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Ladrón de ladrones

Ladrón de ladrones 1, de Varios Autores

ladron-de-ladrones-1Ladrón. Persona que roba. Que se lleva lo que le es ajeno. Que coge sin pedir prestado. Eso es un ladrón. Si a eso le añadimos una organización perfecta por detrás, tendremos lo que llamamos un ladrón de guante blanco. Y habrá veces que al ladrón le saldrán bien las cosas y otras en que las pifiará de tal manera que tenga que llevar a cabo una acción digna de mención. No sé por qué, a mí, cada vez que una historia de ladrones aparece, me llama la atención. Supongo que es porque toda esa adrenalina, toda esa planificación, los objetivos, el desear algo e ir a por ello, es siempre algo que me ha llamado la atención. Recuerdo que, cuando era un poco más pequeño, me quedaba embobado viendo en la televisión películas que tuvieras que ver son robos y cómo, en su final, el argumento daba un giro de ciento ochenta grados y yo me quedaba asombrado, entusiasmado, y con la sonrisilla fácil como diciendo “me la habéis colado, qué bueno”. Así que cuando leí Ladrón de ladrones volví a tener esa sensación de asombro ante lo que estaba leyendo, ante los giros de guión de la trama, intentando descifrar, antes de pasar la página, qué es lo que pasaría a continuación. Y siempre me equivocaba. Al final tanto leer no me va a servir para llegar a conclusiones rápidas, pero casi mejor.

Conrad Paulson decide dejar su profesión. Es el mejor ladrón que existe. Pero un buen día, después de haber anunciado que lo deja, tiene que volver a ponerse manos a la obra porque su hijo, con el que mantiene una relación bastante turbia, se ha metido en problemas. Empezará entonces la verdadera historia de Conrad Paulson, el mejor ladrón que existe, el ladrón de ladrones.

 

Robert Kirkman es tremendamente conocido en el mundo del cómic por su serie de Los muertos vivientes. Pero más allá de eso, resulta que tiene muchas más historias que contar, y esta es una de ellas. Con claros tintes a películas de la vieja escuela junto a éxitos más cercanos como Ocean´s Eleven nos encontramos ante una historia que, aunque este sea sólo su primer número, atrapa por varias razones: la historia está bien cimentada, creando en el espectador – lector ganas de más, de saber qué es lo que motiva a los personajes a actuar como lo hacen; los diálogos, que en algunas partes son dignos de enmarcar y que promueven a los lectores a no perder ojo de lo que se dice, para ver en los pequeños detalles esas pistas que nos harán llegar al final del cómic descifrando algunos enigmas del propio personaje principal, el Conrad Paulson que me gustaría que fuera el mentor que nunca tuve. Esto de por sí ya tendrían que ser dos razones de peso para que todo el mundo se llevara un ejemplar de Ladrón de ladrones. Pero si queréis más os diré que el dibujo, aunque no deslumbrante, es correcto, nos lleva por la historia con completa normalidad y nos traslada a un mundo nocturno de robos, persecuciones, tramas secundarias que parecen eclipsar a las principales, de una manera muy dinámica. Porque en realidad ese es el fuerte de esta historia: el no saber, el querer conocer cómo ha sido la vida del protagonista hasta ahora, y cuáles son sus motivaciones.

Puede parecer raro lo que voy a decir ahora, pero allá va: si buscáis una historia que empiece y acabe, os tendréis que ir a otra parte. Ladrón de ladrones es el primer número de una serie que espero siga largo tiempo. Y aunque sí es cierto que se puede leer este tomo sin necesidad de seguir con la historia, no será hasta en el número dos en el que las cosas se pongan interesantes de verdad. Tomemos pues este número como una introducción para lo que está por llegar, como una especie de prólogo para todos los fuegos artificiales que van a explotar alrededor nuestro si seguimos con las andanzas de Conrad Paulson y su equipo de ladrones a sueldo. En el fondo, me llaman tanto la atención las vidas de los ladrones por la sencilla pregunta que se forma en mi cabeza de que tiene que ser interesante vivir rodeado de ese peligro y planificación de que todo tiene que salir perfecto, que las vidas de varias personas deben funcionar como un engranaje perfecto y nadie puede salirse de su papel, por mucho que quiera improvisar y crea ser un estupendo ladrón solitario. Y sí, esta obra va de ladrones, pero también encierra una historia personal tan interesante que, aunque ladrón, al protagonista se le puede considerar un héroe. Porque en el fondo, como suele suceder siempre, todo se hace por amor, en su infinitas formas.

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