
El sentido de un final, de Julian Barnes

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Es ésta una grande obra
no así dice su tamaño,
decorados con ornato
veintidós cuentos con sorna.
Curas, frailes, monjas, mozas
intervienen con boato
y todas tornanse locas
cuando irrumpe el aparato.
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Lo primero que me vino a la mente al coger Mensajeros de la oscuridad y leer en la contraportada el nombre de Petra Delicado, fue la serie de televisión del 99 protagonizada por Ana Belén y Santiago Segura, de la que apenas vi cinco minutos en su día. No sé si la serie merecía la pena o no, yo era joven y tenía otras inquietudes a esas horas de la noche, entre semana; o veía otros programas/películas/series.
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El Santuario del Diablo me ha recordado mucho a Hitchcock, entre otros. La obsesión del mago del suspense con la idea del falso culpable (como refleja, por ejemplo en su película Falso culpable) o con la confusión de identidades –como es el caso del ya mítico señor Kaplan de mi admirada Con la muerte en los talones– eran asociaciones que no podía sacarme de la cabeza a medida que avanzaba en el libro. Y es que el tema de la confusión de identidades es algo que nos atrae y nos aterra al mismo tiempo. -¿Acaso no hemos pensado alguna vez cómo saldríamos del paso si nos acusaran de algo que no hemos hecho, con todas las pruebas incriminándonos en ese algo, y sin una coartada?- La mayoría de las veces se trata de una conspiración, de una encerrona que le han preparado al protagonista para cargarle algún muerto o quitárselo de en medio porque ha visto o descubierto cosas que no debía. Da igual lo que se que haya visto/oído/descubierto/o el muerto con el que deba de cargar; el mcguffin es lo de menos. Lo que nos importa es saber cómo va a resolver nuestro héroe la papeleta, si es que logra resolverla.
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Creo que no fue hasta el año pasado cuando conocí (televisivamente hablando) a Mario Vaquerizo. Hasta entonces ni zorra de quién era este tipo. Pero un buen día haciendo zapping me topé con él: un tío alto, extremadamente delgado y obsesionado con ello, blanco hasta casi la palidez, con melena lisa y vestido todo de negro. Había encontrado el reality “Alaska y Mario”, aunque, como comprobaría más tarde, debería llamarse “Mario y, por ahí al fondo, a veces pasa Alaska”, y en él seguían el día a día de la, -oxímoron al canto-, singular pareja.
En ese programa me voy enterando de que Vaquerizo se sacó la carrera de periodista, que ha publicado en Rolling Stone y El País de las Tentaciones entre otros; que es mánager de Elsa Pataky (cuesta comprender cómo cierra contratos internacionales viendo su nivel de inglés); agente de prensa de Fangoria, Silvia Superstar, Dover y mi admirado Marlango (incluso aparece Leonor Watling). Es también vocalista y líder del grupo Nancy Rubias (aunque afirma orgulloso que es playback lo que hacen y que ni saben ni, de momento, quieren aprender a tocar los instrumentos), DJ celebrity (también sin saber mezclar como reconoce), colaborador en El Hormiguero y marido de Alaska, de quien era fan y con quien se casó seis meses después de conocerla.
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Ya tenía ganas de hincarle el diente a éste Lobos de Arga, de la editorial Glenat (ahora renombrada Editores de Tebeos). A pesar de oir voces, creo que en mi cabeza, decirme – e incluso gritarme la más osada- que no me equivocara, que eran hombres lobo y no vampiros me mantuve firme en mi decisión. Y es que desde que vi el trailer de la peli protagonizada por Gorka Otxoa (el Pagafantas que saltó a la fama gracias a Vaya Semanita) y Carlos Areces (hombre chanantísimo donde los haya) supe que tarde o temprano acabaría viéndola. En un lado de la balanza estaban los actores, pero en el otro estaba la peligrosa mezcla -que tan pocas veces sale bien-, de terror y humor. Además tampoco soy mucho de hombres lobo, así que estaba en una indecisión. Ahora sí, ahora no… Pero al enterarme de la existencia del cómic, y con el motivo añadido de darles en los morros a esas voces de mi interior, decidí leer primero éste y si me convencía pagaría una entrada de cine actualizada ya con un escandaloso IVA del 21%.


Todo el mundo sabe que las manchas de sangre salen con agua fría. ¿O no lo sabe todo el mundo? Es igual. Lo sepa quién lo sepa, es así, es un hecho y no hay vuelta de hoja. Lo realmente importante es…¿qué harías por un amigo? ¿Hasta dónde te involucrarías por él o ella? ¿Y por un compañero de trabajo? ¿Ayudarías a una colega a deshacerse del cuerpo de su marido si supieras que él la pegaba y en un arrebato ella le ha matado?


El libro del que hablaremos hoy, jóvenes cazavampiros, -Gutiérrez, que le veo-, no es un libro propiamente dicho, sino una recopilación de documentos recopilados por la organización secreta El Círculo de la Estaca y el Tajo o CE&T a lo largo de los 250 años de existencia de la misma.
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