
Si de algo sabe Toni Hill, el autor que nos ocupa en esta reseña, es de crear historias llenas de intriga, misterio y suspense psicológico. Es de esos autores capaces de crear un universo muy diferenciado, con personajes muy humanos y misteriosos, no tan diferentes a nosotros mismos, que siempre recuerdas después de haberlos leído. Es algo que me ha pasado al leer sus novelas, sobre todo Los amantes de Hiroshima, mi favorita entre las que ha escrito, y lo que me ha ocurrido al leer esta.
Tigres de cristal es una historia ambientada en Cornellá que trata la historia de dos amigos, cuyos acontecimientos vividos en su infancia les acompañan durante toda su vida. También es la historia de un viaje emocional que nos lleva junto a sus personajes a recorrer las vías del perdón, el arrepentimiento y la culpa, entre otras emociones.
Tengo que reconocer que lo que más me ha gustado la novela, además del tema que trata y que os acabo de resumir en este anterior párrafo, es cómo lo relata y cómo nos los traslada a todos sus lectores. Toni Hill tiene una manera muy personal de empatizar con sus personajes y de hacer que sus lectores también lo hagan. Hasta el punto en que sientes que podrías ser ellos, que todo lo que les ocurre podría haberte pasado o te pudiera pasar en un futuro. Tanto lo positivo como lo negativo. Comenzando por esa relación de amistad tan especial entre los dos protagonistas: humana, típica, llena de errores y amor mutuo que, pese a todo, sobrevive con los años.
Y si a esto le unimos una ambientación espectacular y una trama creíble y llena de giros argumentales, se convierte en una novela que merece la pena leer. La forma que tiene el autor de llevarnos a los años 70 y de presentarnos a sus protagonistas, dos niños de familia de clase obrera y todo lo que están obligados a vivir, me ha encantado y me ha enseñado más de aquella época, de la que solo he escuchado pequeños fragmentos de vida. Pero también Tigres de cristal representa esto, un pequeño fragmento de vida que podría pertenecer a una historia real capaz de estremecernos y ponernos los pelos de punta. En mi caso, lo ha conseguido, tanto para bien como para mal.
Además, uno de los temas tratados en esta obra (no se trata de ningún spoiler, no os asustéis) es el fracaso escolar, y lo diferente que es en nuestros días a cómo era entonces. Si en aquellos años se podían encontrar más casos de agresiones físicas, en la actualidad vemos cómo casi siempre nos encontramos con más casos de daño psicológico y/o moral, cuyas secuelas pueden ser incluso más graves que las físicas. Un tema muy sensible y de actualidad que el autor ha sabido aprovechar muy bien y que trata, sin duda, con respeto y cuidado a lo largo de todo el libro.
No puedo hacer más que recomendaros una novela que no defrauda, que está increíblemente ambientada y que trata temas sensibles de una manera tan humana y empática que parece que estemos leyendo una historia real, que nos podría ocurrir a cualquiera de nosotros el día menos pensado. Toni Hill me ha vuelto a sorprender con una brillante narración, giros argumentales y construcción y evolución de sus personajes principales. Además, me ha encantado la forma que tiene de remontarnos casi 50 años atrás para contarnos esta historia y sentirnos como si viviéramos en aquellos años. Sin duda, una novela entretenida para reflexionar y pensar en qué cosas hemos cambiado y en qué cosas seguimos siendo como entonces.

Tengo que reconocer que, desde que leí 
«¿Qué es más importante: contar una buena historia o desenterrar la verdad?». Buena pregunta, ¿eh? Yo se la haría a más de un periodista, pero esto va de literatura. Y no lo digo solo porque vaya a reseñar un libro, sino porque este libro, Una historia casi verdadera, plantea esa pregunta en su portada y a lo largo de toda su trama, pero enfocada desde la perspectiva del mundo literario.
Si sois profes seguro que conocéis a Maestra de pueblo, ¿verdad? Esta chica se ha hecho muy famosa gracias a sus ingeniosas aportaciones en las redes sociales. Podéis encontrarla en Facebook o en Instagram. Os aseguro que os vais a reír mucho con ella. Sobre todo los que compartís profesión con la autora vais a sentiros muy reconocidos con sus memes.


El viento en la cara es Bilquiss. Y es que la mujer que protagoniza esta historia escrita por 
Nunca me había parado a pensarlo, pero el argumento de las novelas de 
Esta novela tiene dos protagonistas separadas en el tiempo, una es como la continuidad de la otra, la sombra, el rescoldo. Emma y Jane, pueden parecerse físicamente, pero tienen diferentes personalidades. Las dos acababan de pasar por situaciones duras y tristes, cuando deciden buscar una casa nueva para alquilar en 
Al menos una vez al año suelo sentir esa llamada. Puede surgir de forma involuntaria, por mera inspiración divina, pero por regla general viene provocada por algo concreto, ya sea no llegar a un balón de fútbol en un pase que iba a una velocidad ridícula o comprobar como aquellos pantalones que hace unos meses me quedaban muy holgados se han convertido de buenas a primeras en pitillos. Suele ser a partir de experiencias como estas cuando me fuerzo a coger las deportivas, la camiseta de algodón y la pantaloneta —o pantalón corto, para los no oriundos de La Rioja— y me lanzo a correr, sin mucha mayor planificación que parar cuando ya esté cansado o cuando se ponga muy oscuro el cielo, que luego toca volver.
La experiencia de estar embarazada es diferente dependiendo de la mujer de la que estemos hablando y de las condiciones del propio embarazo. Alma Obregón, a pesar de tener muchas náuseas y sufrir la pesadez de cuerpo que conlleva portar otra vida dentro, decidió adentrarse en un proyecto sintiendo el apoyo que Bruno le estaba dando desde lo más profundo de su cuerpo. Ese proyecto fue Un año de dulces. La bilbaína vio así recompensado su esfuerzo y un tiempo después, además de ser mamá, era la autora de un libro de recetas de postres que es todo un boom en el mercado.


Diez años después de la publicación de La catedral del mar (
Salimos a la calle para subir por el Raval mientras Lucía Conte nos habla de que ese lugar fue enclave de inmigrantes y esclavos anhelantes de libertad, que luchaban para un día poder pagársela y comenzar una vida nueva en Barcelona. Nos cuenta todo esto situándonos varios siglos atrás mientras nosotros – no sé si todos – vemos que por esas calles sigue habiendo gente luchando por un futuro mejor, o por un futuro simplemente, sea cual sea la raza; que no hace falta retrotraernos tanto. Escuchamos historias con eco antiguo pero vemos las mismas con color actual. Queremos decirle algo a Lucía pero la tenemos demasiado lejos.
lugar escogido para la presentación oficial del libro. Fuera, mientras esperamos a entrar, oímos a nuestro lado que hablan del talento de Falcones para enganchar al lector capítulo tras capítulo mediante hechos históricos. Hablan de
esclavos en la Barcelona medieval van hilvanándose para acabar hablando del mundo del vino, del que Falcones se declara gran amante y conocedor de su historia. También le escuchamos hablar de su idea a la hora de crear y es que para él una escena, una imagen o un pequeño párrafo de un libro olvidado, puede ser el chispazo de toda una novela. Ya le sucedió en La catedral del mar cuando le sobrevino la imagen de un joven cargando una piedra desde la montaña de Montjuic a la Catedral del Mar; y lo mismo le ha sucedido ahora cuando, leyendo, tuvo la idea de ese niño que se dedicaba a cargar las pesadas bolas sujetas a las cadenas de los esclavos para que estos se pudieran mover con mayor facilidad.
Y es así, sin preguntas y levantándonos al unísono, nos dirigimos cual niños de excursión escolar al Palacio Requesens, donde Penguin Random House tiene reservada la última sorpresa para todos nosotros: una comida medieval maridada por los vinos escogidos por el sommelier Juan Muñoz Ramos. Copa de cava en mano, las lenguas comienzan a destensarse y a olvidar la sequedad de más de dos horas de ruta y empiezan los saludos que han tenido que esperar todo ese rato. Nuevos contactos, tarjetas nominales pasando a manos ajenas, brindis, comentarios en alto sobre tal y cual sabor del plato, del vino, del ambiente. Pasan las horas, Ildefonso Falcones se dispone a firmar libros con su inseparable copa de hidromiel mientras avanza la sobremesa en el resto de mesas. La gente comienza a irse con su ejemplar firmado bajo un brazo y el obsequio de una botella de vino Fra Guerau en el otro. Empieza a vaciarse el salón, nosotros nos quedamos sentados inconscientemente y algo anestesiados, dudando de cuál es el verdadero motivo de todo lo que ha sucedido esa mañana. Y por qué hay tanta prensa. Tenemos a pocos metros la mesa presidencial con todos los altos cargos de Penguin Random House. Dudamos si levantarnos heroicamente y preguntarles sobre ello.
