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Pesadilla en rosa, de John D. MacDonald

Pesadilla en rosa

Pesadilla en rosaNuevas aventuras de nuestro querido Travis McGee; nuevos amores, nuevas reflexiones y nueva ciudad. MacDonald se lleva a Trav a Nueva York.

Deslocalizar a un personaje siempre me ha parecido arriesgado, sacarlo de su terreno, de su rutina. Pero si sale bien el efecto suele ser bastante refrescante. En este caso, sacar a Trav de Florida y de su Busted Flush le ha dado al personaje otro punto de vista; más cosmopolita, si cabe, mucho más casanova, si cabe, mucho más profundo, si cabe. En definitiva, creo que sacarlo de su terreno le ha agudizado los instintos, lo ha hecho crecer y le ha dado profundidad. Toda la profundidad que puede tener un subproducto del Pulp con algunas ínfulas mayores. En el buen sentido.

Mike Gibson, un antiguo compañero del ejército, al que Trav le debe una, quiere ayudar a su hermana pequeña. Ciego, impedido y recluido en un hospital para veteranos, Gibson no puede ofrecerle a su hermana la ayuda que esta necesita. Nina, la hermana de Mike, acaba de perder a su prometido en un atraco que se fue de madre con dramáticas consecuencias. Incapaz de asumir el golpe, Nina vive sumida en la tristeza. Y ahí entra el bueno de Trav.

Con Trav en la Gran Manzana empieza esta nueva aventura, que más que negra, tira más a financiera casi, todo un tratado sobre finanzas el que nos da el bueno de MacDonald. Trav irá descubriendo poco a poco que el difunto prometido de Nina, Howard Plummer, trabajaba para un bufete financiero liderado por millonario Charles McKewn Armister, y que todo no es tan pulcramente maravilloso como los diarios y las revistas de sociedad parecen hacernos creer. Trav ira tirando del hilo e ira descubriendo que en la muerte accidental de Plummer puede haber un motivo oculto. Igual de oculto que los 10.000 dólares que Nina encuentra en su casa escondidos por  el difunto Plummmer.

Esta segunda novela de la serie de Travis McGee sigue en la línea de Adiós en azul, con un Trav tremendamente seductor, vividor, súper masculino y el remedio para todas las damas en apuros. Al mismo tiempo MacDonald pone en evidencia una sociedad que falla y saca a relucir los trapos sucios de América, como ya hizo en la anterior novela, cosa que, como ya comenté, me parece muy valiente y estimulante, teniendo en cuenta que la novela está escrita en 1964. Este binomio de Pulp y denuncia implícita funciona (de ahí las ínfulas mayores) y es tremendamente interesante.

En esta novela tenemos a un Trav mucho más reflexivo con su entorno y sobre todo muy melancólico, preocupado. Me casaría mejor una actitud así con la serie más avanzada, como pasa con Rebus, de Ian Ranking, que cuanto más avanza la serie más reflexivo y melancólico es el personaje, más carga sobre sus hombros. Pero colgarle a Trav una mochila así ya en la segunda novela, me ha chocado un poco. No repercute en la trama, que sigue teniendo un buen ritmo, como la anterior, pero es un detalle que me ha llamado la atención.

Para los amantes de la novela negra, las reediciones de las novelas de MacDonald son una muy buena noticia y ponen en perspectiva la literatura de entretenimiento de aquellos años, demostrando que no todo era entretenimiento banal y que muchas obras y muchos autores de la época dorada del Pulp y de lo que vino después, siguen en plena vigencia.

 

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