
32 colmillos, de David Wellington

Estoy desolado. Abatido. Tristérrimo. Sólo ante el abismo. ¿Qué voy a hacer ahora? ¡¿Qué voy a hacer?! ¿Dónde voy a encontrar vampiros terribles y despiadados, vampiros que no se enamoren de humanos y cuya única preocupación sea satisfacer su necesidad de sangre, en definitiva…¡vampiros de verdad!? Ayer acabé 32 colmillos, la quinta y última parte de los Vampire Tales de Wellington, y me dio mucha pena despedirme de sus protagonistas. Es muy duro decir adiós a Laura Caxton, que tan buenos ratos nos ha hecho pasar. A pesar de ser ruda y poco dada a la emotividad, es una gran cazavampiros, dispuesta a sacrificar a humanos inocentes, incluso allegados a ella, para librar a la humanidad de esa plaga que son los vampiros. Duele saber que no vas a volver a saber de su novia Clara, que tan mal lo ha pasado. Ni de Glauer, Urie Polder, o el marshall Fetlock… No, al marshall Fetlock no me pesa no volver a verle, que le den.
Debo sobreponerme, debo sobreponerme…
