
El hombre que olvidó a su mujer, de John O´Farrell
Dicen que la memoria es algo extraordinario. Nos permite recordar quiénes somos, quiénes son las personas que amamos, nuestro trabajo, nuestros amigos, si sabemos conducir o no, si tenemos hijos o no, en fin, un montón de cosas. Lo que no nos dicen es que la memoria es algo tremendamente traicionero. Y es que muchos de nosotros, a veces, recordamos cosas que no son verdad, formamos recuerdos con imágenes parciales, y luego vienen los líos. Que si tú me dijiste esto, pero no, en realidad me dijiste lo contrario; que si ya hemos estado en este sitio, que yo me acuerdo, que sí que sí, pero hay una voz a tu lado que te dice que no, que es la primera vez, que parece que te pasa algo en la cabeza, que nunca has estado allí. Y así vamos yendo de un lugar a otro, con pequeñas lagunas o pequeñas modificaciones. Pero, ¿y si un día todo aquello que creías recordar se esfumara en un momento? ¿y si tuvieras una segunda oportunidad para vivir, de nuevo, la vida que habías creado? ¿Sería algo bueno o algo totalmente horrible? El hombre que olvidó a su mujer puede que no responda a estas preguntas técnicas, pero nos ofrece un cuadro tan divertido, que es muy difícil querer salir de sus marcos.
Vaughan no recuerda nada de su vida. En realidad, no recuerda nada que tenga que ver con sus vivencias. Y para colmo, cuando se reencuentra con su mujer, con esa mujer de la que acaba de enamorarse de nuevo nada más verla, se entera de que está divorciándose de ella. Será entonces cuando, a medida que vaya reconstruyendo su memoria, se dé cuenta que esta segunda oportunidad le ha venido en el mejor momento posible.
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