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La única, voz, de Tiziano Angri

La única voz

La única vozCuando en este lacrimal valle las cosas se ponen más chungas de lo que podemos aguantar, todos necesitamos un álbum mental de recuerdos en el que poder refugiarnos. A todos nos gustaría haber disfrutado una infancia idílica, como la de Aquellos maravillosos años, llenos de aventuras, amorcitos y momentos epifánicos. El problema es que las infancias son como las narices: cada uno tiene la que le ha tocado, y dado que los recuerdos, de momento, no podemos embellecerlos mediante cirugía plástica, pues agua y ajo.

Naturalmente, todo esto no lo digo por mí, que al fin y al cabo, tuve mis veranos en la playa, mis noches de Reyes y sólo algún que otro roce con los quinquis del barrio. Lo digo por Yuri, el atormentado protagonista de esta enigmática y turbadora novela gráfica titulada La única voz.

Yuri no es esquizofrénico. Oye voces, pero no son imaginarias ni le llegan de un recodo de su mente. Son muy reales. En su infancia Yuri desarrolló una hipersensitividad auditiva imposible de curar, y, sin ir más lejos, la voz del doctor que les da la mala noticia a sus padres le produce a nuestro héroe una dolorosísima descarga en la cabeza.

Pasan veintitrés años y nos encontramos de nuevo con Yuri, que está intentando poner remedio a su tortura. Las voces, los gritos y hasta los silencios de los vecinos convierten cada segundo de su existencia en un suplicio. Pero ahora, con la ayuda de un curioso pingüinito de juguete, ha conseguido fabricar una caja de resonancia con la que, mediante “un sonido mágico que reverbere mi grito hasta su mundo”, espera conseguir ponerse en contacto con sus espíritus guía. Sin embargo, el resultado de su ensordecedor experimento no será exactamente lo que espera.

Por otra parte tenemos a Irene, atrapada en un cuerpo provisto de pene, que se vende a viejos verdes con el fin de ahorrar el dinero que necesita para la operación que ha de cambiar su vida. Tanto Irene como Yuri, cuyos destinos se van a cruzar por segunda vez, viven en un mundo plagado de fealdad, y ese feísmo grotesco y repulsivo de los personajes que los rodean, con sus pelos inesperados, sus malhumoradas arrugas, sus espesos olores y sus vasos capilares desbocados, es una de las características más llamativas de las extraordinarias ilustraciones de La única voz. Pero si esta novela es misteriosa e inquietante, lo es sobre todo por el viaje que emprende Yuri.

Y es que cuando una novela es tan oscura y casi críptica como ésta, el lector tiene carta blanca para interpretarla a su manera, es decir como quiera o, en este caso, como buenamente pueda. Pues bien, lo que servidor ha visto en La única voz no es un mero viaje de turismo psicoterapéutico por parte de un adulto traumatizado a un rincón perdido de la memoria. El viaje de Yuri es un viaje al inconsciente colectivo, un verdadero viaje chamánico en el que nos encontramos (nótese el plural) con los tótems, ritos y amuletos de nuestros ancestros. Y así, entre cráneos de animales, criaturas atrapadas en una lacerante metamorfosis, castraciones purificadoras, sangre, fuego, ruinas y muerte, disfrutamos de una novela gráfica pequeñita y grandiosa que se enriquece con cada lectura.

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La defensa, de Vladimir Nabokov

La defensa

La defensaPasan las lecturas, y yo sigo dedicando parte de mi 2018 literario a conocer mejor la bibliografía de uno de los escritores que llevaba años y años dentro de mi lista de pendientes. Hoy os traigo la tercera reseña de Vladimir Nabokov en poco más de dos meses. Tras Risa en la oscuridad y Mashenka, toca el turno de La defensa, otra de sus novelas rusas, escrita entre 1929 y 1930. La historia está protagonizada y copada casi en exclusividad por Luzhin. El joven niño ruso encuentra en este juego milenario la forma de evadirse de su mundo y otorgarle la armonía que en su vida diaria no consigue encontrar. El matrimonio ajedrez-Luzhin lleva al joven a convertirse en un gran maestro y ser reconocido en el mundo entero. Poco a poco, la obsesión con la que el maestro concibe el juego hace poner en jaque no solo su carrera, sino también su propia vida, y, por consiguiente, la de todos (que no son muchos) los que están a su alrededor.

Aunque en los años del colegio y el instituto me aficioné mucho al ajedrez, hoy día no suelo practicarlo mucho. Sin embargo, no sé qué tiene el ajedrez que, mezclado con la literatura, produce productos sobresalientes. Si disfruté muchísimo con Novela de Ajedrez (para mí, el mejor libro de Zweig), el resultado ahora con Nabokov es igual de satisfactorio, convirtiéndose hasta la fecha en mi mejor lectura de este genial escritor.

Pero debo decir que, de todos mis libros rusos, es La defensa el que posee y difunde el mayor «calor», lo que podría parecer extraño si se tiene en cuenta cuán tremendamente abstracto se supone que es el ajedrez.

Si Mashenka y Risa en la oscuridad tenían mucho parecido argumental y estilístico, en esta ocasión encontramos una novela bastante alejada de las otras dos. Estamos ante un libro más trabajado, con mucho desarrollo interior y algo menos de humor, aunque ese toque especial y caricaturesco que suele usar Nabokov para describir escenas y personajes no desaparece del todo, por suerte. Con un comienzo algo farragoso y difuso, la historia se va centrando y creciendo desde el momento que el joven Luzhin descubre la magia que otorga el tablero ajedrezado. Desde ese momento no hay dudas que Luzhin se convierte en el rey de la partida que nos invita a jugar el autor. Una partida que no abarca una sola sala y un adversario frente a él; más bien es una partida que engulle todo, hasta el propio entendimiento de su protagonista, lo que le hace obsesionarse hasta el extremo y vivir su vida como si estuviera ante la partida definitiva, analizando cada movimiento sin advertir que el enemigo al que se enfrenta es su propia vida. Esta bajada a los infiernos convierte el ajedrez en una dicotomía irresoluble. El ajedrez se erige a la vez como el antídoto y el veneno. En ocasiones, el ritmo del libro se vuelve tan caótico como la propia mente de su protagonista, que no para de calcular posibles movimientos, escapatorias, celadas o nuevas aperturas que le lleven a conseguir el jaque mate definitivo.

Tiene La defensa varios extractos de alta literatura. Uno de ellos lo encontramos en el capítulo ocho, en esa partida decisiva con el gran maestro Turati, rival de Luzhin. La prosa de Nabokov alcanza aquí una de sus grandes cotas, convirtiendo por momentos el ajedrez en un elemento casi poético. Además, otros elementos como el exilio, aunque en menor medida, siguen estando presente en esta obra. E incluso se permite el autor el guiño hacia el lector protagonizando un pequeño cameo dos de los personajes de Mashenka. Lo que queda claro de Vladimir Nabokov es que nadie puede quedar indiferente ante sus escritos. Uno no sabe, una vez terminada la lectura, si amar u odiar eternamente a Luzhin; si alabar su genialidad o desesperarse por su torpeza social y amatoria.

Cuando termino cada una de mis lecturas, suelo dejar pasar días e incluso alguna semana para que todas las ideas e impresiones causadas por la lectura se estabilicen y vayan creando un poso. Con Nabokov, todo ese reposo me sirve para darme cuenta de que estoy leyendo algo muy bien planteado, salido de una mente genial llena de lucidez, lo que me invita a seguir queriendo leer más del autor. Por eso sé que a La defensa le seguirá en muy pocas semanas otro escrito del autor. La duda que tengo es cuál coger. ¿Hay alguna que me recomendéis especialmente?

César Malagón @malagonc

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Ginsberg esencial, de Allen Ginsberg

Ginsberg esencial

Ginsberg esencialNo me gusta nada que me pregunten cuál es mi autor o libro favorito. ¿Cómo pretenden que escoja solo uno? Tampoco me gustan nada las típicas listas de “mis diez libros preferidos” o “mis autores favoritos”. Hay tantos escritores y tantos libros que me gustan que me resulta imposible. Además, mi lista cambiaría dependiendo del momento, del estado de ánimo, del día o del ciclo lunar. Vamos, que no, que no paso por ahí. Eso sí, puedo deciros libros y autores que casi siempre nombraría y no sé si Ginsberg en particular estaría entre ellos, pero desde luego que la Generación Beat sí que ha tenido cierta influencia en mí.

Os pongo en situación: la Generación Beat fue un movimiento literario que surgió en Norteamérica en los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quiénes eran? Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Borroughs fueron sus mayores representantes. Cansados de la rutina y los valores tradicionales, lo que básicamente buscaron fue revelarse contra las normas sociales. Interesados en experimentar con el lenguaje, la sexualidad, la espiritualidad, las drogas y las creencias y el estilo de vida americano, este movimiento fue realmente significativo. Su influencia puede verse en el movimiento Hippy de los años 60 y 70, consiguiendo liberar al mundo de la censura y la represión sexual, además de liderar una nueva reforma en diferentes aspectos sociales y culturales de la sociedad. Casi nada, ¿eh?

La editorial Anagrama ha recogido en un mismo volumen, titulado Ginsberg esencial, la obra fundamental de Allen Ginsberg, en la cual podemos encontrar poemas, canciones, ensayos, diarios, correspondencias, entrevistas y fotografías. Un material realmente interesante que condensa todo lo esencial para entender y conocer a este fascinante autor. Quizá Kerouac siempre fue el más conocido de todos, ya que escribió En el camino, novela que puede considerarse la biblia de este movimiento, pero Ginsberg también tenía lo suyo. Él es el autor del poema Aullido, una larga queja contra el capitalismo y la conformidad y cuyo  célebre arranque es el siguiente:

“He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura”.

Podéis imaginar el nivel del poema, que os recomiendo leer encarecidamente si no lo habéis hecho ya.

Ginsberg esencial es el libro imprescindible para quienes nos gusta este autor y todo lo que la Generación Beat trajo consigo. Controvertido, irónico, ingenioso, divertido y brillante, merece la pena adentrarse en el universo Ginsberg gracias a este libro. Un universo, por cierto, de lo más extravagante y transgresor. Tanto como Ginsberg, este gran poeta que es, sin duda, uno de los escritores imprescindibles del siglo XX.

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Para quien no brilla la luz, de José María Pérez Zúñiga

para quien no

para quien noA estas alturas de la película hacer algo medianamente original, distinto o, ya simplemente decente con un género que últimamente ha sido tan trillado, humillado y maltratado como el de los vampiros no es tarea fácil, aunque lo parezca. Al menos no sin pervertir tanto la esencia del mito como para cargárselo y no dejar de él más que cuatro notas típicas que sirvan al lector para poder diferenciarlo de un vulgar hombre lobo cualquiera. Es triste que mucha gente, sobre todo las últimas hornadas de gente, asocie a un icono del terror, tanto literario como cinematográfico, una saga, también literaria y fílmica, cuyo nombre se corresponde con el intervalo de tiempo antes de la salida o después de la puesta del Sol durante el cual el cielo permanece iluminado. Triste, pero cierto.

Así que con este desolador panorama en el que está quedando nuestra pobre cultura de masas, en el que a Odín gracias, también de vez en cuando nos encontramos con joyitas como, por poner un ejemplo, la pentalogía de David Wellington que se inicia con 13 balas, es muy gratificante encontrarse con pequeños y frescos tesoros como este Para quien no brilla la luz que le reconcilian a uno con la especie humana y piensa por un momento que sí, que aún hay esperanza, que no todo está perdido para los no-muertos. Que tal vez no funcionen ya los cánones de Stoker en una sociedad tecnificada y agilipollada como la nuestra, pero que pueden, Y DEBEN, seguir existiendo vampiros que te metan el miedo en el cuerpo, que te destrocen la yugular o la femoral, que te drenen el líquido vital y que, si no acaban contigo, te inoculen una sed insaciable, una capacidad de seducción magnética y, a ser posible, que todo esto no venga acompañado de dudas metafísicas acerca del bien, el mal, la vida y la muerte.

Alguno puede pensar que el vampiro es una figura que alguien inventó y que, por lo tanto, se puede hacer lo que se quiera con él dentro del campo de la libertad de creación. Sí. Pero no. Un vampiro moñas fosforito se queda en moñas fosforito, en un ser despreciable que no merece otra cosa que explotar al amanecer. Un vampiro ha de ser un ser terrible, malvado, astuto y capaz de jugar al gato y al ratón con su presa. Puede ser destruido, sí, pero con algo de esfuerzo. O con mucho, según…

Por eso este libro del que hoy hablo no es una brisa de aire fresco, sino un chorro dirigido a la cara. Es innovador, es perturbador y en ocasiones es jodidamente extraño. No tanto como pudieran serlo los sueños de David Lynch, pero tal vez como los de Freud o Jung. Desde luego, convencional no es.

Trata la figura del vampiro desde una óptica que, sobre todo en sus páginas finales, juega a descolocar al lector haciéndole dudar, desconcertándole, poniéndole en el mencionado lugar del ratón.

Por si fuera poco, la novela está escrita de forma inteligente, estructurada en capítulos cortos y narrados desde el punto de vista de varios personajes, volviéndose a veces metaliterario con la inclusión de ¿el propio autor? en algunos pasajes.

José María Pérez Zuñiga elabora una trama en la que el policía Miguel Serrano junto al forense Joaquín Moya investigan unos crímenes en el barrio de la Latina en Madrid. Cuerpos que aparecen desangrados, personas desaparecidas, y una misteriosa mujer a la que se la conocerá como Dama Negra. Una historia que atrapa, sobre todo su primera mitad, (más rápida y dinámica y menos introspectiva y psicológica que la segunda) creo yo que por la alternancia en los puntos de vista, por una escritura que empatiza con cada uno, por unas situaciones raras enmarcadas en un contexto de lo cotidiano (el vecino de arriba, el pub, el poli que vive en casa de sus padres sin renovar ni un solo mueble…) que hace que lo que nos cuenta se empape un poco más de la realidad y el terror que ya de por sí eso significa.

Sé que no es fácil hacer terror (aunque menos lo es hacer comedia) y Para quien no brilla la luz, libro que, aunque no es que sea terror terror, (es policíaco y de misterio diría yo), sí que consigue provocar una inquietud desagradable al leerlo. Un desasosiego, una intranquilidad un mar de dudas y una comprensión del estado confuso de los protagonistas, que no es fácilmente explicable.

“Ciudadanos, autoridades y policía se enfrentan a sus ansiedades y miedos más íntimos, los que constituyen nuestras miserias personales y sociales. Es lo que han representado siempre los vampiros: la otredad; la posibilidad de que seamos de una forma diferente.”

Sea o no esa la interpretación de vampirismo, he aquí un buen libro sobre el tema para todos los que adoramos a esas criaturas de la noche. Unas criaturas tratadas aquí de forma respetuosa y más cercana a su particular realidad. ¡Un libro de vampiros como Odín manda!

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Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T Leroy, de Savannah Knoop

Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T Leroy

Chica, chico, chica. Cómo me convertí en J.T LeroyHay libros que tienen detrás una historia alucinante, de esas en que la realidad supera con creces la ficción. Este es sin duda uno de ellos. Tengo que admitir que yo no conocía la historia. No sé si porque en España no resultó demasiado conocida o simplemente por ignorancia mía. El caso es que cuando leí la sinopsis de Chica, chico, chica quedé enganchada a la historia y tuve que leerme el libro. Lo verdad es que ha sido todo un acierto, lo he disfrutado muchísimo.

Para los que no conozcáis la historia, os la explico. Resulta que a finales de la década de los noventa, un escritor nuevo comenzó a causar furor en la escena literaria norteamericana. Nadie sabía quién era exactamente, pero empezó a ser considerado como el nuevo J.D Salinger, todo un referente para las nuevas generaciones de escritores y lectores. Tanto es así, que numerosas celebrities se dedicaron a mostrar su apoyo haciendo lecturas de sus libros y acogiendo a J.T Leroy, el misterioso autor. Famosos como Carrie Fisher, Courtney Love, Gus van Sant, Bono y, sobre todo, Asia Argento.

La historia de J.T Leroy no es nada fácil. Criado por una madre prostituta y drogadicta en un apeadero de caminos en el sur de Estados Unidos, el inquietante escritor relata sus experiencias en las novelas autobiográficas Sarah y El corazón es mentiroso. (que por cierto, necesito leer). Entre sus vivencias, se incluye un cambio de sexo. Una vida de lo más particular, digna de un escritor maldito. Como podéis leer, la historia de J.T Leroy tenía todos los ingredientes para estar en el centro de los focos. Y eso es precisamente lo que ocurrió durante algunos años, hasta que, más tarde, la verdad salió a la luz: todo había sido un engaño. J.T Leroy nunca había existido. Durante seis años, Savannah Knoop acudió a festivales literarios y se codeó con las celebrities haciéndose pasar por J.T Leroy. No me digáis que toda esta historia no da para un libro, una película y miles de titulares. De hecho, a finales de este año se estrena la película JT Leroy, con Kristen Stewart como protagonista.

Pero no os he contado todo, aún hay más. Savannah Knoop se hizo pasar por el atormentado escritor J.T Leroy porque su cuñada en aquel momento, Laura Albert, se lo pidió. ¿Y quién era ella? Pues la autora de las novelas ni más ni menos. Menuda historia.

Chica, chico, chica es el relato de la propia Savannah Knoop en el que narra las vivencias e historias que le sucedieron haciéndose pasar por J.T Leroy casi a tiempo completo durante años. Debe de ser duro dejar tu vida de lado para dedicarte a interpretar a otra persona, alguien que es admirado, al que muchas personas adoran y que en realidad no existe. No sé cómo Savannah no se volvió loca del todo, como no experimentó una crisis de identidad brutal. Lo que sí puedo deciros es que el libro es ácido, entretenido y algo adictivo. No he podido soltarlo desde que lo empecé y esta excéntrica historia me ha tenido totalmente enganchada.

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Hope, de Wendy Davies

Hope

Érase una vez un viejo gruñón llamado Joseph; una marioneta que odiaba a los niños, a la que bautizaron con el nombre de Wave y Hope, una niña que no podía escuchar las palabras… excepto las de ese viejo gruñón. También esta es la historia del Chico Azul y su guitarra, una mimo y un mago. Y la del pequeño teatro Serendipity. Todos estos personajes y ese lugar donde los sueños se convierten en realidad, aunque sea por un instante,  conforman el elenco de Hope, la quinta novela de Wendy Davies.

Wave, la marioneta, nos relata la vida de Hope y de los habitantes de Folktale, que la rechazan porque no la comprenden, pero los personajes que duermen entre las páginas de esos libros que todos recordamos con cariño (Momo, Matilda, Cuento de Navidad, Kafka y la muñeca viajera) también están muy presentes. Y es que Hope es un homenaje a las historias, esas que tienen verdad incluso cuando cuentan mentiras.

Hope se lee como si de un cuento se tratara (al estilo de Mathias Malzieu y La mecánica del corazón), tanto por su sencillez como por el poso que deja. Por momentos, lo que nos cuenta Wave es triste, muy triste; sin embargo, desprende dulzura, como Hope, la entrañable protagonista, y eso nos hace viajar de la primera a la última página sin que se nos borre la sonrisa, pese a que a veces esta sea amarga.

De no ser por la solapa del libro, nunca hubiera imaginado que tras Wendy Davies hay dos personas: Merche Murillo y Fátima Embark; sus prosas ensamblan de manera perfecta y es imposible saber dónde empieza una y acaba la otra. Estas dos jóvenes autoras comenzaron plasmando su amor por las letras en dos blogs literarios y, más tarde, crearon su propia escritora, Wendy Davies, para además de disfrutar leyendo, disfrutar escribiendo novelas a cuatro manos. De esta unión han nacido historias tan adorables como la de la niña Hope y hasta han ganado el Premio Gran Angular de 2017

Hope ha sido un grato descubrimiento, hasta el punto que recomiendo su lectura en todos los institutos. No solo porque sea adictiva y, por tanto, una excelente elección para aficionar a los más jóvenes a la literatura, sino porque es una novela de aprendizaje y transmite enseñanzas que son valiosas para cualquier etapa de la vida, pero sobre todo para la adolescencia, esa época en la que lo habitual es sentirse distinto y perdido. Hope muestra las vicisitudes de dejar atrás la infancia, lo necesario que es aprender a olvidar, por qué no debemos permitir que las diferencias nos definan, asumir que nuestros villanos quizá sean los héroes de otros y que, además de perseguir los sueños, hay que atreverse a vivir la realidad.

Todas esas enseñanzas confluyen en el título de la obra, porque, al fin y al cabo, lo que nos regalan Merche Murillo y Fátima Embark con esta historia es precisamente eso: hope, esperanza; una sensación que se queda en nosotros incluso después de finalizar la lectura. Y ese poderoso influjo de Hope no desaparece de inmediato, qué va. Su poso se queda ahí, dentro de nosotros, y aflora cada vez que contemplamos su preciosa portada, como la sonrisa en nuestra cara. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí. Y apuesto a que si te adentras en Serendipity, junto a la niña que no entiende las palabras, tú también lo sentirás.

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Alucinaciones, de Oliver Sacks

Alucinaciones

AlucinacionesHay libros que nos gustan, pero hay otros que consiguen mucho más… Nos fascinan. Y me estoy dando cuenta que esto último me pasa mucho con los libros de ensayo y divulgación científica. Hace poco os hablé de uno de mis últimos flechazos: De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris; y si me remonto a lecturas de años anteriores, el ejemplo que me viene de inmediato a la cabeza es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks. ¡Brutal! De verdad, tenéis que leerlo. El cerebro es extraordinario, para bien y para mal, y los casos reales que este neurólogo relataba en aquel libro eran tan sorprendentes como inquietantes.

Esa primera lectura de Sacks me impactó, así que me apetecía leer más libros de él. Pero aún me entraron más ganas al leer la reseña de Alucinaciones que Antonio J. Osuna Mascaró hizo en Manual de linternas. En ella rendía homenaje tanto a las obras como a la figura de Sacks, y aseguraba que si había un libro a la altura de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero —que es impresionante, en serio—, ese era Alucinaciones. Por lo que fue el título que escogí para reencontrarme con este genial divulgador de neurología.

Alucinaciones comienza adentrándose en el propio significado de este término, que ha ido variando con el paso del tiempo y que incluso hoy en día resulta difuso, pues es complicado discernir dónde está la frontera entre alucinación, percepción errónea e ilusión. Para definirlo de forma sencilla y escueta, se podría decir que alucinación es aquella percepción que surge en ausencia de ninguna realidad externa: ver y oír cosas que no están presentes. Sacks asegura que oír voces no es algo inusual y no tiene por qué ser sinónimo de locura, pero como está estigmatizado socialmente, apenas se habla de ello y pocos son los que reconocen haber vivido este tipo de fenómenos. Por fortuna, su práctica médica y la correspondencia que mantenía con sus lectores, además de varias vivencias propias, hicieron posible que reuniera decenas de experiencias reales contadas en primera persona, para hacernos comprender —al menos, un poco— estas anomalías cerebrales.

En Alucinaciones, Sacks dedicaba capítulos al síndrome de Charles Bonnet, a la narcolepsia, a la epilepsia, a la migraña, al Alzheimer, a la parálisis del sueño, a las experiencias alucinatorias derivadas del consumo de drogas, etcétera. Estaba convencido de que la alucinación es «una categoría única y especial de la conciencia y la vida mental» y que permite «una comprensión más directa de cómo funciona el cerebro». Esto, ya de por sí, es sumamente interesante, pero es que además abordaba otra perspectiva de las alucinaciones: su impacto cultural, desde el folklore hasta la religión. ¿Son el origen de la creencia en duendes y hadas?, ¿han contribuido a generar nuestra concepción del demonio y otros seres malignos o a que alguien pensara que era el elegido de dios? Sin olvidar que las alucinaciones también tienen su reflejo en la literatura. Lewis Carroll se inspiró en su micropsia a la hora de escribir el episodio en el que Alicia se hacía gigante; los ambientes de pesadilla de Poe eran transcripciones de sus alucinaciones y en el relato El Horla, Maupassant reflejaba lo que él mismo sentía cuando se encontraba con su doble.

Todos estas historias hacen que Alucinaciones sea una lectura enriquecedora, con la que aprendemos y nos sorprendemos. Pero su gran valor es, sobre todo, que nos hace perder el miedo a aquello que no comprendemos. Aquellas percepciones que han sido vistas como indicios de locura o, incluso, fenómenos paranormales, son reacciones de nuestro cerebro (capaz de romperse y rehacerse en un instante) y, por tanto, parte de nuestra esencia humana. La neurología nunca dejará de fascinarme y, de la mano de Oliver Sacks, os aseguro que a vosotros también os cautivará.

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Bellas, de Dhonielle Clayton

Bellas

Bellas¿Por qué estamos cada vez más obsesionados con nuestra apariencia? ¿Por qué nos importa tanto estar delgados, en buena forma y ser más guapos que los que se encuentran a nuestro alrededor? En definitiva, buscamos ser lo más parecidos al canon de belleza impuesto por la sociedad actual. Pero ¿es solo para encajar o acaso necesitamos ser diferentes del resto?

Podría realizar mil y una preguntas relativas a este tema y nunca acabaría con la reseña. Y me encanta, porque creo que todos tenemos mucho que reflexionar sobre ello. En especial, sobre lo superficial que en general todos nos hemos vuelto y de sus consecuencias para futuras generaciones. Porque esto parece no tener límites. ¿O sí?

De esto habla Bellas, de los límites ante la gestión de la belleza en la sociedad. Sin embargo, como es una obra de ficción, sitúa los hechos en un universo distópico (no muy diferente al nuestro…) en el ha desaparecido la belleza. Los tonos grises inundan los rostros tanto de de los más ricos como de los más desfavorecidos, que necesitan a las llamadas “bellas”: un grupo de mujeres que tienen el poder de moldear el cuerpo y las personalidades a gusto del usuario hasta conseguir el efecto perfecto que desean. Sin embargo, solo los más ricos tienen derecho a las mejores “bellas”.

Aquí comienza esta original historia, de la que no quiero revelar más. Es mejor sorprenderse con la trama a medida que vas leyendo, porque tengo que admitir que me ha sorprendido bastante. No me imaginaba una historia tan adulta y original, que me ha atrapado hasta el final y que ha conseguido sobresalir entre las que estoy leyendo últimamente.

Para empezar, la ambientación que crea la autora es espectacular: tan llena de color y de todo tipo de detalles… Tan visual que nos lleva a un paisaje tan puramente cinematográfico y de ficción que solo es capaz de ser construido en nuestras mentes. En Orleans no hay límites, solamente tu imaginación. Por esto creo que es una delicia para los que, como yo, somos adictos a la fantasía y a los mundos irreales. Me ha parecido un gran escenario, muy apropiado para esta peculiar historia.

Pero Bellas no sería nada sin sus personajes, mujeres que deben enfrentarse a todo lo que les han contado que era su vida y su propósito desde su infancia. Mujeres que deben ser valientes y luchar contra aquello que no consideran justo, hasta el punto de jugarse la vida por ello. Me encantan los libros en los que se da una evolución palpable en sus personajes principales, que aprenden de las situaciones y problemas contra los que deben enfrentarse, pero luchando también contra sus propios demonios, errores y miedos. Gente como tú y como yo, con la que siempre es fácil empatizar (a pesar de no tener poderes para conceder la belleza a quienes deseemos).

Y así avanza la lectura, gracias a una pluma muy descriptiva, llena de giros argumentales y sorpresas que no me dejaron indiferente y que me sorprendieron gratamente. Es muy difícil no dejarse envolver por la magia de Orleans, por estas “bellas” y sus poderes, tan atractivos que es complicado no dejarse llevar por ellos… Por esa sociedad tan perfecta en su superficie, que esconde capas y más capas de mentiras e inmoralidad.

Lo más especial esta lectura es la sensación con la que me quedé al terminar su última página: que, en realidad, quizás no existen límites para la belleza. Tanto en el libro como en la vida real existen muchas técnicas para embellecernos y que, al final, nosotros decidimos qué importa más: si nuestro aspecto o nuestro interior. Y aunque esto suene a discurso infantil, es algo sobre lo que deberíamos pensar. ¿Acaso estamos asentando en las bases de la educación valores como la belleza por encima de valores como la lectura o cultivar nuestra mente? ¿Importa más el corto o el largo plazo?

La belleza es relativa y perecedera, por lo que: ¿merece la pena dejarse llevar por ella? ¿Arriesgar nuestra vida y perder lo mejor de nosotros mismos por un algo que realmente no merece la pena? Me encantan las lecturas que me hacen pensar sobre ellas incluso mucho después de haberlas leído, así que no puedo hacer otra cosa que recomendárosla y aseguraros de que merece mucho la pena.

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Un dios ciego, de Javier Sagastiberri

Un dios ciego

Un dios ciegoHe sentido unas ganas tremendas de empezar esta reseña transcribiendo literalmente las dos primeras páginas del libro del que vengo a hablar, que es Un dios ciego, tercera parte de la saga policíaca escrita por Javier Sagastiberri. Pero no lo voy a hacer. Me voy a contener las ganas y voy a hablar de todo lo que me ha parecido este libro para que, si después os decidís a leerlo, alucinéis igual que yo al leer su comienzo. Vale, a ver, voy a ir por partes y de una manera lógica para que toda esta reseña tenga sentido. 

Hace unos meses mi compañero César reseñó un libro del mismo autor del que vengo a hablar hoy. Entonces él reseñó Perversidad, que era la segunda parte de la saga policiaca escrita por el autor donostiarra. El caso es que yo leí lo que escribió acerca de esa novela y, sobre todas las cosas, fue una la que llamó mi atención: decía que el autor no se andaba con rodeos. Que ya desde el principio nos encontrábamos con un asesinato y enseguida la Ertzaintza ya estaba investigándolo. Sin apenas presentaciones ni preludios, nos encontrábamos en mitad de la acción de una manera repentina. Y eso fue lo que hizo que yo anotara mentalmente ese título para leerlo en un futuro. Porque si bien a veces disfruto con las novelas extensas, esas que se dedican largo y tendido a situar al lector en la trama y que empiezan a tener un poco de acción y sentido cuando ya llevas más de un tercio de libro leído, la verdad es que prefiero los libros rápidos. Esos que no tienen principios eternos y que hacen que te metas en la lectura de lleno desde el mismo momento en que lo abres. 

Y tal y como pasaba en Perversidad la acción en esta tercera parte ocurre de repente. Enseguida nos enteramos de que un peligrosísimo criminal se ha escapado de la cárcel de Basauri. Es un hombre al que Arantza Rentería e Itziar Elcoro, las ertzainas que protagonizan esta saga, conocen muy bien y, ahora que está en la calle, va a ir detrás de ellas para intentar acabar con sus vidas. Casi a la vez, un hombre es asesinado en pleno Bilbao. Un tiro por la espalda y listo. Está claro que la muerte la ha llevado a cabo un profesional. Las dos compañeras tendrán que investigar la vida de este abogado y pronto descubrirán que, a pesar de ser Bilbao una ciudad tranquila y sin apenas delincuencia, las bandas de narcotraficantes están encontrando un nicho perfecto, cosa que el asesinado sabía muy bien. 

No os mentiré. Después de leer la reseña de César, al disponerme a empezar esta tercera parte de la saga, Un dios ciego, las expectativas estaban por las nubes. Y no solo eso, sino que también Puri, otra compañera, reseñó en su día el primer tomo, El asesino de reinas (el comienzo de todo), y solo dijo cosas buenas sobre él y sobre su autor. Así que entenderéis que fuera normal que me diera miedo que no me gustara el libro y que no pudiera coincidir con sus impresiones. A ver si iba yo a llegar aquí y dijera que la tercera parte no estaba a la altura de las otras dos entregas anteriores. Y bien, tengo que hacer una aclaración: yo no las he leído, por lo tanto la comparación la puedo hacer únicamente sobre lo que mis compañeros contaron acerca de ellas. Y el resultado es que, no sé cómo serán las dos primeras partes, pero esta es buenísima. 

Como digo, Javier Sagastiberri no se anda con tonterías y se deja de presentaciones y de historias para ir directamente al grano. Pero gracias a su narrativa, poco a poco el lector irá conociendo cosas que al final harán que este libro sea redondo, como por ejemplo los caracteres de las protagonistas (tan diferentes entre sí) o el lugar donde sucede todo. Y es que el autor nos da una novela que consiste básicamente en diálogos y a través de ellos podremos situarnos dentro del contexto. Serán los propios personajes los que nos describan el entorno. Puri decía en su reseña que, después de leer tantas novelas policiacas se sabía Nueva York de memoria, aunque jamás lo había visitado. Así que agradecía leer una novela de este estilo ambientada en una ciudad diferente. Y yo estoy totalmente de acuerdo con ella: me ha encantado visitar Bilbao (ciudad de la que estoy enamorada) a través de los diálogos de los personajes de esta novela. Además creo que las descripciones están tan bien hechas que, aunque el lector no conozca la ciudad ni la cultura vasca, enseguida le va a resultar todo muy familiar y cercano. 

También me daba un poco de cosa enfrentarme a este libro sin haber leído las dos entregas anteriores. Temía que no fuera a enterarme de nada, ya que alguna vez he tenido malas experiencias leyendo sagas en el orden que no correspondía y el resultado siempre ha sido nefasto. Lo consulté con el autor y este me tranquilizó: no había de qué preocuparse. Sí es verdad que muchos personajes vienen de las anteriores partes, pero Javier enseguida sitúa al lector para que sepa quién es quién. Así que todo va rodado, el lector se pone al día enseguida y todo fluye como tiene que fluir. Si bien es verdad que he notado que hay algunas bromas o algunos comentarios que hacen referencia a los anteriores tomos y hubiera estado bien pillarlos, pero son algunos detalles que no impiden disfrutar del libro en absoluto. 

Bueno, después de haber hablado de tantas cosas aquí no os penséis que se me han quitado las ganas de transcribir las dos primeras páginas del libro… pensé que me iba a olvidar de ello, pero ha sido imposible. Me prometí al principio que no lo haría, así que simplemente os voy a dejar la primera frase (eso no implica romper mi promesa, ¿verdad?) para que veáis a qué me estaba refiriendo todo el tiempo. Es esta: “¿Para qué hostias te sirve la pasta si no sabes gastarla?”. Ni presentaciones, ni nada. A lo vasco. Ay… esa frase. ¡Cómo me gustó ese principio! Y ya sí que sí, me voy de aquí corriendo porque sino veo que caigo en la tentación y no solo os transcribo las dos primeras páginas, sino que ¡os copio todo el libro! Así que… ¡agur!

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Lejos del corazón, de Lorenzo Silva

Lejos del corazónMantener la vigencia de una serie literaria durante dos décadas tiene un mérito increíble. Pero hacerlo además con éxito de público y de crítica es digno de elogio. Veinte años después de la publicación de El lejano país de los estanques, Lorenzo Silva publica Lejos del corazón, la undécima entrega de la saga de novela negra protagonizada por los dos guardias civiles más reconocidos de nuestra literatura, Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

En esta ocasión, Vila y Chamorro viajan a la zona del Estrecho de Gibraltar para esclarecer la desaparición de Crístofer, un joven y brillante empresario con antecedentes por delitos informáticos. Tras pagar su familia un caro rescate con dinero en efectivo, nada se sabe del chico, lo que lleva a familiares y a amigos a temer la peor de las suertes. Una vez en la zona del Campo de Gibraltar, los investigadores comprobarán de primera mano lo difícil que resulta trabajar en una zona donde la mezcla del narcotráfico, los altos índices de paro y el dinero negro suele derivar siempre en problemas para las autoridades, algo que no solo está de rabiosa actualidad en los medios de comunicación actuales, sino también en otra de mis últimas lecturas (La tragedia del girasol, de Benito Olmo).

Lorenzo Silva es uno de los escritores que más y mejor ha escrito sobre la Guardia Civil. Solo él es capaz de describir con tanta pasión el ecosistema particular que rige a la Benemérita, así como los procedimientos, jerarquías y rutinas laborales que se utilizan a la hora de investigar. Y lo hace todo de una forma didáctica y amena a su vez, algo que uno agradece cuando se pone delante de una novela de este tipo. El autor tiene un estilo bastante marcado, basado en unos personajes muy humanizados y un misterio que se desvela en pequeñas dosis. Vila es el que lleva el ritmo de la narración, una narración apacible y tranquila salpicada por pequeñas notas de humor que el lector sin duda valora positivamente.

Volviendo a lo hablado en el primer párrafo, es difícil mantener el éxito durante tantos años escribiendo una serie de novelas policiales. Yo no soy experto en Lorenzo Silva, pues solo he leído, con este, tres de las once entregas que componen la saga. Pero si me atrevo a aventurar que parte del éxito del autor estriba en su capacidad para reinventarse y actualizarse constantemente, saliendo de la zona de confort en la que muchos escritores quedan cobijados cuando alcanzan un cierto nivel de reconocimiento. Localizar una narración en el Estrecho de Gibraltar y hablar de drogas y narcotráfico es un argumento muy manido; pero añadir a esta historia criptomonedas, hackers, negocios fraudulentos online y hacerlo llegar de un modo entendible para todos los lectores da muestras del buen hacer y la dedicación que desempeña en cada una de sus obras el escritor madrileño.

Lejos del corazón es una lectura ideal para el verano. Lorenzo Silva lleva con gran audacia al lector a descubrir las difíciles situaciones humanas, sociales, jurídicas y criminales que luchan diariamente en esta zona del sur de España. Y lo hace con una historia brillante llena de actualidad, con unos personajes a los que es imposible no tener aprecio. Y cuando se escriben historias así, da igual de dónde se venga, pues se adivina un futuro brillante ya que, como decía Gardel (¡Ay… Gardelito!), veinte años no es nada.

César Malagón @malagonc

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Wilf salva el mundo, de Georgia Pritchett

Wilf salva el mundo

Wilf salva el mundo¿A qué le tenéis miedo? Venga, va, seguro que hay un montón de cosas por ahí. Yo tengo que reconocer que soy poco miedosa. No le tengo fobia a ningún bicho en particular y, de hecho, soy de las que no mata ni a una mosca. He llegado a hacer rescates muy locos de bichitos, pero esa historia la dejaré para otro día. ¿Sabéis quién sí que un miedoso? Wilf, el protagonista de este divertido libro. Wilf tiene miedo a los animales disecados, a los bichos que tienen muchas patas y antenas, a los monstruos marinos, a la mantequilla de cacahuete, a las pelucas, los ascensores, los vikingos y un largo, larguísimo etcétera. Es raro que me creáis ahora si os digo que Wilf salva el  mundo. Sí, un niño lleno de miedos y de alergias será el encargado de evitar la destrucción del mundo, ¿qué os parece?

Todo comienza cuando los nuevos vecinos se instalan en la casa de al lado. Hay que reconocer que el vecino es sincero y no esconde sus intenciones: él es un malévolo lunático. Wilf piensa que no será para tanto, pero Alan, que así se llama el vecino, le asegura que sí, que tiene un malévolo plan secreto para destruir el mundo y que ya verá. Como os he dicho, Wilf no es que sea muy valiente, pero hasta él sabe que tiene que hacer algo para impedir que su nuevo vecino se cargue el mundo.

Para ello contará con la ayuda (o el incordio, según se mire) de su hermana pequeña y mocosa Comilla. También está Estuardo, una mascota que guarda en su bolsillo y que no es ni más ni menos que un bicho bola. Kevin Phillips, un perro que se cree humano y Mark III, un robot que ha sido programado para destruir el mundo y que es algo pasota, completan el equipo del malo malísimo de Alan.

La mejor manera de vencer los miedos es enfrentarse a ellos y eso Wilf lo sabe muy bien. Por eso siempre imagina las cosas más terribles que podrían suceder y las dibuja. Así sabrá exactamente lo que le puede ocurrir y lo que puede hacer para superar esas adversidades. Tiene su lógica, ¿verdad?

Wilf salva el mundo es un libro divertidísimo. Georgia Pritchett ha escrito una historia de lo más hilarante y absurda y el resultado es este librito que te mantiene enganchado y te hace reír a carcajadas. Estoy deseando leer la segunda aventura de Wilf en la que se enfrentará a un pirata. Seguro que las risas vuelven a estar garantizadas.

 

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El tiempo regalado, de Andrea Köhler

El tiempo regalado

El tiempo regaladoVivimos, experimentamos el tiempo como algo subjetivo. Hay minutos que se nos clavan. Que aún duran. Como un paréntesis, continúan sin cerrarse del todo, mezclándose, solapándose, con el resto de nuestros segundos. Como un acordeón de papel, que no reproduce ningún sonido, el tiempo se acelera, se detiene y se ralentiza a su antojo. A veces es el hilo narrativo en el que nos sumergimos, en el que nos contamos y nos explicamos a los demás. Otras, es el suspense hacia adelante. En la mayoría de los casos es la espera, eso que en palabras de Andrea Köhler se podría denominar como “el tiempo regalado”.

Precisamente, bajo este título, escribe la autora alemana en este breve ensayo que “en el mejor de los casos la espera será tiempo regalado, aunque la mayoría de las veces sea simplemente tiempo perdido; sin embargo en la espera el tiempo se convierte en algo palpable”. Y es posible que esta sea la reflexión más potente, más sólida, de todo su libro.

Experimentamos el tiempo gracias a la espera. Cuando esperamos, los instantes, los segundos, adquieren un tacto, una textura, un olor, una sensación que se apodera de nosotros y que los vuelve casi corpóreos. El tiempo pesa y se vuelve denso y lo ocupa todo. Ese vacío de poder, de estar, de hacer, es donde nos pensamos. Durante una época de mi vida, aún hoy, solía huir de esos espacios. No temía las horas muertas, sino ese aburrimiento del que Dieter Wellershoff afirma que “únicamente cierra el mundo para volver a abrirlo de nuevo”. Lo cuenta Köhler en su libro. Es el momento de la escritura. Y qué difícil es escribir/se, analizar un libro, cuando uno está ocupado esbozando su propio plan de huída.

No obstante, bajo esa idea, en El tiempo regalado su autora disecciona el minutero en un millar de esperas y empieza con la más obvia. Que es la del amor. Cómo el enamorado que espera ansioso la llamada del amado, o el mensaje en tiempos del WhatsApp, sufre. “El que ama muestra su debilidad siendo puntual”, afirma y a mí me parece una hipótesis indiscutible. O, continúa, “el que espera es el que más ama”. Bendita paradoja de la que no se puede salir. Nos pasamos el día esperando al otro. Y como nosotros, espera también el que escribe, el enfermo en la consulta del médico, el empleado la respuesta de su jefe, el viajero, el espectador, el anciano sus últimos minutos… Incluso la mujer, que no sale, no se mueve, espera paciente a su príncipe azul… En el cuento, sostiene Köhler, la espera es  vista como una maldición. “Hacer esperar es –de hecho- el privilegio de los poderosos”. ¿Lo habíais pensado alguna vez así?

Si bien es cierto que no siempre este ensayo arroja la misma luz, ni todas sus hipótesis se mantienen con la misma solvencia y contundencia, su autora consigue abordar diferentes aspectos del día a día que, aunque a veces sirven solo como una mera aproximación, algo que se queda en la superficie, constituyen un buen punto de partida para pensar y repensar la vida en sí como tiempo. Ella es la encargada de abrir todas esas puertas y dejar, de modo práctico y sencillo, que nosotros, los lectores, nos sumerjamos en esos universos que se nos plantean. Todo, al menos, pasa por ahí en este ensayo que arroja una nueva y original perspectiva sobre nuestra forma de sentir y de vivir las esperas. No aporta, eso sí, ninguna solución a ese tiempo regalado que a veces nos tortura porque nos obliga a ponerlo todo en perspectiva. Meses después, ocurre a veces, que seguimos en el mismo punto de partida. Aquí es donde estoy yo. Releyendo este estupendo ensayo. Planteándome que qué sería de nosotros si nos limitáramos a pasar por encima de la vida y no nos detuviéramos ni un instante. La espera es un regalo, sí. Pero el que nos hacemos a nosotros mismos.

 

 

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