? Pero si sale al mercado la versión perdida de Drácula. ¡La versión perdida de Drácula! ¡¡Drácula!! El libro por excelencia de vampiros, uno de los pocos que he leído más de una, de dos y de tres veces, el libro que sentó las bases del género, que me deslumbró en mi juventud por esa manera de narrar a base de diarios, telegramas, reproducciones fonográficas, cartas y extractos de prensa, el libro en el que aunque el malvado no aparezca durante gran parte del relato se le siente y se le teme porque es todo un machote vampiro,  todo un señor vampiro, la novela de un vampiro hecho a sí mismo y no como esos gusyluces imberbes… Una obra maestra de la literatura, vamos, y un clásico con todas las de la ley. Estaba claro. Tenía que leerlo. Y lo he hecho.

Los poderes de la oscuridad viene firmado por Bram Stoker y Valdimar Ásmundsson. Se publicó en 1901 en Islandia, (solo cuatro años después de la publicación de la edición original y, al parecer, como un folletín en un periódico sueco), con el título Makt Myrkranna (que significa Los poderes de la oscuridad), y se perdió hasta ser redescubierto en 2014. Según se nos cuenta en el amplio y curioso prefacio, Ásmundsson no solo tradujo Drácula sino que, ayudado por Stoker, escribió una versión distinta (y vaya si lo es), reelaboró la trama, añadió personajes y esto dio como resultado una novela más corta, más erótica y con bastantes diferencias respecto al original, aunque la esencia permanece.

¿Y bien? ¿Qué diferencias son esas?

Para empezar, la primera parte aumenta considerablemente la extensión. Por ejemplo, el viaje a Transilvania de Harker (que aquí no se llama Jonathan sino Thomas) pasa de las 22.700 palabras (aproximadamente) a 37.200 en esta novela y el resto de la historia disminuye de las 137.860 a las 9.100. Una purga excesiva, diría yo.

Se ha ganado tensión en el castillo. Se han añadido varios personajes (una anciana muda y una sexy vampiresa), hechos que aportan un matiz más sensual y también tintes conspiracionistas y ocultistas (un templo escondido en el propio castillo, una ceremonia ritual de sacrificio, un trama diplomática paralela, conversaciones sobre política…) y se han eliminado a las tres vampiresas (¡ay, adiós, Mónica Bellucci!)

Además, en la segunda parte se carga el formato epistolar, que era uno de los atractivos de la obra, y lo que nos queda es un narrador omnisciente. Esta segunda parte es mucho más rápida y a ello también contribuye la desaparición de bastantes episodios que ocurrían en Whitby y, sobre todo, la persecución final por Europa. Da la impresión de que Stoker/Ásmundsson no tenían ganas de volver a escribir lo mismo y que querían acabar cuanto antes. Puede que, si no se conoce el original, (e incluso conociéndolo), el lector se quede bastante confuso ante la rapidez con la que se suceden todos los acontecimientos y la celeridad con la que se acaba con el conde en una elipsis asombrosamente elíptica. En el proceso de destrucción se carga también a Renfield y la boda con Mina (que aquí se llama Wilma)…

Los poderes de la oscuridad está plagado de notas al margen. En ocasiones son ampliaciones de la traducción de tal o cual palabra islandesa, y otras veces compara lo narrado aquí con lo sucedido en la original Drácula o comenta costumbres de la época y lugar.

El lenguaje no difiere del primigenio (cuidado, antiguo… ¡gótico, es la palabra!, pero no complicado), yo al menos no lo distingo y eso ayuda a meterte en el ambiente.

En resumen, la primera parte me ha provocado más tensión que el Drácula de Stoker. Puede que haya pasado demasiado tiempo sin revisitarla, o que haya sido la extensión ampliada pero reconozco que me ha angustiado como si se tratara de un libro nuevo. El conde impone y acojona porque sabemos quién es y de lo que es capaz, porque tiene ya una fama a cuestas y no sabemos hasta donde podrá llegar en esta versión.

En cambio la segunda parte me ha resultado más floja. Como ya he dicho, da la impresión de tener prisa por acabarse y de que el dúo de autores iba con una escoba barriendo todo lo que consideraban paja.

Al margen de la novela en sí, hay que subrayar la gran labor de documentación que se ha llevado a cabo y que se nos muestra antes de esta y también quiero destacar como curiosidad que podemos ver los planos del castillo gracias a la reconstrucción de los pasos seguidos por Harker en sus tentativas de huida.

Los poderes de la oscuridad es un libro recomendable a los que han leído Drácula, lo aman y  quieren leer todo sobre él, pero no al revés. En mi opinión, si no se ha leído Drácula, no aconsejaría leer este libro, pues el lector puede pensar que le falta algo, que se pierde algo. O eso me parece a mí poniéndome en su lugar.

No obstante, es obvio que me ha gustado horrores. Me parece un documento extraordinario del que no sabía nada y con el cual he podido aprender unas cosas y refrescar otras casi olvidadas. Un libro curioso, entretenido y de obligada lectura para los amantes de los vampiros de verdad y del auténtico señor de los no muertos. Del origen de todo en una especie de versión 2.0 o de rebirth  que se dice ahora.

Brillante y más que imprescindible.

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Mitos nórdicos, de Neil Gaiman

mitos nordicos

mitos nordicos¡Joder, qué portada más chula, ahí el Mjöllnir todo guapo en plan postureo friki  como si posara en un photocall  rodeado de polvo de estrellas brillante! Porque eso es lo que es Mjöllnir, el fabricante de relámpagos: una estrella, un divo soberbio y machacante, que con solo asomar la puntita cierra las bocas de quienes le ven y temen su golpe. ¿Qué mejor portada para este libro de mitología nórdica si prácticamente aparece en todos estos cuentos?

Eso es lo que uno puede pensar al ver este libro. Luego repara en que el autor es Neil Gaiman… ¡Neil Gaiman, el famoso contador de historias! El autor de The Sandman, uno de los mejores cómics de la historia y responsable de que naciera mi afición al noveno arte. Juntar a estos dos, Gaiman y los mitos nórdicos, era algo que no podía perderme. Porque, a pesar de que conozco estos mitos, a pesar de haber leído varias veces estos cuentos, (que les dan mil vueltas a ese otro conjunto de  cuentos que aparecen en el libro llamado la Biblia), y porque leí en su día American Gods, no me daba la gana no volver a leerlos después de haber pasado por las manos del escocés.

Porque eso es lo que tenemos en Mitos nórdicos. No nos equivoquemos. Aquí Gaiman no coge a los personajes de esas viejas fábulas y las actualiza e inventa nuevas historias con las que deleitarnos como era el caso de American Gods, no. Nos deleita igualmente con la cosmología de las Eddas con las que tanto disfrutó de niño pero les despoja del lenguaje solemne y grandilocuente tan característico.

Gaiman se ocupa de hacernos saber, en una breve pero intensa introducción, que su amor por Asgard y sus habitantes se remonta a su infancia, cuando leía las aventuras de El poderoso Thor de Kirby y Lee. Y como suele pasar cuando algo nos gusta, profundizó e investigó por su cuenta hasta conocer lo que había de, por decirlo de alguna forma, “real” en esos cómics.

También se encarga de comunicarnos que, tristemente, gran parte de las historias nórdicas se han perdido y solo conservamos unos pocos que nos han llegado en forma de cuentos populares. Por hacernos una idea, “es como si de todas las historias de dioses de Grecia y Roma únicamente hubieran sobrevivido los mitos de Teseo y de Hércules”.

Así pues, si no conocéis la mitología de Thor y compañía, esta es  vuestra oportunidad. Una oportunidad cojonuda para hacerlo. Conoceréis el curioso origen del mundo (de los nueve mundos), por qué Odín es tuerto, de dónde sale el martillo más famoso de todos los tiempos (y por qué tiene el mango tan corto), la curiosa descendencia de Loki (si habéis visto Thor: Ragnarok, por favor, olvidad que Hela sea hija de Odín y hermana de Thor y Loki. Nada más lejos: es hija de Loki y la mitad de su cuerpo es… bueno, eso os dejo que lo descubráis vosotros), por qué el caballo de Odín tiene ocho patas, la aventura en la que Thor tuvo que vestirse de mujer, el origen de la poesía, aquella ocasión en la que Thor y Loki fueron derrotados, la bonita (a mí me gusta) historia de la muerte de Balder, y el inevitable Ragnarok o destino de los dioses).

Pero es más. Aunque conozcáis ya esas historias, merecen la pena revisarlos bajo la óptica de Gaiman. Hay ciertos detalles ampliados que, al menos para mí, son nuevos y que profundizan en estos cuentos que nunca me canso de leer.

Por si fuera poco, al final hay un muy completo glosario de nombres, no vaya a ser que alguien se pierde, cosa que veo difícil.

No lo dudéis. Si os adentráis en este mundo no lo podréis dejar. Una mitología en la que todo o casi todo tiene nombre, la única (creo) en la que los dioses son conscientes de que un lejano día tendrá lugar su propia muerte y conocen las señales, y en la que Thor en sus desplazamientos viaja en un carro tirado por dos enormes machos cabríos (Gruñidor y Crujedientes) a los cuales puede cenárselos porque a la mañana siguiente se recomponen (sí, sí, ¿os lo podéis creer?) Y esto es solo una pequeña muestra.

Mitos nórdicos es un libro básico, imprescindible, para cualquier amante de estos temas y es ideal para quien quiera introducirse en ellos y tomarlo como punto de partida. Buena letra, tramas que enganchan y prosa cuidada… Un libro al que acudir de vez en cuando y que se abra por donde se abra absorberá al lector.

Hacedme caso y hacéos un favor, ¡por Odín bendito! Porque por cada lector que pase de este libro un vikingo irá a Helheim.

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El hombre que perseguía a su sombra, de David Lagercrantz

El hombre que perseguía su sombra

El hombre que perseguía su sombraDavid Lagercrantz sigue con la difícil tarea de continuar la saga Millenium, esa que la muerte prematura de Stieg Larsson dejó en una corta trilogía, para disgusto de todos sus fans. Pero también, el autor sueco lucha por acabar con el estigma de la comparación continua con Stieg, esa que le lleva persiguiendo desde 2015, año en el que se puso de nuevo en marcha la maquinaria Millenium con la publicación de la cuarta historia de Lisbeth, Blomkvist y todo el elenco de secundarios, titulada Lo que no te mata te hace más fuerte. Hace dos años fueron muchas las voces disconformes. Primero, por no encontrar sentido a una continuación si no es con su creador original, y segundo, por la comparación a la baja si se trata de valorar los méritos literarios del original y el continuador. Sin embargo, muchos, entre los que me incluyo, vimos en la cuarta entrega una novela casi tan adictiva como las anteriores, por eso esta quinta, El hombre que perseguía su sombra, se presenta como otra interesante oportunidad de seguir disfrutando del noir sueco que más éxitos literarios ha dado a su país.

En esta ocasión todo empieza con Lisbeth Salander cumpliendo condena en la cárcel de Flodberga. Aunque es difícil, intenta pasar desapercibida, hasta que al intentar defender a una joven de Bangladés se pone en el punto de mira de una de las presas más peligrosas de la prisión. Holger Palmgren, antiguo tutor de Lisbeth, le hace una visita en prisión y le consigue unos documentos comprometedores sobre los abusos sufridos en su infancia. Pese a la reclusión, Lisbeth contacta, una vez más, con Mikael Blomkvist, empezando juntos una investigación que les llevará a encontrar un experimento macabro llevado a cabo por el gobierno sueco en la década de los ochenta.

Quizá uno de los puntos fuertes que tiene la literatura de David Lagercrantz es que sabe elegir muy bien qué temas pueden ser más interesantes para desarrollar sus historias. Si en el anterior libro llamaba mucho la atención todo el tema de la NSA y el misterioso August, en esta ocasión la cosa no iba a ser menos. El islamismo radical, la corrupción política o experimentos poco éticos con niños son temas que enganchan a una trama ya de por sí fácil de leer.

Creo que el mejor consejo que se puede dar a un lector para disfrutar de este libro es olvidarse de una vez de la alargada sombra de Stieg Larsson y disfrutar de la nueva historia que nos quiere contar David. Hay que reconocer que la historia engancha desde el principio, y las más de 600 páginas se hacen cortas al lector, algo que no siempre suele pasar. Lo bueno de Lagercrantz es que ha dejado atrás esas tediosas y largas descripciones a las que nos tenían acostumbradas las otras cuatro entregas de la saga. En El hombre que perseguía su sombra todo pasa rápido, y el ritmo es frenético desde las primeras páginas. También ayuda que el personaje de Lisbeth, el que sustenta siempre todo el mundo de Millenium, entre en acción nada más comenzar la historia. Además, poco a poco seguimos descubriendo partes del pasado de Salander que pensábamos oculto, lo que sin duda es un aliciente.

En conclusión, creo que no es muy arriesgado afirmar que esta saga se extenderá en el tiempo mientras que los lectores sigan convirtiendo cada entrega en un éxito de ventas. Además, un personaje tan poliédrico y adictivo como el de Lisbeth Salander bien vale llenar cientos y cientos de páginas de buena literatura negra, siempre que queden todavía facetas suyas por descubrir.

César Malagón @malagonc

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El bosque de los troles, de John Holmvall

el bosque de los troles

el bosque de los trolesEmbobada, así me he quedado yo con El bosque de los troles. Y no es una forma de hablar, no. Me he quedado prendada de las preciosas ilustraciones de John Holmvall, sin poder apartar los ojos de las dulces expresiones de los niños que se adentran en los bosques y de los entrañables troles que salen a su paso. Vale, esos troles suelen raptar a esos aventureros niños, pero con esas enormes orejotas y narizotas es imposible que les tenga manía; en el fondo, no tienen malas intenciones… Y si la cosa se complica, siempre habrá un hada —elfina en el libro— o un duende que acudan a echar una mano, ¡son tan majos!

¡Ay, es que se me cae la baba con este libro! Si ha causado esa fascinación en mí ahora, que ya tengo una edad, imaginad lo que me hubiera provocado en la infancia. Me veo leyéndolo todos los días y cogiendo folios para intentar copiar las imágenes una y otra vez, hasta acabar calcándolas cuando me diera cuenta de que era incapaz de dibujar semejante maravilla. Si en este momento tuviera una máquina del tiempo, viajaría al pasado para regalarme este libro. Eso sí, con la condición a mi yo de siete años de que no calcara nada, que eso estropea las páginas y El bosque de los troles no merece ese atropello.

El talentazo de John Holmvall hace que este libro sea pura magia, pero también hay que dar las gracias a John Bauer, el ilustrador sueco en el que se inspira y que a principios del siglo XX fue el encargado de ilustrar las colecciones de cuentos de hadas suecos. La estética es prácticamente idéntica y, al igual que hiciera Bauer, John Holmvall recupera los cuentos populares nórdicos de troles, duendes y elfinas, pero para hacer las delicias de los niños del siglo XXI en esta ocasión. El bosque de los troles está compuesto de cinco historias: «El trueque», «Lía-María», «Los viajeros», «Cascabelita» y «El caminante». Pequeñas aventuras llenas de humor que nos adentran en ese mundo de magia que se esconde en las profundidades del bosque y que, además, nos enseñan a respetar la naturaleza, a buscar la verdadera esencia de nosotros mismos y el valor de la amistad. Un libro divertido, hermoso y con un toque instructivo. Una joyita, vamos.

el bosque de los troles ilustracion

Cuanto más hojeo El bosque de los troles, más me enamoro, y es que es el libro perfecto para soñar con seres fantásticos. Me parece imposible mirar estas ilustraciones y no retrotraerse a la niñez, esa época en la que pensábamos que si mirábamos en la seta adecuada, encontraríamos un gnomo; si observábamos bien entre la maleza, veríamos un hada revoloteando o si nos atrevíamos a entrar en la penumbra de las cuevas, nos toparíamos con una familia de troles.

¿Sabéis qué? Creo que con El bosque de los troles he hallado mi máquina del tiempo: con él no puedo viajar literalmente al pasado, pero me basta con contemplar las ilustraciones de John Holmvall para reencontrarme con la niña que fui. Quizá sea mi yo adulto el que necesitaba ese regalo.

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La leyenda de Sally Jones, de Jakob Wegelius

La leyenda de Sally Jones

La leyenda de Sally JonesDe los grandes libros infantiles, suele decirse que gustan por igual a niños y mayores. Si eso es así, La leyenda de Sally Jones debe de ser un grandísimo libro infantil, porque yo soy muy mayor y me ha gustado mucho.

Lo primero que nos llama la atención de este libro es su formato, alto, esbelto y exquisitamente editado. Nos sentimos poderosamente tentados a abrirlo y hojearlo, pero antes de ello hemos caído ya rendidos ante la calidad de las ilustraciones que nos encontramos en la portada, y las aventuras que desde allí se nos prometen.

Serán cosas mías, pero se me ocurre que alguien con un nombre tan fantástico y evocador como Jakob Wegelius estaba destinado a fabular mundos tan absolutamente irresistibles como el de Sally Jones, que nos lleva a una época pasada y, para muchos, olvidada. Algunos pensarán en la época de los inicios del cine, en los libros de Emilio Salgari, las aventuras de Julio Verne, las películas de Fu Manchú o las de Tarzán. Otros simplemente se acordarán de una cosa que se llama “infancia”.

La leyenda de Sally Jones nos cuenta la historia de una hembra de gorila nacida en mala hora, una noche sin luna ni estrellas, y condenada, por ello, a vivir una vida de grandes trabajos y desventuras. Y éstas no tardan en presentarse, en forma de cazadores furtivos belgas que la capturan y la venden a un comerciante de marfil turco, que se la quiere regalar a su caprichosa esposa. Comienza así una vida de aventuras, intrigas, soledad, violencia, lucha, nobleza y amistad eterna, recorriendo el mundo en cargueros, camiones, carromatos y caravanas circenses, y rodeada de la más alta y baja estofa de la sociedad. Por estas páginas de fascinantes ilustraciones pasan marineros, magos, condesas, contrabandistas y exploradores, que nos llevan del Congo a Borneo, pasando por Estambul, Hungría, Macedonia, París, Singapur, San Francisco, La Habana o Shanghai.

La inventiva de Jakob Wegelius, escritor y extraordinario (por si no había quedado claro) ilustrador no tiene límites ni da respiro al lector. La historia tiene tanta frescura que uno tiene la impresión de que el autor la está imaginando al tiempo que nos la cuenta, como hacemos cuando nuestros hijos nos piden que nos inventemos un cuento. Pero claro, si bien todos los padres somos capaces lanzar tantos cabos, ¡y más!, al mar, no todos sabemos luego recogerlos y hacer con ellos un soberbio nudo marinero.

Si no recuerdo mal, contaba García Márquez que nunca conoció a nadie que fuera tan buena contadora de historias como su abuela. Cada detalle, cada personaje que aparecía en aquellos cuentos  lo hacía por un motivo, y se equivocaba el pequeño Gabrielito si pensaba que su abuela se había olvidado del destino de este o aquel personaje, o que lo había introducido a tontas y a locas. A medida que la historia se encaminaba a su fin, todos y cada uno de aquellos personajes reaparecían y cumplían su, pequeño o no, pero siempre decisivo papel.

Así escribe Jakob Wegelius, un autor que, a los mayores, nos hace recordar el placer de la aventura, de la fantasía, de conocer y odiar a los malos malísimos, y de sufrir y llorar con los buenos buenísimos, que un buen día se cansan de recibir patadas y que, en el momento en que la banda sonora empieza a ponerse épica, agarran la mano que se disponía a azotarles con el látigo. Se nos pone la piel de gallina y aplaudimos entusiasmados.

Y si Sally Jones consigue hacer eso con los lectores adultos, qué os voy a decir de los niños.

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Historia de las abejas, de Maja Lunde

Historia de las abejas

El mundo seHistoria de las abejas cierra sobre sí mismo y convierte todo en un lugar común; lo sorprendente de esto es que, a pesar de la proximidad, la vida del vecino esté a millones de kilómetros de distancia, y la del habitante de las antípodas parezca surgir en tu puerta de al lado. Las distancias, las vidas, los pensamientos se han alterado y lo que para nuestros bisabuelos era lo inabarcable ahora solo es el trayecto a tu trabajo; convirtiendo lo ilimitado en el objetivo más cortito que puedas imaginar. Todo parece redondo y se va y se vuelve, a través del tiempo y del espacio, giran las paralelas, giran los infinitos y vuelven a ti llenos de las experiencias vividas, de los paisajes visitados a lo largo del recorrido hacia la nada para luego volver a ti. Nada se desperdicia, nada se derrumba, todo se transforma. ¿ Acaso todo?… Pequeñas cosas, que crees lejanas pero que están tan cercanas que parecen pegadas a ti,  que mantienen la vida en el perfecto y delicado equilibrio en el que todavía está, si colapsasen podrían derrumbar ese artificioso monumento de cartas que es esta civilización. Siempre olvidamos que civilizaciones más extensas en el tiempo cayeron partidas por una agonía devastadora; la nuestra, de apenas 2000 años, se sostiene en pequeñas bases que golpeamos y socavamos cada día. “Historia de las abejas” es el apunte ficticio de la dominación de las abejas por el hombre y de la amenaza de derrumbe por una razón que nos parece tan común que no nos importa: su desaparición Esos insectos que algunos odian, otros temen, y otros comen su miel como si naciera de la nada. Si ellas desaparecieran, o comenzaran a desaparecer, el mundo como tal no podría ser el mismo, de ninguna de las formas.

Historia de las abejas” no es un texto científico, no es, tampoco, un relato histórico; es una ficción contada en tres partes, abarcando tres épocas, relatando sobre las abejas y su relación no ya solo con la polinización y el mundo, sino, aquí en concreto, su influencia en tres familias y en su forma de entender y ver la vida. Nos cuenta la historia de William  un científico del siglo XIX, y su larga familia, acomplejado y preso de sus manías y defectos, y que decide salvar su vida y la de esa familia, desde el punto de vista de la supervivencia económica, creando unas colmenas nuevas para las abejas; colmenas que pretende que sean una innovación y una mejora de las que entonces existían y así, pensaba él, cambiar su suerte. Los capítulos sobre George hablan de una familia estadounidense de primeros del siglo XXI que vive en una granja en la que la principal fuente de riqueza son las colmenas. La falta de aptitud y de ganas del único hijo, Tom, será lo que motive que el padre intente introducirle en el mundo de las abejas, de sus errores y sus beneficios. siempre tan trabajosos y cerca del desastre. La tercera historia es la historia de la familia de Tao; es  un relato sobre una sociedad y un mundo distópico, provocado por un desastre ecológico surgido en el momento que desaparecieron las abejas del mundo. La familia de Tao, su hija y su marido, sobreviven en un Japón que muere y vive con el trabajo brutal de todos los días.

Cuando la prosa es sencilla, directa y sin abalorios superfluos, cuando hace lo que pretende: contar una historia por el placer de contarla, por el hecho de situarnos en una situación y que nos planteemos saber más y nos resulte necesario seguir en su letras, en sus ideas; entonces nos resulta sencillo familiarizarse con ella, porque estos textos  no avasallan, no imponen, no adoctrinan, son escritos en los que se habla sobre las relaciones humanas, sobre las miradas entre padres e hijos, entre marido y mujer, que viven y sobreviven en mundos nada fáciles, en ninguno de los casos, pero que se apoyan, o pretenden apoyarse, en sus familias para salir adelante. Nos muestran que siempre que esperes mucho de las personas, sin contar con su consentimiento, o simplemente sin mirarle a los ojos o hablar dos o tres palabras con él, corres el peligro que no sea como pretende que sean las cosas. Esperar del mundo, esperar de la vida, esperar de la naturaleza, esperar del sistema, es eso, solo esperanza, solo pretensión, solo, acaso, egoísmo o, quizá, ingenuidad. Así, los relatos de las tres familias centran su mirada en seguir viviendo, sea como sea, pero los que se sitúan en los siglos XIX y principios del XXI, centran la vida en ir hacia adelante, en enriquecerse, en tener un modo de vida ligado a las abejas, en las que su prosperidad futura – de padres y supuestamente de hijos- y la actual depende de ellas, de su rendimiento, de sus propios vuelos, de sus virajes, de su polinización, de su miel, de su propoleo… El relato situado a finales del XXI, el que habla de Tao y su familia en 2098, habla de sobrevivir sin ellas, de gente aislada en centros de reproducción vegetal que lucha no para vivir sino para sobrevivir heridos de pobreza, llenos de nada. El mundo puede hundirse y sacan la cabeza del agua apunto de ahogarse o de subsistir, en ese estrecho límite. Las tres historias llevan caminos dispares, en tiempo y en espacio, en situaciones y en perdidas, pero todas hablan de la relación de los padres con los hijos, de los hijos con el mundo, de la vida con todos ellos, de sobrevivir y de morir, de riqueza  y pobreza, de comprensión y de no querer ver,  de errores y pequeños triunfos, de la miel o el vinagre.

Las letras de Maja Lunde no buscan impresionar ni desbaratar ideas, no buscan imponer ni anunciar grandes verdades, ni siquiera educar o parlamentar; las letras de este libro son sobre hechos que quizá fuerón y acaso serán,  sobre mirar realidades de la vida, de las relaciones humanas y de la naturaleza. De cómo los padres quieren a los hijos, y cómo crecen estos, y cómo cambía la vida,  creyendo en  lo que se ha pensado,  o se ha prentendido, para ellos como algo correcto se pierde y te desdice, o pudiera pasar que se ha mirado en el lado no correcto… Pero como reza el título son las abejas las que mueven el libro; ellas como una aparente pequeña parte  en el mantenimiento del precario equilibrio que sostiene la naturaleza, que sostiene a los humanos, que sostiene la civilización, que sostiene el mundo. Mundo que parece poder derrumbarse por el empujón del mosquito que desploma el rascacielos, o del ratoncito de los dibujos animados que mata del susto al elefante. Sí serán así, pequeños, en apariencia mínimos, que no los ves pasar, pero el elefante, el rascacielos caerán; y se caerá el mundo, la civilización, caerán los humanos, la naturaleza, ¿ por el soplo de aire que genera una pequeña puerta al cerrarse? Sí, ¿qué creías?

Al final, pienso, que las relaciones humanas y las relaciones con la naturaleza son iguales, porque se basan en soportar los cimientos el uno del otro, de vivir porque el otro vive, el vivir y dejar vivir que nos decían nuestros abuelos….Como dicen los libros que hablan con cordura.

Pero nada podrá decirte hasta dónde llegará el mundo, si las vidas que nos cuentan estas historias nos llevarán a un fin inesperado…

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El indio, de Jón Gnarr

El indio

El indioIslandia es un país curioso. Tiene el tamaño de Corea del Sur y sólo un poco más de población que La Rioja. En 2008, a comienzos de la crisis económica, su gobierno decidió dejar que los principales bancos del país se hundiesen en lugar de rescatarlos y salió victorioso. Y quién no recuerda la espartana actuación de su selección de fútbol en la pasada Eurocopa, en la que tan sólo Francia, la selección anfitriona, pudo frenar a un equipo plagado de jugadores desconocidos para el gran público. Pero si hay un sujeto que confirma que en ese frío territorio son tan raros como cachondos, ese hombre es Jón Gnarr. Alcalde de Reikiavik entre 2010 y 2014, este cómico llegó al poder en la capital islandesa con su ‘Best Party’ (Mejor partido), desde donde hacía promesas como que en invierno no apagaría el sol o que construiría un parque de atracciones Disney en las cercanías de aeropuerto. Durante su etapa de regidor se ganó la simpatía y la admiración de su pueblo, así como de personajes tan populares y heterogéneos como Noam Chomsky o Lady Gaga.

Por suerte o por desgracia, El indio, libro que publica Funambulista en castellano, no cuenta nada de esto. Gnarr ya sacó en su día un libro al respecto de su mandato. Lo que narra en esta ocasión es el origen de todo. Sus orígenes, más bien. Y es que ésta es una autobiografía de las de verdad, de las que empieza desde el mismo instante en que el autor nace, ya que antes de ese día, según cuenta él mismo, no existía nada.

Las historias del pequeño Gnarr son contadas con un tono humorístico, pero eso no evita que en la mayoría de los casos sean verdaderamente trágicas. El cómico no oculta sus orígenes humildes ni las penurias por las que llegó a pasar su familia, tanto a nivel económico como de relación entre sus miembros. Sus primeras vivencias están escritas como si las narrase el niño que por aquel entonces era, un chaval con problemas psicológicos y con una visión del mundo muy particular. Es una especie de pequeño Nicolás (el personaje de René Goscinny, no el de Gran Hermano) aunque más solitario y asocial. Un chico con un fuerte dolor en su interior que va descubriéndose poco a poco a sí mismo, a percibir todo lo que le diferencia de la gente normal y a darle vueltas a su propia existencia. Gnarr es ante todo un inadaptado, un indio en un mundo de caubois.

Algunas anécdotas de su infancia me han recordado a otras mías, como el juego de cambiar las letras de las canciones por palabrotas en clase de música o los ratos a solas creando historias fantásticas con un Action Man. Creo que el mayor logro de Gnarr con este libro ha sido el de ser capaz de retrotraerse a su pasado fielmente, tanto en los hechos ocurridos como en la forma de contarlos.

Lo único negativo: me ha parecido que el libro va de más a menos. Quizás sea porque en las últimas páginas las aventuras y los pensamientos del joven Jon no sorprenden tanto como al principio, pero sí que he notado que se me hacían algo más pesadas. A pesar de ello, el balance general del libro es muy bueno, ya que logra ofrecer un relato ameno y diferente dentro del trillado mundo de las biografías. Y no sé a vosotros, pero a mí, después de conocer la historia de Gnarr, me han dado ganas de que aparezca un personaje así en nuestra vida política. No sé si ayudaría mucho a cambiar la situación económica o a limar asperezas en la cuestión independentista, pero estoy seguro de que nos reiríamos mucho más.

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En el nombre de los árboles, de Karin Boye

En el nombre de los árboles

En el nombre de los árbolesMe apetecía leer un poco de poesía, por eso busqué en el catálogo de la editorial Baile del sol algún libro que me llamase la atención. Ya sabéis, guiándome por mi sexto sentido literario. Y apareció En el nombre de los árboles. Me gustó la portada, minimalista y delicada, me gustó el título. ¿A quién no le gustan los árboles? Así que pese a no conocer a su autora, me decidí por él.

A lo mejor es una ofensa no conocer a Karin Boye. Si es así me arrodillo y pido perdón. Soy una poeta muy simple, pero me gusta mucho aprender. En la contraportada del libro se dice que en este poemario aparece su poema más conocido Sí, es verdad que duele “y del cual la gran mayoría de los suecos saben, como mínimo, recitar los primeros versos.” Reconozco que esta afirmación también me atrajo. Quería conocer ese poema tan famoso en Suecia y confieso que fue el primero que leí. Luego me dio por pensar cuál sería el poema más conocido en España, cuál sería capaz de recitar más gente. Y no lo tengo nada claro. He pensado que podría ser “verde, que te quiero verde, verde viento, verdes ramas”, de Lorca. ¿Vosotros qué pensáis? Abro el debate.

Después de leer el famoso poema, que me ha parecido precioso:

“Sí, es verdad que duele cuando los brotes se abren.

¿Qué otro motivo hay para que la primavera dude?

¿Por qué tiene que estar atada toda nuestra ardiente espera al pálido helor amargado? (…)”

me dispuse a leer la introducción del poemario. Qué desorden el mío. Me ha gustado tanto conocer a esta autora que os tengo que hablar de ella. Karin Boye nació en 1900 y murió en 1941, ya podéis haceros una idea de lo efímero de su vida. Escribió poesía y novela y es una autora bastante conocida en Suecia, aunque ella siempre se quejó de la poca repercusión que tenían sus obras. Con veintidós años publicó ya su primer poemario. Casada en 1929 y divorciada en 1932, decide irse a Berlín a vivir libremente su homosexualidad con Margot Hanel. Una mujer valiente, como podéis leer, pues en aquellos años treinta la homosexualidad era poco menos que pecado. Karin siempre estuvo enamorada de Anita Nathorst, pero fue un amor no correspondido. Sin embargo, cuando su amor platónico es ingresada en un sanatorio para tratar su cáncer, Karin se traslada allí para estar con ella. En el bosque cercano al sanatorio será donde Karin decida suicidarse. Su pareja, Margot Hanel, hará lo mismo un mes más tarde. Por su parte, Anita, muere al año. Terrible final el de este triángulo amoroso. Desolador y terrible, por eso tenía que contároslo, porque todo esto, cómo no, se refleja en la poesía de Karin Boye.

En el nombre de los árboles es un poemario liberador, vinculado a la naturaleza desde el título hasta el último verso. Un poemario que canta al amor, que canta a la vida, al mar y a la tierra, ésa a la que debemos nuestras raíces y nuestra razón de ser.

“Se han trazado tus límites.

Tú también estarás quieta

entre los fieles expectantes.

Tú también has de echar raíces,

convertirte en árbol y madurar.”

Hay versos fantásticos dedicados al amor y al desamor:

“Mientras nuestro amor tenga una sola condición vigente

aunque solo sea una,

será nuestro amor una mano cerrada

y nos lo merecemos”.

Me ha encantado descubrir a Karin Boye y su voz llena de lirismo y sensualidad. Lo mejor de los buenos poetas es que nunca hay demasiados. Nunca nos van a sobrar versos para curarnos. Qué alivio que exista la poesía.