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Los gigantes dormidos, de Sylvain Neuvel

los gigantes dormidos

los gigantes dormidosLos mechas no son muy populares por estos lares, y mucho menos en la literatura de ciencia ficción que por aquí se consume. El único referente que tenemos en este país es Mazinguer Z, y solo para mi generación, la que creció con dos canales de televisión, tres si tenías autonómico, y que cursábamos aquello de la EGB. En los noventa, algunos mangas con más o menos fortuna también tocaron el tema.

Estos robots gigantes tripulados tan espectaculares, parece que por fin empiezan a dejarse ver por aquí, Los gigantes dormidos es una buena muestra de ello, además de algunas novelas más que llegaran en 2017.

La historia de esta novela ya la hemos visto antes; Sylvain Neuvel, doctor en lingüística, ingeniero de software, vendedor de helados e incluso descontaminador de suelos, colgó esta historia por entregas en una página web. Tal fue el éxito (la web de reseñas Kirkus Reviews le otorgó el premio a mejor novela indie en  2015)  que una editorial se decidió a publicarla en papel. Después llegaron la venta de los derechos a Sony para hacer una película y los elogios de tipos como Blake Crowch, autor de la trilogía de Wayward Pines.

Rose Franklin, de once años, sale a dar una vuelta con su nueva bicicleta. Llega hasta las afueras de la urbanización donde vive, que linda con el bosque, y se adentra un poco entre los árboles. Una luz brillante llama su atención, así que aparca su bicicleta y se acerca a ver cuál es la causa de dicho resplandor. Lo siguiente que recuerda es despertar en el fondo de un agujero, rodeada de bomberos, aturdida y al parecer, encima de una mano gigante de aspecto metálico.

Diecisiete años más tarde el caso de la mano gigante sigue sin resolver, pero el expediente acaba de ser transferido a la universidad de Chicago y para dirigirlo han contratado a una de las científicas más prestigiosas del país, una mujer llamada Rose Franklin, la niña que encontró la mano. Rose monta un equipo con lo mejor de lo mejor y no tarda en empezar a tener buenos resultados, incluso descubre la manera de encontrar más piezas de ese supuesto robot gigante si es que hubiera más por ahí enterradas.

La historia, sin revelar demasiado, toma la dirección que uno espera, las piezas del robot van apareciendo por todas partes del mundo y el robot va siendo ensamblado al mismo tiempo que el equipo intenta desvelar como hacerlo funcionar. Neuvel sabe cómo atrapar al lector, las dosificaciones de información están milimetradas, la acción está perfectamente medida, los cliffhangers son numerosos. Es ese aspecto recuerda mucho a un thriller, de hecho se podría considerar un thriller de ciencia ficción, con todo lo bueno y todo lo malo de esa etiqueta.

Una de las cosas que me ha gustado y que le da buen ritmo a la novela es la manera en que está concebida. Nada de una historia lineal convencional, Neuvel ha montado la trama a base de informes. Cada informe pertenece a un personaje, a veces central, ya que no hay un único protagonista, a veces secundario, a veces anónimo. Incluso hay informes de una cámara de vigilancia. Cada informe un capítulo diferente, un espacio diferente, entrelazados entre sí formando una historia única con diversos puntos de vista.

Los gigantes dormidos es una novela entretenida y adictiva, con algún fallo que otro, pero bien formulada y con un buen trabajo detrás. De estilo sencillo y directo, Neuvel es claro y conciso, sin entrar demasiado en profundidad en cuestiones técnicas sobre el robot o la tecnología empleada en construirlo, hacerlo funcionar y demás. Puede que se quede corto para alguien acostumbrado a leer mucha ciencia ficción, un lector de ciencia ficción dura, o alguien que busque algo más que un simple entretenimiento. Pero será suficiente para el resto. Y aunque para mi gusto, la historia pierde un poco la esencia hacia la parte final de la trama (por la dispersión y el cambio constante de rumbo de la historia),  Neuvel sabe volver a cogerte con un final sorprende (aunque quizá no demasiado inesperado si estabas un poco atento) y consigue inocularte las ganas de lanzarte a por la segunda parte.

En definitiva, una novela para empezar a cogerle el gusto a la ciencia ficción y profundizar en eso tan chulo que son los Mechas.

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Pesadilla en rosa, de John D. MacDonald

Pesadilla en rosa

Pesadilla en rosaNuevas aventuras de nuestro querido Travis McGee; nuevos amores, nuevas reflexiones y nueva ciudad. MacDonald se lleva a Trav a Nueva York.

Deslocalizar a un personaje siempre me ha parecido arriesgado, sacarlo de su terreno, de su rutina. Pero si sale bien el efecto suele ser bastante refrescante. En este caso, sacar a Trav de Florida y de su Busted Flush le ha dado al personaje otro punto de vista; más cosmopolita, si cabe, mucho más casanova, si cabe, mucho más profundo, si cabe. En definitiva, creo que sacarlo de su terreno le ha agudizado los instintos, lo ha hecho crecer y le ha dado profundidad. Toda la profundidad que puede tener un subproducto del Pulp con algunas ínfulas mayores. En el buen sentido.

Mike Gibson, un antiguo compañero del ejército, al que Trav le debe una, quiere ayudar a su hermana pequeña. Ciego, impedido y recluido en un hospital para veteranos, Gibson no puede ofrecerle a su hermana la ayuda que esta necesita. Nina, la hermana de Mike, acaba de perder a su prometido en un atraco que se fue de madre con dramáticas consecuencias. Incapaz de asumir el golpe, Nina vive sumida en la tristeza. Y ahí entra el bueno de Trav.

Con Trav en la Gran Manzana empieza esta nueva aventura, que más que negra, tira más a financiera casi, todo un tratado sobre finanzas el que nos da el bueno de MacDonald. Trav irá descubriendo poco a poco que el difunto prometido de Nina, Howard Plummer, trabajaba para un bufete financiero liderado por millonario Charles McKewn Armister, y que todo no es tan pulcramente maravilloso como los diarios y las revistas de sociedad parecen hacernos creer. Trav ira tirando del hilo e ira descubriendo que en la muerte accidental de Plummer puede haber un motivo oculto. Igual de oculto que los 10.000 dólares que Nina encuentra en su casa escondidos por  el difunto Plummmer.

Esta segunda novela de la serie de Travis McGee sigue en la línea de Adiós en azul, con un Trav tremendamente seductor, vividor, súper masculino y el remedio para todas las damas en apuros. Al mismo tiempo MacDonald pone en evidencia una sociedad que falla y saca a relucir los trapos sucios de América, como ya hizo en la anterior novela, cosa que, como ya comenté, me parece muy valiente y estimulante, teniendo en cuenta que la novela está escrita en 1964. Este binomio de Pulp y denuncia implícita funciona (de ahí las ínfulas mayores) y es tremendamente interesante.

En esta novela tenemos a un Trav mucho más reflexivo con su entorno y sobre todo muy melancólico, preocupado. Me casaría mejor una actitud así con la serie más avanzada, como pasa con Rebus, de Ian Ranking, que cuanto más avanza la serie más reflexivo y melancólico es el personaje, más carga sobre sus hombros. Pero colgarle a Trav una mochila así ya en la segunda novela, me ha chocado un poco. No repercute en la trama, que sigue teniendo un buen ritmo, como la anterior, pero es un detalle que me ha llamado la atención.

Para los amantes de la novela negra, las reediciones de las novelas de MacDonald son una muy buena noticia y ponen en perspectiva la literatura de entretenimiento de aquellos años, demostrando que no todo era entretenimiento banal y que muchas obras y muchos autores de la época dorada del Pulp y de lo que vino después, siguen en plena vigencia.

 

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Apocalipsis suave, de Will McIntosh

Apocalipsis suave

Apocalipsis suaveLas novelas que han caído hasta ahora en mis manos con temática apocalíptica tenían todas -más o menos- un guion compartido; civilizaciones arrasadas, sociedades colapsadas, mundos devueltos a la casilla de salida. Esas historias llegaban al lector una vez todo había terminado y el mundo tal y como lo conocemos era solo un recuerdo. El pasado.

Infecciones, virus, bombas, inundaciones, colapsos financieros, clima, flora y fauna desatados, hay cientos de posibilidades para deshacer una sociedad, para revertirla, para acabar con ella. Y casi…no, todas son culpa nuestra. La premisa de Apocalipsis suave no es muy diferente de las demás premisas de novelas apocalípticas, pero si hay una sutil diferencia que hace que se diferencie en mucho del resto de historias que todos más o menos tenemos en mente. Apocalipsis suave narra, como su propio nombre indica, la caída de la sociedad desde un futuro muy cercano, prácticamente el que conocemos. De manera que asistimos a las primeras revueltas, los primeros conflictos, las primeras pandemias, la crisis en estado embrionario, el estallido a cámara lenta, a una dolorosa cámara lenta, de algo que empieza a arrasar ciudades, más tarde estados y después, países.

Parte del desasosiego de esta novela es por la proximidad con nuestra sociedad actual, con esas escenas en que quien solo meses antes era considerado de clase media, es ahora un sin techo, un nómada que se arrastra de una ciudad a otra mientras los que aún conservan sus casas los apedrean y los insultan. O con aquellas en que trabajar en un supermercado es un privilegio por tener apenas unos dólares de sueldo pero con el riesgo constante de un saqueo o un asalto, cosa que pasa habitualmente. O con aquellas otras que unen en una misma escena la violencia que mana del miedo a lo desconocido, el pillaje, la fuerza bruta masculina, las violaciones y el asesinato.

Cuando la sociedad se parte y se rompe y se desmenuza y solo vale el individualismo, porque quizás tu vecino te tosa encima o estornude y mueras, o puede que a tu madre o a tu hermana les hayan pinchado sin darse cuenta en la cola del supermercado con el ultimo virus de diseño. Solo los grupos reducidos sobreviven. Los más fuertes, los más listos, los más osados. Las tribus que viven a las afueras de las ciudades, llenas de universitarios, de médicos, de abogados, de ingenieros, de exmilitares.

Un día eres una estrella de rock, un médico que investiga como detener las muertes, un gerente de un supermercado, y al día siguiente tu ciudad está ardiendo sin control, los disturbios se generalizan, los comercios estallan, la gente huye sin control entre disparos y tú te arrastras por las vías del tren hacia un destino desconocido.

Eso es Apocalipsis suave, una sociedad desmoronándose día a día, minuto a minuto; Wallmarts arrasados y reconstruidos al día siguiente, policía que se desentiende de los delitos, patrullas ciudadanas, palizas, bandas, eco-terroristas, ejercito. Ciudades con una estabilidad tan precaria que el más mínimo disturbio desencadena el caos. Un espejismo. Una mentira piadosa para seguir viviendo, para engañarse e intentar seguir adelante. Acostumbrados a las historias donde todo ya ha acabado, Apocalipsis suave nos enfrenta con el miedo intrínseco a perderlo todo, a perder cada día una parte de lo que conforma nuestras vidas. Un día el agua, la semana siguiente el suministro de luz, al cabo de un mes el puesto de trabajo, puede que en cuatro meses nuestra casa. No hay nada más doloroso y brutal, que perderlo todo a cámara lenta, a plazos, sin que puedas hacer prácticamente nada.

Will McIntosh narra no solo la caída de unas cuantas ciudades, de los estados o de una sociedad, nos cuenta la pérdida paulatina de valores –cuando pasamos de personas a simplemente salvajes- narra el colapso de la sociedad del bienestar, desmenuza las jerarquías, las clases, la política, la convivencia y lo vuelve todo a un estado primitivo, arcaico, fundacional, regido por la supervivencia, la fuerza y la violencia.

Apocalipsis suave es entretenida y oscura, con un mensaje subyacente sobre a donde nos podríamos encaminar si no empezamos a prestar un poco más de atención a cuanto nos rodea y a cuantos nos rodean…

Por cierto, si en vuestras ciudades veis que el bambú prolifera de manera excepcional o que crece sin control y que la gente sonríe mucho, está muy feliz y tiene la mirada un poco perdida… ¡Corred, por el amor de Dios, corred y no paréis!

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Adiós en azul, de John D. MacDonald

adiós en azul

adiós en azulMe gusta cuando una editorial decide reeditar, rescatar, recuperar material de los años dorados del pulp. Ese subgénero maltratado, trillado y un poco mirado por encima del hombro me tiene hechizado. La cultura del pulp, de aquellas historias y las condiciones en que nacieron, sus personajes tan pasados de rosca, tan morales e inmorales a la vez. Me chifla cuando una editorial se lanza a recuperar esas historias de nuevo, o mejor aún, cuando decide editarlas por primera vez en nuestro país.

El caso de Adiós en azul de John D. MacDonald es una recuperación, esta novela y algunas más de la serie de Travis McGee ya fueron editadas en España en los años ochenta, aunque ni de lejos todas las que escribió MacDonald. Y es que este americano nacido en Pensilvania, y que dedicó gran parte de su vida a escribir, llego a publicar 21 novelas de la serie de Travis Mcgee, llegando incluso a ganar el National Book Award con una de ellas.

Adiós en azul, publicada en 1964, es la primera novela de la serie de este personaje tan carismático y diferente que es Travis McGee, Trav para los amigos. Novela negra de los pies a la cabeza, hardboiled  hasta la medula y pulpera en muchísimos aspectos, Adiós en azul es un compendio de lo mejor del género negro y de un periodo, cumple con nota las expectativas de los amantes de género y amplía las miras –bastante encorsetadas- de las novelas populares de aquella época. Incluso de esta.

Adiós en azul es en apariencia una novela negra más, con sus tópicos y sus recursos, pero es cuando estamos inmersos de lleno en ella cuando vemos la agudeza de la escritura de MacDonald; la profundidad que desprende el texto, la trama, los personajes, que nada es simplemente algo, que en todo hay un motivo, la ironía, el humor negro. La trama es encilla, bastante lineal incluso, pero despide aguijonazos constantes, lanza dardos a todos los estamentos posibles, McGee se vanagloria de vivir al margen de una sociedad que en aquellos años estaba en pleno desarrollo, abriéndose a un mundo de posibilidades infinitas, y nuestro protagonista hace bandera de vivir del intercambio, de vivir en un barco y de desconfiar de prácticamente todo lo que le rodea: ¨ …recelo de otras muchas cosas, como las tarjetas de crédito, las deducciones de la nómina, los seguros, las rentas para la jubilación, las cuentas corrientes, los cupones de ahorro, los relojes, los periódicos, las hipotecas, los sermones, los tejidos milagrosos, los desodorantes, las listas de cosas pendientes, los créditos, los partidos políticos, las bibliotecas, la televisión, las actrices, las cámaras de comercio para jóvenes empresarios, los desfiles, el progreso y la predestinación.¨

¡Menuda declaración de intenciones!

Dejando a un lado la pequeña broma que supone esta declaración de McGee, se puede leer entre líneas –y ver durante el desarrollo de la novela- que MacDonald ha creado un personaje con una personalidad fuerte y de carácter irreverente, algo inusual en los años 60 y en este tipo de novelas. Lejos de escribir un panfleto patriótico lleno de clichés, MacDonald opta por una historia inteligente y un protagonista que ve en lo que se está convirtiendo su ciudad, su país, la decadencia que lo envuelve todo, el cambio social que poco a poco se está produciendo.

No es detective, no es policía, no es periodista, no es forense, no es nada; Travis McGee solo es un tipo que recupera cosas, que vive de sus ahorros, que vive en un barco que ganó en una partida de póker. Cuando va corto de fondos y alguien le pide un favor, se pone en marcha para recuperar algo que a otro le han quitado o que ha perdido y si lo encuentra o recupera, él se queda con la mitad. La cosa funciona más o menos así. Si no hay nada que recuperar no hay mucho que hacer. Florida es un sitio tranquilo y no escasean las mujeres, así que McGee no tiene mucho en que emplear su tiempo hasta que una amiga de una amiga le pide que encuentre a un tipo que, al parecer, se ha quedado con algo que era de su padre.

Historia repleta de mujeres; victimas hundidas, desoladas, forzadas, anuladas y arruinadas; supervivientes, luchadoras, enérgicas, valientes; post-adolescentes de belleza impostada, vida difícil y sexo ligero; madres de vida dura, solitarias y autosuficientes, la novela es casi un homenaje al género femenino desde todos los puntos de vista; desde, por supuesto, el gran tópico de icono sexual –que McGee no se esconde en adular- hasta todos los que acabo de nombrar. McGee es co-protagonista con un elenco de mujeres tan diverso, que en muchas ocasiones no queda claro quien está salvando a quién…

Con buenas reflexiones, un estilo afilado, enérgica y muy reveladora, Adiós en azul vuelve para demostrar que muchas historias siguen vigentes aunque pasen cuarenta o cincuenta años, que el pulp, el hardboiled y las novelas populares pueden estar llenas de denuncia, de irreverencia y ser las más vendidas del lugar – ¡que le pregunten a Jim Thompson o a Ross McDonald!- y que además puede uno pasárselo increíblemente bien leyéndolas.

 

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Cuchillo de agua, de Paolo Bacigalupi

cuchillo de agua

cuchillo de aguaA estas alturas al señor Paolo Bacigalupi lo conoce todo el mundo; responsable de la multipremiada La chica mecánica, del libro de relatos, también premiados, La bomba número seis y de la novela juvenil El cementerio de barcos, Cuchillo de agua es su última novela.

Ambientada en un futuro cercano -y devastador- Bacigalupi nos propone unos Estados Unidos arruinados, devastados y desmantelados por la falta de agua. Las ciudades a las que no llega agua han sido abandonadas y arrasadas, y en las que aún llega, la población se divide entre los que sobreviven en los suburbios malviviendo del agua de los surtidores de pago y con los que se pueden permitir vivir en los lujosos complejos verticales donde el agua y el aire son de primera calidad, igual que los ingresos de sus inquilinos.

La lluvia no hace acto de presencia desde hace años, la mayoría de los ríos se han secado, así como las reservas subterráneas y los lagos, las grandes ciudades viven de algunas presas que se alimentan de los deshielos, algunos lagos y algún paupérrimo río que aún no está agotado. La guerra por el agua es atroz, los derechos sobre el agua –y las zonas por donde pasa esa agua- son auténticos tesoros que se compran y venden al mejor postor, derechos que se roban, con los que se especula, se chantajea y se asesina. A más derechos sobre agua más poder, más dinero.

Las guerras entre ciudades están a la orden del día, aunque todo el mundo mire hacia otro lado cuando una presa que abastece a otra ciudad explota en pedazos o una depuradora estalla en mil bolas de fuego bajo el impacto de decenas de misiles disparados desde unos cuantos chopperes. Todo este sinsentido ha dado lugar a una sociedad híper-clasista donde la prostitución, los carteles, las mafias y un montón de escoria controlan los suburbios, exigiendo impuestos sobre cualquier venta, negocio, cuerpo o lo que a ellos se les ocurra. Al otro lado de toda esa podredumbre social están los habitantes de las Arcologías Taiyang, los complejos de lujo para ejecutivos, abogados, directivos, capos de los carteles y cualquiera que gane el dinero suficiente para permitírselo. En ese escenario Bacigalupi desarrolla Cuchillo de agua, un auténtico thriller de principio a fin, pasado, eso sí, por el cedazo del americano, por su estilo tan peculiar y que tantas ampollas levanta.

Tres son los ejes de esta historia, podríamos hablar de un protagonista y dos coprotagonistas. Ángel es el actor principal, un tipo rudo, violento, fuerte, un poco el arquetipo de los thrillers, menos guapo –aunque goza de esa erótica del poder- lo tiene todo. Lucy, segunda de abordo,  una periodista afamada, lista, que se mueve como pez en el agua en las redes y que no deja de denunciar el estado de putrefacción social en el que está cayendo Phoenix, le preocupa la falta de agua y el futuro de la cuidad. Y la que hace tres, María, apenas una adolescente refugiada de los suburbios que se ve sometida al control de las mafias para poder vivir un día más.

La ciudad de Phoenix, en plena decadencia, es el escenario principal, aunque salen salpicados California, las Vegas, Colorado y algún lugar más. Ángel es un cuchillo de agua, un tipo que se dedica a proteger los intereses de la más temida de las especuladoras de derechos de agua. Su jefa es tan virulenta, impredecible y atroz como un huracán y sus métodos son implacables. Una de las misiones de Ángel se cruzara en la vida de Lucy primero y en la de María después, vidas que quedaran unidas y mezcladas por el interés, la supervivencia y la codicia.

La novela toca temas de primer orden hoy en día: la inmigración, la ecología, la economía, la política, las sociedades de consumo. La trama resalta el tema de la inmigración, ya que el   peso del escenario se apoya en esos suburbios plagados de inmigrantes de otros estados donde el agua se ha agotado, inmigrantes –tejanos caso todos- que nadie quiere, que todo el mundo odia, que las mafias asesinan sin pudor, pero que todo el mundo necesita para levantar esos majestuosos complejos de lujo autosuficientes para los más ricos del lugar.

¿A alguien le suena esto de algo?

Bacigalupi, como os comentaba al principio, bebe de la fórmula del thriller para construir esta novela -ritmo vertiginoso, personajes arquetípicos, trama lineal y trepidante, subtrama erótico-festiva, desarrollo predecible y final un poco edulcorado- solo que la adereza con un escenario de ciencia ficción y con su ya comentado estilo personal. Además de unas cuantas escenas bastante crudas. Ese estilo personal al que no dejo de referirme y al que mucha gente no le acaba de pillar el qué, viene determinado porque Bacigalupi  lanza al lector a la trama sin ningún tipo de información; nada de infodumps, nada de worldbuilding, nada de descripción de personajes, objetos o cosas así, apenas cuatro pinceladas y la confianza en el lector. A mí personalmente este recurso me encanta, me gusta el desafío que supone y lo prefiero a largos y tediosos párrafos o páginas de explicaciones. Y todo, además, trasladado a nuestro idioma con una fluidez exquista, como viene siendo habitual en las magníficas traducciones de Manuel de los Reyes.

En general, y si ser un amante de los thrillers, sean del género que sean, Cuchillo de agua me parece una fantástica novela de aventuras en primer lugar y una buena historia de juicio y reflexión en segundo, para conocer hacía donde podríamos estar dirigiéndonos, si no nos concienciamos un poco sobre todo lo que nos rodea.

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El aliento de los dioses, de Brandon Sanderson

el aliento de los dioses

el aliento de los dioses

Nova sigue poniéndose las pilas y dando alegrías a sus lectores. Hace unas semanas os traía por aquí la estupenda y mastodóntica Seveneves de Neal Stephenson, muestra de que la editorial está apostando fuerte por la ciencia ficción. También algunos de mis compañeros de Libros y Literatura os han traído algunas de sus novedades; Luna de Ian Mcdonald y Alcatraz contra los bibliotecarios malvados de Brandon Sanderson. Es precisamente en este último en quien la editorial parece estar gastando más recursos; poniendo al día sus ediciones antiguas con nuevas traducciones, correcciones y revisiones, reeditándolas en nuevos formatos y comprando las nuevas entregas de las sagas que se publican en Estados Unidos.

Como digo, parece que Nova quiere hacer de Sanderson su buque insignia en esta nueva y renovada etapa en la que el sello está inmerso y para ello están poniendo toda la carne en el asador. Una de las nuevas reediciones que acaba de aterrizar en las librerías es El aliento de los dioses, con la traducción revisada por Manuel de los Reyes –quien se ocupara de retraducir la trilogía de Mistborn y traducir sus siguientes entregas- y con corrección a cargo de Antonio Torrubia.

Con estas reediciones, nuevas traducciones y revisiones de Sanderson, Nova quiere dar uniformidad al Cosmere –todo aquello relativo al universo creado por el escritor- en todas sus novelas, ya que las antiguas traducciones flojeaban en ese punto y muchos conceptos y nombres se cambiaban al pasar de una novela a otra.

La que hoy nos atañe, El aliento de los dioses, es quizás una de sus novelas menos leídas por estos lares, además de ser una de sus pocas novelas autoconclusivas –de momento, ya que Sanderson tiene en mente continuar con estos personajes e iniciar una nueva serie, aunque falta mucho para eso-. Digo lo de menos leída con la boca pequeña, ya que este hombre vende y se lee muchísimo, pero si comparamos la repercusión de Mistborn por ejemplo o la de la serie El archivo de las tormentas, El aliento de los dioses parece que ha quedado relegada a un segundo plano. Quizás por ser un poco menos épica que el resto.

Pero no lo digo como algo negativo, El aliento de los dioses es una novela reflexiva y con una buena carga moral, nada que ver, o no demasiado, con la fantasía más típica que estamos acostumbrados a leer. Algunos temas que Sanderson deja caer en esta novela atañen a la diferencia de clases, la religión, el libre albedrío, la educación basada en el miedo, el odio, los prejuicios…

Dedelin, el monarca de Idris, firmó nada más subir al trono, un tratado para conseguir la paz con Hallandren. En dicho tratado, el monarca se comprometía a enviar a su hija mayor Vivenna, cuando ésta alcanzara cierta edad, para que se casara con el rey-dios de Hallandren Susebron. Eso sellaría del todo la tumultuosa y precaria paz entre los dos reinos vecinos. Pero en el último momento, Dedelin decide enviar a su hija pequeña Siri y no a Vivenna a Hallandren, rompiendo así el pacto y dejando a su hija pequeña a merced de los bárbaros de Hallandren. Siri, de apenas diecisiete años, rebelde, contestataria, alocada y lo opuesto a su hermana Vivenna –que había sido educada durante toda su vida para ser una reina- llega a un reino donde los colores –a diferencia de su monocromático país- están en todas partes, donde la gente viste como quiere y donde va a tener que contraer matrimonio con un ser monstruoso que se alimenta de las almas de otras personas.

 Sanderson juega mucho a los contrastes en esta novela –añadiendo en estos mensajes bastante moralistas…- empezando por la diferencia entre Idris y Hallandren. En el primero no existen lo colores, todo es negro, gris, blanco o marrón y sus habitantes no pueden hacer ostentación de nada; estar contento es ostentación, gritar, tener una casa grande, tener demasiados vestidos, demasiados zapatos, demasiados de algo es ostentación. En Idris reina la buena educación, el silencio, la calma. En Idris creen en Austre, su Dios único y todo poderoso. En Hallandren reinan los colores, cuanto más chillones mejor, la gente grita, ríe y habla por la calle, tiene grandes casas, grandes palacios, grandes avenidas, en Hallandren no creen en un dios, creen en los Retornados, dioses que están entre ellos y que les dan consejo y acompañan.

¿No os recuerda Idris, un poco, a una comunidad mormona? Bueno.

Narrada desde cuatro puntos de vista distintos -Siri, Vivenna, Sondeluz y Vasher- Sanderson inventa y desarrolla un mundo entero y un sistema de magia totalmente nuevo. Con buenos personajes y un escenario que, como digo, se va ampliando y formando a medida que la novela avanza, las historias de Siri y Vivenna, del retornado Sondeluz y del misterioso Vasher se encauzan cada uno en una dirección para acabar entrecruzándose y mezclándose en esta historia donde nada es lo que parece y donde nadie es quien dice ser.

El aliento de los dioses es una buena puerta de entrada al mundo de Sanderson, como lo es también Elantris, aunque no sería la mejor si lo que buscáis es una fantasía más convencional o más guerrera. Sanderson se ha marcado un buen tratado de relaciones humanas, de política, de intrigas palaciegas y de reflexión sobre las religiones.

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Planos del otro mundo, de Ryan Boudinot

planos del otro mundo

planos del otro mundo

¿Cuánto nos exigimos como lectores? No sé si os lo habéis planteado alguna vez. ¿Elegís las lecturas dentro de una zona de confort más o menos amplia y conocida? ¿Os dejáis aconsejar por personas que están fuera de esa zona de confort? Qué demonios; ¿Os va la juerga? ¿El alboroto? ¿Sois de lecturas fáciles y lineales y de argumentos masticados? ¿O todo lo contrario? ¿O estáis en una zona intermedia? ¿O depende del momento? ¿O del café que hayas tomado?

Tengo un gran amigo que siempre me dice que no hay que tenerle miedo a ningún libro, que hay que atacarlos a todos por igual, aunque uno se enfrente a El arcoíris de la gravedad, por primera vez, sin saber quién es el tal Pynchon que sale en la cubierta.

La literatura tiene que ser para los valientes o no tiene que ser, sería un bonito blurb para, por ejemplo, el libro que hoy intento reseñar. Planos del otro mundo, un majestuoso y magnífico juego de espejos, de realidades, de historias dentro de historias, una novela con personajes arrancados directamente de las páginas de una novela de Donald Barthelme o del mismísimo ya mencionado Thomas Pynchon. ¡Que me aspen si no me lo he pasado tan bien como cuando leí El rey o Vineland o incluso El padre muerto!

¡Y eso que a mí las comparaciones no me gustan! Pero es inevitable, el señor Ryan Boudinot – de Seattle…y poco más- es uno esos autores, como los ya citados, que tiene la capacidad de mezclar géneros, de diluirlos, de hacerlos picadillo, y con las masa resultante, formar un género propio –deudor de alguna manera de todos los otros- y lanzárselo a la cara al lector para que él se apañe con el resultado. Joder ¿No os encanta eso? A mí rotundamente sí.

Boudinot nos ofrece un escenario de ciencia ficción – ¡de su ciencia ficción claro!- para Planos del otro mundo. Una ciencia ficción posmoderna claro; intrincada, solapada, incluso a veces meta literaria, donde la misma historia se repliega sobre sí misma.  ¡Pero no nos asustemos! Una ciencia ficción, una novela, totalmente asequibles. ¿Un mundo donde el hombre ha creado clones de sí mismo llamados neohumanos y que éstos, con el tiempo, se han vuelto contra sus creadores, dando lugar a una cruel y brutal guerra llamada La Era de las Catástrofes y las Hostias más conocida como CAHOS?  Con-ce-di-do. ¿Una sociedad donde los humanos llevan pequeños implantes en el cerebro que les permitan segregar estimulantes, fármacos y hasta curarse heridas de cualquier tipo, o borrar recuerdos a selección, pero que también los pueden convertir en simples avatares si dan su control a un DJ con el peligro que eso supone? ¡Concedido también! ¿Un campeón mundial de lavar platos con ataques de agobio que le hacen perder el conocimiento y  con una hermana inmensamente gorda que sirve de cultivo de tejidos con domicilio en una caravana? ¡Por supuesto!

Y un exmilitar retirado, paranoico y de pasado ultra violento, una estrella del cine prefabricada y con el apellido más jodidamente genial que hayáis visto, una archivista rodeada de clones Federicos en una versión gamberra y lisérgica de Alicia en el país de las maravillas y más, mucho más. ¡Incluso sale un pescarrobot en una de las escenas más memorables y divertidas de todos los siglos!

Articulada en capítulos alternos, casi como si fuera un fix-up, Planos del otro mundo constituye una especie de diario de dos épocas. Por un lado los capítulos dedicados a la época post-CAHOS, una vez ya se ha restablecido de nuevo la paz en la tierra y los humanos y los neohumanos viven de nuevo en armonía y por otro la época pre-CAHOS, presentada en una suerte de entrevista a un tipo que nos cuenta la clave de unas cuantas cosas…o no.

Boudinot es un tipo maravilloso, a estas alturas ya os habréis dado cuenta. No solo retuerce el género, como ya os comentaba antes, además lo hace escribiendo inmensamente bien -¡Y menuda traducción la de José Luís Amores!- con un ritmo buenísimo y con un estilo sobrio y señorial pero que esconde al tipo más loco de todo el barrio. Un poco como ver a alguien con un inmaculado traje negro entallado y, asomando por sus pies, unos deliciosos calcetines color rosa, que se suman a la corbata verde menta y a la camisa amarillo canario que sirve de fondo a este collage imposible pero distinguido.

Boudinot deja al lector la decisión de cribar la verdad en estas historias, de ver entre el humo y los espejos, de quedarse con una verdad de las múltiples que se abren. O de no hacer nada. ¿Sátira infinita, denuncia aplastante de la sociedad consumista, aviso inminente de un futuro oscuro donde dejaremos en manos de otros nuestras vidas, relato atroz del mundo en el que ya vivimos? ¿Simple divertimento? ¿Qué demonios ha escrito Boudinot?

Cada uno que elija lo que más le guste.

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Yeruldelgger, muertos en la estepa, de Ian Manook

yeruldelgger_muertos_en_la_estepaNunca hay suficientes policías desquiciados. He leído un buen montón de novelas de género negro y nunca está de más otro policía totalmente perturbado. La verdad es que son mis preferidos. Me aburro bastante con los buenos policías; los que son un ejemplo para el cuerpo, los que cumplen las reglas, los de cuerpos esculturales, las guapas y listas, los que van en parejas, los buenos mossos, los guardias civiles, los policías nacionales; las juezas, los periodistas, las amas de casa, los publicistas, abogados y toda esa clase de investigadores accidentales. Son todos iguales. Aburridos.

Adoro el Pulp. La acción pura, romper las reglas, disparar antes de preguntar. Detectives alcoholizados y tristes y valientes y un poco románticos. A su manera. Gente que pierde los papeles. Muchas veces. Detectives privados con pasados dolorosos. Policías a los que les quitan las placas por insubordinados.

Yeruldelgger no es nada de lo primero y casi todo de lo segundo. Ian Manook –que en realidad se llama Patrick Manoukian y, además de ser francés, es editor, periodista, guionista de comics, escritor de libros juveniles e infantiles y sobre todo conocido por sus reportajes de viajes- se ha sacado de algún rincón de su cabeza a este comisario mongol de nombre impronunciable, carácter explosivo y métodos expeditivos para satisfacer a los que le pedimos a la novela negra un punto algo más incómodo y duro de lo que habitualmente se encuentra en las mesas de novedades.

Y sí, he dicho mongol.

Porque Yeruldelgger, muertos en la estepa está ambientado en Mongolia, concretamente en su capital, Ulán Bator, y alrededores. Incluida la inmensa y solitaria y peligrosa estepa. Y Yeruldelgger, en efecto, es el complicadísimo nombre de nuestro insólito comisario.

Todo empieza cuando una familia nómada encuentra el cuerpo de una niña pequeña enterrado junto a su triciclo en medio de la nada, de la infinita estepa. El comisario Yeruldelgger se desplazará desde la capital hasta la pequeña Yurta de la familia –cinco horas de calor e interminables baches por el desierto- para hacerse cargo del cuerpo y buscar cualquier pista que sirva para resolver el dramático hallazgo. Solo unas horas antes, el comisario estaba ante tres cadáveres mutilados de tres ciudadanos chinos a los que han asesinado brutalmente en una fábrica de la capital. No hay descanso en la ajetreada Ulán Bator.

Con estos dos casos arranca la historia de Yeruldelgger, un tipo duro que no escucha a nadie y que tiene una piedra por corazón. Manook abre la novela con fuerza, con pasajes de esos que se te van gravando en la retina y prácticamente no afloja hasta el final. Una novela ambientada en Mongolia es algo exótico, no nos engañemos, de esas novelas que se salen de lo habitual, como lo fueron las nórdicas, las chinas o las indias en el pasado. Manook nos trae toda la cultura mongola; sus tradiciones, sus rutinas, sus hábitos, su sociedad, sus males, sus puntos débiles, todo, y es absolutamente fascinante descubrirlo con la intensidad con la que Manook lo cuenta.  Como toda buena novela negra, Yeruldelgger, muertos en la estepa ofrece múltiples lecturas, a cada cual más dura. Una de las que más me ha interesado es cómo Manook expone al lector las condiciones  del país frente al desembarco –invasión, irrupción o ataque, según a quién preguntes- de los chinos en Mongolia. Los asiáticos se han hecho con multitud de fábricas mineras, explotando las riquezas del país, de la que ellos sacan beneficio, han abierto negocios por toda la capital, están presentes en las altas esferas de la política mongola, en los círculos financieros, en la policía.

Manook enfrenta estas dos sociedades parasitarias, de mutuo beneficio exclusivo, frente a un país dejado de la mano de sus dirigentes, empobrecido y exprimido hasta la extenuación por los políticos y los empresarios sin escrúpulos. Un país que olvida sus creencias y sus ritos. Un país que, según algunos, está en manos de los intocables y corruptos chinos.

Pero esa es solo una de las múltiples lecturas que ofrece Manook en esta historia, hay muchas más; sobre la perdida y el dolor, sobre el racismo, sobre el amor, la ética, la amistad, una tras otra se solapan en una trama sin descanso que nos lleva por todo Ulán Bator, desde sus alcantarillas hasta sus parajes escondidos más fastuosos e increíbles, desde edificios sucios, arruinados y peligrosos hasta mansiones imposibles con todos los lujos imaginables. Mongolia excesiva y calurosa, arruinada y peligrosa, Mongolia en todo su esplendor.

Pero no nos engañemos, Manook nos quiere contar la historia de Yeruldelgger. La historia de un comisario que iba camino de ser el jefe de policía y que ha acabado siendo un solitario y malhumorado policía, prácticamente sin amigos y sumido en un letargo sin fin con brotes de violencia incontrolada. Manook nos cuenta el porqué de ese descenso al infierno del comisario a través de estos casos y de una sociedad prácticamente desconocida para nosotros, lo envuelve todo en un thriller negrísimo –no apto para todos los estómagos- y nos ofrece una novela diferente en todos los sentidos. Y cuando digo diferente me refiero no solo al paisaje y la ambientación, que lo son, sino también al desarrollo en sí de la trama, a los personajes, todos bastante extremos y peculiares, a la resolución de las tramas, a la historia en sí. Manook mezcla el género negro con pinceladas de otros géneros aquí y allá, lo enriquece, lo transforma, le da su tono.

Yeruldelgger, muertos en la estepa, no es solo la historia de un comisario caído en desgracia, es también todos y cada uno de los que están a su alrededor;  los que lo sufren, lo admiran o lo odian; es la historia de un país, de una cultura enclavada en el pasado; es un tapiz de vidas entrelazadas, mezcladas, cortadas, borradas; es una historia de las muchas que habitan en un país gigantesco, polvoriento, olvidado y del que muy poco sabemos.

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El hielo en el fin del mundo, de Mark Richard

el hielo en el fin del mundoDice Mark Richard que ¨Es necesario saber escribir el vacío¨. Es difícil saber a qué se refiere Richard si uno no ha leído a ciertos autores. A él mismo por ejemplo. A Faulkner. Y no es que me quiera hacer el listo o el culto, estaría gracioso que alguien como yo pretendiera eso, es simplemente que no pensamos, yo no había pensado, en el concepto vacío en una historia. De qué manera influye en la narración. Después de leer estos relatos, el vacío es una imagen reconocible, un factor determinante. Algo que no sabías que estaba ahí hasta que alguien te lo ha enseñado. Una herramienta que pocos escritores utilizan en tiempos donde prima la literatura a peso, la sobreinformación, la banalidad.

Al leer los relatos de El hielo en el fin del mundo uno descubre que hay algo extremadamente singular en la manera de narrar de Richard, en la manera de exponer unos hechos que son en ocasiones cotidianos -y en otras no tanto-  pero que a nuestros ojos tienen una textura borrosa e irreal, como ese espejismo que surge de la mezcla de asfalto y calor en las largas y desiertas carreteras secundarias. Una textura que se nutre de esos vacíos, de frases largas, de imágenes imposibles, de un ritmo lento y una cadencia extraña. La musicalidad que desprenden sus textos es algo que te arrastra como un río furioso y esos vacíos de los que habla son perfectamente tangibles y reconocibles, tanto, que ya nada vuelve a ser lo mismo, la  literatura que hemos estado leyendo hasta el momento nos parecerá simple, insulsa y aburrida.

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Cutter y Bone, de Newton Thornburg

cutter y bone

cutter y boneEn 1981 se estrenó en Estados Unidos una película extraña, oscura, casi de autor. Lo que hoy en día podría pasar por una película independiente. Pero eran los 80, y la película –un tanto difícil, todo hay que decirlo- fue vilipendiada por crítica y público, solo en Francia vieron lo arriesgado de la apuesta de su director y la elevaron a los altares del cine Noir.

La película se llamaba Cutter´s way  (El camino de Cutter en nuestro país) y el director fue el checo Iván Passer. El guion de Cutter´s way está basado en la novela Cutter & Bone, que el escritor norte americano Newton Thornburg publicó en 1976. Cutter y Bone había tenido mucho más éxito de lo que tendría su adaptación al cine, aunque no era el primer triunfo de Thornburg. El norte americano llegó a publicar once novelas y muchas de ellas fueron atenticos best-sellers. Aunque maltratada en su época, Cutter´s way hoy en día es una película de culto.

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Seveneves, de Neal Stephenson

Seveneves

SevenevesMadre mía el señor Stephenson. Demoledor.

Estoy aún sin habla. Primero por el volumen de sus historias, 825 páginas de puro disfrute. Segundo por el poder narrativo, estilo depuradísimo, claro, objetivo y rozando lo académico. Y tercero por su imaginario, Seveneves es absolutamente arrollador y la novela es un derroche de imaginación brutal.

Os confesare que es mi primer Stephenson. Y que nunca he leído ciencia ficción dura. Y que me gustan más bien poco las novelas de más de 400 páginas.

Así que creo que en el momento en que me decidí a leer este libro no era del todo yo. Si quizás lo hubiera pensado dos veces, seguramente nunca me hubiera embarcado en un libro que a todas luces –para mí y mi zona de confort- era una locura monumental y un fracaso anunciado. Pero demonios, a veces estas decisiones compulsivas son las mejores, salen bien y te hacen descubrir historias absolutamente alucinantes. Como Seveneves.

Dejadme que os ponga en antecedentes: en la época más o menos actual, un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad –y de la tierra- hace que solo le queden dos años habitables al planeta. Transcurridos esos dos años, la tierra se volverá inhabitable durante cinco mil años. Cinco mil años. Durante ese eterno periodo, el planeta azul no será más que una bola incandescente parecida al sol.

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El coche fúnebre a rayas, de Ross Macdonald

el coche fúnebre a rayas

el coche fúnebre a rayasLo que me gusta Lew Archer. Me gusta mucho. Casi tanto como Philip Marlowe. Puede que en algunos aspectos incluso más. Un tipo como Archer se echa de menos estos días, tan franco, insobornable, directo, sosegado, perspicaz. Un tipo lejos de histrionismos, con la  mente fría y un objetivo siempre claro. Atrapar al malo.

Igual a muchos les parecerá un detective antiguo o fuera de su tiempo, Archer es el paradigma del caballero; un hombre educado, de carácter templado, sin trucos en la manga, sin jugarretas. Solo su intuición y su cabezonería, su predisposición a patear las calles y su inquebrantable compromiso a llegar al final de un encargo. Aunque para ello tenga que hacer cosas que a sus clientes les incomoden profundamente. Archer no se casa con nadie, solo con la verdad.

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