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Una caja de galletas, de Josep Salvia

Una caja de galletas

Una caja de galletasDice Josep Salvia en las últimas páginas de este cómic que en todas las casas hay una caja de galletas llena de recuerdos y que antes de que sea demasiado tarde deberíamos preguntar a nuestros abuelos por ellos. Y me es inevitable sonreír con cierta nostalgia, porque sí, en mi casa había una caja de galletas. Estaba repleta de postales, fotos en blanco y negro de personas que no había visto nunca, cartas escritas en braille por mi tío ciego y hasta un retrato roto de Elvis Presley, de cuando mi madre era adolescente. Y yo abría esa caja una y otra vez, y preguntaba a mi abuela. Preguntaba tanto, que creo que soy el miembro más joven de mi familia que aún atesora recuerdos familiares de hace casi un siglo.

Desgraciadamente, yo era muy pequeña entonces y el paso de los años hace estragos en la memoria. Ya he olvidado gran cantidad de detalles y hasta historias completas. Pero ya no está aquella caja de galletas ni tampoco mi abuela para que la atosigue con mis preguntas. Más suerte ha tenido Josep Salvia, pues él ha llegado a tiempo para retratar sus historias familiares en este cómic: Una caja de galletas. Una historia de guerras y dibujos.

El germen de este libro lo encontró Josep Salvia en la caja de metal que su abuelo Clement guardaba en el armario. En ella había una foto en la que el hombre aparecía junto a un grupo de compañeros, todos ellos jovencísimos y vestidos con uniforme. Esa foto despertó su curiosidad y preguntó a todos los familiares que habían vivido en aquella época. Así pudo reconstruir las aventuras y desventuras de su abuelo Clement, chófer de un oficial durante la guerra civil, y su tío abuelo Claudi, encargado de transportar a los milicianos de Durruti. Entre los momentos más impresionantes para mí, destaca que presenciaran la caída de las bombas en la basílica del Pilar, que afortunadamente no explotaron y que todavía se exhiben allí. Y entre medias de estas historias se cuela Manuel Goas, un hombre sanguinario del que poco a poco vamos descubriendo más detalles.

Pero Una caja de galletas no solo se compone de las historias sobre la guerra civil que sus familiares le han contado, sino de las propias vivencias de Josep Salvia al abrirse paso en el mundo del cómic, y hasta de la propia historia de esta obra, que comenzó siendo algo muy diferente hasta que, por diferentes rechazos y desencuentros, acabó reconvertida en lo que ahora es. Lo que me ha hecho recordar Mauss, la célebre novela gráfica de Art Spiegelman, en la que también se entrelazaban los duras experiencias vividas por el padre del autor durante la Segunda Guerra Mundial con el proceso creativo del cómic mismo. Aunque el sentido del humor es un elemento fundamental en Una caja de galletas, a diferencia de la obra de Spiegelman, que tiene un enfoque mucho más desesperanzador.

Como Josep Salvia reconoce, Una caja de galletas. Una historia de guerras y dibujos es un «cómic sobre las aventuras de una familia catalana atrapada entre el fuego cruzado de la guerra y el arte de un dibujante también ávido en esto de esquivar las balas. Aunque sean de editoriales». Así que, al mismo tiempo, la creación de este cómic le ha servido como terapia para digerir los vaivenes de tu trayectoria como ilustrador y como reivindicación de la figura de los abuelos, esos que son «nuestro patrimonio de la identidad». Un cómic por momentos duro, pero sobre todo entrañable, que nos recuerda que no debemos dejar morir esas historias que nos esperan guardadas en el interior de una caja de galletas de metal. Yo, por mi parte, le tomo el testigo a Salvia y haré lo que esté en mi mano para que las historias que me contaba mi abuela no desaparezcan conmigo.

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Cthulhu #18: Sheridan Le Fanu, de VV. AA.

Cthulhu 18

Cthulhu 18Si sois aficionados al cómic de terror y a la ficción oscura, es posible que ya conozcáis la revista Cthulhu de Diábolo Ediciones. En  2017, esta publicación ha cumplido diez años. Diez años dedicados a homenajear a grandes autores del género (Arthur Machen, H. P. Lovecraft, Ray Bradbury…) y a hacer especiales temáticos (fantasmas, zombis, vampiros, humor negro…), gracias a guionistas e ilustradores españoles.

Yo no había reparado en esta revista hasta que vi que su entrega número 18 estaba dedicada a los relatos de Sheridan Le Fanu, el padre del cuento moderno de fantasmas y pionero de la novela de vampiros, al que descubrí gracias al libro Shalken, el pintor, recientemente publicado por Yacaré libros. Eso, unido al nombre de Carles Esquembre, ilustrador que me fascinó con su novela gráfica Lorca. Un Poeta en Nueva York y que participa en este número de la revista, me hicieron interesarme por Cthulhu #18. Y, la verdad, la experiencia ha sido la mar de satisfactoria.

Para empezar, la introducción, firmada por Javier Alcázar, nos acerca la figura de Joseph Sheridan Le Fanu, un hombre que vivió recluido durante años, tras la muerte de su esposa, escribiendo sin parar, lo que le valió el sobrenombre de Príncipe Invisible. Pese a su significativa aportación a la literatura de terror, nunca recibió todo el reconocimiento que merecía, ni en vida ni póstumamente. Sus relatos se han recogido en decenas de antologías, que Alcázar comenta y nos recomienda, pero su prolífica obra no había sido adaptada al cómic hasta ahora, a diferencia de otros autores coetáneos, como Poe, mucho más populares en la actualidad. Así que Cthulthu #18 se encarga de que el noveno arte salde su cuenta pendiente con Sheridan Le Fanu.

Para ello, los artistas Pablo Barbieri, Alfonso Bueno, Alejandro Castroguer, Roberto Corroto, Carles Esquembre, Samuel Guerrero, César Herce, Juan Luis Iglesias, Carlos Lamani, Edu Molina, Mortimer, Manuel Mota, Vicente Navarro, José Oliver, Taco Silveira, Diego Simone, Bartolo Torres, Ricardo Vilbor, Juaco Vizuete y Paco Zarco han reunido sus talentos para adaptar y versionar algunos de los relatos de Sheridan Le Fanu: «El pacto de Sir Dominick», «Éxtasis y agonía», «El gato blanco de Drumgunniol», «Mircalla», «Melancolía», «La sed de los muertos», «La sangre que sube del pozo» y «El perverso capitán walshawe». Además, la revista incluye un relato original, «La primera noche después de la eternidad», con evidentes influencias del autor homenajeado, y una historieta con el propio Le Fanu como protagonista.

Familias caídas en desgracia por hacer peligrosos pactos con señores misteriosos, seres humanos que se transforman en bestias para desatar sus instintos o buscar venganza, seductoras jóvenes que arrastran al vampirismo a otras y la muerte siempre presente, como una condena eterna. Relatos que sentaron las bases de la literatura de terror y que merecen ser recordados y versionados para seguir presentes en la literatura actual.

La revista Cthulthu recibió el premio Imagina Málaga a la mejor edición andaluza en 2009, fue nominada como Mejor Revista en el Salón del Cómic de Barcelona en 2010 y 2011 y obtuvo el XXXV Premio Diario de Avisos a la mejor revista en 2012. Y no me extraña que haya recibido tantos reconocimientos, porque es una gozada releer clásicos del género en formato cómic y ver, en un solo volumen, el fantástico trabajo de numerosos ilustradores y guionistas españoles. Así que, ahora que la he descubierto, estaré pendiente de sus próximos números, para seguir adentrándome en el género de terror y de la ficción oscura de la mano del noveno arte.

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Una hermana, de Bastien Vivès

Si hay una edad peor que la adolescencia, es precisamente la de los años anteriores. En la adolescencia, por lo menos, a pesar de nuestras crisis de identidad, de no saber quiénes son nuestros amigos, qué queremos, a pesar de enemistarnos con nuestros padres, de llevarnos traumáticas decepciones con el amor, y de sentir que hay una conspiración universal contra nosotros, a pesar de todo ello, somos fuertes, descubrimos la independencia, sabemos muy pero que muy bien todo lo que podemos hacer con nuestro cuerpo, y nuestra capacidad de aguante en esos años nos maravillará al recordarla con flácida nostalgia en nuestra madurez.

Pero los años que preceden a esa edad terrible e inolvidable, ¿qué nos pueden ofrecer? Un cuerpo que se nos escapa por las perneras del pantalón, un ridículo bigotito que odiamos pero que nos negamos a afeitarnos hasta que un día vamos al cole con el colacao pegado a los pelos, miedo al matón del barrio, incapacidad de controlar nuestras lágrimas y pánico a enrojecer. No sé si vosotros vivisteis así esos años, pero tanto yo como Antoine, el protagonista de esta excelente Una hermana, sabemos muy bien de lo que estamos hablando.

Algo tiene el verano, que multitud de historias de iniciación transcurren en esa época. Esos meses, que los mayores piensan están repletos de juegos sin fin, despreocupación y felicidad absoluta, pueden ser, en ausencia de los amigos que forman nuestro mundo, de un tedio y una soledad demoledoras. Y es entonces cuando sucede aquello, cuando aparece aquella persona, y de repente todo cambia.

En la vida de Antoine quien aparece es Hélène, hija de una amiga de su madre que acaba de sufrir un aborto. Oyendo la conversación de sus padres, Antoine descubre que también su propia madre sufrió un aborto antes de que él naciera. Podría, pues, tener un hermano mayor… o una hermana, y ésta tendría la misma edad que Hélène.

Hélène ha superado los miedos y las vergüenzas que, imagino, también sufren las niñas en su preadolescencia. El dolor que siente ahora, tras el aborto de su madre, la ha arrancado para siempre del mundo de la inocencia, y se refugia de ese dolor fumando, bebiendo, yendo con chicos y pasándose las horas muertas watsapeando, consciente de que no está haciendo nada que no hagan los mayores. Pero la aparición en su vida de Antoine y de su hermano pequeño Titi la va a marcar de forma tan profunda como ella marcará la de él.

Bastien Vivès ha creado en Una hermana, esta sencilla pero extraordinaria novela gráfica, un retrato sincero, tierno y sin un ápice de sentimentalismo, de una etapa en nuestra vida que, quizá, determina nuestro porvenir de forma más decisiva que la tan cacareada adolescencia. Con un estilo inconfundible en el que los rostros son apenas un puñado de curvas y una sombra, el autor nos muestra un pedazo (en todas sus acepciones) de vida, una historia de miedo, soledad, sexo, amistad, descubrimiento, muerte y, sobre todo, esa intensidad con la que vivimos apenas un puñado de momentos de nuestra vida.

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Gnomos, naranjitos y mosqueperros, de Juan José Zanoletty

gnomos naranjitos y mosqueperros

gnomos naranjitos y mosqueperrosEs posible que si te digo que voy a hablar de Claudio Biern Boyd, no tengas ni idea de quién es. Tal vez, si añado que le han llamado el Walt Disney español, tampoco. Es más, apuesto a que te ríes y piensas que estoy exagerando. ¿Walt Disney español? ¿Tenemos de eso? ¿¡Nosotros?! ¡Venga ya!

Así que probaré con esta canción, a ver si te es familiar:

«Eran uno, dos y tres
los famosos mosqueperros.
El pequeño D’ Artacán
siempre va con ellos…».

O esta:

«Son
Ochenta días son.
Ochenta nada más
para dar la vuelta al mundo…».

¿Y qué me dices de esta?:

«Soy siete veces más fuerte que tú,
muy veloz.
Y siempre estoy de buen humor».

¿A que ya empiezas a recobrar la memoria? Reconócelo: no has podido leer esas estrofas sin cantarlas. ¡Y han pasado más de veinte años desde que te sentabas con la merienda delante del televisor! Qué bonitos recuerdos, ¿verdad? Pues dale las gracias a Claudio Biern Boyd, el hombre ese del que te hablaba al principio. Su equipo de BRB Internacional y él son los creadores de muchas de las series de dibujos animados que marcaron nuestra infancia. Y Juan José Zanoletty nos habla de ellos en Gnomos, naranjitos y mosqueperros.

Es normal que oír «el Walt Disney español» nos suene a guasa. Y es que nunca ha habido en España una industria de la animación consolidada que pudiera hacer frente a las producciones norteamericanas y japonesas. Pero durante muchos años existió BRB Internacional, que logró abrirse hueco y ser reconocida a nivel mundial. Desde 1980 hasta 2016 crearon cuarenta y cuatro series para televisión y distribuyeron otras tantas —Banner y Flappy, El bosque de Tallac (Jackie y Nuca, para la mayoría) o Tom Sawyer—, que se ganaron el corazón de varias generaciones de niños. En Gnomos, naranjitos y mosqueperros, Juan José Zanoletty se centra en las series producidas de 1980 a 1994, el periodo más exitoso de BRB Internacional.

En su particular «vuelta al mundo en dibujos animados», el viaje comienza con Ruy, el pequeño Cid, la primera serie producida por el equipo de Biern Boyd, en la que se contaba la vida de Rodrigo Díaz de Vivar. A esta le siguieron las famosas D’Artacán y los tres mosqueperros, La vuelta al mundo en ochenta días de Willy Fog, David el gnomo, Sandokan, Mortadelo y Filemón y Zipi y Zape, donde usaron la literatura como principal fuente de inspiración.

No se quedaron ahí. Supieron aprovechar el tirón de grandes eventos como el Mundial 82, con la serie Fútbol en acción, protagonizada por Naranjito, y las Olimpiadas del 92, con La troupe de Cobi (capítulos en los que el autor nos cuenta, además, cómo se seleccionaron la famosas —y criticadas— mascotas), así como la Exposición Universal de 1992 y el V Centenario del descubrimiento de América con la serie Las mil y una… Américas. Pero no solo eso, ya que en BRB Internacional también hicieron sus pinitos como divulgadores de ciencia con el concurso Los sabios, presentado por Andrés Caparrós e Isabel Gemio.

Además de recordarnos de qué iban todas estas series y muchas más, encontramos curiosidades sobre ellas (¿a qué se debía ese empeño en transformar en animales a los protagonistas de los clásicos de la literatura de Dumas, Verne o Salgari ?), la censura o cambios que se llevaban a cabo según el país en el que se emitían, el proceso de creación (¿por qué se delegaba la animación a otros países?) y los dimes y diretes de la industria del entretenimiento. Todo eso hace que Gnomos, naranjitos y mosqueperros no solo sea un viaje nostálgico a nuestra infancia a través de sus series de dibujos animados, sino un reconocimiento a Claudio Biern Boyd y su equipo. Demostraron que en España también se podían crear series comerciales, llenas de aventuras y humor, sin dejar de lado los valores y los buenos guiones.

Que cada cual valore si el apelativo del Walt Disney español le queda grande o no a Claudio Biern Boyd. Lo que este libro y su trayectoria demuestran es que, sin duda, es uno de los padres de la animación moderna europea, que no es poca cosa tampoco. Así que hagámosle hueco en nuestra memoria, junto a esos personajes y esas canciones inolvidables que nacieron gracias a él.

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Miau, miau, miau. Los gatos en el cine, de Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona

Miau, Miau, Miau. Los gatos en el cine

Miau, Miau, Miau. Los gatos en el cineSí, soy yo. ¿Quién si no iba a traeros esta reseña sobre gatos en el cine? Si el tiempo que paso hablando sobre gatos, leyendo sobre gatos y escribiendo sobre gatos lo hubiese empleado en sacarme una oposición mi madre estaría mucho más contenta con su hija la loca de los gatos. Pero qué  le vamos a hacer, a cada uno le da por lo que le da y a mí me ha tocado esta tara felina. O este don, porque ya puestos, vamos a hacer que suene bonito.

Es indudable que el animal rey de las pantallas de cine es el perro. Sus apariciones en películas, series y demás son muy numerosas, pero claro, eso es irse a lo fácil. Porque los perretes son muy nobles, pero también mucho más facilones en el trato. Contar con gatos en el cine sí que es todo un reto. A veces casi lo es enfrentarse a ellos en el día a día de un piso de 90 metros cuadrados… imaginad lo que debe ser un gato en un estudio de cine. Aun así, estoy segura de que se os vienen un montón de escenas de cine a la cabeza en la que aparecen gatos. Venga, si estoy fuera el Un, dos, tres, ¿cuántas películas que incluyan gatos en sus escenas podríais nombrar? Tic, tac, tic, tac.

Seguro que todos habéis visto Desayuno con diamantes y aquella escena final en la que Audrey Hepburn llora desconsolada con su gato bajo la lluvia. Hay un truco: durante el rodaje de la película usaron once gatos distintos para interpretar a Gato. Seguro que recordáis a la teniente Ripley y su gato naranja. También hay gatos en el lado oscuro (cómo no), gatos igual de malvados que sus dueños como el felino de raza egipcia (esos gatos que no tienen pelo) que sostenía el doctor Maligno en Austin Powers o aquel que Marlon Brando acariciaba en su regazo en El padrino. Además de aprender sobre gatetes, (¿sabíais que hay entrenadores de gatos?), Miau, miau, miau. Los gatos en el cine es una maravilla para los amantes del cine. He hecho una lista con todas las pelis que aparecen en él y que no he visto. Ya tengo cine pendiente para una larga temporada.

No todo es cine en este libro. También aparecen gatos televisivos tan míticos como el gato de la siempre genial serie Alf, el sarcástico gato negro de la bruja Sabrina, Spot, que aparece en Star Trek o el maravilloso Garfield.

Pero eso no es todo. También hay historias de artistas de todo tipo y sus felinas mascotas. Kurt Cobain, Miachel Jackson, Jane Fonda, Truman Capote, Hemingway, Freddie Mercury, David Bowie, Picasso, Dalí o Henri Matisse pueden presumir de ser auténticos admiradores de estos peludos.

Miau, miau, miau. Los gatos en el cine es un libro esencial para los gatófilos y cinéfilos. Además, el tono humorístico y al mismo tiempo riguroso con el que sus autores han enfocado el libro me parece una maravilla. No solo entretiene, sino que se aprende y se disfruta. La cantidad y calidad de las fotografías e imágenes que aparecen en él es otro punto a favor. No le puedo pedir más a un libro sobre gatos, la verdad.

 

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Mary Shelley: la muerte del monstruo, de Raquel Lagartos y Julio César Iglesias

mary shelley la muerte del monstruo

mary shelley la muerte del monstruoEn aquel verano sin verano de 1816, la mansión Villa Diodati acogió la reunión literaria más famosa de todos los tiempos, en la que surgieron los dos monstruos que han marcado la literatura para siempre: la figura del vampiro romántico, creada por John Polidori, y la criatura de Frankenstein, creada por Mary Shelley. Doscientos años después, Raquel Lagartos y Julio César Iglesias publican Mary Shelley: la muerte del monstruo, una biografía especulativa en la que, a través de la introspección psicológica de Mary Shelley, plantean dónde comienza la mente de la creadora y dónde termina la del monstruo.

¿Cómo pudo una mujer de tan solo diecinueve años escribir sobre la vida y la inmortalidad, la decencia y el mal, la soledad y el amor, del modo en el que lo hizo Mary Shelley? No fue solo gracias a su talento, sino fruto de una vida que estuvo marcada por la muerte desde el principio. Esta novela gráfica —con ilustraciones en blanco y negro en las que aparece el color rojo cuando la pasión o la muerte hacen acto de presencia— destila ese romanticismo del que Mary Shelley y su monstruo son un referente, creando una atmósfera pesimista que traspasa la página para que el lector sienta el dolor de uno y otro. ¿Quién traicionó a quién: la criatura eclipsando a su creadora o la creadora desvirtuando su obra, al sucumbir finalmente a los preceptos de la sociedad?

Para quienes no hayan leído Frankenstein o el moderno Prometeo, Mary Shelley: la muerte del monstruo es una oportunidad ideal para descubrir la grandeza de este clásico de la literatura y de su personaje que, pese a ser conocidos mundialmente, el tiempo ha simplificado hasta vaciarlos de contenido. Frankenstein o el moderno Prometeo plasmó los temores de la época victoriana: una ciencia que parecía capaz de todo sin tener que responder ante Dios, el empoderamiento de las mujeres y la rebelión de los humildes. El monstruo, una criatura que nada tiene que ver con el ser torpe y estúpido que el teatro y el cine se han encargado de popularizar, ni siquiera tiene nombre —aunque se le haya adjudicado el apellido de su creador, Víctor Frankenstein, lo que no deja de ser representativo de la relación de Mary Shelley con su obra—, y no es más que un bebé abandonado que solo ha conocido la maldad del ser humano, pero que llega a ser inteligente y cultivado gracias a la lectura. Pero, ante todo, Mary Shelley: la muerte del monstruo es un merecido reconocimiento a una mujer que, aun teniendo una excepcional sensibilidad y lucidez, siempre estuvo a la sombra de los demás: primero, a la de sus padres (el librepensador William Godwin y la escritora feminista Mary Wollstonecraft); después, a la de su pareja, el poeta Percy Shelley y, finalmente, a la de su obra, el monstruo más famoso de la literatura. Mary Shelley, la mujer que pudo cambiar el pensamiento de su época, acabó enferma y derrotada, traicionando a su monstruo y, en consecuencia, a sí misma. Mary Shelley: la muerte del monstruo plasma cómo la difícil disociación entre obra y autora marcó el resto de su existencia y consigue un libro tan triste y conmovedor como las fuentes a las que hace referencia.

Frankenstein o el moderno Prometeo fue el retrato de una sociedad inmisericorde y Mary Shelley: la muerte del monstruo es el homenaje a la mujer que lo escribió y a su trágica vida, origen y consecuencia de su obra. Solo quienes lean ambos libros descubrirán quién es el verdadero monstruo de la historia, de nuestra historia; y, quizá, tras doscientos años de incomprensión, amen a la criatura de Frankenstein tanto como Mary Shelley lo hizo.

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Monika. Obra completa, de March y Barboni

monika

monikaConocí a Guillem March (a su dibujo, no a él) en Sirenas de Gotham y más adelante en la serie de Catwoman, y más adelante en… Y puedo decir, y lo digo, que me enorgullece que un español, como él, mallorquín para más señas, haya llegado tan alto como para encargarse de portadas y colecciones de la llamada “familia” de Batman en DC. Se lo merece porque sus dibujos son excepcionales y más siendo como es autodidacta de toda la vida.

Reconozco que lo sigo, que es de los pocos autores de los que puedo comprar sus cómics sin prestar atención a la historia. Incluso participé en la fundición de cuervos (algunos lo llaman crowfunding) de un libro compuesto por las ilustraciones que hacía en su tiempo libre, Muses a gogo, que es un gran tesoro (¡y en el que viene mi nombre!).

March es especialista en dibujar mujeres. Es lo que le gusta y con lo que empezó a darse a conocer. Incluso dibujó para Playboy, y Playboy no se equivocaba. Sus mujeres están al nivel de los mejores Manara, Serpieri, Frank Cho… Nada que envidiar.

Pero March no solo dibuja. También ha sido guionista de historias que él ha dibujado, como, por ejemplo Días grises. Sin embargo, en esta ocasión el guion corre a cargo de la dramaturga Thilde Barboni y March se luce con los lápices. Un guion que se va desplegando poco a poco, que coloca sutilmente todas las piezas sobre el tablero y que, en seguida, comienzan a cobrar vida y a moverse por sí mismas.

Diábolo nos trae en un bonito estuche la obra integral Monika, formada por los números Baile de máscaras y Vanilla dolls. (Por cierto, el tacto de la cubierta del primer número es extrañamente suave y agradable).

En fin. Vamos a la mandanga. Monika es un thriller erótico con elementos de drama familiar y dosis de ciencia ficción. La protagonista, Monika, es una artista multidisciplinar de esas que se dedican a la pintura, la fotografía y el video en multipantalla. Quiere renovar el concepto de performance pero hay algo que la atormenta y no la deja concentrarse del todo en su obra. Su hermana Erika lleva desaparecida un tiempo. Además, la artista esconde a Theo, su mejor amigo, un hacker y “cibernetista” (si es que existe esa palabra) pues ha robado tecnología de su curro anterior y se propone crear su propio androide. Será Theo quien le dé una pista que tal vez la ayude a encontrar a Erika: la última vez que se la vio fue con Epson, un nuevo político que parece querer renovar la escena del país. Para contactar con él a Monika solo se le ocurre acudir a un almacén al que suele ir el candidato, y en el que se realizan bailes de máscaras. Lo de máscaras es un decir ya que las mujeres son decoradas con la técnica body paint por casi todo el cuerpo, dejando poquita, poquita tela, y mucho, mucho espacio para March. Ah, y los bailes tampoco es que sean bailes precisamente. Es más un escaparate de buenorras en las que se busca la seducción y excitación y en donde no tiene porque pasar nada que no se quiera.

Por supuesto, Monika acabará acostándose con Epson y descubriendo a un hombre que le atrae demasiado. Lo suficiente como para acabar enamorada de él.

Tanto en ese almacén como en posteriores encuentros en un hotel March juega brillantemente con la paleta de colores, combinándolos a pedir de guion. Negros, azules, morados para las escenas del baile de máscaras y rojos y blancos en el hotel… (lo he dicho en otras reseñas, pero es que es verdad: muchas de estas páginas son enmarcables).

La trama se irá complicando a medida que avanzamos con la inclusión de un grupo terrorista opuesto a las ideas de Epson y con la aparición de alguien que no aprueba la relación de Monika con el político.

No cuento todo del primer tomo, ni mucho menos, y no voy a contar nada del segundo porque no es plan de destrozar finales. Solo diré que el segundo librillo me parece totalmente diferente al primero. Es un cambio radical, no digo malo, ni mucho menos. Mientras el primero tiene el misterio, el segundo es la ciencia ficción. A uno simplemente le da la sensación de que lee otra historia con los mismos personajes. Pero que no cunda el pánico, que todo está controlado. Lo que sucede en las páginas sucede porque es lo que tenía que pasar y no hay más vuelta de hoja.

El guion está lleno de suspense, misterio, sensualidad y erotismo a lo largo de los dos tomos. Nos pica la curiosidad por varios frentes: el pasado de Monika, la identidad de los terroristas, ¿es Epson trigo limpio?… y Barboni lo resuelve de manera eficaz y sin que el interés decaiga en ningún momento. Puro entretenimiento.

A March creo que ya lo he alabado bastante. ¿No? Para que no queden dudas: ¡Viva la madre que lo parió! En cada trabajo se supera a sí mismo y con Monika lo ha vuelto a hacer. Es bestial su dibujo y colores, y sobre todo el salvaje dominio de la anatomía femenina.

Un más que recomendable cómic con un buen argumento, un gran formato muy cuidado y lujoso y un dibujo excepcional. Yo no lo dejaría pasar.

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Todo Miau, de José Fonollosa

Todo Miau

Reedición de Todo Miau, de José Fonollosa, reseñado anteriormente por Sergio Sancor

Todo MiauMiau. Hay miles de personas en el mundo que se levantan y se acuestan cada día con un sonido bastante parecido a este. Bueno… y, a menudo, con su ropa y su cama llena de pelos. Para estas miles de personas, sus gatos son sagrados y son considerados como parte de la familia. Cuando se deben desprender de ellos por vacaciones o cualquier otra responsabilidad, parece que vaya a ser para toda la vida porque no se fían de que ninguna persona pueda cuidarles mejor que ellos. Pero cuando se reencuentran con ellos a su vuelta, todo vuelve a la normalidad. Como un miembro de la familia más al que ves todos los días, con sus discusiones y sus buenos momentos. Comparten su día a día, al igual que como lo hacen con un hermano o una hermana, unos padres, la pareja o los amigos.

Todo Miau recopila todas estas escenas y muchas más que todo dueño ha vivido con su gato, tanto aquellos en los que deseas matarles con todas tus fuerzas porque no se bajan de la cama cuando la estás haciendo o te muerden jugando como aquellos en los que te abrazan y desean que los acaricies. Porque los gatos son aquellos animales que a veces te sacan de quicio y, a la vez, te sacan una sonrisa cuando te dan el cariño que solo ellos saben darte. Algunos les acusan de ser unos animales muy interesados y ariscos, pero lo cierto es que los gatos son animales muy independientes que fácilmente pueden valerse por ellos mismos la mayoría de las veces pero que, con el cariño y con el cuidado de sus dueños, pueden vivir felizmente durante muchos años.

A través de este libro, todos aquellos que han convivido con un gato, ya sea durante una semana, un mes, un año o durante más tiempo se verán reflejados en cientos de situaciones que te pueden ocurrir cualquier día con ellos en casa o que te han ocurrido de forma parecida en algún momento junto a ellos. Desde su manía de asustarte cuando se te sube encima para que le acaricies hasta esos momentos en los que se asustan con el secador o la aspiradora y te entra inmediatamente una sensación entre la risa y la pena.

José Fonollosa refleja todos estos momentos en una serie de preciosas y tiernas ilustraciones que forman un completo álbum que, además, proporciona consejos y trucos para tratar a tu gato, muestra un original horóscopo de gatos y recoge la guía gatuna definitiva por la que se rige todo gato. Cien puntos que te ayudarán a conocer mejor la mente de los gatos, esos animales a veces incomprensibles que consiguen casi siempre todo lo que piden (aunque te propongas lo contrario, siempre lo consiguen), todo ello mediante el humor y el sarcasmo.

Pero este libro no es solo para los apasionados de los gatos y el mundo gatuno. Todo Miau es, en definitiva, un libro que todo amante de los animales disfrutará por esos pequeños detalles que amas y odias del animal con el que convives que te hacen necesitarle aún más. Además, es uno de esos libros perfectos para verano que se leen de una sentada y que te sacan más de una carcajada. Lo dicho, cuando veas a tu gato mirando a la pared ensimismado o dispuesto a llegar a cualquier lugar en el que consiga un poco de sol, te acordarás de las ilustraciones de este libro, sonreirás y te armarás de paciencia, sabiendo que cada día es un nuevo reto junto a tu gato.

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Destino Sadabad, de Xavi y Sasa

Destino Sadabad

Destino SadabadTodos tenemos desde pequeños grandes viajes que esperamos realizar en un futuro. Uno de los míos es conocer la India, y por fin este verano podré cumplirlo. La India, un país gigante, con una riqueza cultural y lingüística superior a otros continentes. La undécima economía del mundo y el segundo país más poblado. Se mire por donde se mire, la India no resiste comparación, todo en ella se mide a lo grande, incluso la pobreza. Por eso es un viaje difícil para los occidentales, que repiten mucho aquella frase de “cuando conoces la India, la amas o la odias”.

Yo espero amarla, y lo mismo piensa Chloe, la protagonista de Destino Sadabad cuando deja París para conocer a su única abuela, residente en dicha ciudad, cuya existencia desconocía. El lujo parisino en el que se ha criado Chloe dista mucho de parecerse a lo que se encontrará nada más aterrizar en la India, y más cuando tras unos problemas técnicos, su vuelo es desviado desde Nueva Delhi a Bombay, lo que la obligará a recorrer un largo viaje de miles de kilómetros hasta su destino. Un viaje que se convertirá, casi sin darse cuenta, en un curso acelerado de conocimiento personal y superación, descubriendo cosas de sí misma y de su familia que hasta ese momento desconocía.

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Lovecraft: un homenaje en 15 historietas

Lovecraft: un homenaje en 15 historietas, Revista Cthulhu de Diábolo Ediciones

lovecraft2Entre la multitud de novedades del panorama editorial, a veces sale casi sin quererlo, una pequeña joya. En este caso, la joya ha tenido forma de cómic. Reconozco que no conocía el trabajo de los chicos de Diábolo Ediciones, pero desde este momento, tienen en mí un lector más para su “Revista Cthulhu”. Además de la cuidada edición del volumen, debemos añadir que la temática es uno de los fetiches de los amantes del género de terror. El resultado de esta operación es una obra más que notable de algo sumamente difícil de adaptar al mundo de la viñeta como son los relatos de H.P. Lovecraft.

Cualquier lector de Lovecraft ha experimentado el desconcierto en que nos sume la lectura de su obra. Al cerrar sus libros el peso del universo cae sobre nosotros, nuestro terror, a diferencia del terror clásico, no está dentro de nosotros, o en nuestro entorno más cercano, sino que se encuentra en lo más recóndito de la galaxia. Parafraseando al autor norteamericano: “La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”. Según Rafael Llopis, con Lovecraft se inicia el viraje del viejo cuento de terror hacia la moderna Ciencia-Ficción, y ha sido este alarde de originalidad junto con la facilidad para alumbrar terroríficos seres llenos de la más pura maldad, lo que hace que Howard Phillips Lovecraft sea nombrado por derecho propio el más importante escritor de cuentos de terror después de Edgar Allan Poe. Con esta carta de presentación, el haber superado con éxito la tarea de adaptación de los relatos, lleva una gran carga de mérito. Sigue leyendo Lovecraft: un homenaje en 15 historietas

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Todo Miau

Todo Miau, de José Fonollosa

todo miauYo siempre he tenido perro, pero me encantan los gatos. Y durante seis meses lo tuve, pero el por qué sólo durante ese tiempo es otra historia. El caso es que antes de convivir con un ser gatuno me dijeron lo siguiente: ellos son independientes, hacen lo que les da la gana, y no intentes entrar en su terreno, ellos se lo cobrarán con creces. Y dicho y hecho, yo viví seis meses girando alrededor de un gato que tenía un carácter rayando la mala leche (no lo puedo llamar de otra forma), las caricias más obscenas para conseguir lo que quería, y los juegos más psicópatas que he podido imaginar en mucho tiempo. Él se lo pasaba genial, yo apenas conseguía dormir dos horas seguidas. Pero yo que siempre quise tener un gato, estaba encantado. Por ello, que apareciera Todo miau en mi vida ha supuesto volver a aquella época en la que los maullidos, los cambios de arena, las tardes de película en el sofá se convertían en ronroneos y petición de mimos y, por qué no decirlo, en momentos de pura esquizofrenia cuando a mi gato se le iba la cabeza y empezaba a saltar sin razón aparente y yo le observaba como si las vacas vieran venir el tren, o lo que es lo mismo, pensando que todo ese espectáculo tendría sus consecuencias. Los gatos son seres independientes sí, pero también son puñeteramente simpáticos. Para muestra, varios botones.

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Revisitando los 80

Revisitando los 80, de Miguel Herrero

9788415839385En el prefacio a Revisitando los 80, el doctor en Ciencias Sociales y crítico de televisión Antonio Sempere dice que Miguel Herrero, el autor, es el hombre que más sabe de televisión española del mundo. Tras leer el libro, por lo menos podemos afirmar con conocimiento de causa que debe de ser el hombre que más sabe de la televisión española de los años 80 y de toda la producción cultural, social e informativa derivada de ella en aquellos maravillosos años.

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