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El tiempo regalado, de Andrea Köhler

El tiempo regalado

El tiempo regaladoVivimos, experimentamos el tiempo como algo subjetivo. Hay minutos que se nos clavan. Que aún duran. Como un paréntesis, continúan sin cerrarse del todo, mezclándose, solapándose, con el resto de nuestros segundos. Como un acordeón de papel, que no reproduce ningún sonido, el tiempo se acelera, se detiene y se ralentiza a su antojo. A veces es el hilo narrativo en el que nos sumergimos, en el que nos contamos y nos explicamos a los demás. Otras, es el suspense hacia adelante. En la mayoría de los casos es la espera, eso que en palabras de Andrea Köhler se podría denominar como “el tiempo regalado”.

Precisamente, bajo este título, escribe la autora alemana en este breve ensayo que “en el mejor de los casos la espera será tiempo regalado, aunque la mayoría de las veces sea simplemente tiempo perdido; sin embargo en la espera el tiempo se convierte en algo palpable”. Y es posible que esta sea la reflexión más potente, más sólida, de todo su libro.

Experimentamos el tiempo gracias a la espera. Cuando esperamos, los instantes, los segundos, adquieren un tacto, una textura, un olor, una sensación que se apodera de nosotros y que los vuelve casi corpóreos. El tiempo pesa y se vuelve denso y lo ocupa todo. Ese vacío de poder, de estar, de hacer, es donde nos pensamos. Durante una época de mi vida, aún hoy, solía huir de esos espacios. No temía las horas muertas, sino ese aburrimiento del que Dieter Wellershoff afirma que “únicamente cierra el mundo para volver a abrirlo de nuevo”. Lo cuenta Köhler en su libro. Es el momento de la escritura. Y qué difícil es escribir/se, analizar un libro, cuando uno está ocupado esbozando su propio plan de huída.

No obstante, bajo esa idea, en El tiempo regalado su autora disecciona el minutero en un millar de esperas y empieza con la más obvia. Que es la del amor. Cómo el enamorado que espera ansioso la llamada del amado, o el mensaje en tiempos del WhatsApp, sufre. “El que ama muestra su debilidad siendo puntual”, afirma y a mí me parece una hipótesis indiscutible. O, continúa, “el que espera es el que más ama”. Bendita paradoja de la que no se puede salir. Nos pasamos el día esperando al otro. Y como nosotros, espera también el que escribe, el enfermo en la consulta del médico, el empleado la respuesta de su jefe, el viajero, el espectador, el anciano sus últimos minutos… Incluso la mujer, que no sale, no se mueve, espera paciente a su príncipe azul… En el cuento, sostiene Köhler, la espera es  vista como una maldición. “Hacer esperar es –de hecho- el privilegio de los poderosos”. ¿Lo habíais pensado alguna vez así?

Si bien es cierto que no siempre este ensayo arroja la misma luz, ni todas sus hipótesis se mantienen con la misma solvencia y contundencia, su autora consigue abordar diferentes aspectos del día a día que, aunque a veces sirven solo como una mera aproximación, algo que se queda en la superficie, constituyen un buen punto de partida para pensar y repensar la vida en sí como tiempo. Ella es la encargada de abrir todas esas puertas y dejar, de modo práctico y sencillo, que nosotros, los lectores, nos sumerjamos en esos universos que se nos plantean. Todo, al menos, pasa por ahí en este ensayo que arroja una nueva y original perspectiva sobre nuestra forma de sentir y de vivir las esperas. No aporta, eso sí, ninguna solución a ese tiempo regalado que a veces nos tortura porque nos obliga a ponerlo todo en perspectiva. Meses después, ocurre a veces, que seguimos en el mismo punto de partida. Aquí es donde estoy yo. Releyendo este estupendo ensayo. Planteándome que qué sería de nosotros si nos limitáramos a pasar por encima de la vida y no nos detuviéramos ni un instante. La espera es un regalo, sí. Pero el que nos hacemos a nosotros mismos.

 

 

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La novena hora, de Alice McDermott

La novena hora

La novena horaAmbientada en el Brooklyn de principios del siglo XX, La novena hora es una de esas historias con cierto sabor a mundo perdido, que representa un pasado que en cierta manera reconocemos aunque nos sea ajeno, pero sobre todo que muestra la lucha por salir delante de unas personas con las que resulta extraordinariamente sencillo sentirse identificado. Alice McDermott consigue envolver al lector con un manto de cotidianeidad, con un ambiente por lo demás tan irlandés como corresponde a los protagonistas, hasta el punto que uno se siente parte de la historia y se cree blindado ante las sorpresas, que parecen algo imposible, pero sin embargo las hay, y alguna extraordinaria, pero como la historia se vive tan desde dentro no parecen tales, sino simplemente vida.
La novena hora es una historia de pobreza, de la lucha por salir adelante a veces con dificultad, otras con mucha dificultad, de una especie de monjas ya entonces en peligro de extinción que realizan una labor extraordinaria que sustituye al inexistente servicio social pero que sobre todo viene determinado por su descubrimiento (en algunos casos) del milagro de la flexibilidad, de un enfoque humano de la justicia, y de la vida de una niña que se cría entre ellas y que tiene que descubrir, con no poco esfuerzo, que no es una de ellas.
Parte de una escena de una fuerza literaria tremenda, el suicidio de un empleado irlandés que es despedido y se ve incapaz de hacer frente a sus obligaciones, que incluyen una mujer embarazada. La preparación de su final, su detalle, su eficacia, su profesionalidad, narradas con naturalidad logran que el lector se enganche irremisiblemente desde esas primeras páginas. Las consecuencias de ese acto, la intervención de las monjas y la vida de los afectados después del mismo constituyen, junto con el propio Brooklyn, el esqueleto de La novena hora, armazón que Alice McDermott llena de vida y literatura, perdón por la redundancia, hasta lograr una obra pequeña, pero enorme.
Annie, la viuda, trabaja después durante muchos años en la lavandería del convento de estas monjas que ayudan a que pueda rehacer su vida, y ese trabajo que lleva a cabo junto a la hermana Illuminata constituye algunas de las páginas más sorprendentes, no desde un punto de vista de la trama sino por la descripción de las técnicas y trucos que ponían en práctica, del terrible esfuerzo e incluso de la peligrosidad de algo tan cotidiano. En ese caso la lavandería era del convento, pero sirve de ejemplo de algo que está muy presente en la novela, el terrible esfuerzo que cargaban sobre sus hombros las mujeres en aquella época en general y en aquel ambiente en particular. Un escenario en el que la brutalidad masculina era habitual, una vida que cargaba sobre los hombros de las mujeres tanta responsabilidad como alcohol y violencia sobre los de los hombres. Puede parecer que la historia homenajea a esas monjitas y su labor tan importante para su comunidad, pero por encima de eso creo que La novena hora constituye un homenaje merecido a las mujeres que hicieron de la época un lugar humano y habitable pese a padecer siempre la desgracia y el dolor que la miseria y los actos de sus maridos provocaban. Una de las hermanas le preguntaba a las mujeres que conocía si su hombre la trataba bien, y creo que es mucho más que un recurso literario.
Y hay muchas tramas, muchos personajes, mucha vida que merece la pena leerse. Alice McDermott ha logrado tejer una gran historia, un verdadero placer para cualquier lector.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal

Una noche con Sabrina Love

Una noche con Sabrina LoveEl primer contacto con el sexo ya no es tan inocente como lo era hace diez años e imagino que casi no se parece a lo que era hace veinte. Hoy en día las primeras relaciones no se tienen con una chica o un chico de tu misma edad, sino con actores experimentados, que practican todo tipo de posturas acrobáticas en tu smartphone o tablet. Quizá ese sea el motivo por el que, de acuerdo con estudios universitarios recientes, los millennials (la generación nacida entre 1980 y 1990) lo hacemos menos que nuestros antecesores: porque la curiosidad ya no es tan grande como hace unos años. Y, precisamente por eso, la lectura de Una noche con Sabrina Love, libro que se publicó por primera vez en 1998, es tan interesante: porque nos acerca a los inicios de esta manera, sin duda errónea, de descubrir la sexualidad.

La novela da comienzo poco antes de que Daniel, un chaval de diecisiete años, gane un sorteo organizado por un canal de televisión de pago, en el que el premio es pasar una noche con Sabrina Love, una estrella del cine porno. Él vive en Curuguazú, un pequeño pueblo situado a una gran distancia de Buenos Aires, la ciudad en la que se le cita para que se produzca el encuentro. Pese a que la situación económica de este joven huérfano no le permite hacer un viaje al uso, sus ansias por perder la virginidad (y por hacerlo, además, con la mujer a la que en tantas ocasiones ha visto en la pantalla) le llevan a emprender un trayecto a contrarreloj en barco, camioneta y a pie, en el que acaba encontrando mucho más de lo que esperaba.

Esta novela es una suerte de road movie, una narración intensa en la que, partiendo de una trama sumamente sencilla, el autor consigue enredar al lector, al prometerle un desenlace casi inminente de los acontecimientos. El estilo narrativo de Pedro Mairal, además, se hace muy agradable de leer; las conversaciones fluyen con naturalidad y el transcurso de la historia va inteligentemente de la mano de la evolución del protagonista. Así, si en un principio nos encontramos ante un Daniel con una mente bastante cerrada y obsesionado con la pérdida de su virginidad, el viaje le lleva a cambiar de lleno su manera de ver la vida. Las personas y las situaciones que encuentra a su paso son muy distintas a las que había conocido en su pequeño pueblo y son éstas las que le sirven para cruzar la barrera invisible entre la adolescencia y la adultez, la misma que él solo creía poder superar de otro modo. Además, Mairal sabe transmitir a la perfección la diferencia entre dos ambientes antagónicos, tan fácilmente extrapolables a cualquier país: el pequeño municipio en el que todos se conocen y la gran ciudad, tan llena de oportunidades como de dificultades.

El autor publicó esta novela con apenas 27 años, lo que, como comenta en el prólogo de esta última edición, le supuso un éxito tan notable como inesperado, que acabó traduciéndose en un Premio Clarín y en una adaptación al cine. Logros sin duda merecidos, dado que Una noche con Sabrina Love es una novela que, como le confesó Bioy Casares a Mairal el día en que se le entregó el citado premio, se coge y resulta imposible desprenderse de ella.

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Las posesiones, de Llucia Ramis

Las posesiones

Las posesionesAllá por 2013 reseñé una obra que me pareció magnífica de una autora que no conocía, Todo lo que una tarde murió con las bicicletas, y hace unas semanas me sorprendí a mí mismo recordando aquella obra y preguntándome si habría publicado la escritora algo más que me hubiese pasado desapercibido en ese anárquico e inabarcable universo de novedades literarias que es el buzón de correo de quienes colaboramos en este blog. Y unos días después llegó el aviso de la publicación de Las posesiones, novela por la que me he sentido tan deslumbrado como en aquella otra ocasión.
No voy a decir que es una novela más madura en primer lugar porque es una obviedad, mal nos iría si la literatura no creciera con sus autores, pero sobre todo porque no quisiera trasladar la impresión de que la anterior no lo era. Para nada. No es probablemente madurez la palabra que busco, sí me ha parecido más caustica cuando se trata de sacar a pasear la mala leche, más divertida cuando se trata de hacer lo propio con el humor. Pero el poso de gran literatura, de estar ante una buena historia bien contada y que hace reflexionar sobre la actualidad y la sociedad en la que vivimos, eso no ha cambiado. Siempre estuvo ahí, en lo limitado de mi experiencia con esta autora a la que no conozco y de la que únicamente he leído estas dos obras. Me faltan las dos primeras y tampoco soy habitual del periódico en el que escribe, así que me encuentro en una situación bastante parecida a la de la independencia de criterio, lo que me permite minusvalorar mi tendencia a meter la pata, algo que sin duda haré de todas formas, cuando me ponga a valorar la obra.
Tiene Llucia Ramis un estilo que probablemente lleve a la confusión a muchos lectores en el sentido de que es muy natural, parece que te estuviera contando su vida, y poco a poco le va a envolviendo a uno en esa sensación de familiaridad que le hace correr el riesgo de olvidar que le están contando una buena historia. Y vaya si se la están contando. Las posesiones, título con el que la autora abarca una gran parte de las acepciones que la RAE le concede al término, nos hace, siempre desde las coordenadas de su universo narrativo (con el choque cultural con los belgas, entre otras cosas, ocupando un lugar destacado) una crónica del paulatino proceso de pérdida de nuestras raíces, que no las perdemos porque se nos caigan de un bolsillo y se nos extravíen sino porque las enterramos bajo toneladas de hormigón, las vendemos o sencillamente dejamos de sentirlas como algo importante o como algo nuestro. Las cosas que poseemos, singularmente los hogares, no se nos presentan como algo importante desde el punto de vista material o financiero, sino como lo que verdaderamente son, el recipiente en el que viven nuestros recuerdos, necesario a menudo para que no se pierdan. Sin ellos se derraman o se convierten en fantasmas.
Las posesiones es una crónica de la corrupción, de cómo afecta a las personas, de la frustración que a menudo implica enfrentarla. También nos narra la precariedad como estilo de vida de su generación, nos asoma a ese cuarto vacío en el que en algún momento los periódicos guardaban su alma, que ahora se ha perdido como tantas otras cosas. No sé si también se habrá transformado en una urbanización o habrán construido a su alrededor un muro desmesurado para ocultarla a la vista de los curiosos. O si simplemente, aburrida, se marchó.
Con su estilo personal, su final sorprendente, sus buenas dosis de intriga y sus no pocas reflexiones, Las posesiones nos cuenta mucho sobre esta sociedad en la que vivimos. No creo que sea necesario que les diga que me ha parecido un libro extraordinario aunque lo deba decir más que nada por gratitud, por el buen rato que hemos pasado juntos. Tampoco me voy a extender mucho en este punto, no vaya a ser que a la autora las reseñas le despierten sensaciones similares a las que los correos electrónicos de los admiradores digamos que especialmente insistentes, le suscitan a la protagonista. Uno es emocionado pero prudente.
Lean Las posesiones, verdaderamente es un gran libro y sin duda, pasado un tiempo, volveré a preguntarme si la autora ha publicado algo nuevo, porque tengo la sensación de que sus obras acompañarán nuestra vida durante mucho tiempo.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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La primera mano que sostuvo la mía, de Maggie O’Farrell

La primera mano que sostuvo la mía

La primera mano que sostuvo la míaAsí como la realidad supera a la ficción en ocasiones, muchas veces una buena ficción es la mejor manera de explicar la vida. Es lo que ocurre con la maternidad en La primera mano que sostuvo la mía, la última entrega que llega al castellano de Maggie O’Farrell, después del excelente sabor de boca que nos dejó con Tiene que ser aquí.
O’Farrell es una narradora con talento, capaz de desenvolverse en épocas diferentes con una particular maestría para desarrollar un estilo detallista, rico, que sin embargo no recarga el resultado final de sus novelas. La primera mano que sostuvo la mía progresa en dos frentes: el Londres de la década de los cincuenta y sesenta, en plena y burbujeante recuperación posterior a la segunda guerra mundial, y las mismas calles medio siglo más tarde, con una ciudad transformada en decorado y sus habitantes reducidos a meros figurantes del sistema de consumo. Y para dos ciudades, dos mujeres. Por un lado Lexie, que deja su Devon natal para establecerse en la capital con Innes Kent, mayor que ella, casado, entregado a una vida libérrima y radicalmente diferente a la que conocía la joven Lexie en el campo. Por otro, Elina, llegada de Finlandia y siempre fuera de lugar, una madre primeriza que se despierta por las noches pensando que no ha dado todavía a luz y recuerda vagamente que tuvo problemas durante el parto, pero no sabe bien por qué. Entre ellas unos cuantos hombres que las entienden menos que los lectores, siempre un paso por delante de la mano de la narradora, y algunos secretos que entretejen pasado y presente y terminan haciendo encajar las piezas narrativas de un puzle simple pero efectivo.
A mí, que nunca he sido madre y nunca lo seré (salvo que la ciencia me sorprenda) me ha acercado más a ello este libro que cualquier manual científico sobre el tema. No puedo caminar sobre los zapatos de Lexie y Elina pero he llegado a comprenderlas y a compartir algunos de sus problemas a lo largo de las páginas. He sentido angustia con su desazón y alegría con su gozo, he mirado a través de sus ojos y he podido vislumbrar un universo que me es completamente ajeno.
Además me he enamorado de Lexie, como no puede ser de otra manera. La joven que comienza acercándose a la verja de su casa en Devon, curiosa y pícara, termina comiéndose las páginas. Se convierte en un torbellino que pone Londres a sus pies y nos hace desear dar un tener una cita en un café del Soho con ella, teclear artículos en su máquina de escribir o perder las horas muertas de su mano en galerías de arte. En fin, desear que pasen las páginas del resto para volver a encontrarla, como diálogos superfluos en una obra de teatro que solo vamos a ver para escuchar hablar al protagonista.
Con todo el mérito que tiene construir un personaje con tanto gancho, también se puede considerar esto mismo como es uno de los puntos flacos del libro, dado que tiende a oscurecer a su contraparte. Elina se difumina con el paso de las páginas y termina siendo instrumental en su parte de la trama (no diré más por no desvelar ningún detalle). Es cierto que su pareja, Ted, pasa al primer plano, pero le falta fuerza y la resolución del misterio que los envuelve a todos resulta un tanto predecible.
Sin embargo, no creo que los lectores acudan al encuentro de Maggie O’Farrell esperando que les lleve a una montaña rusa de emociones, así que no es impedimento para disfrutar hasta el final de su prosa, cuidada pero ligera, y de su magnífica ambientación. Un notable alto, por tanto, para esta nueva-vieja novela (es de 2010), y que pasen las siguientes (por favor).

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La señora Fletcher, de Tom Perrotta

La señora Fletcher

La señora FletcherSi os digo la verdad, hacía ya varios libros que no me divertía tanto con uno como con el libro del que hoy os hablo. A veces me pongo muy intensita con mis lecturas y me olvido de que la literatura también sirve para entretener y divertir, así que cuando me llega uno de estos libros los disfruto muchísimo. La señora Fletcher es uno de esos libros que no esperaba que me fuera a gustar tanto y cuya lectura me ha sentado de maravilla. Gracias, Libros del asteroide y Tom Perrotta, por estos días en los que he acompañado a Eve y al resto de personajes en esta genial historia, me habéis alegrado las vacaciones de Semana Santa.

La señora Fletcher es Eve, una mujer de cuarenta y pocos años divorciada que vive con su hijo Brendan. Este será el primer año de Brendan en la universidad y el primer año que Eve tendrá la casa y todo su tiempo para ella sola. Así que Eve decide apuntarse a la universidad a un curso de “Género y sociedad” donde conocerá a personajes dispares que acabarán por convertirse en su nueva familia. Brendan, por su parte, descubrirá que la vida universitaria no es tan divertida como él pensaba.

Madre e hijo se enfrentan a una especie de crisis de identidad. Eve, en su papel de madre que empieza a vivir de nuevo, a redescubrir la amistad y aprovechar su soltería indagando en todas las posibilidades sexuales que le ofrece esta nueva etapa. Y son muchas, creedme. Y de lo más variado, como la vida misma. Y Brendan afrontando por primera vez su etapa de adulto y descubriendo que todo lo que había imaginado que sería su vida en la universidad no tiene nada que ver con la realidad.

El personaje de Eve me ha parecido una auténtica maravilla. Me gusta porque, durante mucho tiempo, las mujeres de esta edad parecían invisibles para el cine, la televisión e incluso la literatura. Como si a partir de los cuarenta sus vidas ya no fueran interesantes y no pudiera ocurrirles nada nuevo. Menos mal que hay gente como Tom Perrotta que nos demuestra que hay vida más allá de los cuarenta. Que las mujeres de esta edad también sienten, viven y disfrutan sus vidas.

No sé si es porque Tom Perrotta es guionista de series como The Leftovers, pero no dejaba de imaginarme esta novela llevada a la pantalla y las enormes posibilidades que tiene. En cualquier caso, su estilo literario es muy bueno también y se lee y disfruta de maravilla.

La señora Fletcher ha sido todo un descubrimiento y ha supuesto un gran flechazo literario para mí. Así que, obviamente, no puedo dejar de recomendaros este libro. Os prometo que lo vais a pasar bien.

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Al caer la luz, Jay McInerney

Al caer la luz

Al caer la luzCuando comienzo un libro, en un primer vistazo, lo ubico automáticamente en una de entre dos opciones: los libros con una trama envolvente y desenfrenada que te obligan a no cerrarlos hasta el final y los libros que te van engatusando poco a poco por sus personajes y por las ideas que van calando en ti. Los segundos, son libros que no devoras, que lees de una manera más pausada y reflexiva porque necesitas digerirlos con moderación. Los primeros son como una película que ves de una sentada sin despegarte del sofá y los segundos son como una serie que vas disfrutando lentamente a lo largo del tiempo. Al caer la luz, de Jay McInerney, se ubicaría en el segundo grupo.

McInerney nos presenta a un joven matrimonio, Corrine y Russell Calloway, una agente de bolsa y un editor bien situados en el Nueva York de finales de los ochenta, y que a ojos de los demás forman la pareja perfecta. Pero según va avanzando el libro veremos que no es oro todo lo que reluce y que detrás de esa imagen de perfección el matrimonio se va resquebrajando poco a poco, a la vez que lo hace una sociedad que tendrá que enfrentarse a las consecuencias del crash financiero ocurrido el 19 de octubre de 1987 en Wall Street.

El libro está escrito en tercera persona y, aunque ellos dos son los personajes en torno a los que gira la trama, iremos conociendo las frustraciones, los anhelos y, en definitiva, la vida, de su círculo más próximo. Se podría decir que Al caer la luz se trata, de algún modo, de una novela coral ya que a pesar de haber dos protagonistas fundamentales, hay varios personajes, todos ellos perfectamente perfilados por la pluma de Jay McInerney. Sin embargo, la intención del autor va mucho más allá. Ha escrito una novela generacional que representa no sólo una época, sino también una ciudad y un estilo de vida.

Al caer la luz es la primera parte de una trilogía que se publicó por primera vez en 1992 y que desde esa fecha le ha valido a Jay McInerney la comparación con autores de la talla de Scott Fitzgerald o Henry James (dos de los grandes autores estadounidenses con los que, por ende, se compara a todo nuevo autor que triunfa en el país). No soy amiga de las comparaciones, considero que cada libro y cada autor son únicos y diferentes, al igual que cada ser humano lo es, y menos de las comparaciones publicitarias que solo buscan vender más y mejor un libro. No obstante, sí puedo decir que Al caer la luz me ha recordado y transportado a otros libros y películas que representan esa época y ese estilo de vida neoliberal lleno de falsas apariencias, expectativas muy elevadas, consumismo, fiestas, drogas y distintas tentaciones que, en este caso, ponen a prueba el matrimonio de los Calloway. Mientras leía, recordaba películas como Bocados de realidad, fiel reflejo de los jóvenes de la llamada Generación X o Generación MTV; El Lobo de Wall Street, un símil demasiado evidente, pero no por ello menos acertado; y, aunque diferente en la trama principal del protagonista de la película (y el libro), American Psycho. Precisamente, también se compara a McInerney con Bret Easton Ellis, autor de American Psycho, ya que ambos pertenecen a la misma generación de autores que se apodó como “Literary Brat Pack”, y que se refería a un grupo de jóvenes escritores que surgieron en la costa este de Estados Unidos a finales de los años 80 y que eran casi tan o más conocidos por sus andanzas entre la “beautiful people”. Este grupo de autores se ve reflejado en el libro, en la figura de Jeff Pierce, un joven escritor de éxito precoz mal asimilado. que se pierde en una vida de excesos y adicciones.

La reedición de Al caer la luz la ha llevado a cabo la editorial Libros del Asteroide, que desde su fundación, se ha encargado de publicar libros que han cosechado un gran éxito al otro lado del charco en las últimas décadas y que no habían visto la luz antes en nuestro país. Estos libros tienen muchos puntos en común y, por eso, el libro de McInerney me ha recordado también en infinidad de páginas a libros como Tantos días felices, de Laurie Colwin; El libro de Jonah, de Joshua Max Feldman; Qué fue de Sophie Wilder, de Christopher R. Beha; e incluso a Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. Todos ellos son libros con un gran trabajo en el dibujo de sus personajes y que reflejan un estilo de vida determinado y la decadencia de un grupo de personas.

Al caer la luz funciona como obra generacional, pero lo hace aún más, cuando se aleja de esa función tan solemne y sentenciosa, para destripar con brillantez y delicadeza la caída de un matrimonio cegado por sus ansias de fama, dinero y poder. McInerney nos muestra lo que queda, como el propio título del libro dice, al caer la luz y el esplendor de unas apariencias y pretensiones, impuestas por una sociedad corrompida por el brillo de la ciudad que mejor ejemplifica el famoso “sueño americano”.

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Tres periodistas en la revolución de Asturias, de Manuel Chaves Nogales, José Díaz Fernández y Josep Pla

Tres periodistas en la revolución de asturias

Tres periodistas en la revolución de asturiasEl 5 de octubre de 1934, un día antes de que Companys proclamase el Estado Catalán, se inició una huelga general revolucionaria en distintos puntos del país contra el gobierno conservador republicano. De los 2000 españoles que murieron en los quince días que duró el movimiento, cerca de 1500 lo hicieron en Asturias, la región que acogió con más fuerza la propuesta revolucionaria. Tal vez, como se desprende de los textos recogidos en Tres periodistas en la revolución de Asturias, porque sus habitantes eran los que menos tenían que perder.

El escritor Jordi Amat es el encargado de abrir el libro y lo hace por medio de un interesante prólogo, que ayuda a entender tanto el contexto previo a la revolución como las características de los tres periodistas que la relataron. Y es que José Díaz Fernández, Josep Pla y Manuel Chaves Nogales vivieron realidades muy diferentes. Así, mientras que el primero fue diputado por un partido de izquierdas en Oviedo y vivió el conflicto sobre el terreno, los otros dos tuvieron un rol más estrictamente de corresponsales. De esta manera, mientras que el texto de Díaz Fernández, publicado bajo la apariencia de haber sido escrito por un combatiente, expone cronológicamente los sucesos más relevantes de esos quince días negros, los de Pla y Chaves Nogales buscan profundizar más en los motivos del levantamiento y en explicar lo más nítidamente posible lo que estaba ocurriendo.

Una de las virtudes que sobresalen en estos textos es la sencillez con la que están escritos. A pesar de que los tres escritores tenían su prestigio en el momento en el que los redactaron, ninguno cayó en el tan común mal del periodista de dejarse llevar por el ego y anteponer su interés por demostrar todo lo que sabe a exponer con claridad lo que ve a su alrededor. Así, aunque desde distintos prismas y con estilos diferentes, en estas páginas nos encontramos tres buenos ejemplos de lo que deber ser un trabajo periodístico.

La otra gran virtud común, desde mi punto de vista, es el ferviente deseo de ser lo más objetivos posible. “El deber sagrado de la objetividad y de la verdad siempre ha primado en mí por encima de todo lo demás”, resume Pla, quizá el que, por su cercanía a los intereses del Gobierno (era corresponsal de la La Veu de Catalunya, el periódico de la Lliga Regionalista) era el que más se podía ver tentado a hacer un relato sesgado de lo sucedido en esos días. También Díaz Fernández podría haber buscado glorificar a los revolucionarios en su Octubre rojo en Asturias, pero en todos ellos primó su responsabilidad profesional. De hecho, tanto Pla como Chaves Nogales dedicaron una buena parte de sus crónicas a desenmascarar y a criticar las falsas informaciones que estaban dándose durante esos días sobre lo que ocurría, para que, como sintetiza genialmente el segundo en Las cosas en su punto, la exageración no quitase importancia a la verdad.

Si algo nos dejan claro estos tres autores es que la revolución asturiana se fraguó desde el corazón y el estómago y que no tuvo una estrategia ni un liderazgo claro en los que apoyarse. De hecho, como bien explica Díaz Fernández, cuando las noticias del fracaso del levantamiento en otros puntos de España comenzaron a llegar los revolucionarios asturianos se negaron a creerlas. La idea de que estaban ganando, de que iban a conseguir salir de su penosa situación vital por sí mismos, era lo único que les mantenía en pie y cuando esta desapareció ya no les quedó nada por lo que luchar. Otro de esos trágicos e injustos momentos de nuestra historia que no convienen olvidar y que gracias a periodistas tan íntegros como los tres que aparecen en este libro podemos leerlos sin demasiado miedo a la dañina niebla ideológica.

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Tránsito, de Rachel Cusk

Tránsito

TránsitoTodo se renueva, evoluciona, se transforma, no hay nada que no sea susceptible de mutar. Nuestra existencia está plagada de cambios, y de hecho hay temporadas enteras durante las cuales, como si habitáramos el ojo de un ciclón, el universo entero da vueltas a nuestro alrededor y no tenemos claro cuánto se va a parecer lo que resulte de la caída de nuevo al suelo de los objetos a lo que era nuestra vida hasta entonces.
Faye acaba de comprar una casa en un barrio de Londres donde, por lo general, no podría permitirse vivir. La casa, a cambio, necesita una renovación profunda, de la que no está muy segura de salir con éxito. La tortuosa reforma se convierte en una analogía perfecta de su situación personal: separada recientemente, dos hijos, un trabajo (escribir) que nunca da la seguridad suficiente para plantearse la vida más allá de los años más cercanos y de vuelta en la gran ciudad después de una década viviendo en el campo, no tiene alrededor precisamente muchos asideros.
El tiempo que abarca Tránsito lo pasa Faye entre citas con amigos, contratistas, conocidos y las clases de escritura creativa que imparte, inmersa en escenas muy del estilo de “Las invasiones bárbaras” solo interrumpidas por las llamadas telefónicas de sus hijos y las intervenciones de sus vecinos para hacerle la vida imposible. En ningún momento desentraña el sentido de su vida ni soluciona casi ninguna de sus dudas, así que visto en perspectiva lo que tenemos finalmente es polvo en suspensión, ruido y caos.
Sin embargo, esta mezcla no arroja como resultado una obra entrópica. Al igual que ocurría en A contraluz, su antecesora, Tránsito es una novela ordenada, reposada y tranquila que además no da la impresión de hacerse larga o tediosa. Los capítulos están más compartimentados y quitando el par de capas que constituyen las obras de la casa y sus hijos, el resto de historias que construye Rachel Cusk son efímeras y no vuelven a aparecer en momentos posteriores al que les corresponde. También como ocurría en la anterior, aprendemos sobre la protagonista en boca de otros, a través de las descripciones y de las preguntas de quienes la rodean. Esta manera elegante de narrar ya no sorprende si se ha leído a Cusk anteriormente, pero no deja de tener un mérito extraordinario. La protagonista escucha y pregunta, y a través de su curiosidad aparecen en el texto grandes temas como la soledad, la pugna entre la libertad individual y el compromiso de pareja, el cambio, cómo no, y la manera que tenemos de enfrentarnos a él. Temas capitales y otros más livianos, la vivienda en la gran ciudad, por ejemplo, porque la realidad tiene estas cosas, que mezcla cal y arena sin que podamos evitarlo, y porque ser intenso mucho tiempo resulta tan cansado como aburrido.
Aquellos que ya estén enamorados de esta autora no encontrarán argumentos para romper con ella después de leer Tránsito. También la disfrutarán los más aficionados a escuchar, los que aprecian que cualquiera les cuente su historia, los empáticos, como ahora está de moda decir. Para mí es una nueva obra redonda de Rachel Cusk, dos de dos, y mención especial otra vez a la traducción de Marta Alcaraz, que, sin haberla comparado con el original, me parece perfecta. Tengo la impresión de que el estilo preciso y detallista del que hace gala el texto no es solo mérito de la autora original, y merece la pena comentarlo.
Después de sus dos primeras entregas queda una tercera, Kudos, que tendría que aparecer en 2018. Las ganas de que llegue, por supuesto, continúan intactas tras recorrer Tránsito.

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La uruguaya, Pedro Mairal

La uruguaya

La uruguayaLa novela hispanoamericana en general y la argentina, en concreto, siempre me han fascinado. Los escritores argentinos tienen una forma de escribir que me llega y me llena. No sé cómo lo hacen, ni siquiera podría explicaros bien el porqué, pero son muchos los escritores de este país que han calado hondo en mí. Por supuesto, Julio Cortázar es uno de ellos, pero hay más, muchos más: Ernesto Sábato, Borges, las geniales Storni y Pizarnik, Piglia y un largo etcétera.

Esta pequeña introducción me recuerda que hace mucho que no leo a un escritor argentino. El último libro escrito por una argentina que leí fue Precoz, de Ariana Harwic. Así que, reencontrarme con mis amigos del otro lado a través de Pedro Mairal ha sido una genial casualidad.

Sobre La uruguaya había leído y había visto mucho antes de lanzarme con él. Es uno de esos libros que se hacen virales y empiezas a ver por todas partes en las redes sociales. Supuse que debería ser bueno, que si tanta gente lo estaba leyendo y lo estaba compartiendo es porque algo tenía esta pequeña novela. Y sí, así es. Pero mejor os la presento.

Como decía antes, Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) es el autor. Y aunque tiene varios libros publicados, sinceramente no había tenido la ocasión de leerle. No sé si porque en España no se han editado más novelas suyas (que lo dudo, pero ahora no estoy en condiciones de averiguarlo) o simplemente porque no había tenido la oportunidad de toparme con él. Lo cierto es que la fama en España le ha llegado gracias al libro del que hoy os hablo.

¿Y de qué trata La uruguaya? Pues trata de Lucas Pereyra un escritor que acaba de entrar en la cuarentena y que, a pesar (o por eso mismo) de estar casado y con un hijo, anda sumido en una crisis conyugal. Esa crisis de los cuarenta que quizás os suene, esa misma. Lucas, nuestro protagonista, ha de viajar a Uruguay desde Buenos Aires para recoger un dinero que le envían desde el extranjero y que en su país sería más difícil recibir. Y a partir de ese momento, que es el comienzo de la novela, se desarrolla esta intensa historia. Porque Lucas se confiesa ante nosotros y nos cuenta que también viaja a Uruguay a encontrarse con una mujer, con la uruguaya que da título a la novela. Y desde ese momento en el que el narrador nos hace cómplices, asistimos a un relato en primera persona muy crudo, con el que cualquiera de nosotros podría sentirse identificado.

Y es que en La Uruguaya están las dos caras de la moneda. Nuestras dos partes antagónicas que chocan, que se abrazan, que se asfixian. Nuestras ansias de libertad, nuestros sueños de juventud, nuestros deseos. Pero también quiénes somos hoy, en qué nos hemos convertido. Y es difícil enfrentarse a la realidad, casi tanto como no perderse en la fantasía.

Con un estilo impecable, esta novela, tan concentrada y tan intensa me ha atrapado y me ha hecho reflexionar. También me ha dolido, no os voy a mentir. Pero es un dolor como el de una bofetada en la cara, un dolor de “espabila”, un dolor para pensar mucho en él. De esos que gustan.

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La acusación, Cuentos prohibidos de Corea del Norte, de Bandi

La acusación

La acusaciónParece mentira que lo que está ocurriendo en Corea del Norte sea verdad. Que sepamos tan poco sobre lo que allí ocurre y que lo poco que nos llega sea de manera sesgada y aun así nos escandalice. Y no es para menos. No tenemos ni idea de lo que Kim Jong-un está haciendo con su país. Sinceramente, me aterra que gente como él esté donde está.

Que un libro como La acusación, Cuentos prohibidos de Corea del Norte vea la luz es muy importante para que podamos hacernos una idea de lo que allí ocurre. Poco sabemos del autor que se esconde bajo el pseudónimo de Bandi y que aún está en Corea del Norte. Lo único que se sabe es que nació en 1950 y que pertenece al Círculo de Escritores Coreanos. El manuscrito de este libro pudo salir del país gracias a la ayuda de un familiar y de una organización pro derechos humanos de Seúl, que consiguió que un turista lo ocultase entre materiales propagandísticos para sacarlo del país. ¿Veis ya la importancia que tiene este libro? Alucinante.

Ha sido publicado en más de veinte países y traducido a otros tantos idiomas. En España, gracias a la editorial Libros del asteroide podemos disfrutar de él y del valor de la escritura como salvación para este autor.

La acusación, Cuentos prohibidos de Corea del Norte está compuesto por siete relatos ambientados en la década de 1990, bajo los gobiernos de Kim Il-sung y Kim Jong-il. Como ya sabéis, se trata de regímenes sumamente opresores, herméticos y controladores, así que, como entenderéis, los relatos que encontramos en este libro son muy duros y realistas. El reflejo de una realidad cruda que Bandi conoce bien, ya que él mismo ha sido testigo de la muerte de muchos de sus familiares y amigos y ha pasado las terribles hambrunas que a finales de los años ochenta acaecieron en el país.

Relatos que retratan la vida cotidiana en Corea del Norte, personajes comunes que viven bajo ese hermetismo como el relato de una mujer que se encuentra con el mismísimo Gran Lider; un hombre que desea viajar a ver a su madre moribunda o un niño aterrado que llora ante el retrato de Karl Marx porque piensa que es un Obi, un monstruo de la literatura coreana.

Os recomiendo totalmente su lectura, porque lo que yo os pueda decir sobre él no sirve de nada. Este es un libro que hay que leer casi como una obligación, una necesidad y una deuda con Bandi. Le debemos a este autor, que ha escogido este pseudónimo que en coreano significa luciérnaga,  la oportunidad de poder brillar. Debemos hacer que este libro siempre encuentre la luz.

 

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