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Y luego ganas tú, de varios autores

Y luego ganas tú

Y luego ganas túAhora, después de unos cuantos años, puedo decir que tuve una infancia feliz. Ahora, que sé poner en una balanza todas las cosas buenas y las malas, dándole la importancia que corresponde a cada una de ellas. Habiendo aprendido a olvidar muchas cosas que me hicieron daño, sí, ahora puedo decir que tuve una infancia feliz.

Pero si me llegas a preguntar hace unos años, cuando yo tenía unos catorce o quince, te hubiera dicho que lo único que quería en ese momento era desaparecer.

Mis malos recuerdos empiezan a los seis años, cuando tuve que cambiarme de colegio. Mi madre y yo nos mudamos a una casa en la que ni siquiera había calefacción. Acababa de separarse de mi padre y estábamos con una mano delante y otra detrás. Pero a mí no me importaba. Tampoco me importó tener que cambiar de amigos, de rutina, de barrio, de ambiente. Yo lo acepté. Pero las cosas empezaron a torcerse cuando el tiempo fue pasando y las cualidades que a mí me hacían única se convirtieron en un puñal con el que alguno de mis compañeros me atacaba a diario. Llegaron los complejos, el estás gorda, el tienes granos, el tu madre está separada, el tu familia es un fracaso, el vas a estar sola para siempre. Incluso hubo una época en la que me apodaron “la jirafa” por tener el cuello demasiado alto. Complejos, complejos, complejos. Que solo hacían que, al llegar a casa, rompiera a llorar tarde sí y tarde también.

Con el tiempo me fui haciendo fuerte. No quise renunciar a mi personalidad para darle la satisfacción a aquellos que me querían ver hundida en el barro. Me quedé sola (por suerte solo fue durante un tiempo). La mayoría de mis compañeros también lo sufrió, pero al final muchos de ellos acabaron sucumbiendo al poder del matón para no acabar más lastimados. No puedo culparlos, no se me ocurriría. Pero entonces sí que lo hacía. Menos mal que el tiempo pasó y llegaron los últimos años de instituto, donde por fin encontré a quien necesitaba a mi lado y a la que nunca me abandonó. Ella ha sido mi mejor amiga desde que teníamos tres años, cuando la conocí en el primer colegio al que fui. Nos tuvimos que separar cuando me mudé, pero el destino quiso que acabáramos en la misma clase cuando ya íbamos a terminar la ESO. Me dio la vida. Y hoy, años después, me la sigue dando cuando a diario hablo con ella.

No sé si este es el lugar o el momento para contar esto. No sé siquiera si debería estar contando estas cosas en un blog de literatura. Pero los chicos que han escrito el libro del que vengo a hablar, Y entonces ganas tú, es lo que hicieron. Tampoco era el momento ni el lugar, porque parece ser que las víctimas están mejor calladitas y sin molestar, pero eso les importó muy poco. Porque abrieron su corazón y plasmaron sus recuerdos en un trozo de papel que después se convirtió en un libro que todo el mundo debería leer.

No es fácil reconocer este tipo de cosas. No es fácil gritar a los cuatro vientos que tú fuiste una víctima. Pero hay que hacerlo. Y me alegra que unos chicos tan conocidos hoy en día por la gente joven —como son Andrea Compton, Javier Ruescas, María Herrejón, Jedet Sánchez y Manu Carbajo— lo hayan hecho. Para quien no los conozca, Youtube es ya como su hábitat natural. Algunos empezaron antes, otros después, pero ahí siguen, haciendo videos y viviendo en las redes sociales, donde miles de personas siguen sus movimientos a diario. Son influencers. Si se lo proponen, crean tendencia. Y  me alegra que hayan escrito este libro, porque con estos relatos, no crean tendencia, crean esperanza que puede arreglar vidas enteras.

El libro está compuesto por cinco relatos. Alguno con un cariz más fantástico que otro, pero al final todos están contando las vivencias personales. En particular, me ha gustado muchísimo el relato de Javier Ruescas, que está escrito en su totalidad usando el formato de mensajería instantánea. A través de esos mensajes, vamos descubriendo el acoso que sufre el protagonista. A mí se me encogió el alma. Lo mismo me pasó con el relato de Jedet Sánchez, un chico que por vestirse como una chica tuvo que sufrir lo que nadie debería sufrir. Pero quizás, con el que más me haya identificado, sea con el de Andrea Compton. Es una chica a la que sigo desde hace mucho en las redes sociales, tanto que ya es casi como si la conociera. Así que leer este relato sobre ella me impactó más de lo que esperaba, porque me sentí como si una vieja amiga me estuviera abriendo su corazón.

Ojalá este libro llegara a todas las aulas para que lo pudieran leer los acosadores y también los acosados. Los primeros, para que se dieran cuenta del daño que se puede hacer con un simple comentario. Y los segundos, para que sepan que no van a estar solos nunca más. Que no deben tener miedo y que deben ser valientes.

Un grandísimo porcentaje de niños y adolescente sufre hoy el día acoso escolar. Cuando yo iba al colegio, éramos muchos los que sufríamos día a día esta lacra. Una, porque era pelirroja. Otro, porque era gordo. Otra, porque tenía los dientes grandes. Otro, porque era muy bajito. Otra porque tenía mucho pecho. Otra, porque no lo tenía. NO SOMOS PERFECTOS. Nadie, absolutamente nadie, lo es. No podemos pretender no tener defectos. Los tenemos, y no es ningún problema. No podemos dejar que nadie nos haga creer que lo es, porque no es así.

Y luego ganas tú refleja perfectamente todo esto. Refleja el espíritu de cinco chicos asustados, que se quedaron solos por defender sus ideales. Por ser gay, por ser gorda, por ser bajito, por ser diferente. Da igual. El matón encontró el teórico punto débil de cada uno e intentó hundirle. Me gustaría ver ahora mismo la cara de esas personas que lo intentaron, pero que en realidad no lo consiguieron. Porque de haber sido así, ahora mismo, yo, no estaría aquí escribiendo sobre este libro. Porque no pudieron con ellos. Ellos ganaron.

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Injustice. Gods among us: año dos. Integral, de VV.AA.

injustice año 2

injustice año 2Teníais que haberle hecho caso cuando Él os avisó. Él. Siempre desconfiado y con planes B, C, D… Siempre previsor y dos o tres pasos por delante de todos… El mejor detective, el mejor estratega… Él os previno sobre el cabrón alienígena. Y es que, aunque nunca he sido muy amigo de Superman, se puede decir que lo medio tragaba. Hasta ahora. Porque lo que está haciendo en esta saga… ¡Tío, vale que el Joker ha hecho que te cargues a Lois y con ella al hijo que esperabais! Pues cárgate al puto Joker como buena venganza, como haría y sigue haciendo Liam Neeson a pesar de su edad, y, si quieres te pasas por España y haces algo con Rajoy y cía., y ya. Pero de ahí a convertirte en un dictador y a querer que todos se comporten como debieran según tu criterio… ¡pues no! Te vas a tu Ktypton natal y haces ahí lo que quieras, si es que te dejan. Ay, no; que no existe Krypton. Vaya, pues te buscas un planeta que invadir, pero aquí deja que nos matemos nosotros como queramos, que no venga nadie de fuera a decirnos que no lo hagamos y ya si eso luego hacemos juicios justos, como dice el defensor de Gotham.

Porque sí, porque toda ciudad debería erigir una estatua a Batman. ¿Qué digo toda ciudad? ¡En cada casa debería tener un altar! Porque, después de lo que Supes le hizo a su “amigo” Batman (y si estás leyendo esto doy por sentado que leíste el tomo anterior, Injustice. God among us: año uno, Integral, y por ello puedo hacer espoilers sobre él) rompiéndole la espalda como si fuera una vulgar copia de Bane, te mereces lo puto peor, y sufrirás y, como dijo el murciélago en Batman v Superman, “sangrarás”.

Injustice. Gods among us: año dos. Integral, sigue la acción en donde acabó el año uno. Como hace casi un año de su lectura, he tenido que repasar un poco por encima ese tomo para poder seguir el hilo y me reafirmo: esta serie es lo puto mejor que estoy leyendo en materia de cómic de superhéroes últimamente.. Da igual que haya muchos personajes que no se conozcan o que me medio suenen. La trama tiene una agilidad, una rapidez y una capacidad de enganche que pocas veces he experimentado… En dos páginas, o menos, la situación de la batalla entre partidarios de Batman y Superman que parecía encarrilada a favor de unos puede cambiar notablemente hacia los otros.

Sin destripar mucho (no soy un monstruo alienígena kryptoniano), eso ya lo haré al reseñar el año tres, ¿qué vemos en este tomo? Pues van a tener bastante protagonismo los Green Lantern y los Sinestro Corps. El comisario Gordon y Oráculo, la resistencia ciudadana, Canario Negro, Harley Quinn y muchos más van a tener también su importancia, aunque sus apariciones van a ser más repartidas, pero sumados todos no dejan de ser relevantes. Y, por supuesto, Batman, que, aunque convaleciente e interviniendo muy poco en este tomo, se adivina detrás de la estrategia de equipo que lidera.

En resumen, tras un intento de eludir la guerra, esta se hace inevitable. Vamos a ver fostiales a punta pala y unas cuantas escenas gore que te remueven por dentro y no solo por lo gráficamente gore que son, sino porque no suceden precisamente en medio de la batalla, sino antes y porque son… inesperadas. Y esto es lo bueno. Además, mueren personajes y mueren de verdad. Y no secundarios precisamente. Aquí las decisiones que se toman se toman hasta sus últimas consecuencias y Superman se ha convertido definitivamente en villano, a pesar de que comprendemos sus argumentos y de que puede que incluso empaticemos con él.

Extrañas alianzas, tácticas, personajes infiltrados, engaños, traiciones. Si hubiera sexo y dragones podría ser un Juego de Tronos. Estamos viendo una partida de ajedrez a hostias. Es la definición más apropiada que puedo asignar a este superentretenido Injustice: Gods among us: año dos, Integral.

El dibujo, a pesar de ser ciento y la madre los dibujantes, es perfecto. No se nota el cambio de artista, prácticamente parece ser el mismo todo el tomo. Y en cuanto al guión, me encanta. Tendrá sus fallos y sus cosas, pero me encanta. Me lo trago todo. Suspensión de la incredulidad al 100% y una historia que avanza como una bola de nieve haciéndose más y más grande a cada página.

Un cómic que para mi ya es imprescindible y cuya esperada continuación será una tortura. Un cómic que deberé releer cuando el último año (¿el cinco?) se haya editado.

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Hnegra, de VV.AA.

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hnegra2“–No disparen… Solo soy una puta…”

Desde luego, hay que reconocer que Fernando Marías sabe cómo empezar un prólogo impactando. Y además, con una frase de la estupenda Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, que viene muy a propósito de la posterior explicación del porqué de este libro. Y es que el negro (el género, claro) no es patrimonio exclusivo yanqui y goza de muy buena salud en nuestro país. Podemos decir que vivimos un boom de novela negra.

Por otra parte, el papel de la mujer ya no queda relegado al de novia de o mujer fatal (buena muestra de ello es la recientemente publicada y excelente Vienen mal dadas, de Laura Gomara). Y eso es lo que ha querido unir Hnegra. Autoras españolas actuales (no solo novelistas, también mujeres vinculadas al teatro, el cine o la poesía) con el género noir.

A esas veintidós mujeres se les propuso escribir un relato breve, negro y protagonizado por una mujer, ya fuera asesina o asesinada, heroína o villana, pero nunca representante de la justicia o de las fuerzas de seguridad. Todos ellos irían acompañados por la visión de un ilustrador o ilustradora, algunos de ellos de la talla de Paco Roca, Javier Olivares o Fernando Vicente.

¿Y qué tal? ¿Cómo ha salido el experimento?

Para empezar, y conociendo tan solo la premisa inicial, la idea me gustaba y esperaba impaciente la publicación del libro. Lo negro me encanta y si la propuesta era reunir 22 relatos breves con el nexo común del género (independientemente de que los autores fueran hombres o mujeres) la apuesta era casi segura a caballo ganador. Además, Alrevés ya ha hecho cosas de este tipo alguna que otra vez, recuerdo el caso de  Obscena. Trece relatos pornocriminales, y la experiencia fue muy satisfactoria.

Así pues una vez leído el resultado no difiere mucho del de cualquier antología. Hay relatos muy buenos y otros no tan buenos. Lo mismo es aplicable también a las ilustraciones.

Como siempre en estos casos, no voy a analizar todas las historias y me limitaré a comentar breve y sutilmente las que mejor sabor me han dejado:

Brindis, de Rosa Ribas: por esa suma de cualidades y habilidades necesarias en una buena detective enumeradas con precisión en un alegato rabioso y a la vez certero.

Historia de una muerte, de Clara Peñalver: por lo bien envuelto en misterio de principio a fin.

El plan perfecto, de Nieves Abarca: de los que más me han gustado, por el tono de la historia, porque desde la primera frase sabes que va a ser distinto, por el principio, por el final, por todo.

Demasiado negro: también por lo enigmático y misterioso, porque llega a ser más terror que negro, por dejar que el lector saque sus propias conclusiones.

Regalos, de Valeria Correa Fiz: Por lo bien contado, y lo aún mejor resuelto, con un final que sin ser gran cosa, sorprende por inesperado.

Cosa Nostra, de Beatriz Rodríguez: ya de primeras por la cita de El Padrino. Y además porque tenía la impresión de que todo el relato se refería a cierta infanta ora ignorante, ora amnésica. Un microrrelato muy divertido.

Un euro de gasolina en una botella de plástico, de María Zaragoza: porque por desgracia, es algo real como la vida misma, contado con gran empatía.

Señora de la limpieza, de Cristina Fallarás: porque, aunque sabemos desde el principio quién nos está contando la historia, la forma de contarla es hipnótica y realiza un análisis social sui géneris muy logrado.

Cuatro dedos, de Raquel Lanseros: por lo llamativo de ser un poema negro, por ser también de alguna forma extraña incapaz de despegarme de su lectura. Creo que es el primero que leo y me ha gustado la historia de venganza que nos narra.

Estos son los destacados, los que a mi, por uno u otro motivo, me han llamado/gustado especialmente, pero, en general el nivel es muy bueno y recomiendo Hnegra a todos los que aman esto de lo criminal. No os arrepentiréis.

Quiero añadir que Fernando Marías comenta al final del prólogo que se está preparando una exposición itinerante que reúna los originales y los textos y su primera parada será en el festival Granada Noir 2017. Habrá que estar atento a la gira.

En resumen, un libro altamente entretenido con el añadido de querer reivindicar el papel de la mujer en esta literatura. Un libro fácil de leer, en el que acabada una historia ya estás deseando comenzar la siguiente. Un libro que tiene el sello de Alrevés, que de estas cosas entiende un rato.

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Regreso a Twin Peaks, de VV. AA.

Regreso a Twin Peaks

Regreso a Twin Peaks

La vida, el tiempo, es lo que ocurre entre una temporada y otra de Twin Peaks. O sería bonito que así fuera. Laura Palmer nos lo prometió en los años 90. “Volveremos a vernos dentro de veinticinco años. Mientras tanto”. Puntos suspensivos. Y quizás, después de todo, esto sea lo más interesante. Ese “mientras tanto”. Porque David Lynch, que tiene un poco de genio y otro de visionario, tal vez loco, pareciera que pudiera incluirnos en sus historias, jugar con nosotros, los espectadores, como un ingrediente más y borrar el tiempo. Nuestro propio tiempo. Ese “como decíamos ayer” a lo Fray Luis de León.

A David Lynch hay que seguirle un poco de cerca para apreciarle. Con una personalidad muy marcada, sus productos, sus películas, responden a una particular manera de mirar el mundo, especialmente creativa e instintiva, basada, en parte, como ya confesara en Atrapa el pez dorado, en la meditación y fuertemente arraigada en el subconsciente.

Sobre su mirada, precisamente, en Regreso a Twin Peaks, el libro que, coincidiendo con el estreno de su tercera temporada, ha publicado Errata Naturae, Hilario J. Rodríguez recupera esta cita del propio director que probablemente encierre toda su esencia:

“Durante mi infancia, mis padres y yo tuvimos una vida como la que mostraban aquellas series de televisión de la época, con una familia y un perro muy felices. (…) Había casas bonitas, calles con árboles a ambos lados, el repartidor de la leche y muchos, muchos amigos. Era un mundo de ensueño, con aviones que de vez en cuando cruzaban un cielo muy azul, talanqueras, hierba verde y cerezos. La típica imagen americana de postal. Pero luego resultaba que en el cerezo había una secreción viscosa, parte negra y parte amarilla, y millones y millones de hormigas rojas que corrían por aquella secreción y cubrían completamente el árbol”.

En esta obra de ensayos y opiniones sobre Twin Peaks, que, como dato, iba a llamarse originalmente Northwest Passage, un amplio número de autores, críticos, cineastas, directores y especialistas, diseccionan la ficción que más revolucionó y cambió la televisión en los años noventa, llegando a inspirar a otras series posteriores como Perdidos, Expediente X, Fringe, Hannibal, True Detective o, incluso, Los Soprano, según confiesa el propio David Chase entre sus páginas.

Un interesante y minucioso repaso sobre los aspectos más variopintos del que fuera, durante mucho tiempo, el crimen más importante de la pequeña pantalla que permite releer o revisionar la serie desde diferentes perspectivas, incluida la nostálgica. Desde el final alternativo que se rodó con su piloto para distribuirse en Europa hasta la elección accidental del actor que interpretaría a Bob, así como la importancia del entorno y de los sueños, la filosofía de la serie y sus inicios. El libro, que incluye una interesante entrevista con el mismo David Lynch sobre su obra, revela historias como la de Peggy, la dueña del Doble R., y cómo Twin Peaks reavivó su cafetería.

Reflexiones que se enroscan a veces, muy a lo David Lynch, en los detalles, que se centran en las hormigas y en las secreciones viscosas de la ficción, y que hurgan en su final, en la simbología del director, los llantos de sus protagonistas, la dualidad de los personajes, la habitación roja, el inspector Cooper y la propia Laura.

Cinco lustros después, el también creador de Mulholland Drive ha regresado para descubrir que la serie continúa siendo igual de innovadora, valiente y arriesgada, igual o más lynchiana que nunca, capaz de volvernos completamente locos y, a veces, aunque no siempre, disfrutar de su momento. Por eso tal vez Regreso a Twin Peaks sea tan necesario hoy, por los colores y los matices, por el amplio abanico de voces que se mezclan entre sus páginas desde ángulos directos y a, veces, imposibles. No todo estaba escrito después de todo. Mientras tanto.

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El gran retroceso, de varios autores

El gran retroceso

El gran retrocesoRecuerdo que uno de mis pensamientos más frecuentes cuando estudiaba Historia en el instituto era que el tiempo en el que me había tocado vivir era posiblemente el más aburrido hasta la fecha. Todos los siglos tenían sus momentos transcendentales, pero de lo relativo a las últimas décadas del XX y a la primera del XXI apenas hubiese podido rellenar un par de hojas de estudio, y eso estirando mucho los textos. Sin embargo, no hay duda de que en los últimos años se han ido produciendo una serie de cambios de magnitudes enormes, a los que quizás no les hemos dado la importancia suficiente porque nos han pillado viviéndolos, pero que puestos sobre el papel uno puede hacerse a la idea de su gravedad. Así, la llegada de un ser como Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la salida de Reino Unido de la Unión Europea, el resurgimiento con fuerza de los populismos o la constante amenaza del terrorismo internacional, hechos que muy pocos podían prever hace apenas un par de años, muestran que nos encontramos en un momento crucial de la historia y no precisamente por ser bueno. En este complejo contexto, libros como El gran retroceso ayudan a entender cómo hemos llegado aquí y las posibles vías para que esta tendencia perniciosa cambie lo antes posible.

Este es un libro de lectura urgente, ya que debido a la velocidad a la que se producen los acontecimientos, pronto será necesario introducir nuevos ingredientes a las reflexiones de los autores. De hecho, las elecciones de Francia se celebraron con posterioridad a la publicación de este libro, con lo que, afortunadamente, el temor a la figura de Le Pen podemos dejarlo aparcado de momento, aunque quién sabe por cuánto tiempo.

Los artículos son muy variados, tanto como sus autores. Los hay puramente políticos, otros más humanísticos y filosóficos y otros que se decantan por una visión puramente periodística. Como es normal, la calidad y el interés que despiertan los textos también es variado, pero a nivel global me ha resultado un compendio de ideas realmente interesante. De entre los intelectuales de renombre que participan en el libro, como Santiago Alba Rico, Nancy Fraser o Paul Mason, me gustaría destacar a Zygmunt Bauman, no solo por la claridad con la que expone su alegato en contra de la intolerancia y en defensa de una cultura de diálogo que acabe con el individualismo atroz que nos rodea, sino también porque Síntomas en busca de objeto y nombre fue uno de los últimos textos que este gran pensador redactó antes de fallecer.

De lo que no cabe duda es de que todos los autores tienen una visión política bastante similar, con muchos matices, por supuesto, pero con un buen número de ideas que salen continuamente a la palestra. De entre ellas destaca la crítica unánime al neoliberalismo, esa corriente ideológica que no para de transformarse y de regenerarse para adaptarse a los nuevos tiempos, a la que los autores no tienen miedo en señalar como la principal culpable de la situación en la que nos encontramos. Y es que resulta irónico que el modelo que nos ha llevado a la mayor crisis económica en décadas, que ha conseguido unos niveles de desigualdad entre los ciudadanos nunca antes vistos y que ha aprovechado la situación para llevar a cabo recortes y privatizaciones en todos los frentes posibles siga siendo el mayoritario en el mundo desarrollado.

Por no cerrar la reseña con un tono pesimista diré que también se puede sacar un mensaje positivo de esta lectura, ya que los autores de El gran retroceso consideran mayoritariamente que existen alternativas para derrotar al monstruo neoliberal y que todavía no es tarde para cambiar el rumbo. Veremos, aunque yo todavía no tengo nada claro qué les tocará estudiar en la asignatura de Historia a nuestros hijos.

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Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler, de VV. AA.

power man y puño de hierro héroes de alquiler

power man y puño de hierro héroes de alquilerHará cuestión de un mes que se estrenó el tráiler de The Defenders. La nueva serie de Marvel  reunirá a Daredevil, Jessica Jones, Iron Fist y Power Man; más conocido en el universo televisivo como Luke Cage. Las primeras sensaciones que me dejó tras su visionado fueron buenas. Pero cabe mencionar que, y esto es solo mi opinión personal, el carisma de Luke Cage parecía ganar enteros al aparecer arropado por sus nuevos compañeros de hazañas. El héroe de color que en sus andanzas en solitario había conseguido que no parara de bostezar y que incluso llegara a echar alguna que otra cabezadita, ahora lograba captar mi atención. Tal vez solo sea una ilusión de casi dos minutos y medio (aproximadamente lo que dura el tráiler) que se desvanecerá una vez empiece la serie. Espero que no. Este hecho me ha recordado que en la industria del cómic, en más de una ocasión, unir a superhéroes que por separado pasaban sin pena ni gloria era la solución para animar un poco a los lectores a rascarse el bolsillo, y de paso salvar a esos personajes que en algunos casos habrían caído en el olvido. Luke Cage y Danny Rand. Power Man y Puño de Hierro. Ellos fueron dos de esos personajes que al unirse generaron más repercusión que por separado. El transcurrir del tiempo convirtió sus aventuras en Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler en una lectura a tener en cuenta.

Luke Cage era un delincuente de poca monta especialista en moverse por los bajos fondos de la ciudad; un tipo chungo que cuando entró en prisión lo hizo por un crimen que no había cometido. Allí fue utilizado como conejillo de indias para un experimento que, tras un error, le otorgó una fuerza sobrehumana y transformó su cuerpo en acero puro. Así nació Power Man. Un personaje negro, más chulo que un ocho, con un pelazo a lo afro que sería la envidia de cualquier afroamericano residente en Harlem y con una vestimenta hortera que parecía habérsela robado a los integrantes del grupo Boney M. Por otro lado tenemos a Daniel Rand que, tras la pérdida de sus padres en el Himalaya, fue adoptado por los monjes guerreros de la ciudad mística de K’un-Lun. Durante diez años se entrenó sin descanso hasta convertirse en el arma viviente, en Puño de Hierro. Ahora viste un traje que parece sacado de una peli de artes marciales de serie B y reparte justicia y venganza a partes iguales. Cuando Power Man y Puño de Hierro descubrieron que sus encuentros fortuitos se dilataban en el tiempo decidieron convertirse en emprendedores y fundar la agencia Héroes de Alquiler; convirtiéndose así en los primeros superhéroes que descubrían que el altruismo no pagaba las facturas, y en los primeros también en tener quebraderos de cabeza con el IVA y el IRPF.

Unir a Power Man y a Puño de Hierro es unir las películas de Blaxploitation (en donde el protagonista es un negro que se mueve por barrios de afroamericanos a ritmo de música funk o soul mientras reparte sopapos a diestro y siniestro entre los malos de turno) y las películas de artes marciales, en especial las de Bruce Lee. Buena mezcla, ¿eh? Si el cóctel es explosivo es gracias a la guionista  Mary Jo Duffy que consigue que la relación entre los dos personajes tenga sus tiras y aflojas. Recordemos que Luke Cage es un tipo pobre acostumbrado a los barrios humildes y que Daniel Rand es un niño rico algo inocentón que, sin maldad alguna, en ocasiones quiere solucionar problemas a golpe de talonario. Esta tensión se diluye con los momentos, muy bien medidos, de humor que consiguen que entre ellos se establezca un gran vínculo afectivo.

Y entre las risas y el mal rollo se encuentra el trabajo detectivesco. Porque en Héroes de Alquiler se dedican a eso, a patearse las calles para resolver casos de asesinatos, de robos, de secuestro, etcétera, hallando casi siempre involucrado a un supervillano que solo entrará en razón después de una buena tunda. Villanos como Dientes de Sable, el Monolito Viviente o Montenegro que en ocasiones les pondrán las cosas tan difíciles a nuestro dúo que deberán cooperar con los X-Men, Daredevil o La Hijas del Dragón, entre otros, para conseguir que muerdan el polvo.

Sin lugar a dudas Mary Jo Duffy hizo un trabajo excelente en esta etapa que Panini Cómics recoge en un tomo de 704 páginas. No se puede decir lo mismo de los dibujantes, pues aunque formó una pareja perfecta con Kerry Gammill, el cual dibujó de forma notable y con gran detallismo la mayoría de las aventuras de este tomo, algunos, como Lee Elias o Trevor Von Eeden, no pasaban de un dibujo correcto y otros, como Denys Cowan, intentando emular el estilo de Frank Miller, dejaba para la posteridad algunas viñetas de calidad paupérrima. Y ya que ha salido el señor Miller a relucir, no puedo más que recomendaros ese capítulo en el que Daredevil (solo unos pocos años antes de que el diablo de La Cocina del Infierno alcanzara la excelencia en la obra Born Again) se cruza en el camino de Power Man y Puño de Hierro.

En definitiva, Power Man y Puño de Hierro: Héroes de Alquiler es un clásico, un referente de los cómics de superhéroes de los años setenta que no deberían perderse aquellos que disfruten de una buena aventura detectivesca con su debida cuota de acción.

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Vinilos, de varios autores

Vinilos

VinilosVinilos no es exactamente un libro, del mismo modo que un tomate no es exactamente una fruta o que Donald Trump no es exactamente un presidente. Es cierto que tiene forma de libro, que está publicado en papel e incluso que tiene algunas palabras (no muchas) escritas sobre sus páginas. Pero su objeto último no es el de narrarnos una historia, sino el de ofrecernos una gran recopilación de portadas de discos, para que seamos nosotros los que tengamos que ponerles la letra y la música.

Se trata de un trabajo muy minimalista, en el que los autores —los franceses Richard Gouard, Christophe Geudin y Grégory Bricout— han tenido muy claro lo que querían ofertar al público. Así, con una simple división en dos apartados, «fotografía» e «ilustración», se exponen ante nosotros un total de 242 portadas —que en muchos casos van acompañados de sus contraportadas, casi por obligación artística— sin que haya un orden aparente. Ni falta que hace.

Hablamos, como digo, de casi doscientas cincuenta portadas, recogidas bajo la atrevida denominación de “las mejores portadas de discos de la historia”. Y aquí se es obligada la pregunta impertinente de todas las listas de este tipo: «¿realmente son las mejores?» No seré yo el que lo afirme o lo desmienta. Por supuesto que me han faltado unas cuantas de mis favoritas en esta recopilación—ejem, Abbey Road, ejem, Is this It?—, pero al mismo tiempo me alegro de no haber visto otras muchas hasta el momento de encontrarlas en las páginas de este libro. Porque yo, que apenas viví la época en la que la primera referencia que uno tenía de un grupo era la portada del disco que se iba a atrever a comprar, he podido experimentar la sensación de sentirme seducido por algunas fotografías e ilustraciones realmente maravillosas, de las que luego he podido descubrir que contenían música de muy diversa calidad (lo siento, Roxy Music, pero soy más de vuestras portadas que de vuestros temas).

Como explicaba al comienzo de la reseña, además del prólogo y de los dos artículos que abren las secciones, los textos son muy escasos en este libro y se limitan a repasar la biografía de algunos de los fotógrafos e ilustradores más importantes de la historia reciente de la música. Y creo que esto es algo que en el fondo hay que celebrar. De todas las épocas y estilos musicales que están recogidos en este trabajo se han hecho fenomenales reportajes y ensayos; Vinilos, en lugar de entrar en esta pugna, deja que sean las propias portadas las que hablen. Y es complicado explicar el placer que se siente al admirar con detenimiento y en buen tamaño y calidad portadas como  la de From the inside, de Alice Cooper o la de Appetite for destruction, de los Guns and Roses.

Por todo ello diría que estamos ante un libro (o no exactamente) que merece la pena disfrutar lentamente, página a página, disco a disco, con paradas imprescindibles en las estaciones de servicio de YouTube o de Spotify para comprobar tranquilamente qué hay detrás de esos envoltorios tan trabajados e impactantes. Vinilos es, por desgracia, un reflejo del pasado de la música, en la que era tan importante trabajar el continente como el contenido. Por eso hay que guardarlo a buen recaudo, porque sus páginas contienen un tesoro al que no debemos renunciar: el de la convivencia del arte estético con el musical.

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Guías visuales: India, de varios autores

Guías visuales: India

Guías visuales: IndiaMi primer viaje fuera de España fue a París. Tenía once años y estaba tan preocupada por el miedo que me daba el avión que no fui capaz ni de pensar que iba a cumplir el sueño de todo niño: visitar Disneyland. Aunque, para ser sincera, a mí lo que realmente me apetecía era ver la Mona Lisa. Así de rara era yo ya con once años.

Cuando pisé el suelo de París y me monté en un taxi que nos llevó por los puentes más bellos que había visto yo en mi corta vida, decidí que viajar iba a ser una de mis grandes aficiones. Y las aficiones hay que cuidarlas. Hay que regarlas como si fueran una planta, que necesita agua y luz para crecer sana y fuerte. Ese fue el desencadenante. Ese momento fue el culpable de que yo ahora haya visitado ya nueve países, en diez viajes maravillosos.

El primer viaje que hice con Aarón, mi novio, fue a Londres. Aunque yo había estado en Inglaterra con anterioridad, trabajando de aupair, no pude conocer la capital, así que, él, sabiéndolo, me regaló aquel viaje. Por lo que nos escapamos un fin de semana que haría que inauguráramos una nueva tradición: cada año, viajaríamos a un sitio. Luego vino la multicultural Malta, la salvaje Argentina y el colorido Méjico. Y aquí estamos, en 2017, pensando cuál será nuestro siguiente destino. Ya que llevábamos dos años cruzando el Atlántico, pensamos que la mejor idea era cambiar de rumbo. Asia parecía un buen plan. Y, aunque a él le llamaba más China, a mí India hacía que me brillaran los ojos. Desde el momento en el que empezamos a mirar billetes de avión, mi imaginación comenzó a volar. Yo ya no estaba en España, estaba en mitad de Jaipur, perdiéndome entre mercaderes. Estaba en Delhi, dejándome bañar por el sol que se refleja en Qutb Minar. Estaba en Agra, observando con mis propios ojos el más precioso monumento hecho por amor que la historia ha podido conocer.

Al final, después de mucho mirar, creo que viajaremos a otro país y a otro continente. Se oyen tambores de Kenia por nuestros sueños y no sabemos si dejarnos seducir por esa melodía tan hipnótica.

Pero India siempre es un destino que he tenido en mente. Y más después de leer Guías visuales: India. En más de ochocientas páginas, encontramos cientos, miles de motivos para que este viaje esté en nuestra lista de deseos por cumplir. Sí es cierto que, varias personas que conozco que han tenido la suerte de visitar este país, coinciden en que el contraste con nuestra civilización es chocante de más. Pero también están de acuerdo en que solo de esta manera podemos llegar a apreciar lo que tenemos en España. Cuando ves un tren en el que no cabe ni un alfiler; cuando ves cómo los niños juegan con poco más que piedras; cuando sientes pena al ver cómo las mujeres son tratadas como no se debería tratar a ningún ser humano; cuando te sientes impotente al ver la pobreza que inunda cada rincón de la ciudad. Pero, en cambio, con la misma facilidad se puede ver el amor que sienten por la familia, el cuidado con el que mantienen sus ritos, la amabilidad con la que reciben a los extraños. Y todo eso hace que India sea un país de contrastes. En el que lo bueno compensa mil veces lo malo. Y del que sales sintiendo que eres afortunado por tener esa afición de viajar y poder conocer culturas tan diferentes a la tuya.

Si no cambiamos de idea, no podremos conocer India este año, pero después de soñar despierta durante tanto tiempo —cosa a lo que ha ayudado con creces esta guía repleta de fotos increíbles— tengo claro que yo quiero sentir el amor que Shah Jahan puso al diseñar una de las maravillas del mundo y, sobre todo, quiero verlo con mis propios ojos.

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Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios, de VV.AA.

microcuentos

microcuentosYa hice en su momento (Todos estaban vivos) una encarnizada defensa del microrrelato. Del arte que exige la capacidad de concretar en pocas, poquísimas palabras, una historia que tenga desarrollo, nudo y desenlace (o al menos dos de ellos) y que en muchos casos parece llevarte por un camino cuando en realidad te está dirigiendo justo al contrario, porque es el lector el que va llenando las lagunas que el texto no deja claro de manera intencionada. Y eso es algo que me encanta y que, aunque lo parezca, no es nada fácil. Una palabra mal empleada o colocada al principio o al final de una frase puede cambiar por completo el sentido del microrrelato. Es una labor de orfebrería. El detalle y la precisión son algo vital para un microrrelatista. Siempre está puliendo y dando brillo a las piezas, asegurándose de querer decir lo que quiere decir y de hacerse entender (o malentender).

¿Había vida en la microliteratura antes de Monterroso (de quien erróneamente se cree que es el autor del microrrelato más breve de la literatura universal)? Por supuesto, pero ahora mismo hay mucha más, posiblemente por los tiempos que nos tocan y las tecnologías con las que vivimos/disfrutamos/sufrimos.

Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios es, precisamente, fruto de una de esas tecnologías modernas, Twitter, y de una cuenta, @microcuentos, que expone, una vez al día, lo mejor de este género literario.

Son cien textos con el límite de los 140 caracteres, escritos tanto por profesionales como por entusiastas de lo micro de todo el mundo, que van desde la anécdota hasta el aforismo pasando por el chiste, la parábola, el terror y las frases lapidarias.

–¿Me olvidarás?

–Todos los días.

Lo bueno, lo buenísimo, es que pueden leerse en cualquier orden, en cualquier momento, a sorbitos y, sobre todo, sin prisas, aunque nos tiente pasar de uno a otro sin freno. Parece una contradicción, pero estas pequeñas obritas, deben paladearse y, como si de una cata de vinos se tratara, sacar no ya el gusto, sino el retrogusto. Leer, pararte a pensar qué has leído, volver a leerlo y entonces ya, una vez entendido el posible doble sentido, pasar al siguiente.

Además, los textos tienen unas ilustraciones preciosas, salidas de la mano de Elizabeth Builes, que completan el significado del relato hiperbreve al que acompañan.

La ignorancia del pueblo hizo que la bruja fuese lanzada a la higuera. No le pasó nada.

Como indica el subtítulo, Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios está dividida en tres partes: historias de amor, nanorrelatos de melancolía y tristeza y, la última de ellas, en claro homenaje a Monterroso, es campo abonado para el terreno de los cuentos y las fantasías pero, en las tres partes nuestra imaginación lectora tendrá trabajo que hacer, creedme. Es esencial en cualquier buen microrrelato, es parte de su ser y, aquí, obviamente, se cumple.

Por otra parte, el libro en sí es precioso; una joyita en tapa dura, cuidadosamente editado y muy atractivo a vista y tacto, y su interior está repleto de cuentos que pueden leerse una y otra vez cada cierto tiempo, con la frecuencia que queramos, porque cada vez será como enfrentarse de cero a ellos.

En serio, si eres de los que te gusta leer microrrelatos o escribirlos, de entre todos los libros que puedas tener del tema, este no puede faltar en tu biblioteca. Y si eres de los que tiene prejuicios contra este género, dale una oportunidad.

Es, como diría Tarantino sobre un buen café, una jodida delicia. Y Tarantino no tiene mal gusto, ¿no?

No lo dudéis. Hacéos con él.

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El universo Marvel de Grant Morrison, de varios autores

el universo marvel de grant morrison

el universo marvel de grant morrisonGrant Morrison. ¿Quién es Grant Morrison? Un guionista de cómics que no deberías perderte. Esa sería la respuesta corta. Si tuviera que extenderme y dar un dictamen más justo y completo añadiría que en la solapa de uno de sus cómics reza así hacia el final de su biografía: portavoz de la contracultura, músico, dramaturgo premiado y mago caótico. Frase escueta que solo es una muestra de lo prolífico, polifacético y algo excéntrico que es este guionista natural de Glasgow. Cuando en mi cabeza, a la vertiginosa velocidad de la luz, se entrelazan el adjetivo excéntrico y la maravillosa ocupación de guionista de cómics, por asociación de ideas, también emergen los nombres Alan Moore y Frank Miller. Y es posible que algunos digan que a Grant Morrison le quedan unos añitos para estar a la altura de esos dos titanes de la narración, pero por lo que a mí respecta hace ya un tiempo que alcanzó tan laureado podio. Grant Morrison es un guionista de calidad que se aleja de los tópicos tocando en ocasiones temas muy chungos como drogas, violencia o sexo y los mezcla con metafísica, demencia y ciencia ficción saturada de filosofía. Es pues un contador de historias único que con títulos tan dispares como Animal Man, Doom Patrol, We3 o Batman y Robin logra atraernos hasta sus paranoicos mundos de héroes que se comportan como villanos, de viñetas repletas de humor cáustico y de tramas que te dejarán atascado en realidades paralelas o futuros imposibles. Y luego además está All Star Superman; una obra maestra se mire por donde se mire.

Pero Grant Morrison no ha trabajado solo para DC, de hecho hoy vengo a enseñaros una parte muy importante en su trayectoria por la editorial Marvel. Una trayectoria que en mi caso apenas había inspeccionado y que gracias a El universo Marvel de Grant Morrison editado por Panini Cómics podré al fin dar un soberbio vistazo.

El universo Marvel de Grant Morrison recopila cuatro historias cortas de dicho guionista. En ellas se acompaña de grandes del mundo del cómic como Mark Millar o Steve Yeowell, para hacernos llegar retorcidas obras como Skrull Kill Krew en la que los héroes tienen más de genocidas que de salvadores. Los protagonistas son una banda de inhumanos formada por un skinhead que se está volviendo negro (Morrison y sus ironías), un negro con rastas (que evidentemente tendrá sus más y sus menos con su compañero cabeza rapada), una top model, un surfero y una punk. Sus aventuras los llevan de pueblo en pueblo con la única misión de erradicar a los Skrull, una raza alienígena que como en el clásico de ciencia ficción La invasión de los ladrones de cuerpos se ocultan entre los humanos a la espera de conquistar la Tierra. Por las viñetas de este irreverente cómic aparecerá el Capitán América, tan patriota como siempre pero apabullado ante la forma de actuar de la SKK. Por cierto, en este relato la encefalopatía espongiforme bovina, o comúnmente conocida como la enfermedad de las vacas locas, claramente sirvió como inspiración para una de las historias más locas que hayáis leído en mucho tiempo.

Si Skrull Kill Krew publicado a mediados de la década de los 90 ya manejó temas bastante peliagudos, con Marvel Boy, en el año 2000, Grant Morrison volvería a la carga, con J.G. Jones a los lápices, en un relato de extraterrestres que buscan venganza mediante el terrorismo. Realidades paralelas, guerras interestelares, formas de vidas sintéticas de inteligencia superior o elementos tan insólitos y peculiares como el calabozo de conceptos en el que están presas las ideas más peligrosas del universo. Marvel Boy es un todos contra todos que derrocha acción por los cuatro costados. ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes los villanos? A cada vuelta de página cualquiera puede formar parte de uno de los dos grupos.

Llegamos a la tercera de las obras reunidas en este tomo: Los 4 fantásticos: 1234. No busquéis aquí al súper grupo entrañable y divertido que por ejemplo Mark Waid nos ofreció en Imaginautas. No busquéis a esa familia más o menos bien avenida (sin tener en cuenta las escaramuzas entre la Antorcha Humana y la Cosa). Grant Morrison construye una historia sobre los cimientos de las rencillas que siempre han sobrellevado y superado Los 4 Fantásticos y las lleva más allá, mucho más allá, cruzando esas fronteras en las que un simple perdón ya no es suficiente. Es la historia más oscura de las cuatro y el dibujo íntimo, estremecedor y de corte realista de Jae Lee, unido al color frío y de salpicaduras controladas de José Villarrubia crean una atmósfera angustiosa y desapacible que le dan un toque tan lóbrego al conjunto que llega a dar mal rollo. Una miniserie magnifica, que al igual que las otras dos, se alejada de las ideas triviales que abundan sobre este género.

Acabamos el compendio con un relato corto. Apenas doce páginas. En El mundo de Nick… abunda el humor. De hecho es una historia de humor en donde un Nick Furia algo especial se queja de padecer diarrea cuarenta minutos después de comer carbonara o es atropellado por una loca jauría de ciclistas descontrolados. Una historia de ciencia ficción, dibujada por Manuel Gutiérrez, que se mueve entre lo absurdo y lo cómico y que aun siendo la más floja de las cuatro es como mínimo de agradecer el que podamos disfrutar de ella por primera vez en castellano.

¿Quién es Grant Morrison? La respuesta más completa, la más esclarecedora, y la que encima os dejará un regusto a rareza que os desorientará (el regusto que dejan las historias que se salen de lo común) la encontraréis tras las más de 380 páginas de Morrison en estado puro que componen El universo Marvel de Grant Morrison.

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Sakura: Diccionario de cultura japonesa, de varios autores

sakura diccionario de cultura japones

Años 9sakura diccionario de cultura japones0. El manga hacía ya un tiempo que venía dando de qué hablar en España, pero fue durante esa década cuando aterrizaron, como una invasión alienígena bien orquestada, las versiones animadas de todos aquellos cómics japoneses que los otakus habíamos consumido con la voracidad de un toxicómano que llevaba semanas con el mono. Fue entonces cuando mostró todo su potencial. Violencia desenfrenada que en ocasiones traspasaba la frontera del gore, erotismo o sexo explícito, cyberpunk, fantasía, amor y compañerismo, pero sobretodo grandísimas historias. Y allí estaba yo, en el corazón de aquella vorágine, un adolescente cualquiera, que se ahogaba en el furor de sus propias hormonas, encantado de que por fin alguien dejara de tratarnos como a mojigatos. Esa fue mi primera toma de contacto con el, por aquel entonces bastante desconocido, país nipón.

Tras imbuirme de forma pormenorizada de la cultura japonesa a través del manga y el anime era de esperar que quisiera más. A los videojuegos estaba tan acostumbrado que ni siquiera me di cuenta de que también formaban parte de forma sustancial e intrínseca de la cultura del país asiático. Luego llegarían nombres ligados a la literatura como Natsume Soseki, Haruki Murakami o Natsuo Kirino. Maestros del cine como Hayao Miyazaki, Akira Kurosawa o Takeshi Kitano. La cocina japonesa fue introduciéndose poco a poco; donde antes había un restaurante chino ahora servían sushi, makis, sashimi o gyozas. Añádase un poco de wasabi a la salsa de soja, sumérjase por la parte del pescado y a la boca. Madres que habían sufrido los berrinches de sus hijos ante la perspectiva de comer pescado alucinaban al comprobar como éstos ahora lo engullían de forma gustosa. ¡Y crudo!

Más, más, más; yo necesitaba más Japón.

El Salón del Manga de Barcelona, reuniendo lo mejor de la cultura japonesa sería ese oasis que muchos estábamos esperando. El siguiente y lógico paso era tantear el idioma. A través del típico diccionario, o con algún programa online, incluso intentando escribir algo. Las tablas de hiragana y katakana me provocaron dolor de cabeza. Tras un chute de ibuprofeno miré los kanji y ni siquiera me atreví con ellos. Lo hacía mal. Si tenía que aprender, ante todo debía ser una experiencia divertida. Entonces, como agua de mayo, apareció Sakura: diccionario de cultura japonesa. ¿Qué mejor forma de profundizar en la cultura de un país que a través de su idioma?

Tras Sakura: diccionario de cultura japonesa no solo encontramos a la editorial Satori, especializada tanto en la cultura de Japón como en su literatura, sino que también hay cuatro colosos de la filología, en el manejo de idiomas y en el malabarismo de letras, así como de las tres escrituras diferentes que componen el idioma japonés. Sus nombres son: James Flath, Ana Orenga, Carlos Rubio y Hiroto Ueda.

Sakura no es un diccionario bilingüe; no encontraréis palabras comunes que tienen su equivalente en español. En Sakura las palabras, en su mayoría, son conceptos, profesiones, tradiciones, momentos de la historia, pensamientos filosóficos o gastronomía; todos ellos tan únicos, tan exclusivos del país nipón, que la traducción al español que hallaréis es en realidad una explicación bastante detallada. En algunas ocasiones acompañada de una imagen que facilitará la comprensión del lector. Porque el idioma japonés es capaz de definir con una sola palabra el suicidio cometido por dos amantes que se arrojan a un río atados por la cintura para que en la próxima reencarnación vuelvan a estar juntos, o la extraña profesión en la que unos funcionarios empujan a la gente en el metro para que las puertas del tren puedan cerrarse. ¡Ahí es nada!

Pero si lo que llama más la atención de este diccionario es su inédito y original enfoque, está en la forma de estructurar la entrada léxica gran parte de su atractiva magia. Y es que la palabra a diseccionar, siempre escrita en romaji para facilitarnos la lectura y pronunciación, también se nos muestra en hiragana, katakana o kanji (dependiendo del caso); información que sería algo escasa si no fuera porque ésta se amplía al mostrar a qué género pertenece, el grupo temático en el que ha sido ubicada (bebidas, armas, botánica, etnografía, religión, música y así hasta 43 grupos diferentes), seguido de la definición en español y (¡oh grata sorpresa!) también en inglés, consiguiendo así que el diccionario sea por ello mucho más internacional y absolutamente completo.

En este punto, y quizás como conclusión, debería hablar sobre qué expresiones me han llamado más la atención, a pesar de que muchas y debido a ser un yonki de la cultura japonesa ya me sonaban, o sobre qué grupo temático mi hambre cultural ha quedado más saciada. Pero si he de ser sincero no puedo elegir. Sería injusto quedarme con el folclore, por todos esos yokais terroríficos o amigables que rondan por estas páginas y no hablar de la indumentaria típica que se vestía durante el shogunato Edo; o dejar de lado la gastronomía, que sea dicho de paso es mucho más variada de lo que nos pensamos. Inaceptable sería también hablar de todas esas palabras, de significado escabroso, que hablan de las diferentes formas de suicidio a las que un japonés es capaz de abocarse, dejando de lado toda esa filosofía zen que estimula a vivir de forma sutil pero plenamente. Creo que sin más os invito a leer las más de 3000 definiciones que se aúnan en este libro. Solo de esa forma descubriréis que Sakura: diccionario de cultura japonesa no es un diccionario al uso, tampoco aprenderéis un idioma con él, pero es la forma más divertida (tan simple como eso) y acertada de acercarse a la cultura de un Japón que a día de hoy se muestra menos desconocido pero todavía muy misterioso.

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Normal life, de Steve Polls, Sergi Pareja y Fran Vázquez

Normal Life

Normal LifeHay veces que uno se entera de las cosas que han ocurrido en el mundo de la forma más imprevisible. Sin ir más lejos, hasta que escuché el temazo de U2 Sunday, Bloody Sunday (y la busqué traducida, ya que mi inglés, por aquel entonces, no daba ni para optar a Presidente del Gobierno), no fui consciente de que durante casi treinta años se había vivido un conflicto de gran magnitud en Irlanda del Norte, al que la represión sólo sirvió para alimentar y del que se pudo salir gracias a las cesiones de los bandos enfrentados y de la convicción de que la violencia no había sido más que un obstáculo para el entendimiento.

Normal life toca de lleno la época de The Troubles —como también fue conocido el conflicto— en torno a la figura de Manolo, un militar retirado, que, aunque oficialmente ocupa su tiempo como trabajador social en un centro juvenil, fuera de su jornada laboral colabora activamente con la Ulster Volunteer Force, un grupo paramilitar que defiende la unión de Irlanda dentro de Gran Bretaña. Además de ello, el español hace de informante para los servicios de inteligencia británicos, un juego a dos bandas tremendamente peligroso en unos años en los que los atentados y la represión policial son el pan de cada día.

Manolo se nos presenta como un tipo duro, al que los conflictos morales apenas le afectan; como él mismo deja claro en una conversación, se considera un soldado y se limita a ejecutar y a dar órdenes. Su única flaqueza son sus hijos, ya que su relación con su mujer está ya muy debilitada. De hecho, ante la posibilidad de ser descubierto como soplón por sus compañeros de la UVF —algo que planea sobre su cabeza durante toda la historia— el único de sus miedos es el futuro de sus vástagos, así como que ellos no sean testigos de una detención que, presupone, no sería pacífica ni discreta.

Este trabajo es el resultado de la colaboración conjunta de Steve Polls (dibujo), Sergi Pareja (guion) y Fran Vázquez (color). Pese a que no soy un lector asiduo de cómics, durante el tiempo que he pasado con éste he podido apreciar la calidad de las ilustraciones. El dibujo es atractivo y explícito, por lo que en ocasiones apenas requiere de diálogos para hacernos ver lo que ocurre. Predominan los colores oscuros y fríos, que ayudan a reflejar el ambiente en el que nos introducen los autores: un Dunbury violento, industrial, en el que nadie sabe de quién puede fiarse y todos se preguntan cuánto falta para que se produzca el siguiente ataque.

No voy a negar que en algunos momentos de la lectura me ha costado entender el porqué de algunos de los giros de la trama. No en vano, a pesar de los esfuerzos de los autores por facilitar la comprensión del conflicto, se trata un acontecimiento en el que intervinieron fuerzas diversas y, si bien ninguna controversia suele poder reducirse al mero maniqueísmo, en este caso resulta aún más complicado valorar el papel de cada interviniente.

Por último, destacaría el alto ritmo de la trama, ya que en las poco más de cien páginas que ocupa esta obra se recogen situaciones muy diversas: redadas policiales, venta ilegal de armas para sufragar el terrorismo, manifestaciones violentas sofocadas con más violencia, partidos de fútbol en los que la principal motivación es la pelea posterior entre las hinchadas… Sin duda Normal Life me ha resultado un cómic interesante y atrevido, que recoge el siempre peliagudo tema del terrorismo bajo una perspectiva original y nada partidista.

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