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El gran salto, de Jonathan Lee

El gran salto

El gran saltoLos errores en los libros, o los errores en general, suelen no pasar desapercibidos. Saltan a la vista. También lo hacen los grandes aciertos, luminosos párrafos de algunas obras, goles magníficos, polvos de otra galaxia que no deberíamos aspirar a repetir. En un punto intermedio de esos dos extremos, entre otras cosas, podemos encontrar dos categorías interesantes: la mediocridad y la virtud. La primera tiene relativo éxito en esconder los errores, al menos en dejarlos fuera de la vista o del foco, pero lleva dentro la inferioridad de los mentirosos. La segunda simplemente los evita, los fallos, aunque no se regodea tampoco en los aciertos. En este último sentido tan modesto de algo cercano a la perfección se halla la tercera novela de Jonathan Lee, primera en español, El gran salto.
Un joven norirlandés entra a formar parte del IRA en 1978, uno de los momentos álgidos de los enfrentamientos entre los unionistas y los católicos (si se me permite la simplificación del conflicto). En un primer capítulo de manual, Dan, así se llama uno de nuestros protagonistas, es iniciado en las armas por dos viejos y resabiados combatientes. El contexto nos vendrá más adelante, pero se adivina que son tiempos muy duros para los jóvenes como él, y que el conflicto no hace más que recrudecerse.
Seis años más tarde, la semilla plantada en esta introducción germinará bastantes kilómetros al sur, concretamente en Brighton, Inglaterra. Dan, convertido en experto en explosivos, llega a la ciudad costera para preparar uno de los mayores atentados del IRA en suelo inglés, un ataque al corazón de los conservadores británicos durante la convención de su partido, con Margaret Thatcher a la cabeza. El suceso tendrá lugar en el Grand, un hotel de segunda categoría que no obstante tiene el honor de albergar la convención de los tories gracias, en parte, a los esfuerzos de su subdirector, Philip Finch, al que todos conocen como Moose.
Como se comprende rápido, El gran salto no es tanto la historia de aquel atentado y de la lucha en la que se amparaba sino un relato de trazo fino, casi hiperrealista, de las vidas de quienes orbitan el Grand en las tres semanas que transcurren entre que Dan planta la bomba y el día de la convención. Moose, un antiguo saltador de trampolín que, pasados los cuarenta, se siente un perdedor, toma la convención como su última oportunidad de hacer algo grande, de coger un tren que se escapó hace tiempo; Freya, su hija, vive confundida su último verano de adolescente y el primero como adulta, en lo que decide qué hacer con su vida y navega entre el descubrimiento y la decepción. El Capitán, Marina, el surfero John y por supuesto el propio Dan aparecen por las páginas de El gran salto para completar el cuadro de Jonathan Lee.
Enganchando con el primer párrafo, lo que más destaca de El gran salto es la brillante habilidad del autor Lee para escribir una historia balanceada, sin errores. Tiene múltiples caras, es tierna pero a la vez contundente, calmada y avasalladora por momentos, y en todos los momentos consigue un notable alto o un sobresaliente. No cae en la nostalgia ochentera, no se deja llevar hacia la novela de intriga ni deja que el par de tramas amorosas inclinen el libro al romance. En esa virtud y en su capacidad para dotar el conjunto de una prosa de alta calidad pero sin complicaciones está el principal valor de El gran salto.
Es cierto que hay que tener paciencia y tiempo con ella, porque no conviene leerla del tirón. Quizá desespere a quienes necesitan emociones más fuertes, y piensan que el atentado que se anuncia desde la página uno va a ofrecérselas. También a los que traten de encontrar una lectura profunda de la situación política y social del thatcherismo y del conflicto norirlandés. Pero para quienes busquen una lectura tranquila, una novela virtuosa de principio a fin con la que pasar una temporada, El gran salto resultará perfecta. A mí, por lo menos, me ha dejado con la sensación de ser de lo mejor que llevo leído este año.

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La chica de Kyushu, de Seicho Matsumoto

La chica de Kyushu

La chica de KyushuVenga, voy a admitirlo: La chica de Kyushu, como casi todos los libros de Asteroide, lucía magnífico en mi Instagram. No le hacían falta ni filtros, con esa portada en rojo y los kanjis asomando debajo del título. Además, quedaba genial decir “es una novela negra japonesa de los años sesenta” cuando alguien aparecía por casa y lo veía sobre alguna mesa, apenas empezado. A su autor lo comparan con Simenon, repetía yo, después de haberlo aprendido en la reseña de El expreso de Tokio que había escrito Diego Palacios en su momento.
Y sin embargo tengo que reconocer que todo era pose. Había comenzado el libro pero no me entusiasmaba, y empezaba a mirar con recelo las doscientas páginas que quedaban.
El planteamiento inicial es un clásico del género negro, equivalente a la entrada de la rubia despampanante en el despacho del investigador privado. En este caso la joven (y bella) Kiriko Yanagida, de la provincia de K, acude a la oficina tokiota del abogado Kinzo Otsuka. Su hermano ha sido acusado de un crimen que, dice ella, no ha cometido, y teme que un inepto abogado de oficio de K no sepa defender su causa. En un principio Kinzo Otsuka rechaza el caso dado que la joven Kiriko no dispone de recursos para pagar a alguien tan afamado como él, pero ella encuentra la comprensión de Keiichi Abe, periodista de la reputada revista Ronso.
En mi cabeza el resto parecía claro, y por eso me daba pereza continuar leyendo: Keiichi se enamora de Kiriko y juntos logran que el abogado Otsuka la represente y descubra los puntos débiles en la acusación que pesa sobre su hermano. Nada más lejos de la realidad. El letrado se mantiene firme y la joven tiene que volver a la lejana K porque sus limitados ahorros no le permiten continuar en la capital, lo que desencadenará que la historia, tan lineal hasta ese momento, descarrile.
Bien por Matsumoto, ahí me volvió a enganchar y ya no pude soltar el libro. Cuanto más se separa de lo que podríamos considerar los clichés del género, más brillante resulta. La chica de Kyushu no sirve tanto como intriga policiaca (no lo es) como de testimonio de la sociedad de su momento y, más concretamente, del sistema judicial nipón de la época. En efecto, tal y como le ocurre a Kiriko, no eran pocos los que se veían indefensos cuando tenían cualquier contencioso con la justicia por la imposibilidad de pagar un abogado. Este punto de crítica y también la que se refiere a las enormes diferencias de desarrollo entre Tokio y las zonas rurales, convierten esta novela en un interesante retrato de un Japón alejado de lo que estamos acostumbrados a ver y a leer.
Una de las decisiones más interesantes de Matsumoto en la novela es la de prescindir de héroe, más allá del papel secundario del periodista Keiichi Abe, que hasta el último momento trata de ayudar a Kiriko sin más interés que hacer el bien. Salvo él, el resto de personajes tienen un reverso tenebroso, una parte oscura que tarde o temprano sale a la luz y representa el mal inherente que todos somos capaces de desarrollar cuando nos sentimos justificados para ello.
Con la mencionada crítica de la justicia y de la desigualdad como trasfondo, la trama evoluciona hacia un sálvese quien pueda en el que serán la venganza y el egoísmo las principales motivaciones de casi todos los protagonistas para pasar a la acción. Una venganza calculada, que se despliega de la mano de la gran evolución que se observa en los dos personajes más fuertes (el abogado y la joven), otro acierto, si bien el autor no logra que los secundarios dejen de estar un poco anclados en los tópicos.
Narrada en un estilo sobrio, directo pero certero, capaz de reflejar perfectamente la vida urbana tokiota sin recrearse en exceso en el atractivo de los bajos fondos, La chica de Kyushu termina siendo una buena lectura, distinta a la que uno espera cuando se encuentra con ella pero muy disfrutable en todo caso.

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20 Biografías que moverán el 2017

En género biográfico y autobiográfico, pese a haber existido siempre, vive hoy en día uno de sus mejores momentos. Aunque es la ficción la que suele copar la lista de los más vendidos, cada vez es menos extraño ver libros de este género en esas estanterías privilegiadas. Por eso os traemos aquí una lista variada de 20 biografías que moverán este 2017. Tenemos de todo; políticos, un buen puñado de músicos, actores… ¡incluso futbolistas! Empezamos, y por partida doble, con el personaje del que más se ha hablado en 2016, y que sin duda será del que más se hable en 2017. ¿Adivinan quién es?

trump-y-la-caida-del-imperio-clinton1. Trump y la caída del imperio Clinton, de Vicente Vallés (La esfera de los libros ISBN 978-8490608852)

Efectivamente. Como no podía ser de otra manera, empezamos nuestra lista con el magnate norteamericano Donald Trump, cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América desde el pasado mes de enero. Lo que empezó como una utopía hace años se convirtió en realidad el pasado mes de noviembre, ante el estupor y la incredulidad de gran parte de la sociedad occidental. El periodista y analista político Vicente Vallés busca explicar en este libro las claves de su ascenso al poder.

como-se-hizo-donald-trump2. Cómo se hizo Donald Trump, de David Cay Johnston (Capitán Swing ISBN 78-8494588693)

Si el anterior libro se centraba en analizar el periodo electoral de Trump, en este vemos una biografía mucho más íntima del empresario neoyorkino. David Cay Johnston, ganador del Pullitzer en 2001, hace un esbozo de la vida y obra de Trump, desde su infancia en Queens hasta su sorpresiva llega a la Casa Blanca, pasando por una carrera empresarial siempre marcada por el éxito y alguna que otra polémica.

instrumental3. Instrumental, de James Rhodes (Blackie Books ISBN 978-8416290437)

Pese al desconocimiento general, James Rhodes era (y sigue siendo) uno de los concertistas de piano más prestigiosos del mundo. Sin embargo, para el público fue una verdadera sorpresa la aparición de esta biografía, todo un éxito de ventas desde hace casi año y medio. El autor, despojándose de cualquier miedo, nos relata como la música consiguió transformar su vida, con una infancia marcada por los abusos. Un libro perfecto tanto para aquel que disfruta de la música clásica como para el que no.

bob-dylan-la-biografia4. Bob Dylan, de Howard Sounes (Reservoir Books ISBN 978-8416709588)

Otro de los personajes más relevantes de los últimos meses ha sido Bob Dylan. El músico de Minnesota llevó la polémica a la opinión pública al conseguir el Nobel de Literatura. Si es justo merecedor del galardón o no, no lo vamos a debatir aquí. Lo que nadie duda es que la relevancia histórica de Robert Allen Zimmerman va mucho más allá de su música. Por eso esta biografía del periodista británico Howard Sounes puede acercarnos un poco mejor la figura de este gran compositor.

bob-dylan-cronicas5. Crónicas I: Memorias, de Bob Dylan (Malpaso ISBN 978-8416665655)

Si el libro anterior no os gusta, quizá prefiráis la autobiografía escrita por el puño y letra del propio Nobel. Malpaso se lanza a la publicación de las memorias del cantante de folk rock con el primer volumen de sus Crónicas. Dylan desgrana los primeros años de su vida; su llegada a Nueva York a principios de los 60, y sus primeras incursiones en la música. Con este libro, aparte del Dylan cantante, tenemos la posibilidad de descubrir al narrador que lleva dentro.

Diarios6. Diarios, de Kurt Cobain (Reservoir books ISBN 978-8416709205)

En la cima de su carrera, con 27 años, Kurt Cobain decidió suicidarse pegándose un tiro en la cabeza. Pero el vocalista de Nirvana, la estrella de rock más influyente de su época, sigue en el recuerdo de muchos 23 años después de su muerte. Estos diarios editados por Reservoir Books permiten conocer un poco mejor la atormentada vida del cantante, cuyos escritos acompaña de anotaciones, dibujos, letras e incluso la nota de suicidio con la que decidió despedirse.

autobiografia7. Autobiografía, de Morrisey (Malpaso ISBN 978-8416420605)

La llegada de Morrissey como cantante de los Smiths supuso, a principios de los ochenta, una renovación en la escena de la música indie. Pero tras las giras y los focos se encontraba un joven que antes de llegar a la cima tuvo una infancia desgraciada y una juventud donde vagaba sin rumbo, solo con la compañía (necesaria y analgésica) de su música. Ahora, el letrista inglés pone en orden su vida y nos cuenta no solo su infancia. También tiene cabida el lustro exitoso con su grupo y buena parte de su carrera en solitario.

born-to-run8. Born to run, de Bruce Springsteen (Literatura Random House ISBN 978-8439731825)

Terminamos el repaso de los músicos con The Boss. El incombustible Bruce Springsteen, a sus 67 años, sigue deleitando a los fans de todo el mundo con sus giras interminables. Como otros grandes de la música, el de New Jersey decide desnudarse ante sus millones de incondicionales con un libro íntimo en el que explicar sus orígenes, sus inquietudes personales y el por qué de varias de sus canciones más conocidas. Otra oportunidad única para descubrir quién se encuentra detrás de los mitos.

fidel-castro-patria-y-muerte9. Fidel Castro. Patria y muerte, de Enrique Meneses (Ediciones del viento ISBN 978-8415374732)

La de Fidel Castro fue sin duda la muerte más relevante del pasado 2016. Sus 90 años vividos con intensidad, su lucha revolucionaria y su posterior y polémico sistema de gobierno ayudaron a configurar la política de la segunda mitad del siglo XX. El periodista español Enrique Meneses actualizó la biografía del cubano que había escrito en 1966 contrastando opiniones tan distintas como las de Fraga o Carrillo. Muertos estos dos, y muerto también el autor en 2013, el libro estaba pendiente de ver la luz, solo a la espera de lo más importante, la muerte de su protagonista.

kafka10. Kafka, de Reiner Stach (Acantilado ISBN 978-8416748198)

Muchos han hablado de la figura literaria de Franz Kafka, pero quizá nadie le ha dedicado tanto tiempo como Reiner Stach. Tras más de diez años escribiendo e investigando sobre el escritor praguense, llega por fin la biografía definitiva sobre el escritor que cambió el siglo XX. La extensa obra, de más de 2000 páginas, divide la vida del protagonista en tres momentos, diferenciando entre Los primeros años, Los años de las decisiones y Los años del conocimiento. Una obra que hace engrandecer, nunca mejor dicho, cualquier biblioteca.

martin-lutero11. Martín Lutero, de Thomas Kaufmann (Trotta ISBN 978-8498796803)

En 1517, el fraile agustino Martín Lutero clavaba en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 famosas tesis en las que atacaba las indulgencias de la Iglesia, dando paso a la Reforma Protestante. Ahora 500 años después de aquel acto, Thomas Kaufmann nos trae la biografía de de la persona que se atrevió a desafiar a la institución más poderosa del momento, y que lo convirtió en uno de los hombres más influyentes de la historia,

años-salvajes12. Años salvajes, de William Finnegan (Libros del Asteroide ISBN 978-8416213887)

En Años salvajes tenemos una de las sorpresas literarias de los últimos meses. William Finnegan, corresponsal de guerra y periodista de The New Yorker conseguía en 2016 el premio Pullitzer por esta brillante autobiografía, éxito de venta y de crítica. El autor, en su búsqueda incesante por todo el mundo de la mejor ola, termina buscándose también a sí mismo, encontrando en el mar el sentido a su propia existencia. Una historia fascinante sobre la vida y sobre el surf.

50-palos-y-sigo-soñando13. 50 palos… y sigo soñando, de Pau Donés (Planeta ISBN 978-8408166610)

La música de Jarabe de Palo llegó como viento fresco a las listas musicales a finales del siglo pasado. Casi dos décadas después, su cara visible, Pau Donés, nos relata en este libro autobiográfico su trayectoria vital, una carrera con altibajos que sufre un fuerte revés al detectar al autor un cáncer de colon con el que lleva luchando bastantes meses. Un libro sobre la fortaleza que se necesita siempre para afrontar hechos tan crueles como los de esa enfermedad.

La jugada de mi vida14. La jugada de mi vida, de Andrés Iniesta (Malpaso ISBN 978-8416665266)

Aunque últimamente abundan las biografías de futbolistas, es raro poder tener la ocasión de que sea el propio futbolista el que relate su vida más íntima. Por eso, libros como este de Andrés Iniesta se hacen indispensables. El genio de Fuentealbilla analiza su vida personal y profesional con franqueza, desde los primeros pasos en su pueblo hasta su vida en la Masía y todo lo vivido en el FC Barcelona y la selección española. Junto a ello, un sinfín de testimonios de compañeros que terminan por esbozar la figura de uno de los deportistas españoles más admirados y reconocidos.

un-año-en-los-bosques15. Un año en los bosques, de Sue Hubbell (Errata Naturae ISBN 978-8416544165)

El próximo 12 de julio se cumplirá el bicentenario del nacimiento del escritor estadounidense Henry David Thoreau, autor de Walden, donde el propio autor relata su vida en los bosques, apartado de la civilización. Dos siglos después, su compatriota Sue Hubbell, harta de la sociedad consumista del siglo XXI, decidió imitar al escritor de Massachusetts, buscando junto a su marido una vida tranquila en el bosque. Pero el abandono de su pareja le hace enfrentarse no solo a los peligros de la naturaleza; también a la soledad, reflejándolo en un escrito lleno de sentido del humor y optimismo.

escapar-para-vivir16. Escapar para vivir, de Yeonmi Park (Plataforma Editorial ISBN 978-8416820733)

Si buscan en Youtube el nombre de Yeonmi Park, seguro que muchos de ustedes reconocerán a la autora, esa joven niña que con el relato de su huída de Corea del Norte a la vecina Corea del Sur emocionó a la opinión pública en el One Young World de 2014. Tras cumplir 21 años, y siendo ahora una conocida activista pro derechos humanos, Yeonmi decide relatar en este libro su experiencia. Un libro duro pero necesario.

yo-siempre-crei-que-los-diplomaticos-eran-unos-mamones17. Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones, de Inocencio Arias (Plaza y Janés ISBN 978-8401017537)

Inocencio Arias accedió a la carrera diplomática en 1967. Fruto de sus décadas de trabajo en el exterior, aparece este libro en el que desgrana su carrera como diplomático y habla, desde la cercanía y la experiencia, de los hechos más relevantes que le tocó vivir en la España de la Transición y la democracia. Chencho, personaje polifacético, ofrece en esta crónica trufada con cientos de anécdotas, llenas de humor y sin tapujos, a todo aquel que quiera conocerle un poco más.

como-ser-bill-murray18. Como ser Bill Murray, de Gavin Edwards (Blackie Books ISBN 978-8416290710)

Terminamos nuestro repaso a las mejores biografías para leer en 2017 adentrándonos en el mundo del cine. Y lo hacemos de la mano de un actor de lo más peculiar, Bill Murray. Películas como Los Cazafantasmas, Atrapado en el tiempo o Lost in Traslation han convertido al norteamericano en una cara más reconocibles de la industria cinematográfica. El periodista Gavin Edwards analiza la figura del actor de Illinois y su filosofía vital única, como pudo comprobar en una entrevista con él, y que sirvió de punto de partida para escribir este libro.

jack-nicholson-la-biografia19. Jack Nicholson. La biografía, de Marc Eliot (Lumen ISBN 978-8426402073)

Las doce nominaciones a los Óscar y las tres estatuillas conseguidas por Jack Nicholson reflejan claramente que estamos ante una leyenda viva del cine. Sus problemas de salud le han tenido apartado de la interpretación desde 2010, aunque en este 2017 parece que volverá a los escenarios con la versión americana de la película Toni Erdmann. Mientas esperamos su vuelta, podemos conocer un poco más sobre su vida con el libro de Marc Eliot, afamado biógrafo de otras figuras del cine como Walt Disney o Cary Grant. Una apuesta segura.

Woody, la biografía20. Woody. La biografía, de David Evanier (Turner ISBN 978-8416714094)

Y terminamos esta lista con otro grande del cine, Woody Allen. El genio de Brooklyn, con 45 películas a sus espaldas y un total de cuatro Óscar en su haber, es uno de los directores de cine más respetados y reconocidos de las últimas décadas. El escritor David Evanier analiza sus principales obras, desde El dormilón hasta la última de sus películas, Café Society, adentrándose en la mente del brillante director, actor, escritor y músico para hacer llegar al gran público una biografía lo más personal y humana posible.

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Tiene que ser aquí, de Maggie O’Farrell

Tiene que ser aquí

Tiene que ser aquíDaniel Sullivan es neoyorquino, lingüista y propenso a cargarse cada cierto tiempo todo lo que tiene de bueno su vida en ese momento. Claudette Wells, bien, no debería decir qué es Claudette Wells, o a qué se dedicaba, porque si se entera de que revelo el secreto aparecerá con su escopeta y me meterá un tiro entre las cejas. Me conformaré con contar que Claudette, única, inimitable, es feliz con las pequeñas cosas, imaginativa, dulce pero con mucho carácter. Y que se esconde del mundo.
Lo primero que sabemos de ellos es que viven apartados, en un paraje en mitad de la campiña irlandesa, un lugar al que no es fácil llegar si no es porque te has perdido antes. Tienen un par de hijos en común a los que ni siquiera llevan al colegio y a su alrededor orbitan, además, los dos anteriores de Daniel y el de Claudette, un adolescente superdotado de nombre Ari.
Casi al principio de la novela contemplamos una escena deliciosa en la que Daniel describe el tortuoso camino que han de recorrer cada vez que tienen que llegar a la civilización. Han de atravesar, una tras otra, doce cancillas cerradas, lo que supone parar el coche, bajar, abrir, pasar, cerrar y volver a ponerse en marcha. Doce veces. Tiene su punto cómico lo de las cancillas, con los niños gritando en el asiento de atrás y el pitido del cinturón de seguridad desabrochado chirriando permanentemente. Pero además funciona como metáfora de la novela entera y su significado. En Tiene que ser aquí, todo ocurre por la incapacidad de los dos miembros del matrimonio de ir cerrando los episodios de sus vidas pasadas. Es natural: si uno abre una puerta para atravesarla pero no la cierra después, todo lo que tiene detrás puede colarse también en la nueva habitación y desordenarla cuando menos se espera.
En el caso de Daniel, una ex en California, una familia en Nueva York a la que prácticamente no ve, unos compañeros de carrera de los que se despidió a la francesa y su otro gran amor, de la que no ha sabido nada en un par de décadas y que de repente se le aparece, es un decir, en medio de la nada. En el caso de Claudette… lo mejor es leer la novela para saber de qué está huyendo.
Toda la novela se construye en torno a un par de preguntas: ¿hasta qué punto se llegan a cerrar, a olvidar, los errores del pasado? ¿Es posible hacerlo del todo? Si no es así, ¿qué es lo que ocurre cuando regresan? Y, sobre todo, ¿se puede escapar de la sensación de que todo aquello que hemos construido después, sin terminar de arreglar aquello, es un castillo de naipes?
Tiene que ser aquí va y viene en el tiempo y en el espacio. Viaja de los ochenta a dos mil diez, de Irlanda a Nueva York pasando por California, Sussex y París. Baraja a los personajes de manera que cuando termina un capítulo el posterior comienza siempre con quien uno menos se espera. En ocasiones tanto cambio marea, aunque la ambientación está bastante bien conseguida y la manera de narrar de Maggie O’Farrell me ha parecido impecable, con calidad pero sin perder ritmo, vigor. En cuanto se descubre, o se intuye, el primer secreto que guarda un miembro de la pareja, la autora nos va depositando aquí y allá píldoras de intriga que nos hacen continuar pegados a la trama, en busca del siguiente secreto o de la siguiente revelación, mientras el verdadero carácter de cada personaje va saliendo a la luz conforme pasan las páginas y las épocas.
Hay un par de trampas en el relato que hace Maggie O’Farrell de los hechos. Podemos admitir que la conducta de las personas en muchas ocasiones es irracional y estúpida, pero sí que se impone un pequeño ejercicio de fe por momentos cuando hay algo que no cuadra, que no resulta verosímil. Más allá de eso, y de lo desaprovechados que deja algunos personajes (sería imposible darles a todos un papel estelar), Tiene que ser aquí me ha resultado un libro interesante. De los que se leen con ganas, rápido, de los que hacen que no quieras irte a la cama, que mantiene la intriga con una buena dosis de sustos, giros y sorpresas, pero que nunca pierde de vista la calidad al contarlo. Perfecto para aquellos que busquen algo en lo que zambullirse (ojo, puede ser adictivo) pero les sepa a poco el bestseller de turno.

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Pesadilla en rosa, de John D. MacDonald

Pesadilla en rosa

Pesadilla en rosaNuevas aventuras de nuestro querido Travis McGee; nuevos amores, nuevas reflexiones y nueva ciudad. MacDonald se lleva a Trav a Nueva York.

Deslocalizar a un personaje siempre me ha parecido arriesgado, sacarlo de su terreno, de su rutina. Pero si sale bien el efecto suele ser bastante refrescante. En este caso, sacar a Trav de Florida y de su Busted Flush le ha dado al personaje otro punto de vista; más cosmopolita, si cabe, mucho más casanova, si cabe, mucho más profundo, si cabe. En definitiva, creo que sacarlo de su terreno le ha agudizado los instintos, lo ha hecho crecer y le ha dado profundidad. Toda la profundidad que puede tener un subproducto del Pulp con algunas ínfulas mayores. En el buen sentido.

Mike Gibson, un antiguo compañero del ejército, al que Trav le debe una, quiere ayudar a su hermana pequeña. Ciego, impedido y recluido en un hospital para veteranos, Gibson no puede ofrecerle a su hermana la ayuda que esta necesita. Nina, la hermana de Mike, acaba de perder a su prometido en un atraco que se fue de madre con dramáticas consecuencias. Incapaz de asumir el golpe, Nina vive sumida en la tristeza. Y ahí entra el bueno de Trav.

Con Trav en la Gran Manzana empieza esta nueva aventura, que más que negra, tira más a financiera casi, todo un tratado sobre finanzas el que nos da el bueno de MacDonald. Trav irá descubriendo poco a poco que el difunto prometido de Nina, Howard Plummer, trabajaba para un bufete financiero liderado por millonario Charles McKewn Armister, y que todo no es tan pulcramente maravilloso como los diarios y las revistas de sociedad parecen hacernos creer. Trav ira tirando del hilo e ira descubriendo que en la muerte accidental de Plummer puede haber un motivo oculto. Igual de oculto que los 10.000 dólares que Nina encuentra en su casa escondidos por  el difunto Plummmer.

Esta segunda novela de la serie de Travis McGee sigue en la línea de Adiós en azul, con un Trav tremendamente seductor, vividor, súper masculino y el remedio para todas las damas en apuros. Al mismo tiempo MacDonald pone en evidencia una sociedad que falla y saca a relucir los trapos sucios de América, como ya hizo en la anterior novela, cosa que, como ya comenté, me parece muy valiente y estimulante, teniendo en cuenta que la novela está escrita en 1964. Este binomio de Pulp y denuncia implícita funciona (de ahí las ínfulas mayores) y es tremendamente interesante.

En esta novela tenemos a un Trav mucho más reflexivo con su entorno y sobre todo muy melancólico, preocupado. Me casaría mejor una actitud así con la serie más avanzada, como pasa con Rebus, de Ian Ranking, que cuanto más avanza la serie más reflexivo y melancólico es el personaje, más carga sobre sus hombros. Pero colgarle a Trav una mochila así ya en la segunda novela, me ha chocado un poco. No repercute en la trama, que sigue teniendo un buen ritmo, como la anterior, pero es un detalle que me ha llamado la atención.

Para los amantes de la novela negra, las reediciones de las novelas de MacDonald son una muy buena noticia y ponen en perspectiva la literatura de entretenimiento de aquellos años, demostrando que no todo era entretenimiento banal y que muchas obras y muchos autores de la época dorada del Pulp y de lo que vino después, siguen en plena vigencia.

 

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Asamblea ordinaria, de Julio Fajardo

Asamblea ordinaria

Asamblea ordinariaQuién te lo iba a decir a ti hace diez años. Quién te iba a decir que ibas a pelearte por un sueldo de miseria y un horario de monja de clausura con gente que te dobla en carreras y te triplica en másteres, que ibas a pasar de pensar en cómo sería tu trabajo soñado a soñar con tener un trabajo, que ibas a permitir que pisoteasen tus derechos laborales día sí y día también porque bueno, levantas una piedra y encuentras a cien personas que matarían por tener tu puesto, que ibas a pasar de rechazar la propina a los familiares con el brazo extendido a hacerlo con la boca pequeña, no vaya a ser que se lo tomen en serio por una vez y la preparemos.

Quién te iba a decir que ibas a empezar a ir al trabajo en autobús sin que hubiese cambiado nada en tu falta de compromiso ecologista, que ibas a pasar de protestar en las calles cada nuevo recorte a sentir pereza hasta para escribir un tuit dando tu opinión, que lo que iba a impedir que te separases de tu antiguo amor no iba a ser el “hasta que la muerte os separe” sino la hipoteca. Quien te iba a decir que aquellos 3.000 € que te prometieron darte en tres minutos te iban a perseguir toda tu vida. Y que al abuelo no tenías que haberle metido tanto miedo con esos extranjeros que iban pidiendo limosna puerta por puerta y sí con esos hombres repeinados que ofrecían inversiones segurísimas anciano por anciano.

Quién te iba a decir hace diez años que leerías una novela como Asamblea ordinaria y que no ibas a situar a sus personajes protagonistas en los márgenes de la sociedad, sino en el mismo núcleo. Y que te ibas a revolcar en sus reflexiones amargas y dolidas, como si el único presente fuera que ya no hay futuro.

Julio Fajardo, su autor, entrelaza en su segunda novela tres historias con sencillez y sobriedad. Sus breves capítulos destilan situaciones tan crudas como habituales en la España post-ladrillo. Un hombre que narra, desde la admiración profunda hacia la figura de su jefe, como su empresa va adaptándose a la nueva época en el Club de la Reforma Laboral, en el que la primera regla es que no existen los derechos laborales. Una anciana ve cómo tiene que acoger a su sobrino, al haber quedado éste en el paro, e iniciar con él una relación de cercanía forzosa tras años de apenas verse las caras. Una pareja que observa cómo la crisis económica les pilla completamente a contrapié y que, como los buenos virus, pasa de tocar sólo al bolsillo a contagiar todos los aspectos de la relación.

Tras los bofetones de realidad que Rafael Chirbes dio hasta su último suspiro, Fajardo parece haberle cogido el testigo y su prosa, así como su facilidad para volcar los dramas mundanos sobre el papel, son hoy más necesarios que nunca. Una lectura que recomendaría encarecidamente a los que cacarean ese discurso goebbeliano de que “la crisis ha terminado”. Asamblea ordinaria, una obra coral sobre todo lo que hemos perdido y no recuperaremos. Quien te iba a decir hace diez años que ibas a tener que leer una reseña como ésta.

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De noche, bajo el puente de piedra, de Leo Perutz

De noche, bajo el puente de piedra

De noche, bajo el puente de piedraCuando una amiga supo que me iba a leer este libro, me dijo que para ella había sido una de las lecturas más deliciosas de su vida. Usamos esa palabra normalmente para referirnos a comida, pero si miramos en el diccionario pone lo siguiente: delicioso/sa: muy agradable o ameno, placentero. Hay muchas cosas en la vida que nos resultan agradables, que nos causan placer, que resultan muy amenas y un libro, efectivamente, puede proporcionar todo eso. En ese momento me resultó algo chocante que usase el calificativo “delicioso” para referirse a un libro, pero estoy de acuerdo con ella en que algunas lecturas son auténticas delicias, pequeños bocados de placer, como un bombón, por ejemplo.

De noche, bajo el puente de piedra es una caja llena de exquisiteces. Es un compendio de relatos aparentemente inconexos pero que dan lugar a una novela. Te sumerge en la Praga de finales del siglo XVI y principios del XVII de la mano del emperador Rodolfo II, excéntrico, desconfiado, enamorado de las artes, católico fervoroso pero que subvencionó a cuanto alquimista y charlatán se tropezaba. O te lleva de recorrido por el barrio judío con las indicaciones del gran rabino, que no solo era un religioso, sino que ejercía de mago, vidente y místico. O te sorprende con la increíble historia de las riquezas del judío Mordejai Meisl, sus comienzos, su crecimiento y el destino de sus tesoros. No es una visión panorámica, sino una sucesión de versiones, en algunas avanzas, en otras retrocedes y vas aclarando muchas dudas que surgen durante las diferentes narraciones. Cuando acabas el libro, se resuelve el rompecabezas, se cierra el círculo.

Una lectura deliciosa, efectivamente, pura poesía en muchos pasajes:

“… Mi día son voces y sombras que me circundan. Paso por él como quien atraviesa la niebla, y no me encuentro a gusto en él, no es real, es mentira…”

Otras partes derrochan ironía, sentido del humor y guiños como:

“… No doy crédito a los comentarios de desconocidos. Un sordo escuchó que un mudo contaba que un ciego vio bailar a un cojo en una cuerda…”

Hay declaraciones de principios que creo que tienen mucho que ver con el carácter y pensamientos del autor:

“… Para mí, más importante que cualquier astro es la naturaleza y el carácter de los hombres, su genio y el raciocinio de su alma…”

Tengo el libro lleno de asteriscos y rayitas, cosa que no hago nunca, pero es que da para sacar frases o párrafos para llenar varias hojas. Sentimientos y pensamientos atemporales y extensibles a cualquiera.

De noche, bajo el puente de piedra se puede clasificar de varias maneras: es una novela histórica, pero contada desde lo cotidiano, desde lo pequeño. También es una novela romántica, porque hay una historia de amor preciosamente descrita y materializada en la relación de la flor del romero y la rosa roja. Tiene un punto de misterio e intriga. Podría clasificarse como realismo mágico por la naturalidad con la que nos mezcla lo real y lo fantástico. Lo irreal forma parte del día a día, como suele ocurrir en las leyendas o cuentos de tradición oral. El punto de humor e ironía típicos también en los cuentos antiguos, de esos con retranca y moraleja, podrían ponerla del lado de la comedia. Hay cuentos que se podrían llevar perfectamente al escenario de un teatro. O sea, que puede ser y es, un montón de cosas. He leído que el crítico Fiedrich Torberg definió las novelas de Leo Perutz como “el posible resultado de una unión ilícita de Franz Kafka con Agatha Christie” y me parece que es una acertada definición.

Leo Perutz tiene una biografía muy interesante, nació en Praga, pero su familia era austriaca y con antepasados sefardíes. Vivió en diferentes ciudades europeas y en Palestina durante la primera mitad del siglo XX y a parte de escribir cuentos, novelas fundamentalmente históricas e incluso teatro, su otra profesión eran las matemáticas. Me hubiera gustado conocerle y poder charlar con él durante unas horas. Estoy segura de que no dejaba indiferente a nadie.

No quiero acabar esta reseña sin mencionar el magnífico trabajo de traducción de Cristina García Ohlrich, porque no tiene que ser fácil tener entre manos una obra de arte de este calibre y saber transmitir toda esa magia.

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A contraluz, de Rachel Cusk

A contraluz

A contraluzLa vida es como nos la cuentan, o como la contamos. Son nuestros relatos los que dan forma a los recuerdos. Más allá del bombardeo constante de fotografías, vídeos y realidad virtual, lo que queda, siempre, es el discurso, la explicación que nos dan o que nos damos. Incluso si no se trata de la verdad, si son solamente medias verdades o mentiras completas. La palabra viaja a una velocidad menor que la imagen, y, sin embargo, cuando llega a la casa de nuestra memoria, ocupa inevitablemente la habitación más grande.
De esto habla A contraluz, una interesante obra de Rachel Cusk que publica Asteroide con una buena traducción de Marta Alcaraz (o eso me ha parecido). Un texto reposado, tranquilo, que no trata de salir corriendo a ningún lado, una novela relativamente corta con una mezcla apropiada de gravedad y ligereza. Inteligente, penetrante, aguda. Melancólica, quizá. Un día de sol al final del verano, con la delicadeza de ese destello destinado a morir que besa las azoteas antes de irse.
No existe un arco narrativo en A contraluz, no hay ningún misterio que desentrañar. A algunos les puede resultar aburrida por eso, lo admito. Para ponernos en contexto, la protagonista es una escritora británica que viaja a Atenas a impartir clase en un curso de verano. Poco más sabemos de ella: está separada, tiene hijos, ronda la cuarentena. En algunos pasajes del libro, como muchos hacemos cuando salimos de nuestro entorno cotidiano, examina su vida desde fuera. Pero ni siquiera en esos momentos nos revela muchos más detalles, de la misma manera que no lo haría alguien que, absorto en sus pensamientos, no trata de explicar a un público desconocido sobre qué está reflexionando.
Si encontramos más datos es gracias a los personajes con los que se va cruzando mientras deambula esos días alrededor de la ciudad. Y a través de sus historias. Son los diálogos (transcritos de formas diversas) los que construyen el núcleo la obra, de una manera que me ha recordado bastante a Las invasiones bárbaras o La gran belleza. La protagonista conversa en profundidad con quienes se le ponen por delante: el hombre ya entrado años que conoce en el avión, sus compañeros escritores, sus propios alumnos. Escucha sus vidas, las partes de sus vidas que quieren compartir con ella, y a veces discute lo que dicen, les lleva la contraria. Un punto que me ha llamado la atención de manera poderosa: el relato que nos presenta de cada historia no es inmutable, la narradora lo matiza, lo acota, disiente de aquello que le parece incorrecto o exagerado. Rachel Cusk convierte así la narración en algo más próximo, en casi un juego participativo. Nos obliga a juzgar a nuestra vez, y, a través de ese juicio, a examinarnos, justo lo que la escritora intenta en sus clases, sin muchos visos de tener éxito.
Los temas de conversación son variados, aunque suelen terminar centrándose en las relaciones, en cómo las construimos y las destruimos, o se destruyen, en cómo resumen nuestra existencia cuando hacemos balance.
Como telón de fondo, Atenas, la protagonista invisible, sale guapísima a veces y horrible en otras, aunque dan ganas en todo momento de zambullirse en su Mediterráneo y dejar pasar las horas muertas.
En definitiva, A contraluz es un texto que no estalla en nuestras manos cuando lo agitamos ni nos hace un agujero en la sien con cada página que dejamos atrás. Pero que, como el café, sí que deja después de consumido un interesante poso en el que la mayoría puede intentar escudriñar su presente y su pasado.
Y también su futuro lector, o al menos yo. Porque se nos promete una serie de tres novelas con la misma protagonista que, después de esta, continuará con Transit. Estoy deseando leerla.

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Viaje a la aldea del crimen, de Ramón J. Sender

Viaje a la aldea del crimen

Viaje a la aldea del crimenSalvo en la publicidad y en las películas de Disney, nada suele ser blanco o negro. Todos los periódicos históricos tienen sus manchas, puntos negros que no sólo no deben quedar en el olvido, sino que merece la pena que se recuerden con cierta frecuencia para que no se vuelvan a producir. Y los crímenes que se cometieron entre el 10 y el 12 de enero de 1933 en Casas Viejas, una diminuta localidad gaditana, fueron tan cruentos, injustos y desproporcionados que difícilmente podrían ser justificados, ni siquiera por los más defensores de la Segunda República.

¿Y qué ocurrió en Casas Viejas? Pues a grandes rasgos, que un grupo de vecinos, hartos de pasar hambre y de contemplar las tierras sin labrar que les rodeaban, decidieron proclamar el comunismo libertario, de la misma manera que estaba ocurriendo en otros puntos del país. El gobierno republicano, presidido por Manuel Azaña y asfixiado por las continuas afrentas que recibía tanto desde la derecha monárquica como desde la izquierda anarcosindicalista, decidió sofocar esta insurrección de la manera más cruel e inhumana posible: mandando ejecutar a todo aquel sospechoso de traición. De esta manera, la rebelión fallida se saldó con 25 muertos: 22 civiles y tres guardias. El periodista Ramón J. Sender acudió a Casas Viejas en los días posteriores a los hechos para contar lo ocurrido a través de breves crónicas, que serían publicadas primero en el diario obrero La Libertad y posteriormente a modo de libro, bajo el título de Viaje a la aldea del crimen.

Son unas crónicas noveladas, en las que el autor actúa como narrador omnisciente y se permite ciertas licencias narrativas, como la exposición de los pensamientos de alguno de los protagonistas, que difícilmente pudo conocer al haber sido éstos asesinados. La prosa de Sender es llana, viva y expresiva; utiliza mucho las frases cortas y adjetiva con sencillez y precisión. Las crónicas son de escasa extensión, de apenas cuatro o cinco páginas casa una, pero Sender no busca la concisión en sus narraciones; el escritor y periodista se explaya en las descripciones de los lugares, ambientes y personas cuando lo cree necesario, al tiempo que introduce conversaciones y opiniones de los lugareños, transcritas fonéticamente, que ayudan a construir un rico reflejo de lo que vio y sintió en su visita a la pequeña pedanía de Medina Sidonia.

Son precisamente estos detalles, esas conversaciones con los lugareños, los que permiten comprender el marco de pobreza, miseria, analfabetismo y hambre en el que se produjeron los sucesos. Me dejó especialmente tocado la siguiente frase durante la lectura: “Un compañero, con el que celebramos haber coincidido en el viaje, nos dice cuando volvemos a la fonda: —Después de ver a estos hombres, da vergüenza comer”.

Sender no esconde su ideología para construir su relato. Al contrario: durante toda la narración da muestras de su progresismo, de sus fuertes principios de izquierdas, de su conciencia obrera. Ésto no evita que sea duro, durísimo, con el gobierno de Azaña, al que no sólo critica su reacción en Casas Viejas, sino que lo responsabiliza de no poner remedio a las graves desigualdades existentes en el país.

Lo ocurrido en Casas Viejas fue una respuesta desproporcionada, vengativa e insensible ante un levantamiento idealista y desesperado, impulsado por el hambre y por las ganas de formar parte de una sociedad más justa. Viaje a la aldea del crimen es, por tanto, un relato tan amargo como necesario para no olvidar una de las peores manchas de la historia reciente de España.

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Adiós en azul, de John D. MacDonald

adiós en azul

adiós en azulMe gusta cuando una editorial decide reeditar, rescatar, recuperar material de los años dorados del pulp. Ese subgénero maltratado, trillado y un poco mirado por encima del hombro me tiene hechizado. La cultura del pulp, de aquellas historias y las condiciones en que nacieron, sus personajes tan pasados de rosca, tan morales e inmorales a la vez. Me chifla cuando una editorial se lanza a recuperar esas historias de nuevo, o mejor aún, cuando decide editarlas por primera vez en nuestro país.

El caso de Adiós en azul de John D. MacDonald es una recuperación, esta novela y algunas más de la serie de Travis McGee ya fueron editadas en España en los años ochenta, aunque ni de lejos todas las que escribió MacDonald. Y es que este americano nacido en Pensilvania, y que dedicó gran parte de su vida a escribir, llego a publicar 21 novelas de la serie de Travis Mcgee, llegando incluso a ganar el National Book Award con una de ellas.

Adiós en azul, publicada en 1964, es la primera novela de la serie de este personaje tan carismático y diferente que es Travis McGee, Trav para los amigos. Novela negra de los pies a la cabeza, hardboiled  hasta la medula y pulpera en muchísimos aspectos, Adiós en azul es un compendio de lo mejor del género negro y de un periodo, cumple con nota las expectativas de los amantes de género y amplía las miras –bastante encorsetadas- de las novelas populares de aquella época. Incluso de esta.

Adiós en azul es en apariencia una novela negra más, con sus tópicos y sus recursos, pero es cuando estamos inmersos de lleno en ella cuando vemos la agudeza de la escritura de MacDonald; la profundidad que desprende el texto, la trama, los personajes, que nada es simplemente algo, que en todo hay un motivo, la ironía, el humor negro. La trama es encilla, bastante lineal incluso, pero despide aguijonazos constantes, lanza dardos a todos los estamentos posibles, McGee se vanagloria de vivir al margen de una sociedad que en aquellos años estaba en pleno desarrollo, abriéndose a un mundo de posibilidades infinitas, y nuestro protagonista hace bandera de vivir del intercambio, de vivir en un barco y de desconfiar de prácticamente todo lo que le rodea: ¨ …recelo de otras muchas cosas, como las tarjetas de crédito, las deducciones de la nómina, los seguros, las rentas para la jubilación, las cuentas corrientes, los cupones de ahorro, los relojes, los periódicos, las hipotecas, los sermones, los tejidos milagrosos, los desodorantes, las listas de cosas pendientes, los créditos, los partidos políticos, las bibliotecas, la televisión, las actrices, las cámaras de comercio para jóvenes empresarios, los desfiles, el progreso y la predestinación.¨

¡Menuda declaración de intenciones!

Dejando a un lado la pequeña broma que supone esta declaración de McGee, se puede leer entre líneas –y ver durante el desarrollo de la novela- que MacDonald ha creado un personaje con una personalidad fuerte y de carácter irreverente, algo inusual en los años 60 y en este tipo de novelas. Lejos de escribir un panfleto patriótico lleno de clichés, MacDonald opta por una historia inteligente y un protagonista que ve en lo que se está convirtiendo su ciudad, su país, la decadencia que lo envuelve todo, el cambio social que poco a poco se está produciendo.

No es detective, no es policía, no es periodista, no es forense, no es nada; Travis McGee solo es un tipo que recupera cosas, que vive de sus ahorros, que vive en un barco que ganó en una partida de póker. Cuando va corto de fondos y alguien le pide un favor, se pone en marcha para recuperar algo que a otro le han quitado o que ha perdido y si lo encuentra o recupera, él se queda con la mitad. La cosa funciona más o menos así. Si no hay nada que recuperar no hay mucho que hacer. Florida es un sitio tranquilo y no escasean las mujeres, así que McGee no tiene mucho en que emplear su tiempo hasta que una amiga de una amiga le pide que encuentre a un tipo que, al parecer, se ha quedado con algo que era de su padre.

Historia repleta de mujeres; victimas hundidas, desoladas, forzadas, anuladas y arruinadas; supervivientes, luchadoras, enérgicas, valientes; post-adolescentes de belleza impostada, vida difícil y sexo ligero; madres de vida dura, solitarias y autosuficientes, la novela es casi un homenaje al género femenino desde todos los puntos de vista; desde, por supuesto, el gran tópico de icono sexual –que McGee no se esconde en adular- hasta todos los que acabo de nombrar. McGee es co-protagonista con un elenco de mujeres tan diverso, que en muchas ocasiones no queda claro quien está salvando a quién…

Con buenas reflexiones, un estilo afilado, enérgica y muy reveladora, Adiós en azul vuelve para demostrar que muchas historias siguen vigentes aunque pasen cuarenta o cincuenta años, que el pulp, el hardboiled y las novelas populares pueden estar llenas de denuncia, de irreverencia y ser las más vendidas del lugar – ¡que le pregunten a Jim Thompson o a Ross McDonald!- y que además puede uno pasárselo increíblemente bien leyéndolas.

 

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Un amor que destruye ciudades, de Eileen Chang

Un amor que destruye ciudades

Un amor que destruye ciudadesNo es difícil describir Un amor que destruye ciudades, lo complicado es transmitir la sensación de asombro, admiración e incluso incredulidad que provoca este pequeño y deslumbrante libro, sorprendentemente moderno para ser de 1947. Eileen Chang, autora que me era desconocida, es probablemente la pieza que faltaba para completar el puzzle de la literatura china contemporánea, de la que nos llega quiero decir, porque es una autora diferente, muy libre, supongo que para los estándares de su época incluso descarada. Si tuviera que establecer algún paralelismo con una referencia más habitual entre nosotros me atrevería a definirla como la Dorothy Parker china. Como nadie me obliga a hacer tal cosa prefiero referirme a ella sin comparaciones, Eileen Chang, una autora capaz de emocionar y divertir con armas tan brillantes como intemporales.

Hay dos historias dentro de Un amor que destruye ciudades, la que le da título y un breve relato llamado “Bloqueados”, que narra un fugaz encuentro en un tranvía durante un atasco de tráfico en el que se sienten tantas cosas que bien podría decirse que nace una vida alternativa que desaparece según el tranvía se pone en marcha, pero que no por ello es menos real ni emocionante. Pero aunque es una historia francamente entrañable no es esta sino la primera de ellas la que ocupa la mayor parte del volumen y del recuerdo que deja el libro.

Un amor que destruye ciudades transcurre entre Shanghai y Hong Kong, lo que tal vez explique en parte su singularidad, y narra la experiencia de una viuda de una familia tradicional que se descubre buscando la felicidad cuando creía buscar la estabilidad y que para ello debe confrontar dos mundos, el suyo interior con el de los convencionalismos sociales que lo impregnan todo. Una muestra de hasta qué punto la familia de origen de la protagonista es tradicional (y más cosas, aprovechada e hipócrita entre ellas) es el recurso narrativo que la autora utiliza para referirse a sus integrantes: “la segunda cuñada”, “el tercer señor”, “la cuarta hermana”, etc. El punto de partida de la narración es la noticia de la muerte del marido de la protagonista, del que esta se había separado, y los intentos de aprovechar económicamente su recién estrenada condición de viuda por parte de esa familia que en su momento la acogió en su seno pero que en ese instante, una vez que se han gastado su dinero (detalle nada trivial), se ha convertido en un estorbo.

La trama de intentos de matrimonios concertados que se intentan negociar discurre por caminos insospechados, uno de ellos el amor. Un amor que, efectivamente, destruye ciudades aunque en esa tarea ciertamente le ayuda el estallido de una guerra, que a su vez además de ciudades destruye convencionalismos. El amor es una fuerza de la naturaleza, qué duda cabe, pero el afán de supervivencia no es una especialmente pequeña.

Un amor que destruye ciudades es una novela pequeña en cuanto a su tamaño y entre su brevedad, el interés del retrato de la sociedad en que se desarrolla y el fluido, divertido y chispeante estilo narrativo de la autora se trata de una obra sumamente recomendable. Especialmente si desean asomarse a China con unos ojos nativos pero diferentes de lo habitual.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Cómo se hizo La guerra de los zombis, de Aleksandar Hemon

Cómo se hizo La guerra de los zombisSalirse del guión es una cosa que se me da bastante bien. Ni siquiera iba a empezar esta reseña hablando de esto. Así de bueno soy. Acabo siempre esquivando las balas y los conflictos de un modo preocupante. Y justo así me vi entre las páginas de Cómo se hizo La guerra de los zombis. Creo que huía de algún otro libro al que no quería hacer frente y acabé leyendo este otro donde el protagonista también está huyendo de todo lo que se le viene encima. Y así estamos, él y yo, viendo cómo las cosas que deberíamos enderezar acaban más torcidas por nuestra decisión de no actuar. No, no estoy proyectando. No estoy leyendo entre líneas mi propia biografía. Solo digo que Aleksandar Hemon ha llegado para hablarnos de ese nuevo personaje que abunda en las novelas de las editoriales independientes y en las películas propias de Sundance. Sí, el escapista moderno tiene su propia producción audiovisual y cuenta con toda una bibliografía para radiografiarlo. Es fácil identificarse con él. Cómo se hizo La guerra de los zombis es el último signo divisado del florecimiento de los huidizos. Aquí no hay zombis al uso. Aquí lo que huele a muerto y no deja de perseguirnos es nuestra necesidad de madurar.

Josh Levin, protagonista y causante de que hoy esté aquí hablando de esta novela, ha pasado la treintena y su futuro sigue siendo bastante incierto. Trabaja de profesor de inglés para inmigrantes hostiles y sueña con ser el próximo guionista en parir el blockbuster del siglo. Sus guiones no son nada del otro mundo, aún. Y la relación que mantiene con su novia es del todo normal, aún. Tras un momento de debilidad, una serie de consecuencias del todo inimaginables empezarán a acampar a sus anchas en el salón de nuestro protagonista. Hay mujeres, infidelidades, maridos trastocados por la guerra, la sombra alargada del 11S y un casero con una katana dispuesto a usarla. Todo lo que parecía controlado y seguro pierde su estatus para convertirse en un campo de minas que Josh se verá forzado a cruzar. Todas las posibilidades en las que un desastre puede manifestarse se verán recogidas en estas páginas. Una transición de niño a adulto a marchas forzadas que pondrá en perspectiva qué relación mantenemos con lo extraño y lo familiar. Sigue leyendo Cómo se hizo La guerra de los zombis, de Aleksandar Hemon