
Dice Mark Richard que ¨Es necesario saber escribir el vacío¨. Es difícil saber a qué se refiere Richard si uno no ha leído a ciertos autores. A él mismo por ejemplo. A Faulkner. Y no es que me quiera hacer el listo o el culto, estaría gracioso que alguien como yo pretendiera eso, es simplemente que no pensamos, yo no había pensado, en el concepto vacío en una historia. De qué manera influye en la narración. Después de leer estos relatos, el vacío es una imagen reconocible, un factor determinante. Algo que no sabías que estaba ahí hasta que alguien te lo ha enseñado. Una herramienta que pocos escritores utilizan en tiempos donde prima la literatura a peso, la sobreinformación, la banalidad.
Al leer los relatos de El hielo en el fin del mundo uno descubre que hay algo extremadamente singular en la manera de narrar de Richard, en la manera de exponer unos hechos que son en ocasiones cotidianos -y en otras no tanto- pero que a nuestros ojos tienen una textura borrosa e irreal, como ese espejismo que surge de la mezcla de asfalto y calor en las largas y desiertas carreteras secundarias. Una textura que se nutre de esos vacíos, de frases largas, de imágenes imposibles, de un ritmo lento y una cadencia extraña. La musicalidad que desprenden sus textos es algo que te arrastra como un río furioso y esos vacíos de los que habla son perfectamente tangibles y reconocibles, tanto, que ya nada vuelve a ser lo mismo, la literatura que hemos estado leyendo hasta el momento nos parecerá simple, insulsa y aburrida.












