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Seveneves, de Neal Stephenson

Seveneves

SevenevesMadre mía el señor Stephenson. Demoledor.

Estoy aún sin habla. Primero por el volumen de sus historias, 825 páginas de puro disfrute. Segundo por el poder narrativo, estilo depuradísimo, claro, objetivo y rozando lo académico. Y tercero por su imaginario, Seveneves es absolutamente arrollador y la novela es un derroche de imaginación brutal.

Os confesare que es mi primer Stephenson. Y que nunca he leído ciencia ficción dura. Y que me gustan más bien poco las novelas de más de 400 páginas.

Así que creo que en el momento en que me decidí a leer este libro no era del todo yo. Si quizás lo hubiera pensado dos veces, seguramente nunca me hubiera embarcado en un libro que a todas luces –para mí y mi zona de confort- era una locura monumental y un fracaso anunciado. Pero demonios, a veces estas decisiones compulsivas son las mejores, salen bien y te hacen descubrir historias absolutamente alucinantes. Como Seveneves.

Dejadme que os ponga en antecedentes: en la época más o menos actual, un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad –y de la tierra- hace que solo le queden dos años habitables al planeta. Transcurridos esos dos años, la tierra se volverá inhabitable durante cinco mil años. Cinco mil años. Durante ese eterno periodo, el planeta azul no será más que una bola incandescente parecida al sol.

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La estirpe de los niños infelices

La estirpe de los niños infelices, de Beatriz Becerra

la-estirpe-de-los-ninos-infelices-9788415614715El peso tremebundo de la desesperanza, detenido como un
fotograma en blanco, congelado por el aliento de la verdad

 

Uno de los compromisos que uno adquiere tras la lectura de este libro es el de enfrentarse al velo de silencio con el que se suele tratar el tema del que se ocupa, de modo que antes de comenzar me siento obligado a dar ejemplo y decirlo claramente y sin andarme por las ramas: La estirpe de los niños infelices trata del suicidio infantil. Y no les voy a engañar, no por hermoso, que lo es, es menos duro. Es un libro desgarrador y doloroso y es probable que lloren con él, pero les voy a pedir algo: si es así recojan las lágrimas y usenlas, qué se yo, para regar los geranios. De este libro no debe salir nada que no sea útil y las lágrimas no son una excepción. Y si no las aprovechan las plantas que al menos las aprovechen los lectores para concienciarse de la existencia de un trágico problema ante el que, como sociedad, mantenemos los ojos inexplicablemente cerrados. Algo ya ha logrado La estirpe de los niños infelices y es que gracias a esta novela se presentó y aprobó por unanimidad una iniciativa legislativa en el congreso para prevención del suicidio, que es un buen comienzo, aunque el paso definitivo lo debemos dar todos, y no sólo las autoridades.

Hilvanados por la historia personal de la toma de conciencia de este problema por parte de Lola, una psicóloga gallega, Beatriz Becerra nos presenta diez casos de niños infelices que decidieron pasar al otro lado en busca si no de la felicidad sí al menos de un poco de descanso, de paz. Diez niños que no querían matarse, pero sí morirse como le ocurre a uno de los pacientes de Lola, la protagonista con permiso de los que verdaderamente lo son. La estirpe de los niños infelices es un libro de ficción, lo cual es una muestra de  inteligencia de la autora y no sólo porque ese hecho nos haga el acercamiento a estas historia más digerible, sino porque ¿qué si no la ficción podría ser una herramienta eficaz para modificar la realidad? Pero decía que son casos de ficción, y es cierto, pero no en el sentido de ser imaginados sino que han sido creados no tanto como invención cuanto como alquimia, como destilación de la realidad: a partir de una investigación de miles de casos reales la autora ha logrado destilar la esencia de su realidad en estas diez gotas de concentrado, en estos diez casos que abarcan tal diversidad de tiempos y de lugares que en realidad parecen de todo tiempo y de todo lugar y esa naturaleza suya permite a estos niños infelices erigirse el representantes legítimos y eficaces de toda su estirpe. Sigue leyendo La estirpe de los niños infelices

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Pandora en el Congo

Pandora en el Congo

“Pandora en el Congo”, de Albert Sánchez Piñol

pandoracongo16De no ser porque una amiga me lo regaló, ni de coña hubiera leído nunca este libro. Un libro de aventuras en África, con porteadores negros cargados hasta límites sobrehumanos y tratados como esclavos a las órdenes de dos blanquitos en busca de fortuna en plena caída del colonialismo. Pfff… Simplemente imaginarlo me aburría. Muy visto, muy clásico, muy… de todo. Sólo me producía una cosa: pereza. Bueno, no; dos cosas: pereza y rechazo. Ya había demasiados libros y películas en toda la historia de la humanidad que se habían ocupado de lo mismo. Pasaba. A por otro, pensaba entonces.

Además, por la época en la que salió Pandora en el Congo, el 2005, tenía fresco el recuerdo del anterior libro del autor, La piel fría. (Algo curioso, porque mira si tengo mala memoria que cuando leo un libro suelo olvidarme de él en un plazo (asquerosamente) breve de tiempo, pero con La piel fría todavía hoy retengo algún que otro retazo y no puedo sino catalogar ese libro como bizarro). Recuerdo unos bichos, como lagartos y el protagonista enrollándose con una de las hembras… ¿Zoofilia? Posiblemente. Sí. Casi seguro que sí.

En fin, que mi memoria es, parafraseando el libro que nos ocupa, como una mujer eternamente preñada: siempre tiene caprichos.

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¡Me ha dicho mamá que no me quieres!

¡Me ha dicho mamá que no me quieres!, de Carmen Serrano

me ha dicho mama que no me quieresEl título es evidente. No seré yo quien opina que ser padre es una tarea fácil, exenta de sacrificios, libre de obligaciones, al más puro estilo oasis encontrado en el desierto. Es cierto, la paternidad da algo verdaderamente hermoso: tus hijos. Pero a partir del mismo instante en que esa pequeña criatura entra en tu vida algo va a cambiar y es mucho mejor que nos demos cuenta de ello desde el primer momento. Pero este no es un manual de estilo parental, o al menos no de esos manuales técnicos que invitan a abrir la primera página y cerrarla en la segunda porque de los párrafos que has leído sólo te has enterado realmente de lo que pone en una palabra, cuando todo lo demás eran las enfermedades que el niño puede tener al nacer. Lo que aquí sigue es, por decirlo de una manera simple y llana, para el más común de los mortales (entre los que me encuentro), una oda al sentido común y un grito de guerra contra aquellas malas praxis que son evidentes, pero que en algunos momentos se justifican, sin saber muy por qué. ¡Me ha dicho mamá que no me quieres! Un título revelador por la tristeza que desprende, pero con el que, habiendo tratado en algún momento, por cuestiones de profesión, yo me siento identificado. Quizá por eso este libro me llamó la atención, o quizá es por lo que sigue a continuación de este título tan profético…

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El saltamontes verde

El saltamontes verde, de Ana María Matute

el saltamontes verdeHola Ana María Matute,

Escribo esta carta en forma de reseña, o esta reseña en forma de carta, la decisión no la tengo muy bien tomada todavía, porque necesitaba un nuevo formato para decir lo que he venido a decir. Es curioso, los niños como yo, que crecimos hace mucho tiempo contigo, con lo que escribías susurrándonos al oído y haciéndonos crecer, seguimos manteniendo esa mirada inocente que sólo nos dio la literatura cuando todo lo demás caía en picado. Fuiste, por decirlo de una manera, un bote salvavidas con tus cuentos, con las historias que escribías y que nos hacían volar a mundos lejanos, pero a la vez tan cercanos que sólo era cuestión de estirar un poco el brazo, abrir nuestra mano, y poder rozar a los personajes que leíamos al pasar las páginas. Y hablo de niños, porque hablo de cuentos, pero también hablo de adultos, porque aquí estoy yo, años después, hablándote directamente, por carta, por reseña, sin una voz que le ponga el tono adecuado a esta misiva, para contarte que he vuelto a la infancia, que he recuperado esos años que no debieron perderse por el camino nunca. ¿Y por qué?, preguntarás después de este párrafo. Es sencillo. Porque por avatares de la vida ha llegado a mis manos, otra vez, El saltamontes verde y la esperanza ha vuelto a hacer acto de presencia. Pero tengo más que contarte, si sigues leyendo lo entenderás a la perfección…

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El hombre del revés

El hombre del revés, de Fred Vargas

El hombre del revésEn mi opinión, el verano es el momento perfecto para leer a tus autores fetiche. El relax, el buen tiempo y las vacaciones hacen que leas los libros de tus autores favoritos con muchas más ganas. Por eso no he dudado en llevarme en mi maleta una novela de mi querida Fred Vargas, la cuarta que leo de su personaje Jean Baptiste Adamsberg, para mí el mejor protagonista de literatura negra y policiaca actual, como ya os comenté hace tiempo en esta entrada.

Si leéis todas las reseñas que he hecho de los libros de Fred Vargas sabréis que soy un auténtico fan de su forma de escribir, pero siempre he tenido una pequeña pega; leer los libros de la saga sin ningún orden hace que seguir la evolución de muchos personajes que rodean a Adamsberg sea algo difícil y embarullado.

Dispuesto a subsanar mi error, hace poco me fui a la librería y me compré todos los libros que tenían de la autora, para así poder leerme las aventuras de Adamsberg en el orden que fueron concebidas. Es por eso que, tras reseñar hace años el primer libro de la saga “El hombre de los círculos azules”, tocaba el turno a “El hombre del revés”, libro que hoy os traigo al blog. Sigue leyendo El hombre del revés

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Revisitando los 80

Revisitando los 80, de Miguel Herrero

9788415839385En el prefacio a Revisitando los 80, el doctor en Ciencias Sociales y crítico de televisión Antonio Sempere dice que Miguel Herrero, el autor, es el hombre que más sabe de televisión española del mundo. Tras leer el libro, por lo menos podemos afirmar con conocimiento de causa que debe de ser el hombre que más sabe de la televisión española de los años 80 y de toda la producción cultural, social e informativa derivada de ella en aquellos maravillosos años.

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Los forajidos del Misisipí

Los forajidos del Misisipí, de Allan Pinkerton

los forajidos del misisipiParte el tren de mercancías. El lector corre a su lado, lanza su hatillo al vagón y se agarra del brazo que le tiende Pinkerton. Sube. Sólo faltan treinta millas. Cuando cruce la frontera del estado, estará por fin fuera de peligro. Pinkerton le ofrece la petaca. El lector echa un largo trago de bourbon, se seca los labios con la manga, se coloca el sombrero sobre los ojos, y se dispone a dormir mientras su compañero de aventuras entona una triste melodía con la armónica. Vemos alejarse el tren hacia el horizonte, allá donde se pone el sol, donde los bandoleros se gastan los cuartos y los hombres sueñan con encontrar oro. Pero en realidad su destino es aún mejor: una sesión de cine de verano al aire libre.

Porque a primera vista, Los forajidos del Misisipí podría parecernos un spaguetti western al que no le faltan ni un solo ingrediente: asaltos a trenes, tiroteos desde una casa rodeada, linchamientos, arenas movedizas, forajidos que consiguen escapar y ocultarse durante días entre los maizales, barcos de vapor que surcan el Misisipí y cuatreros que mueren atrapados entre las palas de sus ruedas. Sin embargo, nos encontramos más bien en un mundo donde los duelos de pistoleros al sol de mediodía en la calle mayor empiezan ya a ser cosa del pasado. La conquista del oeste hace tiempo que puede darse por concluida y los crímenes ya no los resuelve el sheriff del condado. Más que un remedo de western, esta obra, como las muchas que escribió Pinkerton, marca el inicio de la novela negra o la de detectives. Hablamos, por ejemplo, de Conan Doyle o de Dashiell Hammet.

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Una mamá española en Alemania

Una mamá española en Alemania

Una mamá española en Alemania, de Fátima Casaseca

Una mamá española en AlemaniaDicen que ser madre de una criatura da la felicidad. Y digo dicen porque yo, hombre soltero y sin hijos, no puedo opinar con acierto sobre el tema. Después, dicen que la parejita es una bendición del cielo: juegos por doquier, alianzas entre los hermanitos, una ricura de vida vaya, pero yo tampoco puedo opinar porque no tengo ni uno ni dos hijos a mi cargo (o al menos eso creo). Y por último dicen que tener tres hijos es… bueno, en realidad que es una broma pesada. Tres, la santa Trinidad, los lados de un triángulo equilatero del demonio. Y sí, de esto puedo opinar porque me he leído, de la primera a la última, no se vayan a pensar que por ser un libro titulado Una mamá española en Alemania yo no me lo voy a leer de pe a pa, y en él hay mucha risa, mucho humor (del bueno, no se piensen, de ese humor desmitificador que a todos une y a muchos revienta), y lo que me queda claro es que tener hijos sí, da la felicidad, pero a un pequeñito precio: el del sudor que se te cae en la frente cuando tienes que batallar contra tres criaturitas, tres angelitos, tres adoradores de la santa trastada, y además te ves en un país que no es el tuyo, sino en el del maromo del que te has enamorado, y que te ha dado tres hijos como tres soles, abrasadores como ellos solos, pero que te dan calorcito en las noches de invierno. Ser madre de tres hijos tiene que ser bonito después de todo, y si no lo creen, esperen y lean, que aquí estamos para eso.

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Diez negritos

Diez negritos, de Agatha Christie

diez negritosEl género negro se nutrió, durante muchos años, de una escritora que nos hizo vibrar de emoción a aquellos que descubríamos este tipo de historias. Su nombre fue: Agatha Christie. Hoy en día nadie debería negar que, al hablar de esta mujer, estamos hablando de la mente criminal más prolífica de todos los tiempos. Y lo más curioso de todo es que, hoy en día, por mucho que se editen numerosas historias, cada una de las personas que vienen a mí en busca de alguna historia que recomendarles, me siguen preguntando directamente por las historias de esta escritora. Sí, las grandes obras nunca pasarán de moda, y aunque ya lo he dicho en alguna otra ocasión, hace tiempo me dijeron que toda obra que no superara los diez años en el recuerdo de los lectores, no se podría considerar un éxito. Así que, ¿dónde nos deja eso hablando de una obra que ya va por su setenta aniversario? Sólo nos puede dejar en una posición: estamos ante algo bueno, algo bueno de verdad. Una historia que ha dado para mucho, que ha inspirado a cineastas, que ha inspirado a otros escritores, que ha inspirado hasta a creadores de videojuegos. Y es que cuando una buena historia hace acto de presencia, puede impregnarlo todo, aunque lo que guarda en su interior sea algo oscuro, sea algo sangriento, sea algo mortal, como sólo lo puede ser aquello que escribe la reina del crimen. ¿Preparados para encontraros con la muerte? Pues allá vamos.

Diez personas reciben una invitación para pasar unos días en la mansión de un desconocido. La primera noche, se les acusa a cada uno de haber cometido un crimen. Es entonces cuando, lo que parecía una broma pesada, se convierte en pánico, cuando uno de los asistentes muere ahogado ante los ojos de los demás. Todo parece indicar que alguien está haciendo caer uno a uno a los asistentes, mientras una macabra canción les avisa que “diez negritos fueron a cenar, uno se ahogó y quedaron nueve…”

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La verdad sobre el caso Harry Quebert

La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

La verdad sobre el caso Harry QuebertHarry Quebert. Un nombre odiado por algunos y adorado por otros. Pero, desde luego, un nombre que no ha dejado indiferente a nadie. Resulta raro, después de las muchas críticas que he leído al respecto de este libro, reseñarlo para todos vosotros. ¿Quién no ha oído hablar de La verdad sobre el caso Harry Quebert? Puesto en bandeja para todos los lectores, con grandes promociones como no se habían visto en los últimos años, se trata de una historia que, para bien o para mal, todo el mundo quiere leer, aunque sea solamente para poder hacer su propio balance de lo leído. ¿Que cuál es el mío? Tendréis que leerlo más adelante, el misterio es el misterio. Pero si aparece aquí, ya es por alguna buena razón, y eso es lo que cuenta en un principio. Pero por no quedarnos en lo superficial e ir ahondando un poco más en la novela que me trae hoy aquí, iré desgranando poco a poco lo que he descubierto con este libro que, sí, si tengo que decirlo ya, me ha gustado, diría que es una de mis lecturas de este año, pero con argumentaciones de por medio, que es como me gusta hacer las cosas a mí. Así que, después de esta introducción, sólo nos queda meternos de lleno en materia. Prepárense, porque vienen curvas…

Harry Quebert. El nombre que se ha quedado grabado en la historia de un pueblo: Aurora, y en la vida de un escritor: Marcus Goldman. Cuando el cuerpo de una niña de quince años aparece en el jardín de Harry Quebert, será su amigo Marcus el que empiece a desentrañar los misterios que rodean la muerte de la pequeña, y destapará aquellos secretos que, en el pueblo, no deberían haberse destapado nunca. Porque a veces, lo que está bajo tierra, debe permanecer en descanso.

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Ladrón de ladrones

Ladrón de ladrones 1, de Varios Autores

ladron-de-ladrones-1Ladrón. Persona que roba. Que se lleva lo que le es ajeno. Que coge sin pedir prestado. Eso es un ladrón. Si a eso le añadimos una organización perfecta por detrás, tendremos lo que llamamos un ladrón de guante blanco. Y habrá veces que al ladrón le saldrán bien las cosas y otras en que las pifiará de tal manera que tenga que llevar a cabo una acción digna de mención. No sé por qué, a mí, cada vez que una historia de ladrones aparece, me llama la atención. Supongo que es porque toda esa adrenalina, toda esa planificación, los objetivos, el desear algo e ir a por ello, es siempre algo que me ha llamado la atención. Recuerdo que, cuando era un poco más pequeño, me quedaba embobado viendo en la televisión películas que tuvieras que ver son robos y cómo, en su final, el argumento daba un giro de ciento ochenta grados y yo me quedaba asombrado, entusiasmado, y con la sonrisilla fácil como diciendo “me la habéis colado, qué bueno”. Así que cuando leí Ladrón de ladrones volví a tener esa sensación de asombro ante lo que estaba leyendo, ante los giros de guión de la trama, intentando descifrar, antes de pasar la página, qué es lo que pasaría a continuación. Y siempre me equivocaba. Al final tanto leer no me va a servir para llegar a conclusiones rápidas, pero casi mejor.

Conrad Paulson decide dejar su profesión. Es el mejor ladrón que existe. Pero un buen día, después de haber anunciado que lo deja, tiene que volver a ponerse manos a la obra porque su hijo, con el que mantiene una relación bastante turbia, se ha metido en problemas. Empezará entonces la verdadera historia de Conrad Paulson, el mejor ladrón que existe, el ladrón de ladrones.

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